ESPECIAL DBSNL // Red World / Universos 1 y 2 / Parte XXIX: Colmillos de lobo

Red World // Parte XXIX: Colmillos de lobo

“Te mientes a ti mismo.”

Los cuatro terrícolas se encuentran cara a cara con el demonio del frio.

Chichi, Ten Shin Han, Krilín y Yamcha se preparan para pelear, listos en poses de combate.

Chilled los mira frunciendo el ceño.

– “No importa cuantos seáis.” – advierte el alienígena. – “Este desierto será vuestra tumba.”

Los cuatro tragan saliva.

– “Tsk…” – protesta Krilín. – “Odio admitirlo, pero creo que tiene razón…”

– “¿Tan fuerte es ese tipo?” – pregunta Chichi, con una gota de sudor frio recorriendo su sien.

– “Eso no importa.” – responde Ten. – “Tenemos que intentarlo.”

Yamcha se mira la palma de la mano derecha, absorto.

– “Creo que tengo una idea.” – dice el androide.

– “¿Eh?” – le miran todos.

– “¿Estás seguro?” – pregunta Krilín.

– “Escuchadme bien.” – dice Yamcha. – “No tenemos tiempo.”

Chilled los observa, molesto, al sentirse ignorado mientras susurran entre ellos.

El demonio da un paso al frente y los guerreros Z reaccionan.

– “¡Ya viene!” – exclama Krilín.

Chichi sacude su abanico y levanta una gran nube de polvo que engulle al enemigo, nublando su vista.

Chilled suspira.

– “Basta de trucos.” – sentencia.


Con un estallido de energía invisible, disipa la polvareda.

Ten Shin Han y Krilín lo están flanqueando.

– “¡KAMEHAMEHA!” – dispara Krilín por la derecha.

Chilled repele el ataque golpeándolo con desdén con el dorso de la mano.

– “¡DODONPA!” – dispara Ten por la izquierda.

Chilled se inclina ligeramente hacia atrás para dejar pasar de largo el ataque de Ten Shin Han.

En ese instante, varias etiquetas de papel marcadas con los kanji de “Fuego” llueven sobre el demonio del frío, lanzados por Chichi, que ha saltado por encima del enemigo.

Haciendo un sello con sus manos, la muchacha activa los sellos sagrados, que liberan el fuego sellado del Monte Frypan.

Las llamas engullen a Chilled.

Una gota de sudor recorre la frente de Krilín, que recuerda el terrible calor del corazón de la montaña.

Como una centella, Chilled sale del fuego. Las llamas que aún lo envuelven se apagan gracias a su velocidad.

El demonio se dirige directo hacia Chichi. Ella intenta cubrirse con su lanza, pero la velocidad y fuerza de Chilled supera toda expectativa, rompe su lanza y le propina una patada en el pecho que la lanza campo a través.

– “¡¡CHICHI!!” – se preocupa Krilín.

Chilled apunta a la mujer con su mano derecha y dispara un blast de energía rosado.

Krilín no duda en interceptarlo, con sus brazos cruzados frente a su rostro, recibe el impacto directo.

– “¡GRAAAH!” – resiste Krilín.

El ataque estalla, lanzando a Krilín por los aires.

Ten Shin Han aparece detrás de Chilled y le apunta con su dedo índice iluminado a bocajarro; el dedo de Ten está a dos centímetros de la nuca del enemigo.

– “¡¡DODON…!!” – anuncia Ten.

Pero una vez más, la velocidad de Chilled sorprende al terrícola; se revuelve en un parpadeo y agarra el brazo Ten, apartándolo.

Con la otra mano, Chilled agarra el cuello de Ten Shin Han.

El terrícola agarra el brazo de Chilled, luchando por su vida.

– “Tsk…” – pelea Ten. – “Ghaaagh…”

De la espalda de Ten salen dos brazos más que golpean por sorpresa la cara de Chilled, pero ni siquiera provocan una reacción por parte del demonio.

El terrícola insiste; golpea a Chilled con sus brazos libres, pero sin éxito.

De repente, los ojos del enemigo se iluminan y con un rápido vistazo lanza su rayo ocular y cercena los dos brazos extra de Ten.

– “¡¡GHRAAAG!!” – sufre Ten.

En ese instante, Yamcha se abalanza sobre Chilled por la espada.

– “¡¡COLMILLOS DE LOBO!!” – exclama.

El demonio lo intercepta de un coletazo y lo lanza contra el suelo.

Ten Shin Han pelea cada vez con menos fuerza.

Chilled lanza a Ten a un lado y ahora centra su atención en Yamcha.

– “De repente tienes prisa por morir…” – se mofa el demonio, avanzando hacia él con paso firme.

