ESPECIAL DBSNL /// Sin Futuro // Universo 7 / Parte V: Punto de no retorno

Sin Futuro / Parte V: Punto de no retorno

“No me quedan fuerzas…”

Trunks retrocede por el bello jardín mientras detiene con su espada los ataques de los guardianes de Zeno.

El mestizo sufre contra dos hábiles enemigos que no muestran señales de cansancio.

  • “Tengo que salir de aquí…” – piensa Trunks. – “No puedo mantener este ritmo mucho tiempo.”
  • “Concéntrate.” – advierte Whis.
  • “Usaré un clon temporal.” – dice Trunks.
  • “Ni se te ocurra.” – le detiene el ángel. – “Sus ojos son como los míos. No vas a engañarlos. Solo malgastarás energías.”
  • “¡¿Y qué sugieres?!” – protesta el mestizo.

Los guardianes avasallan a Trunks.

Uno de los guardianes intenta golpear al mestizo con su vara, pero éste detiene el golpe con su espada, cuyo filo parece sufrir ante el impacto.

El segundo guardián hace lo mismo y golpea directamente la vara del primero, ejerciendo un mayor estrés sobre el filo del arma, que se resquebraja ante la sorpresa de Trunks.

El mestizo retrocede y mira su espada de hierro katchín, ahora con grietas que nacen en el lugar del impacto y se extienden a lo largo de la hoja.

  • “Maldición…” – murmura Trunks.

De repente, los dos guardias aparecen flanqueando al mestizo y listos para propinarle el golpe de gracia simultáneamente.

Hábilmente, Trunks usa el arma para detener ambos golpes a la vez, usando la punta de la espada y el pomo para detener las varas del enemigo… pero el estrés sobre la hoja es excesivo y hace que la espada colapse, estallando en mil pedazos.

Trunks retrocede de un salto, intentando recuperar la distancia entre él y sus enemigos, aún con el pomo de la espada rota en la mano.

  • “No puede ser…” – piensa el mestizo. – “Whis… No…”

Los dos guardianes aprovechan el momento para atacar sin piedad y golpean a Trunks en el abdomen con el extremo de sus varas, empujándolo a través del bello jardín hasta que se estrella contra una gran fuente.

El mestizo queda tumbado bocarriba en el agua y tose sangre. Ese golpe le ha destrozado por dentro.

Su ojo gris se desvanece.

Trunks se queda inmóvil mirando al cielo, sin fuerzas para continuar, yaciendo en unos pocos centímetros de agua.

Sin fuerzas, sin espada y sin Whis, los ojos del mestizo se cierran lentamente. Su corazón late cada vez más despacio camino a detenerse.

Los guardianes dan la espalda al moribundo y se disponen a regresar al palacio.

Pero de repente, la imagen de Bulma escribiendo la palabra “Hope!!” con rotulador en la máquina del tiempo resurge en la mente de Trunks.

Como si recibiera un electroshock, sus ojos se abren mientras inspira con fuerza.

Los guardianes se detienen al percibir de nuevo el ki de su enemigo.

Trunks se levanta con dificultad mientras tose.

  • “No… hemos… terminado…” – dice con esfuerzo.

Los guardianes se miran entre ellos, sorprendidos de que siga vivo.

Trunks se tambalea hasta que logra mantenerse en pie.

  • “No moriré…” – dice Mirai Trunks, limpiándose la sangre de la barbilla. – “No importa las veces que tenga que levantarme… ¡Lucho por todo lo que he perdido! ¡Por todo lo que merece la pena!”

Los guardianes caminan hacia Trunks, preparándose para el siguiente asalto.

Trunks aprieta los puños con fuerza.

  • “No importa si tengo que hacerlo solo.” – dice el mestizo. – “¡Tengo una promesa que cumplir! ¡Un mundo que proteger! No dejaré que todo haya sido en vano.”

El mestizo se envuelve en el aura dorada del Súper Saiyajín.

