DBZ – SAGA BU REWRITE / Capítulo 7: Majin Vegeta

DBZ – Saga Bu Rewrite / Capítulo 7: Majin Vegeta

En el nivel tres de la nave de Babidí, Vegeta ha sucumbido al control del brujo. Piccolo, Gohan y Shin miran aterrados a su compañero, que les devuelve una mirada despiadada. 

– “Vegeta…” – murmura Gohan.

En el sótano de la nave, Babidí celebra su victoria.

– “¡Muy bien! ¡Ji, ji, ji!” – exclama el brujo. – “Y ahora… ¡Vayamos a un lugar interesante! ¡PAPARAPPA!”

De repente, nuestros amigos aparecen en una ciudad, en mitad de un cruce. 

– “¿Dónde estamos?” – se pregunta Shin.

Los coches frenan a su alrededor y la gente se amontona a ver lo ocurrido, pues unos hombres extraños acaban de aparecer de la nada.

Gohan puede ver un edifico a su izquierda, al final de la calle, que reconoce enseguida; el Instituto Orange Star.

– “¡ESTAMOS EN SATÁN CITY!” – exclama el mestizo.

En la Torre de Karín, Trunks siente la energía de sus amigos.

– “¡Han aparecido en esa dirección!” – señala el chico al horizonte. – “Siento una energía muy poderosa… ¡¿Es mi padre?!” – se sorprende.

El Duende Karín agacha la cabeza, muy preocupado.

– “Tengo un mal presentimiento…” – dice el felino.

Babidí habla a su nuevo soldado.

– “Como se llamaba este… ¡Ah, sí!” – murmura antes de empezar a dirigirse al saiyajín. – “¡Vegeta! ¡Sácales toda la energía! ¡Lucha al máximo! ¡No importa si los matas!”

– “¡Cállate!” – replica el saiyajín. – “A mí solo me interesa el chico.”

– “¿Qué?” – se sorprende el brujo. – “Qué tipo tan raro… ¡Aún no puedo controlarlo por completo! Es la primera vez que me pasa…” – protesta.

Son Gohan y Piccolo se sorprenden al ver que Vegeta está hablando solo. 

De repente, Vegeta apunta a nuestros amigos con su mano derecha e inmediatamente y sin previo aviso dispara un ataque de ki contra ellos.

– “¡¿QUÉ HACES?!” – exclama Gohan.

El ataque pasa entre Gohan y Piccolo, repeliendo a ambos y continuando hasta estallar a varios kilómetros de distancia, llevándose por delante todos los edificios que ha encontrado a su paso.

– “¡VEGETA!” – insiste Gohan, intentando hacer reaccionar a su compañero.

– “Maldita sea…” – murmura Piccolo, que estudia al saiyajín. 

La gente corre despavorida. El caos se apodera de la ciudad.

En la nave, el brujo celebra las acciones de su guerrero.

– “¡Ji, ji, ji! ¡Ha matado a un montón de gente!” – bailotea el brujo.

En la Tierra Sagrada de Karín, Trunks puede sentir lo que ocurre.

– “¡¡AAAAH!!” – exclama el chico, asustado.

En la Atalaya de Kamisama, Dende, que observa la Tierra, cae de rodillas al suelo, acongojado.

– “¿Qué estás haciendo, Vegeta…?” – titubea el namekiano, con lágrimas en los ojos.

Videl, que ya volaba de vuelta a casa, puede ver la explosión en el horizonte.

– “¡¿Qué ha sido eso?!” – se pregunta la muchacha. – “¡¿Una bomba?!”

Vegeta sonríe.

– “¡Venga! ¡Luchemos, Son Gohan!” – le dice al mestizo. – “Si no quieres que aumente el número de cadáveres…”

Una gota de sudor recorre la frente de Gohan.

– “El brujo lo ha poseído…” – piensa el mestizo. – “¡Maldición!”

– “Vegeta…” – interviene Piccolo. – “No me digas que has caído a propósito en el hechizo de Babidí…”

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprenden Gohan y Shin.

Vegeta prepara una nueva esfera de energía en su mano derecha y, sin apartar su mirada de Gohan, dispara hacia un lado, arrasando toda la ciudad y alcanzando finalmente el Instituto Orange Star.

Gohan se queda helado contemplando la escena.

– “¿No eras el héroe de esta ciudad?” – le provoca Vegeta. – “¿No se supone que ibas a defenderles?”

La mirada de Son Gohan, entre furiosa y triste, se clava en Vegeta. El mestizo se transforma en Súper Saiyajín repentinamente.

– “¡Son Gohan!” – interviene Shin. – “¡No lo hagas!”

Mientras tanto, en la Torre Sagrada, Trunks aprieta la barandilla que rodea el lugar.

– “¿Por qué…?” – gruñe el chico. – “Papá…”

– “Trunks…” – intenta calmarle Yajirobe.

El chico no atiende a razones y sale volando rápidamente hacia Satán City.

– “¡HEY!” – exclama Yajirobe.

– “¡NO, CHICO!” – grita Karín. – “¡ESPERA!”

Pero Trunks les ignora.

En la ciudad, Gohan no hace caso a Shin y se transforma en Súper Saiyajín de nivel 2.

– “¡Detente!” – insiste el Dios. – “¡Si luchas contra Vegeta, Babidí logrará su objetivo! ¡Absorberá vuestra energía y resucitará a Majin Bu!”

El mestizo ignora a Shin.

– “¿Es esto lo que quieres, Vegeta?” – pregunta Gohan.

– “¿Un combate?” – interviene Piccolo. – “¿Por eso te has dejado controlar?”

Vegeta responde con una sonrisa.

Shin, incrédulo ante lo que está sucediendo, protesta.

– “¡¿De verdad vas a poner en peligro el Universo por un combate entre vosotros?!” – le increpa el Dios.

El tono empleado por el Kaioshin enfurece a Vegeta.

– “¡TÚ NO ENTIENDES NADA!” – replica el saiyajín. – “¡Esto es lo único que importa!” – continúa. – “¡TIENE UN PODER EXTRAORDINARIO Y LO DESAPROVECHA! ¡UN PODER QUE NO MERECE!” – grita. – “¡YO soy el Príncipe de los saiyajín! ¡YO debería ser el más fuerte!” – gruñe. – “Pero este niñato me ha dejado atrás… Él y su padre… Incluso me han salvado la vida… ¡NO SE LO PERDONARÉ!”

Vegeta se prepara para atacar de nuevo la ciudad.

Gohan ha tomado una decisión. Su mirada es seria; incluso fría.

– “¡¡BABIDÍ!!” – grita a pleno pulmón. – “¡¡LLÉVANOS A UN LUGAR DONDE NO HAYA NADIE!! ¡¡LUCHARÉ CONTRA VEGETA!!”

La petición del mestizo ha sorprendido a Piccolo y Shin.

– “Gohan…” – se preocupa el namekiano.

Shin interviene.

– “¡ESPERA!” – dice el Dios, interponiéndose entre los dos saiyajín. – “¡Si queréis pelear, tendréis que pasar por encima de mí!”

Gohan sigue impertérrito. Su mirada se fija ahora en el Dios. 

Tras un incómodo silencio, el mestizo alza su mano y apunta a Shin, preparando una esfera de energía.

No solo Shin se sorprende, si no que Piccolo y Vegeta tampoco esperaban una acción tan radical por parte de Gohan.

El Dios decide apartase.

– “De… De acuerdo…” – claudica el Kaioshin, con la voz temblorosa. – “Como queráis…”

– “Lo siento, Kaioshin” – dice Gohan.

Babidí celebra en su nave.

– “¡HURRA, HURRA!” – vitorea. – “¡VAN A PELEAR!”

– “Le dije que funcionaría” – presume Dabra.

– “Los cambiaré de lugar si es lo que quieren… ¡A mí no me importa!” – dice el brujo. – “Y gracias a los recuerdos de ese Vegeta ya tengo el lugar ideal… ¡PAPARAPPA!”

Justo en ese instante, Videl estaba llegando al lugar, y puede ver a Gohan rodeado por esos extraños individuos, que de desaparece con ellos de repente.

– “¡GOHAN!” – grita ella, sin éxito.

En un instante, nuestros amigos han sido teletransportados a las montañas rocosas del norte. Una zona desértica que nuestros amigos conocen muy bien.

Shin se acerca a la compuerta del suelo.

– “Nuestros planes han cambiado…” – dice el Dios. – “Piccolo y yo seguiremos adelante e intentaremos detener la resurrección de Majin Bu.”

El Kaioshin apunta a la escotilla.

Babidí escucha las intenciones del Dios e interviene.

– “¡¡Ni lo sueñes!!” – exclama el brujo. – “¡No le dejes escapar, Vegeta! ¡Mátalos a todos!” – ordena. – “¡Hazlo! ¡Hazlo!” – insiste.

Vegeta sufre una fuerte jaqueca.

– “¡AAAH! ¡NO…!” – se resiste con un duro esfuerzo. – “¡No te obedeceré! ¡No me importa lo que haga el Kaioshin! ¡No me importa Majin Bu! ¡Solo me importa este combate!”

Babidí y Dabra se quedan perplejos al oír al guerrero resistirse a las órdenes directas del brujo. 

– “¡¿QUÉ?!” – dice el brujo. – “¡TE HE DICHO QUE LO MATES!”

– “Ya te lo he dicho…” – responde Vegeta. – “Solo me interesa el chico…”

– “¡¿CÓMO OSAS?!” – insiste Babidí.

– “No te obedeceré…” – gruñe Vegeta. – “Soy el Príncipe de los saiyajín… Aunque doblegues mi corazón y mi mente… hay algo que jamás dominarás… ¡MI ORGULLO!” – exclama. – “¡YAAAAAAAH!” – grita a pleno pulmón, intentando librarse del brujo.

Shin se queda sorprendido por la voluntad de Vegeta, capaz de negar las órdenes de mismísimo Babidí.

El brujo retrocede, sorprendido por el ímpetu del saiyajín.

– “Nunca… nunca había visto algo así…” – titubea Babidí.

– “No importa…” – dice Dabra. – “Nos proporcionará la energía que necesitamos.”

– “Sí…” – dice el brujo, con dudas.

– “Además, cuando el Kaioshin y el otro llegan hasta aquí, yo me encargaré de ellos. Puede que sea mejor abrirles la compuerta y evitar que Bu despierte antes de tiempo por accidente.” – sugiere el demonio.

– “Tienes razón…” – recapacita Babidí. – “De acuerdo.”

La compuerta del suelo se abre, invitando a nuestros amigos.

– “¡Han abierto!” – exclama Shin. – “Tendrán miedo de que despertemos al monstruo…”

Piccolo se acerca a su pupilo.

– “¿Estás seguro de esto, Son Gohan?” – le pregunta el namekiano.

– “Tengo que hacerlo” – responde el mestizo. – “Espero que me perdones, Piccolo.”

El namekiano responde con una media sonrisa.

– “Puedes dejar a Dabra y el brujo en nuestras manos” – dice Piccolo. – “Tú concéntrate en Vegeta. Haz que comprenda la realidad.”

 Vegeta sonríe.

– “¿Quieres intentarlo tú?” – le dice a Piccolo. – “Me servirías de calentamiento…”

– “No es propio de ti, presumir de un poder que no te has ganado.” – responde el namekiano.

El saiyajín escupe al suelo en señal de desprecio.

Piccolo se despide de su alumno.

– “Nos vemos luego, Son Gohan”. – dice el namekiano.

Shin y Piccolo se adentran en la nave. Tienen vía libre hasta el sótano.

Mientras tanto, Trunks ha sentido que las energías de sus amigos han cambiado de lugar repentinamente.

– “¡¿Qué diablos está pasando?!” – gruñe el mestizo, mientras cambia de rumbo.

Piccolo y Shin continúan su camino, y al llegar al final les esperan Babidí y Dabra, de pie frente al huevo de Majin Bu.

– “Bienvenidos” – saluda el brujo en tono burlón.

Piccolo se fija en el gran cascarón

– “Supongo que ahí es donde duerme el monstruo…” – dice el namekiano.

– “Sí…” – confirma Shin.

Babidí les interrumpe.

