ESPECIAL DBSNL /// Emperador Freezer // Universos 3 y 5 / Parte III: Mitos y leyendas

Emperador Freezer / Parte III: Mitos y leyendas
“¡Una nave está entrando en la atmósfera!”


Han pasado varios meses desde la destrucción de Nuevo Namek. Freezer, obsesionado con vengarse de Goku, ha pedido que le preparen una nave.

– “¿A dónde se dirige, señor?” – le pregunta su consejero.
– “Al planeta Mogina” – responde Freezer.
– “¿Mogina?” – se extraña su hombre de confianza. – “¡Aún no hemos conseguido doblegar ese planeta! Shisami se dirige allí para calmar las revueltas…”
– “Iré personalmente. Que Shisami se adelante y prepare mi llegada.” – insiste el tirano. – “Me apetece hacer ejercicio” – añade con una sonrisa.
El tirano y una pequeña patrulla parten hacia ese planeta, al que llegan en unas semanas.
La nave aterriza en una zona asegurada por los hombres de Freezer. Shisami recibe al Emperador con una reverencia.

– “¿Cuál es la situación?” – pregunta Freezer.
– “Hemos dejado de avanzar; tal y como ordenó. Parece que eso ha animado a los Moginanos, que lo han tomado como una victoria.” – responde el toro rojo.
– “Excelente” – sonríe Freezer.
– “¿Cuál es el plan, señor?” – pregunta Shisami.
– “Yo me encargaré” – responde Freezer, que empieza a caminar hacia la zona de combate. – “No os entrometáis”.
Shisami queda asombrado al ver que Freezer quiere participar de forma activa en la conquista de un planeta. Lejos queda el tirano acomodado que vivía en su forma reducida y lejos de la línea de fuego.
Tras unas horas de lucha, todo ha acabado. Freezer, apenas magullado, vuelve a la nave.

– “Buscad a los que se esconden y acabad con ellos” – ordena el Emperador.
– “¡Sí, señor!” – responde Shisami.
Freezer, durante los años siguientes, continúa viajando de planeta en planeta, poniendo a prueba sus habilidades, esperando algún día conseguir el poder necesario para humillar al Súper Saiyajín.
En uno de sus viajes, tras masacrar un planeta y recuperarse en la cámara de curación, el Tirano se está secando con una toalla cuando un soldado entra en la enfermería alarmado.

– “¡Señor Freezer! ¡Emperador!” – exclama agitado.
– “¿Qué ocurre?” – pregunta Freezer, molesto por el alboroto.
– “¡Una nave está entrando en la atmósfera!” – exclama el soldado.
– “¿Cuál es su origen?” – pregunta el Emperador.
– “¡Es nuestra, señor! ¡Es una nave imperial!” – revela el mensajero.
Freezer sale al exterior y contempla como en el horizonte la misteriosa nave aterriza.

– “Han pasado muchos años…” – murmura Freezer. – “¿A qué has venido, hermano?”
La nave abre sus compuertas y extiende su pasarela. Un demonio del frío desciende por ella acompañado de varios soldados variopintos. Los soldados visten armaduras del Imperio, pero con ciertas modificaciones; con las hombreras cuadrangulares y de aspecto reforzado. Entre los hombres del demonio destaca un espigado guerrero de piel violeta y ojos rasgados.

– “Señor Cooler” – dice el soldado. – “La nave de su hermano se encuentra al Sur-Este.”
– “Bien” – responde el demonio del frío. – “Ha llegado el momento de reclamar lo que me pertenece” – añade con una sonrisa terrorífica.
Cooler y sus soldados vuelan hasta la nave de Freezer, donde el tirano les espera.

– “Hola, hermanito” – saluda Cooler al tomar tierra.
– “Cooler…” – murmura Freezer de forma irrespetuosa. – “¿Qué has venido a hacer aquí?”
– “Han llegado a mis oídos las noticias sobre tu enfrentamiento con el Súper Saiyajín y la muerte de nuestro padre en la Tierra” – responde Cooler.
– “Llegas varios años tarde al funeral…” – responde Freezer.
– “Y también he oído que has ocupado su lugar” – continúa Cooler.
– “Has oído bien” – responde el tirano con una sonrisa burlona.
– “Sabes que ese trono me pertenece, Freezer” – le dice Cooler.
– “Papá te desterró” – le corrige el tirano.
– “¡Sabes que fue injusto!” – exclama Cooler apretando con rabia su puño.
– “No soy nadie para corregir un decreto del Emperador” – sonríe Freezer.
Cooler respira hondo e intenta calmarse.

– “Sé que no vas a ceder” – dice Cooler. – “Así que te propongo un trato”.
– “¿Quieres negociar?” – se burla el Emperador. – “¿Qué tienes tú que pueda interesarme?”
– “Te ofrezco mis tropas y mis planetas conquistados a cambio de los recursos imperiales para seguir con mi búsqueda” – explica Cooler.
– “¿Hombres? ¿Planetas? ¡Jujuju!” – responde Freezer con sorna. – “Podría tomarlos ahora mismo” – dice alzando su dedo y apuntando a su hermano.
– “Si encuentro lo que busco, ambos saldríamos beneficiados” – responde Cooler manteniendo la calma.
– “No me interesa” – responde Freezer mientras su dedo índice se ilumina.
– “Busco la semilla del Árbol Sagrado” – revela Cooler.
– “Estúpidas leyendas…” – responde Freezer rechazando tal idea.
– “Sí. Cómo las Dragon Balls o el Súper Saiyajín” – responde Cooler con una pícara sonrisa.
Freezer, contrariado, baja su dedo y fuerza una sonrisa.

– “¿Qué necesitas, querido hermano?” – le pregunta en tono sarcástico.
Ambos viajan hasta la nave de Cooler y éste le muestra sus hallazgos a su hermano pequeño.

