ESPECIAL DBSNL /// Prodigal son // Universos 6 y 7 / Parte IV: Cambio de planes

Prodigal son / Parte IV: Cambio de planes
“¿Son esas tus verdaderas intenciones, hijo de Cold?”


En el templo del planeta Kurama, Sidra ha guiado a Cooler hasta una gran sala presidida por un altar en el que se halla expuesta una pequeña caja.

– “Eso es…” – titubea el demonio del frío sorprendido.
– “La semilla del Árbol Sagrado” – dice Sidra.
Cooler se acerca al altar y mira la caja ensimismado.

– “Existe…” – suspira Cooler, que no sale de su asombro.
– “Tras varios incidentes en el pasado, decidí encargarme personalmente de su protección.” – explica Sidra. – “Puede ser muy peligroso fuera de su hábitat natural.”
El Emperador agarra la caja y la abre, revelando la semilla.

– “¿Para qué la quieres?” – pregunta Sidra.
– “Si la historia de las cajas de música es cierta, la necesito para detener al monstruo” – responde Cooler.
– “¿Son esas tus verdaderas intenciones, hijo de Cold?” – insiste el anciano.
Cooler mira fijamente a Sidra.

– “Yo no soy como mi padre” – responde el demonio del frío.
– “Te equivocas” – responde el viejo. – “Eres su viva imagen”.
– “¿Le conocías?” – se sorprende el demonio.
– “Era un gran guerrero” – responde Sidra. – “Poderoso, inteligente y ambicioso… Demasiado ambicioso. Aunque, cuando tienes un poder tal, es difícil no serlo.
– “Conozco sus historias de conquista” – responde Cooler. – “Crecí escuchándolas.”
Sidra sonríe.

– “Sus hazañas van más allá de sus victorias, joven Cooler” – dice el anciano.
– “¿A qué te refieres?” – pregunta el demonio del frío.
– “Se le encomendó la protección de las cajas por una razón” – responde Sidra.
De repente, Cooler siente como si una losa cayera sobre él. Toda su vida sufre un cambio de sentido. El acto que le condenó al destierro, el robo de las cajas de la cámara Imperial, adquiere un nuevo significado.

– “Él… las estaba protegiendo…” – murmura Cooler, mientras el embarga la rabia. – “Esa sabandija…” – refunfuña mientras aprieta los puños con fuerza.
– “Salabim es un brujo astuto y poderoso” – interviene Sidra. – “Sabe utilizar los las miedos de la gente. Nunca tuviste una oportunidad.”
Cooler intenta calmarse. Se siente frustrado y utilizado. Su orgullo ha sido herido.

– “Podemos detener a Salabim.” – dice Sidra. – “Podemos derrotarle antes de que despierte a Hildegarn.”
De repente, la voz de Tagoma suena en su scouter.

– “Señor Cooler, ¿me recibe?” – dice el soldado.
El Emperador respira hondo.

– “Adelante, Tagoma” – responde Cooler.
– “No hay ni rastro de las cajas, señor” – explica el soldado. – “Nada en las cámaras o sensores. Se han desvanecido.”
Cooler, al escuchar tal mensaje, mira a Sidra, que puede leer perfectamente la situación en el rostro del Emperador.

– “Aún hay tiempo” – dice Sidra.
– “Tagoma…” – dice Cooler por el scouter. – “Dejo el Imperio en tus manos. Confío en tu criterio.”
– “Pero… señor Cooler…” – se sorprende Tagoma. – “¡El Imperio…!”
El demonio del frío se quita el scouter y lo destruye en su mano.
Sidra sonríe al ver la decisión de su nuevo aprendiz.
En el planeta Numa, Liquir se recupera después de las visiones del pasado que el fuego le ha mostrado.

– “Hildegarn…” – murmura el kurama.
– “Ese monstruo consumirá el universo si no lo detenemos.” – dice Salabim.
– “¿Y cómo podemos detenerle?” – pregunta Liquir.
– “Encontrando las cajas de música antes que el Imperio” – responde el brujo.
– “El Imperio…” – refunfuña el zorro. – “¿Es por eso que vinieron aquí? ¿Por eso buscan el Fruto?”
– “El Imperio busca poder a cualquier precio” – responde Salabim. – “Ya has visto la destrucción que llevaron a tu planeta.”
Liquir se pone en pie.

– “Acabaré con el Imperio antes de que encuentren las cajas” – sentencia el zorro.
Salabim sonríe satisfecho.

– “Y el Universo te lo agradecerá…” – dice el brujo.
Los meses pasan. Tagoma está al mando del Imperio. En la sala del trono, el soldado se reúne con sus consejeros.

– “Perdemos un planeta cada pocas semanas, señor” – explica uno de sus hombres.
– “El kurama…” – murmura Tagoma.
– “Ese tipo… ¡Acabará con el Imperio!” – exclama otro consejero.
– “Mucha gente le sigue…” – añade otro. – “¡Le ven como a un salvador!”
Tagoma se pone en pie.

