ESPECIAL DBSNL /// Futuro Imperfecto // Universo 5 / Parte II: Babidí y Dabra

Futuro Imperfecto / Parte II: Babidí y Dabra 
“Debemos evitar que Majin Bu despierte.”


En el taller de la Corporación Cápsula, Trunks se despierta agitado.

– “¡¿Qué ha pasado?!” – se pregunta.

Al ver a un malcarado personaje a su lado, Trunks se levanta de un salto y se pone en guardia.

– “¡Maldito!” – exclama el mestizo, transformándose en Súper Saiyajín.
– “No soy tu enemigo, Trunks” – dice Kibito.

Bulma interviene, interponiéndose entre ambos.

– “Él te ha curado” – dice su madre. – “Tranquilo.”

Trunks enseguida se relaja y vuelve a su estado base.

Mientras tanto, lejos de allí, Kirano y Mokekko sobrevuelan el mar en dirección a la nave de su Amo. Shin los sigue desde una distancia segura.

En la Corporación, Bulma ha servido una taza de té a Kibito y a Trunks. El ayudante del Kaioshin del Este ha informado a Trunks sobre Babidí y su monstruo, cuyo despertar debe ser evitado a toda costa.

– “Y también debo pedirte disculpas.” – dice el ayudante de Kaioshin. – “Hemos tenido que retenerte a la fuerza para dejar que los esbirros del brujo recolectaran tu energía y así poder seguirles hasta la nave. Nunca habíamos tenido una oportunidad como ésta. Tu poder ha sido una tentación demasiado grande para ellos.” 
– “Ya veo…” – reflexiona Trunks.
– “No tenemos mucho tiempo.” – dice Kibito. – “Debemos evitar que Majin Bu despierte.”

Trunks se pone en pie.

– “Nos ha costado mucho devolver la paz a este planeta.” – dice apretando los puños. – “No permitiré que ese brujo destruya todo por lo que hemos trabajado.”
– “Me alegra oír eso” – asiente Kibito.

El mestizo se dirige hasta la puerta del taller y agarra su nueva espada.

Bulma se acerca al muchacho y le abraza.

– “No hagas ninguna tontería” – le dice a su hijo.
– “Lo intentaré” – sonríe Trunks.

Bulma se da la vuelta y se acerca a Kibito.

– “Y tú…” – le dice al ser divino señalándole con un dedo acusador hasta clavárselo en el centro del pecho. 

Kibito mira sorprendido a la mujer, asombrado de que una humana se atreva a hablarle así.

– “Cuida de mi hijo.” – le dice Bulma.

El ayudante de Kaioshin parece comprender a Bulma y asiente.

Kibito mira a Trunks y le invita con un gesto.

– “Acércate, muchacho” – le dice al mestizo.

Trunks se acerca a Kibito y éste coloca la mano sobre su hombro.

– “Kai-kai” – dice el ayudante de Kaioshin.

Los dos personajes desaparecen al instante, dejando a Bulma sola en el taller.

Mientras tanto, Shin ha seguido a los dos esbirros del brujo hasta la nave, que se encuentra enterrada bajo tierra, dejando ver solo su escotilla superior.

El Dios desciende sobre una montaña cercana y se oculta entre las rocas para poder observar la escena sin ser descubierto.

Kirano y Mokekko esperan impacientes en la puerta, que se abre para revelar al pequeño y arrugado individuo.

– “Ahí estás…” – murmura Shin. – “Babidí…”

Detrás del brujo aparece un demonio de tez rosada.

– “¡Ese es…!” – se asusta el Kaioshin. – “Da… Dabra…”

De repente, Kibito y Trunks aparecen junto a Shin.

– “¿Nos hemos teletransportado?” – se sorprende Trunks. – “¿Cómo el Shunk…?”
– “¡Shhh!” – le dice Shin. – “Agachaos.”

Kibito y Trunks se agazapan detrás de unas rocas y acompañan a Shin.

– “¿Cuál es el brujo?” – pregunta Trunks.
– “El pequeño.” – responde Shin.
– “¡¿Ese es…?!” – se asusta Kibito al ver quién le acompañante.
– “Sí, es Dabra.” – responde el Kaioshin.
– “¿Y quién es Dabra?” – pregunta el mestizo.
– “El Rey de los Demonios” – explica Shin.