– “¿Qué sabes del Árbol Sagrado?” – le pregunta Freezer.
– “Al parecer, la semilla del Árbol proviene de un planeta llamado Monmaas.” – explica Cooler.
– “¿Monmaas?” – se extraña Freezer. – “¿El planeta de los gigantes?”
– “Sí.” – responde Cooler. – “Eso explicaría lo que dice la leyenda. El Árbol necesita muchos nutrientes y energía para sobrevivir, así que cuando su semilla se planta en otro planeta, en unas horas puede acabar con todos sus recursos naturales.”
– “Interesante…” – murmura el tirano.
– “Uno de mis hombres encontró una pista sobre su paradero en un asteroide cerca de Wagashi” – explica el hermano mayor.
– “¿Y dónde está tu soldado?” – pregunta Freezer.
– “Perdí contacto con él cuando se dirigía a Babarian” – responde Cooler.
– “Pues hagámosle una visita”– sugiere el Emperador.
– “¿Quieres acompañarme?” – se extraña Cooler. – “¿Tú? ¿Ensuciándote las manos?”
– “¿Quieres ir sólo? ¿Para conseguir el fruto sagrado y traicionarme?” – sonríe Freezer. – “Sé muy bien cuál es tu plan, Cooler. No me tomes por idiota.”
Ambos demonios del frío viajan hasta Babarian. Al sobrevolar el planeta, poco antes de aterrizar, observan cómo éste ha sido arrasado por un fiero combate.

– “Parece que tu hombre ha pasado por aquí…” – se burla Freezer. – “¿Es que no puedes mantener a tus soldados a raya, hermano?”
– “Ya conoces a los saiyajín…” – responde Cooler.
– “¡¿Cómo?!” – se sorprende Freezer. – “¡¿Has dicho un saiyajín?!”
– “Le encontré en un planeta arrasado” – responde Cooler. – “Supuse que fue enviado allí cuando era un niño y tras la desaparición del planeta Vegeta nadie se acordó de él”.
– “¿Y cómo osaste reclutarle?” – murmura Freezer. – “¡Conoces la leyenda del Súper Saiyajín!”
– “Contaba con ella” – sonríe Cooler.
– “Ya veo…” – murmura Freezer. – “Si resultaba ser el Súper Saiyajín, pensabas usarlo contra mí” – sonríe. – “Estoy impresionado”.
– “Ahora que ya sabemos que no es él, ya no me interesa” – responde Cooler. – “Le he tolerado muchas cosas, pero esta vez será ejecutado por traición”.
Tras aterrizar, ambos hermanos salen de la nave y se acercan con sus tropas a una aldea Babarian arrasada. Hay decenas de cadáveres en el suelo, brutalmente asesinados.

– “Nadie se acerca a este planeta” – dice Cooler. – “Bárbaros sin escrúpulos. Caníbales salvajes. Tierra poco fértil.”
– “Un lugar perfecto para mantener oculta la semilla del Árbol” – añade Freezer.
De repente, un Babarian herido se abalanza sobre Freezer por su espalda, pero en el último instante es abatido por uno de los soldados de Cooler.

– “Buen disparo, soldado” – le felicita Freezer. – “¿Cómo te llamas?”
– “Tagoma, señor” – responde le espigado soldado.
– “Noto algo extraño en ti, Tagoma” – murmura Freezer. – “Pero no consigo saber qué es…” – dice mientras se acerca al soldado y le inspecciona de cerca.
– “Deja en paz a mis soldados” – le interrumpe Cooler.
– “Jujuju” – ríe el tirano. – “Lo siento.” – se disculpa mientras vuelve a la nave.
Un soldado brench de piel anaranjada y pelo negro se acerca a Freezer.

– “¡Señor Freezer!” – exclama el soldado. – “¡Hemos encontrado esto!” – dice enseñándole el mango de una espada a su señor. 
– “Parece que Turles no sólo encontró resistencia Babarian.” – murmura Cooler. – “Alguien más buscaba la semilla…”. 
Cooler se acerca a Freezer y le arrebata la empuñadura de la espada para examinarla.

– “Es hierro Imegga” – dice Cooler. – “Las armaduras de mis hombres tienen trazas de este material… Y conozco perfectamente este sello.” – añade contemplando un logotipo en el pomo del arma.
– “Bien…” – responde Freezer. – “Supongo que allí encontraremos respuestas.
– “¡Nos vamos a Imegga!” – exclama Cooler. – “¡Preparad la nave!”
– “¡Sí, señor!” – responden sus hombres.
En unos días, los dos hermanos aterrizan en Imegga y son recibidos por su gobernador, un viejo conocido del Imperio, pues es uno de sus principales socios en el tráfico de planetas.

– “¡Cuánto tiempo, Emperador Freezer!” – exclama el gobernador al recibir a Freezer en su despacho. 
– “No me hagas la pelota, Don Kee” – responde el tirano. – “Hemos venido porque buscamos información.”
El despacho se encuentra en el ático de un enorme rascacielos. Es amplio y con muebles extremadamente modernos. Sobrecargado con esculturas y bustos del gobernador.
A Don Kee le acompaña su hombre de confianza. Un ser de apariencia extraterrestre, con tez azul y pupilas lilas, con una cabeza en forma de pirámide invertida. Viste unas mallas moradas y una chaqueta roja.

– “Por supuesto, ¿qué sucede?” – pregunta el gobernador, que se queda desconcertado al ver a Cooler. – “¿Cooler? ¿Qué hace ese traidor aquí?”
– “Déjate de rollos.” – le corta Cooler. – “Ya sabe que nos conocemos”.
– “¿Qué? Pero…” – titubea Don Kee, temeroso de las represalias de Freezer.
– “Lo dejaré pasar por esta vez” – sonríe Freezer. – “Pero tienes que contarme porqué había restos de una espada con tu sello oficial en Babarian”.
– “¿Babarian?” – se hace el sorprendido el gobernador. – “Nunca he estado en ese planeta de salvajes”.
– “No dudo que tú te quedaste en tu mansión” – responde Freezer. – “¿Y él?” – añade refiriéndose al guardaespaldas.
El hombre de Don Kee ni se inmuta ante la acusación de Freezer.