– “Solo el señor Cooler podría hacerle frente…” – dice el soldado, impotente ante una amenaza que le supera. – “¿Se sabe algo de las cajas?”
– “No señor” – responde un consejero. – “Ni rastro”.
Tagoma suspira profundamente.

– “¿Cuál es la última localización del kurama?” – pregunta el soldado.
– “Está atacando el planeta Litt” – responde un consejero.
– “Llamad a los mejores cazarrecompensas de la galaxia.” – ordena Tagoma. – “Ofreced una recompensa abierta por la cabeza del kurama.”
En unas horas, una nave pirata tripulada por cuatro personajes recibe el mensaje y sus pantallas se iluminan.

– “¿Qué ocurre, Hart?” – pregunta el Capitán de la nave.
– “Hay una nueva recompensa disponible, Capitán Spade” – responde el pirata. – “Un kurama. En Litt.”
– “¿Un kurama? ¿En el planeta Litt?” – se sorprende Spade. – “¿Qué demonios hace un kurama tan lejos de casa?”
– “Nunca hemos cazado uno.” – responde un tercer cazarrecompensas.
– “Podría ser divertido” – sonríe el cuarto.
– “¡La recompensa es excelente!” – confirma Hart.
– “¿Quién ha puesto el anuncio?” – pregunta el Capitán.
El pirata sigue leyendo la información detallada del trabajo y parece sorprenderse.

– “El… el Imperio” – titubea Hart.
– “Al menos sabemos que van a pagar…” – sonríe el tercer pirata.
– “Klub tiene razón” – dice el cuarto pirata.
Spade se detiene un instante para pensar.

– “Está bien” – decide finalmente. – “Acepta la oferta.”
– “Es abierta” – responde Hart.
– “Entonces esto es una carrera…” – murmura Spade. – “Será aún más interesante.”
En un planeta del antiguo Sector Dormideus, hogar de piratas, un ser humanoide de tez verde azulada, oculto tras un turbante que le cobre solo revela ojos, vestido con botas de color ocre y detalles negros, pantalón blanco, faja negra, torso descubierto, antebrazos ventados y una cimitarra a su espalda, ve el anuncio publicado en una pared

En otro planeta, un ser de piel morada, ojos grises y cabello gris en forma de casco, recibe la misma oferta en su reloj de pulsera. El personaje viste el uniforme de la Patrulla Galáctica, pero su emblema ha sido borrado, como si lo hubieran rascado con una navaja.

ESPECIAL DBSNL /// Prodigal son // Universos 6 y 7 / Parte III: Un monstruo

Prodigal son / Parte III: Un monstruo
“Sé muchas cosas”

En Kurama, los cuerpos sin vida de Doore y Neiz yacen en el suelo. Liquir sujeta por el cuello a un magullado,  ensangrentado y malherido Sauza.

– “El señor Cooler… acabará contigo” – le amenaza Sauza. – “Has declarado la guerra al Imperio”.
– “Vosotros sois los que habéis traído la guerra a mi planeta” – responde Liquir. – “Habéis aniquilado a mi gente”.
– “Tú… Tú les has dejado morir…” – sonríe Sauza.
Liquir aprieta el cuello de Sauza con más fuerza.

– “Podías haberles salvado…” – insiste el soldado, luchando por hablar. – “Pero tus objetivos eran más importantes que ellos… Igual que los nuestros…”
El zorro, frustrado y furioso, termina partiendo el cuello del brench. Después, lanza su cadáver a un lado, con desprecio, y sale volando a toda velocidad.
Tras cruzar medio planeta, llega a un viejo templo con un gran árbol esculpido en su fachada, en el que desciende mientras hace desaparecer dos de sus colas. Una figura le espera entre las sombras.

– “Te dije que no fueras” – dice la la el misterioso personaje, que viste las mismas ropas que el zorro, pero no es de su  raza.
– “Lo siento, señor” – responde Liquir. – “Pero mi gente estaba siendo masacrada”.
– “Luchamos por algo más importante, Liquir” – dice ese personaje, un anciano de poca estatura, de tez verde oliva y barba roja.
– “El Imperio amenaza esa lucha” – insiste Liquir. – “Buscaban el Fruto”.
– “Y ahora sabrán que está aquí” – replica su superior.
– “¡Ahora son vulnerables! ¡Cooler es el único demonio del frío que queda!” – exclama el kurama. – “¡Tengo el poder suficiente para destruir el Imperio! ¡Es ahora o nunca!”
La misteriosa figura agacha la cabeza y se da la vuelta, dando la espalda a Liquir.

– “Me equivoqué al creer en ti” – dice el anciano. – “Las pasiones te controlan, igual que al resto.” – suspira. – “Elegir discípulos nunca ha sido mi fuerte…” – añade mientras se aleja. – “Suerte en tu empresa.”
Liquir agacha la cabeza.

– “Lo siento, señor Sidra” – refunfuña el kurama. – “Le prometo que volveré cuando haya acabado con ellos.”
Unas semanas más tarde, Cooler ha llegado al planeta Luud y se ha reunido con Dolltaki.

