DBZ – SAGA BU REWRITE / Capítulo 11: Creaciones perversas

DBZ – Saga Bu Rewrite / Capítulo 11: Creaciones perversas

En la casa de barro de Majin Bu, un helicóptero del Ejército Real ha aterrizado; Mr. Satán observa el lugar con los brazos en jarra, con su capa al viento, escoltado por dos soldados.

– “Así que esta es casa del monstruo…” – dice el Campeón.

Los soldados, claramente asustados, asienten.

– “Está bien…” – dice Satán. – “Dejad el futuro de la Tierra en manos del Campeón. ¡Pronto regresará la paz!”

Satán se quita su capa blanca y deja que se lleve el viento.

– “Ha llegado tu fin, monstruo.” – dice el Campeón.

Uno de los soldados, emocionado ante la actuación de Satán, da un paso al frente.

– “¡¿LO HAS OÍDO, MONSTRUO?!” – grita el soldado con todas sus fuerzas. – “¡¡EL CAMPEÓN VA A DERROTARTE!!”

– “¡SSSHHHHH!” – le interrumpe Satán, haciendo aspavientos. – “¡Que te va a oír!”

Los dos soldados se miran confusos.

– “No tenéis ni idea de lo que hacéis… Me estorbáis… ¡Dejadme el monstruo a mí!” – dice Satán, recuperando la compostura.

– “¡Sí, señor!” – exclaman los hombres del Rey.

Los soldados regresan al helicóptero y se preparan para marcharse.

– “¡Tampoco es me abandonéis!” – protesta Satán.

– “Pero usted ha dicho…” – responde uno de los soldados.

– “¡Esperadme aquí!” – insiste el Campeón. – “¡Y no os vayáis sin mí!”

Los hombres esperan en el helicóptero. El Campeón agarra un arbusto y se lo pone frente a su rostro para camuflarse. Agachado, avanza hacia la casita de barro.

– “Esto está muy tranquilo” – piensa Satán. – “Parece que no está en casa…”

El Campeón llega hasta la estructura alienígena y mira por sus ventanas cuidadosamente.

– “No está…” – murmura el Campeón. – “¡JAJAJAJA!” – estalla en una sonora carcajada. – “¡¡DEBE HABER OÍDO QUE VENÍA A POR ÉL Y HA HUÍDO!!” – celebra. – “Es una pena… Tendremos que dejar nuestro enfrentamiento para otro día…”

De repente, el crujido de una rama a su espalda asusta a Satán, que enseguida se pone de rodillas.

– “¡POR FAVOR, NO ME MATE!” – suplica Satán. – “¡Era solo una broma! ¡UNA BROMA!”

El ruido resulta haber sido provocado por los dos soldados, que ahora se miran el uno al otro sin saber qué pensar.

– “Ejem…” – se levanta Satán y se sacude el polvo. – Esto era una táctica para cogerle desprevenido… ¡¿Cómo se os ocurre acercaros a mí en esta situación?! ¡Podría haberos matado! ¡Os dije que os quedarais en el helicóptero!”

– “Verá… Es que tenemos nueva información sobre el paradero de Majin Bu…” – responde uno de los militares.

– “¿Eh?” – se vuelve blanco Satán. – “¿Ah, sí?

En la antigua base en ruinas de la Red Ribbon, los androides 17 y 18 se preparan para enfrentarse a Majin Bu.

– “¿Listo, 17?” – pregunta la Número 18.

– “Cuando quieras, hermana” – responde Lapis.

Los dos androides embisten a Bu. Mientras avanzan, los dos se colocan en fila, con 17 al frente, ocultando a su hermana.

Bu está preparado para luchar, pero el Número 17 salta, revelando a la Número 18, que ha preparado un ataque de ki con el que sorprende a Bu.

Una gran explosión sacude el lugar. El monstruo ha sido deformado por el ataque, pero pronto recupera su forma original. Una gran polvareda se ha alzado.

Los androides 17 y 18 le rodean, correteando a su alrededor. Majin Bu no puede sentir sus energías e intenta seguirlos con la vista, pero los androides le pierden cada vez que se adentran en la nube de polvo.

De repente, los gemelos embisten juntos al monstruo y le propinan una tormenta de puñetazos y patadas que convierten a Bu en un saco de boxeo.

Los androides saltan a la vez y propinan una patada conjunta en el rostro de Bu, lanzándolo a cientos de metros de distancia. El monstruo rueda por el suelo hasta adentrarse en el bosque colindante, derribando los árboles que encuentra a su paso.

En la Atalaya, Dende es el único capaz de ver lo que ocurre. Krilín y Yamcha sufren a su lado.

Shin observa la escena desde la distancia.

– “Lapis tenía razón… ¡Bu no puede percibir sus movimientos!” – exclama el Dios. – “Pero… ¿pueden ganar?” – se preocupa.

La silueta de Majin Bu sale del bosque y parece que no haya sufrido ningún rasguño.

Los androides se ponen en guardia.

– “Esto me da muy mala espina…” – murmura Lapis.

– “Ya te dije que parece inmortal.” – dice la Número 18.

La mirada de Majin Bu se vuelve airada. Humo a presión brota de los orificios de su cuerpo

– “Me habéis hecho enfadar…” – gruñe el monstruo. – “¡OS MATARÉ!”

Bu embiste a toda velocidad y propina un cabezazo al Número 17, rompiéndole la nariz y provocando que salga disparado, vueltas de campana por el suelo.

La Número 18 ni siquiera ha sido capaz de ver a Bu pasar a su lado. El monstruo se ha movido a una velocidad endiablada.

Bu alarga su brazo y lo enrolla alrededor del cuello de la Número 18.

– “¡AH!” – emite un grito sordo la androide.

El monstruo la zarandea de un lado al otro, estampándola contra el suelo en múltiples ocasiones.

Mientras tanto, en la Sala del Espíritu y el Tiempo, Trunks duerme plácidamente en la cama. Piccolo lo observa apoyado de pie en el marco de la puerta.

– “El destino de la Tierra, de nuevo en manos de un crío…” – piensa el namekiano.

En el bosque, Majin Bu empuja a la androide 18 a través del bosque con su brazo alargado, haciéndole chocar con decenas de árboles, hasta cansarse y lanzarla por los aires.

Bu se prepara para rematar a la mujer con una esfera de energía, pero antes de que pueda hacerlo, el Número 17 intenta sorprenderle lanzándole dos esferas de ki amarillo que impactan de lleno contra el monstruo. 

Al disiparse la humareda, Bu sigue en pie.

El monstruo clava su furiosa mirada en Lapis y esboza una terrorífica sonrisa que asusta al androide.

El monstruo se inclina hacia delante y apunta al androide con su antena.

– “¡CONVIÉRTETE EN CHOCOLATINA!” – grita Bu, iluminando su apéndice.

Pero antes de que pueda disparar, un Kienzan corta al monstruo por la mitad.

La Número 18 ha usado la técnica de su marido para sorprender al monstruo.

El Número 17 sonríe al ver a Bu partido en dos.

De repente, antes que la parte superior de Bu caiga al suelo, varios tentáculos rosados nacen de las partes cercenadas y se entrelazan entre sí, aproximándolas de nuevo y reuniéndolas, reconstituyendo así a Majin Bu.

Los androides se quedan atónitos ante la increíble capacidad regenerativa del monstruo.

– “Sois muy molestos…” – gruñe de repente. – “¡NO ME CAÉIS BIEN!”

Tanto el Número 17 como la Número 18 apuntan al monstruo y le lanzan una ráfaga continua de ataques de ki que generan un centenar de explosiones.

– “¡YAAAAAAH!” – gritan los androides.

Un gran estallido morado nace del interior de la gran nube de polvo y genera una onda expansiva que lo barre todo a su paso, convirtiendo el bosque en desierto y empujando a los androides.

Shin se agacha detrás de una roca e intenta resistir el vendaval que azota el terreno.

Videl, que seguía corriendo a través del bosque, alejándose del combate, también es alcanzada por la onda expansiva y cae al suelo.

En la Atalaya, Dende teme lo peor, y Krilín puede verlo en su rostro.

– “Dende… ¿Qué ha pasado?” – pregunta el terrícola.

Kamisama no responde; sigue atento a lo que ocurre con preocupación.

La polvareda se disipa y revela a Majin Bu, con sus brazos extendidos hacia el cielo.

– “Je, je…” – ríe el monstruo.

La Número 18, malherida y semienterrada, intenta levantarse.

– “Maldito seas…” – gruñe la androide.

Bu se fija en la mujer.

– “Qué pesada…” – refunfuña el monstruo, inflando sus mofletes como un niño contrariado.

Majin Bu camina haca la Número 18.

– “¿En qué puedo convertirte?” – cavila Bu. – “¿Chocolatina o helado?”

– “Vete al infierno…” – responde la androide, que dispara un ataque de ki contra el rostro de su adversario, desintegrándole la cabeza.

Bu no tarda en regenerarse.

– “Pues te mataré directamente.” – protesta Bu, que apunta a la Número 18 con su manopla.

En la Atalaya, Dende cierra los ojos. No quiere ver lo que está apunto de ocurrir.

De repente, un helicóptero militar cruza el cielo, levantando una fuerte ventisca, sorprendiendo a todos los presentes.

Un hombre salta al vacío y activa un paracaídas naranja con el rostro de Satán y el texto “Campeón”.

Majin Bu mira el espectáculo confuso.

– “¿Quién es ese?” – se pregunta.

Satán desciende con estilo y toma tierra.

– “¡MONSTRUO!” – exclama señalando a Majin Bu. – “¡HA LLEGADO TU…!”

El paracaídas cubre a Satán, interrumpiendo su discurso.

– “Maldita sea…” – protesta el Campeón, luchando con la gran lona naranja.

La Número 18 mira incrédula al recién llegado.

– “Pero, ¿quién es ese idiota?” – se pregunta ella.

El helicóptero abandona la zona.

Dende observa lo ocurrido desde la Atalaya.

– “Es increíble…” – murmura el namekiano.

– “¡¿Qué ha pasado?!” – pregunta Krilín. – “¡¿Cómo está la Número 18?!”

– “Está bien…” – dice Dende. – “Gracias a Satán…”

– “¡¿SATÁN?!” – se sorprenden Krilín y Yamcha.

Satán sigue peleándose con su paracaídas hasta que finalmente logra liberarse.

– “¡JA!” – exclama con chulería. – “¡AHORA VERÁS LO… que….!” – pierde ímpetu al darse cuenta de la sombra que le cubre.

Majin Bu ha caminado hasta él y ahora le mira con atención a escasos centímetros de distancia.

– “¿En qué golosina quieres que te convierta?” – le pregunta Bu.

– “¿Eh…?” – se asusta Satán.

– “Para comerte, ¿prefieres un caramelo o una galleta?” – insiste el monstruo.

– “¡NO, NO!” – exclama Satán. – “¡No me coma! Espere un momento… ¡Le he traído algo…!”

El Número 17 sale de entre los escombros.

– “¿Qué hace ese tipo?” – se pregunta el androie. – “Bu le va a matar…”

Shin observa la escena desde lejos.

– “Un humano…” – dice el Kaioshin. – “¿Qué demonios…?”

Satán saca una caja de bombones de su gi.

– “¡Aquí tiene!” – le hace entrega del obsequio. – “¡Un regalo!”

– “¡Bombones!” – celebra Bu.

– “¡Son de los caros!” – dice Satán, abriendo la caja.

Bu agarra uno y lo olisquea un poco antes de comérselo.

– “Jeje…” – ríe para sus adentros Satán. – “Estos bombones están repletos de veneno…”

Shin, que puede leer los pensamientos den terrícola, parece sorprendido.

– “Este tipo… es un idiota…” – murmura el Dios.

Bu sonríe.

– “¡Están buenísimos!” – exclama antes de agarrar la caja y vaciarla en su boca.

