Futuro Imperfecto / Parte II: Babidí y Dabra
“Debemos evitar que Majin Bu despierte.”
En el taller de la Corporación Cápsula, Trunks se despierta agitado.
– “¡¿Qué ha pasado?!” – se pregunta.
Al ver a un malcarado personaje a su lado, Trunks se levanta de un salto y se pone en guardia.
– “¡Maldito!” – exclama el mestizo, transformándose en Súper Saiyajín.
– “No soy tu enemigo, Trunks” – dice Kibito.
Bulma interviene, interponiéndose entre ambos.
– “Él te ha curado” – dice su madre. – “Tranquilo.”
Trunks enseguida se relaja y vuelve a su estado base.
Mientras tanto, lejos de allí, Kirano y Mokekko sobrevuelan el mar en dirección a la nave de su Amo. Shin los sigue desde una distancia segura.
En la Corporación, Bulma ha servido una taza de té a Kibito y a Trunks. El ayudante del Kaioshin del Este ha informado a Trunks sobre Babidí y su monstruo, cuyo despertar debe ser evitado a toda costa.
– “Y también debo pedirte disculpas.” – dice el ayudante de Kaioshin. – “Hemos tenido que retenerte a la fuerza para dejar que los esbirros del brujo recolectaran tu energía y así poder seguirles hasta la nave. Nunca habíamos tenido una oportunidad como ésta. Tu poder ha sido una tentación demasiado grande para ellos.”
– “Ya veo…” – reflexiona Trunks.
– “No tenemos mucho tiempo.” – dice Kibito. – “Debemos evitar que Majin Bu despierte.”
Trunks se pone en pie.
– “Nos ha costado mucho devolver la paz a este planeta.” – dice apretando los puños. – “No permitiré que ese brujo destruya todo por lo que hemos trabajado.”
– “Me alegra oír eso” – asiente Kibito.
El mestizo se dirige hasta la puerta del taller y agarra su nueva espada.
Bulma se acerca al muchacho y le abraza.
– “No hagas ninguna tontería” – le dice a su hijo.
– “Lo intentaré” – sonríe Trunks.
Bulma se da la vuelta y se acerca a Kibito.
– “Y tú…” – le dice al ser divino señalándole con un dedo acusador hasta clavárselo en el centro del pecho.
Kibito mira sorprendido a la mujer, asombrado de que una humana se atreva a hablarle así.
– “Cuida de mi hijo.” – le dice Bulma.
El ayudante de Kaioshin parece comprender a Bulma y asiente.
Kibito mira a Trunks y le invita con un gesto.
– “Acércate, muchacho” – le dice al mestizo.
Trunks se acerca a Kibito y éste coloca la mano sobre su hombro.
– “Kai-kai” – dice el ayudante de Kaioshin.
Los dos personajes desaparecen al instante, dejando a Bulma sola en el taller.
Mientras tanto, Shin ha seguido a los dos esbirros del brujo hasta la nave, que se encuentra enterrada bajo tierra, dejando ver solo su escotilla superior.
El Dios desciende sobre una montaña cercana y se oculta entre las rocas para poder observar la escena sin ser descubierto.
Kirano y Mokekko esperan impacientes en la puerta, que se abre para revelar al pequeño y arrugado individuo.
– “Ahí estás…” – murmura Shin. – “Babidí…”
Detrás del brujo aparece un demonio de tez rosada.
– “¡Ese es…!” – se asusta el Kaioshin. – “Da… Dabra…”
De repente, Kibito y Trunks aparecen junto a Shin.
– “¿Nos hemos teletransportado?” – se sorprende Trunks. – “¿Cómo el Shunk…?”
– “¡Shhh!” – le dice Shin. – “Agachaos.”
Kibito y Trunks se agazapan detrás de unas rocas y acompañan a Shin.
– “¿Cuál es el brujo?” – pregunta Trunks.
– “El pequeño.” – responde Shin.
– “¡¿Ese es…?!” – se asusta Kibito al ver quién le acompañante.
– “Sí, es Dabra.” – responde el Kaioshin.
– “¿Y quién es Dabra?” – pregunta el mestizo.
– “El Rey de los Demonios” – explica Shin.
El Kaioshin aprieta sus puños con rabia.
– “Maldita sea…” – refunfuña mientras una gota de sudor recorre su frente. – “Esto será mucho más difícil de lo que esperaba…”
– “¿Tan fuerte es?” – se pregunta Trunks.
En la escotilla, Kirano ha entregado la urna de energía al brujo.
– “Venís hechos unos zorros…” – dice Babidí al ver el estado en el que se encuentran sus esbirros. – “¿Qué ha pasado?”
