DBSNL // Capítulo 279: Humo

DBSNL // Capítulo 279: Humo

“Haz lo que debas.”

Mirai Trunks ha llegado al planeta Toi.

– “¡Trunks!” – exclama Turles. – “¡Lo tengo bajo control!” – protesta.

El mestizo sonríe.

– “Ya controlas el Súper Saiyajín, pero vas a necesitar más que eso para derrotar a Reitan.” – responde Trunks.

Reitan sale del cráter formado con su caída y reaviva su aura.

Trunks frunce el ceño. 

Reitan se prepara para embestir y el suelo se rompe bajo sus pies… pero de repente, el mundo se ralentiza. Trunks aparece detrás de él.

– “Lo siento, amigo.” – sentencia el mestizo.

Con el canto de la mano, Trunks golpea la nuca del herajín.

Pero Reitan, lejos de desmayarse, se da la vuelta rápidamente e intenta golpear a Trunks, que detiene el puñetazo con una mano.

– “¿Eh?” – se sorprende Trunks.

– “¡Es Kamakiri!” – exclama Meerus desde la distancia. – “¡Lo está controlando!”

– “¡¿Acaso está…?!” – se asusta el mestizo.

Reitan embiste de nuevo, pero Trunks retrocede.

– “No…” – murmura el mestizo, analizando a su compañero con su ojo gris. – “Su corazón late y su alma sigue en su cuerpo… ¿Ahora controla a los vivos?”

Reitan embiste una vez más, pero sin que parezca que Trunks se mueva, el herajín recibe una tormenta de golpes que lo hacen retroceder.

– “¡TURLES!” – exclama Trunks. – “¡Ocúpate de él un momento!”

– “¿Ahora quieres que lo entretenga?” – refunfuña el saiyajín.

Trunks desaparece.

– “Maldita sea…” – gruñe Turles.

Mientras tanto, en el planeta Ktal, Broly persigue a Granola, pero el cereliano evita y desvía los golpes del saiyajín con un acierto milimétrico, gracias a su nuevo ojo.

– “Siempre confiando en su fuerza…” – sonríe Granola.

El cereliano retrocede. Broly lanza un ataque de ki contra su enemigo, pero la esfera asciende para luego estallar y llover varios ataques menores sobre Granola, que los contrarresta todos con certeros disparos de su dedo índice.

El cereliano pasa a la acción y carga contra Broly, sorprendiéndolo y percutiendo una cadena de golpes certeros en puntos concretos del abdomen de su enemigo con sus dedos imbuidos en ki verde.

Broly no parece afectado e intenta propinarle un puñetazo, pero Granola se agacha mientras gira sobre sí mismo, evitando al saiyajín y dejándolo pasar de largo.

De repente, Broly hinca la rodilla, sujetándose el abdomen.

– “Tsk…” – protesta el saiyajín.

Granola sonríe y apunta a la espalda del saiyajín uniendo sus manos con los dedos índices y corazones extendidos, con los pulgares levantados, como si simulara una pistola.

– “No lo conviertas en algo personal, Granola.” – le dice una voz por radio. – “Esa no es la misión.”

– “Tsk…” – protesta el cereliano. – “Siempre me arruinas la fiesta, Hermila.”

– “Soy la voz de tu conciencia.” – bromea su compañero.

Broly se revuelve, y por un instante parece que ha sorprendido a Granola, pero gracias a su ojo, el cereliano reacciona instintivamente, agachándose y contraatacando con su mano estirada como una espada, insertándola entre las costillas del saiyajín.

Broly pierde su aura al instante y cae de rodillas al suelo.

– “Tienes suerte de que esté trabajando…” – dice Granola, poniendo la mano sobre el hombro del saiyajín mientras busca algo en su cinturón.

En la prisión de la Patrulla Galáctica, Jiren ha llegado. Okure clava su airada mirada en el patrullero, con el rencor acumulado de tantos años encarcelada.

Okure embiste. Jiren la espera y la agarra de las muñecas en el último momento.

– “Has cambiado mucho desde la última vez que luchamos.” – dice Jiren. – “Pero sigues sin ser rival para mí.”

Okure lucha para liberarse, sin éxito, y lo intenta propinándole un cabezazo. Jiren ni se inmuta.

– “Es inútil.” – sentencia el patrullero.

Ella lo sigue intentando desesperadamente.

– “¡¡GRRAAAAAH!!” – insiste ella, furiosa.

