ESPECIAL DBSNL /// Hopeless Future // Universo 3 / Parte III: El asesino Tao Pai Pai

Hopeless Future / Parte III: El asesino Tao Pai Pai

“Jamás pensé que volvería a pisar la Tierra…” 



Tao Pai Pai ha escarbado un agujero en el suelo con su cañón y ha enterrado a su hermano.

Cuando se dispone a encargarse de los cadáveres de Kirano y Mokekko, Tao se percata del medidor de kiris, que se encuentra en el suelo junto al primero de los cadáveres.

Mientras tanto, Shin y Kibito han aparecido sobre una montaña cerca de la nave del brujo, que se encuentra enterrada. Solo una pequeña escotilla puede verse brotar del suelo.

– “Es aquí…” – dice Shin.

– “Ese cobarde se ocultaba bien…” – murmura Kibito.

De repente, la compuerta se abre. Shin y Kibito se agachan para no ser vistos. Un guerrero zoon sale de la nave, seguido del brujo Babidí y de un demonio. Los secuaces del brujo lucen una \”M\” en su frente.

– “¡Ese es…!” – exclama Shin, aterrorizado ante la presencia del diablo.

– “¡Es Dabra!” – añade Kibito.

– “Maldita sea…” – lamenta el Kaioshin del Este. – “No hemos calculado esto bien…”

Una voz sorprende a los Kaioshin.

– “Creo que no.” – confirma la misteriosa voz.

Shin y Kibito se dan la vuelta lentamente y se encuentran frente a Dabra, que apunta a Kibito con su mano izquierda.

El horror embarga al ayudante del Kaioshin, que es desintegrado al instante por un ataque del demonio.

– “¡KIBITO!” – grita Shin.

El Kaioshin se abalanza sobre el diablo, pero éste detiene su puñetazo fácilmente y contraataca con un rodillazo en el abdomen.

Shin cae de rodillas, y Dabra le propina una patada que lo lanza montaña abajo.

Al llegar al suelo, Shin abre los ojos con dificultad y puede ver como la figura diabólica que vio junto al brujo era solo un espejismo.

El brujo camina hacia el Dios.

– “¡Os estábamos esperando, Kaioshin!” – sonríe Babidí.

Dabra desciende junto a su Amo.

– “¿Acabo con él, señor?” – pregunta el demonio.

– “Tranquilo, Dabra” – responde Babidí. – “Este es mío.”

Babidí agarra la cara de Shin.

– “Voy a disfrutar torturándote, joven Kaioshin.” – sonríe el brujo.

Mientras tanto, aún lejos de allí, Tao Pai Pai, vestido con su viejo uniforme rosa de asesino, surca los cielos sobre un gran tronco.

– “Esos forasteros dijeron que el brujo estaba en esta dirección…” – refunfuña el terrícola, que comprueba el medidor de kiris. – “Y si ese otro tipo usó esto para evaluar mi energía, yo podré usarlo para encontrarlos.”

En los alrededores de la nave del brujo, Babidí patea al dolorido Shin

– “¡JAJAJA!” – se ríe el kashvar. – “¡Ya no pareces tan duro!”

Shin intenta levantarse, pero se da cuenta de que Dabra y Pui-pui le está vigilando y, al cruzar su mirada con el diablo, éste niega con la cabeza, haciéndole saber que, si intenta algo, él intervendrá.

Shin se queda quieto y Babidí sigue pateándole.

– “¡Muere! ¡Muerte!” – ríe el brujo.

La tortura continúa hasta que, de repente, Dabra siente que algo se acerca.

El demonio y el zoon retroceden en el último instante al darse cuenta de que un objeto se dirige hacia ellos a toda velocidad.

Los dos hombres del brujo logran evadir un gran tronco que queda ensartado en el suelo.

– “¡¿Qué ha sido eso?!” – se pregunta el demonio.

Babidí se da la vuelta y contempla lo ocurrido.

– “¡¿Qué ha pasado?!” – exclama el mago.

