ESPECIAL DBSNL /// Emperador Freezer // Universos 3 y 5 / Parte X: Tapion y Minosha

Emperador Freezer / Parte X: Tapion y Minosha
“Lo he visto en el fuego… Él regresará…”
Hildegarn ha despertado y está completo. El monstruo ruge con fuerza, sacudiendo a todos los que se encuentran a su alrededor. Salabim sonríe satisfecho al contemplar la creación de los Kashvar de nuevo en acción.
Freezer, dispuesto a detener al gigantesco enemigo, prepara dos discos cortantes de ki.
– “Veamos de qué eres capaz…” – sonríe el demonio del frío.
El tirano lanza su doble ataque y el monstruo se convierte en humo, evadiendo la acometida.
Freezer puede sentir como el denso vapor creado se concentra a su espalda y rápidamente hace que sus discos viajen en esa dirección, obligando a Hildegarn a desvanecerse de nuevo.
– “Parece que empiezo a entender tus habilidades…” – parece satisfecho el tirano. 
Mientras tanto, Salabim se acerca a Tapion, dispuesto a eliminarle antes de que despierte.
– “No dejaré que nos lo arrebatéis de nuevo.” – dice el brujo.
Salabim se muerde su pulgar y escribe un símbolo en el suelo con sangre. Después. el brujo coloca la palma de su mano sobre su escritura y la levanta lentamente, haciendo que una retorcida daga brote del suelo.
El brujo alza su arma sobre Tapion.
– “¡MUERE!” – exclama Salabim.
En ese instante, una espada brota del pecho del brujo. Minosha ha ensartado a Salabim por la espalda con su arma.
– “No te acerques a mi hermano…” – dice el joven konatsiano.
Minosha extrae su hoja del cuerpo del brujo. Salabim se da la vuelta y retrocede lentamente hasta tropezar con Tapion y caer al suelo.
– “No…” – lamenta Salabim. – “No puede ser… No tenía que ocurrir esto…”
Minosha, que se encuentra agotado por el trauma sufrido durante la liberación del monstruo, avanza tambaleándose hacia el brujo.
– “No dejaremos que los Kashvar recuperen el control…” – dice el joven.
– “Esto no tenía que terminar así…” – dice Salabim. – “Lo he visto en el fuego… Él regresará…”
– “No permitiremos que lleves a cabo tus planes.” – sentencia Minosha, que propina un espadazo al brujo, encallando la espada en su cráneo y acabando con la vida del kasvhar.
El pequeño konatsiano se apresura en socorrer a su hermano, que lentamente recobra la consciencia.
– “¡Arriba, Tapion!” – le sacude el chico. – “¡Tenemos que detener a Hildegarn!”
Cerca de allí, Freezer sigue intentando cazar al monstruo con sus discos cortantes teledirigidos.
– “Me estoy hartando…” – refunfuña Freezer, que empieza a frustrarse.
De repente, Hildegarn se desvanece por completo y reaparece a varios kilómetros de distancia, donde los discos de Freezer no pueden alcanzarle a tiempo para evitar que tome forma corpórea.
El monstruo abre su enorme boca y de ella emana un extraño chorro de fuego que baña todo el pantano y carboniza todo lo que encuentra a su paso.
Freezer, al ver que tal magno peligro se aproxima, genera un gran muro de roca, alzando todo el terreno frente a él con su telequinesis.
Sus hombres abandonan la nave y se alejan del lugar a toda prisa.
– “¡Salgamos de aquí!” – les dirige Tagoma. – “¡No debemos estorbar al señor Freezer!”
El fuego consigue perforar el gigantesco muro de piedra y sorprender a Freezer, que se envuelve en una barrera de ki rosado con la esperanza de evitar ser dañado por la llama.
Tras unos segundos, Hildegarn cesa en su ataque. No hay rastro de Freezer.
Hildegarn ruge hacia el cielo y después golpea el suelo con sus puños, desatado.
Tagoma observa lo ocurrido.
– “Su poder es devastador…” – murmura el soldado.
A su lado, Freezer aparece intacto.
– “Ese maldito bastardo…” – dice el tirano, enfadado. – “No creía que pudiera ser tan poderoso…”
– “¿Se encuentra bien, señor?” – pregunta Tagoma.
Freezer ignora a Tagoma y asciende de nuevo hacia el cielo, donde se queda observando al enemigo.
– “Mis ataques no le afectan y yo soy inmortal… Podemos estar así por toda la eternidad.” – sonríe Freezer. – “¡HAAAAAAA!” – exclama mientras adquiere su forma musculosa, al utilizar el cien por cien de su poder.
El tirano se envuelve de nuevo por su barrera de energía y embiste a Hildegarn, que le intercepta con un coletazo y le estampa contra el suelo.
De repente, el tirano brota del suelo y embiste a al monstruo, propinándole un golpe en la barbilla y haciéndole caer de espaldas.
– “Así que se te puede coger desprevenido…” – sonríe el tirano.
Hildegarn se desvanece y reaparece de pie, dispuestos a utilizar de nuevo su aliento de fuego.
Freezer se pone en guardia, preparado para el combate.
Pero, en ese instante, una suave melodía inunda el lugar.
– “¿Qué es eso?” – se pregunta el tirano.
Hildegarn empieza a retroceder y gruñir, como si tan bello sonido le causase un terrible malestar.
De repente, los dos konatsianos se elevan lentamente y se dirigen hacia el monstruo haciendo sonar sus ocarinas.
– “¿Esa música es lo que le detiene?” – se sorprende Freezer. – “¿Qué clase de magia es esta?”
Tapion mira a Freezer.
– “¡Atácale ahora!” – dice Tapion. – “¡La música le hace vulnerable!”
– “¡No me des órdenes, muchacho!” – responde Freezer.
– “¡Dese prisa!” – exclama Minosha.
Freezer, frustrado y resignado, entiende que no tiene otra opción que seguir los consejos de los konatsianos.
El tirano alza sus manos al cielo y genera un gigantesco disco cortante de ki.
– “¡HAAAA!” – exclama al lanzar su ataque.

