ESPECIAL DBSNL /// El Campeón // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte I: Mark

El Campeón // Parte I: Mark

“Me sigue doliendo la rodilla.”

Mark, un hombre joven de 26 de ojos azules, alto, fornido y peludo, con cabello encrespado, bigote prominente y barba más corta pero descuidada, se despierta con el sonido del despertador; desganado lo apaga y se queda tumbado bocarriba unos instantes, con su mirada fija en el techo, luego cierra los ojos un momento y resopla, cogiendo fuerzas para afrontar el día. En la mesita hay una fotografía de una hermosa mujer de cabellera morena.

Mark se levanta de la cama, vestido solo con un bóxer blanco, y camina con inapetencia hasta el baño; enciende la ducha, espera hasta que sale agua caliente y entra. Tras una breve ducha, se seca y se detiene ante el espejo del lavabo; se rasca su descuidada barba, mira la maquinilla de afeitar de reojo durante unos segundos, pero finalmente se marcha sin afeitarse. 

Mark regresa al dormitorio, pasando por delante de la puerta de la habitación de su hija, decorada con pegatinas y dibujos de superhéroes. En el dormitorio se viste; pantalón de chándal rojo y una camiseta de tirantes blanca.

Mark se dirige a la cocina y prepara tortitas para su hija, mientras él se sirve un vaso de bourbon sin hielos y le da un trago. El despertador de la niña suena y él se apresura en dejar el vaso y terminar de preparar el desayuno. 

La niña de 5 años aparece vestida con un pijama de la serie de dibujos animados basada en el héroe mitológico Olibu, y escala la silla para poder sentarse a la mesa. 

Mark finge una sonrisa mientras le sirve dos tortitas que inunda en jarabe de arce mientas la niña aplaude contenta.

El padre despeina a la chiquilla, que ya ha empezado a devorar el desayuno, y se va al salón, donde encuentra la mochila de su hija, decorada con un dibujo del superhéroe CleanGod, tirada por el suelo y abierta, con lápices de colores esparcidos por todas partes. 

Mark los recoge y los mete en un estuche que luego introduce en la mochila y la cierra. 

En la cocina, la niña ha terminado de comer y espera a su padre, que le dice que se vaya a vestir o llegará tarde al colegio.

Mark regresa a su vaso de bourbon y le da otro trago.

El timbre suena y Mark va a abrir, pero antes esconde el vaso en una mesa cerca de la puerta de la entrada, donde las visitas no puedan verlo cuando abre. Es su vecina, que ha ido a recoger a la niña para llevarla a clase junto a su hijo, de la misma edad.

Mark, con una tierna sonrisa, se despide de su hija, que cuando ha oído el timbre ha terminado de vestirse rápidamente y sale escopeteada de la casa, contenta de ver a su amigo.

Mark cierra la puerta y su rostro vuelve a ser apático. Recupera su vaso casi vacío y lo apura mientras va a la cocina para servirse otro… pero acaba agarrando la botella antes de ir a sentarse en el sofá del salón para ver la televisión, que al encenderlo muestra KBC News y las últimas noticias sobre la reconstrucción de la Capital del Este. Coloca la botella sobre la mesa, se sirve otra copa y cambia de canal. Una estantería con trofeos de lucha repletos de polvo adorna la habitación. Él sigue haciendo zapping hasta que se topa con un partido de béisbol.

La casa es bonita, pero parece desatendida. No está sucia, pero sí desordenada.

Mark da otro sorbo a su bebida, luego inclina su cabeza hacia atrás y cierra los ojos, pero una llamada a su teléfono móvil, que vibra sobre la mesa, le saca de su trance; es su agente, German. Mark se queda mirando el número un rato, dudando si responder, y finalmente termina haciéndolo. 

– “¡Buenos días, Mark!” – exclama el agente. – “¿Cómo está mi campeón?”

No hay respuesta.

– “He hablado con Shota, el tipo de ZTV, y me ha estado vendiendo un combate muy interesante para ti.” – dice el agente. – “Conoce a un tipo con un perfil muy perfecto para tu regreso y que podría estar interesado en…”

Mark lo interrumpe.

– “Me sigue doliendo la rodilla.” – responde con hastío. – “No puedo pelear así. Ya lo sabes.”

– “¡Aún no lo has oído todo!” – exclama el agente. – “¡El combate se celebraría en…!”

Mark no le deja terminar y le cuelga el teléfono para después lanzarlo a la esquina del sofá antes de cerrar los ojos y volver a la posición en la que estaba.

El timbre suena de nuevo y despierta a Mark que, confuso, mira un reloj de pared; son las tres del mediodía. Se levanta con jaqueca, sus movimientos son torpes, choca contra la mesita que hay frente al sofá y la botella de bourbon vacía se tambalea. 

Mark abre la puerta; es su vecina, que ha regresado con los niños. 

Videl entra corriendo, contenta, tira la mochila sobre el sofá y enciende el televisor.

– “¡YA EMPIEZA CLEANGOD!” – exclama ella.

La mujer mira a Mark detenidamente y enseguida se percata de su estado. Amablemente, se ofrece para invitar a la niña a comer a su casa, diciendo que así los pequeños podrán jugar un rato.

Mark rechaza la oferta y se muestra antipático. Interpreta el gesto de su vecina como un ataque y eso le molesta.

– “Videl comerá en su casa con su padre.” – dice Mark.

La vecina se encoje de hombros.

– “Solo intento ayudar, Mark.” – dice ella con ternura. – “Me preocupa la niña y también tú. Desde que falleció Miguel…”

Mark le cierra la puerta en la cara. La mujer se estremece con el portazo.

Mark se frota la sien con vehemencia, intentando aliviar así su jaqueca.

Videl mira entusiasmada la serie de televisión. CleanGod hace una pose de héroe y una explosión ocurre a su espalda, dejando su silueta a contraluz.

El héroe se abalanza sobre un grupo de enemigos untados en barro y los noquea con facilidad, uno tras otro.

Videl se pone en pie e imita al héroe.

– “¡YA!” – exclama ella. – “¡HYAA!” – da patadas y puñetazos al aire.

Mark, anímicamente agotado, se sienta de nuevo en el sillón y sonríe al ver a su hija contenta.

Las horas pasan y anochece.

Videl ha caído rendida sobre la alfombra, frente al televisor.

Mark la coge en brazos y se la lleva a su habitación.

– “¿Ya es hora de dormir?” – pregunta Videl. – “Estaba viendo la tele…”

Mark la coloca en la cama y la tapa.

– “Qué mentirosa.” – responde su padre, sonriendo. – “Estabas bien dormida.”

– “No es verdad.” – protesta ella mientras se acurruca bajo la sábana.

– “Que descanses, preciosa.” – Mark le besa la frente.

Videl, no responde, pues ya se ha dormido de nuevo.

Mark sale de la habitación y cierra la puerta tras él. Su sonrisa se desvanece.

Mark se dirige a su habitación y abre el armario. Su interior es caótico. Hay ropa colgada, pero la mayoría está amontonada, como si hubiera tenido cierta intención de plegarla, pero lo hubiera hecho sin ningún empeño antes de lanzarla al fondo de los estantes.

Mark se viste con un pantalón negro, una camiseta interior de tirantes blanca, un jersey gris encima y una cazadora de cuero, y se dirige a la puerta.

Mark ha forzado su encrespado cabello hacia atrás con un poco de gomina y antes de salir de su casa, agarra de un perchero cerca de la entrada un sombrero fedora negro.