Satán se queda sin palabras.

– “Me alegro de que le gusten…” – disimula el Campeón.

Bu parece dudar sobre qué hacer con Satán, y se cruza de brazos, dubitativo.

– “¡Ya lo he decidido! ¡Te convertiré en helado!” – exclama mientras su antena se inclina hacia delante.

– “¡NO! ¡ESPERE!” – suplica Satán, poniéndose de rodillas con las manos en el suelo. – “¡POR FAVOR!”

De repente, una energía aparece en la Tierra. Un poderoso ki surca el planeta a toda velocidad.

– “¡¿QUÉ ES ESO?!” – se sorprende Dende.

– “¡¿GOKU?!” – se pregunta Yamcha.

– “¡ES SON GOHAN!” – exclama Krilín, al sentir el ki de su amigo.

En el interior del palacio, el grito de Krilín ha alertado a todos.

– “¡¿Son Gohan?!” – se emociona Chichi.

Gohan, transformado en Súper Saiyajín 2, llega al lugar por la espalda de Bu; sus pies derrapan sobre el árido terreno. Una luz azulada y un sonido característico alertan a Majin Bu, que se da la vuelta para ver de quién se trata.

– “¡Ka… Me… Ha… Me…!” – recita el mestizo sin demora.

Al girarse, Bu tiene que bajar la vista para poder ver a su contrincante, que se encuentra apunto de atacar.

– “¡¡HAAAAAA!!” – dispara Gohan a escasos centímetros de su adversario.

El ataque a bocajarro engulle al monstruo. El Kamehameha de Gohan se pierde en el horizonte, continuando su camino hasta abandonar el planeta.

Cuando la luz se disipa, Satán levanta la cabeza. La parte superior de su permanente ha sido chamuscada por el ataque de Gohan. No hay rastro físico de Bu.

– “¡Tú…!” – se sorprende el Campeón.

– “Lo siento, señor Satán.” – dice Gohan. – “¿Está usted bien?”

– “¡Eres tú!” – insiste el Campeón. – “¡Ese Gran Saiyaman!”

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende el mestizo al ver que el padre de Videl conoce su verdadera identidad.

Shin y los androides se reúnen con Gohan y Satán.

– “¡Son Gohan!” – exclama el Dios. – “¡Estás vivo!”

– “¡Kaioshin!” – dice Gohan. – “¡Número 18! ¡Número 17!” – se sorprende al ver a los androides.

– “Todos te daban por muerto.” – dice la Número 18. – “Te están esperando en la Atalaya.”

– “Vegeta me noqueó” – responde Gohan. – “Pero Ten Shin Han y Chaoz me encontraron…” – explica. – “Pero, ¿qué hacéis vosotros aquí?”

– “Estaba buscando las Dragon Balls cuando tuve que salvar a tu amiguita.” – responde la androide.

– “¿Videl está bien?” – pregunta Gohan.

La Número 18 asiente.

– “Ya debería estar lejos de aquí.” – dice la androide. – “Ahora ella tiene el radar.”

Satán se preocupa al oír el nombre de su hija.

– “¡¿Qué?!” – exclama el Campeón. – “¡¿Mi Videl?!”

El Número 17 suspira aliviado.

– “Parece que otra vez has salvado el día, Son Gohan” – dice el androide.

Gohan se pone serio.

– “No…” – responde el mestizo. – “Majin Bu sigue vivo…”

– “¡¿Qué?!” – se sorprende los androides.

– “Puedo sentir su presencia.” – dice el mestizo.

– “Tiene razón…” – confirma Shin. – “Sigue vivo…”

– “¡¿Es que no hay forma de detenerlo?!” – pregunta 17.

Gohan se aleja de sus amigos y mira al cielo, donde una nube de humo se está concentrando.

– “Puede que haya una…” – responde el mestizo.

Shin frunce el ceño con preocupación al poder leer la mente de Gohan.

Satán se acerca a Gohan.

– “Oye, chico…” – dice el Campeón. – “Tú derrotaste a Cell… ¡Seguro que puedes vencer a este monstruo…! ¿Verdad?”

– “No lo sé.” – dice Gohan. – “Pero tengo que intentarlo.”

– “Sobre lo de Cell…” – dice Satán, con cierta timidez. – “Siento haber dicho que fui yo quien lo derrotó…”

– “No sé de qué me habla…” – sonríe Gohan. – “Usted es el Campeón.”

Satán respira aliviado.

– “Eres un buen muchacho…” – dice el Campeón. – “Puede que lo deje salir con Videl…” – piensa.

Gohan sonríe.

– “Yo me encargaré de Majin Bu.” – dice el mestizo. – “Regresad a la Atalaya.”

– “¿Piensas enfrentarte a él tú solo?” – pregunta la Número 18.

Gohan mira a su izquierda. Ten Shin Han y Chaoz aterrizan.

Mientras tanto, una nube de humo se ha formado en el suelo y ha tomado forma corpórea. Majin Bu ha regresado y se posa sobre el suelo.

El monstruo mira a su nuevo enemigo.

– “¡¿Quién eres tú?!” – protesta el monstruo. – “Te pareces a un tipo feo que también brillaba… pero ese ya está muerto.”

Gohan frunce el ceño.

– “Así que es cierto… Mató a Vegeta…” – dice el saiyajín.

– “Vegeta se sacrificó para intentar detenerle… pero fracasó.” – dice la Número 18.

– “¿De verdad hizo eso?” – se sorprende Gohan, que pronto esboza una media sonrisa melancólica. – “Vegeta…”

El Número 17 se impacienta.

– “Basta de cháchara…” – dice el androide. – “¿Qué piensas hacer?”

Gohan reaviva su aura de Súper Saiyajín 2.

– “Dejadlo en nuestras manos.” – dice el mestizo. – “Ya habéis hecho suficiente.”

Los androides se miran el uno al otro y sonríen.

– “Ni lo sueñes.” – dice el Número 17.

– “¿Eh?” – se sorprende Gohan

– “No eres el único que tiene asuntos pendientes con este tipo.” – dice la Número 18. – “¡Mira como me ha dejado la ropa!”

El pitido provocado por el vapor a presión saliendo de los orificios de Majin Bu alerta a nuestros amigos.

Gohan y los androides se ponen en guardia.

– “Cuando os dé la señal, necesito que os apartéis de Bu todo lo que podáis…” – advierte Gohan. – “…o podríais ser arrastrados por mi técnica.”

Los androides asienten.

Shin da un paso al frente, pero Satán lo agarra del brazo.

– “No sé quién eres, joven, pero es mejor dejar pelear al muchacho.” – dice el Campeón, que ignora la identidad del sujeto.

Gohan mira de reojo a Ten Shin Han y le hace una señal. El terrícola asiente.

El guerrero de tres ojos saca un termo de café de su gi y se lo entrega a Chaoz.

– “Prepárate.” – dice Ten.

– “¡Sí!” – responde Chaoz.

La mirada de Bu se torna terrorífica.

– “¡OS MATARÉ A TODOS! – grita furioso.

DBZ – SAGA BU REWRITE / Capítulo 10: ¡El arma secreta de la Tierra!

DBZ – Saga Bu Rewrite / Capítulo 10: ¡El arma secreta de la Tierra!

En un solo día, Majin Bu ha causado el pánico en el planeta Tierra. La gente abandona las grandes ciudades por miedo a un ataque del monstruo y se dirige a zonas rurales, donde esperan estar a salvo. Grandes atascos se forman en las salidas de las metrópolis.

Bu ha matado indiscriminadamente a todo el que ha encontrado en su camino, a veces por diversión y otras para saciar su apetito. 

El Rey del Mundo, desesperado, ha decidido recurrir al salvador de la Tierra; el hombre que liberó al mundo de las garras del terrible Cell.

Ese luchador legendario, el hombre más fuerte del planeta, ha respondido a la llamada del deber y al clamor popular. Un helicóptero recoge al Campeón en el jardín de su mansión, ante la atenta mirada de miles de fans amontonados a las puertas de su hogar, en la ciudad que lleva su nombre, y que claman a su salvador a viva voz.

– “¡SATÁN! ¡SATÁN! ¡SATÁN!” – corean al héroe en el que tienen puestas todas sus esperanzas.

Mientras tanto, en las montañas rocosas, Gohan entrena a las órdenes de Ten Shin Han y supervisado por Chaoz.

El mestizo, agotado, se encuentra rodeado de pequeños cráteres causados por intentos fallidos de realizar la técnica ancestral de sellado.

– “¡Tienes que coordinar mejor las dos manos!” – le corrige Ten. – “¡Otra vez!”

Gohan intenta recuperar el aliento y vuelve a prepararse para realizar el Mafuba.

– “Esto me recuerda a mis entrenamientos con Piccolo…” – piensa mientras una gota de sudor recorre su frente.

– “¡Otra vez!” – insiste Ten.

– “¡Sí!” – responde Gohan con convicción.

En la Atalaya de Kamisama, Dende observa las fechorías de Majin Bu. Los demás se encuentran en el interior del palacio, intentando matar el tiempo jugando a cartas. 

Bulma está apartada del resto, sentada en un banco cerca de la puerta de la Sala del Espíritu y el Tiempo, preocupada por su hijo y aún llorando la muerte de Vegeta. Yamcha intenta consolarla sin éxito.

Chichi se acerca y le hace un gesto a Yamcha para que le deje sitio. Yamcha se levanta y Chichi se sienta en su lugar.

– “¿Estás bien?” – pregunta la viuda de Goku a Bulma.

– “Sí, lo siento…” – responde Bulma. – “No debería estar llorando…”

– “No pasa nada.” – dice Chichi. – “Sé que es un momento difícil.”

– “Pero… Tú has perdido a Gohan…” – dice Bulma. – “Y pareces tan entera… Yo no sé que haría si perdiera también a Trunks…”

Chichi esboza una sonrisa que sorprende a Bulma.

– “Sé que está vivo.” – dice Chichi.

– “¿Eh?” – responde una confusa Bulma.

– “Gohan.” – dice Chichi. – “Estoy segura.”

Yamcha agacha la cabeza.

– “Chichi… Entiendo lo que sientes…” – dice el guerrero. – “Pero eso no es posible… Su energía…”

– “Te equivocas.” – le interrumpe Chichi. – “Gohan está vivo.”

Yamcha se queda en silencio, sin saber cómo reaccionar. Bulma sonríe.

– “Espero que tengas razón…” – dice la viuda de Vegeta. – “Le necesitamos.”

En la Sala del Espíritu y el Tiempo, Trunks cae de espaldas al suelo. El chico, transformado en Súper Saiyajín y con su gi hecho trizas, ha sido noqueado por Piccolo.

Trunks derrama una lágrima y empieza a moquear, pero el chico aspira con fuerza por la nariz y se frota los ojos.

– “¿Es que necesitas un descanso?” – le pregunta Piccolo con tono condescendiente.

– “No” – responde Trunks, poniéndose en pie y reavivando su aura.

El namekiano se pone en guardia y esboza una media sonrisa.

– “Su determinación no debería sorprenderme…” – piensa Piccolo. – “Es Trunks, al fin y al cabo.”

Muy lejos de allí, Majin Bu sobrevuela la Tierra buscando una nueva fechoría que cometer cuando ve a un niño vagabundo caminando por una carretera montañosa, guiándose con un bastón.

– “¡No escapará nadie!” – se ilumina el rostro de Bu al ver a una nueva víctima.

El monstruo aterriza delante del chico.

– “¡HA!” – intenta sorprenderlo Bu con una pose de pelea.

El pequeño no parece intimidado.

– “Hola, señor” – saluda alegremente el vagabundo, con los ojos cerrados.

– “¿Eh?” – murmura un confuso Bu. – “¿Es que no sabes quién soy?”

– “Soy ciego…” – responde el chico. – “¿Quién es? ¿Acaso es usted famoso?”

