ESPECIAL DBSNL /// Red World // Universos 1 y 2 / Parte XIX: Nuevos frentes de batalla

Red World / Parte XIX: Nuevos frentes de batalla

“¿Por qué razón se demora la conquista?”

Ten Shin Han y Krilín han llegado al campo de batalla. A su alrededor, la guerra continúa. Los soldados extraterrestres masacran a los mechs terrícolas.

Basin, que había sido golpeado por Krilín, logra sacar la cabeza del pavimento.

– “Maldición…” – protesta el sink. – “Así que había otro…”

Maringa se pone en pie después de recibir un golpe de Ten.

– “¿Por qué no los hemos detectado con los scouters?” – se pregunta el butir.

Krilín sonríe.

– “Parece que tenías razón, Ten.” – dice Krilín.

Maringa analiza a la pareja con su scouter

– “¿Por debajo de las 10 unidades?” – murmura el butir. – “Esta cosa está estropeada…” – gruñe.

Basin también comprueba su dispositivo.

– “El mío indica lo mismo.” – confirma el sink.

Ten Shin Han sonríe.

– “Te lo dije” – confirma el antiguo alumno de la escuela Grulla. – “Tienen fe ciega en esos aparatos.”

Krilín da un paso al frente.

– “Puede que sean muy fuertes…” – dice el terrícola. – “Pero no son verdaderos luchadores.”

– “¡¿Cómo dices, pequeñajo?!” – refunfuña Basin.

– “¡Digo que no sois verdaderos luchadores!” – grita Krilín, poniendo sus manos alrededor de su boca para crear un altavoz.

– “¡¡YA TE HABÍA OÍDO!!” – protesta el sink, furioso.

Ten Shin Han avanza hasta Krilín.

– “¿Qué te parece si tú te ocupas de ese y yo me encargo del tipo naranja?” – pregunta el luchador de tres ojos.

– “A mí me toca el feo, ¿eh?” – suspira Krilín.

– “¡¿CÓMO DICES?!” – protesta Basin.

– “¡¡DIGO QUE AMÍ ME TOCA…!!” – le grita Krilín.

– “¡¡ERA UNA PREGUNTA RETÓRICA!!” – replica rápidamente el soldado sink.

Basin aprieta con sus puños con ira.

– “Te vas a enterar, renacuajo…” – gruñe.

El soldado se abalanza sobre Krilín.

– “¿Ya empezamos?” – se pone en guardia el pequeño terrícola rápidamente.

Basin le propina un fuerte puñetazo que Krilín defiende poniendo los brazos en cruz frente a su pecho.

El impacto es potente y empuja a Krilín a través del páramo desértico, manteniendo el equilibrio y dejando un surco bajo sus pies.

– “Es bastante fuerte…” – piensa el terrícola.

– “Je…” – sonríe el enemigo.

Ten Shin Han mira de reojo el duelo que acaba de empezar cuando, de repente, Maringa se abalanza sobre él como un rayo.

– “¡ES MEJOR QUE NO TE DISTRAIGAS!” – exclama el butir.

El tercer ojo de Ten se clava en Maringa y reacciona rápidamente intentando interceptar al butir antes de que éste le propine una patada… pero gracias a su velocidad vertiginosa, Maringa desaparece frente a los ojos del terrícola.

– “¡¿EH?!” – se sorprende Ten.

Maringa reaparece detrás de Ten. El tercer ojo del terrícola lo detecta rápidamente, pero aun así el extraterrestre le propina un codazo en la nuca que lo hace caer al suelo.

Mientras tanto, en la nave alienígena, Shugo habla con el prisionero, aún en su jaula, en manos de un soldado litt.

– “Espero que hayas comprendido tu situación…” – sonríe el comandante.

Shugo aprieta un botón en la parte superior de la jaula y luego retrocede un paso.

La esfera se abre por su parte superior ante la mirada de toda la sala… pero nada sale de su interior.

Los soldados se miran entre ellos sin saber qué pensar.

El soldado litt que la porta acerca su rostro al hueco de la jaula para mirar en su interior, intentando averiguar qué sucede.

Shugo sonríe.

Como un resorte, una criatura rosada parecida a un cefalópodo terrestre se abalanza sobre rostro del soldado, aferrándose a él con sus tentáculos. 

El soldado lucha por liberarse de la criatura, pero parece que por mucho que luche no puede quitársela de encima.

Varios compañeros se acercan con la intención de ayudarlo, pero un gesto de Shugo los detiene.

El comandante parece estar al corriente de lo que sucede.

Con ciertas dudas y mucho miedo, los soldados se detienen a su orden, dejando a su compañero sufriendo ante el ataque del extraño cefalópodo.

El soldado se está asfixiando.

Lentamente, el extraterrestre cae al suelo de rodillas, casi sin fuerzas, y poco a poco deja de luchar, dejando que su cuerpo se quede inerte; su torso se inclina hacia delante hasta que su cabeza queda apoyada en sus propias rodillas.

En ese instante, la criatura se mueve, desplazándose hasta la coronilla del soldado. 

Dos minúsculos ojos rojos pueden adivinarse en el cuerpo del cefalópodo. Diez de sus once tentáculos se aferran a la cabeza del soldado, mientras el onceavo está en alto como si fuera una antena, revelando un extraño pompón en su extremo.

El soldado se endereza. Los ojos inconscientes del soldado, escondidos bajos sus párpados, vuelven a mirar al frente repentinamente mientras sus escleras se tiñen de rojo.

– “Aahh…” – el litt emite un sonido gutural.

Los otros soldados, asustados, dan un paso atrás.

Pero Shugo da un paso al frente con seguridad.

– “¿Estás dispuesto a colaborar, Watagash?” – pregunta el comandante.

– “Está… bien…” – responde el soldado con la boca pastosa.

El soldado hace unas cuantas muecas. Las primeras son perezosas, pero poco a poco su rostro se mueve con más agilidad y coordinación hasta que revela una media sonrisa.

– “Acepto.” – añade con naturalidad.

En el exterior de la nave, los androides investigan el perímetro.

– “Parece que hay una especie de barrera…” – dice la Número 18, acercando su mano a la bóveda invisible.

– “¿Crees que podemos cruzarla?” – pregunta el Número 17.

La Número 18 empuja su mano a través de la barrera.

– “Puedo sentir un fuerte componente electromagnético…” – responde ella.

Su mano se entumece. Al retirarla, se mueve torpemente, como si fallara.

– “Me parece arriesgado.” – añade. – “No sabemos qué efectos podría tener en nosotros.”

– “¿Tan poco ha durado la fase de sigilo?” – se pregunta con una sonrisa que delata su satisfacción.