Mientras se lo coloca frente a un pequeño espejo en la pared, su teléfono móvil suena de nuevo. Esta vez es un número oculto. Mark descuelga.

– “¡Mark!” – dice una voz masculina. – “¿Qué cojones estás haciendo? Deberías estar aquí hace quince minutos.”

– “Estoy de camino.” – responde Mark.

– “He dado la cara por ti, colega.” – responde el tipo. – “No me jodas.”

– “Está bien.” – respondo Mark. – “Está bien.”

Mark guarda el teléfono en el bolsillo de su chaqueta y sale de su casa.

En un callejón de Orange City, Mark entra en un local de dudosa reputación. Es un antro de fiesta. Música alta. Oscuro y con luces de colores iluminando la pista de baile. Algunas mesas rodean la pista, a modo de pequeños reservados, destacando un gran reservado central que preside la sala, opuesto a un pequeño escenario en el que en ese momento está tocando un DJ.

Al entrar, un gigantesco y horondo hombre calvo con perilla que está en la puerta recibe a Mark.

– “Ya creía que no ibas a venir.” – dice el portero.

– “¿Te he fallado alguna vez, Piroshki?” – pregunta Mark.

– “Tío, tienes que tener cuidado.” – responde el grandullón. – “Esta gente no se anda con chiquitas. Yo he dado mi palabra por ti y vas a joderme el tinglado…”

En el reservado presidencial, un tipo bajito y rechoncho, con un traje beige de finas rayas azules, gafas doradas con cristales tintados de marrón y un puro en la boca, está sentado acompañado de dos bellas mujeres.

El hombre levanta la mano y reclama la atención de Piroshki y Mark sin necesidad de palabras.

– “Maldita sea…” – refunfuña el grandullón. – “Nos llama el jefe.”

Los dos hombres se acercan al reservado.

– “¡Al fin aparece!” – se burla el jefe. – “¿Cómo se llamaba tu amigo, Piroshki?”

– “Se llama Mark.” – responde el grandullón.

– “Siento el retraso, señor Cash.” – dice Mark.

– “Lo sientes.” – asiente Cash. – “Esto está bien.” – da una calada a su puro. – “¿Qué opinas, Piroshki?” 

– “Mark es un gran tipo.” – respondo el portero. – “Creo que aún no se ha adaptado a este trabajo, pero lo hará bien.”

Fullov Cash da otra calda a su puro.

– “¿Qué tal esa rodilla?” – pregunta Cash.

– “Mejorando, señor.” – responde Mark.

– “Me alegro.” – dice el jefe.

Fullov Cash da otra calada mientras despide a Piroshki con un simple gesto. El grandullón agacha la cabeza y regresa a su puesto.

– “Dile a la chiquilla que me traiga otra copa.” – le dice el jefe a Mark. – “Y luego ponte a trabajar.”

– “Por supuesto, señor Cash” – dice Mark haciendo una pequeña reverencia.

Mark acude a la barra, en el fondo del local.

– “¡Buenas noches, Mark!” – le saluda con alegría una joven muchacha de cabellera naranja y ojos miel, embutida en un vestido rojo ligeramente escotado. – “¿Qué te pongo?”

– “A mí nada.” – suspira Mark, apoyándose en la barra. – “Pero el jefe quiere otra copa.”

– “Supongo que lo de siempre…” – suspira ella.

– “¿No tienes clase mañana?” – pregunta Mark.

– “Ja. Ja. Muy gracioso.” – responde ella con retintín mientras prepara un cóctel.

– “Tienes que tener mejores salidas que esta, Pizza.” – insiste Mark.

– “¿Y tú no?” – pregunta ella.

– “Ahora mismo, tengo prioridades.” – responde Mark.

Mark y Pizza miran de reojo el reservado presidencial, donde Cash pone su cabeza entre los pechos de una las mujeres que lo acompañan.

– “No es gratis.” – dice Pizza.

– “Es un cerdo.” – dice Mark.

– “Un cerdo con mucho dinero.” – responde ella.

Pizza agarra el cóctel recién preparado y sale de detrás de la barra y se dirige al reservado.

Ella coloca la bebida en la mesa de Cash con una sonrisa y se marcha.

El jefe le mira descaradamente el trasero mientras ella regresa a la barra.

Mark observa el gesto y sacude la cabeza con desaprobación.

De repente, una pelea empieza en la sala de baile.

Piroshki da un paso al frente con la intención de intervenir, pero Mark le levanta la mano para que se detenga mientras se dirige hacia la escaramuza.

Un tipo grande y musculado, rubio, vestido con un polo blanco con rajas azules y un pantalón vaquero, parece estar causando problemas. El muchacho lleva unas copas de más y está empujando a los que tiene a su alrededor.

– “Algún problema, caballero.” – dice Mark, agarrando al tipo del hombro.

El muchacho se revuelve y aparta la mano de Mark.

– “Estos tipos están ocupando mi espacio.” – dice el tipo. – “Deberías hacer algo.”

– “Si eso es todo, caballeros, agradecería que zanjáramos el asunto sin armar mucho jaleo.” – insiste Mark.

El tipo se acerca a Mark para intentar intimidarlo. Pese a la estatura de nuestro amigo, el muchacho es aún más alto.

– “¿Y si quiero armar jaleo?” – dice el tipo, que procede a empujar a Mark.

Mark retrocede dos pasos y pierde su fedora.

– “Esta bien.” – suspira antes de ponerse en guardia.

Mark propina un puñetazo directo al abdomen del muchacho, que se dobla sobre sí mismo.

Mark lo agarra del pescuezo y del cinturón y lo lleva hacia la salida. La gente se aparta para dejarles paso.

Piroshki ya espera con la puerta abierta, y Mark lo lanza fuera del local.

– “Cabrón…” – dice el tipo. – “Me las vas a pagar…”

Mark lo ignora. La puerta se cierra. Piroshki se queda fuera.

– “Lárgate, muchacho.” – dice el grandullón. – “No busques más problemas.”

– “Esto no va a quedar así…” – protesta el tipo, que se marcha con el rabo entre las piernas.

Dentro del local, Mark se recoloca la chaqueta.

Cash esboza una media sonrisa desde su reservado, antes de dar otra calada a su puro.

Pizza pasa por al lado de Mark y le devuelve su fedora.

– “Súper Mark al rescate.” – le guiña el ojo. – “Si no te conociera, me darías miedo.”

– “¿Miedo por qué?” – pregunta él.

– “Eres un buen tipo… pero peleas como un demonio.” – responde ella.

ESPECIAL DBSNL /// Red World // Universos 1 y 2 / Parte XXXII: Victoria

Red World // Parte XXXII: Victoria

“La verdadera virtud yace en tomar decisiones difíciles todos los días.”

La calma ha regresado a la Tierra. Chilled ha sido derrotado.

En tierra firme, Ten Shin Han y Krilín sonríen aliviados al no sentir la energía del enemigo.

– “¿Hemos ganado?” – se pregunta Krilín. – “¿Puede ser cierto?”

– “No siento su energía…” – añade Ten.

– “¿Lo decís en serio?” – se ilusiona Chichi. – “¿Se acabó?”

Yamcha sonríe.

– “Ha funcionado…” – murmura el androide. – “Ese tipo lo ha conseguido.”

La alegría inicial se torna agridulce, pues todos respetan el sacrificio de Pino.

De repente, Ten Shin Han se fija en Kamisama.

El viejo Roshi se encuentra sentado de rodillas en mitad del campo de batalla, con los ojos cerrados.

– “Maestro…” – dice Ten.

