ESPECIAL DBSNL /// Shingeki no Saiyajín // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte III: Guerra

Shingeki no Saiyajín / Parte III: Guerra
“¿Cómo te llamas?”

En la celda, Zangya y el pequeño Gokua se recuperan de sus heridas cuando la puerta se abre de nuevo y un robot entra arrastrando a un chico por su cola. El robot lanza al chico al interior de la celda y la puerta se cierra de nuevo.
– “¿Quién es?” – pregunta Gokua.
– “No lo sé…” – dice Zangya.
Gokua se acerca al muchacho, que sigue inconsciente.
– “Parece que está herido” – dice el herajín.
– “Debe ser otro prisionero…” – murmura su madre. – “No te acerques. Podría ser una trampa.”
– “¿Una trampa?” – se pregunta Gokua.
– “Si le han metido aquí con nosotros, dudo que sea por compasión.” – reflexiona Zangya. – “Traman algo.”
Raichi y Mu observan la escena a través de sus monitores.
– “¿Funcionará?” – pregunta Mu.
– “Paciencia” – responde Raichi.
De repente, el chico despierta.
– “¡HAA!” – grita el saiyajín, apartando a Gokua de un empujón y corriendo hacia la esquina opuesta de la sala.
– “¡Cuidado, Gokua!” – exclama Zangya.
El saiyajín muestra sus colmillos, amenazante.
– “Está asustado…” – dice Gokua, que se pone en pie lentamente.
– “Es peligroso” – insiste Zangya.
Gokua intenta acercarse al saiyajín.
– “No somos enemigos…” – dice el herajín. – “¿Cómo te llamas?”
El chico salvaje intenta arañar a Gokua, haciéndole retroceder.
– “Grrrrr” – gruñe el saiyajín.
– “¡Está bien! ¡Está bien!” – dice el herajín. – “Cuando te calmes, lo intentaremos de nuevo…”
Durante meses, los científicos tsufur observan a sus prisioneros. El chico saiyajín, siempre en el rincón de la celda, no parece querer congeniar con los herajín pese a los intentos de Gokua, que persiste con la ilusión de hacer un amigo.
Un día, en el calabozo, Zangya y Gokua se encuentran comiendo su ración proporcionada por los tsufur, cuando el saiyajín ya se ha terminado la suya, pero sigue hambriento.
El salvaje se acerca a ellos tímidamente.
– “¿Qué ocurre?” – se percata Gokua.
– “C… co…” – intenta hablar el saiyajín. – “Comida…”
El rostro de Gokua se ilumina al escuchar a su compañero de celda.
– “¡Has hablado!” – exclama Gokua.
Zangya observa sorprendida a los chicos.
Gokua agarra un trozo de carne y se lo entrega al saiyajín.
– “Toma” – sonríe el herajín.
El saiyajín agarra el trozo rápidamente y se aleja corriendo hacia su rincón de la celda.
– “¡Pero no te vayas!” – dice Gokua. – “¡Puedes comértelo aquí!”
– “Grrr…” – gruñe el saiyajín.
En la sala de control, los científicos observan.
– “Un primer acercamiento…” – dice Raichi.
– “Vamos muy lentos.” – dice Mu.
– “Pero seguimos avanzando.” – insiste Raichi.
Mientras tanto, en la superficie, Kinkarn prepara una nueva batida contra los saiyajín, que han vuelto a recuperar terreno rodeando la ciudad.
– “Cada vez son más insistentes.” – dice un soldado.
– “Y más resistentes.” – dice otro.
– “¡Os dije que os asegurarais de no dejar heridos!” – grita Kinkarn, furioso. – “¡Ya sabéis lo que ocurre con ellos, ¿no es así?!”
– “Sí, señor.” – dice el primer soldado. – “Pero son muchos…”
– “¡No quiero excusas!” – insiste Kinkarn. – “¡Pronto habrá luna llena!”
– “Nunca lograrán superar nuestras defensas” – dice el soldado. – “No importa cuantos sean. ¡Son monos!”
Kinkarn empieza a sentirse incómodo con la presencia saiyajín, a la que hasta ahora ha menospreciado.
En los alrededores de la ciudad, a muchos kilómetros, los saiyajín se concentran en varios flancos y observan la ciudad en silencio, liderados por un saiyajín de gran envergadura y con el cuerpo cubierto por cicatrices y sin su ojo derecho.
Unas semanas más tarde, en el laboratorio, Raichi ha terminado de construir un extraño dispositivo.
– “¿Ya está listo?” – pregunta Mu.
– “Hora de dar un paseo.” – sonríe Raichi.
Unas horas más tarde, Zangya despierta en la azotea de la torre más alta de la ciudad, en una clara noche.
– “¿Dónde estoy?” – se pregunta la herajín, que pronto se percata de que lleva unos extraños anillos dorados en sus tobillos, muñecas, cintura, cuello y frente, todos adornados con una gema azul. – “¡¿Qué es esto?!”
– “Estás en Plant.” – dice Raichi, que se encuentra de pie en el borde de la azotea, mirando al horizonte.
– “¡Tú eres quien nos tiene presos!” – exclama Zangya, que cada vez se encuentra más despierta. – “¡Tú torturaste a mi hijo!”
– “Sí, he sido yo.” – dice Raichi, provocándola. – “¿Qué piensas hacer?”
El cabello de la herajín empieza a erizarse mientras adquiere un tono rojizo, pero en ese instante las gemas empiezan a brillar y el Zangya siente un terrible dolor en su cabeza que se extiende a todo su cuerpo y grita con fuerza mientras su poder se desvanece.
– “¡¿Qué ocurre?!” – llora la herajín.
– “Bien…” – sonríe Raichi, que revela un guantelete dorado con una gema azul en su palma. – “Funciona.”
– “¡¿Qué me has hecho?!” – insiste Zangya.
– “Solo quería mostrarte dónde estás.” – dice el tsufur.
– “¡Pagarás por esto!” – grita la herajín.
Raichi ignora las amenazas.
– “Acércate” – dice el tsufur. – “No quieres perderte el espectáculo.”
La luna llena ilumina la noche. En el horizonte, una horda de ozaru se acerca a la ciudad. Kinkarn observa desde una de las torres de vigilancia.