– “No ves nada porque tienes los ojos cerrados. A mí también me pasa.” – responde Bu. – “¿Has intentado abrirlos?”

– “Jeje…” – ríe tiernamente el chico. – “Aunque los abriera no cambiaría nada.” – responde. – “Soy ciego desde que nací.”

– “Vaya… Así que no me tienes miedo porque no me has visto…” – refunfuña B, un poco frustrado.

El monstruo coloca su manopla sobre los ojos del chico y usa su magia sobre él.

– “¡¿Qué ha pasado?!” – se sorprende el pequeño pordiosero, que ha sentido una extraña sensación sobre su rostro.

– “Pero abre los ojos, tonto…” – dice Bu.

– “¿Qué…?” – se extraña el chico.

El niño abre sus ojos y se da cuenta de que puede ver.

– “¡¡PUEDO VER!!” – celebra el chico. – “¡¡ES UN MILAGRO!!”

– “Jijiji…” – ríe Bu. – “¡Ahora ya puedes verme! ¡¿A que tienes miedo?!”

Pero el chico tira su bastón y se abalanza sobre Bu para abrazarle.

– “¡MUCHAS GRACIAS, SEÑOR!” – exclama el muchacho. – “¡¡GRACIAS!!”

– “¿Pero a éste que le pasa…?” – se pregunta Bu. – “¿Por qué no huye?”

Mientras tanto, en la cabaña del bosque, Shin ha puesto al día al Número 17. El Kaioshin está sentado en la cama y el androide en una silla. Lapis bebe café de un termo, mientras al Dios le ha preparado una taza de té.

– “Es terrible…” – murmura el androide, dando un sorbo a su bebida.

– “Es todo culpa mía…” – lamenta Shin, que llevado por la rabia hace estallar su taza y derrama el té caliente en el suelo. – “Lo siento…” – se disculpa enseguida.

– “No pasa nada.” – dice Lapis.

– “Mírame…” – lamenta el Kaioshin. – “Ni siquiera soy capaz de contener mis emociones… Soy un Dios patético.”

– “Las emociones no son una debilidad.” – dice Lapis. – “Nos hacen humanos.”

Shin agacha la cabeza, avergonzado.

El Número 17 se pone en pie y agarra su escopeta.

– “Lo siento, Kaioshin… perro tengo que bajar al pueblo esta noche.” – dice Lapis. – “Le he dejado un plato de guiso preparado en su mesilla. Volveré mañana a primera hora.”

– “¿A dónde vas?” – pregunta Shin.

– “Mis asuntos no son los de un Dios…” – sonríe el androide. – “Pero eso no significa que pueda descuidarlos.” 

En la carretera montañosa, Majin Bu y el chico se han sentado a charlar.

– “¿Y vives solo?” – le pregunta Majin Bu al pordiosero.

– “Vivo con mi hermano mayor.” – responde el chico. – “¿Y usted?”

– “Yo vivo solo.” – dice Bu.

– “¿Y no se aburre?” – pregunta el niño.

– “Salgo a divertirme de vez en cuando.” – dice Bu.

– “¿Tiene muchos amigos?” – pregunta el chico.

– “¿Amigos?” – murmura Bu, que no comprende el concepto.

– “Gente de confianza con la que pasarlo bien…” – dice el pordiosero.

– “Creo que no tengo…” – dice el monstruo. – “¡Pero me divierto sin amigos! La gente suele tenerme miedo y huyen… y yo los persigo.”

– “Es un juego un poco raro…” – responde el niño. – “Creo que huyen porque parece extranjero. Nunca había visto a nadie con eso en la cabeza.” – dice señalando su antena.

Bu parece triste y pensativo.

– “Siempre ha sido así…” – dice el monstruo. – “¿Por qué no estás con tu hermano?” – le pregunta. 

– “He ido a comprar leche.” – dice el muchacho. – “Mi hermano está trabajando en una granja cerca de aquí. Yo todavía soy demasiado joven para trabajar.”

Bu mira de reojo al horizonte hacia una columna de humo.

– “¿Y ya la has comprado?” – pregunta Bu.

– “No… Las tiendas estaban cerradas.” – dice el chico.

El monstruo Bu se pone en pie.

– “¿A dónde va?” – le pregunta el niño.

– “Espera aquí.” – dice Bu.

Majin Bu se marcha volando.

– “¡OH!” – exclama el pequeño. – “¡Los extranjeros vuelan!”

Bu no tarda en llegar a una aldea.

– “¡ES EL MONSTRUO BU!” – gritan todos asustados. – “¡HUYAMOS!”

En unos instantes, Bu regresa a la montaña con dos cartones de leche que entrega al chico.

– “Aquí tienes” – le dice al muchacho.

– “¡Es genial!” – exclama el pordiosero.

Bu se eleva de nuevo y se marcha sin decir nada.

– “¡MUCHAS GRACIAS, SEÑOR!” – se despide el chico. – “¡ADIÓS!”

El monstruo Bu desaparece en silencio en el horizonte con una tierna sonrisa dibujada en su rostro.

Mientras tanto, en Satán City, Videl se ha despedido de su padre, que ya vuela en helicóptero hacia la última localización conocida de Majin Bu. La muchacha ha decidido regresar a la Torre de Karín, pues se hace preguntas que cree que solo los amigos de Son Gohan le pueden resolver.

Videl sobrevuela el mar en dirección a la Tierra Sagrada.

En la Atalaya de Kamisama, Dende percibe algo.

– “¡Una energía!” – exclama Dios.

Krilín y Yamcha también lo han sentido y salen del palacio corriendo.

– “¡¿Quién es?!” – pregunta Krilín.

En las montañas rocosas, Gohan, Ten Shin Han y Chaoz también han sentido la presencia de la muchacha.

– “¡¿Alguien se mueve?!” – se pregunta Ten.

– “¡Es Videl!” – exclama el mestizo. – “¡¿QUÉ HACE?!”

Mientras tanto, Majin Bu regresaba a su casa, pero al sentir una energía en movimiento ha decidido cambiar de rumbo.

Nuestros amigos observan lo ocurrido desde la Atalaya.

– “Maldita sea…” – sufre Yamcha.

– “¡Debemos hacer algo!” – dice Krilín.

– “No hay nada que podamos hacer…” – aprieta los puños Dende, impotente.

– “Kamisama…” – sufre su amigo Popo.

De repente, sobre el mar, Majin Bu se presenta frente a Videl, obligándola a detenerse repentinamente.

La muchacha mira horrorizada al monstruo que reconoce de las noticias.

– “Tú… Tú eres…” – titubea Videl. – “El monstruo del que hablan…”

– “¡Hola!” – saluda el monstruo.

Videl se pone en guardia, asustada.

– “¿Qué has hecho con Gohan?” – pregunta la muchacha.

– “¿Quién es ese?” – pregunta Bu. – “¿Alguien que he matado?”

– “Maldito…” – aprieta los dientes Videl, intentando ser valiente.

Bu se acerca lentamente a la muchacha.

– “Dime una cosa…” – dice el monstruo, haciendo retroceder a Videl con su presencia. – “¿Soy guapo?”

– “¿Qué?” – pregunta una confusa Videl.

– “¿Crees que soy guapo?” – insiste Bu.

Videl no duda y le propina un puñetazo en la cara que se hunde en el rostro del monstruo.

Majin Bu ni se inmuta, y Videl retira su puño lentamente, aterrada ante el impávido monstruo. La cara de Bu recupera su forma original.

– “Eres una maleducada…” – gruñe Bu. – “¡TE MATARÉ!”

Pero de repente, Bu recibe una patada voladora que lo lanza al mar. Es la Número 18.

– “¿Eh?!” – se sorprende Videl al ver a la poderosa mujer.

La androide agarra a Videl del brazo.

– “¡VÁMONOS DE AQUÍ!” – exclama, tirando de la muchacha y arrastrándola por el cielo.

Videl desconoce la identidad de su salvadora, pero no duda de que, sea quien sea, es mejor opción que enfrentarse al monstruo.

La Número 18 viste un pantalón vaquero y camiseta negra con mangas blancas y pequeñas rayas horizontales negras.

La Número 18 y Videl llegan a tierra firme y descienden en un denso bosque.

– “¡¿Qué está pasando?!” – pregunta Videl, desconcertada y nerviosa. – “¡¿Quién eres?!”

– “¡¿Y quién demonios eres tú?!” – protesta la androide. – “¡¿Es que quieres morir?!”

Videl se detiene un instante y no tarda en atar cabos.

– “¿Eres amiga de Son Gohan?” – pregunta la muchacha.

– “Así que conoces al chico…” – se sorprende la Número 18. – “Majin Bu ha podido sentir tu energía. Volar ha sido una mala idea. Eres descuidada.”

– “¡¿Sabes si Gohan está bien?!” – pregunta Videl, emocionada.

La Número 18 tarda en responder.

– “No es el momento.” – dice la androide. – “¡Tienes que ocultar tu energía o nos matará! Has tenido suerte de que justo pasaba por aquí…”

Bu sale del agua. Está enojado.

– “¡¿Quién me ha golpeado?!” – protesta el monstruo.

De sus poros emana humo rosado a presión.

– “¡OS MATARÉ A TODOS!” – grita furioso, mientras expulsa una gran cantidad de energía que estalla sobre el mar como si fuera una bomba, provocando un maremoto cuyas gigantescas olas chocan contra la costa.

Mientras tanto, en un pueblo bajo la montaña, el Número 17 ha sentido temblar el suelo y ha salido de su pequeña pero acogedora casa. 

El androide mira al horizonte y puede ver un destello de luz rosada.

– “¿Qué ocurre, cariño?” – pregunta una voz femenina desde el interior del hogar.

– “Tengo que regresar a la cabaña…” – responde Lapis, intentando fingir calma. – “¿Por qué no me acompañáis?”

Bu sobrevuela el bosque, buscando a las dos fugitivas.

– “¡Os convertiré en galleta de chocolate y os comeré!” – refunfuña el monstruo.

La Número 18 y Videl corren bajo el amparo de los árboles, intentando pasar desapercibidas.

En las montañas rocosas, Gohan está cada vez más nervioso.

– “¡Ya no siento el ki de Videl! ¡¿Qué está pasando?!” – sufre el mestizo.

Bu se impacienta y dispara ataques de energía al azar, devastando el bosque varias parcelas de bosque.

La Número 18 se detiene de repente.

– “Odio esconderme…” – protesta la androide. – “¿Cómo te llamas, muchacha?”

– “¿Eh? Videl” – responde la muchacha.

La Número 18 le entrega el radar y una bolsa con las Bolas de Dragón que ha reunido.

– “Estas son las Dragon Balls.” – dice la androide. – “Hay seis. Falta una.”

– “¿Dragon Balls?” – se extraña Videl.

– “Esto es un radar.” – le indica la Número 18. – “Tienes que encontrar la última para que podamos resucitar a todo el mundo”

– “Las siete Dragon Balls…” – murmura Videl. – “Pero si son solo una vieja leyenda…”

La androide agarra a Videl de los hombros.

– “¡¿Pero de dónde sales tú?!” – protesta la 18. – “¡Busca la última! ¡Y que no te detecte Bu!” – insiste. – “¡Cuando las tengas, llévaselas a Karín, en la Tierra Sagrada!”

– “¿La Torre del gato?” – se extraña Videl.

– “¡Eso es!” – dice la androide. – “¡Vamos! ¡Márchate!”

– “¡¿Y qué vas a hacer tú?!” – se preocupa la muchacha.

La Número 18 esboza una media sonrisa nerviosa.

– “No te preocupes por mi” – responde la androide. – “¡Vete!”

Videl asiente y echa a correr.

La Número 18 suspira.

– “El pantalón era nuevo…” – protesta antes de empezar a elevarse.

Majin Bu iba a disparar de nuevo indiscriminadamente, pero se detiene al ver a la mujer, que surge de entre las copas de los árboles y asciende hasta ponerse a su altura.

