ESPECIAL DBSNL /// Sermones del predicador // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte I: El muñeco de Mule

Sermones del predicador / Parte I: El muñeco de Mule

“¡El Dios Luud lo exige a cambio de su favor!”

En el planeta Luud, en una mañana de oración, el predicador Dolltaki narra esta historia a sus feligreses:

– “Hace miles de años, en este mismo planeta, entonces llamado Equus, una larga guerra tuvo lugar.


El planeta estaba en continuo conflicto. Los habitantes estaban divididos en ducados, cada una con distintos ideales y motivaciones. Los cuerpos se amontonabas en las fronteras. Todos querían imponer su punto de vista a los demás, a los que tildaban de blasfemos.


Uno de los habitantes del planeta, Mule, un pequeño individuo de tez de color vino tinto y cuernos negros, comandaba las tropas de su territorio bajo el título de Duque. Su ejército era capaz de mantener su ducado bajo control, mas incapaz de imponerse a los territorios rivales y terminar la guerra.


El pequeño personaje se sentía impotente viendo como se derramaba la sangre de sus hermanos por todo Equus.


Un día, mientras Mule dormía, una extraño ser le visitó en sus sueños. Una presencia mágica hizo su aparición para hablarle. El misterioso personaje le otorgó un conocimiento hasta entonces inalcanzable para los habitantes de Equus y le prometió que con eso podría poner fin a la eterna guerra. 


Cuando despertó a la mañana siguiente, el Duque sabía lo que tenía que hacer. Ordenó a los mejores herreros y artesanos de su ducado que siguieran sus indicaciones para construir un gran armazón a partir de los minerales más preciados del planeta; entre ellos el precioso metal verde \”batetsu\”.


Ese armazón, tras meses de trabajo, terminó convirtiéndose en una máquina de guerra gigantesca con una cabina central a la que Mule podía acceder.


El Duque se sentó en la cabina, pero fue incapaz de mover al cíclope de metal.


Abatido tras el estrepitoso fracaso, Mule pasó días de penuria. Había usado todo el rico material de su territorio en esa armadura, creyendo que así podría traer la paz a su planeta. Ese ser que apareció en sus sueños se lo había prometido. ¿Había sido solo un sueño? El Duque se negaba a pensar eso. Para él fue real.


Los rumores sobre el muñeco de Mule, al que así llamaban con sorna sus enemigos, se extendieron por todo Equus. El Duque se convirtió rápidamente en el hazmerreír, y los enemigos ya afilaban sus cuchillos pensando en repartirse su territorio.


Una fatídica noche, meses después, Mule fue alertado por múltiples emisarios de que las fronteras de su tierra estaban siendo atacadas por sus enemigos.


El Duque, desesperado, corrió una última vez al taller y se subió a la máquina de guerra, esperando un milagro. Pero ésta no se movió.


Mule rompió a llorar, maldiciendo al cielo y a los Dioses.


Pero de repente, una voz sonó en su cabeza.


– “Debe tener fe, Duque” – dijo esa misteriosa ilusión.


Mule reconoció perfectamente esa voz. Era el mismo individuo que le habló en sus sueños.


– “¡Hice lo que me pediste!” – replicó el Duque. – “¡He construido la máquina! ¡¿Qué más quieres de mí?!”

– “Debe creer en mí.” – respondió la voz. – “Debe someterse a mí si quiere salvar a su pueblo.”


Mule se asustó ante tal petición, pero en el horizonte podía oír los gritos de sus hombres siendo masacrados.


– “¡Está bien!” – exclamó el Duque. – “¡Mi voluntad es vuestra!”

– “Bien.” – respondió la voz. – “Cree en mí y camina.”


De repente, un torbellino de energía imbuyó la máquina de guerra, que empezó a moverse automáticamente según las intenciones de Mule.


En el campo de batalla, la muerte avanzaba hacia el interior de la provincia. Los pequeños soldados autóctonos eran incapaces de contener a los invasores, que ya creían tocar la victoria con sus dedos.