Los dos guardianes se abalanzan sobre él.

Trunks se pone en guardia, pero la velocidad de los enemigos es infinitamente superior.

Uno de los guardianes lo propina un golpe directo con la vara en la nariz, haciendo que se incline haca atrás con el impacto, lo que el segundo aprovecha para propinarle un golpe ascendente con la vara en la espalda, lanzándolo por los aires… donde el primero ya espera para rematarlo, remitiéndolo al suelo donde se estrella, formando un cráter que deja seca la fuente.

De nuevo, los guardias tan por zanjado el combate y se retiran.

Pero pronto un ruido llama su atención, haciendo que se detengan y se miren entre ellos con sorpresa.

Al darse la vuelta ven a Mirai Trunks otra vez en pie.

  • “¿Eso es todo?” – sonríe el mestizo de forma forzada. – “¿Creéis que voy a abandonar tan fácilmente?”

Los guardianes apuntan a Trunks con sus varas, creando una esfera de energía en sus extremos, dispuestos a poner fin a la rebeldía del mestizo de una vez por todas.

Trunks cierra los ojos, cansado.

  • “No me quedan fuerzas…” – piensa el mestizo.

Pero de repente, Trunks siente como alguien pone la mano en su hombro.

  • “¿EH?” – mira hacia atrás.

Pero no hay nadie.

Sin embargo, una sonrisa se dibuja de nuevo en su rostro.

  • “Papá…” – murmura Trunks.

El mestizo mira a sus enemigos y aprieta los puños con fuerza.

Los guardianes disparan.

Un torrente de energía verde avanza a toda velocidad hacia el mestizo.

Pero de repente, con una serenidad sorprendente, Trunks se coloca de perfil al ataque y extiende su mano derecha hacia él.

El ataque impacta en su mano y se detiene por completo.

El jardín es arrasado a su alrededor, pero Trunks resiste. 

Los guardianes, sorprendidos, aumentan el poder de su ataque, que engulle por completo a Trunks y arrasa el jardín.


Una gran explosión azota parte del planeta y una gran polvareda se levanta.

Pero a medida que se desvanece el humo, la silueta de Trunks se adivina entre los escombros. 

  • “Ahora lo entiendo.” – murmura el mestizo, con los ojos cerrados.

El mestizo se yergue impertérrito frente a sus enemigos.

  • “Yo siempre he peleado por miedo.” – piensa Trunks. – “Para corregir mis errores. Siempre he ido un paso por detrás. Siempre he llegado tarde.”

Los guardianes observan al mortal que tienen en frente con asombro.

  • “Pero esta vez… esta vez puedo arreglarlo.” – piensa el mestizo. – “Esta vez tiene solución. Puedo cambiar el pasado… ¡No es demasiado tarde! ¡Puedo salvarlos a todos!”

En su mente, Trunks puede ver a Cheelai y a Gohan Jr sonriendo.

  • “¡Os salvaré!” – insiste el mestizo. – “¡Lo prometo!”

Los guardianes se miran entre ellos con claras dudas.

  • “Este será… mi último propósito.” – sentencia el mestizo.

Mirai Trunks abre los ojos y revela sus pupilas grises.

Los guardianes dan un paso atrás, asustados.

El aura del mestizo estalla de color dorado, pero pronto adopta tintes rojizos.

Los guardianes agarran fuerte sus varas y se ponen en guardia, dispuestos a hacer su trabajo.

En un abrir y cerrar de ojos, Mirai Trunks aparece frente a uno de los guardias mientras da una pirueta y propina una fuerte patada que parte su vara en dos y luego lo remata con un golpe con el dorso del puño en la cara que lanza al guardián de regreso al palacio.

El segundo intenta atacar con un golpe de vara, pero Trunks detiene el ataque y agarra el bastón con ambas manos.

Con una fuerza desmedida, el mestizo levanta al guardia del suelo y lo empuja con su propia vara, lanzándolo a varios metros de distancia.

