ESPECIAL DBSNL /// El Saiyajín Dios // Universo 7 / Parte VI: Ciencia y magia

El Saiyajín Dios / Parte VI: Ciencia y magia
“La magia no es más que ciencia por descubrir.”
Tras la explosión, en el centro de un gigantesco cráter, el cuerpo de Hatchiyack se encuentra tirado en el suelo, como un juguete roto; ahora con los huecos vacíos donde antes se encontraban las piedras shintai, que han estallado al ser sobrecargadas por Broly. 
En el laboratorio, los patrulleros se levantan entre los escombros.
– “¿Qué ha ocurrido?” – se pregunta Obni.
– “Creo que…” – dice Ganos, que esboza una sonrisa. – “Creo que hemos ganado.”
En la superficie del planeta, Tarble y Kale buscan a su compañero en el interior del cráter.
– “¡No le encuentro!” – dice Kale, preocupada.
– “¡Tiene que estar por aquí! ¡Bajo los escombros!” – dice Tarble. – “¡Sigue buscando!”
De repente, el sonido de una pequeña piedra cayendo alerta a Kale.
– “¡Broly!” – exclama la saiyajín, que corre hacia un montón de rocas y empieza a apartarlas.
Finalmente, bajo los cascotes encuentra a su amigo. Broly ha regresado a su estado base.
– “¡Tarble! ¡Está aquí!” – grita Kale.
La saiyajín desentierra a su compañero e intenta reincorporarle, colocando la cabeza del chico en su regazo.
– “¡¿Estás bien?!” – pregunta Kale.

