OLD MAN GOHAN // Capítulo 41: Magia negra

OMG // Capítulo 41: Magia negra
Son Gohan se halla frente a la tumba de su abuelo Gyuma cuando nota una presencia.

– “Al fin te muestras” – dice el mestizo mirando de reojo a un extraño ser demoníaco, que se encuentra de pie sobre el tejado de la caseta del abuelo Gohan.
Ese ser permanece en silencio, pero esboza una pícara media sonrisa.

– “¿Qué queréis?” – le pregunta Gohan.
– “Eres un tipo interesante. Tu poder es extraordinario.” – responde ese ser mientras disimuladamente prepara la vasija tras su espalda para atacar al Guerrero Dorado. – “¡Así que lo tomaremos!” – exclama al abalanzarse sobre Gohan.
El mestizo se transforma en Súper Saiyajín rápidamente y esquiva al demonio, sorprendiéndole, golpeándole en la nuca y tirándole al suelo.
El demonio se levanta sonriendo y ve que su vasija se ha resquebrajado.

– “Bien…” – murmura el ser demoníaco. – “Supongo que ya no puedo robarte tu energía… Así que pasaremos al plan B.”
Son Gohan se pone en guardia.
El demonio esboza una media sonrisa mientras deja caer la vasija al suelo y genera mágicamente una espada en su mano.

– “¿Te crees capaz de enfrentarte al gran Dabra, el Rey de los demonios?” – sonríe ese ser. – “¡Pues veamos de qué eres capaz!”
Gohan esquiva con dificultad los ataques de Dabra. Parece que sus fuerzas están muy igualadas, pero Gohan no está acostumbrado a luchar solo con un brazo. 

– “¡Muéstrame tu poder!” – insiste el demonio.
Dabra alza su mano y dispara un poderoso ataque de ki que Gohan esquiva elevándose rápidamente.
El demonio le persigue y Gohan se ve obligado a retroceder. Dabra consigue rozar la mejilla del mestizo haciéndole un pequeño corte. Gohan empieza a sentirse agobiado ante los insistentes ataques de su enemigo y desciende frente a la tumba de su abuelo.
Dabra intenta asestarle un espadazo vertical descendiente, pero Gohan le esquiva y éste corta la tumba de Gyuma por la mitad.
El mestizo, con su mirada fija en Dabra, se limpia el corte de su mejilla con el pulgar.

– “Se acabó el juego” – murmura mientras aprieta fuerte su puño.
El suelo empieza a temblar y los escombros que rodean la zona se elevan lentamente. El cabello de Gohan se eriza aún más y alrededor de su aura amarilla chasquean rayos de energía.

– “¡¡HAAAAAAAAAA!!” – exclama Gohan al transformarse en Súper Saiyajín 2.
Dabra contempla estupefacto el poder que emana de su enemigo.
Son Gohan, imponente, desafía a Dabra con la mirada.

– “Puede que tu seas un demonio… ¡Pero yo fui entrenado por uno!” – le dice Gohan señalándose con el pulgar. – “Ahora, llévame hasta Babidí”.
Dabra no responde, pero perfila una sonrisa, sorprendiendo al mestizo.
En ese instante, Gohan se agarra la cabeza como si una fuerte jaqueca le atacara repentinamente.

– “¡HAAAAAAA!” – grita Gohan de forma desgarradora.
En la nave de Babidí, el mago observa al mestizo en su bola de cristal.

– “¡No puedes resistirte! ¡Doblégate ante mi magia!” – exclama el mago. – “¡Deja que la oscuridad inunde tu alma!”
– “No puedes resistirte a la magia del Amo Babidí” – le dice Dabra.
Unas ojeras oscuras aparecen alrededor de los ojos de Gohan mientras su musculatura aumenta y se acentúan sus venas de forma exagerada.

– “¡Eso es!” – celebra Babidí. – “¡Ahora soy tu nuevo Amo!”
Pero en ese instante, Gohan nota varios ki familiares acercándose.

– “Videl…” – murmura Gohan.
Babidí parece percatarse de que algo falla.

– “¿Qué?” – se extraña el mago. – “¿Qué ocurre?” 
Gohan parece estar luchando contra el poder del brujo.

– “Sal de mi mente…” – murmura Gohan.
– “¡¿Cómo puede resistirse?!” – se sorprende Babidí. – “¡Su corazón no es puro!”
– “¡¡SAL DE MI MENTEEEEE!!” – exclama Gohan emitiendo una fuerte ola de ki que arrasa el lugar y repele a Dabra.
La bola de cristal de Babidí brilla con fuerza y multitud de rayos inundan la sala.