El disco se dirige hacia el monstruo y finalmente le corta por la mitad.
Las dos mitades del monstruo, antes de que caigan al suelo, se convierten en humo y se dirigen a Tapion y Minosha, entrando en sus cuerpos.
Los dos konatsianos dejan de tocar y descienden hasta el suelo.
– “Lo hemos logrado…” – sonríe el hermano mayor, mirando de reojo al pequeño.
– “Jeje” – sonríe también Minosha.
Freezer, que ha recuperado su forma original, se acerca a ellos.
– “¿Me vais a explicar lo que acaba de ocurrir?” – pregunta Freezer.
– “No le has dividido usando mi espada, así que no tardará mucho tiempo en intentar completarse de nuevo.” – advierte Tapion. – “Tiene que prestar atención.”
El tirano escucha atentamente al konatsiano.
– “Los Kashvar eran una secta de brujos que despertaron a un viejo monstruo en nuestro planeta; Konats.” – dice Tapion.
– “Esos brujos pretenden alzarse sobre los Dioses.” – dice Minosha. – “Creen que los mortales son solo un entretenimiento para alguien superior. Se sienten manipulados y buscan venganza.”
– “¿Alguien superior?” – pregunta Freezer.
– “Creen que existe un plano de existencia por encima del nuestro.” – dice Tapion. – “Algo superior a nuestra realidad.”
– “Siguen las enseñanzas de un viejo brujo.” – explica Minosha. – “Alguien que, según las leyendas, logró ver en persona a ese Dios supremo.”
– “A ese brujo lo llaman…” – dice Tapion.
De repente, un terrible dolor embarga a los konatsianos.
Tapion desenvaina su espada y se la ofrece a Freezer.
– “¡No hay tiempo que perder!” – dice el konatsiano. – “¡Hildegarn intenta salir!”
Freezer parece confuso ante la ofrenda de Tapion.
– “¡Tiene que matarnos usando esta espada!” – dice el konatsiano. – “¡AHORA!”

El tirano acepta la espada y la observa detenidamente.
– “¿No hay otra forma?” – pregunta Freezer. – “Tenéis información que me resultaría muy útil…”
– “Eres frío…” – fuerza una sonrisa Tapion. – “Eso facilitará las cosas.”
Freezer alza la espada sobre el cuello del konatsiano.
– “Tenéis agallas” – dice Freezer. – “Recordaré vuestros nombres, Tapion y Minosha, leyendas de Konats.”
El tirano decapita a Tapion de un solo espadazo. Los ojos de Minosha se llenan de lágrimas.
Freezer camina hacia el pequeño konats, que ofrece su cuello.
– “Es un buen hombre, Emperador Freezer.” – sonríe Minosha.
El demonio del frío esboza una irónica sonrisa.
– “Algunos discreparían” – dice Freezer, antes de acabar con la vida del chico.
El planeta Numa se queda en silencio. Los hombres del Emperador se acercan cautelosamente al intuir que todo a terminado.
– “Solicitad una evacuación al centro de mando” – ordena Tagoma a sus soldados. – “La nave ha quedado para el arrastre.”
Freezer clava la espada en el suelo y se aleja caminando.
– “¿A dónde va, señor?” – pregunta Tagoma.
– “Necesito pensar.” – dice el tirano.
El Emperador regresa a la cueva de Salabim para investigar el lugar. El tirano estudia con detenimiento los jeroglíficos de las paredes y uno llama especialmente su atención. El símbolo está formado por tres columnas, dos laterales más cortas una central más alta y terminada con un círculo.
En ese instante, un personaje aparece de la nada.
– “Impresionante, señor Freezer” – sonríe el individuo.
Freezer le mira desconfiado.
– “¿Quién eres tú?” – pregunta el tirano.
– “Los mortales soléis llamarnos ángeles.” – responde el misterioso personaje. – “Vengo a ofrecerle una oportunidad.”

ESPECIAL DBSNL /// Emperador Freezer // Universos 3 y 5 / Parte IX: La voluntad de los Kashvar

Especial DBSNL // U3 y U5 / Parte IX: La voluntad de los Kashvar
“La ambición de esa familia me ha servido bien…”
En el pantanoso planeta Numa, Freezer ha descubierto el engaño de Salabim y regresa a toda velocidad a su nave para proteger las cajas de música.
– “¡¡MALDITA SEA!!” – grita el tirano, furioso.
En la nave, Tagoma y los otros soldados se encuentran inmersos en sus propios infiernos de oscuridad. Salabim dibuja dos círculos repletos de jeroglíficos en el suelo, uno al lado del otro, y coloca las cajas en el centro de cada uno de ellos; acto seguido, empieza a recitar unas extrañas oraciones en una lengua antigua. Las manivelas de las cajas pronto empiezan a girar, emitiendo una delicada melodía.
Freezer llega a la nave y entra apresurado, navegando los pasillos repletos de soldados arrodillados, sufriendo un terrible tormento.
Finalmente, el tirano se encuentra con Salabim, y frente a él, de pie en los círculos dibujados en el suelo, dos extraños individuos vestidos con antiguas ropas de hombreras reforzadas y peinados estrafalarios. Uno de ellos parece un adulto joven, pero el otro es solo un muchacho. Las cajas de música se encuentran a sus pies, hechas pedazos.
– “Has llegado tarde” – sonríe el brujo.
– “¿Qué ha pasado?” – se pregunta el mayor de los recién aparecidos. – “¿Dónde estamos?”
– “No deberíamos estar aquí…” – dice el pequeño.
– “¿Quiénes sois vosotros?” – pregunta el mayor, al ver a Salabim y Freezer.
Salabim da un paso al frente.
– “Soy quien os ha liberado de vuestra prisión.” – dice el brujo.

El chico agacha la cabeza y ve los símbolos de los círculos.
– “Estos jeroglíficos…” – murmura el muchacho, alertando a su compañero.
– “Kashvar…” – dice preocupado el mayor. – “¡Eres uno de esos malditos brujos!” – exclama desenvainando su espada.
Salabim sonríe.
– “Tenéis algo que nos pertenece.” – dice el brujo, en tono amenazante.
Freezer observa atentamente la situación, intentando comprender lo que ocurre.
El muchacho también blande su espada.
– “¡Atrás!” – el chico amenaza a Salabim.
– “¡Vuélvenos a encerrar!” – dice el mayor.
– “Las cajas se han roto.” – sonríe el mago. – “Eso ya no es posible.”
Freezer se harta de que le ignoren e interrumpe la conversación.
– “¡Eh! ¡Vosotros!” – dice el Emperador. – “¡¿Qué diablos significa todo esto?! Se suponía que había un monstruo en las cajas, ¿no?”
– “¿Quién eres tú?” – pregunta el mayor de los aparecidos.
– “Soy el Emperador Freezer, hijo del Rey Cold.” – dice el tirano. – “Estáis bajo mi protección… por ahora.”
– “¿Emperador?” – se sorprenden los dos personajes. – “¿Cuánto tiempo ha pasado?”
– “¡Respuestas!” – insiste Freezer, impaciente.
– “Me llamo Tapion.” – dice el mayor. – “Y él es mi hermano, Minosha. El monstruo que buscas está en nuestro interior, dividido en dos mitades.”
– “Interesante…” – murmura el demonio del frío.
– “Por eso, ¡debéis matarnos!” – dice Tapion. – “¡Debéis acabar con nosotros antes de que Hildegarn se libere!”
– “¡NO!” – interviene Salabim. – “¡Necesito al monstruo!”
Freezer clava su mirada en el brujo.
– “¿Para qué?” – pregunta el Emperador.
– “Necesito su esencia.” – dice el brujo. – “¡Para que él pueda despertar!”
– “¿Él?” – dice Freezer, confuso.
Tapion da un paso al frente y pone el filo de su espada en la garganta de Salabim.
– “¡Ni una palabra más, bastardo!” – le amenaza el konatsiano. – “Las palabras de los Kashvar son como veneno…”
– “Aquí mando yo, muchacho” – dice Freezer.
De repente, el joven Minosha sufre una fuerte jaqueca.
– “¡AAAAAH!” – grita el chico.
– “¿Qué ocurre?” – pregunta Freezer.
– “¡Maldita sea!” – dice Tapion, preocupado, que se apresura en buscar algo en su cinturón.