Broly, magullado y agotado, abre los ojos ligeramente.
– “Kale…” – sonríe Broly.
Tarble se acerca a sus amigos.
– “Nos has dado un buen susto…” – dice el saiyajín.
– “Jeje” – ríe Broly.
En el laboratorio, Raichi reflexiona sobre lo acontencido.
– “He subestimado el poder del chico…” – murmura el científico tsufur. – “Sus habilidades han resultado una anomalía que no tenía en cuenta.”
Los ordenadores, que aún se encuentra en funcionamiento, parecen estar procesando la información obtenida.
Ganos se da cuenta de que una compuerta oculta en el suelo ha sido dañada durante la explosión, quedando expuesta la escotilla, y de su interior emana una extraña luz verde.
– “¿Qué es eso?” – se pregunta el patrullero.
Obni y Ganos arrancan la compuerta y descienden deslizándose por una rudimentaria escalera de pared que parece no tener fin. Con cada metro que descienden, la luz verde se vuelve más brillante.
Al llegar al fondo, la luz es cegadora. Los patrulleros se encuentran en mitad de una cueva natural que parece que Raichi ha convertido en una mina. 
– “Es increíble…” – dice Ganos, asombrado.
– “Esto son…” – murmura Obni.
La luz verde proviene de cientos de piedras incrustadas en la corteza del planeta.
– “Son piedras shintai” – dice Ganos.
– “Por eso Raichi se estableció en este planeta.” – murmura Obni. – “Ese bastardo…”
– “Tenemos que avisar a los saiyajín.” – dice su compañero.
– “Adelante” – coincide Obni. – “Yo inspeccionaré la zona, a ver si hay algo más de interés aquí abajo.”
Ganos asciende por de nuevo por la escalera hasta llegar al laboratorio, donde se encuentra con Tarble, que acudía al lugar para informar a los patrulleros de que ellos se encontraban bien.
– “Tenéis que ver esto” – le dice Ganos al saiyajín.
– “¿Un sótano secreto?” – pregunta Tarble.
– “Una mina de piedras shintai” – responde el patrullero.
El holograma de Raichi aparece frente a los dos personajes.
– “Esas piedras son el trabajo de toda una vida” – dice el tsufur. – “Desde mis inicios en mi planeta natal, Kudan, hasta hoy, he pasado miles de años investigando sus secretos” – explica. – “Esas piedras son la prueba de que existe un ser creador. Alguien por encima de los meros mortales como nosotros.”
– “¿De qué hablas, viejo?” – dice Tarble. – “No intentes excusar tus acciones.”
– “No lo hago” – responde el científico. – “No me arrepiento de ninguno de mis actos, pues cada uno me ha acercado más a la verdad.”
– “¿Qué verdad?” – pregunta Ganos.
Raichi se queda en silencio un instante, pensativo, ignorando la pregunta del patrullero.
– “Kudan sufrió un horrible destino.” – continúa Raichi. – “Un misterioso viajero me mostró las posibilidades de las piedras shintai y, desde ese día, no he podido apartar la mirada de su brillante luz. El conocimiento al que abrían acceso me cegó. ¿Qué hay más importante que resolver los misterios del universo? Yo también quería ver.”
– “¿De quién hablas?” – pregunta Ganos.
– “Él era visto por todos como un charlatán, pero incluso un hombre ciencia como yo podía ver que había algo más. La verdad tras sus palabras fue confirmada cuando apareció un Dios castigador y purgó los pecados de los tsufur.” – responde el científico. – “Los supervivientes intentaron reconstruir nuestro pueblo en Plant, pero mi forma de ver el mundo había cambiado para siempre. La venda de mis ojos había caído. La magia no es más que ciencia por descubrir. Secretos antiguos que aún no han sido revelados. ¡Me prometí revelar los secretos del universo! ¡Ninguna magia puede ser más fuerte que la verdad de mi ciencia!”
En la mina, Obni examina la gruta, avanzando hasta las profundidades hasta que el camino desemboca en una gran cueva, en el centro de la cual se encuentra una extraña estructura tecnológica formada por tres pilares. Los pilares laterales son cortos, y el pilar central termina formando un gran ojo de piedra. Un centenar de cables conectan las columnas entre ellas. 
– “¿Qué significa esto?” – se pregunta el patrullero.
En la superficie del planeta, Broly descansa apoyado en Kale, que limpia sus heridas con la manga arrancada de su camiseta.
En el laboratorio, Ganos recibe un mensaje de su compañero informándole de sus hallazgos.
– “¿Qué es lo que has construido en la mina, Raichi?” – le pregunta Ganos directamente.
– “Supongo que habéis encontrado mi reconstrucción del Amenoukihashi” – responde el tsufur. – “No os preocupéis. No funciona.” – suspira. – “Ahora es solo un monumento a mi fracaso.”
– “¿Qué es?” – insiste el patrullero.
– “Mi verdadero anhelo.” – responde Raichi. – “Pero a pesar de mis esfuerzos, mi ciencia nunca ha logrado estar a la altura de su magia. Lo he intentado, pero incluso mis conocimientos han encontrado su límite. Y ahora, sin Hatchiyack, no hay forma de cosechar la energía necesaria para dar el siguiente paso.”
– “¿De qué está hablando?” – se pregunta Tarble.
– “Los acólitos del brujo son poderosos, pero por ahora solo dan palos de ciego.” – explica Raichi. – “Ellos han fallado en los intentos de seguir sus pasos y ahora solo sueñan con su regreso.”
– “¿El regreso de quién?” – pregunta Ganos.
– “Los Kashvar le llaman \”El que vio\”.” – responde Raichi.

ESPECIAL DBSNL /// Shingeki no Saiyajín // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte IX: Misterios más allá de las estrellas