Zangya contempla la escena, sorprendida ante la presencia de tales bestias.
– “¿Qué son?” – pregunta la herajín.
– “Saiyajín” – responde Raichi. – “Los nativos del planeta Plant.”
Las medidas de seguridad se activan y unos cañones surgen del suelo, apuntando a los saiyajín, que esta vez se detienen.
Kinkarn se sorprende al ver a los saiyajín actuar de esa forma tan calmada.
– “¿Han aprendido?” – murmura el tsufur.
– “Señor…” – dice un soldado por radio. – “Tiene que ver esto.”
El Capitán corre hacia la sala de mando y un soldado le enseña un mapa de la ciudad.
– “Están esperando en todos los flancos.” – dice el soldado. – “Estamos rodeados.”
– “¿Qué pretenden?” – murmura Kinkarn, preocupado.
De repente, un ozaru repleto de heridas y con un solo ojo da un paso al frente y ruge con todas sus fuerzas.
En la torre central, Raichi sonríe.
– “Aprenden rápido.” – dice el científico. – “He advertido a Kinkarn y a los demás durante mucho tiempo, pero nunca me han hecho caso. Solo entienden de guerra y muerte.”
– “Son monstruos…” – dice Zangya.
– “Todos lo somos.” – responde Raichi. – “Éste es su planeta, al fin y al cabo.”
– “El chico…” – murmura la herajín.
– “Sí, es un saiyajín.” – explica el tsufur. – “Aunque gracias a mí, ahora también tiene alguna de vuestras cualidades. Es solo cuestión de tiempo que despierte su poder.”
Zangya se queda sin palabras, intentando comprender la situación.
– “El chico es mi obra maestra.” – sonríe Raichi. – “Gracias a un dispositivo como el que llevas ahora mismo, obedecerá mis órdenes y nos librará de esos salvajes.”
– “Le obligarás a matar a su propia gente…” – dice Zangya. – “Eres un ser despreciable.”
– “O un genio.” – sonríe Raichi.  – “Es solo cuestión de perspectiva.”