– “No sabemos nada sobre ese tema” – insiste Don Kee.
Cooler da un paso al frente hacia el gobernador, y el guardaespaldas se interpone entre ambos rápidamente.

– “Al fin te mueves…” – sonríe Cooler desafiante.
– “No hay motivo para enfrentarnos” – calma los ánimos Freezer. – “Además, no pretenderás enfrentarte a dos demonios del frío, ¿verdad?”
Don Kee se levanta apresuradamente.

– “¡Está bien! ¡Tranquilos!” – exclama nervioso. – “¡Relájate, Ledgic!” – le dice a su hombre. – “¡Colaboraremos! Seguro que podemos llegar a un acuerdo.”
– “Siempre has sido un buen negociador, Don Kee” – sonríe Cooler.
– “Veréis…” – explica el gobernador. – “Vuestro hombre robó la información sobre la semilla de uno de mis informadores en el cuerpo de Patrulleros Galácticos.”
– “Tienes hombres en todas partes, ¿no es así?” – sonríe Freezer.
– “Ya sabéis como funciona esto” – responde Don Kee. – “Ledgic intentó detenerle en Babarian, pero fracasó. Aún así, consiguió colocar un rastreador en su nave”.
– “¿Y dónde está ahora?” – pregunta Cooler.
Cooler y Freezer viajan en su nave hacia el planeta que les ha indicado Don Kee.

– “Estamos llegando, señor” – informa uno de los hombres de Freezer.
Los hermanos se acercan al gigantesco ojo de buey de la nave y contemplan el planeta desolado y desértico.

– “Este planeta está muerto” – murmura Freezer.
– “Supongo que Turles ya ha plantado la semilla”. – responde Cooler.
Algo en la superficie del planeta llama la atención del Emperador.

– “¿Qué es eso?” – se extraña Freezer.
– “Parece…” – titubea Cooler. – “¡Es el Árbol!”
Un frondoso árbol de varios kilómetros de altura puede verse en el horizonte. Sus raíces han invadido gran parte de la superficie del planeta.
La nave aterriza y Freezer, Cooler y sus hombres salen al exterior.

– “Imagino que estará protegiendo el árbol” – dice Cooler. – “¡Voy a ejecutar a ese bastardo traidor!”
De repente, un grupo de cinco soldados con armaduras del ejército de Cooler rodean a los hermanos.

– “¿Qué significa esto, Cooler?” – desconfía Freezer.
– “Son hombres de Turles” – responde su hermano.
– “Le pido permiso para encargarme de ellos, señor” – dice Tagoma.
– “No es necesario” – responde Cooler. – “¡Queremos hablar con Turles!” – exclama dirigiéndose al soldado de Turles que tiene delante.
El soldado, grandullón de piel anaranjada y coleta oscura, sonríe al escuchar la petición del demonio del frío.

– “¡Turles se alzará como nuevo emperador del universo!” – responde el soldado. – “¡Vuestro reinado ha termi…!”
Pero un rayo mortal de Freezer interrumpe al soldado, atravesándole el corazón y matándole al instante.

– “Odio los discursos.” – se burla Freezer, mientras mira de reojo la cima de una colina. – “¡¿Por qué no dejas de esconderte y das la cara, saiyajín?!”
Sobre una de las gigantescas raíces, Turles, vistiendo una armadura de Cooler y envuelto en una capa de piel de zorro amarilla, observa la situación.

– “¿Habéis venido los dos?” – sonríe Turles. – “Eso no lo esperaba… ¡Qué honor!”


Dibujado por Torrijos

ESPECIAL DBSNL /// Emperador Freezer // Universos 3 y 5 / Parte II: Deseo cumplido

Emperador Freezer / Parte II: Deseo cumplido
“¿Qué has venido a buscar, Freezer?”


Unas semanas después de que Freezer se estrellara en el planeta Freezer 83, su cuerpo ha sido reparado y el nuevo Emperador se encuentra en perfectas condiciones; sentado en el trono que hasta hace poco ocupaba su padre.

– “Señor Freezer” – se arrodilla el consejero imperial. – “Me he tomado la libertad de preparar la flota. Mañana estará lista para atacar la Tierra.”
El tirano se levanta, ignorando a su consejero, y camina hacia la ventana, donde su mirada se pierde en el espacio.

– “No lo entiendes, ¿verdad?” – murmura Freezer.
– “¿Entender qué, señor?” – pregunta el sirviente.
– “El Súper Saiyajín no es alguien a quién podamos derrotar con cientos de naves” – responde el tirano. – “No… Debo eliminar a Son Goku con mis propias manos”.
– “Pero señor…” – insiste el consejero. – “La última vez…”
De repente, un rayo mortal atraviesa el pecho del consejero imperial, que cae al suelo sin vida.
Al escuchar el estruendo, varios hombres entran a toda prisa a la sala del trono y encuentran el cadáver en el suelo.
Freezer se abre paso entre sus hombres mientras sale de la sala.

– “Preparad una nave” – ordena el tirano. – “Y limpiad esto.”
En unas horas, la nave del Emperador está lista para partir.

– “¿A dónde vamos, señor?” – pregunta uno de los pilotos.
– “Namek” – responde Freezer.
En unos días, la nave imperial llega al lugar donde antes se encontraba dicho planeta.

– “No hay nada, señor” – dice uno de los tripulantes mientras observa el radar. – “Ni rastro del planeta”.

Freezer mira por el gigantesco ojo de buey.

– “Qué extraño…” – murmura el tirano. – “Pensé que habrían usado las Dragon Balls para reconstruirlo…”
– “¿Órdenes, señor?” – pregunta su subordinado.
– “Esos namekianos siguen vivos en alguna parte” – responde Freezer. – “¡Quiero que los encontréis!” – añade enfadado por su fracaso.
– “¡Sí, señor!” – responde el soldado. – “¡Se lo comunicaré a todas las naves!”.
Pero una búsqueda tan vasta y sin un punto de partida es exageradamente difícil.
Cuatro años después de total persistencia, parece que el rastreo ha dado sus frutos.