Shingeki no Saiyajín / Parte IX: Misterios más allá de las estrellas
“No son solo monos, Kamin”
Tras una larga noche, los saiyajín han arrasado la ciudad tsufur. Las ruinas de la metrópolis permanecen en silencio. La luna ha desaparecido del cielo y los ozaru han vuelto a la normalidad. 
Yamoshi y Gokua han sido atendidos por una joven saiyajín, que ha cubierto sus heridas con un ungüento creado a partir de hojas masticadas y barro. 
El saiyajín se encuentra en peor estado y permanece tumbado en el suelo. Gokua, en cambio, enseguida se pone en marcha hacia el interior de la ciudad.
Cerca de allí, los saiyajín recogen la piel de sus hermanos ozaru caídos para usarla como protección en futuras batallas.
El herajín recorre las calles desiertas, dirigiéndose hacia las ruinas de la torre principal, donde se encuentran los puertos de los aerodeslizadores tsufur y el acceso principal a los laboratorios.
En Vampa, Raichi parece más interesado que nunca en el poder del Súper Saiyajín.
– “El Proyecto 317 ha resultado ser un éxito mayor del que había imaginado…” – sonríe satisfecho el científico tsufur. – “Será muy interesante observar sus progresos.”
Entre los escombros de un hangar, Gokua encuentra a una mujer tsufur. Su pierna derecha ha quedado atrapada entre los cascotes. La chica viste con las ropas típicas de su raza. Su cabello es blanco y corto.
El herajín se acerca a ella, pero la tsufur se asusta al ver al que considera un enemigo.
– “¡No te acerques!” – grita la mujer. – “¡Aléjate de mí!”
Gokua se acerca a ella y se agacha.
– “¿Eres mecánico?” – pregunta el herajín.
La mujer continúa gritando. Gokua no tiene paciencia y le tapa la boca con su mano.
– “No te lo preguntaré otra vez.” – le amenaza el herajín. – “Deja de gritar y responde.”
La tsufur se queda en silencio y Gokua aparta su mano.
– “Soy ingeniera.” – responde le mujer.
– “Bien. ¿Cómo te llamas?” – pregunta Gokua.
– “Kamin” – dice ella.
Gokua esboza una media sonrisa.
– “Está bien, Kamin” – dice el herajín. – “Es tu día de suerte. Necesito que alguien repare una nave.”
– “No piensa ayudarte.” – responde ella. – “Estás con los saiyajín.”
El herajín se pone en pie.
– “Si no vas a ayudarme, no te necesito.” – dice Gokua, apuntando a la mujer con su mano. – “Ha sido un placer, Kamin.”
Una esfera de ki verde aparece en la mano de Gokua. El rostro de la mujer se descompone por el miedo.
– “¡NO! ¡ESPERA! ¡ESPERA!” – grita la tsufur.
La energía de Gokua se disipa.
– “¿Has cambiado de opinión?” – le pregunta el herajín, en tono burlón.
– “Repararé tu nave.” – claudica Kamin.
Gokua asiente.
– “Me alegra oír eso.” – dice el herajín, que enseguida libera a la tsufur y le ayuda a ponerse en pie.
Kamin, a pesar de estar cojeando, intenta escapar de Gokua, pero éste utiliza rápidamente sus hilos de ki para atrapar a la mujer, que cae de boca contra el suelo.
– “Teníamos un trato” – dice Gokua.
– “Maldito…” – refunfuña ella.
El herajín lleva a la prisionera al campamento saiyajín. La mayoría de los presentes muestran sus colmillos a la tsufur, molestos de tener a un enemigo entre ellos.
– “Tranquilos, tranquilos…” – les calma Gokua. – “Está conmigo. La necesito.”
En una tienda de campaña, Yamoshi se encuentra tumbado en el suelo, descansando, cubierto en ungüento. Sus hijos le acompañan.
Gokua se acerca a la mujer saiyajín que trató sus heridas en el campo de batalla.
– “Necesito que trates su pierna” – le dice el herajín, señalando la pierna de Kamin.
La mujer saiyajín se niega a ayudar a la tsufur y lo demuestra gruñendo y marchándose.
– “No caes bien a mucha gente…” – suspira Gokua.
– “Son salvajes.” – responde Kamin. – “No me importa su opinión. Son solo monos.”
– “Monos cuyo planeta habéis invadido.” – dice el herajín.
– “Nuestro planeta fue destruido hace miles de años.” – explica Kamin. – “Los supervivientes se estrellaron aquí y se establecieron. No eligieron este destino.”
– “¿Qué ocurrió en vuestro planeta?” – pregunta Gokua.
– “Éramos una civilización próspera. Nuestra ciencia y tecnología era muy superior a lo que ves ahora.” – dice la tsufur. – “Ese fue nuestro pecado. Volamos demasiado cerca del Sol.”
Gokua agacha la cabeza, recordando las historias que su madre le contaba sobre la muerte de su raza bajo el mando de Bojack.
– “Los mortales somos egoístas y arrogantes” – dice Kamin. – “Nunca tenemos suficiente. Siempre nos creemos merecedores de más.”
– “Parece que esa historia se repite en todas partes.” – suspira Gokua.
De repente, la hija de Yamoshi se acerca a Kamin y le entrega un cuenco lleno de ungüento mientras luce una tierna sonrisa.

La tsufur parece confusa ante la amabilidad de la niña.
– “No son solo monos, Kamin” – dice Gokua.
La muchacha es obligada a convivir con los salvajes, siempre bajo la protección de Gokua y con el consentimiento de Yamoshi, que acepta la petición de su amigo. 
Kamin trabaja cada día en la nave siniestrada. La tecnología alienígena pone a prueba sus conocimientos, pero poco a poco logra descifrar los secretos que esconde.
Después de meses de investigación, un día, mientras la tsufur trabajaba en el panel de comandos, la nave se pone en marcha y un holograma se proyecta sobre el tablero, mostrando la imagen de un demonio del frío de rocambolesco aspecto.

