ESPECIAL DBSNL /// Prodigal son // Universos 6 y 7 / Parte V: Temporada de zorro

Prodigal son / Parte V: Temporada de zorro
“El juego es más divertido si hay más jugadores.”


El planeta Litt, uno de los principales centros de adiestramiento militar del Imperio, ha sido liberado por Liquir, que no ha necesitado más que dos de sus colas para llevar a cabo tal hazaña.
Como agradecimiento, los litt supervivientes se arrodillan ante el kurama, ofreciendo su lealtad.

– “Le serviremos, señor Liquir” – dice el soldado de mayor rango.
– “No busco un ejército” – responde el zorro. – “Estoy satisfecho con que dejéis de luchar por el Imperio.”
– “Es una tradición de nuestro pueblo” – insiste el soldado. – “Usted ha demostrado fuerza y honor. Le seguiremos.”
– “Ya os he dicho que no necesi…” – repite Liquir.

En ese instante, Liquir siente una perturbación en el aire que le alerta de un peligro cercano y esquiva por los pelos un disparo de energía que deja un rasguño en su mejilla.

– “¿Qué demonios…?” – se pregunta el kurama.
– “¡Proteged a vuestro señor!” – exclama el soldado litt.

Liquir ignora a sus nuevas tropas y se eleva rápidamente intentando localizar a su agresor.
En una montaña cercana, el cazarrecompensas con uniforme de la Patrulla Galáctica ha sido quien ha realizado el disparo. 

– “Maldita sea…” – murmura el personaje, que desenrosca el cañón que había añadido a su pistola para aumentar la precisión. – “Es ágil…”

Mientras tanto, la banda de piratas espaciales se encuentra agazapada tras unos matorrales, cerca de la zona que ahora sobrevuela Liquir.

– “¡Diablos!” – maldice Hart.
– “Parece que no somos los primeros en llegar…” – dice Dmond.
– “No voy a permitir que otro se quede con mi recompensa” – murmura entre dientes Klub.
– “Sabíamos que esto podía pasar” – les calma Spade. – “El juego es más divertido si hay más jugadores.” – sonríe.
– “Además, ¿dónde está tu espíritu de cazador, Klub?” – le provoca Dmond. – “¡Vamos a cazar un kurama!”

En ese instante, cuatro motocicletas aerodeslizantes aparecen en el horizonte, acompañadas por una bestia de aspecto canino y fiero. Sobre los vehículos, cuatro jinetes con rostro idéntico, cara alargada con mentón prominente, tez grisácea y bigote, y vestidos de la misma forma, con pantalón negro y camisa verde, con un poncho marrón encima, un pañuelo rojo al cuello, y botas y sombrero de cowboy. La única diferencia entre ellos es su estatura, distinta en cada uno. Sus motocicletas rugen mientras se acercan a toda velocidad.
Spade y sus hombres los observan desde la distancia.

– “Maldita sea…” – lamenta Hart. – “Los hermanos Pastafresca”.
– “Tan ruidosos como siempre” – añade Dmond.

Liquir enseguida escucha a a los bandidos acercarse.

– “¿Quiénes son esos?” – se pregunta el zorro al verlos.

Los cuatro jinetes se colocan en formación en punta flecha, con su mascota al frente, a medida que se aproximan a su objetivo.

– “¡A por él, Patapum!” – grita el hermano de menor estatura, que lidera la banda.

El perro se adelanta a los bandidos y se abalanza sobre Liquir, mordiéndole un brazo. El kurama sacude el brazo para liberarse, apartando al perro, pero la bestia insiste mientras los hermanos se acercan, así que Liquir, algo confuso ante la situación, intentar escabullirse.
Los hermanos y su mascota le persiguen y recortan distancia fácilmente.

– “¡Ya es mío!” – exclama el más alto de los bandidos, que hace girar un lazo de energía sobre su cabeza y después lo lanza sobre el zorro, atrapándole por el cuello.

– “¡Buen trabajo, Fettucine!” – celebra el hermano más bajo.

Liquir se ve obligado a detenerse e intenta liberarse, pero el segundo más alto de los hermanos atrapa su brazo derecho con otro lazo.

– “¡Ya es nuestro!” – celebra el bandido.
– “¡No le sueltes, Macaroni!” – le anima Fettucine.

Otro lazo, lanzado por el segundo hermano más bajo, atrapa el brazo izquierdo del kurama, que sigue luchando por liberarse.

– “¡No te resistas!” – le grita el bandido.
– “¡Tira más fuerte, Tagliatelle!” – exclama Macaroni.

Macaroni y Tagliatelle atan las cuerdas a sus motocicletas y así logran tensarlas, dejando a Liquir inmovilizado.
Mientras tanto, Fettucine aumenta la energía que recorre su lazo, electrocutando al kurama hasta aturdirle.
El hermano de menor estatura y su mascota se acercan al zorro.

– “Nos van a dar una gran recompensa por tu cabeza…” – sonríe el bandido.
– “¡Mucho dinero!” – grita Macaroni.
– “¡Seremos ricos!” – exclama Fetuccine.
– “¡Silencio!” – ordena el líder.
– “Lo siento, Gnocci” – se disculpa el más alto.
– “Nos hemos dejado llevar…” – añade Macaroni.
– “¡SHHHH!” – insiste Gnocci. – “¡Basta!”

