ESPECIAL DBSNL /// Kingdom come // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte VI: El penúltimo combate

Kingdom come / Parte VI: El penúltimo combate
“¡Por el planeta Vegeta!”


Varias semanas después del golpe de estado fallido de Páragus, la nave de Freezer vuela hacia el planeta Vegeta. El tirano, sentado en su trono flotante, disfruta de una copa de vino mientras contempla el espacio profundo. Zarbon le acompaña.
– “Dodoria casi ha llegado, señor” – anuncia Zarbon. – “Nos ha comunicado que ha completado su misión en el planeta Meat con éxito.”
– “Muy bien” – sonríe Freezer. – “No quiero cabos sueltos.” – añade, antes de dar un sorbo a su copa.
En el planeta Vegeta, el hombre de confianza del Rey, Zorn, comunica a Su Majestad que el señor Freezer solicita una reunión y que llegará en tan solo unas horas.
– “¡¿Freezer viene hacia aquí?!” – se sorprende el Rey Vegeta, mientras una gota de sudor frío recorre su frente. – “¿A qué viene esta visita? Es extraño que Freezer se presente aquí personalmente…”
– “Parece importante” – responde Zorn.
– “Que preparen mi nave” – ordena el Rey.
– “El señor Freezer ha solicitado que la reunión se lleve a capo aquí, señor.” – dice el saiyajín. – “En el Palacio Real. Parece que va a anunciar algo importante.”
Vegeta parece confuso. Freezer jamás a pisado el planeta. Las reuniones siempre se han llevado a cabo en la nave imperial, así que su repentino interés por visitar el Palacio Real hace sospechar al Rey. En su mente no dejan de repetirse las advertencias de Páragus.

– “¿Qué trama?” – se pregunta Vegeta. – “Últimamente sus órdenes han sido extrañas. Se ha reducido el número de misiones. Y ahora viene personalmente…” – cavila el saiyajín. –“Acaso…”

Zorn se da cuenta de la preocupación del Rey.
– “¿Ocurre algo, Su Majestad?” – pregunta el saiyajín.
– “Que preparen mi nave de todas formas…” – ordena Vegeta. – “Y reúne a los líderes de escuadrón de mayor rango que se encuentren disponibles.”

– “Enseguida” – responde Zorn.
– “Creo que nuestros peores temores están apunto de cumplirse…” – murmura el Rey.
Tras varias horas de viaje, el tirano se aproxima al planeta Vegeta. Freezer y sus hombres han detectado una nave monoplaza dirigiéndose al astro.
Freezer mira al infinito a través del ojo de buey de su nave, con su mirada perdida en el paisaje. Dodoria, que acaba de regresar de su misión, y Zarbon le acompañan.
– “No hiciste tu trabajo, Dodoria” – le increpa Zarbon.
– “¡¿Qué has dicho?!” – se molesta su compañero.
– “¡Dejaste con vida a un saiyajín en el planeta Meat!” – responde Zarbon.
– “¡No digas tonterías!” – replica el grandullón. – “¡Los eliminé a todos!”
Al mirar al monitor, Dodoria puede ver una cápsula saiyajín en pleno vuelo.
Un sudor frío embarga al soldado. Sabe muy bien que Freezer no tolera el fracaso.
– “Le suplico… Le suplico que me disculpe” – dice Dodoria, con la voz temblorosa. – “¡Enseguida me encargaré de eliminarlo!”
– “No es necesario” – responde Freezer.
Dodoria parece confuso ante la calma de su señor.
– “Todo parece indicar que ese saiyajín está viajando de regreso al planeta Vegeta” – dice el tirano.
– “Fantástico.” – sonríe Zarbon. – “Eso significa que sufrirá el mismo destino que los demás.”
En el Palacio Real, Vegeta ha reunido a mejores hombres y les ha explicado la situación.

– “Eso no es posible…” – se asusta uno de los saiyajín.
– “¿Y porqué nos quiere a todos en el planeta si pretende atacarnos?” – pregunta otro.
– “Porque no pretende librar una batalla” – responde el Rey. – “Va a destruir el planeta Vegeta.”
Todos se quedan en silencio, mirándose unos a otros, asustados.
En ese momento, Zorn llega con los últimos líderes de escuadrón.
– “Nappa no se encuentra en el planeta, señor” – informa Zorn. 
– “¿Y Bardock?” – pregunta el Rey. – “Creía que estaba en la enfermería.”
– “Su escuadrón se marchó al planeta Meat mientras él se encontraba recibiendo atención médica, señor” – responde el saiyajín. – “Pero al despertar los siguió.”
– “He oído que ha nacido su segundo hijo hace poco…” – dice otro.
– “¿Su hijo?” – se sorprende Vegeta.
– “Bardock es un guerrero de clase baja.” – murmura un saiyajín. – “¿Por qué pregunta el Rey por él?”