El ozaru tuerto sigue gritando al cielo. Kinkarn se coloca su armadura de combate.
– “¡¿A dónde va, Capitán?!” – pregunta un soldado.
– “Voy a salir.” – dice Kinkarn.
– “¡¿Ahí fuera?!” – se asusta el soldado. – “¡¿Con ellos?!”
– “No podemos subestimarles más tiempo.” – dice el Capitán. – “Quieren algo. Quiero saber qué es.”
En el laboratorio, el Doctor Mu supervisa a Gokua y al saiyajín, que están apunto de ser sometidos a una nueva prueba.
Cuatro robots entran en sus celdas y se abalanzan sobre los chicos, propinándoles una paliza.
– “Primera prueba sin la mujer” – anuncia Mu. – “De momento, sin cambios.”
Kinkarn, ahora vestido con una armadura de última generación, con unos propulsores en los tobillos y pequeños cañones de energía en sus muñecas, abandona la ciudad y camina hacia el líder ozaru.
– “No disparéis” – ordena el Capitán por radio.
El ozaru se acerca a Kinkarn y se agacha hasta situar su cabeza en el suelo, a la altura del tsufur.
– “¡¿Qué queréis?!” – pregunta el Capitán Kinkarn. – “¡¿Puedes entenderme?!”
El ozaru exhala con fuerza, despeinando al tsufur.
– “Ya… mo… shi…” – responde el saiyajín.

DBSNL // Capítulo 112: Magnum Opus

DBSNL // Capítulo 112: Magnum Opus
“Eres una decepción”

Los saiyajín de Páragus se acercan cautelosos a nuestros amigos.
– “Rey Vegeta…” – murmura el más anciano.
– “No me llames así” – responde Vegeta.
– “Tú…” – continúa el saiyajín, mirando a Goku. – “Eres el hijo pequeño de Bardock…”
– “Eso parece…” – responde Goku rascándose la cabeza.
– “Luché junto a tu padre hace muchos años. Eres su viva imagen.” – dice el saiyajín. – “Me llamo Leek”.
– “Son Goku” – responde nuestro amigo, ofreciéndole la mano.
Leek parece confuso al escuchar un nombre que no es de saiyajín, pero enseguida esboza una media sonrisa.
– “Es un honor, Son Goku” – responde el anciano.
Trunks, mientras tanto, recoge la vaina de su espada del suelo y extiende su brazo derecho con la mano abierta, haciendo que su arma retorne mágicamente. El mestizo envaina la espada y la coloca en su espalda. Trunks está cabizbajo, ensimismado y entristecido por las muertes de sus compañeros.
– “¿Crees que podréis encontrarles un lugar para vivir?” – se acerca Vegeta.
El mestizo se sobresalta al escuchar a su padre y sale de su trance.
– “Sí” – responde Trunks. – “Los Kaio les encontrarán un planeta adecuado y la Patrulla Galáctica les ayudará a establecerse.”
– “Bien…” – dice Vegeta.

Trunks se prepara para volver con los demás, pero Vegeta le detiene poniéndole la mano en el hombro.
– “Trunks…” – dice su padre. – “Lo siento.”
Los ojos del mestizo brillan vidriosos.
– “Yo… Siempre fracaso.” – responde Trunks.
Vegeta se queda sin palabras al escuchar como se siente su hijo.
– “Por mucho que me haga más fuerte, nunca es suficiente.” – dice Trunks, que aprieta con rabia sus puños. – “Nunca soy capaz de proteger a los que me rodean. Sea cual sea el rival; los androides, Cell, Freezer, Zamas, Broly… Siempre llego tarde.”
– “Hijo…” – murmrua Vegeta.
– “Perdí a Son Gohan, a mi madre, a mi Universo… y ahora ha ocurrido otra vez. No importa la línea temporal. Siempre pierdo a alguien.”
– “Usaremos las Dragon Balls de Namek” – dice Vegeta. – “Resucitarán.”
– “Ese no es el problema.” – responde Trunks.
El mestizo se aleja de su padre, cabizbajo. Vegeta no le persigue. El saiyajín entiende la frustración de su hijo y su necesidad de estar solo. Él no es ajeno a tal sentimiento.
Mientras tanto, cerca de allí, Broly lucha por salir de los escombros cuando, de repente, se encuentra a Goku frente a él, que le ofrece la mano.
– “Has luchado bien” – sonríe Goku.
– “Kakarotto…” – murmura Broly, desconfiado.
El saiyajín rechaza la mano de Goku y se levanta por sí solo.
– “Siento mucho lo que ha pasado” – insiste nuestro amigo. 
Broly mira el cadáver de su padre y agacha la cabeza mientras aprieta sus puños.
– “Lo siento.” – dice Goku.
Vegeta se acerca al anciano saiyajín.
– “Has dicho que te llamas Leek, ¿no es cierto?” – dice Vegeta.
Leek asiente.
– “Trunks y la Patrulla Galáctica os encontrarán un lugar donde podáis vivir en paz.” – dice el saiyajín.
– “¿Paz?” – pregunta Leek. – “Pero… Nuestra raza…”
– “Tendréis que cambiar” – le interrumpe Vegeta. – “Descubriréis que los saiyajín somos más que bárbaros.”
Broly se acerca al grupo.
– “¡Tú! ¡Broly!” – exclama Vegeta.
El saiyajín se detiene.
– “Espero que sigas entrenando, porque quiero la revancha” – dice esbozando una pícara sonrisa.