La número 18 se coloca al lado del 17, espalda con espalda, y ambos extienden su mano hacia delante; ella su mano derecha, él su mano izquierda.

– “Je…” – sonríen los dos.

Juntos proyectan un poderoso disparo de energía que impacta directamente contra la cúpula invisible que protege la nave enemiga.

Las alarmas saltan en el puente de mando alienígena.

– “¡¿Qué ocurre ahora?!” – se molesta Shugo ante tanto ruido.

– “¡Nos atacan de nuevo!” – responde un soldado sentado frente a un radar.

– “¿Aún no se dan por vencidos?” – suspira Shugo, molesto.

– “Esta vez… esta vez es diferente…” – responde tímidamente el soldado.

– “¿Eh?” – se extraña Shugo.

– “La… la barrera…” – titubea el soldado, asustado. – “Creo que…”

El ataque de los androides está forzando la barrera, cuyo patrón hexagonal se torna visible ante la presión ejercida hasta que algunos pequeños polígonos ceden al ataque, causando que éste atraviese fragmentado la bóveda invisible, causando múltiples explosiones menores en el casco de la embarcación. 

La nave es sacudida por el ataque. Shugo y los demás soldados, cogidos por sorpresa, son zarandeados en el puente de mano.

– “¡¿Cómo es posible?!” – gruñe Shugo.

– “No… no lo sé…” – responde el soldado del radar, aterrado.

El camarote de Chilled, al otro extremo de la nave, tiembla ligeramente, meciendo el vino de la copa que descansa en el reposabrazos de su trono.

Los androides sonríen satisfechos.

– “Es muy resistente.” – admite el Número 17.

– “No importa. Acabará cediendo.” – presume la Número 18.

Los soldados que hacían guardia en el exterior de la nave corren al lugar de la explosión, donde se encuentran con la extraña pareja.

El androide 17 sonríe al ver a una docena de enemigos reunirse frente a ellos.

– “Tenemos compañía.” – dice antes de hacer crujir sus puños.

En el puente de mando extraterrestre ya llegan imágenes de los scouters de los soldados.

– “Son dos terrícolas…” – dice el soldado que procesa el vídeo.

– “Fuerza de combate…” – lee los datos otro. – “¿Cero?” – dice confundido. – “Tiene que haber un error…”

– “¿Qué hacemos, señor?” – pregunta un tercero.

Shugo mira atentamente a los dos extraños terrícolas.

– “Será mejor evitar que destruyan la barrera…” – dice el comandante. – “Al menos hasta que Watagash se haya encargado de esos molestos bombardeos.” – añade. – “Veamos de qué son capaces. ¡Ataquen!”

– “¡Sí, señor!” – responde el soldado.

Los soldados del exterior, que esperaban dentro de la barrera, reciben las órdenes.

– “¡Recibido!” – exclama el líder. – “¡Ya lo habéis oído! ¡AL ATAQUE!” – ordena.

Los extraterrestres salen de la bóveda protectora y se abalanzan sobre los androides.

A través de un monitor, Shugo puede ver como sus hombres son masacrados fácilmente.

– “Es muy extraño…” – dice un soldado. – “Ese pelotón tiene una media de fuerza de combate de 800 unidades, pero parece que esos dos los mantienen a raya… sin revelar la suya…”

– “Hmm…” – piensa Shugo, mirando como pelean. – “Es realmente extraño…”

– “¿Qué sugiere, señor?” – pregunta el soldado.

– “No importa.” – responde Shugo. – “Analizaremos los datos y…”

Las puertas del puente de mando se abren de repente. Es el mismísimo Chilled.

– “¡Señor Chilled!” – se sorprende Shugo.

Todos los soldados, incluido el comandante, hacen una gran reverencia.

– “¿Por qué razón se demora la conquista?” – pregunta el demonio del frio.

– “Señor…” – el miedo se siente en el timbre de voz de Shugo. – “Ha sido solo un contratiempo…”

Chilled observa el monitor, dando poca importancia a las excusas de Shugo.

– “Pero está todo bajo control…” – continúa el comandante. – “Justo ahora iba a enviar a…”

– “¿Por qué no vas tú mismo?” – le interrumpe el demonio del frío, sin dejar de mirar la pantalla.

Los soldados presentes se miran entre sí, sorprendidos ante la petición del caudillo.

– “¿Yo, señor?” – Shugo fuerza una sonrisa. – “No creo que sea necesario que yo…”

Chilled clava una mirada helada en Shugo, que nota como su cuerpo se estremece ante el terror que le genera su señor.

– “Por supuesto, seño.” – hace una gran reverencia. – “Me encargaré de ellos personalmente.”

Mientras tanto, lejos de allí, el Capitán Dark se prepara para ordenar un nuevo ataque, pero uno de sus hombres le detiene.

– “¡Señor!” – exclama el soldado. – “¡Nos informan de cubierta que hay un individuo sospechoso sobrevolándonos!”

– “¿Cómo dice?” – se extraña Dark.

Sobre un mar plagado de portaviones, buques de guerra y submarinos, el soldado poseído por Watagash contempla la escena mientras materializa una esfera de ki en su mano derecha.

El soldado lanza el ataque contra una de las embarcaciones, haciéndola saltar por los aires.

Cunde el pánico entre el ejército terrícola.

– “¡¡NOS ATACAN!!” – exclama un soldado.

– “¡¡EL ENEMIGO!!” – grita otro.

Una segunda embarcación es destruida.

Mientras Watagash prepara su tercer ataque, de repente, las ametralladoras de todas las embarcaciones disparan al soldado extraterrestre.

Watagash esquiva las primeras ráfagas, pero son tantas que es alcanzado varias veces, sufriendo pequeños daños en su armadura.

– “Je…” – sonríe con prepotencia el soldado.

Watagash se prepara para atacar cuando, de forma inesperada, es derribado por un cañonazo de energía.

Sentado a los mandos en un gran cañón de alta tecnología, mirando a través de una mirilla que recuerda a los scouters enemigos, Silver ha disparado.

– “Te pillé…” – sonríe con prepotencia.

En el Palacio Real, Red cuelga el teléfono, se levanta sobre su silla y aplaude.

– “¡FANTÁSTICO!” – celebra el Comandante – “¡Ese cañón que ha creado su hijo es una maravilla!” – le dice a Gero. – “¡ZAS! ¡De un plumazo!”

– “Al fin y al cabo, es mi hijo…” – sonríe tímidamente el Doctor.

El enemigo cae sobre la cubierta de un portaviones, malherido. Su armadura ha sido completamente destruida y su cuerpo está chamuscado y sangrando. Solo le quedan las botas, los guantes y una pequeña parte del mono de lucha elástico que cubre su entrepierna.

