ESPECIAL DBSNL /// Justice // Universo 2 / Parte III: Paz y orden

Justice / Parte III: Paz y orden
“La verdadera justicia está por encima del individuo.”


En la Academia Kaioshin del planeta Ira-aru, el Dai Kaioshin Madas, acompañado por sus dos hombres de confianza, Toppo y Jiren, y el ángel Cucatail, informan de sus planes para el Universo, ahora sin un Dios de la Destrucción.
Los aprendices de Kaioshin, liderados por un Toshisei en su mejor momento, dudan ante el nuevo sistema que pretende establecer el anciano.

– “No dudo que tus intenciones son buenas, Madas” – dice Toshisei. – “Pero lo que propones es peligroso.”
– “No permitiré que la corrupción tome el control de nuevo” – responde Madas. – “Las Tropas de la Justicia se encargarán de mantener el orden.”
– “¿Orden?” – dice el maestro. – “Considerabas que Kawa era un monstruo… y tu propuesta se parece demasiado a la suya.”
– “La decisión está tomada.” – sentencia Madas. – “Y espero que colaboréis.”
– “¿Usted no tiene nada que decir?” – le pregunta Toshisei a Cucatail.
– “Mi deber consiste solo en observar y llevar a cabo alguna labor que el Dai Kaioshin considere oportuna, sin interferir en el desarrollo de los acontecimientos.” – responde el ángel. – “Mi opinión no es relevante.”

Toshisei agacha la cabeza. El maestro no quiere poner en problemas a sus discípulos, pero no está de acuerdo con el nuevo Dai Kaioshin.
Mientras tanto, a lo largo del Universo, las Tropas de la Justicia eliminan todas las amenazas que encuentran en su camino. 
Las primeras razas castigadas son las que apoyaron el régimen del Hakaishin Kawa. Los demonios del frío, los coleópteros, los zoon, los ryujín… Las Tropas de la Justicia acaban con todos los posibles enemigos en nombre de la paz y el orden.
En la Academia, Toshisei siente como aumenta la tiranía de su antiguo discípulo, incapaz de tolerar a nadie que piense de forma distinta a la suya.
El sabio maestro, finalmente, toma una controvertida decisión. Toshisei se dirige a la sala del Anillo Toki, dispuesto a cambiar el pasado, pero al llegar a la sala se encuentra con un justiciero dinojín custodiando la puerta.

– “No puede acceder a esta sala, señor” – dice el guerrero con aspecto de dinosaurio.
– “Soy el maestro Toshisei.” – dice el sabio. – “La Academia y el Anillo Toki están bajo mi protección.”
– “Ya no” – responde el justiciero. – “Órdenes del señor Madas.”

Toshisei da un paso al frente, ignorando la respuesta del soldado, pero el éste se interpone en su camino.

– “No quieres hacer esto, Vewon” – le dice Toshisei.
– “Sabe mi nombre…” – murmura el guerrero. – “Es uno de los trucos mentales de los Kaioshin. Madas ya me ha advertido.”
– “Voy a darte otra oportunidad.” – añade el sabio, clavando su mirada en los ojos del dinojín. – “Apártate, hijo.”
– “¡Mi deber es custodiar esta sala!” – insiste el guerrero.
– “Bien.” – murmura Toshisei.

De repente, el dinojín siente que despierta de un sueño.

– “¡¿Qué?!” – se sorprende el Vewon, que enseguida se da cuenta de que Toshisei ha desaparecido. – “¡¿Qué ha pasado?! ¡¿Otro truco?!”

Vewon se da la vuelta y se da cuenta de que la puerta que defendía está abierta.

– “¡MALDITA SEA!” – exclama el justiciero.

Al entrar, el anillo Toki y Toshisei han desaparecido.
En unos minutos, Madas ya ha sido alertado de lo ocurrido y ha llegado a la Academia. En la sala del anillo, el Dai Kaioshin, acompañado por Cucatail y Jiren, habla con Vewon.