El saiyajín parece confuso. Siempre le han hablado como a un esclavo o como a un demonio. Es la primera vez que alguien le trata como a un igual. Sin órdenes, ni miedo.
Goku sonríe al ver la interacción entre los dos sayajín.
En la Tierra, Cell y Wheelo se encuentran cara a cara. 
– “¿Vienes a retarme?” – le pregunta Gohan con desprecio. – “Parece que este cuerpo ya te derrotó una vez.”
– “No es así como yo lo recuerdo” – responde Cell.
Gohan, pese a estar malherido, se prepara para luchar.

Cell se pone en guardia.
– “Preferiría enfrentarme al verdadero Son Gohan… Pero tendré que conformarme con su sombra.” – sentencia Cell.
Son Gohan se abalanza sobre Cell y ambos desaparecen. El eco de sus golpes se escucha en todo el planeta.
Piccolo y las chicas miran al horizonte, atentos al combate. Una gota de sudor recorre la frente del namekiano. Los otros títeres de Wheelo siguen inconscientes.
– “Espero que mi abuelo llegue pronto…” – murmura Pan.
– “¿Qué hacemos con ellos?” – pregunta Bra.
– “Será mejor consultar a Dende” – responde Piccolo. – “Quedaos aquí. Vuelvo enseguida.” – añade antes de partir volando hacia la Atalaya de Kamisama.
Cell y Gohan siguen luchando. La intensidad del combate crece exponencialmente. Ambos conocen las habilidades del otro y ninguno logra tomar la ventaja, pero Cell parece muy confiado.
– “Pareces cansado…” – sonríe Cell. – “¿Necesitas una senzu?” – se burla.
Son Gohan retrocede y prepara un Masenko.
– “¡Cállate!” – grita al lanzar el ataque.
Cell desaparece con el Shunkanido y sorprende a Gohan por la espalda, golpeándole en la nuca y estampándole contra el suelo.
– “Eres una decepción” – dice Cell.

Son Gohan se pone en pie rápidamente e intenta darle un puñetazo a Cell, pero éste le esquiva y le da un cabezazo, haciendo que el mestizo retroceda aturdido.

Gohan intenta no perder el equilibrio, pero Cell le propina un puñetazo en el abdomen que hace que el mestizo caiga de rodillas sujetándose la barriga.

El mestizo parece frustrado ante la superioridad de Cell.
– “¡No vas a derrotarme!” – grita Gohan, furioso. – “¡Tengo el cuerpo más poderoso de la Tierra!”
– “No me hagas reír…” – se mofa el insecto.
Cell alza su mano, colocándola a escasos centímetros del rostro de su enemigo.
– “¡Soy el guerrero definitivo!” – insiste Wheelo. – “¡Soy la creación de las mentes más brillantes de la Tierra!”
El insecto prepara una esfera de ki.
– “Son Gohan… Espero que puedan resucitarte con las Dragon Balls” – murmura Cell.
– “No puedes derrotarme…” – sonríe Gohan. – “Porque soy…”
De repente, una masa de metal líquido surge del suelo y se enrolla en las piernas y los brazos de Cell, avanzando rápidamente por su cuerpo hasta introducirse en su boca, nariz y orejas.
Las marcas rojas características de Wheelo aparecen en el rostro de Cell.
– “…perfecto” – sonríe el insecto.

