ESPECIAL DBSNL // Universos 3 y 5 / Parte VI: Planeta de metal

Especial DBSNL // U3 y U5 / Parte VI: Planeta de metal
“Has cometido un error viniendo aquí”


La nave de Freezer, tras varias semanas de viaje, se aproxima al planeta M2, que parece una gran masa metálica resplandeciente.

– “Llegaremos en unos minutos, señor” – anuncia uno de sus hombres.
– “Excelente” – celebra el tirano.
Al acercarse más a la superficie, un soldado irrumpe de nuevo en la cámara del Emperador con un nuevo anuncio.

– “Señor, según nuestros sensores, el planeta no tiene atmósfera” – dice el soldado.
– “No será un problema” – responde el demonio del frío. – “Detened la nave y preparad la escotilla superior. Saldré solo.”
Freezer abandona su nave y desciende hasta la superficie del planeta. 

– “Un desierto de metal…” – murmura el tirano al echar un vistazo a su alrededor. – “Que extraño” – dice algo inquieto. – “Siento un ki muy tenue en esa dirección…”
El tirano sale volando en busca de ese misterioso indicio de vida.
Mientras tanto, en la nave, Tagoma está al mando. Él supervisa las lecturas que la nave toma continuamente del planeta.

– “El señor Freezer está volando hacia el Este” – anuncia un soldado.
– “¿Alguna lectura relevante en esa dirección?” – pregunta Tagoma.
– “De momento no hay rastro de vida en el planeta, pero la corteza metálica podría causar interferencias.” – responde otro de sus hombres.
Freezer, tras unos minutos de vuelo, se topa con una gigantesca metrópolis, en cuyo epicentro se encuentra un gran edifico piramidal.
De repente, un pequeño robot se acerca al tirano. El autómata es de color blanco y forma redondeada, con un gran ojo central.

– “¡Alerta: Intruso! ¡Alerta: Intruso!” – repite el robot.
Freezer observa detenidamente a esos seres.

– “He venido a buscar información” – anuncia el tirano.
– “Forma de vida biológica detectada” – dice el autómata. – “Acceso no permitido.”
– “Jujuju” – ríe Freezer. – “Eso ya lo veremos”.
El tirano alza su mano y apunta con su dedo al robot.

– “¡ALERTA: PELIGRO! ¡ALERTA: PELIGRO!” – repite el pequeño autómata.
Freezer dispara y el robot estalla en mil pedazos. 
El tirano sonríe satisfecho.
Unos segundos después, un zumbido creciente alerta a Freezer.
El tirano mira al suelo y se percata de que un enjambre de cientos de robots se aproxima a él a gran velocidad. Los autómatas tienen un aspecto similar al destruido, pero de color morado y con una larga cola naranja.
Freezer se eleva, perseguido por la turba.
El demonio del frío apunta a la multitud y dispara su Rayo Mortal a discreción, destruyendo decenas con cada ataque. Pero pronto se da cuenta de que más y más robots se unen a la batalla.
Tagoma, en la nave, puede ver las explosiones en el monitor.

– “¿¡Están atacando al señor Freezer!?” – pregunta alarmado.
El tirano se detiene en el cielo y se envuelve por una barrera esférica de energía morada y se lanza en picado contra el enjambre, causando cientos de explosiones a su paso, arrasando con todos los robots que encuentra en su camino, hasta que finalmente choca contra la superficie del planeta.
El demonio del frío mira de nuevo a su alrededor mientras aún lluven trozos de metal.

– “Chatarra…” – murmura con desprecio.
Pero pronto se da cuenta de que nuevos robos le rodean.

– “Se me acaba la paciencia…” – amenaza el tirano.
En ese instante, los autómatas se detienen.

– “¿Os rendís?” – fanfarronea Freezer.
Cuatro nuevos robots aterrizan y rodean al demonio.

– “¿Refuerzos?” – sonríe el Emperador.
Uno de los robots es humanoide, de color rojo, alto y estilizado. El segundo es grande, también antropomórfico, metálico y con detalles púrpuras. El tercero, tiene una estatura similar a Freezer, pero sin cabeza. Y el último es antropoide, pequeño y rechoncho, con partes de color verde.
En la cima de la torre central, otro autómata humanoide de tez azul y detalles dorados observa las cámaras de seguridad, repartidas por todo el planeta.