En ese instante, un poderoso torrente de energía impacta contra la espalda del demonio del frío, obligándolo a dar un paso al frente y casi haciendo que se tropiece.

– “¿EH?” – se sorprende Chilled, que se revuelve para ver quién le ha atacado.

Ten Shin Han ha lanzado un Kiko-ho desde el suelo y con una sola mano.

– “¿Aún le quedaba tanta fuerza?” – piensa Chilled. – “¿Acaso esa rata estaba fingiendo…?”

Yamcha se abalanza sobre Chilled por la espalda, tapándole la boca con la mano derecha, rodeándole el cuello con el brazo izquierdo y agarrándose a él con las piernas alrededor de la cintura.


El demonio del frío parece confuso ante tan extraño y fútil ataque.

Chilled usa su cola para agarrar a Yamcha de la cintura y lanzarlo al suelo.

El demonio del frío le apunta con su mano y dispara un blast de ki.

Yamcha activa su barrera de energía, que resiste el ataque del enemigo.

Chilled prepara otro ataque con el que pretende acabar con él.

Pero de repente, un estallido en el cielo llama la atención de todos los presentes.

El gigante de metal de la Red Ribbon cae sobre Chilled, propinándole un puñetazo directo con el que pretende aplastarlo. ¡¡BROOOM!! El suelo tiembla.

Chichi, malherida, con varias costillas rotas, se alegra de ver a Pino llegar al campo de batalla.

El gigante tiene un brazo nuevo, pero sin armadura, con los circuitos expuestos, demostrando que no fue acabado a tiempo.

– “Así aprenderás, extraterrestre.” – gruñe Pino.

Krilín observa asombrado la envergadura del robot.

– “Esa cosa es enorme…” – murmura el terrícola con cierto miedo.

Ten Shin Han se pone en pie, tambaleándose.

– “La Red Ribbon ha llegado muy lejos…” – piensa el terrícola.

De repente, un resplandor fucsia emana de debajo del puño del titán.

– “¡¿EH?!” – se preocupan todos.

Con un estallido de energía, Chilled, envuelto por un orbe de energía, asciende destruyendo por completo el brazo del titán.

En el cielo se detiene, observando con rabia a sus cinco enemigos.

– “Se acabaron los juegos.” – refunfuña entre dientes.

Chilled levanta su dedo índice y prepara una esfera de energía que brilla como una pequeña estrella.

Ten Shin Han intenta dar un paso, pero hinca la rodilla, agotado.

Yamcha, sin dudarlo, corre entre nuestros amigos y sale volando a toda velocidad hacia Chilled.

– “¿EH?” – se sorprende Ten.

– “¡Yamcha!” – se preocupa Krilín.

El androide vuela directo hacia el enemigo.

Chilled es sorprendido por la velocidad de Yamcha y desvanece su ataque para evadir el puñetazo del androide.

– “¡¡COLMILLOS DE LOBO!!” – insiste Yamcha.

El androide intenta golpearlo otra vez; y otra. Una tormenta de golpes de garra. 

Chilled evade los golpes, pero parece sentirse presionado por la insistencia de su adversario.

Finalmente, Yamcha roza la mejilla de Chilled con uno de sus ataques.

– “Je…” – sonríe el androide.

Chilled aprieta los dientes y pasa a la ofensiva.

El demonio del frío propina un puñetazo directo al estómago de Yamcha, que se dobla sobre sí mismo.

– “¡¡GGHAAAGH!!” – sufre el androide.

– “Así aprenderás.” – se burla Chilled.

Pero Yamcha se engancha al brazo del extraterrestre.

– “¿Qué demonios haces…?” – protesta Chilled. – “¡¡SUÉLTAME!!”

El demonio sacude el brazo, pero Yamcha no está dispuesto a soltarle.

Chilled acaba propinando un puñetazo en la cara del androide para sacárselo de encima.

Yamcha retrocede ligeramente. Su mejilla sangra por el golpe.  Una media sonrisa se dibuja en su rostro.

– “Probemos de nuevo.” – sonríe el androide.

Chilled parece confuso.

– “¡¡COLMILLOS DE LOBO!!” – exclama Yamcha.

Chilled de nuevo evade el primer puñetazo, pero su sorpresa es mayúscula cuando Yamcha conecta el segundo, y después el tercero, y finalmente lo empuja golpeándolo con sus dos manos en garra en el pecho simultáneamente, simulando las fauces de un lobo.

Chilled retrocede unos metros. 

– “¿Qué significa esto…?” – gruñe el extraterrestre. – “¡¿Cómo es posible?!”

En tierra firme, Krilín abre los ojos como platos.

– “El androide tenía razón…” – murmura, asombrado.

– “¿De verdad puede ganar?” – se pregunta Chichi.

