RECOPILACIÓN DE FANART

Dibujado por Torrijos

Dibujado por Max Rivera
Dibujado por dsp27
Coloreado por Beldum (Dibujo de Torrijos)
Aportación de Iñaki (Dibujo de Sorita)
Aportación de Iñaki (Dibujo de Sorita)

Aportación de Iñaki (Dibujos de Ipocrito)
Aportación de Iñaki (Dibujo de Ipocrito)

Aportación de Iñaki (Dibujos de Ipocrito)

Aportación de Iñaki (Dibujos de Ipocrito)

Aportación de Iñaki (Dibujos de Falon y Sorita)

Dibujado por Pivotts

DBSNL // Capítulo 104: Fantasmas del pasado

DBSNL // Capítulo 104: Fantasmas del pasado
“¿Quiénes son estos tipos, Vegeta?”
En Villa Jingle, todos duermen cuando un ruido alerta a Suno, que se incorpora en la cama.
– “¿Qué ocurre, cielo?” – pregunta Yamcha, adormilado a su vera.
– “Me ha parecido oír algo…” – responde Suno.
– “Habrá sido un oso…” – dice Yamcha mientras se da la vuelta, dispuesto a seguir durmiendo.
– “Sé como suena un oso” – replica Suno. – “No me lo ha parecido…”
– “Seguro que no era nada…” – insiste Yamcha, que no tiene intención de levantarse.
– “Supongo que no…” – dice Suno, poco convencida. – “Pero ya que estoy despierta, voy a echar un vistazo.”
Suno se levanta y se acerca a la habitación de Baicha, que duerme plácidamente.
De repente, alguien toca a la puerta principal, sobresaltando a Suno.
– “¿Quién será a estas horas?” – se pregunta la madre de familia, que se acerca a la entrada.
Suno abre la puerta unos centímetros y se da cuenta de que es el androide 17.
– “¿Lapis?” – se extraña Suno. – “¿Qué haces aquí? ¿Ha ocurrido algo?” – dice mientras abre la puerta del todo.
Suno enseguida se da cuenta de que algo no va bien. Lapis muestra unas extrañas marcas en su rostro; unas líneas rojas finas van desde sus cejas hasta sus sienes y otra va desde su labio inferior hasta el mentón.

Dibujado por dsp27
En ese instante, el androide agarra a Suno por la cara, tapándole la boca, y un extraño metal viscoso surge de la boca del Número 17 y se acerca a la mujer, metiéndose por su nariz y orejas.
Unos minutos más tarde, Suno vuelve a su habitación.
– “¿Quién era, cielo?” – pregunta Yamcha, que ha escuchado la puerta.
Suno no responde, pero se mete en la cama y se acerca a Yamcha.
– “¿Qué ocurre?” – dice Yamcha. – “¿Tienes ganas?” – pregunta juguetón.
Ella se acerca a sus labios, como si tuviera intención de besarle, pero en el último momento el metal líquido surge de su boca, nariz y orejas y se introduce en Yamcha.
A años luz de allí, Páragus se encuentra cara a cara con el hijo del hombre que frustró sus planes hace tantos años.
– “¿Bardock?” – se pregunta el viejo saiyajín.
– “¿Quién es Bardock?” – pregunta Goku. – “Yo me llamo Son Goku.”
Páragus se pone en pie.
Mientras tanto, Vegeta sigue luchando contra Broly. Tras esquivar su embestida, el Príncipe le apunta con su mano.
– “¡Big Bang Attack!” – exclama al disparar contra su enemigo, repeliéndole.
Vegeta desciende y se coloca al lado de Son Goku.
– “¿Quiénes son estos tipos, Vegeta?” – pregunta Goku. – “¿Les conoces?”
– “Son saiyajín” – responde Vegeta.
Al disiparse la polvareda, Broly aparece intacto y vuelve a atacar a Vegeta, pero Páragus le detiene utilizando su dispositivo.
– “¡ALTO, BROLY!” – exclama el anciano.
Las gemas brillan de nuevo y Broly se detiene, descendiendo y colocándose junto a su padre.
– “Ese tipo tiene una fuerza extraordinaria…” – dice Goku. – “Utiliza ki divino, ¿verdad?”
– “Eso parece” – responde Vegeta antes lanzar un escupitajo ensangrentado al suelo.
Páragus observa a los dos saiyajín y no puede evitar ver reflejados en ellos a Bardock y al Rey Vegeta.
– “¿Eres el hijo de Bardock? ¿Eres Raditz?” – pregunta el anciano.
– “Mi hermano se llamaba Raditz. No conocí a mi padre.” – responde Goku. – “¡Yo soy Son Goku! ¡De la Tierra!”
– “Me niego a llamarte por ese estúpido nombre…” – dice Páragus. – “¡¿Cuál es tu nombre de saiyajín?!”
– “Se llama Son Goku” – interviene Vegeta.
Goku se sorprende al escuchar a su compañero.
El anciano sonríe. Su rostro refleja la locura que le embarga.
– “No podía pedir a los Dioses una oportunidad mejor…” – dice Páragus. – “¡Los hijos de los dos hombres que sentenciaron a nuestra raza! ¡Juntos!”
Goku se transforma en Súper Saiyajín Blue y los dos saiyajín se preparan para pelear.
– “¡MÁTALOS, BROLY!” – grita Páragus.
Broly se envuelve de nuevo en esa extraña aura magenta y se abalanza sobre nuestros amigos.
En la Tierra, en una cabaña solitaria en mitad de una zona nevada, no muy lejos de Villa Jingle, alguien toca a la puerta de la casa de Ten Shin Han. Él mismo abre la puerta.
– “¿Mai?” – se sorprende Ten al ver a la mujer sola en mitad de la ventisca.
– “¿Quién es, Ten?” – pregunta Lunch desde la habitación.
Ten no responde, pues el metal líquido ya está invadiendo su cuerpo.
– “¿Qué ocurre?” – pregunta Chaoz, que se a levantado al notar algo extraño. – “¿Ten?” – pregunta al ver la extraña expresión en el rostro de su amigo.
En la Corporación Cápsula, el Dr. Brief se ha dormido sobre su ordenador, mientras Bulma y Trunks siguen trabajando.
– “Es increíble que Cell nos esté ayudando.” – dice Trunks. – “Antes era muy malo, ¿no?”
– “Sí…” – responde Bulma. – “Cuando tú tenías solo dos años, casi destruye la Tierra.” – explica. – “Pero Son Gohan le derro…”
Bulma se queda en silencio.
– “¿Qué ocurre?” – pregunta Trunks al ver que su madre se ha quedado callada.
– “Esto es…” – titubea Bulma, claramente asustada.
En ese instante, alguien toca al timbre en la Corporación Cápsula, despertando al Dr. Brief. Trunks usa la PDA de su bata para poder ver quién hay en su puerta.
– “Es Yamcha” – dice Trunks.
– “¿Qué querrá a estas horas?” – se pregunta el Dr. Brief. – “¿Se habrá dejado algo?”
– “Tranquilo, ya le abro yo” – responde Trunks.

