ESPECIAL DBSNL /// Red World // Universos 1 y 2 / Parte XXVIII: La última batalla

Red World / Parte XXVIII: La última batalla

“Quieren devolverles el favor…”

Entre la polvareda alzada por el ataque de Chilled, Krilín intenta recomponerse. 

Desorientado y magullado por la explosión, mira a su alrededor con miedo de que aparezca su enemigo.

– “Maldita sea…” – refunfuña el terrícola. – “Pensé que esta vez podría conseguirlo…”

De repente, un estallido de ki invisible sacude la zona con una ventisca. Chilled está en el epicentro.

Krillín, Ten Shin Han y el Número 17 quedan completamente desprotegidos y a la vista del enemigo.

Chilled levanta su dedo índice, que se ilumina de color fucsia.

– “¿Quién será el primero?” – sonríe el demonio.

De repente, una lluvia de misiles cae sobre Chilled.

Media docena de Battle Jackets, acompañados por diez Battle Mechs medio escacharrados descienden sobre el campo de batalla, formando una línea de fuego frente al demonio del frío.

– “¡LISTOS PARA DISPARAR!” – anuncia el piloto de Battle Jacket de mayor rango.

Krilín se asusta al ver a los soldados.

– “¡¿QUÉ ESTÁIS HACIENDO?!” – exclama el terrícola. – “¡¡SALID DE AQUÍ!!”

Mientras tanto, tres soldados corren por detrás de la línea de robots hacia Ten Shin Han, Krilín y el Número 17.

– “¿Estáis bien?” – pregunta el primer soldado, que intenta levantar a Krilín.

Krilín se saca de encima al soldado y lo agarra de la solapa.

– “¡ESCÚCHAME!” – exclama el terrícola. – “¡Tienes que decirles a tus compañeros que se marchen! ¡No entendéis lo fuerte que es ese tipo! ¡No podrán…!”

– “¡Quieren ayudar, señor!” – le interrumpe el soldado.

– “¿Eh?” – se calla Krilín.

– “Quieren devolverles el favor…” – continúa el soldado.

Krilín libera al hombre y se queda mirando asombrado a los Mechs en el campo de batalla.

Mientras tanto, otro soldado socorre a Ten Shin Han.

Un tercer soldado intenta ayudar al Número 17, que sigue sin responder.

– “¡Número 17!” – lo sacude ligeramente el soldado. – “¡Señor!”

 El androide lo mira de reojo y lo reconoce.

– “Zendaki…” – murmura el 17.

– “¿Qué te pasa?” – protesta el soldado. – “¡Tienes que pelear!”

El androide mira a Chilled, que sigue de pie frente a los soldados, con su dedo brillante.

– “¿Es eso posible?” – se pregunta el androide.

Los Mechs están preparados, apuntando al extraterrestre.

– “¡¡FUEGO!!” – exclama el líder.

Pero antes de que puedan disparar, Chilled dispara su rayo y lo desliza de forma horizontal, cortando por la mitad a todos sus enemigos.

El macabro suceso hiela la sangre de Ten Shin Han, Krilín, el Número 17 y de los tres soldados supervivientes.

Zendaki agarra de la pechera al Número 17 y lo zarandea.

– “¡¡ESCÚCHAME!!” – exclama el soldado. – “¡Tienes que recomponerte!”

– “No lo entiendes…” – responde el 17. – “No se puede pelear con alguien así…”

Zendaki suelta al androide, que cae sentado en el suelo.

– “Estamos muertos.” – sentencia el 17. – “Todos…”

– “Tsk…” – gruñe el soldado.

Zendaki desenfunda su pistola. Las manos le tiemblan.

– “No…” – murmura el soldado. – “No perderé a mis amigos otra vez… por no hacer nada…”

– “¿Eh?” – lo mira el 17, confuso.

El soldado lo mira con ojos melancólicos.

– “Lo siento, Yamcha.” – sentencia. – “Has sido mi mejor amigo.”

Las palabras despiertan algo en la mente del androide; como si oyera repetido ese nombre como un eco profundo en su cabeza.

El soldado carga directo hacia Chilled.

– “¡¡AAAAH!!” – grita intentando librarse así del miedo.

Los otros soldados se miran entre ellos al ver a su compañero.

– “¿Qué hacemos?” – se pregunta uno.

– “¿Atacamos?” – murmura otro.

Chilled oye el grito de Zendaki y lo mira de reojo antes hacer un grácil gesto de muñeca que lanza ventisca que impacta contra el soldado como un camión, lanzándolo por los aires.

