ESPECIAL DBSNL /// El saiyajín olvidado // Universos 3 y 5 / Parte II: Duelo

El saiyajín olvidado / Parte II: Duelo

“Os habéis entrometido en los negocios de Don Kee”



En el planeta Babarian, Zauyogi sale apresuradamente de la nave de Turles para alertar a sus compañeros, Razin y Lakasei, que siguen esperando en el tejado del aparato

– “¡Es una trampa!” – grita el extraterrestre. – “¡Los imeg…!”

En ese instante, una lanza atraviesa su torso y se inserta en el suelo, dejándolo ensartado.

Ledgic desciende a su lado. Razin y Lacasei se ponen en guardia.

El guardaespaldas de Don Kee mira a los dos soldados sin decir nada.

Razin y Lakasei se abalanzan sobre el enemigo, pero Ledgic esquiva al primero e intercepta al segundo sin dificultad, propinándole un rodillazo en el abdomen y con codazo en la espalda.

Razin intenta reaccionar, pero antes de que pueda hacerlo recibe un puñetazo en el rostro que lo lanza contra el suelo a varios metros de distancia.

Lakasei se levanta e intenta atacar a Ledgic por la espalda, pero el soldado de Imegga lo esquiva con una voltereta y le propina una patada en la nuca que lo lanza directo contra su hermano.

Ledgic dispara un ataque de ki contra los beenz para rematarlos, pero algo intercepta el ataque. Turles se ha interpuesto en su camino y ha golpeado la esfera de energía con el dorso de su puño.

De repente, una lluvia de fuego se precipita sobre Ledgic, que se ve obligado a retroceder. Es un ataque de Cacao.

Dos nuevos ataques de energía caen sobre el imegga, que se ve obligado a cubrirse para paliar el daño. Una gran explosión tiene lugar. Daiz y Almond se han unido al combate.

Los tres hombres de Turles descienden junto a su líder.

La polvareda se disipa lentamente y revela a Ledgic intacto.

Una media sonrisa se dibuja en el rostro del saiyajín.

– “Eres fuerte…” – dice Turles. – “¿Quién eres?”

Ledgic se sacude el polvo de su ropa con una inquietante calma.

– “Os habéis entrometido en los negocios de Don Kee” – dice el imegga.

– “¿Don Kee?” – se extraña el saiyajín, que conoce su trato con Cooler.

Ledgic desenfunda dos sables.

– “Ahora moriréis.” – sentencia el guerrero.

Los hombres de Turles se preparan para pelear, pero el saiyajín alza su mano.

– “Es mío.” – advierte a sus soldados mientras da un paso al frente. – “Me apetece hacer ejercicio.”

Ledgic y Turles se abalanzan el uno contra el otro a toda velocidad. 

El imegga intenta rebanar la cabeza del saiyajín con un espadazo, pero éste esquiva el golpe agachándose.

Turles intenta contraatacar con un puñetazo, pero en el último instante se ve obligado a cambiar de acción y detener un segundo espadazo de la otra arma del imegga que caía sobre él.

Ledgic intenta sorprender al saiyajín con una patada, pero Turles la detiene.

Los dos retroceden y sonríen. Hacía tiempo que no encontraban a un adversario de tan alto nivel.

Los hombres de Turles observan el duelo con interés.

– “Ese tipo es realmente fuerte…” – murmura Almond. – “¡Casi tanto como Turles!”

– “Ninguno está luchando en serio…” – dice Daiz. – “Esto va a ser interesante.”

El saiyajín alza su mano y dispara un poderoso ataque de ki contra Ledgic.

El imegga salta por los aires para esquivar el ataque, pero resulta que el saiyajín ya le espera en el cielo y le propuna un golpe en la espalda con sus manos unidas unidas formando un puño y lo lanza contra el suelo.

Ledgic, tras dar unas cuantas volteretas en el aire, frena su caída y se estabiliza antes de llegar al suelo, pero en ese instante se da cuenta de que una ráfaga de ki se precipita sobre él.