– “¡Lo tenemos, señor!” – entra apresuradamente un soldado en la sala del trono.
– “¿De qué se trata?” – pregunta Freezer, sentado en su sillón, con poco interés.
– “¡Nuevo Namek, señor!” – responde el peón.
Freezer se levanta de un salto.

– “¡Preparad mi nave!” – exclama el tirano.
Después de un largo viaje, la nave del Emperador aterriza en Nuevo Namek ante la aterrada mirada de los namekianos, que enseguida reconocen el gran platillo volante.
Freezer y sus hombres salen de la nave y son recibidos por un grupo de aldeanos, entre los que se encuentran Dende y el nuevo Gran Patriarca.

– “¿Qué hacemos, Gran Patriarca?” – le pregunta uno de los namekianos.
– “Debemos mantener la calma” – responde el anciano.
El tirano se acerca al namekiano y le reconoce.

– “Así que ahora tú eres quien manda…” – dice Freezer. – “Supongo que esa vieja babosa pasó a mejor vida…”
Todos los namekianos se molestan por el comentario sobre su padre.

– “¿Qué has venido a buscar, Freezer?” – pregunta el Patriarca. – “No vamos a entregarte las Dragon Balls, y aunque las consigas, nadie va a invocar al dragón para ti”.
Freezer sonríe de forma terrorífica.

– “Eso habrá que verlo” – responde el tirano.
El demonio del frío levanta su mano y apunta hacia la multitud de aldeanos.

– “¡No lo hagas!” – exclama el Patriarca.
Freezer dispara a discreción y aniquila parte de la multitud.

– “¡Así no conseguirás nada!” – insiste el Patriarca. – “¡Detente!” – suplica.
El Patriarca sufre en su interior la muerte de cada uno de sus compatriotas, pero sabe que no puede ceder ante el tirano.
Freezer hace caso omiso y sigue disparando.

– “¡Está bien!” – exclama una voz infantil – “¡Yo le ayudaré!”
Al oírlo, Freezer se detiene y busca al voluntario. Un pequeño namekiano surge de entre los aldeanos y avanza hacia el tirano.

– “Yo le llevaré hasta las aldeas donde se encuentran las Dragon Balls e invocaré a Polunga.” – dice el niño. – “Pero no haga daño a nadie más.”
– “No…” – se lamenta el Patriarca.
– “Al fin alguien que piensa en su gente…” – sonríe Freezer. – “¿Cómo te llamas?”
– “Cargo” – responde el namekiano.
– “¡Nos matará igualmente!” – interviene Dende.
Freezer mira a Dende y le reconoce.

– “Tú…” – murmura el demonio del frío.
– “¡Freezer es cruel y despiadado!” – insiste Dende. – “¡No te fíes de su palabra!”
– “No quiero morir otra vez” – responde Cargo con resentimiento. – “Proteger a nuestra gente debería ser más importante que las Dragon Balls”.
Freezer sonríe al ver que puede utilizar al namekiano.
Cargo da un paso al frente hacia el tirano.

– “¡Lo haré! ¡Pero deje en paz a los demás!” – repite Cargo mientras se arrodilla ante el tirano.
– “¿Cómo sé que vas a pedirle al dragón lo que yo te diga?” – le pregunta Freezer. – “Si vas a ayudarme, necesito una muestra de lealtad…”
– “Lo que sea” – responde Cargo.
– “Bien…” – sonríe el tirano. – “Mata al otro renacuajo” – exige, refiriéndose a Dende.
El patriarca se acerca a Cargo y le agarra del hombro.

– “¡No lo hagas!” – exclama el Patriarca zarandeándole.
– “¡Silencio!” – exclama el tirano disparando su rayo mortal a la rodilla del jefe namekiano.
El Patriarca grita de dolor y cae al suelo sujetándose la rodilla.

– “¡Gran Patriarca!” – exclama Dende, que se apresura en socorrerle.
– “Estoy esperando…” – dice Freezer. – “¡Mátale!”
El joven namekaino alza su mano y apunta a Dende mientras llora.

– “Lo siento…” – murmura Cargo.
– “Estás sentenciando nuestra raza…” – dice el Patriarca. – “…y posiblemente el universo”.
En unos días, Freezer y sus hombres han conseguido reunir las Dragon Balls y han invocado a Polunga.
Freezer, tras recuperar su cuerpo y lograr la vida eterna, ha eliminado al Dragón, para que nadie pueda interferir en sus planes.

– “Ahora debe cumplir su palabra” – le dice el pequeño Cargo. – “Deje Namek en paz.”
– “Jujuju” – ríe Freezer con una maléfica sonrisa. – “Creo que hoy vas a aprender una lección importante, chico…”
El miedo y la culpa embargan al joven namekiano.

– “¡NO!” – exclama Cargo. – “¡Me ha prometido que…!”
El tirano alza su mano y hace volar a Cargo con su poder telepático. Cuando lo ha elevado varios metros, Freezer cierra su puño y el pequeño estalla en mil pedazos.

– “¿Fuegos artificiales para celebrar su regreso, señor Freezer?” – comenta un soldado brench.
– “Jujuju” – se ríe el tirano. – “Eso es solo un aperitivo. Los verdaderos fuegos de artificio empezarán ahora.”
La nave de Freezer se eleva hasta abandonar la atmósfera namekiana. El tirano sale al exterior por la escotilla superior y contempla el gran planeta verde.

– “Esta vez me aseguraré de que estalle al instante” – sonríe Freezer con ánimo de venganza, mientras alza su dedo y genera una gigantesca esfera de ki. – “¡Desapareced!” – grita al lanzar su ataque contra el planeta.
Una explosión sorda ilumina el espacio mientras el tirano ríe satisfecho.
Con la desaparición de Nuevo Namek y la muerte de Piccolo a manos de los androides en la Tierra, las Dragon Balls han dejado de existir en los Universos 3 y 5.

