ESPECIAL DBSNL // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte I: Sangre Real

Especial DBSNL // U3, U5, U6 y U7 / Parte I: Sangre Real
“Si Freezer pretende tratar con nosotros, debe hacerlo con respeto”


El Rey Vegeta se encuentra sentado en su sillón, en la gigantesca y vacía sala del trono. Su semblante es serio; parece preocupado. A su lado, su hombre de confianza y amigo, Páragus, parece compartir su sentimiento. El Rey viste una armadura de aspecto arcaico, pero su compañero lleva una coraza de cuero.

– “No podemos negarnos” – dice Páragus, que parece frustrado y contrariado por sus propias palabras.
– “Lo sé” – responde el Rey. – “Rechazar el trato puede significar el final de nuestra raza… pero aceptándolo cedemos nuestra libertad para siempre”.
– “Si nos pides luchar, lucharemos” – responde Paragus. – “El pueblo sigue en deuda contigo.”
– “No estamos preparados para otra guerra.” – dice Vegeta. – “Diez años de lucha contra los tsufur han mermado nuestras fuerzas.”
Paragus se acerca a la gigantesca cristalera que adorna el palacio y observa la ciudad aún en ruinas por la guerra reciente.

– “Que las futuras generaciones me perdonen” – claudica el Rey Vegeta.
– “Puede que algún día se alce un saiyajín capaz de liberarnos” – dice Páragus.
– “¿Aún crees en esas historias, viejo amigo?” – sonríe el Rey.
– “Ahora mismo es todo lo que tenemos” – responde el saiyajín.
De repente, un pitido alerta a los saiyajín. El rudimentario scouter del Rey, posado sobre el reposabrazos del trono, parece estar recibiendo una transmisión.

– “Aún no me he acostumbrado…” – dice Vegeta mientras se lo coloca en la oreja y aprieta el botón principal para escuchar el mensaje.
– “No entiendo que quieras usar esos artilugios” – le dice Páragus.
– “La tecnología tsufur puede sernos útil.” – responde el Rey mientras toca su propia armadura. – “Nos facilita las cosas.”
– “Siempre confiaré más en un hermano caído” – insiste Páragus golpeándose sutilmente el pecho con su puño, sobre su corazón. – “Como se ha hecho siempre.”
– “Eres un sentimental” – se burla el Rey.
Vegeta, al terminar de escuchar el mensaje, se quita el scouter.

– “Freezer ha enviado un emisario” – dice el Rey.
– “Ni siquiera se digna a venir él …” – refunfuña entre dientes Páragus. – “Nos falta al respeto.” – añade apretando con rabia sus puños.
– “Tranquilo, Páragus.” – intenta calmarle Vegeta. – “Veamos qué tiene que decir el

En ese instante, un guardia saiyajín atraviesa las puertas y cae muerto al suelo.
Páragus y Vegeta se ponen en guardia, sobresaltados por lo ocurrido. 

Un ser rosado y grandullón entra en la sala.

– “¡¿Quién eres?!” – exclama Páragus. – “¡¿Cómo osas presentarte así ante el Rey Vegeta?!”
El misterioso personaje estalla en una carcajada.

– “Me dijeron que tenía que esperar…” – responde el desconocido. – “Pero supongo que ha sido un error, porque nadie hace esperar al Imperio”.
Seis guardias saiyajín irrumpen en la sala y rodean al enemigo.

– “Eres el emisario de Freezer…” – dice Vegeta. – “Dodoria”.
– “Por la forma en la que te refieres a mi señor, ¿tengo que deducir que os negáis a uniros a nuestras tropas?” – sonríe el emisario.
El Rey hace un gesto a sus hombres para que se tranquilicen.

– “Nos sentimos honrados por la oferta” – dice el Rey. – “Pero necesitamos tiempo para recuperarnos. Acabamos de salir de un conflicto que ha durado una década y aún nos estamos acostumbrando a…”
– “Excusas” – le interrumpe Dodoria. – “El señor Freezer quiere contar con vosotros cuanto antes. Además, quiere incluir en el trato el acceso completo a la tecnología tsufur.”
– “Necesitamos tiempo…” – insiste el Rey.
– “Dadnos un año” – interviene Páragus. – “Podemos intercambiar información sobre la tecnología…”
– “¿Intercambiar información? ¡JAJAJAJA!” – se burla Dodoria. – “¿Qué información pueden aportar unos simios?”
Páragus da un paso al frente.

– “¡Repite eso!” – exclama furioso el saiyajín.
– “Por vuestra culpa, una raza que podría haber aportado muchos avances al Imperio ha desaparecido.” – responde el emisario de Freezer. – “Un tsufur valía más que todos vosotros.”
– “No olvides que estás sobre las ruinas de esos a los que alabas.” – le interrumpe el Rey.
– “No tenéis ni idea de lo vasto que es el Universo. Solo habéis demostrado ser bárbaros. Os gusta el combate; la violencia.” – dice Dodoria. – “Y ni siquiera sois los mejores en eso. Pero por algún motivo que no logro comprender, mi señor cree que podéis ser útiles.”
El Rey se pone en pie y se acerca a Dodoria.

– “Somos guerreros. Si Freezer pretende tratar con nosotros, debe hacerlo con respeto” – le desafía Vegeta.
Dodoria agarra al Rey por el cuello, levantándole del suelo.
Páragus se abalanza sobre él, pero Dodoria le noquea con un simple revés, estampándole contra una columna.
Los guardias se abalanzan sobre el enemigo, pero son detenidos por la débil voz de su Rey.

– “Deteneos” – dice con un hilo de voz.
Dodoria sonríe mientras aprieta un poco más el cuello de Vegeta.

– “Parece que vuestro Rey ha entendido su lugar…” – se mofa el emisario.
– “Aceptamos… Aceptamos el trato…” – dice el Rey.
Dodoria suelta a Vegeta, que cae al suelo.

– “¡Su Majestad!” – exclama un soldado, que se apresura a levantar a su Rey.
El emisario de Freezer da la espalda a Vegeta y camina hacia la salida. 

– “En unos días llegará una nave con personal para estudiar la tecnología tsufur y trabajar en vuestro adiestramiento.” – anuncia Dodoria.
– “¿Adiestramiento?” – se extraña el Rey.
– “Peleáis como animales rabiosos” – dice Dodoria. – “Eso no os llevará muy lejos fuera de este planeta.”
Dodoria abandona la sala.
El Rey desprecia la ayuda de su guardia. Siente que su orgullo ha sido herido.

– “Páragus, ¿estás bien?” – le pregunta a su amigo.
El saiyajín, con su ojo ensangrentado, intenta ponerse en pie, pero solo logra arrodillarse.

– “¿Qué vamos a hacer ahora?” – pregunta con los hombros caídos.
– “Rezar para que esas leyendas en las que crees sean ciertas” – responde el Rey.
Detrás del trono, un jovencísimo niño se encuentra agazapado, mirando la escena, aterrorizado.
Páragus se percata de su presencia.

– “No…” – lamenta el saiyajín al ver al crío.
– “¿Qué ocurre?” – pregunta el Rey.
– “Tú hijo…” – responde Páragus.
El Rey, al ver la expresión en la cara del joven Vegeta, entiende que ha presenciado todo lo ocurrido. 

– “Vegeta…” – dice el Rey, que se acercarse al chico. – “Ya ha pasado…”
El joven saiyajín permanece inmóvil, con la mirada perdida.
El Rey agarra a su hijo y le sienta en el trono.

– “No dejaremos que se salgan con la suya” – dice el Rey.
El pequeño Vegeta sigue en estado de shock.

– “Mírame” – le dice su padre. – “Hijo, mírame”.
Finalmente, el Rey consigue captar la atención del niño.

– “¿Por qué te habla así?” – pregunta el chico. – “Tú eres el Rey… Somos saiyajín…”
– “Así es. Y tú eres el Príncipe de una raza de guerreros extraordinaria.” – responde el padre. – “Y vamos a trabajar duro para que se den cuenta de eso. Para poder decir con orgullo que somos saiyajín. Lucharemos para que, en el futuro, nadie se atreva a hablarte así a ti.”

ESPECIAL DBSNL /// Emperador Freezer // Universos 3 y 5 / Parte VII: Fuente de energía

Emperador Freezer / Parte VII: Fuente de energía
“Seguro que puedo extraer mucha energía de ti…”

Freezer se encuentra cara a cara con Rildo, que se ha transformado en un gran ser metálico y musculoso, y ha revelado ser uno con el planeta.
El demonio del frío parece preocupado. Nunca se ha enfrentado a un enemigo de esta magnitud. Su contrincante es extremadamente fuerte, su energía es indetectable y tiene control absoluto sobre el terreno de combate.
El suelo se convierte repentinamente en peligrosas púas que intentan crecen intentando ensartar a Freezer, pero el Emperador huye volando, perseguido por decenas de pinchos.
El demonio se detiene en el aire y lanza un ataque de ki contra las púas, desintegrándolas, pero pronto es sorprendido por una gigantesca ola de metal que le envuelve a traición y le atrapa.
Rildo, con los brazos cruzados y actitud prepotente, se acerca a su enemigo encarcelado.