– “¡¿Tú me has golpeado?!” – le increpa Bu. – “¡¿Por qué?!”

– “Porque tu cara de gordinflón me da asco.” – responde la androide.

– “¡¿Me estás llamando feo…?!” – gruñe el monstruo.

En la cabaña del bosque, Shin se ha levantado, pese a estar aún malherido, y con sus poderes reestablece su ropa.

El Dios camina a trompicones hasta la puerta, pero al abrirla se da cuenta de que una camioneta azul destartalada acaba de llegar. Lapis, su mujer y su hijo se bajan de ella.

La mujer es castaña, de cabello largo, y viste un peto vaquero azul, una camisa amarilla a cuadros y un pañuelo naranja en la cabeza. El pequeño es moreno y viste un pantalón corto azul, camiseta verde y un gran sombrero de paja.

El Número 17 y su mujer descargan unas cajas, mientras el pequeño se acerca al extraño con curiosidad.

– “¿Tú eres el forastero?” – pregunta el niño.

– “No seas maleducado…” – interviene el androide.

– “Lo siento…” – agacha la cabeza el pequeño. – “Me llamo Tori. Encantado de conocerle.” – saluda con una reverencia.

– “Eso está mejor” – sonríe Lapis.

Los dos adultos descargan la camioneta ante la mirada confusa de Shin.

El androide se despide de su mujer y de su hijo.

– “Voy a llevar a este amigo a su casa.” – dice Lapis. – “Aquí estaréis a salvo hasta que vuelva. Es un lugar tranquilo. Han dicho que las zonas rurales son más seguras.”

La mujer abraza al Número 17.

– “Ten mucho cuidado, Lapis.” – dice ella.

– “Siempre lo tengo.” – responde el androide.

Lapis se acerca a Shin y le pone la mano en la espalda.

– “¿Puede caminar?” – pregunta el androide.

– “Creo que sí.” – dice Shin.

– “Bien.” – asiente Lapis.

Los dos se alejan de la cabaña.

– “Bonita familia.” – dice Shin. – “Pero no saben quién eres…”

– “Puede que no conozcan mi pasado, pero saben quién soy.” – responde Lapis, sorprendiendo a Shin.

Mientras tanto, la Número 18 está sufriendo un duro castigo. La androide, con la ropa rota y ensangrentada, retrocede y apunta a Bu con su mano, disparando una ráfaga de ki, pero eso no detiene el avance del monstruo, que propina un cabezazo a la mujer y luego la remata con un golpe las manos juntas que la lanza contra el suelo.

La Número 18 atraviesa el techo del hangar de una base militar abandonada en medio del bosque y rebota rompiendo las puertas del susodicho, deslizándose sobre la pista de aterrizaje mientras intenta recuperar la estabilidad.

– “Maldición…” – gruñe la androide. – “Es un monstruo…”

En la Atalaya de Kamisama, Krilín y Yamcha intentan sentir lo que ocurre.

– “¡¿Qué está pasando?!” – se pregunta Yamcha. – “El ki de la muchacha ha desaparecido, ¡pero Majin Bu parece que esté peleando con alguien!”

Dende no responde. Una gota de sudor frío recorre su frente.

El miedo embarga a Krilín.

– “Número 18…” – sufre el terrícola. – “¡Voy a ayudarla!”

Yamcha agarra a su amigo del brazo.

– “¡No seas idiota!” – exclama Yamcha.

– “¡NO LA ABANDONARÉ!” – insiste Krilín.

– “¡PIENSA EN MARRON!” – replica Yamcha. – “¡¿Vas a dejarla sola?!”

Krilín se detiene y recapacita. Su ojos se inundan de lágrimas.

Dende cierra los ojos, abatido.

– “Si Majin Bu descubre este lugar… Todos moriremos.” – sentencia Kamisama.

Majin Bu agarra a la Número 18 del pelo, le propina un puñetazo en el abdomen, y luego la lanza contra un edifico que se derrumba sobre ella.

La androide sale de los escombros arrastrándose.

– “No voy a rendirme…” – dice ella, poniéndose en pie. – “Tengo energía ilimitada… ¡Pelearé hasta que me mates!”

Majin Bu alza su mano y, sin hacer ningún esfuerzo, dispara una gigantesca esfera de energía rosada que avanza rápidamente hacia la mujer.

Un gigantesco estallido arrasa la base abandonada, convirtiendo la zona en un páramo desierto.

La Número 18, que había cerrado los ojos con fuerza, pues no veía escapatoria a su final, los abre de nuevo y se sorprende al ver que sigue con vida. A su alrededor, una burbuja de energía verde la ha protegido.

– “Esto es…” – se sorprende ella.

– “Hola, hermanita.” – saluda Lapis, que ha alzado su barrera protectora. – “Ha pasado mucho tiempo…”

– “¡¿Número 17?!” – exclama ella. – “Pero… ¡¿Cómo has…?!”

– “He tenido ayuda.” – sonríe el androide.

Majin Bu mira a los dos gemelos confuso.

– “¡OH! ¿Ahora son dos?” – se extraña el monstruo, que se frota los ojos.

La Número 18 avanza hasta colocarse al lado de su hermano.

– “Esto me trae recuerdos…” – sonríe ella.

– “Como en los viejos tiempos…” – añade él.

La androide se pone seria.

– “Es un tipo terrible…” – advierte a su hermano. – “Parece inmortal. Vegeta y Gohan han muerto.”

– “¿Y Piccolo?” – pregunta Lapis.

– “Está entrenando al hijo de Vegeta.” – responde ella.

– “Ya veo…” – fuerza una sonrisa el androide. – “Así que ahora mismo somos lo mejor que tiene la Tierra… Irónico.”

– “Yo no lucho por la Tierra.” – responde la Número 18.

– “Yo tampoco.” – añade Lapis.

Los dos se miran de reojo y comparten una breve sonrisa antes de clavar sus miradas en el adversario.

– “Demostrémosle a esta bola de grasa como nos las gastamos.” – dice el Número 17.

Majin Bu frunce el ceño.

– “¡¿Me habéis insultado?!” – protesta el monstruo.

Cerca de allí, Shin espera escondido tras unas rocas.

– “Espero que esto salga bien…” – piensa el Dios, que respira con dificultad, pues se duele aún de sus heridas.

No muy lejos de allí, Videl se deja el alma corriendo a través del bosque.

Mientras tanto, el Campeón ya puede ver desde su helicóptero la pequeña casa de arcilla de Majin Bu.

– “Llegaremos en unos minutos, señor” – anuncia el piloto.

– “Bien, bien…” – dice Satán, fingiendo estoicidad. – “Estoy ansioso por enfrentarme a ese monstruo…” – su voz se quiebra de miedo y una gota de sudor frío recorre su sien.

DBZ – SAGA BU REWRITE / Capítulo 9: La pesadilla regresa

DBZ – Saga Bu Rewrite / Capítulo 9: La pesadilla regresa

Piccolo vuela en dirección a la Atalaya de Kamisama sin mirar atrás, pese a preguntarse si Vegeta habrá logrado detener definitivamente al monstruo Bu.

– “Debo poner al chico a salvo…” – piensa el namekiano.

En el centro del kilométrico cráter que ha dejado la explosión, Vegeta ha agotado toda su energía y su cuerpo se ha convertido en ceniza que se lleva el viento.

En la Atalaya de Kamisama, Dende observa atentamente lo ocurrido. La zona de la explosión ha quedado completamente arrasada.

– “Vegeta…” – murmura el namekiano. – “Lo has conseguido…”

Pero de repente, los minúsculos fragmentos gelatinosos del monstruo, que están esparcidos por todo el terreno, empiezan a moverse.

– “¡¿QUÉ?!” – se asusta Kamisama.

Los pequeños trozos del monstruo cobran forma, transformándose en un millar de diminutos Majin Bu.

– “¡Buu! ¡Buu!” – canturrean todos a la vez.

– “No… no es… ¡No es posible!” – titubea un horrorizado Dende.

Los trozos del monstruo se reagrupan, mezclándose unos con otros y conformando una gran masa rosada que empieza a tomar forma antropomórfica.

– “¿Qué ocurre, Kamisama?” – se preocupa Mr. Popo, intentando asistir a Dios.

– “¡Ese monstruo sigue vivo!” – exclama Dende.

Bu se ha regenerado por completo.

– “¡BUUUUUU!” – celebra el monstruo.

Majin Bu bailotea por la zona, feliz como una perdiz.

Piccolo ha percibido la presencia del monstruo y acelera su vuelo.

– “Maldita sea…” – murmura el namekiano. – “¡Esto es terrible!”

En el cráter, de repente, el monstruo se da cuenta de que Babidí no está.

– “¿Eh?” – se rasca la cabeza el monstruo.

Bu vuela de un lado para otro, sobrevolando la zona, mirando debajo de cada piedra, hasta que confirma que su señor ha muerto.

– “¡Je, je, je! ¡JA, JA, JA!” – ríe contento.

El monstruo Bu es libre.

A varios kilómetros de distancia, en un río, el Kaioshin sale a la superficie, malherido y casi sin fuerzas, y se agarra a una roca de la orilla. 

– “No siento a Vegeta… tampoco a Gohan…” – piensa Shin. – “Por favor… alguien tiene que seguir vivo…”

En las montañas rocosas, Ten Shin Han y Chaoz avanzan a pie.

– “¡Estamos cerca!” – dice Ten. – “¡Es débil, pero puedo sentir su energía!”

– “¡Es allí!” – indica Chaoz. – “¡Ya le veo!”

Gohan se encuentra inconsciente en el suelo.

– “¡Son Gohan!” – exclama Ten.

Los dos guerreros se apresuran en socorrer al chico.

Mientras tanto, en la Atalaya de Kamisama, Piccolo ya ha llegado al palacio y ha acostado a Trunks en un dormitorio. Ahora él y Dende pasean por la Atalaya mientras cavilan. 

– “Aún tardará en despertar.” – dice Piccolo.

– “Su padre ha muerto… Pobre muchacho.” – dice Dende. – “¿Y Gohan? ¿Él también…?” – añade preocupado.

– “No lo sé…” – agacha la cabeza Piccolo. – “Pero no siento su energía…”

– “¿Qué haremos ahora?” – se pregunta Kamisama.

– “Tendremos que esperar…” – sugiere el namekiano. – “Aún no sabemos cómo actuará Majin Bu ahora que no tiene a Babidí para darle órdenes…”

Mientras tanto, Majin Bu vuela alegremente sobre el mar, dando piruetas en el aire, celebrando su recién conseguida independencia.

De repente, se da cuenta de que hay una ciudad bajo sus pies; es la Capital del Sur.

El rostro del monstruo se ilumina y él desciende lentamente.

– “Tengo hambre…” – sonríe Majin Bu.

El monstruo alza sus manos y las habitantes de la ciudad empieza a levitar.

– “¡AAAAH!” – grita la gente asustada y confusa. – “¡¿QUÉ ESTÁ PASANDO?!”

– “¿En qué podría convertiros…?” – piensa Bu. – “¡Ya lo sé!” – exclama. – “¡¡Convertíos en caramelos!!”

Bu proyecta un rayo zigzagueante rosado de energía mágica con su antena, y éste se transmite de un humano a otro, convirtiéndolos a todos en dulces.

El monstruo aspira con fuerza y atrae a los caramelos hasta su boca, llenándola hasta rebosar, con sus mejillas hinchadas como un hámster.

El monstruo mastica los crujientes dulces, triturándolos, y después los engulle.

– “¡Deliciosos!” – celebra Bu.

Bu inspira profundamente, llenando sus pulmones de aire, y luego sopla con todas sus fuerzas, destruyendo toda la Capital de un soplido, conviertiendo la zona en un páramo llano y yermo.

– “¡Qué divertido!” – ríe Bu. – “¡Ji, ji, ji!”