Ten Shin Han recuerda cuando se enfrentó al bandido durante el Torneo Mundial de Artes Marciales.

El presentador anuncia la victoria de Ten Shin Han mientras éste ya se dirige al vestuario.

De camino por la pasarela se cruza con Yamcha, que se recompone tras haber caído fuera del ring.

– “Si no fuera por esas estúpidas normas, hubiera machacado a ese calvorota.” – refunfuña el bandido. – “Estúpido torneo…”

Ten Shin Han se detiene.

– “Te mientes a ti mismo.” – dice el guerrero de la escuela Grulla.

– “¡¿Cómo dices?!” – reacciona rápidamente Yamcha, encarando a Ten.

El presentador interviene rápidamente, colocándose entre los dos luchadores, frenando al bandido.

– “¡Caballeros, por favor…!” – dice el presentador, tapando el micro. – “Estamos en un torneo de Artes Marciales… ¡Sean respetuosos!”

Sin mirar a Yamcha, el guerrero de tres ojos responde.

– “Has aprendido a pelear por tu cuenta.” – dice Ten. – “¿Verdad?”

– “¿Y qué tiene eso de malo?” – pregunta Yamcha, ofendido.

– “Tu técnica es burda y descuidada.” – responde Ten. – “No eres un artista marcial. Este torneo te va grande.”

– “Bastardo…” – gruñe el bandido.

Ten Shin Han sigue su camino hacia el vestuario, cruzándose con Puar, que vuela hacia su amigo.

– “¡Señor Yamcha!” – exclama Puar, preocupado por su derrota.

En el presente, Ten Shin Han sonríe.

Yamcha se pone en guardia, listo para un nuevo ataque de su particular estilo.

En el despacho de la Red Ribbon, completamente desordenado tras ser sacudido previamente por la onda expansiva del ataque de Chilled, la conexión con el campo de batalla se ha perdido.

– “¡¡NECESITO SABER QUÉ ESTÁ PASANDO!!” – exige un despeinado Comandante Red. – “¡¡AHORA!!”

ESPECIAL DBSNL /// Red World // Universos 1 y 2 / Parte XXVIII: La última batalla

Red World / Parte XXVIII: La última batalla

“Quieren devolverles el favor…”

Entre la polvareda alzada por el ataque de Chilled, Krilín intenta recomponerse. 

Desorientado y magullado por la explosión, mira a su alrededor con miedo de que aparezca su enemigo.

– “Maldita sea…” – refunfuña el terrícola. – “Pensé que esta vez podría conseguirlo…”

De repente, un estallido de ki invisible sacude la zona con una ventisca. Chilled está en el epicentro.

Krillín, Ten Shin Han y el Número 17 quedan completamente desprotegidos y a la vista del enemigo.

Chilled levanta su dedo índice, que se ilumina de color fucsia.

– “¿Quién será el primero?” – sonríe el demonio.

De repente, una lluvia de misiles cae sobre Chilled.

Media docena de Battle Jackets, acompañados por diez Battle Mechs medio escacharrados descienden sobre el campo de batalla, formando una línea de fuego frente al demonio del frío.

– “¡LISTOS PARA DISPARAR!” – anuncia el piloto de Battle Jacket de mayor rango.

Krilín se asusta al ver a los soldados.

– “¡¿QUÉ ESTÁIS HACIENDO?!” – exclama el terrícola. – “¡¡SALID DE AQUÍ!!”

Mientras tanto, tres soldados corren por detrás de la línea de robots hacia Ten Shin Han, Krilín y el Número 17.

– “¿Estáis bien?” – pregunta el primer soldado, que intenta levantar a Krilín.

Krilín se saca de encima al soldado y lo agarra de la solapa.

– “¡ESCÚCHAME!” – exclama el terrícola. – “¡Tienes que decirles a tus compañeros que se marchen! ¡No entendéis lo fuerte que es ese tipo! ¡No podrán…!”

– “¡Quieren ayudar, señor!” – le interrumpe el soldado.

– “¿Eh?” – se calla Krilín.

– “Quieren devolverles el favor…” – continúa el soldado.

Krilín libera al hombre y se queda mirando asombrado a los Mechs en el campo de batalla.

Mientras tanto, otro soldado socorre a Ten Shin Han.

Un tercer soldado intenta ayudar al Número 17, que sigue sin responder.

– “¡Número 17!” – lo sacude ligeramente el soldado. – “¡Señor!”

 El androide lo mira de reojo y lo reconoce.

– “Zendaki…” – murmura el 17.

– “¿Qué te pasa?” – protesta el soldado. – “¡Tienes que pelear!”

El androide mira a Chilled, que sigue de pie frente a los soldados, con su dedo brillante.

– “¿Es eso posible?” – se pregunta el androide.