– “Ahh…” – respira con dificultad mientras se levanta con dificultad.

Los soldados terrícolas corren despavoridos sobre la cubierta, buscando ponerse a salvo… pero uno avanza en dirección contraria; el General Blue, armado con una escopeta en la que carga un cartucho explosivo.

– “Hola, amigo…” – sonríe Blue.

Cuando ve el rostro del soldado litt, Blue pone una mueca de asco.

– “Uy… ¿sois todos tan feos?” – se mofa el General.

De repente, como si sangre nueva latiera por las venas del soldado extraterrestre, su musculatura se desarrolla, provocando que también aumente su envergadura. Sus manos y pies crecen, desgarrando los guantes y las botas del uniforme por completo.

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende Blue.

El soldado litt intenta golpear a Blue, pero el General salta hacia tras en el último momento, logrando evadir el puñetazo, que se incrusta en la cubierta del portaviones.

– “¡¿Qué demonios le ha pasado?!” – se sorprende Blue.

El soldado ruge.

Blue recarga rápidamente su escopeta.

Watagash ataca de nuevo. Se abalanza sobre Blue.

– “Tsk…” – protesta el General. – “¡ESTATE QUIETO!” – grita clavando sus ojos en los del enemigo.

Pero el brillo de su mirada no causa ningún efecto en el soldado.

– “¡¿CÓMO?!” – se asusta Blue.

Esta vez, el General reacciona tarde y recibe un manotazo del enemigo que lo lanza a través de la cubierta del navío hasta estrellarse contra un jet, abollándolo y cayendo al suelo.

Pero mientras tanto, desde un navío cercano, Silver apunta al enemigo de nuevo con su cañón.

El coronel aprieta el gatillo.

De nuevo, el soldado recibe un impacto directo que lo empuja a través de la cubierta hasta lanzarlo al mar.

Blue se pone en pie, sujetándose las costillas.

– “Ay…” – sufre el General, que siente como se ha roto varios huesos.

Silver sonríe con chulería, victorioso.

ESPECIAL DBSNL // Red World // Universos 1 y 2 / Parte XVIII: La llegada

Red World / Parte XVIII: La llegada

“¿Quiere que aterricemos, señor?”

En la Atalaya de Kamisama, Ten Shin Han, vestido con un pantalón verde y una camiseta azul, medita sentado en el jardín cuando un escalofrío recorre su cuerpo.

– “¡AH!” – exclama asustado. – “No… no es posible… ¡Es demasiado pronto…!” – añade mientras se pone en pie de un salto, mirando al cielo. – “¡Pero si no han pasado más de seis años!”

Popo, que regaba las plantas, se queda perplejo, dejando caer su regadera al suelo, embargado por el terrible poder que siente.

Kamisama sale del palacio y mira en la misma dirección que Ten Shin Han.

– “Ya están aquí…” – murmura Dios. – “¡Han llegado!”

En el espacio, una gran nave en forma de platillo se aproxima a la Tierra.

En su interior, el demonio del frío Chilled observa el paisaje por un gran ojo de buey.

– “Es un planeta bonito…” – dice el demonio. – “El lugar ideal para mi palacio de verano.”

– “¿Quiere que aterricemos, señor?” – pregunta un soldado de piel morada y cabeza triangular, vestido con una coraza negra que le cubre el pectoral, con hombreras amarillas, de la que sale una capa blanca que cubre su cuerpo hasta las rodillas, dejando entrever el traje de lucha naranja que conforma su uniforme.

– “Por supuesto, Shugo.” – asiente Chilled. – “Busca un lugar tranquilo. No quiero estropear mi nueva adquisición.”

– “Como desee, señor.” – hace una reverencia el soldado.

Ten Shin Han puede ver una diminuta luz en el horizonte, acercándose a la Tierra.

El guerrero aprieta los puños con decisión mientras siente como su cuerpo se estremece. 

– “Maldita sea…” – murmura Ten. – “He entrenado durante seis años para este momento… y no puedo dejar de temblar…”

– “Su poder es abrumador.” – dice Kamisama, que camina hasta el guerrero de tres ojos. – “Es natural que sientas miedo.”

Del palacio de Dios sale Krilín, adormilado, pues la llegada de los extraterrestres le ha despertado de la siesta. Viste un bóxer blanco y una camiseta azul.

– “¿A qué viene tanto alboroto…?” – pregunta el alumno de Gohan. – “¿Y por qué siento tan mal cuerpo?” – aunque aún no sabe lo que ocurre, su cuerpo puede sentir la presencia del terrible enemigo.

En el Palacio Real han saltado las alarmas.

El Comandante Red descuelga el teléfono rápidamente.

– “¡¿QUÉ ESTÁ PASANDO?!” – exige respuestas al Oficial del Estado Mayor Black.

– “El enemigo, señor.” – dice Black. – “Es el momento.”

– “¡¿TAN PRONTO?!” – se preocupa el Comandante. – “Está bien… ¡Manda a nuestros hombres!”

En las desérticas montañas rocosas al norte de la Capital Central, la nave espacial aterriza, posándose sobre la superficie terrestre.

La compuerta principal de la nave no tarda en abrirse y dos escuadrones de soldados de distintas razas desfilan para formar frente a ella. Dos guerreros lideran las tropas, el primero es soldado butir de piel naranja, el segundo es un guerrero sink grandullón de piel aguamarina y cabellera naranja, con dos cuernos cónicos en la cabeza y otros dos más pequeños en la barbilla.

Shugo sale detrás de ellos y todos se ponen firmes.

– “Listos, señor.” – anuncia el butir.

– “Haz los honores, Maringa.” – asiente Shugo.

El butir se da la vuelta y levanta su puño al cielo, animando a sus tropas.

– “¡¿ESTÁIS LISTOS PARA LA CONQUISTA?!” – exclama Maringa.

– “¡¡SÍ!!” – responden sus hombres al unísono.

– “¡¡ESTÁIS LISTOS PARA ANIQUILAR A VUESTRO ENEMIGO?!” – los alienta.

– “¡¡SÍ!!” – responden de nuevo.

El soldado sink mira de reojo al butir con cierta envidia y decide interrumpir a su compañero.

– “¡¿ESTÁIS LISTOS PARA DARLE UNA NUEVA VICTORIA A NUESTRO SEÑOR CHILLED?!” – exclama el sink.

– “¡¡SÍ!!” – responde todos. – “¡¡POR EL SEÑOR CHILLED!!” – celebran todos.

El sink mira de reojo al butir con una media sonrisa, sintiéndose ganador por haber provocado una mayor reacción entre sus hombres.