DBSNL // Capítulo 96: Interferencias

DBSNL // Capítulo 96: Interferencias
“Noto que estamos cerca”
La Princesa Serpiente ataca a Champa con su gigantesca boca abierta, dispuesto a comérselo. El Hakaishin queda atrapado entre las mandíbulas del ofidio, sujetando su mandíbula superior con ambas manos y evitando que la criatura cierre su boca.

– “¡Champa!” – exclama Zamas preocupado por el Dios de la destrucción.
El Dai Kaioshin activa sus espadas de ki y ataca de nueva a Heibi Hime, pero sus ataques fracasan una vez más, al ser incapaz de atravesar las escamas del reptil.
Mientras tanto, Trunks sigue atrapado en el ataque eléctrico de Arios y luchando por liberarse.
Toppo se recupera del golpe recibido por el enemigo y le apunta con su brazo extendido, liberando una ráfaga continua de esferas de ki que obliga al demonio a protegerse cruzando ambos brazos frente a su cara mientras encaja los impactos.
De repente, la polvareda generada se disipa y Arios surge de entre las explosiones para golpear a Toppo y lanzarle contra unas rocas, enterrándole bajo los escombros.

– “Uno menos” – sonríe Arios.
En ese instante, un fuerte resplandor a su espalda llama la atención del diablo.
El ki de Trunks está aumentando y finalmente estalla en una explosión de poder que barre el lugar.
Al desvanecerse el resplandor, Trunks aparece transformado en Súper Saiyajín 3.

– “¿Qué ángeles has hecho?” – pregunta Arios al no comprender lo que ha sucedido.
Trunks, en un abrir y cerrar de ojos, aparece detrás de Arios y le da una patada en la espalda, haciéndole atravesar varias montañas de los alrededores.
Vegetto, que se encuentra cara a cara con Abraca, observa de reojo a Trunks y sonríe.
El Rey, ahora con el poder de Mojito sumado al suyo, se prepara para atacar al saiyajín.

– “¡Muere!” – grita el demonio, que se abalanza sobre Vegetto con su espada en alto.
Vegetto detiene la espada con ambas manos, pero esta vez parece tener dificultades.