DBSNL ESPECIAL // Universos 3 y 5 / Parte II: Deseo cumplido

DBSNL Especial // U3 y U5 / Parte II: Deseo cumplido
Unas semanas después de que Freezer se estrellara en el planeta Freezer 83, su cuerpo ha sido reparado y el nuevo Emperador se encuentra en perfectas condiciones; sentado en el trono que hasta hace poco ocupaba su padre.

– “Señor Freezer” – se arrodilla el consejero imperial. – “Me he tomado la libertad de preparar la flota. Mañana estará lista para atacar la Tierra.”
El tirano se levanta, ignorando a su consejero, y camina hacia la ventana, donde su mirada se pierde en el espacio.

– “No lo entiendes, ¿verdad?” – murmura Freezer.
– “¿Entender qué, señor?” – pregunta el sirviente.
– “El Súper Saiyajín no es alguien a quién podamos derrotar con cientos de naves” – responde el tirano. – “No… Debo eliminar a Son Goku con mis propias manos”.
– “Pero señor…” – insiste el consejero. – “La última vez…”
De repente, un rayo mortal atraviesa el pecho del consejero imperial, que cae al suelo sin vida.
Al escuchar el estruendo, varios hombres entran a toda prisa a la sala del trono y encuentran el cadáver en el suelo.
Freezer se abre paso entre sus hombres mientras sale de la sala.

– “Preparad una nave” – ordena el tirano. – “Y limpiad esto.”
En unas horas, la nave del Emperador está lista para partir.

– “¿A dónde vamos, señor?” – pregunta uno de los pilotos.
– “Namek” – responde Freezer.
En unos días, la nave imperial llega al lugar donde antes se encontraba dicho planeta.

– “No hay nada, señor” – dice uno de los tripulantes mientras observa el radar. – “Ni rastro del planeta”.

Freezer mira por el gigantesco ojo de buey.

– “Qué extraño…” – murmura el tirano. – “Pensé que habrían usado las Dragon Balls para reconstruirlo…”
– “¿Órdenes, señor?” – pregunta su subordinado.
– “Esos namekianos siguen vivos en alguna parte” – responde Freezer. – “¡Quiero que los encontréis!” – añade enfadado por su fracaso.
– “¡Sí, señor!” – responde el soldado. – “¡Se lo comunicaré a todas las naves!”.
Pero una búsqueda tan vasta y sin un punto de partida es exageradamente difícil.
Cuatro años después de total persistencia, parece que el rastreo ha dado sus frutos.

– “¡Lo tenemos, señor!” – entra apresuradamente un soldado en la sala del trono.
– “¿De qué se trata?” – pregunta Freezer, sentado en su sillón, con poco interés.
– “¡Nuevo Namek, señor!” – responde el peón.
Freezer se levanta de un salto.

– “¡Preparad mi nave!” – exclama el tirano.
Después de un largo viaje, la nave del Emperador aterriza en Nuevo Namek ante la aterrada mirada de los namekianos, que enseguida reconocen el gran platillo volante.
Freezer y sus hombres salen de la nave y son recibidos por un grupo de aldeanos, entre los que se encuentran Dende y el nuevo Gran Patriarca.

– “¿Qué hacemos, Gran Patriarca?” – le pregunta uno de los namekianos.
– “Debemos mantener la calma” – responde el anciano.
El tirano se acerca al namekiano y le reconoce.

– “Así que ahora tú eres quien manda…” – dice Freezer. – “Supongo que esa vieja babosa pasó a mejor vida…”
Todos los namekianos se molestan por el comentario sobre su padre.

– “¿Qué has venido a buscar, Freezer?” – pregunta el Patriarca. – “No vamos a entregarte las Dragon Balls, y aunque las consigas, nadie va a invocar al dragón para ti”.
Freezer sonríe de forma terrorífica.

– “Eso habrá que verlo” – responde el tirano.
El demonio del frío levanta su mano y apunta hacia la multitud de aldeanos.

– “¡No lo hagas!” – exclama el Patriarca.
Freezer dispara a discreción y aniquila parte de la multitud.

– “¡Así no conseguirás nada!” – insiste el Patriarca. – “¡Detente!” – suplica.
El Patriarca sufre en su interior la muerte de cada uno de sus compatriotas, pero sabe que no puede ceder ante el tirano.
Freezer hace caso omiso y sigue disparando.

– “¡Está bien!” – exclama una voz infantil – “¡Yo le ayudaré!”
Al oírlo, Freezer se detiene y busca al voluntario. Un pequeño namekiano surge de entre los aldeanos y avanza hacia el tirano.

– “Yo le llevaré hasta las aldeas donde se encuentran las Dragon Balls e invocaré a Polunga.” – dice el niño. – “Pero no haga daño a nadie más.”
– “No…” – se lamenta el Patriarca.
– “Al fin alguien que piensa en su gente…” – sonríe Freezer. – “¿Cómo te llamas?”
– “Cargo” – responde el namekiano.
– “¡Nos matará igualmente!” – interviene Dende.
Freezer mira a Dende y le reconoce.

– “Tú…” – murmura el demonio del frío.
– “¡Freezer es cruel y despiadado!” – insiste Dende. – “¡No te fíes de su palabra!”
– “No quiero morir otra vez” – responde Cargo con resentimiento. – “Proteger a nuestra gente debería ser más importante que las Dragon Balls”.
Freezer sonríe al ver que puede utilizar al namekiano.
Cargo da un paso al frente hacia el tirano.

– “¡Lo haré! ¡Pero deje en paz a los demás!” – repite Cargo mientras se arrodilla ante el tirano.
– “¿Cómo sé que vas a pedirle al dragón lo que yo te diga?” – le pregunta Freezer. – “Si vas a ayudarme, necesito una muestra de lealtad…”
– “Lo que sea” – responde Cargo.
– “Bien…” – sonríe el tirano. – “Mata al otro renacuajo” – exige, refiriéndose a Dende.
El patriarca se acerca a Cargo y le agarra del hombro.

– “¡No lo hagas!” – exclama el Patriarca zarandeándole.
– “¡Silencio!” – exclama el tirano disparando su rayo mortal a la rodilla del jefe namekiano.
El Patriarca grita de dolor y cae al suelo sujetándose la rodilla.