En la Atalaya, Piccolo y Dende observan la escena aterrados.

– “Maldición…” – sufre Piccolo. – “Puede que haya cometido un error…”

En la Capital del Oeste, Bulma ve en el televisor del taller los sucesos de Satán City, cubiertos a pie de calle por el reportero Jimmy Firecracker. Las noticias muestran imágenes captadas por una cámara de seguridad en las que ella puede identificar a Vegeta, Gohan y Piccolo junto a un extraño cuarto individuo.

– “¿Qué ha pasado…?” – sufre ella, al ver a su marido atacar la metrópolis.

De repente, la emisión es interrumpida para contar un nuevo y terrible suceso; el ataque a la Capital del Sur.

Bulma no aguanta la incertidumbre y coge el radar de las Dragon Balls de un cajón de su mesa de trabajo y agarra su chaqueta morada de la Corporación Cápsula antes de salir de la habitación.

En Satán City, Videl y Satán, rodeados por la policía y otros viandantes, pueden ver las noticias en los televisores de un escaparate. Un helicóptero muestra imágenes aéreas de la devastada Capital del Sur.

– “¡Es terrible!” – cuchichea la gente. – “¡Qué desastre! ¿Qué puede haber causado esto? ¿Un ataque terrorista?”

– “Son Gohan…” – murmura Videl, preocupada. – “Por favor… Ten mucho cuidado…”

En las montañas rocosas, Chaoz y Ten Shin Han intentan mantener con vida a Gohan, ofreciéndole agua de una cantimplora, pero el mestizo casi no tiene fuerzas. Los dos guerreros han sentido las energías de la ciudad desaparecer.

– “Debemos llevarle a la Atalaya…” – sugiere Ten. – “Algo terrible está sucediendo.”

Chaoz rebusca en su cinturón.

– “¡A mí me queda una senzu!” – exclama Chaoz.

Mientras tanto, un joven guardabosques camina por una arboleda, escopeta en mano, cuando se topa con un individuo inconsciente en el suelo, bocabajo, vestido con ropajes extraños empapados, cerca de la orilla del río.

– “¿Está bien, amigo?” – pregunta el individuo. – “¡Oiga!” – insiste.

El joven se agacha y da la vuelta al forastero, para darse cuente enseguida de que su aspecto no es terrícola.

– “Pero, ¿quién eres tú?” – murmura guardabosques.

En la Atalaya de Kamisama, Piccolo y Dende siguen observando con horror a Majin Bu hacer de las suyas, cuando de repente aparece el avión de Bulma, que aterriza apresuradamente.

– “Bulma…” – murmura el namekiano, que se da cuenta de que va a tener que dar explicaciones.

La mujer sale de su avión y se acerca a Piccolo.

– “¡¿Dónde está Trunks?!” – pregunta ella, nerviosa. – “¡¿Y Vegeta?!”

El namekiano agacha la cabeza, apenado.

– “Trunks está bien. Está descansando en el palacio.” – dice el namekiano. – “Pero Vegeta…”

De repente, un nuevo avión aterriza en la Atalaya; es el vehículo de Yamcha. Chichi, Gyuma, Yamcha, Puar, Oolong, Roshi, Krilín y la Número 18, con la pequeña Marron en brazos, se apean.

Chichi camina decidida hasta Piccolo y le increpa. El namekiano retrocede un poco asustado.

– “¡TÚ!” – le dice Chichi al namekiano apuntándole con un dedo acusador. – “¡¿Dónde está mi Gohan?!”

Krilín da un paso al frente.

– “¿Qué ha pasado, Piccolo?” – pregunta el terrícola, con miedo a la respuesta.

Piccolo agacha la cabeza de nuevo.

– “Vegeta y Gohan… han muerto” – revela el namekiano.

Todos los presentes se quedan impactados por las palabras de Piccolo. Chichi se desmaya y tiene que ser atendida por Gyuma. Bulma se tapa la boca acongojada.

– “Vegeta… No… No puede ser…” – llora la viuda.

Piccolo continúa.

– “Un monstruo antiguo y malvado ha despertado.” – dice el namekiano. – “Y ahora vaga por la Tierra.”

Mr. Popo sale del palacio y interrumpe a Piccolo.

– “Siento interrumpir…” – dice el ayudante de Kamisama. – “Pero el chico ya se ha despertado.”

Mientras tanto, Gohan se ha comido la semilla y se pone en pie.

– “¿Estás bien, muchacho?” – pregunta Ten.

– “Sí…” – dice el mestizo. – “Muchas gracias.”

– “¿Qué ha pasado?” – pregunta Chaoz.

– “Hemos sentido tu energía y la de Vegeta…” – dice Ten. – “Y luego ha aparecido otro poder terrible…”

– “Es una historia larga.” – dice Gohan. – “Pero no hay tiempo.” – dice mientras se aleja unos pasos, con su mirada fija en el horizonte.

– “¿Qué pretendes hacer?” – dice Ten. – “No irás a…”

– “No siento la energía de Vegeta, pero sí siento la del monstruo” – dice Gohan. – “Eso significa que soy el único capaz de detenerlo…”

– “Pude sentir vuestra energía mientras peleabais, Gohan.” – dice Ten. – “Si Vegeta ha fracasado…”

– “Ahora soy más fuerte.” – dice el mestizo. – “Puede que…”

– “No lo hagas…” – dice Chaoz. 

Gohan aprieta sus puños con rabia.

– “No puedo quedarme de brazos cruzados…” – gruñe Gohan. – “Mi padre no tiraría la toalla…”

– “Tu padre sabía cuando pelear.” – dice Ten. – “Si mueres en vano, la Tierra estará condenada.”

Muy lejos de allí, en la cabaña del guardabosques, Shin abre los ojos tumbado en una cama de madera, vistiendo solo el mono interior de su ropa sagrada. 

– “¿Qué…?” – se pregunta el Dios. – “¿Dónde estoy?”

Shin intenta echar un vistazo a su alrededor. Una alfombra de piel de oso cubre el suelo. Una fotografía del guardabosques con su mujer y su hijo se encuentra en la mesita de noche. El anfitrión se se encuentra sentado en una mesa, cerca de la entrada. La escopeta está apoyada en la pared, junto a la puerta.

– “Te encontré cerca del río.” – dice el guarda forestal. – “Estabas inconsciente.”

El Dios ve a un joven de ojos azules, con pelo negro lacio con corte a media melena y raya en medio. Viste un pantalón cargo marrón y una camiseta térmica negra. Está sentado en una mesa junto a la entrada.

– “Me has ayudado…” – murmura Shin, aún débil. – “Gracias…”

– “¿De dónde vienes?” – pregunta el joven. – “No pareces de por aquí.”

– “No…” – dice Shin. – “Soy del Este…”

– “¿De qué planeta, exactamente?” – sonríe el guardabosques.

– “¡¿Qué?!” – se sorprende el Kaioshin al ver la calma con la que el forastero ha realizado la pregunta.

Shin se fija en el joven y se sorprende al percibir algo extraño.

– “Tú…” – dice el Dios. – “No eres… humano…”

– “Interesante…” – murmura el guardabosques ante la deducción de su invitado. – “Voy a empezar presentándome yo.” – dice el joven. – “Soy el Número 17, pero aquí me conocen como Lapis.” – dice ofreciéndole la mano.

El Dios sonríe al sentir las buenas intenciones de su huésped.

– “Shin” – sonríe el Dios, aceptando el apretón de manos. – “Kaioshin del Este.”

Mientras tanto, Majin Bu ha llegado a la Capital del Norte y corretea por sus calles, arrollando todos los vehículos con los que se encuentra a su paso. La gente huye despavorida.

– “¡YUJUUUU!” – disfruta el monstruo.

De repente, un policía dispara al monstruo, pero las balas rebotan en su barriga sin causarle ningún daño.

– “¿Eh?” – se detiene Bu, confuso.

El policía retrocede lentamente al ver que el monstruo le ha visto.

– “¿Quieres jugar?” – sonríe Bu.

El agente suelta el arma y echa a correr, pero Bu agarra la pistola del suelo.

– “Se ha dejado esto…” – piensa el monstruo.

Bu le lanza el arma y ésta se incrusta en la cabeza del policía, matándole.

– “¡Oh!” – se sorprende Bu. – “Que delicados son…”

Una muchacha que lo ha visto todo se encuentra agachada detrás de un coche, aterrada.

La chica intenta huir a gatas, pero pronto se topa con Majin Bu frente a ella.

– “Por favor… No me mates…” – suplica la muchacha. – “Por favor…”

Bu intenta poner su mejor sonrisa.

– “¿Crees que soy guapo?” – le pregunta el monstruo.

– “¿Eh?” – responde la confusa muchacha.

– “¿Soy guapo?” – insiste Bu.

– “Guapo… eh… ¡Sí! ¡SÍ!” – exclama ella. – “¡MUY GUAPO!”

– “Entonces… ¡Dame un beso!” – dice Bu, alargando sus labios como si fueran una trompeta.

– “¡YAAAAAAHHHH!” – grita ella, asqueada y asustada.

– “Me has mentido…” – dice un ofendido Majin Bu.

En ese instante, Bu ve un anuncio de colonia en una pared en el que aparece un hombre apuesto.

– “¿A las terrícolas os gustan así?” – se pregunta el monstruo, rascándose la barbilla. – “Está bien…”

Bu moldea su rostro con las manos como si fuera de arcilla y replica la cara del modelo.

– “¿Mejor ahora?” – sonríe el monstruo. – “¡Dame un besito!” – insiste alargando de nuevo sus labios.

– “¡¡YAAAAH!! ¡NOO!” – grita ella.

– “Eres una chica muy caprichosa…” – gruñe Bu, enfadado. – “¡Pues conviértete en azucarillo!”

El rayo mágico de la antena de Bu transforma a la muchacha en el dulce mencionado. Bu se lo come sin dudar.

– “Bueno…” – suspira el monstruo, apenado, mientras echa un vistazo a su alrededor. – “Parece que nadie quiere jugar conmigo…”

En unos instantes, Bu hace estallar la ciudad por completo.

En la Atalaya, Piccolo, Dende, Yamcha, Krilín con su hija en brazos, Roshi y Chichi siguen pendientes de lo que ocurre en la Tierra. Los demás han entrado en el palacio. 

Nuestros amigos perciben la repentina muerte de miles de personas.

– “Maldición…” – lamenta el namekiano.

– “La Capital del Norte…” – sufre Dende. – “Ha desaparecido…”

– “¡Podemos usar las Dragon Balls!” – sugiere Chichi. 

– “Es inútil resucitarlos ahora” – responde Krilín. – “Primero hay que detener a ese monstruo. No pueden resucitar dos veces.”

En el interior del Palacio, Bulma consuela a su hijo, que acaba de conocer la muerte de Vegeta.

– “¡¿Por qué no ha huido?!” – protesta Trunks, entre sollozos.

– “Lo hizo por nosotros…” – dice Bulma. – “Ha luchado por ti, por mí y por la Tierra…”

– “Pero no ha servido de nada…” – llora Trunks. – “¡Es un idiota!”

La Número 18, que se encuentra apoyada en la pared de la sala contigua, donde los demás están sentados esperando noticias, decide intervenir.

– “Tu padre es la persona más orgullosa a la que me he enfrentado.” – dice la androide. – “Nunca imaginé que Vegeta fuera capaz de dar su vida por alguien… pero lo ha hecho por ti. Sé agradecido. Haz que no sea en vano.”

La Número 18 abandona la sala y sale del palacio. El pequeño Trunks se queda conmocionado ante tan duras pero sinceras palabras y se seca los ojos con su antebrazo. Bulma sonríe con melancolía al ver que las palabras de la androide han tenido un efecto positivo en el chico.

Mientras tanto, el monstruo Bu sigue volando alrededor de la Tierra.

– “Me está entrando sueño…” – bosteza el monstruo.