El terrícola se levanta, tambaleándose por el esfuerzo.

Krilín intenta seguir a Ten, pero casi se cae. Chichi lo agarra del brazo a tiempo.

– “¿A dónde te crees que vas?” – protesta ella. – “Estás hecho polvo…”

– “Gracias.” – sonríe Krilín.

Ten Shin Han camina hasta Roshi.

– “Maestro…” – dice Ten. – “¿Se encuentra bien?”


No hay respuesta.

En la Atalaya de Kamisama, Mr. Popo llora.

– “Kamisama…” – lamenta su amado acólito.

Uranai Baba lo acompaña, flotando en su bola de cristal.

– “Mi hermano ha tomado una dura decisión.” – dice la anciana. – “Sabía cuál sería su destino cuando decidió intervenir.”

– “¿Qué haré yo ahora?” – pregunta Popo. – “Este lugar no será lo mismo sin él.”

– “No te preocupes, Popo.” – sonríe Baba. – “No estarás solo.”

Ten Shin Han extiende su mano hacia el hombro del anciano, pero antes de que pueda tocarlo, su cuerpo desaparece.

– “¿Eh?” – se sorprende Ten.

De repente, una corriente ascendente de aire sacude al guerrero de tres ojos. Su cuerpo sana repentinamente y una túnica blanca con el símbolo Kami lo envuelve.

– “¿Qué?” – se asusta un poco Ten. – “¿Qué significa esto?”

Krilín, apoyándose en Chichi, se acerca a su compañero.

– “Enhorabuena, Kamisama.” – se burla Krilín.

– “¿Kamisama?” – repita Chichi, sin terminar de entender lo sucedido.

Ten Shin Han sigue confuso, mirándose las manos.

– “¿Por qué yo?” – se pregunta. – “¿Por qué?”

La voz de Roshi retumba en el corazón de Ten desde el Más Allá.

– “Conoces el mal de primera mano.” – dice Roshi. – “Has caminado por la senda equivocada y has regresado al buen camino por voluntad propia.” – añade. – “La verdadera virtud yace en tomar decisiones difíciles todos los días.”

– “Maestro…” – mira al cielo Ten.

– “Buena suerte, Ten Shin Han.” – se despide Roshi.

Un gran bastón de madera aparece en la mano del nuevo Dios.

En el Palacio Real, Red recibe las noticias. Los satélites vuelven a funcionar y recuperan la señal.

Los presentes reciben la noticia. El enemigo ha sido eliminado gracias al sacrificio de Pino. 

El Comandante celebra exaltadamente.

El Oficial del Estado Mayor Black lo hace de forma más contenida, pues entiende lo que la noticia significa para el Doctor Gero.

El anciano se queda en silencio.

Sin decir nada, se retira.

Pero el Oficial del Estado Mayor le detiene.

– “Doctor.” – dice Black. – “La Tierra se lo debe todo a su hijo. Dígame que puedo hacer por usted y me aseguraré de…”

– “Ahórrese el discurso, señor.” – responde Gero, educado pero tajante, antes de seguir la marcha hacia la salida.

Gero sale del despacho. Red sigue celebrando. Black observa la marcha del doctor con cierto pesar.

En el hangar en el que trabajaba Pino, Oli se encierra en su despacho y llora desconsolada, sentada en el suelo, apoyada en la puerta.

En el campo de batalla, los helicópteros de la Red Ribbon no tardan en llegar.

El Coronel Silver es el primero en apearse.

– “Señores…” – saluda Silver. – “Señora.” – sonríe al ver a Chichi. – “Han hecho un gran trabajo. A la Red Ribbon le gustaría honrar su sacrificio y dedicación a…”

– “Ahórrate el discurso.” – interrumpe Ten.

Silver sonríe, que respeta cuando alguien ve a través de la palabrería burocrática.

– “Nos llevaremos al androide para su reparación.” – dice Silver. – “El Doctor Gero…”

– “Eso no va a ocurrir.” – interrumpe Chichi, agarrando su abanico.

Los soldados que siguen a Silver desenfundan sus armas.

Silver los detiene levantando la mano. El Coronel mira a sus hombres por encima del hombro con una mueca de desaprobación y reproche por intentar intimidar a Ten Shin Han y los demás.

– “¿Puedo saber qué planean hacer con el androide?” – pregunta Silver. – “Necesita ser reparado y no creo que ninguno de ustedes tenga la capacidad de hacerlo. Muy poca gente en el mundo la tiene.”

– “Encontraremos a alguien.” – dice Krilín. – “No se preocupe.”

Silver sonríe.

– “Está bien…” – responde el Coronel. – “En ese caso, puede que quieran visitar la Capital del Oeste.” – añade.

Silver se da la vuelta y se marcha, pasando entre sus soldados.

– “Pero señor…” – dice uno. – “Nuestras órdenes son…”

– “Si quieres morir, adelante.” – responde Silver. – “Yo ya he visto suficiente muerte hoy.”

Los soldados siguen a Silver. Muy pocos dudan, pero finalmente todos se marchan con él.

Krilín y Chichi cargan a Yamcha.

– “¿Qué vas a hacer ahora?” – pregunta Ten Shin Han a su compañero.

– “De momento, llevaremos a Yamcha hasta la Capital del Oeste.” – dice el terrícola.

– “¿Te fías de Silver?” – se sorprende Ten.

– “No.” – responde Krilín. – “Ese tipo trama algo… pero puede que así lo descubramos.”

– “¿Y después?” – pregunta Ten.

– “Es probable que regresa al Monte Paoz.” – dice Krilín. – “Es un lugar bonito y tranquilo… cuando no viene gente extraña buscando pelea.” – sonríe con complicidad.

Ten Shin Han comparte esa sonrisa.

– “Puede que te haga una visita.” – responde Ten. – “Esta vez, solo para charlar.”

– “Saluda a Mr. Popo de mi parte.” – se despide Krilín.

Ten asiente.

Yamcha tose, interrumpiendo la despedida.

– “Ten Shin Han…” – dice el bandido. – “No se me ha olvidado… Tenemos cuentas pendientes… Cuando pueda volver a pelear… quiero la revancha.”

– “Estaré esperando en la Atalaya, sobre la Tierra Sagrada de Karín.” – sonríe Ten.

– “Je, je…” – ríe Yamcha.

Nuestros amigos se despiden. La amenaza extraterrestre ha sido neutralizada. La paz ha regresado a la Tierra.

Un año después, la Tierra celebra el aniversario de su victoria. 

El Comandante Red inaugura una estatua al salvador de la Tierra en la plaza frente al Palacio Real; un gran Red de oro, con proporciones más estilizadas que el original, se yergue ante todos los presentes, que corean su nombre.

En el Cuartel General de la Red Ribbon, Oli trabaja sola en un laboratorio bien iluminado. El robot que antes ayudaba a Pino, ahora es su asistente.

En la pared, una vieja fotografía de Pino enmarcada junto a una medalla de la Red Ribbon y una inscripción ensalzando los servicios prestados. Sobre la mesa, un ramo de flores frescas mandado por el Oficial del Estado Mayor Black.

Mientras tanto, en un laboratorio oculto en el norte, no muy lejos del lugar donde aterrizaron los aterrizaron lo extraterrestres, el Doctor Gero trabaja casi a oscuras; un tenue fluorescente blanca ilumina la sala, pero es el brillo morado de un pedrusco de wheeloita sin refinar el que tiñe la sala de morado.