– “¡Maldito sea!” – exclama el brujo.
Al disiparse la polvareda, Dabra surge de entre los escombros.

– “¡Dabra!” – exclama Babidí. – “¡¿Dónde se ha metido el humano?!”
El demonio echa un vistazo a su alrededor, pero no hay rastro de Gohan.

– “Ha desaparecido” – responde Dabra.
– “¡Eres un inútil!” – grita furioso Babidí. – “¡Vuelve aquí ahora mismo e intentaremos localizarle de nuevo!”
Gohan, en estado base y agotado, se ha alejado de la zona disimuladamente y se ha zambullido en un río cercano, dejando que la corriente le arrastre montaña abajo.
Esa misma noche, Videl, Shapner e Ikose acampan cerca del Monte Paoz desde donde pretenden seguir el rastro de Gohan después de haber encontrado los restos de la batalla que ha tenido lugar.
Los tres compañeros están reunidos alrededor de una pequeña fogata, preocupados por su amigo desaparecido.

– “Estará bien, Videl” – intenta Shapner animar a su compañera cabizbaja.
– “Son Gohan es el tipo más fuerte que existe” – añade Ikose. – “Puede con todo”.
Videl, sin responder, sigue con su mirada inmersa en el crepitante fuego de la hoguera.

– “¿Dónde estás, Gohan?” – piensa Videl.
Lejos de allí, Son Gohan se encuentra inconsciente en la orilla del río.

Dos figuras se acercan a él y le observan detenidamente.


– “Es él” – afirma el más alto de los dos.
– “Parece débil” – responde el otro. – “Cúrale, por favor, Kibito”.
En mitad de la noche, Ikose despierta sobresaltado por un extraño ruido y rápidamente observa su alrededor y se percata de que Shapner y Videl ya están despiertos.

– “¿Qué ha pasado?” – pregunta Ikose al ver a sus compañeros con semblante serio.
– “No estamos solos” – responde Shapner.
De repente, varios soldados del Ejército Real rodean a nuestros amigos y les apuntan con sus armas.

– “¡Alto! ¡Arriba las manos!” – exclama uno de los soldados. – “¡Estáis detenidos!”
– “¿Detenidos?” – se extraña Videl.
– “¿Qué? Pero, ¿sabéis quienes somos?” – pregunta Ikose indignado.
– “¡Unos desertores! ¡Traidores!” – exclama el soldado. – “¡Tenemos órdenes del Comandante Silver de llevaros a la base de inmediato para ser juzgados!”.
Videl empieza a sospechar lo que está ocurriendo.

– “¿Comandante Silver?” – murmura enfadada.
– “¡Queremos hablar con el General Brown!” – insiste Shapner.
– “¡Ese traidor ya ha sido apresado por conspiración!” – exclama el soldado.
– “¡¿De qué estáis hablando?!” – se enfada Ikose, que no da crédito a la situación.
Videl interrumpe la discusión levantando sus manos.

– “Videl…” – se extraña Shapner.
– “Parece que Silver lo tenía todo planeado.” – dice Videl. – “Se ha librado de los androides, de Cell, del Guerrero Dorado…”
– “No le dejaremos ganar” – dice Ikose.
– “¡Cállate, traidor!” – exclama un soldado.
– “¡Vosotros sois los traidores!” – le recrimina Shapner. – “¿Queréis llevarnos a la base para que Silver nos ejecute y sirvamos de ejemplo? ¡Hacedlo aquí y ahora, cobardes!”
– “Nuestras órdenes son llevaros a la base para…” – responde el soldado.
– “Si queréis ejecutarnos, tendréis que hacerlo ahora” – le interrumpe Videl mirándole fijamente a los ojos.
Al ver la calma y determinación de Videl, el soldado parece tener dudas.

– “¿No te atreves?” – le dice ella. – “Os lo pondremos fácil… y cerraremos los ojos.”
Shapner e Ikose entienden el plan de su amiga y cierran los ojos.

– “¡¡TAIYO-KEN!!” – exclama Videl, cegando a todos los soldados que les rodean.

En la Atalaya de Kamisama, los dos extraños seres aparecen de la nada con Gohan, que sigue inconsciente, y sobresaltan a Mr. Popo, que se preocupa cuando ve a Gohan en ese estado.

– “¿Qué ha pasado?” – pregunta el guardián de la atalaya. – “¿Quienes sois vosotros?
– “No se preocupe, señor Popo” – responde el pequeño de los dos seres. – “Soy el Kaioshin del Este. Puede llamarme Shin.

OLD MAN GOHAN // Capítulo 40: Rey Chappa

OMG // Capítulo 40: Rey Chappa

Los navíos piratas han llegado a Isla Papaya y ya desembarcan a los supervivientes rebeldes.
En el muelle, una vieja amiga recibe a Videl y a los demás.