Pero en ese instante, un gigante verde apareció ante ellos, dejando el lugar en silencio. 


– “¿Qué es esa cosa?” – se preguntaba uno.

– “Eso es…” – tartamudeó un soldado. – “¡Es el muñeco! ¡El muñeco de Mule!”


El hombre de metal golpeó el suelo con fuerza y se formó una gran fisura que engulló a gran parte del ejército enemigo.


Muchos soldados desertaron en ese mismo momento, pero aún eran muchos los que decidieron oponerse fútilmente a Mule. Sus golpes de espada y lanza eran incapaces de penetrar la armadura de \”batetsu\”.


El hombre de hierro repartía golpes a diestro y siniestro, levantando a decenas de soldados del suelo con cada aspaviento.


En unos pocos minutos, una guerra que parecía no tener fin había terminado. 


Los rumores empezaron a extenderse por Equus. El muñeco de Mule pasó de ser motivo de mofa a causar el terror entre sus enemigos, que no tardaron en deponer sus armas y aceptar la autoridad del Duque. 


La paz llegó así a Equus gracias a la fe de Mule.

Dolltaki observa a sus seguidores, que lo escuchan atentamente.

– “¡Y fe es lo que os pido!” – exclama el predicador. – “¡El Dios Luud lo exige a cambio de su favor! ¡Demostrad vuestra fe, tal y como hizo el Duque!”

La gente adora la figura gigantesca del Dios que adorna el altar mientras recitan oraciones en su honor.

– “Y eso fue solo el principio…” – continúa con una media sonrisa.

Desde el balcón interior, el brujo Hoi contempla satisfecho la escena.

ESPECIAL DBSNL /// El saiyajín olvidado // Universos 3 y 5 / Parte VI: El viejo Sidra

El saiyajín olvidado / Parte VI: El viejo Sidra

“¿Qué quieres de mí?”

Turles despierta en un lugar que no conoce. Se encuentra en una sala con paredes de piedra cruda, tumbado en una vieja cama.

El saiyajín intenta levantarse, pero le duele todo el cuerpo. Con mucho esfuerzo logra incorporarse y sentarse en el borde de la cama. Su torso y sus brazos están vendados y el esfuerzo abierto algunas de sus heridas, que tiñen de rojo los apósitos.

En ese momento, un anciano de baja estatura entra en la habitación.

– “Parece que ya te has despertado…” – dice el viejo. – “No tenía muchas esperanzas, te lo confieso…” – bromea.

– “¿Quién eres?” – pregunta el saiyajín, desconfiado.

– “Me llamo Sidra.” – dice el anciano.

– “Un nombre no responde a mi pregunta” – dice Turles.

– “Pues inténtalo con otra” – sonríe Sidra.

– “¿Dónde están mis compañeros?” – replica el saiyajín.

– “Seguramente te estén buscando.” – dice el anciano.

– “¿Por qué me has ayudado?” – dice Turles.

Sidra se pone serio.

– “Porque ahora mismo eres mi única opción.” – revela el anciano.

El saiyajín se fija en los ropajes del viejo.

– “¿Eres un Guardián del Fruto?” – pregunta el saiyajín.

– “Lo fui hace mucho tiempo, pero ya no tengo edad para eso.” – dice Sidra.

– “He matado a tu compañero.” – le recuerda Turles.

– “No lo he olvidado.” – dice Sidra.

El saiyajín se esfuerza en ponerse en pie hasta que lo consigue.

– “¿Qué quieres de mí?” – pregunta el saiyajín.

– “Fuerzas oscuras quieren hacerse con el Fruto Sagrado” – dice el anciano.

– “¿De quién estás hablando?” – responde Turles. – “¿Cooler?”

– “Son poderes que no comprenderías.” – dice Sidra. – “Pero no podemos permitir que lo consigan.”

– “Yo quiero usarlo para vengarme de los demonios del frío.” – dice el saiyajín.

