ESPECIAL DBSNL /// El saiyajín olvidado // Universos 3 y 5 / Parte III: El Guardián

El saiyajín olvidado / Parte III: El Guardián

“Venimos a por el Fruto Sagrado.”



El cuerpo de Furog flota en el espacio.

En la nave de Turles, el saiyajín se sigue recuperando del combate con Ledgic, tumbado en su cama, envuelto en vendajes que Cacao revisa.

Rasin y Lakasei han puesto rumbo al misterioso planeta Kurama.

– “¿Esta vez está seguro?” – le pregunta Daiz a Almond.

– “No creo que se haya atrevido a mentir otra vez…” – dice el nuts. – “Aunque tampoco podemos preguntarle de nuevo…”

– “A lo mejor no tenías que matarlo.” – suspira el kabocha.

– “Demasiadas oportunidades le hemos dado.” – responde Almond.

Cacao sale del camarote de Turles.

– “¿Cómo está?” – pregunta Daiz.

– “Se recuperará.” – responde el ikonda.

Almond suspira aliviado.

– “Jamás había visto a un tipo capaz de plantar cara a Turles…” – dice el nuts.

– “El universo es vasto.” – dice Daiz, que de niño fue testigo de cómo las Fuerzas Especiales Ginyu arrasaron su planeta.

Tras varios días de viaje, Turles y sus hombres llegan a Kurama y aterrizan en la superficie del planeta.

Turles se ha recuperado de sus heridas, pero sigue llevando vendajes en su torso y antebrazos. 

– “¿Deberíamos informar a Cooler?” – pregunta Rasin, aún sentado en el asiento de piloto.

– “No.” – responde Turles. – “Preferiría hacerlo cuando tengamos algo más que una pista. Además, no podemos acusar a Don Kee sin pruebas. Lo negaría.”

– “De acuerdo.” – responde Lakasei, al lado de su hermano.

El saiyajín aún está afligido por su última batalla, algo que se vuelve evidente para todos cuando intenta ponerse una nueva armadura.

– “Puedes quedarte en la nave” – sugiere Daiz. – “Estamos en un planeta primitivo. No debería ser un problema para nosotros.”

– “¿Queréis dejarme al margen?” – sonríe Turles.

– “Es mejor que te recuperes.” – insiste Daiz. – “Si nos topamos de nuevo con tipo de Imegga, te necesitaremos en plenas condiciones.”

Turles suspira y decide no ponerse la armadura.

– “Está bien.” – responde el saiyajín. – “Dejaré esta misión en vuestras manos.”

– “Será pan comido.” – interviene Almond.

En unos minutos, los hombres de Turles llegan a la primera aldea kurama. El saiyajín se ha quedado descansando en la nave.

– “Venimos a por el Fruto Sagrado.” – anuncia Daiz. – “¿Sabéis algo?”

Los aldeanos rodean a los soldados.

– “Otra vez esto…” – suspira Almond.

– “¿Al menos entendéis nuestro idioma?” – pregunta Daiz a los nativos.

Uno de los aldeanos da un paso al frente.

– “Hablamos la lengua común” – dice el zorro. – “Pero no sabemos nada del fruto.”

Daiz sonríe.

– “No me lo trago.” – dice el kabocha. – “Vamos a tener que insistir.”

Daiz alza su mano y empuja con su ki al zorro, que se estrella contra una cabaña cercana.

Los guerreros kurama de la ladea se ponen en guardia, mientras los demás huyen.

El zorro que había sido empujado se levanta de entre los escombros y revela una segunda cola.

Los scouters de los soldados de Turles se activan los alertan del peligro.

– “¡¿Qué significa esto?!” – se sorprende Cacao.

– “¡Su fuerza de combate ha aumentado!” – exclama Almond.

– “Tiene 8.000…” – titubea Rasin. – “…8.000 unidades…”

Daiz examina a los demás kurama.

– “Los otros tienen casi 3.000…” – murmura el kabocha.

Daiz da un paso al frente.

– “Yo me encargo de éste.” – dice el kabocha. – “Los demás son vuestros.”

