ESPECIAL DBSNL /// Justice // Universo 2 / Parte III: Paz y orden

Justice / Parte III: Paz y orden
“La verdadera justicia está por encima del individuo.”


En la Academia Kaioshin del planeta Ira-aru, el Dai Kaioshin Madas, acompañado por sus dos hombres de confianza, Toppo y Jiren, y el ángel Cucatail, informan de sus planes para el Universo, ahora sin un Dios de la Destrucción.
Los aprendices de Kaioshin, liderados por un Toshisei en su mejor momento, dudan ante el nuevo sistema que pretende establecer el anciano.

– “No dudo que tus intenciones son buenas, Madas” – dice Toshisei. – “Pero lo que propones es peligroso.”
– “No permitiré que la corrupción tome el control de nuevo” – responde Madas. – “Las Tropas de la Justicia se encargarán de mantener el orden.”
– “¿Orden?” – dice el maestro. – “Considerabas que Kawa era un monstruo… y tu propuesta se parece demasiado a la suya.”
– “La decisión está tomada.” – sentencia Madas. – “Y espero que colaboréis.”
– “¿Usted no tiene nada que decir?” – le pregunta Toshisei a Cucatail.
– “Mi deber consiste solo en observar y llevar a cabo alguna labor que el Dai Kaioshin considere oportuna, sin interferir en el desarrollo de los acontecimientos.” – responde el ángel. – “Mi opinión no es relevante.”

Toshisei agacha la cabeza. El maestro no quiere poner en problemas a sus discípulos, pero no está de acuerdo con el nuevo Dai Kaioshin.
Mientras tanto, a lo largo del Universo, las Tropas de la Justicia eliminan todas las amenazas que encuentran en su camino. 
Las primeras razas castigadas son las que apoyaron el régimen del Hakaishin Kawa. Los demonios del frío, los coleópteros, los zoon, los ryujín… Las Tropas de la Justicia acaban con todos los posibles enemigos en nombre de la paz y el orden.
En la Academia, Toshisei siente como aumenta la tiranía de su antiguo discípulo, incapaz de tolerar a nadie que piense de forma distinta a la suya.
El sabio maestro, finalmente, toma una controvertida decisión. Toshisei se dirige a la sala del Anillo Toki, dispuesto a cambiar el pasado, pero al llegar a la sala se encuentra con un justiciero dinojín custodiando la puerta.

– “No puede acceder a esta sala, señor” – dice el guerrero con aspecto de dinosaurio.
– “Soy el maestro Toshisei.” – dice el sabio. – “La Academia y el Anillo Toki están bajo mi protección.”
– “Ya no” – responde el justiciero. – “Órdenes del señor Madas.”

Toshisei da un paso al frente, ignorando la respuesta del soldado, pero el éste se interpone en su camino.

– “No quieres hacer esto, Vewon” – le dice Toshisei.
– “Sabe mi nombre…” – murmura el guerrero. – “Es uno de los trucos mentales de los Kaioshin. Madas ya me ha advertido.”
– “Voy a darte otra oportunidad.” – añade el sabio, clavando su mirada en los ojos del dinojín. – “Apártate, hijo.”
– “¡Mi deber es custodiar esta sala!” – insiste el guerrero.
– “Bien.” – murmura Toshisei.

De repente, el dinojín siente que despierta de un sueño.

– “¡¿Qué?!” – se sorprende el Vewon, que enseguida se da cuenta de que Toshisei ha desaparecido. – “¡¿Qué ha pasado?! ¡¿Otro truco?!”

Vewon se da la vuelta y se da cuenta de que la puerta que defendía está abierta.

– “¡MALDITA SEA!” – exclama el justiciero.

Al entrar, el anillo Toki y Toshisei han desaparecido.
En unos minutos, Madas ya ha sido alertado de lo ocurrido y ha llegado a la Academia. En la sala del anillo, el Dai Kaioshin, acompañado por Cucatail y Jiren, habla con Vewon.

– “Lo siento mucho, señor” – se disculpa el justiciero. – “¡Me engañó! ¡Se metió en mi cabeza!”
– “Lo entiendo.” – responde el Dios. – “Toshisei es un gran maestro. Esperaba que entendiera la situación. Lo que ha sucedido ha sido culpa mía.”
– “Modificar el tiempo es algo que entraña graves consecuencias.” – dice Cucatail.

Vewon se arrodilla ante el ángel.

– “Asumo la responsabilidad, señor.” – dice el justiciero.

Madas agacha la cabeza, pensativo.

– “¿Puedes mostrarme a Toshisei, Cucatail?” – le pregunta Madas al ángel.
– “Es posible.” – dice Cucatail, haciendo brillar la esfera verde de su vara. – “Mi hermano ya debe haber aparecido.”

En la esfera aparece la imagen de Toshisei en el palacio del Dios de la Destrucción, hablando con un Dios con aspecto de elefante humanoide de piel rosada.

– “Ese es… ¡Ramushi! ¡El predecesor de Kawa!” – se sorprende Madas. – “¡¿Cómo ha podido viajar tan atrás en el tiempo?!”
– “Ha transferido su propia energía al anillo.” – dice Cucatail. – “Ha dado su vida por cambiar la historia.”