En ese instante, el brujo se da cuenta de que frente a él se encuentra un terrícola que desconoce. El personaje le apunta con un cañón en su antebrazo, que se ilumina con luz amarilla a escasos centímetros del rostro del mago.

– “¿Quién…?” – se pregunta Babidí.

Shin abre los ojos con dificultad y se sorprende al ver al asesino Tao Pai Pai.

– “Tú…” – se sorprende el Dios.

Dabra y Pui-pui se dan cuenta de la presencia del individuo entre ellos.

– “¡AMO BA…!” – exclama el demonio.

Tao dispara.

– “¡¡HAAAAA!!” – exclama el asesino.

Un gran rayo de luz destruye la cabeza del brujo ante la mirada incrédula de Dabra, Pui-pui y Shin.

Cuando se disipa la polvareda, el cuerpo de Babidí, decapitado, se desploma.

La \”M\” desaparece de las frentes de Pui-pui y de Dabra. Los dos guerreros se miran el uno al otro, extrañados por todo lo ocurrido.

Shin se encuentra muy débil, pero esboza una media sonrisa.

– “No esperaba esto…” – piensa el Kaioshin. – “¿Encontró Babidí un corazón más oscuro que el suyo? ¿O es que siempre queda luz en el interior de todos los terrícolas?”

Dabra se mira las manos y aprieta los puños.

– “Soy libre…” – murmura el demonio. – “Y estoy fuera del Makai…” – sonríe. – “¡Es mi momento!”

Pui-pui retrocede lentamente al ver que se encuentra al lado del Rey de los Demonios.

De repente, una amenazante presencia alerta a Dabra.

Sobre una colina cercana, desde la que antes espiaban Shin y Kibito, Freezer y el ángel Palinka han aparecido.

– “¡Fascinante!” – aplaude irónicamente el tirano. – “¡Jojojo!”

Dabra identifica los ropajes del demonio del frío.

– “Es el…” – titubea. – “¡…el Hakaishin!”

Shin, muy malherido, mira de reojo lo que está ocurriendo.

– “¿Hakaishin?” – se pregunta el Dios, confuso.

Tao Pai Pai no entiende lo que está pasando, pero por la reacción de los presentes sabe que son malas noticias.

Freezer desaparece de la montaña y reaparece frente a los presentes. El ángel se ha quedado en la colina.

– “Jamás pensé que volvería a pisar la Tierra…” – murmura Freezer, con cierta melancolía.

Los presentes se miran entre ellos, aterrados.

– “Un demonio, un zoon y un terrícola…” – sonríe Freezer. – “¿Es un chiste malo?”

Pui-pui, asustado, apunta a Shin.

– “¡Si se acerca mataré al Kaioshin!” – amenaza a Freezer.

– “¡Jojojo!” – ríe el Hakaishin. – “Adelante. ¿Por qué iba a importarme?”

El zoon parece confuso. Una gota de sudor frío recorre la frente de Dabra.

Freezer sonríe.

– “¿Tienes dudas, zoon?” – se burla el tirano. – “Te ayudaré.”

El tirano apunta al Pui-pui y a Shin con su mano, ante la aterrada mirada de ambos, y dispara un torrente de ki que los desintegra, dejando un gran surco en el suelo.

Tao Pai Pai, ante tan destructivo poder, cae de rodillas.

– “Por favor, señor.” – dice el asesino, haciendo una reverencia. – “Acepte mis servicios.”

Freezer sonríe al ver a alguien arrodillado frente a él. Una imagen que él tanto disfruta.

Dabra, desesperado por sobrevivir, imita al terrícola e hinca la rodilla.

– “Me postro ante usted” – dice el demonio. – “Estoy a las órdenes del Hakaishin.”

Freezer parece tener dudas.

De repente, del interior de la nave, una bestia del planeta oscuro sale a la superficie abriendo un hueco en el casco.

– “¡¿Qué está pasando?!” – dice un confuso Yakkon que lleva ensartado en una de sus garras a un seguidor de Babidí. – “¿Dónde estamos?” – pregunta mientras sacude el cuerpo sin vida del soldado hasta librarse de él.