El Número 17 sigue en el suelo, observando como su único amigo se precipita contra el suelo, sin vida… y recupera su forma original; un pequeño felino azulado.

Chilled mira a Krilín.

– “Creo que empezaré contigo…” – sonríe el demonio.

Krilín da un paso al frente, protegiendo al soldado que le socorría.

– “¡¡FUERA DE AQUÍ!!” – exclama el terrícola, preocupado.

Ten Shin Han se pone en pie y eso reclama la atención de Chilled.

– “Veo que tu amigo tiene prisa…” – dice el alienígena.

El soldado que ayudaba a Ten ya corre campo a través, lejos de la batalla.

El guerrero de tres ojos, pese a no tener fuerzas, se pone en guardia.

– “No se ha terminado…” – piensa Ten. – “Aún podemos seguir luchando…”

Chilled ignora a Krilín y vuela directo hacia Ten.

– “¡¡TU SERÁS EL PRIMERO!!” – exclama.

El demonio del frío se abalanza a toda velocidad sobre Ten Shin Han, que intenta cubrirse rápidamente.

Pero de repente…

– “¡¡COLMILLOS DE LOBO!!” – exclama el androide 17.

Un golpe con la palma de la mano en forma de garra pilla por sorpresa a Chilled y lo aparta de Ten Shin Han, lanzándolo contra el suelo.

– “¡¿EH?!” – se sorprenden Ten y Krilín.

El androide 17 se pone en guardia. Ten Shin Han reconoce a su antiguo adversario al instante.

– “Lo sabía…” – piensa Ten. – “Es él…” – lo recuerda sobre el tatami, con el clamor del público. – “Es el tipo al que me enfrenté hace años en el Torneo Mundial de Artes Marciales…”

El androide aprieta los dientes con rabia.

– “¿Aún te quedan fuerzas, androide?” – pregunta Ten, con cierta ironía.

Krilín se une a Ten y al Número 17.

– “Me alegra que al final hayas decidido unirte…” – sonríe el discípulo del Gohan.

Chilled se pone en pie, furioso.

– “Ya te daba por muerto…” – gruñe el demonio. – “Pero ahora vas a…”

En ese instante, un tornado se alza alrededor del alienígena, aislándolo.

– “¿Qué…?” – protesta, harto de trucos. – “¡¡YA BASTA!!” – grita furioso.

Con un estallido de energía deshace el remolino.

Frente a él, Chichi se ha unido a los tres luchadores. Krilín y Ten Shin Han están masticando algo mientras el androide los mira con cierta confusión.

– “Como nuevo.” – sonríe Ten. – “Gracias.”

– “Me alegro de verte, Chichi.” – dice Krilín. – “Pareces toda una Diosa de la montaña con esa ropa.”

– “Tú no has cambiado nada.” – sonríe ella.

– “¿Eso es bueno?” – se pregunta Krilín.

– “¿Y quiénes son tus amigos?” – pregunta Chichi.

– “Ten Shin Han.” – se presenta el guerrero de tres ojos.

– “¿El despiadado asesino?” – frunce el ceño ella.

– “Es una larga historia…” – la calma Krilín. – “Y él es…” – señala al 17.

– “Me llamo Yamcha.” – se presenta el Número 17.

ESPECIAL DBSNL /// Red World // Universos 1 y 2 / Parte XXVII: El as de Chichi

Red World / Parte XXVII: El as de Chichi

“Os haré sufrir…”

En la costa, tras recibir la onda expansiva de la gigantesca explosión. El combate continúa.

Watagash se levanta. Con los ojos inyectados en sangre, el monstruo se abalanza sobre el gigante de la Red Ribbon. 

El robot de Pino, sin un brazo, es incapaz de detener la embestida del enemigo y es derribado.

Watagash, sentado sobre el robot, empieza a propinarle puñetazos.

Pino intenta cubrirse, pero los golpes superan su defensa. El metal que recubre al gigante empieza a abollarse con cada golpe.

Chichi, minúscula en comparación a los dos titanes, tiene que actuar.

Watagash golpea la cabina de Pino, rompiendo los cristales, que caen sobre él. 

El soldado de la Red Ribbon se cubre la cara con sus manos para evitar posibles cortes.

En ese instante, Chichi salta sobre la cabina del robot. Pino puede ver a contraluz la silueta de la guerrera sobre él.

– “¡¿QUÉ ESTÁS HACIENDO?!” – exclama él, preocupado.

Watagash levanta su puño, listo para golpear de nuevo.

– “¡¡SAL DE AHÍ!!” – exclama Pino.

Chichi tiene su lanza preparada.