El konatisano saca una ocarina y se dispone a tocarla, pero Salabim, con un rápido movimiento que sorprende a todos los presentes, le arrebata el instrumento y también se apodera de otro idéntico que llevaba Minosha en su cinturón.
– “¿Qué es eso?” – pregunta Freezer.
– “¡Es lo único que puede detener a Hildegarn!” – dice Tapion.
El konatsiano se arrodilla frente a su hermano.
– “Tienes que luchar, Minosha.” – dice el konatsiano. – “No dejes que la oscuridad venza.”
Salabim empieza a recitar un conjuro que crea una oscura niebla que envuelve a los presentes.
– “Otra vez esos trucos…” – murmura Freezer, harto del mago.
Tapion blande su espada, buscando al mago entre la oscuridad.
– “¡Muéstrate, cobarde!” – exclama el konatsiano.
Aprovechando la neblina, Salabim se acerca a Minosha por la espalda y agarra su cabeza con ambas manos, que enseguida brillan con luz negra.
– “¡YO TE LIBERO, HILDEGARN!” – exclama el brujo.
Un extraño humo negro brota de las orejas, los ojos, la nariz y la boca de Minosha y asciende hacia el cielo, derritiendo el techo de la nave, y finalmente conforma el tren inferior del monstruo.
La neblina empieza a disiparse, y Freezer y Tapion pueden ver a Hildegarn alzarse.
– “¡Hermano!” – exclama el mayor de los konatsianos, que enseguida se da cuenta de que Minosha se encuentra desmayado en el suelo.
El gigantesco pie del monstruo está apunto de pisar al joven konatsiano, pero Tapion se abalanza sobre él y logra socorrerle a tiempo.
– “¿Estás bien?” – le pregunta insistentemente. – “¡Minosha!”
El chico no responde. Tapion intenta palpar su pulso, pero se encuentra muy débil.
– “Maldita sea…” – murmura rabioso el konatsiano. – “¡ME LAS PAGARÁS!” – le grita al brujo.
Freezer se encuentra asombrado ante la mitad inferior del monstruo; sin palabras.
De repente, la cola de Hildegarn intenta golpear al demonio del frío, que lo esquiva grácilmente y se eleve para poder observar mejor al enemigo.
En la nave, los soldados del imperio han quedado libres del embrujo de Salabim, y ahora corren aterrados al monstruo.
– “¿Acaso…?” – murmura aterrado Tagoma. – “¿Ese es el demonio de las cajas?”
Cerca de allí, Salabim ríe a pleno pulmón.
– “¡RENACE, HILDEGARN!” – exclama el brujo.
Freezer prepara un disco de ki cortante y lo lanza contra la cola del monstruo, pero éste se transforma en humo y deja que el ataque pase de largo.
El demonio del frío analiza lo ocurrido.
– “¿Es invulnerable?” – piensa el tirano.
De repente, las piernas Hildegarn se materializa sobre Freezer y caen sobre él, obligándole a esquivar rápidamente al monstruo, que destroza gran parte de la nave con un pisotón.
– “¡Qué rápido es!” – se sorprende el demonio.
Freezer observa la destrucción provocada por el monstruo.
– “Cuando ataca se hace tangible.” – cavila el tirano. – “¿Es ese su punto débil?”
Salabim sonríe al ver al demonio del frío arrinconado.
– “La ambición de esa familia me ha servido bien…” – murmura el brujo. – “¡Pero ya no tienen ninguna utilidad para mí!”
Mientras tanto, Tapion se abalanza sobre el mago por la espalda, espada en alto, pero justo cuando estaba apunto de propinarle un espadazo, una jaqueca le deja aturdido.
– “Maldita sea…” – lamenta el konatsiano. – “Ahora que la parte inferior está libre… siento como llama a la parte que habita en mi interior…”
Salabim se da cuenta y sonríe. El brujo se acerca al guerrero konatsiano, que se encuentra arrodillado, y levanta su barbilla con un gesto paternalista.
– “Nos robasteis algo que nos pertenecía por derecho.” – dice el mago. – “Y ahora, nos lo vais a devolver.”
El brujo coloca su pulgar en la frente de Tapion y se ilumina con luz negra, provocando un terrible dolor en el joven, que grita desesperado, y haciendo que un extraño humo emane de sus orificios faciales y asciendo hacia el cielo, avanzando hasta colocarse sobre las piernas del Hildegarn preexistentes y conformando al monstruo en su totalidad.
Tras el esfuerzo, Tapion se desmaya.
Una gota de sudor recorre la frente de Freezer al ver a tan magno enemigo.
– “Esto complica las cosas…” – murmura el tirano.
Salabim observa emocionado a su monstruo, ahora completo.
– “¡ADELANTE, HILDEGARN!” – grita el brujo. – “¡COSECHA Y CUMPLE LA VOLUNTAD DE LOS KASHVAR!”

ESPECIAL DBSNL /// Emperador Freezer // Universos 3 y 5 / Parte VIII: Brujería

Emperador Freezer / Parte VIII: Brujería
“¿Te da miedo la verdadera oscuridad?”


Tras meses de viaje, Freezer y sus hombres aterrizan en el planeta Numa. El tirano se prepara para salir de la nave.

– “¿Dónde vive ese mago?” – pregunta Freezer.
– “Cooler le visitaba a solas, señor” – responde Tagoma. – “Solo sé que se adentraba en el pantano en esa dirección.”
De repente, el Emperador siente una extraña presencia.

– “Puede que él ya me haya encontrado” – sonríe el tirano.
Freezer se adentra en el bosque mientras se siente observado. Al alejarse lo suficiente de la nave, la oscuridad le envuelve de repente.