Madas se queda en silencio. Durante un instante, las dudas le embargan al ver a alguien a quien respeta oponerse a él con tanta convicción.
De repente, un crujido le saca de su trance. Jiren ha partido el cuello a Vewon.

– “¿Qué haces, Jiren?” – pregunta Madas, sorprendido ante la frialdad de su hombre.
– “La verdadera justicia está por encima del individuo.” – responde Jiren. – “Si mostramos debilidad, el caos volverá al universo. Nadie puede saber lo ocurrido.”

Madas se siente confuso, se ha quedado petrificado ante la actuación de Jiren. 

– “Váyase.” – dice Jiren. – “Yo me encargo.”

El Dai Kaioshin asiente tímidamente, y él y Cucatail se marchan usando la teletransportación divina.
En unos instantes, el planeta Ira-aru estalla en silencio, iluminando durante un breve instante el oscuro universo.
Unos días más tarde, en el Planeta Sagrado, Madas se encuentra meditando. Con la destrucción de Ira-aru, su conexión con lo terrenal ha desaparecido y entiende que debe alzarse como un Dios para traer el orden y la paz al universo.

En ese momento, Cucatail aparece a su lado.

– “Le traigo su encargo, señor Madas” – dice el ángel.

Madas se pone en pie.

– “Gracias, Cucatail.” – dice el Dios, aceptando el objeto del que el ángel le hace entrega.

El Dai Kaioshin se coloca su máscara con el kanji “Dai”.

– “La justicia debe reinar el universo.” – murmura el Dios. – “A cualquier precio.”

ESPECIAL DBSNL /// Cold Chronicles // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte IX: Planeta maldito