– “El Emperador Freezer… ¿Qué le trae por aquí?” – dice mientras le observa atentamente. – “Veamos de qué es capaz contra el Escuadrón Sigma”.
El gigantón robótico intenta golpear al tirano por su derecha, pero éste detiene el golpe fácilmente. El azul insiste por su izquierda, pero Freezer también le detiene. El más pequeño de ellos ataca al demonio por la espalda, pero con un golpe de su cola, el tirano lo despacha. En ese instante, el robot rojo intenta sorprender a Freezer atacándole de frente rápidamente, pero el demonio le detiene con un cañonazo de ki proyectado con sus ojos.
Freezer utiliza su poder mental para elevar al robot azul y lanzarlo contra el morado.
El pequeño robot verde vuelve a atacar al demonio, pero lo intercepta con su poder mental y lo estruja hasta convertirlo en una bola de chatarra.
El autómata rojo se eleva y dispara una tormenta de misiles contra Freezer, pero éste usa de nuevo su telekinesis para interponer al robot grandullón en el camino de éstos, haciendo que estalle en mil pedazos.
El robot azul carga de nuevo contra el tirano, pero éste moviliza los residuos metálicos esparcidos por el lugar y los lanza contra su enemigo como si fueran metralla, triturándolo.
El robot rojo embiste a Freezer, pero él alza su mano haciendo que el suelo estalle bajo el enemigo.
El autómata intenta localizar al tirano entre la polvareda, pero un disco cortante aparece por sorpresa. El robot logra evitarlo saltando, pero Freezer le espera en las alturas y le golpea con su cola, haciendo que el robot vuelva al suelo, donde un segundo disco lo rebana por la mitad.
La polvareda se disipa en unos instantes y Freezer desciende. La parte superior del robot rojo intenta gatear hasta el demonio del frío.

– “No sois más que chatarra” – murmura el tirano con desprecio antes de eliminar a su enemigo con un ataque de ki.
En la nave, Tagoma sigue pendiente de lo que sucede.

– “¡Lecturas!” – ordena a sus hombres.
– “El señor Freezer parece que sigue en perfecto estado” – responde un soldado. – “No vemos nada más.” 

Tagoma se acerca al gigantesco ojo de buey y contempla el horizonte, que resplandece por el reflejo de la luz procedente de una estrella cercana.

– “No me gusta este planeta” – murmura el soldado.
Freezer da la espalda a los restos de sus enemigos y se prepara para marcharse, pero un ruido llama su atención.
Unos extraños cables a modo de tentáculos se alzan desde el suelo metálico y se entrelazan entre sí, recogiendo los restos robóticos de sus enemigos caídos y reconectándolos.

– “Pero, ¿qué demonios es esto?” – se sorprende el de el demonio.

En un instante, los cuatro robots se han reconstruido.

– “Nunca había visto algo así…” – piensa Freezer.
Los autómatas se abalanzan sobre el Emperador, pero éste alza una poderosa corriente de aire con un gesto de su mano que barre y destruye de nuevo a sus enemigos.

Pero, en un instante, ellos vuelven a reconstruirse.

– “No pienso aguantar esto todo el día” – refunfuña el tirano.
De repente, una voz interrumpe el combate.

– “No puedes ganar, Freezer” – dice el personaje que antes vigilaba desde la torre y ahora ha decidido mostrarse.
El Emperador le mira con interés.

– “Me has reconocido” – sonríe el tirano. – “¿Tú eres quien manda aquí?”
– “¿Por qué has venido?” – pregunta el nuevo autómata.
– “Busco unas cajas de música robadas” – responde Freezer.
– “¿Y porqué aquí?” – insiste el robot.
– “El golpe solo puedo hacerse utilizando una tecnología incomprensible incluso para mis hombres, entre los que se encuentran los mejores especialistas del Universo” – responde el tirano.
– “¿Para qué querríamos unas cajas de música?” – pregunta el robot.
– “Eso aún no lo sé, chatarra” – dice Freezer.
– “Puedes llamarme Rildo” – responde el autómata.
– “¿Por qué debería poner nombre a un saco de tornillos?” – se mofa el tirano.
Rildo no reacciona ante las burlas.

– “Has cometido un error viniendo aquí” – le advierte el robot.
– “Dame la información que necesito” – insiste Freezer.
– “Estás buscando en el lugar equivocado” – responde Rildo.
– “¿Y dónde debería buscar?” – insiste el demonio del frío.
– “Ya no importa” – sonríe el robot. – “Porque no vas a abandonar este planeta”.
Rildo apunta al tirano con su mano y ésta se deforma revelando un cañón que dispara un poderoso ataque de ki que sorprende a Freezer, obligándole a protegerse.
Una gigantesca explosión barre el lugar. El autómata escanea la nube de humo y en busca de signos vitales.

De pronto, aparece una señal de alerta en el radar de Rildo. Freezer surge de la polvareda y se abalanza sobre su rival, propinándole un puñetazo y lanzándole contra unos edificios cercanos.

– “Tu ataque ha sido extraordinario” – dice el tirano. – “Me has cogido desprevenido. No he podido detectar tu energía. Pero eso no volverá a ocurrir” – añade mientras se eleva en el aire.
Rildo se pone en pie, pero se encuentra con una poderosa Bola Mortal aproximándose a gran velocidad.
El ataque del tirano impacta contra el enemigo y un gran estallido engulle parte de la ciudad.

Freezer desciende y se percata de que los robots que le rodeaban han dejado de funcionar.

– “Qué extraño…” – murmura el tirano. – “Supongo que él controlaba los autómatas de este planeta.”
En ese instante, una montaña de metal, que ahora se comporta como un líquido viscoso, se alza detrás de Freezer.
El tirano se da la vuelta y contempla el extraño fenómeno.
En lo alto de la montaña, una figura humanoide musculosa y brillante surge de su cima y se separa de ésta.