Los Mechs están preparados, apuntando al extraterrestre.

– “¡¡FUEGO!!” – exclama el líder.

Pero antes de que puedan disparar, Chilled dispara su rayo y lo desliza de forma horizontal, cortando por la mitad a todos sus enemigos.

El macabro suceso hiela la sangre de Ten Shin Han, Krilín, el Número 17 y de los tres soldados supervivientes.

Zendaki agarra de la pechera al Número 17 y lo zarandea.

– “¡¡ESCÚCHAME!!” – exclama el soldado. – “¡Tienes que recomponerte!”

– “No lo entiendes…” – responde el 17. – “No se puede pelear con alguien así…”

Zendaki suelta al androide, que cae sentado en el suelo.

– “Estamos muertos.” – sentencia el 17. – “Todos…”

– “Tsk…” – gruñe el soldado.

Zendaki desenfunda su pistola. Las manos le tiemblan.

– “No…” – murmura el soldado. – “No perderé a mis amigos otra vez… por no hacer nada…”

– “¿Eh?” – lo mira el 17, confuso.

El soldado lo mira con ojos melancólicos.

– “Lo siento, Yamcha.” – sentencia. – “Has sido mi mejor amigo.”

Las palabras despiertan algo en la mente del androide; como si oyera repetido ese nombre como un eco profundo en su cabeza.

El soldado carga directo hacia Chilled.

– “¡¡AAAAH!!” – grita intentando librarse así del miedo.

Los otros soldados se miran entre ellos al ver a su compañero.

– “¿Qué hacemos?” – se pregunta uno.

– “¿Atacamos?” – murmura otro.

Chilled oye el grito de Zendaki y lo mira de reojo antes hacer un grácil gesto de muñeca que lanza ventisca que impacta contra el soldado como un camión, lanzándolo por los aires.

El Número 17 sigue en el suelo, observando como su único amigo se precipita contra el suelo, sin vida… y recupera su forma original; un pequeño felino azulado.

Chilled mira a Krilín.

– “Creo que empezaré contigo…” – sonríe el demonio.

Krilín da un paso al frente, protegiendo al soldado que le socorría.

– “¡¡FUERA DE AQUÍ!!” – exclama el terrícola, preocupado.

Ten Shin Han se pone en pie y eso reclama la atención de Chilled.

– “Veo que tu amigo tiene prisa…” – dice el alienígena.

El soldado que ayudaba a Ten ya corre campo a través, lejos de la batalla.

El guerrero de tres ojos, pese a no tener fuerzas, se pone en guardia.

– “No se ha terminado…” – piensa Ten. – “Aún podemos seguir luchando…”

Chilled ignora a Krilín y vuela directo hacia Ten.

– “¡¡TU SERÁS EL PRIMERO!!” – exclama.

El demonio del frío se abalanza a toda velocidad sobre Ten Shin Han, que intenta cubrirse rápidamente.

Pero de repente…

– “¡¡COLMILLOS DE LOBO!!” – exclama el androide 17.

Un golpe con la palma de la mano en forma de garra pilla por sorpresa a Chilled y lo aparta de Ten Shin Han, lanzándolo contra el suelo.

– “¡¿EH?!” – se sorprenden Ten y Krilín.

El androide 17 se pone en guardia. Ten Shin Han reconoce a su antiguo adversario al instante.

– “Lo sabía…” – piensa Ten. – “Es él…” – lo recuerda sobre el tatami, con el clamor del público. – “Es el tipo al que me enfrenté hace años en el Torneo Mundial de Artes Marciales…”

El androide aprieta los dientes con rabia.

– “¿Aún te quedan fuerzas, androide?” – pregunta Ten, con cierta ironía.

Krilín se une a Ten y al Número 17.

– “Me alegra que al final hayas decidido unirte…” – sonríe el discípulo del Gohan.

Chilled se pone en pie, furioso.

– “Ya te daba por muerto…” – gruñe el demonio. – “Pero ahora vas a…”

En ese instante, un tornado se alza alrededor del alienígena, aislándolo.

– “¿Qué…?” – protesta, harto de trucos. – “¡¡YA BASTA!!” – grita furioso.

Con un estallido de energía deshace el remolino.

Frente a él, Chichi se ha unido a los tres luchadores. Krilín y Ten Shin Han están masticando algo mientras el androide los mira con cierta confusión.

– “Como nuevo.” – sonríe Ten. – “Gracias.”

– “Me alegro de verte, Chichi.” – dice Krilín. – “Pareces toda una Diosa de la montaña con esa ropa.”

– “Tú no has cambiado nada.” – sonríe ella.

– “¿Eso es bueno?” – se pregunta Krilín.

– “¿Y quiénes son tus amigos?” – pregunta Chichi.