– “¡Erasa!” – exclama Videl contenta al verla.
– “¡Me alegro de que estéis bien!” – celebra ella.
– “Nos alegramos de verte” – sonríe Shapner.
– “¡Ikose!” – se sorprende Erasa al verle después de tanto tiempo. – “¡Has crecido mucho!” – añade avergonzando un poco a su amigo.
Los hombres del Rey Chappa, vestidos con el atuendo típico de Isla Papaya, se acercan y rodean a nuestros amigos. El hombre que los lidera da un paso al frente.

– “El Rey Chappa quiere hablar con vosotros” – anuncia el soldado.
– “Tranquilos, chicos.” – responde Erasa. – “Yo misma los llevaré ante el Rey.”
Los soldados retroceden al escuchar a Erasa.

– “Veo que te toman en serio…” – se sorprende Shapner.
– “No ha sido fácil ganarme el respeto del Rey Chappa, pero parece que ahora gozo de su confianza.” – explica Erasa.
De repente, otro personaje aparece corriendo hacia el muelle vestido con una bata blanca.

– “¡Capitán Punta!” – exclama el doctor. – “¿Cómo ha funcionado la nueva arma?” – pregunta.
– “Ha sido un éxito, Doctor” – responde Punta.
– “¡¿Norimaki?!” – se extraña Ikose al verle.
– “¡Chicos!” – sonríe el Senbei. – “¡Habéis llegado!”
El Doctor se acerca a la Comandante Videl y le agarra la mano para besársela.

– “Es siempre un placer recibirla en nuestro hogar, General” – tontea Senbei.
– “Ahora soy Comandante” – responde Videl retirándole la mano. – “Y si vuelves a acercarte, te lanzo al mar.”
– “Era solo una broma…” – se disculpa el Doctor asustado.
Erasa interviene enseguida para tranquilizar el ambiente.

– “Será mejor que os lleve ante el Rey…” – dice ella.
Mientras tanto, Gyuma y el grupo de piratas liderado por Lupo ya viajan hacia la Tierra Sagrada de Karín.
A lo lejos se oyen disparos, como si una pequeña escaramuza estuviera teniendo lugar.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta Gyuma.
– “Este territorio es peligroso” – dice el lobo-hombre. – “Bandidos, tropas del Imperio… ¡si nos encuentran tendremos problemas!”
– “¿Deberíamos acercarnos?” – pregunta Gyuma. – “Puede que sea gente que necesite ayuda…”
– “No debemos involucrarnos en enfrentamientos innecesarios” – responde Lupo. – “Correríamos peligro y nos retrasaría”.
De repente, Gyuma oye un grito femenino desgarrador que le hiela la sangre.

– “¡Voy a ver que ocurre!” – exclama antes de salir corriendo hacia su lugar de procedencia.
– “¡No seas imprudente!” – intenta detenerle Lupo.
En Isla Papaya, el Rey Chappa recibe en su sala del trono a nuestros amigos.

– “Le presento a la Comandante Videl” – la introduce Erasa.
– “Majestad” – saluda Videl haciendo una reverencia y mostrando su respeto.
Los demás saludan de la misma forma.

– “Comandante Videl…” – murmura el Rey sin levantarse de su silla.
– “Agradecemos su hospitalidad” – dice Videl.
– “Entonces es cierto que Pilaf ha muerto…” – dice Chappa.
– “Sí, señor” – responde la Comandante. – “Fue asesinado por Tao Pai Pai, igual que Mai y Shu”.
El Rey agacha la cabeza, afligido ante la noticia.

– “Sé que su relación era buena.” – dice Videl. – “Lo siento.”
Chappa se levanta y se aleja dando la espalda a nuestros amigos.

– “¿Sabe por qué era buena nuestra relación?” – pregunta Chappa de forma retórica. – “Porque cada uno se encargaba de su territorio sin involucrar al otro”.
– “Agradecemos que no haya sido así esta vez” – responde Shapner.
– “Ya sabrá que no he sido yo quien ha dado la orden de rescatarles” – dice el Rey.
– “Aún así es usted quien nos ha acogido” – responde Videl.
– “Solo por ahora.” – responde Chappa. – “No hay recursos suficientes en Isla Papaya para tantas personas y no voy a quitarle una ración a mi gente para dársela a la vuestra.”
Ikose, frustrado ante la actitud del Rey, da un paso al frente.