Vegeta, en silencio, recuerda cómo Bardock y su escuadrón le ayudaron durante la revuelta de Páragus.
En breve, la nave de Freezer se encuentra sobrevolando el planeta Vegeta, en el límite de su atmósfera.
– “¡Señor!” – exclama un soldado a través del comunicador de Freezer.
– “¿Qué ocurre?” – pregunta el tirano. 
– “La nave del Rey Vegeta solicita permiso para aterrizar abordo” – anuncia el soldado.
Zarbon y Dodoria se miran de reojo.
– “Se supone que tenía que esperar en su palacio…” – dice Zarbon. – “¿Acaso sospecha algo?”
– “No me extrañaría…” – murmura el demonio del frío. – “Pero no hay nada que pueda hacer. Concededle permiso.” – sonríe.
La compuerta superior de la nave Imperial se abre y la nave Real aterriza en el hangar. Freezer observa la escena a través de un monitor.
– “Zarbon” – dice el tirano. – “No quiero trifulcas en mi nave. Encárgate de ellos de la forma más rápida posible.”
– “Sí, señor” – responde el soldado.
Dodoria se dispone a seguir a su compañero.
– “Tú no, Dodoria” – dice el tirano. – “Hoy ya has hecho suficiente.”
El grandullón tiembla al darse cuenta de que Freezer no se ha olvidado de su fracaso.
– “Sí, señor” – se limita a responder con voz temblorosa.
En el hangar, la aeronave del Rey abre sus compuertas. Vegeta y una decena de saiyajín salen de la nave gritando; dispuestos a enfrentarse a un ejército.
– “¡Por el planeta Vegeta!” – gritan el Rey.
– “¡Por Su Majestad, el Rey!” – exclaman sus hombres.
Pero la carga es interrumpida repentinamente cuando ven que frente a ellos solamente se encuentra Zarbon, de pie y con los brazos cruzados.
Varios saiyajín empiezan a mostrar dudas cuando se ven cara a cara con uno de los hombres de confianza del tirano.
– “Zarbon…” – murmura el Rey Vegeta.
El guerrero hanschurui no responde. En silencio observa detenidamente a cada uno de sus enemigos.
El Rey Vegeta y los saiyajín se quedan petrificados. Ninguno de ellos se atreve a hacer el primer movimiento.
– “¿Q-qué hacemos, señor?” – pregunta Zorn.
El Rey reúne todo su coraje y su rabia.
– “¡¡SE ACABÓ EL ESTAR BAJO VUESTRO YUGO!!” – grita Vegeta de forma repentina. – “¡¡HOY VOLVEREMOS A SER LIBRES!!”
El grito de Vegeta parece reavivar el espíritu de lucha de sus hombres, que se abalanzan sobre su enemigo.
En un abrir y cerrar de ojos Zarbon desaparece y, sin dar tiempo a sus enemigos para reaccionar, el guerrero de Freezer avanza entre los saiyajín grácilmente, acabando con la vida de cada uno de ellos de un solo golpe.
Finalmente, Zarbon se sitúa detrás del Rey Vegeta.
– “Esperaba más de una raza guerrera tan orgullosa como la vuestra” – sonríe el hanschurui.
El Rey aprieta con rabia sus puños. Sabe que ha fracasado.
Zarbon noquea al Rey golpeándole con el canto de la mano en la nuca.
El soldado de Freezer arrastra a Vegeta hasta la cámara de su señor agarrándole del cabello. Una vez allí, Freezer se acerca y despierta al Rey propinándole un revés.
Al abrir los ojos, el Rey se encuentra arrodillado frente al tirano.
– “Ha demostrado tener agallas, Su Majestad” – se burla Freezer.
– “Maldito bastardo…” – gruñe el Rey.
Freezer da la espalda al Rey y se dirige al gran ojo de buey de su nave, desde donde puede contemplar el Planeta Vegeta.
– “Sois una raza demasiado irascible.” – dice el demonio del frío. – “Habéis trabajado bien, pero empezáis a ser un incordio para el que no tengo tiempo.”
Vegeta, viendo a Freezer de espaldas, siente que no tendrá otra oportunidad como esta. El Rey aprieta los dientes y se abalanza contra el tirano.
– “¡MUERE!” – exclama mientras alza su mano derecha para propinar un puñetazo al demonio.
Freezer, más rápido que un parpadeo, se eleva y propina una patada giratoria en el costado de su adversario, lanzándole contra la pared opuesta de la habitación, noqueándole.
– “Llévate esta basura de mi vista, Dodoria” – ordena el tirano.
– “Sí, señor Freezer” – responde su secuaz.
Mientras Dodoria se lleva el cuerpo del Rey fuera de la sala, Freezer vuelve a poner su mirada en el planeta saiyajín. Zarbon le acompaña.
– “Esta será la última vez que podamos disfrutar de tan bonita vista del Planeta Vegeta, así que hay que aprovecharla.” – sonríe Freezer.
De repente, un soldado interrumpe al tirano.
– “¡Señor Freezer!” – exclama. – “¡Un saiyajín se dirige hacia aquí!”
– “¿Cómo dices?” – se sorprende Zarbon.
Dodoria ha llevado el cadáver del Rey hasta la sala de recogida y eliminación de basuras. La escotilla se abre automáticamente.
– “El señor Freezer ha dicho que saque la basura, así que…” – dice antes de arrojar el cuerpo del Rey en el contenedor. – “Es un final triste hasta para un saiyajín…” – murmura mientras la compuerta se cierra.
Al caer en el contenedor, Vegeta ha recobrado el conocimiento. Entre escombros, malherido e incapaz de moverse, con la espalda rota y en completa oscuridad, el saiyajín no piensa en su hijo mientras su vida de apaga.
– “He fallado…” – llora el Rey. – “Lo siento… Os he fallado.”
De repente, un estruendo en el exterior de la nave llama su atención. Una voz destaca sobre el resto de gritos inteligibles. 
– “¡¡FREEZEEEEER!!” – exclama alguien furioso a pleno pulmón. – “¡¡SAL DE TU NAVEEE!!”
Vegeta cree reconocer esa voz.
– “¿Bardock?” – piensa el Rey.
El alboroto en el exterior continúa.
– “¡¡COBARDE!!” – grita Bardock. – “¡¡JAMÁS TE PERDONARÉ!!”
Entre lágrimas, una sonrisa se dibuja en el rostro de Vegeta. 
– “Mientras quede un saiyajín con vida, seguiremos luchando.” – piensa Vegeta. – “No te librarás de nosotras tan fácilmente, Freezer.”
Pero pronto todo se queda en silencio durante un breve momento. Un silencio que se rompe por con un fuerte temblor que sacude la nave y una gran explosión que ensordece al Rey, que se teme lo peor.
Aún así, las lágrimas del Rey no logran borrar su sonrisa. 
– “Nosotros hemos fracasado…” – murmura Vegeta. – “Pero puede que ellos lo consigan.”
Mientras exhala su último aliento, el Rey recuerda su última acción antes de abandonar el Planeta Vegeta para dirigirse a la nave de Freezer, cuando estaba reunido con los jefes de escuadrón.
– “¿Dices que Bardock ha tenido un hijo?” – le pregunta a Zorn.
– “Así es” – responde el saiyajín. – “Ha sido catalogado como un guerrero de clase baja, igual que su padre.”
El Rey utiliza su comunicador y contacta con el centro médico, donde están cuidando de los pequeños saiyajín.