– “¡YAH!” – exclama ella, que proyecta un corte horizontal con su lanza.

El corte se propaga por el aire hasta alcanzar a Watagash en los ojos, cegándolo por completo.

– “¡¡¡GRAAAAAAGH!!!” – brama el monstruo.

La sangre del monstruo llueve sobre Chichi y Pino.

– “No tardará en recuperarse…” – piensa ella.

Chichi mira a Pino de reojo.

– “¡¡SÁCATELO DE ENCIMA!!” – dice la guerrera. – “¡YO ME ENCARGARÉ DEL RESTO!”

Pino asiente y se pone de nuevo a los mandos.

El robot intenta empujar a Watagash, pero con una sola mano, la disputa es en vano.

– “Maldita sea…” – gruñe Pino. – “Esto me va a salir muy caro… ¡espero que la muchacha no falle!”

Rápidamente, Pino teclea en su consola. La perla en el centro de la barriga del robot se ilumina intensamente.

– “¡¡AHÍ VA!!” – aprieta un botón.

Un torrente de energía es proyectado por la perla y empuja al gigantesco Watagash hacia el cielo.

Los controles de la cabina parpadean. Parece que casi toda la energía que le quedaba al gigante mecánico ha sido desviada hacia el ataque.

Chichi guarda su lanza y recurre a la calabaza de su cinturón.

Con el pulgar, descorcha la botella y ésta desata una violenta ventisca que absorbe todo lo que tiene delante.

Mientras cae, Watagash siente como su cuerpo es atraído por el remolino que lo arrastra hacia el recipiente.

Su cuerpo parece deformarse para poder entrar por la boquilla de la calabaza. 

– “¡¡GRAAAAH!!” – brama el monstruo.

La mitad inferior del gigante entre en la botella, pero Watagash sigue peleando. Intenta clavar sus garras en la tierra.

Su cuerpo se retuerce en la entrada de la calabaza.

– “¡¡GRAAAH!!” – intenta gritar, pero el sonido también es engullido por el artefacto mágico.

De repente, los ojos del monstruo se tornan azules. El extraño apéndice en su cabeza, que recuerda a un diente de león, se deshoja, esparciendo sus semillas por la zona durante un instante, pero éstas también son absorbidas por la calabaza.

El pánico se apodera del monstruo, como si de repente fuera consciente de que ése es su final.

Finalmente, el monstruo entra al completo en el recipiente y Chichi se apresura en cerrarlo.

La ventisca se detiene. Calma absoluta.

Pino mira con asombro a la mujer.

– “¿Qué acaba de ocurrir?” – se pregunta el piloto.

La mujer cae de rodillas, agotada.

– “¡¿Estás bien?!” – se preocupa él.

El piloto se quita el cinturón y sale de su cabina trepando por la cubierta de cristal rota.

Pino intenta ayudar a Chichi.

– “¿Qué ha pasado?” – pregunta el soldado. – “¿Estás bien?”

– “Usar estos artefactos tiene un precio…” – responde Chichi, agotada. – “Necesitan mi energía vital… para poder funcionar…”

– “No sé si lo entiendo bien…” – sonríe Pino. – “Pero ahora puedes descansar.”

– “No…” – responde Chichi. – “El combate no ha terminado…” – añade mirando al horizonte.

Mientras tanto, un furioso Chilled clava su mirada airada en Krilín.

– “Os haré sufrir…” – gruñe el demonio del frio. – “¡¡DESCUBRIRÉIS LO TERRIBLE QUE PUEDO SER!!”

Ten Shin Han, agotado pero preocupado por su compañero, intenta agarrar a Chilled, pero el demonio sale volando hacia Krilín a tal velocidad que empuja al debilitado Ten por el páramo desértico.

En un abrir y cerrar de ojos, Chilled se presenta ante Krilín. 

El terrícola, aterrado ante la endiablada velocidad que ha demostrado, lo observa.

El demonio propina un coletazo en la cara a Krilín que lo lanza contra el suelo.

– “¿Has visto lo que me has hecho?” – gruñe Chilled.

Krilín intenta levantarse, pero el extraterrestre le pisa la espalda, estampándolo contra el suelo.

Chilled enrolla su cola en el cuello de Krilín y lo levanta del suelo.

– “¡¡Ggghaagh!!” – sufre el terrícola, luchando por respirar.

– “Je…” – sonríe el tirano. – “Podría partirte el cuello… pero quiero que sufras…”

Krilín agarra con fuerza la cola del demonio, intentando liberarse, pero sin éxito. Su rostro se está tornando azul.