El guardián, que logra mantenerse en pie, intenta reponerse, pero Trunks lanza la vara como una jabalina que impacta directamente en su frente, haciendo que el guardián detenga su avance y caiga de espaldas al suelo.

El guardián retrocede a gatas, aterrado, mientras Trunks se acerca a él.

  • “Sé que puede oírme, Señor Zeno.” – dice el mestizo, mirando fijamente a los ojos de su aterrado adversario mientras su aura se desvanece y sus ojos vuelven a la normalidad. – “Sé lo que debo hacer y voy a hacerlo. No permitiré que me detengan. Ni siquiera usted.”

En el palacio, Zeno frunce el ceño.

Una docena de guardianes surge del palacio y vuelan directos hacia el mestizo.

Trunks levanta su mano y reclama el mango roto de su espada.

Con un destello verde, Trunks abandona el planeta.

ESPECIAL DBSNL /// Sin Futuro // Universo 7 / Parte IV: El último jardín

Sin Futuro / Parte IV: El último jardín

“Necesito su ayuda.”

Mirai Trunks recorre un paradisíaco jardín escoltado por dos individuos altos y delgados de piel azul, vestidos con elegantes ropajes tradicionales japoneses verdes y amarillos.

  • “Ha pasado mucho tiempo.” – sonríe Trunks.

Los escoltas no responden.

Los tres caminan hacia un palacio tradicional japonés en el centro del jardín.

Mientras tanto, en la base espacial, Pino ha regresado del control de plagas y habla con un preocupado Ikose.

  • “¿No ha dicho a dónde iba?” – pregunta el Número 16.

Ikose lo niega.

  • “Espero que no cometa ninguna estupidez…” – dice el joven.
  • “Debemos confiar en su criterio.” – sonríe Pino, intentando calmar a su compañero.

En el interior del palacio, Mirai Trunks se arrodilla frente a Zunoh, que le espera en el centro de la sala, sentado de rodillas sobre un cojín.

  • “Bienvenido.” – sonríe el hombre de gran cabeza.
  • “Necesito su ayuda.” – Trunks hace una reverencia.

Zunoh se pone serio.

  • “¿En qué podría ser yo de ayuda?” – pregunta Zunoh. – “A duras penas puedo mantener esas raíces fuera de mi jardín.”
  • “¿Sabe cómo podría detenerlas para siempre?” – pregunta Trunks.
  • “Ya te lo dije hace mucho tiempo.” – responde Zunoh. – “Es imposible.”
  • “No me lo creo.” – replica Trunks, apretando los puños, conteniendo su enfado.

Zunoh levanta una ceja, molesto por el tono del mestizo. Los guardias fruncen el ceño.

  • “Cuidado con tu tono, muchacho.” – advierte el cabezón.
  • “Tiene que haber una forma de arreglarlo.” – insiste el mestizo, más calmado.
  • “La decisión la tomaron los mortales.” – dice Zunoh.
  • “Si hubiéramos detenido a Raichi a tiempo…” – refunfuña él.
  • “Ese árbol está arraigado en este Universo y ha atado su destino para siempre.” – insiste el cabezón. – “Ya lo sabes.”

En el interior de Trunks, Whis le toca el hombro, sobresaltándolo.

  • “Déjame hablar.” – dice el ángel.

El ojo gris se revela en su rostro.

  • “¿Acaso tienes algo que decir, Whis?” – pregunta Zunoh al notar la presencia del ángel.
  • “Creo que podría haber una manera.” – responde Whis.
  • “Alterar el curso de la historia…” – murmura Zunoh. – “Ya sabes que ese es un juego peligroso… y fútil. Los dos deberíais saberlo.”
  • “Es cierto que el destino del Universo está atado por ese árbol, pero eso es algo que podría jugar a nuestro favor.” – insiste Whis.
  • “Hmm…” – murmura el cabezón.
  • “En condiciones normales, cambiar el pasado crearía una nueva línea temporal…” – explica el ángel. – “Pero en este caso, las raíces lo impiden. Lo que podría suponer…”

Zunoh agacha la cabeza mientras niega.