– “Lo siento mucho, señor” – se disculpa el justiciero. – “¡Me engañó! ¡Se metió en mi cabeza!”
– “Lo entiendo.” – responde el Dios. – “Toshisei es un gran maestro. Esperaba que entendiera la situación. Lo que ha sucedido ha sido culpa mía.”
– “Modificar el tiempo es algo que entraña graves consecuencias.” – dice Cucatail.

Vewon se arrodilla ante el ángel.

– “Asumo la responsabilidad, señor.” – dice el justiciero.

Madas agacha la cabeza, pensativo.

– “¿Puedes mostrarme a Toshisei, Cucatail?” – le pregunta Madas al ángel.
– “Es posible.” – dice Cucatail, haciendo brillar la esfera verde de su vara. – “Mi hermano ya debe haber aparecido.”

En la esfera aparece la imagen de Toshisei en el palacio del Dios de la Destrucción, hablando con un Dios con aspecto de elefante humanoide de piel rosada.

– “Ese es… ¡Ramushi! ¡El predecesor de Kawa!” – se sorprende Madas. – “¡¿Cómo ha podido viajar tan atrás en el tiempo?!”
– “Ha transferido su propia energía al anillo.” – dice Cucatail. – “Ha dado su vida por cambiar la historia.”

Madas se queda en silencio. Durante un instante, las dudas le embargan al ver a alguien a quien respeta oponerse a él con tanta convicción.
De repente, un crujido le saca de su trance. Jiren ha partido el cuello a Vewon.

– “¿Qué haces, Jiren?” – pregunta Madas, sorprendido ante la frialdad de su hombre.
– “La verdadera justicia está por encima del individuo.” – responde Jiren. – “Si mostramos debilidad, el caos volverá al universo. Nadie puede saber lo ocurrido.”

Madas se siente confuso, se ha quedado petrificado ante la actuación de Jiren. 

– “Váyase.” – dice Jiren. – “Yo me encargo.”

El Dai Kaioshin asiente tímidamente, y él y Cucatail se marchan usando la teletransportación divina.
En unos instantes, el planeta Ira-aru estalla en silencio, iluminando durante un breve instante el oscuro universo.
Unos días más tarde, en el Planeta Sagrado, Madas se encuentra meditando. Con la destrucción de Ira-aru, su conexión con lo terrenal ha desaparecido y entiende que debe alzarse como un Dios para traer el orden y la paz al universo.

En ese momento, Cucatail aparece a su lado.

– “Le traigo su encargo, señor Madas” – dice el ángel.

Madas se pone en pie.

– “Gracias, Cucatail.” – dice el Dios, aceptando el objeto del que el ángel le hace entrega.

El Dai Kaioshin se coloca su máscara con el kanji “Dai”.

– “La justicia debe reinar el universo.” – murmura el Dios. – “A cualquier precio.”

ESPECIAL DBSNL /// Justice // Universo 2 / Part II: Justicia a cualquier precio

Justice / Parte II: Justicia a cualquier precio
“La ley del más fuerte…”


El Hakaishin aparece en el planeta del Gran Kaio,  persiguiendo el rastro de Madas, pero el Kaioshin hace tiempo que se ha marchado.