– “Voy a ser breve” – dice el demonio del frío. – “Sé que posees las cajas de música konatsianas.”
– “Le compré las cajas al gobernador Don Kee” – responde el predicado. – “Ahora son de mi propiedad.”
– “Mi único objetivo es que estén a buen recaudo” – dice Cooler. – “Si me convences de que lo están, para mí será suficiente.”

El Emperador sigue a Dolltaki a través de su lujoso palacio hasta llegar a su cámara acorazada.

– “Traednos las cajas” – ordena el predicador a uno de sus hombres.
Tras unos minutos de espera en completo silencio, que se hacen interminables para el predicador, su sirviente regresa corriendo y alarmado.

– “¡No están!” – exclama el luud.
– “¿¡Cómo?!” – se asusta Dolltaki.
– “¡Las cajas han desaparecido!” – repite su sirviente.
Cooler, de brazos cruzados, derriba repentinamente al predicador zancadilleándole con su cola, y empieza a propinarle latigazos con ella.

– “¡Piedad!” – grita Dolltaki. – “¡Señor! ¡Por favor!” – suplica.
Los hombres del predicador no se atreven a actuar. Solo se limitan a observar la escena, mientras Cooler sigue castigando sin cesar a su señor, escuchando el estallido de sus huesos.
Finalmente, el Emperador rodea el cuello de Dolltaki con su cola y le levanta del suelo.

– “No tienes ni idea de lo importantes que son esas cajas, ¿no es cierto?” – dice Cooler. – “Vives solo pendiente de tu miserable culto y tus riquezas.”
Dolltaki no tiene fuerzas para hablar.

– “Averigua qué ha ocurrido con las cajas o te prometo que sufrirás un castigo peor que la muerte” – le amenaza antes de soltarle, dejándole caer.

Cooler se da la vuelta y vuelve a su nave, donde Tagoma le espera. El Emperador se sienta en sus aposentos, claramente desanimado.

– “¿Tenemos noticias de Sauza y los demás?” – pregunta Cooler.
– “No, señor” – responde Tagoma. – “Perdimos el contacto con ellos hace semanas”.
Cooler respira profundamente, intentando calmarse, pues siente que todos sus planes se están derrumbando.

– “Quédate aquí y asegúrate de que ese predicador de pacotilla averigüe dónde están las cajas.” – dice Cooler. – “Yo viajaré a Kurama.”
Las semanas pasan. Liquir, ha utilizado una de las cápsulas de los hombres de Cooler para viajar hasta el lugar del que partieron; el planeta Numa.
Al aterrizar, Liquir parece decepcionado.

– “Esperaba que vinieran de su Capital…” – dice Liquir. – “¿Qué hacían en un planeta como este?”

De repente, Liquir siente que una extraña sensación le embarga. La oscuridad le rodea de repente.

– “¡Qué sorpresa!” – dice una voz en su interior. – “¡El Guardián del Fruto ha venido hasta mí!”
– “¡¿Quién eres?!” – exclama Liquir. – “¡Sal de mi cabeza!”
– “¿Buscas vengar a tu gente?” – dice la voz. – “¿A la gente a la que dejaste morir?”
El kurama se agarra la cabeza y cae de rodillas.

– “¡Déjame!” – grita Liquir.
– “Ellos murieron por tu misión…” – insiste la voz. – “Pero ahora la has dejado de lado porque te sientes culpable. Has fracasado en los dos frentes.” – dice mientras le muestra los cadáveres de los kurama.
– “¿Qué magia oscura es esta?” – se pregunta Liquir.
– “Ese viejo Sidra…” – se burla el brujo. – “Siempre tan intransigente.”
Entre la oscuridad se forma la figura de su maestro.

– “¿Señor Sidra?” – se sorprende Liquir.
– “Él ha intentado detenerte…” – continúa el mago. – “¡No le importa tu gente! ¡Es tu enemigo!”
– “No…” – gruñe el zorro, que intenta enfrentarse a esa magia. – “¡NOOOO!” – exclama. – “¡El Imperio es mi enemigo!” 

De repente, la oscuridad se disipa. Salabim se encuentra frente al kurama. Parece satisfecho.

– “Eres un tipo interesante, Liquir” – sonríe el brujo.
El zorro, confuso, observa a su alrededor. No comprende lo ocurrido.

– “¿Quién eres?” – pregunta mientras hace aparecer sus colas segunda y tercera, esperándose lo peor.
– “Tranquilo, muchacho” – responde Salabim. – “Puede que no seamos enemigos, al fin y al cabo.” – añade esbozando una pícara sonrisa.
Mientras tanto, en Kurama, Cooler ha encontrado el viejo templo y se dispone a adentrarse en él cuando alguien le detiene.

– “No deberías estar aquí” – dice una extraña voz.
El demonio del frío se da la vuelta y ve al anciano Sidra.