Cold Chronicles / Parte IX: Planeta maldito
“Pasé mi infancia arrodillado…”
En el planeta maldito, Hit se encuentra cara a cara con quien parece ser el actual dueño del lugar. El anciano se encuentra sentado en un trono hecho de escombros y ha revelado que se llama Slug.
– “Eres un namekiano…” – dice Hit.
– “Lo soy… lo era…” – responde Slug. – “Ha pasado mucho tiempo.”
– “¿Qué haces en este lugar?” – pregunta el asesino.
– “Es un lugar tranquilo.” – responde el namekiano. – “Nadie se acerca a este planeta. Su historia mantiene alejados a los curiosos.”
Hit desconfía del viejo namekiano.
– “Tengo que agradecerte que no mataras a mis hijos.” – dice Slug.
– “¿Hijos?” – se sorprende Hit.
– “Es una larga historia.” – responde Slug. – “No soy un namekiano cualquiera.”
– “No he venido a escuchar tu historia, anciano, si no a investigar la de este planeta.” – dice el asesino.
Slug se pone en pie con dificultad y se acerca al borde del altar.
– “Acércate, extranjero” – dice el namekiano. – “Déjame conocer tus intenciones.” – añade extendiendo su mano hacia delante.
Hit se acerca cautelosamente y Slug coloca la palma de su mano en la cabeza del asesino.
Tras un breve instante, el namekiano retrocede alarmado. 
– “Eres un asesino…” – murmura Slug. – “Y el Imperio… el demonio del frío…”
– “Si conoces mis métodos, sabes que te conviene colaborar.” – dice Hit.
– “¡Jajaja!” – ríe Slug. – “Hace unos siglos ni siquiera podrías soñar con rozarme… Incluso puede que ahora, pese a mi estado, aún pueda contigo…”
– “¿Quieres comprobarlo, anciano?” – responde Hit, muy serio.
Slug sonríe ante las amenazas de asesino.
– “No hay necesidad” – responde el namekiano. – “No eres mi enemigo.”
– “¡Pues deja de hacerme perder el tiempo!” – exclama Hit.
– “Desde que llegué, he estado estudiando la tragedia que ocurrió en este planeta…” – dice Slug. – “Un viejo culto  despertó a un monstruo que devoró la vida de este lugar…”
El namekiano se da la espalda a Hit y le mira de reojo.
– “Acompáñame, asesino” – dice Slug. – “Voy a mostrarte la historia del planeta Konats.”
Mientras tanto, en Hera, Sorbet se dispone a abandonar el planeta y regresar junto al Emperador. El Capitán Ginyu, ahora en el cuerpo del líder herajín Hido, se retira a su oficina cuando es interceptado por un soldado.
– “Su abuelo quiere verle, señor” – dice el soldado.
– “Mi abuelo…” – murmura Hido. – “Por supuesto.”
Hido acompaña al soldado hasta los aposentos de su abuelo.
Al entrar en la cámara, el Ginyu puede ver a un anciano tendido en su cama, en muy mal estado.
– “¿Cómo ha ido?” – pregunta el anciano.
– Parece que conseguiremos un mejor trato” – responde Hido. – “¿Cómo se encuentra, abuelo?” – pregunta.
– “Este es el precio de nuestro poder.” – dice el anciano.
Hido se acerca a la ventana de la habitación y mira el paisaje.
– “Es mejor que descanse.” – dice el líder herajín.
– “Está bien que te preocupes por mí…” – dice el anciano. – “Aunque no seas mi nieto.”
El Capitán Ginyu se sorprende ante ese comentario y enseguida mira al viejo herajín.
– “¿De qué está hablando, abuelo?” – pregunta Hido.
– “Supongo que mi nieto ha muerto…” – dice el anciano. – “Una desgracia…”
– “¿Cómo lo has sabido, viejo?” – pregunta Ginyu, que ha dejado de fingir.
– “No solo veo con los ojos.” – dice el moribundo anciano.
– “Hubiera sido mejor para todos que siguieras fingiendo.” – dice Ginyu.
– “Pasé mi infancia arrodillado…” – dice el viejo. – “Y me juré no vivir así nunca más.”
– “Entonces, morirás.” – dice Ginyu.
– “El Imperio se expande muy rápidamente…” – dice el viejo. – “Es cuestión de tiempo que os topéis con vuestro final.”
– “¡JAJAJA!” – ríe Ginyu. – “Ridículo. No existe nadie capaz de derrotar al Rey Cold.”
El anciano esboza una nostálgica sonrisa.
– “Nunca habéis visto algo igual…” – dice el viejo. 
– “¿De qué estás hablando?” – pregunta Ginyu.
– “Haz lo que tengas que hacer” – añade el anciano.
El Capitán agarra del cuello al anciano y lo aprieta con fuerza hasta que el viejo muere.
Mientras tanto, en el Cuartel General de la Patrulla Galáctica, situado en una estación espacial, los patrulleros han recibido una señal de socorro proveniente del planeta Kabasei.
– “Es el comunicador del agente Chapasei” – anuncia un patrullero. – “Parece que hemos perdido la comunicación con él y con el agente Torbie.”
– “¿Enviamos a otra patrulla?” – pregunta un compañero.
– “No. Será mejor que primero le avisemos.” – dice el patrullero.
En Konats, Slug y Hit se adentran en las catacumbas situadas en el sótano del palacio, donde se encuentra una gran estantería repleta de libros antiguos. Las paredes están adornadas con viejas pinturas que cuentan la historia del planeta.
– “Este planeta albergó una de las civilizaciones más grandiosas que ha visto el universo.” – dice Slug. – “Arte, ciencia, cultura… La riqueza florecía en este lugar.”
– “¿Y qué ocurrió?” – pregunta Hit.
– “Un grupo de poderosos magos de distintas razas que se hacía llamar “Kashvar” llegó al planeta y ofreció a su gente los secretos del universo a cambio de establecerse aquí” – explica el namekiano. – “¿A dónde vamos? ¿De dónde venimos? La existencia de dimensiones demoníacas, Dioses protectores, Dioses destructores… Más conocimiento del que los konatsianos podían imaginar.”
– “Nada es gratuito…” – murmura el asesino.
– “Esos brujos conocían la existencia de un poderoso espíritu en este planeta.” – dice Slug. – “Un antiguo demonio que los antepasados del pueblo konatsiano habían detenido milenios atrás.”
– “¿Un demonio?” – pregunta Hit.
– “Los habitantes de este planeta lo llamaban Hildegarn.” – dice Slug.
En el mural de la pared, un gigantesco y terrorífico monstruo se encuentra envuelto en llamas. A su alrededor, hay dibujados tres artefactos: dos ocarinas y una espada.
– “¿Qué significa esto?” – pregunta Hit, observando la pintura.
– “Solo con estos objetos se podría detener al monstruo.” – explica el namekiano. – “Son tres artefactos encantados que los antepasados de Konats dejaron preparados para que fueran usados en caso de que Hildegarn renaciera.”
– “¿Dónde están?” – pregunta Hit.
– “No lo sé.” – responde Slug. – “La historia que se encuentra en estos libros termina en el momento que el demonio volvió a despertar. Para bien o para mal, creo que esta gente no quería que nadie supiera cómo terminó el conflicto.”
– “Así que esos brujos despertaron al monstruo y éste acabó con el planeta…” – dice Hit.
– “Eso parece.” – dice el namekaino.
– “¿Por qué?” – pregunta Hit. – “¿Para qué querían despertar un viejo mal de esa magnitud?”
Slug suspira profundamente. Sus recuerdos son dolorosos.
– “Siempre hay alguien en el universo en busca de poder.” – dice el namekiano.

El namekiano puede ver en el mural de la pared al grupo de magos que despertaron a Hildegarn. Los dibujos no tienen mucho detalle, pero puede identificarse a un grupo de siete individuos encapuchados envueltos en una túnica negra rodeando un extraño símbolo casi ilegible. Uno de ellos es pequeño, de tez rosada y arrugada. El segundo es grandullón, de tez azulada, con ojos pequeños y dos largos bigotes que nacen de su nariz. El tercero es bajito, de piel amarilla y arrugada, con ojos rasgados y pupilas moradas. El cuarto parece un pequeño jabalí humanoide de pelaje rojizo. El quinto individuo parece estar completamente cubierto por un espeso pelaje negro, dejando visibles solo sus ojos redondos. El sexto tiene una estatura media, tez marrón y arrugada, labios azules, escleras moradas, y unos extraños apéndices nacen de sus mejillas. Pero Slug se fija en el séptimo componente del grupo; un ser pequeño, de cara redonda, con ojos saltones, iris verdes, y largos bigotes.
Hit también mira el dibujo y se fija en el misterioso símbolo en el centro de las figuras.
– “¿Qué significa?” – pregunta el asesino. 
– “No lo sé…” – responde Slug. – “Y creo que prefiero no saberlo.”