Ahora Jiren le propina un cabezazo y la suelta, haciéndola retroceder, aturdida.

– “Grrrrrrh…” – gruñe Okure.

– “Has matado a varios agentes.” – dice Jiren, muy serio. – “Serás juzgada de nuevo.”

Okure intenta propinarle un puñetazo, pero Jiren deja pasar el golpe, agarra la parte de atrás de su cabeza con la mano derecha y la estrella contra el pavimento.

– “No te resistas.” – dice el patrullero.

Okure, con la cara incrustada en el cemento, intenta ponerse en pie, pero Jiren puede retenerla con una sola mano en su cabeza. 

Las manos de la herjaín se incrustan en el suelo del esfuerzo.

– “No malgastes energías.” – insiste el patrullero.

Pero de repente, parece que Okure logra hacer retroceder la mano de Jiren unos centímetros.

– “¿Eh?” – se sorprende el haiirotoko.

Okure abre su boca y dispara un cañonazo de energía contra el suelo que hace estallar la zona por los aires, liberándose así.

Jiren retrocede, viendo como una columna de ki ha brotado el suelo y se desvanece poco a poco. El suelo está resquebrajado.

Okure sale de una rendija a espaldas de Jiren y extiende sus manos hacia delante, enrollándo al enemigo con hilos de ki.

El haiirotoko aviva su aura roja y se libera de la trampa fácilmente.

Okure, frustrada, prepara un ataque de ki en su mano derecha y lo lanza hacia el enemigo, pero Jiren extiende su mano hacia delante e intercepta el ataque.

– “Esto es peligroso…” – murmura el haiirotoko.

Jiren lanza un ataque de ki desde esa misma mano que empuja el ataque de Okure hacia el espacio, donde estalla. La onda expansiva sacude la base.

El haiirotoko habla por radio a través de un auricular.

– “Su poder destructivo es demasiado peligroso.” – dice Jiren. – “Puede que me vea obligado a eliminar al objetivo.”

– “¿Lo dices en serio, Jiren?” – se preocupa Jaco, por radio.

– “Lo siento.” – dice el haiirotoko.

– “Haz lo que debas.” – dice Jaco. – “Nuestro deber es proteger a la gente.”

Okure se prepara para atacar de nuevo y ya ha materializado una nueva esfera de ki en sus manos.

Jiren reaviva su aura y sale disparado hacia la herajín, a quien sorprende con un puñetazo en el abdomen. La esfera de ki se desvanece.

El haiirotoko con ambas manos unidas en un puño, propina un golpe en la espada de Okure, remitiéndola al suelo contra el que se estrella.

Jiren aterriza lentamente delante de ella y la apunta con la mano derecha.

– “No te levantes, Okure.” – dice Jiren.

Pero ella empieza a levantarse.

Jiren empieza a concentrar ki en su mano, formando una esfera roja.

– “Lo siento.” – sentencia el haiirotoko.

Pero Cheelai interviene.

– “¡ESPERA!” – exclama la brench, que corre hacia ellos y se interpone entre los dos.

– “¿Eh?” – se extraña Jiren.

– “¡No la mates!” – exclama ella. – “¡¿Qué vamos a decirle a Reitan?!”

Jiren desvanece su ataque de ki.

Cheelai sonríe.

– “Qué crédulos sois…” – dice ella, revelando un dispositivo en su mano derecha parecido a una granada.

Por radio, Cheelai habla al pinganillo de Jiren.

– “¡JIREN!” – exclama ella. – “¡NO SOY YO!”

Humo negro emana de la granada, cubriendo la zona.

En Ktal, Granola activa el mismo dispositivo, con idéntico resultado.

En Toi, Trunks aparece frente a Kamakiri.

– “¿Cuál es su propósito, Doctor?” – pregunta el mestizo con su inquisitivo ojo gris. – “¿Qué pretende?”

– “Lo siento, muchacho.” – dice Kamakiri. – “Quiero volver a ver a mi familia.”

– “Conozco su historia.” – responde Trunks. – “Pero las Dragon Balls ya no existen. No sé qué le han prometido, pero nada puede traerlos de vuelta.”

– “Soy un hombre de ciencia.” – dice el doctor. – “No hacen falta objetos mágicos para lograr dominar las leyes de la naturaleza.”

El mestizo entiende las palabras de Kamakiri, pues él mismo ha doblegado las leyes del Universo en varias ocasiones.

– “Pero tiene un precio, doctor.” – le advierte el mestizo.