– “Freezer…” – dice una chirriante voz. – “El heredero del Imperio”.
– “¿Salabim?” – se pregunta el Emperador.
– “Orgulloso, frío, cruel…” – dice la voz.
– “¡Muéstrate!” – exclama Freezer.
El tirano siente una explosión de luz a sus espaldas, como si un planeta estallara. Al darse la vuelta, la luz toma forma y se convierte en una presencia luminosa. Una figura envuelta en fuego dorado se acerca despacio. Es Son Goku.

– “No es posible…” – titubea el Emperador.
En ese instante, Freezer siente como una gigantesca mano se posa en su hombro.

– “Hijo…” – dice la voz del viejo Rey Cold.
Freezer se da la vuelta y ve la figura de su padre.

– “Papá…” – murmura el tirano.
El cuerpo de su padre es atravesado de repente por una decena de rayos mortales.

– “¿Qué está ocurriendo?” – se pregunta Freezer, que retrocede con cautela.
El Emperador se tropieza con algo, y al mirar de qué se trata, se da cuenta de que se trata de Cooler, agonizando en el suelo.

– “Hermano…” – dice Cooler. – “Las cajas…”
Freezer se agarra la cabeza con ambas manos, intentando liberarse de esa ilusión.
En ese instante, la luz de Son Goku se desvanece.

– “¡No!” – grita Freezer. – “¡Seré yo quien derrote al Súper Saiyajín! ¡Yo mataré a Son Goku!”
Otra figura luminosa se acerca a él por la espalda.

– “¿Quién eres tú?” – se pregunta Freezer. – “¿Son Goku?” – dice al intuir la silueta del saiyajín. – “¡¿Vegeta?!”
Pero la luz se torna azul y estalla, derribando al Emperador.

– “¡¿Qué demonios está pasando?!” – grita Freezer desconcertado.
De repente, su cuerpo se envuelve en una llama morada. Freezer observa sus manos, incapaz de comprender el significado de lo que está viviendo. En ese instante, su cuerpo se resquebraja, emitiendo luz desde su interior, hasta que finalmente estalle en mil pedazos.
En ese momento, Freezer se da cuenta de que sigue en el pantano del planeta Numa, solo.

– “¿Qué ha pasado?” – se pregunta, asustado y confuso. – “¿Qué ha sido eso?”
– “Posibilidades.” – responde Salabim, que le observa de cerca.
Freezer apunta al brujo con su dedo índice.

– “Has sido tú…” – dice mientras la punta de su dedo se ilumina.
– “Tú eres quien ha venido hasta mí.” – responde Salabim.
El tirano baja su mano y respira profundamente, intentando calmarse.

– “He venido a hablar de las cajas de música que robó mi hermano.” – dice Freezer.
– “Las cajas de música konatsianas…” – murmura Salabim. – “¿Las has traído?”
– “No las tengo.” – responde Freezer.
– “Mientes” – sonríe Salabim.
Freezer y el brujo se miran fijamente, aguantándose la mirada.

– “¿Qué son?” – pregunta el demonio del frío.
– “Te lo mostraré” – dice Salabim. – “Sígueme” – añade mientras le guía hasta su guarida.
En la nave, los hombres de Freezer reciben noticias de un pelotón imperial fronterizo y se lo comunican a Tagoma.

– “¡Tenemos al fugitivo, señor!” – anuncia el soldado. – “¡Parece que el tsufur ha sido capturado!”
– “¡¿Dónde?!” – pregunta Tagoma.
– “En el borde suroeste” – responde el soldado. – “Estaba huyendo hacia el Sector Dormideus.”
– “Buen trabajo” – sonríe Tagoma. – “Felicita a las tropas que han efectuado la captura.”
– “¿Qué hacemos con el prisionero?” – pregunta el soldado.
– “Quiero que el prisionero sea transportado al planeta-prisión Freezer-42. Ahí le interrogaremos.” – responde Tagoma. – “¿A qué Capitán tenemos cerca del Sector Dormideus ahora mismo?”
El soldado teclea en la computadora.

– “Garana, señor” – responde al analizar los resultados.
– “Bien. Que sea él quien transporte al prisionero personalmente.” – sentencia Tagoma.
En ese instante, Tagoma escucha un ruido extraño.

– “¿Qué ha sido eso?” – se pregunta el soldado.
En la cueva de Salabim, Freezer ha sido expuesto a las visiones del fuego, revelándole el pasado del planeta Konats.

– “Los konatsianos lo llamaron Hildegarn” – dice Salabim.
– “¿Ese monstruo se encuentra en las cajas?” – pregunta el tirano algo alterado.
– “Así es.” – responde el brujo. – “Su poder fue dividido en dos para dificultar que vuelva a renacer.”
Freezer reflexiona un instante.

– “¿Por qué tenía mi padre las cajas?” – pregunta el tirano. – “¿Por qué las robó mi hermano?”
– “Cooler me ayudaba a protegerlas” – responde Salabim. – “Vi la caída de Cold en mis visiones. No podía permitir que las cajas cayeran en malas mano.”
– “¿Las mías?” – responde Freezer.
Salabim sonríe.

– “No lo sé.” – responde el brujo. – “Tú desconocías el poder de las cajas. No podía arriesgarme a que las descuidaras.”
– “¿Qué pretendes que haga ahora con ellas?” – pregunta Freezer.
– “Entrégamelas.” – responde Salabim. – “Yo puedo protegerlas.”
Freezer observa detenidamente al brujo.

– “¿Crees que soy tan idiota como mi hermano?” – sonríe el demonio del frío.
– “¿Cómo…? ¿Cómo dices?” – titubea Salabim.
– “He crecido en el corazón del Imperio, rodeado de aduladores y mentirosos” – dice Freezer. – “Puedo detectar a un estafador a la legua”.
– “No… No, yo…” – intenta defenderse el mago.

El Emperador mira a su alrededor, desconfiado.

– “Desde que he llegado a este planeta, siento un extraño ki; uno de unas características que no había sentido jamás…” – dice Freezer.
– “¿Te da miedo la verdadera oscuridad?” – le pregunta el brujo.
“¿Qué escondes?” – insiste el Emperador.

Salabim empieza a reír. Lo que empieza con una disimulada sonrisa termina convirtiéndose en una gran carcajada.

– “¡JAJAJAJA!” – exclama el brujo. – “Admito que me has sorprendido… Pero las fuerzas a las que te enfrentas si decides oponerte a mí te superan.”
Freezer, sin mediar palabra, dispara su rayo mortal contra Salabim, atravesando al brujo.