El símbolo parece constar de tres partes; tres columnas, la columna central está adornada con un círculo en su cima, y las dos laterales son más cortas.

ESPECIAL DBSNL /// Cold Chronicles // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte VIII: Conflictos imperiales

Cold Chronicles / Parte VIII: Conflictos imperiales
“El Imperio del Rey Cold trae paz y equilibrio.”


Tras varios días de viaje, Hit ha llegado a su destino; un planeta cuyo cielo está cubierto por nubes negras que forman una tormenta eléctrica perenne.
La nave imperial se adentra en las nubes, sufriendo fuertes turbulencias que activan las luces rojas de emergencia. La tripulación se sujeta con fuerza a lo que tiene a su alrededor, asustados por el temblor y las historias que han nacido en ese lugar.
Finalmente, la nave logra atravesar la tormenta y se dispone a aterrizar en la superficie del planeta.
La compuerta de la astronave se abre y Hit se prepara para salir. Un soldado se acerca a él, asustado.
– “¿Quiere un… quiere un equipo de apoyo, señor?” – pregunta el soldado.
– “¿Apoyo?” – pregunta Hit, echando un vistazo a su alrededor.
A los soldados imperiales les fallan las piernas, aterrados ante la idea de explorar el lugar.
– “Creo que saldré solo.” – dice el asesino.
Mientras tanto, en el planeta Kabasei, dos patrulleros galácticos han aterrizado. Uno de ellos tiene aspecto de escarabajo humanoide con exoesqueleto marrón y naranja; el otro es un individuo de muy baja estatura, tez morena y barba negra, que solo viste un pantalón blanco. Los dos llevan orejeras blancas con el símbolo de la Patrulla Galáctica.
Los dos patrulleros caminan entre las ruinas de una aldea kabajín arrasada por las Fuerzas Especiales del Imperio. 
– “Hemos llegado tarde, Chapasei” – dice el escarabajo.
– “Eso parece, Torbie” – responde su compañero. – “Esos bastardos han acabado con todo el que se ha opuesto a la invasión.”
En ese instante, los cuatro soldados imperiales rodean a los dos patrulleros.
– “Invasión no suena demasiado bien…” – dice Methiop. – “Preferimos conquista.”
Sus compañeros ríen de forma burlona, mientras los dos patrulleros se ponen en guardia.
– “Pagaréis por esto” – dice Torbie.
– “Sois unos ilusos” – responde Tupper. – “No entendéis nada.”
– “¡Y vosotros sois unos monstruos!” – exclama Chapasei. – “¡Lleváis muerte y destrucción a todos los planetas de la galaxia!”
– “El Imperio del Rey Cold trae paz y equilibrio.” – responde Tupper.
– “¡¿A esto llamáis paz?!” – dice Torbie, señalando los cadáveres kabajín que les rodean.
– “Sabéis que la guerra no es la primera opción del Rey” – explica Nink. – “Un emisario del imperio les propuso una anexión pacífica y lo asesinaron. Ellos empezaron el conflicto. Nosotros solo lo hemos terminado.” – sonríe el soldado.
– “Disfrutáis matando.” – le increpa Chapasei.
– “Disfrutamos haciendo nuestro trabajo.” – responde Tupper.
Torbie abre sus alas, dispuesto a atacar.
– “Os superamos en número.” – dice Tupper. – “Marchaos. No seáis idiotas.”
Chapasei sonríe y de forma repentina se multiplica, creando siete clones idénticos.
– “¡¿Qué demonios…?!” – se sorprenden los soldados.
– “¡Quedáis detenidos en nombre de la Patrulla Galáctica!” – exclaman los dos patrulleros.
Torbie y los clones de Chapasei se abalanzan sobre sus enemigos.
El escarabajo y un Chapasei se emparejan con el metalman, mientras los otros siete clones se distribuyen en parejas contra los otros tres soldados.
Mientras tanto, en Hera, el líder herajín recibe en su palacio a los emisarios del Imperio. Solo el consejero real y la líder de las Fuerzas Especiales han podido entrar a la sala del trono.
– “Bienvenidos” – les recibe el líder herajín, un hombre de mediana edad, vestido con las ropas tradicionales de su planeta, sentado en su trono.
– “Es un placer ser recibidos en su casa, señor Hido” – saluda Sorbet.
– “¿Qué trae a dos personalidades tan importantes a mi palacio?” – pregunta el herajín.
– “El Rey me ha pedido que le comunique su disposición a negociar una mejora de las condiciones del acuerdo entre su pueblo y el Imperio” – dice Sorbet.
– “Eso está bien” – sonríe Hido.
– “Así que, permítame preguntarle, ¿Cuáles son sus exigencias?” – continúa el consejero.
– “Lo primero, queremos un aumento de nuestros honorarios y la desaparición de las tropas imperiales de nuestro territorio.” – dice el líder herajín.