– “Pilaf hubiera acogido a vuestra gente si hubiera sido necesario” – dice el joven General.
– “Es posible” – responde Chappa. – “Pero su reino es el que está pidiendo ayuda al mío. Puede que su forma de gobierno no haya sido la adecuada, ¿no es así?”
– “El Imperio Plateado sigue creciendo” – explica Videl. – “Ahora que ha caído Pilaf, Isla Papaya será su siguiente objetivo.”
– “Su Majestad” – interviene Erasa. – “Tiene que escucharlos…”
– “Isla Papaya seguirá resistiendo y repeliendo los ataques del Imperio” – responde tajante el Rey.
– “Si se reúnen los siete ejércitos del Imperio, Isla Papaya caerá” – responde Videl.
El Rey Chappa hace una mueca de desprecio ante las palabras de la Comandante.

– “Esas ideas son las que han llevado al reino de Pilaf a su caída.” – dice Chappa.
Videl y Shapner agachan la cabeza. Entienden que el Rey Chappa quiera proteger a su pueblo por encima de todo, pero ellos tienen que luchar por el suyo.

– “Y puede que su cobardía dé la victoria al Imperio Plateado” – responde Ikose.
El Rey se voltea furioso al escuchar a Ikose.

– “¡¿Cómo dices?!” – exclama Chappa. – “¿Cómo osas…?”
Pero, en ese instante, alguien entra corriendo a la sala del trono.

– “¡Su Majestad!” – exclama el soldado. – “¡Llegan informes sobre el Imperio Plateado! ¡Ha ocurrido algo en el viejo Cuartel General al sur de la Tierra de Karín!”
– “¿Qué pasa?” – pregunta el Rey.
– “¡La base ha caído, señor!” – explica el soldado.
– “¿Ha caído?” – se extrañan todos.
– “¿Qué ha pasado?” – pregunta Videl. – “¿Quién ha sido?”
– “Nuestros informes hablan de… de demonios, señor” – titubea el soldado.
Gyuma se acerca a una pequeña granja donde ve a unos soldados del Imperio abusando de su poder y agarrando a una mujer y a su hija. El padre de familia ha recibido un disparo en el abdomen y se encuentra en el suelo sangrando intensamente.

– “Malditos…” – murmura Gyuma apretando fuerte el puño mientras permanece agazapado tras unas rocas.
Lupo y los demás llegan rezagados y se acercan a Gyuma.

– “No podemos ayudarles a todos, chico” – le dice el lobo-hombre. – “Son demasiados soldados. Cuento un total de doce. Nosotros somos seis.”
Gyuma aprieta fuerte los dientes, lleno de rabia por la injusticia que está contemplando.
Lupo le agarra del hombro intentando calmarle.

– “No hagas estupideces” – le dice el lobo-hombre. – “Esta no es nuestra misión.”
Los soldados agarran a las mujeres y las arrastran hacia la casa.

– “¡Vais a venir con nosotros!” – dice un soldado mientras arrastra a la hija tirando de su pelo.
Gyuma no aguanta más.

– “¡BASTAAA!” – exclama el joven guerrero.
El chico sale de su escondrijo y corre hacia los soldados.

– “¡DEJADLAS!” – les dice a los soldados imperiales.
Los militares observan al chico y se ríen al verle.

– “Pero, ¿de dónde sale este estúpido crío?” – se burla uno de ellos.
Gyuma llega hasta el primer soldado y de un puñetazo lo lanza contra una tanqueta militar, dejándolo inconsciente.
Los demás quedan asombrados y asustados ante el poder del chico.

– “Pero, ¿cómo…?” – titubea uno.
– “¡FUEGO!” – ordena otro.
Los soldados abren fuego sobre Gyuma, que esquiva los disparos saltando de un lugar a otro y avanzando hacia ellos.
El joven noquea a todos los soldados con facilidad, de uno en uno, y consigue liberar a las dos mujeres.

La madre y la hija corren hacia su el padre de familia malherido, al que le queda solo un hilo de vida.
Durante un instante, la mirada del padre y Gyuma se cruzan, y el hombre parece que intenta sonreírle justo antes de morir.

– “Lo siento mucho” – murmura Gyuma.
Un soldado sigue consciente y desenfunda su pistola apuntando a nuestro joven luchador, pero en el último momento una garra le atraviesa la espalda.

– “Eres descuidado” – le dice Lupo a Gyuma tras rematar al soldado.
– “No era necesario matarle” – responde Gyuma.
– “Supongo que en el fondo eres solo un niño” – le dice Lupo con una mueca de desprecio.
En el viejo Cuartel General de la Red Ribbon, Shin y Kibito contemplan el resultado de la batalla.

– “Babidí es cada vez más fuerte” – murmura Kibito al examinar la herida punzante en el cadáver de Piroshki.
– “Puede que necesitemos ayuda…” – murmura Shin.
– “No está listo” – responde Kibito.
Mientras tanto, en la Tierra Sagrada de Karín, Upa y los demás se preparan para un nuevo ataque.