– “¡Doctor Planthorr! ¿Tiene al hijo de Bardock?” – pregunta el Rey.
– “Un momento, señor” – dice el doctor, mientras lee las etiquetas de las cunas. – “Aquí está; Kakarotto.”
– “Adelantad su misión.” – ordena el Rey. – “Que salga inmediatamente hacia su destino.”
– “¿Cómo dice?” – se extraña Planthorr.
– “¡Ya me ha oído!” – exclama el Rey antes de cortar la comunicación.
El Rey Vegeta esboza una media sonrisa, mientras los demás le miran confusos.
– “Ahora estamos en paz, Bardock.” – murmura el Rey.
En el depósito de basuras, el Rey ha fallecido.
En el exterior de la nave, el planeta Vegeta ya no existe. Los hombres del tirano comunican a todos los supervivientes y al resto del Imperio que el planeta ha perecido tras sufrir el impacto de un meteorito.

Nappa, Ratitz y el Príncipe Vegeta, todos en distintas misiones, son informados.
El Príncipe Vegeta recibe la noticia con indiferencia.
– “Esos idiotas…” – murmura el chico. – “Mira que morir de esa forma tan estúpida…”
Mientras tanto, el pequeño Kakarotto, en una cápsula saiyajín, surca el espacio a toda velocidad hacia la un lejano planeta llamado Tierra.

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Kingdom come / Parte V: Golpe de estado
“Un Súper Saiyajín…”


Con el paso de los años, la relación entre el Rey Vegeta y Páragus, aunque siempre cordial, se ha ido enfriando. La desconfianza entre ambos aumenta. El Rey ya no se fía del que fue su amigo y hombre de confianza. Por su parte, Páragus considera que la conformidad de Vegeta está condenando a los saiyajín, y ha planeado durante años el momento perfecto para destronarle, confiando en que el Príncipe, gracias a su espíritu, sea la luz que guiará a los saiyajín a una nueva etapa de esplendor. 
Páragus se encuentra frente a sus seguidores, animándolos.

– “¡Hoy es el gran día!” – exclama Páragus, que es coreado por sus hombres. – “¡Hoy tomaremos de nuevo el control de nuestras vidas! ¡Devolveremos el resplandor a los saiyajín! ¡Recuperaremos nuestro espíritu!”
Mientras tanto, el escuadrón de Bardock acaba de llegar de una misión.

– “Tenemos cinco días libres” – dice Panppukin. – “Voy a beber hasta que pierda el conocimiento”.
– “¡JAJA!” – ríe Toteppo. – “¡Me apunto!”
– “Mal momento para buscar juergas, chicos” – replica Toma. – “La mayoría de soldados parecen estar fuera, en alguna misión.”
– “¡Más mujeres para nosotros!” – celebra Panppukin.
– “¿Qué vas a hacer tú, Bardock?” – pregunta Seripa.
– “¡Eso!” – insiste Panppukin. – “¿Te unes a nosotros?”
– “Tu hijo nacerá pronto, ¿no es así?” – recuerda Toma. – “¡Deberías celebrarlo!” 
– “Aún faltan varias semanas” – responde el saiyajín. – “Aprovecharé estos días para descansar.”
– “Es una buena idea” – dice Seripa. – “Ekur y Kanassa no serán fáciles de conquistar”.
En la nave imperial, Freezer se encuentra reunido con Dodoria y Zarbon, que ponen al día al tirano sobre los avances de sus negocios.

– “Los saiyajín siguen en auge, señor” – explica Dodoria. – “Odio a esos monos, pero admito que fueron una gran adquisición.”
– “Temo que eso pueda cambiar pronto…” – replica Zarbon. – “Nuestros informadores indican que hay división en sus filas.”
El comentario llama la atención de Freezer.