– “Señor, la primera parte de su petición es completamente justa. El Rey Cold está muy satisfecho con vuestro trabajo.” – asiente Sorbet. – “Pero abandonar su planeta…”
– “No he terminado.” – le interrumpe Hido. – “Queremos un guerrero herajín en las Fuerzas Especiales.”
En ese instante, la líder del escuadrón emblema del Imperio, que hasta ahora parecía desinteresada en la discusión política, presta atención a la conversación.
La petición también ha sorprendido a Sorbet.
– “¿Cómo dice?” – titubea Sorbet.
– “Tener a uno de los nuestros en ese equipo sería una muestra de aprecio al poder de nuestra raza.”– explica Hido.
– “Pero señor…” – dice el consejero imperial. – “Existen unas pruebas de acceso para ese pelotón. Cualquier soldado del Imperio tiene la posibilidad de presentarse a tales…”
– “¿Estás diciendo que mis hombres no están a la altura?” – pregunta el herajín, ofendido.
– “No, señor, pero…” – intenta calmar los ánimos Sorbet.
– “Sí” – interviene la líder de las Fuerzas Especiales.
El líder herajín se fija en la soldado.
– “¿Qué has dicho?” – pregunta enfadado Hido.
– “Ninguno de tus hombres está al nivel de mi escuadrón” – dice la guerrera.
– “¡¿Cómo osas?!” – se levanta airado el herajín.
Sorbet se pone nervioso.
– “Señores, cálmense…” – intenta poner paz el consejero.
Hido respira hondo y vuelve a sentarse.
– “Decidle al Rey Cold que las negociaciones han fracasado.” – dice el líder herajín.
– “¿Es esa su respuesta final, señor?” – pregunta Sorbet.
– “Así es.” – sentencia Hido.
– “Bien…” – dice Sorbet, que parece mostrar un cambio de actitud radical, esbozando una malévola sonrisa.
Sorbet mira de reojo a la líder de las Fuerzas Especiales y asiente, haciendo que la soldado de un paso al frente hacia el herajín.
Mientras tanto, en el planeta maldito, Hit camina entre las ruinas de una antigua civilización. Puede verse en la arquitectura de los restos que ese pueblo vivió una época de gran esplendor. En el centro de la vieja ciudad, en una gran plaza, se alza un gigantesco templo cuya fachada ha sido derruida. Frente a él, los restos de un gran acueducto derrumbado. 
Hit atraviesa la plaza cuando es rodeado por cuatro personajes de aspecto demoníaco. Uno de ellos es un guerrero fortachón de tez naranja, cabello rojo y dos pequeños cuernos del color del nácar, que viste un pequeño pantalón slip azul y un arnés del mismo color. El segundo es una pequeña criatura de piel verde, labios rojos, y unos grandes ojos amarillos que se mueven de forma independiente, y viste solo un pantalón azul. El tercero es un guerrero grande y fuerte de piel ocre, pequeños cuernos y grandes alas, vistiendo una armadura azul oscuro. Y, por último, el cuarto guerrero tiene la piel azul claro, cabello anaranjado y dos pequeños cuernos adornando su frente; visto una túnica morada y una capa de un tono más oscuro.
Hit los observa con detenimiento.
– “¿Qué tenemos aquí?” – sonríe el demonio alado. – “¿Qué opinas, Zeeun?”
– “Debe haberse perdido, Wings” – dice el fortachón del arnés.
– “Hace mucho que no probamos carne fresca…” – babea la pequeña criatura verde.
– “Tienes razón, Medamatcha” – dice el demonio azul.
Hit suspira.
– “No queréis hacer esto.” – dice Hit.
– “¡YAAAAAAA!” – grita Medamatcha, haciendo que tres diminutos seres nazcan de su espalda y se abalancen sobre el enemigo.
Hit, con un rápido movimiento acrobático, repele a las tres criaturas.
Zeeun se lanza también sobre él, dispuesto a propinarle un puñetazo, pero Hit esquiva el golpe y rápidamente agarra el brazo de su enemigo, proyectándole contra el suelo con una rápida llave de judo.
En ese instante, dos brazos azules brotan del suelo y agarran los pies del asesino, inmovilizándole.
– “¡Buen trabajo, Angila!” – exclama Wings, que cae del cielo haciendo un puño con ambas manos, dispuesto a atizar a su enemigo. – “¡No podrás esquivar esto!” – grita el demonio.
El asesino clava su mirada en el en demonio alado y sopla con fuerza, emitiendo una gran nube de humo negro que desconcierta al enemigo.
– “¡¿Qué demonios es esto?!” – exclama Wings, que enseguida retrocede.
De repente, Wings siente que alguien tira de sus brazos y le estampa contra el suelo.
Al disiparse la humareda, Hit ha desaparecido.
– “¡¿Dónde está?!” – exclama alarmado Medamatcha.
– “¡Maldición!” – lamenta Zeeun mientras se pone en pie. – “¡No puede haber ido muy lejos!”