– “Ha sido muy fácil” – sonríe el planeta antropomorfo. – “Seguro que puedo extraer mucha energía de ti…”
De repente, el cascarón de metal empieza a resquebrajarse, revelando una brillante luz rosada en su interior. 
Rildo parece sorprendido ante el poder de Freezer, que termina liberándose de su cárcel de metal, envuelto en una barrera de energía fucsia y mostrando su apariencia musculosa que indica estar utilizando todo su poder.

– “Eres mucho más fuerte de lo que indicaban mis cálculos…” – dice el autómata.
Freezer sonríe.

– “Deberías actualizarlos” – responde el demonio desafiante.
Rildo se abalanza sobre Freezer e intenta golpearle, pero el demonio detiene el puñetazo protegiéndose con el dorso de ambos antebrazos.
El Emperador sale repelido, pero pronto recupera la estabilidad. 
Rildo, mientras avanza hacia el tirano, lanza un poderoso ataque de ki que la barrera de Freezer repele.
El robot intenta golpear de nuevo al Emperador, pero el demonio del frío le esquiva y conecta un puñetazo en la barbilla de Rildo, haciéndole ascender varios metros de distancia antes de detenerse.
Rildo y Freezer se miran atentamente.

– “No puedes derrotarme” – le dice Rildo.
– “He destruido muchos planetas a lo largo de mi vida” – se burla Freezer. – “Tú serás uno más.”
Ambos guerreros se abalanzan de nuevo el uno contra el otro.
En la nave, uno de los hombres del Emperador parece alarmado al recibir extrañas lecturas en su pantalla.

– “¡¿Qué ocurre?!” – pregunta Tagoma.
– “No lo entiendo…” – responde el analista. – “Estas lecturas no son posibles…”
– “¡Explícate!” – insiste Tagoma nervioso.
– “El planeta… ¡ha cambiando!” – responde el científico.
– “¡¿Qué?!” – se sorprende el soldado al mando.
– “Su comportamiento, su densidad… ¡Todo parece haberse vuelto loco! Es como si estuviera… ¡vivo!” – insiste el analista.
Freezer y Rildo siguen enzarzados en su combate. El intercambio de golpes es cada vez más brutal, y parece que es el planeta quien lleva la iniciativa. Freezer está cada vez más cansado.

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Finalmente, Rildo logra propinar varios golpes seguidos al tirano, que se ve superado y retrocede malherido, perdiendo su forma de máximo poder.
El planeta se siente triunfador y se prepara para asestar el golpe de gracia al tirano.

– “Esto acaba aquí” – sonríe el Rildo, que apunta al tirando con su mano mientras ésta se convierte en una masa viscosa que se prepara para envolver a Freezer.
– “¿Qué es esto?” – pregunta el tirano.
– “Te convertiré en una batería” – responde Rildo. – “Pronto podré volver a convertirme en el planeta conquistador que fui hace milenios. Volveré a viajar por el Universo absorbiendo la energía de cada planeta con el que me tope. ¡Éste será el fin de la vida biológica, que ha demostrado su continuo fracaso! ¡Repoblaré el Universo con máquinas! ¡Seré la única existencia soberana existente!”
– “Y para eso necesitas las cajas…” – murmura Freezer.
– “Me aseguraron que eran una fuente ilimitada de energía” – reconoce Rildo. – “Así que hice un trato.”
– “¿Qué clase de trato?” – insiste el Emperador.
– “Con mi ayuda tecnológica, ese tal Kamo me traería las cajas y yo me aseguraría de acabar con los saiyajín supervivientes” – responde Rildo.
– “¿Los saiyajín?” – se sorprende Freezer.
– “Si te sirve de consuelo, cumpliré mi palabra y mataré a los saiyajín” – se burla el planeta. – “Gracias a ti tendré la energía suficiente para poder abrir esas cajas y extraer todo su poder”.
De repente, el Emperador sonríe.

– “Jujuju” – ríe Freezer. – “Esta información es muy interesante.”
– “¿Qué?” – se sorprende Rildo, que se da cuenta de que ha sido engañado.
– “Pero los saiyajín… ¡SON MÍOS!” – exclama alzando su mano hacia su enemigo y atrapándole en una esfera de energía. 
Ridldo queda inmovilizado.

– “Ni tú ni nadie va a arrebatarme mi venganza” – explica Freezer. – “¡HAAAAAAA!” – grita al proyectar a su enemigo hacia el cielo. – “¡MUERE!” – exclama mientras aprieta su mano y hace que la prisión de ki estalle en mil pedazos.
Freezer desciende hasta el suelo e inca la rodilla agotado, intentando recuperar el aliento.
En ese instante, a su alrededor, el metal se eleva y toma forma, generando a cinco nuevos Rildo que le rodean.
El Emperador les contempla estupefacto, mientras ellos sonríen.

– “No puedes ganar” – dicen todos al unísono.
Freezer se pone en pie, dispuesto a seguir luchando, pero el metal que le rodea asciende por sus piernas, atrapándole.

– “Eres un ser astuto, Freezer” – admite Rildo. – “Pero la biología tiene muchas limitaciones”.
En la nave, Tagoma y sus hombres siguen investigando el planeta.

– “Algo no va bien…” – dice un soldado preocupado. – “Las constantes de Freezer han disminuido mucho”.
– “Pero, ¡nuestro señor es inmortal!” – exclama otro.
Tagoma se acerca a un gigantesco monitor holográfico que presenta un mapa térmico de la superficie del planeta que la nave ha podido escanear y lo observa atentamente. 

– “¿Qué es esto?” – pregunta señalando una pequeña anomalía térmica humeante.
– “Algún tipo de escape de vapor caliente” – responde un analista. – “En este planeta todo es artificial, así que es difícil decir algo con certeza”.
– “No me refiero a eso…” – responde Tagoma. – “Si no a lo que hay dentro”.
El analista amplia la zona y parece que un punto de menor temperatura está asentado en el centro del orificio del que sale el vapor.

– “Parece… ¡una nave!” – exclama un solado.
Tagoma se da la vuelta y se apresura hacia la escotilla.

– “¡Dadme un casco espacial!” – ordena el soldado de élite. – “¡Voy a salir!”
– “Pero, ¡señor! ¡Es peligroso!” – le dice un soldado.
– “Estad atentos a mi señal” – responde Tagoma.
Mientras tanto, el metal sigue ascendiendo por el cuerpo de Freezer. En ese instante, el tirano siente el ki de su soldado en movimiento.

– “¿Qué está haciendo?” – piensa Freezer. – “Un momento… ¡se dirige hacia el ki que noté al llegar al planeta!”
Cuatro de los cinco Rildo desaparecen fundiéndose de nuevo con el planeta, mientras el quinto sigue frente al Emperador.
Tagoma llega hasta el misterioso lugar en el que descubre un grupo de orificios gigantescos que emanan vapor como si fueran chimeneas.

– “Éste es el sitio…” – piensa Tagoma mientras desciende por uno de los agujeros.
Tras descender unos metros, descubre una extraña nave que parece hecha de chatarra.

– “¿Qué demonios…?” – se sorprende al ver tan bizarro aparato oculto en M2. 
El túnel parece seguir extendiéndose en la oscuridad. De su interior provienen extraños sonidos y susurros, como si hubiera alguien trabajando.
Tagoma se adentra en la penumbra en busca del dueño de la nave.
En la superficie, Freezer cada vez está más cerca de ser cubierto por el metal.

– “Aún te resistes…” – sonríe Rildo. – “¿Es que crees que tu soldado te ayudará?” – se burla.
Freezer se sorprende al escuchar a Rildo revelar su conocimiento sobre el paradero de Tagoma.
En el interior del túnel, dos extraños y diminutos personajes están arrancando porciones metálicas de las paredes.
Cerca de ellos, un extraño aparato reposa en el suelo emitiendo unas extrañas ondas de energía.

– “¡Tengo otra pieza, Pinot!” – exclama uno.
– “¡Eso es estupendo, Merlot!” – celebra el otro.
– “Al neutralizador le quedan catorce minutos” – dice Pinot mientras mira un contador en el misterioso dispositivo. – “Creo que deberíamos irnos ahora y no tentar a la suerte.”
– “Sí, será lo mejor” – responde Merlot.
Al darse la vuelta, los dos personajes se encuentran a Tagoma frente a ellos.