– “Yo soy el planeta” – sonríe Rildo, que ha tomado una nueva forma.

ESPECIAL DBSNL /// Emperador Freezer // Universos 3 y 5 / Parte V: Cultos y sectas

Emperador Freezer / Parte V: Cultos y sectas
“¿Viene a adorar a nuestro Señor? ¿A hacer una suculenta donación, quizás?”


El planeta Imegga yace en ruinas. Su capital arde en llamas mientras algunos edificios se derrumban. La gente huye despavorida. 
Entre los escombros, los cuerpos de múltiples soldados imegga yacen sepultados. Junto a ellos, el cuerpo de Sauza. Tagoma, malherido, camina entre las ruinas, pendiente de lo que ocurre en el cielo.
El gobernante Don Kee, en el tejado de su gigantesca torre, observa a dos figuras que sobrevuelan la ciudad. Freezer y Ledgic se encuentran cara a cara. El segundo está magullado y con la ropa hecha trizas.

– “Eres un excelente luchador” – sonríe Freezer. – “Te has enfrentado a mí, un demonio del frío, sin dudarlo ni un instante. Eres leal. Eso me gusta, así que te haré una oferta. ¿Quieres unirte a mi ejército? Creo que podrías formar parte de mi guardia personal, ahora que Zarbon y Dodoria ya no están.”
Ledgic, en silencio, se pone en guardia de nuevo y prepara un ataque de ki rojo en su mano derecha.

– “Supongo que eso es un no…” – murmura el tirano. – “Una verdadera lástima”.
El guardaespaldas de Don Kee lanza su ataque contra Freezer, pero el tirano lo repele con el dorso de su mano.

– “Mi turno” – sonríe mientras apunta a Ledgic con su dedo índice.
Freezer lanza su Rayo Mortal y atraviesa el pecho del guardaespaldas. El cuerpo de Ledgic se precipita hacia el suelo.
Don Kee, al ver a su hombre de confianza derrotado, intenta escabullirse entre los escombros de su ciudad, pero Freezer utiliza su poder mental para levantar las ruinas y revelar al cobarde gobernador.

– “Señor Freezer… Lo siento…” – titubea Don Kee mientras retrocede. – “Yo… Ha sido un malentendido…”
– “Ha sido entretenido” – responde el tirano. – “Por eso te daré una última oportunidad”.
Don Kee se arrodilla agradecido.

– “¡Oh! ¡Señor Freezer! ¡Es usted un Emperador benevolente!” – exclama el gobernante.
– “No me interesan tus alabanzas” – le interrumpe Freezer. – “Solo quiero que respondas a una pregunta: ¿Dónde está la reliquia que te vendió mi hermano?”
– “¿Una reliquia? ¿Cooler? No sé de qué me está…” – responde Don Kee.
Freezer lanza un Rayo Mortal que fulmina la oreja del gobernante.
Don Kee grita de dolor. La herida casi no sangra, pues ha quedado automáticamente cauterizada.

– “¿Quieres volver a intentarlo?” – sonríe Freezer.
– “La vendí” – confiesa finalmente Don Kee.
– “¿A quién?” – insiste el tirano.
– “Un predicador pagó una suma desorbitada por esa caja de música.” – responde el gobernante.
– “¿Un predicador?” – se extraña Freezer.
– “El líder de esa secta moderna; los Luud.” – responde Don Kee.
– “Dolltaki…” – murmura el demonio del frio.
Freezer dispara su Rayo Mortal y atraviesa el corazón de Don Kee, que muere al instante.
En unos días, Freezer y sus hombres aterrizan en el planeta Luud.
Al salir de su nave, el tirano, acompañado por Tagoma, observa un gran tráfico de naves llegando al planeta y otras marchándose.

– “Increíble” – dice Tagoma. – “¿Todas estas naves vienen a adorar a Luud?”
– “Y a hacer donaciones” – responde Freezer. – “Ese Dolltaki tiene montado un buen negocio.” – sonríe.
Dolltaki, que ha sido avisado por sus hombres, sale a recibir al Emperador.

– “¡Emperador Freezer!” – exclama el líder de la secta en tono muy amigable. – “¡Es un honor tenerle aquí!” – añade haciendo una reverencia.
Dolltaki es un ser humanoide alto y delgado, con cabello rubio cortado a media melena. Viste ropa elegante y de colores vivos; claramente ostentosa.
Freezer no se inmuta.

– “¿A qué debemos esta agradable visita?” – pregunta Dolltaki. – “¿Viene a adorar a nuestro Señor? ¿A hacer una suculenta donación, quizás?”
El tirano sonríe, algo que inquieta al líder.