  • “Lo siento, Whis.” – dice el cabezón.
  • “¿Eh?” – se sorprende el ángel.
  • “Lo que sugieres…” – dice Zunoh. – “Dos mundos ocupando un mismo espacio y tiempo. Podría significar la destrucción del Todo.”
  • “Podría ser su salvación.” – insiste Whis.

Zunoh niega de nuevo.

  • “Hay otra forma.” – dice el cabezón.
  • “¿Otra forma?” – se sorprende el ángel.
  • “Mi poder se ha debilitado.” – dice Zunoh. – “El árbol está tomando toda la fuerza vital del Universo. Es cuestión de tiempo que lleguen hasta aquí.”
  • “Por eso hay que actuar rápido.” – insiste Whis.
  • “Si consiguiera uno de esos frutos…” – aprieta los puños Zunoh.
  • “¿Cómo dice?” – se preocupa el ángel al oír tales palabras.
  • “Podría detenerlo yo mismo.” – dice el cabezón.
  • “Señor…” – dice Whis, con temor en su voz.
  • “Un fruto lo suficientemente fuerte.” – dice Zunoh.

Whis mira de reojo a los guardias, que parecen tensos.

La voz en el interior de Trunks retumba.

  • “¡Nos vamos, Trunks!” – advierte Whis.

Una vara morada con detalles dorados en los extremos se materializa en la mano derecha de cada guardia.

Trunks se agacha rápidamente como si hiciera una reverencia, evitando recibir un golpe de una de los guardias que lo hubiera decapitado.

El segundo le golpea con el mismo propósito, pero Trunks desenvaina levemente su arma, deteniendo así el bastón del enemigo a pocos centímetros de su cuello.

Trunks genera un estallido de ki que empuja a los guardias para generar el espacio suficiente para poder levantarse.

Con el arma desenvainada, Trunks apunta a Zunoh.

  • “Si algo ha hecho daño al Universo, es su miedo, Señor Zeno.” – dice la voz de Whis.

Zunoh le aguanta la mirada al ojo gris. 

  • “Capturadlo.” – murmura el cabezón.

Los guardias se abalanzan sobre Trunks e intentan golpearle a la vez con sus varas, pero Trunks usa su arma para detener los dos golpes simultáneamente.

Pero pese a detener las varas, el impacto es tan fuerte que sale disparado a través de las puertas del castillo hasta el jardín.

Trunks se levanta dando una pirueta y empuña su arma con ambas manos.

  • “Esto no ha salido nada bien.” – refunfuña el mestizo.
  • “No te distraigas.” – sugiere Whis. – “Son tan hábiles como yo.”

Los dos guardias se abalanzan a toda velocidad sobre el mestizo, que repele el primer golpe con su espada y esquiva el segundo con una pirueta, intentado ganar distancia.

ESPECIAL DBSNL /// Sin Futuro // Universo 7 / Parte III: Kami no Niwashi

Sin Futuro / Parte III: Kami no Niwashi

“Servirás de ofrenda al Árbol del Universo”

En la base terrícola, Mirai Trunks descansa sentado en un banco de un jardín protegido por una gran cúpula metálica que proyecta un cielo soleado artificial. Una estatua de una joven Bulma vestida con su ropa de namek posa con los brazos en jarra en el centro del parque; “Hope!!” dice el texto en el pilar que la presume. Un grupo de niños terrícolas corretean persiguiendo un balón a su alrededor.

  • “Lo estoy intentando…” – murmura Trunks, que agacha la cabeza, cansado y con cierta vergüenza. – “Te prometo que lo estoy intentando.”

En ese momento, Ikose se acerca a Trunks y lo saca de su trance.