– “¿Quiénes sois vosotros?” – se extraña el soldado. – “Sois… ¿tech-tech?”
– “¡Un soldado del Imperio!” – exclama Merlot.
– “¡Idiota! ¡El planeta te habrá detectado!” – añade Pinot aterrorizado. 
– “¡Quietos!” – les amenaza Tagoma apuntándoles con la mano.
Los dos tech-tech recogen sus cosas y huyen hacia su nave, ignorando a Tagoma.

– “¡Deteneos!” – exclama Tagoma, frustrado al ver que no le hacen caso.
– “¡Huye tú también!” – exclama Merlot.
– “¡Ya debe estar cerca!” – grita Pinot.
– “¡El neutralizador!” – dice Merlot al ver que se han dejado atrás su aparato.
– “¡No ha tiempo!” – le dice Pinot agarrándole del brazo.

En ese instante, la pared del túnel empieza a tomar forma humanoide y surge Rildo.
Mientras tanto, Freezer, envuelto completamente en metal, está siendo transportado por otro autómata al núcleo del planeta
Los dos habitantes del planeta Tech-tech entran en su nave y encienden los motores. Las paredes del túnel intentan atraparles, pero al acercarse a la nave ésta emite una onda parecida a la del dispositivo portátil y el metal se torna líquido y no puede avanzar.
Tagoma lanza un ataque de ki a su enemigo e intenta escapar hacia la salida, pero las paredes del túnel se cierran frente a él y le obligan a retroceder. 
Al hacerlo, Tagoma se acerca al dispositivo y Rildo se detiene. El robot extiende su mano hacia el soldado, pero su brazo se derrite al aproximarse al aparato que han dejado los tech-tech.

– “Parece que es así como lo hacían… ¡Basura carroñera!” – exclama Rildo, que parece no ser ajeno a las incursiones de los alienígenas.
Tagoma agarra el dispositivo y lo acerca al autómata, que retrocede para evitar ser engullido por el rango de acción del aparato.

– “Tu señor ya ha caído” – dice Rildo. – “Tú tampoco lograrás salir de este planeta”.
En el núcleo, Freezer ha sido liberado parcialmente del metal. Sus manos, pies y cola siguen atrapados. El Emperador está inconsciente. Varias agujas y cables han sido insertados en su cuerpo.
La maquinaria que le rodea parece ponerse en marcha y Freezer despierta gritando de dolor.

– “Eso es…” – sonríe Rildo. – “Dame tu energía”.
La superficie del planeta empieza a moverse sinuosamente.
En la nave del Imperio, los soldados se ponen muy nerviosos.

– “¡Tenemos que salir de aquí!” – exclama uno.
– “Tenemos órdenes” – responde otro.
– “¡Si seguimos aquí moriremos!” – insiste el soldado.
– “¡Debemos esperar al señor Freezer y al señor Tagoma!” – exclama otro.
– “¡Al carajo el señ…!” – grita el soldado antes de que un ataque de ki perfore su pecho.
– “Esperaremos” – sentencia el soldado brench que acaba de entrar en la sala de mando y ha realizado el disparo.
– “Sí, señor Curd” – responden los demás soldados.
Cerca de Freezer, las dos cajas de música se encuentran en una máquina que las analiza continuamente.

En el túnel, el soldado de élite aprieta el botón de su visor “scouter”, que detecta la tenue energía de Freezer.

– “Puede que tengas razón…” – sonríe Tagoma.
De repente, el soldado se da la vuelta y echa a volar a través del túnel, haciendo que el metal se derrita a su paso.

– “¡Maldita sea!” – exclama Rildo, que enseguida se da cuenta de que el soldado está avanzando hacia el núcleo.
El autómata intenta disparar al soldado, pero Tagoma logra escabullirse.
Mientras tanto, la nave del Imperio detecta a los tech-tech.

– “¡La nave se mueve!” – exclama un soldado.
– “Tagoma aún no ha respondido” – dice Curd. – “Tendremos que esperar”.
El soldado del Imperio llega hasta el núcleo del planeta, donde se encuentra a su señor siendo torturado.

– “Señor Freezer…” – titubea el fiel soldado al ver al Emperador en tan deplorables condiciones.
En ese instante, ambos son rodeados por múltiples Rildo, que se preparan para lanzarles un ataque de ki.

– “Última oportunidad”– le dice el robot. – “Deja a tu señor y abandona el planeta, o ambos moriréis aquí y ahora”.
Tagoma se siente acorralado. Sabe que no puede enfrentarse a un enemigo así. Sus opciones son limitadas, y sabe que, aún aceptando el trato, Rildo podría matarle de todas formas.
En ese momento, el soldado se fija en las cajas de música. El objeto de deseo del Emperador.
Tagoma envuelve su mano derecha en ki. Parece listo para luchar hasta el final.
Rildo se pone serio.

– “Así que eliges morir…” – dice el robot decepcionado.
Pero Tagoma sorprende a Rildo con su siguiente movimiento. El soldado ataca a su señor, desintegrando su débil cuerpo.
El autómata se queda sin palabras. Nunca se habría esperado que Tagoma matara al Emperador.

– “¡Mi fuente de energía!” – lamenta Rildo.
El autómata dispara a Tagoma, pero el ataque es repelido por una onda de ki fucsia.

– “Pero, ¿cómo es posible…?” – titubea Rildo.
Freezer se encuentra en perfectas condiciones y ha protegido a su soldado.

– “Coge las cajas y ve a la nave” – le dice el demonio del frío.
– “Pero solo contamos con un dispositivo…” – dice Tagoma, mostrándole el aparato de los tech-tech.
El Emperador sonríe confiado.

– “No lo necesitaré” – responde el demonio, que en un instante toma su forma de máximo poder.
Tagoma corre hacia las cajas y las agarra.
Uno de los Rildo se prepara para atacarle.

– “¡No te dejaré huir con ellas!” – grita furioso.
Freezer alza ambas manos.

– “¡HAAAAAAAA!” – grita el Emperador con fuerza, haciendo que la sala estalle.
Tagoma vuela por los túneles a toda velocidad, escapando del fuego que le persigue.
Finalmente, el soldado logra huir y se dirige hacia la nave.
Cientos grietas humeantes han aparecido en la superficie del planeta, y por una de ellas aparece Freezer, que escapa hacia su nave.

El metal de la superficie forma una montaña que pronto toma forma de un gigantesco Rildo que se aproxima al tirano.
El demonio del frío sabe que no tiene fuerza suficiente para enfrentarse a este enemigo.
Tagoma ha llegado a la nave y se quita el casco. En ese momento, el dispositivo emite un extraño pitido que indica que se ha quedado sin energía.

– “Maldición…” – lamenta Tagoma. – “Guardad las cajas en un lugar seguro” – dice entregándolas a otro soldado.
– “¡El señor Freezer se acerca!” – exclama un analiza.
– “¡Preparaos para escapar! ¡Motores al máximo!” – ordena Tagoma. – “¡Abrid la escotilla!”
Freezer se acerca a su nave mientras dispara a discreción a Rildo. 
La nave ha empezado a moverse cuando el tirano llega hasta ella y entra de forma precipitada.

– “¡NOOOOOO!” – grita Rildo al ver como su oportunidad de recuperar su época de esplendor se escurre entre sus dedos.
La nave del Impero se escabulle rápidamente y pronto sale del alcance de Rildo.

– “¡Deteneos!” – ordena Freezer. – “¡Detened la nave!”
Tagoma se acerca a Freezer. Teme que la ira le ciegue.

– “Señor Freezer, tenemos las cajas.” – dice el soldado. – “Deberíamos…”
– “Rildo es un enemigo peligroso” – le interrumpe el demonio. – “Ya he visto de qué es capaz sin energía… Si algún día consiguiera una fuente de energía, sería imparable. No puedo permitir que eso ocurra.”
– “¿Y qué vamos a hacer?” – pregunta Tagoma.
Freezer mira por la escotilla y observa un cinturón de asteroides cercano.

– “M2 se ha quedado sin energía porque está en mitad de la nada” – reflexiona el tirano. – “Se encuentra a una distancia considerable de cualquier fuente de energía. Debemos asegurarnos de que siga así”.
– “Podemos montar un escuadrón de vigilancia continua” – dice Tagoma. – “Podemos asegurar un perímetro y así…”
– “No.” – le interrumpe Freezer. – “Cualquier error podría hacer que alguna de las naves cayera en sus manos.”
– “No se me ocurre nada más, señor…” – dice Tagoma.
– “La única energía que recibe ahora es la tenue luz de esa estrella lejana” – dice Freezer contemplándola. – “Le negaremos esa luz” – sonríe.
El tirano abandona la nave y se acerca al cinturón de asteroides. Freezer adopta de nuevo su forma de máximo poder y extiende sus manos hacia las gigantescas rocas, que empiezan a responder a su poder telequinético.
Los hombres del Imperio observan desde la nave a su señor exhibir un poder nunca visto antes.