En un lugar desconocido, Yamcha sale canturreando de la ducha en un baño moderno de azulejos verdes, mientras se seca un poco la cabeza con una toalla amarilla. Su cuerpo repleto de cicatrices.

El androide se acerca al espejo y pone en marcha un secador. Mientras se seca el pelo, ahora corto, lo estiliza hacia arriba. El secador negro tiene un logotipo claramente visible en blanco “Capsule Corp.”

ESPECIAL DBSNL /// Red World // Universos 1 y 2 / Parte XXXI: Contrarreloj

Red World // Parte XXXI: Contrarreloj

“Mi labor ha terminado.”

Yamcha ha perdido su brazo derecho. Su herida gotea una extraña mezcla de aceite y sangre.

Ten Shin Han, Krilín y Chichi observan al enemigo con temor. Lo mismo hace Pino desde la cabina de su robot.

Las tornas han cambiado en un instante, ahora que Chilled ha descubierto el truco del androide.

Yamcha da un paso al frente.

– “Aún me quedan suficientes fuerzas para enfrentarme a él.” – deja claras sus intenciones.

– “No seas imprudente.” – le advierte Ten Shin Han. – “Has perdido un brazo.”

– “Ahora mismo estoy rebosante de energía.” – responde Yamcha.

El androide emana vapor por sus poros.

– “Si quiero derrotarle, ¡tengo que hacerlo ya!” – se impacienta.

Yamcha sale volando hacia Chilled.

El demonio del frio se sorprende de que el androide le vuelva a desafiar con tanto ímpetu.

Chilled detiene el puñetazo de Yamcha, y éste enseguida se revuelve para propinarle una patada giratoria en la cara.

– “¡AH!” – se alegra Chichi al ver que Yamcha lleva la iniciativa del combate.

– “Chilled parece cansado…” – dice Krilín. – “Ha puesto mucha energía en ese último ataque para sorprender a Yamcha…”

– “¿Creéis que puede ganar?” – pregunta Chichi.

– “Es una pelea a contrarreloj…” – responde Ten.

Yamcha lucha como un lobo acorralado.

Chilled retrocede ante la violencia y desesperación con la que se mueve el androide.

Muchos golpes superan la defensa del demonio del frío y castigan al conquistador.

– “Vamos, Yamcha…” – murmura Ten Shin Han.

– “¡Es ahora o nunca!” – exclama Krilín.

 Yamcha insiste en su ofensiva.

– “¡HYAA! ¡HOO! ¡YAAH!” – insiste el androide, golpeando al enemigo una y otra vez.

 El castigo es continuo. Lentamente, Chilled deja de defenderse.

Tras una gran combinación de golpes, Yamcha termina con una doble patada en el pecho del extraterrestre que lo hace retroceder siete pasos.

Chilled se queda inmóvil un instante, con la cabeza agachada. Yamcha lo mira con claro nerviosismo.

– “Tsk…” – sufre Ten Shin Han.

Chilled sonríe.

– “Tus golpes son cada vez más débiles.” – dice el alienígena.

– “No he terminado…” – gruñe Yamcha. 

Chilled levanta la cabeza y mira de nuevo a su adversario. Su labio sangra ligeramente. Su cuerpo esta magullado.

– “Yo creo que sí.” – responde Chilled.

El extraterrestre aprieta los puños con fuerza.

– “¡¡HAAAAAH!” – grita Chilled.

El suelo se resquebraja a su alrededor. Un terremoto azota el planeta. 

La musculatura de Chilled aumenta de tamaño.

Gigantescas olas sacuden el mar. Las embarcaciones de la Red Ribbon sufren frente al inesperado temporal.

El Palacio Real tiembla.

– “¡¿Qué está pasando ahora?!” – se asusta el Comandante Red.

El Doctor Gero se agarra a la mesa para no caerse.

El Oficial del Estado Mayor Black se agarra a una estantería, de la que caen todos los libros.

En el puesto de mando del hangar donde trabajaba Pino, la Doctora Oli se apoya sobre el tablero de comandos para no caerse.

El temblor llega hasta la Atalaya de Kamisama.

Dios observa desde el borde de la atalaya. Una gota de sudor recorre su sien.

– “¿Cómo de terrible puede llegar a ser ese tipo”? – se pregunta Roshi.

A su lado, Uranai Baba le acompaña, flotando sobre su bola de cristal.

– “Tenemos poco tiempo…” – murmura la anciana.

De repente, todo se queda en calma. Silencio.

La musculatura de Chilled se ha desarrollado de forma exagerada.

Los guerreros lo observan con horror.

– “No puede ser…” – titubea Ten. – “¿Aún ocultaba todo este poder?”

Chilled mira a su adversario y sonríe con prepotencia.

Yamcha traga saliva y se pone en guardia.

Pero en un parpadeo, Chilled alcanza al androide y le propina un fuerte puñetazo en el abdomen.

Piezas del esquelético metálico de Yamcha salen despedidas por su espalda.

– “¡ah!” – un grito silencioso del androide.

Yamcha cae de rodillas, plegado sobre sí mismo.

Pero Chilled le agarra del pelo y le incorpora ligeramente.

Sin mediar palabra, el demonio del frio le propina un codazo en la cara que lo lanza a través del páramo desértico, quedándose Chilled con parte de la melena de Yamcha en la mano.

Ten Shin Han, preocupado por su compañero, activa su aura incolora y sale al ataque.

Krilín aprieta los dientes, luchando contra su propio instinto de supervivencia, y sigue a Ten.

Chichi se sorprende al ver a los dos guerreros entrar en acción.

– “Están locos…” – se preocupa ella. – “Van a hacer que los maten…” – piensa, sintiéndose cobarde.

Ten Shin Han se lanza sobre Chilled con los pies por delante, pero la doble patada impacta en la mejilla del demonio y ni tan solo le hace pestañear.

– “¿EH?” – se sorprende Ten al comprobar de primera mano el nuevo nivel poder del enemigo.

– “¡¡APÁRTATE, TEN!!” – exclama Krilín.

El terrícola tiene preparada la técnica insignia de la escuela Tortuga.

– “¡¡HAAAAA!!” – dispara el Kamehameha.

Ten se aparta rápidamente.

El ataque engulle al enemigo por completo y estalla.

Ten Shin Han se reúne con Krilín.

– “Eso no va a funcionar…” – murmura Ten.

– “Intentaremos aprovechar sus puntos débiles.” – dice Krilín.

Cuando la polvareda se disipa, Chilled se encuentra rodeado de una docena de Krilín y otra docena de Ten Shin Han.

Chilled hace levitar una pequeña roca y la lanza contra uno de los Krilín, atravesándolo.

– “Un estúpido truco…” – piensa el demonio del frio.

Mientras tanto, Chichi intenta ayudar a Yamcha.

La muchacha encuentra al androide tirado en el suelo, con la cara completamente desfigurada y llena de sangre.

Chichi se agacha junto a él.

– “Has luchado bien.” – murmura ella. – “Al ser un androide, no sé si tienes alma… pero rezaré por ti.”

La muchacha aplaude frente a su pecho, dispuesta a orar.

– “Aún no estoy muerto.” – responde Yamcha con una sorprendente calma.

– “¡AAAH!” – un repelús recorre la espalda de Chichi.

El androide suspira.

– “Soy un androide. No siento dolor ni cansancio.” – dice Yamcha.

– “¿En serio?” – se sorprende Chichi.

– “Pero no puedo moverme.” – añade él. – “Ese bastardo me ha dejado hecho papilla.”

Mientras tanto, Pino golpea el tablero de comandos de su robot, frustrado.