– “Se acercan” – dice el líder de la tribu.
– “Les repeleremos como hasta ahora” – responde un compañero.
– “¡Os dije que vendrían a por nosotros!” – exclama Makekko.
– “No” – responde tajante Upa con semblante preocupado. – “No son del Imperio.”
En Isla Papaya, todos se han reunido y analizan la situación actual.

– “No podemos dejar que la Tierra Sagrada caiga” – dice Videl. – “¡Tenemos que ayudarles!”
– “¿Quiénes son esos demonios?” – pregunta Erasa.
– “Deben ser los hombres del brujo” – responde Ikose.
– “¿Un brujo?” – se extraña el Rey Chappa. – “¿De qué estáis hablando?”
En la Atalaya de Kamisama, Mr. Popo observa la Tierra preocupado.

– “Algo no va bien…” – murmura el ayudante de Kamisama.

A su lado, una figura envuelta en una capa blanca se acerca al borde de la atalaya y contempla la Tierra con semblante severo.

OLD MAN GOHAN // Capítulo 39: El camino de Gyuma

OMG // Capítulo 39: El camino de Gyuma

Gracias a la intervención de los piratas y de Isla Papaya, el Ejército Imperial se ve obligado a retroceder y nuestros amigos consiguen evacuar a los civiles y embarcar hacia el reino del Rey Chappa.
En el centro de mando de la embarcación principal, el pirata Punta, Shapner e Ikose se reúnen para evaluar la situación actual.

– “Nos alegramos mucho de verte, Punta” – dice Shapner.
– “Igualmente” – responde el pirata.
– “Tenía mis dudas de que el Rey Chappa nos prestara ayuda…” – dice Ikose. – “Me alegro de haberme equivocado.”
– “No te has equivocado” – responde Punta.
– “¿Cómo dices?” – se sorprende Ikose.
– “El Rey Chappa no nos ha dado la orden de socorreros” – explica el pirata. – “Pero estábamos cerca y no podíamos dejaros morir.”
– “Lo agradecemos, Punta” – responde Shapner. – “Sé que es difícil negarse a obedecer una orden”.
– “Soy un pirata” – responde orgulloso Punta. – “No obedezco órdenes. Bacterian y yo nos unimos a Isla Papaya cuando ese ególatra de Silver se hizo con el poder, pero no somos parte de su ejército. Seguimos siendo piratas.” – sonríe.
Videl, que se encontraba acostada en una camilla y recuperándose del titánico esfuerzo que hizo en la batalla, se incorpora de repente.

– “¡Tenemos que volver!” – dice la Comandante. – “¡Tengo que volver a por Gyuma!”
Shapner se acerca a la Comandante e intenta calmarla.

– “No hagas esfuerzos” – le dice el General. – “Tienes que descansar. Aún estás débil”.
Videl, pese a estar aún agotada, agarra a Shapner por la solapa y le zarandea.

– “¡Le has dejado solo!” – le recrimina. – “¡Has dejado a mi hijo solo!
– “Sabes que estará bien” – responde Shapner. – “Es más fuerte que todos nosotros”.
– “Pero, ¡es un niño!” – insiste Videl.
Punta se acerca a Videl y la reconforta apoyando la mano en su hombro.

– “Ya me he encargado de eso, Comandante” – le dice el pirata. – “He mandado a un equipo a buscarle.”
El joven Gyuma, oculto en el bosque, ha activado una cápsula con suministros y se cambia de ropa para pasar desapercibido, pues es un blanco fácilmente identificable con el uniforme rebelde.

– “Mucho mejor” – dice mientras se aprieta el cinturón.
El joven ahora viste un Gi con pantalón blanco y chaqueta marrón, con cinturón blanco y unas botas negras con cordones.
Tras cambiarse, el joven abre una ración para comer un poco antes de continuar con su viaje.

– “Espero que todos estén bien” – piensa el chico. – “Me espera un camino largo, pero tengo que hacerlo. La gente necesita a mi madre, a Shapner y a Ikose. Además, son fácilmente reconocibles, pues se hicieron famosos cuando acabaron con esos androides y ese tal Cell.”
En ese instante, el joven se da cuenta de que su mano está temblando.

– “No puedo tener miedo…” – piensa mientras aprieta su puño. – “¡No soy un cobarde! Soy hijo de la Comandante del Ejército Rebelde. ¡Tengo que centrarme!”
De repente, un ruido de hojarasca interrumpe el pensamiento del chico, que se sobresalta y se pone en pie.