– “¿Puedo ayudarte en algo, Kawa?” – le dice el Gran Kaio.
– “¿Kawa?” – se extraña el Hakaishin. – “¿Ya no me trata con respeto, Gran Kaio?”
– “¿Debería?” – le responde desafiante el Dios.
– “Sé que esconde al Kaioshin.” – le dice Kawa. – “Entréguemelo y puede que le perdone la vida a usted y a sus Kaio.”
– “Al igual que yo, cada uno de ellos dará su vida orgulloso para detenerte” – responde el Gran Kaio.
– “Que así sea” – dice mientras alza su mano y se dispone a realizar el Hakai.
Durante los próximos siglos, Madas viaja de planeta en planeta siguiendo las coordenadas proporcionadas por los Kaio de cada galaxia, reuniendo a los mejores guerreros que encuentra, en busca de un ser con el potencial suficiente para enfrentarse al Hakaishin.
Mientras tanto, el Dios de la destrucción divide el Universo en cuatro sectores y nombra a cuatro caudillos para que los gobiernen a su antojo y acallen cualquier grito de rebelión. Las primeras razas en recibir tal honor son los demonios del frío, los caleopteros, los ryujin, y los zoon. La ley del más fuerte prevalece en el Universo. Las razas que no se arrodillan frente al Hakaishin son aniquiladas sin compasión. 
Kawa, satisfecho con su nuevo sistema de gobierno, descansa en su palacio mientras su aprendiz dirige a los caudillos. El Hakaishin raramente supervisa las conquistas de sus hombres.
Un día, durante el ataque a un planeta rebelde, el Hakaishin y su aprendiz se ven obligados a intervenir para aplacar la revuelta. Kawa se da cuenta de que el poder de su aprendiz ha crecido de forma desmesurada y empieza a rivalizar con el suyo.
Tras acabar con la rebelión, ambos contemplan el humeante campo de batalla.

– “Te has hecho muy fuerte” – le felicita el Hakaishin.
– “Gracias, maestro” – responde Gin. – “Ha sido gracias a su entrenamiento.”
– “¿Crees en la ley del más fuerte?” – le pregunta Kawa.
– “Por supuesto, maestro.” – responde su aprendiz. – “Los fuertes merecen gobernar a los débiles”. – añade mientras contempla el planeta en ruinas, contento con su victoria.
– “Así es, Gin.” – responde el Hakaishin, mientras coloca la palma de su mano en la espalda de su aprendiz. – “Hakai” – susurra.
Mientras tanto, Zeno se ha entera de lo sucedido y decide crear al Daishinkan para que vigile los Universos. Dos ángeles nacen a partir del Sumo Sacerdote y son adjudicados a ambos Hakaishin como meros observadores. El Dios del Todo no pretende controlar su creación, pero siente interés por conocer su desarrollo y ver de lo que son capaces.
Tras siglos de viaje, Madas y un pelotón de guerreros llegan a un planeta que esta siendo atacado por uno de los caudillos del Hakaishin, pero encuentran el planeta en ruinas y lleno de cadáveres de nativos e invasores.

– “Sin duda ha sido una batalla feroz…” – dice Madas entristecido.
– “Noto una fuerte presencia” – dice un gigantón de tez marrón, bigote blanco y ojos amarillos.
– “Tened cuidado” – les dice el Kaioshin a sus hombres. – “Tiene un poder abrumador…”
De repente, se oye un crujir de ramas y todos se dan la vuelta. Un joven de tez gris y ojos negros como el azabache se acerca a ellos cubierto de sangre y arrastrando el cadáver de un demonio del frío adulto por la cola.

– “¿Es ese el caudillo?” – pregunta sorprendido uno de los hombres del Kaioshin.
– “Así es…” – confirma Madas.
El gigantón bigotudo se acerca cautelosamente al misterioso joven.

– “Hola, chico” – dice el guerrero. – “Me llamo Toppo. ¿Cómo te llamas? ¿Te encuentras bien?”
El joven suelta el cadáver y mira al gigante.

– “Me llamo Jiren.” – responde sin mostrar ninguna emoción.
– “¿Qué ha ocurrido, Jiren?” – le pregunta Toppo.
– “Estos demonios atacaron nuestro planeta.” – responde el joven. – “Masacraron a mi familia, a mi gente… Y yo he acabado con ellos.”
Madas se sorprende al escuchar al chico.

– “¿Ha derrotado a un ejército de demonios del frío siendo solo un chico? ¿Acaso es éste el guerrero que estamos buscando?” – piensa el Kaioshin.
– “No pasa nada” – le reconforta Toppo, algo inquieto ante la inexpresividad del chico. – “Has hecho justicia”.
– “Justicia…” – repite Jiren en voz baja.
Pasan los siglos y Madas y sus hombres ganan terreno al Hakaishin lentamente. El Kaioshin ha formado un ejército de guerreros increíbles gracias a la magia que obtuvo de la bruja, que le permite desbloquear el poder oculto de todos sus luchadores.
Tras ganar varias batallas frente a los caudillos y recuperar parte del universo, una noche, Madas teletransporta a todo sus hombres al planeta del Hakaishin, atacándole por sorpresa, dispuesto a acabar con el sufrimiento que azota el Universo.
Kawa, pese a estar solo, supera ampliamente a los guerreros del Kaioshin. Al ver que no suponen un problema, el Hakaishin se divierte golpeándoles y aniquilándoles con ondas de ki.