– “Los hijos de Cold…” – murmura el viejo. – “Malos consejos los llevan hacia un terrible final.”

Turles sonríe.

– “Un final a mis manos” – dice mientras aprieta su puño.

– “El poder de los hijos de Cold no debe ser subestimado.” – dice el anciano.

– “¡Soy el Súper Saiyajín de la leyenda!” – exclama Turles.

– “Eso sonaría mucho más amenazante si pudieras mantenerte en pie sin tambalearte.” – suspira Sidra.

Turles se traga su orgullo y se queda en silencio, pensativo.

– “Llévate la semilla.” – dice Sidra entregándole una caja que la guarda.

– “¿Qué?” – se sorprende el saiyajín. – “¿Me la das? ¿Así de fácil?”

– “Yo ya no puedo protegerla” – dice el anciano.

Turles acepta el presente y abre la caja para contemplar la semilla.

Sidra agacha la cabeza. No está contento con tener que darle tan preciado tesoro a Turles, pero sabe que no tiene otra opción en estas circunstancias.

– “Buena suerte, saiyajín” – se despide el viejo.

Turles cierra la caja y se da cuenta de que Sidra ha desaparecido.

– “¿A dónde ha ido?” – se pregunta el saiyajín, desconcertado.

Turles sale del templo y siente el ki de sus compañeros, que se encuentran arrasando aldeas en busca de su líder.

– “Veo que se están divirtiendo sin mí…” – sonríe el saiyajín.

En unas horas, el escuadrón se ha reunido y ha regresado a la nave.

– “¿Qué haremos ahora?” – pregunta Daiz.

– “¡Turles es el Súper Saiyajín de la leyenda!” – exclama Almond. – “¡Vamos a dominar la galaxia!”

Los cinco soldados celebran esas palabras.

– “No es tan fácil.” – dice Turles. – “Pero con el Fruto Sagrado podremos lograrlo.”

– “¿Vamos a plantarlo?” – pregunta Lakasei.

– “Deberíamos buscar un buen lugar.” – dice Turles.

– “En este mismo sistema hay un planeta con vegetación abundante.” – anuncia Rasin. – “El planeta Renam.”

Turles sonríe.

– “Rumbo a Renam.” – sentencia el saiyajín.

Desde la cima una montaña cercana, Sidra observa preocupado cómo la nave abandona el planeta hacia un terrible desenlace.

ESPECIAL DBSNL /// El saiyajín olvidado // Universos 3 y 5 / Parte V: El otro Súper Saiyajín

El saiyajín olvidado / Parte V: El otro Súper Saiyajín

“¡No voy a morir!”

Liquir se acerca a Turles, que sigue tumbado en el suelo semiinconsciente, dispuesto a matarlo.

De repente, el saiyajín se mueve, sorprendiendo al zorro.

Turles se levanta con dificultad.

– “¿Aún tienes fuerzas para ponerte en pie?” – se burla el kurama.

El saiyajín tiene la vista borrosa.

– “No hemos terminado…” – dice Turles.

Liquir alza su mano hacia el enemigo y le dispara un ataque de ki que estalla en el pecho del saiyajín y lo derriba de nuevo.

– “Yo creo que sí.” – fanfarronea el zorro.

Turles, tumbado en el suelo, abre los ojos y puede ver un cielo que reconoce y le provoca una dolorosa nostalgia. Es el cielo nocturno de Tazba, el astro en el que su nave se estrelló cuando era un bebé.

El saiyajín se incorpora y pronto se da cuenta de que sus heridas han desaparecido.

– “¿Qué ha pasado?” – se pregunta. – “¿Estoy muerto?”

Turles se da cuenta de que se encuentra en el centro de una ciudad en llamas, rodeado solo por destrucción y muerte. En el suelo pueden verse las pisadas del ozaru. 

El saiyajín se pone en pie y ahora se encuentra al lado de la averiada cápsula espacial con la que llegó a tan remoto destino.