– “Kaioshin…” – murmura el brujo con odio. – “Me alegro de verte… ¡Hoy morirás!”

– “No permitiré que revivas a Majin Bu” – dice Shin. – “Te detendré igual que detuve a tu padre.”

– “Te veo muy confiado…” – sonríe Babidí. – “¿Ya os he presentado a Dabra?” – se burla.

– “Je, je…” – sonríe el demonio.

Piccolo da un paso al frente con decisión.

– “Este es cosa mía.” – dice el namekiano, haciendo crujir sus puños. 

– “Está bien.” – dice Shin. – “Yo me encargaré de Babidí.”

Mientras tanto, en la superficie, Gohan y Vegeta siguen cara a cara.

– “No quiero que nuestra energía despierte a Majin Bu.” – dice Gohan. – “Voy a acabar con esto lo antes posible.”

– “Enséñame todo el poder que ocultas.” – fanfarronea Vegeta.

Gohan aviva su aura y su poder estalla.

– “Asombroso…” – dice Vegeta. – “Debo haber conseguido hacerte enfadar, porque tienes casi tanta fuerza como cuando te enfrentaste a Cell…” – sonríe.

Vegeta también expulsa todo su ki, barriendo el suelo de polvo.

El poder del Príncipe sorprende a Gohan, que se pone en guardia.

– “¡ALLÁ VOY, SON GOHAN!” – avisa Vegeta.

Los dos saiyajín se enzarzan en un violento intercambio de golpes en el que Vegeta lleva la iniciativa. Los golpes del Príncipe son salvajes y buscan provocar a al mestizo.

Ambos guerreros retroceden para coger impulso y embisten el uno contra el otro, chocando sus antebrazos y provocando una onda expansiva que crea un cráter bajo sus pies.

Vegeta aprovecha la situación para sorprender a Gohan con un cabezazo que hace sangrar la frente del mestizo.

Eso hace reaccionar a Gohan, que instintivamente responde con una patada a Vegeta que lo lanza contra una montaña.

Un ataque de ki surge repentinamente de entre los escombros y Gohan se aparta para esquivarlo.

Vegeta se eleva sobre la montaña derrumbada y dispara una ráfaga continua de energía que obliga a Gohan retroceder para esquivar cada impacto.

– “¡JAJAJA!” – ríe Vegeta mientras ataca.

Gohan responde con un Masenko, pero Vegeta lo desvía hacia el cielo de un golpe; momento que el mestizo aprovecha para embestir a su adversario y propinarle un golpe con ambas manos juntas que lo lanza contra el suelo.

Vegeta no tarda en salir de entre la humareda generada por su impacto contra el suelo.

La sonrisa del Príncipe contrasta con el gesto preocupado de Gohan.

Trunks, ahora transformado en Súper Saiyajín, vuela lo más rápido que puede.

– “¡¿Papá y Gohan están peleando?!” – sufre el chico.

En Satán City, Videl ayuda a los heridos cuando la policía llega al lugar de los hechos junto al Campeón.

– “¡HIJA MÍA!” – exclama Satán, con lágrimas en los ojos al ver a su Videl.

El Campeón abraza a la muchacha con fuerza.

– “¿Qué te ha pasado?” – pregunta Satán. – “¡¿Qué ha hecho ese justiciero?!”

– “Nada, estoy bien…” – dice Videl.

– “¡Voy a darle su merecido!” – insiste el Campeón. – “Cuando averigüe quién es…”

Satán mira al jefe de policía.

– “¡¿Cómo va la investigación?!” – pregunta el Campeón.

– “Pues la hemos empezado hace unos minutos…” – se excusa el agente.

– “¡Necesito saber quién se esconde tras esa máscara!” – insiste Sarán.

– “Papá…” – interrumpe Videl. – “Creo que… tú ya lo conoces…”

– “¿Qué?” – se extraña Satán. – “¿Le conozco…?”

Videl asiente.

– “¡¿NO SERÁ ALGÚN PERDEDOR AL QUE HE APALIZADO EN UN TORNEO?!” – replica furioso Satán.

– “No exactamente…” – responde Videl, con cierta timidez.

Mientras tanto, en el sótano de la nave, Babidí parece contento.

– “Falta poco para que Bu despierte, y eso podría poner en peligro la integridad de la nave…” – explica el brujo. – “Será mejor que salgamos fuera. ¡PAPARAPPA!” – conjura.

El brujo, Dabra, Piccolo, Shin y el huevo de Bu aparecen en la superficie.

– “Mucho mejor…” – suspira Babidí, aliviado. – “¿Qué te parece, Dabra? Podrás vencer a ese tipo, ¿verdad?” – le pregunta a su secuaz.

– “Por supuesto” – responde del demonio. – “De los tres terrícolas, éste es el más débil.”

– “Creo que no deberías subestimarme…” – responde Piccolo. – “¡Luchemos! De demonio a demonio.”

– “¿Tú?” – sonríe Dabra en tono burlón. – “¿Un demonio?”

Babidí se prepara para pelear.

– “¡No te será fácil vencerme, Kaioshin!” – se burla de su adversario. – “¡Mi magia es más fuerte que la de mi padre!”

Una alarma interrumpe el encuentro.

– “¡PIPIPIPI!” – suena con vehemencia.

– “¡¿EH?!” – se sorprenden todos. 

Babidí se acerca al cascarón del monstruo.

– “No puede ser… No creo que… tan pronto…” – murmura incrédulo.

Pero cuando el brujo mira el indicador de la base del huevo, su rostro se ilumina como el de un niño el día de Navidad. 

– “¡YA ESTÁ! ¡YA LA TIENE! ¡BU YA TIENE LA ENERGÍA QUE NECESITABA!” – celebra el brujo. – “¡POR FIN MAJIN BU PODRÁ RESUCITAR!”

El terror embarga al Kaioshin.

– “No… no es posible…” – titubea Shin. – “¿Cómo puede haber conseguido la energía tan pronto…?”

– “Esos dos están peleando a un nivel superior al Súper Saiyajín.” – responde Piccolo. – “Espero que Gohan esté bien…”

Shin se derrumba de rodillas al suelo.

– “No… Esto es lo peor que podía pasar…” – sufre el Kaioshin. – “Lo he calculado todo mal… Ha sido culpa mía… Podríamos haberlo hecho de otra forma…”

En las montañas rocosas, el intercambio de golpes entre Gohan y Vegeta es tremendo. Los dos guerreros están magullados y ensangrentados. 

Tras un coque violento, los dos recuperan la distancia. 

– “Creía que no habías entrenado desde que mi padre murió…” – dice Gohan. – “Supongo que lo hiciste en secreto…”

– “Por mucho que entrenara jamás te alcanzaría.” – responde Vegeta, enfadado. – “Tienes una fuerza innata muy superior a la mía. Eso quedó claro cuando peleaste contra Cell.” – explica. – “Tú y tu padre… Los dos me habéis humillado continuamente…” – gruñe. – “Pero cuando vi a los guerreros de Babidí… No podía dejar escapar esa oportunidad…”

– “¡¿Qué?!” – se sorprende el mestizo. – “Así que es cierto… Piccolo tenía razón… Te has dejado controlar por el brujo…”

– “¡Y ha funcionado!” – replica el Príncipe. – “Ahora estamos al mismo nivel…”

– “Con todo tu orgullo… ¿Dejas que una alimaña como Babidí te someta?” – dice Gohan.

Vegeta frunce el ceño y aprieta sus puños con rabia.

– “Yo… yo…” – gruñe el saiyajín. – “¡¡YO QUERÍA SER COMO ANTES!!” – grita a pleno pulmón. – “¡¿NO LO ENTIENDES?! ¡¡QUERÍA SER EL SAIYAJÍN FRÍO Y CRUEL QUE ERA ANTES Y DERROTARTE!!” – exclama. – “Vosotros tratasteis de convertirme en un buen tipo… y durante un tiempo, casi sin darme cuenta, empecé a cambiar… Alguien como yo… con una familia… incluso llegó a gustarme vivir en la Tierra… en paz… ¡Pero ya no lo soportaba más! ¡Ese no era yo! ¡Por eso me he dejado poseer por Babidí! ¡Para volver a ser el Príncipe Saiyajín sanguinario que fui!” – una sonrisa se dibuja en su rostro. – “Ahora lo he conseguido… y me siento mejor que nunca.”

– “¿Lo dices en serio, Vegeta?” – replica Gohan.

Mientras tanto, Majin Bu ha empezado a salir de su hibernación. La plataforma que soporta el huevo ha empezado a emanar vapor a presión que barre toda la zona en la que se encuentran.

– “¡YA SALE!” – celebra el brujo. – “¡DESPIERTA, BU!”

Piccolo se pone en guardia.

– “¡¿Qué hacemos, Kaioshin?!” – pregunta el namekiano.

El Dios está derrotado.

– “No podemos hacer nada… ¡Huyamos!” – dice Shin.

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende Piccolo, incrédulo. – “¡¿HUIR?!” 

– “¡¡NO PODEMOS VENCER AL MONSTRUO BU!!” – insiste el Kaioshin. – “¡NADIE EN EL UNIVERSO PUEDE HACERLO! ¡SI NOS QUEDAMOS AQUÍ, SEGURO QUE MORIREMOS!”

– “Me niego…” – refunfuña Piccolo.

– “¡DEPRISA!” – insiste Shin.

– “Así no es cómo hacemos las cosas en la Tierra, Kaioshin.” – dice el namekiano. – “Nosotros no huimos ni nos escondemos…”

Piccolo se envuelve en su aura incolora y junta sus manos, concentrando toda su energía en una esfera de ki que brilla intensamente.

La luz llama la atención de Babidí y Dabra.

– “¿Qué hace?” – se pregunta el brujo.

Piccolo ya está listo.

– “¡¡GRANADA DE LUZ!!” – exclama el namekiano al lanzar su ataque contra el cascarón del monstruo.

Dabra agarra rápidamente a su Amo y lo aparta del ataque.

Una gigantesca explosión tiene lugar y una violenta onda expansiva de aire barre el área.

Babidí se quita a Dabra de encima y busca a su monstruo. La zona ha quedado vacía.

– “¡¿DÓNDE ESTÁ MI MONSTRUO BU?!” – se pregunta el brujo, preocupado.

De repente, el huevo, que había salido despedido, cae al suelo y se abre.

– “¡MI QUERÍDO BU!” – celebra el mago.

Pero el huevo aparentemente está vacío. 

– “No… Esto no puede estar pasando…” – sufre el brujo. – “¿Por qué…? ¿Por qué no está…?”

– “¿Qué ha pasado?” – pregunta Dabra.

– “¡MONSTRUO BU!” – clama Babidí.

La sonrisa regresa al rostro de Shin.

– “Hemos… Hemos tenido suerte…” – dice el Dios.

El Kaioshin apunta con un dedo acusador al brujo.

– “¡Se acabó, Babidí!” – exclama Shin. – “¡Tu monstruo a muerto!”

Babidí se derrumba.

– “No… Majin Bu…” – lamenta el brujo.

– “No se preocupe, señor” – dice Dabra. – “Aún me tiene a mí. Yo acabaré con ellos.”

Babidí no parece satisfecho con esa solución.

Shin se prepara para pelear.

– “¡Piccolo! ¡Podemos vencerles!” – dice el Dios. – “¡Es nuestra oportunidad de detener a Babidí para siempre!”

Pero el namekiano siente una extraña presencia que le inquieta.

– “No… No lo creo…” – dice Piccolo.

– “¿Eh?” – se extraña Shin.

– “Siento… Siento una terrible energía…” – dice el namekiano. – “Y no deja de aumentar…”

De repente, Piccolo alza su vista al cielo y divisa una gigantesca nube de humo rosado que se está concentrando. 

– “Ese humo…” – murmura el namekiano. – “Salió del huevo…”

Babidí y Dabra imitan a Piccolo.

– “¿Qué está mirando?” – se pregunta el brujo.

– “¡¿Puede que sea…?!” – exclama el demonio.

El humo empieza a tomar forma corpórea hasta resultar en un monstruo orondo de color rosado con cara de bonachón, que luce pantalón blanco, chaleco negro, botas y manoplas amarillas y una capa morada atada alrededor del cuello.