– “¡Sois débiles! ” – les dice el Dios. – “¿Qué ocurre, Madas? ¿De verdad pretendes derrotarme con un ejército tan ridículo? ”
De repente, múltiples ataques estallan en su espalda sin que se lo espera y le hacen hincar la rodilla un instante.

– “No está nada mal…” – murmura el Hakaishin al ver a Toppo.
El Dios de la destrucción se abalanza sobre el luchador y le propina un duro castigo. Toppo sucumbe impotente ante el gotokoneko.
Finalmente, Toppo cae de rodillas y parece que Kawa se ha hartado de jugar. El Hakaishin alza su mano y la coloca a escasos centímetros de la cara del gigantón.

– “Eres fuerte, pero no lo suficiente. Si estuvieras de mi lado, podrías convertirte en uno de mis caudillos…” – le dice el Dios.
– “Jamás…” – responde Toppo. “Yo creo en la justicia…”.
– “Justicia…” – murmura Kawa. “La única justicia es la ley del más fuerte. Los débiles son carne; los fuertes comen”.

El Hakaishin se dispone a realizar el Hakai, pero alguien aparece de la nada y agarra su brazo, interrumpiendo su técnica.

– “Jiren…” – titubea Toppo.
El joven guerrero levanta la mano del Hakaishin, que se sorprende ante el poder de Jiren.

– “Interesante… ” – murmura Kawa, que se sorprende al sentir el poder de su nuevo enemigo. 
Jiren golpea el abdomen del Dios, que se dobla de dolor.

El Dios, tras un instante de incredulidad, sonríe.
Todos los supervivientes contemplan asombrados la escena.
El Hakaishin alza su mano hacia Jiren, pero el guerrero se la agarra y aprieta hasta partirle el brazo y hacerle gritar de dolor.
– “¿Hemos ganado?” – murmura Madas incrédulo.
El Hakaishin, pese al dolor, no puede borrar la sonrisa de su rostro.
– “¿Lo veis?” – ríe el Dios. – “La ley del más fuerte…”
Jiren apunta al Hakaishin con su mano, preparando una esfera de ki de color rojo intenso.

– “La ley del más fuerte…” – murmura Kawa sonriente un instante antes antes de ser eliminado por Jiren.

Tras siglos de terror, el reinado del Hakaishin ha terminado. 

Cuando las cosas vuelven a la calma, Madas entra en el palacio del Dios de la destrucción, escoltado por Jiren y Toppo. En mitad de la sala, se encuentran con el ángel Cucatail, que saluda con una reverencia al Kaioshin y le explica la razón de su presencia.

– “Y bien…” – dice el ángel. – “Supongo que va a restablecer el orden, ¿verdad? ” – pregunta. – “Debo buscar a un nuevo Hakaishin o ya tiene un candidato en mente?”  añade mirando de reojo a Jiren.
– “No” – responde Madas ante la sorpresa de los presentes. – “Sería irresponsable por mi parte permitir que algo así vuelva a suceder. No necesitamos más destrucción.”
Horas después, Madas sale al balcón del palacio para dar la noticia. A sus pies, las tropas supervivientes le esperan. Sus hombres escuchan con atención las palabras del Dios, que les explica su plan de gobierno.

El Universo será dividido en sectores, y cada uno de sus luchadores estará a cargo de la protección de un sector. La paz reinará en el Universo gracias a las \”Tropas de la Justicia\”.

Todos celebran el final de su discurso con un grito al unísono: – “¡Justice!”

Y así, el Kaioshin del Norte, ahora convertido en Dai Kaioshin, asume el control del Universo.