– “¿Tú eres quien ha matado a mis hombres?” – le pregunta Cooler.
– “Yo solo soy un viejo ermitaño” – responde Sidra.
– “Busco el Fruto Sagrado” – dice el demonio. – “Y éste templo está claramente dedicado a él. ¿Qué sabes?”
– “Sé muchas cosas” – responde el anciano. – “Conocimiento es lo poco que me queda.”
– “Soy todo oídos” – sonríe Cooler.
– “¿Qué te hace pensar que lo mereces?” – pregunta Sidra.
– “Ahora soy el Emperador” – responde el demonio del frío.
– “Emperador” – se burla el viejo. – “No… Tú no crees en palabras vacías. No eres como tu hermano.”
Cooler se sorprende al escuchar mencionar a Freezer.

– “¿Quién eres?” – pregunta intrigado el Emperador.
– “Nadie.” – responde Sidra. – “Podría explicarte quién fui, pero ahora no es importante”.
– “Necesito el Fruto” – insiste Cooler. – “Una gran amenaza…”
– “Ya te he dicho que sé muchas cosas” – le interrumpe Sidra.
– “¿Y a qué esperas para dármelo?” – insiste el Emperador.
Sidra agacha la cabeza, pensativo.

– “Creo que será mejor que entremos” – dice Sidra. – “Acompáñame.” – añade mientras camina hacia el interior del templo. – “Quiero mostrarte algo.”
Cooler, confuso, sigue al extraño anciano.
En Numa, Salabim ha guiado a Liquir hasta su cueva, donde le muestra una hoguera en el centro de la sala. 

– “Siéntate” – le dice el brujo al kurama.
– “¿Qué pretendes?” – responde Liquir, a la defensiva.
– “No seas terco.” – insiste Salabim. – “Quiero mostrarte algo”.
El zorro obedece y se sienta junto al fuego.

– “Mira atentamente la hoguera” – dice Salabim.
El kurama mira el fuego atentamente, pero nada ocurre.

– “No veo nada… Solo fuego.” – dice Liquir.
– “Deja que te ayude” – dice Salabim colocando su mano sobre la cabeza del zorro.
Las sombras envuelven de nuevo a Liquir. Todo está oscuro excepto el fuego que crepita frente a él.

De repente, la llama le envuelve. Liquir se pone en pie, asustado, pero pronto se da cuenta de que no se está quemando.

– “¿Qué demonios…?” – se extraña el kurama.
En ese instante, se da cuenta de que se encuentra en mitad de una ciudad antigua en llamas. Centenares de personas a su alrededor corren despavoridas. Su aspecto es peculiar, su tez es pálida, tienen orejas puntiagudas, llevan peinados extravagantes y de distintos colores, y visten túnicas austeras.

– “¿Dónde estoy?” – se pregunta Liquir.
Un rugido ensordecedor inunda la ciudad. El kurama alza la mirada hacia el cielo, cubierto por el humo de los incendios que le rodean. Liquir logra adivinar una monstruosa silueta del tamaño de una montaña que le deja perplejo.
El zorro retrocede lentamente, aterrado, cuando de repente escucha una bella melodía que durante un momento parece devolver la calma a esa urbe en llamas. 
En lo alto de dos edificios, dos pequeñas siluetas humanoides parecen ser las artífices de tan encandiladora música.
De repente, un guerrero armado con una espada pasa corriendo por la izquierda de Liquir y salta sobre el gigantesco monstruo.
En ese instante, todo se desvanece y Liquir vuelve a estar en la cueva con Salabim.

– “¿Qué ha pasado?” – se pregunta el kurama agitado. – “¿Dónde estaba? ¿Qué era esa cosa? ¿Un monstruo? ¿Un demonio?”
– “Puede que ambos…” – suspira el brujo. – “Los konatsianos lo llamaron… Hildegarn”.

ESPECIAL DBSNL // Universos 6 y 7 / Parte III: Un monstruo

Especial DBSNL // U6 y U7 / Parte III: Un monstruo
“Sé muchas cosas”

En Kurama, los cuerpos sin vida de Doore y Neiz yacen en el suelo. Liquir sujeta por el cuello a un magullado,  ensangrentado y malherido Sauza.

– “El señor Cooler… acabará contigo” – le amenaza Sauza. – “Has declarado la guerra al Imperio”.
– “Vosotros sois los que habéis traído la guerra a mi planeta” – responde Liquir. – “Habéis aniquilado a mi gente”.
– “Tú… Tú les has dejado morir…” – sonríe Sauza.
Liquir aprieta el cuello de Sauza con más fuerza.

– “Podías haberles salvado…” – insiste el soldado, luchando por hablar. – “Pero tus objetivos eran más importantes que ellos… Igual que los nuestros…”
El zorro, frustrado y furioso, termina partiendo el cuello del brench. Después, lanza su cadáver a un lado, con desprecio, y sale volando a toda velocidad.
Tras cruzar medio planeta, llega a un viejo templo con un gran árbol esculpido en su fachada, en el que desciende mientras hace desaparecer dos de sus colas. Una figura le espera entre las sombras.