– “¡BUUUUUUUUU!” – exclama el monstruo con alegría.

DBZ – SAGA BU REWRITE / Capítulo 6: La astucia de Dabra

DBZ – Saga Bu Rewrite / Capítulo 6: La astucia de Dabra

En el sótano de la nave, Babidí medita su próximo movimiento.

– “¿A qué guerrero enviamos al segundo nivel?” – pregunta Dabra.

– “¡Que salga Yakon!” – responde el brujo.

– “¡¿Yakon?!” – se sorprende el demonio. – “¿Va a utilizar a Yakon en el segundo nivel?”

– “Puede que esos terrícolas sean más fuertes de lo que pensábamos…” – dice Babidí. – “Ten en cuenta que Pui-pui ha sido derrotado sin poder siquiera defenderse…”

– “Tiene razón…” – recapacita Dabra. – “Pero si Yakon los mata tan pronto, yo no podré divertirme con ellos…”

– “Nuestro objetivo es despertar a Bu… No lo olvides.” – responde en brujo.

– “Sí, ¡perdóneme, señor!” – se disculpa el demonio, que se ha dejado llevar por sus ansias de violencia.

En el nivel dos, nuestros amigos esperan la llevada de su adversario.

– “No viene nadie…” – murmura Gohan. – “¡Sal de una vez!”

– “¿Por qué no hundimos el suelo y pasamos al siguiente nivel?” – sugiere Vegeta.

– “¡Os he dicho que no!” – exclama Shin. – “¡Eso podría despertar a Majin Bu!”

– “Por lo que estoy viendo, Bu no debe ser gran cosa…” – responde Vegeta. – “…como Dabra.”

– “¡¿Eh?! ¡¿Dabra?!” – se sorprende el Kaioshin.

– “No creo que ese Dabra sea para tanto.” – insiste el saiyajín. – “Si tenemos cuidado con su escupitajo, creo que podríamos ganarle.”

– “¿De verdad creéis eso?” – pregunta Shin, que mira a Gohan y Piccolo.

– “Es posible…” – responde el mestizo.

– “Hace siete años nos enfrentamos a un adversario llamado Cell, y Son Gohan lo derrotó.” – explica el namekiano. – “Dabra aún no ha demostrado su verdadera fuerza, pero no creo que sea más fuerte que Cell.”

Shin se queda asombrado.

– “¿De verdad este joven es tan fuerte?” – se pregunta mientras observa a Gohan, cuyo carácter despreocupado confunde al Dios.

En ese instante, la puerta de la sala se abre y de ella surge el próximo gladiador de Babidí; una enorme criatura verde y monstruosa, de ojos saltones y enorme boca.

– “¿A quién me como primero?” – pregunta el extraterrestre.

– “Mira que eres feo…” – le dice Vegeta, dando un paso al frente. – “Yo seré tu contrincante.”

Shin se preocupa al ver el nuevo enemigo.

– “¡Ese es Yakon!” – exclama el Dios. – “¡Ten cuidado, Vegeta!”

La bestia embiste al saiyajín, que esquiva el puñetazo enemigo, pero se sorprende al sentir que ha recibido un arañazo en el pecho. El corte es poco profundo, pero ha herido su orgullo.

Vegeta mira a su adversario y se da cuenta de que dos grandes garras afiladas como cuchillas han surgido de la cara posterior de los antebrazos del monstruo.

– “Maldita sea…” – gruñe el saiyajín.

Babidí, que observa la pelea a través de su bola de cristal, celebra la victoria.

– “¡Eso es!” – exclama el brujo. – “¡Hazles mucho daño!”

Piccolo y Gohan se sorprenden al ver la velocidad del gladiador.

– “Para ser tan grande es muy rápido…” – dice el namekiano.

– “¡Deberíamos pelear juntos!” – exclama Shin.

La voz de Babidí retumba en la sala.

– “¡Muy bien, Yakon! ¡Así se hace!” – dice el brujo. – “¡Te voy a trasladar al Planeta Oscuro para que puedas acabar pronto con ellos!”

Dabra se sorprende al escuchar a Babidí.

– “El planeta de noche perpetua… ¿Cree que es necesario?” – pregunta el demonio. – “Creo que Yakon puede con ellos de todas formas…”

– “Es posible, pero si la nave sufre daños, Bu podría despertar antes de tiempo…” – responde el brujo.

– “Muy inteligente…” – dice Dabra.

Babidí extiende sus manos hacia la bola de cristal.

– “¡PAPARAPPA!” – exclama, transportando a nuestros amigos y a Yakon al Planeta Oscuro.

Vegeta, Gohan, Piccolo y Shin se encuentran repentinamente sumidos en una oscuridad absoluta.

– “¡No veo nada!” – exclama el mestizo.

La voz de Yakon se oye entre las sombras.

– “Yo sí puedo veros…” – sonríe el monstruo.

Vegeta se cruza de brazos.

– “Vaya estupidez…” – murmura el saiyajín.

De repente, el aura dorada de Súper Saiyajín lo envuelve e ilumina el lugar.

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende Yakon, que ha quedado al descubierto.

– “Ahora yo también puedo verte” – se burla Vegeta.

Babidí se sorprende al ver la transformación del saiyajín.

– “¡¿QUÉ SIGNIFICA ESTO?!” – exclama el brujo. – “¡¿QUÉ ESTÁ HACIENDO?!”

– “Solo brilla un poco…” – dice Dabra.

El brujo saca un medidor como el que usó Yamu en Satán City y apunta a su bola de cristal.

– “¡¡3000 KIRIS!!” – exclama Babidí, asustado. – “¡¿CÓMO PUEDE UN TERRÍCOLA DESPRENDER TANTA ENERGÍA?!”

– “No debería existir un humano de tales características…” – murmura Dabra.

– “¿Crees que el medidor está estropeado?” – se pregunta el brujo. – “Si de verdad tiene 3000 kiris, Yakon no podrá con él… ¡Solo tiene 800!”

En el nivel dos, Yakon sonríe, desconcertando a Vegeta.

El monstruo abre su gigantesca boca e inhala con todas sus fuerzas, creando una corriente de aire que aspira la luz que emana Vegeta y deja al saiyajín en su estado base. Yakon engulle la energía de Vegeta.

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprenden nuestros amigos.

El saiyajín ha quedado atónito. 

– “¡Volvemos a estar a oscuras!” – exclama Gohan.

– “Ese monstruo ha absorbido la energía de Vegeta…” – dice Piccolo.

– “¡¡Claro!!” – exclama Shin. – “¡Yakon se alimenta de energía lumínica! ¡La luz que desprende Vegeta le ha servido de alimento!”

El monstruo eructa, satisfecho con su aperitivo.

– “Muy sabrosa…” – sonríe Yakon.

Vegeta se pone en guardia.

– “Maldición…” – refunfuña el saiyajín.

Gohan se acerca al saiyajín.

– “¡Luchemos juntos, Vegeta!” – sugiere Gohan.

– “¡NI SE TE OCURRA INTERVENIR!” – protesta Vegeta, furioso. – “¡No necesito tu ayuda para nada!”

El monstruo prepara de nuevo sus garras.

– “Veo que no tienes intención de transformarte de nuevo…” – dice Yakon. – “Así que ya puedo matarte.”

Yakon se abalanza sobre Vegeta, y éste retrocede esquivando los zarpazos del monstruo.

– “Puedo sentir tus movimientos…” – dice el saiyajín. – “Pero no creas que se me han acabado los recursos.” – sonríe.

Vegeta repele a Yakon con una patada.

El saiyajín alza la mano derecha y una pequeña esfera de energía blanca se genera en su palma.

– “¡HYAAA!” – exclama el saiyajín al lanzar su técnica hacia el cielo.

Yakon contempla confuso la luz ascendente.

Cuando la esfera a tomado suficiente altura estalla y se convierte en una luna llena que baña con su luz toda la zona de combate.

– “¡Es la técnica que usó en la Tierra!” – exclama Gohan.

– “Una luna artificial…” – sonríe Piccolo.

Vegeta se cruza de brazos con una sonrisa chulesca.

– “No es que necesite verte para derrotarte…” – dice el saiyajín. – “Pero quería que tú y tu amo supierais lo mucho que nos habéis infravalorado.”

Yakon no parece tener miedo.

– “¡Solo me has proporcionado un nuevo almuerzo!” – celebra el monstruo.

Yakon abre su boca y empieza a aspirar la luz que emite la esfera, pero de repente recibe una patada en el abdomen. Vegeta se ha lanzado contra él a toda velocidad.

El monstruo se arrodilla dolorido y mira a Vegeta, pero el saiyajín coloca la mano derecha a escasos centímetros de su rostro y prepara una esfera de energía.

Yakon, asustado, mira al saiyajín.

– “Cómete esto” – sentencia Vegeta, forzando su mano dentro de la boca del monstruo. – “¡BIG BANG ATTACK!”

La esfera de energía de Vegeta se introduce en las fauces del monstruo y estalla en su estómago, haciendo explotar al monstruo en pedazos.

La compuerta que da paso al siguiente nivel se abre enseguida.

– “Ya van dos” – dice Piccolo, que es el primero en saltar al agujero.

– “¡Pronto llegaremos al último nivel!” – celebra Gohan.

– “Esto es más aburrido de lo que esperaba…” – suspira Vegeta.

Shin se queda boquiabierto una vez más.

– “Son aterradores…” – piensa el Dios.

Babidí, que lo ha visto todo, empieza a estar realmente preocupado.

– “Yakon… Yakon ha muerto…” – titubea el brujo. – “Ese tipo lo ha matado de un solo ataque…”

– “El muy imbécil no ha podido resistirse a la luz de esa esfera” – dice Dabra. – “Si no hubiera perdido la concentración, podría haber ganado.”

– “No… No es eso…” – dice Babidí. – “Esos tipos no son normales…”

– “No se preocupe” – le tranquiliza el demonio. – “Yo estoy aquí para protegerle.”

Dabra sonríe.

– “Yo mismo iré al nivel tres.” – anuncia el diablo. – “Bu pronto tendrá la energía que necesita.”

– “Dabra… Si te ganan…” – duda Babidí. – “¿Has calculado bien tus posibilidades?”

– “¿Posibilidades? Ju, ju, ju” – ríe el demonio. – “Soy el Rey de los Demonios. No existe ningún mortal en el mundo capaz de derrotarme.”

En el nivel tres, nuestros amigos esperan.

– “Me toca a mí” – dice Gohan, que hace unos estiramientos para calentar.

– “No deberías tener problema.” – dice Piccolo.

De repente, la compuerta se abre y revela al mismísimo Dabra.

– “¡¿DABRA?!” – se asusta el Kaioshin.

El demonio parece seguro de sí mismo.

– “Quiero felicitaros.” – anuncia Dabra. – “Habéis alcanzado el nivel tres… Pero ahora os toca enfrentaros a mí.”

– “Vaya… ¿Babidí ya saca a su número uno? Parece que el brujo se ha puesto nervioso…” – se burla Vegeta.

Gohan da un paso al frente.

– “Vamos allá…” – sonríe el saiyajín.

– “¿Eh?” – se sorprende Dabra. – “¿No vais a atacarme todos juntos?”

– “Con el chico vas a tener suficiente” – sonríe Piccolo.

Dabra frunce el ceño y rechina los dientes.

– “Osáis subestimarme…” – gruñe el diablo.

Mientras tanto, en la Torre de Karín, Trunks dejó de sentir el rastro de sus amigos cuando entraron en la nave.

– “¿Qué debe estar pasando?” – se preocupa el chico.

Videl se prepara para marcharse.

– “Creo que debería volver a casa.” – dice la muchacha. – “Mi padre debe estar muy preocupado. ¡Muchas gracias por vuestra hospitalidad!”

– “Por nosotros no te preocupes.” – dice Karín. – “Puedes quedarte todo el tiempo que necesites.”

– “No tenemos muchas visitas” – añade Yajirobe.

– “Os lo agradezco” – sonríe ella. – “Pero mi padre va a armar un gran revuelo en Satán City si cree que me ha pasado algo malo.”