– “El sujeto al que le robamos la energía opuso mucha resistencia…” – se excusa Kirano.
– “Resistencia, ¿eh?” – dice el brujo. – “Con el poder que os he dado no deberíais tener problema para derrotar a cualquiera de este miserable planeta…”
Babidí examina la urna con atención.
– “Parece que habéis hecho un buen trabajo…” – dice Babidí. – “Puede que hoy tampoco os mate…”
El brujo apunta a sus esbirros con sus manos.
– “¡PAPARAPPA!” – exclama Babidí.
Una extraña luz rodea a los dos humanos y sus heridas se curan al instante.
Dabra sonríe.
– “Podéis estar agradecidos a vuestro señor” – dice el demonio.
Kirano y Mokekko se arrodillan y hacen una reverencia.
– “¡GRACIAS, AMO BABIDÍ!” – exclaman al unísono.
Babidí les ignora y mira a Dabra de reojo.
– “Vamos a lo importante…” – dice el brujo. – “¿Qué hacemos con el Kaioshin y sus amigos?”
– “¿Quiere que me encargue de ellos, señor?” – pregunta Dabra.
– “El humano puede sernos útil… Parece fuerte.” – murmura Babidí. – “Haz que entre en la nave. Puedes librarte de Kibito, si quieres… Pero no mates al Kaioshin; quiero hacerlo yo, con mis propias manos.”
– “Está bien.” – responde el demonio.
Babidí se retira, seguido por Kirano y Mokekko, y regresan a la nave. Dabra parece quedarse rezagado.
En la montaña, Shin, Kibito y Trunks contemplan la escena.
– “Vuelven a la nave…” – dice Shin.
– “¿Qué hacemos?” – pregunta Trunks. – “¿Atacamos?”
– “Es mejor esperar y trazar un plan” – dice Kibito. – “De momento contamos con el factor sorpre…”
De repente, en un abrir y cerrar de ojos, Dabra se abalanza a toda velocidad hacia donde se encuentran nuestros amigos.
Antes de que ninguno pueda reaccionar, Dabra se encuentra frente a Shin, con la palma de su mano izquierda a escasos centímetros del rostro del Dios, que es embargado por el terror que contrasta con la sonrisa diabólica de su enemigo.
El demonio una ola de ki invisible que lanza a Shin contra las rocas.
Trunks desenfunda su espada y se abalanza sobre Dabra, pero el demonio esquiva el ataque sin dificultad.
– “¡JAJAJA!” – se burla Dabra.
El demonio aprovecha para lanzar un escupitajo a Kibito, alcanzándole en el pecho.
– “¡NO!”- exclama el ayudante de Kaioshin, que conoce los poderes de la saliva del demonio.
Kibito empieza a transformarse en una estatua de piedra.
– “¡KIBITO!” – exclama Trunks, que intenta socorrer a su nuevo amigo.
Shin, que se ha levantado de entre los escombros, detiene a Trunks.
– “¡NO LE TOQUES!” – le advierte el Dios. – “¡Se ha convertido en piedra! Si rompes su estatua, jamás podremos devolverle a la normalidad.”
El demonio aprovecha la confusión para regresar al interior de la nave.
– “¡NO PODRÉIS DETENERNOS!” – exclama en tono burlón mientras se cierra la compuerta. – “¡JAJAJA!”
Trunks y Shin se quedan solos.
– “Maldita sea…” – lamenta el mestizo.
– “Lo siento, Kibito” – murmura Shin, agachando la cabeza frente a la estatua de su compañero.
– “¿Cómo podemos salvar a Kibito?” – pregunta Trunks.
– “La única manera es matar a Dabra.” – suspira Shin.
– “Bien…” – dice Trunks, que envaina su espada y camina hacia el borde de la montaña.
La determinación del mestizo sorprende a Shin.
– “¿A dónde vas?” – le pregunta el Kaioshin.
– “A matar a Dabra” – responde Trunks.
– “¡Es una trampa!” – dice el Dios. – “¡Esto es exactamente lo que Babidí quiere!”
– “Lo sé” – dice Trunks. – “Pero no pienso quedarme de brazos cruzados viendo como esos tipos amenazan la Tierra.”
Durante un instante, Shin se queda en silencio, pensativo, sorprendido al ver a un humano con una determinación superior a la suya.
Trunks vuela hasta la entrada a la nave, que se abre frente a él.
Mientras tanto, muy lejos de allí, en el planeta del Hakaishin, Mojito observa lo ocurrido a través de la esfera de su vara.