– “¿División?” – pregunta el demonio del frío.
– “Una de sus facciones más tradicional parece que quiere tomar el control” – explica Zarbon. – “Pero, si usted da la orden, podríamos ayudar al Rey Vegeta a aplacar la posible rebelión.” – sugiere.
– “Jujuju” – ríe Freezer. – “¿Y qué pretenden? Les he dado guerra y comodidades. ¿No es eso lo que anhelan los saiyajín?”
– “Son unos desagradecidos” – refunfuña Dodoria. – “¡Dejemos que se maten entre ellos!”
– “Según los rumores, pretenden que el Príncipe Vegeta tome el mando” – continúa Zarbon. – “Y no dejan de hablar de algo a lo que llaman el Súper Saiyajín”.
Dodoria estalla en una carcajada.

– “¿Y qué eso?” – se burla el soldado. – “Suena ridículo”.
– “Al parecer, es una leyenda del folclore tradicional saiyajín” – explica Zarbon. – “Según cuenta la historia, cada mil años aparece un guerrero saiyajín con un poder extraordinario”.
– “¡Bobadas!” – exclama Dodoria.
Freezer acerca su silla al ojo de buey de la nave y mira al espacio mientras parece meditar las palabras de Zarbon.

– “Un Súper Saiyajín…” – murmura el tirano.
– “Es posible que crean que ese súper guerrero podría ser el Príncipe Vegeta?” – añade Zarbon. 
– “Señor” – interviene Dodoria. – “Son solo cuentos para niños… Pero si le preocupa, ordenaremos el asesinato de ese crío.”
– “No” – responde Freezer de forma tajante. – “Eso haría que los saiyajín se unieran contra mí.”
– “¿Y qué sugiere, señor?” – pregunta Zarbon.
Freezer esboza una terrorífica sonrisa.
En el planeta Vegeta, un grupo de saiyajín vestidos con las armaduras tradicionales de cuero ozaru está dando una paliza a un joven Raditz en mitad de la calle. El chico viste una armadura del Imperio. 

– “¡Quítate esa armadura!” – grita uno de los saiyajín, que le empuja.
– “¡¿Es que no eres un saiyajín?!” – se burla otro antes de golpearle y tirarle al suelo.
– “¡A lo mejor prefiere ser un soldado de Freezer! ¡JAJAJA!” – ríe un tercero mientras le propina una patada en el abdomen.
– “Escoria de clase baja” – murmura otro. – “¿Crees que ser fiel al Imperio te hace mejor que nosotros?”
Raditz, magullado, intenta levantarse.

– “¡Eres basura!” – exclama uno de los abusones, que se dispone a propinarle un puñetazo.
En el último instante, alguien ha detenido el golpe.

– “B… Bardock…” – titubea el abusón al ver al saiyajín.
– “¿Hay algún problema?” – pregunta Bardock en tono desafiante.
– “Tu hijo se niega a unirse a nosotros” – responde otro. – “¡Es un traidor!”
– “Yo… Solo iba a una misión…” – se excusa Raditz.
– “¡Se acabaron las misiones!” – insiste otro.
Bardock mira de reojo a su hijo.

– “Márchate” – le dice a Raditz.
– “¡¿Cómo?!” – se escandaliza uno de los saiyajín. – “¡¿Tu también nos traicionas?!”
Raditz corre hacia el puerto espacial.

– “No sé de que trata todo esto, pero no me interesa” – dice Bardock. – “¡Largaos!”.
– “¡¿Nos das la espalda?!” – le pregunta el saiyajín alarmado.
Uno de los saiyajín alza su mano apuntando al hijo de Bardock.

– “¡Esa sabandija no escapará!” – grita el saiyajín, furioso.
Bardock aparece frente a él y le agarra el brazo.

– “Os he dado una oportunidad…” – susurra Bardock.
Mientras tanto, una horda de saiyajín tradicionales avanza hacia el Palacio Real.
El Rey Vegeta, en la sala del trono, se sorprende al escuchar las explosiones en el exterior.

– “¿Qué está ocurriendo?” – pregunta el Rey.
– “¡Nos atacan!” – exclama un soldado.
– “¿Invasores?” – pregunta Su Majestad.
De repente, la pared de la sala del trono estalla en mil pedazos y dos saiyajín entran en el palacio.

– “¡¿Qué es esto?!” – pregunta Vegeta. – “¡¿Traición?!”
Los saiyajín atacan al Rey, pero Vegeta consigue noquearles con relativa facilidad.
Páragus entra en la sala del trono.

– “¡Páragus!” – exclama el Su Majestad. – “¡Nos atacan!”
El hombre de confianza del Rey alza su mano y le dispara, haciendo que éste choque contra el trono de piedra, partiéndolo por la mitad.

– “Lo siento, viejo amigo” – dice Páragus, que parece dolido por sus propias acciones. – “Es por el bien de nuestra gente”.
– “Lo tenías… Lo tenías todo planeado…” – murmura Vegeta, que fracasa al intentar levantarse.

Uno de los hombres de Páragus entra en la sala del trono.