– “¡No le veo!” – exclama Angila, con el rostro dolorido. – “¡¿Tú ves algo, Wings?!” 
Su compañero no responde.
– “¡¿Wings?!” – insiste Angila.
En ese instante, todos se dan cuenta de que su compañero ha sido noqueado.
– “¿Cómo lo ha hecho?” – se pregunta Medamatcha, sorprendido. – “¡Tened cuidado!” – exclama a sus compañeros, pero al darse la vuelta se percata de que ellos también han caído.
El demonio, asustado, retrocede lentamente hasta toparse con Hit.
– “Tranquilo” – dice el asesino. – “Solo les he noqueado.”
Medamatcha intenta darse la vuelta, pero antes de lograrlo cae al suelo fuera de combate. 
Hit, calmado, continúa su camino hacia el templo en ruinas.
En Kabasei, Nink intenta golpear sin éxito a sus enemigos, dos clones de Chapasei, que se mueven a una velocidad de vértigo.
– “¡Son muy rápidos!” – lamenta el soldado imperial.
Cerca de allí, Tupper es avasallado por otros dos clones que, a pesar de ser incapaces de dañar su dura piel, él parece ser incapaz de tocarlos.
– “Qué incordio…” – murmura el soldado.
Por su parte, Methiop es el único que parece poder mantener el ritmo de los clones de Capasei, gracias a sus largos brazos y rápidos puñetazos.
Mientras tanto, Auta Motroco intenta alcanzar sin éxito a Chapasei con su aliento flamígero.
Torbie sorprende al metalman por la espalda y le propina un puñetazo en la nuca que no surge ningún efecto.
– “Es muy resistente.” – dice el escarabajo.
– “Pero muy lento.” – sonríe Chapasei. – “Seguro que lograremos encontrar un punto débil.”
En ese instante, en el abdomen del metalman, su caldera interior parece arder con más intensidad, y una gran cantidad de vapor a presión surge de sus chimeneas, que silban como una olla a presión.
– “¿Qué demonios…?” – se sorprende el escarabajo.
De repente, Auta Motroco arrolla a Torbie como si fuera una locomotora, haciéndole estallar con el impacto cuál insecto en el parabrisas de un coche.
– “Tor… Torbie…” – titubea su compañero, que ha quedado bañado en hemolinfa verde.
Al entrar en shock, su estado mental se transmite a los clones, que pierden la concentración y son rápidamente superados por los soldados imperiales.
Chapasei se apresura en apretar un botón de su auricular, pero enseguida es agarrado por el metalman, que abre su boca y lanza un torrente de lava sobre el cuerpo del patrullero, fundiéndole en su mano.
Los demás soldados se acercan a su compañero.
– “Buen trabajo, Motroco” – le felicita Tupper.
– “Estos patrulleros son un incordio.” – dice Methiop. – “Cada vez cuentan con más efectivos.”
– “El Rey Cold va a tener que tomárselos en serio.” – dice Nink. – “Podrían ser un problema en el futuro.”
En Hera, un gran estruendo alerta a los guardias herajín que protegen la entrada a la sala del trono, armados con lanzas doradas, que enseguida irrumpen en el salón. Al abrir las puertas, se encuentran a Hido agarrando por el cuello el cuerpo sin vida de la líder de las Fuerzas Especiales.
Los hombres de Hido enseguida rodean a Sorbet, apuntándoles sus lanzas.
– “Tranquilos, muchachos” – dice el consejero imperial.
– “¡¿Órdenes, señor?!” – pregunta un herajín.
Hido lanza el cuerpo de la soldado a un lado y ordena a sus hombres que bajen las armas.
– “Ha sido solo un desacuerdo.” – dice el líder herajín. – “La líder de las Fuerzas Especiales ha intentado atacarme, pero no actuaba en nombre del Rey, ¿no es así?.” – le pregunta a Sorbet.
– “Por supuesto, señor” – responde el consejero imperial. – “El Rey Cold no actuaría de tal forma. Su Majestad tiene gran estima hacia su pueblo.”
– “Me alegra oír eso.” – sonríe Hido. – “Podéis soltarle.” – ordena a sus hombres.
Los guardias obedecen.
– “Marcharos. Gracias.” – dice Hido. – “Aún nos quedan ciertos temas de los que hablar.”
– “Sí, señor” – responden sus hombres.
Al quedarse a solas de nuevo, Sorbet sonríe.
– “Buen trabajo, Capitán Ginyu.” – felicita el consejero al líder de las Fuerzas Especiales.
Mientras tanto, en el planeta maldito, Hit se dirige al altar del templo, donde un gran trono de piedra ha sido construido a partir de ruinas. En él se encuentra sentado un anciano encapuchado de tez verde envuelto en una gran túnica amarilla.
– “Bienvenido a mi hogar, extranjero.” – dice el anciano, mientras revela su rostro.
Hit se sorprende al ver a la misteriosa figura.
– “Me llamo Slug.” – revela el anciano.