ESPECIAL DBSNL /// Justice // Universo 2 / Parte I: Un Kaioshin diferente

Justice / Parte I: Un Kaioshin diferente
¿Qué puede hacer un simple Kaioshin?
 
 
Un joven Kaioshin del Norte se encuentra retozando en la hierba del Planeta Sagrado cuando percibe una extraña perturbación en el aire.
– “¿Qué ocurre?” – murmura mientras escruta su alrededor.
De repente, una tormenta eléctrica se desata sobre él y una figura empieza a definirse ante sus ojos.
– “¡¿Quién eres?!” – le pregunta el Kaioshin. – “¡Muéstrate!”
Un rayo cae frente al joven Kaioshin, que cae de espaldas sobresaltado.
Al alzar de nuevo su mirada, frente a él se encuentra el Dai Kaioshin.
– “¿Maestro?” – murmura extrañado el Kaioshin del Norte.
– “Escúchame, Madas” – le dice el Supremo Kaioshin mientras la tormenta se calma ligeramente. – “No tengo mucho tiempo. He usado el Anillo Toki para poder avisaros de lo que va a suceder.”
El Kaioshin escucha atentamente las palabras de su maestro.
– “El Hakaishin va a traicionarnos.” – continúa el Dai Kaioshin.
– “¿El señor Kawa?” – dice incrédulo el joven Dios.
– “Eres el único en quien confío, Madas.” – responde su maestro. – “Tienes que evitar que se haga con el control del Universo.”
– “Pero señor, ¿qué puedo hacer yo?” – pregunta Madas, abrumado por tanta responsabilidad.
– “Hallarás la manera.” – responde el Dai Kaioshin. – “No dejes que nadie te detenga. Ni siquiera yo.”
La tormenta se reactiva y la figura del Dios empieza a difuminarse.
– “¡Espere!” – grita Madas desesperado. – “¡Tengo muchas preguntas!”
– “Confío en ti” – añade el Dios antes de desaparecer.
El cielo vuelve a la calma. Madas parece estar en estado catatónico, intentando dar sentido a lo que acaba de ocurrir.
En ese instante, el Dai Kaioshin del presente aparece a su espalda.
– “¿Estás bien, Madas?” – pregunta el Dios. – “¿Qué ha pasado? He notado algo extraño. ¿Estabas hablando con alguien?”
– “Con… con usted” – responde el Kaioshin del Norte tartamudeando. – “Hablaba con usted”.
El joven Kaioshin le cuenta a su maestro lo que acaba de presenciar.
– “Extraño…” – murmura el Dai Kaioshin. – “¿Tan grave es lo que sucederá, que me veré forzado a saltarme las normas?”
– “Maestro, esto es lo que usted me ha dicho” – le explica Madas. – “Tenemos que hacer algo”.
– “Algo de tal magnitud sobrepasa nuestras capacidades” – responde su maestro. – “Será mejor comunicárselo al Rey Enma”.
El Dai Kaioshin decide contar lo sucedido al resto de Kaioshin, y después, viajar al Más Allá con el Kaioshin del Norte para explicar la situación al juez; mediador entre los Kaioshin y el Hakaishin.
– “Ya veo…” – reflexiona el Rey Enma. – “Lo siento, pero no puedo intervenir por algo que aún no ha ocurrido.”
– “¡Tiene que creerme!” – le insiste Madas. – “¡Tiene que hacer algo!”
– “¡Madas! ¡No puedes dirigirte así al Rey Enma!” – le reprocha el Dai Kaioshin.
– “¡No puedo callarme y ver como os quedáis de brazos cruzados!” – estalla el Kaioshin del Norte. – “¡Tenéis que destituir al Hakaishin hasta que todo se haya aclarado!”
– “¡No me digas como hacer mi trabajo!” – exclama el Rey Enma poniéndose en pie.
– “¡Pues hágalo bien!” – le responde Madas.
– “¡Silencio, Madas!” – insiste el Dai Kaioshin.
– “¡Debemos informar al señor Zeno!” – pide el Kaioshin del Norte.
– “¡Basta!” – grita el juez.
De repente, se escucha un sonido de pisadas en el puesto fronterizo y el Hakaishin, de aspecto felino y musculoso, entra en la habitación.
– “¿Habéis organizado una reunión sin mí?” – dice claramente molesto.