Turles, tumbado en su nave, siente el ki de sus soldados peleando con los kurama y sonríe.

– “Parece que van a divertirse…” – murmura el saiyajín.

Los hombres de Turles luchan contra los aldeanos. Cacao, gracias a las capacidades de su armadura ikondana, logra imponerse fácilmente a su enemigo. Almond aprovecha su superioridad física para dominar el combate. Rasin y Lakasei son los que más sufren, pero aprovechan su movilidad y su pequeño tamaño para sorprender a sus enemigos. 

Mientras tanto, Daiz se enzarza en un combate igualado contra el guerrero kurama. 

El nativo parece superar en velocidad al kabocha y le propina un fuerte puñetazo en el rostro a Daiz, y lo remata con una patada giratoria en el pecho que lo lanza contra una montaña cercana.

Creyéndose vencedor, el kurama mira de reojo a los otros soldados, dispuesto a atacarles, pero antes de que pueda actuar se da cuenta de que Daiz sigue con vida.

– “Los kabocha somos muy resistentes, zorrito” – sonríe el ensangrentado soldado. – “Aún no hemos terminado.”

Daiz abre su boca y emite un torrente de energía que sorprende al kurama y lo engulle.

En la nave, Turles sonríe.

– “Les ha sido más fácil de lo que esperaba…” – murmura el saiyajín.

De repente, una presencia alerta a Turles, que se incorpora en la cama.

– “¿Qué ha sido eso?” – se pregunta el saiyajín. – “Ese poder… ¿Quién puede ser?”

En un templo escarbado en la montaña, un kurama ataviado con ropajes similares a los de los Hakaishin, se encuentra en el portal, mirando al horizonte, con sus puños apretados por la rabia.

– “Tranquilo, Liquir” – dice una voz desde el interior del templo.

– “Esos tipos están masacrando a mi gente.” – responde el kurama.

– “Si revelas tu existencia, sabrán que algo se esconde aquí.” – insiste la voz, que resulta ser de Sidra.

El pequeño anciano sale de las sombras y se acerca a su pupilo.

– “La paciencia es una virtud que el Guardián del Fruto debe dominar.” – dice el antiguo Dios de la Destrucción.

Turles sale de su nave sin ponerse su armadura y fija su mirada en el horizonte.

– “Era por allí…” – murmura antes de partir en esa dirección.

Mientras tanto, Daiz ha logrado someter al kurama. El zorro se encuentra tumbado en el suelo y el kabocha tiene la suela de su bota sobre su cuello.

– “¿Dónde está el fruto?” – pregunta Daiz.

– “Jamás hablaremos.” – dice el zorro.

– “Pues moriréis.” – responde el kabocha.

De repente, un pitido del scouter alerta a Daiz.

– “¿Qué?” – se sorprende. – “¿Turles? ¿A dónde va?” – se pregunta al ver la energía de su líder en movimiento.

En el templo, Liquir ha sentido la presencia del saiyajín aproximándose.

– “Uno se acerca.” – dice el zorro.

Sidra suspira.

– “Te advertí de que esto pasaría…” – dice el anciano.

Liquir cruje sus puños, listo para pelear.

– “No se preocupe, maestro.” – dice el kurama. – “No dejaré que se acerquen al templo.”

El kurama se eleva lentamente y sale a toda velocidad al encuentro de Turles.

ESPECIAL DBSNL /// El saiyajín olvidado // Universos 3 y 5 / Parte II: Duelo

El saiyajín olvidado / Parte II: Duelo

“Os habéis entrometido en los negocios de Don Kee”



En el planeta Babarian, Zauyogi sale apresuradamente de la nave de Turles para alertar a sus compañeros, Razin y Lakasei, que siguen esperando en el tejado del aparato

– “¡Es una trampa!” – grita el extraterrestre. – “¡Los imeg…!”

En ese instante, una lanza atraviesa su torso y se inserta en el suelo, dejándolo ensartado.

Ledgic desciende a su lado. Razin y Lacasei se ponen en guardia.

El guardaespaldas de Don Kee mira a los dos soldados sin decir nada.