Una luz se ilumina en el cielo. Una nave imperial.

De repente, Turles se encuentra a bordo de la nave, en una sala de entrenamiento, enfrentándose a múltiples saibamen. Cooler observa la escena detrás de un cristal junto al solado Sauza.

– “¿Cree que la leyenda es cierta, señor?” – pregunta el brench.

– “He visto suficiente como para no descartar nada.” – responde Cooler.

Ahora Turles se encuentra arrodillado frente al demonio del frío.

– “Mi hermano exterminó a tu raza.” – dice Cooler. – “Quiero que me ayudes a derrocarle, Turles. Ayúdame a recuperar el Imperio y tendrás tu venganza.”

De repente, Turles despierta en Kurama.

Liquir se sorprende al volver a sentir el ki de Turles, que por un instante había desaparecido.

Turles se pone en pie de nuevo.

– “Eres muy terco…” – dice Liquir.

– “Soy un saiyajín.” – sonríe Turles.

Los hombres de Turles llegan al lugar del duelo y rodean al kurama.

– “¿Estáis de broma?” – sonríe el zorro.

Con un movimiento de sus cinco colas, el zorro genera una corriente de aire que derriba a los soldados.

– “¡AAAAH!” – gritan ellos.

– “¡No molestéis!” – dice Liquir.

Turles aprieta sus puños con rabia.

– “No tengo nada…” – refunfuña Turles. – “Mi raza fue aniquilada. He dejado que Cooler me utilizara… Me he tragado mi orgullo, porque creía que en algún momento lograría el poder suficiente para plantarle cara a él y a Freezer… Si muero hoy, todo habrá sido en vano.”

Liquir alza de nuevo su mano y se prepara para disparar a Turles, pero una extraña y violenta aura amarilla envuelve al saiyajín. Su cabello se eriza y sus ojos se tornan verdes.

– “¡No voy a morir!” – exclama Turles. – “¡VOY A ACABAR CON ELLOS CON MIS PROPIAS MANOS! ¡Y NO DEJARÉ QUE TÚ ME LO IMPIDAS!”

El aura arde con fuerza y su cabello se tiñe de oro.

– “¡¡YAAAAAAAAAHHHH!!” – grita el saiyajín.

Una explosión de ki empuja a Liquir y lo hace retroceder.

– “¿Qué demonios…?” – se sorprende el kurama.

El cuerpo de Turles brilla con luz propia.

Sus hombres le miran asustados.

– “¿Qué le ha pasado?” – se pregunta Almond.

– “Acaso…” – se pregunta Daiz. – “Es eso… es el…”

El kurama se prepara para el combate pero, antes de que pueda ponerse en guardia, Turles le embiste con toda su rabia y le propina un puñetazo en el hocico. 

Liquir sale despedido, rebotando varias veces contra el suelo, mientras intenta recuperar la estabilidad, pero es perseguido por el saiyajín.

El kurama se detiene en el aire y revela una sexta cola. 

Turles intenta golpearle de nuevo, pero el kurama cruza sus brazos frente a su rostro en el último instante y encaja el golpe, pero aún así su poder no es suficiente para detener al enfurecido Súper Saiyajín, y sale repelido de nuevo. 

Turles apunta al zorro con sus manos y dispara una terrible esfera de ki que irradia energía en todas direcciones.

El zorro se cubre con sus colas y recibe el impacto directo.

Una gigantesca explosión barre el lugar, creando un gigantesco cráter.

El Súper Saiyajín se detiene y observa entusiasmado el resultado de su poder.

– “¡JAJAJA!” – ríe el guerrero. – “¡Seguro que con este poder podría derrotar a los demonios del frío! ¡Soy el Súper Saiyajín de la leyenda!”

Pero del cráter sale caminando con naturalidad el zorro, que ahora luce siete colas.

– “Se acabaron los juegos, saiyajín” – dice el zorro. – “No sé de dónde emana ese nuevo poder, pero no es suficiente para derrotar al Guardián del Fruto.”