– “Pagaré lo que haga falta.” – responde Kamakiri, bajando los brazos.

Humo negro aparece detrás de Trunks.

No muy lejos de allí, Reitan ha agarrado a Turles del cuello de su armadura le está propinando puñetazos en la cara… hasta que, de repente, el herajín se desploma.

Turles cae de rodillas al suelo y regresa a su estado base. Su nariz y boca sangran.

– “Justo cuando empezaba a divertirme…” – fanfarronea antes de dejarse caer al suelo, agotado.

Trunks se da la vuelta rápidamente, usando el salto temporal, pero el enemigo detiene el puñetazo con una mano.

Trunks y 7-3 se encuentran cara a cara. El humo negro rodea a los tres personajes.

En un intante, todos se esfuman.

En Ktal, Granola y Broly han desaparecido. En la prisión, Jiren, Okure y la falsa Cheelai.

En el Planeta Sagrado, Zamas mira al cielo, observando lo sucedido con sus ojos de Kaioshin.

– “¿Qué está pasando?” – se pregunta. – “¿A qué nos estamos enfrentando?”

De repente, el Dios siente una terrible sensación proveniente de un punto opuesto del Universo.

El Dai Kaioshin se da la vuelta, aterrado.

– “No… no puede ser…” – titubea mirando al infinito. – “¿Ha sido todo una distracción?”

DBSNL // Capítulo 278: Hombre en la sombra

DBSNL // Capítulo 278: Hombre en la sombra

“Esto me da mala espina…”

En el planeta Toi, los cuatro miembros de la Time Patrol se adentran en la nave estrellada.

– “No hay nadie…” – murmura Tapion.

– “Habrán muerto en el accidente.” – dice Turles.

– “Aun así, no hay cadáveres.” – reflexiona Meerus.

– “Esto es extraño.” – dice Reitan. – “No bajéis la guardia.”

Los cuatro llegan a una gran bodega central rodeada por los balcones de una docena de pisos. El lugar está vacío.

– “¿Tampoco hay carga?” – se pregunta Tapion.

– “Esto me da mala espina…” – frunce el ceño Reitan.

En ese instante, unos extraños gruñidos y una multitud de pasos retumban desde cada pasillo que rodea la bodega.

Mientras tanto, en Ktal, Broly y Kale patrullan la calle principal, paseando tranquilamente.

– “Un día deberíamos venir por aquí a pasarlo bien.” – sonríe ella.

El saiyajín la ignora. Su atención sigue puesta en los alrededores desde que ha sentido ese pico de ki en la zona.

– “¿Me estás escuchando?” – insiste ella.

– “¿Eh?” – reacciona él. – “Sí…”

– “¿Qué he dicho?” – pregunta ella, mirándolo inquisitiva.

– “Pues… bueno…” – dice Broly, nervioso.

Pero de repente, algo se acerca. Un disparo.

Broly empuja a Kale, que sale disparada hacia un escaparate que atraviesa.

Un certero rayo de ki deja un agujero perfecto en el pavimento.

Broly se envuelve en su aura verde, pero sin llegar a transformarse, y sale volando hacia el origen del disparo.

En un instante llega a una azotea vacía.

El saiyajín mira a su alrededor.

– “Ha desaparecido de nuevo…” – piensa Broly, que busca con la mirada en cada azotea a su alrededor.

De nuevo, otro disparo. Broly reacciona tan rápido como puede, pero el ataque le roza la mejilla.

– “Tsk…” – protesta el saiyajín, dándose la vuelta.

Broly atraviesa una ventana, entrando en un ático vacío y a oscuras.

– “¿Dónde se ha metido?” – se pregunta, cada vez más furioso.

Al final del pasillo, un punto rojo llama su atención.

Antes de que Broly pueda reaccionar, recibe un disparo verde en el abdomen que estalla con el impacto y hace explotar gran parte del edificio.

Broly, humeante, sale disparado a varios metros de distancia y se precipita sobre la transitada calle, donde cunde el pánico.

Aturdido, el saiyajín se levanta mientras sacude la cabeza. Frente a él, bajo el edificio en llamas desde el que llueven cascotes, un individuo le espera de pie, vestido con un atuendo de doble botón sin mangas de color verde grisáceo encima de una camiseta corta de color verde oscuro, pantalones del mismo color, un cinturón, guantes, botas de cuero, con una bufanda que le cubre el rostro, revelando solo su ojo derecho, cuya pupila brilla de color rojo; Granola.

