ESPECIAL DBSNL /// El que vio // Universos 1, 2, 3, 4, 5, 6 y 7 / Parte II: Zeno

El que vio // Parte II: Zeno
“La oscuridad te consumirá para el resto de la eternidad.” 

El Dai Kaioshin y el Hakaishin se han reunido con los supervivientes de Konats en la plaza de la ciudad. Los representantes del pueblo rodean a los Dioses para escuchar sus peticiones. 

Un joven ira-aru aparece de la nada al lado del Dios. En sus manos lleva una gran espada.

– “Está todo listo.” – dice el recién llegado.

– “Gracias, Toshisei” – responde el Dai Kaioshin. – “Siento las molestias… No he podido sellar la esencia del monstruo por completo…”

El cuerpo del Dios tiembla. La oscuridad que contiene en su interior, el monstruo Hildegarn, lucha por salir.

El joven ofrece la espada al Dios, pero éste la rechaza.

– “Tendrás que hacerlo tú” – fuerza una sonrisa el Dai Kaioshin.

– “Si esas son sus órdenes…” – agacha la cabeza el ira-aru solemnemente.

Mientras tanto, Kawa sale tambaleándose de la gruta. Sus ojos están abiertos como platos, incrédulo ante lo que acaba de ver; un mortal ha derrotado a los Dioses.

Ramushi siente la energía de su pupilo y se teletransporta a su lado.

– “Kawa…” – dice asustado al ver el estado del gotokoneko. – “¿Y los Kaioshin?” – pregunta.

El aprendiz sigue en silencio.

– “Kawa… ¡Respóndeme!” – insiste Ramushi.

Al salir de la cueva, Kawa siente que sus fuerzas se recuperan lentamente.

– “Asesinados…” – revela el gotokoneko. – “…por un mortal.”

– “¿Qué?” – se sorprende el Dios de la Destrucción.

– “Jamás había visto un poder como ese…” – gruñe Kawa. – “Nos doblegó a su voluntad… No pudimos hacer nada…”

– “¿Y dónde está ese mortal?” – pregunta el Hakaishin.

Mientras tanto, en el planeta de Zeno, el pequeño Dios del Todo se encuentra sentado en su trono cuando siente una presencia que le perturba.

En la sala contigua, el brujo encapuchado ha aparecido de la nada.

– “¿Dónde estoy?” – se pregunta el hechicero. – “¿Es este el mundo real?”

El brujo ve unas puertas gigantescas frente a él y se aproxima a ellas. Tras examinarlas, decide empujarlas para abrirlas.

Las puertas chirrían mientras se abren y revelan la sala del trono, donde el Dios del Todo le espera.

– “¿Qué hace un mortal aquí?” – pregunta el Dios.

– “Tú…” – dice asombrado el brujo. – “Eres… ¿Qué significa esto?”

El Dios no responde.

– “Pero… No puede ser…” – titubea el hechicero. – “Es… un niño…”

Zeno se pone en pie y levita para acercarse al brujo hasta quedarse a unos pocos metros de él.

– “Cuida tus palabras, mortal.” – le amenaza el Dios del Todo. – “¿Quién eres?”

– “Me llamo Moro” – se presenta el hechicero.

– “¿A qué has venido?” – pregunta Zeno.

– “Busco respuestas.” – revela el brujo. – “¿Por qué existo? ¿Cuál es el propósito de nuestro mundo? ¿Por qué nos creaste?”

– “No necesito una razón.” – responde el Dios del Todo.

– “¡¿Cómo?!” – se sorprende Moro.

Zeno da la espalda al brujo, ofendiendéndolo.

– “He logrado llegar hasta aquí…” – gruñe el hechicero. – “¡Estoy cara a cara contigo! ¡En tu plano de existencia! ¡Exijo respuestas!”

El Dios del Todo se da la vuelta y clava una mirada de desprecio en el brujo.

– “Eres solo una serpiente que ha salido del terrario.” – dice Zeno.