– “No tengo ningún interés en aportar nada a este timo” – responde Freezer.
– “¿Timo?” – se sorprende Dolltaki. – “¡Señor! ¡La palabra de Luud es cierta!”
– “Lo que tú digas. No me interesa” – le interrumpe el demonio del frío. – “Solo he venido a hacerte una pregunta.”
– “¿Una pregunta?” – se extraña el líder. – “Está bien… ¡Adelante! Espero serle de ayuda.” 
– “Hace mucho tiempo, Don Kee te vendió una caja de música que mi hermano Cooler había robado de la cámara imperial. ¿Dónde está?”
– “No sé nada de una caja de música…” – responde Dolltaki.
– “Si te opones a mí, voy a acabar con este miserable planeta” – le amenaza Freezer. – “Tú decides.”
Dolltaki, resignado, acompaña a Freezer a través del templo, en el que miles de personas con máscaras rojas adoran una gigantesca escultura de piedra con aspecto demoníaco, mientras un esperpéntico sacerdote arroja extraños muñecos a un caldero ardiendo.
A través de un corredor llegan al palacio de Dolltaki. El lugar es lujoso y sobrecargado con adornos dorados.
Finalmente, llegan a una cámara de seguridad sellada con una gigantesca compuerta.

– “Abrid la cámara” – ordena Dolltaki.
El portón se abre ligeramente y por la apertura entran varios hombres de Dolltaki, que acompañan al líder y a Freezer.
La cámara aún parece más grande desde dentro. Tiene centenares de metros cuadrados y varios pisos de altura. Todo parece estar extremadamente ordenado y cuidadosamente catalogado.

– “Traedme la caja de música konatsiana” – ordena el líder.
– “¿Konatsiana?” – se sorprende Freezer.
Los hombres de buscan la ubicación en un ordenador y corren a buscarla.

– “Es una de las pocas reliquias que quedan de esa civilización” – explica Dolltaki. – “De ahí su valor”.
– “No la tienes expuesta.” – responde Freezer. – “¿Por qué la quieres? No pareces un simple coleccionista.”
– “Eres un hombre de negocios como yo” – responde Dolltaki. – “No te costará entenderlo…”
Freezer sonríe.

– “Al fin hablas sin tapujos” – dice el tirano. – “Ya veo. Eliminabas la posible competencia.”
– “Es un culto antiguo, pero no puedo arriesgarme a que vuelvan a aparecer sus adoradores.” – responde el líder.
De repente, uno de los hombres de Dolltaki llega corriendo y alarmado. 

– “¡Han desaparecido!” – exclama el luud.
– “¡¿Cómo?!” – exclama Dolltaki.
– “¡Las cajas han desaparecido!” – insiste su hombre.
– “¡¿LAS cajas?!” – se sorprende Freezer. – “¡¿Hay más de una?!”
– “¡¿Qué ha pasado?!” – grita furioso el líder. – “¡Por qué no me habíais informado!”
– “No ha saltado ninguna alarma, señor” – responde el luud. – “No sabíamos qué…”
Dolltaki propina un revés a su hombre.

– “¡Quiero saber lo que ha ocurrido!” – grita el líder. – “¡Revisad las cámaras! ¡Comprobad cada rincón del planeta! ¡Ofreced recompensas! ¡Quiero esas cajas!”
Freezer parece impacientarse.

– “Has intentado ocultarme que existían más de una caja…” – dice frustrado. – “Eso no me gusta.”
Dolltaki tiembla de terror al escuchar el tono del tirano.

– “No… Yo… Iba a contárselo a ahora…” – intenta excusarse el líder.
– “Tienes un día para decirme donde están las cajas” – dice Freezer mientras le da la espalda.
– “¿Solo un día?” – dice asustado Dolltaki. – “Hay que revisar décadas de grabaciones…”
– “Tienes a muchos seguidores” – se burla Freezer. – “Ponles a trabajar.”
Los hombres de Dolltaki no consiguen encontrar ningún rastro sobre los ladrones, y el líder, cuando se le acaba el plazo, se ve obligado a disculparse ante Freezer.

– “No hay rastro, señor” – dice Dolltaki. – “No hay nada extraño en las cámaras. No hay signos de que funcionaran mal. Si alguien las ha alterado, ha sido alguien con un nivel de habilidad que supera ampliamente nuestro entendimiento.”
– “Quiero acceso a los servidores” – dice Freezer. – “Mis hombres se encargarán a partir de ahora.”
– “De acuerdo, señor” – respira Dolltaki aliviado.
– “Pero, a cambio…” – sonríe el tirano.
Freezer abandona el planeta Luud.

– “Un noventa por ciento de las donaciones que reciba…” – sonríe Tagoma. – “Me parece que ha sido usted muy comprensivo.”
– “Le obsesionan sus posesiones” – dice el tirano. – “Le dolerá más esto que la peor de las torturas.”
– “Según la leyenda, un sacerdote Konatsiano derrotó a un terrible monstruo creado a partir de magia oscura y encerró su poder en dos cajas de música.” – lee en una tablet un soldado de Freezer.
– “Otra leyenda…” – suspira el tirano. – “Pero esa caja preocupaba a mi hermano por algún motivo que desconozco. Puede que supiera que habían sido robadas…”
– “¿Qué haremos ahora?” – dice Tagoma. – “No parece que haya nada en las cámaras de seguridad…”
– “Si queremos respuestas sobre una misteriosa tecnología, solo se me ocurre un lugar al que ir…” – dice Freezer.
– “Se refiere a…” – se sorprende Tagoma. – “¡En ese lugar no aceptan formas de vida biológicas! ¡Ni siguiera su padre se atrevió a intentar conquistarlo!”
– “Mi padre está muerto.” – responde el tirano. – “Rumbo a M2”.