– “Hemos tomado el palacio, señor Páragus” – anuncia el soldado.
– “¿Qué pretendes?” – pregunta Vegeta. – “¿Ser Rey?”
– “No” – responde Páragus. – “El Príncipe Vegeta gobernará.”
– “¿Mi hijo?” – se sorprende el Rey. – “No está preparado… Es joven e impulsivo.” – explica. – “Si os enfrentáis a Freezer, será el fin…”
En ese instante, nuevas explosiones ocurren en el exterior y sorprenden a ambos contendientes.
Páragus se acerca al boquete de la pared y ve como varios saiyajín se están enfrentando a sus hombres en los jardines del palacio.

– “Pero, ¿quiénes son esos?” – se pregunta el líder rebelde.
De repente, un ataque de ki impacta en Páragus y le noquea. El Rey se sorprende al ver que han llegado unos refuerzos inesperados. Acto seguido, Bardock entra a la sala del trono por la misma apertura.
Páragus, ahora malherido, se pone en pie.

– “Idiota…” – murmura el rebelde. – “¿Por qué le defiendes? Estás condenando a nuestra raza…”
Bardock no responde.

– “Eres… un guerrero de clase baja…” – continúa Páragus. – “Deberías estar de nuestro lado… ¡¿Es que no tienes orgullo saiyajín?!”
– “No me importan tus complejos” – responde Bardock. – “Tus hombres han convertido esto en algo personal.”
El Rey les interrumpe.

– “Me has traicionado, Páragus…” – interviene Vegeta.
– “El Súper Saiyajín…” – insiste Páragus. – “El Súper Saiyajín de la leyenda está apunto de aparecer…”
– “Esos cuentos han envenenado tu mente, viejo amigo” – responde el Rey, que ha conseguido levantarse.

Páragus, que ha visto su triunfo muy cerca, no puede evitar llorar de rabia.

– “Estáis condenando a nuestra raza…” – insiste Páragus. – “Estáis convirtiendo a nuestros hijos en esclavos…”
Bardock parece tener un momento de duda. Aunque los hombres de Páragus hayan atacado a su familia, él comparte su sentimiento de impotencia.
Páragus aprovecha el momento de confusión para lanzar un ataque al techo, que se derrumba sobre Bardock y Vegeta.
Los dos saiyajín logran salir de entre los escombros en unos minutos, pero el líder rebelde ya ha escapado.

– “Maldición…” – lamenta Su Majestad.
– “Está herido” – dice Bardock, que puede ver un rastro de sangre en el suelo. – “No irá muy lejos.”
El Rey se acerca al joven saiyajín y coloca la mano en su hombro.

– “Gracias, Bardock” – dice el Rey.
– “Me sorprende que sepas mi nombre” – dice Bardock con cierto desdén.
– “Perdonaré está insolencia…” – responde el Rey. – “Ya que te debo la vida” – sonríe.
Varios saiyajín de la corte, que han sobrevivido al ataque rebele, entran a socorrer al Rey.

– “¡Su Majestad!” – exclama uno. – “¿Está usted bien?”
– “¡Apártate!” – le dice otro a Bardock, empujándole. 
– “¿Está usted bien, Rey Vegeta?” – pregunta un tercero.
Bardock se aleja lentamente y sale de palacio. Pronto es recibido por el resto de su escuadrón.

– “¿Van a premiarnos?” – pregunta Panppukin.
– “Lo dudo” – responde Bardock.
– “Ha sido divertido” – sonríe Toma.
– “Luchar contra otros saiyajín es extraño…” – dice Seripa. – “Pero admito que es bastante satisfactorio.” – sonríe de forma chulesca.
Mientras tanto, Páragus ha logrado llegar hasta una cápsula en el puerto espacial y se prepara para huir.

– “Esto no ha terminado…” – piensa Páragus mientras programa la ruta de viaje en el ordenador de la nave. – “Algún día pagarás por esto, Vegeta.”
La nave se eleva mientras es rodeada por múltiples saiyajín, que disparan sin cesar contra el aparato, pero ninguno consigue alcanzarlo. La nave desaparece en el cielo en un instante.
Cerca de allí, el escuadrón de Bardock ha contemplado la escena.

– “Ha huido” – dice Toma.
– “Cobarde” – añade Toteppo.
Bardock sigue en silencio. Simplemente mira al cielo ensimismado, pensando en las palabras de Páragus.

Tras semanas de viaje, Páragus llega a un remoto planeta desértico. Su superficie parece estar hecha de una roca amarilla anaranjada, posiblemente rica en azufre. 
Al aterrizar, el saiyajín sale de su nave, casi sin fuerzas, y cae al suelo tras dar unos pocos pasos. Dos figuras encapuchadas salen de una gruta cercana y se acercan a él.

Mientras tanto, en un planeta en guerra, el Príncipe Vegeta recibe las noticias a través de su scouter.

– “Un golpe de estado, ¿eh?” – murmura el Príncipe – “Ridículo.”

Unas horas después, Páragus despierta en una cueva. Varios hombres cubiertos por capas marrones hechas de viejos harapos le rodean.

– “Ya ha despertado” – anuncia uno.
– “¿Cómo te sientes, Páragus?” – le pregunta otro.
– “Siento haberos fallado” – murmura el saiyajín.
– “No lo has hecho” – le corrige el primero. – “Nos has mostrado el camino”.
Los dos personajes se acercan a Páragus y resultan ser saiyajín. Uno de ellos es Leek.
Entre los dos le ayudan a levantarse.

– “Tu gente te espera” – dice Leek.