Los dientes de Moro rechinan. El brujo aprieta los puños con rabia.

– “¿Cómo te atreves…?” – protesta Moro.

– “Un mortal no merece respuestas.” – dice Zeno. – “Ni yo necesito razones.”

Una extraña oscuridad empieza a rodear a Moro como un torbellino de tinieblas.

– “No he llegado hasta aquí para nada…” – amenaza el brujo.

Zeno observa las sombras que nacen de su adversario.

– “¿Qué poder es este?” – murmura el Dios.

– “Es el rencor de tu creación” – responde Moro.

Zeno frunce el ceño, preocupado por lo que está presenciando.

Mientras tanto, en Konats, el Dai Kaioshin ha imbuido el mandoble con su propia técnica de sellado.

– “En caso de que Hildegarn regrese, esto debería detenerle.” – explica el Dios.

El Dai Kaioshin hinca la rodilla, agotado.

Toshisei entrega la espada a los sabios de Konats.

Ramushi y Kawa han regresado a la plaza. Ahora es el Hakaishin quien imbuye dos pequeños instrumentos musicales con su técnica sonora.

– “Esto os ayudará.” – dice el Dios. – “Os dejo una parte de mi poder en estas ocarinas.”

Toshisei es de nuevo quien recoge los instrumentos y los entrega a los sabios.

La gente de Konats agradece los obsequios con una reverencia. Kawa sigue ensimismado, absorto en sus pensamientos.

El Dai Kaioshin fuerza una sonrisa.

– “Es el momento, Ramushi.” – dice el Dios.

– “¿Estás seguro?” – pregunta el Hakaishin.

– “No hay otra opción.” – responde el Kaioshin.

El Hakaishin se coloca frente al Dios.

– “Has salvado a esta gente.” – sentencia el paquidermo.

El Dai Kaioshin mira de reojo a Toshisei.

– “Dejo en tus manos el futuro de los Kaioshin” – dice el Dios.

Toshisei asiente.

Ramushi apunta al Dios protector con la mano derecha.

– “Hakai” – sentencia el Dios de la Destrucción solemnemente.

En el planeta de Zeno, Moro invoca poderes que el mismísimo Dios del Todo desconoce.

– “Mi poder es la respuesta a su desidia.” – gruñe el brujo.

– “No debería existir un poder como ese…” – piensa Zeno. – “El ki divino es puro.”

– “Toda luz genera sombras.” – sonríe Moro. – “¡Soy la encarnación de esa oscuridad!”

La mirada de Zeno se torna severa.

Moro se abalanza sobre el Dios con su mano derecha en alto.

– “Desaparece” – sentencia Zeno.

El brujo es sacudido por una corriente de aire que le frena.

Los dos adversarios se quedan perplejos ante lo ocurrido.

– “¿Qué?” – se preguntan los dos.

Moro observa sus manos atentamente.

– “Ja… jaja… jajaja… ¡JAJAJAJA!” – estalla en una sonora carcajada.

Una gota de sudor recorre la sien de Zeno.

– “¡No puedes detenerme!” – celebra Moro. 

Zeno alza su mano hacia el cielo y un estallido de luz inunda el lugar.

– “¿Qué haces?” – pregunta Moro, confuso.

– “Dejaré que te pudras en tu odio.” – sentencia Zeno.

– “¿Cómo dices?” – se extraña el brujo.

– “La oscuridad te consumirá para el resto de la eternidad.” – dice el Dios. – “Encerrado en este mundo. Tu propio reino de tinieblas.”

Zeno se eleva lentamente.

– “¡¿Intentas escapar?!” – gruñe el brujo.

De repente, los pies del brujo quedan atrapados en hielo.

– “¡¿QUÉ?!” – se asusta Moro. – “¡¿QUÉ ES ESTO?!”

El hielo se extiende por las piernas de Moro. Zeno sigue elevándose.

– “¡¡MALDITO SEAS!!” – grita el brujo. – “¡COBARDE!”