Chilled, con una maléfica sonrisa en su rostro, sigue apretando.

Krilín, desesperado, logra morder la cola del demonio del frío.

– “¡AAH!” – grita Chilled.

El tirano sacude su cola y lanza a Krilín contra el suelo.

– “Miserable…” – gruñe Chilled.

Krilín se frota el cuello mientras recupera el aliento.

– “Je, je…” – sonríe aliviado.

Chilled se abalanza sobre él con la intención de decapitarlo de un solo golpe… pero resulta que el terrícola es solo una imagen residual.

– “¡¿Eh?!” – se sorprende Chilled.

Una docena de Krilín danza alrededor del tirano. Algunos le sacan la lengua, otros se palmean el trasero para provocarlo.

– “¿Cómo osas…?” – gruñe Chilled.

El extraterrestre dispara con su rayo ocular a uno de los Krilín, pero lo atraviesa sin hacerle daño; otra imagen residual.

– “Tsk…” – gruñe Chilled.

Con sus ojos, el alienígena dispara a cada una de las figuras danzantes que se mofan de él, pero ninguna es el verdadero terrícola.

– “¡¿DÓNDE ESTÁS?!” – estalla Chilled, furioso.

Ten Shin Han, malherido, observa el combate.

– “Ese tipo no puede sentir el ki…” – piensa Ten. – “No tiene ni idea de dónde está el verdadero…”

En una colina cercana, Krilín prepara un nuevo Kienzan.

Chilled, furioso, se agacha y coloca su mano en el suelo.

– “¿Eh?” – se extraña Ten.

De repente, el suelo tiembla y se resquebraja, brillando intensamente de color fucsia, y después estalla, generando una gran onda expansiva que empuja a Ten Shin Han, a Krilín y a un apático androide 17.

Mientras tanto, en la costa, Pino ha estado coordinando a los navíos supervivientes. 

Los marineros se acercan a la costa todo lo que pueden y empiezan a movilizarse para hacer llegar energía al gigantesco robot a través de grandes cables conectados a sus embarcaciones.

El resplandor de la explosión puede verse en el horizonte.

Chichi se pone en pie, apoyada en su lanza, y camina torpemente en esa dirección.

– “¿A dónde crees que vas?” – pregunta Pino.

– “Ya te lo he dicho.” – responde ella. – “Esto no ha terminado.”

– “Casi no puedes mantenerte en pie…” – dice el soldado, con sincera preocupación.

– “Eso no importa…” – replica ella, esforzándose para seguir caminando.

De repente, una voz sobresalta a Pino y a Chichi.

– “Puedo ayudarte.” – dice la voz.

Mr. Popo, sobre su alfombra voladora, ha aparecido.

ESPECIAL DBSNL /// Red World // Universos 1 y 2 / Parte XXVI: Todo a una carta

Red World / Parte XXVI: Todo a una carta

“Los débiles son el alimento de los fuertes.”

En la costa, el gigante de la Red Ribbon propina otro derechazo a Watagash, impidiendo que se levante… pero cuando va a darle otro puñetazo, Pino recuerda que ha perdido el brazo izquierdo.

– “Maldita sea…” – refunfuño el piloto.

En su lugar, el gigante propina un rodillazo en la barbilla al enemigo.

Entre las rocas, Krilín y Ten Shin Han intentan idear una ofensiva, mientras el androide Número 17 sigue atrapado en su pesadilla particular; sobrevolados por Chilled que, con asombrosa calma, los busca con la mirada.

– “¿Estás seguro?” – pregunta Ten.

– “Confía en mí.” – responde Krilín.  – “Estuve entrenando duro en la Sala del Espíritu y el Tiempo. Puedo hacerlo.”

– “Está bien…” – asiente Ten. – “Pero no será fácil.” – añade mirando a Chilled. – “Necesitaremos una distracción… y no parece de los que se dejan engañar dos veces por la misma técnica.”

Ten Shin Han mira de reojo al Número 17.

– “Hemos desperdiciado el factor sorpresa salvándolo.” – protesta Ten. – “Y ahora el enemigo conoce el Taiyoken.”

El Número 17 no responde.

– “No seas tan duro con él.” – suspira Krilín. – “Su compañera acaba de morir.”

– “¿Los androides tienen compañeros?” – refunfuña Ten.

El Número 17 sigue con la mirada perdida.

De repente, Chilled asciende hasta tornarse un diminuto punto en el cielo. 

– “¡¿EH?!” – miran nuestros amigos al darse cuenta de que el enemigo se mueve.