– “Basin…” – gruñe Maringa, molesto. – “Maldito bastardo…”

Shugo sonríe disimuladamente, satisfecho ante la competitividad de sus hombres.

De repente, un pequeño auricular en el oído de Shugo reclama su atención con un pitido.

– “Fuerzas enemigas aproximándose desde el suroeste.” – le informan.

Shugo mira en esa dirección.

– “Parece que ya saben que estamos aquí…” – sonríe con picardía. – “¿Fuerza de combate?”

– “Insignificante.” – responden por el comunicador.

– “Esto será más fácil de lo esperado…” – murmura Shugo. – “¡Basin! ¡Maringa!” – exclama. – “¡Son vuestros!” – ordena.

– “¡Sí, señor!” – responden los dos.

Basin y Maringa apuntan con el dedo en la dirección del enemigo.

– “¡A POR ELLOS!” – exclaman.

– “¡¡SÍÍÍÍ!!” – celebran los soldados. – “¡VAMOS! ¡ACABEMOS CON ELLOS!” – gritan algunos.

Los soldados vuelan decididos hacia el campo de batalla.

A su vez, el Ejército de la Red RIbbon avanza hacia la nave. Docenas de pelotones de Battle Mechs dirigidos por Battle Jackets, sobrevolados por escuadrones de jets.

Un piloto en su avión de combate es el primero en divisar el ejército alienígena acercándose por el cielo.

– “¡OBJETIVO A LA VISTA!” – exclama el piloto por radio.

Pero su jet estalla repentinamente al recibir el impacto de un blast de ki disparado por un soldado.

La batalla se desata en cielo y tierra.

Los alienígenas no solo disparan a discreción, si no que muchos aterrizan para encarar a los robots de la Red Ribbon cuerpo a cuerpo.

El ejército terrícola causa bajas entre los extraterrestres, pero la proporción no es equilibrada. Por cada soldado alienígena caído, medio centenar de mechs es destruido.

– “¡Informe!” – se impacienta Red en su despacho.

– “Estamos perdiendo efectivos.” – anuncia Black. – “Hemos perdido varios pelotones enteros… en tan solo unos minutos de combate.”

– “La mayoría de nuestro ejército son drones no tripulados, ¿qué importa?” – protesta Red. – “¡¿Estamos avanzando?!” – insiste.

– “Afirmativo, señor.” – asiente el Oficial del Estado Mayor. – “Pero a este ritmo…” – se preocupa.

En el campo de batalla, no solo los drones son destruidos. Los soldados en Battle Jackets que lideran los pelotones autómatas también están muriendo a manos de los invasores.

Mientras tanto, en el colosal hangar de la Red Ribbon, Pino escala por los andamios de su gigantesco robot.

– “¡Ya están aquí!” – refunfuña mientras avanza hacia la escotilla en el centro del pecho de su creación. – “Maldita sea…”

– “¡Señor!” – exclama su ayudante robótico. – “¡El Oficial Black aún no ha…!”

– “¡No me importa!” – replica Pino.

Pino abre la escotilla de la inmensa bestia mecánica.

Desde un submarino, el Capitán Dark observa una imagen satélite de la nave extraterrestre.

– “¡FUEGO!” – exclama el Capitán.

Docenas de submarinos y portaviones disparan. Los ensordecedores cañones de los barcos ensordecen el mar. Los misiles balísticos surcan el cielo.

En la nave extraterrestre saltan las alarmas.

– “Nos atacan, señor.” – exclama un soldado, con una calma sorprendente. – “Un ataque desde larga distancia. Parece armamento explosivo.”

Shugo, que ha regresado a la nave después de lanzar a sus hombres contra las fuerzas de la tierra, mira de reojo el radar.

– “¿Es peligroso?” – pregunta con cierto hastío.

– “No superará nuestra barrera.” – responde el soldado.

Múltiples explosiones retumban en el desierto. Una lluvia de fuego sacude la zona.

Varios extraterrestres que vigilan en el exterior de la nave ven como el armamento terrícola impacta contra una barrera de energía invisible, cubriendo el cielo de fuego.

Las montañas rocosas cercanas se derrumban con las ondas expansivas de cada impacto, allanando el paisaje.

Red, que observa desde su despacho, se pone en pie sobre la silla de un salto.

– “¡¡CHUPAOS ESA!!” – grita agitando su puño. – “¡JAJAJAJA!”

Black mira con recelo a su superior.

En el desierto, la polvareda se disipa lentamente, revelando la nave intacta.

– “Impacto negativo.” – anuncia un soldado de la Red Ribbon por radio. – “Repito: Impacto negativo.”

El silencio se apodera del despacho real.

Red enfurece.

– “¡¡OTRA VEZ!!” – grita el Comandante. – “¡¡FUEGO!!”

Mientras tanto, en la Atalaya de Kamisama, Ten Shin Han se coloca las muñequeras azules, mientras Krilín se ha puesto un pantalón naranja y se ajusta el cinturón.

Ten Shin Han se despide de Dios y de Mr. Popo.

– “Hasta pronto.” – dice Ten, levantando la mano.

– “No os muráis, ¿eh?” – dice Popo.

– “Pero no diga esas cosas…” – dice Krilín sin saber qué cara poner.

– “No os confiéis.” – añade Kamisama. – “El verdadero enemigo aún no ha dado la cara.”

– “Hemos entrenado para esto.” – responde Ten.

Krilín asiente.

– “¿Estás listo?” – pregunta Ten.

Krilín toma aire y lo exhala lentamente. 

Su rostro revela una media sonrisa antes de chocar los puños frente a su pecho.

– “¡Listo!” – asevera.

Ten Shin Han sonríe y asiente.

Los dos luchadores por la Tierra salen volando de la Atalaya, rumbo al campo de batalla.

En la zona de guerra, casi invisible para el ojo humano, Maringa vuela de enemigo en enemigo, derrotando a los Battle Mechs de un solo golpe; docenas caen en un solo segundo gracias a la velocidad suprema de la raza butir.

– “¡JAJAJA!” – sonríe al detenerse para ver caer a sus contrincantes. – “¿Lo has visto bien, Basin?” – intenta provocar a su compañero.

El en cielo, Basin cae sobre un jet y atraviesa la cabina con su mano para sacar de ella al piloto y lanzarlo contra otro jet.

– “¡JAJAJA!” – disfruta el guerrero, ignorando a su compañero.

– “Mira que tiene poca clase…” – refunfuña Basin.

En el hangar de la Red Ribbon, Pino está sentado a los mandos de su titánico robot, activando múltiples interruptores a su alrededor. Los sistemas se ponen en marcha.

– “Activando protocolos.” – anuncia Pino. – “¡Listo para despegar!”