– “¿Qué ocurre, Capitán Zanko?” – pregunta el demonio.
– “Mi nave ha detectado una extraña señal en un sector cercano.” – responde el fallecido piloto herajín. – “Los sistemas planetarios de esta zona no deberían emitir este tipo de señales electromagnéticas. Solo una civilización avanzada proyectaría este rastro hacia el espacio, pero no aparece ninguna en las cartas de navegación.”
– “Tiene permiso para investigar la señal, Capitán.” – dice el demonio del frío. – “Manténgame informado de sus avances.”
– “Recibido, señor” – responde el herajín. – “Siempre a sus órdenes, Su Majestad.”
Kamin ha asistido asombrada a esa interacción guardada en la memoria del aparato.
– “¿Qué más hay aquí?” – se pregunta la tsufur.
La tsufur aprieta un botón del panel de comandos que hace que se reproduzca otra retransmisión, pero ésta vez solo con audio.

– “Ahora mismo me encuentro en órbita alrededor del planeta Plant.” – dice el piloto. – “Desde que me he aproximado al planeta, las comunicaciones se han vuelto locas.” – explica Zanko. – “Parece que algo o alguien las está alterando. Creo que no estoy solo. He decidido grabar mi acercamiento a la superficie del planeta para tenerlo documentado, ya que no logro contactar con el centro de mando. Me dispongo a salir de órbita y descender.”
Kamin aprieta otro botón, revelando una nueva retransmisión.

– “He entrado en la atmósfera del planeta.” – anuncia Zanko. – “Parece que veo algo… ¿una ciudad? ¿Qué demonios…?” – se sorprende el piloto. – “Creo que lo mejor será salir de aquí e informar al centro de mando.” 
– “No puedo permitir eso” – dice una voz que el herajín desconoce.
Múltiples alarmas suenen en la nave. El piloto pierde el control.

– “¡¿Qué ocurre?!” – se asusta el Capitán. – “¡¿Quién es?! ¡Alguien ha tomado el control de mi nave!”
Por los sonidos de la emisión, parece que la el vehículo ha entrado en barrena.

– “¡Ayuda! ¡Socorro!” – intenta comunicarse por radio. – “¡Rey Cold!”
Finalmente, la grabación termina, dejando a Kamin boquiabierta.
– “¿Ese era…?” – titubea la tsufur. – “¿Era la voz del Doctor Raichi?”
Kamin, asustada, corre hacia un pequeño campamento establecido cerca de la nave, donde Gokua y dos saiyajín se encuentran entrenando.
– “¡GOKUA! ¡Gokua!” – grita la mujer.
– “¿Qué ocurre?” – dice el herajín. – “¿Ha pasado algo?”
– “La nave… se ha puesto en marcha…” – dice Kamin, intentando recuperar el aliento.
– “¡Eso es fantástico!” – celebra Gokua.
– “Y eso no es todo…” – continúa la tsufur. – “Sé de dónde venía y por qué se estrelló.”

ESPECIAL DBSNL /// El Saiyajín Dios // Universo 7 / Parte V: Las piedras shintai

El Saiyajín Dios / Parte V: Las piedras shintai
“Así es como funciona mi tecnología.”