El Dios del Todo desaparece.

Los días pasan y, en el Planeta Sagrado de los Kaioshin, Toshisei presenta a Ramushi y Kawa a los nuevos Dioses

– “Bienvenidos, Kaioshin.” – saluda el Hakaishin.

– “Son débiles.” – gruñe Kawa.

– “¿Qué has dicho?” – protesta Ramushi.

De repente, un nuevo personaje aparece en el cielo del planeta y desciende hasta el suelo.

– “¿Quién es?” – se preguntan los Kaioshin.

El joven personaje de piel celeste, ojos grises y cabello blanco sonríe.

– “Vengo en nombre del señor Zeno.” – revela el ángel. – “Soy el Daishinkan.”

– “¿Sumo Sacerdote?” – frunce el ceño Ramushi.

Kawa aprieta sus puños con rabia.

– “Es una trampa…” – gruñe el aprendiz de Hakaishin. – “¡¡Seguro que es un truco del brujo!!” – exclama.

El gotokoneko se abalanza sobre el Daishinkan.

– “¡¡DETENTE, KAWA!!” – exclama Ramushi.

Un golpe de vara en la frente del felino lo remite de nuevo al suelo.

– “Veo que los ánimos están caldeados…” – sonríe el ángel.

Zeno aparece junto a su consejero.

– “El Daishinkan habla en mi nombre.” – revela Zeno. 

Todos los presentes se quedan asombrados al ver al Dios del Todo.

– “¡Señor Zeno!” – exclaman al unísono antes de arrodillarse.

– “Los eventos recientes han revelado que la creación necesita una mejor supervisión.” – explica el Dios. – “El ángel os ayudará en vuestro cometido.”

– “¿Y el brujo?” – pregunta un magullado Kawa.

– “El señor Zeno se ha encargado del mortal” – responde el Daishinkan.

Los Dioses aceptan las ordenes de Zeno sin rechistar.

En la cárcel de Moro, el brujo se encuentra encerrado en un pilar de hielo. Las sombras se filtran a través de finas grietas y se expanden por la superficie del planeta, corrompiendo todo lo que encuentran a su paso.

ESPECIAL DBSNL /// El que vio // Universos 1, 2, 3, 4, 5, 6 y 7 / Parte I: El brujo y su monstruo

El que vio // Parte I: El brujo y su monstruo

“Vuestros sacrificios liberarán este mundo.” 

Esta historia ocurrió hace mucho tiempo; antes de que el primer ángel naciera.

En el planeta Konats, un gigantesco monstruo con una larga cola destruye todo lo que encuentra a su paso. Su aliento de fuego inunda las calles de la ciudad, aniquilando a sus habitantes, que corren despavoridos buscando cobijo.

En el Planeta Sagrado, los Kaioshin observan lo ocurrido con sus ojos divinos.

– “¿Eso es una creación de los mortales?” – pregunta el Kaioshin del Norte.

– “Es una magia poderosa…” – murmura el Dai Kaioshin.

– “¿Deberíamos intervenir?” – se pregunta el Kaioshin del Este.

Mientras tanto, el Hakaishin Ramushi y su discípulo, el gotokoneko Kawa, también están atentos a lo que sucede.

– “¿Qué está pasando, maestro?” – pregunta Kawa.

En Konats, el monstruo al que llaman Hildegarn sigue sembrando el caos. Varios guerreros konatsianos intentan detenerle, pero sus espadas no son capaces de dañar ni lo más mínimo al demonio.

Un niño corre por las calles, huyendo de la muerte personificada, pero el monstruo se fija en él y proyecta su terrible aliento de fuego contra el chico, bañando la calle en llamas.

En un instante, Kawa aparece en la azotea de un edificio, a varios kilómetros de distancia, con el niño en brazos. Lo ha salvado. El chico se asusta aún más al ver al gotokoneko, que enseguida lo deja en el suelo.