– “No es posible…” – titubea el Emperador sorprendido.
Salabim resulta ser una ilusión hecha de humo.

– “¡LAS CAJAS!” – exclama Freezer, furioso al ver que le han tomado el pelo.
Freezer sale volando a toda velocidad de vuelta a la nave.

– “¡¡MALDITO SEAS!!” – grita desquiciado el Emperador.

ESPECIAL DBSNL /// Emperador Freezer // Universos 3 y 5 / Parte VII: Fuente de energía

Emperador Freezer / Parte VII: Fuente de energía
“Seguro que puedo extraer mucha energía de ti…”

Freezer se encuentra cara a cara con Rildo, que se ha transformado en un gran ser metálico y musculoso, y ha revelado ser uno con el planeta.
El demonio del frío parece preocupado. Nunca se ha enfrentado a un enemigo de esta magnitud. Su contrincante es extremadamente fuerte, su energía es indetectable y tiene control absoluto sobre el terreno de combate.
El suelo se convierte repentinamente en peligrosas púas que intentan crecen intentando ensartar a Freezer, pero el Emperador huye volando, perseguido por decenas de pinchos.
El demonio se detiene en el aire y lanza un ataque de ki contra las púas, desintegrándolas, pero pronto es sorprendido por una gigantesca ola de metal que le envuelve a traición y le atrapa.
Rildo, con los brazos cruzados y actitud prepotente, se acerca a su enemigo encarcelado.

– “Ha sido muy fácil” – sonríe el planeta antropomorfo. – “Seguro que puedo extraer mucha energía de ti…”
De repente, el cascarón de metal empieza a resquebrajarse, revelando una brillante luz rosada en su interior. 
Rildo parece sorprendido ante el poder de Freezer, que termina liberándose de su cárcel de metal, envuelto en una barrera de energía fucsia y mostrando su apariencia musculosa que indica estar utilizando todo su poder.

– “Eres mucho más fuerte de lo que indicaban mis cálculos…” – dice el autómata.
Freezer sonríe.

– “Deberías actualizarlos” – responde el demonio desafiante.
Rildo se abalanza sobre Freezer e intenta golpearle, pero el demonio detiene el puñetazo protegiéndose con el dorso de ambos antebrazos.
El Emperador sale repelido, pero pronto recupera la estabilidad. 
Rildo, mientras avanza hacia el tirano, lanza un poderoso ataque de ki que la barrera de Freezer repele.
El robot intenta golpear de nuevo al Emperador, pero el demonio del frío le esquiva y conecta un puñetazo en la barbilla de Rildo, haciéndole ascender varios metros de distancia antes de detenerse.
Rildo y Freezer se miran atentamente.

– “No puedes derrotarme” – le dice Rildo.
– “He destruido muchos planetas a lo largo de mi vida” – se burla Freezer. – “Tú serás uno más.”
Ambos guerreros se abalanzan de nuevo el uno contra el otro.
En la nave, uno de los hombres del Emperador parece alarmado al recibir extrañas lecturas en su pantalla.

– “¡¿Qué ocurre?!” – pregunta Tagoma.
– “No lo entiendo…” – responde el analista. – “Estas lecturas no son posibles…”
– “¡Explícate!” – insiste Tagoma nervioso.
– “El planeta… ¡ha cambiando!” – responde el científico.
– “¡¿Qué?!” – se sorprende el soldado al mando.
– “Su comportamiento, su densidad… ¡Todo parece haberse vuelto loco! Es como si estuviera… ¡vivo!” – insiste el analista.
Freezer y Rildo siguen enzarzados en su combate. El intercambio de golpes es cada vez más brutal, y parece que es el planeta quien lleva la iniciativa. Freezer está cada vez más cansado.

Dibujado por dsp27

Finalmente, Rildo logra propinar varios golpes seguidos al tirano, que se ve superado y retrocede malherido, perdiendo su forma de máximo poder.
El planeta se siente triunfador y se prepara para asestar el golpe de gracia al tirano.

– “Esto acaba aquí” – sonríe el Rildo, que apunta al tirando con su mano mientras ésta se convierte en una masa viscosa que se prepara para envolver a Freezer.
– “¿Qué es esto?” – pregunta el tirano.
– “Te convertiré en una batería” – responde Rildo. – “Pronto podré volver a convertirme en el planeta conquistador que fui hace milenios. Volveré a viajar por el Universo absorbiendo la energía de cada planeta con el que me tope. ¡Éste será el fin de la vida biológica, que ha demostrado su continuo fracaso! ¡Repoblaré el Universo con máquinas! ¡Seré la única existencia soberana existente!”
– “Y para eso necesitas las cajas…” – murmura Freezer.
– “Me aseguraron que eran una fuente ilimitada de energía” – reconoce Rildo. – “Así que hice un trato.”
– “¿Qué clase de trato?” – insiste el Emperador.
– “Con mi ayuda tecnológica, ese tal Kamo me traería las cajas y yo me aseguraría de acabar con los saiyajín supervivientes” – responde Rildo.
– “¿Los saiyajín?” – se sorprende Freezer.
– “Si te sirve de consuelo, cumpliré mi palabra y mataré a los saiyajín” – se burla el planeta. – “Gracias a ti tendré la energía suficiente para poder abrir esas cajas y extraer todo su poder”.
De repente, el Emperador sonríe.

– “Jujuju” – ríe Freezer. – “Esta información es muy interesante.”
– “¿Qué?” – se sorprende Rildo, que se da cuenta de que ha sido engañado.
– “Pero los saiyajín… ¡SON MÍOS!” – exclama alzando su mano hacia su enemigo y atrapándole en una esfera de energía. 
Ridldo queda inmovilizado.

– “Ni tú ni nadie va a arrebatarme mi venganza” – explica Freezer. – “¡HAAAAAAA!” – grita al proyectar a su enemigo hacia el cielo. – “¡MUERE!” – exclama mientras aprieta su mano y hace que la prisión de ki estalle en mil pedazos.
Freezer desciende hasta el suelo e inca la rodilla agotado, intentando recuperar el aliento.
En ese instante, a su alrededor, el metal se eleva y toma forma, generando a cinco nuevos Rildo que le rodean.
El Emperador les contempla estupefacto, mientras ellos sonríen.

– “No puedes ganar” – dicen todos al unísono.
Freezer se pone en pie, dispuesto a seguir luchando, pero el metal que le rodea asciende por sus piernas, atrapándole.

– “Eres un ser astuto, Freezer” – admite Rildo. – “Pero la biología tiene muchas limitaciones”.
En la nave, Tagoma y sus hombres siguen investigando el planeta.