Raichi observa asombrado a los tres saiyajín dispuestos a enfrentarse a su creación. 
El aura roja de Broly tiñe las auras amarillas de sus dos compañeros. El cabello de Kale y Tarble sigue siendo dorado y sus ojos verdes, pero sus auras han adoptado el tono rojizo del ki del hijo de Páragus. Broly conserva su constitución natural.
Ganos y Obni asisten asombrados a la transformación de los saiyajín.
Broly es el primero en atacar. En un abrir y cerrar de ojos, el saiyajín aparece frente a Hatchiyack e intenta propinarle un puñetazo en la cara, pero el androide detiene el golpe con su mano izquierda, haciendo brillar la piedra de su antebrazo.
En ese instante, Kale y Tarble flanquean al enemigo. Tarble por la izquierda de Broly y Kale por su derecha. Hatchiyack logra detener el ataque de chico con su mano libre, pero la saiyajín le propina una patada en la nuca que hace que el androide incline su cabeza hacia delante.
Broly aprovecha la ocasión para propinar un rodillazo en la cara del enemigo y continúa con una combinación de puñetazos en el abdomen que empujan a Hatchiyack. Kale y Tarble saltan sobre el androide propinándole una doble patada que lo lanza al interior del surco creado previamente por Broly.
Raichi contempla la escena, intentando entender lo que ocurre.
– “El poder de Broly… ¡lo están compartiendo!” – murmura el científico tsufur. – “¿Cómo es posible? ¿Es por su relación con las piedras shintai? ¿Acaso comparte sus características?”
Hatchiyack pronto resurge y asciende hasta la superficie del planeta Vampa, perseguido por los tres saiyajín.
En el laboratorio, Obni y Ganos deciden aprovechar el momento para investigar el lugar.
– “¿Cómo desconectamos todo esto?” – pregunta Ganos.
– “Tiene que haber una fuente de energía…” – dice Obni.
Raichi les interrumpe.
– “Una vez puesto en marcha, mi laboratorio no necesita fuentes externas.” – dice Raichi.
– “Mientes.” – responde Ganos. – “Nuestros compañeros tuvieron que reactivarlo.”
– “Hatchiyack consumía muchos recursos.” – se burla el tsufur. – “Pero ahora ya es autosuficiente.”
En la superficie, los tres saiyajín se combinan para castigar al enemigo, pero a pesar de golpearle, Hatchiyack no sufre ningún daño. Incluso parece que su poder aumenta durante la pelea.
Tarble prepara su \”Riot Javelin\” y dispara al androide, pero éste repele el ataque sin dificultad, y éste se pierde en el horizonte, causando una explosión lejana.
Kale intenta sorprender al enemigo por la espalda, dispuesta a golpearle con ambas manos unidas en un puño, pero Hatchiyack se da la vuelta rápidamente y agarra el brazo derecho de la saiyajín. Las gemas de su cuerpo brillan y el androide propina un rodillazo al abdomen de su contrincante.
Broly se abalanza sobre Hatchiyack y le agarra por la espalda, intentando inmovilizarle, rodeándole el cuello con sus brazos.
Las piedras shintai del androide brillan intensamente. Broly puede sentir como su agarre se vuele más débil. Hatchiyack logra liberarse y al darse la vuelta dispara una esfera de ki verde en el abdomen del saiyajín que lo empuja contra el suelo, donde estalla.
– “¡BROLY!” – se preocupa Kale.
Hatchiyack se prepara para golpear a la saiyajín, pero Tarble ataca al androide, que reacciona rápidamente y agarra la cabeza del saiyajín.
Tarble lucha por liberarse, pero las esferas de Hatchiyack brillan de nuevo y los intentos del saiyajín se pierden su ferocidad.
El androide suelta a Tarble y le propina un puñetazo que lo lanza contra el suelo.
Kale vuela apresuradamente hacia su compañero y lo alcanza en el último instante para amortiguar su caída. 
Desde el suelo, los tres saiyajín, magullados y cansados, contemplan a Hatchiyack.
En el laboratorio, Ganos y Obni sacan varias baterías de su cinturón y el primero las reúne.
– “Es toda nuestra munición…” – dice Obni.
– “Volaremos este lugar.” – afirma Ganos.
El holograma de Raichi sonríe.
– “No entendéis nada.” – les dice el tsufur. – “Mi mente no está atada a este laboratorio. Todo gracias a las piedras shintai.”
– “¿Qué son esas piedras?” – pregunta Gano.
– “Lo son todo. El Alfa y el Omega.” – responde Raichi. – “Sus peculiares características permiten su interacción con la energía de los seres vivos.”
– “¿Qué significa eso?” – pregunta Obni.
– “Las piedras shintai no solo pueden almacenar energía o transferirla, si no que también pueden ser imbuidas con una consciencia.” – explica el científico.

Obni y Ganos se miran de reojo, asombrados por las palabras del tsufur, que no terminan de comprender.
– “Así es como funciona mi tecnología.” – continúa Raichi. – “Por eso no podéis detenerme.”
En la superficie, Tarble, frustrado, lanza un escupitajo ensangrentado contra el suelo.
– “¡Maldición!” – dice el saiyajin.
– “Lo habéis notado, ¿verdad?” – pregunta Kale. – “Él parece hacerse más fuerte, pero nosotros cada vez estamos más cansados, a pesar de solo haber luchado unos minutos.”
– “Absorbe nuestra energía…” – refunfuña Tarble. – “Tal y como hacían las joyas de Broly.”
El androide cruza sus antebrazos frente a su cuerpo y esas dos gemas brillan intensamente. Al instante, una gran esfera de ki verde es disparada hacia nuestros amigos.