– “Realmente se ha hecho más fuerte…” – piensa el saiyajín.
Whis aparece frente al Rey y le golpea haciéndole retroceder.
El ángel se coloca al lado de Vegetto.
Mientras tanto, en el laboratorio de la Corporación Cápsula, Bulma habla por teléfono con Videl sobre el vehículo descontrolado al que se ha enfrentado antes.
– “Parece un viejo modelo de la RF-100” – explica Videl leyendo vieja documentación de la camioneta.
– “Una modificación hecha para la Red Ribbon…” – murmura Bulma.
– “¿Podrías echarle un vistazo?” – pregunta Videl.
– “¡Por supuesto!” – responde Bulma. – “Tráelo y lo revisaré.”
Al finalizar la llamada, Bulma cuelga el teléfono y se empuja para rodar con su silla hasta un ordenador cercano.
En la mesa del laboratorio, Lázuli se encuentra tumbada y conectada a varios ordenadores.

– “No veo nada extraño estructuralmente” – le dice Bulma mientras analiza los datos en pantalla. – “¿Desde cuando tienes estas jaquecas?”
– “Unas semanas” – responde Lázuli. – “Pero cada vez son peores.”
– “Parece que hay una especie de interferencia…” – murmura Bulma, descubriendo una anomalía en los datos.
– “¿Una interferencia?” – se extraña la Número 18.
– “Voy a intentar averiguar de donde procede, pero para eso necesito desencriptarla” – responde Bulma. – “Y eso llevará tiempo.”
– “Gracias” – dice Lázuli mientras se pone en pie. – “Mientras tanto, te agradecería que no le dijeras nada a Krilín. No quiero preocuparle.”
– “Descuida” – le guiña un ojo Bulma.
En la meseta de Yuzabit, Lapis y Cell avanzan hacia el norte y se adentran en una gran zona helada cerca de las Montañas Tsumisumbri.

– “Noto que estamos cerca” – dice el Número 17.
De repente, la extraña pareja llega a una gran planicie cubierta por hielo en la que hay un gran agujero central.

– “Creo que hemos llegado” – dice Cell.
Ambos descienden decididos por el profundo pozo hasta llegar a una enorme caverna en la que parece que un extraño objeto ha impactado en el centro.

– “Lo que fuese que creó este túnel cayó aquí” – dice Lapis mirando el canal por el que han descendido, cuya salida solo puede verse como una minúscula luz al final.

– “Pero ya no está” – dice Cell. – “Solo queda chatarra”.
De repente, una fuerte luz los ciega. La caverna se ha iluminado revelando que no es una cueva natural, sino una enorme sala.

– “¿Qué es todo esto?” – se extraña el Número 17.
– “Bienvenidos, hijos de Gero” – les dice una voz masculina anciana y quebrada.
Cuando las luces bajan su intensidad, revelan a un anciano decrépito apoyado en un bastón y vistiendo una vieja bata blanca.

ESPECIAL DBSNL /// Emperador Freezer // Universos 3 y 5 / Parte VII: Fuente de energía

Emperador Freezer / Parte VII: Fuente de energía
“Seguro que puedo extraer mucha energía de ti…”

Freezer se encuentra cara a cara con Rildo, que se ha transformado en un gran ser metálico y musculoso, y ha revelado ser uno con el planeta.
El demonio del frío parece preocupado. Nunca se ha enfrentado a un enemigo de esta magnitud. Su contrincante es extremadamente fuerte, su energía es indetectable y tiene control absoluto sobre el terreno de combate.
El suelo se convierte repentinamente en peligrosas púas que intentan crecen intentando ensartar a Freezer, pero el Emperador huye volando, perseguido por decenas de pinchos.
El demonio se detiene en el aire y lanza un ataque de ki contra las púas, desintegrándolas, pero pronto es sorprendido por una gigantesca ola de metal que le envuelve a traición y le atrapa.
Rildo, con los brazos cruzados y actitud prepotente, se acerca a su enemigo encarcelado.

– “Ha sido muy fácil” – sonríe el planeta antropomorfo. – “Seguro que puedo extraer mucha energía de ti…”
De repente, el cascarón de metal empieza a resquebrajarse, revelando una brillante luz rosada en su interior. 
Rildo parece sorprendido ante el poder de Freezer, que termina liberándose de su cárcel de metal, envuelto en una barrera de energía fucsia y mostrando su apariencia musculosa que indica estar utilizando todo su poder.

– “Eres mucho más fuerte de lo que indicaban mis cálculos…” – dice el autómata.
Freezer sonríe.

– “Deberías actualizarlos” – responde el demonio desafiante.
Rildo se abalanza sobre Freezer e intenta golpearle, pero el demonio detiene el puñetazo protegiéndose con el dorso de ambos antebrazos.
El Emperador sale repelido, pero pronto recupera la estabilidad. 
Rildo, mientras avanza hacia el tirano, lanza un poderoso ataque de ki que la barrera de Freezer repele.
El robot intenta golpear de nuevo al Emperador, pero el demonio del frío le esquiva y conecta un puñetazo en la barbilla de Rildo, haciéndole ascender varios metros de distancia antes de detenerse.
Rildo y Freezer se miran atentamente.