En Gelbo, Punch y Gohan siguen discutiendo en mitad del mercado cuando una neblina oscura gana terreno entre los pies de la gente, sin que nadie se dé cuenta.

Toppo es el primero en sentir que algo no va bien.

De repente, entre la multitud, un individuo vestido de negro camina hacia ellos.

Toppo instintivamente adelanta a Punch y Gohan y se sitúa entre ellos y el extraño.

Punch y Gohan, tras ver a su instructor reaccionar de esa forma, se percatan de la presencia del individuo.

Punch lo mira detenidamente y lo reconoce; es el fantasma que lo noqueó hace siete años.

– “7-3…” – murmura el patrullero.

Mientras tanto, en la prisión de la Patrulla Galáctica, Shisami ya se ha marchado con Avo y Cado. Jaco y Cheelai regresan al puesto de mando.

– “Tengo que revisar los papeles de un prisionero.” – dice Jaco. – “¿Nos vemos en unos minutos en el centro de mando?”

– “De acuerdo.” – dice Cheelai.

Jaco camina por los pasillos de las instalaciones, adentrándose en el ala de alta seguridad, hasta detenerse frente a una celda de metacrilato en la que hay una mujer despeinada de cabello rojo y piel azulada; Okure. Ella está maniatada con los brazos en cruz, con un collar supresor de ki.

– “Siete años…” – suspira Jaco mientras entra en la celda.


Ella lo ignora, agotada.

En la nave Imperial, Shisami está en su camarote, cuando un soldado le trae a Avo y a Cado, aún esposados.

Shisami, que les da la espalda y mira al espacio por el ojo de buey, hace un gesto con la mano y ordena así que los liberen. El soldado abandona la sala.

Avo y Cado se masajean las muñecas, doloridas por los grilletes.

– “Señor Shisami…” – hace una reverencia Avo.

– “Gracias por rescatarnos…” – dice Cado, mostrando sus respetos de igual forma.

– “Lo de Unda fue una emboscada…” – continúa Avo.

– “Si no hubiera sido por ese Jiren…” – se excusa Cado.

Pero Shisami sigue mirando a la nada. Avo y Cado se miran entre ellos, extrañados y nerviosos.

En Toi, la Time Patrol se ven rodeada por un centenar de enemigos muertos con aspecto de ave, que se abalanzan sobre ellos.

Tapion y Reitan usan sus espadas para cortarlos por la mitad o desmembrarlos, pero las partes cercenadas siguen avanzando hacia ellos. Meerus usa su pistola con un resultado parecido. 

Turles los repele a golpes, pero no tarde en verse superado por la gran cantidad de enemigos, que empiezan a amontonarse sobre él.

– “Tsk…” – protesta el saiyajín.

Los demás intentan ayudar a Turles, pero pronto sufren la misma suerte. Los enemigos empiezan a acumularse y a amontonarse.

– “Muertos vivientes…” – protesta Meerus. – “Esto me resulta familiar…”

Entre el montón de enemigos, Meerus puede ver una silueta en uno de los balcones, moviendo sus dedos como si manejara marionetas.

– “Es él…” – murmura el patrullero. – “¡En el balcón siete!” – exclama.

Reitan logra ver al misterioso hombre a través de un pequeño hueco entre la cantidad de enemigos que tiene subidos encima.

– “¡Ya lo veo!” – exclama el herajín.

Con un estallido de ki, Reitan se transforma y repele a todos los cadáveres que se estrellan contra las paredes de la nave y contra los balcones.

Meerus frunce el ceño al identificar al enemigo.

– “Kamakiri…” – dice el patrullero.

El herajín, espada en mano, sale volando hacia el enemigo.

Pero el titiritero extiende sus manos y detiene a Reitan en el aire.

– “¡¿EH?!” – se sorprende el herajín, incapaz de moverse.

Con un movimiento de sus dedos, el enemigo hace que Reitan suele su espada, que cae al suelo y queda clavada.

Turles, Tapion y Meerus miran sorprendidos a Reitan, que lentamente desciende hasta el suelo.

– “Reitan, ¿qué ocurre?” – pregunta Meerus.

– “No lo entiendo…” – dice Reitan, dándose la vuelta.

Reitan agarra su arma.

– “Cuidado…” – dice el herajín. – “Alejaos de mí…”

– “¿Qué?” – se extraña Tapion.

– “¡OS VOY A ATACAR!” – exclama Reitan.