Broly, al sentir el poder del ataque, asciende y se dirige directamente hacia él.
– “¡BROLY! ¡NO!” – exclaman sus amigos.
El saiyajín se coloca frente a la gran esfera de energía e intenta detenerla con sus manos.
– “Grrr…” – gruñe Broly.
En ese instante, el saiyajín recuerda todas las ocasiones en las que el dispositivo que utilizaba Páragus fue activado. Sus sensaciones durante el instante en que ese aparato ejercía su efecto. 
– “¡HAAAA!” – grita el saiyajín.
De repente, una gran explosión de luz ilumina el cielo de forma completamente silenciosa.
El cuerpo humeante de Broly se precipita contra el suelo.
– “¿Qué ha sido eso?” – se pregunta Raichi
Los saiyajín socorren a su amigo, preocupados por su estado, pero enseguida se dan cuenta de que se encuentra bien. Puede levantarse sin ayuda.
– “¡Estás bien!” – celebra Kale.
– “¿Qué ha ocurrido?” – le pregunta Tarble.
Broly esboza una media sonríe.
– “Podemos… ganar.” – dice el saiyajín, sorprendiendo a sus compañeros.
Raichi observa a los saiyajín a través de los ojos de Hatchiyack.
– “El poder de los saiyajín proviene de mis investigaciones con las piedras shintai…” – piensa el tsufur. – “Tiene que ser eso… ¿Acaso Broly puede utilizar su poder como lo harían las gemas?”
El poder de Broly vuelve a teñir las auras de sus compañeros.

– “Nuestro poder…” – piensa Kale. – “¡Ha regresado!”
– “¡Hagámoslo!” – exclama Tarble.
– “¡Sí!” – gritan los tres.
Kale y Tarble se abalanzan sobre Hatchiyack, que se pone en guardia, pero los dos se apartan en el último momento para dar paso a Broly, que agarra al androide por la cabeza con ambas manos y le propina un cabezazo.
Hatchiyack agarra a Broly por los hombros, y los dos personajes chocan de nuevo sus cabezas. Los dos se mantienen la mirada y descienden hasta el suelo, donde siguen agarrados.
Las gemas del androide brillan intensamente. Broly nota como el androide absorbe su poder. Su aura se vuelve más tenue.
– “¡Está ocurriendo!” – exclama Tarble.
– “Vamos, Broly…” – sufre Kale.
El saiyajín no está dispuesto a rendirse y hace aumenta su ki. Su aura crece y su musculatura aumenta mientras sus ojos se ponen en blanco.
La intensidad de la luz de las joyas de Hatchiyack también aumenta. 
Raichi esboza una media sonrisa.
– “He ganado.” – dice el tsufur. – “Tu poder me pertenece.”
De repente, la piedra del brazo derecho de Hatchiyack se resquebraja.
– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende el científico.
Broly sonríe.
Raichi parece asombrado y asustado ante el poder del siayajín.
– “Es… ¡Es demasiado!” – titubea el tsufur.
Hatchiyack suelta a Broly, pero éste le agarra el brazo para no dejarle marchar.
El androide lucha por liberarse, pero Broly sigue aumentando su energía. Las piedras que componen a Hatchiyack se resquebrajan. 
– “¡HAAAAAAAA!” – grita el saiyajín.
La creación de Raichi sigue absorbiendo energía. Varias de las piedras shintai, completamente rotas, pierden su brillo.
– “¡HAAAAAAAA!” – continúa Broly.
– “¡HHHHHH!” – emite un grito mudo el androide.
– “¡NOOOOOO!” – grita Raichi.
Finalmente, las piedras que componen al androide estallan en mil pedazos, generando una gran explosión y emitiendo una gigantesca onda expansiva de color verde que barre el lugar.

ESPECIAL DBSNL /// Shingeki no Saiyajín // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte VIII: Proyecto de futuro

Shingeki no Saiyajín / Parte VIII: Proyecto de futuro
“Tenemos que detenerle, hermano”

Yamoshi, transformado en ozaru dorado, clava su enfurecida mirada en Kinkarn.