El monstruo se tapa el rostro al recibir la luz del Sol. Al haber perdido la posesión del brujo, se encuentra confuso y desorientado.

– “¡¿Por qué hay tanta luz aquí?!” – protesta.

El Hakaishin y Dabra se sorprenden al ver al monstruo.

Tao Pai Pai, ante el alboroto formado, ve su oportunidad de escabullirse y busca en su túnica una granada de humo que lanza contra el suelo.

El humo envuelve a todos los presentes

– “¿Qué es esto?” – se pregunta Dabra. – “No es una técnica…”

Yakkon parece complacido de que el humo haya cubierto la luz del Sol y se abalanza sobre Freezer, al que identifica como un enemigo.

El tirano puede percibir los movimientos de Yakkon y alza su dedo índice, pero antes de que pueda disparar, el monstruo cae ante él cortado por la mitad.

Dabra, espada en mano, ha matado a Yakkon.

– “Hay zonas en el Makai más oscuras que tu planeta, Yakkon.” – murmura Dabra. – “Mis ojos pueden ver entre tinieblas.”

En el cielo, ya a varios kilómetros de allí, Tao Pai Pai escapa sobre su tronco, asustado por todo lo que acaba de ver, que le ha causado terror como jamás había sentido.

Freezer ignora al terrícola, cuyo ki es tan insignificante que ni se esfuerza en rastrearlo, y sonríe satisfecho por la acción del diablo.

Dabra se arrodilla de nuevo ante el demonio del frío y clava su espada en el suelo.

– “Estoy a sus órdenes, señor Hakaishin.” – dice el diablo.

El tirano parece complacido.

– “Puedes serme útil…” – responde el Hakaishin. – “Pero llámame señor Freezer.”

Palinka ha observado todo lo ocurrido desde la montaña y parece satisfecho.

ESPECIAL DBSNL /// Hopeless Future // Universo 3 / Parte II: El último vuelo de la Grulla

Hopeless Future / Parte II: El último vuelo de la Grulla

“Habéis tenido mala suerte”


En el bosque Fukurou, el viejo Tsuru pelea con Kirano y Mokekko. El anciano maestro esquiva las embestidas del gigantón y detiene los feroces golpes de su compañero.

– “Tenéis una fuerza extraordinaria, pero carecéis de técnica.” – dice Tsuru. – “¿Qué queréis?”

Mokekko ataca de nuevo a Tsuru dispuesto a propinarle un puñetazo, pero el viejo Grulla salta sobre el puño del grandullón, después sorbe su cabeza y con una pirueta se sube al tejado de la cabaña.

Los hombres de Babidí se preparan para atacar de nuevo.

Tsuru se da cuenta de que los forasteros están pisando de nuevo su huerto y responde alzando el dedo índice, que se ilumina con luz amarilla.

– “He acabado la paciencia.” – sentencia el viejo, que apunta con su dedo a Mokekko. – “¡DODONPA!” – exclama. 

El ataque del anciano Grulla sorprende a los guerreros del brujo e impacta de lleno en el pecho de Mokekko, al que empuja hacia el interior del bosque, rompiendo los árboles que encuentra a su paso.

Kirano clava su airada mirada en el viejo.

Tsuru le mira con desprecio.

– “Te lo advierto.” – dice el Duende. – “Márchate o acabarás como tu compañero.”

Kirano esboza una media sonrisa prepotente que confunde a Tsuru.

Un ruido en el bosque alerta al viejo Grulla.

Mokekko, con el pecho chamuscado, aparece caminando por su propio pie.

– “Eso ha dolido…” – refunfuña el grandullón.

Tsuru, sorprendido por la resistencia del guerrero, se pone en guardia.

– “¿Acaso no sois humanos?” – les pregunta el viejo.

Kirano y Mokekko se abalanzan de nuevo contra el Duende, que retrocede en el momento justo para evitar un puñetazo del grandullón que hace estallar la cabaña.

El viejo se eleva utilizando la técnica clásica de la Escuela Grulla, buscando ganar tiempo y analizar a sus rivales.

– “Si no voy con cuidado, voy a tener problemas…” – piensa el anciano. – “Estos tipos no son normales.”