El bandido saca un cuchillo e intenta colocarlo en el cuello de Liquir, pero no llega.

– “Maldita sea…” – refunfuña Gnocci. – “¡Patapum, ven aquí!”

Mientras tanto, los piratas espaciales se acercan al lugar.

– “¡Van a quitarnos la recompensa!” – refunfuña Klub.
– “Tendremos nuestra oportunidad” – le calma Spade.

El perro se coloca delante de Gnocci y el bandido se sube a él, poniéndose de pie, alcanzando así el cuello de Liquir.
– “Bien…” – sonríe el bandido.
– “No sabía que había bandidos en miniatura” – se burla Liquir.
– “¡Cállate!” – se enfurece Gnocci. – “¡Voy a rebanarte el cuello!”
Un sonido de pisadas alerta a los bandidos. Alguien se acerca.

– “¡Hola, muchachos!” – dice el guerrero con armadura de patrullero.
– “¡Meerus!” – se asustan los bandidos.
– “Los bandidos más temidos de la Galaxia del Oeste. ¡Los hijos del temible Spaghetti Pastafresca!” – sonríe Meerus. – “Ha pasado mucho tiempo…”
– “¡¿Qué hace aquí la Patrulla Galáctica?!” – pregunta Macaroni.

Fettuccine desenfunda su arma, dispuesto a sorprender a Meerus y acabar con él, pero éste es más rápido y le desarma disparando a su pistola.

– “Ya sabéis quién es el más rápido” – se burla Meerus.
– “La Patrulla Galáctica… ¡Siempre entrometiéndose en nuestros planes!” – refunfuña Gnocci.

Liquir se limita a observar la escena en silencio.

– “A este paso, se eliminarán entre ellos” – piense el kurama. – “Será mejor esperar…”

Meerus se acerca a Liquir y le observa detenidamente. 

– “El Imperio te ha puesto un precio alto” – sonríe el guerrero. – “¿Crees que puedes engañarme?”

Liquir sospecha que Meerus ha descubierto su farol.
Gnocci, al lado de Meerus, se da cuenta de que el símbolo de la patrulla en su armadura ha sido borrado.

– “¡Espera un momento!” – exclama el bandido. – “¡¿Ya no eres un patrullero?!”
– “No ganaba lo suficiente” – responde Meerus.
– “¡JAJAJA!” – ríe Gnocci. – “¡Al final acabarás cabalgando a nuestro lado!”
– “No he caído tan bajo” – responde el ex-patrullero.
– “Y dime, Meerus, ¿sería posible llegar a un acuerdo?” – pregunta tímidamente.

La propuesta llama la atención del ex-patrullero. 

– “¿Qué tipo de acuerdo?” – pregunta Meerus.
– “Podríamos dividir la recompensa entre los cinco, a partes iguales…” – sugiere Gnocci.
– “Estoy de acuerdo en repartirlo a partes iguales” – sonríe el ex-patrullero. – “Pero somos dos partes, vosotros y yo.”
– “¡¿Estás de broma?!” – exclama el bandido. – “¡Nosotros hemos hecho todo el trabajo!”

Meerus pone la mano en su pistola lentamente.

– “No seáis estúpidos” – dice el ex-soldado. – “La caza va a empezar ahora.”

De repente, Liquir genera una poderosa explosión de energía que repele a todos los presentes. Las cuerdas de energía se rompen. La tercera cola aparece en el kurama.
Meerus desenfunda su arma y dispara, pero Liquir esquiva los disparos y le propina una patada, lanzándole contra unas rocas cercanas.
Los cuatro bandidos también disparan, pero ninguno logra acertar.
Liquir lanza una ráfaga de ki que hace saltar a los hermanos por los aires, noqueándoles.
Patapum salta sobre el zorro por la espalda y le muerde una de las colas, agarrándose a ella. Liquir la sacude y estampa al perro contra el suelo, dejándole fuera de combate.
Meerus se ha levantado y apunta al kurama con un pequeño cañón que ha aparecido en su brazalete derecho. Al apretar un botón, una barrera de energía sale proyectada de ese artefacto y envuelve a Liquir, atrapándole como si fuera un saco de energía.

– “¡Te tengo!” – exclama el ex-patrullero, que aprieta otro botón y hace que Liquir reciba una descarga eléctrica. – “Ya eres mío…”

Liquir parece estar sufriendo.

– “Tecnología tsufur” – sonríe Meerus. – “Está hecho para atrapar a tipos más grandes y fuertes que tú”.

De repente, la barrera estalla en mil pedazos que se desintegran y Meerus sale repelido al instante, chocando contra la moto de uno de los bandidos y quedando aturdido en el suelo. La cuarta cola ha aparecido en el kurama.

– “Se acabó el juego” – dice Liquir, que apunta a Meerus con su mano y prepara una onda de ki.

Pero, justo en ese instante, una jaula de ki morado se genera a su alrededor.

– “¡Le tenemos!” – exclama Dmond.

Hart, Klub y Dmond han rodeado a Liquir y han generado una jaula de energía entre los tres.
Spade materializa un arpón de ki en su mano y se acerca al kurama.

– “¡Ya eres nuestro!” – sonríe el pirata.

Liquir echa un vistazo a su alrededor. Los cuatro banidos y Meerus están noqueados. Solo los cuatro piratas le rodean.