– “Aún no hemos recibido la orden.” – dice su ayudante por radio.

– “Pues solicita el permiso.” – replica el Coronel Green.

– “Denegado.” – responde la voz la Doctora Oli.

– “¿Eh?” – se extraña Pino. – “¿Mamá?”

En el puente de mando, situado en lo alto del hangar, la Doctora Oli ha pasado entre una docena de científicos y mecánicos de la Red Ribbon y ha arrebatado el micrófono al asistente robótico de Pino.

– “No tienes permiso.” – insiste Oli.

– “No quiero sonar como cuando tenía quince años, pero…” – sonríe Pino. – “Tú no me mandas, mamá.”

– “No seas idiota.” – protesta ella. – “Estoy recibiendo informes del campo de batalla… Debemos ser prudentes.”

– “Pero…” – insiste Pino.

Oli aprieta un gran botón rojo en el teclado de comandos y todos los sistemas activados previamente por pino se apagan.

– “¡¿PERO…?!” – protesta el hijo de Gero.

– “Lo siento…” – murmura Oli. – “De momento, te toca esperar en la retaguardia.”

En el desierto, una segunda lluvia de fuego cae sobre la nave extraterrestre con idéntico resultado. La cúpula de energía resiste el impacto.

– “Sin daños.” – confirma un soldado alienígena.

– “Son muy ruidosos…” – suspira Shugo. – “Será mejor que nos libremos de ellos antes que nuestro señor se moleste.”

– “¿Qué sugiere?” – pregunta el soldado.

Shugo sonríe.

En el Palacio Real, el Doctor Gero es recibido por el Comandante Red.

– “Ya era hora…” – sonríe el doctor al entrar al despacho.

– “¿Cuánto tardarán sus androides en llegar al campo de batalla?” – pregunta Red.

– “Mire la pantalla.” – responde Gero.

– “Hmm…” – refunfuña Red.

El Oficial del Estado Mayor es el primero en identificar a los androides en el radar. Los dos están observando el combate desde la distancia.

– “¡¿ESTÁN DEJANDO MORIR A NUSTROS HOMBRES?!” – enfurece Black.

– “Están analizando la batalla.” – responde Gero. – “Recopilando datos de nuestro enemigo.”

Sobre una colina, el Número 17 y la Número 18 observan detenidamente a los soldados enemigos, prestando especial atención a Maringa y a Basin.

– “¡QUE INTERVENGAN YA!” – exclama Black.

– “Aún no.” – responde Gero, calmado.

– “¿Qué trama, Doctor?” – pregunta Red, mucho más tranquilo que Black, pero con claras dudas sobre las intenciones del científico.

Gero se acerca a la mesa del despacho de Red y se sienta en una esquina, lo que sorprende tanto al Comandante como al Oficial, que lo interpretan como un reto a su poder.

– “El enemigo aún no ha detectado a mis androides.” – responde Gero. – “Sería un desperdicio revelar ahora nuestra mejor arma.”

– “¡NUESTROS EFECTIVOS…!” – protesta Black. 

– “Paciencia.” – le interrumpe Gero.

En el campo de batalla, un soldado gatea aterrado, seguido por Maringa. El butir camina hacia él con aterradora calma y una sonrisa de oreja a oreja.

– “Sois una raza bastante patética…” – se mofa Maringa. – “Parece que no sois nada sin vuestras maquinitas…”

En lo alto de la colina, el Número 17 se fija en el soldado.

– “Zendaki…” – murmura el androide.

El soldado, desesperado, desenfunda la pistola que lleva en su cinturón.

– “¡AAAAH!” – grita mientras dispara a discreción contra el enemigo.

Los disparos rebotan en el butir.

– “Aaahhh…” – se queda sin voz el soldado, aterrado.

– “Mi turno.” – sonríe Maringa.

Pero de repente, algo golpea al extraterrestre y lo lanza a través del campo de batalla, rebotando contra todas las rocas que encuentra a su paso.

En el despacho de Red, Gero sonríe.

– “Ya ha llegado.” – dice el Doctor.

– “¿EH?” – se sorprende Red, que se acerca al monitor. – “¡ESE ES…!”

Ten Shin Han aterriza en el campo de batalla frente al asustado soldado.

– “¿Quién…?” – se pregunta el hombrecillo.

Pero el soldado no tarda en reconocer al infame personaje.

– “¡¡ERES EL ASESINO TEN SHIN HAN!!” – exclama el soldado.

Ten ignora al soldado y frunce el ceño con la atención puesta en el enemigo.

De repente, Basin cae del cielo. El grandullón mira sorprendido a su nuevo adversario.

– “¿Ese tipo acaba de noquear a Maringa?” – murmura el sink.

En ese instante, Krilín cae sobre Maringa con los pies por delante, golpeándole en la nuca y haciendo que se estrelle de boca contra el suelo, incrustando su cabeza en el pavimento.

En el despacho Real, Gero sonríe.

– “Y no ha venido solo.” – añade el científico.

– “¡¿Y qué significa eso?!” – protesta Red.

– “Dejaremos que ellos solucionen la papeleta en este campo de batalla.” – dice Gero. – “Mis androides atacaran directamente la nave enemiga.”

– “¿Has usado a nuestros soldados como carnaza?” – refunfuña Black.

– “Lo importante es la victoria, ¿no es así?” – responde Gero, mirando de reojo al Comandante Red.

El Comandante sonríe.

– “Es usted un hombre sorprendente, Doctor.” – dice Red.

En lo alto de la colina, los androides abandonan su análisis para poner rumbo a la nave… pero el Número 17 se retrasa, pues su atención está puesta en el soldado Zendaki, que ya corre despavorido, y en su salvador.

– “Tenemos trabajo que hacer.” – le apresura la Número 18.

Mientras tanto, en la nave, un soldado trae una pequeña jaula esférica de unos 20cm de diámetro y la presenta a Shugo.

– “Aquí está, señor.” – responde el soldado. – “El prisionero S73.”

– “Bien.” – sonríe Shugo, acercando su rostro a la esfera.

Shugo golpea la jaula con el dedo.

– “¿Estás ahí, pequeño granuja?” – pregunta con retintín. – “¿Quieres negociar tu libertad?”

DBSNL // Capítulo 367: Preludio

DBSNL // Capítulo 367: Preludio

“Yo sigo aquí.”

En el planeta oscuro, Vegeta se encuentra cara a cara con Onisen. 

Los dos se miran en silencio, desafiantes.

Mientras tanto, Ogilvie y Baicha dirigen a los demás a través del portal.

Cell, Dabra y Liquir llegan a la Tierra, donde los dos primeros son recibidos con miradas recelosas por parte de Dende.