Raichi, desde su laboratorio en Vampa, sonríe satisfecho al ver que podrá poner a prueba sus creaciones.

El gigantesco simio se abalanza sobre el Súper Tsufur, dispuesto a aplastarlo con su puño derecho, pero Kinkarn alza sus manos y detiene el golpe. Un cráter se forma bajo sus pies. 
Un coletazo de Yamoshi sorprende al tsufur y lo lanza a varios metros de distancia, pero pronto Kinkarn consigue frenarse en el aire y recuperar la estabilidad. 
Yamoshi abre su enorme boca y dispara un poderoso torrente de ki que engulle al enemigo.
Cuando se disipa el ataque, Kinkarn revela estar protegido por una barrera de energía invisible.
El Súper Saiyajín, furioso, se prepara para una nueva acometida, pero el Súper Tsufur reacciona rápidamente disparando tres minúsculas partículas de energía como la que utilizó contra Zangya.
Las minúsculas esferas de ki se insertan en la piel del ozaru, que intenta protegerse del ataque. Los dos primeros impactan en su antebrazo y hombro izquierdos, y un tercero en su rodilla derecha. Tras un breve instante estallan, lastimando a Yamoshi.
Kinkarn se eleva lentamente y apunta con su dedo índice a la cabeza de Yamoshi. Una pequeña partícula roja de energía se materializa y es proyectada hacia el saiyajín.
En el último instante, un ozaru se interpone en el camino del ataque, recibiendo el impacto en su pecho, que tras unos segundos estalla, matando al saiyajín.
Kinkarn se da cuenta de que varias docenas de simios avanzan hacia él. Dos de ellos han saltado para sorprender al tsufur.
El androide alza su mano y dispara dos ataques de ki que impactan de lleno contra los ozaru, elevándolos hacia el cielo.
Tres ozaru disparan con sus bocas, pero Kinkarn alza una barrera que le protege de los ataques.
Yamoshi, malherido, observa la ofensiva de sus compañeros, sintiéndose impotente como cuando era niño.
Mientras tanto, Gokua a recobrado el conocimiento y se acerca a su amigo caminando tórpidamente.
– “Tenemos que detenerle, hermano” – dice el herajín. – “Ahora ya es tarde para la retirada.”
– “Grrgh…” – gruñe Yamoshi.
– “Le haremos pagar.” – dice Gokua, que se transforma de en Súper Herajín, utilizando todas las fuerzas que le quedan. – “Por madre.”
Kinkarn corre de un ozaru a otro, derribándoles a todos fácilmente. El tsufur agarra a uno por la cola y lo hace girar hasta lanzarlo contra otro.
En Vampa, Raichi parece aburrido.
– “Esto ha durado demasiado” – sentencia el científico. – “La superioridad del Proyecto ST ha quedado demostrada.”
En ese instante, Gokua se abalanza contra el tsufur por sorpresa, acumulando toda la energía que le queda en su puño derecho, que brilla con luz verde.
– “¡HAAAAAAA!” – grita el herajín.
Kinkarn reacciona rápidamente y se protege del golpe con su brazo derecho. Aún así, el tsufur sale repelido hasta chocar contra la barrera de la ciudad, y después cae al suelo.
El guerrero tsufur parece no sentir dolor, pero al ponerse en pie, el brazo que ha recibido el impacto se resquebraja, revelando parte de sus mejoras robóticas internas.
Kinkarn se prepara para contraatacar, pero se da cuenta de que Gokua está sonriendo.
De repente, el herajín hace un gesto de atracción con la misma mano con la que golpeó al androide, revelando que una decena de hilos de ki han sido enrollados alrededor del brazo del tsufur.
Kinkarn es desequilibrado por una técnica que no esperaba. Su brazo se resquebraja aún más.
El tsufur se dispone a disparar a Gokua, pero se da cuenta de que, cerca de allí, Yamoshi prepara una esfera de ki en su mano derecha.
En su laboratorio, Raichi se acerca asombrado a la pantalla de su ordenador.
– “¡¿Qué es eso?!” – exclama el tsufur.
Los ojos de Yamoshi han cambiado. El color rojo de su interior ha retrocedido ligeramente y sus pupilas verdes pueden intuirse.
– “¡GALACTIC – HO!” – exclama el ozaru, extendiendo su mano hacia el enemigo.