– “Sois valientes” – dice el kurama. – “Así que os haré una propuesta: Marchaos y viviréis.”
– “No estás en condiciones de negociar” – responde Spade.

De repente, un nuevo individuo aparece en escena. Es el misterioso personaje del sector Dormideus. Sus pasos alertan a los piratas.

– “¿Quién demonios eres tú?” – le pregunta Spade.

El guerrero camina lentamente hacia ellos, en silencio, y desenfunda su cimitarra.

ESPECIAL DBSNL /// Equilibrio // Universo 4 / Parte I: Mensajero del futuro pasado

Equilibrio / Parte I: Mensajero del futuro pasado
“¿Cuál es vuestra decisión?”


En la Academia Kaioshin, un joven Gowas se encuentra limpiando la sala del Anillo Toki, cuando una tormenta eléctrica se forma de repente y le sorprende. 
– “¡¿Qué está pasando?!” – se asusta el joven aprendiz de Kaioshin. – “¡¿Qué es esto?!” – exclama mientras retrocede gateando. – “¡MAESTRO TOSHISEI! ¡AYUDA!” – grita.
De repente, una versión envejecida de él mismo aparece frente a él.
– “¡Tranquilo, Gowas!” – dice la aparición. – “¡Soy tú!”
– “¿Yo?” – se extraña el joven, que no comprende la situación.
– “¡He usado el Anillo Toki para viajar al pasado y avisarte!” – dice el viejo Gowas.
– “¿Avi… avisarme?” – titubea el joven.
– “En el futuro, el caos reina en el universo.” – explica la aparición. – “¡Un brujo creó un monstruo que acabó con los Kaioshin!”
El joven Gowas escucha atentamente a su versión futura, pasmado ante la historia que narra.
– “¿Derrotó incluso al Hakaishin?” – pregunta el aprendiz.
– “El Dios de la destrucción dio la espalda a los Kaioshin.” – dice el viejo. – “Beerus ni siquiera despertó de su siesta.”
– “¿Quién es Beerus?” – se extraña el joven.
– “No me queda energía…” – murmura Gowas, que nota como el anillo pierde poder. – “¡Tienes que advertir al Dai Kaioshin y a Sidra!” – insiste. – “¡Solo tú puedes proteger al Universo del caos!”
En un instante, el anciano desaparece.
En ese mismo momento, el Maestro Toshisei entra en la sala.
– “¡¿Qué ha pasado?!” – pregunta el sabio anciano.
– “¡Tenemos que reunir a los Dioses!” – dice Gowas. – “¡Es importante!”
En unos pocos días, el Maestro Toshisei reúne a los Kaioshin y al Hakaishin en la Academia. Hacía mucho tiempo desde la última vez que un encuentro de esta magnitud tuvo lugar.
El joven Gowas informa a los Dioses sobre lo ocurrido.
Los Kaioshin no saben qué hacer con la información. Utilizar el Anillo Toki para modificar el pasado está prohibido, pero ahora que conocen los eventos futuros, consideran irresponsable no actuar.
– “Siempre supe que debíamos ser más proactivos” – dice el Kaioshin del Norte. – “¡Estaba claro que algo así iba a pasar!”
– “Pero no podemos actuar contra alguien que aún no ha hecho nada…” – rebate un anciano Kaioshin del Este.
– “¿Entonces propones esperar a que el monstruo acabe con la vida de miles de personas?” – le increpa la Kaioshin del Oeste.
– “No se trata de ese brujo, ¡si no de todas las posibles amenazas!” – dice el Kaioshin del Sur. – “¡Siempre hemos observado mientras los mortales se mataban entre ellos! ¡Eso tiene que cambiar!”
– “¿Y quienes somos nosotros para intervenir?” – pregunta el Kaioshin del Este.
– “¡Somos Kaioshin!” – responde el Kaioshin del Norte.
Mientras tanto, Sidra sigue en silencio, cabizbajo, ensimismado. 
Los Kaioshin siguen discutiendo. Todos parecen dispuestos a actuar, excepto el Dios del Este. El Dai Kaioshin aún no se ha pronunciado.
Finalmente, que el Hakaishin rompe su silencio.
– “Joven” – dice el Dios de la destrucción. – “¿Estás seguro de que el mensajero ha mencionado a Beerus?”
– “Así es…” – dice el aprendiz de Kaioshin. – “¿Le conoce?” – pregunta.
Sidra se da la vuelta y se aleja del grupo.
– “Espero que toméis la decisión correcta” – dice el Hakaishin. – “Yo ya he tomado la mía” – añade antes de desaparecer.