– “Algo no va bien…” – dice un soldado preocupado. – “Las constantes de Freezer han disminuido mucho”.
– “Pero, ¡nuestro señor es inmortal!” – exclama otro.
Tagoma se acerca a un gigantesco monitor holográfico que presenta un mapa térmico de la superficie del planeta que la nave ha podido escanear y lo observa atentamente. 

– “¿Qué es esto?” – pregunta señalando una pequeña anomalía térmica humeante.
– “Algún tipo de escape de vapor caliente” – responde un analista. – “En este planeta todo es artificial, así que es difícil decir algo con certeza”.
– “No me refiero a eso…” – responde Tagoma. – “Si no a lo que hay dentro”.
El analista amplia la zona y parece que un punto de menor temperatura está asentado en el centro del orificio del que sale el vapor.

– “Parece… ¡una nave!” – exclama un solado.
Tagoma se da la vuelta y se apresura hacia la escotilla.

– “¡Dadme un casco espacial!” – ordena el soldado de élite. – “¡Voy a salir!”
– “Pero, ¡señor! ¡Es peligroso!” – le dice un soldado.
– “Estad atentos a mi señal” – responde Tagoma.
Mientras tanto, el metal sigue ascendiendo por el cuerpo de Freezer. En ese instante, el tirano siente el ki de su soldado en movimiento.

– “¿Qué está haciendo?” – piensa Freezer. – “Un momento… ¡se dirige hacia el ki que noté al llegar al planeta!”
Cuatro de los cinco Rildo desaparecen fundiéndose de nuevo con el planeta, mientras el quinto sigue frente al Emperador.
Tagoma llega hasta el misterioso lugar en el que descubre un grupo de orificios gigantescos que emanan vapor como si fueran chimeneas.

– “Éste es el sitio…” – piensa Tagoma mientras desciende por uno de los agujeros.
Tras descender unos metros, descubre una extraña nave que parece hecha de chatarra.

– “¿Qué demonios…?” – se sorprende al ver tan bizarro aparato oculto en M2. 
El túnel parece seguir extendiéndose en la oscuridad. De su interior provienen extraños sonidos y susurros, como si hubiera alguien trabajando.
Tagoma se adentra en la penumbra en busca del dueño de la nave.
En la superficie, Freezer cada vez está más cerca de ser cubierto por el metal.

– “Aún te resistes…” – sonríe Rildo. – “¿Es que crees que tu soldado te ayudará?” – se burla.
Freezer se sorprende al escuchar a Rildo revelar su conocimiento sobre el paradero de Tagoma.
En el interior del túnel, dos extraños y diminutos personajes están arrancando porciones metálicas de las paredes.
Cerca de ellos, un extraño aparato reposa en el suelo emitiendo unas extrañas ondas de energía.

– “¡Tengo otra pieza, Pinot!” – exclama uno.
– “¡Eso es estupendo, Merlot!” – celebra el otro.
– “Al neutralizador le quedan catorce minutos” – dice Pinot mientras mira un contador en el misterioso dispositivo. – “Creo que deberíamos irnos ahora y no tentar a la suerte.”
– “Sí, será lo mejor” – responde Merlot.
Al darse la vuelta, los dos personajes se encuentran a Tagoma frente a ellos.

– “¿Quiénes sois vosotros?” – se extraña el soldado. – “Sois… ¿tech-tech?”
– “¡Un soldado del Imperio!” – exclama Merlot.
– “¡Idiota! ¡El planeta te habrá detectado!” – añade Pinot aterrorizado. 
– “¡Quietos!” – les amenaza Tagoma apuntándoles con la mano.
Los dos tech-tech recogen sus cosas y huyen hacia su nave, ignorando a Tagoma.

– “¡Deteneos!” – exclama Tagoma, frustrado al ver que no le hacen caso.
– “¡Huye tú también!” – exclama Merlot.
– “¡Ya debe estar cerca!” – grita Pinot.
– “¡El neutralizador!” – dice Merlot al ver que se han dejado atrás su aparato.
– “¡No ha tiempo!” – le dice Pinot agarrándole del brazo.

En ese instante, la pared del túnel empieza a tomar forma humanoide y surge Rildo.
Mientras tanto, Freezer, envuelto completamente en metal, está siendo transportado por otro autómata al núcleo del planeta
Los dos habitantes del planeta Tech-tech entran en su nave y encienden los motores. Las paredes del túnel intentan atraparles, pero al acercarse a la nave ésta emite una onda parecida a la del dispositivo portátil y el metal se torna líquido y no puede avanzar.
Tagoma lanza un ataque de ki a su enemigo e intenta escapar hacia la salida, pero las paredes del túnel se cierran frente a él y le obligan a retroceder. 
Al hacerlo, Tagoma se acerca al dispositivo y Rildo se detiene. El robot extiende su mano hacia el soldado, pero su brazo se derrite al aproximarse al aparato que han dejado los tech-tech.

– “Parece que es así como lo hacían… ¡Basura carroñera!” – exclama Rildo, que parece no ser ajeno a las incursiones de los alienígenas.
Tagoma agarra el dispositivo y lo acerca al autómata, que retrocede para evitar ser engullido por el rango de acción del aparato.

– “Tu señor ya ha caído” – dice Rildo. – “Tú tampoco lograrás salir de este planeta”.
En el núcleo, Freezer ha sido liberado parcialmente del metal. Sus manos, pies y cola siguen atrapados. El Emperador está inconsciente. Varias agujas y cables han sido insertados en su cuerpo.
La maquinaria que le rodea parece ponerse en marcha y Freezer despierta gritando de dolor.

– “Eso es…” – sonríe Rildo. – “Dame tu energía”.
La superficie del planeta empieza a moverse sinuosamente.
En la nave del Imperio, los soldados se ponen muy nerviosos.

– “¡Tenemos que salir de aquí!” – exclama uno.
– “Tenemos órdenes” – responde otro.
– “¡Si seguimos aquí moriremos!” – insiste el soldado.
– “¡Debemos esperar al señor Freezer y al señor Tagoma!” – exclama otro.
– “¡Al carajo el señ…!” – grita el soldado antes de que un ataque de ki perfore su pecho.
– “Esperaremos” – sentencia el soldado brench que acaba de entrar en la sala de mando y ha realizado el disparo.
– “Sí, señor Curd” – responden los demás soldados.
Cerca de Freezer, las dos cajas de música se encuentran en una máquina que las analiza continuamente.

En el túnel, el soldado de élite aprieta el botón de su visor “scouter”, que detecta la tenue energía de Freezer.

– “Puede que tengas razón…” – sonríe Tagoma.
De repente, el soldado se da la vuelta y echa a volar a través del túnel, haciendo que el metal se derrita a su paso.