En la Mansión Satán, la policía investiga la zona y toma muestras de tejido y sangre. Decenas de helicópteros sobrevuelan la ciudad y un centenar de coches patrulla recorre las calles.

– “¡Quiero saber lo que le ha ocurrido a mi hijita!” – exclama Satán. – “¡Entrad en cada casa si hace falta!”

– “Sí, señor” – responde un agente.

– “¡Y averiguad quién demonios es ese Gran Saiyaman!” – exclama el Campeón.

Mientras tanto, Babidí ha enviado a nuestros amigos a un planeta desértico, rocoso, con pequeños lagos de agua oscura y el cielo rojo como la sangre.

Gohan, transformado en Súper Saiyajín, pelea contra Dabra. Los dos se enzarzan en un intercambio de golpes. El combate parece parejo, pero ninguno de los dos está dando el máximo.

Gohan logra repeler a Dabra con una patada en su abdomen, pero el diablo pronto reacciona y contraataca escupiendo una llamarada por su boca. 

El mestizo esquiva el ataque y se abalanza sobre Dabra, dispuesto a propinarle un puñetazo, pero éste resulta ser solo una ilusión.

– “¡ESTOY AQUÍ!” – se burla Dabra desde la distancia, a la vez que invoca una gran bola de fuego que lanza contra el chico.

Dabra alcanza a Gohan y su ataque estalla, repeliendo al mestizo y lanzándolo a un lago.

Gohan no tarda en salir de nuevo a la superficie, con su gi verde roto. El chico se arranca la ropa, quedando solo con el conjunto negro interior.

Mientras tanto, Vegeta, Piccolo y Shin observan el combate desde tierra firme.

– “Esa magia es peligrosa…” – dice Piccolo.

– “¿Deberíamos ayudarle?” – pregunta Shin.

– “No me hagáis reír…” – protesta Vegeta. – “El chico está perdiendo el tiempo…”

– “Hace mucho que no tiene una pelea de este nivel.” – le excusa el namekiano. – “Déjale calentar.”

Vegeta exhala molesto.

– “Su actitud me irrita casi tanto como la de su padre…” – refunfuña el saiyajín.

Dabra se abalanza sobre Gohan y al aproximarse le sorprende con un escupitajo.

El mestizo lo detiene con su mano enfundada en el guante de Gran Saiyaman, que enseguida empieza a convertirse en piedra.

El chico se saca la prenda rápidamente, y la lanza contra al suelo. El guante se rompe como un jarrón. 

Dabra invoca una espada en su mano derecha y la levanta sobe su cabeza, sujeta con las dos manos, dispuesto a partir a Gohan en dos.

El saiyajín detiene el espadazo entre sus manos, y tras un breve forcejeo, el mestizo rompe la espada por la mitad.

El diablo, sorprendido, retrocede para recuperar distancias. Los dos fragmentos de la espada caen al lago que sobrevuelan.

– “Admito que me habéis sorprendido…” – dice Dabra. – “Sois mucho más fuertes de lo que esperaba… Sobretodo tú… Pero no estás a mi nivel.”

El diablo aprieta sus puños y una terrible aura roja lo envuelve.

El poder de Dabra sorprende a todos los presentes.

– “Estaba ocultando su verdadera fuerza…” – murmura Piccolo.

– “¡Os dije que teníamos que acabar con él juntos!” – les recrimina Shin.

Vegeta parece molesto, pero se limita a observar.

Babidí observa el combate a través de su bola de cristal.

– “¡Déjate de juegos, Dabra!” – protesta el brujo. – “¡Hazle más daño! ¡Tenemos que resucitar a Bu!”

A pesar del poder mostrado por el diablo, una media sonrisa se dibuja en el rostro del mestizo.

– “Tienes razón.” – dice Gohan. – “No estoy a tu nivel.”

El mestizo aprieta sus puños. Dabra retrocede instintivamente al sentir una fuerte corriente de aire empujándole.

– “¡HAAAAAAAA!” – grita Gohan a pleno pulmón.

El poder del mestizo provoca que el agua bajo él se desplace, crenado grandes olas que rompen contra la costa cerca de nuestros amigos. Las nubes sobre él son empujadas hacia el horizonte.

Su cabello se ha erizado aún más, rayos de energía chasquean a su alrededor; se ha transformado en Súper Saiyajín 2.

– “¿Y si luchamos en serio de una vez?” – fanfarronea Gohan.

Dabra frunce el ceño, furioso al ver que Gohan ha estado conteniéndose.

– “Disfrutaré matándote, muchacho” – le amenaza el demonio.

Piccolo sonríe orgulloso. Shin está asombrado ante el poder de Gohan. Vegeta parece frustrado.

Dabra y Gohan se abalanza el un contra el otro y se enzarzan en un nuevo intercambio de golpes. Los dos logran conectar algunos puñetazos y patadas. Es un combate parejo, pues Dabra suple sus carencias con astucia.

El demonio usa ilusiones para confundir a Gohan, rodeándole con copias que le atacan a la vez, haciendo que el mestizo yerre en sus ataques e intentando sorprenderle por la espalda.

Vegeta se impacienta.

– “¿Qué está haciendo…?” – refunfuña el saiyajín. – “Ya debería haber ganado este combate…”

– “¿Tú podrías hacerlo mejor?” – replica Piccolo.

– “¡No merece el poder que tiene!” – protesta Vegeta. – “¡Un poder como ese no debería desperdiciarse en alguien como él!”

– “Cálmate, Vegeta” – le advierte el namekiano.

– “¡El idiota de Kakarotto y tú lo habéis consentido!” – grita Vegeta.

Dabra oye la discusión y una sonrisa se dibuja en su rostro.

– “¡Señor Babidí!” – avisa al brujo por telepatía. – “¡Devuélvanos a la nave! ¡He descubierto algo importante!”

– “¿Eh?” – se extraña Babidí, un poco desconfiado.

– “¡Podremos resucitar al Monstruo Bu!” – insiste Dabra.

– “Espero que tengas razón…” – responde el brujo.

Babidí recita su conjuro y los devuelve a la nave.

– “¡PAPARAPPÁ!” – exclama.

Nuestros amigos reaparecen en el nivel tres, sin aviso previo, algo que les desorienta; momento que Dabra aprovecha para escapar.

– “¡¿A dónde vas?!” – exclama Gohan. – “¡¿Huyes?!”

– “Tranquilos…” – sonríe Dabra, mientras la puerta lateral de la sala se cierra a su paso. – “He encontrado a un guerrero que peleará en mi lugar.”

– “¡¿Qué?! ¡¿Cómo dices?!” – replica el mestizo.

La puerta se cierra, dejando a nuestros amigos solos en la sala.

El demonio regresa junto a su Amo.

– “Explícate, Dabra…” – exige Babidí. – “Espero que sea un descubrimiento realmente interesante…”

– “Uno de ellos tiene el corazón oscuro” – revela Dabra. – “Estoy seguro de que usted podrá doblegarlo.”

– “¡Eso es estupendo!” – celebra el brujo. – “¡Si pelean entre ellos, podremos obtener una gran cantidad de energía! ¡Por fin resucitará Majin Bu!”

Gohan parece confuso con las palabras de despedida de su adversario. El muchacho ha vuelto a su estado base.

– “¡¿Qué ha querido decir?!” – pregunta el mestizo a sus compañeros.

– “¿Ha encontrado a un nuevo guerrero?” – repite Piccolo.

– “¡¿No será…?!” – se asusta Shin, que sospecha con temor el significado de tales palabras.

Babidí se acerca a su bola de cristal y fija su atención en Vegeta.

– “¡ES VERDAD!” – celebra el brujo. – “¡Su corazón es oscuro! Rabia, envida, frustración… ¡Él no está aquí por el bien del universo! ¡Es perfecto!”

El brujo se concentra para ejercer su hechicería a través de la bola de cristal.

En el tercer nivel, Vegeta siente como Babidí penetra en su mente de repente y se sujeta la cabeza con ambas manos, sufriendo una terrible jaqueca.

– “¡¡AAAAAAAGH!!” – grita desesperado, transformándose en Súper Saiyajín.

– “¡Justo lo que temía!” – exclama Shin. – “¡Vegeta! ¡Babidí intenta aprovecharse de ti! ¡Intenta no pensar en nada! ¡No dejes que se alimente de tus emociones!”

– “¡CÁLLATE!” – grita Vegeta. – “¡ME TALADRAS EL CEREBRO!”

En el sótano de la nave, Babidí sonríe.

– “¡Muy bien! ¡Muy bien! ¡Ya es nuestro! ¡Ji, ji, ji!” – celebra satisfecho. – “¡Y ahora vamos a extraerle todo su poder! ¡Hasta la última gota!”

Gohan da un paso hacia Vegeta, intentando calmarlo. 

– “Vegeta…” – dice el mestizo. – “¡No te dejes manipular!”

Vegeta estalla en una explosión de energía.

– “¡¡YAAAAAAAAAH!!! – grita a pleno pulmón.

Piccolo, Gohan y Shin son empujados por una fuerte corriente de aire.

Vegeta ha cambiado. Su musculatura ha aumentado y las venas de su cuerpo se marcan de forma exagerada. Su aura es violenta, con múltiples rayos de energía chasqueando continuamente a su alrededor. Sus ojos están rodeados por ojeras oscuras. En la frente, la “M” negra de Babidí. 

– “Je, je, je…” – ríe Vegeta con una terrorífica sonrisa dibujada en su rostro.

DBZ – SAGA BU REWRITE / Capítulo 5: El brujo Babidí

DBZ – Saga Bu Rewrite / Capítulo 5: El brujo Babidí

Yamu y Spopovich cruzan el océano a toda velocidad, satisfechos con su trabajo.

– “Con esto Majin Bu podrá resucitar…” – dice Yamu. – “¡Y el señor Babidí estará muy contento!” – celebra.

Shin y Piccolo persiguen a Yamu y Spopovich desde una distancia segura.

– “Me alegro de que hayas decidido seguirme” – sonríe el forastero. – “Necesitaré vuestra ayuda para vencer.”

– “¿Vencer a quién?” – pregunta Piccolo.

– “Esos dos tipos están siendo utilizados…” – explica Shin. – “…por un brujo maléfico” – revela.

– “¿Un brujo?” – se sorprende el namekiano.

– “Hace mucho tiempo, cuando los terrícolas apenas habían empezado caminar erguidos, en un lugar muy lejano del universo había un malvado brujo llamado Bibidí.” – explica Shin. – “Un día, Bibidí creó un monstruo espantoso: Majin Bu; un ser terriblemente poderoso. El monstruo no tiene conciencia ni sentimientos, y lo único que hace es destruir y asesinar… Es una abominación únicamente creada para sembrar el terror entre los seres vivos. En solo cinco años llevó la muerte y la desolación a centenares de planetas…”

– “¿Y quién eres tú?” – pregunta Piccolo, que sospecha del origen divino del individuo – “Acaso… ¿eres el Gran Kaio?”

Shin sonríe.

– “Te equivocas…” – dice el Dios. – “Soy un Kaioshin.”

– “¡¿UN KAIOSHIN?!” – se sorprende Piccolo. 

No muy lejos de allí, Kibito y Gohan los siguen.

– “Entiendo…” – murmura el mestizo, que ha oído la misma historia narrada por Kibito.

– “Por encima de los cuatro Kaios se encuentra el Gran Kaio, y por encima de él están los Kaioshin.” – explica Kibito. – “Cuando Bu fue creado había cinco Kaioshin; cualquiera de ellos capaz de tumbar a alguien como Freezer de un solo puñetazo… Y Majin Bu mató a cuatro de ellos. Solo el Kaioshin del Este sobrevivió.”

– “Ese Bu parece un monstruo terrible…” – dice Gohan.

– “Lo es.” – afirma Kibito. – “Ni siquiera Bibidí podía dominar al fiero monstruo. Un día, el brujo encerró a su monstruo para poder descansar… Pero Shin estaba esperando esa oportunidad y mató a Bibidí antes de que este lograra liberar de nuevo a Majin Bu … Y ocultó el huevo que lo encerraba en este planeta, pues no quiso arriesgarse a destruirlo y despertarlo por accidente; además, Bibidí era el único capaz de despertar al monstruo…

Shin y Piccolo continúan volando.