– “Te dije que no fueras” – dice la la el misterioso personaje, que viste las mismas ropas que el zorro, pero no es de su  raza.
– “Lo siento, señor” – responde Liquir. – “Pero mi gente estaba siendo masacrada”.
– “Luchamos por algo más importante, Liquir” – dice ese personaje, un anciano de poca estatura, de tez verde oliva y barba roja.
– “El Imperio amenaza esa lucha” – insiste Liquir. – “Buscaban el Fruto”.
– “Y ahora sabrán que está aquí” – replica su superior.
– “¡Ahora son vulnerables! ¡Cooler es el único demonio del frío que queda!” – exclama el kurama. – “¡Tengo el poder suficiente para destruir el Imperio! ¡Es ahora o nunca!”
La misteriosa figura agacha la cabeza y se da la vuelta, dando la espalda a Liquir.

– “Me equivoqué al creer en ti” – dice el anciano. – “Las pasiones te controlan, igual que al resto.” – suspira. – “Elegir discípulos nunca ha sido mi fuerte…” – añade mientras se aleja. – “Suerte en tu empresa.”
Liquir agacha la cabeza.

– “Lo siento, señor Sidra” – refunfuña el kurama. – “Le prometo que volveré cuando haya acabado con ellos.”
Unas semanas más tarde, Cooler ha llegado al planeta Luud y se ha reunido con Dolltaki.

– “Voy a ser breve” – dice el demonio del frío. – “Sé que posees las cajas de música konatsianas.”
– “Le compré las cajas al gobernador Don Kee” – responde el predicado. – “Ahora son de mi propiedad.”
– “Mi único objetivo es que estén a buen recaudo” – dice Cooler. – “Si me convences de que lo están, para mí será suficiente.”

El Emperador sigue a Dolltaki a través de su lujoso palacio hasta llegar a su cámara acorazada.

– “Traednos las cajas” – ordena el predicador a uno de sus hombres.
Tras unos minutos de espera en completo silencio, que se hacen interminables para el predicador, su sirviente regresa corriendo y alarmado.

– “¡No están!” – exclama el luud.
– “¿¡Cómo?!” – se asusta Dolltaki.
– “¡Las cajas han desaparecido!” – repite su sirviente.
Cooler, de brazos cruzados, derriba repentinamente al predicador zancadilleándole con su cola, y empieza a propinarle latigazos con ella.

– “¡Piedad!” – grita Dolltaki. – “¡Señor! ¡Por favor!” – suplica.
Los hombres del predicador no se atreven a actuar. Solo se limitan a observar la escena, mientras Cooler sigue castigando sin cesar a su señor, escuchando el estallido de sus huesos.
Finalmente, el Emperador rodea el cuello de Dolltaki con su cola y le levanta del suelo.

– “No tienes ni idea de lo importantes que son esas cajas, ¿no es cierto?” – dice Cooler. – “Vives solo pendiente de tu miserable culto y tus riquezas.”
Dolltaki no tiene fuerzas para hablar.

– “Averigua qué ha ocurrido con las cajas o te prometo que sufrirás un castigo peor que la muerte” – le amenaza antes de soltarle, dejándole caer.

Cooler se da la vuelta y vuelve a su nave, donde Tagoma le espera. El Emperador se sienta en sus aposentos, claramente desanimado.

– “¿Tenemos noticias de Sauza y los demás?” – pregunta Cooler.
– “No, señor” – responde Tagoma. – “Perdimos el contacto con ellos hace semanas”.
Cooler respira profundamente, intentando calmarse, pues siente que todos sus planes se están derrumbando.

– “Quédate aquí y asegúrate de que ese predicador de pacotilla averigüe dónde están las cajas.” – dice Cooler. – “Yo viajaré a Kurama.”
Las semanas pasan. Liquir, ha utilizado una de las cápsulas de los hombres de Cooler para viajar hasta el lugar del que partieron; el planeta Numa.
Al aterrizar, Liquir parece decepcionado.

– “Esperaba que vinieran de su Capital…” – dice Liquir. – “¿Qué hacían en un planeta como este?”

De repente, Liquir siente que una extraña sensación le embarga. La oscuridad le rodea de repente.

– “¡Qué sorpresa!” – dice una voz en su interior. – “¡El Guardián del Fruto ha venido hasta mí!”
– “¡¿Quién eres?!” – exclama Liquir. – “¡Sal de mi cabeza!”
– “¿Buscas vengar a tu gente?” – dice la voz. – “¿A la gente a la que dejaste morir?”
El kurama se agarra la cabeza y cae de rodillas.

– “¡Déjame!” – grita Liquir.
– “Ellos murieron por tu misión…” – insiste la voz. – “Pero ahora la has dejado de lado porque te sientes culpable. Has fracasado en los dos frentes.” – dice mientras le muestra los cadáveres de los kurama.
– “¿Qué magia oscura es esta?” – se pregunta Liquir.
– “Ese viejo Sidra…” – se burla el brujo. – “Siempre tan intransigente.”
Entre la oscuridad se forma la figura de su maestro.