Razin y Lakasei se abalanzan sobre el enemigo, pero Ledgic esquiva al primero e intercepta al segundo sin dificultad, propinándole un rodillazo en el abdomen y con codazo en la espalda.

Razin intenta reaccionar, pero antes de que pueda hacerlo recibe un puñetazo en el rostro que lo lanza contra el suelo a varios metros de distancia.

Lakasei se levanta e intenta atacar a Ledgic por la espalda, pero el soldado de Imegga lo esquiva con una voltereta y le propina una patada en la nuca que lo lanza directo contra su hermano.

Ledgic dispara un ataque de ki contra los beenz para rematarlos, pero algo intercepta el ataque. Turles se ha interpuesto en su camino y ha golpeado la esfera de energía con el dorso de su puño.

De repente, una lluvia de fuego se precipita sobre Ledgic, que se ve obligado a retroceder. Es un ataque de Cacao.

Dos nuevos ataques de energía caen sobre el imegga, que se ve obligado a cubrirse para paliar el daño. Una gran explosión tiene lugar. Daiz y Almond se han unido al combate.

Los tres hombres de Turles descienden junto a su líder.

La polvareda se disipa lentamente y revela a Ledgic intacto.

Una media sonrisa se dibuja en el rostro del saiyajín.

– “Eres fuerte…” – dice Turles. – “¿Quién eres?”

Ledgic se sacude el polvo de su ropa con una inquietante calma.

– “Os habéis entrometido en los negocios de Don Kee” – dice el imegga.

– “¿Don Kee?” – se extraña el saiyajín, que conoce su trato con Cooler.

Ledgic desenfunda dos sables.

– “Ahora moriréis.” – sentencia el guerrero.

Los hombres de Turles se preparan para pelear, pero el saiyajín alza su mano.

– “Es mío.” – advierte a sus soldados mientras da un paso al frente. – “Me apetece hacer ejercicio.”

Ledgic y Turles se abalanzan el uno contra el otro a toda velocidad. 

El imegga intenta rebanar la cabeza del saiyajín con un espadazo, pero éste esquiva el golpe agachándose.

Turles intenta contraatacar con un puñetazo, pero en el último instante se ve obligado a cambiar de acción y detener un segundo espadazo de la otra arma del imegga que caía sobre él.

Ledgic intenta sorprender al saiyajín con una patada, pero Turles la detiene.

Los dos retroceden y sonríen. Hacía tiempo que no encontraban a un adversario de tan alto nivel.

Los hombres de Turles observan el duelo con interés.

– “Ese tipo es realmente fuerte…” – murmura Almond. – “¡Casi tanto como Turles!”

– “Ninguno está luchando en serio…” – dice Daiz. – “Esto va a ser interesante.”

El saiyajín alza su mano y dispara un poderoso ataque de ki contra Ledgic.

El imegga salta por los aires para esquivar el ataque, pero resulta que el saiyajín ya le espera en el cielo y le propuna un golpe en la espalda con sus manos unidas unidas formando un puño y lo lanza contra el suelo.

Ledgic, tras dar unas cuantas volteretas en el aire, frena su caída y se estabiliza antes de llegar al suelo, pero en ese instante se da cuenta de que una ráfaga de ki se precipita sobre él.

Turles está disparando a discreción sobre el imegga. 

Ledgic desvía y repele varios ataques con sus espadas, pero pronto sucumbe ante la insistente acometida del saiyajín.

Tras unos segundos, Turles detiene sus ataques y sonríe, creyéndose vencedor.

En ese instante, de la humareda brotan cinco misiles de ki rojo que sorprenden a Turles. El saiyajín se cubre para intentar protegerse de las explosiones. 

Almond se preocupa por su líder.

– “¡TURLES!” – exclama en soldado de Nuts.

Envuelto en la polvareda, el saiyajín, cuya armadura se ha roto parcialmente, dejando al descubierto su hombro y pectoral derechos, busca al enemigo entre las sombras.

Ledgic aparece a su espalda, espada en mano, también con la parte superior de su ropa destrozada, y propina un sablazo al saiyajín, que se da la vuelta rápidamente y detiene el ataque con su antebrazo. 