– “Impresionante…” – dice Tagoma.
– “Parece un Dios…” – murmura Curd.
Freezer logra cambiar la órbita del cinturón de asteroides e interponerlo entre la luz de la estrella y el planeta M2.
Rildo observa desde M2 como la oscuridad se cierne sobre su hogar.
El demonio del frío agota sus energías realizando esa maniobra y pierde su transformación, quedando suspendido en el espacio.
Varios de sus hombres salen de la nave con trajes espaciales para rescatar al Emperador y le devuelven a la nave.

– “¡Llevadle a la sala de curación!” – exclama Curd.
Horas después, Freezer se encuentra suspendido en el líquido verdoso de la cámara de regeneración. Tagoma le observa a través del cristal junto a uno de los doctores.

– “Es increíble lo que puede aguantar un demonio del frío…” – murmura el médico examinando los datos que muestra una pantalla. – “Tienen un cuerpo privilegiado.”
Tagoma mira atentamente a su señor.

– “Es un cuerpo impresionante…” – murmura el soldado.
Durante un instante, Tagoma siente la llamada natural de su biología, que le pide ocupar el cuerpo de mayor poder a su alcance. Se había sentido de esa forma muchas veces con Cooler, pero su amistad le obligaba a controlarse. Pero con Freezer era distinto. Tagoma había seguido a Freezer en busca de un momento como este, pero poco a poco había aprendido a admirar al nuevo Emperador, que había demostrado ser un guerrero digno de su lealtad.
De repente, una alarma suena en la nave.

– “¿Qué sucede?” – pregunta Tagoma, saliendo de su trance.
– “¡Tenemos intrusos!” – exclama un soldado.
Tagoma corre por los pasillos de la nave, en los que se encuentra a Curd, y ambos continúan hasta llegar al lugar de origen de la alerta. La compuerta se abre y revela a los dos alienígenas tech-tech, que han acoplado su nave a la del Imperio y han perforado su casco para llegar a la cámara de seguridad.

– “¡Date prisa, Merlot!” – grita Pinot.
Merlot agarra las cajas de música y corre hacia su nave, que ya está cargada con material robado y en la que se encuentra su compañero, listo para partir.

– “¡Maldita sea!” – grita Curd, que apunta a los intrusos con su mano, pero Tagoma evita que el brench dispare.
– “Cuida mi cuerpo” – le dice Tagoma.
– “¿De qué estas…?” – responde Curd.
– “¡CHANGE!” – grita Tagoma, que emite una extraña luz que choca contra Merlot, derribándole.
Las compuertas de la nave tech-tech se cierran tras Merlot. Pinot desengancha la nave, causando la despresurización de la sala y haciendo que varios soldados de Freezer se pierdan en el espacio.
Tagoma empieza a actuar de forma extraña.

– “¿Qué ha pasado?” – dice el soldado de élite. – “¿Por qué estoy aquí?”
– “¿Tagoma?” – se extraña Curd.
– “¡No os acerquéis!” – grita Tagoma.
Curd dispara a Tagoma, noqueándole.

– “Confío en ti” – murmura Curd.
En la nave tech-tech, Pinot suelta los mandos y se acerca a su compañero.

– “¿Estás bien?” – le pregunta al verle tirando en el suelo.
Merlot se pone en pie. 

– “Estoy bien…” – responde el tech-tech.
– “Me habías asustado” – sonríe Pinot.
– “Hemos escapado por los pelos” – dice Merlot.
– “Pero tenemos nuestra recompensa” – celebra Pinot. – “Ahora ya no es seguro volver a M2, así que tendremos que encontrar otro modo de conseguir piezas… y todo es culpa del Imperio.”
– “Seguro que nos darán algo por esas cajas” – dice Merlot.
– “No sé qué diablos son” – responde Pinot. – “Pero parecen valiosas”.
– “¿Crees que es por lo que el Imperio estaba en M2?” – pregunta Merlot.
– “Puede que esté relacionado con el tsufur” – responde Pinot.
– “¿El tsufur?” – pregunta Merlot.
– “Esa nave que vimos llegar a M2 hace unos meses” – responde el tech-tech algo confuso. – “¿Es que el golpe te ha afectado la memoria?” – se burla Pinot.
– “Estoy un poco mareado…” – responde Merlot. – “Deberíamos investigar esa nave”.
– “Ya lo hicimos…” – responde Pinot, que mira cada vez de forma más extraña a su compañero.
– “Eso está bien…” – sonríe Merlot. – “El señor Freezer lo agradecerá”.

Pinot se gira lentamente hacia su compañero, confuso y con terror en su mirada al escucharle.
En la nave del Imperio, Freezer sigue recuperándose. Tagoma sigue inconsciente.
Curd supervisa la sala de mando cuando, de repente, uno de los soldados anuncia que una nave se acerca a ellos.

– “¡Es la nave tech-tech!” – exclama el soldado. – “¿La derribamos?”
– “¡Un momento!” – grita otro. – “Está pidiendo permiso para aterrizar… ¡y conoce nuestros códigos!”
Curd sonríe al empezar a comprender lo ocurrido. 

– “Concededle acceso” – responde el brench.
La nave aterriza en un hangar y los hombres de Freezer la rodean.
Merlot baja de la nave arrastrando el cuerpo sin vida de Pinot.

– “La nave tiene información importante” – anuncia el tech-tech. – “Que un equipo la analice. Quiero saberlo todo sobre una nave tsufur que estuvo en M2 hace meses.”
Los soldados parecen confusos al recibir órdenes de un extraño.

– “Ya le habéis oído” – dice Curd, haciendo que todos se pongan en marcha.
– “Espero que mi cuerpo siga en perfectas condiciones…” – sonríe Tagoma.
– “Está un poco magullado” – se burla el brench.
En unas horas, Tagoma ha recuperado su cuerpo y Freezer ya se encuentra pletórico. Ambos se encuentran en la sala de mando.

– “Has actuado bien, Tagoma” – le congratula Freezer. – “Has demostrado ser mi mejor solado. Entiendo que mi hermano te tuviera tanto aprecio.”
– “Gracias, señor” – responde Tagoma.
– “Tus habilidades son extraordinarias…” – sonríe el Emperador. – “Me recuerdas al Capitán de mis Fuerzas Especiales.”
– “Ginyu era un aficionado” – fanfarronea Tagoma.
Curd irrumpe en la sala con información que transmitir.

– “Hemos analizado las cajas, pero no parece que haya ningún modo de abrirlas” – anuncia Curd.
– “Supongo que están cerradas con algún tipo de magia…” – murmura Freezer.
– “¿Alguna novedad sobre la nave tsufur?” – pregunta Tagoma.
– “Seguimos investigando, señor” – responde Curd.
– “Me cuesta creer que aún quede algún tsufur con vida…” – murmura Tagoma.
– “Rildo mencionó a un tipo llamado Kamo que le trajo las cajas y le pidió a cambio la muerte de los saiyajín.” – dice Freezer. – “Todo parece indicar que al menos queda uno con vida.”
– “Le encontraremos, señor” – dice Curd.

Un soldado se acerca al Emperador.

– “¿A dónde vamos, señor?” – le pregunta al tirano.
– “¿Alguna sugerencia, Tagoma?” – pregunta Freezer.
– “Si las cajas están cerradas con magia, solo se me ocurre un individuo al que podríamos acudir…” – dice el soldado.
– “Hace años que el Imperio no recurre a magos y charlatanes” – responde Freezer, algo molesto.
– “Su hermano le visitaba cada vez con más asiduidad” – explica Tagoma.
– “¿Con qué motivo?” – se extraña el Emperador.
– “Nunca quiso decírmelo” – responde Tagoma.
– “¿En qué estabas metido, Cooler?” – murmura el tirano. – “¡Está bien!” – anuncia en voz alta. – “Visitaremos a Salabim”.

ESPECIAL DBSNL // Universos 3 y 5 / Parte VII: Fuente de energía

Especial DBSNL // U3 y U5 / Parte VII: Fuente de energía
“Seguro que puedo extraer mucha energía de ti…”

Freezer se encuentra cara a cara con Rildo, que se ha transformado en un gran ser metálico y musculoso, y ha revelado ser uno con el planeta.
El demonio del frío parece preocupado. Nunca se ha enfrentado a un enemigo de esta magnitud. Su contrincante es extremadamente fuerte, su energía es indetectable y tiene control absoluto sobre el terreno de combate.
El suelo se convierte repentinamente en peligrosas púas que intentan crecen intentando ensartar a Freezer, pero el Emperador huye volando, perseguido por decenas de pinchos.
El demonio se detiene en el aire y lanza un ataque de ki contra las púas, desintegrándolas, pero pronto es sorprendido por una gigantesca ola de metal que le envuelve a traición y le atrapa.
Rildo, con los brazos cruzados y actitud prepotente, se acerca a su enemigo encarcelado.