El Kaioshin aprieta sus puños con rabia.

– “Maldita sea…” – refunfuña mientras una gota de sudor recorre su frente. – “Esto será mucho más difícil de lo que esperaba…”
– “¿Tan fuerte es?” – se pregunta Trunks.

En la escotilla, Kirano ha entregado la urna de energía al brujo.

– “Venís hechos unos zorros…” – dice Babidí al ver el estado en el que se encuentran sus esbirros. – “¿Qué ha pasado?”
– “El sujeto al que le robamos la energía opuso mucha resistencia…” – se excusa Kirano.
– “Resistencia, ¿eh?” – dice el brujo. – “Con el poder que os he dado no deberíais tener problema para derrotar a cualquiera de este miserable planeta…”

Babidí examina la urna con atención.

– “Parece que habéis hecho un buen trabajo…” – dice Babidí. – “Puede que hoy tampoco os mate…”

El brujo apunta a sus esbirros con sus manos.

– “¡PAPARAPPA!” – exclama Babidí.

Una extraña luz rodea a los dos humanos y sus heridas se curan al instante.

Dabra sonríe.

– “Podéis estar agradecidos a vuestro señor” – dice el demonio.

Kirano y Mokekko se arrodillan y hacen una reverencia.

– “¡GRACIAS, AMO BABIDÍ!” – exclaman al unísono. 

Babidí les ignora y mira a Dabra de reojo.

– “Vamos a lo importante…” – dice el brujo. – “¿Qué hacemos con el Kaioshin y sus amigos?”
– “¿Quiere que me encargue de ellos, señor?” – pregunta Dabra.
– “El humano puede sernos útil… Parece fuerte.” – murmura Babidí. – “Haz que entre en la nave. Puedes librarte de Kibito, si quieres… Pero no mates al Kaioshin; quiero hacerlo yo, con mis propias manos.”
– “Está bien.” – responde el demonio.

Babidí se retira, seguido por Kirano y Mokekko, y regresan a la nave. Dabra parece quedarse rezagado.

En la montaña, Shin, Kibito y Trunks contemplan la escena.

– “Vuelven a la nave…” – dice Shin.
– “¿Qué hacemos?” – pregunta Trunks. – “¿Atacamos?”
– “Es mejor esperar y trazar un plan” – dice Kibito. – “De momento contamos con el factor sorpre…”

De repente, en un abrir y cerrar de ojos, Dabra se abalanza a toda velocidad hacia donde se encuentran nuestros amigos.

Antes de que ninguno pueda reaccionar, Dabra se encuentra frente a Shin, con la palma de su mano izquierda a escasos centímetros del rostro del Dios, que es embargado por el terror que contrasta con la sonrisa diabólica de su enemigo.

El demonio una ola de ki invisible que lanza a Shin contra las rocas.

Trunks desenfunda su espada y se abalanza sobre Dabra, pero el demonio esquiva el ataque sin dificultad.

– “¡JAJAJA!” – se burla Dabra.

El demonio aprovecha para lanzar un escupitajo a Kibito, alcanzándole en el pecho.

– “¡NO!”- exclama el ayudante de Kaioshin, que conoce los poderes de la saliva del demonio.

Kibito empieza a transformarse en una estatua de piedra.

– “¡KIBITO!” – exclama Trunks, que intenta socorrer a su nuevo amigo.

Shin, que se ha levantado de entre los escombros, detiene a Trunks.

– “¡NO LE TOQUES!” – le advierte el Dios. – “¡Se ha convertido en piedra! Si rompes su estatua, jamás podremos devolverle a la normalidad.”

El demonio aprovecha la confusión para regresar al interior de la nave.

– “¡NO PODRÉIS DETENERNOS!” – exclama en tono burlón mientras se cierra la compuerta. – “¡JAJAJA!”

Trunks y Shin se quedan solos.

– “Maldita sea…” – lamenta el mestizo.
– “Lo siento, Kibito” – murmura Shin, agachando la cabeza frente a la estatua de su compañero.
– “¿Cómo podemos salvar a Kibito?” – pregunta Trunks.
– “La única manera es matar a Dabra.” – suspira Shin.
– “Bien…” – dice Trunks, que envaina su espada y camina hacia el borde de la montaña.