ESPECIAL DBSNL /// Cold Chronicles // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte VII: Hit

Cold Chronicles / Parte VII: Hit
“No es nada personal.”

En los suburbios del planeta Imegga, en una taberna oculta en un viejo sótano, un misterioso personaje de tez morada y que viste una larga gabardina negra se encuentra sentado en solitario. A su alrededor, otras mesas llenas de individuos con pinta de delincuentes y forajidos juegan a cartas y beben despreocupados.
De repente, un ser encapuchado entra en el local. La taberna queda en silencio cuando el personaje entra en el lugar. Todos los presentes han puesto las manos en sus armas, esperando lo peor, pero el ambiente pronto vuelve a la normalidad cuando se dan cuenta de que no es un peligro.
El encapuchado se acerca al viejo tabernero.
– “Busco a alguien para un trabajo” – dice el forastero.
– “¿Qué tipo de trabajo?” – pregunta el propietario del establecimiento.
– “Uno de los que solo se ofrecen aquí” – responde el encapuchado, que vacía un pequeño saco de dinero sobre la mesa y le entrega una moneda al tabernero.
– “Es mucho dinero…” – se sorprende anciano.
– “Es un trabajo difícil…” – responde el forastero.
El propietario echa un vistazo a las mesas del local.
– “Habla con ese” – responde, haciéndole un gesto con la cabeza, señalándole al personaje de la gabardina. – “Se llama Hit.”
– “Gracias” – dice el encapuchado, recogiendo su dinero y entregándole otra moneda al mesonero como propina.
El forastero se acerca a la mesa que le ha sido señalada y se sienta frente al personaje que allí se encuentra.
– “Tengo un trabajo” – anuncia el encapuchado.
– “Habla” – responde su contertulio.
– “No es una tarea fácil” – explica el forastero, que vuelve vaciar el saco de monedas sobre la mesa. – “Pero tiene una alta recompensa.”
– “¿Vas a decirme de qué se trata?” – insiste Hit.
– “Una vez te informe de la misión, no podrás negarte” – aclara el encapuchado. – “Es confidencial.”
– “¿Me amenazas?” – responde Hit. – “Dile a Xo-Nin que envíe a un mejor emisario.” – añade mientras se levanta.
– “¡Espera!” – exclama el encapuchado, nervioso.
Hit se detiene. El forastero empieza a sudar y a ponerse nervioso.
– “¿Quién…? ¿Quién ha mencionado a Xo-Nin?” – pregunta, tembloroso. – “¿De qué estás hablando?”
Hit pone sus manos sobre la mesa y se inclina hacia delante, intimidando al forastero.
– “Solo hay una persona en este planeta capaz de pagar tales honorarios” – dice Hit.
– “Nadie dice que mi señor sea de este planeta…” – se excusa el encapuchado.
– “Bien. Entonces hay dos personas: Xo-Nin y el Rey Cold.” – responde Hit. – “Pero, según he oído, los métodos del demonio del frío son mucho más directos; así que volvemos al punto de partida.”
– “Está bien, está bien…” – claudica el encapuchado, muy agitado. – “Por favor, siéntate.”
Hit vuelve a tomar asiento.
– “Xo-Nin quiere que te encargues de alguien.” – dice el forastero. 
– “Conozco los avances del Imperio. Ya no es un pequeño reino rebelde.” – dice Hit. – “Algunos planetas ni siquiera muestran resistencia. Se doblegan de buen gusto ante el Emperador. Y según parece, la expansión pronto llegará a este sector…”
– “Así es” – responde el encapuchado.
Hit observa el dinero con detenimiento.
– “Por lo que me ofreces, supongo que vas a pedirme que mate a los Generales del Imperio…” – reflexiona Hit. – “Está bien. Puedo hacerlo. Nos veremos aquí en…”
– “No.” – le interrumpe el forastero. – “Eso no es lo que Xo-Nin quiere.”
Hit se queda sin palabras.
– “Acaso me estás pidiendo que…” – dice Hit.
– “Sí.” – responde tajante el forastero. – “Xo-Nin quiere que mates al Rey Cold.”
Han pasado varios siglos desde que Cold empezó a alzar su Imperio desde las ruinas de Hera. La Capital del Imperio ha sido establecida en el planeta Cold-42, donde el Emperador tiene su residencia.
Meses después de ese encuentro en la taberna, en la sala del trono del Imperio, un soldado herajín se arrodilla ante el Rey, sentado en su sillón, transformado en su apariencia de toro, y escoltado por su pequeño consejero.
– “Mis hombres y yo hemos finalizando nuestra misión con éxito, señor.” – anuncia el soldado.
– “Buen trabajo” – responde Cold. – “Puedes retirarte.”
El soldado abandona la sala. 
El consejero del Rey se acerca Su Majestad.
– “¿Qué piensa hacer con ellos, Majestad?” – pregunta el personaje.
– “Son una raza fuerte…” – responde Cold. – “Me han servido durante muchos años.”
– “Pero señor, los informes que nos llegan son un poco alarmantes…” – continúa el consejero. – “Hablan de una rebelión en ciernes. Su nuevo líder ha agitado al pueblo y…”