– “Ha sido muy fácil” – sonríe el planeta antropomorfo. – “Seguro que puedo extraer mucha energía de ti…”
De repente, el cascarón de metal empieza a resquebrajarse, revelando una brillante luz rosada en su interior. 
Rildo parece sorprendido ante el poder de Freezer, que termina liberándose de su cárcel de metal, envuelto en una barrera de energía fucsia y mostrando su apariencia musculosa que indica estar utilizando todo su poder.

– “Eres mucho más fuerte de lo que indicaban mis cálculos…” – dice el autómata.
Freezer sonríe.

– “Deberías actualizarlos” – responde el demonio desafiante.
Rildo se abalanza sobre Freezer e intenta golpearle, pero el demonio detiene el puñetazo protegiéndose con el dorso de ambos antebrazos.
El Emperador sale repelido, pero pronto recupera la estabilidad. 
Rildo, mientras avanza hacia el tirano, lanza un poderoso ataque de ki que la barrera de Freezer repele.
El robot intenta golpear de nuevo al Emperador, pero el demonio del frío le esquiva y conecta un puñetazo en la barbilla de Rildo, haciéndole ascender varios metros de distancia antes de detenerse.
Rildo y Freezer se miran atentamente.

– “No puedes derrotarme” – le dice Rildo.
– “He destruido muchos planetas a lo largo de mi vida” – se burla Freezer. – “Tú serás uno más.”
Ambos guerreros se abalanzan de nuevo el uno contra el otro.
En la nave, uno de los hombres del Emperador parece alarmado al recibir extrañas lecturas en su pantalla.

– “¡¿Qué ocurre?!” – pregunta Tagoma.
– “No lo entiendo…” – responde el analista. – “Estas lecturas no son posibles…”
– “¡Explícate!” – insiste Tagoma nervioso.
– “El planeta… ¡ha cambiando!” – responde el científico.
– “¡¿Qué?!” – se sorprende el soldado al mando.
– “Su comportamiento, su densidad… ¡Todo parece haberse vuelto loco! Es como si estuviera… ¡vivo!” – insiste el analista.
Freezer y Rildo siguen enzarzados en su combate. El intercambio de golpes es cada vez más brutal, y parece que es el planeta quien lleva la iniciativa. Freezer está cada vez más cansado.

Dibujado por dsp27

Finalmente, Rildo logra propinar varios golpes seguidos al tirano, que se ve superado y retrocede malherido, perdiendo su forma de máximo poder.
El planeta se siente triunfador y se prepara para asestar el golpe de gracia al tirano.

– “Esto acaba aquí” – sonríe el Rildo, que apunta al tirando con su mano mientras ésta se convierte en una masa viscosa que se prepara para envolver a Freezer.
– “¿Qué es esto?” – pregunta el tirano.
– “Te convertiré en una batería” – responde Rildo. – “Pronto podré volver a convertirme en el planeta conquistador que fui hace milenios. Volveré a viajar por el Universo absorbiendo la energía de cada planeta con el que me tope. ¡Éste será el fin de la vida biológica, que ha demostrado su continuo fracaso! ¡Repoblaré el Universo con máquinas! ¡Seré la única existencia soberana existente!”
– “Y para eso necesitas las cajas…” – murmura Freezer.
– “Me aseguraron que eran una fuente ilimitada de energía” – reconoce Rildo. – “Así que hice un trato.”
– “¿Qué clase de trato?” – insiste el Emperador.
– “Con mi ayuda tecnológica, ese tal Kamo me traería las cajas y yo me aseguraría de acabar con los saiyajín supervivientes” – responde Rildo.
– “¿Los saiyajín?” – se sorprende Freezer.
– “Si te sirve de consuelo, cumpliré mi palabra y mataré a los saiyajín” – se burla el planeta. – “Gracias a ti tendré la energía suficiente para poder abrir esas cajas y extraer todo su poder”.
De repente, el Emperador sonríe.

– “Jujuju” – ríe Freezer. – “Esta información es muy interesante.”
– “¿Qué?” – se sorprende Rildo, que se da cuenta de que ha sido engañado.
– “Pero los saiyajín… ¡SON MÍOS!” – exclama alzando su mano hacia su enemigo y atrapándole en una esfera de energía. 
Ridldo queda inmovilizado.

– “Ni tú ni nadie va a arrebatarme mi venganza” – explica Freezer. – “¡HAAAAAAA!” – grita al proyectar a su enemigo hacia el cielo. – “¡MUERE!” – exclama mientras aprieta su mano y hace que la prisión de ki estalle en mil pedazos.
Freezer desciende hasta el suelo e inca la rodilla agotado, intentando recuperar el aliento.
En ese instante, a su alrededor, el metal se eleva y toma forma, generando a cinco nuevos Rildo que le rodean.
El Emperador les contempla estupefacto, mientras ellos sonríen.

– “No puedes ganar” – dicen todos al unísono.
Freezer se pone en pie, dispuesto a seguir luchando, pero el metal que le rodea asciende por sus piernas, atrapándole.

– “Eres un ser astuto, Freezer” – admite Rildo. – “Pero la biología tiene muchas limitaciones”.
En la nave, Tagoma y sus hombres siguen investigando el planeta.

– “Algo no va bien…” – dice un soldado preocupado. – “Las constantes de Freezer han disminuido mucho”.
– “Pero, ¡nuestro señor es inmortal!” – exclama otro.
Tagoma se acerca a un gigantesco monitor holográfico que presenta un mapa térmico de la superficie del planeta que la nave ha podido escanear y lo observa atentamente. 

– “¿Qué es esto?” – pregunta señalando una pequeña anomalía térmica humeante.
– “Algún tipo de escape de vapor caliente” – responde un analista. – “En este planeta todo es artificial, así que es difícil decir algo con certeza”.
– “No me refiero a eso…” – responde Tagoma. – “Si no a lo que hay dentro”.
El analista amplia la zona y parece que un punto de menor temperatura está asentado en el centro del orificio del que sale el vapor.

– “Parece… ¡una nave!” – exclama un solado.
Tagoma se da la vuelta y se apresura hacia la escotilla.

– “¡Dadme un casco espacial!” – ordena el soldado de élite. – “¡Voy a salir!”
– “Pero, ¡señor! ¡Es peligroso!” – le dice un soldado.
– “Estad atentos a mi señal” – responde Tagoma.
Mientras tanto, el metal sigue ascendiendo por el cuerpo de Freezer. En ese instante, el tirano siente el ki de su soldado en movimiento.

– “¿Qué está haciendo?” – piensa Freezer. – “Un momento… ¡se dirige hacia el ki que noté al llegar al planeta!”
Cuatro de los cinco Rildo desaparecen fundiéndose de nuevo con el planeta, mientras el quinto sigue frente al Emperador.
Tagoma llega hasta el misterioso lugar en el que descubre un grupo de orificios gigantescos que emanan vapor como si fueran chimeneas.

– “Éste es el sitio…” – piensa Tagoma mientras desciende por uno de los agujeros.
Tras descender unos metros, descubre una extraña nave que parece hecha de chatarra.

– “¿Qué demonios…?” – se sorprende al ver tan bizarro aparato oculto en M2. 
El túnel parece seguir extendiéndose en la oscuridad. De su interior provienen extraños sonidos y susurros, como si hubiera alguien trabajando.
Tagoma se adentra en la penumbra en busca del dueño de la nave.
En la superficie, Freezer cada vez está más cerca de ser cubierto por el metal.

– “Aún te resistes…” – sonríe Rildo. – “¿Es que crees que tu soldado te ayudará?” – se burla.
Freezer se sorprende al escuchar a Rildo revelar su conocimiento sobre el paradero de Tagoma.
En el interior del túnel, dos extraños y diminutos personajes están arrancando porciones metálicas de las paredes.
Cerca de ellos, un extraño aparato reposa en el suelo emitiendo unas extrañas ondas de energía.

– “¡Tengo otra pieza, Pinot!” – exclama uno.
– “¡Eso es estupendo, Merlot!” – celebra el otro.
– “Al neutralizador le quedan catorce minutos” – dice Pinot mientras mira un contador en el misterioso dispositivo. – “Creo que deberíamos irnos ahora y no tentar a la suerte.”
– “Sí, será lo mejor” – responde Merlot.
Al darse la vuelta, los dos personajes se encuentran a Tagoma frente a ellos.

– “¿Quiénes sois vosotros?” – se extraña el soldado. – “Sois… ¿tech-tech?”
– “¡Un soldado del Imperio!” – exclama Merlot.
– “¡Idiota! ¡El planeta te habrá detectado!” – añade Pinot aterrorizado. 
– “¡Quietos!” – les amenaza Tagoma apuntándoles con la mano.
Los dos tech-tech recogen sus cosas y huyen hacia su nave, ignorando a Tagoma.