DBSNL // Capítulo 111: Raza

DBSNL // Capítulo 111: Raza
“Te aferras a un mundo que ya no existe”

Pan y Bra han propinado una paliza a Goten y Trunks hasta dejarlos fuera de combate.
– “Bien” – sonríe Piccolo. – “Ahora solo falta…” 
El namekiano se queda en silencio, asustado.
– “No…” – murmura Piccolo. – “No es posible…”
Lejos de allí, Ub, agotado, intenta recuperar el aliento. Su cuerpo ha sufrido un severo desgaste al utilizar el Kaioken. Su Kamehameha ha dejado un gigantesco surco en el suelo.
– “Perdóname, Son Gohan” – murmura Ub, que siente un fuerte dolor repentino que recorre su columna y le obliga a caer de rodillas. – “Me duele cada hueso de mi cuerpo… cada músculo…” – se queja.
De repente, algo se mueve entre los escombros. Ub alza su mirada aterrado. Una figura se pone en pie.
– “Por un momento… me has hecho sufrir…” – sonríe Gohan, magullado y con parte de su cuerpo chamuscada.
En Vampa, Goku y Vegeta se acercan a Páragus, que llora la muerte de su hijo.
– “Vosotros…” – dice el anciano, lleno de rabia, que a causa de las heridas sufre un leve delirio que le hace ver al Rey Vegeta y a Bardock donde en realidad se encuentran Vegeta y Son Goku. – “Vais a sentenciar a nuestra raza por segunda vez…”
– “Te aferras a un mundo que ya no existe” – responde Vegeta.
Páragus mira atentamente al Príncipe.
– “No es fácil” – continúa Vegeta. – “Lo he sufrido en mis propias carnes. Me he aferrado a mi título durante mucho tiempo. En muchas ocasiones me ha dado la fuerza necesaria para seguir adelante… Pero las tradiciones saiyajín perecieron con su gente y con el planeta Vegeta. Debemos pasar página.”
Son Goku sonríe.
– “Eso no es del todo cierto…” – murmura Goku.
– “¿A qué te refieres?” – pregunta Vegeta, confuso.
En ese instante, varias docenas de saiyajín de todas las edades y sexos surgen de las cuevas cercanas.
– “Pero, ¿qué…?” – titubea Vegeta. – “¿Cómo…? Son… ¡¿saiyajín?!”
– “He notado su presencia cuando reunía energía” – responde Goku.
Páragus tose sangre, pero aún así intenta hablar.
– “Habéis matado… A mi hijo…” – llora Páragus.
De repente, todo escuchan un ruido entre los escombros.
Trunks y Vegeta, sobresaltados, se ponen en guardia. Son Goku esboza una enorme sonrisa de satisfacción.
Vegeta clava su mirada en su compañero.
– “¡Lo tenías todo calculado!” – le riñe. 
– “No es un mal tipo…” – se excusa Goku.
El brazo ensangrentado y chamuscado de Broly surge de entre las rocas. Páragus, al verlo, se sorprende. 
– “¿Por qué?” – le pregunta el viejo a Kakarotto.
– “En la Tierra hacemos las cosas de otra forma” – responde Son Goku.
Vegeta sonríe.
– “A mí también me costó entenderlo” – suspira el saiyajín.
– “Traicionasteis a vuestra raza… Las tradiciones saiyajín…” – insiste Páragus.
– “Hemos crecido más allá de eso” – responde Vegeta. – “Seguimos siendo saiyajín. Nuestro amor por el combate y nuestro orgullo guerrero siguen intactos, pero eso no nos impide ver que existen cosas más importantes.”
Páragus parece muy confuso y cada vez está más débil.
Vegeta se agacha y pone la mano en el hombro del viejo.
– “Creías que estabas haciendo lo correcto para proteger a los tuyos.” – dice Vegeta. – “Gracias a ti, todos estos saiyajín siguen con vida.”
Los ojos de Páragus brillan vidriosos, mientras su vista se nubla rápidamente.
– “Descansa, tío Páragus.” – se despide Vegeta.
Finalmente, el aciano expira su último aliento.
Todos los saiyajín colocan el puño derecho en su pecho, encima de su corazón, en señal de respeto.
En la Tierra, Son Gohan, que sigue con vida, camina torpemente hacia Ub, que permanece inmóvil. El muchacho no tiene fuerzas.
Al llegar hasta él, Gohan agarra al chico por el cuello.
– “Aún puedes serme útil…” – sonríe el mestizo, mientras el metal líquido sale de sus orificios faciales y se introduce en Ub.
De repente, Wheelo siente algo extraño al intentar controlar al muchacho. Una horrible sensación le embarga. Siente que alguien le observa. Dos pupilas rojas envueltas en oscuridad aparecen frente a él y una voz chirriante ríe de forma descabellada.
El metal abandona rápidamente a Ub y regresa al cuerpo de Gohan.
– “¿Qué demonios…?” – dice el mestizo asustado. – “¡¿Qué ha sido eso?!” – se asusta.
Las pupilas de Ub se tornan rojos un instante, pero enseguida cae inconsciente.
Gohan se apresura en apuntar al muchacho y se prepara para rematarle con una onda de ki.
– “Será mejor eliminarlo” – murmura el mestizo.
En ese instante, Gohan siente una presencia a detrás de él.
– “No tan rápido, Wheelo” – le interrumpe Cell. – “Tú y yo tenemos algo pendiente” – sonríe.