– “¿Señor Sidra?” – se sorprende Liquir.
– “Él ha intentado detenerte…” – continúa el mago. – “¡No le importa tu gente! ¡Es tu enemigo!”
– “No…” – gruñe el zorro, que intenta enfrentarse a esa magia. – “¡NOOOO!” – exclama. – “¡El Imperio es mi enemigo!” 

De repente, la oscuridad se disipa. Salabim se encuentra frente al kurama. Parece satisfecho.

– “Eres un tipo interesante, Liquir” – sonríe el brujo.
El zorro, confuso, observa a su alrededor. No comprende lo ocurrido.

– “¿Quién eres?” – pregunta mientras hace aparecer sus colas segunda y tercera, esperándose lo peor.
– “Tranquilo, muchacho” – responde Salabim. – “Puede que no seamos enemigos, al fin y al cabo.” – añade esbozando una pícara sonrisa.
Mientras tanto, en Kurama, Cooler ha encontrado el viejo templo y se dispone a adentrarse en él cuando alguien le detiene.

– “No deberías estar aquí” – dice una extraña voz.
El demonio del frío se da la vuelta y ve al anciano Sidra.

– “¿Tú eres quien ha matado a mis hombres?” – le pregunta Cooler.
– “Yo solo soy un viejo ermitaño” – responde Sidra.
– “Busco el Fruto Sagrado” – dice el demonio. – “Y éste templo está claramente dedicado a él. ¿Qué sabes?”
– “Sé muchas cosas” – responde el anciano. – “Conocimiento es lo poco que me queda.”
– “Soy todo oídos” – sonríe Cooler.
– “¿Qué te hace pensar que lo mereces?” – pregunta Sidra.
– “Ahora soy el Emperador” – responde el demonio del frío.
– “Emperador” – se burla el viejo. – “No… Tú no crees en palabras vacías. No eres como tu hermano.”
Cooler se sorprende al escuchar mencionar a Freezer.

– “¿Quién eres?” – pregunta intrigado el Emperador.
– “Nadie.” – responde Sidra. – “Podría explicarte quién fui, pero ahora no es importante”.
– “Necesito el Fruto” – insiste Cooler. – “Una gran amenaza…”
– “Ya te he dicho que sé muchas cosas” – le interrumpe Sidra.
– “¿Y a qué esperas para dármelo?” – insiste el Emperador.
Sidra agacha la cabeza, pensativo.

– “Creo que será mejor que entremos” – dice Sidra. – “Acompáñame.” – añade mientras camina hacia el interior del templo. – “Quiero mostrarte algo.”
Cooler, confuso, sigue al extraño anciano.
En Numa, Salabim ha guiado a Liquir hasta su cueva, donde le muestra una hoguera en el centro de la sala. 

– “Siéntate” – le dice el brujo al kurama.
– “¿Qué pretendes?” – responde Liquir, a la defensiva.
– “No seas terco.” – insiste Salabim. – “Quiero mostrarte algo”.
El zorro obedece y se sienta junto al fuego.

– “Mira atentamente la hoguera” – dice Salabim.
El kurama mira el fuego atentamente, pero nada ocurre.

– “No veo nada… Solo fuego.” – dice Liquir.
– “Deja que te ayude” – dice Salabim colocando su mano sobre la cabeza del zorro.
Las sombras envuelven de nuevo a Liquir. Todo está oscuro excepto el fuego que crepita frente a él.

De repente, la llama le envuelve. Liquir se pone en pie, asustado, pero pronto se da cuenta de que no se está quemando.

– “¿Qué demonios…?” – se extraña el kurama.
En ese instante, se da cuenta de que se encuentra en mitad de una ciudad antigua en llamas. Centenares de personas a su alrededor corren despavoridas. Su aspecto es peculiar, su tez es pálida, tienen orejas puntiagudas, llevan peinados extravagantes y de distintos colores, y visten túnicas austeras.

– “¿Dónde estoy?” – se pregunta Liquir.
Un rugido ensordecedor inunda la ciudad. El kurama alza la mirada hacia el cielo, cubierto por el humo de los incendios que le rodean. Liquir logra adivinar una monstruosa silueta del tamaño de una montaña que le deja perplejo.
El zorro retrocede lentamente, aterrado, cuando de repente escucha una bella melodía que durante un momento parece devolver la calma a esa urbe en llamas. 
En lo alto de dos edificios, dos pequeñas siluetas humanoides parecen ser las artífices de tan encandiladora música.
De repente, un guerrero armado con una espada pasa corriendo por la izquierda de Liquir y salta sobre el gigantesco monstruo.
En ese instante, todo se desvanece y Liquir vuelve a estar en la cueva con Salabim.

– “¿Qué ha pasado?” – se pregunta el kurama agitado. – “¿Dónde estaba? ¿Qué era esa cosa? ¿Un monstruo? ¿Un demonio?”
– “Puede que ambos…” – suspira el brujo. – “Los konatsianos lo llamaron… Hildegarn”.