La espada de Ledgic se inserta en el guantelete de Turles y alcanza su piel. Una gota de sangre recorre el brazo del saiyajín. 

Los dos guerreros extienden su mano libre y disparan un poderoso ataque de ki. El ataque de Ledgic es de un color rojo intenso, y el de Turles emite un brillo morado. 

La explosión en cielo repele a los dos guerreros.

Turles cae de pie, pero durante un breve instante muestra signos de fatiga que alertan a sus hombres.

– “¡Turles!” – exclama Razin. – “¿Necesitas ayuda?”

– “No” – responde el saiyajín. – “Manteneos al margen.”

– “Claro que no necesita ayuda” – corrige Lakasei a su hermano. – “Esto no es nada para él.”

Daiz mira al saiyajín con preocupación.

– “No seas idiota, Turles…” – piensa el kabocha, que se da cuenta de que algo no va bien.

Turles se pone en guardia, listo para continuar.

La polvareda de la explosión ha caído frente a él como una cortina de humo, que con el tiempo se vuelve más y más fina, hasta que revela la silueta de Ledgic al otro lado.

El guerrero de Imegga se encuentra en perfecto estado, a pesar de tener la ropa rota, y se sacude el polvo con desdén. Ha perdido su espada.

– “No está mal para un saiyajín.” – dice Ledgic.

A Turles le llama la atención que su rival haya reconocido su raza.

– “Creía que ya no quedaba ninguno con vida.” – añade el enemigo.

– “Has tenido la mala suerte de toparte con el último.” – sonríe Turles.

Ledgic desaparece de la vista de Turles, avanzando hacia él a una velocidad supersónica, y propina un golpe en el pecho al saiyajín que hace estallar la armadura en mil pedazos.

Turles y sus hombres se quedan sin palabras. El saiyajín se queda sin aliento con el golpe.

Ledgic continúa su acometida con una tormenta de puñetazos y patadas que dejan al saiyajín tirado en el suelo, malherido. Ninguno de los presentes esperaba que el guerrero ocultara tan inmenso poder.

– “Se acabó el combate.” – dice el imegga. – “Esperaba más del último saiyajín.” – añade con desprecio. 

Ledgic alza su mano, listo para eliminar a Turles, pero el saiyajín intenta ponerse en pie.

– “El orgullo no siempre es bueno.” – dice Ledgic. – “Será menos doloroso si dejas de pelear. No te levantes.”

– “Los saiyajín… no nos rendimos…” – gruñe Turles.

– “Como quieras.” – sentencia el imegga, que concentra su ki en la mano.

De repente, los hombres de Turles cargan sobre Ledgic.

Cacao abre las compuertas de su armadura y emite un flash de luz que ciega al imegga, que es sorprendido al instante con una carga con el hombro de Daiz que lo repele, para después recibir el impacto directo de una esfera de ki morada creada por Lakasei.

Mientras tanto, Almond ha agarrado al malherido Turles y lo ha llevado a la nave, acompañado por Razin.

– “¿Qué hacéis?” – dice un molesto saiyajín.

– “Salvarte la vida.” – responde Almond.

Razin pone la nave en marcha.

Daiz, Cacao y Lakasei vuelan hacia ella mientras ésta ya se eleva y suben abordo.

– “¡Vámonos ya!” – exclama el kabocha.

– “¡Vamos! ¡Vamos!” – insiste Almond.

Razin teclea en el tablero de comandos, y Lakasei se une a él.

En un instante la nave desaparece en el cielo.

Ledgic se ha quedado en la superficie de Babarian contemplando en silencio la huida de su rival.

La nave imegga que le había traído aterriza cerca de él, que pronto sube a bordo.

– “¿Qué ha ocurrido, señor?” – dice un solado. – “¿Les perseguimos?”

– “¿Les habéis colocado el rastreador?” – pregunta Ledgic.

– “Por supuesto, señor.” – responde el soldado.

– “Bien.” – dice Ledgic. – “Volvamos a Imegga. Monitorizaremos sus movimientos y les arrebataremos el fruto cuando ya lo hayan encontrado.”