Turles está disparando a discreción sobre el imegga. 

Ledgic desvía y repele varios ataques con sus espadas, pero pronto sucumbe ante la insistente acometida del saiyajín.

Tras unos segundos, Turles detiene sus ataques y sonríe, creyéndose vencedor.

En ese instante, de la humareda brotan cinco misiles de ki rojo que sorprenden a Turles. El saiyajín se cubre para intentar protegerse de las explosiones. 

Almond se preocupa por su líder.

– “¡TURLES!” – exclama en soldado de Nuts.

Envuelto en la polvareda, el saiyajín, cuya armadura se ha roto parcialmente, dejando al descubierto su hombro y pectoral derechos, busca al enemigo entre las sombras.

Ledgic aparece a su espalda, espada en mano, también con la parte superior de su ropa destrozada, y propina un sablazo al saiyajín, que se da la vuelta rápidamente y detiene el ataque con su antebrazo. 

La espada de Ledgic se inserta en el guantelete de Turles y alcanza su piel. Una gota de sangre recorre el brazo del saiyajín. 

Los dos guerreros extienden su mano libre y disparan un poderoso ataque de ki. El ataque de Ledgic es de un color rojo intenso, y el de Turles emite un brillo morado. 

La explosión en cielo repele a los dos guerreros.

Turles cae de pie, pero durante un breve instante muestra signos de fatiga que alertan a sus hombres.

– “¡Turles!” – exclama Razin. – “¿Necesitas ayuda?”

– “No” – responde el saiyajín. – “Manteneos al margen.”

– “Claro que no necesita ayuda” – corrige Lakasei a su hermano. – “Esto no es nada para él.”

Daiz mira al saiyajín con preocupación.

– “No seas idiota, Turles…” – piensa el kabocha, que se da cuenta de que algo no va bien.

Turles se pone en guardia, listo para continuar.

La polvareda de la explosión ha caído frente a él como una cortina de humo, que con el tiempo se vuelve más y más fina, hasta que revela la silueta de Ledgic al otro lado.

El guerrero de Imegga se encuentra en perfecto estado, a pesar de tener la ropa rota, y se sacude el polvo con desdén. Ha perdido su espada.

– “No está mal para un saiyajín.” – dice Ledgic.

A Turles le llama la atención que su rival haya reconocido su raza.

– “Creía que ya no quedaba ninguno con vida.” – añade el enemigo.

– “Has tenido la mala suerte de toparte con el último.” – sonríe Turles.

Ledgic desaparece de la vista de Turles, avanzando hacia él a una velocidad supersónica, y propina un golpe en el pecho al saiyajín que hace estallar la armadura en mil pedazos.

Turles y sus hombres se quedan sin palabras. El saiyajín se queda sin aliento con el golpe.

Ledgic continúa su acometida con una tormenta de puñetazos y patadas que dejan al saiyajín tirado en el suelo, malherido. Ninguno de los presentes esperaba que el guerrero ocultara tan inmenso poder.

– “Se acabó el combate.” – dice el imegga. – “Esperaba más del último saiyajín.” – añade con desprecio. 

Ledgic alza su mano, listo para eliminar a Turles, pero el saiyajín intenta ponerse en pie.

– “El orgullo no siempre es bueno.” – dice Ledgic. – “Será menos doloroso si dejas de pelear. No te levantes.”

– “Los saiyajín… no nos rendimos…” – gruñe Turles.

– “Como quieras.” – sentencia el imegga, que concentra su ki en la mano.

De repente, los hombres de Turles cargan sobre Ledgic.

Cacao abre las compuertas de su armadura y emite un flash de luz que ciega al imegga, que es sorprendido al instante con una carga con el hombro de Daiz que lo repele, para después recibir el impacto directo de una esfera de ki morada creada por Lakasei.