Páragus camina por una gruta hasta llegar a una cueva más grande, en la que decenas de saiyajín le reciben con honores.

– “¡Páragus! ¡Páragus!” – corean su nombre.
El saiyajín alza su mano y todos se quedan en silencio.

– “Hoy, hermanos, la raza saiyajín ha caído en desgracia” – explica Páragus. – “Pero renaceremos de nuestras cenizas. ¡El Súper Saiyajín nos salvará! ¡Él no abandonará a su raza! Hasta ahora creía que ese guerrero podría ser el Príncipe Vegeta… ¡Pero me equivocaba! ¡Estoy seguro de que el Súper Saiyajín nacerá entre nosotros! ¡Su pueblo!”
La gente celebra enloquecida.

– “Y gracias a él, ¡tendremos justicia!” – grita Páragus. – “¡El Rey Vegeta pagará su traición! Y después… “¡¡Acabaremos con Freezer!!”

ESPECIAL DBSNL /// Kingdom come // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte IV: Dudas

Kingdom come / Parte IV: Dudas
“¿Por qué luchamos?”
Tras varios días de viaje, el escuadrón de Bardock aterriza en el planeta Vegeta, pero pronto se dan cuenta de que algo no va bien. Una de las cápsulas no se abre. Nappa, Bardock, Toma, Seripa, Panpukkin y Toteppo han llegado sin problemas, pero Leek está inconsciente.

– “¿Qué ha pasado?” – se extraña Bardock. – “¿Te has dormido, Leek?” – dice mientras se acerca a su nave.
Al llegar a la escotilla, se da cuenta de que su compañero ha perdido el conocimiento. 

– “¡Abrid su nave!” – exclama Bardock al personal de cubierta. – “¡Sacadle de ahí!” – dice preocupado.
Nappa se da la vuelta y se aleja.

– “Escoria de clase baja” – murmura el saiyajín.
Toteppo agarra a Nappa del brazo.

– “No hables así de un compañero” – le advierte el grandullón.
– “¿Un compañero?” – se burla Nappa.
– “Leek es un saiyajín como tú” – añade Toma.
– “No me hagas reír” – responde Nappa mientras hace que Toteppo le suelte. – “Yo soy un guerreros de élite.” – añade antes de marcharse.
Bardock arrastra a Leek fuera de su nave.

– “¡Vamos! ¡Hay que llevarle a la cámara de regeneración!” – apresura a los presentes.
Mientras tanto, en el planeta Freezer-79, el tirano, acompañado por Zarbon, admira los talleres en los que se construyen las armaduras y armas de asalto de su ejército.

– “Fantástico” – sonríe el demonio del frío.
– “Con la tecnología tsufur hemos podido dar un salto de calidad extraordinario” – explica uno de los técnicos de la fábrica.
De repente, una señal en el scouter alerta a Zarbon. 

– “Señor, nos acaba de llegar un aviso de las Fuerzas Especiales Ginyu” – anuncia el soldado.
– “Espero que sean buenas noticias” – dice Freezer.
– “El Capitán Ginyu confirma la conquista del planeta Kabocha” – responde Zarbon.
– “Estupendo” – celebra Freezer. – “Las Fuerzas Ginyu nunca fallan.”
– “¡Y en solo un día!” – añade Zarbon.
Otra señal les interrumpe.

– “Otro mensaje, señor” – anuncia Zarbon. – “Es… es sobre…” – tartamudea el soldado, que teme la reacción de su señor al escuchar la noticia que él acaba de recibir. – “Es sobre su hermano”.
La sala se queda en silencio solo un instante, pero que se hace eterno para todos los presentes, a la espera de la respuesta del tirano.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta Freezer.
– “Su nave ha sido vista en el Sector 42” – dice Zarbon. – “¿Debo contactar con Immega para que confirmen el avistamiento?”
– “No.” – responde Freezer tajante. – “De momento, Cooler no es mi problema. Que se encargue mi padre”.
En el planeta Kabocha, Ginyu y sus hombres se preparan para partir.

– “El equipo de reconocimiento llegará en doce días” – dice el Capitán.
– “¿No deberíamos esperarles?” – pregunta Jeese.
– “No hay nada más que hacer en este lugar” – responde Burter. – “Solo quedan escombros”.
– “Eso es porque Recoom se ha excedido” – dice Guldo.
– “Parecían más fuertes…” – intenta excusarse Recoom.
Los soldados abandonan el planeta, y entre los escombros, un niño aún con vida maldice su destino y jura venganza.
En el planeta Vegeta, Bardock y sus hombres, que ya han salido de sus respectivas cámaras de regeneración, reciben malas noticias.

– “La hoja con la que Leek fue apuñalado estaba envenenada” – dice el doctor Malaka. – “No hemos podido hacer nada por él.”
El escuadrón se queda perplejo. Nunca se habían topado con un veneno que fuera tan potente como para terminar con la vida de un saiyajín.
Bardock abandona la habitación, claramente frustrado, y sale al balcón del centro médico, donde se puede contemplar la ciudad principal del planeta. Sus compañeros le siguen.

– “Ya sabemos que esto puede ocurrir” – dice Toma.
– “Mejor él que nosotros” – intenta bromear Panppukin.
Seripa le da un codazo para que se calle, pues nota que Bardock está molesto.