La determinación del mestizo sorprende a Shin.

– “¿A dónde vas?” – le pregunta el Kaioshin.
– “A matar a Dabra” – responde Trunks.
– “¡Es una trampa!” – dice el Dios. – “¡Esto es exactamente lo que Babidí quiere!”
– “Lo sé” – dice Trunks. – “Pero no pienso quedarme de brazos cruzados viendo como esos tipos amenazan la Tierra.”

Durante un instante, Shin se queda en silencio, pensativo, sorprendido al ver a un humano con una determinación superior a la suya.

Trunks vuela hasta la entrada a la nave, que se abre frente a él.

Mientras tanto, muy lejos de allí, en el planeta del Hakaishin, Mojito observa lo ocurrido a través de la esfera de su vara.

ESPECIAL DBSNL /// Futuro Imperfecto // Universo 5 / Parte I: Kirano y Mokekko

Futuro Imperfecto / Parte I: Kirano y Mokekko
“No decepcionaremos al Amo Babidí”


Años después de la derrota de los androides y de Cell, la paz ha vuelto a la Tierra.

Trunks llega a la Corporación Cápsula cargando con una gran caja llena de suministros y piezas que su madre ha solicitado. El mestizo viste un pantalón negro con botas ocre, un jersey verde oliva, una cazadora vaquera y un pañuelo rojo alrededor del cuello.

En el taller, Bulma da sorbos a un termo de café mientras observa la pantalla de su ordenador, que le muestra los resultados de un sinfín de simulaciones.

– “Ya queda poco” – sonríe satisfecha.

Trunks deja la caja en el suelo en la entrada del taller y se acerca a su madre.

– “Pareces contenta” – dice el mestizo.
– “Pronto podemos abastecer a toda la ciudad.” – responde Bulma. – “Energía limpia para todos.”
– “¿Y las otras ciudades?” – pregunta Trunks.
– “No tardarán en ser capaces de replicar nuestro sistema.” – dice Bulma. – “Con nuestro diseño será sólo cuestión de reunir los recursos para construir sus centrales.”

Trunks sonríe orgulloso de su madre.

– “Eres fantástica” – dice el mestizo.
– “Lo sé” – le guiña un ojo ella.

Pero de repente, una extraña sensación alerta a Trunks. Hacía mucho tiempo que no sentía unos ki que llamaran su atención.

– “Alguien se acerca” – dice Trunks.
– “¿Alguien?” – se extraña Bulma. – “¿A qué te refieres?”
– “No salgas” – dice Trunks, antes de marcharse.

Bulma se queda en el taller, preocupada.

Trunks sale al exterior de la Corporación. Todo parece tranquilo. Nadie a la vista.

– “¿Creéis que podéis sorprenderme?” – murmura Trunks. – “¡Puedo sentir vuestra presencia!” – exclama.

De repente, dos personajes extremadamente musculados, con las venas marcadas bajo la piel y una “M” tatuada en su frente, se abalanzan sobre Trunks. 

Los dos personajes carecen de cabello o vello de ningún tipo. Uno es de gran envergadura y luce un calzoncillo negro, botas negras con adornos de pelaje marrón, y muñequeras negras. El segundo viste un pantalón negro con un doblado hacia fuera en la pernera que revela el color blanco del forro interior, y unas zapatillas negras. Los dos van descamisados. El segundo va armado con una urna de cerámica blanca parecida a un gran botijo que termina en una afilada punta.

Trunks intercepta a los dos enemigos emitiendo un doble empujón de ki que los repele hasta estrellarlos contra las paredes que rodean el jardín de la Corporación. 

– “¿Quiénes sois?” – les pregunta el mestizo.

Los dos enemigos se ponen en pie y se preparan para cargar de nuevo.

– “Esto no acabará bien para vosotros.” – les amenaza Trunks.

Los enemigos atacan y Trunks desaparece, dejándolos desconcertados. 

Los dos se miran entre ellos, confusos.

– “¡¿Dónde está?!” – pregunta el pequeño.
– “¡COBARDE!” – grita el grandullón.