Bu aterriza en mitad de un rancho.

– “¡¿Quién es ese?!” – se pregunta el ganadero. – “¡¿Ha llegado volando…?!”

El monstruo echa un vistazo a su alrededor.

– “Voy a construir una casa aquí y me echaré una siesta…” – dice Bu.

Majin Bu alza sus manos y hace volar al ganadero y a todo su ganado.

– “¡Convertíos en arcilla!” – exclama Bu, usando su magia para transmutarlos. 

La arcilla se concentra en una gran masa que flota en el cielo.

Bu limpia y allana la zona de un soplido y deja caer la arcilla al suelo.

– “¡Manos a la obra!” – sonríe Bu.

El monstruo empieza a moldear su nuevo hogar con calma y con cariño. Parece que se lo esté pasando bien construyendo su casa.

– “¡TACHÁN!” – celebra al terminar. – “¡Je, je, je!”

La casa tiene forma de gusano extraterrestre, con una apertura frontal circular y dos laterales, y consta de múltiples ventanas pequeñas con la misma forma a lo largo de la estructura.

El monstruo revisa que todo haya quedado a su gusto.

– “Aquí la mesa para comer…” – canturrea mientras pasea por el comedor. – “Aquí el baño…” – dice tumbado en la bañera. – “Aquí el lavabo…” – se sienta en la taza. – “Me lavaré los dientes…” – procede. – “¡Y aquí la cama!” – dice al tumbarse. 

Bu se duerme enseguida, pero se despierta al instante.

– “¡Habré dormido unos cinco segundos!” – celebra. – “Bien, bien…”

El monstruo sale de su casa y se pone con los brazos en jarra.

– “¡Ya he descansado!” – sonríe. – “¡A jugar! ¡A jugar!” – exclama antes de salir volando.

En la Atalaya, Yamcha se acerca a Piccolo.

– “A lo mejor sí que es una buena idea reunir las Dragon Balls ahora…” – dice el terrícola. – “Majin Bu podría destruir alguna por accidente en uno de sus ataques…”

– “Estaríamos perdidos…” – murmura Roshi.

– “Yo me encargaré” – dice Krilín, poniendo a Marron en el suelo. – “Las reuniré lo más rápido que pueda y las traeré aquí.”

– “No es seguro…” – dice Piccolo. – “Majin Bu podría sentir tu energía matarte… o seguirte hasta aquí y eliminarnos a todos… Yo solo he tenido suerte.”

– “Por eso me encargaré yo.” – interviene la Número 18.

– “18…” – se sorprende Krilín. – “¿Estás segura?”

– “Soy la mejor opción.” – dice la androide.

– “Pero…” – se preocupa su marido.

– “Ella tiene razón.” – la apoya Piccolo. – “Majin Bu seguro que no puede detectarla.”

Bulma y Trunks salen del palacio.

– “¿Tienes el radar de las Dragon Balls?” – le pregunta la Número 18 a Bulma.

– “Aquí está…” – dice ella, sacándoselo del bolsillo. – “Lo cogí cuando salí de casa, supuse que lo necesitaríamos.”

La androide coge el radar y lo activa.

– “Ten mucho cuidado…” – sufre Krilín.

La Número 18 sonríe y se agacha para hacer una carantoña a su hija.

– “Y si te encuentras con Bu… tienes que esconderte.” – dice su marido. – “Puede ser muy rápido y fuerte, pero no puede percibir tu presencia. Aprovéchalo parra darle esquinazo.”

– “¿Es que olvidas con quién estás tratando?” – fanfarronea la androide. – “Hace unos años era de mí de quién huíais.”

Yamcha se incomoda ante tal recuerdo.

La Número 18 camina hasta el borde de la Atalaya, en el que se encuentra Piccolo.

– “Mucha suerte.” – dice el namekiano.

– “Si algo va mal… Protégelos.” – susurra la androide.

El namekiano asiente.

La Número 18 se lanza al vacío y pronto emprende el vuelo, guiada por el radar.

Mientras tanto, Trunks se ha acercado a Piccolo y le tira de la capa.

El namekiano se da la vuelta y mira al pequeño mestizo, que luce una mirada de determinación sorprendente para su edad.

– “Entréname.” – dice el hijo de Vegeta.

– “¿Qué?” – se sorprende el namekiano junto a todos los presentes.

– “Tú entrenaste a Gohan, ¿no?” – dice Trunks. – “Pues entréname a mí. Quiero luchar.”

– “Trunks…” – sufre su madre.

Chichi coloca su mano sobre el hombro de Bulma.

– “Crecen muy rápido…” – dice ella, que puede ver en Trunks la misma determinación que tenía Gohan a su edad.

El namekiano sonríe.

– “Entrenar conmigo no será fácil…” – dice Piccolo. – “¿Estás dispuesto a sufrir?”

Trunks asiente.

– “Quiero hacerme más fuerte.” – insiste el mestizo. – “Más que papá y que Gohan.”

– “Bien.” – esboza una pícara sonrisa el namekiano.

Piccolo mira a Mr. Popo.

– “¡Señor Popo!” – le dice el namekiano. – “Prepare la Sala del Espíritu y el Tiempo.”

En la caseta del bosque, Shin descansa en la cama y el Número 17 prepara un guiso de conejo mientras mira de reojo a su invitado.

– “Un Dios… un monstruo milenario…” – suspira el androide. – “Apuesto a que Son Goku y sus amigos tienen algo que ver en todo esto…” – sonríe.

En las montañas rocosas, Gohan, Ten y Chaoz ocultan su ki.

– “¿Qué podemos hacer? Tener que ocular nuestra energía para sobrevivir es frustrante…” – gruñe Gohan. – “¿Cómo podemos detener a ese monstruo si no somos capaces de vencerlo?”

Ten Shin Han tiene una idea.

– “Creo que hay una forma…” – dice el terrícola.

– “No estarás pensando en…” – se asusta Chaoz.

– “La técnica que ya detuvo al diablo en una ocasión.” – dice Ten Shin Han. – “El Mafuba.”

 

En la Capital Central, en el Palacio Real, el Rey del Mundo está reunido con sus consejeros. Juntos revisan imágenes de lo sucedido en la Satán City, en la Capital del Sur y en la Capital del Norte. En algunas de ellas, grabadas por ciudadanos asustados, se identifica al Monstruo Bu. 

– “¡Debemos actuar!” – exclama un General. – “¡Deme la orden y enviaremos al ejército!”

– “Esto no es algo que podamos solucionar con métodos convencionales… ¡Estaríamos enviando a nuestros hombres a morir!” – replica un hombre del Rey.

– “¡¿Y qué sugieres?!” – protesta el militar.

– “Recurramos de nuevo al héroe que salvó la Tierra hace siete años…” – sugiere el consejero.

El Rey del Mundo está distraído, con su mirada fija en el joven muchacho que aparece en la grabación de seguridad de Satán City.

– “Su Majestad…” – le saca del trance uno de los consejeros.

– “¿Sí?” – pregunta el Rey, un poco aturdido.

– “Necesitamos su autorización…” – le dicen.

– “Está bien…” – suspira el Rey. – “Llamémosle.”

En Satán City, suena el busca de Mr. Satán.

DBZ – SAGA BU REWRITE / Capítulo 8: Majin Bu

DBZ – Saga Bu Rewrite / Capítulo 8: Majin Bu

El monstruo salido del huevo mira a su alrededor con curiosidad.

Babidí y Dabra no saben qué pensar de la criatura. Ese no era el aspecto que esperaban que tuviera el temible Majin Bu.

– “¿Ese es el monstruo?” – pregunta el demonio.

– “No lo sé…” – responde el brujo. – “Solo el Kaioshin lo ha visto antes…”

El rostro desencajado del Dios confirma el despertar del monstruo. Shin está temblando de miedo.

– “¿Es él?” – pregunta Piccolo.

– “Sí…” – responde Shin. – “Nunca olvidaré esa cara…”

Babidí sonríe.

– “¡Parece que es él!” – exclama el brujo. – “¡Majin Bu!”

– “¿Con esa pinta de bonachón?” – sigue incrédulo Dabra.

Majin Bu empieza a hacer estiramientos sin perder la sonrisa bobalicona de su rostro.

Una gota de sudor frío recorre la frente del namekiano.

– “Puede parecer idiota… Pero su presencia es terrible…” – dice Piccolo.

En las montañas rocosas, Vegeta se abalanzaba sobre Gohan, pero el mestizo le pide que se detenga.

– “¡Espera, Vegeta!” – exclama Gohan, mirando al horizonte. – “¡Ha aparecido una energía muy poderosa! ¡¿Será Majin Bu!”

Vegeta se detiene y mira en la misma dirección.

– “¿Ese es Bu?” – se pregunta Vegeta, poco impresionado. – “¡JAJAJA!” – ríe. – “¡Sabía que sería una decepción! Ese Kaioshin se asusta con facilidad para ser un Dios… Creo que hemos superado todas las expectativas…”

– “No te precipites…” – responde Gohan. – “El ki que siento es algo fuera de lo común…”

– “¡CÁLLATE!” – insiste Vegeta, furioso. – “¡SI LO QUE BUSCAS ES ESCAQUEARTE, NO TE LO PERMITIRÉ!”

Mientras tanto, Babidí se acerca a su monstruo.

– “¡Hola, Bu! Soy Babidí, el hijo de tu creador, Bibidí.” – se presenta el brujo. – “¡Y te he liberado de tu encierro!”

El monstruo le mira con desconfianza.

– “¡Desde hoy, seré tu amo y señor!” – dice el brujo.

Bu lo ignora.

– “¡Escúchame!” – repite el brujo, algo desquiciado. – “¡Soy tu nuevo amo! ¡Tu dueño!”

De repente, el monstruo se sorprende con una mueca sacándole la lengua que hace que Babidí caiga al suelo de espaldas y casi eche el corazón por la boca del susto.

– “¡JAJAJAJA!” – ríe Bu.

Piccolo está confuso ante la extraña actitud del monstruo.

Dabra lo mira s Majin Bu con recelo.

– “Bah… No es más que un payaso.” – murmura el demonio.

El comentario llama la atención de Majin Bu.

El monstruo hace una pose de fortachón y se dirige a Dabra dando saltitos, celebrando cada uno de ellos.

– “¡Hop! ¡Hop! ¡Hop!” – repite él.

Majin Bu se coloca en pose de pugilista delante del demonio.

– “¿Quieres pelear conmigo?” – dice Dabra con retintín. – “¿Ya sabes dónde te metes?” – añade esbozando una chulesca media sonrisa. – “Ya sabía yo que eras solo un idiota.”

Piccolo frunce el ceño.

– “¿De verdad es un peligro?” – le pregunta el namekiano a Shin.

– “Que su apariencia no te confunda…” – dice el Kaioshin. – “Esa criatura es el mal encarnado.”

Bu emite vapor a presión por los orificios de su cabeza y de sus brazos. Su rostro revela de repente una sonrisa aterradora.

El monstruo aplasta la cabeza de Dabra con un aplauso, haciendo sangrar sus oídos, y lo remata con una matada que lanza al demonio a volar hasta estrellarse contra una montaña cercana que se derrumba inmediatamente sobre él.

Piccolo y el mismísimo Babidí se quedan boquiabiertos ante la demonstración del monstruo, que confirma los peores temores de Shin.

– “¡Magnífico, Bu!” – celebra el brujo. – “¡Eres fantástico!”

Piccolo no puede evitar temblar.

– “Su fuerza ha aumentado de una forma descomunal en un solo instante…” – dice el namekiano. – “Jamás había visto nada igual…”

Lejos de allí, Trunks volaba hacia las montañas rocosas cuando ha sentido el terrible ki de Majin Bu.

– “¿Qué demonios es eso?” – se pregunta el chico.

Tras un instante, el chico continúa su camino hacia las energías de su padre y de Gohan.