– “Puede que sí” – murmura Bardock.
Bardock observa la gente en las calles de la metrópolis. Todos los saiyajín están vestidos con ropas del Imperio.

– “¿Por qué luchamos?” – pregunta Bardock.
– “¡Por diversión!” – responde Toteppo.
– “¡Por gloria!” – dice Toma.
– “¿La de quién?” – se pregunta Bardock.
En las cámaras de entrenamiento, el Príncipe Vegeta lucha contra cinco saibamen de clase B. A su alrededor, se ha creado cierta expectación. Todos los soldados presentes contemplan el increíble poder del niño prodigio. Junto a ellos, Páragus.

– “¡El Príncipe Vegeta es increíble!” – exclama un soldado.
– “¡Su poder pronto superará al de su padre!” – dice Raditz.
– “¿Será el Súper Saiyajín de la leyenda?” – se pregunta un tercero.
– “Su espíritu es fuerte” – dice Páragus. – “Será un gran Rey” – murmura. – “El Rey que necesitamos.”

ESPECIAL DBSNL // Kingdom come // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte III: Historias paralelas

Kingdom come / Parte III: Historias paralelas
“¡El Imperio nos paga por hacer algo que haríamos gratis!”


En el planeta Seth, Bardock y sus compañeros están rodeados por cientos de perros humanoides delgados, de tez negra, pelaje corto y orejas puntiagudas. 
El escuadrón de saiyajín se escabulle hacia el interior de un templo en ruinas huyendo de los cánidos, que no dejan de dispararles con unas extrañas armas en forma de lanzas con un cañón en su extremo.

– “Esto no debería estar pasando…” – lamenta Panppukin.
– “¿Quién iba a pensar que sacrificarían su propia luna?” – responde Seripa.
– “Hay que admitir que tienen agallas” – añade Toma.
– “Llevamos varios días masacrándoles y parece que no se acaban nunca” –protesta Leek. – “A este paso vamos a agotarnos”.
– “¡Basta de chácara!” – les interrumpe Bardock. – “Necesitamos un plan.”
– “¿¡Un plan!?” – refunfuña Toteppo entre dientes – “¡Yo os daré un plan!” – exclama saliendo de su cobertura y carga contra las tropas enemigas. – “¡HAAAAA!” – grita mientras golpea a todos los cánidos que se encuentra a su paso.
La impulsividad de Toteppo parece molestar a Leek.

– “Menudo idiota” – dice el saiyajín. – “Va a hacer que le maten.”
De repente, Toma y Seripa también salen de su cobertura.

– “¡Hora de divertirse!” – sonríe Toma.
Los dos saiyajín también se lanzan al ataque.

– “¡Esperad!” – exclama Leek.
– “No te esfuerces” – responde Bardock.
Panppukin y Bardock también se unen a la ofensiva.
Leek, a regañadientes, también se dispone a ayudar a sus compañeros.

– “Maldita sea…” – lamenta el saiyajín, que carga contra sus enemigos.
Mientras tanto, en el planeta Vegeta, de noche, Páragus camina por las calles de la ciudad cuando se encuentra con un saiyajín que sale a trompicones de una taberna, borracho, y que se tambalea sin rumbo hasta tropezarse y caer al suelo inconsciente.
Páragus se detiene y observa con desprecio a su compatriota. Después mira a la taberna y, furioso, se dirige allí.
En el local, un gran número de saiyajín jóvenes se encuentran bebiendo, comiendo y celebrando como si fuera una fiesta.

– “¡BASTA!” – interviene Páragus irrumpiendo en la taberna. – “¡Esto es denigrante!”
El local se queda en silencio y todos miran a Páragus.

– “¡Señor Páragus!” – exclama un soldado extrañado al verle en un local así.
– “Solo… nos estamos divirtiendo…” – se excusa otro saiyajín, algo confuso.
– “¡¿Es que no os dais cuenta?!” – continúa Páragus. – “¡Os estáis acomodando! ¡Freezer es el enemigo!”
– “Creo que está exagerando…” – responde un solado.
– “Freezer es quien provee todo esto” – añade otro.
– “¡El Imperio nos paga por hacer algo que haríamos gratis!” – se mofa otro mientras alza su jarra.
La taberna se llena de celebraciones y carcajadas.
Páragus agacha la cabeza, frustrado, al ver que sus peores temores se convierten en realidad.
De repente, Páragus agarra la jarra del saiyajín y la estampa contra el suelo. Después le agarra de la armadura y le zarandea con fuerza.

– “¡Estúpido inconsciente!” – le dice Páragus antes de propinarle un puñetazo y hacerle caer al suelo.
Enseguida varios saiyajín se lanzan sobre Páragus y su rival para separarles.

– “¡Viejo infeliz!” – le insulta el saiyajín.
Los saiyajín sacan a Páragus del local.
En el planeta Seth, el escuadrón de Bardock se encuentra inmerso en una terrible escaramuza en la que aporrean a enemigos a diestro y siniestro.

– “¡No podremos con todos!” – exclama Leek.
– “¡Sigue luchando!” – responde Toma, que disfruta del combate.
– “¡Esto no se acaba nunca!” – insiste Leek.
– “¡Lo sé! ¡¿No es increíble?!” – celebra Seripa.
– “Eres un quejica, Leek” – se burla Bardock.
En ese instante, Leek es apuñalado con una lanza en el costado por uno de los cánidos.