DBSNL // Capítulo 110: Plan desesperado

DBSNL // Capítulo 110: Plan desesperado
“Se acabaron los juegos…”
Piccolo y Bra se ponen en guardia frente a Gotenks.

– “¿Vosotros también?” – les pregunta el namekiano.
– “Vamos, Piccolo” – se burla Gotenks. – “¿De verdad quieres intentarlo?”
– “¿Qué hacemos, Piccolo?” – pregunta Bra.

El namekiano no responde. Sabe que ellos no son rivales para la fusión.
En el planeta Vampa, la gran explosión generada por el ataque de Goku se desvanece revelando un surco kilométrico.

– “Lo siento, Broly…” – dice Goku, que suspira y pierde el brillo de sus ojos, disipando la energía acumulada. – “Esto no tenía que acabar así.”

Trunks surge de entre unos escombros cercanos y enseguida busca a Vegeta, a quien socorre y ayuda a ponerse en pie.

– “¿Qué ha pasado?” – pregunta el Príncipe.
– “Se acabó” – sonríe Trunks.


Vegeta mira a Goku.

– “Tienes que enseñarme a hacer eso…” – sonríe el saiyajín.
– “Bueno…” – sonríe Goku. – “Primero necesitarías dominar la Genkidama… Jeje”

De repente, un ruido de escombros alerta a nuestros amigos. Páragus, muy malherido, surge de entre ellos.

– “Ese gusano sigue vivo…” – dice Trunks.
– “Malditos…” – refunfuña Páragus. – “Bastardos…”

En la Tierra, Pan llega a la zona de combate y se coloca junto a su amiga y su tío.

– “¿Tú otra vez?” – refunfuña Gotenks al verla.
– “¡¿Qué haces tú aquí?!” – le regaña Piccolo. – “¡Deberías haberte quedado con Karín!”
– “Lo siento, tío Piccolo” – responde Pan. – “Pero no me voy a quedar de brazos cruzados mientras vosotros peleáis.”
– “Bien dicho” – celebra Bra.

Piccolo no puede evitar esbozar una media sonrisa.

– “Sin duda sois el vivo reflejo de vuestras familias” – murmura el namekiano.

Gotenks camina hacia ellos y nuestros tres amigos se preparan para luchar.

– “No les queda mucho tiempo de fusión” – explica Piccolo. – “Bu no se lo ha puesto fácil”.
– “¡¿Ha matado a Bu?!” – se sorprende Pan. – “Bastardo…” – añade apretando sus puños.
– “Céntrate” – le dice Piccolo. – “Cuando la fusión se deshaga, Goten y Trunks estarán agotados. Nuestra única oportunidad es sobrevivir hasta que ocurra.”
– “¡Sí!” – asienten las dos a la vez.

Las dos chicas se separan y Piccolo prepara su Granada Infernal.

– “Esto tiene que ser una broma” – suspira Gotenks con desprecio.

Piccolo lanza su ataque, que impacta de lleno contra la fusión.

– “Patético” – dice Gotenks, que no ha sufrido ningún daño.