De repente, Reitan se lanza sobre el grupo.

Tapion intercepta el espadazo del herajín con su propia espada, pero ésta sale repelida hasta clavarse en una pared.

Turles y Meerus se abalanzan sobre Reitan e intentan agarrarlo, consiguiendo desarmarlo, pero el herajín es demasiado poderoso y logra sacárselos de encima fácilmente.

– “¡Lo siento!” – exclama Reitan. – “¡No puedo controlarme!”

Turles frunce el ceño, frustrado.

– “Maldita sea…” – gruñe el saiyajín. – “¡Al fin un combate interesante!” – sonríe repentinamente.

– “¡¿EH?!” – se preocupa Reitan.

El saiyajín aprieta sus puños y su musculatura se tensa. Su cabello se eriza, sus pupilas brillan de color verde.

– “¡¡YAAAAAAAAH!!” – grita Turles, transformándose en Súper Saiyajín.

El saiyajín carga contra su compañero. Turles propina un puñetazo al herajín, que lo detiene con su antebrazo.

– “¡¡JAJA!!” – exclama Turles.

– “¡SIGO SIENDO YO!” – exclama Reitan, preocupado ante el entusiasmo de Turles.

Los dos se enzarzan en un violento intercambio de golpes.

Meerus, aturdido, mira a Kamakiri desde la distancia.

– “¿Desde cuándo puede manipular a alguien vivo?” – se pregunta.

En Ktal, Broly y Granola se encuentran cara a cara cuando Kale, transformada en Súper Saiyajín, cae sobre el cereliano, que tiene que retroceder para esquivarla.

– “¡ES MÍO!” – exclama ella, que vuela tras él.

Granola detiene su retroceso repentinamente y prepara su mano derecha extendida como si fuera una espada.

– “¡ESPERA, KALE!” – exclama Broly.

Granola intercepta el avance de la saiyajín golpeándola con los dedos de la mano en la boca del estómago de forma certera. 

Kale pierde su transformación al instante y se desmaya sobre el hombro de Granola.

– “¡¡KALE!!” – grita Broly, preocupado.

– “Escoria saiyajín…” – murmura Granola.

El cereliano, centrado en Broly, lanza a Kale hacia un lado.

Broly aprieta sus puños. Su ki se eleva. Su aura verde se reaviva. Su cabello se tiñe del mismo color.

– “¡¡GRAAAAAAAAAH!!” – grita el saiyajín, transformándose.

Los edificios se resquebrajan a su alrededor. Los cristales de las ventanas estallan y llueven sobre las aceras. El pavimento se rompe y sale vapor de las tuberías subterráneas.

– “Un poder destructivo descomunal…” – murmura Granola. – “Como era de esperar de un saiyajín… No importa si se disfrazan de patrulleros… Su naturaleza sigue siendo la misma.”

Broly ataca, pero Granola, gracias a su ojo rojo, puede anticiparse su enemigo y esquiva el puñetazo para contraatacar con un upper-cup… pero Broly ni se inmuta.

– “¿Eh?” – se sorprende Granola.

– “¡¡YAAAAH!!” – grita Broly.

El saiyajín propina un codazo al cereliano estampándolo contra el suelo y luego intenta pisarlo, pero éste rueda y se levanta de un golpe, recuperando la distancia.

– “Qué resistencia…” – dice Granola, impresionado, mientras su ojo busca un punto débil.

Broly embiste.

En Gelbo, Toppo ordena a los jóvenes que retrocedan. La gente mira confusa al patrullero.

– “¡Atrás!” – dice Toppo. – “No intervengáis.”

– “¡Es él!” – exclama Punch. – “¡Es el tipo que nos atacó en Unda hace siete años!”

– “¿Eh?” – se sorprende Toppo, que observa detenidamente a su contrincante.

El 7-3 echa un vistazo a su alrededor, ignorando a los tres patrulleros.

– “Así que es él…” – piensa Toppo. – “¿Qué hace aquí?”

La mirada de los dos se cruza y Toppo se da cuenta de algo.

– “¡Entonces puede…!” – piensa el patrullero, apretando los puños.

En ese instante, 7-3 aparece frente a él y le propina una patada en el abdomen, lanzándolo a través del mercado, rompiendo varios puestos por el camino.

– “¡SEÑOR TOPPO!” – se asusta Gohan.

Cunde el pánico entre la gente.

Punch mira con rabia a 7-3.