De repente, los dos enemigos embisten a Tsuru, revelando que ellos también pueden volar.

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende el viejo.

Mokekko propina un puñetazo directo al abdomen del Duende Grulla, y Kirano se eleva sobre él para rematarle con un golpe con sus manos juntas, a modo de martillo, lanzándole contra el suelo.

El anciano Tsuru, magullado, intenta levantarse, pero se da cuenta de que tiene varias costillas rotas. 

– “Maldita sea…” – refunfuña el viejo maestro.

Mokekko desciende sobre él y lo pisa, estampándolo contra el suelo e inmovilizándole.

Kirano aprovecha para recoger la urna de recolección y ensartar al anciano.

– “Ya eres nuestro” – sonríe el hombre de Babidí. – “Tu energía nos será muy útil.”


De repente, el tronco de un árbol aparece de las profundidades del bosque, lanzado como un proyectil, y ensarta a Mokekko, empujándole hasta una montaña cercana y dejándole empalado.

– “¡¿QUÉ HA SIDO ESO?!” – exclama Kirano, asustado. – “¡MOKEKKO!”

Un personaje con partes cibernéticas hace acto de presencia, vestido con una camiseta de tirantes blancas y un pantalón negro, luciendo una larga coleta adornada con un lazo rojo, y cargando con un fajo de leña recién cortada.

– “Habéis tenido mala suerte” – dice el hermano de Tsuru. – “Os habéis topado con el legendario asesino Tao Pai Pai.”

Kirano se pone en guardia.

– “¿Asesino?” – refunfuña el hombre del brujo, que saca el medidor de kiris para evaluar a su rival. – “Bien…” – sonríe Kirano. – “¡TU ENERGÍA TAMBIÉN SERÁ PARA NUESTRO AMO!”

Kirano se abalanza sobre Tao, pero el asesino le sorprende con un rápido movimiento que cercena su brazo. La mano izquierda metálica del asesino ha caído al suelo y una cuchilla ha aparecido de su antebrazo.

El luchador de Babidí, aterrado, mira su extremidad amputada.

Ahora es la mano derecha del asesino la que cae al suelo, revelando un cañón que Tao coloca en el abdomen de Kirano.

– “Fuera de nuestro huerto.” – le susurra el asesino. – “¡SÚPER DODONPA!” – exclama.

El ataque del hermano de Tsuru empuja a Kirano hacia el cielo hasta que desaparece de la vista de Tao.

Sus manos mecánicas regresan a sus brazos automáticamente, como si se activaran unos potentes imanes.

El asesino se acerca a su anciano hermano para comprobar su estado.

Tao se sienta en el suelo e intenta reincorporar a Tsuru, pero el anciano casi no tiene fuerzas.

– “¿Cómo te encuentras?” – pregunta Tao.

– “Cansado…” – responde Tsuru. – “Creo que voy a dormir un rato…”

Tsuru pierde el conocimiento.

El cuerpo de Kirano, completamente chamuscado, cae del cielo y se estrella contra el suelo.

Kibito y Shin aparecen de la nada frente a los dos hermanos.

Tao, furioso, increpa a los forasteros.

– “¡¿Quiénes sois vosotros?!” – exclama el asesino. – “¡¿También buscáis pelea?!”

Tao Pai Pai, sin soltar a su hermano, apunta a los Kaioshin con su cañón.

– “¡IDOS AL INFIERNO!” – grita el asesino al proyectar su Dodonpa contra los Dioses.

Shin repele el ataque con el dorso de su mano. El Dodonpa se pierde en el cielo.

– “No está mal para un humano.” – murmura Shin. – “Pero nosotros no somos tus enemigos.”

Tao se queda sin palabras, sorprendido por el poder de ese misterioso individuo.

Kibito se acerca a los hermanos y se agacha para comprobar el pulso de Tsuru.

– “Es demasiado tarde.” – dice Kibito. – “Le han arrebatado toda su energía.”

– “¿Dónde están los hombres de Babidí?” – se pregunta Shin.