El ataque avanza rápidamente hacia el enemigo, que intenta recuperar su posición y liberarse del agarre de Gokua. Su brazo se parte en el forcejeo.
La técnica de Yamoshi engulle al tsufur y choca contra la barrera de la ciudad, que estalla, dejando la metrópolis expuesta.
Raichi se queda boquiabierto ante lo que acaba de acontecer. Es la primera vez que el tsufur ve a un ozaru utilizar una técnica mínimamente compleja.
Tras un instante de confusión, el tsufur esboza una media sonrisa de satisfacción.
– “Parece que he subestimado al Proyecto 317” – piensa el científico. – “Si ha sido capaz de lograr algo así en unos años, su futuro es prometedor…”
Cuando se disipa la polvareda, el androide tsufur aparece entre los escombros. Su barrera personal ha logrado mitigar los daños recibidos, pero su piel muestra múltiples laceraciones, en las que se pueden ver sus mecanismos internos. Uno de los desgarros recorre su esternón, revelando una luz verde en el interior de su caja torácica. 
Yamoshi, que ha puesto todas sus fuerzas en ese ataque, pierde su transformación, y su pelaje dorado se torna marrón, como el del ozaru común.
Gokua también ha perdido su transformación. Débil y malherido, lucha para mantenerse en pie.
De repente, el herajín se da cuenta de que algo en Kinkarn ha cambiado. Su rostro muestra una emoción por primera vez. El Súper Tsúfur está furioso.
En el laboratorio, Raichi intenta detener a su androide, pues se ha dado cuenta de que la investigación que le interesa conservar es la 317. 
– “No responde… El ataque debe haber dañado su núcleo.” – lamenta el científico. – “¡Maldición!”
Kinkarn se abalanza sobre Gokua, pero un compañero ozaru se interpone en su camino.
El tsufur, llevado por la rabia, se abalanza contra el simio y le propina un puñetazo en la barbilla, haciendo que varios dientes salten por los aires. Pero los daños sobre el androide son excesivos, y su antebrazo estalla en mil pedazos, dejándole manco.
Kinkarn, que ahora ha perdido sus dos manos, la primera contra Gokua y la segunda en su último puñetazo, embiste al herajín, dispuesto a propinarle una patada.
El herajín retrocede mientras esquiva apuradamente los múltiples intentos del tsufur.
Yamoshi intenta intervenir, pero cae al suelo al intentar acercarse. Está muy débil.
Gokua pretende alejarse del enemigo, pero Kinkarn es muy insistente. El herajín, tras saltar por encima del tsufur dando una pirueta, logra propinarle una patada en la cara, pero no le causa ningún efecto. Sin poder transformarse, la fuerza de Gokua no es suficiente para plantar cara al enemigo.
Gokua retrocede, pero el tsufur corre de nuevo hacia él.
De repente, el herajín tiene una idea. Gokua utiliza sus hilos de ki para alcanzar un colmillo de ozaru que se encuentra en el suelo, cerca de él, y lo lanza contra Kinkarn.
El androide patea el colmillo hacia el cielo, pero Gokua vuelve a agarrarlo con su técnica y lo lanza de nuevo sobre Kinkarn. 
El tsufur se detiene repentinamente, dejando que el colmillo pase frente a él, a escasos centímetros, y se clave en el suelo.
Gokua aprovecha la distracción para abalanzarse contra el tsufur y propinarle una patada con ambos pies en su pecho, que logra hacerle retroceder. 
El herajín vuelve enrollar sus hilos de ki alrededor del colmillo y lo lanza una vez más contra el tsufur. 
Esta vez, el colmillo se clava en el pecho del tsufur que, a pesar de todo, logra mantenerse en pie.
Pero la ofensiva de Gokua no ha terminado. El herajín se lanza sobre el enemigo y propina un puñetazo al extremo el colmillo, clavándolo más profundamente. El golpe provoca un sonido de cristal roto, tras el cual un estallido de luz verde emana de todos los desgarros del androide, que pronto estalla, creando un gigantesco cráter.
Sin Kinkarn y sin la barrera protectora, la ciudad queda a merced de los saiyajín, que arrasan con todo lo que encuentran a su paso.
En el exterior, Yamoshi y Gokua han perdido el conocimiento, pero una sonrisa luce en el rostro de ambos guerreros.