Los Kaioshin se quedan sorprendidos ante la tajante actitud del Dios de la destrucción.
– “¿Qué quiere decir?” – se pregunta el Kaioshin del Sur.
– “¿Quién es Beerus?” – insiste Gowas.
– “Beerus es el principal candidato a ser su sucesor” – responde el Dai Kaioshin.
En el planeta del Hakaishin, Beerus y Champa se encuentran meditando, intentando controlar su ki divino, pero se percatan de que su maestro ha regresado. Los dos felinos se ponen en pie.
– “¿Todo bien, señor Sidra?” – pregunta Champa.
– “Lo siento mucho” – responde el Hakaishin, que alza su mano apuntando a Beerus. – “Tengo que enmendar mis futuros errores”.
Mientras tanto, en la Academia, los Kaioshin siguen debatiendo sus opciones. Gowas escucha atentamente.
– “No formaremos parte de un genocidio preventivo” – dice el Dai Kaioshin.
– “¡Pero tenemos que actuar!” – responde el Kaioshin del Norte.
– “¡Respeta la decisión del Dai Kaioshin!” – replica el Kaioshin del Este.
– “Matar a pocos para salvar a muchos…” – murmura el Kaioshin del Sur.
– “¿Pocos?” – responde el Kaioshin del Este. – “¡Estamos hablando de civilizaciones enteras! ¡Planetas!”
– “Siguen siendo pocos al lado de sistemas o galaxias” – responde la Kaioshin del Oeste.
El Dai Kaioshin eleva su ki de forma repentina y la corriente generada silencia a los Dioses.
– “Nuestro deber es proteger la vida.” – dice el Dios Supremo. – “Vigilar y asegurar que la vida prospere. Nunca erradicarla.”
– “Pero, señor…” – dice el Kaioshin del Norte.
– “No tomaremos parte en esto” – le interrumpe el Dai Kaioshin. – “La decisión está tomada.”
De repente, Sidra aparece de nuevo en la Academia.
– “¿Cuál es vuestra decisión?” – pregunta sin rodeos el Hakaishin.
El Dai Kaioshin puede sentir el sombrío pesar que rodea al Dios de la destrucción.
– “¿Qué has hecho, Sidra?” – pregunta con tristeza el Kaioshin.
– “Lo que debo” – responde el Hakaishin.
El Kaioshin supremo suspira profundamente.
– “Temía esa respuesta” – dice el Dios.
Sidra alza su mano y apunta al Dai Kaioshin.
– “Lo siento, viejo amigo” – murmura el Hakaishin.
– “Yo también” – responde el Dios, justo antes de empujar a Sidra con un fuerte cañón de ki proyectado con sus ojos, lanzando a Sidra por los aires.
Los Kaioshin se sorprenden al ver a su maestro enfrentarse al Dios de la destrucción.
– “¡Alejaos! ¡Él es demasiado fuerte para vosotros!” – exclama el Dai Kaioshin. – “¡Yo me encargaré de él!”
Sidra lanza una gigantesca esfera de ki hacia el Dios, pero éste la desvía con su poder mental hacia el espacio.
– “Tengo que llevarle a otro lugar o destruirá todo Ira-aru.” – piensa el Dai Kaisohin.
Pero antes de poder reaccionar, Sidra se abalanza sobre él y le propina un puñetazo.
Los otros Kaioshin observan el combate.
– “¿Qué hacemos?” – pregunta la Kaioshin del Oeste.
– “¡Tenemos que ayudarle!” – exclama el Kaioshin del Este.
– “Solo estorbaríamos” – responde el Kaioshin del Sur.
Aunque el Dai Kaioshin tiene un poder extraordinario, pronto empieza a ceder ante el poder de la destrucción. Sidra golpea al Dios sin cesar hasta derribarle.
Sidra desciende y se acerca al Dios, que retrocede gateando.
– “Siento que no compartas mi visión” – dice el Hakaishin, que le apunta con su mano derecha. – “Hak…”
Pero, en ese instante, una extraña barrera de luz envuelve a Sidra por sorpresa.
Al mirar a su alrededor, el Dios puede ver como centenares de aprendices de Kaioshin de todas las edades, comandados por el Maestro Toshisei, han unido sus fuerzas para alzar esa defensa.
– “¡No toleraremos tu ofensa!” – dice el viejo Toshisei.
El Dai Kaioshin se pone en pie, malherido.
– “¡Gracias, amigos!” – exclama el Dios. – “No puedo derrotarle… ¡pero puede que logre sellarle en…!”