Turles se sorprende al sentir el nuevo poder del zorro, que una vez más supera sus expectativas.

El saiyajín aprieta los dientes.

– “No…” – refunfuña Turles. – “Nadie debería superar al Súper Saiyajín de la leyenda… ¡Eso es imposible!”

Liquir abre su boca y dispara un potente rayo.

Turles lo esquiva por los pelos, pero antes de que pueda reaccionar se da cuenta de que Liquir se ha abalanzado sobre él y le propina un puñetazo que el saiyajín logra desviar.

El zorro muerde el brazo de Turles. El saiyajín grita de dolor mientras intenta sacudir al kurama, que se niega a soltar a su víctima.

Tras un breve forcejeo, Liquir libera a Turles y le propina una patada en el abdomen que lo estampa contra el suelo. 

Liquir se alza sobre el saiyajín y prepara una esfera de ki entre sus manos que después lanza sobre él.

Turles recibe el impacto directo del ataque. Una nueva explosión sacude el planeta. La onda expansiva barre el lugar y empuja a los hombres del saiyajín, que se encontraban en las proximidades. 

En el Templo Sagrado, Sidra observa la luz en el horizonte con semblante serio.

Liquir, que muestra signos claros de cansancio, ha dejado de percibir el ki de Turles.

– “Se acabó.” – sentencia el zorro.

Daiz intenta levantarse, pero sus fuerzas flaquean.

– “Turles…” – murmura el kabocha. – “Maldita sea…”

De repente, Turles se encuentra de nuevo en Tazba. El saiyajín vuelve a ser un bebé, tumbado entre los restos ardientes de su cápsula espacial estrellada. El ensangrentado y malherido niño mira fijamente al cielo mientras su corazón late cade vez más despacio. Pero una nube se aparta y revela la luna llena, cuya luz baña al pequeño Turles. El corazón del niño se reanima y empieza a palpitar con vitalidad, como un tambor.

Liquir se detiene. Puede sentir de nuevo el ki de su enemigo.

– “No es posible…” – murmura el zorro. – “¿Sigue vivo?”

En ese instante, del cráter formado surge un ozaru; un gigantesco mono gigante que ruge violentamente.

Daiz observa asombrado a su líder alzarse.

– “El ozaru…” – murmura el kabocha. – “Pero… ¡¿Cómo es posible?!” – se da cuenta Daiz. – “¡No hay luna!”

El mono sale del cráter y ruge una vez más. Su pelaje empieza a brillar de forma tenue, pero pronto aumenta de intensidad hasta estallar en una explosión de luz y tornarse dorado. 

Liquir retrocede asustado ante el poder que puede sentir.

– “¡¿Qué clase de monstruo es este?!” – se pregunta el kurama.

Turles clava su mirada en el zorro y abre su gigantesca boca, de la que emana un torrente de ki morado que se precipita sobre el kurama. 

El zorro es sorprendido por tal poder y solo puede intentar cubrirse ante semejante ataque.

Cuando la polvareda se disipa, Liquir revela que su octava cola no ha logrado brotar por completo a tiempo y se desvanece, provocando que el zorro hinque la rodilla.

Turles alza su gigantesco puño e intenta aplastar al kurama, que salta hacia un lado justo a tiempo para evitar el ataque, pero el saiyajín usa esa misma mano para propinar un revés al zorro y lanzarlo a cientos de metros de distancia y estrellarlo contra una montaña.

Liquir, incrustado en la roca, con sus brazos en cruz, puede ver como el gigantesco mono camina hacia él.

Ha empezado a llover.

– “Maldita sea…” – murmura el kurama. – “Jamás imaginé que existiera alguien con un poder así…”

El zorro intenta liberarse y cae al suelo de rodillas, perdiendo tres de sus colas, luciendo ahora solo cuatro.

– “No me quedan fuerzas…” – lamenta Liquir.