– “Largo.” – le dice el aprendiz de Hakaishin, haciendo que el niño eche a correr.

Cerca de allí, el vigente Dios de la Destrucción observa al monstruo, que sigue avanzando por las calles de Konats.

Kawa se acerca al Hakaishin.

– “¿Qué debemos hacer, maestro?” – pregunta el gotokoneko.

– “Yo me encargaré de eliminar esta abominación.” – dice Ramushi. – “Tú investiga su origen.”

– “Sí, señor.” – responde Kawa.

El monstruo sigue incendiando la ciudad, pero de repente, Ramushi aparece frente a él, flotando a la altura de su rostro.

– “Se acabó, criatura.” – dice el elefante en tono severo, mientras apunta con la palma de su mano al enemigo. – “Hakai.” – sentencia.

Pero nada ocurre.

– “¿Qué?” – se sorprende Ramushi.

En ese instante, el monstruo propina un fuerte manotazo al Dios y lo estampa contra un edificio cercano.

– “¡¡¡GRRRAAAAAAAHHH!!!” – ruge Hildegarn, antes de proyectar una fuerte llamarada contra el Hakaishin.

Ramushi apunta con su mano a la llama, que se aproxima rápidamente.

– “¡Hakai!” – vuelve a probar suerte el Dios, con estéril resultado.

El fuego baña el edificio, que se derrite como una vela.

Lejos de allí, a una distancia segura, el Dai Kaioshin aparece acompañado por Ramushi.

– “Gracias, Dai Kaioshin.” – dice el Hakaishin

– “Un placer.” – sonríe el Dios.

Los cuatro Kaioshin cardinales se encuentran a su lado y observan el desastre.

– “Ese fuego parece extraño.” – dice el Kaioshin del Norte.

– “Si esa criatura es inmune al poder del Dios de la Destrucción, no sé que podemos hacer nosotros para detenerlo…” – murmura el Kaioshin del Sur.

El Dai Kaioshin y el Hakaishin se unen a ellos.

– “No podemos actuar sin un plan.” – dice Ramushi.

– “Debemos ser cautelosos.” – sugiere el Dai Kaioshin.

Los Kaioshin escuchan a sus superiores atentamente, pero de repente, el Kaioshin del Norte interrumpe alarmado.

– “¡Ha desaparecido!” – exclama el Dios.

– “¡¿Qué?!” – se sorprenden todos.

– “¡El monstruo ya no está!” – insiste el Kaioshin.

– “¿Cómo es posible?” – se pregunta el Dai Kaioshin.

Todos los Dioses buscan al monstruo en el horizonte, pero pronto se dan cuenta de que un extraño humo está cobrando forma a sus espaldas.

– “Pero, ¿qué demonios…?” – murmura el Hakaishin.

Hildegarn se materializa a partir del torbellino de humo e intenta golpear a los Dioses, que se ven obligados a dispersarse para esquivarlo. 

Mientras tanto, Kawa sigue el rastro de destrucción que ha dejado el monstruo hasta su posible origen, en las afueras de la ciudad, atravesando un gran bosque incinerado.

El gotokoneko encuentra un gran socavón en el suelo y se adentra en él. Al llegar a lo más profundo del abismo, el aprendiz de Hakaishin encuentra que éste conecta con una red de túneles.

– “¿Qué es todo esto?” – se pregunta Kawa.

Las paredes de la gruta se encuentran repletas de jeroglíficos antiguos que describen un mundo desconocido para el aprendiz de Dios.

En la ciudad, los Dioses se preparan para luchar. Los cuatro Kaioshin se colocan junto a sus superiores.

– “¡¿Qué hacemos, señor?!” – se preguntan los Kaioshin cardinales.

– “Dejádnoslo a nosotros.” – dice el Dai Kaioshin.

– “Buscad a mi aprendiz y ayudadle.” – ordena Ramushi.

Los cuatro Kaioshin asienten y enseguida se marchan, dejando al los dos Dioses supremos frente al monstruo.