De repente, todo se queda en silencio. Una espada de ki verde ha atravesado el abdomen del Dai Kaioshin.
– “Go… Gowas…” – dice sorprendido el Dios.
El aprendiz de Kaioshin ha atacado por la espalda al Dios.
Toshisei se queda sin palabras al contemplar la escena.
– “No…” – piensa el viejo maestro.
El Dai Kaioshin se desploma en el suelo. Gowas desactiva su espada y retrocede asustado ante sus propios actos.
Sidra aprovecha el momento de confusión para liberarse.
El Hakaishin se acerca a Gowas, que sigue con su mirada fija en el cuerpo del Dai Kaioshin. 

–  “Lo siento…” – llora Gowas. – “No puedo dejar que… que toda esa gente muera en el futuro…”
El Dios de la destrucción coloca la mano en su hombro.
– “Has salvado muchas vidas” – dice Sidra. – “Eres valiente.”
Después, Sidra asciende y se dirige a los Kaioshin y a sus aprendices.
– “¡Hoy empieza una nueva era!” – dice el Hakaishin. – “¡Una era en la que todos trabajaremos juntos por el bien del Universo! ¡Eliminaremos cada amenaza potencial para que el Universo viva en paz! ¡Sin guerras! ¡Sin conflictos!”
El Kaioshin del Este da un paso al frente, desafiante.
– “¿Bajo un reinado de terror?” – dice el anciano Kaioshin. – “No formaré parte de esto.”
Sidra desciende y se coloca frente a él.
– “¿Es esta tu decisión, Kaioshin?” – pregunta el Hakaishin.
El Kaioshin responde escupiendo a los pies del Dios de la destrucción.
Sidra alza su mano con calma. 
– “Hakai” – murmura, haciendo desaparecer al Dios del Este.
El Hakaishin se dirige a los tres Dioses restanes.
– “¿Alguien más?” – pregunta desafiante.
Ninguno responde. Todos agachan la cabeza en silencio.
Después se dirige al resto de los presentes y repite la misma pregunta.
– “¿Alguien más?” – insiste el Dios.
Toshisei da un paso al frente.
– “He trabajado mucho para educar a estos chicos durante milenios” – dice el anciano maestro. – “Y si su decisión es aceptar esta nueva filosofía… creo que he fracasado.”
Todos los presentes sienten dudas al escuchar a su maestro. Muchos no están de acuerdo con la idea de Sidra, pero temen a la muerte.
Finalmente, una decena de aprendices se unen a su maestro. Entre ellos, uno de sus alumnos aventajados; un jovencísimo Shin. El anciano esboza una media sonrisa orgulloso de sus valientes aprendices.
– “Haz lo que tengas que hacer” – reta Toshisei al Hakaishin.
Sidra camina hasta él.
– “Lo haré” – responde el Dios de la destrucción.
El Hakaishin coloca su mano a escasos centímetros de la cara de Toshisei.
– “Hakai” – sentencia el Dios.

ESPECIAL DBSNL /// Cold Chronicles // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte IV: La derrota de Bibidí

Cold Chronicles / Parte IV: La derrota de Bibidí
“Nos veremos las caras de nuevo, Kaioshin.”


Bibidí y Majin Bu, ahora convertido en un personaje horondo y con cara de bobalicón, continúan su conquista por el espacio, tras derrotar al Dai Kaioshin y al Kaioshin del Sur. Sus muertes, unidas a las de los Kaioshin del Norte y del Oeste, dejan el Universo en bandeja de plata al brujo y su monstruo.
El Kaioshin del Este, gracias a su ayudante Kibito, ha logrado sobrevivir. Juntos se han refugiado en un lejano planeta, intentando pasar desapercibidos, esperando una oportunidad para poder enfrentarse al monstruo.
Mientras tanto, los Kaio son quienes observan al brujo, esperando que cometa algún error. Todos ven como Majin Bu cada día es más rebelde, y ya desafía con asiduidad las órdenes de su amo.
Un día, en un planeta en ruinas, Majin Bu ha convertido a toda la población en repostería y se ha sentado para comérselos tranquilamente.

– “¡¿Qué demonios haces?!” – le riñe Bibidí. – “¡No es momento para ponerte a comer! ¡Tenemos otro planeta que conquistar!”
Bu no responde.

– “¡No me ignores!” – grita furioso Bibidí.
– “Tengo hambre” – responde Bu.
– “¿Osas contrariar mis órdenes?” – dice el brujo.
– “No me gustas” – responde el monstruo.
Bibidí pierde la paciencia.

– “Si no me obedeces, ¡te encerraré!” – le amenaza el mago.
Majin Bu sigue ignorando a su amo.

– “Maldita sea…” – refunfuña el brujo. – “¿Cree que es un farol? Si quiero que me respete, no me queda otra opción…”
Bibidí alza sus manos.

– “¡¡¡PAPARAPÁ!!!” – conjura el brujo.
Una extraña humareda marrón rodea a Majin Bu como un torbellino, que en un instante se solidifica y se convierte en un extraño cascarón, encerrando al monstruo.

– “Así aprenderá” – suspira Bibidí. – “Unas horas encerrado le servirán de lección.”
De repente, el brujo siente como alguien aparece detrás de él. Bibidí intenta darse la vuelta, pero antes de poder hacerlo, una mano atraviesa su cuerpo. Es el Kaioshin del Este.

– “Hemos estado vigilándote, Bibidí” – le dice Shin.
Frente a él, aparece Kibito.

– “Se acabaron tus vilezas.” – dice el ayudante del Kaioshin.
El brujo no sale de su asombro. Ha bajado la guardia y le ha costado todo cuanto ha logrado.

– “No…” – titubea Bibidí. – “Malditos Kaioshin…”
Shin extrae su mano del brujo, que cae al suelo.
Kibito se acerca a la esfera de Bu para examinarla.

– “¿Qué hacemos con esto?” – pregunta Kibito. – “¿Podemos destruirlo?”
De repente, el brujo alza su mano y pone todas las fuerzas que le quedan en un último conjuro.

– “¡PAPARAPÁ!” – grita Bibidí, haciendo desaparecer el cascarón de Bu.
– “¡MALDITO!” – exclama Shin.
El Kaioshin agarra al brujo por la solaba.

– “¡¿Qué has hecho?!” – le pregunta el Dios. – “¡¿A dónde lo has enviado?!”
Bibidí sonríe.

– “Nos veremos las caras de nuevo, Kaioshin.” – dice el brujo antes de que su cuerpo se convierta en humo y se escurra entre las manos de Shin.
Mientras tanto, en la Academia Kaioshin del planeta Ira-aru, el Maestro Toshisei y un joven Zamas, entra en la sala del Altar del Tiempo, donde se custodia el Anillo Toki.
Uno de los sabios de la Academia se encuentra contemplando el artefacto.