– “Tener que retirarnos… es humillante.” – refunfuña el kurama. – “¿En qué momento me creí digno de convertirme en Hakaishin?” – añade mirando a su malherido maestro, tumbado entre los demás heridos.

Dabra se aleja caminando en silencio y al pasar cerca de un árbol del jardín, éste se prende fuego al instante.

Cell lo mira de reojo.

– “Frustrarte no cambiará las cosas…” – murmura el insecto.

Dabra, de espaldas a los demás, no responde. El árbol se consume por completo rápidamente como una cerilla.

En el planeta oscuro, Piccolo, Granola y Freezer observan el campo de batalla desde la distancia, mientras Trunks y Bra vuelan hacia ellos.

– “Me siento como un cobarde…” – refunfuña el cereliano.

– “Dar un paso atrás no siempre es una derrota.” – dice Piccolo.

– “Jujuju…” – se ríe Freezer, tapándose la boca. – “Qué derrotista… No me sorprende, viniendo de un namekiano.”

Piccolo frunce el ceño.

– “Cuida tus palabras, Freezer.” – responde el namekiano. – “Tu situación no es muy distinta a la nuestra.”

El tirano esboza una prepotente media sonrisa.

Cooler mira atentamente a su hermano, intentando leer lo que oculta tras su expresión tranquila.

– “¡Siguiente!” – exclama Ogilvie.

El mayor de los hermanos del frio sale de su trance.

– “Ya voy…” – gruñe mientras se acerca al anillo de ki.

– “¿Así tratan al heredero del Imperio del Rey Cold?” – se burla Freezer.

Cooler suspira, dando por imposible a su hermano, acostumbrado a sus burlas y comentarios hirientes.

El demonio del frío cruza el portal hacia la Tierra.

En ese momento, Trunks y Bra aterrizan.

Baicha suspira aliviado al ver que ella ha regresado.

Trunks echa un vistazo alrededor.

– “¿Quién falta por cruzar?” – pregunta el hijo de Vegeta.

Piccolo da un paso al frente.

– “Deberíais pasar Bra y tú.” – responde el namekiano.

Granola mira de reojo al namekiano, sorprendido.

– “Granola y yo os seguiremos.” – añade Piccolo.

Los hijos de Vegeta asienten.

Ogilive abre un nuevo portal frente a ellos.

– “Hasta ahora.” – se despide Trunks.

Trunks y Bra cruzan el portal.

Ogilvie le hace un gesto a Baicha, invitándolo a ser el siguiente.

– “Tu turno, muchacho.” – dice el erizo.

– “Seré el último.” –  responde Baicha. – “Vegeta me ha encargado que todos lleguen a la Tierra sanos y salvos; y eso pienso hacer.”

Piccolo esboza una media sonrisa de orgullo hacia la siguiente generación de guerreros.

– “Chico…” – dice el namekiano. – “Vegeta no va a admitirlo… pero creo que le caes bien.”

Baicha mira sorprendido al namekiano.

– “Y confía en ti para proteger a Bra y a los demás.” – añade Piccolo.

Baicha se pone serio y asiente, aceptando la misión encomendada.

El portal de Ogilvie empieza a cerrarse.

– “Vamos, chaval…” – insiste el erizo, esforzándose para mantener el camino abierto.

– “¡Sí!” – reacciona el hijo de Yamcha, atravesando el umbral.

Ogilvie lo cierra tras él y cae de rodillas al suelo.

– “Ah… ah…” – sufre el erizo.

– “¿Cómo te encuentras?” – pregunta Granola.

– “Es agotador…” – responde Ogilvie.

En la Tierra, Son Gohan ha sido curado por Dende y se pone en pie.

– “Aún no has recuperado toda tu energía…” – dice Kamisama.

– “No es necesario.” – responde Gohan. – “Otros necesitan tus habilidades más que yo.”

Dende mira a los demás heridos.

– “De acuerdo.” – asiente.

En el laboratorio, Punch y Gohan Jr observan la pantalla, donde pueden ver como Bulma trabaja frente al teclado mientras Hit pelea contra los tamagami.

– “Creía que había muerto…” – dice Punch, con lágrimas en los ojos. – “Pero, ¿sigue ahí dentro?” – añade mirando su cuerpo sobre la camilla.

Al lado de Hit, Hedo ya trabaja para salvar al maltrecho Gamma 2.

En el mundo digital, Hit desciende frente a los caídos tamagami, inertes en el suelo entre al centenar de cráteres formados por el ataque del asesino.

En el cielo, polígonos flotantes rojos, verdes y azules empiezan a reunirse, mientras los centinelas que Hit tiene delante se deshacen en esas mismas formas.

Nuevas versiones de Koorogi, Kabuto y Ka caen del cielo detrás de Hit, para enfrentarse de nuevo al asesino.

Una gota de sudor recorre la sien de Hit.

– “¿Aún no ha acabado?” – se pregunta el asesino.

Bulma sigue trabajando.

– “Vamos… vamos…” – se alienta a sí misma.

En el planeta oscuro, Onisen observa como Ogilvie está abriendo otro portal.

– “Qué interesante…” – dice Raichi con retintín. – “No esperaba una retirada.”

– “Yo sigo aquí.” – responde Vegeta, con su típica sonrisa prepotente.

Piccolo camina hacia el portal, pero se detiene al darse cuenta de que Granola no le sigue.

– “¿Granola?” – pregunta el namekiano.

– “Yo me quedo.” – dice el cereliano.

Piccolo no responde.

– “Mi familia…” – dice el cereliano. – “No quiero que nadie más sienta lo que yo sentí. Voy a pelear. Me quedo.”

– “Tu intención es noble.” – dice Piccolo. – “Pero créeme cuando te digo que Vegeta te mandará a la Tierra de una patada si intervienes.” – sonríe.

– “Orgullosos saiyajín…” – murmura el cereliano.

– “Tu familia te espera en el Más Allá.” – continúa Piccolo. – “Pero al haber ayudado a Raichi y haber seguido un camino de venganza, si mueres ahora, es posible que vayas al infierno.”

– “¡¿EH?!” – se sorprende Granola.

– “No es demasiado tarde.” – insiste el namekiano. – “Vive una vida recta y corrige tus errores. Redime tu alma y te encontrarás con ellos.”

– “Tsk…” – protesta Granola, frustrado, impotente.

– “Tal y como ha hecho Vegeta.” – añade Piccolo.

Granola mira de reojo al saiyajín, minúsculo desde su posición, de pie frente al enemigo. El cereliano no puede verle la cara, pero su postura desprende un aura de confianza y determinación que impresiona a Granola.

Piccolo extiende la mano hacia el cereliano.