ESPECIAL DBSNL // Universos 3 y 5 / Parte V: Cultos y sectas

Especial DBSNL // U3 y U5 / Parte V: Cultos y sectas
“¿Viene a adorar a nuestro Señor? ¿A hacer una suculenta donación, quizás?”


El planeta Imegga yace en ruinas. Su capital arde en llamas mientras algunos edificios se derrumban. La gente huye despavorida. 
Entre los escombros, los cuerpos de múltiples soldados imegga yacen sepultados. Junto a ellos, el cuerpo de Sauza. Tagoma, malherido, camina entre las ruinas, pendiente de lo que ocurre en el cielo.
El gobernante Don Kee, en el tejado de su gigantesca torre, observa a dos figuras que sobrevuelan la ciudad. Freezer y Ledgic se encuentran cara a cara. El segundo está magullado y con la ropa hecha trizas.

– “Eres un excelente luchador” – sonríe Freezer. – “Te has enfrentado a mí, un demonio del frío, sin dudarlo ni un instante. Eres leal. Eso me gusta, así que te haré una oferta. ¿Quieres unirte a mi ejército? Creo que podrías formar parte de mi guardia personal, ahora que Zarbon y Dodoria ya no están.”
Ledgic, en silencio, se pone en guardia de nuevo y prepara un ataque de ki rojo en su mano derecha.

– “Supongo que eso es un no…” – murmura el tirano. – “Una verdadera lástima”.
El guardaespaldas de Don Kee lanza su ataque contra Freezer, pero el tirano lo repele con el dorso de su mano.

– “Mi turno” – sonríe mientras apunta a Ledgic con su dedo índice.
Freezer lanza su Rayo Mortal y atraviesa el pecho del guardaespaldas. El cuerpo de Ledgic se precipita hacia el suelo.
Don Kee, al ver a su hombre de confianza derrotado, intenta escabullirse entre los escombros de su ciudad, pero Freezer utiliza su poder mental para levantar las ruinas y revelar al cobarde gobernador.

– “Señor Freezer… Lo siento…” – titubea Don Kee mientras retrocede. – “Yo… Ha sido un malentendido…”
– “Ha sido entretenido” – responde el tirano. – “Por eso te daré una última oportunidad”.
Don Kee se arrodilla agradecido.

– “¡Oh! ¡Señor Freezer! ¡Es usted un Emperador benevolente!” – exclama el gobernante.
– “No me interesan tus alabanzas” – le interrumpe Freezer. – “Solo quiero que respondas a una pregunta: ¿Dónde está la reliquia que te vendió mi hermano?”
– “¿Una reliquia? ¿Cooler? No sé de qué me está…” – responde Don Kee.
Freezer lanza un Rayo Mortal que fulmina la oreja del gobernante.
Don Kee grita de dolor. La herida casi no sangra, pues ha quedado automáticamente cauterizada.

– “¿Quieres volver a intentarlo?” – sonríe Freezer.
– “La vendí” – confiesa finalmente Don Kee.
– “¿A quién?” – insiste el tirano.
– “Un predicador pagó una suma desorbitada por esa caja de música.” – responde el gobernante.
– “¿Un predicador?” – se extraña Freezer.
– “El líder de esa secta moderna; los Luud.” – responde Don Kee.
– “Dolltaki…” – murmura el demonio del frio.
Freezer dispara su Rayo Mortal y atraviesa el corazón de Don Kee, que muere al instante.
En unos días, Freezer y sus hombres aterrizan en el planeta Luud.
Al salir de su nave, el tirano, acompañado por Tagoma, observa un gran tráfico de naves llegando al planeta y otras marchándose.

– “Increíble” – dice Tagoma. – “¿Todas estas naves vienen a adorar a Luud?”
– “Y a hacer donaciones” – responde Freezer. – “Ese Dolltaki tiene montado un buen negocio.” – sonríe.
Dolltaki, que ha sido avisado por sus hombres, sale a recibir al Emperador.

– “¡Emperador Freezer!” – exclama el líder de la secta en tono muy amigable. – “¡Es un honor tenerle aquí!” – añade haciendo una reverencia.
Dolltaki es un ser humanoide alto y delgado, con cabello rubio cortado a media melena. Viste ropa elegante y de colores vivos; claramente ostentosa.
Freezer no se inmuta.

– “¿A qué debemos esta agradable visita?” – pregunta Dolltaki. – “¿Viene a adorar a nuestro Señor? ¿A hacer una suculenta donación, quizás?”
El tirano sonríe, algo que inquieta al líder.