A los pies del gigantesco árbol universal, sobre una de sus raíces, tan grande que cuesta apreciar su curvatura, frente a lo que parece un gran muro de madera que cubre el horizonte, que realmente es el tronco del árbol infinito, Punch cae de rodillas; su cuerpo está lleno de heridas graves y su ropa hecha trizas.

Sarra y Cenia escoltan al hijo de Hit, mientras Lusitan da un paso al frente y lo presenta.

  • “¡Traigo a un hereje!” – exclama el sectario.

Rajah, Aldro y Vanda presiden la ofrenda.

  • “Al fin lo atrapamos.” – sonríe Aldro.
  • “Quedan pocas ofrendas como esta.” – añade Vanda.

Rajah, de brazos cruzados, da un paso al frente, acercándose al malherido Punch.

  • “Servirás de ofrenda al Árbol del Universo.” – dice del sectario. – “No hay mayor honor para un mortal. Siéntete afortunado.”

Punch, sin fuerzas, escupe un salivajo ensangrentado al suelo.

Sin dudarlo, Rajah propina un rodillazo a Punch, haciendo que caiga de espaldas.

  • “¡Ten cuidado, Rajah!” – exclama Lusitan, molesto. – “Nos ha costado mucho traerlo hasta aquí con vida.”

Punch, tirado en el suelo bocarriba, mira al cielo. El muro de madera se desvanece en el infinito, entre unas nubes verticales que se han generado alrededor del tronco, que ha generado su propio clima. Las ramas están tan lejos que no pueden apreciarse ni lo más mínimo.

Sarra y Cenia refunfuñan mientras van a recoger a Punch.

Pero de repente, un destello verde en el cielo llama la atención de todos los presentes.

Un torrente de energía cae entre Punch y los enemigos, revelando dos siluetas en su interior.

Rajah frunce el ceño.

El destello se desvanece y revela a Mirai Trunks, con su mano en el mango de su espada, listo para desenfundar. Ikose, de pie a su lado.

Rajah sonríe con picardía.

  • “Trunks” – murmura el sectario.

Aldro y Vanda sonríen también, mientras Sarra y Cenia, más cercanos al recién llegado, se ponen en guardia.

Ikose corre a socorrer a Punch.

Rajah no parece preocupado por la presencia de los dos herejes.

  • “Este es un lugar sagrado.” – advierte Lusitan.

El mestizo no responde.

Ikose levanta levemente la cabeza de Punch.

  • “Está muy débil, Trunks.” – confirma el joven.

Aldro frunce el ceño.

  • “Tenemos la oportunidad de acabar con él.” – dice el sectario. – “El árbol apreciará su sacrificio.”
  • “No combatiremos aquí.” – insiste Lusitan. – “Y menos con esa cosa presente.” – añade mirando a Ikose.

Sarra y Cenia empuñan sus armas. Trunks, instintivamente, responde desenfundando su espada.

  • “¿Es que no habéis oído a Lusitan?” – dice Rajah con tono severo.
  • “Lo… lo sentimos…” – se calman todos los sectarios.

Trunks mira a los seis enemigos. Una gota de sudor recorre su frente.

Ikose carga a Punch sobre su hombro.

  • “Necesita ayuda urgente.” – dice el androide.

Trunks asiente y enfunda su arma.

Rajah mira fijamente al ojo gris del mestizo, que le devuelve la mirada.

  • “Hasta pronto, Trunks.” – se despide el sectario.

Trunks, Ikose y Punch desaparecen repentinamente.

Los sectarios se quedan solos, refunfuñando sobre la oportunidad perdida.

Rajah sonríe.

  • “El momento llegará.” – dice el sectario. – “No os preocupéis.”

En la base terrícola, Punch ya está siendo atendido por Oli en el laboratorio, mientras Trunks e Ikose esperan fuera.