– “¡Leek!” – exclama Panppukin.
Bardock dispara y pulveriza al seth que ha herido a su compañero.

– “Maldita sea” – dice Leek, que extrae la hoja rota y la tira lejos de él.
– “¿Estás bien?” – pregunta Bardock.
– “Sobreviviré” – responde Leek.
En ese momento, los perros empiezan a aullar y una extraña señal aparece en el scouter de los saiyajín.

– “¿Qué es eso?” – pregunta Toma.
– “Es… grande…” – dice Toteppo.
– “No…” – le corrige Bardock ampliando la señal. – “¡Es que son muchos!”
– “¡¿Más refuerzos?!” – exclama Panppukin.
– “Maldita sea…” – lamenta Toma. – “Hemos sido demasiado confiados…”
Frente a ellos, por la ladera de una colina cercana, un ejército de perros humanoides desciende corriendo y ladrando.

– “Maldición…” – dice Bardock, que se pone en guardia.
De repente, la colina entera estalla sin previo aviso, lanzando a todos los enemigos por los aires y dejando a los saiyajín boquiabiertos.
Al darse la vuelta, pueden ver que Nappa ha llegado y ha sido el artífice de la explosión realizando un simple gesto con dos dedos.

– “¿Y estos son los que os estaban causando problemas?” – se burla el saiyajín. – “Sois lamentables.”
– “¿Qué haces tú aquí?” – pregunta Toma.
– “El Rey me ha enviado para hacer vuestro trabajo” – responde Nappa con chulería.
– “¡Podíamos hacerlo nosotros!” – responde Toteppo.
– “Ya lo veo” – responde el saiyajín de élite con desprecio mientras abandona la escena.
En unas horas, el Rey Vegeta se ha enterado del incidente en la taberna y reclama la presencia de Páragus, que acude a la sala del trono.

– “Su Majestad” – saluda el saiyajín hincando la rodilla.
– “¿Qué ha pasado, Páragus?” – le pregunta el Rey.
– “Esos estúpidos niñatos…” – responde Páragus. – “He perdido los estribos”.
– “No necesitamos crear división entre nosotros” – dice Su Majestad.
– “¡Alguien tiene que decir la verdad!” – exclama Páragus.
– “¡Basta!” – grita Vegeta poniéndose en pie.
– “Lo siento” – responde Páragus cabizbajo.
– “Por favor, Páragus” – dice Vegeta. – “No me lo pongas más difícil.”
– “No volverá a ocurrir” – responde el saiyajín.
Vegeta no parece convencido, pero aún así decide aceptar las disculpas de su amigo.

– “Sabes que puedes contar conmigo, ¿verdad?” – le pregunta el Rey.
Páragus no responde.

– “Puedes retirarte” – sentencia Vegeta.
Páragus abandona la sala y el Rey se queda en silencio.

– “¿Qué te ocurre, Páragus?” – piensa Vegeta. – “¿Qué estás tramando?”
El consejero saiyajín, tras abandonar palacio, se dirige a un local sombrío oculto en la zona más marginal de la ciudad. En él, un grupo de saiyajín vestidos con armaduras de piel tradicionales se encuentra reunido y a la espera de su llegada.
El saiyajín entra en la sala y todos se ponen en pie. Páragus preside la reunión.

– “¡No permitiremos que nuestra raza se convierta en sumisa!” – dice Páragus. – “¡No dejaremos que Freezer rompa nuestro espíritu!”

Los presentes celebran las palabras del saiyajín.

– “Cuando llegue el momento, ¡lucharemos!” – sentencia Páragus.

Mientras tanto, el Príncipe Vegeta espera su turno impaciente para entrar a una de las cámaras especiales de entrenamiento. Finalmente, la compuerta se abre y un saiyajín de su edad, de pelo largo, sale de la cámara agotado.

– “Es una vergüenza que yo tenga que esperar para que tú pierdas el tiempo ahí dentro” – le espeta Vegeta. – “¿A qué te has enfrentado? ¿Dos saibamen de clase C?”
– “Clase D” – responde el chico.
– “¡JA!” – se burla el Príncipe. – “Por eso eres un guerrero de clase baja, Raditz. Si hubieran existido los bebés de infiltración cuando naciste, seguro que estarías en algún planeta remoto luchando contra seres insignificantes.”
Vegeta se prepara para entrar en la cámara.

– “Mira y aprende” – fanfarronea el Príncipe.
Mientras tanto, en un remoto planeta del borde exterior del Imperio de Freezer, una cápsula espacial atraviesa la atmósfera a toda velocidad.
En su interior, un bebé saiyajín no deja de llorar. Algo parece que no va bien. Un error de cálculo ha hecho que la nave empiece a girar a toda velocidad y se haya desviado de su trayectoria, haciendo que la nave se dirija a toda velocidad contra la superficie del planeta en su cara nocturna.
En el centro de mando saiyajín, un un soldado ve como una señal desaparece de su pantalla.

– “Hemos perdido al bebé de infiltración Turles.” – anuncia el técnico por radio. – “Ha habido una avería en la cápsula y parece que se ha estrellado.”

En ese remoto lugar, el bebé, malherido, parece que tiene dificultades para respirar. Finalmente, el niño logra abrir los ojos y ver la luna del planeta. Su corazón pronto empieza a latir con fuerza.