– “¿Qué haces aquí, Gowas?” – le pregunta Toshisei.
– “Majin Bu ha causado muchos estragos.” – responde el anciano. – “Incluso el Dai Kaioshin ha perecido.”
– “Ahora todo depende de el Kaioshin del Este.” – dice el Maestro. – “Debemos esperar sus órdenes.”
Zamas escucha con atención, mientras Gowas sigue ensimismado, mirando en el anillo.

– “Podríamos arreglarlo…” – dice el sabio.
– “Eso no está permitido.” – responde Toshisei. – “Y lo sabes.”
– “Lo sé, maestro” – responde Gowas.
– “Tenemos mucho trabajo por delante.” – dice Toshisei. – “Debemos preparar a la próxima generación de Kaioshin.”
Toshisei se da la vuelta.

– “Zamas, acompaña a Gowas a sus aposentos.” – dice el sabio maestro. – “Creo que necesita descansar.”
– “Sí, maestro.” – responde Zamas, haciendo una reverencia.
El maestro abandona la sala, dejando a Zamas y Gowas junto al altar.

– “Le acompaño a su habitación, señor” – insiste Zamas.
Gowas parece ignorarle.

– “Hemos dado demasiada libertad a los mortales…” – murmura Gowas. – “Es increíble. Uno de ellos incluso se ha atrevido a retarnos, ¡y casi consigue aniquilarnos!”
– “Nuestro deber no es gobernar, señor” – dice Zamas. – “Nosotros mantenemos el equilibrio y protegemos la vida…”
– “Ese brujo ha destruido centenares de planetas.” – responde Gowas. – “Crees que lo habría logrado si el Universo estuviera bajo un control más estricto? Podríamos lograr la paz si quisiéramos, pero no nos atrevemos a actuar.”
– “Señor Gowas…” – dice Zamas, que es sorprendido por un discurso muy alejado del consenso de la Academia.
Gowas suspira y esboza una sonrisa cansada.

– “Lo siento, Zamas” – dice el anciano. – “Son solo quejas de un viejo cascarrabias.”
Zamas se relaja.

– “¿Te importa traerme un té?” – dice Gowas.
– “Por supuesto, señor” – responde Zamas.
El joven pupilo se dispone a cumplir el deseo del anciano, pero al darse la vuelta, una tormenta eléctrica se genera a su alrededor. Gowas se ha puesto el anillo y se desvanece en un instante.

– “¡SEÑOR GOWAS!” – grita Zamas.
La habitación se queda en silencio. Zamas corre por los pasillos de la Academia buscando al Maestro Toshisei.

– “¡MAESTRO! ¡MAESTRO!” – grita el joven aprendiz.
Tras escuchar a Zamas, Toshisei reune a un grupo de guardianes y se dirige al altar, donde encuentran a Gowas de regreso.

– “¿Qué has hecho?” – le pregunta Toshisei.
– “Solo tenía energía para permanecer allí unos segundos.” – responde Gowas.
– “Has alterado el curso natural del tiempo…” – dice Toshisei.
– “He salvado el Universo” – responde Gowas. – “Nos he dado una oportunidad.”
Toshisei parece decepcionado.

– “Siento que pienses de esa forma, viejo amigo” – responde el Maestro. – “¡Lleváoslo!” – ordena a los guardias.
Los guardias arrestan a Gowas, que no muestra resistencia. Parece satisfecho con lo que ha hecho. 

Zamas contempla la escena. Un germen de duda ha nacido en el joven aprendiz.
La paz ha vuelto al Universo. Los siglos transcurren con relativa normalidad. Shin y Kibito ponen todos sus esfuerzos en localizar a Majin Bu, sin éxito.
Mientras tanto, en un remoto planeta en penumbra, un hombre alto, de tez verde y ojo rojos aparece en la cueva de Cold. El personaje viste ropajes blancos, camiseta azul, botas marrones, cinturón de cuero oscuro con un sello dorado en el centro con un árbol gravado, y un gorro alargado a juego con el cinturón, envuelto en un turbando blanco.
El misterioso ser se adentra en la gruta hasta llegar al altar en el que Cold encontró la caja de música.
De repente, por detrás aparece una gigantesca criatura de cráneo alargado y repleta de cuernos y pinchos por todo su exoesqueleto.

– “¿Quién eres?” – pregunta la criatura.
– “He venido a hablar contigo, Cold” – sonríe el ser verde.
– “¿Cómo sabes mi nombre?” – pregunta el demonio del frío.
– “Mi maestro sabe muchas cosas.” – responde el visitante, buscando entre su túnica.
El personaje saca una caja de música idéntica a la que encontró Cold en esa misma cueva.

– “Vengo a ofrecerte respuestas” – dice el personaje.
– “¿Quién eres?” – pregunta Cold.
– “Me llamo Paikhuan” – responde el visitante. – “El maestro Sidra quiere verte.”