– “¡Pero hace poco descubrí algo terrible!” – dice el Kaioshin. – “¡El malvado Bibidí tenía un hijo! Y es tan terrible como su padre… ¡Es el brujo Babidí!” – revela.

– “Así que tenemos que evitar que el monstruo resucite…” – dice Piccolo.

– “Así es.” – confirma Shin. – “Y debemos derrotar a Babidí.”

Kibito y Gohan siguen su camino.

– “¿El brujo es fuerte?” – pregunta Gohan.

– “Su magia es poderosa.” – responde Kibito. – “El brujo es capaz de penetrar en la mente de la gente con un corazón oscuro y manipularlos, como ha hecho con esos dos terrícolas.”

– “¿Y por qué atacaron la Mansión Satán? ¿Y qué es lo que me han hecho?” – pegunta Gohan. – “Sentí que mi fuerza se escapaba de mi cuerpo…”

– “Parece que para despertar a Majin Bu necesitan una gran cantidad de energía…” – dice el ayudante de Shin. – “La fama de ese humano al que llaman Satán debe haber atraído la atención de esos tipos… Nosotros llevábamos un tiempo siguiéndolos, esperando que revelaran lo localización de la guarida del brujo.”

Gohan y Kibito alcanzan finalmente a Shin y Piccolo.

– “¡Hola, Piccolo!” – saluda el mestizo. – “Me alegro de verte.”

– “Hola, Son Gohan.” – dice el namekiano. – “Veo que vuelves a estar en plena forma.”

Gohan sonríe.

– “Gracias, Kibito” – dice Piccolo.

De repente, Shin se da cuenta de que Yamu y Spopovich están descendiendo.

– “¡Van a aterrizar!” – exclama Shin. – “¡Borrad vuestro rastro de energía y seguidme!”

Los cuatro guerreros descienden sobre una montaña escarpada. 

– “Ya habíamos revisado este lugar…” – piensa Kibito. 

Los dos monstruosos bandidos se acercan a una puerta que brota en mitad de una zona donde se aprecia que la tierra ha sido removida.

– “Maldición…” – murmura Kibito. – “Han escondido la nave bajo tierra. ¡Por eso no la encontrábamos!”

– “Puede que Babidí sepa que estamos aquí…” – dice Shin, preocupado. – “Si no, no se habría esforzado en esconder la nave…”

La compuerta se abre y un personaje sale de ella. Es un individuo de aspecto extraterrestre, cráneo alargado, delgado, de una estatura similar a Yamu, embutido en un mono negro con armadura blanca. 

– “¡Ha salido alguien!” – dice Gohan. – “¿Es Babidí?”

– “No, no es él” – responde Kibito.

Yamo y Spopovich muestran la urna al misterioso individuo, que asiente y entra de nuevo en la nave.

– “¡Ataquemos ahora!” – sugiere Piccolo. – “¡Antes de que resuciten a Majin Bu con la energía que le han robado a Gohan!”

– “No os preocupéis” – le calma Shin. – “Cuando quieran resucitar a Bu lo harán en el exterior, para que no destroce la nave.”

– “Será mejor esperar y ver qué traman.” – dice Kibito. – “Atacaremos en el momento oportuno.”

De repente, la compuerta vuelve a abrirse, y el individuo extraterrestre vuelve a aparecer, esta vez acompañado por dos nuevos personajes.

El primero es un pequeño individuo de piel amarilla arrugada y ojos grandes y saltones, vestido con una túnica naranja y un cinturón adornado con una gran “M”. El que lo escolta es un tipo alto de tez rosada y pupilas rasgadas, dos pequeños cuernos en la frente y orejas puntiagudas, vestido con un mono azulado y una gran capa blanca de cuello alto, con botas y cinturón del mismo color. 

– “¡Es Dabra!” – exclama asustado Kibito. – “¡Babidí ha conseguido poner de su parte al mismísimo Rey del Makai!”

– “¿Dabra?” – pregunta Gohan. – “¿Ese es el tipo alto? ¿Es fuerte?”

– “Naturalmente…” – dice Shin. – “Es el Rey de la Dimensión Demoníaca.” – explica. – “Puede que vosotros seáis fuertes de esta dimensión, pero en el Mundo de los Demonios, Dabra es el más fuerte.”

– “Y el otro es Babidí…” – dice Kibito.

– “¿Tan poderoso es el brujo que ha logrado doblegar a alguien tan terrible como ese Dabra?” – pregunta Piccolo.

– “Sus hechizos pueden ser terribles.” – explica Kibito. – “Utiliza la oscuridad que habita en lo más recóndito del corazón de los individuos para dominar su voluntad. Con alguien tan malvado como Dabra, seguro que no le ha sido difícil.”

Shin parece preocupado. Una gota de sudor recorre su frente.

– “Creo que he cometido un error de cálculo…” – lamenta el Dios. – “No esperaba encontrar a Dabra aquí… Esto puede ser muy peligroso…”

Mientras tanto, Yamu ha entregado la urna al brujo.

– “Vaya, vaya… Cuanta energía…” – dice el brujo con voz estridente. – “Habéis hecho un buen trabajo. Pronto podremos resucitar al monstruo Bu…”

– “¡Gracias, señor!” – dice Yamu.

– “Ha sido fácil gracias al poder que nos dio…” – dice Spopovich.

– “¡Je!” – sonríe el brujo. – “Ahora ya no os necesito…”

Con su mirada, el brujo maldice a Spopovich, cuyo cuerpo empieza a hincharse de forma macabra hasta estallar en pedazos. Partes del bandido quedan esparcidas por el terreno, alrededor de una gran mancha de sangre.

Nuestros amigos observan lo ocurrido desde la montaña y se quedan perplejos ante la maldad del brujo.

Yamu, aterrado ante lo que le ha ocurrido a su socio, intenta escapar volando de su evidente y terrible destino.

Babidí sonríe.

– “¿Quieres encargarte tú, Pui-pui?” – le dice a su súbdito.

– “Por supuesto, Amo.” – dice el extraterrestre.

Pui-pui alza su brazo y se ayuda con su otra mano para apuntar al fugitivo antes de disparar y hacerlo estallar en el aire.

– “Buena puntería, jeje” – celebra Babidí.

Gohan mira aterrado el humo en el cielo.

– “Han… Han matado a sus aliados…” – titubea el mestizo.

Babidí mira de reojo a su escolta, el Rey Demonio.

– “Bien, Dabra…” – dice el brujo. – “Tal y como había planeado, esos dos idiotas nos han traído unas cuantas presas… y al mismísimo Kaioshin del Este.”

– “Creen que están bien escondidos… pero son cinco.” – dice Dabra, con retintín. – “No podemos usar la energía del Dios y su ayudante, pero los otros pueden ser muy útiles.”

– “Jiji” – ríe Babidí. – “¡Estupendo!” – celebra. – “No esperaba poder resucitar a Majin Bu tan pronto…”

– “Su plan ha sido excelente.” – dice Dabra.

– “Lo mejor será que atraigamos a esos tipos a la nave…” – dice Babidí. – “Mata a Kibito, seguro que eso será incentivo suficiente.”

– “Sí, Amo.” – responde el demonio.

– “Ah, y una cosa más…” – dice el brujo. – “No mates al Kaioshin. Él mató a mi padre y quiero reservarme el placer de asesinarle con mis propias manos.”

– “De acuerdo, señor Babidí.” – dice Dabra. – “Le dejaré con vida.”

Pui-pui da un paso al frente.

– “¿Y qué hago yo, señor?” – pregunta el extraterrestre.

– “Dabra puede hacerlo solo” – dice el brujo. – “Tú entra en la nave. Dejaré que te encargues del primer nivel.”

– “¡Será un honor!” – responde Pui-pui.

Babidí y el súbdito entran en la nave. Dabra se queda fuera. Nuestros amigos siguen observando desde la montaña.

– “¿Qué hacen ahora?” – se pregunta Gohan.

El demonio sonríe de forma terrorífica.

– “Allá voy” – murmura Dabra.

De repente, el diablo sale volando a toda velocidad hacia nuestros amigos.

– “¡Nos han descubierto!” – exclama Piccolo.

El diablo aparece frente a Kibito y extiende su mano a escasos centímetros de su rostro. El terror embarga a todos los presentes.

El diablo dispara y desintegra al ayudante de Shin.

– “¡¡KIBITO!!” – grita Shin, desolado.

– “¡MALDITA SEA!” – exclama Gohan, furioso.

Dabra retrocede y escupe a Piccolo.

– “¡Que no os toque su saliva!” – advierte Shin.

El escupitajo sorprende al namekiano, que intenta cubrirse y recibe el impacto en su antebrazo izquierdo.

El namekiano se da cuenta que su extremidad se está transformando en piedra. La mutación se extiende por su brazo.

– “¡¿QUÉ?!” – se asusta Piccolo.

El namekiano alza su mano derecha.

– “¡YAAAAH!” – grita al cercenarse el brazo izquierdo, que cae al suelo y se fragmente en un centenar trozos.

Dabra regresa a la nave rápidamente.

– “¡JAJAJA!” – ríe el demonio. – “¡¡IDIOTAS!! ¡¡NADIE PUEDE ENFRENTARSE AL GRAN BABIDÍ!!”

Gohan y Shin miran al demonio alejarse y entrar en la nave.

– “¿Estás bien, Piccolo?” – pregunta Gohan.

– “Ha estado cerca…” – sonríe el namekiano. – “¡GRRAAH!” – gruñe al regenerar su brazo.

El namekiano abre y cierra su nueva mano varias veces, poniendo a prueba su recién recuperada extremidad.

– “La próxima vez, agradecería una advertencia previa…” – le dice a Shin.

– “Lo siento… No esperaba que nos atacara de repente…” – se disculpa el Dios.

Gohan hace crujir sus nudillos.

– “Parece que ya nos toca pelear…” – dice el mestizo.

– “¡Esperad!” – advierte Shin. – “¡Seguro que es una trampa! ¡No podemos seguirle sin un plan!”

– “Ya tenemos un plan.” – dice Piccolo. – “Matar a Dabra y al brujo antes de que resucite Majin Bu.” – añade mientras se quita la capa y el turbante.

– “No subestiméis al enemigo…” – dice Shin, preocupado.

Una voz interrumpe al Dios.

– “No nos subestimes a nosotros.” – dice Vegeta, que acaba de llegar, vestido con su conjunto saiyajín azul oscuro, con guantes y botas blancas.

– “¡¿Vegeta?!” – se sorprende Gohan al verle. – “¿Qué haces tú aquí?”

– “He sentido tu energía y me ha entrado la curiosidad.” – responde el saiyajín.

– “¿Así que quieres unirte a nosotros?” – pregunta Piccolo, con una sonrisa burlona.

– “Toda ayuda es bienvenida.” – dice Shin.

Vegeta ignora al Dios.

– “Vosotros dos…” – les dice a Gohan y Piccolo. – “Habéis estado lentos.”

El namekiano se pone serio.

– “Lo has visto todo…” – dice Piccolo.

– “Por supuesto.” – responde Vegeta.

Shin se enfada con el saiyajín.

– “¡¿Y no has hecho nada?!” – protesta Shin.

– “Tu amigo era débil, por eso está muerto.” – dice Vegeta.

– “¿Qué?” – se sorprende Shin ante la actitud hostil del saiyajín.

– “Nosotros no cometeremos ese error.” – dice el Vegeta.

– “Os estáis confiando…” – advierte el Dios.

Gohan da un paso al frente.

– “Creo que podemos ganar.” – dice el mestizo. – “Ese Dabra parece terrible… pero no creo que sea más fuerte que Cell.”

– “¿Lo dices en serio, Son Gohan?” – se sorprende Shin.

– “Parece que nuestra mejor opción, de momento, es seguirles el juego.” – dice Piccolo.

Vegeta esboza una pícara media sonrisa.

– “Os sigo” – dice el saiyajín.

Gohan, Piccolo y Vegeta alzan el vuelo y se dirigen a la nave.

Shin se queda asombrado ante la decisión de los tres guerreros.

– “Espero que tengan razón…” – murmura antes de seguirles.