– “No puedes derrotarme” – le dice Rildo.
– “He destruido muchos planetas a lo largo de mi vida” – se burla Freezer. – “Tú serás uno más.”
Ambos guerreros se abalanzan de nuevo el uno contra el otro.
En la nave, uno de los hombres del Emperador parece alarmado al recibir extrañas lecturas en su pantalla.

– “¡¿Qué ocurre?!” – pregunta Tagoma.
– “No lo entiendo…” – responde el analista. – “Estas lecturas no son posibles…”
– “¡Explícate!” – insiste Tagoma nervioso.
– “El planeta… ¡ha cambiando!” – responde el científico.
– “¡¿Qué?!” – se sorprende el soldado al mando.
– “Su comportamiento, su densidad… ¡Todo parece haberse vuelto loco! Es como si estuviera… ¡vivo!” – insiste el analista.
Freezer y Rildo siguen enzarzados en su combate. El intercambio de golpes es cada vez más brutal, y parece que es el planeta quien lleva la iniciativa. Freezer está cada vez más cansado.

Dibujado por dsp27

Finalmente, Rildo logra propinar varios golpes seguidos al tirano, que se ve superado y retrocede malherido, perdiendo su forma de máximo poder.
El planeta se siente triunfador y se prepara para asestar el golpe de gracia al tirano.

– “Esto acaba aquí” – sonríe el Rildo, que apunta al tirando con su mano mientras ésta se convierte en una masa viscosa que se prepara para envolver a Freezer.
– “¿Qué es esto?” – pregunta el tirano.
– “Te convertiré en una batería” – responde Rildo. – “Pronto podré volver a convertirme en el planeta conquistador que fui hace milenios. Volveré a viajar por el Universo absorbiendo la energía de cada planeta con el que me tope. ¡Éste será el fin de la vida biológica, que ha demostrado su continuo fracaso! ¡Repoblaré el Universo con máquinas! ¡Seré la única existencia soberana existente!”
– “Y para eso necesitas las cajas…” – murmura Freezer.
– “Me aseguraron que eran una fuente ilimitada de energía” – reconoce Rildo. – “Así que hice un trato.”
– “¿Qué clase de trato?” – insiste el Emperador.
– “Con mi ayuda tecnológica, ese tal Kamo me traería las cajas y yo me aseguraría de acabar con los saiyajín supervivientes” – responde Rildo.
– “¿Los saiyajín?” – se sorprende Freezer.
– “Si te sirve de consuelo, cumpliré mi palabra y mataré a los saiyajín” – se burla el planeta. – “Gracias a ti tendré la energía suficiente para poder abrir esas cajas y extraer todo su poder”.
De repente, el Emperador sonríe.

– “Jujuju” – ríe Freezer. – “Esta información es muy interesante.”
– “¿Qué?” – se sorprende Rildo, que se da cuenta de que ha sido engañado.
– “Pero los saiyajín… ¡SON MÍOS!” – exclama alzando su mano hacia su enemigo y atrapándole en una esfera de energía. 
Ridldo queda inmovilizado.

– “Ni tú ni nadie va a arrebatarme mi venganza” – explica Freezer. – “¡HAAAAAAA!” – grita al proyectar a su enemigo hacia el cielo. – “¡MUERE!” – exclama mientras aprieta su mano y hace que la prisión de ki estalle en mil pedazos.
Freezer desciende hasta el suelo e inca la rodilla agotado, intentando recuperar el aliento.
En ese instante, a su alrededor, el metal se eleva y toma forma, generando a cinco nuevos Rildo que le rodean.
El Emperador les contempla estupefacto, mientras ellos sonríen.

– “No puedes ganar” – dicen todos al unísono.
Freezer se pone en pie, dispuesto a seguir luchando, pero el metal que le rodea asciende por sus piernas, atrapándole.

– “Eres un ser astuto, Freezer” – admite Rildo. – “Pero la biología tiene muchas limitaciones”.
En la nave, Tagoma y sus hombres siguen investigando el planeta.

– “Algo no va bien…” – dice un soldado preocupado. – “Las constantes de Freezer han disminuido mucho”.
– “Pero, ¡nuestro señor es inmortal!” – exclama otro.
Tagoma se acerca a un gigantesco monitor holográfico que presenta un mapa térmico de la superficie del planeta que la nave ha podido escanear y lo observa atentamente. 

– “¿Qué es esto?” – pregunta señalando una pequeña anomalía térmica humeante.
– “Algún tipo de escape de vapor caliente” – responde un analista. – “En este planeta todo es artificial, así que es difícil decir algo con certeza”.
– “No me refiero a eso…” – responde Tagoma. – “Si no a lo que hay dentro”.
El analista amplia la zona y parece que un punto de menor temperatura está asentado en el centro del orificio del que sale el vapor.

– “Parece… ¡una nave!” – exclama un solado.
Tagoma se da la vuelta y se apresura hacia la escotilla.