De repente, un Kamehameha y un Garlick-Ho se aproximan entre la polvareda por ambos lados, pero Gotenks los repele sin despeinarse.
Al disiparse el polvo restante, la fusión se encuentra rodeada por un centenar de esferas de ki suspendidas en el aire.

– “¡HAAAA!” – grita Piccolo al hacer que todas se abalancen sobre su enemigo, generando un alud de explosiones.

En las llanuras, Ub y Gohan siguen enfrentando sus Kamehameha. El poder de Gohan parece ir en aumento, pero las fuerzas del chico de Isla Papaya empiezan a flaquear.

– “¡Se acabó, muchacho!” – exclama Gohan. – “¡Este cuerpo rebosa poder!”

La técnica de Gohan gana terreno rápidamente.

– “No…” – dice Ub. – “No me rendiré… El señor Goku confía en mí… ¡¡LA TIERRA DEPENDE DE MÍ!!” – exclama, intentando resistir.
– “¡JAJAJA!” – ríe Gohan. – “¡MUERE!” – grita mientras proporciona más energía a su Kamehameha.

La técnica de Gohan sigue avanzando. Ub siente que su final se acerca y cierra los ojos con fuerza. 

La mente del chico se inunda de sus mejores experiencias. Recuerda conocer a Son Goku en el Torneo Mundial de Artes Marciales y presentarle a su familia en Isla Papaya. Recuerda escalar la Torre de Karín y celebrarlo con el Duende y Yajirobe; entrenar con Mr. Popo y conocer a Dende. También recuerda el día en que Goku le presentó a su familia y amigos, y como Pan fue la que más se esforzó para que se sintiera integrado.

– “No…” – piensa Ub. – “No puedo rendirme… Ellos cuentan conmigo… Se lo he prometido…” – dice recordando su juramento a Pan.

En ese instante, una lección de Goku cruza su mente. En el recuerdo, Ub se encuentra de rodillas en el suelo, recuperando el aliento.

– “Esto es solo el último recurso” – le dice su maestro. – “Tienes un poder extraordinario, pero tu cuerpo es solo humano. Si lo fuerzas demasiado, sufrirás las consecuencias. El coste de esta técnica es muy elevado.”
De repente, Ub abre los ojos.

– “Lo siento, maestro.” – piensa el muchacho. – “¡¡KAIOKEN!!” – grita a pleno pulmón.

Su aura se torna roja y adopta la violenta forma característica de la técnica del Kaio del Norte.
El Kamehameha de Ub recibe una poderoso inyección de energía y engulle rápidamente al de Son Gohan, que ahora es superado.

– “¡NO PUEDE SER!” – grita Gohan. – “¡NOOOOO!” – exclama mientras es engullido por la técnica de la escuela Kame.

En las llanuras, todos perciben el ki de Ub.

– “¡¿Ese es Ub?!” – exclama Pan. – “¡Es impresionante!”
– “No parecía tan fuerte…” – añade Bra.
– “Son Goku sabía lo que hacía” – sonríe Piccolo.

Gotenks, que sigue en plenas condiciones, se queda asombrado al sentir ese poder.

– “¿Es que se tuercen tus planes, Wheelo?” – le provoca Piccolo.

La fusión, frustrada, se envuelve por su aura mientras aprieta los dientes.

– “Se acabaron los juegos…” – dice Gotenks. – “Voy a…”

De repente, la fusión vuelve a su estado base.

– “¿Eh?” – se extraña Gotenks.
– “Parece que no solo has obtenido el poder de Gotenks…” – sonríe Piccolo. – “También sus payasadas”.

La fusión se deshace y aparecen Goten y Trunks.
Pan y Bra dan un paso al frente mientras hacen crujir los puños.

– “Nuestro turno” – sonríen las dos saiyajín.

Mientras tanto, en un lugar remoto del espacio; en un planeta rocoso, oscuro e inhabitado, cientos de gigantescas rocas están levitando. En el epicentro del fenómeno, Freezer se encuentra meditando.

De repente, el demonio del frío suspira y deja caer las enormes piedras.

– “¿Quién diablos eres?” – pregunta Freezer a una figura oculta en las sombras.

Un pequeño demonio con un ojo brillante revela su identidad y esboza una aterradora sonrisa.