– “¿Y nuestro informador?” – pregunta el hombre de Don Kee. – “¿No deberíamos rescatarlo?”

– “Estará muerto en unas horas.” – dice Ledgic. – “Ya no podemos hacer nada por él.”

En la nave de Turles, el saiyajín se encuentra tumbado en su cama, seminconsciente. Cacao intenta aplicarle un ungüento sobre las heridas.

– “¿Qué haremos ahora?” – pregunta Lakasei.

– “Interrogaremos de nuevo a Furog.” – dice Daiz.

En la celda de la bodega, Almond cierra la puerta tras él. Furog lo mira aterrorizado.

– “Esta vez, nada de juegos” – dice el Nuts.

– “Hablaré… ¡Hablaré!” – dice el Patrullero.

– “De eso estoy seguro.” – dice Almond, antes de propinarle un puñetazo en la cara.

ESPECIAL DBSNL /// El saiyajín olvidado // Universos 3 y 5 / Parte I: Babarian

El saiyajín olvidado / Parte I: Babarian

“Esto no me gusta…”

 


La nave de Turles, de ingeniería ikondana, se aleja de un asteroide cerca del planeta Wagashi. 

Los gemelos beenz, llamados Rasin y Lakasei, pilotan el vehículo aeroespacial. 

Detrás de la cabina, Turles se encuentra tumbado en una hamaca intentando dormir. A su lado, Daiz usa el reflejo metálico de una de las paredes de la nave para repasar el lateral afeitado de su cabeza con una navaja.

En la bodega, Cacao se encuentra en un pequeño taller improvisado haciendo unos retoques a su armadura de alta tecnología.

Zauyogi barre el suelo de la bodega.


Cerca de allí, una celda se encuentra cerrada.

En su interior, Almond propina un puñetazo a un agente de la Patrulla Galáctica que está esposado con las manos en la espalda y arrodillado. El patrullero, un guerrero con aspecto de rana humanoide, cae al suelo. Su rostro está deformado por la paliza que ha recibido.

– “Agente Furog…” – dice el hombre de Turles, amenazante. – “Solo tiene que decirnos lo que queremos saber…”

Almond patea el estómago del agente.

Tras unos minutos más de tortura, el soldado sube a la cabina para informar a sus compañeros.

– “Babarian” – sonríe Almond.

Turles reafirma la orden y la nave pone rumbo al peligroso planeta.

El saiyajínn aprieta un botón de su scouter y comunica los avances a Tagoma.

– “Nos dirigimos a Babarian.” – dice el saiyajín. – “Parece que podría haber una nueva pisa allí.”

– “Recibido.” – responde Tagoma. – “Informaré al señor Cooler.”

Tras varias horas de viaje, Turles y su pelotón han aterrizado en el planeta Babarian. 

El planeta tiene una densidad de población muy baja. Sus habitantes son bárbaros con forma de dinosaurio antropomorfo y están divididos en pequeñas tribus rivales unas de otras. Hay poco alimento, así que son caníbales. 

El saiyajín, acompañado por Almond, Cacao y Daiz, se dirige a una aldea cercana que detectan gracias a sus scouter. Rasin, Lakasei y Zauyogi se han quedado en la nave para protegerla y custodiar al prisionero.

Los gemelos han subido encima de la nave y observan a sus compañeros alejarse en el horizonte, mientras Zauyogi se encuentra en el camarote, haciendo las camas de sus compañeros.

En unos minutos, los soldados aterrizan en el centro de la aldea, llamando la atención de los babarios presentes.

– “¡GRAAAAAAH!” – ruge uno, de forma amenazante, mientras alza un gran garrote.

Un grupo de aldeanos rodea a los forasteros.

Turles sonríe

– “Creo que no sacaremos nada interrogándoles.” – dice el saiyajín. – “No parecen muy listos.”

– “Recibido.” – responde Almond. – “Son tuyos, Cacao” – añade.

Cacao asiente y se eleva sobre la aldea. Varios compartimentos de su avanzada armadura se abren, revelando unos orificios desde los que nacen varias docenas de misiles que llueven sobre los aldeanos.

Tras un instante, una nube de humo rodea al grupo de soldados de Cooler.