– “¡Maldita sea!” – exclama Rildo, que enseguida se da cuenta de que el soldado está avanzando hacia el núcleo.
El autómata intenta disparar al soldado, pero Tagoma logra escabullirse.
Mientras tanto, la nave del Imperio detecta a los tech-tech.

– “¡La nave se mueve!” – exclama un soldado.
– “Tagoma aún no ha respondido” – dice Curd. – “Tendremos que esperar”.
El soldado del Imperio llega hasta el núcleo del planeta, donde se encuentra a su señor siendo torturado.

– “Señor Freezer…” – titubea el fiel soldado al ver al Emperador en tan deplorables condiciones.
En ese instante, ambos son rodeados por múltiples Rildo, que se preparan para lanzarles un ataque de ki.

– “Última oportunidad”– le dice el robot. – “Deja a tu señor y abandona el planeta, o ambos moriréis aquí y ahora”.
Tagoma se siente acorralado. Sabe que no puede enfrentarse a un enemigo así. Sus opciones son limitadas, y sabe que, aún aceptando el trato, Rildo podría matarle de todas formas.
En ese momento, el soldado se fija en las cajas de música. El objeto de deseo del Emperador.
Tagoma envuelve su mano derecha en ki. Parece listo para luchar hasta el final.
Rildo se pone serio.

– “Así que eliges morir…” – dice el robot decepcionado.
Pero Tagoma sorprende a Rildo con su siguiente movimiento. El soldado ataca a su señor, desintegrando su débil cuerpo.
El autómata se queda sin palabras. Nunca se habría esperado que Tagoma matara al Emperador.

– “¡Mi fuente de energía!” – lamenta Rildo.
El autómata dispara a Tagoma, pero el ataque es repelido por una onda de ki fucsia.

– “Pero, ¿cómo es posible…?” – titubea Rildo.
Freezer se encuentra en perfectas condiciones y ha protegido a su soldado.

– “Coge las cajas y ve a la nave” – le dice el demonio del frío.
– “Pero solo contamos con un dispositivo…” – dice Tagoma, mostrándole el aparato de los tech-tech.
El Emperador sonríe confiado.

– “No lo necesitaré” – responde el demonio, que en un instante toma su forma de máximo poder.
Tagoma corre hacia las cajas y las agarra.
Uno de los Rildo se prepara para atacarle.

– “¡No te dejaré huir con ellas!” – grita furioso.
Freezer alza ambas manos.

– “¡HAAAAAAAA!” – grita el Emperador con fuerza, haciendo que la sala estalle.
Tagoma vuela por los túneles a toda velocidad, escapando del fuego que le persigue.
Finalmente, el soldado logra huir y se dirige hacia la nave.
Cientos grietas humeantes han aparecido en la superficie del planeta, y por una de ellas aparece Freezer, que escapa hacia su nave.

El metal de la superficie forma una montaña que pronto toma forma de un gigantesco Rildo que se aproxima al tirano.
El demonio del frío sabe que no tiene fuerza suficiente para enfrentarse a este enemigo.
Tagoma ha llegado a la nave y se quita el casco. En ese momento, el dispositivo emite un extraño pitido que indica que se ha quedado sin energía.

– “Maldición…” – lamenta Tagoma. – “Guardad las cajas en un lugar seguro” – dice entregándolas a otro soldado.
– “¡El señor Freezer se acerca!” – exclama un analiza.
– “¡Preparaos para escapar! ¡Motores al máximo!” – ordena Tagoma. – “¡Abrid la escotilla!”
Freezer se acerca a su nave mientras dispara a discreción a Rildo. 
La nave ha empezado a moverse cuando el tirano llega hasta ella y entra de forma precipitada.

– “¡NOOOOOO!” – grita Rildo al ver como su oportunidad de recuperar su época de esplendor se escurre entre sus dedos.
La nave del Impero se escabulle rápidamente y pronto sale del alcance de Rildo.

– “¡Deteneos!” – ordena Freezer. – “¡Detened la nave!”
Tagoma se acerca a Freezer. Teme que la ira le ciegue.

– “Señor Freezer, tenemos las cajas.” – dice el soldado. – “Deberíamos…”
– “Rildo es un enemigo peligroso” – le interrumpe el demonio. – “Ya he visto de qué es capaz sin energía… Si algún día consiguiera una fuente de energía, sería imparable. No puedo permitir que eso ocurra.”
– “¿Y qué vamos a hacer?” – pregunta Tagoma.
Freezer mira por la escotilla y observa un cinturón de asteroides cercano.

– “M2 se ha quedado sin energía porque está en mitad de la nada” – reflexiona el tirano. – “Se encuentra a una distancia considerable de cualquier fuente de energía. Debemos asegurarnos de que siga así”.
– “Podemos montar un escuadrón de vigilancia continua” – dice Tagoma. – “Podemos asegurar un perímetro y así…”
– “No.” – le interrumpe Freezer. – “Cualquier error podría hacer que alguna de las naves cayera en sus manos.”
– “No se me ocurre nada más, señor…” – dice Tagoma.
– “La única energía que recibe ahora es la tenue luz de esa estrella lejana” – dice Freezer contemplándola. – “Le negaremos esa luz” – sonríe.
El tirano abandona la nave y se acerca al cinturón de asteroides. Freezer adopta de nuevo su forma de máximo poder y extiende sus manos hacia las gigantescas rocas, que empiezan a responder a su poder telequinético.
Los hombres del Imperio observan desde la nave a su señor exhibir un poder nunca visto antes.

– “Impresionante…” – dice Tagoma.
– “Parece un Dios…” – murmura Curd.
Freezer logra cambiar la órbita del cinturón de asteroides e interponerlo entre la luz de la estrella y el planeta M2.
Rildo observa desde M2 como la oscuridad se cierne sobre su hogar.
El demonio del frío agota sus energías realizando esa maniobra y pierde su transformación, quedando suspendido en el espacio.
Varios de sus hombres salen de la nave con trajes espaciales para rescatar al Emperador y le devuelven a la nave.

– “¡Llevadle a la sala de curación!” – exclama Curd.
Horas después, Freezer se encuentra suspendido en el líquido verdoso de la cámara de regeneración. Tagoma le observa a través del cristal junto a uno de los doctores.

– “Es increíble lo que puede aguantar un demonio del frío…” – murmura el médico examinando los datos que muestra una pantalla. – “Tienen un cuerpo privilegiado.”
Tagoma mira atentamente a su señor.