– “¡Dadme un casco espacial!” – ordena el soldado de élite. – “¡Voy a salir!”
– “Pero, ¡señor! ¡Es peligroso!” – le dice un soldado.
– “Estad atentos a mi señal” – responde Tagoma.
Mientras tanto, el metal sigue ascendiendo por el cuerpo de Freezer. En ese instante, el tirano siente el ki de su soldado en movimiento.

– “¿Qué está haciendo?” – piensa Freezer. – “Un momento… ¡se dirige hacia el ki que noté al llegar al planeta!”
Cuatro de los cinco Rildo desaparecen fundiéndose de nuevo con el planeta, mientras el quinto sigue frente al Emperador.
Tagoma llega hasta el misterioso lugar en el que descubre un grupo de orificios gigantescos que emanan vapor como si fueran chimeneas.

– “Éste es el sitio…” – piensa Tagoma mientras desciende por uno de los agujeros.
Tras descender unos metros, descubre una extraña nave que parece hecha de chatarra.

– “¿Qué demonios…?” – se sorprende al ver tan bizarro aparato oculto en M2. 
El túnel parece seguir extendiéndose en la oscuridad. De su interior provienen extraños sonidos y susurros, como si hubiera alguien trabajando.
Tagoma se adentra en la penumbra en busca del dueño de la nave.
En la superficie, Freezer cada vez está más cerca de ser cubierto por el metal.

– “Aún te resistes…” – sonríe Rildo. – “¿Es que crees que tu soldado te ayudará?” – se burla.
Freezer se sorprende al escuchar a Rildo revelar su conocimiento sobre el paradero de Tagoma.
En el interior del túnel, dos extraños y diminutos personajes están arrancando porciones metálicas de las paredes.
Cerca de ellos, un extraño aparato reposa en el suelo emitiendo unas extrañas ondas de energía.

– “¡Tengo otra pieza, Pinot!” – exclama uno.
– “¡Eso es estupendo, Merlot!” – celebra el otro.
– “Al neutralizador le quedan catorce minutos” – dice Pinot mientras mira un contador en el misterioso dispositivo. – “Creo que deberíamos irnos ahora y no tentar a la suerte.”
– “Sí, será lo mejor” – responde Merlot.
Al darse la vuelta, los dos personajes se encuentran a Tagoma frente a ellos.

– “¿Quiénes sois vosotros?” – se extraña el soldado. – “Sois… ¿tech-tech?”
– “¡Un soldado del Imperio!” – exclama Merlot.
– “¡Idiota! ¡El planeta te habrá detectado!” – añade Pinot aterrorizado. 
– “¡Quietos!” – les amenaza Tagoma apuntándoles con la mano.
Los dos tech-tech recogen sus cosas y huyen hacia su nave, ignorando a Tagoma.

– “¡Deteneos!” – exclama Tagoma, frustrado al ver que no le hacen caso.
– “¡Huye tú también!” – exclama Merlot.
– “¡Ya debe estar cerca!” – grita Pinot.
– “¡El neutralizador!” – dice Merlot al ver que se han dejado atrás su aparato.
– “¡No ha tiempo!” – le dice Pinot agarrándole del brazo.

En ese instante, la pared del túnel empieza a tomar forma humanoide y surge Rildo.
Mientras tanto, Freezer, envuelto completamente en metal, está siendo transportado por otro autómata al núcleo del planeta
Los dos habitantes del planeta Tech-tech entran en su nave y encienden los motores. Las paredes del túnel intentan atraparles, pero al acercarse a la nave ésta emite una onda parecida a la del dispositivo portátil y el metal se torna líquido y no puede avanzar.
Tagoma lanza un ataque de ki a su enemigo e intenta escapar hacia la salida, pero las paredes del túnel se cierran frente a él y le obligan a retroceder. 
Al hacerlo, Tagoma se acerca al dispositivo y Rildo se detiene. El robot extiende su mano hacia el soldado, pero su brazo se derrite al aproximarse al aparato que han dejado los tech-tech.

– “Parece que es así como lo hacían… ¡Basura carroñera!” – exclama Rildo, que parece no ser ajeno a las incursiones de los alienígenas.
Tagoma agarra el dispositivo y lo acerca al autómata, que retrocede para evitar ser engullido por el rango de acción del aparato.

– “Tu señor ya ha caído” – dice Rildo. – “Tú tampoco lograrás salir de este planeta”.
En el núcleo, Freezer ha sido liberado parcialmente del metal. Sus manos, pies y cola siguen atrapados. El Emperador está inconsciente. Varias agujas y cables han sido insertados en su cuerpo.
La maquinaria que le rodea parece ponerse en marcha y Freezer despierta gritando de dolor.