Mientras tanto, en la Torre Sagrada de Karín, Videl se toma una semilla senzu y recupera sus fuerzas.

– “¿Qué ha pasado?” – dice Videl, que no sabe dónde está. – “¡Estoy curada!” – exclama sorprendida.

– “Me alegro de que estés bien.” – dice el Duende Karín

– “Un gato que habla…” – murmura Videl, confusa. – “Puede que aún no me haya recuperado del todo…” – dice comprobando si tiene fiebre.

– “Soy muy real” – sonríe Karín.

Cerca de allí, Trunks camina hasta la barandilla de la torre, con su mirada fija en el horizonte, hacia el Sur.

Yajoribe se acerca al muchacho.

– “Estarán bien.” – dice el samurái. – “¡Gohan es el hombre más fuerte del mundo! Y Piccolo está con él.”

El felino interviene.

– “Y Vegeta tampoco se queda atrás” – dice Karin.

– “¿Mi padre?” – se sorprende Trunks. – “¿Él también está con Gohan?”

En la nave del brujo, al entrar en la zona exterior, nuestros amigos se topan con una compuerta circular en el suelo que da lugar a un pozo oscuro.

– “¡Tiene que ser por aquí!” – dice Gohan, que salta al vacío sin dudarlo, seguido por Piccolo y Vegeta.

Desde otra sala, el brujo les observa a través de su bola de cristal.

– “¡Ahí están!” – celebra Bibidí. – “Pobres ilusos…”

– “Vaya…” – murmura Dabra. – “Parece que ese tipo ha sobrevivido a mi escupitajo…”

Los tres guerreros alcanzan el primer nivel. Es una sala circular. Una compuerta en el suelo del centro de la sala permanece cerrada. Una puerta lateral se encuentra frente a ellos.

– “Qué lugar tan raro…” – murmura Gohan. – “La sala está vacía…”

– “Ahí hay una puerta” – dice Piccolo.

Shin llega a la sala y la compuerta del techo por la que han entrado se cierra tras el Kaioshin.

– “¡Se ha cerrado!” – exclama Gohan.

– “No podremos salir hasta que hayamos derrotado a Babidí…” – dice Shin, preocupado.

– “Yo saldré de aquí cuando quiera, aunque tenga que destrozar la nave” – advierte Vegeta.

– “¡Ni se te ocurra!” – exclama el Dios. – “¡Si el monstruo Bu recibiera un impacto fuerte, podría despertar! Aunque no esté al máximo de sus capacidades, tiene poder suficiente para destruir la Tierra en un instante…”

Babidí les observa.

– “Ya están todos…” – sonríe el brujo. – “¡Adelante, Pui-pui! ¡Sácales toda la energía!”

– “A sus órdenes, señor” – responde el extraterrestre.

La puerta lateral de la sala se abre y revela al súbdito de Babidí. 

– “El Amo Babidí está en el último nivel.” – anuncia Pui-pui. – “Sin embargo, esta nave está construida de tal manera que, si no me derrotáis a mí, no podéis continuar.” – explica. – “Así que, en definitiva, ha llegado vuestro final.”

Piccolo sonríe con actitud chulesca.

– “Lo dudo.” – dice el namekiano.

Mientras tanto, Babidí ha llevado la urna de energía hasta el huevo de Bu, que reposa sobre una base artificial que luce un medidor parecido al que usó Yamu. El brujo inyecta el aguijón en un orificio del cascarón y el indicador sube rápidamente hasta la mitad de su capacidad.

– “¡INCREÍBLE!” – se sorprende el burjo. – “¡¡Cuánta energía!! ¡Con una sola dosis ya le hemos proporcionado la mitad de la que necesita!”

– “¡¿Cómo dice?!” – se sorprende el diablo.

– “¿A cuánta gente han tenido que asaltar?” – se pregunta Babidí. – “Puede que matarlos haya sido un error… No esperaba que fueran tan competentes…”

– “No importa…” – dice Dabra. – “Con la energía de esos tres es posible que podamos despertar a Majin Bu hoy mismo…”

– “Tienes razón…” – dice el brujo. – “Es posible que Pui-pui ya haya terminado con ellos… Vayamos a ver.”

Mientras tanto, en el nivel 1, los tres guerreros deciden quien de ellos va a pelear primero.

– “¿Quieres encargarte tú, Piccolo?” – dice Vegeta en tono burlón. – “Parece lo suficientemente débil para ti…”

– “Yo he estado entrenando, Vegeta” – responde el namekiano. – “Puede que te lleves una sorpresa.”

– “¡¿Vais a luchar de uno en uno?!” – protesta Shin.

– “No te preocupes.” – dice Gohan. – “Piccolo puede con él.”

Pui-pui ríe al ver la propuesta de sus adversarios.

– “¡JAJAJA! El Amo Babidí ha dicho que teníais mucha energía, pero parece que solo sois tres idiotas…” – dice el extraterrestre.

– “Creo que tu Amo es el único tonto.” – dice Vegeta. – “Pagará no haberse informado bien antes de venir a este planeta.

– “No os burléis de vuestro enemigo…” – sufre Shin. – “Babidí se ha rodeado de los guerreros más fuertes del universo…”

– “Lo siento, pero esta vez tengo que darle la razón a Vegeta.” – sonríe Piccolo. – “El guerrero más fuerte del universo está en la Tierra.”

– “¿El más fuerte del Universo?” – se burla Pui-pui. – “¿Acaso eres tú? ¡Jajaja!”

– “No” – responde Piccolo. – “Pero para derrotarte a ti, yo seré más que suficiente.”

– “Estáis condenados…” – insiste Pui-Pui. – “Esta habitación absorberá la energía que emitan vuestras heridas… ¡y con ella renacerá Majin Bu! ¡Solo sois un sacrificio!”

Piccolo sonríe confiado.

– “Así que, si no nos herís, no podéis robarnos la energía…” – reflexiona el namekiano. – “Eso nos facilita mucho las cosas.”

– “Voy a borrarte esa estúpida sonrisa de la cara…” – lo amenaza Pui-pui.

– “Inténtalo” – responde el namekiano.

El extraterrestre se abalanza sobre Piccolo, dispuesto a propinarle una patada, pero el namekiano alarga su brazo y sorprende a su adversario agarrándole una pierna; después acorta su extremidad, atrayendo a su enemigo, y le propina un puñetazo en la nariz que lo lanza al fondo de la sala hasta estrellarlo contra la pared.

– “¿Eh…? – murmura un sorprendido Babidí.

– “Impresionante…” – piensa Shin, asombrado por el poder de Piccolo.

Pui-pui intenta levantarse, pero antes de poder hacerlo se da cuenta de que el namekiano se encuentra detrás de él. El extraterrestre decide darse la vuelta rápidamente e intentar sorprender a su enemigo con un puñetazo, pero Piccolo detiene su puño y contraataca con un rodillazo en el abdomen, seguido de un revés que lanza al extraterrestre contra el suelo.

Babidí se impacienta.

– “¡¿De qué planeta es Pui-pui?!” – le pregunta el brujo a Dabra. – “¡¿Qué lugar podría darle ventaja?!”

– “El planeta Zoon” – dice Dabra.

– “¡Está bien!” – dice el brujo, que extiende sus manos hacia la bola de cristal. – “¡PAPARAPPA!” – exclama.

De repente, nuestros amigos se encuentran en un planeta extraño. El lugar es desértico y repleto de pequeñas mesetas. El centro de la sala ha sido teletransportado con ellos.

– “¡¿Qué ha pasado?!” – se pregunta Gohan. – “¡¿Dónde estamos?!”

– “Esto es obra de Babidí…” – dice Shin. – “Seguro que este lugar es beneficioso para nuestro contrincante…”

Pui-pui, que ha perdido varios dientes y se encuentra en un estado deplorable, celebra su victoria. 

– “¡AHORA TE MATARÉ!” – exclama. – “¡MI PLANETA TIENE UNA GRAVEDAD DIEZ VECES SUPERIOR A LA DE LA TIERRA! ¡JAJAJA!”

Gohan y Vegeta agachan la cabeza, sintiendo vergüenza ajena. Shin no lo entiende.

– “Eres patético” – sentencia Piccolo.

El namekiano, con un rápido movimiento, aparece frente al extraterrestre y le atraviesa el pecho con su mano en forma de garra.

Babidí y Shin se quedan boquiabiertos.

El cuerpo inerte del zoon cae al suelo.

– “Uno menos” – dice Piccolo.

La compuerta del suelo se abre.

– “¡Ya podemos continuar!” – exclama Gohan.

– “Esperemos que el próximo sea más fuerte…” – dice Vegeta.

– “¡Vamos, Piccolo!” – le apresura el mestizo.

Shin mira perplejo a sus tres acompañantes. 

– “Es increíble…” – murmura Shin. – “No sabía que existieran luchadores tan fuertes…”

Los tres guerreros llegan a la siguiente sala, que resulta igual que la anterior. Shin los sigue.

En el sótano de la nave, Babidí parece preocupado.

– “¡¿Cómo es posible que en la Tierra haya hombres tan fuertes?!” – exclama frustrado.

– “Cuando investigamos el planeta hace 300 años esto era impensable…” – dice Dabra. – “Pero no se preocupe, señor. Aún tienen que descender tres niveles… Y si ocurriera lo imposible, aún tendrían que enfrentarse a mí.” – añade con una terrorífica sonrisa.

DBZ – SAGA BU REWRITE / Capítulo 4: Una nueva lección

DBZ – Sagas Bu Rewrite / Capítulo 4: Una nueva lección

En una claro del Monte Paoz, Son Gohan se dispone a impartir la primera clase de vuelo a Videl y Trunks.

– “Volar no es especialmente difícil…” – explica el mestizo. – “Es cuestión de controlar el ki. El tema de la velocidad es más complicado, pero ya hablaremos de eso luego.”

– “¿Controlar el ki?” – pregunta Videl. – “¿A qué te refieres con eso de \”el ki\”?”

– “El ki es la energía que tenemos en nuestro interior.” – aclara Gohan.

– “¿Energía? No sé si lo entiendo…” – murmura Videl, un poco confusa.

Trunks interviene.

– “Es esto” – dice mientras extiende su mano hacia una roca.

El niño dispara un ataque de energía y hace estallar la piedra en mil pedazos, dejando un cráter en el suelo.

Videl se queda boquiabierta.

– “Eso… Eso tiene que ser un truco…” – titubea Videl.

– “Jeje… Aquí no hay ningún tipo de artificio…” – sonríe Gohan.

– “¡Pues yo no sé hacer magia!” – exclama Videl, frustrada.

– “No es magia… Es energía…” – insiste Gohan.

– “¿Y si no tengo \”ki\” de ese no puedo volar?” – pregunta ella, inquieta.

– “No te preocupes” – la tranquiliza Gohan. – “¡Todos tenemos energía! Lo difícil es controlarla.”

Gohan se cruza de brazos, pensando cuál debe ser el primer paso de la muchacha.

– “Trunks, lo siento, pero tendrás que esperar un poco…” – dice el mestizo. – “Primero tengo que enseñarle a Videl a controlar la energía.”

– “Pues vaya…” – replica Trunks mientras patea una piedra con desgana.

– “Ten paciencia, hombre…” – sonríe Gohan.

Gohan y Videl se preparan para practicar, los dos sentados en el suelo con las piernas cruzadas, el uno frente al otro.

– “Coloca las manos así” – dice Gohan, mientras pone sus dos manos juntas formando una esfera.

Videl le imita.

– “Y ahora tienes que concentrarte.” – explica Gohan. – “Tienes que focalizar tu energía entre las manos.”

– “Focalizar mi energía…” – murmura Videl.

La muchacha pone todo su empeño en ello.

– “Grrrrr…” – gruñe Videl.

– “No te tenses” – dice Gohan. – “Esto no es cuestión de fuerza. Relaja tu cuerpo y deja que la energía fluya.”

Gohan genera una esfera de energía entre sus manos.

– “¿Lo ves?” – dice el mestizo. – “Así.”

Videl queda asombrada ante la habilidad de Gohan.

– “Vaya…” – murmura ella. – “Es increíble…”

– “Tú también puedes hacerlo.” – sonríe el mestizo. – “Es cuestión de práctica.”