El gigantesco ozaru, justo cuando está apunto de alcanzar al zorro, pierde su pelaje dorado y disminuye de tamaño hasta convertirse de nuevo en Turles.

El saiyajín también cae de rodillas al suelo e intenta recuperar el aliento.

– “Creo que éste es mi límite…” – murmura Turles.

El zorro se pone en pie con dificultad.

– “Supongo que no aceptarás un empate…” – dice Liquir.

– “Sólo si me das el Fruto…” – sonríe el saiyajín, que también se levanta.

Los dos contrincantes se encuentran cara a cara. Los dos con una media sonrisa en sus rostros.

– “Acabemos con esto.” – dice Liquir.

Turles asiente.

– “Sí.” – dice el saiyajín. – “Está durando demasiado.”

Tras un breve silencio, los dos guerreros embisten el uno contra el otro y empieza un intercambio de golpes crudo y brutal. Ya no hay fuegos de artificio. Es un duelo a muerte, mano a mano. Una pelea cruel y sucia entre dos guerreros a los que casi no les quedan fuerzas.

Los dos luchadores solo se centran en conectar sus golpes. No ha tiempo para intentar defenderse. Es un intercambio de puñetazos directos que va a decidirse por quién pueda aguantar un mayor castigo.

A medida que dura el combate, la fuerza del saiyajín disminuye y las colas del zorro desaparecen. El terreno se llena de barro.

Finalmente, cuando a Liquir solo le queda una cola, Turles aprovecha un desequilibrio del kurama para situarse detrás de él y rodear su cuelo con su brazo.

– “Grrrr…” – gruñe el zorro, que pelea por liberarse.

Pero con un violento movimiento, Turles parte el cuello del kurama, cuyo cuerpo se desploma inerte contra el suelo.

Turles se deja caer de rodillas, agotado, y finalmente se desmaya tumbado bocabajo en el barro.

ESPECIAL DBSNL /// El saiyajín olvidado // Universos 3 y 5 / Parte IV: Zenkai

El saiyajín olvidado / Parte IV: Zenkai

“No trabajo para el Imperio”

Turles y Liquir se dirigen raudos a su mutuo encuentro.

Sidra espera en el viejo templo, cabizbajo.

– “Tengo un mal presentimiento.” – murmura el anciano.

Los hombres de Turles pueden ver en sus scouters cómo su líder se mueve hacia otra fuerza que ha aparecido en sus visores.

– “¡¿20.000u?!” – anuncia Razin.

– “Eso no representa un problema para Turles.” – dice Almond con desprecio.

– “Sigamos con nuestra búsqueda.” – sugiere Lakasei.

Daiz se queda mirando dubitativo la lectura de su pantalla.

En mitad del desierto, el Guardián del Fruto y el saiyajín se encuentran cara a cara y se detienen en el aire.

Los dos personajes se miran atentamente con suspicacia.

– “¿Qué hacéis en mi planeta?” – pregunta Liquir.

– “Buscamos el Fruto Sagrado…” – dice Turles.

La ropa del kurama lo delata. Un grabado del árbol adorna su collar.

– “…y veo que estamos en el lugar adecuado.” – sonríe el saiyajín.

Liquir esboza una media sonrisa.

– “¿Y de dónde sales tú? ¿Te envía el Imperio?” – pregunta el kurama, que pronto se fija en la cola del guerrero. – “Un saiyajín…”

– “No trabajo para el Imperio” – responde Turles, ofendido por tal idea.

– “Morirás de todas formas.” – responde Liquir.

El kurama revela una segunda cola, duplicando su poder.

Turles percibe el aumento de fuerza de su adversario y frunce el ceño.

Una tercera cola aparece.

Los hombres de Turles ya volaban hacia la siguiente aldea, cuando una nueva señal activa las alarmas de sus scouters.

– “¡¿40.000 unidades?!” – exclama Lakasei.

Los cinco personajes se detienen al instante.

– “No puede ser…” – murmura Rasin. 

– “¡Espera!” – interviene Lakasei. – “¡Ha vuelto a aumentar!”