– “¡Deteneos!” – exclama Tagoma, frustrado al ver que no le hacen caso.
– “¡Huye tú también!” – exclama Merlot.
– “¡Ya debe estar cerca!” – grita Pinot.
– “¡El neutralizador!” – dice Merlot al ver que se han dejado atrás su aparato.
– “¡No ha tiempo!” – le dice Pinot agarrándole del brazo.

En ese instante, la pared del túnel empieza a tomar forma humanoide y surge Rildo.
Mientras tanto, Freezer, envuelto completamente en metal, está siendo transportado por otro autómata al núcleo del planeta
Los dos habitantes del planeta Tech-tech entran en su nave y encienden los motores. Las paredes del túnel intentan atraparles, pero al acercarse a la nave ésta emite una onda parecida a la del dispositivo portátil y el metal se torna líquido y no puede avanzar.
Tagoma lanza un ataque de ki a su enemigo e intenta escapar hacia la salida, pero las paredes del túnel se cierran frente a él y le obligan a retroceder. 
Al hacerlo, Tagoma se acerca al dispositivo y Rildo se detiene. El robot extiende su mano hacia el soldado, pero su brazo se derrite al aproximarse al aparato que han dejado los tech-tech.

– “Parece que es así como lo hacían… ¡Basura carroñera!” – exclama Rildo, que parece no ser ajeno a las incursiones de los alienígenas.
Tagoma agarra el dispositivo y lo acerca al autómata, que retrocede para evitar ser engullido por el rango de acción del aparato.

– “Tu señor ya ha caído” – dice Rildo. – “Tú tampoco lograrás salir de este planeta”.
En el núcleo, Freezer ha sido liberado parcialmente del metal. Sus manos, pies y cola siguen atrapados. El Emperador está inconsciente. Varias agujas y cables han sido insertados en su cuerpo.
La maquinaria que le rodea parece ponerse en marcha y Freezer despierta gritando de dolor.

– “Eso es…” – sonríe Rildo. – “Dame tu energía”.
La superficie del planeta empieza a moverse sinuosamente.
En la nave del Imperio, los soldados se ponen muy nerviosos.

– “¡Tenemos que salir de aquí!” – exclama uno.
– “Tenemos órdenes” – responde otro.
– “¡Si seguimos aquí moriremos!” – insiste el soldado.
– “¡Debemos esperar al señor Freezer y al señor Tagoma!” – exclama otro.
– “¡Al carajo el señ…!” – grita el soldado antes de que un ataque de ki perfore su pecho.
– “Esperaremos” – sentencia el soldado brench que acaba de entrar en la sala de mando y ha realizado el disparo.
– “Sí, señor Curd” – responden los demás soldados.
Cerca de Freezer, las dos cajas de música se encuentran en una máquina que las analiza continuamente.

En el túnel, el soldado de élite aprieta el botón de su visor “scouter”, que detecta la tenue energía de Freezer.

– “Puede que tengas razón…” – sonríe Tagoma.
De repente, el soldado se da la vuelta y echa a volar a través del túnel, haciendo que el metal se derrita a su paso.

– “¡Maldita sea!” – exclama Rildo, que enseguida se da cuenta de que el soldado está avanzando hacia el núcleo.
El autómata intenta disparar al soldado, pero Tagoma logra escabullirse.
Mientras tanto, la nave del Imperio detecta a los tech-tech.

– “¡La nave se mueve!” – exclama un soldado.
– “Tagoma aún no ha respondido” – dice Curd. – “Tendremos que esperar”.
El soldado del Imperio llega hasta el núcleo del planeta, donde se encuentra a su señor siendo torturado.

– “Señor Freezer…” – titubea el fiel soldado al ver al Emperador en tan deplorables condiciones.
En ese instante, ambos son rodeados por múltiples Rildo, que se preparan para lanzarles un ataque de ki.

– “Última oportunidad”– le dice el robot. – “Deja a tu señor y abandona el planeta, o ambos moriréis aquí y ahora”.
Tagoma se siente acorralado. Sabe que no puede enfrentarse a un enemigo así. Sus opciones son limitadas, y sabe que, aún aceptando el trato, Rildo podría matarle de todas formas.
En ese momento, el soldado se fija en las cajas de música. El objeto de deseo del Emperador.
Tagoma envuelve su mano derecha en ki. Parece listo para luchar hasta el final.
Rildo se pone serio.

– “Así que eliges morir…” – dice el robot decepcionado.
Pero Tagoma sorprende a Rildo con su siguiente movimiento. El soldado ataca a su señor, desintegrando su débil cuerpo.
El autómata se queda sin palabras. Nunca se habría esperado que Tagoma matara al Emperador.

– “¡Mi fuente de energía!” – lamenta Rildo.
El autómata dispara a Tagoma, pero el ataque es repelido por una onda de ki fucsia.

– “Pero, ¿cómo es posible…?” – titubea Rildo.
Freezer se encuentra en perfectas condiciones y ha protegido a su soldado.

– “Coge las cajas y ve a la nave” – le dice el demonio del frío.
– “Pero solo contamos con un dispositivo…” – dice Tagoma, mostrándole el aparato de los tech-tech.
El Emperador sonríe confiado.

– “No lo necesitaré” – responde el demonio, que en un instante toma su forma de máximo poder.
Tagoma corre hacia las cajas y las agarra.
Uno de los Rildo se prepara para atacarle.

– “¡No te dejaré huir con ellas!” – grita furioso.
Freezer alza ambas manos.

– “¡HAAAAAAAA!” – grita el Emperador con fuerza, haciendo que la sala estalle.
Tagoma vuela por los túneles a toda velocidad, escapando del fuego que le persigue.
Finalmente, el soldado logra huir y se dirige hacia la nave.
Cientos grietas humeantes han aparecido en la superficie del planeta, y por una de ellas aparece Freezer, que escapa hacia su nave.

El metal de la superficie forma una montaña que pronto toma forma de un gigantesco Rildo que se aproxima al tirano.
El demonio del frío sabe que no tiene fuerza suficiente para enfrentarse a este enemigo.
Tagoma ha llegado a la nave y se quita el casco. En ese momento, el dispositivo emite un extraño pitido que indica que se ha quedado sin energía.

– “Maldición…” – lamenta Tagoma. – “Guardad las cajas en un lugar seguro” – dice entregándolas a otro soldado.
– “¡El señor Freezer se acerca!” – exclama un analiza.
– “¡Preparaos para escapar! ¡Motores al máximo!” – ordena Tagoma. – “¡Abrid la escotilla!”
Freezer se acerca a su nave mientras dispara a discreción a Rildo. 
La nave ha empezado a moverse cuando el tirano llega hasta ella y entra de forma precipitada.

– “¡NOOOOOO!” – grita Rildo al ver como su oportunidad de recuperar su época de esplendor se escurre entre sus dedos.
La nave del Impero se escabulle rápidamente y pronto sale del alcance de Rildo.

– “¡Deteneos!” – ordena Freezer. – “¡Detened la nave!”
Tagoma se acerca a Freezer. Teme que la ira le ciegue.

– “Señor Freezer, tenemos las cajas.” – dice el soldado. – “Deberíamos…”
– “Rildo es un enemigo peligroso” – le interrumpe el demonio. – “Ya he visto de qué es capaz sin energía… Si algún día consiguiera una fuente de energía, sería imparable. No puedo permitir que eso ocurra.”
– “¿Y qué vamos a hacer?” – pregunta Tagoma.
Freezer mira por la escotilla y observa un cinturón de asteroides cercano.

– “M2 se ha quedado sin energía porque está en mitad de la nada” – reflexiona el tirano. – “Se encuentra a una distancia considerable de cualquier fuente de energía. Debemos asegurarnos de que siga así”.
– “Podemos montar un escuadrón de vigilancia continua” – dice Tagoma. – “Podemos asegurar un perímetro y así…”
– “No.” – le interrumpe Freezer. – “Cualquier error podría hacer que alguna de las naves cayera en sus manos.”
– “No se me ocurre nada más, señor…” – dice Tagoma.
– “La única energía que recibe ahora es la tenue luz de esa estrella lejana” – dice Freezer contemplándola. – “Le negaremos esa luz” – sonríe.
El tirano abandona la nave y se acerca al cinturón de asteroides. Freezer adopta de nuevo su forma de máximo poder y extiende sus manos hacia las gigantescas rocas, que empiezan a responder a su poder telequinético.
Los hombres del Imperio observan desde la nave a su señor exhibir un poder nunca visto antes.

– “Impresionante…” – dice Tagoma.
– “Parece un Dios…” – murmura Curd.
Freezer logra cambiar la órbita del cinturón de asteroides e interponerlo entre la luz de la estrella y el planeta M2.
Rildo observa desde M2 como la oscuridad se cierne sobre su hogar.
El demonio del frío agota sus energías realizando esa maniobra y pierde su transformación, quedando suspendido en el espacio.
Varios de sus hombres salen de la nave con trajes espaciales para rescatar al Emperador y le devuelven a la nave.