  • “No pensé que saliéramos de allí con vida…” – suspira Ikose.
  • “El Árbol es sagrado para los Niwashi.” – dice Trunks. – “Por eso no nos atacaron.”
  • “Kami no Niwashi; Jardineros de Dios…” – murmura Ikose. – “Malditos fanáticos.”

Trunks cierra los ojos. En su mente puede oír escenas de la batalla contra Raichi en el planeta oscuro hace ya tantos años.

Pero de repente, las puertas del laboratorio se abren y sale Oli.

Impacientes, Trunks e Ikose la miran, esperando las noticias.

Oli niega con la cabeza, apenada.

  • “Sus heridas son muy graves.” – dice la doctora. – “No sé si puedo salvarlo.”

Trunks entra corriendo al laboratorio, dejando atrás a Oli e Ikose.

El mestizo se acerca a la cama donde descansa Punch conectado a una decena de aparatos y se arrodilla a su lado, agarrándole la mano.

  • “Punch…” – dice Trunks. – “Lo siento…” – añade con los ojos llorosos.

El joven no responde, inconsciente.

Oli e Ikose entran al laboratorio y se detienen en la puerta para dejar espacio a Trunks.

El mestizo se levanta y se queda un momento de pie en silencio junto a Punch.

  • “Trunks…” – dice Oli con ternura.

El mestizo se dirige a la salida, pasando entre Ikose y Oli sin mirarlos.

  • “¡Trunks!” – exclama Ikose.
  • “¡TRUNKS!” – insiste Oli.

Pero el mestizo abandona el laboratorio con paso firme sin hacerles caso.

Los dos persiguen a Trunks hasta el exterior, pero el mestizo ya no está.

Oli e Ikose se miran el uno a otro, temiendo la reacción de su amigo.

ESPECIAL DBSNL /// Sin Futuro // Universo 7 / Parte II: Un nuevo hogar

Sin Futuro / Parte II: Un nuevo hogar

“Somos gente de costumbres.”

En un lugar remoto del Universo, un Punch adulto, vestido con una gabardina remendada de Koros, camina por un campo de hongos gigantes mustios cubiertos por centímetros de nieve cuando un insecto humanoide sale a recibirlo armado con un rudimentario blaster, hecho posiblemente de piezas viejas de otras armas.

  • “Tranquilo, granjero.” – dice Punch, levantando las manos. – “Solo estoy de visita.”

Punch sonríe.

  • “Parece que Dorakiya tiene tan poco sustrato que el árbol casi no ha arraigado aquí…” – piensa el hijo de Hit. – “La teoría de la doctora Oli era cierta. Podríamos establecer una nueva base en este lugar…”

Pero de repente, Punch siente dos presencias detrás de él.

  • “¡¿EH?!” – se asusta el hijo de Hit.

Un individuo de apariencia infantil de piel verde lima de orejas puntiagudas y cabello rojo desaliñado, con el tatuaje rojo de raíces asomando por su cuello, vestido con pantalón bombacho negro, descamisado y con una larga bufanda roja alrededor del cuello va armado con tekko kagi (guanteletes con tres garras metálicas que se extienden desde los nudillos simulado zarpas). 

Lo acompaña una mujer de piel rosada con cabellera rubia vestida con vestido negro adornado con un corpiño azul, luciendo el tatuaje en sus brazos y en su cuello. Va armada con dos afilados abanicos que abre al sentir que Punch ha detectado su presencia.

Mientras tanto, en otro punto del Universo, Trunks abre los ojos, tumbado en el interior de lo que parece ser un laboratorio.

  • “Ya era hora…” – suspira una voz de mujer.

El mestizo mira la mujer que se encuentra a su lado, vestida con una bata blanca de laboratorio, y durante un instante cree ver a su madre… pero resulta ser Oli.