De repente, un babario sale de la polvareda y se prepara para propinar un mazazo a Turles pero, antes de que pueda hacerlo, el saiyajín alza su mano y proyecta un ataque de ki que desintegra el bárbaro.

Cacao aterriza junto a Almond y Daiz.

– “¡Te habías dejado uno!” – le recrimina Almond.

– “No pasa nada.” – dice Turles. – “Centrémonos en buscar la semilla.”

En la nave, Zauyogi ahora barre de nuevo la bodega, cuando escucha a Furog lamentarse.

– “Pagaréis… Pagaréis por esto…” – dice el patrullero.

Zauyogi lo ignora y sigue con su tarea.

Turles y sus hombres no han encontrado nada en la aldea.

– “Vamos a la siguiente.” – dice Almond.

– “Esto no me gusta…” – murmura Daiz.

– “¿Qué te ocurre?” – pregunta Turles.

– “Esta gente es incapaz de ocultar nada.” – responde el príncipe de Kabocha. – “¿Quién les confiará algo tan importante como la semilla del Árbol Sagrado?”

– “Puede que no debamos buscar aldeas…” – reflexiona Turles.

– “No me fío…” – insiste Daiz.

– “El patrullero dijo que la semilla estaba aquí.” – dice Almond, que se pone a la defensiva. – “Le di tal paliza que no se atrevería a mentir.”

De repente, Turles siente una extraña sensación.

– “Algo va mal.” – dice el saiyajín, que clava su mirada en el horizonte.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta Daiz.

– “Alguien se acerca.” – dice Turles.

Diaz activa su scouter.

– “Mi scouter no detecta nada…” – dice Daiz.

– “El mío tampoco.” – añade Almond.


El saiyajín sigue con su mirada fija en el horizonte.

En la nave, Furog sigue lamentándose.

– “Es vuestro fin…” – dice el malherido agente.

– “Estamos lejos de la jurisdicción de la Patrulla Galáctica” – dice Zauyogi, harto de escuchar al prisionero. – “No van a venir a por ti.”

– “No son ellos los que pagaron por la información que poseo…” – sonríe Furog.

– “¿Qué?” – se sorprende el hombre de Turles.

Mientras tanto, cerca del lugar en el que han aterrizado los hombres de Cooler, una nave imegga sobrevuela la zona a una distancia prudencial.

– “Ya hemos llegado, señor Ledgic” – dice el piloto.

ESPECIAL DBSNL /// Hopeless Future // Universo 3 / Parte III: El asesino Tao Pai Pai

Hopeless Future / Parte III: El asesino Tao Pai Pai

“Jamás pensé que volvería a pisar la Tierra…” 



Tao Pai Pai ha escarbado un agujero en el suelo con su cañón y ha enterrado a su hermano.

Cuando se dispone a encargarse de los cadáveres de Kirano y Mokekko, Tao se percata del medidor de kiris, que se encuentra en el suelo junto al primero de los cadáveres.

Mientras tanto, Shin y Kibito han aparecido sobre una montaña cerca de la nave del brujo, que se encuentra enterrada. Solo una pequeña escotilla puede verse brotar del suelo.

– “Es aquí…” – dice Shin.

– “Ese cobarde se ocultaba bien…” – murmura Kibito.

De repente, la compuerta se abre. Shin y Kibito se agachan para no ser vistos. Un guerrero zoon sale de la nave, seguido del brujo Babidí y de un demonio. Los secuaces del brujo lucen una \”M\” en su frente.

– “¡Ese es…!” – exclama Shin, aterrorizado ante la presencia del diablo.

– “¡Es Dabra!” – añade Kibito.

– “Maldita sea…” – lamenta el Kaioshin del Este. – “No hemos calculado esto bien…”

Una voz sorprende a los Kaioshin.

– “Creo que no.” – confirma la misteriosa voz.

Shin y Kibito se dan la vuelta lentamente y se encuentran frente a Dabra, que apunta a Kibito con su mano izquierda.

El horror embarga al ayudante del Kaioshin, que es desintegrado al instante por un ataque del demonio.