– “¡Llevadle a la sala de curación!” – exclama Curd.
Horas después, Freezer se encuentra suspendido en el líquido verdoso de la cámara de regeneración. Tagoma le observa a través del cristal junto a uno de los doctores.

– “Es increíble lo que puede aguantar un demonio del frío…” – murmura el médico examinando los datos que muestra una pantalla. – “Tienen un cuerpo privilegiado.”
Tagoma mira atentamente a su señor.

– “Es un cuerpo impresionante…” – murmura el soldado.
Durante un instante, Tagoma siente la llamada natural de su biología, que le pide ocupar el cuerpo de mayor poder a su alcance. Se había sentido de esa forma muchas veces con Cooler, pero su amistad le obligaba a controlarse. Pero con Freezer era distinto. Tagoma había seguido a Freezer en busca de un momento como este, pero poco a poco había aprendido a admirar al nuevo Emperador, que había demostrado ser un guerrero digno de su lealtad.
De repente, una alarma suena en la nave.

– “¿Qué sucede?” – pregunta Tagoma, saliendo de su trance.
– “¡Tenemos intrusos!” – exclama un soldado.
Tagoma corre por los pasillos de la nave, en los que se encuentra a Curd, y ambos continúan hasta llegar al lugar de origen de la alerta. La compuerta se abre y revela a los dos alienígenas tech-tech, que han acoplado su nave a la del Imperio y han perforado su casco para llegar a la cámara de seguridad.

– “¡Date prisa, Merlot!” – grita Pinot.
Merlot agarra las cajas de música y corre hacia su nave, que ya está cargada con material robado y en la que se encuentra su compañero, listo para partir.

– “¡Maldita sea!” – grita Curd, que apunta a los intrusos con su mano, pero Tagoma evita que el brench dispare.
– “Cuida mi cuerpo” – le dice Tagoma.
– “¿De qué estas…?” – responde Curd.
– “¡CHANGE!” – grita Tagoma, que emite una extraña luz que choca contra Merlot, derribándole.
Las compuertas de la nave tech-tech se cierran tras Merlot. Pinot desengancha la nave, causando la despresurización de la sala y haciendo que varios soldados de Freezer se pierdan en el espacio.
Tagoma empieza a actuar de forma extraña.

– “¿Qué ha pasado?” – dice el soldado de élite. – “¿Por qué estoy aquí?”
– “¿Tagoma?” – se extraña Curd.
– “¡No os acerquéis!” – grita Tagoma.
Curd dispara a Tagoma, noqueándole.

– “Confío en ti” – murmura Curd.
En la nave tech-tech, Pinot suelta los mandos y se acerca a su compañero.

– “¿Estás bien?” – le pregunta al verle tirando en el suelo.
Merlot se pone en pie. 

– “Estoy bien…” – responde el tech-tech.
– “Me habías asustado” – sonríe Pinot.
– “Hemos escapado por los pelos” – dice Merlot.
– “Pero tenemos nuestra recompensa” – celebra Pinot. – “Ahora ya no es seguro volver a M2, así que tendremos que encontrar otro modo de conseguir piezas… y todo es culpa del Imperio.”
– “Seguro que nos darán algo por esas cajas” – dice Merlot.
– “No sé qué diablos son” – responde Pinot. – “Pero parecen valiosas”.
– “¿Crees que es por lo que el Imperio estaba en M2?” – pregunta Merlot.
– “Puede que esté relacionado con el tsufur” – responde Pinot.
– “¿El tsufur?” – pregunta Merlot.
– “Esa nave que vimos llegar a M2 hace unos meses” – responde el tech-tech algo confuso. – “¿Es que el golpe te ha afectado la memoria?” – se burla Pinot.
– “Estoy un poco mareado…” – responde Merlot. – “Deberíamos investigar esa nave”.
– “Ya lo hicimos…” – responde Pinot, que mira cada vez de forma más extraña a su compañero.
– “Eso está bien…” – sonríe Merlot. – “El señor Freezer lo agradecerá”.

Pinot se gira lentamente hacia su compañero, confuso y con terror en su mirada al escucharle.
En la nave del Imperio, Freezer sigue recuperándose. Tagoma sigue inconsciente.
Curd supervisa la sala de mando cuando, de repente, uno de los soldados anuncia que una nave se acerca a ellos.

– “¡Es la nave tech-tech!” – exclama el soldado. – “¿La derribamos?”
– “¡Un momento!” – grita otro. – “Está pidiendo permiso para aterrizar… ¡y conoce nuestros códigos!”
Curd sonríe al empezar a comprender lo ocurrido. 

– “Concededle acceso” – responde el brench.
La nave aterriza en un hangar y los hombres de Freezer la rodean.
Merlot baja de la nave arrastrando el cuerpo sin vida de Pinot.

– “La nave tiene información importante” – anuncia el tech-tech. – “Que un equipo la analice. Quiero saberlo todo sobre una nave tsufur que estuvo en M2 hace meses.”
Los soldados parecen confusos al recibir órdenes de un extraño.

– “Ya le habéis oído” – dice Curd, haciendo que todos se pongan en marcha.
– “Espero que mi cuerpo siga en perfectas condiciones…” – sonríe Tagoma.
– “Está un poco magullado” – se burla el brench.
En unas horas, Tagoma ha recuperado su cuerpo y Freezer ya se encuentra pletórico. Ambos se encuentran en la sala de mando.

– “Has actuado bien, Tagoma” – le congratula Freezer. – “Has demostrado ser mi mejor solado. Entiendo que mi hermano te tuviera tanto aprecio.”
– “Gracias, señor” – responde Tagoma.
– “Tus habilidades son extraordinarias…” – sonríe el Emperador. – “Me recuerdas al Capitán de mis Fuerzas Especiales.”
– “Ginyu era un aficionado” – fanfarronea Tagoma.
Curd irrumpe en la sala con información que transmitir.

– “Hemos analizado las cajas, pero no parece que haya ningún modo de abrirlas” – anuncia Curd.
– “Supongo que están cerradas con algún tipo de magia…” – murmura Freezer.
– “¿Alguna novedad sobre la nave tsufur?” – pregunta Tagoma.
– “Seguimos investigando, señor” – responde Curd.
– “Me cuesta creer que aún quede algún tsufur con vida…” – murmura Tagoma.
– “Rildo mencionó a un tipo llamado Kamo que le trajo las cajas y le pidió a cambio la muerte de los saiyajín.” – dice Freezer. – “Todo parece indicar que al menos queda uno con vida.”
– “Le encontraremos, señor” – dice Curd.

Un soldado se acerca al Emperador.

– “¿A dónde vamos, señor?” – le pregunta al tirano.
– “¿Alguna sugerencia, Tagoma?” – pregunta Freezer.
– “Si las cajas están cerradas con magia, solo se me ocurre un individuo al que podríamos acudir…” – dice el soldado.
– “Hace años que el Imperio no recurre a magos y charlatanes” – responde Freezer, algo molesto.
– “Su hermano le visitaba cada vez con más asiduidad” – explica Tagoma.
– “¿Con qué motivo?” – se extraña el Emperador.
– “Nunca quiso decírmelo” – responde Tagoma.
– “¿En qué estabas metido, Cooler?” – murmura el tirano. – “¡Está bien!” – anuncia en voz alta. – “Visitaremos a Salabim”.

ESPECIAL DBSNL /// Emperador Freezer // Universos 3 y 5 / Parte VI: Planeta de metal

Emperador Freezer / Parte VI: Planeta de metal
“Has cometido un error viniendo aquí”


La nave de Freezer, tras varias semanas de viaje, se aproxima al planeta M2, que parece una gran masa metálica resplandeciente.

– “Llegaremos en unos minutos, señor” – anuncia uno de sus hombres.
– “Excelente” – celebra el tirano.
Al acercarse más a la superficie, un soldado irrumpe de nuevo en la cámara del Emperador con un nuevo anuncio.

– “Señor, según nuestros sensores, el planeta no tiene atmósfera” – dice el soldado.
– “No será un problema” – responde el demonio del frío. – “Detened la nave y preparad la escotilla superior. Saldré solo.”
Freezer abandona su nave y desciende hasta la superficie del planeta. 

– “Un desierto de metal…” – murmura el tirano al echar un vistazo a su alrededor. – “Que extraño” – dice algo inquieto. – “Siento un ki muy tenue en esa dirección…”
El tirano sale volando en busca de ese misterioso indicio de vida.
Mientras tanto, en la nave, Tagoma está al mando. Él supervisa las lecturas que la nave toma continuamente del planeta.