– “Maté a los dos tipos que nos atacaron.” – dice Tao.

– “Te sorprenderías de lo mucho que pueden aguantar esos hombres…” – dice Shin. – “La marca del brujo les da un poder sobrehumano.”

– “Te he dicho que los he matado.” – insiste Tao.

Kibito se acerca a Mokekko, ensartado en la pared y arranca el tronco que lo empala, haciendo que su cuerpo caiga al suelo.

Su mano se mueve.

– “Grr…” – gruñe el hombre de Babidí.

Tao Pai Pai se queda boquiabierto.

– “No puede ser…” – murmura Tao. – “Nadie puede sobrevivir a eso…”

Shin se acerca al Mokekko.

– “¿Cree que podrá conseguir algo?” – pregunta Kibito.

– “Pronto lo sabremos.” – responde Shin, que se agacha y coloca su mano sobre la cabeza de Mokekko.

El Kaioshin del Este intenta leer la mente del sujeto. El Dios puede ver imágenes del pasado de Mokekko, su entrenamiento como artista marcial en la montaña, la imagen del brujo Babidí, una voz retumbando en su cabeza, una gran “M”. Shin revive el dolor que sintió Mokekko al sufrir la transformación que lo deshumanizó. Él y su compañero Kirano han atacado múltiples aldeas y masacrado a sus habitantes para poder cosechar energía y llevársela a su Amo. 

De repente, Shin puede ver lo que buscaba: la nave de Babidí.

– “¡La encontré!” – exclama Shin, que se pone en pie. – “¡La nave está enterrada al sur!” – dice.  – “¡En esa dirección!” – señala. 

– “Enterrada, ¿eh?” – cabila Kibito. – “Por eso no hemos podido encontrarla…”

– “Ha llegado el momento” – dice Shin. – “Tendremos que hacerlo solos.” 


Kibito asiente.

Tao Pai Pai se pone en pie.

– “¿A dónde vais?” – pregunta el terrícola. – “¿Es que no vais a explicarme lo que ocurre? ¡¿QUIÉN HA MATADO A MI HERMANO?!” – pregunta inquisitivo.

– “Un brujo” – responde Shin. – “Querían su energía para resucitar a un viejo monstruo.”

– “¿Su energía?” – repite Tao, confuso.

– “Siento que los humanos os hayáis visto envueltos en asuntos celestiales” – añade Shin. – “Mis condolencias.”

Shin y Kibito se preparan para marcharse.

– “Dejad que os acompañe.” – les interrumpe Tao. 

– “Tu alma es oscura, terrícola” – dice Kibito. – “Y si yo puedo verlo, Babidí también.”

– “¡Quiero matar a ese brujo tanto como vosotros!” – insiste el asesino.

– “No me cabe duda.” – responde Shin. – “Pero no por las razones adecuadas.”

– “Si nos acompañaras, terminarías como ellos.” – dice Kibito, señalando a Mokekko y Kirano. – “Convertido en una sombra al servicio del brujo.”

Tao Pai Pai parece preocupado por las advertencias de los Dioses, pero insiste.

– “Correré el riesgo” – dice el asesino.

– “Yo no” – responde Shin. – “Lo siento.”

Kibito toca el hombro de Shin y los dos Dioses desaparecen repentinamente, dejando a Tao Pai Pai solo y abatido.

ESPECIAL DBSNL /// Hopeless Future // Universo 3 / Parte I: Paz relativa

Hopeless Future / Parte I: Paz relativa

“Habéis llegado tarde…” 



En un mundo sin guerreros Z, donde Trunks fue asesinado por Cell cuando éste le robó la máquina del tiempo, la Tierra disfruta de un aparente periodo de paz.

En la Corporación Cápsula, Bulma trabaja un proyecto de energía renovable para la ciudad. Una fotografía del pequeño Trunks con sus abuelos adorna su escritorio.

– “Seguiré trabajando, hijo” – sonríe Bulma con nostalgia. – “Mantendremos la paz que trajiste a este mundo.”