El demonio del frío levanta el brazo con el dedo extendido. Un chispazo en la yema de su dedo. Una minúscula partícula de ki morado se materializa sobre él, cuyo destello puede verse desde el escondite de los terrícolas.

– “¡TENEMOS QUE ALEJARNOS DE AQUÍ!” – exclama Krilín.

La partícula de energía se expande repentinamente y forma una gigantesca bola de energía que cubre el cielo y lo tiñe todo con luz morada.

Ten Shin Han mira con horror la esfera de ki.

– “No podemos huir de algo así…” – piensa el guerrero de tres ojos.


Chilled lanza el ataque. El enorme orbe de energía se precipita lentamente sobre la Tierra.

– “¡¡TEN!!” – exclama Krilín, intentando obtener una respuesta de su compañero.

Sin mediar palabra, Ten Shin Han vuela directo hacia el ataque de Chilled.

– “¡¿A DÓNDE VAS?!” – se preocupa Krilín. – “¡Maldita sea…!” – refunfuña. – “Espero que sepa lo que hace…” – murmura.

Ten Shin Han, envuelto en su aura incolora, se planta delante del ataque enemigo, que sigue avanzando lentamente hacia la superficie terrestre.

Ten Shin Han realiza varios sellos con las manos, canalizando así su energía.

De repente, el guerrero aprieta los puños y su musculatura se hiperdesarrolla en un instante. Venas marcadas. Es la técnica del legendario Maestro Tortuga.

Ten apunta al orbe morado con sus manos formando un triángulo.

– “¡¡BAKU KIKO-HO!!” – grita Ten.

Un poderoso torrente de ki amarillo es proyectado hacia el orbe morado de Chilled.

Cuando las dos energías impactan la una contra la otra, un destello cegador; una explosión.

La onda expansiva de tan tremendo impacto avanza rápidamente, derrumbando las montañas rocosas a medida que avanza.

Krilín y el Número 17 son arrollados por la fuerte ventisca generada.

La explosión puede verse desde el espacio como una gran cúpula luminosa.

El resplandor puede verse desde la Capital Central y la Capital del Norte, que unos segundos más tarde son sacudidas por el vendaval, que rompe todas las ventanas de lo edificios.

Lo mismo ocurre en el Palacio Real. Los ventanales del despacho del Comandante Red estallan de repente, sorprendiendo a los allí reunidos.

En la costa, la onda expansiva sorprende también a los combatientes. Watagash y el gigante de Pino resisten el viento, mientras Chichi lo contrarresta en el último instante con un golpe de abanico.

En el mar, los navíos de la Red Ribbon son azotados violentamente por el viento y la marea.

– “¡¿Qué ha sido eso!?” – se pregunta Chichi.

Cuando se disipa la humareda, un kilométrico desierto es todo lo que queda en los aledaños de la explosión.

Silencio absoluto.

Krilín y el Número 17, semienterrados bajo la arena resultante. El primero bocabajo y el segundo bocarriba.

El alumno de la escuela Tortuga es el primero en reaccionar, incorporándose repentinamente.

– “¡PUAJ!” – escupe tierra. – “Creía que no lo contaba…”

El muchacho mira a su alrededor con clara preocupación.

– “¡¿Ten?!” – se pregunta. – “¡TEN SHIN HAN!” – exclama, buscando a su amigo.

El Número 17 está tumbado bocarriba, mirando al cielo.

– “Esa técnica… ¿era el Kiko-ho?” – se pregunta. – “No puede ser…”

Krilín encuentra a su amigo tirado en la arena.

– “¡TEN!” – lo socorre inmediatamente.

Pronto se da cuenta de que su compañero ha sobrevivido, aunque respira quejoso y con dificultad.

– “Y sigues con vida…” – sonríe Krilín, aliviado. – “Eres de lo que no hay…” – suspira.

Krilín intenta levantarlo, poniendo el brazo de Ten alrededor de su cuello para poder sostenerlo. 

– “¿Estás listo?” – pregunta Ten.

– “¿Eh?” – responde Krilín, confundido.

– “No tendremos… no tendremos otra oportunidad…” – insiste Ten.

En el cielo, Chilled desciende lentamente.

– “Ese tipo ha contrarrestado mi ataque…” – piensa el demonio del frío. – “¿Cómo puede haber alguien tan fuerte en un planeta como este? Voy a tener que despedir a quien hizo el informe de scout…”


Chilled encuentra a Ten Shin Han, de rodillas sobre la arena; solo.

– “Ahí está…” – sonríe el demonio.

Chilled desciende hasta tierra firme, delante de su contrincante.