– “No tengo ningún interés en aportar nada a este timo” – responde Freezer.
– “¿Timo?” – se sorprende Dolltaki. – “¡Señor! ¡La palabra de Luud es cierta!”
– “Lo que tú digas. No me interesa” – le interrumpe el demonio del frío. – “Solo he venido a hacerte una pregunta.”
– “¿Una pregunta?” – se extraña el líder. – “Está bien… ¡Adelante! Espero serle de ayuda.” 
– “Hace mucho tiempo, Don Kee te vendió una caja de música que mi hermano Cooler había robado de la cámara imperial. ¿Dónde está?”
– “No sé nada de una caja de música…” – responde Dolltaki.
– “Si te opones a mí, voy a acabar con este miserable planeta” – le amenaza Freezer. – “Tú decides.”
Dolltaki, resignado, acompaña a Freezer a través del templo, en el que miles de personas con máscaras rojas adoran una gigantesca escultura de piedra con aspecto demoníaco, mientras un esperpéntico sacerdote arroja extraños muñecos a un caldero ardiendo.
A través de un corredor llegan al palacio de Dolltaki. El lugar es lujoso y sobrecargado con adornos dorados.
Finalmente, llegan a una cámara de seguridad sellada con una gigantesca compuerta.

– “Abrid la cámara” – ordena Dolltaki.
El portón se abre ligeramente y por la apertura entran varios hombres de Dolltaki, que acompañan al líder y a Freezer.
La cámara aún parece más grande desde dentro. Tiene centenares de metros cuadrados y varios pisos de altura. Todo parece estar extremadamente ordenado y cuidadosamente catalogado.

– “Traedme la caja de música konatsiana” – ordena el líder.
– “¿Konatsiana?” – se sorprende Freezer.
Los hombres de buscan la ubicación en un ordenador y corren a buscarla.

– “Es una de las pocas reliquias que quedan de esa civilización” – explica Dolltaki. – “De ahí su valor”.
– “No la tienes expuesta.” – responde Freezer. – “¿Por qué la quieres? No pareces un simple coleccionista.”
– “Eres un hombre de negocios como yo” – responde Dolltaki. – “No te costará entenderlo…”
Freezer sonríe.

– “Al fin hablas sin tapujos” – dice el tirano. – “Ya veo. Eliminabas la posible competencia.”
– “Es un culto antiguo, pero no puedo arriesgarme a que vuelvan a aparecer sus adoradores.” – responde el líder.
De repente, uno de los hombres de Dolltaki llega corriendo y alarmado. 

– “¡Han desaparecido!” – exclama el luud.
– “¡¿Cómo?!” – exclama Dolltaki.
– “¡Las cajas han desaparecido!” – insiste su hombre.
– “¡¿LAS cajas?!” – se sorprende Freezer. – “¡¿Hay más de una?!”
– “¡¿Qué ha pasado?!” – grita furioso el líder. – “¡Por qué no me habíais informado!”
– “No ha saltado ninguna alarma, señor” – responde el luud. – “No sabíamos qué…”
Dolltaki propina un revés a su hombre.

– “¡Quiero saber lo que ha ocurrido!” – grita el líder. – “¡Revisad las cámaras! ¡Comprobad cada rincón del planeta! ¡Ofreced recompensas! ¡Quiero esas cajas!”
Freezer parece impacientarse.

– “Has intentado ocultarme que existían más de una caja…” – dice frustrado. – “Eso no me gusta.”
Dolltaki tiembla de terror al escuchar el tono del tirano.

– “No… Yo… Iba a contárselo a ahora…” – intenta excusarse el líder.
– “Tienes un día para decirme donde están las cajas” – dice Freezer mientras le da la espalda.
– “¿Solo un día?” – dice asustado Dolltaki. – “Hay que revisar décadas de grabaciones…”
– “Tienes a muchos seguidores” – se burla Freezer. – “Ponles a trabajar.”
Los hombres de Dolltaki no consiguen encontrar ningún rastro sobre los ladrones, y el líder, cuando se le acaba el plazo, se ve obligado a disculparse ante Freezer.

– “No hay rastro, señor” – dice Dolltaki. – “No hay nada extraño en las cámaras. No hay signos de que funcionaran mal. Si alguien las ha alterado, ha sido alguien con un nivel de habilidad que supera ampliamente nuestro entendimiento.”
– “Quiero acceso a los servidores” – dice Freezer. – “Mis hombres se encargarán a partir de ahora.”
– “De acuerdo, señor” – respira Dolltaki aliviado.
– “Pero, a cambio…” – sonríe el tirano.
Freezer abandona el planeta Luud.