ESPECIAL DBSNL /// Cold Chronicles // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte III: Dioses caídos

Cold Chronicles / Parte III: Dioses caídos 
“Vosotros ya no dictáis las normas”


Tras el fracaso del Kaioshin del Norte, Bibidí y su monstruo siguen vagando a sus anchas por el Universo, destruyendo todo lo que se encuentran a su paso. Los intentos de detener al brujo por parte de los Dioses han fracasado. Dos Kaioshin ya han caído.
En la Galaxia del Sur, su Kaioshin, el más fuerte de los cuatro Dioses, ha decidido tomar cartas en el asunto y se presenta frente al brujo y su monstruo, dispuesto a acabar con su legado de terror.
El combate es feroz. El Dios es el primer guerrero que hasta ahora ha logrado plantarle cara a Majin Bu en un enfrentamiento uno contra uno.

– “Majin Bu…” – murmura asustado Bibidí, al ver a su monstruo igualado.
Mientras tanto, en el Planeta Sagrado de los Kaioshin, el Supremo Kaioshin, el Kaioshin del Este, y su ayudante, se encuentran expectantes.

– “¡Tenemos que ayudarle!” – exclama el joven Kaioshin del Este.
– “Él sabe lo que hacer” – responde Kibito. – “Dejémosle actuar.”
– “Pero…” – insiste Shin.
El Dai Kaioshin alza su mirada al cielo, preocupado.

– “¿Y si…?” – murmura el Dios Supremo.
– “¿Qué ocurre?” – pregunta Shin.
Pero el Dios enseguida agacha la cabeza mientras niega su propia idea.

– “No… Podría ser aún peor…” – sentencia el Dai Kaioshin.
El Kaioshin del Sur sigue enzarzado en su combate contra el monstruo de Bibidí. El Dios utiliza su poder mental para hacer que centenares de rocas se eleven alrededor de Bu y estallen en mil pedazos, generando metralla que utiliza para atacar al monstruo, triturándole. Pero en un instante, Bu se recompone con facilidad.

– “Empiezo a comprender sus poderes…” – piensa el Kaioshin. – “Ya entiendo porque los demás fracasaron.”
Majin Bu se abalanza sobre el Dios, pero éste esquiva sus ataques y contraataca con un poderoso empujón de ki, que repele al monstruo.
Bu se recoge en una esfera que gira a gran velocidad y que rebota contra el suelo, propulsándose hacia el enemigo. El Kaioshin se protege con ambos brazos ante su rostro y la bola impacta contra él, saliendo repelida, pero pronto cambia de trayectoria y vuelve a atacar al Dios.
El Kaioshin esquiva los ataques de Bu, que recupera su forma natural y alarga sus brazos para intentar sorprender a su enemigo, pero éste avanza entre las largas extremidades y activa una espada de ki en su mano derecha que corta a Bu por la mitad.
El tren inferior del monstruo se precipita contra el suelo. Bu parece sorprendido.
El Dios sonríe confiado, pero Majin Bu le devuelve la sonrisa. El Kaioshin parece confuso.

De repente, el tren inferior de Bu ataca por la espalda al Dios, que se da la vuelta rápidamente y logra protegerse de una patada.
Majin Bu aprovecha la confusión y le propina un puñetazo, haciéndole retroceder.

En un instante, el Dios se ve atrapado entre las dos mitades del monstruo, que le avasallan con una combinación incesante de puñetazos y patadas.

El Kaioshin agarra el brazo de Bu y tira de él con fuerza, proyectándole contra su otra mitad que, al chocar la una contra la otra, se unen de nuevo.
El Dios prepara una gran esfera de ki y la lanza contra el monstruo, generando una gran explosión.
Al disiparse la polvareda, Majin Bu aparece chamuscado y enfadado. Una gran cantidad de vapor emana de sus poros.
Bibidí contempla el combate preocupado.

– “Mi Majin Bu…” – murmura el brujo.
El Dios sonríe confiado.

– “¿Ya te has cansado?” – se burla del monstruo.
Bu grita furioso y el humo que nace de sus poros ahora sale a presión.
El monstruo se abalanza sobre el Kaioshin, que retrocede mientras detiene los golpes de su rival. El Dios agarra el brazo de Bu mientras empieza a girar sobre sí mismo, hasta que Bu sale disparado contra una montaña cercana.
El monstruo sale de entre los escombros, más enrabietado que nunca. 

El Dios se ha quedado con el brazo de Bu y se lo muestra.

– “Creo que esto es tuyo” – dice el Kaioshin.
Bibidí retrocede asustado.

– “No puede ser…” – sufre el brujo.
De repente, Bu esboza una sonrisa que inquieta al Dios.
El brazo de Bu se convierte en una masa rosa que se estira formando una gran mano que envuelve al Kaioshin.

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende el Dios, que lucha por liberarse.
Finalmente, el Kaioshin es cubierto por completo. Acto seguido, la masa vuela de regreso a Majin Bu, uniéndose al cuerpo del monstruo.
En el planeta de los Kaioshin, el Dios Supremo tiembla de terror.

– “No… Maldita sea…” – murmura el Dios.
– “¿Qué ha pasado?” – se preocupa Shin.
El monstruo Bu empieza a cambiar de forma, aumentando de tamaño, adoptando la apariencia musculosa del Kaioshin del Sur.

– “¡HAAAAAAAAAA!” – grita el nuevo Bu.
Bibidí se acerca con cautela a su criatura.

– “¿Bu?” – dice el brujo. – “¿Eres tú, Bu?”
El monstruo parece que pone a prueba su cuerpo, dando una combinación de puñetazos y patadas al aire. 