– “Esto no puede estar pasando…” – gruñe el soldado. – “¡Tiene que haber una forma!”

Pino teclea rápidamente.

– “Tiene que tener un punto débil…” – piensa con desesperación. – “¡ALGO!”

Con los sensores del robot, Pino intenta analizar a Chilled.

El demonio del frío mira de reojo a los clones de Krilín y Ten que lo rodean.

Un Ten Shin Han se abalanza sobre él por la espalda.

– “Ridículo.” – gruñe Chilled, que se revuelve y parte al terrícola por la mitad.

Pero es otro espejismo.

– “Tsk…” – protesta Chilled.

Furioso, el demonio del frio se revuelve y con un gesto de su mano levanta un muro de piedras que salen disparadas contra varios enemigos.

Las rocas atraviesan a varias imágenes residuales, pero chocan contra uno de los Ten Shin Han.

– “Je…” – se ilumina el rostro de Chilled.

Como un misil, el demonio del frio se abalanza sobre Ten y le propina una patada en el pecho que lo lanza a través del páramo desértico.

– “Uno menos…” – sonríe Chilled.

Pero en ese instante, otros dos Ten Shin Han le agarran por la espalda, cada uno le sujeta un brazo.

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende Chilled. – “¡¿Cómo…?!”

En la cabina del gigante de hierro, Pino observa en su pantalla como el robot detecta energía proveniente de esos dos Ten Shin Han.

– “¿Son de verdad?” – se pregunta el soldado. – “¡Y hay otro!”

Un tercer Ten Shin Han se abalanza directo con el enemigo.

Pero con un estallido de energía, Chilled repele a los dos clones.

El demonio intercepta al tercer Ten y lo agarra del cuello.

– “¡¿Qué clase de técnica es esa?!” – gruñe Chilled.

Ten dispara un rayo con su tercer ojo directo contra el ojo derecho de Chilled.

– “¡¡AAH!!” – grita el demonio del frío, que no esperaba tal treta.

El demonio suelta a Ten y se lleva las manos al ojo herido.

Justo en ese momento, Krilín lanza su Kienzan.

– “¡¡TOMA ESTO!!” – grita el terrícola.

El disco cortante se aproxima a toda velocidad contra el enemigo.

Pero Chilled, en lugar de intentar esquivarlo, se cuadra frente al ataque.

– “¡¡YAAAH!!” – grita el demonio del frio.

Chilled caza Kienzan entre sus manos.

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprenden Ten Shin Han y Krilín.

El disco gira cada vez con menos fuerza entre las manos del demonio del frío.

– “Tsk…” – gruñe Chilled.

El Kienzan acaba deteniéndose y se desvanece un instante después.

– “Maldita sea…” – retrocede Krilín, asustado.

Ten Shin Han está de rodillas en el suelo.

Los dos clones que intentaron sujetar a Chilled, regresan hasta él, agotados, y se unen en uno solo.

Ten puede así levantarse.

Pino se sorprende de nuevo.

– “El asesino Ten Shin Han…” – piensa asombrado. – “Qué tipo tan impresionante…”

Pero eso le da una idea.

– “¡Y SI…!” – exclama de repente.

Pino se pone a trabajar, tecleando desesperadamente.

Chilled clava su mirada en Krilín.

– “Esa técnica es muy peligrosa…” – murmura el demonio del frío.

– “Je… je…” – sonríe el terrícola, dándose por vencido. – “Lo tomaré como un halago…”

– “Será mejor que me libre de ti primero.” – sentencia Chilled.

– “Si es por eso… creo que no me quedan fuerzas para otro Kienzan…” – dice Krilín. – “No tienes que tomarte esas molestias…” – añade levantando las manos.

– “Insisto.” – sonríe Chilled.

El demonio del frío apunta al terrícola con su dedo índice.

– “Muere.” – sentencia Chilled.

El extraterrestre dispara.

Un haz de luz aparece frente a Krilín y el disparo sale repelido hacia el cielo.

La luz se disipa y revela al viejo Roshi.

– “¡KAMISAMA!” – exclama Krilín.

– “¡Maestro…!” – se sorprende Ten.

Roshi ha desviado el disparo con su báculo de madera, que se desintegra en su mano un segundo después.

– “Vaya…” – suspira decepcionado.

Chilled, confuso ante el recién llegado, observa al anciano detenidamente.

– “¿De dónde ha salido ese tipo?” – se pregunta el demonio del frío.

El anciano camina hacia Chilled.

– “¡Maestro, tenga cuidado!” – exclama Ten.

Roshi se detiene.

– “Joven Ten Shin Han…” – dice el anciano. – “Cuando te conocí te preguntabas por qué no intervine cuando los extraterrestres atacaron por primera vez…”

– “¿Eh?” – se extraña Ten.

– “¿Qué piensas ahora?” – pregunta Roshi.

La pregunta pilla desprevenido a Ten.

– “Eh… pues…” – cavila el alumno. – “Si hubiera intervenido en ese momento… la Tierra se hubiera salvado… pero es probable que no estuviéramos preparados para la próxima vez. Quería que la Tierra estuviera preparada para protegerse sola.”

Roshi se acaricia la barba.

– “Pues eso lo deja claro.” – murmura el viejo. – “Mi labor ha terminado.”

El viejo se quita la capa, revelando un gi negro con detalles blancos.

Roshi se pone en guardia.

Chilled frunce el ceño.

– “Este tipo…” – piensa el demonio del frío. – “No es como los demás…”

– “Tienes toda la razón.” – responde Roshi.

– “¡¿EH?!” – se sobresalta Chilled al ver que el enemigo le ha leído la mente.

En ese instante y como una exhalación, Roshi se lanza al ataque.

Chilld intenta interceptar al viejo, pero éste se convierte en una imagen residual y desparece ante sus ojos.

– “¡¿EH?!” – se sorprende Chilled.

Roshi aparece flotando detrás del enemigo, y le propina una coz casi cómica en la nuca, como una colleja, que lo hace dar un paso al frente.

El demonio, confuso ante la velocidad de su nuevo adversario, se revuelve para golpearlo, pero Roshi desaparece de nuevo.

Esta vez, reaparece agachado frente a Chilled.

El demonio del frío intenta propinarle una patada, pero de nuevo, Roshi se desvanece y aparece detrás de Chilled.

Ten Shin Han y Krilín lo observan boquiabiertos.

– “El maestro es fascinante…” – dice Krilín.

Roshi evade cada golpe de Chilled.

– “El tipo está perdiendo fuerza…” – piensa Roshi. – “Si me hubiera enfrentado a él desde el principio… odio admitir que me hubiera noqueado en el primer asalto…”

Pino sigue trabajando en la cabina del robot.

– “¡¡ESO ES!!” – exclama de repente. – “¡¡PODRÍA FUNCIONAR!!

Roshi retrocede de un salto. Chilled se abalanza sobre él.

– “Qué viejo tan escurridizo…” – protesta el demonio del frío.

Kamisama aplaude frente a su pecho y apunta al enemigo con sus manos; así dispara un zigzagueante rayo eléctrico que impacta contra Chilled.

El ataque engulle al extraterrestre y lo frena de repente.

– “¡¿Qué diablos…?!” – piensa el demonio del frío, apretando los dientes.

– “Has venido hasta este planeta para satisfacer tu egoísmo y tus aires de grandeza…” – le dice Roshi telepáticamente.

– “Este planeta es mi derecho como caudillo del sector…” – refunfuña Chilled. – “¡Y CÓMO EL SER MÁS FUERTE DE ESTA GALAXIA!”