Ten Shin Han está agotado. Su respiración le delata.

– “Tienes mal aspecto.” – se mofa el demonio del frío. – “Seguro que has puesto todas tus fuerzas en ese ataque.”

– “Ah… ah…” – respira Ten, mirando al suelo.

– “Mírate…” – continúa Chilled. – “¿Entiendes ahora la diferencia entre nosotros?”

En la distancia, detrás de Chilled. Krilín levanta la mano derecha hacia el cielo.

– “Tiene que funcionar…” – piensa Krilín. – “Por favor… Tiene que funcionar…” – repite.

Ten Shin Han levanta la mirada lentamente. Entre las piernas de Chilled, puede ver a su compañero preparando su nueva técnica.

– “Este es el resultado de mi entrenamiento.” – piensa Krilín. – “Esto es el Kienzan.”

Ten Shin Han encuentra la mirada de Chilled.

– “¿Por qué…?” – pregunta Ten.

– “¿Hmm…?” – levanta una ceja el tirano.

– “¿Por qué… este planeta…?” – insiste el terrícola.

– “Je…” – sonríe Chilled. – “Es un planeta muy interesante. Múltiples climas, paisajes la mar de variopintos… No abundan los planetas así.” – responde. – “Me parece el lugar perfecto para construir mi nuevo palacio vacacional.”

– “Tsk…” – responde Ten, enfadado. – “Todo esto… Tanta destrucción… y muerte… ¿solo por eso?”

Un disco giratorio de energía, como si fuera una sierra radial, se materializa sobre la palma de la mano de Krilín.

– “¡Estoy listo!” – piensa el terrícola.

Chilled sonríe.

– “En el Universo se impone la ley del más fuerte.” – revela el demonio. – “¿Por qué no debería tomar este planeta si me apetece?” – continúa. – “Los débiles son el alimento de los fuertes.” – sonríe con prepotencia. – “Y, ¿sabes qué? Yo siempre tengo apetito.” – se relame mientras apunta a Ten con el dedo índice de su mano derecha.

Krilín lanza su ataque.

El Kienzan avanza rápidamente por el páramo desértico, volando paralelo al suelo, emitiendo un tenue zumbido.

Ten Shin Han se inclina hacia delante, como si hiciera una reverencia.

– “¿Crees que suplicar va a servirte de algo?” – se mofa el enemigo.

El zumbido aumenta rápidamente hasta que Chilled puede oírlo.

– “¿Eh?” – se da la vuelta, extrañado.

El Kienzan se encuentra a tan solo unos metros de distancia y avanzando rápido.

La sonrisa se borra del rostro de Chilled.

El Kiensan sigue su camino, pasa sobre Ten Shin Han y si pierde en el horizonte.

Ten escucha algo cayendo al suelo.

– “¿Lo ha logrado?” – se pregunta Ten, levantando la mirada lentamente.

Un trozo de la cola de Chilled se encuentra frente a él, moviéndose espásticamente como si fuera de una lagartija.

Sangre gotea sobre la arena.

Ten sigue levantando la cabeza y se encuentra con el enemigo flotando en el aire. Su extremidad cercenada sangrando.

El rostro de Chilled revela una mezcla de sorpresa y rabia, mientras observa su herida. 

Krilín mira al enemigo desde su posición, completamente aterrado.

– “He fallado…” – piensa el terrícola.

La sorpresa desaparece lentamente de la expresión de Chilled y da lugar a la mismísima encarnación de la ira.

– “Me las pagaréis…” – gruñe el demonio del frío. – “Eso me ha dolido…” – aprieta su puño con rabia. – “¡¡ME LAS VAIS A PAGAR!!” – grita.

ESPECIAL DBSNL /// Red World // Universos 1 y 2 / Parte XXV: Error de cálculo

Red World / Parte XXV: Error de cálculo

“Es la primera vez que se enfrenta a alguien tan superior.”

El terrible señor Chilled, del que tanto hablaban los invasores, ha aparecido.

El demonio del frio se encuentra frente a nuestros amigos.

La muerte de la Número 18 ha helado la sangre de los presentes. La facilidad con la que el enemigo ha acabado con ella y la brutalidad del acto son un claro aviso del rival al que se enfrentan.

Ten Shin Han y Krilín tiemblan ante la inabarcable presencia del enemigo.

– “¿Tú también lo sientes, Ten?” – pregunta Krilín.

Su compañero asiente.

Los fragmentos metálicos humeantes del androide 18 siguen lloviendo sobre el terreno de combate.

Chilled sonríe con chulería.