– “Es un cuerpo impresionante…” – murmura el soldado.
Durante un instante, Tagoma siente la llamada natural de su biología, que le pide ocupar el cuerpo de mayor poder a su alcance. Se había sentido de esa forma muchas veces con Cooler, pero su amistad le obligaba a controlarse. Pero con Freezer era distinto. Tagoma había seguido a Freezer en busca de un momento como este, pero poco a poco había aprendido a admirar al nuevo Emperador, que había demostrado ser un guerrero digno de su lealtad.
De repente, una alarma suena en la nave.

– “¿Qué sucede?” – pregunta Tagoma, saliendo de su trance.
– “¡Tenemos intrusos!” – exclama un soldado.
Tagoma corre por los pasillos de la nave, en los que se encuentra a Curd, y ambos continúan hasta llegar al lugar de origen de la alerta. La compuerta se abre y revela a los dos alienígenas tech-tech, que han acoplado su nave a la del Imperio y han perforado su casco para llegar a la cámara de seguridad.

– “¡Date prisa, Merlot!” – grita Pinot.
Merlot agarra las cajas de música y corre hacia su nave, que ya está cargada con material robado y en la que se encuentra su compañero, listo para partir.

– “¡Maldita sea!” – grita Curd, que apunta a los intrusos con su mano, pero Tagoma evita que el brench dispare.
– “Cuida mi cuerpo” – le dice Tagoma.
– “¿De qué estas…?” – responde Curd.
– “¡CHANGE!” – grita Tagoma, que emite una extraña luz que choca contra Merlot, derribándole.
Las compuertas de la nave tech-tech se cierran tras Merlot. Pinot desengancha la nave, causando la despresurización de la sala y haciendo que varios soldados de Freezer se pierdan en el espacio.
Tagoma empieza a actuar de forma extraña.

– “¿Qué ha pasado?” – dice el soldado de élite. – “¿Por qué estoy aquí?”
– “¿Tagoma?” – se extraña Curd.
– “¡No os acerquéis!” – grita Tagoma.
Curd dispara a Tagoma, noqueándole.

– “Confío en ti” – murmura Curd.
En la nave tech-tech, Pinot suelta los mandos y se acerca a su compañero.

– “¿Estás bien?” – le pregunta al verle tirando en el suelo.
Merlot se pone en pie. 

– “Estoy bien…” – responde el tech-tech.
– “Me habías asustado” – sonríe Pinot.
– “Hemos escapado por los pelos” – dice Merlot.
– “Pero tenemos nuestra recompensa” – celebra Pinot. – “Ahora ya no es seguro volver a M2, así que tendremos que encontrar otro modo de conseguir piezas… y todo es culpa del Imperio.”
– “Seguro que nos darán algo por esas cajas” – dice Merlot.
– “No sé qué diablos son” – responde Pinot. – “Pero parecen valiosas”.
– “¿Crees que es por lo que el Imperio estaba en M2?” – pregunta Merlot.
– “Puede que esté relacionado con el tsufur” – responde Pinot.
– “¿El tsufur?” – pregunta Merlot.
– “Esa nave que vimos llegar a M2 hace unos meses” – responde el tech-tech algo confuso. – “¿Es que el golpe te ha afectado la memoria?” – se burla Pinot.
– “Estoy un poco mareado…” – responde Merlot. – “Deberíamos investigar esa nave”.
– “Ya lo hicimos…” – responde Pinot, que mira cada vez de forma más extraña a su compañero.
– “Eso está bien…” – sonríe Merlot. – “El señor Freezer lo agradecerá”.

Pinot se gira lentamente hacia su compañero, confuso y con terror en su mirada al escucharle.
En la nave del Imperio, Freezer sigue recuperándose. Tagoma sigue inconsciente.
Curd supervisa la sala de mando cuando, de repente, uno de los soldados anuncia que una nave se acerca a ellos.

– “¡Es la nave tech-tech!” – exclama el soldado. – “¿La derribamos?”
– “¡Un momento!” – grita otro. – “Está pidiendo permiso para aterrizar… ¡y conoce nuestros códigos!”
Curd sonríe al empezar a comprender lo ocurrido. 

– “Concededle acceso” – responde el brench.
La nave aterriza en un hangar y los hombres de Freezer la rodean.
Merlot baja de la nave arrastrando el cuerpo sin vida de Pinot.

– “La nave tiene información importante” – anuncia el tech-tech. – “Que un equipo la analice. Quiero saberlo todo sobre una nave tsufur que estuvo en M2 hace meses.”
Los soldados parecen confusos al recibir órdenes de un extraño.

– “Ya le habéis oído” – dice Curd, haciendo que todos se pongan en marcha.
– “Espero que mi cuerpo siga en perfectas condiciones…” – sonríe Tagoma.
– “Está un poco magullado” – se burla el brench.
En unas horas, Tagoma ha recuperado su cuerpo y Freezer ya se encuentra pletórico. Ambos se encuentran en la sala de mando.

– “Has actuado bien, Tagoma” – le congratula Freezer. – “Has demostrado ser mi mejor solado. Entiendo que mi hermano te tuviera tanto aprecio.”
– “Gracias, señor” – responde Tagoma.
– “Tus habilidades son extraordinarias…” – sonríe el Emperador. – “Me recuerdas al Capitán de mis Fuerzas Especiales.”
– “Ginyu era un aficionado” – fanfarronea Tagoma.
Curd irrumpe en la sala con información que transmitir.

– “Hemos analizado las cajas, pero no parece que haya ningún modo de abrirlas” – anuncia Curd.
– “Supongo que están cerradas con algún tipo de magia…” – murmura Freezer.
– “¿Alguna novedad sobre la nave tsufur?” – pregunta Tagoma.
– “Seguimos investigando, señor” – responde Curd.
– “Me cuesta creer que aún quede algún tsufur con vida…” – murmura Tagoma.
– “Rildo mencionó a un tipo llamado Kamo que le trajo las cajas y le pidió a cambio la muerte de los saiyajín.” – dice Freezer. – “Todo parece indicar que al menos queda uno con vida.”
– “Le encontraremos, señor” – dice Curd.

Un soldado se acerca al Emperador.

– “¿A dónde vamos, señor?” – le pregunta al tirano.
– “¿Alguna sugerencia, Tagoma?” – pregunta Freezer.
– “Si las cajas están cerradas con magia, solo se me ocurre un individuo al que podríamos acudir…” – dice el soldado.
– “Hace años que el Imperio no recurre a magos y charlatanes” – responde Freezer, algo molesto.
– “Su hermano le visitaba cada vez con más asiduidad” – explica Tagoma.
– “¿Con qué motivo?” – se extraña el Emperador.
– “Nunca quiso decírmelo” – responde Tagoma.
– “¿En qué estabas metido, Cooler?” – murmura el tirano. – “¡Está bien!” – anuncia en voz alta. – “Visitaremos a Salabim”.