ESPECIAL DBSNL /// Prodigal son // Universos 6 y 7 // Parte II: Liquir

Prodigal son / Parte II: Liquir
“Soy el Guardián del Fruto”


Cooler y Tagoma viajan a Immega para comprobar que las Cajas de Música siguen a buen recaudo. Mientras tanto, Sauza, Doore y Neiz se dirigen al planeta Kurama, lejos del control del Imperio, para investigar una misteriosa visión del brujo Salabim sobre el legendario Fruto Sagrado.
Sauza, Doore y Neiz, viajando en sus cápsulas, se comunican a través de sus scouter.

– “¿Qué buscamos exactamente?” – se pregunta Doore.
– “Cualquier tipo de información sobre el Fruto Sagrado o su posible paradero” – responde Sauza.
– “O sea, que no lo sabemos…” – se queja Neiz.
– “Sabemos que la información está en Kurama” – responde Sauza.
– “A veces todo esto me parece absurdo…” – murmura el guerrero zaltiano.
– “El señor Cooler cree en ese mago” – responde Doore. – “Eso debe ser suficiente para nosotros”.
– “No digo que no lo sea…” – responde Neiz. – “Pero ahora tiene un Imperio que gobernar y que no pasa precisamente por su mejor momento…”
– “Seguro que el señor Cooler tiene sus razones para dar prioridad a estos asuntos” – insiste Sauza. – “Tenemos que confiar en él.
En Immega, la nave Imperial aterriza. Cooler es recibido por Don Kee y sus hombres, entre los que destaca su guardaespaldas personal, Ledgic. Al demonio del frío le acompaña Tagoma.

– “¡Emperador Cooler!” – exclama el gobernante, haciendo una gran reverencia. – “¡Es un placer recibirle! ¿Qué puedo ofrecerle?”
– “Ahórrate la pantomima” – responde tajante el demonio del frío.
– “Pero, señor…” – insiste Don Kee.
– “No me hacías reverencias cuando mi padre se sentaba en el trono…” – dice Cooler.
– “Pero siempre le he acogido en mi casa… ¡Incluso a espaldas del Imperio!” – le recuerdo el gobernante.
– “Por conveniencia” – responde Cooler.
Don Kee parece confuso. No sabe qué decir.

– “¿A qué debo su…?” – empieza Don Kee.
Cooler clava su mirada en el gobernante.

– “¿…tu presencia?” – rectifica Don Kee.
– “He venido a comprobar que las Cajas de Música siguen a buen recaudo” – dice Cooler.
– “¿Las cajas?” – se pregunta el gobernante, que de repente empieza a sudar.
– “¿Qué ocurre, Don Kee?” – insiste Cooler, que nota el nerviosismo del aristócrata.
– “Veras… Es que… ¿Conoces el planeta Luud?” – titubea el gobernante.
Cooler, en un arrebato de ira, agarra a Don Kee por el cuello y lo levanta del suelo.

– “¡¿Vendiste las cajas?!” – exclama el Emperador.
Ledgic desenvaina su espada y la coloca en el cuello de Cooler.
Tagoma enseguida alza su mano y apunta al guardaespaldas del gobernante, pero Cooler parece tranquilo. El Emperador esboza una sonrisa.

– “¿Pretendes enfrentarte a mí?” – dice Cooler. – “Tienes agallas… Serías un buen soldado.”
Ledgic no responde, pero mantiene su amenaza. Don Kee lucha por respirar.

– “¿Vendiste las cajas?” – pregunta Cooler de nuevo, más calmado.
– “Se las… Se las vendí a… Dolltaki…” – responde el gobernante.
Cooler suelta al aristócrata y éste cae de rodillas. Ledgic enfunda su espada. Tagoma baja su mano.
El demonio del frío se fija en Ledgic de nuevo.

– “¿Te interesa un puesto en mi guardia?” – pregunta el demonio del frío. – “Seguro que puedo pagar mejor que esta rata”.
– “Proteger a esta rata es mi deber” – responde Ledgic. – “Tengo un contrato.”
Cooler apunta a Don Kee con su dedo.

– “El contrato puede anularse ahora mismo…” – sonríe Cooler.
Ledgic agarra de nuevo el mango de su espada.

– “Tengo honor” – responde Ledgic. – “No encajaría en el Imperio.”
Cooler sonríe y baja su mano.

– “Piénsatelo” – insiste el Emperador.
El demonio del frío se da la vuelta y se marcha a su nave. Tagoma, algo confuso, le sigue.

– “¿Destino, señor?” – pregunta el soldado.
– “Luud” – responde Cooler. – “Visitaremos a ese predicador.”
En el planeta Kurama, los soldados imperiales acaban de aterrizar en mitad de un frondoso bosque. Los tres activan sus scouter y se preparan para iniciar su búsqueda.

– “Hay una aldea cerca” – dice Doore. – “Puede que se hayan dado cuenta de nuestra llegada”.
– “Bien” – sonríe Sauza. – “Pues ya sabemos por dónde empezar.”
Las semanas pasan. Cooler y Tagoma se dirigen al planeta Luud. Sauza, Doore y Neiz masacran todos los poblados que encuentran a su paso. Los habitantes visten con harapos sencillos y en chozas muy rudimentarias. Ninguno de ellos les proporciona respuestas. Todos prefieren morir antes que aportar algún tipo de información sobre el Fruto Sagrado.