– “Eso es…” – sonríe Rildo. – “Dame tu energía”.
La superficie del planeta empieza a moverse sinuosamente.
En la nave del Imperio, los soldados se ponen muy nerviosos.

– “¡Tenemos que salir de aquí!” – exclama uno.
– “Tenemos órdenes” – responde otro.
– “¡Si seguimos aquí moriremos!” – insiste el soldado.
– “¡Debemos esperar al señor Freezer y al señor Tagoma!” – exclama otro.
– “¡Al carajo el señ…!” – grita el soldado antes de que un ataque de ki perfore su pecho.
– “Esperaremos” – sentencia el soldado brench que acaba de entrar en la sala de mando y ha realizado el disparo.
– “Sí, señor Curd” – responden los demás soldados.
Cerca de Freezer, las dos cajas de música se encuentran en una máquina que las analiza continuamente.

En el túnel, el soldado de élite aprieta el botón de su visor “scouter”, que detecta la tenue energía de Freezer.

– “Puede que tengas razón…” – sonríe Tagoma.
De repente, el soldado se da la vuelta y echa a volar a través del túnel, haciendo que el metal se derrita a su paso.

– “¡Maldita sea!” – exclama Rildo, que enseguida se da cuenta de que el soldado está avanzando hacia el núcleo.
El autómata intenta disparar al soldado, pero Tagoma logra escabullirse.
Mientras tanto, la nave del Imperio detecta a los tech-tech.

– “¡La nave se mueve!” – exclama un soldado.
– “Tagoma aún no ha respondido” – dice Curd. – “Tendremos que esperar”.
El soldado del Imperio llega hasta el núcleo del planeta, donde se encuentra a su señor siendo torturado.

– “Señor Freezer…” – titubea el fiel soldado al ver al Emperador en tan deplorables condiciones.
En ese instante, ambos son rodeados por múltiples Rildo, que se preparan para lanzarles un ataque de ki.

– “Última oportunidad”– le dice el robot. – “Deja a tu señor y abandona el planeta, o ambos moriréis aquí y ahora”.
Tagoma se siente acorralado. Sabe que no puede enfrentarse a un enemigo así. Sus opciones son limitadas, y sabe que, aún aceptando el trato, Rildo podría matarle de todas formas.
En ese momento, el soldado se fija en las cajas de música. El objeto de deseo del Emperador.
Tagoma envuelve su mano derecha en ki. Parece listo para luchar hasta el final.
Rildo se pone serio.

– “Así que eliges morir…” – dice el robot decepcionado.
Pero Tagoma sorprende a Rildo con su siguiente movimiento. El soldado ataca a su señor, desintegrando su débil cuerpo.
El autómata se queda sin palabras. Nunca se habría esperado que Tagoma matara al Emperador.

– “¡Mi fuente de energía!” – lamenta Rildo.
El autómata dispara a Tagoma, pero el ataque es repelido por una onda de ki fucsia.

– “Pero, ¿cómo es posible…?” – titubea Rildo.
Freezer se encuentra en perfectas condiciones y ha protegido a su soldado.

– “Coge las cajas y ve a la nave” – le dice el demonio del frío.
– “Pero solo contamos con un dispositivo…” – dice Tagoma, mostrándole el aparato de los tech-tech.
El Emperador sonríe confiado.

– “No lo necesitaré” – responde el demonio, que en un instante toma su forma de máximo poder.
Tagoma corre hacia las cajas y las agarra.
Uno de los Rildo se prepara para atacarle.

– “¡No te dejaré huir con ellas!” – grita furioso.
Freezer alza ambas manos.

– “¡HAAAAAAAA!” – grita el Emperador con fuerza, haciendo que la sala estalle.
Tagoma vuela por los túneles a toda velocidad, escapando del fuego que le persigue.
Finalmente, el soldado logra huir y se dirige hacia la nave.
Cientos grietas humeantes han aparecido en la superficie del planeta, y por una de ellas aparece Freezer, que escapa hacia su nave.

El metal de la superficie forma una montaña que pronto toma forma de un gigantesco Rildo que se aproxima al tirano.
El demonio del frío sabe que no tiene fuerza suficiente para enfrentarse a este enemigo.
Tagoma ha llegado a la nave y se quita el casco. En ese momento, el dispositivo emite un extraño pitido que indica que se ha quedado sin energía.

– “Maldición…” – lamenta Tagoma. – “Guardad las cajas en un lugar seguro” – dice entregándolas a otro soldado.
– “¡El señor Freezer se acerca!” – exclama un analiza.
– “¡Preparaos para escapar! ¡Motores al máximo!” – ordena Tagoma. – “¡Abrid la escotilla!”
Freezer se acerca a su nave mientras dispara a discreción a Rildo. 
La nave ha empezado a moverse cuando el tirano llega hasta ella y entra de forma precipitada.