– “Un noventa por ciento de las donaciones que reciba…” – sonríe Tagoma. – “Me parece que ha sido usted muy comprensivo.”
– “Le obsesionan sus posesiones” – dice el tirano. – “Le dolerá más esto que la peor de las torturas.”
– “Según la leyenda, un sacerdote Konatsiano derrotó a un terrible monstruo creado a partir de magia oscura y encerró su poder en dos cajas de música.” – lee en una tablet un soldado de Freezer.
– “Otra leyenda…” – suspira el tirano. – “Pero esa caja preocupaba a mi hermano por algún motivo que desconozco. Puede que supiera que habían sido robadas…”
– “¿Qué haremos ahora?” – dice Tagoma. – “No parece que haya nada en las cámaras de seguridad…”
– “Si queremos respuestas sobre una misteriosa tecnología, solo se me ocurre un lugar al que ir…” – dice Freezer.
– “Se refiere a…” – se sorprende Tagoma. – “¡En ese lugar no aceptan formas de vida biológicas! ¡Ni siguiera su padre se atrevió a intentar conquistarlo!”
– “Mi padre está muerto.” – responde el tirano. – “Rumbo a M2”.

ESPECIAL DBSNL /// Fallen FighterZ // Universo 6 / Parte XII: La Sala del Espíritu y el Tiempo

Fallen FighterZ / Parte XII: La Sala del Espírutu y el Tiempo
“No vamos a parar de intentarlo”
En la Atalaya de Kamisama, todos nuestros amigos pueden sentir el ki del insecto acercarse a toda velocidad a la Capital del Oeste.

– “¿Qué pretende?” – pregunta Krilín.
– “Quiere hacernos salir” – responde Gohan mientras aprieta sus puños con fuerza.
Cell sobrevuela la metrópolis hasta llegar al centro de ésta. Algunos ciudadanos, alertados por el zumbido y ya atentos tras la explosión previa en la Corporación Cápsula, miran a esa extraña figura en el cielo.

– “¿Qué es eso?” – pregunta uno.
– “¿Es un hombre?” – dice otro.
El insecto contempla el paisaje urbanístico con una sonrisa.
Tras un instante, Cell alza sus manos.

– “¡HAAAAA!” – exclama el insecto mientras toda la ciudad estalla por los aires formando una gigantesca columna de fuego que se inicia en el centro de la metrópolis y se expande hasta engullirla por completo.
En la Atalaya, todos pueden sentir lo ocurrido, Pronto ven la explosión en el horizonte y son azotados por su onda expansiva.

– “Maldito seas…” – dice Goku entre dientes.
La polvareda se disipa y Cell observa el resultado algo decepcionado.

– “Esperaba que apareciera alguien…” – dice Cell. – “Me has sorprendido, Son Goku. Pero veamos hasta dónde estás dispuesto ha aguantar.” – añade antes de irse volando.
En el Palacio, nuestros amigos empiezan a impacientarse.

– “¡Se mueve de nuevo!” – advierte Yamcha.
– “Va hacia la Capital Central…” – dice Krilín.
– “¡Tenemos que detenerle!” – exclama Trunks.
– “Lo haremos” – responde Goku. – “Pero no podemos precipitarnos”.
– “Ya tenemos un plan.” – les recuerda Gohan.
Cell sigue volando hacia su siguiente objetivo, pero de repente Goku aparece con el Shunkanido y se interpone en su camino, haciendo que el insecto deba detenerse.

– “Son Goku…” – sonríe Cell. – “No has podido resistirte…”
Goku le mira con rostro serio.

– “Ya sé que quieres eliminarme, pero no tienes que matar a nadie más.” – le dice Goku. – “Los terrícolas no tienen nada que ver con esto”.
– “Siempre preocupado por los demás…” – se burla Cell. – “¿Vas a ofrecerme tu vida por la suya?”
– “¿Eso serviría?” – le pregunta Goku.
– “No” – responde el insecto. – “Mi objetivo es poner a prueba mi cuerpo perfecto, y para eso tengo que llamar la atención. Lo he aprendido de ti.” – explica Cell. – “Gente como yo es la que hace que aparezcan luchadores como tú.”
El saiyajín parece reflexionar sobre las palabras de Cell.

– “La Red Ribbon, Piccolo Daimaoh, los saiyajín, Freezer, los androides, Majin Bu…” – continúa el insecto. – “Un poco de caos ha hecho que en pocos años hayan aparecido guerreros de una talla nunca vista antes. Tú, Vegeta, Son Gohan, Trunks, Piccolo… Vuestro poder no tiene precedentes en este planeta. Incluso los humanos han superado sus barreras… Así que me pregunto, ¿qué ocurrirá ahora? ¿Quién se alzará para enfrentarse a mí?”
– “Buscas un nuevo rival para poner a prueba tu cuerpo y obligarte a mejorar…” – responde Goku. – “Tengo que admitir que no es un sentimiento que me sea ajeno.” – añade. – “Pero no deberías hacer planes a largo plazo, porque aún tienes que derrotarnos a nosotros” – intenta provocarle.
– “Gohan, Vegeta y tú no pudisteis derrotarme luchando juntos, y ahora Vegeta ha muerto. ¿Aún crees que podéis derrotarme?”
– “No vamos a parar de intentarlo” – responde Goku.
– “Lo sé” – sonríe Cell. – “Y eso me fascina”.
Cell y Goku se miran detenidamente.