Mientras tanto, Trunks corretea persiguiendo lagartijas.

Unos minutos más tarde, Chichi anuncia la hora de comer. Los chicos no han podido entrenar mucho tiempo, porque Videl ha llegado tarde, pero no es bueno ejercitarse con el estómago vacío. 

Gohan, Videl y Trunks se sientan a la mesa y Chichi les sirve la comida.

– “Muchas gracias por invitarme a comer.” – dice la educada muchacha. – “Sois muy amables.”

– “No íbamos a comer mientras nos miras…” – responde Chichi, un poco antipática.

Videl prueba el estofado.

– “¡Está buenísimo!” – exclama la hija de Satán. – “¡Usted cocina mejor que nuestro cocinero!”

– “Es estofado de culebra” – responde Chichi.

Videl se detiene y mira el plato con cierto recelo, ahora que sabe lo que está comiendo.

– “¿Has dicho “nuestro cocinero”?” – se extraña Chichi. – “¿Tenéis un restaurante?”

– “No…” – explica Videl. – “Tenemos un cocinero en casa, para nosotros.”

– “¡¿Cocinero particular?!” – exclama la madre de Gohan. – “¡Entonces seréis muy ricos, ¿no?!” – añade. – “¿Cuántos baños tenéis en casa? ¿10? ¿20?”

– “Pues… Creo que unos 40…” – responde Videl.

– “¡¡Sois muy ricos!!” – exclama sorprendida.

– “No tanto…” – murmura bajito Trunks, un poco celoso.

– “Y bueno, parejita…” – Chichi cambia el tono completamente, siendo exageradamente amable. – “¿Cuándo pensáis casaros?”

Gohan se atraganta con la comida y empieza a toser. Trunks tiene que socorrerle con golpes en la espalda.

Un rato después, ya están entrenando de nuevo. Videl y Gohan dedican toda la tarde al control de la energía, y ella finalmente logra generar una minúscula esfera de ki entre sus manos.

– “¡Eso es!” – celebra Gohan. – “Se nota que has hecho artes marciales, Videl. ¡Aprendes muy rápido!”

– “Jeje” – responde risueña. – “Gracias.”

Videl se pone en pie de un salto, ilusionada.

– “¡¿Crees que ya puedo volar?!” – pregunta con energía.

– “No quieras correr demasiado… Aún no.” – responde el mestizo. – “Tienes que controlar mejor la energía… ¡Pero vas por buen camino!”

La muchacha aún no esta satisfecha con su progreso.

– “A partir de ahora vendré cada día después de clase” – dice Videl.

– “¡¿Qué?!” – se sorprende Gohan. – “¡Pero si vas muy bien! Con que vengas los fines de semana…”

– “¿Es que molesto?” – pregunta ella al sentirse rechazada.

– “No, no… No es eso…” – rectifica Gohan.

– “Pues nos vemos mañana” – sonríe ella, que ha conseguido lo que quería.

La chica se dirige a su jet, pero Gohan la detiene.

– “Por cierto, Videl…” – dice el mestizo. – “Creo que deberías cortarte el cabello.”

– “Ah, ¿sí?” – se sonroja ella. – “¿Crees que me quedaría mejor?” – pregunta coqueta.

– “No, pero para pelear es lo más práctico.” – explica Gohan. – “Podría taparte los ojos en mitad de un combate o tu adversario podría agarrarte de la coleta…”

Videl se avergüenza al ver que Gohan solo pensaba en las artes marciales.

– “¡NO ME DIGAS LO QUE TENGO QUE HACER!” – exclama ella, furiosa. – “¡LLEVARÉ EL CABELLO COMO ME DE LA GANA!”

Trunks se acerca a Gohan al oír los gritos. La muchacha se sube a su jet y da un portazo.

– “¿Por qué se ha enfadado?” – pregunta el hijo de Vegeta.

– “No lo sé…” – suspira Gohan.

Al día siguiente, en clase, Videl se presenta con el cabello corto. Todos la miran extrañados mientras sube las escaleras del anfiteatro.

Gohan ya está sentado y ella pasa por detrás de su asiento. 

– “Videl… Te has…” – dice el mestizo.

– “Cállate” – responde tajante.

El hijo de Goku observa a la muchacha sentarse en su sitio y sacar los libros.

– “De verdad que no la entiendo…” – piensa Gohan.

En la Corporación Cápsula, Trunks prepara una mochila en su habitación. Vegeta pasa junto a la puerta y se detiene al ver al chico.

Vegeta entra en la habitación.

– “¿A dónde vas?” – pregunta el saiyajín.

– “Voy a casa de Gohan.” – dice Trunks. – “Va a enseñarme a volar.” – añade sin alzar la mirada de la mochila que continúa preparando.

El saiyajín no responde.

– “¡Hasta luego!” – se despide Trunks, que sale corriendo de la habitación.

Su madre le espera fuera, con el jet preparado.

El Sol se pone en el Monte Paoz, Gohan, Videl y Trunks han estado entrenando toda la tarde. 

La muchacha ha logrado levitar unos centímetros.

– “¡Muy bien, Videl!” – celebra Gohan. – “¡Has logrado levitar en muy poco tiempo! ¡Eres fantástica!”

Videl desciende.

– “¿Tú crees?” – dice coqueta.

Mientras tanto, Trunks sobrevuela la zona de un lado para otro con total soltura e interrumpe a la pareja.

– “¡Mírame, Gohan!” – exclama el chico. – “¡Estoy volando!”

Los ánimos de Videl se desmoronan.

– “No te desanimes…” – dice Gohan. – “Trunks ya tenía un buen control de su energía… ¡Pero levitar ya es un gran paso! Ahora solo es cuestión de práctica…”

– “Pues seguiremos practicando cada día.” – responde Videl.

Al día siguiente, en la Corporación Cápsula, Trunks se prepara de nuevo para ir al Monte Paoz.

– “¡Hasta luego!” – se despide.

El chico se cruza con su padre en el pasillo, que lo mira marcharse.

En el Monte Paoz, al final de la tarde, Videl ya logrado elevarse bastante. Trunks hace piruetas en el aire.

Videl, cansada, se sienta en el suelo.

– “Aún me falta mucho para poder volar como él…” – suspira la hija de Satán.

– “Lo conseguirás” – dice Gohan.

La muchacha sonríe.

– “Oye… Nadie sabe que vengo aquí a entrenar. Es un secreto.” – explica Videl. – “Llevo unos días evitando a mi padre, porque desde que vio nuestra foto en el periódico está insoportable.”

– “Vaya…” – sonríe algo avergonzado Gohan. – “Parece que la fotografía ha provocado bastante revuelo…”

– “Me quiere mucho” – dice ella. – “Se pondría como una fiera si supiera que me paso las tardes en casa de un chico.”

– “No quisiera tener problemas con el Campeón…” – dice Gohan, fingiendo temer a Satán.

Videl sonríe.

– “De momento estás a salvo.” – dice ella

– “Jeje” – ríe Gohan.

La hija de Satán se pone en pie, lista para continuar.

– “Oye… ¿Quién te enseñó artes marciales?” – pregunta Videl. – “¿Tu padre?”

– “Sí, mi padre y sus amigos.” – responde el mestizo.

– “Tu padre era Son Goku, ¿verdad?” – pregunta ella.

– “¡¿Cómo lo sabes?!” – se sorprende Gohan.

– “Al verte pelear me puse a investigar… El nombre \”Son\” no es muy común.” – sonríe Videl de forma pícara. – “Parece que tu padre ganó el Torneo Mundial de Artes Marciales en una ocasión y fue finalista otras dos veces.”

– “Así es…” – confirma el mestizo.

– “Es casualidad que nos hayamos encontrado.” – sonríe Videl. – “Los dos somos hijos de campeones.”

– “Sí… Supongo que sí…” – sonríe Gohan.

Los días transcurren con normalidad; clases por la mañana, entrenamientos por la tarde, y algunas interrupciones para defender el bien y la justicia en Satán City. 

En menos de diez días Videl ya vuela con soltura. Es una chica extraordinaria.

Un día más, Trunks se prepara para marcharse a casa de Gohan, pero cuando corría hacia el jet, Vegeta lo ha agarrado de la mochila.

– “¿Quieres…? ¿Quieres entrenar conmigo?” – pregunta el saiyajín, con una timidez inusual en Vegeta.

Trunks, sin dudarlo, acepta emocionado.

En la Sala de Gravedad Aumentada, pero a solo 1G, Vegeta y Trunks se enzarzan en un pequeño combate, pero el padre no parece muy impresionado. El primero viste el mono azul saiyajín, sin armadura, y el segundo lleva su gi verde.

– “¿A qué esperas?” – dice Vegeta. – “¡Muéstramelo!”

Trunks retrocede, sorprendido por la petición de su padre.

– “¿Cómo lo sabes?” – pregunta Trunks.

– “Un poder como ese puede sentirse desde cualquier distancia” – dice Vegeta.

El niño sonríe, presumido.

– “Está bien” – dice Trunks. – “Espero que la sala aguante…”

– “Espabila…” – se impacienta Vegeta.

Trunks aprieta los puños, sus dientes rechinan.

– “¡HAAAAA!” – grita mientras su aura estalla y se transforma en Súper Saiyajín.

Vegeta no está impresionado.

El saiyajín se transforma con una facilidad que contrasta con el esfuerzo de su hijo y se pone en guardia.

– “Atácame con todas tus fuerzas” – dice Vegeta.

– “¿En serio?” – responde Trunks, con un poco de miedo.

Vegeta no responde.

Trunks se pone en guardia. Una gota de sudor recorre su frente.

– “¡YAAAAH!” – embiste el chico, dispuesto a propinarle un golpe a su padre.

Vegeta detiene el puñetazo con una mano y contraataca con un derechazo en la cara de Trunks, que lo lanza al fondo de la sala.

El mestizo se golpea con la pared y cae al suelo.

– “¡¿PERO QUÉ HACES?!” – se queja Trunks, con lágrimas en los ojos, mientras se incorpora y se frota el hinchado moflete.

– “Entrenarte” – responde fríamente Vegeta.

– “¡PERO NO VALE PEGAR DE VERDAD!” – protesta el chico. – “¡ME HAS HECHO DAÑO!”

– “No seas llorica.” – responde el saiyajín.

– “¡No quiero entrenar más contigo!” – replica Trunks. – “¡Gohan no me pega!”

– “¡Gohan es un blando! ¡Como su padre!” – exclama Vegeta.

– “¡PUES ES MÁS FUERTE QUE TÚ!” – grita Trunks, furioso.

Vegeta se queda en silencio. Trunks se da cuenta de que ha herido el orgullo de su padre y no se atreve a decir nada más.

El saiyajín vuelve a su estado base.

– “Hemos terminado.” – sentencia Vegeta, que enseguida abandona la sala.

Videl ya ha aprendido a volar, así que ahora solo visita a Gohan los fines de semana para mejorar su técnica. Entre semana entrena por las tardes en el gimnasio de la Mansión Satán. 

Un día, de repente, mientras la muchacha entrenaba, una explosión sacude la mansión. 

Videl, preocupada por los trabajadores, corre escaleras arriba, y al llegar al recibidor se encuentra con dos tipos de apariencia extraña, descamisados, sin cabello ni vello, con una musculatura exagerada y con las venas marcadas bajo la piel. Uno de ellos es alto y robusto, y viste un pantalón marrón; su compañero es más delgado y de menor estatura, luce pantalón de camuflaje y en su mano derecha carga con una extraña urna blancas terminada en un punzón. Los dos lucen una “M” negra dibujada en la frente. 

El grandullón tiene agarrado al mayordomo de la familia Satán por el cuello.

– “¡¿Dónde está el Campeón?!” – pregunta inquisitivo mientras aprieta el pescuezo del pobre hombre.

Videl da un paso al frente.

– “Mi padre no está en casa.” – dice la muchacha. – “¡Ahora, suéltalo!”

El tipo lanza al mayordomo a un lado y se fija en Videl.

– “Tú…” – gruñe el monstruoso hombre. – “Tengo cuentas pendientes contigo, muchachita…”

Videl se fija en el tatuaje del tigre que lleva el hombre en su pecho que sube por su cuello hasta casi la mandíbula.