– “¡MALDITO!” – embiste contra él.

Punch se abalanza contra el enemigo y le propina un puñetazo, pero este lo detiene sin inmutarse.

En un parpadeo, 7-3 contraataca, pero sorprendentemente, Punch detiene el puñetazo.

– “¡El salto temporal!” – alucina Gohan, con ojos como platos.

Toppo, aturdido, mira el intercambio de golpes.

– “Así que lo has estado entrenando, ¿eh, chico?” – sonríe el viejo.

Punch y 7-3 intercambian varios golpes invisibles para los ojos de Gohan. Punch sufre con cada ataque, pero 7-3 solo está usando una mano.

– “Tsk…” – sufre Punch.

De repente, Punch parece notar algo en los ojos artificiales del enemigo.

– “¡APÁRTATE, MUCHACHO!” – exclama Toppo.

Punch sale de su trance y se agacha. Toppo se apoya en sus largos brazos y se impulsa hacia delante para propinar una doble patada al enemigo, que se cubre con ambos brazos y retrocede unos pocos metros.

Toppo le apunta con el brazo extendido y empieza a disparar a discreción contra 7-3.

Explosiones se suceden una tras otra, llenando la calle de humo y polvo.

En un parpadeo, 7-3 aparece detrás de Toppo.

– “¡¿EH?!” – se da cuenta el patrullero.

Toppo se revuelve con la intención de golpear al enemigo con el canto de la mano, pero éste lo detiene y contraataca propinándole un certero con el nudillo golpe cerca del hombro para luego rematarlo con una fuerte patada en el estómago que lo lanza a varios metros de distancia.

Punch y Gohan se ponen en guardia, creyéndose los siguientes.

Toppo se pone en pie. Su brazo no responde tras el golpe.

– “Maldición…” – gruñe el patrullero. – “Su técnica es impecable…”

El 7-3 busca a su alrededor una vez más, y luego da la espalda a los chicos y se aleja. El humo negro pronto reaparece bajo sus pies.

Punch aprieta sus puños con rabia.

– “No puede ser… ¡NO PUEDE SER!” – exclama mientras carga contar 7-3.

– “¡NO, PUNCH!” – exclama Gohan, que intenta seguirlo.

Pero 7-3 se desvanece ante sus ojos.

Punch parece frustrado, mirando a su alrededor.

– “¿Dónde se ha metido?” – refunfuña el joven patrullero.

Toppo respira aliviado, pero confuso.

– “¿Y se marcha sin más?” – se pregunta el patrullero. – “¿A qué ha venido?”

En la prisión de la Patrulla Galáctica, Jaco camina alrededor de Okure, en su celda.

– “Siete años aquí encerrada.” – dice Jaco. – “Mientras Reitan juega a los patrulleros con sus amigos.”

Ella levanta la mirada.

– “Ni siquiera ha venido a verte.” – continúa Jaco. – “Os traicionó.”

– “Cuando… cuando salga de aquí…” – gruñe ella.

– “No vas a salir de aquí.” – dice Jaco. – “No sin mi ayuda.”

Jaco saca una jeringuilla de su cinturón.

– “Shamo me ha hablado bien de ti. Quiere que te dé otra oportunidad.” – dice Jaco. – “A pesar de que fracasaras en tu misión de Unda.”

– “Tú…” – gruñe ella.

– “Trabaja para mí una vez más.” – dice Jaco. – “Y te daré el poder para vengarte.”

Cheelai llega al puesto de mando y se topa con Jaco saliendo del baño, atándose el cinturón.

– “¿Qué haces aquí?” – se sorprende ella.

– “Tuve un apretón…” – se excusa él. – “Cuando quieras vamos a por Avo y Cado. Al Imperio no les gusta esperar…”

– “¿Eh?” – dice ella, confusa.

De repente, la base retumba y suenan las alarmas. 

– “¡¿Qué ha pasado?!” – pregunta Jaco.

– “¡Una fuga!” – alerta un patrullero.

Una nueva explosión hace retumbar las instalaciones.

– “Maldita sea…” – gruñe Cheelai.

Una docena de patrulleros acuden al lugar de la explosión y se topan con gran parte del complejo en llamas. Entre el fuego se adivina una silueta de gran estatura y musculatura hiperdesarrollada, de aspecto salvaje, piel verde claro y melena roja.

A través de las cámaras de seguridad, Cheelai y Jaco ven a sus hombres siendo masacrados por la transformación de Okure.