– “Debemos ser precavidos, Ramushi.” – sugiere el Dai Kaioshin.

– “Debe tener un punto débil.” – dice el Hakaishin. – “Tenemos que averiguarlo.”

Mientras tanto, Kawa investiga la gruta y avanza por sus túneles hasta llegar a una gran sala con una extraña estructura central que consta de tres pilares. Las dos columnas laterales son más cortas que la columna central, cuya cima termina en un gran círculo, como el ojo de una aguja.

Kawa contempla la gran estructura, cuyo origen y función desconoce.

De repente, una voz le sorprende.

– “Bienvenido, joven Dios.” – dice una voz ronca.

Kawa se da la vuelta alarmado.

– “¿Quién eres?” – pregunta el aprendiz de Hakaishin.

Entre las sombras, Kawa puede ver a un personaje encapuchado, envuelto en una larga túnica negra.

– “Alguien que busca respuestas.” – responde el personaje.

– “Supongo que eres el responsable de todo esto…” – dice Kawa. – “¡Tú has creado ese monstruo!”

– “Solo soy un mortal.” – sonríe el misterioso personaje.

– “¡Estás jugando con fuerzas que no comprendes!” – exclama Kawa.

– “Las comprendo muy bien.” – responde el individuo.

– “¡¿Por qué lo has hecho?!” – insiste el aprendiz de Hakaishin.

– “Quería poner a prueba mis habilidades.” – responde el personaje.

– “Estás loco.” – dice Kawa.

– “¡¿Loco?!” – se ofende el individuo. – “¡Sé que hay un poder por encima de mí y de vosotros! ¡Alguien que ha decidido jugar con mi destino y el de todos los mortales! ¡Para él solo somos un terrario al que observar para entretenerse!”

– “¿Conoces la existencia del señor Zeno?” – se sorprende Kawa. – “¿Cómo es posible?”

– “Zeno…” – sonríe la sombra. – “No sabía su nombre…”

De repente, una luz aparece en el centro del gran ojo de la columna central.

– “¿Qué es eso?” – se pregunta Kawa.

– “Hildegarn está cosechando energía.” – dice la sombra. – “¡Gracias a él podré salir de este plano existencial y tocar la realidad con mis dedos! ¡Podré ver más allá!”

En la ciudad, Hildegarn destruye todo lo que encuentra a su paso, acabando con la vida de cientos de personas. El Dai Kaioshin y el Hakaishin intentan detenerle.

Ramushi se envuelve en ki morado y se agacha, colocando sus manos en el suelo como si fuera a empezar una carrera, y embiste a Hildegarn con todas sus fuerzas, pero el monstruo se convierte en humo y deja que el Dios pase a través de él.

– “Maldito…” – murmura el Hakaishin.

El humo se condensa de nuevo y ahora es el Dia Kaioshin quien intenta interceptarlo lanzándole un centenar de cascotes con su poder mental, pero el monstruo se vuelve intangible de nuevo.

– “Esto es muy frustrante…” – lamenta el Dios.

En la gruta, Kawa y la sombra continúan hablando.

– “No permitiré que lleves a cabo tu plan” – dice el aprendiz de Dios, poniéndose en guardia y envolviéndose en un aura morada.

Kawa se abalanza sobre el enemigo, dispuesto a propinarle un puñetazo, pero la sombra extiende su brazo y detiene el golpe del aprendiz, cuya aura de desvanece al instante.

El rostro de Kawa muestra una mezcla de sorpresa, confusión y miedo al ver que ese mortal ha podido detenerle.

De repente, el aprendiz de Hakaishin sale repelido al otro lado de la sala y se estrella contra la pared.

– “No deberías considerarme un enemigo.” – dice la sombra. – “Estás atrapado en este mundo como el resto de mortales.”

Kawa se pone en pie, magullado y con un corte sobre su ojo derecho.