– “Son muy tercos…” – dice Neiz, mientras dispara a una cabaña donde se encontraban escondidos varios kurama.
Doore tiene al líder de la aldea inmovilizado, agarrándole por la espada y estrangulándole con el brazo alrededor de su cuello.

– “¡Habla, anciano!” – insiste el beppan.
Pero el viejo no responde.

– “Idiota” – refunfuña Doore antes de partirle el cuello.
Sauza se cruza de brazos, decepcionado.

– “A este paso, vamos a exterminarles a todos antes de averiguar nada…” – lamenta el soldado brench.
En ese instante, algo hace sonar la alarma de sus scouter.

– “Se acerca alguien” – anuncia Neiz. – “Tiene una fuerza de combate de 20.000 unidades.”
– “¿Un guerrero kurama?” – se pregunta Sauza. – “Creía que habíamos acabado con todos durante la primera semana…”
Doore sonríe y da un paso al frente.

– “Me lo pido” – dice el beppan, que se quita el scouter y se lo lanza a su compañero zalt.
– “¡Pff! Todo tuyo.” – responde Neiz. – “Con esa fuerza de combate no vale la pena ni ensuciarme las botas.”
En un momento, el misterioso personaje llega a la aldea. El kurama parece distinto a los demás. Sus ropajes tienen cierto aire elegante, aunque están hechos de materiales austeros. Viste un pantalón granate abombado y un cinturón morado, brazaletes de cuero, y un ancho collar sobre sus hombros, adornado con el símbolo de un árbol en el centro.
Sauza es el primero en fijarse en el detalle de su collar.

– “Parece que éste sí que sabe algo…” – sonríe el brench. – “¿Quién eres?” – le pregunta.
El kurama observa el desastre que le rodea; las cabañas en llamas y los cuerpos de sus camaradas asesinados.

– “Soy el Guardián del Fruto” – responde el kurama. – “Me llamo Liquir”.
Doore da un paso al frente mientras choca los puños.

– “Iré con cuidado de no matarlo para poder interrogarle” – dice el beppan.
Sauza analiza detenidamente al kurama.

– “Una cola…” – murmura el brench. – “¡Cuidado, Doore! ¡Que no te sorprenda! ¡Los demás soldados podrían sacar dos colas!”
Doore sonríe.

– “¡Eso no está nada mal! ¡20.000 unidades con una sola cola!” – dice el beppan, que enseguida adopta una pose de combate. – “¡Vamos! ¡Saca la otra! ¡Hazlo interesante!”
Liquir se pone en guardia mientras brota su segunda cola.
El scouter de los soldados actualiza el poder de su enemigo.

– “40.000 unidades.” – anuncia Neiz.
– “Interesante…” – sonríe Sauza.
– “Doore sigue siendo muy superior” – dice Neiz.
El beppan se abalanza sobre Liquir, que le esquiva saltando hacia un lado.

– “¡No huyas!” – exclama Doore, que intenta perseguir a su rival. – “¡Cobarde!”
Liquir continúa esquivando al beppan.
Sauza y Neiz observaban el combate con pasividad y desinterés.

– “Es ágil…” – murmura el soldado zalt.
– “Y Doore, torpe” – responde el brench.
Finalmente, Doore dispara un potente ataque de ki y sorprende a Liquir que, pese a lograr esquivar el impacto, la explosión le distrae, momento que Doore aprovecha para atizarle un fuerte puñetazo y lanzarle contra una de las cabañas en llamas.

– “Maldita sea…” – lamenta Neiz. – “Ya se ha cargado.” – añade, pues sospecha la muerte del kurama.
De entre las llamas, la silueta del Guardián empieza a definirse mientras se acerca a ellos. Una nueva cola aparece en la figura.

– “¿Una tercera…?” – se sorprende Sauza.
El pitido de su scouter le interrumpe.

– “No es posible…” – titubea sorprendido el soldado.
Una gota de sudor recorre la frente de Doore, que ve como su enemigo se ha puesto de nuevo en pie.

– “¿Qué dice el scouter?” – pregunta el beppan.
– “120.000 unidades” – responde Sauza.
– “¡120.000! ¡No puede ser! ¡Tiene que ser un error!” – exclama Doore asustado.
De repente y como un rayo, Liquir avanza hasta el beppan y le atraviesa el pecho con su garra.
Todos se quedan perplejos y en silencio. Los ojos del beppan se quedan en blanco, sin vida.

– “Marchaos de este planeta y decidle a vuestro señor que abandone su búsqueda” – dice Liquir con una serenidad pasmosa.
Sauza activa su espada de ki y Neiz electrifica sus puños.

– “Has matado a Doore…” – dice Sauza.
– “Maldito bastardo…” – añade Neiz. – “¡Te haremos picadillo!”
Liquir extrae su mano del cuerpo de Doore y éste cae al suelo.

– “Último aviso” – insiste Liquir.