Mientras tanto, Almond ha agarrado al malherido Turles y lo ha llevado a la nave, acompañado por Razin.

– “¿Qué hacéis?” – dice un molesto saiyajín.

– “Salvarte la vida.” – responde Almond.

Razin pone la nave en marcha.

Daiz, Cacao y Lakasei vuelan hacia ella mientras ésta ya se eleva y suben abordo.

– “¡Vámonos ya!” – exclama el kabocha.

– “¡Vamos! ¡Vamos!” – insiste Almond.

Razin teclea en el tablero de comandos, y Lakasei se une a él.

En un instante la nave desaparece en el cielo.

Ledgic se ha quedado en la superficie de Babarian contemplando en silencio la huida de su rival.

La nave imegga que le había traído aterriza cerca de él, que pronto sube a bordo.

– “¿Qué ha ocurrido, señor?” – dice un solado. – “¿Les perseguimos?”

– “¿Les habéis colocado el rastreador?” – pregunta Ledgic.

– “Por supuesto, señor.” – responde el soldado.

– “Bien.” – dice Ledgic. – “Volvamos a Imegga. Monitorizaremos sus movimientos y les arrebataremos el fruto cuando ya lo hayan encontrado.”

– “¿Y nuestro informador?” – pregunta el hombre de Don Kee. – “¿No deberíamos rescatarlo?”

– “Estará muerto en unas horas.” – dice Ledgic. – “Ya no podemos hacer nada por él.”

En la nave de Turles, el saiyajín se encuentra tumbado en su cama, seminconsciente. Cacao intenta aplicarle un ungüento sobre las heridas.

– “¿Qué haremos ahora?” – pregunta Lakasei.

– “Interrogaremos de nuevo a Furog.” – dice Daiz.

En la celda de la bodega, Almond cierra la puerta tras él. Furog lo mira aterrorizado.

– “Esta vez, nada de juegos” – dice el Nuts.

– “Hablaré… ¡Hablaré!” – dice el Patrullero.

– “De eso estoy seguro.” – dice Almond, antes de propinarle un puñetazo en la cara.

ESPECIAL DBSNL /// El saiyajín olvidado // Universos 3 y 5 / Parte I: Babarian

El saiyajín olvidado / Parte I: Babarian

“Esto no me gusta…”

 


La nave de Turles, de ingeniería ikondana, se aleja de un asteroide cerca del planeta Wagashi. 

Los gemelos beenz, llamados Rasin y Lakasei, pilotan el vehículo aeroespacial. 

Detrás de la cabina, Turles se encuentra tumbado en una hamaca intentando dormir. A su lado, Daiz usa el reflejo metálico de una de las paredes de la nave para repasar el lateral afeitado de su cabeza con una navaja.

En la bodega, Cacao se encuentra en un pequeño taller improvisado haciendo unos retoques a su armadura de alta tecnología.

Zauyogi barre el suelo de la bodega.


Cerca de allí, una celda se encuentra cerrada.

En su interior, Almond propina un puñetazo a un agente de la Patrulla Galáctica que está esposado con las manos en la espalda y arrodillado. El patrullero, un guerrero con aspecto de rana humanoide, cae al suelo. Su rostro está deformado por la paliza que ha recibido.

– “Agente Furog…” – dice el hombre de Turles, amenazante. – “Solo tiene que decirnos lo que queremos saber…”

Almond patea el estómago del agente.

Tras unos minutos más de tortura, el soldado sube a la cabina para informar a sus compañeros.

– “Babarian” – sonríe Almond.

Turles reafirma la orden y la nave pone rumbo al peligroso planeta.

El saiyajínn aprieta un botón de su scouter y comunica los avances a Tagoma.

– “Nos dirigimos a Babarian.” – dice el saiyajín. – “Parece que podría haber una nueva pisa allí.”

– “Recibido.” – responde Tagoma. – “Informaré al señor Cooler.”