– “No tengo tiempo…” – piensa el mestizo.

En las montañas rocosas, el ki de Bu ha detenido de nuevo el combate entre los dos saiyajín.

– “Es… es una energía inmensa…” – titubea Gohan.

Vegeta no parece interesado.

– “A mí no me importa…” – gruñe el saiyajín. – “¡Aún no hemos terminado nuestro combate!”

– “¡Ya basta!” – dice Gohan. – “¡Lo hemos despertado nosotros! ¡Si no lo detenemos, mucha gente morirá! ¡También Bulma y Trunks!”

Vegeta frunce el ceño, furioso.

– “¡CÁLLATE DE UNA VEZ!” – grita el saiyajín. – “¡HE VENDIDO MI ALMA A BABIDÍ PARA VOLVER A SER DESPIADADO! ¡NO ME IMPORTA NADA NI NADIE!”

Gohan juzga a su adversario con una mirada severa.

– “Sigue repitiéndote eso, si así te sientes mejor…” – dice el mestizo.

Vegeta se enfada por la acusación de Gohan, pero pronto logra calmarse.

– “Está bien.” – se resigna el saiyajín. – “No podemos pelear si sigues pensando en ese monstruo… Acabaremos con él y luego reanudaremos nuestro combate.”

– “Vegeta…” – sonríe Gohan, aliviado.

El saiyajín mira sobre el hombro de Gohan.

– “¡¿QUÉ?!” – reacciona Vegeta con terror.

Gohan se da la vuelta rápidamente.

– “¡¿QUÉ OCURRE?!” – pregunta el mestizo.

De repente, Vegeta noquea al hijo de Goku con un golpe en la nuca, haciéndole perder su transformación y dejándole inconsciente en el suelo.

– “Tan inocente como tu padre…” – dice el saiyajín. – “Majin Bu ha despertado por mi culpa. Yo lo solucionaré.”

Vegeta mira a Gohan con una sonrisa melancólica.

– “Si todo sale mal, tú eres la mejor opción para salvar la Tierra.” – sentencia el saiyajín.

Vegeta aprieta sus puños con rabia.

– “Maldito seas, Kakarotto…” – gruñe el saiyajín. – “Siempre tienes razón.”

Mientras tanto, Babidí intenta darle órdenes a Majin Bu.

– “¡Salúdame!” – insiste el brujo. – “¡Soy tu amo! ¡Obedece!”

El monstruo responde sacándole la lengua de nuevo.

– “¡¿Es que no piensas acatar mis órdenes?!” – se frustra el brujo. – “Si no me obedeces, puedo usar el hechizo para encerrarte de nuevo…”

Bu responde a la amenaza y hace una reverencia a Babidí.

– “Bien, bien…” – dice el brujo, satisfecho. – “Así me gusta…”

Piccolo estudia a su enemigo.

– “Parece un bebé…” – dice el namekiano. – “Si derrotamos al brujo, creo podríamos detener al monstruo…”

– “¡Te equivocas!” – replica Shin. – “Babidí es el único capaz de detenerlo. Ni siquiera su padre fue capaz de controlar a Majin Bu… Estoy seguro de que Babidí se verá obligado a encerrarlo de nuevo en el huevo… en algún momento.” – explica el Dios, agachando la cabeza, derrotado. – “Tendremos que esperar hasta entonces.”

– “Millones de personas morirán…” – dice Piccolo.

– “Billones.” – responde Shin. – “Planetas enteros.” – sufre el Dios. – “¡Pero no tenemos otra opción! Tenía la esperanza de detener a Babidí antes de que despertara al monstruo… ¡Pero todo ha salido mal! ¡He fracasado! Tenía que haberle hecho caso… ¡No confié lo suficiente en los mortales! ¡Es todo culpa mía! Podríamos haberlo intentado de otra forma…”

– “¿Qué?” – se sorprende el namekiano. – “¿De qué está hablando?”

– “Ya no importa…” – se resigna el Dios. – “…porque vamos a morir.”

Un grito de Babidí interrumpe a nuestros amigos.

– “¡MÁTALOS, BU!” – ordena el brujo. – “¡Liquida a esos dos!”

– “¡BUUUU!” – celebra un entusiasmado monstruo.

Piccolo agarra al Kaioshin por el brazo.

– “¡¡VÁMONOS!!” – exclama el namekiano.

Piccolo sale volando, arrastrando a Shin con él.

Babidí observa nervioso a sus enemigos alejarse.

– “¡¿A QUÉ ESPERAS?!” – le grita a su monstruo. – “¡¡NO DEJES QUE ESCAPEN!!” 

Majin Bu coge impulso y sale volando tras Piccolo a toda velocidad, surcando el cielo como un proyectil. 

En unos segundos el monstruo ha adelantado a nuestros amigos y se detiene frente a ellos, cortándoles el paso.

– “In… increíble…” – tartamudea el namekiano.

Majin Bu machaca a Piccolo sobre la cabeza y lo manda al suelo, dejándolo inconsciente.

Shin intenta rechazar al monstruo con un Kiko-ha, pero casi no tiene efecto en Bu, que responde imitándole y remitiendo al Dios de nuevo a los pies de Babidí.

– “¡Muy bien!” – celebra el brujo.

Majin Bu persigue a Shin y tras dar una voltereta cae sobre él, sentándose sobre el malherido Dios.

– “¡AAAAAHHH!” – grita el Kaioshin.

Bu se pone en pie y le propina una patada a Shin en el abdomen. El Dios se retuerce de dolor.

Babidí se acerca a su enemigo y se mofa de él.

– “¡JAJAJA!” – ríe el brujo. – “¡¿Qué pasa, Kaioshin?! ¿No ibas a detenerme?”

Majin Bu apunta al Dios con su manopla derecha, pero Babidí le detiene.

– “¡Espera, Bu!” – dice el brujo. – “Quiero matarle yo mismo…” – sonríe.

– “¿No me lo puedo comer?” – pregunta Majin Bu.

– “¿Eh? ¿Comer?” – se extraña el mago.

De repente, una lanza atraviesa la panza del monstruo por la espalda.

– “¡¿UH?!” – reacciona confuso Majin Bu.

– “¡¡NOO!!” – exclama Babidí. – “¡MI MONSTRUO!”

Dabra ha sido quién ha atacado a Bu a traición.

– “Amo Babidí…” – dice un ensangrentado demonio. – “Majin Bu es un peligro… No podrá controlarlo eternamente… ¿Es que no se da cuenta?” 

– “¡CÁLLATE!” – responde el brujo. – “¡¿QUÉ LE HAS HECHO A MI QUERIDO BU?!”

Pero el monstruo, sin perder su bobalicona sonrisa, se arranca la lanza fácilmente y la deja caer al suelo. La herida de su barriga se cierra al instante, sorprendiendo a todos los presentes.

– “¡Tú serás mi merienda!” – dice el monstruo.

Dabra, asustado, se pone en guardia, listo para pelear.

Bu se inclina ligeramente hacia delante y apunta a su adversario con la antena de su cabeza.

– “¡CONVIÉRTETE EN GALLETA!” – exclama el monstruo.

Un rayo fucsia zigzagueante nace del apéndice de Bu y sorprende al demonio, transformándolo en una gigantesca galleta.

Bu la sujeta antes de que caiga al suelo y se la mete en la boca. El monstruo la mastica.

– “¡Riquísimo!” – sonríe el monstruo tras engullir a Dabra.

– “¡JAJAJA!” – ríe Babidí. – “¡Muy bien!” – celebra.

El brujo señala a Shin.

– “¡Ahora cómete a este!” – ordena Babidí. – “¡Cómete al Kaioshin!”

Bu se acerca de nuevo a Shin.

– “Te convertiré en algo rico…” – piensa Bu, rascándose la barbilla. – “¿Chocolate? ¿Helado?” – cavila. 

– “¡JAJAJA!” – se burla Babidí. – “¡Qué final tan humillante!”

Shin cierra los ojos, pues sabe que es su final.

– “Maldición…” – lamenta el Dios.

De repente, una gran explosión sorprende al brujo y a su monstruo. La nave de Babidí ha estallado en mil pedazos.

– “Mi… ¡¡MI NAVE!!” – exclama el hechicero.

Majin Vegeta aparece entre la humareda de la explosión.

– “¡¿VEGETA?!” – se sorprende el brujo, que con la emoción ya había olvidado el combate que estaba teniendo lugar en las montañas. – “¡¿Qué haces tú aquí?!”

Muy lejos de allí, Trunks detiene su viaje.

– “¡¿Qué?!” – exclama confuso. – “¡El ki de mi padre ha vuelto a cambiar de posición! ¡Ahora está con ese poder monstruoso que he sentido antes! Y no percibo la energía de Gohan… ¡¿QUÉ ESTÁ PASANDO!?” – sufre el chico. – “¡Tengo que averiguarlo!”

El pequeño Trunks decide variar su rumbo.

Majin Vegeta ignora a Babidí y se fija en el monstruo.

– “Así que esta bola de grasa con cara de tonto es Majin Bu…” – dice el saiyajín. – “Y supongo que has matado a Piccolo.” – añade al no sentir el ki del namekiano.

Majin Bu se agacha para decirle algo a su dueño.

– “¿Qué significa “sebo”?” – pregunta el monstruo.

– “¡Significa “grasa”! ¡Quiere decir estás gordo!” – dice Bu. – “¡Es un insulto!”

El monstruo emite vapor a presión a través de sus orificios, tal y como hizo antes de atacara a Dabar.

– “¡Estoy furioso!” – exclama Bu. – “¡TE MATARÉ!”

Babidí sonríe.

– “¡Mátale!” – dice el brujo. – “Total, no me hace caso…” 

Vegeta se pone en guardia.

– “No creas que te lo pondré fácil…” – dice el saiyajín. – “Te arrastraré conmigo al infierno.”

Shin se sorprende al oír a Vegeta.

– “Vegeta…” – piensa el Dios. – “¿Qué ha cambiado?”

El ki del saiyajín estalla.

– “¡YAAAAAAH!” – grita Vegeta, concentrando su energía antes de atacar.

Vegeta se abalanza sobre Bu y le propina una tremenda tormenta de puñetazos y patadas. El monstruo es un mero saco de boxeo para el saiyajín.

Piccolo recupera la consciencia y, malherido, logra levantarse.

– “¿Vegeta?” – murmura al ver el duelo que está teniendo lugar. – “Eso significa…” – se preocupa por su pupilo.

El saiyajín continúa castigando al monstruo ante la mirada atónita de Babidí.

– “Bu…” – murmura confuso el brujo. – “¡¿Qué está pasando?! ¡DEFIÉNDENTE!”

Finalmente, Vegeta remata a Bu con una fuerte patada que lo lanza contra el suelo a varios metros de distancia. El monstruo rebota varias veces antes de detenerse. 

Bu se levanta de un salto y los golpes impresos en su carne se desvanecen repentinamente como si el monstruo fuera un globo que se ha rehinchado.

Vegeta se coloca de perfil y apunta a Majin Bu con sus dedos índice, corazón y pulgar. El aura del saiyajín se torna esférica, acumulando todo su poder.

De repente, un haz de luz nace de Vegeta y atraviesa el abdomen del monstruo antes de que éste pueda reaccionar, dejando un gigantesco agujero en su horonda panza, abatiéndole y dejándolo tirado en el suelo.

– “Je” – sonríe Vegeta.

– “¡BUUUU!” – grita Babidí, alarmado.

– “¡¿Lo ha logrado?!” – se pregunta Piccolo.

El monstruo se levanta al instante, sorprendiendo a todos.

– “¡¿QUÉ?!” – exclama Vegeta.

La herida del monstruo se regenera al instante.

– “Esta vez… me ha dolido un poco…” – gruñe Bu.

– “¿Es que eres inmortal o qué?” – refunfuña el saiyajín.