Con un estallido de energía, Chilled se libera.

– “Sí que es fuerte…” – se sorprende Roshi. – “Qué tipo tan asombroso…”

Chilled apunta a Roshi y le dispara una poderosa onda de ki.

El viejo se cubre con los brazos en cruz frente a su rostro y frena el ataque un instante… antes de que estalle.

La explosión destroza la parte superior del gi de Kamisama, revelando su escuálido y anciano cuerpo.

Chilled sonríe, mofándose de Roshi.

– “Je…” – ríe el alienígena. – “Mírate… solo eres un saco de huesos…”

Roshi frunce el ceño.

De repente, Chilled recuerda su nombramiento como caudillo, frente a su ejército, arrodillado ante una ominosa figura de pantalón morado.

– “¿Eh?” – se sorprende el demonio del frío. – “¿Por qué…?” – murmura confundido. – “¿Por qué recuerdo eso ahora?”

– “Así que el gran conquistador también se arrodilla…” – le dice Roshi, que ha estado escudriñando su mente.

– “Maldito viejo…” – gruñe Chilled. – “¡¡SAL DE MI CABEZA!!”

Chichi carga con el malherido Yamcha, cuando Pino le sale al paso.

– “¿Cómo se encuentra?” – pregunta el soldado.

– “Sigo vivo.” – responde Yamcha.

– “¡Estupendo!” – exclama Pino.

– “¿Te parece que estoy estupendo?” – protesta el androide.

– “¡Venid conmigo!” – insiste Pino. – “Tengo una idea, pero necesito a Yamcha.”

Chilled acosa de nuevo a Roshi, que sigue evadiendo unos golpes y desviando otros con una técnica pulida y precisa, solo al alcance de los grandes maestros.

Chichi acuesta a Yamcha frente al robot gigante.

Pino escala por una pierna del robot hasta su abdomen, donde hay una pequeña manilla insertada de la que tira para extraerá y luego la hace girar, revelando así una un gran amasijo de cables.

– “Eso es…” – murmura Pino, que busca entre ellos hasta encontrar el los adecuados. – “¡Los tengo!”

Pino se lanza del robot usando los propios cables para frenar lentamente su caída y llevarlos hasta el suelo.

– “¿Qué vas a hacer con todo eso?” – pregunta Yamcha, inmóvil en el suelo.

– “Voy a conectarte a mi robot.” – responde Pino. – “Dame un minuto…”

– “¿Para qué?” – pregunta Chichi.

– “La wheeloíta que de mi robot tiene mucha más capacidad que la tuya.” – responde Pino. – “Es mucho más grande.”

– “¿Wheeloíta?” – pregunta Chichi.

Pino levanta la mano de Yamcha, mostrando su palma.

– “Los androides tienen tres rocas como esta.” – dice el mecánico. – “Una en cada palma, que usan para absorber energía, y otra en su pecho, que usan para almacenar su energía… y como dispositivo de autodestrucción, si fuera necesario.”

– “No me quedan fuerzas.” – dice Yamcha. – “Y no puedo moverme.”

– “Solo necesito tu dispositivo de absorción.” – responde Pino. – “Sobrecargaremos el núcleo de mi robot.”

– “¿Una bomba?” – pregunta Chichi.

Yamcha observa al soldado atentamente.

– “Espera…” – interrumpe Yamcha. – “Te conozco…”

Pino se queda en silencio.

– “Estabas ahí…” – dice Yamcha. – “Ese día… Eres…”

– “Entiendo que no confíes en la Red Ribbon…” – dice Pino. – “Pero no tenemos otra opción.”

– “Nos convirtieron en androides… por tu culpa…” – gruñe Yamcha.

– “Blue os hubiera asesinado, torturado o cosas peores…” – responde Pino.

– “Nos borraron la mente…” – gruñe Yamcha. – “Nos convirtieron en esclavos…”

– “Lo siento.” – responde Pino. – “Pero ahora mismo, tenemos que hacer algo, o ese maldito extraterrestre va a matarnos a todos.”

– “Como dije antes… No me quedan fuerzas. No puedo moverme.” – refunfuña Yamcha. – “¿Podría negarme?”

Chichi pone la mano sobre el pecho de Yamcha.

– “Es tu decisión.” – dice ella. – “Si no aceptas, no dejaré que te ponga la mano encima.”

– “Pero…” – protesta Pino.

– “En la Red Ribbon no estáis acostumbrados a las negativas, ¿no?” – protesta Chichi.

Yamcha suspira.

– “Muchacha…” – dice el androide. – “Pareces una chica sensata… y bastante guapa…”

– “¿Y eso a qué viene?” – protesta Chichi.

– “¿Confías en él?” – pregunta Yamcha.

Chichi mira a Pino.

– “He luchado junto a él contra los invasores.” – responde ella. – “Creo que podemos fiarnos de él… por ahora.”

– “Eso está bien…” – dice Yamcha. – “Vamos…”

– “Te conectaré al robot.” – dice Pino, poniéndose en marcha.

– “Pero tu plan es ridículo…” – protesta Yamcha. – “No puedes hacer estallar una bomba que acabe con ese tipo sin destruir la Tierra.”

– “Déjame a mí los cálculos.” – sonríe Pino, mientras trastea con su mano metida en las heridas en el abdomen de Yamcha. – “Pronto se presentará la oportunidad, estoy seguro.”

Roshi observa la escena de reojo.

– “Vamos, muchacho…” – piensa Kamisama.

En ese instante, Chilled conecta el primer golpe. Roshi recibe un puñetazo en la cara que lo lanza directamente contra el suelo.

– “Al fin…” – suspira Chilled, con la respiración pesada. – “Maldito viejo…”

Roshi se incorpora, de rodillas. 

El anciano escupe varios dientes. Su boca completamente ensangrentada.

– “¡MAESTRO!” – exclama Krilín.

Kamisama se levanta, apoyándose en sus rodillas para mantenerse erguido.

– “Menuda fuerza…” – piensa Dios. – “Y esos dos han estado peleando contra este tipo…” – una media sonrisa se dibuja en su rostro. – “El futuro del planeta está en buenas manos.”

Roshi se pone de nuevo en guardia.

Chilled frunce el ceño, harto del anciano.

– “Voy a acabar contigo de una vez por todas.” – refunfuña el extraterrestre.

Chilled da un paso al frente, cuando se da cuenta de que su musculatura está regresando a la normalidad.

– “¿Hmm?” – se extraña, mirándose las manos.

Ten Shin Han levanta las cejas.

– “¡Pues claro!” – exclama Ten. – “Estábamos tan asustados que no nos dimos cuenta de que su poder estaba disminuyendo rápidamente… ¡Esa forma tiene un límite!”

– “Eso es fantástico…” – dice Krilín, con menos emoción. – “Pero aun así… sigue siendo mucho más fuerte que nosotros…”

Roshi sonríe.

– “Ese chico es el único que se había dado cuenta…” – piensa mirando de reojo a Pino. – “Supongo que a mis alumnos aún les quedan cosas que aprender.” – sonríe con cierta ilusión.

Pino sube a la cabina y activa un interruptor.

El orbe en el centro del pecho del robot se ilumina.

– “Todo listo.” – sonríe el soldado.

Chichi lanza una pequeña ráfaga de vienta a Krilín y Ten Shin Han, llamándoles así la atención sin alertar al enemigo.

Con el dedo les indica que se acerquen.

Roshi ataca a Chilled.

Lo rodea con varias docenas de imágenes residuales.