– “Señor Kawa, justo ahora íbamos a llamarle” – se excusa el Rey Enma mientras vuelve a tomar asiento.
– “¿Y qué asunto requiere la atención de los Dioses?” – pregunta el Kawa.
– “Al parecer, el Dai Kaioshin del futuro se ha personado ante el Kaioshin del Norte para advertirle de una futura amenaza”.
– “Interesante…” – murmura el Hakaishin. – “¿Y qué amenaza es esa?”
– “Usted” – responde Madas desafiante.
Kawa clava su aterradora mirada en Madas.
– “¿Cómo dices?” – le pregunta amenazante.
– “Dice que debemos tener cuidado porque usted pretende traicionarnos” – interviene el Dai Kaioshin.
– “Mmmm…” – reflexiona el Hakaishin.
– “No se preocupe” – dice el Rey Enma algo nervioso. – “No podemos dar crédito a unas acusaciones tan…”
– “Yo le creo” – le interrumpe Kawa ante la sorpresa de todos. – “Sean o no ciertas sus acusaciones, el hecho es que el Dai Kaioshin ha hecho un uso indebido del Anillo Toki para cambiar el pasado. Algo que está absolutamente prohibido.” – sentencia el Hakaishin.
El Dai Kaioshin se queda petrificado ante tal veredicto, mientras el Hakaishin Kawa alza su mano hacia el Dios, colocando su palma a escasos centímetros del Supremo Kaioshin.
– “Hakai” – murmura el Dios de la destrucción.
El Dai Kaioshin se desintegra frente a la mirada aterrada de Madas y el Rey Enma.
– “¡Señor Kawa!” – exclama el Rey Enma, que se levanta asustado, haciendo que su silla se caiga hacia atrás. – “¡Usted no podía tomar una decisión tan…!”
El Hakaishin se eleva hasta colocarse sobre la mesa del juez.
– “Habéis confabulado contra el vigente Hakaishin a sus espaldas.” – dice el Dios, que apunta con la palma de su mano al Rey.
El Rey Enma da un paso atrás. Sus piernas tiemblan de pánico.
– “Señor Kawa… No puede…” – titubea el juez. – “El Más Allá…”
– “No lo necesito” – sentencia antes de hacer desaparecer también al Rey.
Madas echa a correr hacia la salida, cruzándose con el aprendiz de Hakaishin, Gin, que mira a su maestro esperando la orden.
– “Acaba con él” – le comanda el Hakaishin.
En el planeta de Kaiosama, este observa lo ocurrido.
– “Que desastre…” – se lamenta el Kaio del Norte.
Gin sale tras Madas y, superándole en velocidad, se sitúa frente a él.
– “Es el fin de vuestra era, Kaioshin” – sonríe el aprendiz en tono chulesco.
En ese momento, las nubes amarillas de los alrededores se lanzan sobre Gin, estorbándole e impidiéndole ver nada.
– “¿Qué está pasando?” – se pregunta el joven Madas.
– “¡Ven conmigo!” – le dice una voz femenina y anciana a su lado, ofreciéndole la mano.
Madas la toma sin pensar y es teletransportado en un instante al Planeta Sagrado.
Al llegar, se da cuenta de que su salvadora es la vieja bruja que se encarga de conectar el Más Allá con el mundo de los vivos.
– “Gracias, anciana” – dice Madas.
– “No hay de qué” – responde ella. – “No podía dejar que hicieran daño a un joven tan apuesto” – añade coqueta.
El Kaioshin del Norte se deja caer de rodillas, abatido por la situación.
– “Está sucediendo…” – murmura el Dios. – “Lo que me advirtió el Dai Kaioshin del futuro…”
– “Así es” – dice ella.
– “¿Cómo dices?” – se sorprende él al escucharla. – “¿Acaso sabes algo?”
– “Pero, ¿tú que te crees?” – responde haciéndose la ofendida. – “Soy una bruja.”
– “Y dime, ¿qué puedo hacer?” – pregunta desesperado el Kaioshin.
– “Dame uno de tus pendientes” – responde la vieja bruja con una pícara sonrisa.
En el puesto fronterizo, el Hakaishin Kawa y su aprendiz Gin han tomado el control del lugar, acabando con centenares de trabajadores.