– “¡KIBITO!” – grita Shin.

El Kaioshin se abalanza sobre el diablo, pero éste detiene su puñetazo fácilmente y contraataca con un rodillazo en el abdomen.

Shin cae de rodillas, y Dabra le propina una patada que lo lanza montaña abajo.

Al llegar al suelo, Shin abre los ojos con dificultad y puede ver como la figura diabólica que vio junto al brujo era solo un espejismo.

El brujo camina hacia el Dios.

– “¡Os estábamos esperando, Kaioshin!” – sonríe Babidí.

Dabra desciende junto a su Amo.

– “¿Acabo con él, señor?” – pregunta el demonio.

– “Tranquilo, Dabra” – responde Babidí. – “Este es mío.”

Babidí agarra la cara de Shin.

– “Voy a disfrutar torturándote, joven Kaioshin.” – sonríe el brujo.

Mientras tanto, aún lejos de allí, Tao Pai Pai, vestido con su viejo uniforme rosa de asesino, surca los cielos sobre un gran tronco.

– “Esos forasteros dijeron que el brujo estaba en esta dirección…” – refunfuña el terrícola, que comprueba el medidor de kiris. – “Y si ese otro tipo usó esto para evaluar mi energía, yo podré usarlo para encontrarlos.”

En los alrededores de la nave del brujo, Babidí patea al dolorido Shin

– “¡JAJAJA!” – se ríe el kashvar. – “¡Ya no pareces tan duro!”

Shin intenta levantarse, pero se da cuenta de que Dabra y Pui-pui le está vigilando y, al cruzar su mirada con el diablo, éste niega con la cabeza, haciéndole saber que, si intenta algo, él intervendrá.

Shin se queda quieto y Babidí sigue pateándole.

– “¡Muere! ¡Muerte!” – ríe el brujo.

La tortura continúa hasta que, de repente, Dabra siente que algo se acerca.

El demonio y el zoon retroceden en el último instante al darse cuenta de que un objeto se dirige hacia ellos a toda velocidad.

Los dos hombres del brujo logran evadir un gran tronco que queda ensartado en el suelo.

– “¡¿Qué ha sido eso?!” – se pregunta el demonio.

Babidí se da la vuelta y contempla lo ocurrido.

– “¡¿Qué ha pasado?!” – exclama el mago.

En ese instante, el brujo se da cuenta de que frente a él se encuentra un terrícola que desconoce. El personaje le apunta con un cañón en su antebrazo, que se ilumina con luz amarilla a escasos centímetros del rostro del mago.

– “¿Quién…?” – se pregunta Babidí.

Shin abre los ojos con dificultad y se sorprende al ver al asesino Tao Pai Pai.

– “Tú…” – se sorprende el Dios.

Dabra y Pui-pui se dan cuenta de la presencia del individuo entre ellos.

– “¡AMO BA…!” – exclama el demonio.

Tao dispara.

– “¡¡HAAAAA!!” – exclama el asesino.

Un gran rayo de luz destruye la cabeza del brujo ante la mirada incrédula de Dabra, Pui-pui y Shin.

Cuando se disipa la polvareda, el cuerpo de Babidí, decapitado, se desploma.

La \”M\” desaparece de las frentes de Pui-pui y de Dabra. Los dos guerreros se miran el uno al otro, extrañados por todo lo ocurrido.

Shin se encuentra muy débil, pero esboza una media sonrisa.

– “No esperaba esto…” – piensa el Kaioshin. – “¿Encontró Babidí un corazón más oscuro que el suyo? ¿O es que siempre queda luz en el interior de todos los terrícolas?”

Dabra se mira las manos y aprieta los puños.

– “Soy libre…” – murmura el demonio. – “Y estoy fuera del Makai…” – sonríe. – “¡Es mi momento!”

Pui-pui retrocede lentamente al ver que se encuentra al lado del Rey de los Demonios.

De repente, una amenazante presencia alerta a Dabra.

Sobre una colina cercana, desde la que antes espiaban Shin y Kibito, Freezer y el ángel Palinka han aparecido.

– “¡Fascinante!” – aplaude irónicamente el tirano. – “¡Jojojo!”