– “¡Gran Patriarca!” – exclama Dende, que se apresura en socorrerle.
– “Estoy esperando…” – dice Freezer. – “¡Mátale!”
El joven namekaino alza su mano y apunta a Dende mientras llora.

– “Lo siento…” – murmura Cargo.
– “Estás sentenciando nuestra raza…” – dice el Patriarca. – “…y posiblemente el universo”.
En unos días, Freezer y sus hombres han conseguido reunir las Dragon Balls y han invocado a Polunga.
Freezer, tras recuperar su cuerpo y lograr la vida eterna, ha eliminado al Dragón, para que nadie pueda interferir en sus planes.

– “Ahora debe cumplir su palabra” – le dice el pequeño Cargo. – “Deje Namek en paz.”
– “Jujuju” – ríe Freezer con una maléfica sonrisa. – “Creo que hoy vas a aprender una lección importante, chico…”
El miedo y la culpa embargan al joven namekiano.

– “¡NO!” – exclama Cargo. – “¡Me ha prometido que…!”
El tirano alza su mano y hace volar a Cargo con su poder telepático. Cuando lo ha elevado varios metros, Freezer cierra su puño y el pequeño estalla en mil pedazos.

– “¿Fuegos artificiales para celebrar su regreso, señor Freezer?” – comenta un soldado brench.
– “Jujuju” – se ríe el tirano. – “Eso es solo un aperitivo. Los verdaderos fuegos de artificio empezarán ahora.”
La nave de Freezer se eleva hasta abandonar la atmósfera namekiana. El tirano sale al exterior por la escotilla superior y contempla el gran planeta verde.

– “Esta vez me aseguraré de que estalle al instante” – sonríe Freezer con ánimo de venganza, mientras alza su dedo y genera una gigantesca esfera de ki. – “¡Desapareced!” – grita al lanzar su ataque contra el planeta.
Una explosión sorda ilumina el espacio mientras el tirano ríe satisfecho.
Con la desaparición de Nuevo Namek y la muerte de Piccolo a manos de los androides en la Tierra, las Dragon Balls han dejado de existir en los Universos 3 y 5.

ESPECIAL DBSNL /// Fallen FighterZ // Universo 6 / Parte III: El despertar del Súper Saiyajín

Fallen FighterZ / Parte III: El despertar del Súper Saiyajín
“¡Estoy harto!”


En la Corporación Cápsula, la situación es muy tensa. Krilín está sumido en un mar de dudas.

– “Pero, ¿qué hace?” – se pregunta Bulma, que observa la situación a través de las cámaras de seguridad del laboratorio. – “¿Por qué no aprieta el botón?”
Krilín intenta hacer recapacitar a los androides, cuando Trunks, muy malherido, se levanta.

– “No van a cambiar…” – dice Trunks. – “Matan por diversión… No son humanos.”
Krilín tiembla contemplando el botón rojo.

– “Pero apagarles así…” – murmura.
El androide 17, presa del pánico, ya no aguanta más y se lanza a por el humano.

– “¡Hermano! ¡NO!” – exclama la Número 18.
Krilín cierra los ojos con fuerza y grita a pleno pulmón, liberando toda la tensión acumulada y mostrando el sufrimiento que le causa tener que tomar esta decisión. 
Finalmente, el humano aprieta el botón, y los androides 17 y 18 caen inertes al suelo, como dos muñecos de trapo.
Mientras tanto, Son Goku se levanta a duras penas.

– “Me has salvado por segunda vez, Vegeta” – le dice Goku. – “Gracias”.
– “Piérdete” – le responde Vegeta. – “¡El androide es mío!” – exclama antes de abalanzarse sobre él.
– “¡NO! ¡Espera!” – exclama Goku.
El Número 16 golpea a Vegeta y le hace retroceder.

– “Su fuerza es muy superior a la de los otros dos androides” – le dice Goku.
– “¡Eso ya lo veo!” – responde Vegeta.
El príncipe saiyajín vuelve a atacar al androide.

– “Maldita sea…” – murmura Goku, que se une al ataque.
Ambos saiyajín golpean al androide, que se cubre sin esfuerzo.

– “No podéis ganar” – les advierte el Número 16 antes de contraatacar y superarles.
Mientras tanto, Ten Shin Han, que se está alejando de la zona de combate con Gohan, percibe que la energía de Trunks casi ha desaparecido y la de Goku y Vegeta está disminuyendo vertiginosamente.

– “Algo va mal…” – piensa el humano.
En la Corporación Cápsula, nuestros amigos observan a los androides, ahora desactivados.

– “¿Hemos ganado?” – se pregunta Piccolo.
– “Los androides están desactivados…” – dice Trunks entre lágrimas. – “¡Lo hemos logrado!”.
Krilín contempla el cuerpo de la Número 18.

– “Me pregunto si hemos hecho lo correcto…” – reflexiona Krilín.
Yamcha se acerca tambaleándose.

– “Hemos cambiado el futuro” – dice el humano. – “Seguimos vivos”.
– “Deberíamos destruirlos” – sugiere Piccolo.
– “¡No!” – exclama Bulma, que ha salido del laboratorio. – “Voy a estudiarlos a fondo aquí, en la Corporación. Seguro que lo que aprenda de su tecnología nos será muy útil”.
Trunks alza su vista hacia el norte; hacia el desierto en el que Goku y su padre siguen luchando.

– “Aún queda uno” – dice el guerrero del futuro. – “¡Necesito una semilla senzu!” – le dice a Krilín.
En el desierto, Vegeta y Goku están siendo avasallados por el androide, pero no dejan de levantarse una y otra vez.

– “Me niego a morir a tu lado, Kakarotto” – dice Vegeta.
– “Me alegro de pelear a tu lado” – responde Goku.
– “¡No empieces con tus sentimentalismos!” – responde el príncipe saiyajín. – “¡Me dan ganas de vomitar!”
En un instante, Trunks y Piccolo llegan al lugar. El Número 16 los mira y entonces intuye la situación.