– “Habéis luchado muy bien.” – dice el demonio del frío. – “Habéis derrotado a mis mejores hombres.”

El Número 17 mira con rabia al enemigo.

– “Bastardo…” – gruñe el androide.

Chilled continúa su discurso.

– “Sois fuertes y valientes.” – añade. – “No sabéis a lo que os enfrentáis, pero al ser un planeta primitivo, puedo pasarlo por alto.” – sonríe. – “¿Qué os parecería formar parte de mi ejército? Os aseguro que…”

Pero el Número 17, sin mediar palabra le apunta con sus manos formando un triángulo.

Krilín y Ten Shin Han se sorprenden al ver la rápida reacción del androide.

– “¡¡KIKO-HO!!” – dispara el 17.

Un torrente de energía gigantesco es proyectado hacia el enemigo.

En el mar, Blue, sobre la cubierta de un portaviones muy dañado, se cubre frente a una tormenta de misiles lanzados por Pino.

En ese instante, Chichi aterriza sobre el hombro del titán robótico.

– “¿Eh?” – se sorprende Pino.

– “¡HOLA!” – grita Chichi. – “¡¿Me oyes?!” – golpea con su lanza la cabeza del robot. – “¡¿Hay alguien ahí?!”

El gigantesco robot levanta el pulgar para que ella lo vea.

– “Está bien.” – asiente ella. – “¡¡Tenemos que llevar el combate a tierra firme!!” – exclama. – “¡Pelear aquí es muy complicado! ¡Y hay demasiada gente!”

De repente, Blue sale de la humareda. Su cuerpo se ha transformado aún más. Sus ojos salen de sus órbitas. Su mandíbula ha aumentado de tamaño, revelando grandes colmillos. Sus orejas ahora son puntiagudas. Su cuerpo hiperdesarrollado ahora está cubierto de un extraño pelaje azul de aspecto viscoso.

Pino amplia la imagen en su panel de comandos.

– “¡¿Pero a qué demonios nos estamos enfrentando…?!” – se pregunta ante el bizarro aspecto del enemigo.

– “¡¡CUIDADO!!” – exclama Chichi.

Blue carga directo contra el robot gigante, propinándole un puñetazo en el pecho que lo desequilibra y lo hace retroceder.

Mientras el gigante cae, Chichi salta sobre el enemigo y con su lanza, desde la distancia, propina varias estocadas que se propagan por el aire hasta impactar en el enemigo, provocándole varios cortes.

Chichi hace girar la lanza sobre su cabeza para impulsarse de nuevo ligeramente hacia arriba y preparar un último golpe de lanza vertical con el que pretende partir al enemigo en dos… pero Blue se anticipa disparando su rayo ocular.

El ataque de Watagash es demasiado rápido para Chichi… que se salva al ser protegida por la mano robótica de Pino.

Ella aprovecha la cobertura para cambiar de arma.

Cuando el ataque del extraterrestre cesa, ella sale de su escondite empuñando su abanico y sacude los vientos con fuerza tres veces.

Un tornado se genera frente a ella, uniendo el cielo y el mar y creando una tromba de agua que avanza rápidamente hasta el enemigo y lo engulle mientras sigue su camino hacia tierra firme.

Mientras tanto, la nave de Chilled ha saltado por los aires. 

Ten Shin Han vuela sobre la humareda, cargando con Krilín bajo el brazo.

– “Gracias…” – dice Krilín.

Ten suelta a su compañero.

– “El Kiko-ho a esa distancia…” – responde Ten. – “¿A quién se le ocurre?”

El Número 17, aún en tierra firme, sonríe.

– “Misión cumplida.” – afirma el androide.

El sonido de pasos del enemigo llama la atención del 17.

– “Mi paciencia tiene un límite.” – advierte Chilled. 

El demonio del frio sale de la polvareda sin ningún rasguño.

– “No tolero que me interrumpan.” – sentencia.

El androide se queda perplejo al sentir por primera vez que su fuerza es insuficiente.

Durante un instante y sin entender por qué, el androide ve en el rostro de Chilled los ojos azules del Coronel Blue.

Chilled apunta al 17 con su dedo índice. El androide no reacciona; se ha quedado inmóvil, presa del pánico.

El dedo del demonio se ilumina de color fucsia.

Krilín placa al Número 17 y se lo lleva volando.

– “Je…” – sonríe Chilled, que los sigue con el dedo.

Cuando está a punto de disparar, Ten Shin Han se coloca frente a ellos.

– “¡¡TAIYOKEN!!” – emite el destello de la escuela Grulla.