Tras varias horas de viaje, Turles y su pelotón han aterrizado en el planeta Babarian. 

El planeta tiene una densidad de población muy baja. Sus habitantes son bárbaros con forma de dinosaurio antropomorfo y están divididos en pequeñas tribus rivales unas de otras. Hay poco alimento, así que son caníbales. 

El saiyajín, acompañado por Almond, Cacao y Daiz, se dirige a una aldea cercana que detectan gracias a sus scouter. Rasin, Lakasei y Zauyogi se han quedado en la nave para protegerla y custodiar al prisionero.

Los gemelos han subido encima de la nave y observan a sus compañeros alejarse en el horizonte, mientras Zauyogi se encuentra en el camarote, haciendo las camas de sus compañeros.

En unos minutos, los soldados aterrizan en el centro de la aldea, llamando la atención de los babarios presentes.

– “¡GRAAAAAAH!” – ruge uno, de forma amenazante, mientras alza un gran garrote.

Un grupo de aldeanos rodea a los forasteros.

Turles sonríe

– “Creo que no sacaremos nada interrogándoles.” – dice el saiyajín. – “No parecen muy listos.”

– “Recibido.” – responde Almond. – “Son tuyos, Cacao” – añade.

Cacao asiente y se eleva sobre la aldea. Varios compartimentos de su avanzada armadura se abren, revelando unos orificios desde los que nacen varias docenas de misiles que llueven sobre los aldeanos.

Tras un instante, una nube de humo rodea al grupo de soldados de Cooler.

De repente, un babario sale de la polvareda y se prepara para propinar un mazazo a Turles pero, antes de que pueda hacerlo, el saiyajín alza su mano y proyecta un ataque de ki que desintegra el bárbaro.

Cacao aterriza junto a Almond y Daiz.

– “¡Te habías dejado uno!” – le recrimina Almond.

– “No pasa nada.” – dice Turles. – “Centrémonos en buscar la semilla.”

En la nave, Zauyogi ahora barre de nuevo la bodega, cuando escucha a Furog lamentarse.

– “Pagaréis… Pagaréis por esto…” – dice el patrullero.

Zauyogi lo ignora y sigue con su tarea.

Turles y sus hombres no han encontrado nada en la aldea.

– “Vamos a la siguiente.” – dice Almond.

– “Esto no me gusta…” – murmura Daiz.

– “¿Qué te ocurre?” – pregunta Turles.

– “Esta gente es incapaz de ocultar nada.” – responde el príncipe de Kabocha. – “¿Quién les confiará algo tan importante como la semilla del Árbol Sagrado?”

– “Puede que no debamos buscar aldeas…” – reflexiona Turles.

– “No me fío…” – insiste Daiz.

– “El patrullero dijo que la semilla estaba aquí.” – dice Almond, que se pone a la defensiva. – “Le di tal paliza que no se atrevería a mentir.”

De repente, Turles siente una extraña sensación.

– “Algo va mal.” – dice el saiyajín, que clava su mirada en el horizonte.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta Daiz.

– “Alguien se acerca.” – dice Turles.

Diaz activa su scouter.

– “Mi scouter no detecta nada…” – dice Daiz.

– “El mío tampoco.” – añade Almond.


El saiyajín sigue con su mirada fija en el horizonte.

En la nave, Furog sigue lamentándose.

– “Es vuestro fin…” – dice el malherido agente.

– “Estamos lejos de la jurisdicción de la Patrulla Galáctica” – dice Zauyogi, harto de escuchar al prisionero. – “No van a venir a por ti.”

– “No son ellos los que pagaron por la información que poseo…” – sonríe Furog.

– “¿Qué?” – se sorprende el hombre de Turles.

Mientras tanto, cerca del lugar en el que han aterrizado los hombres de Cooler, una nave imegga sobrevuela la zona a una distancia prudencial.

– “Ya hemos llegado, señor Ledgic” – dice el piloto.