– “¿Eh?… Vosotros sois…” – se sorprende ella al ver al bandido de la carretera 81 tan cambiado. – “Sois esos tipos…”

El hombre choca sus puños y camina hacia Videl, pero su compañero interviene.

– “No olvides nuestra misión, Spopovich.” – dice su socio. – “Hemos venido a por Satán.”

– “No seas así, Yamu. El Campeón no está…” – dice el gigantón. – “Ella servirá.” – añade con una macabra sonrisa.

Videl se pone en guardia.

– “¿Es que no recordáis como acabasteis la última vez?” – se burla ella.

El tipo delgado ríe.

– “Pronto verás que las cosas han cambiado mucho desde ese día…” – dice el bandido.

Spopovich se abalanza sobre Videl e intenta propinarle un puñetazo, pero la muchacha se agacha para esquivar el ataque y contraataca saltando y golpeando al bandido en la barbilla, derribándole de espaldas al suelo.

– “Justo como lo recordaba” – sonríe ella. 

El criminal se levanta furioso y sin dudar carga de nuevo contra la hija de Satán. Videl y el monstruoso criminal se enzarzan en un intercambio de golpes que parece igualado, pero pronto Videl logra sobreponerse a su contrincante con una técnica superior. Un rodillazo en la nariz sorprende a Spopovich y lo desconcierta, momento que Videl aprovecha para propinar una patada al maleante que lo lanza contra un muro, atravesándolo.

– “Uno menos…” – sonríe Videl.

Yamu sigue de brazos cruzados, sin reaccionar ante la derrota de su compañero.

Spopovich enseguida se pone de nuevo en pie, con la nariz rota y sangrando, pero con una macabra sonrisa impresa en su rostro.

Videl se sorprende al ver a su adversario dispuesto a continuar.

– “Qué tipo tan resistente…” – piensa ella. 

Spopovich carca contra Videl, pero la chica lo esquiva saltando por encima de él. El grandullón enseguida se da la vuelta y la persigue. Videl detiene todos los golpes y retrocede hasta salir al jardín, cuando finalmente decide usar su nueva habilidad para elevarse sobre el enemigo.

Videl observa a los dos tipos, aprovechando la ventaja obtenida.

– “Son muy extraños…” – dice mientras intenta recuperar el aliento. – “Este tipo no era tan fuerte hace tan solo unas semanas… ¿Qué le ha pasado?”

De repente, Spopovich se eleva por encima de Videl, dejando a la hija de Satán boquiabierta.

– “¡¿Cómo es posible?!” – se asusta la muchacha al ver a su enemigo volando.

El bandido apunta a Videl con la mano y emite un empujón de energía que lanza a la chica contra el suelo a toda velocidad.

Aturdida y magullada, Videl intenta levantarse, pero antes de lograrlo Spopovich aterriza frente a ella y le propina una fuerte patada que la lanza contra el muro de la mansión.

Yamu se acerca a Spopovich.

– “Ya es suficiente” – le dice a su compañero. – “A este paso la matarás.”

– “¿Y qué más da?” – responde Spopovich con una macabra sonrisa. – “Con Satán seguro que tenemos más que suficiente.”

Videl, que siente como se han roto varias de sus costillas, se pone en pie de nuevo.

– “No hemos terminado…” – dice ella. – “No esperarás que me rinda… ¿verdad?”

Spopovich corre hacia ella, pero Videl le sorprende saltando y propinándole una brutal patada en la cara con todas sus fuerzas. 

El grandullón se ha quedado quieto en el sitio. Su cabeza ha dado un giro de 180 grados.

La mismísima Videl se sorprende ante lo que acaba de ocurrir. Ha matado a su contrincante.

Pero Spopovich se agarra la cabeza y se la coloca de nuevo en su sitio, dejando a Videl aterrada.

El bandido agarra a Videl del pelo y le propina un rodillazo en la cara que le hace saltar varios dientes.

Spopovich lanza a la muchacha contra el suelo y alza su pie sobre su cabeza, listo para darle el golpe de gracia.

De repente, algo golpea a bandido y lo lanza contra el muro del jardín, que estalla en mil pedazos.

Son Gohan, vestido de Gran Saiyaman, ha llegado transformado en Súper Saiyajín.

Yamu se sorprende al ver el poder del héroe y saca un extraño medidor con un diseño similar al de su urna y lo dirige a Gohan. La aguja del aparato da gira sin control.

– “¡Impresionante!” – exclama Yamu.

Spopovich sale de entre los escombros, furioso.

Gohan se quita el casco y lo lanza a un lado, con su mirada desafiante fija en el gradullón.

En la Atalaya de Kamisama, Piccolo y Dende observan la Tierra.

– “¿Qué está pasando?” – se pregunta Dende. – “¿Quiénes son esos tipos?”

– “No lo sé…” – dice Piccolo. – “Pero tengo un mal presentimiento…”

El pequeño Trunks llega al lugar, un poco cansado, transformado también en Súper Saiyajín.”

– “Lo siento, Gohan.” – dice el hijo de Vegeta. – “Vuelas demasiado rápido para mí.”

Gohan sigue fijo en sus adversarios.

– “Llévate a Videl a la Torre de Karín” – dice el mestizo. – “Necesita judías mágicas.”

– “Sí” – asiente Trunks, que intenta colocar el brazo de Videl sobre sus hombros.

La muchacha, malherida y quejosa, abre los ojos.

– “¿Gohan?” – murmura al a su amigo frente a ella. – “¿Eres tú?”

La silueta del Gran Saiyaman brilla con luz propia. Videl se da cuenta en ese instante de que Gohan es también el Guerrero Dorado.

El mestizo se da la vuelta y fuerza una sonrisa para Videl.

– “Pronto estarás bien.” – le dice con el pulgar en alto. – “Yo me encargaré de esto.”

Videl asiente.

– “Confío en ti.” – susurra con un hilo de voz.

Trunks y Videl se elevan y se ponen en camino.

Desde la azotea de un edificio cercano, dos extraños individuos contemplan la escena. Uno de ellos es de baja estatura, piel lila y ojos rasgados, con rasgos infantiles, un poco andróginos, con cabello blanco en forma de cresta, y vestido con ropajes extraños pero elegantes de color verde azulado. Su acompañante es alto y tiene la piel rosada y arrugada, con cabello blanco largo y liso; viste ropa del mismo corte, pero de color rojo.

– “Es fuerte…” – dice el tipo alto. – “¿Deberíamos actuar?” – pregunta.

– “Aún no.” – repsonde su compañero.

En ese instante, alguien más llega a la azotea. Es Piccolo.

– “¿Quiénes sois vosotros?” – pregunta el namekiano.

– “Hola, Piccolo” – saluda el pequeño forastero. – “Me alegra de hayas decidido venir.”

– “¿Qué?” – se sorprende el namekiano al ver que el misterioso individuo conoce su nombre. – “¿Quién es? ¿Cómo sabe quién soy?” – piensa.

– “Pronto responderé a tus preguntas” – responde el forastero, que ha leído su mente. – “Pero ahora debo pedirte que tengas paciencia.”

Piccolo se queda perplejo. No siente ningún tipo de energía proveniente de esos dos individuos y eso le inquieta.

En el jardín de la Mansión Satán, la mirada de Gohan se torna seria. Yamu y Spopovich están frente a él, y el pequeño prepara la urna.

– “Bastardos…” – gruñe Gohan. – “No os perdonaré… ¡¿Me oís?! ¡NO OS PERDONARÉ!” 

Gohan grita y su poder estalla, su cabello se eriza aún más y rayos de energía chasquean a su alrededor, tal y como hizo contra Cell. Su capa roja sale volando.

– “Me las pagaréis.” – dice el mestizo.

En la Corporación Cápsula, Vegeta se levanta del sofá de un salto. 

– “¡¿Qué?!” – murmura el saiyajín, que aprieta sus puños con rabia al sentir la energía del mestizo. – “Ese poder… Maldito sea…” – gruñe.

En la azotea, los individuos se quedan pasmados ante la energía del mestizo.

– “Su poder no decepciona…” – murmura Kibito. 

– “No será fácil.” – dice Shin. – “Pero, por favor, Piccolo, pase lo que pase, no intervengas.”

El namekiano está molesto, pero siente una extraña sensación cuando mira al pequeño forastero que le compele a colaborar.

Trunks carga con Videl y ya sobrevuelan el mar en dirección a la Tierra Sagrada.

– “Gohan…” – murmura Videl. – “Esos tipos…”

– “Tranquila. No te preocupes por él.” – dice Trunks. – “Seguro que estará bien. ¡No hay nadie más fuerte que él! ¡Derrotó a Cell!”

Una tierna sonrisa se dibuja en el rostro de Videl. 

– “Lo sabía…” – piensa ella, esperanzada e incluso orgullosa. – “Tenía que ser él…”

En Satán City, Yamu y Spopovich se abalanzan sobre Gohan, que se prepara para acabar con ellos… pero antes de que el mestizo pueda reaccionar, el pequeño forastero extiende sus manos y con su poder mental inmoviliza al saiyajín.

Piccolo da un paso al frente, listo para actuar, preocupado por su amigo, pero Kibito le mira de reojo y niega en silencio. 

El namekiano se detiene, muy a su pesar.

Spopovich agarra a Gohan y Yamu clava el aguijón de su urna en el costado del muchacho.

– “¡Sujétale fuerte, Spopovich!” – exclama Yamu. 

Gohan siente que sus fuerzas se desvanecen rápidamente.

Piccolo se ve obligado a contemplar la escena impotente.

– “Confía en nosotros, Piccolo” – dice el extraño de piel rosada.

Los dos bandidos sueltan a Gohan, que cae al suelo inconsciente.

– “¡Vámonos!” – exclama Yamu. – “¡Ya tenemos suficiente!”

Yamu y Spopovich alzan el vuelo a toda velocidad y desaparecen en el horizonte.

El pequeño extraño baja las manos se eleva lentamente.

– “Voy a seguir a esos dos.” – anuncia. – “Espero que me acompañes, Piccolo. Necesitaré ayuda.”

– “¿Y Gohan?” – pregunta el namekiano.

– “Kibito se encargará de él.” – responde el forastero. – “Pronto volverá a estar en plena forma. Estoy seguro de que después querrá unirse a nosotros.”

Piccolo mira de reojo a Kibito y asiente.

El pequeño extraño sonríe.

– “Bien.” – dice. – “Vámonos.”

El forastero y Piccolo salen volando tras los dos bandidos. 

Kibito desciende hasta Gohan y se agacha para colocar su mano derecha sobre la espalda del chico con la intención de reestablecer su energía.

– “¡Increíble!” – se sorprende Kibito. – “Aún no había revelado toda su energía… ¡Su fuerza es casi ilimitada! Jamás imaginé que un simple mortal pudiera albergar un poder así…”

De repente, Gohan recupera la consciencia.

– “¡¿Qué ha pasado?!” – pregunta el mestizo.

Kibito se levanta y Gohan también.

– “¿Quién eres?” – pregunta el mestizo.

– “Ven conmigo.” – dice el extraño. – “Te lo explicaré por el camino. Debemos alcanzar a Shin y a Piccolo.”

– “¿Piccolo?” – repite Gohan.

Kibito sale volando y Gohan decide perseguirlo. 

Justo en ese momento, Mr. Satán ha llegado a su casa en limusina tras rodar un anuncio. Se oyen sirenas de policía aproximándose. 

– “¡¿Qué ha pasado aquí?!” – se pregunta asustado al ver su mansión en ruinas. – “¡¿DÓNDE ESTÁ VIDEL?!” – exclama preocupado. – “¡VIDEL!” – grita mientras entra en su casa.

En la casa no queda nadie. Solo el mayordomo, que sigue inconsciente.

– “¡¿Quién ha hecho esto?!” – dice Satán, que agarra al hombre por la solapa. – “¡Despierta! ¡Háblame! ¡¿Dónde está mi Videl?!”

De reojo, el Campeón se fija en el casco del Gran Saiyaman en el suelo.

– “Sabía que ese tipo traería problemas…” – gruñe Satán.