Mientras tanto, en la Kame House, ahora situada en otra isla del archipiélago Sur, Roshi descansa en el sofá, mientras Oolong y Umigame juegan a cartas en el salón. En el televisor emiten una telenovela.

De repente, el canal de televisión interrumpe su programación para dar una noticia de última hora. Un reportero retransmite desde la calle principal un pequeño pueblo; detrás de él, la policía tiene acordonada la zona y los servicios sanitarios están trabajando.

– “¡Soy Jimmy Firecracker, desde Ginger Town!” – anuncia el veterano reportero. – “Una nueva oleada de asesinatos ha tenido lugar, esta vez en esta tranquila ciudad.”

Umigame y Oolong prestan atención al televisor.

– “Todo parece indicar que ha sido un nuevo ataque organizado. Las víctimas tienen la misma herida punzante que hemos visto ya en tantas ocasiones, pero es la primera vez que esta macabra banda se atreve a atacar una zona urbana.” – explica el reportero. – “¿Quién está haciendo esto? ¿A qué clase de asesinos despiadados se enfrenta la policía? ¿Pueden ser androides?” – pregunta retóricamente.

A su espalda, dos extraños personajes ataviados con ropajes estrafalarios pero elegantes caminan entre los cadáveres. Uno es alto, de tez rosada y cabello blanco, largo y lacio. Su compañero es de estatura baja, tez azulada y luce un peinado en forma de cresta, también de color blanco.  

El cámara se da cuenta y llama la atención del reportero.

Jimmy Firecracker se dirige hacia ellos, seguido por el cámara, en busca de respuestas.

– “¡Ustedes!” – exclama el reportero. – “¡Señores!”

El más alto de los dos se da cuenta de la presencia de los dos periodistas y pone su mano sobre su acompañante. Los dos desaparecen en un abrir y cerrar de ojos.

Los periodistas parecen desconcertados.

Oolong y Umigame se miran asustados.

– “¿Quiénes eran esos?” – pregunta el cerdo.

– “Que tipos tan extraños…” – dice la tortuga.

De repente, tres golpes en la puerta sobresaltan a los dos personajes y despiertan al Duende Tortuga.

– “¿Qué pasa?” – pregunta adormilado el anciano. – “¿Qué ha sido eso?”

Los golpes se repiten.

– “¡Ya voy!” – responde Roshi. – “¿Quién puede ser?” – se pregunta.

El anciano camina hasta la puerta y la abre, revelando a los dos personajes que habían aparecido en las noticias.

– “¡¡AAAAHHH!!” – gritan asustados Umigame y Oolong.

Roshi, que desconoce la identidad de los sujetos, saluda amablemente.

– “¿En qué puedo ayudarles, caballeros?” – pregunta el anciano.

– “Hola” – sonríe amablemente el pequeño de los dos forasteros. – “Usted es el Maestro Mutenroshi, ¿verdad?”

– “Así es.” – responde el Duende.

– “Es un placer” – sonríe el pequeño.

– “¿Puedo saber sus nombres?” – pregunta Roshi.

– “Él es Kibito” – responde el individuo, presentando a su compañero. – “Y a mí puede llamarme Shin.”

– “¿Y a qué debo su visita, señor Shin?” – insiste el viejo Tortuga.

– “Soy el Kaioshin del Este.”– revela el personaje. – “Y nos gustaría hablar con usted.”

Roshi se queda helado al escuchar al forastero.

– “¿Un…? ¿Un Kaioshin?” – titubea el anciano.

En una nave enterrada en mitad del desierto, el brujo Babidí inserta la energía recolectada por sus hombres en el huevo que encierra a Majin Bu.

La aguja que indica la energía total del monstruo se sacude ligeramente, pero a duras penas se puede notar el cambio.

– “Maldita sea…” – refunfuña el brujo. – “¡Así no acabaremos nunca!” – protesta.


A su lado, el demonio Dabra lo escolta.

– “Paciencia, señor” – dice el Rey de los Demonios. – “Majin Bu renacerá a su debido tiempo.”

– “¡Llevamos años recogiendo energía y no hemos logrado casi nada!” – exclama el brujo. – “¡Los humanos no sirven!”