– “Mi deber como futuro Hakaishin es mantener el orden en el universo.” – dice Kawa. – “Y eliminar a los agentes del caos como tú.”

– “Una voluntad fuerte.” – dice la sombra. – “Pero ya te habrás dado cuenta de que la mía también lo es.”

En la metrópolis, el Hakaishin apunta al enemigo con su trompa y sopla con fuerza, emitiendo un ruido ensordecedor que arrasa con todo a su paso, como si fuera un gran cañón de aire emitido por una trompeta.

El invisible ataque logra sorprender a Hildegarn, que parece quedar aturdido.

Al ver que el ataque ha tenido efecto, Ramushi sigue insistiendo en su ofensiva.

El Dai Kaioshin junta sus manos delante de su rostro y concentra su ki de color verde mientras recita una oración en la lengua de los Dioses.

Finalmente, el Dios separa sus manos, que brillan con intensidad.

– “Espero que esto funcione…” – piensa el Dios.

El Dai Kaioshin apunta al monstruo, emitiendo un rayo de energía que envuelve a Hildegarn tras el impacto. El Dios abre sus brazos hasta colocarlos en cruz, y eso hace que una oscura presencia salga del monstruo y viaje a través del rayo de energía hasta el Dai Kaioshin, introduciéndose en su cuerpo.

De repente, la figura de Hildegarn empieza a convertirse en piedra, transformándose en una inmensa estatua.

El Dai Kaioshin, agotado, desciende hasta el suelo y cae de rodillas. Ramushi enseguida se acerca a él.

– “Lo hemos logrado.” – suspira el Dai Kaioshin.

– “Eso parece.” – sonríe el Hakaishin. – “¿Cómo te encuentras?”

– “No podré retener su presencia eternamente.” – dice el Dios. – “Será mejor que nos demos prisa.”

Mientras tanto, en la gruta, Kawa y la sombra siguen cara a cara. De forma repentina, la luz de la estructura empieza a atenuarse.

– “Parece que has fracasado.” – sonríe Kawa.

En ese instante, los cuatro Kaioshin llegan al lugar y se colocan junto al aprendiz de Hakaishin.

– “¿Quién es ese tipo?” – pregunta uno de ellos.

– “¿Es el causante de todo esto?” – añade otro.

La sombra esboza una terrorífica sonrisa.

– “Justo lo que necesitaba.” – murmura el enemigo.

En ese momento, los cuatro Kaioshin y Kawa sienten que una fuerza poderosa es ejercida sobre ellos, como si la gravedad hubiera aumentado exageradamente, forzándoles a ponerse de rodillas.

– “¡¿Qué ocurre?!” – se pregunta sorprendido uno de los Dioses.

La sombra se acerca a ellos lentamente.

– “Vuestros sacrificios liberarán este mundo.” – dice la sombra.

De repente, un extraño fuego negro envuelve al primer Kaioshin, y con su muerte la luz de la columna brilla con más intensidad. Lo mismo ocurre con el segundo y el tercero, ante la aterrada mirada de sus compañeros. Con la muerte del cuarto Kaioshin, la luz estalla y se genera un portal en el interior del círculo de piedra.

– “Bien…” – sonríe satisfecha la sombra, que mira al aprendiz de Hakaishin. – “Has tenido suerte. Parece que no necesito tu sacrificio.”

Kawa alza su mirada y puede ver por primera vez el rostro del misterioso individuo encapuchado; un ser con aspecto de carnero, con pelaje azul, ojos rojos y cuernos curvados.

El individuo da la espalda al aprendiz de Hakaishin y se acerca al portal.

– “Ha llegado el momento.” – sonríe antes de cruzarlo.

Un instante después, el portal se apaga y Kawa queda libre de la fuerza que lo retenía.

El joven aprendiz de Hakaishin se queda de rodillas, en estado de shock, con su rostro desencajado. Jamás había imaginado la posibilidad de que pudiera existir alguien así; un mortal capaz de doblegar a los Dioses.