Dabra identifica los ropajes del demonio del frío.

– “Es el…” – titubea. – “¡…el Hakaishin!”

Shin, muy malherido, mira de reojo lo que está ocurriendo.

– “¿Hakaishin?” – se pregunta el Dios, confuso.

Tao Pai Pai no entiende lo que está pasando, pero por la reacción de los presentes sabe que son malas noticias.

Freezer desaparece de la montaña y reaparece frente a los presentes. El ángel se ha quedado en la colina.

– “Jamás pensé que volvería a pisar la Tierra…” – murmura Freezer, con cierta melancolía.

Los presentes se miran entre ellos, aterrados.

– “Un demonio, un zoon y un terrícola…” – sonríe Freezer. – “¿Es un chiste malo?”

Pui-pui, asustado, apunta a Shin.

– “¡Si se acerca mataré al Kaioshin!” – amenaza a Freezer.

– “¡Jojojo!” – ríe el Hakaishin. – “Adelante. ¿Por qué iba a importarme?”

El zoon parece confuso. Una gota de sudor frío recorre la frente de Dabra.

Freezer sonríe.

– “¿Tienes dudas, zoon?” – se burla el tirano. – “Te ayudaré.”

El tirano apunta al Pui-pui y a Shin con su mano, ante la aterrada mirada de ambos, y dispara un torrente de ki que los desintegra, dejando un gran surco en el suelo.

Tao Pai Pai, ante tan destructivo poder, cae de rodillas.

– “Por favor, señor.” – dice el asesino, haciendo una reverencia. – “Acepte mis servicios.”

Freezer sonríe al ver a alguien arrodillado frente a él. Una imagen que él tanto disfruta.

Dabra, desesperado por sobrevivir, imita al terrícola e hinca la rodilla.

– “Me postro ante usted” – dice el demonio. – “Estoy a las órdenes del Hakaishin.”

Freezer parece tener dudas.

De repente, del interior de la nave, una bestia del planeta oscuro sale a la superficie abriendo un hueco en el casco.

– “¡¿Qué está pasando?!” – dice un confuso Yakkon que lleva ensartado en una de sus garras a un seguidor de Babidí. – “¿Dónde estamos?” – pregunta mientras sacude el cuerpo sin vida del soldado hasta librarse de él.

El monstruo se tapa el rostro al recibir la luz del Sol. Al haber perdido la posesión del brujo, se encuentra confuso y desorientado.

– “¡¿Por qué hay tanta luz aquí?!” – protesta.

El Hakaishin y Dabra se sorprenden al ver al monstruo.

Tao Pai Pai, ante el alboroto formado, ve su oportunidad de escabullirse y busca en su túnica una granada de humo que lanza contra el suelo.

El humo envuelve a todos los presentes

– “¿Qué es esto?” – se pregunta Dabra. – “No es una técnica…”

Yakkon parece complacido de que el humo haya cubierto la luz del Sol y se abalanza sobre Freezer, al que identifica como un enemigo.

El tirano puede percibir los movimientos de Yakkon y alza su dedo índice, pero antes de que pueda disparar, el monstruo cae ante él cortado por la mitad.

Dabra, espada en mano, ha matado a Yakkon.

– “Hay zonas en el Makai más oscuras que tu planeta, Yakkon.” – murmura Dabra. – “Mis ojos pueden ver entre tinieblas.”

En el cielo, ya a varios kilómetros de allí, Tao Pai Pai escapa sobre su tronco, asustado por todo lo que acaba de ver, que le ha causado terror como jamás había sentido.

Freezer ignora al terrícola, cuyo ki es tan insignificante que ni se esfuerza en rastrearlo, y sonríe satisfecho por la acción del diablo.

Dabra se arrodilla de nuevo ante el demonio del frío y clava su espada en el suelo.

– “Estoy a sus órdenes, señor Hakaishin.” – dice el diablo.

El tirano parece complacido.

– “Puedes serme útil…” – responde el Hakaishin. – “Pero llámame señor Freezer.”

Palinka ha observado todo lo ocurrido desde la montaña y parece satisfecho.