– “Ten Shin Han.” – se presenta el guerrero de tres ojos.

– “¿El despiadado asesino?” – frunce el ceño ella.

– “Es una larga historia…” – la calma Krilín. – “Y él es…” – señala al 17.

– “Me llamo Yamcha.” – se presenta el Número 17.

ESPECIAL DBSNL /// Red World // Universos 1 y 2 / Parte XXVII: El as de Chichi

Red World / Parte XXVII: El as de Chichi

“Os haré sufrir…”

En la costa, tras recibir la onda expansiva de la gigantesca explosión. El combate continúa.

Watagash se levanta. Con los ojos inyectados en sangre, el monstruo se abalanza sobre el gigante de la Red Ribbon. 

El robot de Pino, sin un brazo, es incapaz de detener la embestida del enemigo y es derribado.

Watagash, sentado sobre el robot, empieza a propinarle puñetazos.

Pino intenta cubrirse, pero los golpes superan su defensa. El metal que recubre al gigante empieza a abollarse con cada golpe.

Chichi, minúscula en comparación a los dos titanes, tiene que actuar.

Watagash golpea la cabina de Pino, rompiendo los cristales, que caen sobre él. 

El soldado de la Red Ribbon se cubre la cara con sus manos para evitar posibles cortes.

En ese instante, Chichi salta sobre la cabina del robot. Pino puede ver a contraluz la silueta de la guerrera sobre él.

– “¡¿QUÉ ESTÁS HACIENDO?!” – exclama él, preocupado.

Watagash levanta su puño, listo para golpear de nuevo.

– “¡¡SAL DE AHÍ!!” – exclama Pino.

Chichi tiene su lanza preparada.

– “¡YAH!” – exclama ella, que proyecta un corte horizontal con su lanza.

El corte se propaga por el aire hasta alcanzar a Watagash en los ojos, cegándolo por completo.

– “¡¡¡GRAAAAAAGH!!!” – brama el monstruo.

La sangre del monstruo llueve sobre Chichi y Pino.

– “No tardará en recuperarse…” – piensa ella.

Chichi mira a Pino de reojo.

– “¡¡SÁCATELO DE ENCIMA!!” – dice la guerrera. – “¡YO ME ENCARGARÉ DEL RESTO!”

Pino asiente y se pone de nuevo a los mandos.

El robot intenta empujar a Watagash, pero con una sola mano, la disputa es en vano.

– “Maldita sea…” – gruñe Pino. – “Esto me va a salir muy caro… ¡espero que la muchacha no falle!”

Rápidamente, Pino teclea en su consola. La perla en el centro de la barriga del robot se ilumina intensamente.

– “¡¡AHÍ VA!!” – aprieta un botón.

Un torrente de energía es proyectado por la perla y empuja al gigantesco Watagash hacia el cielo.

Los controles de la cabina parpadean. Parece que casi toda la energía que le quedaba al gigante mecánico ha sido desviada hacia el ataque.

Chichi guarda su lanza y recurre a la calabaza de su cinturón.

Con el pulgar, descorcha la botella y ésta desata una violenta ventisca que absorbe todo lo que tiene delante.

Mientras cae, Watagash siente como su cuerpo es atraído por el remolino que lo arrastra hacia el recipiente.

Su cuerpo parece deformarse para poder entrar por la boquilla de la calabaza. 

– “¡¡GRAAAAH!!” – brama el monstruo.

La mitad inferior del gigante entre en la botella, pero Watagash sigue peleando. Intenta clavar sus garras en la tierra.

Su cuerpo se retuerce en la entrada de la calabaza.

– “¡¡GRAAAH!!” – intenta gritar, pero el sonido también es engullido por el artefacto mágico.

De repente, los ojos del monstruo se tornan azules. El extraño apéndice en su cabeza, que recuerda a un diente de león, se deshoja, esparciendo sus semillas por la zona durante un instante, pero éstas también son absorbidas por la calabaza.

El pánico se apodera del monstruo, como si de repente fuera consciente de que ése es su final.

Finalmente, el monstruo entra al completo en el recipiente y Chichi se apresura en cerrarlo.

La ventisca se detiene. Calma absoluta.

Pino mira con asombro a la mujer.

– “¿Qué acaba de ocurrir?” – se pregunta el piloto.

La mujer cae de rodillas, agotada.

– “¡¿Estás bien?!” – se preocupa él.

El piloto se quita el cinturón y sale de su cabina trepando por la cubierta de cristal rota.

Pino intenta ayudar a Chichi.

– “¿Qué ha pasado?” – pregunta el soldado. – “¿Estás bien?”

– “Usar estos artefactos tiene un precio…” – responde Chichi, agotada. – “Necesitan mi energía vital… para poder funcionar…”

– “No sé si lo entiendo bien…” – sonríe Pino. – “Pero ahora puedes descansar.”