– “¡NOOOOOO!” – grita Rildo al ver como su oportunidad de recuperar su época de esplendor se escurre entre sus dedos.
La nave del Impero se escabulle rápidamente y pronto sale del alcance de Rildo.

– “¡Deteneos!” – ordena Freezer. – “¡Detened la nave!”
Tagoma se acerca a Freezer. Teme que la ira le ciegue.

– “Señor Freezer, tenemos las cajas.” – dice el soldado. – “Deberíamos…”
– “Rildo es un enemigo peligroso” – le interrumpe el demonio. – “Ya he visto de qué es capaz sin energía… Si algún día consiguiera una fuente de energía, sería imparable. No puedo permitir que eso ocurra.”
– “¿Y qué vamos a hacer?” – pregunta Tagoma.
Freezer mira por la escotilla y observa un cinturón de asteroides cercano.

– “M2 se ha quedado sin energía porque está en mitad de la nada” – reflexiona el tirano. – “Se encuentra a una distancia considerable de cualquier fuente de energía. Debemos asegurarnos de que siga así”.
– “Podemos montar un escuadrón de vigilancia continua” – dice Tagoma. – “Podemos asegurar un perímetro y así…”
– “No.” – le interrumpe Freezer. – “Cualquier error podría hacer que alguna de las naves cayera en sus manos.”
– “No se me ocurre nada más, señor…” – dice Tagoma.
– “La única energía que recibe ahora es la tenue luz de esa estrella lejana” – dice Freezer contemplándola. – “Le negaremos esa luz” – sonríe.
El tirano abandona la nave y se acerca al cinturón de asteroides. Freezer adopta de nuevo su forma de máximo poder y extiende sus manos hacia las gigantescas rocas, que empiezan a responder a su poder telequinético.
Los hombres del Imperio observan desde la nave a su señor exhibir un poder nunca visto antes.

– “Impresionante…” – dice Tagoma.
– “Parece un Dios…” – murmura Curd.
Freezer logra cambiar la órbita del cinturón de asteroides e interponerlo entre la luz de la estrella y el planeta M2.
Rildo observa desde M2 como la oscuridad se cierne sobre su hogar.
El demonio del frío agota sus energías realizando esa maniobra y pierde su transformación, quedando suspendido en el espacio.
Varios de sus hombres salen de la nave con trajes espaciales para rescatar al Emperador y le devuelven a la nave.

– “¡Llevadle a la sala de curación!” – exclama Curd.
Horas después, Freezer se encuentra suspendido en el líquido verdoso de la cámara de regeneración. Tagoma le observa a través del cristal junto a uno de los doctores.

– “Es increíble lo que puede aguantar un demonio del frío…” – murmura el médico examinando los datos que muestra una pantalla. – “Tienen un cuerpo privilegiado.”
Tagoma mira atentamente a su señor.

– “Es un cuerpo impresionante…” – murmura el soldado.
Durante un instante, Tagoma siente la llamada natural de su biología, que le pide ocupar el cuerpo de mayor poder a su alcance. Se había sentido de esa forma muchas veces con Cooler, pero su amistad le obligaba a controlarse. Pero con Freezer era distinto. Tagoma había seguido a Freezer en busca de un momento como este, pero poco a poco había aprendido a admirar al nuevo Emperador, que había demostrado ser un guerrero digno de su lealtad.
De repente, una alarma suena en la nave.

– “¿Qué sucede?” – pregunta Tagoma, saliendo de su trance.
– “¡Tenemos intrusos!” – exclama un soldado.
Tagoma corre por los pasillos de la nave, en los que se encuentra a Curd, y ambos continúan hasta llegar al lugar de origen de la alerta. La compuerta se abre y revela a los dos alienígenas tech-tech, que han acoplado su nave a la del Imperio y han perforado su casco para llegar a la cámara de seguridad.

– “¡Date prisa, Merlot!” – grita Pinot.
Merlot agarra las cajas de música y corre hacia su nave, que ya está cargada con material robado y en la que se encuentra su compañero, listo para partir.

– “¡Maldita sea!” – grita Curd, que apunta a los intrusos con su mano, pero Tagoma evita que el brench dispare.
– “Cuida mi cuerpo” – le dice Tagoma.
– “¿De qué estas…?” – responde Curd.
– “¡CHANGE!” – grita Tagoma, que emite una extraña luz que choca contra Merlot, derribándole.
Las compuertas de la nave tech-tech se cierran tras Merlot. Pinot desengancha la nave, causando la despresurización de la sala y haciendo que varios soldados de Freezer se pierdan en el espacio.
Tagoma empieza a actuar de forma extraña.

– “¿Qué ha pasado?” – dice el soldado de élite. – “¿Por qué estoy aquí?”
– “¿Tagoma?” – se extraña Curd.
– “¡No os acerquéis!” – grita Tagoma.
Curd dispara a Tagoma, noqueándole.