– “Si quieres que luchemos contra ti con todo nuestro poder, tiene que ser en un lugar donde no podamos causar daños a la Tierra.” – dice Goku.
– “¿Quieres luchar en otro planeta?” – le pregunta Cell.
– “Eso no será necesario” – responde Goku. – “Hay un lugar en la Tierra que cumple esas condiciones. Está en la Atalaya de Kamisama.”
El insecto se sorprende al escuchar nombrar ese lugar.

– “¡La famosa Atalaya!” – exclama Cell. – “Supongo que os habéis estado ocultando ahí… ¿Y dices que quieres revelarme su localización?”
– “Ahí hay un lugar llamado la Sala del Espíritu y el Tiempo” – explica Goku. – “En ese lugar no hay absolutamente nada y está aislada del mundo exterior. Ahí podremos luchar sin distracciones ni limitaciones.”
– “Es una propuesta interesante…” – dice Cell. – “¿Qué te hace pensar que no os mataré a todos nada más llegar?”
– “No ganas nada haciéndolo” – responde Goku.
Cell sonríe.

– “Está bien. Te sigo.” – dice Cell.
Goku se acerca al insecto y le ofrece la mano mientras se prepara para hacer el Shunkanido.
En un instante, los dos guerreros aparecen en la Atalaya frente a los demás. Cell observa su alrededor y se percata de como le están mirando los presentes.

– “¿Van a ser nuestros espectadores?” – pregunta Cell.
– “No. Ellos se quedarán al margen.” – responde Goku. – “Nadie va distraernos.”
– “Aterrorizados…” – murmura mientras mira a Krilín, Yamcha, Oolong y Puar. – “Furiosos…” – añade al ver a Trunks y Bulma. – “Qué interesante…”
– “Sígueme” – le dice Goku.
Cell acompaña al saiyajín hasta la puerta de la misteriosa sala.

– “Es aquí” – dice Goku.
– “Mucha suerte, papá” – dice Gohan mientras su padre abre la puerta.
El insecto se da la vuelta y de nuevo mira a los presentes.

– “No os preocupéis. Esto será rápido.” – sonríe Cell. – “Puede ir calentando el siguiente.” 
Ambos luchadores entran juntos. Cell se adelante mientras el saiyajín cierra la puerta.
El insecto de repente se encuentra observando la más inmensa nada. Un paraje blanco impoluto. Nota como el aire es más denso y su cuerpo pesa más. También se percata de que ha dejado de sentir el ki de los luchadores que había en la Atalaya.

– “¿Qué lugar es este?” – murmura Cell impresionado.
– “Este es nuestro ring” – dice Goku.
Fuera de la sala, nuestros amigos esperan impacientes. La diferencia en el transcurso del tiempo a ambos lados de la puerta hace que sea difícil predecir lo que está ocurriendo dentro de la habitación.
Goku y Cell se preparan para luchar.
El saiyajín, aún en su estado base, se prepara para lanzar un Kamehameha.

– “Ka… Me… Ha… Me…” – murmura Goku
– “¿Cómo?” – se extraña Cell. – “¿Vas a empezar con eso? ¡JAJAJA! ¿Es que el miedo te ha vuelto loco? Conozco esa técnica de sobra. No vas a…”
Goku esboza una sonrisa en el último momento que inquieta a Cell.

– “¡HAAAAAA!” – exclama el saiyajín dándose la vuelta y lanzando su ataque contra la puerta de la sala.
Cell no entiende lo que ha pasado y mira a Goku confuso.

– “Ahora no podemos salir” – explica Goku. – “Tú y yo estamos solos; encerrados en esta sala hasta que uno mate al otro.”
– “¡Me has engañado!” – exclama Cell nervioso.
El saiyajín sonríe y empieza a hacer estiramientos.

– “No exactamente” – responde Goku.
– “¿Qué?” – dice Cell.
– “Estamos solos y nadie va a interrumpirnos” – añade Goku mientras se transforma en Súper Saiyajín 2.
Cell le devuelve la sonrisa.

– “Siempre acabas impresionándome, Son Goku” – responde Cell mientras se envuelve en su aura amarilla. – “Primero te mataré y después buscaré una salida.”
Fuera de la sala, las horas pasan. Nuestros amigos están cada vez más nerviosos. 

– “¿Por qué tardan tanto?” – pregunta Krilín.
– “Si aún no han salido, es posible que mi padre haya destruido la puerta de la sala” – dice Gohan.
– “¿Y si intentamos abrir la puerta?” – dice Yamcha.
De repente, todos sienten la aparición de un poderoso ki.

– “¡¿Han salido?!” – exclama Trunks.
– “¡Es el ki de Goku!” – añade contento Krilín.
Todos corren hacia la puerta de la Sala, pero enseguida se percatan de que ésta sigue cerrada.

– “Pero, ¿qué ha…?” – dice Yamcha.
En ese instante puede escuchar un sonido característico de pisadas que se acerca a ellos y el terror les embarga.

– “He estado vagando por la nada durante meses…” – dice Cell furioso mientras un extraño portal se cierra a su espalda. – “Me las vais a pagar”.