– “No estoy solo…” – piensa mientras se pone en guardia. – “¿Me han seguido?”
Un lobo-hombre de vello azul y aspecto feroz aparece de entre los arbustos junto a un pequeño pelotón. Lleva la vestimenta pirata de los hombres de Punta.

– “¡Hola, chaval!” – saluda el cánido.
– “¿Quién eres?” – pregunta Gyuma algo nervioso. – “¿Qué queréis?”
– “Me envía el Capitán Punta” – responde el lobo-hombre. – “Vengo a llevarte a casa”.
Gyuma sigue en guardia.

– “No voy a volver a casa. Aún no.” – responde el chico. – “Tengo una misión.”
– “Nosotros también” – responde el líder del pelotón. – “Y es llevarte a Isla Papaya.”
– “Os he dicho que eso no pasará.” – responde Gyuma con semblante serio.
– “Maldito crío…” – empieza a impacientarse el lobo-hombre. – “¡No tengo tiempo para juegos!” – exclama. – “¡Cogedle!” – ordena a sus hombres.
Los soldados se abalanzan sobre Gyuma, pero el chico los esquiva a todos con facilidad y retrocede.

– “¡Dejadme en paz!” – les dice Gyuma.
– “¡Te atraparé yo mismo!” – grita harto el lobo-hombre. – “¡Se acabó!”
El lobo salta sobre Gyuma, pero éste le repele con una simple patada en la barbilla, haciendo que el cánido caiga al suelo de espaldas.

– “El juego termina aquí” – dice Gyuma amenazante y con mirada seria. – “Si volvéis a atacarme, responderé con toda mi fuerza”.
El lobo-hombre se levanta y se limpia la sangre de la boca.

– “Eres un crío duro…” – murmura con su orgullo herido. – “Me recuerdas a alguien que conocí hace años…” – sonríe. – “Empecemos de nuevo. Me llamo Lupo.”
Mientras tanto, en el viejo Cuartel General de la Red Ribbon, al Sur de la Tierra Sagrada de Karin, los cadáveres inundan los corredores de la base.
En el centro de mando, un Gilas agarra a Piroshki por el cuello y lo levanta del suelo estampándole contra la pared. El Gilas lleva una “M” de color negro escrita en su pecho.

– “¿Quiénes sois?” – pregunta Piroshki con la voz entrecortada y luchando por respirar.
Con su otra mano, el guerrero dinosaurio apuñala al General del Imperio Plateado con un objeto parecido a una vasija que brilla durante un instante mientras los ojos de Piroshki se quedan en blanco.
Jewell entra en la sala mientras el dinosaurio deja caer el cuerpo de Piroshki al suelo.

– “Ya no queda nadie, Giran” – dice Jewell, que lleva una vasija similar a la de su compañero.
– “El señor Babidí estará contento” – responde sonriente el dinosaurio.
Mientras tanto, Gyuma ha explicado su misión a Lupo, que agacha la cabeza resignado.

– “Si volvemos sin ti, tanto Punta como la Comandante van a pedir nuestras cabezas…” – suspira el lobo-hombre.
– “¿Vais a acompañarme?” – pregunta Gyuma.
– “No tenemos otra opción” – responde Lupo.
Gyuma sonríe y extiende su mano hacia Lupo.

– “Pues salgamos de inmediato” – dice el joven guerrero.
Punta y nuestros amigos siguen navegando hacia Isla Papaya.

– “Llegaremos pronto” – anuncia Punta. – “No esperéis un buen recibimiento”.
En un rincón oscuro del planeta, Babidí observa en su bola de cristal como sus subordinados han recolectado toda la energía posible del Cuartel General de la Red Ribbon.

– “Cada vez queda menos…” – sonríe el mago.
En la Tierra Sagrada de Karín, un pelotón del Ejército Plateado ha sido capturado por los indígenas, liderados por Upa.

– “¡Soltadnos!” – grita el líder del pelotón. – “¡Soy el Coronel Makekko! ¡Os exijo que nos liberéis o las represalias del Imperio Plateado serán terribles!”
Los indígenas ignoran las exigencias del Coronel y siguen apuntándoles con sus lanzas.
De repente, una extraña sensación invade a Upa, que mira al horizonte, en dirección al sur, preocupado.

– “Tengo un mal presentimiento…” – murmura el líder de la tribu indígena.

OLD MAN GOHAN // Capítulo 38: Evacuación

OMG // Capítulo 38: Evacuación

Videl y Shapner organizan sus tropas y se preparan para afrontar el ataque mientras Ikose y Gyuma dirigen la evacuación.
Todos los habitantes de la zona se dirigen hacia la costa Sur, escoltados por el Ejército Rebelde.