– “Si vosotros estáis aquí, significa que habéis derrotado a los androides 17 y 18” – deduce el androide.
– “Tus amigos han sido desactivados” – responde Piccolo.
– “¡Y tú serás el siguiente!” – exclama Trunks, apuntando al robot con el control remoto.
Pero, a pesar de apretar el botón con fuerza, nada ocurre.

– “Pero, ¿qué…?” – se sorprende Trunks.
– “El Doctor Gero tenía otros planes para mí” – responde el androide – “Mi diseño es único”.
– “Maldición…” – se lamenta Piccolo.
Son Goku da un paso al frente, hacia el androide.

– “¿De verdad tenemos que luchar?” – le pregunta Goku.
– “Mi único objetivo es matarte, Son Goku” – le responde el Número 16. – “No tengo nada en contra del resto de los presentes.”
– “Así que, si cumplieras tu objetivo… ¿dejarías al resto en paz?” – pregunta Goku con una sonrisa.
– “Así es” – responde el androide.
Vegeta, Trunks y Piccolo se sorprenden.

– “¿Pero qué demonios estás tramando, Kakarotto?” – le dice Vegeta.
Son Goku vuelve a su estado base.

– “Hazlo” – le dice Goku al androide.
Todos se quedan de piedra ante la actitud de Goku. También el androide.

– “Me rindo” – dice Goku. – “Tu fuerza me supera. Mátame si quieres”.
– “¡No digas estupideces!” – exclama Vegeta.
– “¡Es una locura!” – replica Piccolo.
Son Goku, que no pierde la sonrisa, se dirige a sus amigos.

– “Es la mejor solución” – dice Goku. – “Bulma una vez me dijo que yo atraigo a los villanos y creo que tenía razón. Creo que la Tierra estará más segura sin mí. Además, no tengo ninguna duda de que Son Gohan va a superarme pronto y podrá proteger el planeta si es necesario.”
– “Son Goku…” – murmura Trunks, conmovido.
En ese instante, Son Gohan llega apresuradamente.

– “¡Papá!” – exclama el mestizo – “¿Estás bien?”
– “Son Gohan…” – dice Goku, mirando a su hijo de forma tierna. – “Siento mucho tener que despedirme. Siento no poder estar a tu lado para verte crecer, pero ya te has convertido en un hombre. Escucha siempre a tu madre y no dejes de entrenar con Piccolo. Dejo el futuro de la Tierra en tus manos. Y dile a tu madre que…”.
Todos agachan la cabeza con lágrimas en los ojos, conmovidos por las palabras de Goku.

– “No” – le interrumpe Gohan.
Nuestros amigos se sorprenden al escuchar al hijo de Goku.

– “¡Estoy harto!” – grita el joven saiyajín. – “¡Estoy cansado de que nunca estés aquí! Puede que sea un sentimiento egoísta… ¡Pero te necesito!”
– “Son Gohan…” – murmura Piccolo.
– “Sé que es difícil” – responde Goku. – “Pero es lo mejor para todos”.
– “¡No me importa!” – insiste Gohan. – “¡No dejaré que mueras!”
El androide 16 desencaja uno de sus puños y apunta a Goku.

– “Lo siento, Son Gohan.” – suspira Goku. – “Hazlo, 16” – le dice al androide.
– “Eres un hombre noble.” – le dice el Número 16. – “Ha sido un honor.”

El Número 16 carga su cañón y dispara a Goku. El poderoso ataque avanza a toda velocidad, pero en un abrir y cerrar de ojos, Son Gohan se interpone entre éste y su padre.

– “He dicho…” – susurra Gohan, alzando su mano hacia el ataque, con la cabeza agachada. – “¡QUE NO!” – exclama al levantar la mirada. Sus pupilas brillan y se tornan de color verde y su cabello se eriza y se tiñe de rubio.
El ataque del Número 16 se detiene un instante frente al joven mestizo y después estalla en todas direcciones, haciendo que todos tengan que cubrirse.

– “Son Gohan…” – murmura Piccolo, asombrado ante el poder mostrado por el chico.
Son Goku, fascinado, observa a su hijo.

– “Pero, ¿de dónde ha sacado ese crío tanto poder?” – se sorprende Vegeta.
Son Gohan se ha transformado en Súper Saiyajín.
El Número 16 analiza detenidamente al chico.

– “Su poder es extraordinario…” – piensa el androide.
Gohan se abalanza sobre el androide. El mestizo le propina un puñetazo, que el androide intercepta con su antebrazo, pero por primera vez, el robot se resquebraja.

– “¡Increíble!” – exclama Trunks.
El mestizo insiste en sus ataques, causando múltiples daños a la coraza del Número 16.

Dibujado por Torrijos

– “¿Es este el poder que ocultaba Gohan?” – piensa Goku, recordando su combate contra Raditz.
– “Me cuesta creer que este sea el mismo Gohan…” – piensa Piccolo, que recuerda a su pupilo llorando cuando le lanzó contra una montaña en su primer día de entrenamiento.
El androide, muy dañado, hinca la rodilla y contempla a Gohan. De repente, el androide esboza una tierna sonrisa.

– “Al menos puedo ver que la Tierra estará segura en tus manos, Son Gohan” – dice el Número 16.
El chico apunta al androide con su mano y prepara una esfera de ki.

– “¡Son Gohan! ¡Espera!” – exclama Goku.
Pero Gohan, llevado por la ira, dispara un poderoso ataque que hace estallar al Número 16. El chip de su cabeza cae al suelo, y en él, una pequeña luz roja parpadea unos instantes hasta apagarse.
Todos los presentes se quedan en silencio, asombrados por el extraordinario poder demostrado por Son Gohan.
El chico pierde su transformación y cae de rodillas, llorando.

– “Son Gohan…” – murmura Goku acercándose a su hijo.
– “Ese crío ha eliminado al androide…” – titubea incrédulo Vegeta.
Gohan se levanta y, sin mediar palabra, sale volando del lugar a toda prisa.