– “¡Muy bien! ¡Muy bien!” – celebra Babidí. – “¡Ahora, MÁTALE!”

Un aura esférica fucsia envuelve al monstruo de repente. Bu cruza sus brazos frente a su pecho.

– “¿Sabes una cosa…?” – dice el monstruo.

– “Bu…” – se asusta Babidí. – “¿Qué vas a…?”

El poder devastador de Bu sorprende de nuevo a todos los presentes.

– “¡¡ME CAES FATAAAAAAAL!!” – grita el monstruo a pleno pulmón mientras desata una onda expansiva que arrasa con todo lo que encuentra a su paso.

Babidí alza sus manos enseguida.

– “¡B… BARRERA!” – grita el desesperado brujo mientras se envuelve en una burbuja mágica, intentando protegerse.

Vegeta intenta defenderse del ataque, pero pronto es engullido por la explosión.

Shin y Piccolo salen despedidos por los aires.

La zona se ha convertido en un gigantesco cráter vacío a los pies de Majin Bu. 

Babidí ha sobrevivido gracias a su magia. 

– “Por poco me mata…” – suspira el hechicero.

Más allá del límite del cráter, un malherido Vegeta se pone en pie. Su brazo izquierdo, ensangrentado, ha quedado inutilizado.

– “Imposible…” – refunfuña el saiyajín. – “Es demasiado fuerte… y además parece inmortal… Creo que no podré derrotar a este miserable…”

Babidí lo observa sorprendido.

– “¿Sigue vivo?” – dice el brujo. – “Admito que, si no se hubiese rebelado, habría sido un fantástico gladiador…”

Piccolo también se levanta entre los escombros. Su distancia con la explosión le ha permitido sobrevivir.

– “Ha faltado poco…” – murmura el namekiano, que enseguida se fija en el saiyajín. – “Parece que Vegeta sigue vivo…” – murmura. – “¡¿Y EL KAIOSHIN?!” – se pregunta, asustado, al ver que la zona en la que se encontraba ha sido devastada por el estallido. – “Maldita sea…”

Majin Bu flota hasta Vegeta y desciende frente a él.

– “Me aburres…” – le dice el monstruo.

Vegeta se prepara para seguir peleando.

– “¿Qué puedo hacer…?” – se pregunta el saiyajín. – “¿Cómo puedo derrotar a este monstruo?”

En ese instante, Majin Bu agarra una lorza de su barriga y la estira hasta separar un trozo de su propia carne del resto de su abdomen.

– “¿EH?” – murmura un confuso Vegeta.

Majin Bu estira la masa rosada hasta convertirla en una tira gelatinosa.

– “¿Qué va a hacer con eso?” – se pregunta el saiyajín.

El monstruo dispara un pequeño proyectil de energía con su boca a los pies de Vegeta, que obliga al saiyajín a saltar para esquivarlo.

Bu aprovecha el momento para lanzar su trozo de carne contra el desprevenido saiyajín. La masa rosada se enrolla alrededor de Vegeta y lo apresa.

– “¡Ju, ju, ju!” – ríe Bu.

Vegeta cae al suelo inmovilizado.

– “Maldita sea…” – sufre el saiyajín, cuyos intentos por liberarse son inútiles.

Bu se acerca a Vegeta y le propina una fuerte patada.

– “¡Toma!” – exclama el monstruo.

Majin Bu salta sobre Vegeta y cae sobre él con todo su peso, haciendo que el saiyajín escupa sangre por su boca.

– “¡AAAAAAH!” – grita Vegeta.

El monstruo Bu empieza a golpear el rostro del saiyajín sin descanso.

– “¡Toma! ¡Toma!” – celebra Bu con alegría cada uno de los golpes que propina.

De repente, como un rayo, alguien asesta una patada en la cara a Majin Bu, alejándolo de Vegeta.

Trunks, transformado en Súper Saiyajín, aterriza junto a su padre y se apresura en liberarlo.

– “¡PAPÁ!” – exclama Trunks, preocupado. – “¡¿ESTÁS BIEN?!”

Babidí parece confuso.

– “¿Quién es ese niñato?” – se pregunta el mago. – “¿De donde sale?” – pero pronto sonríe de nuevo. – “Tampoco importa… Bu los matará a todos.”

– “Es posible…” – dice una voz que sorprende al hechicero.

La voz es de Piccolo, que se encuentra detrás de Babidí. 

El brujo se da la vuelta enseguida.

– “¡¿TÚ?!” – exclama Babidí.

– “Aunque no podamos detener a Majin Bu…” – dice Piccolo. – “…podemos detenerte a ti.”

– “No seas estúpido…” – responde el brujo. – “Si muero, nadie podrá encerrar a Bu… ¡Vagará por el universo destruyéndolo todo a su paso!”

– “¿Y en qué se diferencia eso de tu plan?” – replica el namekiano.

Una gota de sudor frío recorre la frente del brujo.

– “¡¡B… BU!!” – grita Babidí desesperado. – “¡¡DATE PRISA!! ¡¡MATA…!!”

Pero antes de que el brujo pueda dar su orden, Piccolo lo parte en dos de un solo golpe.

Las dos mitades de Babidí se precipitan contra el suelo.

– “No… No puede ser…” – piensa el brujo. – “Estaba a punto de ser el Rey del Universo…”

Vegeta, ahora libre, ha visto la escena.

– “Trunks…” – dice el saiyajín. – “Cuida de tu madre.”

– “¿Eh?” – murmura el chico, confuso. – “¿Qué? ¿Por qué dices eso?”

– “Márchate. Vete lejos de aquí.” – dice Vegeta. – “Lucharé con el monstruo Bu a solas.”

– “¡¡NO!!” – replica el mestizo. – “¡Lucharé contigo! ¡Si peleas solo te matará! ¡Pero los dos juntos podemos hacerle frente!”

– “No…” – responde el saiyajín. – “Majin Bu no es un enemigo que podamos derrotar con métodos normales…”

– “¡No es cierto!” – insiste Trunks. – “¡Soy mucho más fuerte de lo que crees! ¡He estado entrenando con Gohan! ¡Puedo ayudarte!”

Vegeta se queda un instante en silencio.

– “Trunks… No te abrazo desde que eras un bebé…” – dice el saiyajín. – “Déjame hacerlo ahora.”

– “¿Eh?” – se sorprende el mestizo.

Vegeta acerca a su hijo hacia él y lo abraza.

– “Papá…” – piensa Trunks.

– “Cuídate mucho, hijo.” – se despide Vegeta, con una sonrisa.

– “¿Qué?” – mira el chico a su padre.

De repente, Vegeta noquea a su hijo con un certero golpe en la nuca, dejándolo inconsciente en el suelo.

Piccolo desciende junto al saiyajín.

– “¿Qué ha pasado, Vegeta?” – pregunta Piccolo. – “¿Dónde está Gohan?”

En ese momento, el monstruo Bu se levanta y hace unos pocos estiramientos antes de decidir continuar. 

– “¡¿Quién me ha pegado?!” – exclama el monstruo. – “¡¿Has sido tú?!” – le pregunta a Piccolo.

Vegeta da un paso al frente.

– “Coge a Trunks y vete. Aléjate todo lo que puedas.” – dice Vegeta. – “Por favor.”

Piccolo se sorprende ante la cortesía con la que el saiyajín ha formulado su petición, así que decide confiar en él.

– “De acuerdo…” – responde el namekiano, que enseguida agarra a Trunks y se lo coloca bajo el brazo.

Vegeta se envuelve de nuevo en el aura de Súper Saiyajín 2.

– “Quiero preguntarte algo…” – le dice el saiyajín a Piccolo. – “Si muero, ¿me encontraré con Kakarotto en el Más Allá?”

Piccolo recapacita un instante su respuesta.

– “No creo en las mentiras piadosas… así que te diré la verdad.” – murmura el namekiano. – “Eso es imposible. Has matado a muchos inocentes. Cuando mueras, tu cuerpo desaparecerá y tu alma irá al purgatorio, donde se purificará, lo olvidará todo, y se reencarnará.”

– “Vaya…” – sonríe melancólicamente Vegeta. – “Qué rabia…”

El saiyajín mira a su adversario de nuevo.

– “Está bien.” – sentencia Vegeta. – “Vete, Piccolo. Date prisa.”

– “Sí…” – responde el namekiano, que enseguida alza el vuelo.

Piccolo, con Trunks en brazos, se alejan rápidamente de la zona de combate.

Bu, malhumorado, alza su mano y apunta al fugitivo.

– “¡EH! ¡No escaparás!” – exclama el monstruo.

– “¡ESPERA, MONSTRUO!” – le interrumpe Vegeta. – “¡Ya te encargarás de ellos cuando me venzas! ¡¿De acuerdo, bola de grasa?!”

– “¡¿Me has vuelto a insultar?!” – gruñe Bu, que de nuevo emana vapor por sus orificios.

– “Creo que empiezo a comprender tus habilidades…” – sonríe el saiyajín.

Piccolo vuela hacia el norte a toda velocidad.

– “Vegeta…” – piensa el namekiano. – “Por primera vez luchas por los demás… aunque te cueste la vida.”

El aura del saiyajín estalla en una gran llama que pronto se retuerce y toma forma esférica. La energía que emana de Vegeta hace que una fuerte corriente de aire alce una gran polvareda.

– “¡Te destrozaré de tal manera que no podrás regenerarte!” – amenaza Vegeta al monstruo.

Majin Bu, por primera vez, parece asustado.

Una sonrisa melancólica se dibuja en el rostro de Vegeta.

– “Adiós, Bulma… Trunks…” – piensa el saiyajín. – “Adiós, Kakarotto.”

Vegeta estalla, liberando toda la energía que había concentrado; poniendo incluso su energía vital en el ataque.

– “¡¡¡YAAAAAAAAAA!!!” – grita el saiyajín a pleno pulmón; un grito desgarrador.

– “¡AAAAH!” – se asusta Bu, que es engullido por la explosión.

Una gigantesca explosión ilumina la Tierra. El contraste de luz hace pensar que ha anochecido en el resto del planeta. La onda expansiva se transmite por el aire a todos los confines del mundo.

En la Corporación Cápsula, Bulma se encuentra trabajando en su taller cuando oye el estruendo del exterior provocado por el viento huracanado que ha alcanzado la Capital del Oeste. El corazón le da un vuelco.

– “¡¿Qué…?! Tengo un mal presentimiento…” – murmura preocupada. – “¡¿Vegeta?!”

En la Kame House, Krilín se encuentra mirando preocupado al horizonte, pues ha seguido los acontecimientos atentamente.

En el interior de la casa, Roshi y Oolong miran la televisión mientras la Número 18 juega con una niña pequeña rubia con coletas.

De repente, un vendaval sacude la isla, obligando a Krilín a cubrirse, y rompe los cristales de la casa, sorprendiendo a todos los presentes y asustando a la niña, a la que la androide enseguida protege. 

En Satán City, Satán se ha quedado sin palabras ante la revelación de su hija.

– “Ese… ese chico… él es…” – titubea el Campeón.

De repente, el viento sacude la ciudad y sorprende a todos sus habitantes. 

La onda expansiva también alcanza el Monte Paoz, sorprendiendo a Chichi, abriendo la puerta de su casa con la corriente.

En la Capital del Norte, Yamcha y Puar no tardan en sufrir el vendaval en plena calle.

Al este de la cordillera de montañas rocosas, Ten Shin Han y Chaoz, que estaban entrenando hasta que han sentido el ki de los saiyajín en acción, ahora también son alcanzados por los efectos de la explosión.

– “¿Qué significa todo esto…?” – se pregunta Ten.

Lo mismo ocurre en la Torre de Karín, donde Yajirobe y Karín tiene que sujetarse a la barandilla para no caer al suelo.

Dende observa la Tierra desde la Atalaya.

– “Vegeta se ha sacrificado… por todos…” – murmura el namekiano, sorprendido.