– “¡No podemos retrasarnos!” – exclama Videl, subida en una tanqueta de combate. – “¡El Ejército Imperial…!”
Pero el zumbido de varios bombarderos sobrevolando el castillo de Pilaf interrumpe a la Comandante, que unos instantes después puede ver estallar el castillo en mil pedazos en el horizonte.

– “Ya están aquí…” – murmura Shapner.
Los civiles y los soldados se quedan petrificados al ver su hogar reducido a cenizas.

– “¡Vamos! ¡Vamos!” – les hace reaccionar Videl. – “¡Seguiremos con el plan!”
– “¡Démonos prisa!” – añade Ikose.
El Ejército Rebelde se detiene mientras los civiles avanzan hacia el mar.
En el horizonte ya se divisan los Ejércitos enemigos provenientes de la Capital del Oeste y de Orange City.

– “Han venido con todo…” – se asusta Ikose al ver la gran cantidad de soldados, tanques y robots de combate que se agrupa frente a ellos. – “Son demasiados…”
– “¡Aguantaremos!” – responde Videl. – “¡Lucharemos hasta el final! ¡Protegeremos a los nuestros!”
– “¡Sí!” – responden los soldados rebeldes.
En la Capital del Oeste, Ranfan se encuentra en su sala de mando dando órdenes a sus tropas y coordinando sus movimientos con Killa, que se encuentra en Orange City realizando el mismo trabajo.

– “El castillo ha sido destruido” – dice Killa.
– “Están huyendo como ratas” – responde Ranfan. – “¡Acabemos con ellos!” – exclama impaciente.
– “Tranquila, Ranfan.” – intenta calmarla el General. – “Si nos apresuramos demasiado…”
– “Pues que tus hombres se queden atrás” – le interrumpe Ranfan. – “¡Yo ataco ya!”
El Ejército de la Capital del Oeste avanza hacia el reducido Ejército Rebelde.

– “No podemos cometer errores” – dice Videl.
– “¡Robots de combate! ¡Adelante!” – ordena Shapner.
Un pequeño grupo de robots tripulados avanzan hacia el Ejército enemigo.

– “¿Piensan combatirnos con esto?” – se burla Ranfan al ver las imágenes retransmitidas.
De repente, los robots apuntan al suelo y disparan varios misiles, generando una gran cortina de polvo y humo que dificulta la visión al Ejército Imperial.

– “¡Seguid avanzando!” – ordena Ranfan por radio.
La polvareda empieza a disiparse y el Ejército Imperial repara que se encuentra en una zona plagada de objetos redondos incrustados en el suelo.

– “Eso son…” – murmura un soldado.
– “¡Minas PEM!” – exclama asustado otro.
Las minas estallan y generan un pulso electromagnético que inhabilita toda la maquinaria del Ejército de la Capital del Oeste.

– “¡AHORA!” – ordena Videl.
El Ejército Rebelde empieza a avanzar hacia el ejército enemigo, ahora en desventaja, y empieza a ganar terreno.

– “¡Maldita sea!” – se lamenta Ranfan.
– “Te dije que no te apresuraras…” – le recuerda Killa.
– “¡Cállate y ayúdame!” – le dice Ranfan enfadada.
El Ejército de Orange City también avanza hacia el campo de batalla.
En la costa, los civiles ya embarcan en los navíos rebeldes mientras se escuchan a lo lejos los disparos y las explosiones del conflicto bélico cercano.

– “¡Vamos! ¡Rápido!” – coordina Ikose.
– “¡No os paréis!” – insiste Gyuma.
Con la ayuda del ejército de Killa, las fuerzas rebeldes empiezan a retroceder.

– “¡No aguantaremos mucho tiempo!” – exclama Shapner. – “¡Nos están aniquilando!”
El Ejército Imperial no solo les supera en número, sino que sus armas son superiores a las rebeldes.
Videl mira de reojo hacia la costa.

– “Necesitan más tiempo…” – murmura Videl.
La Comandante cierra los ojos y respira hondo. Por un instante en su mente, el campo de batalla se queda en silencio. Puede escuchar cada pisada de cada soldado que la rodea como si el mundo se moviera a cámara lenta. A su alrededor, las pequeñas piedras del campo de batalla empiezan a vibrar y levitan unos centímetros sobre el suelo.
De repente, Videl abre los ojos y en un instante se abalanza rauda sobre sus enemigos. Uno por uno derrota a los soldados de sus alrededores a una velocidad pasmosa y sin que ellos puedan reaccionar.
Un robot de combate enemigo ha identificado a Shapner y ha recibido órdenes para acabar con el General rebelde.
El robot salta sobre el General y se prepara para asestarle un puñetazo, pero Videl aparece como un rayo y golpea el codo del robot, arrancándole el brazo.
La Comandante coge impulso y atiza un puñetazo a la cabina del piloto, dejándole fuera de combate e inutilizando al robot.