– “No…” – responde Chichi. – “El combate no ha terminado…” – añade mirando al horizonte.

Mientras tanto, un furioso Chilled clava su mirada airada en Krilín.

– “Os haré sufrir…” – gruñe el demonio del frio. – “¡¡DESCUBRIRÉIS LO TERRIBLE QUE PUEDO SER!!”

Ten Shin Han, agotado pero preocupado por su compañero, intenta agarrar a Chilled, pero el demonio sale volando hacia Krilín a tal velocidad que empuja al debilitado Ten por el páramo desértico.

En un abrir y cerrar de ojos, Chilled se presenta ante Krilín. 

El terrícola, aterrado ante la endiablada velocidad que ha demostrado, lo observa.

El demonio propina un coletazo en la cara a Krilín que lo lanza contra el suelo.

– “¿Has visto lo que me has hecho?” – gruñe Chilled.

Krilín intenta levantarse, pero el extraterrestre le pisa la espalda, estampándolo contra el suelo.

Chilled enrolla su cola en el cuello de Krilín y lo levanta del suelo.

– “¡¡Ggghaagh!!” – sufre el terrícola, luchando por respirar.

– “Je…” – sonríe el tirano. – “Podría partirte el cuello… pero quiero que sufras…”

Krilín agarra con fuerza la cola del demonio, intentando liberarse, pero sin éxito. Su rostro se está tornando azul.

Chilled, con una maléfica sonrisa en su rostro, sigue apretando.

Krilín, desesperado, logra morder la cola del demonio del frío.

– “¡AAH!” – grita Chilled.

El tirano sacude su cola y lanza a Krilín contra el suelo.

– “Miserable…” – gruñe Chilled.

Krilín se frota el cuello mientras recupera el aliento.

– “Je, je…” – sonríe aliviado.

Chilled se abalanza sobre él con la intención de decapitarlo de un solo golpe… pero resulta que el terrícola es solo una imagen residual.

– “¡¿Eh?!” – se sorprende Chilled.

Una docena de Krilín danza alrededor del tirano. Algunos le sacan la lengua, otros se palmean el trasero para provocarlo.

– “¿Cómo osas…?” – gruñe Chilled.

El extraterrestre dispara con su rayo ocular a uno de los Krilín, pero lo atraviesa sin hacerle daño; otra imagen residual.

– “Tsk…” – gruñe Chilled.

Con sus ojos, el alienígena dispara a cada una de las figuras danzantes que se mofan de él, pero ninguna es el verdadero terrícola.

– “¡¿DÓNDE ESTÁS?!” – estalla Chilled, furioso.

Ten Shin Han, malherido, observa el combate.

– “Ese tipo no puede sentir el ki…” – piensa Ten. – “No tiene ni idea de dónde está el verdadero…”

En una colina cercana, Krilín prepara un nuevo Kienzan.

Chilled, furioso, se agacha y coloca su mano en el suelo.

– “¿Eh?” – se extraña Ten.

De repente, el suelo tiembla y se resquebraja, brillando intensamente de color fucsia, y después estalla, generando una gran onda expansiva que empuja a Ten Shin Han, a Krilín y a un apático androide 17.

Mientras tanto, en la costa, Pino ha estado coordinando a los navíos supervivientes. 

Los marineros se acercan a la costa todo lo que pueden y empiezan a movilizarse para hacer llegar energía al gigantesco robot a través de grandes cables conectados a sus embarcaciones.

El resplandor de la explosión puede verse en el horizonte.

Chichi se pone en pie, apoyada en su lanza, y camina torpemente en esa dirección.

– “¿A dónde crees que vas?” – pregunta Pino.

– “Ya te lo he dicho.” – responde ella. – “Esto no ha terminado.”

– “Casi no puedes mantenerte en pie…” – dice el soldado, con sincera preocupación.

– “Eso no importa…” – replica ella, esforzándose para seguir caminando.

De repente, una voz sobresalta a Pino y a Chichi.

– “Puedo ayudarte.” – dice la voz.

Mr. Popo, sobre su alfombra voladora, ha aparecido.

ESPECIAL DBSNL /// Red World // Universos 1 y 2 / Parte XXVI: Todo a una carta

Red World / Parte XXVI: Todo a una carta

“Los débiles son el alimento de los fuertes.”

En la costa, el gigante de la Red Ribbon propina otro derechazo a Watagash, impidiendo que se levante… pero cuando va a darle otro puñetazo, Pino recuerda que ha perdido el brazo izquierdo.

– “Maldita sea…” – refunfuño el piloto.

En su lugar, el gigante propina un rodillazo en la barbilla al enemigo.