– “¡Gohan!” – exclama Goku.
– “Déjale, Goku” – le interrumpe Piccolo agarrándole del hombro. – “Necesita estar sólo”.

En ese memento, Yamcha, Ten y Krilín llegan al lugar de la batalla.

– “¿Qué ha pasado?” – pregunta Yamcha. – “¿Dónde está el androide?”
– “Son Gohan lo ha destruido” – responde Piccolo.
– “¿Son Gohan ha derrotado a ese androide?” – se sorprende Ten.
Vegeta sigue sin creerse lo que acaba de ocurrir.

– “Ese estúpido crío me ha superado… ¡A mí! ¡Al príncipe de los saiyajín!” – piensa Vegeta. – “No… No lo permitiré…” – se repite a sí mismo. – “¡No voy a dejarme ganar por ese estúpido niñato!” – exclama antes de salir volando de nuevo hacia las montañas.
Trunks observa en silencio a su padre alejarse.

– “Hemos ganado… ¿y aún sigue con esa idea en la cabeza?” – se pregunta Trunks.
– “Así es tu padre” – responde Piccolo. – “Siempre obsesionado con ser el más fuerte.”
Krilín se acerca a Trunks.

– “Ahora que todo ha terminado, ¿qué piensas hacer?” – le pregunta al guerrero del futuro.
– “Mañana volveré a casa y usaré el control remoto para desactivar a los androides de mi tiempo” – responde Trunks.
Son Goku sigue en silencio, ensimismado, mirando en la dirección en la que se ha marchado su hijo, con cara de preocupación.

– “Son Gohan ha pasado por muchas cosas siendo sólo un niño” – le dice Piccolo, sacándole del trance. – “Necesita un descanso más que ninguno de nosotros”.
– “Supongo que tienes razón” – responde Goku, que se siente culpable por haber prestado siempre más atención al entrenamiento que a su hijo.
Yamcha, contento por la victoria, interrumpe a los dos guerreros.

– “Reunámonos todos mañana en la Corporación Cápsula para despedir a Trunks” – propone. Y así lo acuerdan.
Al día siguiente, en el jardín de la Corporación Cápsula, Trunks se prepara para partir en su máquina del tiempo. Junto a él se encuentran Bulma, Goku, Krilín, Yamcha y Ten Shin Han.
Bulma, con el pequeño Trunks en brazos, y Mirai Trunks se funden en un fuerte abrazo.

– “Siento mucho que Vegeta no haya venido a despedirse” – le susurra Bulma con lágrimas en los ojos, después de darle un beso en la mejilla.
– “No pasa nada” – responde Trunks. – “Sé cómo es.”
Trunks sonríe y le hace una carantoña al pequeño.

– “Cuida de mamá por mí, ¿de acuerdo?” – le dice al bebé. – “Y no pierdas la esperanza con papá”.
Son Goku se acerca a Trunks para despedirse.

– “Eres un muchacho extraordinario” – le dice.
– “Muchas gracias, Son Goku” – responde Trunks orgulloso. – “¿Dónde está Gohan?” – pregunta el viajero del futuro.
– “Sigue disgustado con lo que ocurrió ayer. Ha pasado la noche fuera de casa.” – responde Goku. – “Piccolo ha ido a hablar con él”.
– “Me hubiera gustado despedirme de él…” – se lamenta Trunks.
Krilín, Yamcha y Ten se acercan al joven.

– “¡Estos saiyajín son unos cabezotas!” – interrumpe Krilín.
– “Ya se le pasará” – añade Yamcha.
Trunks se esfuerza para sonreír.

– “Muchas gracias a todos, chicos” – se despide Trunks mientras sube a su máquina, ignorando el terrible final que le espera. – “¡Volveré cuando todo haya acabado!”
Trunks escribe las coordenadas en el panel de control de la máquina y ésta se eleva lentamente hacia el cielo. En ese instante, Trunks ve a alguien en el tejado de la torre de la Corporación Cápsula.
Vegeta le observa de brazos cruzados con semblante serio.

– “Buena suerte, hijo” – murmura el príncipe saiyajín antes de esbozar una tímida sonrisa.
Trunks sonríe al ver que su padre ha ido a despedirle, y antes de que pueda levantar su mano para decirle adiós, la máquina del tiempo se desvanece y el guerrero es transportado a su tiempo.
Mientras tanto, sobre una pequeña meseta, Gohan contempla una llanura al sur de la Capital del Oeste.

– “Sabía que te encontraría aquí” – le interrumpe Piccolo mientras desciende a su lado. 
– “¿Cómo me has encontrado?” – le pregunta el mestizo.
– “Por mucho que ocultes tu ki, te conozco bien, Son Gohan” – responde el namekiano.
Piccolo se situa junto a Gohan y echa un vistazo a la zona.

– “Aquí es donde te entrené para enfrentarnos a los saiyajín” – sonríe Piccolo.
– “Eres el único que cree en mí” – responde Gohan. – “Aprendí mucho durante esos meses”.
– “Tu padre cree en ti más que nadie” – le corrige el namekiano. – “Y siendo sincero… creo que yo también aprendí mucho” – añade con una sonrisa cómplice.
– “No me gusta pelear” – continúa Gohan. – “Siempre lo he odiado, pero cuando me enfado pierdo el control.”
– “Y eso nos ha salvado la vida en multitud de ocasiones” – intenta hacerle entender Piccolo.
– “¿Acaso soy un monstruo?” – responde Gohan. – “¿Y si el androide no merecía morir? ¿Y si…?”
En ese instante, Piccolo recuerda la mirada de la gente en el torneo de artes marciales, cuando él anunció que era el hijo de Piccolo Daimaoh.

– “No eres un monstruo, Son Gohan” – responde Piccolo mientras le abraza. – “Eres el mejor amigo que he tenido.”
Gohan abraza a Piccolo e intenta ocultar su llanto.

– “Volvamos a casa” – le dice el namekiano. – “Tu madre estará preocupada”.