– “¿Deberíamos ir a otro planeta?” – pregunta Dabra.

– “No podemos…” – lamenta Babidí. – “Si desenterramos la nave, llamaremos la atención de los Dioses…”

– “Yo puedo encargarme de los Kaioshin.” – dice Dabra.

– “No son ellos quienes me preocupan…” – responde Babidí. – “No quisiera que alertaran al Hakaishin.”

Babidí suspira desanimado.

– “Tendremos que seguir así, al menos por ahora.” – acepta el brujo. – “Que Kirano y Mokekko salgan a por más energía.”

– “Sí, señor” – responde Dabra.

En la Kame House, Shin y Kibito se encuentran sentados en el sofá con Roshi, a quien han explicado la situación. Están buscando guerreros.

– “Habéis llegado tarde…” – murmura Roshi, apenado. – “La Tierra ya no cuenta con los grandes guerreros que la protegieron en su día.”

– “Es una pena oír eso.” – dice Shin. – “Nos habrían sido de ayuda. Puedo verlo en sus recuerdos.”

Kibito se encuentra incómodo en el asiento, como si estuviera sentado sobre algo que le molesta, y no duda en buscar bajo su trasero, encontrando una revista del viejo Roshi.

– “¡Eso no es mío!” – se excusa el Duende Tortuga. – “Es de Oolong… Siempre deja sus cosas por ahí…”

– “Puedo leer la mente…” – murmura Shin, algo avergonzado.

Roshi agarra la revista y la lanza a un lado.

– “Yo os acompañaría encantado, pero creo que no os sería de mucha ayuda.” – dice el Duende. – “Lo lamento.”

– “Nosotros también” – dice Shin. – “Tendremos que encargarnos de este asunto nosotros mismos.”

Mientras tanto, los hombres de Babidí ya se encuentran recorriendo el bosque Fukurou hacia Yahhoi, su próximo objetivo, donde esperan poder reunir una gran cantidad energía para su Amo.

De repente, el medidor de kiris que lleva Kirano alerta de la presencia de un ki importante.

– “¡La aguja se ha movido!” – exclama Kirano.

– “¿Será una aldea?” – pregunta Mokekko.

– “Es posible.” – responde su compañero. – “¡Es por aquí!”

Los dos personajes cambian su rumbo y se adentran en el bosque.

Lejos de allí, Kibito y Shin se han marchado de la Kame House y ahora sobrevuelan el mar.

– “Un fracaso” – murmura Kibito.

– “Es una pena” – dice Shin. – “Lo que he visto en la mente del anciano… era esperanzador.”

En el bosque Fukurou, Kirano y Mokekko se han detenido al encontrar una vieja cabaña rodeada por un pequeño huerto.

– “¿Es aquí?” – pregunta Mokekko, confuso. – “¿Estás seguro?”

– “Eso indica el medidor” – responde Kirano, poco convencido.

De repente la puerta de la cabaña se abre, revelando a un anciano Duende Grulla, vestido con una camiseta interior blanca y un pantalón negro, con calentadores amarillos, zapatillas y luciendo unas gafas de sol.

– “¿Quién anda ahí?” – pregunta el viejo Tsuru.

Los hombres de Babidí se miran entre ellos, confusos. Kirano apunta con su indicador al anciano.

– “Parece que es él…” – le dice a su compañero.

Tsuru se molesta al ver que los dos individuos están chafando sus coles.

– “¿Quiénes sois vosotros?” – pregunta el anciano. – “¿Por qué estáis pisando mi huerto?” 

Mokekko blande la urna de recolección de energía que llevaba colgada de su cinturón.

– “¡A por él!” – exclama el grandullón, que se abalanza sobre Tsuru.

– “¡Ya es nuestro!” – celebra Kirano.

Shin y Kibito perciben que algo está ocurriendo más allá del horizonte.

– “¡¿Lo sientes, Kibito?!” – pregunta Shin.

– “Alguien está peleando.” – responde el ayudante del Kaioshin.

– “¡Vamos a echar un vistazo!” – exclama el Dios.