– “No sabía que podías hacer eso…” – se sorprende Bibidí. – “¡Eres increíble! ¡Nadie podrá detenernos jamás!”
De repente, Bu parece calmarse y mirar al cielo en una dirección concreta.
En Planeta Sagrado, el Dai Kaioshin reacciona rápidamente.

– “¡Kibito! ¡Llévate a Shin!” – grita el Dios.
– “¿Qué?” – se extraña el Kaioshin del Este. – “¿Acaso…?”
En ese instante, Bu y Bibidí aparecen en el planeta de los Dioses.

– “Demasiado tarde…” – lamenta el Dios.
Bibidí contempla a su alrededor, al verse por primera vez en el planeta de los Dioses.

– “¡Así que aquí es donde os escondíais como ratas!” – se burla el brujo.
Shin y Kibito se ponen en guardia, pero el Dai Kaioshin da un paso al frente.

– “¡No tienes derecho a pisar esta tierra sagrada!” – dice el Dios.
Bibidí sonríe.

– “Vosotros ya no dictáis las normas” – responde el brujo. – “¡Acaba con ellos, Bu!”
El monstruo lanza una poderosa onda de ki por la boca. El Dai Kaioshin utiliza su poder mental para detener el ataque antes de que les alcance, pero al estallar genera una devastadora explosión, cuya onda expansiva engulle a los Dioses.
Al disiparse la polvareda, los Dioses aparecen magullados.
El monstruo se abalanza sobre ellos, pero el Dai Kaioshin se pone en pie y utiliza su poder mental para inmovilizarle.
Majin Bu lucha por liberarse, y el Dios empieza a ceder.

– “¡Marchaos!” – insiste el Kaioshin.
Kibito agarra a un malherido Shin y desaparecen.
Majin Bu clava su pie en el suelo y éste surge debajo del Dai Kaioshin, golpeándole el mentón y lanzándole por los aires.
El monstruo ataca al Dios, que le repele con un cañón de ki proyectado desde sus ojos.
Mientras tanto, Kibito y Shin aparecen en mitad una llanura de yerba alta, en un planeta lejano.
Kibito pone sus manos sobre Shin y empieza a curarle.

– “Debemos… ir a Ira-aru…” – dice Shin.
– “Bu podría perseguirnos” – responde Kibito. – “Solo les pondríamos en peligro.”
– “Hay que detener a Bu…” – insiste Shin.
– “Confíe en el Dai Kaioshin.” – dice Kibito. – “Él sabe lo que hace.”
En el Planeta Sagrado, el Dai Kaioshin mantiene a raya a Majin Bu, pero empieza a sentirse cansado, cosa que no le ocurre al monstruo, que parece disfrutar del combate.

– “¡Pe… pelea!” – dice Bu con dificultad.
Bibidí se sorprende al escuchar a su monstruo.

– “¿Cuándo has aprendido a hablar?”
El Dai Kaioshin se percata de la situación.

– “¡Ahora lo entiendo!” – piensa el Dios. – “El cambio de apariencia. La localización de nuestro planeta. La capacidad de hablar. Incluso parece que disfruta del combate como un luchador…” – sonríe. – “Lo has aprendido del Kaioshin del Sur, ¿verdad?”
El monstruo Bu ataca de nuevo.
El Dios extiende sus manos hacia el monstruo y las separa de repente, partiendo a Bu por la mitad utilizando su poder mental, y después las hace chocar de nuevo la una contra la otra, que se unen formando a un deformado Majin Bu.
El monstruo recupera su forma natural y parece frustrado. Con su antena emite un rayo fucsia zigzagueante que el Dai Kaioshin esquiva. El rayo impacta contra un árbol y lo convierte en carbón.
Bu insiste con otro rayo, pero el Kaioshin lo detiene con su poder mental, y lo devuelve a su emisor, pero Bu lo esquiva y el rayo impacta contra otro árbol, convirtiéndolo en un caramelo.
Majin Bu se sorprende al ver que el Kaioshin ha alterado su magia.

– “Me gustan los dulces…” – se excusa el Dios.
Bu parece furioso.

– “Mis poderes superan los tuyos” – le dice el Dai Kaioshin. – “No vas a derrotarme si esto es todo lo que puedes hacer.” – le provoca.
Majin Bu se abalanza de nuevo contra el Dios, puño en alto, y antes de golpearle, el monstruo Bu se convierte en una gran masa rosa que engulle al Kaioshin.

– “¡Bien hecho, Bu!” – celebra Bibidí. – “¡Hemos ganado!”
Shin, ya recuperado, y Kibito, sienten el cambio en el ki del monstruo.

– “¡Maldición!” – lamenta Shin.
El cuerpo de Majin Bu empieza a cambiar. Su cuerpo musculoso ahora es rechoncho, y su ropa también ha cambiado, pues ahora lleva el chaleco y la capa del Dai Kaioshin.

– “¡BUUUUUU!” – sonríe el monstruo al finalizar su metamorfosis.
Bibidí se acerca boquiabierto al ver al nuevo Bu.

– “¿Qué demonios te ha pasado?” – dice el brujo.
Majin Bu esboza una gran sonrisa.

– “¡Hola!” – saluda alegremente, con cara de bonachón.
– “Bu…” – dice Bibidí, incrédulo. – “¿Qué significa esto?”
– “Tengo hambre” – responde el monstruo.