– “El señor Freezer está volando hacia el Este” – anuncia un soldado.
– “¿Alguna lectura relevante en esa dirección?” – pregunta Tagoma.
– “De momento no hay rastro de vida en el planeta, pero la corteza metálica podría causar interferencias.” – responde otro de sus hombres.
Freezer, tras unos minutos de vuelo, se topa con una gigantesca metrópolis, en cuyo epicentro se encuentra un gran edifico piramidal.
De repente, un pequeño robot se acerca al tirano. El autómata es de color blanco y forma redondeada, con un gran ojo central.

– “¡Alerta: Intruso! ¡Alerta: Intruso!” – repite el robot.
Freezer observa detenidamente a esos seres.

– “He venido a buscar información” – anuncia el tirano.
– “Forma de vida biológica detectada” – dice el autómata. – “Acceso no permitido.”
– “Jujuju” – ríe Freezer. – “Eso ya lo veremos”.
El tirano alza su mano y apunta con su dedo al robot.

– “¡ALERTA: PELIGRO! ¡ALERTA: PELIGRO!” – repite el pequeño autómata.
Freezer dispara y el robot estalla en mil pedazos. 
El tirano sonríe satisfecho.
Unos segundos después, un zumbido creciente alerta a Freezer.
El tirano mira al suelo y se percata de que un enjambre de cientos de robots se aproxima a él a gran velocidad. Los autómatas tienen un aspecto similar al destruido, pero de color morado y con una larga cola naranja.
Freezer se eleva, perseguido por la turba.
El demonio del frío apunta a la multitud y dispara su Rayo Mortal a discreción, destruyendo decenas con cada ataque. Pero pronto se da cuenta de que más y más robots se unen a la batalla.
Tagoma, en la nave, puede ver las explosiones en el monitor.

– “¿¡Están atacando al señor Freezer!?” – pregunta alarmado.
El tirano se detiene en el cielo y se envuelve por una barrera esférica de energía morada y se lanza en picado contra el enjambre, causando cientos de explosiones a su paso, arrasando con todos los robots que encuentra en su camino, hasta que finalmente choca contra la superficie del planeta.
El demonio del frío mira de nuevo a su alrededor mientras aún lluven trozos de metal.

– “Chatarra…” – murmura con desprecio.
Pero pronto se da cuenta de que nuevos robos le rodean.

– “Se me acaba la paciencia…” – amenaza el tirano.
En ese instante, los autómatas se detienen.

– “¿Os rendís?” – fanfarronea Freezer.
Cuatro nuevos robots aterrizan y rodean al demonio.

– “¿Refuerzos?” – sonríe el Emperador.
Uno de los robots es humanoide, de color rojo, alto y estilizado. El segundo es grande, también antropomórfico, metálico y con detalles púrpuras. El tercero, tiene una estatura similar a Freezer, pero sin cabeza. Y el último es antropoide, pequeño y rechoncho, con partes de color verde.
En la cima de la torre central, otro autómata humanoide de tez azul y detalles dorados observa las cámaras de seguridad, repartidas por todo el planeta.

– “El Emperador Freezer… ¿Qué le trae por aquí?” – dice mientras le observa atentamente. – “Veamos de qué es capaz contra el Escuadrón Sigma”.
El gigantón robótico intenta golpear al tirano por su derecha, pero éste detiene el golpe fácilmente. El azul insiste por su izquierda, pero Freezer también le detiene. El más pequeño de ellos ataca al demonio por la espalda, pero con un golpe de su cola, el tirano lo despacha. En ese instante, el robot rojo intenta sorprender a Freezer atacándole de frente rápidamente, pero el demonio le detiene con un cañonazo de ki proyectado con sus ojos.
Freezer utiliza su poder mental para elevar al robot azul y lanzarlo contra el morado.
El pequeño robot verde vuelve a atacar al demonio, pero lo intercepta con su poder mental y lo estruja hasta convertirlo en una bola de chatarra.
El autómata rojo se eleva y dispara una tormenta de misiles contra Freezer, pero éste usa de nuevo su telekinesis para interponer al robot grandullón en el camino de éstos, haciendo que estalle en mil pedazos.
El robot azul carga de nuevo contra el tirano, pero éste moviliza los residuos metálicos esparcidos por el lugar y los lanza contra su enemigo como si fueran metralla, triturándolo.
El robot rojo embiste a Freezer, pero él alza su mano haciendo que el suelo estalle bajo el enemigo.
El autómata intenta localizar al tirano entre la polvareda, pero un disco cortante aparece por sorpresa. El robot logra evitarlo saltando, pero Freezer le espera en las alturas y le golpea con su cola, haciendo que el robot vuelva al suelo, donde un segundo disco lo rebana por la mitad.
La polvareda se disipa en unos instantes y Freezer desciende. La parte superior del robot rojo intenta gatear hasta el demonio del frío.

– “No sois más que chatarra” – murmura el tirano con desprecio antes de eliminar a su enemigo con un ataque de ki.
En la nave, Tagoma sigue pendiente de lo que sucede.

– “¡Lecturas!” – ordena a sus hombres.
– “El señor Freezer parece que sigue en perfecto estado” – responde un soldado. – “No vemos nada más.” 

Tagoma se acerca al gigantesco ojo de buey y contempla el horizonte, que resplandece por el reflejo de la luz procedente de una estrella cercana.

– “No me gusta este planeta” – murmura el soldado.
Freezer da la espalda a los restos de sus enemigos y se prepara para marcharse, pero un ruido llama su atención.
Unos extraños cables a modo de tentáculos se alzan desde el suelo metálico y se entrelazan entre sí, recogiendo los restos robóticos de sus enemigos caídos y reconectándolos.

– “Pero, ¿qué demonios es esto?” – se sorprende el de el demonio.

En un instante, los cuatro robots se han reconstruido.

– “Nunca había visto algo así…” – piensa Freezer.
Los autómatas se abalanzan sobre el Emperador, pero éste alza una poderosa corriente de aire con un gesto de su mano que barre y destruye de nuevo a sus enemigos.

Pero, en un instante, ellos vuelven a reconstruirse.

– “No pienso aguantar esto todo el día” – refunfuña el tirano.
De repente, una voz interrumpe el combate.

– “No puedes ganar, Freezer” – dice el personaje que antes vigilaba desde la torre y ahora ha decidido mostrarse.
El Emperador le mira con interés.

– “Me has reconocido” – sonríe el tirano. – “¿Tú eres quien manda aquí?”
– “¿Por qué has venido?” – pregunta el nuevo autómata.
– “Busco unas cajas de música robadas” – responde Freezer.
– “¿Y porqué aquí?” – insiste el robot.
– “El golpe solo puedo hacerse utilizando una tecnología incomprensible incluso para mis hombres, entre los que se encuentran los mejores especialistas del Universo” – responde el tirano.
– “¿Para qué querríamos unas cajas de música?” – pregunta el robot.
– “Eso aún no lo sé, chatarra” – dice Freezer.
– “Puedes llamarme Rildo” – responde el autómata.
– “¿Por qué debería poner nombre a un saco de tornillos?” – se mofa el tirano.
Rildo no reacciona ante las burlas.

– “Has cometido un error viniendo aquí” – le advierte el robot.
– “Dame la información que necesito” – insiste Freezer.
– “Estás buscando en el lugar equivocado” – responde Rildo.
– “¿Y dónde debería buscar?” – insiste el demonio del frío.
– “Ya no importa” – sonríe el robot. – “Porque no vas a abandonar este planeta”.
Rildo apunta al tirano con su mano y ésta se deforma revelando un cañón que dispara un poderoso ataque de ki que sorprende a Freezer, obligándole a protegerse.
Una gigantesca explosión barre el lugar. El autómata escanea la nube de humo y en busca de signos vitales.

De pronto, aparece una señal de alerta en el radar de Rildo. Freezer surge de la polvareda y se abalanza sobre su rival, propinándole un puñetazo y lanzándole contra unos edificios cercanos.

– “Tu ataque ha sido extraordinario” – dice el tirano. – “Me has cogido desprevenido. No he podido detectar tu energía. Pero eso no volverá a ocurrir” – añade mientras se eleva en el aire.
Rildo se pone en pie, pero se encuentra con una poderosa Bola Mortal aproximándose a gran velocidad.
El ataque del tirano impacta contra el enemigo y un gran estallido engulle parte de la ciudad.

Freezer desciende y se percata de que los robots que le rodeaban han dejado de funcionar.

– “Qué extraño…” – murmura el tirano. – “Supongo que él controlaba los autómatas de este planeta.”
En ese instante, una montaña de metal, que ahora se comporta como un líquido viscoso, se alza detrás de Freezer.
El tirano se da la vuelta y contempla el extraño fenómeno.
En lo alto de la montaña, una figura humanoide musculosa y brillante surge de su cima y se separa de ésta.

– “Yo soy el planeta” – sonríe Rildo, que ha tomado una nueva forma.