Una nueva cifra aparece en los visores.

– “120…” – titubea Almond. – “120.000…”

– “¡Tiene que ser un error!” – exclama Lakasei.

Mientras tanto, Liquir se abalanza sobre Turles y le propina un puñetazo directo en la nariz que lo hace retroceder ligeramente.

– “Jejeje…” – ríe el saiyajín.

Liquir parece confuso ante la respuesta de su enemigo, que no ha intentado defenderse y que ha reaccionado de tan extraña forma.

Turles se limpia con su puño una minúscula gota de sangre que brota de su nariz.

– “No está nada mal…” – dice el saiyajín. – “Y no me refiero a tu poder, si no al mío.”

Turles observa sus manos un instante antes de cerrar sus puños con fuerza.

– “Gracias a mi último combate, ¡soy más fuerte que nunca!” – exclama emocionado el saiyajín. – “¡He sobrepasado mis límites!”

Liquir revela una nueva cola y se pone en guardia de nuevo.

– “Deja de fanfarronear y pelea.” – insiste el kurama, muy serio.

– “Has aumentado mucho tu poder…” – sonríe Turles. – “Pero eso también puedo hacerlo yo.”

Turles se prepara para concentrar su energía ante la mirada atenta de Liquir.

– “¡¡YAAAAAAAAAAH!!” – grita mientras su ki aumenta rápidamente.

El suelo del planeta tiembla.

Los hombres de Turles reciben una nueva lectura de sus scouter.

– “¡El poder del enemigo ha vuelto a aumentar!” – exclama Rasin. – “¡Supera las 400.000 unidades!”

– “¡Y ha aparecido otro poderoso ki!” – exclama Almond. – “¡200.000 unidades!”

– “No…” – dice Daiz. – “¡Ese es Turles!”

– “¡¿Qué?!” – se sorprenden los beenz.

– “300.000…” – dice Almond. – “…400.000…” – anuncia. – “…500…”

En ese instante estallan todos sus visores.

Turles clava su mirada en el zorro, que retrocede al sentir el poder de su adversario.

El saiyajín embiste al kurama y le propina un codazo en el hocico que lo hace retroceder.

Liquir se estabiliza en el aire, pero antes de que pueda contraatacar se da cuenta de que Turles está detrás de él y le propina una patada en la espalda que lo lanza contra el suelo.

Turles apunta con su mano al enemigo y prepara una onda de energía.

– “¡HA!” – exclama el saiyajín, que dispara un rayo de ki hacia su enemigo.

El ataque cae sobre Liquir y provoca una gigantesca explosión.

El saiyajín sonríe, pero su gesto pronto cambia, borrando la sonrisa de su rostro, pues puede sentir como el poder de su enemigo ha aumentado una vez más.

La humareda se disipa lentamente y revela al kurama que ahora luce cinco colas.

El zorro abre su boca y de ella emana un chorro de energía que Turles intenta esquivar, pero éste sufre algunas quemaduras.

Desde la distancia, los secuaces del saiyajín, que vuelan hacia el lugar del combate, pueden ver el ataque de Liquir perderse en el cielo.

Turles siente que su enemigo le supera de nuevo y eso le preocupa.

Liquir desaparece de la vista del saiyajín y reaparece sobre él, propinándole un golpe con sus colas que lo estrella contra el suelo.

El zorro desciende rápidamente y corre alrededor de Turles, que es incapaz de seguirle el ritmo.

– “Maldita sea…” – murmura el saiyajín, mientras una gota de sudor frío recorre su frente.

Liquir dispara de nuevo desde su boca y el chorro de energía impacta de lleno contra Turles, empujándole a varios metros de distancia y dejándole en el suelo, fuera de combate.

El Guardián del Fruto prepara su garra derecha mientras camina lentamente hasta el malherido saiyajín para darle el golpe de gracia.

– “Jamás deberíais haber venido a mi planeta.” – dice el kurama.