– “Otra vez este estúpido truco…” – gruñe el demonio del frío.

Durante un instante, Chilled se rodea por un orbe de energía fucsia y después lo hace estallar, convirtiéndolo en un centenar de pequeños rayos de ki que bombardean la zona de imágenes residuales, atravesándolas a todas.

Roshi está escondido detrás de una roca, no muy lejos de allí.

– “Este tipo me va a matar si me descuido…” – piensa Kamisama. 

Mientras tanto, Chichi ayuda a Yamcha a cerrar la mano alrededor del brazo de Krilín.

Lentamente, Krilín siente como su energía se esfuma.

El núcleo del robot aumenta su brillo.

Krilín se marea.

– “Ay, ay…” – dice mientras cae de espaldas al suelo.

Ten Shin Han se agacha y agarra la mano de Yamcha. Duda.

– “Si esto fracasa… estaremos a merced del enemigo.” – dice Ten.

– “¿No lo estamos ahora?” – responde Chichi.

– “Buen punto.” – levanta el brazo derecho Krilín, con el dedo índice extendido… solo un instante, pues se queda sin fuerzas.

– “Tsk…” – protesta Ten.

Roshi sale de su escondite.

Chilled clava su mirada en él.

Kamisama se mantiene erguido, desafiante.

Chilled sonríe.

– “Hubiera sido mejor que siguieras escondido, viejo.” – se burla el demonio del frio.

Ten Shin Han ha dado toda su energía y cae sentado en el suelo.

Pino comprueba los cálculos en su monitor.

– “No es suficiente…” – dice Pino. – “¡NO ES SUFICIENTE!” – exclama alarmado.

– “Estamos… muy cansados…” – dice Ten.

– “Pero… yo tenía las baterías cargadas… y Yamcha aún tenía energía…” – cavila Pino.

Chichi intenta donar su energía, pero Ten la detiene agarrándola del brazo.

– “Sé que no aportaré mucho, pero quiero ayudar.” – protesta ella.

– “Eso podría matarte.” – dice Ten.

Roshi sigue atentamente lo que ocurre, mirando de reojo a Pino y a los demás.

El anciano respira profundamente… y de repente ¡BROOM!

Roshi aprieta los puños con fuerza y su musculatura aumenta de tamaño de forma desmesurada.

– “¡¿EH?!” – se sorprende Chilled. – “Se parece a mi transformación…” – piensa el demonio del frío.

Roshi extiende sus manos hacia delante, haciendo chocar sus muñecas, y después lleva las manos al lado derecho de su cadera.

– “¡KAAA… MEEE… HAAA…. MEEE…!” – se prepara el anciano.

Chilled sonríe.

– “No vas a asustarme con esa forma musculosa.” – dice con prepotencia. – “Sigues siendo un humano. ¿Hasta dónde puede llegar tu fuerza?”

– “Crees que la fuerza lo es todo…” – dice Roshi. – “Por eso vas a perder.”

El anciano deja de apuntar a Chilled y apunta hacia donde se encuentran sus alumnos.

– “¡¡PREPARÁOS MUCHACHOS!!” – exclama. – “¡¡HAAAAAAAA!!”

– “¿Eh?” – mira confuso el demonio del frío.

Un inmenso Kamehameha es proyectado hacia nuestros amigos.

Krilín y Ten Shin Han se quedan boquiabiertos al ver viajar este torrente de energía hacia ellos.

Chichi es la única con fuerzas para reaccionar. Rápidamente, incorpora a Yamcha y extiende su mano hacia delante.

El gran Kamehameha es absorbido por el dispositivo en la palma del androide.

La energía recorre el cable, que chispea por la sobrecarga de energía, hasta el núcleo del robot.

El brillo del orbe morado se torna tan intenso que es casi cegador.

Pino tarda unos segundos en reaccionar, hasta que saltan las alarmas en la cabina.

– “¡¡ESTAMOS LISTOS!!” – exclama emocionado.

El soldado teclea rápidamente.

– “De hecho, hemos sobrepasado el límite…” – piensa. – “Si no actuamos rápido, esto podría explotar en cualquier momento…”

Roshi sonríe y recupera su forma escuálida.

El anciano, sin fuerzas, cae de rodillas, lo que aprovecha para sentarse sobre sus pies y cerrar los ojos, como si estuviera meditando.

Chilled lo mira furioso.

– “¡¿QUÉ HAS HECHO, VIEJO?!” – grita el demonio del frío.

Chilled mira el orbe brillante del robot.

– “¿Qué están tramando?” – se pregunta. – “¿Qué es eso?”

Pino se preocupa al ver que el enemigo ha puesto su atención en ellos.

– “Maldita sea…” – dice el soldado. – “¡Necesitamos una distracción!”

Pino activa los misiles del robot. Docenas de proyectiles salen disparados hacia el cielo y luego llueven sobre Chilled.

Una gran humareda rodea al demonio del frío.

De repente, de entre la humareda, Chichi aparece, armada con la hoja de su lanza rota, a modo de espada, en una mano, y con su abanico en la otra.

Chichi sorprende a Chilled. Ella intenta cortar al extraterrestre, pero él evade los espadazos ágilmente.

– “¡FUERA!” – exclama el demonio del frío, que propina un guantazo a la muchacha.


Chichi da varios pasos atrás.

Chilled dispara un rayo de ki a la guerrera, pero ella lo batea con su abanico, devolviéndoselo y provocando una explosión que hace retroceder al demonio del frío.

La propia Chichi se sorprende.

– “Está débil…” – piensa ella. – “¡Es mi oportunidad!”

Con un golpe de abanico crea un torbellino alrededor del demonio.

Chilled resiste el vendaval.

El demonio del frío ve que puede escapar por arriba y alza el vuelo.

Pero a medio camino se da cuenta de que dentro del tornado vuelan un centenar de papeles; sellos.

De repente, el tornado se convierte en un remolino de fuego.

Con un estallido de ki, Chilled deshace el torbellino.

– “¡¡YA BASTA!!” – grita el demonio del frío. – “¡VOY A MA…!”

Pero en ese instante, el gigantesco robot de la Red Ribbon lo atrapa en su mano.

Los propulsores del robot se activan y el gigante sale volando, surcando el cielo hacia el espacio.

– “¡¿Pero qué…?!” – protesta Chilled.

El demonio del frio intenta abrir la mano del robot, pero imbuido con toda esa energía, el robot es más fuerte que nunca.

Desde tierra firme, todos observan como el robot desaparece de la vista de todos.

En el espacio, Chilled logra destruir la mano del robot y liberarse.

– “Ya está bien…” – gruñe el demonio del frio.

El demonio genera una esfera de ki en su mano y apunta al robot, que flota inerte frente a él.

El brillo en el núcleo del robot es cegador.

De repente, en absoluto silencio, el núcleo estalla.

La Tierra puede ver como un nuevo sol aparece durante un instante en el firmamento, cubriendo el cielo y bañando la tierra en luz morada durante varios segundos.

Un instante después, la calma regresa a la Tierra. 

ESPECIAL DBSNL /// Red World // Universos 1 y 2 / Parte XXX: Absorción

Red World // Parte XXX: Absorción

“Algo ha cambiado.”

En el cielo, Chilled no entiende lo que ocurre. El androide de la Red Ribbon le está plantando cara.

Yamcha, en su pose del lobo, se encuentra frente a él; listo para un nuevo asalto.

Ten Shin Han, Krilín y Chichi observan el combate desde tierra firme.

Pino, desde la cabina de su robot, intenta analizar a los dos combatientes, pero los sistemas de su robot están fallando.