– “¿Qué significa esto?” – se pregunta Jaco. – “¿Cómo ha pasado?”

– “Voy a tener que llamar a los refuerzos…” – dice Cheelai.

Okure tiene a un patrullero agarrado de una pierna y lo estampa contra el suelo repetidas veces, de forma brutal.

Pero de repente, alguien aterriza detrás de ella; Jiren ha llegado.

En Toi, Reitan y Turles siguen enzarzados en un terrible duelo. Intercambian violentos golpes que retumban por toda la nave.

Meerus y Tapion intentan avanzar hacia Kamakiri, pero son continuamente retenidos por los cadáveres enemigos. Meerus usa su arma en modo espada de luz para desmembrarlos y abrirse paso, pero siempre hay más.

Turles retrocede y se limpia la sangre del labio.

– “Parece que me he vuelto bastante fuerte…” – sonríe Turles.

– “Por suerte me mueve de forma torpe…” – protesta Reitan. – “Pero estás haciendo un buen trabajo.”

– “Voy a noquearte.” – dice Turles, reavivando su aura.

De repente, las puntas de los dedos de Kamakiri brillan con luz morada.

Los ojos de Reitan se ponen en blanco.

– “¿Eh?” – se sorprende Turles.

Reitan ataca de repente.

Turles esquiva el golpe e intenta retroceder, pero se da cuenta de que hilos de ki están enganchados en su pierna.

Reitan tira de ellos con fuerza y lanza a Turles contra la pared de la nave, abriendo un agujero y saliendo disparado al exterior.

En el aire, Turles recupera la estabilidad.

– “¿Ahora puede usar las técnicas de Reitan?” – frunce el ceño. – “Esto será más difícil…”

Reitan sale volando hacia Turles, pero de repente es interceptado por una espada que cae sobre su nuca con la empuñadura por delante, lanzándolo contra el suelo.

Turles busca a su alrededor y ve a Mirai Trunks, de pie sobre una columna de basalto, que reclama su espada.

– “¿Qué está pasando aquí?” – se pregunta el mestizo.

DBSNL // Epílogo: Negocios sucios

DBSNL // Epílogo: Negocios sucios

“La codicia es su debilidad, Gran Gurumes…”

En los barrios pobres del planeta Unda, en el sector Dormideus, de noche, un pequeño ser encapuchado, cubierto por una túnica negra, se acerca a la entrada de un local. A su alrededor, gente que parece borracha pasa caminando. Alguno está en el sentado en el suelo medio dormido. 

Una rendija se abre en la puerta, revelando unos ojos inquisitivos.

– “Este es un club privado.” – dice el portero, que tiene que mirar hacia abajo para poder ver al recién llegado.

– “Dígale al señor Gurumes que vengo a buscar un paquete.” – dice el pequeño con voz estridente.

El portero cierra la rendija y tras unos segundos abre la puerta.

– “Adelante.” – invita al encapuchado.

El pequeño ser entra en el local y, escoltado por un portero de piel morena, gran envergadura, musculado y rastas moradas, baja unas escaleras, llegando así a un salón de fiestas oscuro con luces de neón y con música tan alta que hace retumbar el local. Gente de distintas razas bailando desinhibida.

Juntos cruzan la pista de baile. Entre la gente se divisa en el fondo de la sala a un orondo personaje sentado en un sofá, rodeado de bellas mujeres. Es un ser feo y casi deforme, de piel morada y orejas puntiagudas, con un ojo más grande que el otro.

El portero se acerca al anfitrión y le anuncia la llegada del invitado.

– “¡Al fin llegas!” – dice Gurumes, con voz ronca, levantando la mano y haciendo que se detenga la música. – “¿Has cumplido?”

La gente observa la escena.

El encapuchado revela su rostro; es el contrabandista Shamo.

– “¡Gran Gurumes!” – hace una reverencia. – “Ya sabe que no falto a mi palabra.”

– “Estupendo…” – dice el orondo anfitrión, dando un trago vino y derramándose por encima una parte. – “¿Y el pago?”

– “Aquí lo tiene.” – dice Shamo, que abre su capa para revelar un maletín.

El contrabandista coloca el maletín sobre una mesita frente a Gurumes y lo abre. Está repleto de azulejos, lo que provoca el murmullo de la gente, impresionada ante tal cantidad de dinero.

– “¡Jajaja!” – ríe Gurumes. – “¡Perfecto!”