– “Esto no se ha acabado.” – dice el namekiano.

Frente a Vegeta, Onisen esboza una media sonrisa prepotente.

– “Solo estás retrasando lo inevitable.” – dice Raichi. – “El árbol se nutrirá de este Universo para dar lugar al nuevo mundo. No importa dónde se escondan tus amigos. Esta realidad será el sustento del futuro que he creado.”

Vegeta mira al enemigo con cierto aburrimiento, casi ignorando sus palabras… y responde escupiendo un salivajo sanguinolento al suelo.

Mientras tanto, Zahha camina renqueante hacia el portal de Ogilvie que ya están cruzando Piccolo y Granola.

Freezer se fija en el espadachín, que arrastra sus dos espadas dejando dos surcos tras él.

– “¿Sigues con vida?” – se burla el demonio del frio.

– “El anillo…” – murmura Zahha, sin fuerzas.

El espadachín suelta sus espadas y luego cae de rodillas.

– “Tsk…” – protesta Freezer. – “Has dejado bien claro que no sabes usarlo.”

– “No…” – responde Zahha. – “Tienes razón…”

– “¿Eh?” – levanta una ceja el tirano.

– “Creo que…” – murmura el espadachín, mientras imágenes de una que siente ajena recorren su mente a toda velocidad; su madre lo arropa en la cama, su padre le reconforta tras caerse al suelo, su hermana le tira comida a la cara usando una cuchara como catapulta, su tío le enseña a pelear, su amigo de la infancia se ríe mientras el instructor lo riñe. – “…lo entiendo.”

Zahha intenta levantarse.

– “Tengo que…” – exhala el espadachín, cayendo de cara contra el suelo, inconsciente.

Freezer se queda mirándolo y suspira.

En la Tierra, Zahha atraviesa un portal en el cielo y se estrella contra el suelo.

Son Gohan mira al que fue contrincante.

– “El espadachín del futuro…” – piensa el mestizo.

Ogilvie también cruza el portal, que se cierra detrás de él.

Piccolo es el primero en reaccionar al darse cuenta de que algo no va bien.

– “¿Dónde está Freezer?” – pregunta el namekiano.

– “¿EH?” – levanta la ceja Cooler.

En el planeta oscuro, el tirano pasa por encima de las espadas de Zahha, tiradas en el suelo, y camina con calma hacia Vegeta y Onisen.

DBSNL // Capítulo 366: El legado de Vegeta

DBSNL // Capítulo 366: El legado de Vegeta

“No dejes que tu orgullo te haga cometer una estupidez.”

Onisen muestra su superioridad una vez más. El androide ha agrandado su mano derecha y ha atrapado a Cooler, que lucha para no ser aplastado. Alargando su brazo izquierdo, el androide persigue a Liquir, que vuela en zigzag intentando evadirlo.

Dabra y Cell intentan sorprender a Onisen abalanzándose sobre él por la espalda, pero los tentáculos capilares se alargan, atizando a ambos guerreros.

El demonio es golpeado y derribado, mientras Cell se cubre con su escudo de energía.

Pero un nuevo rostro aparece un instante en la nuca de Onisen, entre la maraña de tentáculos, y dispara con sus ojos a Cell, sorprendiéndolo y alcanzándole en el hombro, volatilizando su brazo izquierdo.

Vegeta observa desde la distancia el combate junto a Piccolo mientras los demás vuelan hacia Ogilvie.

En la Tierra, Marron llega a través de un portal, cargando con Champa.

– “¡Marron!” – se sorprende Goku Jr.

Goten, ayudando a Mirai Trunks, son los siguientes.

– “¡Trunks!” – lo socorre Cheelai. – “¿Qué te ha pasado?” – se preocupa su pareja.

En el mundo digital, Bulma sigue trabajando mientras Hit se pone en pie tras ser golpeado por los tamagami, que han visto su fuerza aumentada.

– “¡¿Estás bien, Hit?!” – pregunta Bulma, nerviosa.

Hit se limpia la sangre del labio con el dorso de su mano.

– “No te preocupes por mí.” – responde el asesino.

Bulma sigue tecleando.

Hit corre hacia el agujero en la pared y salta de nuevo torre abajo, donde los tres tamagami están ascendiendo, cada uno empuñado su arma particular.

Kabuto se adelanta e intenta propinar un mazazo al asesino, pero éste usa el salto temporal para evadir el golpe y propinarle una doble patada en la cara, remitiéndolo al suelo.

Koorogi evita ser golpeado por su hermano en caída libre y salta sobre Hit con la intención de partirlo en dos de un espadazo, pero Hit detiene el arma entre sus manos desnudas.

Ka pasa de largo cerca del asesino, su objetivo es detener a Bulma.

Hit frunce el ceño al darse cuenta de la artimaña de los tamagami.

El asesino usa el salto temporal para propinar una tormenta de puñetazos a Koorogi, dejándolo aturdido.

Ka llega hasta la cima de la torre y prepara su tridente para lanzárselo a Bulma que, de espaldas, ni se da cuenta… pero en el último momento, Hit aparece sobre el tamagami y cae con sus rodillas sobre su cara, lanzándolo torre abajo.

El asesino, mientras observa la caída de sus enemigos, coloca sus puños a cada lado de su cadera mientras se concentra.

De repente, Hit desata una ráfaga de golpes al aire que generan aumentos de presión muy concentrados que caen sobre los tamagami como una lluvia invisible de meteoritos.

En la Tierra, Pan cruza un portal, ayudando Son Gohan.

– “¡MAMÁ!” – corre Goku Jr a abrazarlos. – “¡Abuelo! ¿Estás bien?”

– “Está bien.” – le tranquiliza Pan. – “Pero necesita ayuda…”

Pan coloca a su padre en el suelo.

De repente, Dende aparece con la alfombra voladora de Mr. Popo.

– “¡Yo me encargo!” – exclama Kamisama.

El namekiano impone sus manos sobre su viejo amigo.

Ub es el siguiente en llegar, ayudando al malherido Zamas.

– “¡Papá!” – se alegra Goku.

– “Hola, hijo.” – sonríe Ub.

En el planeta oscuro, Trunks y Bra son los últimos que quedan al lado de Vegeta y Piccolo.

– “Nos toca.” – dice Bra.

La muchacha sale volando.

Trunks se prepara para seguirla, pero se detiene en el último momento.

– “¿No vienes, papá?” – pregunta Trunks.

Vegeta no responde.

– “Papá…” – insiste el mestizo.

– “Ahora os sigo.” – responde finalmente el saiyajín.

Trunks reconoce un matiz extraño en la voz de su padre que le hace dudar, pero aun así decide seguir a su hermana.