Entre las rocas, Krilín y Ten Shin Han intentan idear una ofensiva, mientras el androide Número 17 sigue atrapado en su pesadilla particular; sobrevolados por Chilled que, con asombrosa calma, los busca con la mirada.

– “¿Estás seguro?” – pregunta Ten.

– “Confía en mí.” – responde Krilín.  – “Estuve entrenando duro en la Sala del Espíritu y el Tiempo. Puedo hacerlo.”

– “Está bien…” – asiente Ten. – “Pero no será fácil.” – añade mirando a Chilled. – “Necesitaremos una distracción… y no parece de los que se dejan engañar dos veces por la misma técnica.”

Ten Shin Han mira de reojo al Número 17.

– “Hemos desperdiciado el factor sorpresa salvándolo.” – protesta Ten. – “Y ahora el enemigo conoce el Taiyoken.”

El Número 17 no responde.

– “No seas tan duro con él.” – suspira Krilín. – “Su compañera acaba de morir.”

– “¿Los androides tienen compañeros?” – refunfuña Ten.

El Número 17 sigue con la mirada perdida.

De repente, Chilled asciende hasta tornarse un diminuto punto en el cielo. 

– “¡¿EH?!” – miran nuestros amigos al darse cuenta de que el enemigo se mueve.

El demonio del frío levanta el brazo con el dedo extendido. Un chispazo en la yema de su dedo. Una minúscula partícula de ki morado se materializa sobre él, cuyo destello puede verse desde el escondite de los terrícolas.

– “¡TENEMOS QUE ALEJARNOS DE AQUÍ!” – exclama Krilín.

La partícula de energía se expande repentinamente y forma una gigantesca bola de energía que cubre el cielo y lo tiñe todo con luz morada.

Ten Shin Han mira con horror la esfera de ki.

– “No podemos huir de algo así…” – piensa el guerrero de tres ojos.


Chilled lanza el ataque. El enorme orbe de energía se precipita lentamente sobre la Tierra.

– “¡¡TEN!!” – exclama Krilín, intentando obtener una respuesta de su compañero.

Sin mediar palabra, Ten Shin Han vuela directo hacia el ataque de Chilled.

– “¡¿A DÓNDE VAS?!” – se preocupa Krilín. – “¡Maldita sea…!” – refunfuña. – “Espero que sepa lo que hace…” – murmura.

Ten Shin Han, envuelto en su aura incolora, se planta delante del ataque enemigo, que sigue avanzando lentamente hacia la superficie terrestre.

Ten Shin Han realiza varios sellos con las manos, canalizando así su energía.

De repente, el guerrero aprieta los puños y su musculatura se hiperdesarrolla en un instante. Venas marcadas. Es la técnica del legendario Maestro Tortuga.

Ten apunta al orbe morado con sus manos formando un triángulo.

– “¡¡BAKU KIKO-HO!!” – grita Ten.

Un poderoso torrente de ki amarillo es proyectado hacia el orbe morado de Chilled.

Cuando las dos energías impactan la una contra la otra, un destello cegador; una explosión.

La onda expansiva de tan tremendo impacto avanza rápidamente, derrumbando las montañas rocosas a medida que avanza.

Krilín y el Número 17 son arrollados por la fuerte ventisca generada.

La explosión puede verse desde el espacio como una gran cúpula luminosa.

El resplandor puede verse desde la Capital Central y la Capital del Norte, que unos segundos más tarde son sacudidas por el vendaval, que rompe todas las ventanas de lo edificios.

Lo mismo ocurre en el Palacio Real. Los ventanales del despacho del Comandante Red estallan de repente, sorprendiendo a los allí reunidos.

En la costa, la onda expansiva sorprende también a los combatientes. Watagash y el gigante de Pino resisten el viento, mientras Chichi lo contrarresta en el último instante con un golpe de abanico.

En el mar, los navíos de la Red Ribbon son azotados violentamente por el viento y la marea.

– “¡¿Qué ha sido eso!?” – se pregunta Chichi.

Cuando se disipa la humareda, un kilométrico desierto es todo lo que queda en los aledaños de la explosión.

Silencio absoluto.

Krilín y el Número 17, semienterrados bajo la arena resultante. El primero bocabajo y el segundo bocarriba.

El alumno de la escuela Tortuga es el primero en reaccionar, incorporándose repentinamente.

– “¡PUAJ!” – escupe tierra. – “Creía que no lo contaba…”

El muchacho mira a su alrededor con clara preocupación.

– “¡¿Ten?!” – se pregunta. – “¡TEN SHIN HAN!” – exclama, buscando a su amigo.

El Número 17 está tumbado bocarriba, mirando al cielo.

– “Esa técnica… ¿era el Kiko-ho?” – se pregunta. – “No puede ser…”

Krilín encuentra a su amigo tirado en la arena.