De repente, Trunks pone su mano en el hombro del pequeño, que se da la vuelta y es sorprendido por un puñetazo directo en el rostro que lo lanza, atravesando un muro, hasta la carretera, perdiendo la urna por el camino.

El grandullón, furioso, intenta golpear a Trunks, pero el mestizo detiene su puñetazo fácilmente y contraataca dislocándole el brazo con un certero golpe en su codo.

– “¡AAAAHHH!” – grita el enemigo. – “¡MALDITO!”

Trunks clava su mirada en el grandote.

– “Os daré una última oportunidad.” – dice el mestizo. – “¿Quiénes sois?”

El grandullón agarra su brazo dislocado y se lo reduce violentamente.

– “Pero, ¿qué demonios…?” – se sorprende Trunks.

El enemigo intenta golpearle de nuevo y Trunks lo intercepta con una patada en la barbilla seguida de otra patada en el pecho que lo lanza de nuevo contra el suelo. 

En ese instante, Trunks es sorprendido por el pequeño, que se abalanza sobre él, pero Trunks lanza un ataque de ki que impacta de lleno contra el villano y lo estrella contra el cemento, dejándole completamente chamuscado.

Trunks desciende hasta el suelo y suspira.

– “Esto no tenía que acabar así.” – piensa el mestizo.

Pero para su sorpresa, el grandullón se pone en pie, con el pecho hundido por la patada de Trunks. El villano saca pecho contrayendo sus músculos hasta que su torso recupera la forma original.

– “¡¿Qué significa esto?!” – se preocupa Trunks.

El pequeño también se pone en pie, pese a las graves quemaduras sufridas, y camina hasta la urna para recogerla.

– “No decepcionaremos al Amo Babidí” – dice con una débil voz.

Los dos atacan una vez más, pero Trunks se eleva sobre ellos para poder examinarlos atentamente, ya que han demostrado tener habilidades inhumanas.

– “¿Qué son?” – se pregunta el mestizo. – “¡Su resistencia es impresionante!”

Para sorpresa de Trunks, los dos enemigos se elevan, persiguiéndole.

– “¡SE ACABÓ!” – exclama Trunks, transformándose en Súper Saiyajín y repeliendo a sus dos enemigos con una explosión de energía.

Trunks mira con desprecio a sus rivales que, pese a haber recibido un duro golpe, se levantan una vez más. 

– “Mi poder está muy lejos de vuestro alcance.” – dice Trunks. – “Ya deberíais haberlo entendido.”

Los dos se quedan sorprendidos ante el poder que emana el mestizo.

– “¡YAAAAAAAH!” – gritan al abalanzarse una vez más sobre Trunks.

El mestizo se pone en guardia, preparado para dar el golpe de gracia a los dos villanos.

Pero, de repente, una fuerza invisible inmoviliza a Trunks. 

– “¡¿Qué?!” – se sorprende el mestizo.

Los dos enemigos aprovechan y lo agarran. El pequeño clava la punta de su urna en el costado del mestizo y parece que, por arte de magia, el artefacto drena el poder de Trunks, que no tarda en regresar a su estado base y perder el conocimiento. 

Los dos enemigos, satisfechos con la energía recolectada, se marchan volando a toda velocidad, desapareciendo en el horizonte.

De repente, dos nuevos personajes entran en escena y se acercan a Trunks. Los dos visten extraños ropajes y cabello blanco.

– “Kirano y Mokekko seguro regresan directos a la nave de Babidí.” – dice el pequeño de los dos, de tez lila y luciendo un peinado en forma de cresta. – “Voy a seguirles.”
– “De acuerdo, señor Shin.” – dice su acompañante, grandullón y malcarado, de tez rosada.

Bulma sale de la Corporación Cápsula y se asusta al ver a su hijo tendido en el suelo.

– “¡TRUNKS!” – exclama la madre.

El pequeño responde con una sonrisa.

– “Tranquila, Bulma” – dice Shin. – “Mi amigo Kibito reestablecerá las energías de Trunks en un santiamén.”

Bulma parece desconcertada, pero de algún modo que no llega a comprender, las palabras de Shin le han proporcionado cierta calma.

– “Me uniré a usted cuando acabe” – le dice Kibito a su compañero.
– “Bien.” – dice Shin. – “Y estoy seguro de que el chico querrá acompañarte.”