  • “Doctora Oli…” – murmura Trunks.
  • “¿Cómo te encuentras, muchacho?” – pregunta ella.
  • “Cansado.” – responde el mestizo.
  • “Pino dice que, si no llega a ser por ellos, esta vez no lo cuentas.” – dice Oli.
  • “Exagera.” – sonríe el hijo de Bulma.
  • “Lo digo en serio, Trunks.” – dice la doctora, canalizando su pesar de madre. – “Si sigues así, un día…”

En ese instante, Ikose entra por la puerta con alegría, vestido con un poncho marrón y pantalón morado.

  • “¿Ya se ha despertado?” – pregunta el aún joven terrícola.
  • “Justo ahora.” – responde Oli.
  • “Hola, Ikose.” – sonríe Trunks. – “¿Hay noticias de Punch?”

En Dorakiya, el granjero yace en el suelo hecho trizas. 

Punch retrocede tras ser empujado por el viento generado por los abanicos de su adversaria.

  • “Je…” – sonríe Punch, confiado.

El enemigo pelirrojo se abalanza sobre él por la espalda, pero Punch escupe una nube de humo negro denso que pronto se expande y lo oculta por completo.

El enemigo se adentra en la nube negra.

  • “Tsk…” – refunfuña.

Con un golpe de abanico, la mujer hace desvanecer la humareda, revelando a su compañero, pero sin rastro de Punch.

  • “¿Dónde se ha metido?” – murmura el pelirrojo. – “¡Cenia! ¡¿Le has visto huir?!”
  • “No he visto nada.” – responde ella. – “No me digas que se te ha escapado…”
  • “¡A mí no se me ha escapado!” – protesta él.
  • “Sarra…” – gruñe ella, frustrada.
  • “¡Tenías que estar atenta!” – insiste el pelirrojo.

De repente, el suelo bajo los pies de Sarra se ilumina, alarmando al joven, que pronto es engullido por una gigantesca explosión.

Cenia mira a su alrededor, nerviosa, cuando Punch aparece detrás de ella.

  • “¿Me buscabas?” – dice él en todo amenazante.

La mujer se revuelve, intentando cortar con su abanico a su adversario, pero Punch detiene el golpe agarrándola de la muñeca y contraataca con un fuerte rodillazo en su espalda.

  • “¡AH!” – sufre ella.

Punch, que sigue agarrándola, la proyecta con una técnica de judo hacia un chamuscado Sarra, contra el que choca.

  • “¡¿Qué haces?!” – protesta él.

Punch realiza un rápido gesto de manos, anunciando su próximo ataque.

  • “¡¡BURNING ATTACK!!” – dispara.

La esfera de energía avanza rápidamente hacia los enemigos, pero Sarra intenta detenerla cruzando sus garras frente al orbe de ki.

  • “Tsk…” – resiste el enemigo.

Punch sonríe y apunta a su propio ataque con los dedos índice y corazón de su mano derecha.

  • “¡HA!” – exclama.

El ataque estalla, engullendo a sus contrincantes.

  • “Je…” – sonríe Punch, satisfecho.

Pero de repente, un tercer enemigo aparece frente a él, descendiendo en mitad de la nube de polvo generada y desvaneciéndola al pisar el suelo con un pequeño estallido de ki invisible.

El enemigo luce dos cuernos negros retorcidos que destacan con su piel amarilla y sus labios azules. Viste una túnica negra sobre la que lleva un chaleco morado que parece unido a una gran capa del mismo color. Lleva un otsuchi, un gran martillo de madera con larga empuñadora, apoyado en su hombro. 

Punch frunce el ceño.

Al disipar la polvareda, se revela que Sarra y Cenia, pese a haber recibido daños menores, siguen listos para seguir peleando.

  • “Lusitan…” – murmura Sarra.
  • “¿No os habéis cansado de jugar?” – dice el recién llegado, serio.
  • “Solo le poníamos a prueba…” – se excusa Cenia.

Punch se cruza de brazos con cierta chulería.

  • “Me preguntaba dónde estaba el tercero…” – dice el ahijado de Trunks.
  • “Parece que ya conoces nuestros métodos.” – sonríe Lusitan.
  • “Sois predecibles.” – responde Punch.
  • “Somos gente de costumbres.” – replica Lusitan. – “Y pronto serás el protagonista de la más importante.”