– “¡TEN!” – lo socorre inmediatamente.

Pronto se da cuenta de que su compañero ha sobrevivido, aunque respira quejoso y con dificultad.

– “Y sigues con vida…” – sonríe Krilín, aliviado. – “Eres de lo que no hay…” – suspira.

Krilín intenta levantarlo, poniendo el brazo de Ten alrededor de su cuello para poder sostenerlo. 

– “¿Estás listo?” – pregunta Ten.

– “¿Eh?” – responde Krilín, confundido.

– “No tendremos… no tendremos otra oportunidad…” – insiste Ten.

En el cielo, Chilled desciende lentamente.

– “Ese tipo ha contrarrestado mi ataque…” – piensa el demonio del frío. – “¿Cómo puede haber alguien tan fuerte en un planeta como este? Voy a tener que despedir a quien hizo el informe de scout…”


Chilled encuentra a Ten Shin Han, de rodillas sobre la arena; solo.

– “Ahí está…” – sonríe el demonio.

Chilled desciende hasta tierra firme, delante de su contrincante.

Ten Shin Han está agotado. Su respiración le delata.

– “Tienes mal aspecto.” – se mofa el demonio del frío. – “Seguro que has puesto todas tus fuerzas en ese ataque.”

– “Ah… ah…” – respira Ten, mirando al suelo.

– “Mírate…” – continúa Chilled. – “¿Entiendes ahora la diferencia entre nosotros?”

En la distancia, detrás de Chilled. Krilín levanta la mano derecha hacia el cielo.

– “Tiene que funcionar…” – piensa Krilín. – “Por favor… Tiene que funcionar…” – repite.

Ten Shin Han levanta la mirada lentamente. Entre las piernas de Chilled, puede ver a su compañero preparando su nueva técnica.

– “Este es el resultado de mi entrenamiento.” – piensa Krilín. – “Esto es el Kienzan.”

Ten Shin Han encuentra la mirada de Chilled.

– “¿Por qué…?” – pregunta Ten.

– “¿Hmm…?” – levanta una ceja el tirano.

– “¿Por qué… este planeta…?” – insiste el terrícola.

– “Je…” – sonríe Chilled. – “Es un planeta muy interesante. Múltiples climas, paisajes la mar de variopintos… No abundan los planetas así.” – responde. – “Me parece el lugar perfecto para construir mi nuevo palacio vacacional.”

– “Tsk…” – responde Ten, enfadado. – “Todo esto… Tanta destrucción… y muerte… ¿solo por eso?”

Un disco giratorio de energía, como si fuera una sierra radial, se materializa sobre la palma de la mano de Krilín.

– “¡Estoy listo!” – piensa el terrícola.

Chilled sonríe.

– “En el Universo se impone la ley del más fuerte.” – revela el demonio. – “¿Por qué no debería tomar este planeta si me apetece?” – continúa. – “Los débiles son el alimento de los fuertes.” – sonríe con prepotencia. – “Y, ¿sabes qué? Yo siempre tengo apetito.” – se relame mientras apunta a Ten con el dedo índice de su mano derecha.

Krilín lanza su ataque.

El Kienzan avanza rápidamente por el páramo desértico, volando paralelo al suelo, emitiendo un tenue zumbido.

Ten Shin Han se inclina hacia delante, como si hiciera una reverencia.

– “¿Crees que suplicar va a servirte de algo?” – se mofa el enemigo.

El zumbido aumenta rápidamente hasta que Chilled puede oírlo.

– “¿Eh?” – se da la vuelta, extrañado.

El Kienzan se encuentra a tan solo unos metros de distancia y avanzando rápido.

La sonrisa se borra del rostro de Chilled.

El Kiensan sigue su camino, pasa sobre Ten Shin Han y si pierde en el horizonte.

Ten escucha algo cayendo al suelo.

– “¿Lo ha logrado?” – se pregunta Ten, levantando la mirada lentamente.

Un trozo de la cola de Chilled se encuentra frente a él, moviéndose espásticamente como si fuera de una lagartija.

Sangre gotea sobre la arena.

Ten sigue levantando la cabeza y se encuentra con el enemigo flotando en el aire. Su extremidad cercenada sangrando.

El rostro de Chilled revela una mezcla de sorpresa y rabia, mientras observa su herida. 

Krilín mira al enemigo desde su posición, completamente aterrado.

– “He fallado…” – piensa el terrícola.

La sorpresa desaparece lentamente de la expresión de Chilled y da lugar a la mismísima encarnación de la ira.

– “Me las pagaréis…” – gruñe el demonio del frío. – “Eso me ha dolido…” – aprieta su puño con rabia. – “¡¡ME LAS VAIS A PAGAR!!” – grita.