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Dibujado por Ipocrito
– “Ha sido fácil” – dice Gin.
– “¿Y tú temías la intervención de Zeno?” – se burla Kawa. – “Hace tiempo que no le importa lo que ocurre en el Universo”.
– “¡No tan rápido!” – dice una voz.
Kawa y Gin se dan la vuelta y ven ante ellos a los Kaioshin del Sur, Este y Oeste.
– “Deténgase, señor Kawa” – dice la Kaioshin del Sur.
– “Esto es una locura.” – añade el Kaioshin del Este. – “No puede seguir adelante”.
El Hakaishin estalla en una carcajada.
– “¡JAJAJA!” – ríe el Dios. – “¿Y vais a detenerme?”
– “¿Os rebeláis contra el Hakaishin?” – añade Gin en tono burlesco.
Los Kaioshin se ponen en guardia, listos para pelear, a pesar de conocer que su oponente les supera sobradamente.
– “Espero que sepas lo que haces, Madas” – piensa el Kaioshin del Oeste.
En el planeta de los Kaioshin, Madas sigue discutiendo con la bruja.
– “¿Conoces el poder de los Pothala? ¿Quieres que nos fusionemos?” – se sorprende el Kaioshin del Norte.
– “Lo entenderás todo cuando seamos uno, muchachito” – dice ella. – “Pero, créeme. Es nuestra única opción.”
Madas medita un instante, pero su pensamiento es interrumpido al sentir la pelea entre sus compañeros y el Hakaishin.
– “¡Maldita sea!” – exclama el Kaioshin. – “¡Está bien! Aquí lo tienes.” – dice entregándole su pendiente derecho.
La vieja bruja se coloca el pendiente.
– “¡Vamos allá!” – exclama emocionada.
En el puesto fronterizo, el Hakaishin ya ha acabado con los Kaioshin.
– “Qué inútiles” – se burla Gin.
Pero el Dios de la destrucción parece que percibe algo extraño.
– “¿Has notado eso?” – dice Kawa, que ha percibido el cambio en la energía de Madas. – “Ese Kaioshin del Norte…” – refunfuña.
En el Planeta Sagrado, la fusión ya ha tenido lugar y el Kaisohin observa que su aspecto y poder han cambiado.
– “¡Ah! ¡Estoy arrugado!” – exclama asustado. – “Pero… Qué extraño… No sé muy bien quién soy…” – dice mientras contempla sus marchitadas manos. – “Pero sé lo que debo hacer.” – añade apretando los puños con determinación.
El Kaioshin desaparece en un abrir y cerrar de ojos, justo cuando el Hakaishin llegaba al planeta.
– “Maldita sea… ¡Estaba aquí hace un momento!” – se lamenta Kawa.
– “No se preocupe, maestro.” – le tranquiliza Gin. – “¿Qué puede hacer un simple Kaioshin?”
El Kaioshin del Norte llega a un hermoso jardín, en un planeta gigantesco y precioso, pero que parece desierto; como si hubiera sido abandonado de repente.
– “Bienvenido a mi planeta, venerable Kaioshin” – le dice un anciano.
– “Gran Kaio” – saluda Madas con una reverencia. – “Necesito su ayuda”.
– “Tendrá toda la que precise” – responde el Kaio. – “¿En qué podemos servirle los Kaio?”
– “Necesito que localicen a los mejores guerreros de cada galaxia.” – dice el Kaioshin del Norte. – “Buscamos a alguien capaz de derrotar a un Hakaishin”.