Chilled frunce el ceño.

– “¿Cuándo se ha hecho tan fuerte?” – se pregunta el demonio del frio. – “¿Qué es lo que ocurre?” – gruñe.

Yamcha se pone serio.

– “Has asesinado a mis amigos…” – dice el androide. – “¡No te lo perdonaré!”

Yamcha ataca. Chilled se cubre ante los ataques insistentes de su adversario.

Los golpes de Yamcha, con sus manos en forma de garra, impactan en los brazos del demonio del frío. Ninguno logra superar su defensa.

Chichi está preocupada.

– “Vuestro amigo se ha hecho más fuerte… pero ese extraterrestre sabe defenderse.” – dice ella.

– “No importa.” – responde Ten Shin Han. – “El estilo de pelea de Yamcha hace que pueda absorber energía con cada golpe que conecta con la palma de la mano.”

– “¿Eh?” – se sorprende Chichi.

– “No importa si Chilled se defiende.” – continúa Ten. – “Su energía disminuye con cada golpe… y Yamcha se hace más fuerte.”

– “¿Crees que ha ideado ese estilo de pelea para potenciar esa habilidad?” – pregunta Krilín.

Ten sonríe.

– “No.” – responde Ten Shin Han. – “Ese es su estilo de lucha original. Solo hemos tenido suerte.”

Poco a poco, Chilled siente como Yamcha se mueve cada vez más rápido y sus golpes son cada vez más fuertes.

– “¡¿QUÉ ESTÁ PASANDO?!” – grita Chilled en su cabeza, desesperado.

Yamcha da una patada giratoria y lo golpea en la cara, lanzándolo directo contra el suelo.

Yamcha desciende frente al cráter formado, esperando que Chilled se recupere y de la cara de nuevo.

Entre la polvareda, Chilled se levanta.

– “Hmm…” – cavila el demonio del frio. – “No me han hecho tanto daño…” – dice limpiándose la sangre del labio. – “Pero siento que llevo peleando varios días.”

El demonio mira al androide a través de la nube de polvo.

– “Sin embargo, él parece que se hace cada vez más fuerte.” – protesta. – “¿Cómo…?” – una idea. – “¡AH!”

Yamcha sigue esperando.

– “¡¿Qué pasa, bastardo?!” – lo provoca el androide. – “¡¿Es que tienes miedo?!”

De repente, un rayo de ki rojo concentrado se abre paso a través del polvo, directo hacia Yamcha, que lo esquiva dando un paso a la derecha.

– “Fallaste.” – se burla el androide.

El suelo alrededor de Yamcha se resquebraja y varias columnas de roca se alzan sobre él, gracias al poder psíquico de su adversario.

Todas las rocas se desmoronan sobre el androide, que se cubre con una barrera de energía.

Chilld sale de la nube de polvo y asciende a gran altitud a toda velocidad.

Ten Shin Han frunce el ceño, lo que llama la atención de Krilín.

– “¿Qué ocurre, Ten?” – pregunta el alumno de Gohan.

– “Algo ha cambiado.” – advierte su compañero.

Desde el cielo, Chilled dispara su rayo ocular.

Yamcha esquiva el ataque mientras vuela hacia su enemigo.

Cuando está a punto de alcanzar a Chilled, éste desciende de nuevo hacia tierra firme.

Ten Shin Han los observa detenidamente.

– “Hasta ahora, Chilled ha demostrado no tenernos miedo.” – dice Ten. – “Se ha mostrado prepotente y seguro de sí mismo… pero ahora está manteniendo la distancia.”

– “Puede que le tenga miedo a Yamcha…” – responde Krilín.

– “No…” – responde Ten. – “Alguien como él, no lo aceptaría.”

Ten aprieta los dientes con rabia.

– “Creo que lo ha descubierto.” – advierte.

Chilled retrocede sobre el suelo, perseguido por Yamcha.

– “¡No te escaparás!” – protesta el androide.

Yamcha acelera y alcanza a Chilled.

El androide intenta propinar un golpe de garra al extraterrestre… pero éste lanza una pequeña onda de energía contra el suelo, levantando una gran polvareda.

El terrícola pierde de vista a Chilled.

Yamcha busca rápidamente a su alrededor, pero antes de que pueda encontrar a su adversario, éste se presenta detrás de él, apuntándole con su mano derecha, agarrándose el antebrazo con la izquierda.

De repente, un orbe de energía fucsia envuelve a Yamcha y lo aprisiona, restringiendo sus movimientos por completo.

– “Je…” – sonríe Chilled.

Con su poder mental, el alienígena empuja a Yamcha a través del páramo desértico hacia el horizonte.

– “¡¡YAMCHA!!” – se preocupa Krilín.

Chilled sonríe.

– “Muere…” – murmura el extraterrestre, mientras cierra la mano en un puño.

Pero nada ocurre.

– “¿Eh?” – se extraña el demonio del frio.

Chilled abre y cierra su mano derecha, apuntando hacia el horizonte… pero nada cambia; silencio absoluto.

De repente, en el cielo, el demonio del frío ve a Yamcha regresar volando tranquilamente; ni un rasguño.

Yamcha se posa en el suelo.

– “Eso no funcionará.” – sonríe el androide, seguro de sí mismo.

Chilled se fija en un muy ligero vapor emergiendo de los poros del androide.

– “Eres un adversario la mar de interesante…” – sonríe el demonio.

Yamcha apunta a Chilled con su dedo índice.

– “¡¡ULTRA DODONPA!!” – exclama el androide.

Un poderoso Dodonpa es proyectado hacia el demonio del frio.

Chilled alza media docena gigantescas rocas frente a él, gracias a su poder mental, intentando frenar así el ataque… pero el Dodonpa destruye todo lo que encuentra a su paso.

Chilled evita el ataque volando hacia el cielo, donde levanta las manos y genera una esfera de energía negra envuelta en rayos rojos que después lanza hacia Yamcha.

El ataque aumenta de tamaño rápidamente, tornándose gigante.

Ten Shin Han se sorprende ante el poder del ataque.

– “¿Aún le queda tanta energía?” – murmura Ten.

– “¡¡A CUBIERTO!!” – exclama Krilín.

Yamcha extiende sus manos hacia el ataque, dispuesto a recibirlo.

El gran orbe de energía impacta en las manos de Yamcha… y lentamente empieza a ser absorbido por el androide.

– “No vas a destruir la Tierra tan fácilmente…” – murmura el androide.

El ataque es absorbido casi por completo por las manos de Yamcha.

De nuevo, sus poros emanan vapor; más visible que antes.

Pero justo cuando las manos de Yamcha consumen la última pizca de energía, Chilled cae sobre él y le corta el brazo derecho a la altura del codo de un solo golpe con el canto de la mano.

La sonrisa de oreja a oreja del demonio del frio contrasta con el miedo y la sorpresa de Yamcha.

El androide retrocede. Su brazo está sangrando una mezcla de sangre y aceite.

Chilled levanta el brazo cercenado del suelo. 

– “Así que lo hacías con este extraño dispositivo…” – dice mirando el punto rojo en la palma.

La respiración extraterrestre es ligeramente pesada.

– “La tecnología terrícola es más avanzada de lo que esperaba.” – añade.

El demonio del frio aplasta el antebrazo cercenado de Yamcha y lo deja caer al suelo.

Ten Shin Han, Krilín y Chichi observan con horror como en un instante ha cambiado el panorama.

Chilled, el conquistador espacial, vuelve a imponerse.