– “¿Estás bien?” – pregunta Videl.
– “¡Impresionante!” – se sorprende Shapner.
Pero la comandante ha llegado a su límite y se desmaya frente al General, que consigue sujetarla antes de que caiga al suelo.

– “¡Videl!” – se alarma Shapner. – “Has forzado demasiado…”
– “Estoy bien…” – responde la Comandante agotada.
Desde la costa, mientras la gente sigue embarcando, Gyuma se queda contemplando la batalla ensimismado. Puede ver a lo lejos a su madre y a Shapner luchando por su gente y a Ikose a su lado coordinando la evacuación. El joven aprieta fuerte sus puños, lleno de rabia e impotencia.

– “No podemos ganar esta guerra…” – piensa el chico. – “El Imperio Plateado es demasiado fuerte… y ahora otra amenaza aún más peligrosa nos acecha… ¿Dónde está el Guerrero Dorado? ¿Por qué no nos ayuda? Mi madre y los demás siempre hablan de él como un héroe… ¡pero es un cobarde!”
– “¡Gyuma!” – le interrumpe Ikose sacándole de su trance. – “¡Asegúrate de que todos han embarcado!”
Gyuma mira a Ikose. Su mirada es melancólica pero decidida.

– “¿Qué ocurre?” – le pregunta Ikose.
– “Lo siento” – responde Gyuma. – “Tengo que hacerlo. Os prometo que le traeré de vuelta”.
– “¿De qué estás…?” – murmura Ikose mientras entiende las palabras del joven soldado. – “¡NO!” – exclama. – “¡Espera! ¡No puedes…!”
El chico coloca rápidamente sus manos frente a su rostro.

– “¡TAIYO-KEN!” – exclama Gyuma, cegando a Ikose con la técnica de la Escuela Grulla.
El Ejército Rebelde empieza a retroceder, pues el Imperio empieza a ganarles terreno.

– “¡Retirada!” – exclama Shapner. – “¡A los navíos! ¡Pelotones Foxtrot y Tango, cubrid la retirada!”
En unos segundos, Ikose empieza a recuperar la visión.

– “Estúpido crío…” – refunfuña enfadado.
Shapner y Videl llegan hasta Ikose.

– “¿Aún no hemos evacuado por completo?” – pregunta Shapner.
Ikose sigue rascándose los ojos intentando recuperarse del destello.

– “¿Qué ha pasado?” – pregunta Videl. – “¿Dónde está Gyuma?” – se preocupa.
– “No he podido hacer nada…” – responde Ikose tímidamente. – “¡Me ha cegado!”
Videl intenta salir corriendo tras su hijo, pero no tiene fuerzas y se desploma al dar unos pocos pasos.

– “¡Videl!” – exclama Ikose.
– “Esta agotada” – dice Shapner mientras la socorre. – “Hay que subirla al navío”.
– “¿Y Gyuma?” – pregunta Ikose.
– “Estará bien” – responde Shapner. – “Le buscaremos después”.
Mientras tanto, el Ejército Plateado empieza a disparar directamente a los navíos.

– “¡Maldita sea!” – exclama Ikose.
Un misil PEM impacta contra el motor del barco y lo incapacita.

– “Estamos perdidos…” – se lamenta Shapner.
Pero en ese instante, varios proyectiles provenientes del mar estallan en el cielo, sobre el ejército enemigo.

– “¿Qué es eso?” – se extrañan nuestros amigos.
Del cielo cae una lluvia de esferas negras de unos diez centímetros de diámetro. Las extrañas esferas caen al suelo y ruedan varios centímetros ante la sorpresa de los soldados.

– “Pero, ¿qué demonios…?” – dice un soldado mientras se acerca cautelosamente.
De repente, todas las la esferas saltan y unos pequeños brazos y piernas aparecen, seguidos de ojos y boca, sorprendiendo a los soldados.
El pequeño robot sonríe y saluda.

– “¡Soy una bomba!” – exclama alegremente.
– “¡¿QUÉ?!” – se asustan los soldados.
Todos los robotitos empiezan a estallar en cadena y el campo de batalla se convierte en un infierno para el Ejército Imperial.
En el horizonte marino, varios navíos navegan hacia la costa.

– “¡Isla Papaya ha respondido!” – se alegra Ikose.
En la proa del barco principal, Punta dirige el ataque espada en alto.

– “¡Proteged a los supervivientes!” – ordena el Pirata. – “¡Adelante, piratas!”