Piccolo se acerca a Vegeta.

– “No tienes intención de abandonar el planeta, ¿no es así?” – pregunta el namekiano. – “¿Vas a decirme que tramas?”

– “Deberías marcharte.” – responde Vegeta. – “No tenéis mucho tiempo.”

El namekiano mira al saiyajín atentamente. En sus ojos puede verse que, pese a sus defectos, Piccolo respeta a Vegeta como guerrero.

– “No hagas ninguna estupidez, Vegeta.” – dice Piccolo.

El namekiano da la espalda al saiyajín y se prepara para volar hasta Ogilvie.

– “Piccolo…” – le detiene Vegeta, sin dejar de mirar el combate.

Piccolo se detiene y mira a Vegeta por encima del hombro.

El namekiano comprende al saiyajín sin necesidad de palabras.

– “Descuida.” – sonríe el namekiano.

Liquir invoca la cabeza de su avatar para concentrar en ella una esfera de ki y lanzarla contra Onisen, pero éste se cubre con su agigantada mano.

– “Malditos…” – gruñe el androide. – “Voy a…”

Pero de repente, Vegeta aparece con el Shunkanido y propina un puñetazo directo en la cara de Onisen que lo lanza a través del páramo de raíces.

Los ojos de Vegeta son de color gris y su aura magenta. Su cabello sigue de color negro.

Dabra, Cell, Liquir y Cooler lo miran sorprendidos.

– “Me sorprende que aún te queden fuerzas, saiyajín.” – dice Cooler.

– “A estas alturas ya deberías comprender que nosotros, los saiyajín, no tenemos límites.” – sonríe Vegeta con chulería.

– “Eso es una patraña…” – sonríe Cell, cómplice.

– “¿Quieres unirte al combate?” – pregunta Dabra.

– “¿Unirme?” – lo mira Vegeta con desdén. – “Solo me estorbaríais.”

Los cuatro guerreros se quedan con los ojos como platos al oír a Vegeta; incluso el prepotente Cell.

– “¿Quieres pelear solo?” – dice Cooler.

– “No es momento de tus fanfarronerías de príncipe de pacotilla…” – protesta Cell.

Liquir se fija en los ojos de Vegeta. Grises. Serenos.

– “No es un farol…” – piensa el kurama. – “Lo dice en serio…”

Vegeta da un paso al frente, dejando atrás a los demás.

– “Abandonad el planeta ahora que podéis.” – insiste el saiyajín.

Cell aprieta el puño con rabia, sintiéndose impotente.

– “Vegeta…” – gruñe el insecto.

Trunks, que volaba detrás de Bra hacia el grupo de Ogilvie, se detiene en el aire, viendo que su padre ha vuelto al campo de batalla.

– “Papá…” – murmura el mestizo.

Sin dudarlo, Trunks pone rumbo a Vegeta, pasando cerca de Piccolo en su trayecto.

– “¡TRUNKS!” – exclama el namekiano. – “¡ESPERA!”

De camino, Trunks se cruza con Cell, Dabra, Liquir y Cooler, que parece que han aceptado su derrota.

– “¡COBARDES!” – les increpa.

El hijo de Vegeta aterriza junto a su padre.

– “¡PAPÁ!” – protesta Trunks. – “¡¿Qué estás haciendo?!”

Bra aterriza junto a Ogilvie, Baicha, Granola y Freezer.

– “¡Vamos, Bra!” – la recibe Baicha. – “Ahora tú.”

Bra se percata en ese instante de que Trunks no la ha seguido y mira hacia el campo de batalla, dándose cuenta de lo que sucede.

– “¡PAPÁ!” – exclama ella. – “¡TRUNKS!”

Bra pone rumbo al combate, pero cuando pasa cerca de Piccolo la agarra de una pierna.

– “¡¡PICCOLO, SUÉLTAME!!” – protesta ella.

– “No seas estúpida…” – gruñe el namekiano. – “¡TU PADRE SABE LO QUE HACE!”

– “¡¡NO!!” – insiste ella. – “¡¡DÉJAME!!”

Piccolo intenta detenerla, pero Bra le lanza un Taiyo-ken por sorpresa, cegándolo.

– “¡¡AAAH!!” – protesta Piccolo. – “¡Maldita sea!”

Vegeta sigue con su atención puesta en el enemigo.

– “¡Largo de aquí, Trunks!” – dice Vegeta. – “¡Es demasiado peligroso!”

– “¿Por qué…?” – dice Trunks. – “No puedes derrotarle… ¡¿Por qué lo haces?!”

Vegeta no responde, sigue mirando al horizonte, donde Onisen se pone en pie.

Bra aterriza al lado de Trunks.

– “¡PAPÁ!” – exclama Bra. – “¡¿Qué haces?!” – le increpa.

– “No dejes que tu orgullo te haga cometer una estupidez.” – advierte Trunks.

Vegeta esboza una media sonrisa enternecedora.

– “Mi orgullo sois vosotros.” – responde el saiyajín.

Trunks y Bra se quedan sin palabras.

– “No me he vuelto loco.” – suspira Vegeta. – “Solo sigo tu plan, Trunks.”

– “¿Mi plan?” – se sorprende su hijo. – “¡A estas alturas…!”

– “Tu madre no es de las que se dan por vencidas.” – le interrumpe Vegeta. – “Ahora mismo está intentando superar las defensas de ese bastardo. No me cabe duda.”

– “Papá…” – se emociona Bra al ver la fe que tiene en Bulma.

– “¿Cómo podría volver a la Tierra?” – aprieta el puño Vegeta. – “No podría mirarla a la cara nunca más.”

Una lágrima se derrama por el rostro de Trunks.

– “Sé que queréis ayudarme…” – continúa Vegeta. – “Pero os pido que os marchéis. Concededme este deseo egoísta. Sois mi legado.” – el rostro serio de Vegeta dibuja una sonrisa cómplice. – “¿O es que queréis dejar el futuro de la raza saiyajín en manos de los hijos de Kakarotto?” – 

Trunks y Bra sonríen entre lágrimas.

– “Hablando en serio…” – continúa Vegeta. – “Marchaos. Nos veremos en la Tierra cuando todo acabe.”

Bra asiente.

– “Ten cuidado, papá.” – dice ella.

– “Mucha suerte.” – dice Trunks.

Vegeta levanta el pulgar y despide a sus hijos con una sonrisa.

Bra y Trunks salen volando.

Vegeta se queda solo y centra su atención de nuevo en el enemigo, que no tarda en aterrizar delante de él.

– “Vegeta…” – gruñe Onsien. – “¿Tú otra vez?” – se mofa.

El saiyajín mira desafiante a su adversario.