Punch se quita la gabardina y el viento se la lleva.

  • “Tenéis mucha fe en vuestro culto.” – dice el hijo de Hit.
  • “El árbol dicta el futuro de todos.” – dice Lusitan, recitando cuál monje.
  • “Él cosecha. Él provee.” – continúa Sarra.
  • “Somos sus siervos. Él nos bendice.” – añade Cenia.

Punch se pone en guardia.

En la base en la que ha despertado el hijo de Vegeta, él e Ikose caminan por un túnel cristalino que deja ver el exterior; un páramo completamente nevado, con un cielo negro y sin estrellas. Trunks tiene la mayoría de su cuerpo vendado y camina con una muleta.

  • “Cada vez que miro por la ventana me cuesta creer que ahora llamemos a esto hogar.” – dice murmura Ikose.

En ese instante, un zoon se cruza con él y lo mira de reojo.

  • “Lo siento, lo siento…” – se excusa Ikose. – “No quería…”

El zoon sigue su camino mientras refunfuña, molesto.

  • “Solo los planetas escasos en recursos sobreviven a las raíces.” – dice Trunks.
  • “Lo sé.” – dice Ikose. 

Mientras tanto, Pino lidera a un grupo de soldados de distintas razas en una expedición por la superficie nevada del planeta; algunos de ellos llevan escafandras para poder resistir la pobre atmósfera y la gravedad del planeta.

Los soldados analizan una de las gigantescas raíces que se adentran en el planeta y toman muestras, cuando de repente un trozo de raíz se desintegra con suma facilidad, revelando un túnel en su interior.

  • “¡General Pino!” – exclama el soldado.

Pino se acerca al agujero y mira en su interior, donde puede identificar una red de túneles que recorren la raíz.

Pino se quita uno de sus puños y apunta con su cañón de antebrazo al interior del túnel.

  • “¡HAAAAAA!” – dispara. 

El cañonazo de energía inunda los túneles, cuyo brillo puede verse desde el exterior, recorriendo la raíz en ambas direcciones.

Varios agujeros se revelan a lo largo de la raíz, y al emanar la luz del ataque de Pino por ellos se escuchan chillidos de criaturas que estremecen a los soldados.

De uno de los agujeros salen chamuscados dos engendros rosados con cierto parecido a la los crustáceos, con ojos saltones amarillos y exoesqueleto.

Los dos recorren la raíz a cuatro patas mientras chillan.

  • “¡CUIDADO!” – advierte un soldado.

Pero uno de los monstruos se abalanza sobre él y le muerte el cuello.

Rápidamente, la energía vital del soldado se desvanece, quedándose deshidratado, pues la criatura bebe toda su agua.

Las alarmas suenan en la base, alarmando a Trunks e Ikose.

  • “¡¿Otra vez ellos?!” – se preocupa el mestizo.

Pero la voz de megafonía pronto les saca de dudas.

  • “Plaga identificada en el sector 32.” –  anuncia.
  • “Pino lidera el escuadrón de reconocimiento.” – dice Ikose, tranquilizando a Trunks. – “No te preocupes.”

Pino lanza su puño volador y de un golpe aplasta el cráneo de uno de los crustáceos contra la raíz.

El otro enemigo salta ágilmente, buscando la espalda del androide y se abalanza sobre él, mordiéndole el cuello.

Pino ni se inmuta.

Pero el crustáceo deja de morder al androide al notar el amargo sabor de su sangre artificial.

Pino agarra a la criatura y la lanza contra el suelo para después pisarle la cabeza.

Los soldados que lo acompañan respiran aliviados.

Pino se coloca de nuevo el puño.

  • “Sellad los túneles.” – dice el General. – “No deberían causar más problemas.”
  • “¡Sí, señor!” – responden sus hombres.