Chilled cierra los ojos en el último momento y su disparo sale desviado, rozando el hombro de Ten Shin Han.

Los tres descienden rápidamente entre las montañas rocas cercanas.

– “Ha estado cerca…” – suspira Krilín. – “¿Estás bien, Ten?” – le pregunta su compañero.

– “Solo es un rasguño.” – responde Ten.

El Número 17 sigue sin reaccionar. Krilín se da cuenta.

– “¿Y a ti qué te pasa?” – le pregunta Krilín, molesto. – “¿Te has quedado sin batería o algo así?”

– “Es la primera vez que se enfrenta a alguien tan superior.” – responde Ten Shin Han. – “Es una mirada que he visto muchas veces… Aunque yo solía estar al otro lado.”

– “No me gusta cuando hablas de esa forma…” – responde Krilín. – “Me da repelús.”

Ten mira al cielo.

– “Esperemos que ese tipo también necesite esos aparatos para poder localizarnos.” – dice Ten. – “Podemos idear alguna estratagema y recuperarnos un poco antes del verdadero combate.”

– “¿Podemos ganar a alguien así?” – pregunta Krilín.

– “El destino del mundo está en juego.” – responde Ten. – “Debemos ganar.”

En el otro frente, la tromba pierde fuerza cuando llega a tierra.

Blue emite una explosión de energía y logra deshacer el torbellino.

Pero en ese instante, el titán de hierro cae sobre él, pisándolo bajo su enorme pie derecho.

– “Je…” – sonríe Pino. – “Esta vez te he pillado.”

Chichi, en el hombro del gigante, no parece convencida.

De repente, el pie del titán de hierro empieza a levantarse.

– “¡¿Qué…?!” – se sorprende Pino, que intenta bajarlo de nuevo. – “¡¿Cómo…?!”

Bajo el pie metálico, Blue está aumentando de tamaño. Su rostro es aún más extraño que antes, revelando dos cuernos amarillos en su frente. Protuberancias puntiagudas en su espalda y brazos. Su pelaje se cae a medida que aumenta la envergadura, dando lugar a una piel azul viscosa como la de un anfibio.

El titán mecánico retrocede. 

Blue ha crecido tanto que su estatura rivaliza con la del mismísimo robot de la Red Ribbon.

Pino carga contra el monstruo, intentando propinarle un puñetazo, pero éste le agarra el brazo.

– “Maldita sea…” – protesta Pino.

Blue tira del brazo del titán hasta arrancárselo.

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende Pino.

El monstruo usa el brazo del gigante para atizarle con él.

Chichi desciende grácilmente hasta el suelo haciendo girar su lanza.

– “Hacerte tan grande tiene sus desventajas.” – piensa ella.

Chichi corre entre las piernas del monstruo y con dos cortes a distancia de su lanza daña sus tobillos.

El monstruo cae de rodillas.

Pino se repone del golpe recibido y contraataca rápidamente, usando los propulsores de su codo para golpear más fuerte, atiza un puñetazo directo en la cara del enemigo.

Mientras tanto, Chilled ha ascendido para poder tener una mejor vista del terreno.

Nuestros amigos siguen escondidos.

– “Creo que se está impacientando…” – murmura Krilín, mirando de reojo al extraterrestre mientras se esconde detrás de una gran roca.

– “Tenemos que actuar.” – dice Ten.

– “¿Estás con nosotros, androide?” – pregunta Krilín.

El Número 17 no responde. Sigue con la mirada perdida.

– “Tendremos que hacerlo sin él.” – suspira Ten.

En el despacho del Comandante Red, ha cundido el pánico.

– “¡ESE TIPO HA DESTRUIDO A UNO DE SUS ANDROIDES COMO SI NADA!” – exclama Red. – “¡¿Me lo puede explicar, Doctor Gero?!”

El mismísimo Gero se encuentra boquiabierto ante lo que ha sucedido.

– “El enemigo ha superado todas nuestras expectativas…” – responde Gero.

– “¡¿Y PARA ESO LE HE DADO VIA LIBRE DURANTE ESTOS AÑOS?!” – protesta Red.

– “No había forma de predecir algo así…” – insiste Gero.

– “¡¡INTOLERABLE!!” – grita Red.

– “Comandante Red…” – interviene Black. – “Aún tenemos a otro efectivo en el campo de batalla…”

Pero Black se da cuenta de que Gero baja la mirada, como si supiera que eso no cambia nada.

– “Más le vale que ese otro androide cumpla su cometido…” – refunfuña Red. – “O le aseguro que le ejecutaré yo mismo, doctor.”