– “Confío en ti” – murmura Curd.
En la nave tech-tech, Pinot suelta los mandos y se acerca a su compañero.

– “¿Estás bien?” – le pregunta al verle tirando en el suelo.
Merlot se pone en pie. 

– “Estoy bien…” – responde el tech-tech.
– “Me habías asustado” – sonríe Pinot.
– “Hemos escapado por los pelos” – dice Merlot.
– “Pero tenemos nuestra recompensa” – celebra Pinot. – “Ahora ya no es seguro volver a M2, así que tendremos que encontrar otro modo de conseguir piezas… y todo es culpa del Imperio.”
– “Seguro que nos darán algo por esas cajas” – dice Merlot.
– “No sé qué diablos son” – responde Pinot. – “Pero parecen valiosas”.
– “¿Crees que es por lo que el Imperio estaba en M2?” – pregunta Merlot.
– “Puede que esté relacionado con el tsufur” – responde Pinot.
– “¿El tsufur?” – pregunta Merlot.
– “Esa nave que vimos llegar a M2 hace unos meses” – responde el tech-tech algo confuso. – “¿Es que el golpe te ha afectado la memoria?” – se burla Pinot.
– “Estoy un poco mareado…” – responde Merlot. – “Deberíamos investigar esa nave”.
– “Ya lo hicimos…” – responde Pinot, que mira cada vez de forma más extraña a su compañero.
– “Eso está bien…” – sonríe Merlot. – “El señor Freezer lo agradecerá”.

Pinot se gira lentamente hacia su compañero, confuso y con terror en su mirada al escucharle.
En la nave del Imperio, Freezer sigue recuperándose. Tagoma sigue inconsciente.
Curd supervisa la sala de mando cuando, de repente, uno de los soldados anuncia que una nave se acerca a ellos.

– “¡Es la nave tech-tech!” – exclama el soldado. – “¿La derribamos?”
– “¡Un momento!” – grita otro. – “Está pidiendo permiso para aterrizar… ¡y conoce nuestros códigos!”
Curd sonríe al empezar a comprender lo ocurrido. 

– “Concededle acceso” – responde el brench.
La nave aterriza en un hangar y los hombres de Freezer la rodean.
Merlot baja de la nave arrastrando el cuerpo sin vida de Pinot.

– “La nave tiene información importante” – anuncia el tech-tech. – “Que un equipo la analice. Quiero saberlo todo sobre una nave tsufur que estuvo en M2 hace meses.”
Los soldados parecen confusos al recibir órdenes de un extraño.

– “Ya le habéis oído” – dice Curd, haciendo que todos se pongan en marcha.
– “Espero que mi cuerpo siga en perfectas condiciones…” – sonríe Tagoma.
– “Está un poco magullado” – se burla el brench.
En unas horas, Tagoma ha recuperado su cuerpo y Freezer ya se encuentra pletórico. Ambos se encuentran en la sala de mando.

– “Has actuado bien, Tagoma” – le congratula Freezer. – “Has demostrado ser mi mejor solado. Entiendo que mi hermano te tuviera tanto aprecio.”
– “Gracias, señor” – responde Tagoma.
– “Tus habilidades son extraordinarias…” – sonríe el Emperador. – “Me recuerdas al Capitán de mis Fuerzas Especiales.”
– “Ginyu era un aficionado” – fanfarronea Tagoma.
Curd irrumpe en la sala con información que transmitir.

– “Hemos analizado las cajas, pero no parece que haya ningún modo de abrirlas” – anuncia Curd.
– “Supongo que están cerradas con algún tipo de magia…” – murmura Freezer.
– “¿Alguna novedad sobre la nave tsufur?” – pregunta Tagoma.
– “Seguimos investigando, señor” – responde Curd.
– “Me cuesta creer que aún quede algún tsufur con vida…” – murmura Tagoma.
– “Rildo mencionó a un tipo llamado Kamo que le trajo las cajas y le pidió a cambio la muerte de los saiyajín.” – dice Freezer. – “Todo parece indicar que al menos queda uno con vida.”
– “Le encontraremos, señor” – dice Curd.

Un soldado se acerca al Emperador.

– “¿A dónde vamos, señor?” – le pregunta al tirano.
– “¿Alguna sugerencia, Tagoma?” – pregunta Freezer.
– “Si las cajas están cerradas con magia, solo se me ocurre un individuo al que podríamos acudir…” – dice el soldado.
– “Hace años que el Imperio no recurre a magos y charlatanes” – responde Freezer, algo molesto.
– “Su hermano le visitaba cada vez con más asiduidad” – explica Tagoma.
– “¿Con qué motivo?” – se extraña el Emperador.
– “Nunca quiso decírmelo” – responde Tagoma.
– “¿En qué estabas metido, Cooler?” – murmura el tirano. – “¡Está bien!” – anuncia en voz alta. – “Visitaremos a Salabim”.