– “No voy a traicionarles, Sorbet.” – sentencia el Rey. – “Reúnete con ellos y que expongan sus exigencias.”
– “De acuerdo, señor.” – responde el consejero. – “Como usted desee.”
– “Ahora, déjame a solas.” – dice Cold.
Su consejero hace una reverencia.
– “A su servicio” – se despide el lacayo. 
El Rey Cold se queda solo en la sala del trono.
– “No te lo puedo poner más fácil” – sonríe el Emperador.
De entre las sombras surge Hit, con sus manos en los bolsillos.
– “No es nada personal.” – dice el asesino.
– “Podrías matarme ahora mismo.” – dice Cold, con completa calma. – “En esta forma, no puedo detenerte.”
– “Será rápido.” – anuncia Hit.
– “Lo sé.” – dice el Emperador. – “Tu reputación te precede, Hit.”
El asesino se sorprende ante la actitud del Emperador.
– “Pero antes de que lo hagas, me gustaría proponerte un trato.” – dice Cold.
– “No puedes pagar tu escapatoria.” – dice Hit. – “Mi palabra vale demasiado.”
– “No pretendo sobornarte.” – le corrige el demonio del frío. – “Solo quiero ganar tiempo hasta que te lleguen tus nuevas órdenes.”
En ese instante, Hit recibe un mensaje en un dispositivo que lleva en su cinturón.
– “Léelo.” – dice el Emperador.
Hit mira el dispositivo.
– “Déjame adivinar…” – continúa Cold. – “Xo-Nin quiere anular su encargo.”
El asesino parece confuso.
– “Política.” – sonríe el Emperador. – “Los objetivos cambian tan rápido… Tengo ojos en toda la galaxia.” – explica. – “No fue difícil averiguar lo que planeaba Xo-Nin y encontrar algo que él desea y que solo yo puedo darle.”
Hit se da la vuelta, dispuesto a marcharse, pues su trabajo ha terminado.
– “¡Espera!” – le dice Cold. – “Ahora que estás libre, tengo un trabajo para ti.”
– “¿Vas a pedirme que mate a Xo-Nin?” – dice Hit.
– “Me gusta como piensas.” – sonríe el Emperador. – “Pero, no. Imegga funciona. Prefiero subyugarle antes que matarle. Es más útil.”
– “¿Qué quieres de mí?” – pregunta el asesino.
– “Quiero que investigues algo.” – dice Cold.
– “Creía que tenías ojos en toda la galaxia…” – murmura Hit.
– “Esto va mucho más allá.” – aclara el Emperador.
En unas horas, Hit ya viaja en una nave del Imperio a un recóndito planeta al que muchos consideran maldito y temen pronunciar su nombre.
Mientras tanto, Sorbet viaja a Hera, acompañado por la líder de las Fuerzas Especiales del Imperio, una mujer de piel morada y cabello fucsia, para reunirse con el líder de esa misma raza y calmar los ánimos de su pueblo.
En el planeta Kabasei, un lugar pantanoso y húmedo, el resto de las Fuerzas Especiales se encarga de aniquilar a los rebeldes que se resisten al Imperio. Los habitantes del planeta tienen aspecto de hipopótamo humanoide, con gran envergadura y grandes bocas de afilados colmillos.
Los cuatro guerreros de las Fuerzas Especiales, repartidos en distintas aldeas, masacran al pueblo kabajín.
En una pequeña villa, un guerrero hipopótamo se abalanza sobre un soldado del Imperio, cuya piel azul tiene la consistencia de una roca, y le muerde el brazo. El guerrero imperial sonríe de forma burlona, al no sentir dolor. El kabajín mira a su oponente desconcertado y asustado, y el soldado le remata con un fuerte puñetazo en la cabeza.
El soldado sonríe satisfecho al ver que no queda nadie más en pie.
– “¿Cómo vais?” – les pregunta el guerrero a sus compañeros a través de su auricular.
En otra aldea, el segundo miembro del escuadrón, de tez verde y gran envergadura, con un aspecto similar a un ogro, se encuentra sujetando a dos enemigos a los que hace chocar sus cabezas, dejándoles fuera de combate.
– “Ya me queda poco, Tupper.” – responde el soldado.
– “No esperaba menos de ti, Nink.” – responde el ishitoko. – “¿Y tú, Methiop?”
En otro lugar del planeta, Methiop, un guerrero con aspecto de crustáceo humanoide, de piel roja, noquea a su último oponente con una rápida combinación de puñetazos, como un boxeador.
– “Listo.” – responde el guerrero. – “¿Sabéis algo de Auta Motroco?”
– “Solo recibo interferencias” – dice Nink, que intenta comunicarse con su compañero.
En una cueva oscura, solo iluminada por la luz que emite el abdomen del metalman, varios enemigos intentan sorprender al soldado imperial, que sin pensárselo libera su aliento de fuego e inunda la cueva con torrente de lava que arrasa con todo lo que encuentra.
En ese instante, Tupper recibe un mensaje del centro de mando.
– “Parece que tendremos visita, chicos” – dice el soldado.
– “¿Qué ocurre?” – pregunta Nink.
– “Me comunican que se acerca una nave de la Patrulla Galáctica.” – sonríe Tupper.