– “¿Y la mercancía?” – pregunta Shamo.

– “Verás, Shamo…” – dice el anfitrión. – “Resulta que el Imperio también está interesado en lo que poseo…”

Dos personajes rechonchos idénticos entre sí se ponen en pie, uno de piel roja y otro de piel azul, y se quitan sus abrigos, revelando armaduras imperiales.

– “Lo siento, viejo amigo.” – dice Gurumes. – “Pero ellos pagan mejor.”

Shamo frunce el ceño, molesto ante la traición.

– “¿Le han dado un extra por capturarme a mí?” – pregunta el traficante.

– “¡Por supuesto! ¡Jaja!” – ríe el anfitrión.

El soldado azul camina hacia Shamo y se dispone a agarrarlo, pero en ese instante recibe un golpe que lo lanza contra la pared, incrustándolo en ella de cabeza.

– “¡¿Qué?!” – se sorprende Gurumes.

Alguien ha aparecido de entre la multitud y ha intervenido, bajo una capa marrón y una bufanda que le cubre la cabeza, se intuye una silueta de mujer.

El soldado rojo se pone en guardia.

Gurumes se da cuenta de que la mujer lleva un maletín en la mano.

– “¡¿Qué?! ¡¿Cómo?!” – se alarma el anfitrión. – “¡ME HAN ROBADO!”

Shamo recoge el maletín de azulejos.

– “La codicia es su debilidad, Gran Gurumes…” – dice Shamo, decepcionado.

Gurumes lo mira desquiciado.

– “¡¡MATADLOS!!” – grita el orondo personaje.

La mujer agarra a Shamo de la capucha, dejando atrás los azulejos y, saltando entre enemigos a los que va pateando, logra llegar a las escaleras y después salir del local.

Ella corre por las calles nocturnas de Unda, esquivando gente alterada, con Shamo bajo el brazo y el maletín robado en la otra mano, perseguida por decenas de hombres de Gurumes.

De repente, una luz amarilla ilumina la noche. Ella se da la vuelta y ve una gran esfera de energía aproximándose rápidamente.

Ella lanza el maletín y a Shamo hacia un lado y recibe el impacto del ataque, que la empuja hasta un edificio al final de la calle y estalla por los aires.

Un gigante de piel morada y gran papada adelanta con paso firme a los hombres de Gurumes.

– “¿Crees que el Imperio ha mandado a cualquiera?” – presume con voz profunda. – “¡Soy AvoCado! ¡Dos en uno en brigada anticontrabando!”

Shamo, asustado, abraza el maletín robado.

– “S… sabía que no era tan buena como Lemin…” – titubea el traficante.

Avocado se agacha sobre Shamo.

– “Estás detenido.” – dice el monstruoso soldado.

Pero de repente, un estallido de ki verde nace de los escombros de la explosión. La mujer sale como una centella y propina un puñetazo en la cara de Avocado, tumbándolo sobre una manzana de edificios.

Shamo se queda asombrado.

– “¡Nunca dudé de ti!” – exclama el contrabandista.

– “¡Aléjate!” – le apresura ella.

Shamo asiente y empieza su carrera.

Sobre un tejado cercano, Jaco y Cheelai observan la escena acompañados por un joven patrullero; Punch.

– “No esperaba que esto se complicara tanto…” – murmura Jaco.

– “Shamo se ha buscado una guardaespaldas poderosa…” – dice Cheelai. 

– “Y el Imperio ha mandado a AvoCado.” – dice Jaco. – “Esto es serio.”

– “Mi primer combate…” – golpea los puños Punch.

– “¡Ni en broma!” – le regaña Cheelai.

– “¿Eh?” – se deprime Punch. – “¡Pero ya estoy preparado!”

Cheelai aprieta un botón de su cinturón.

– “He solicitado refuerzos.” – dice ella.

– “Tú te quedarás aquí.” – dice Jaco.

– “Qué mal día para llevarlo a su primera experiencia de campo…” – refunfuña Cheelai. – “Strai me va a matar…”

El gigante se levanta.

– “Así que esas tenemos, ¿eh?” – dice antes de escupir al suelo.

El grandullón prepara un puñetazo, pero una voz le detiene.

– “¿Qué hace el Imperio en este sector?” – pregunta el recién llegado.

AvoCado mira a su izquierda y se encuentra con Jaco suspendido en el aire de brazos cruzados, a poca distancia de su cara.

– “Patrulleros…” – gruñe AvoCado.

La protectora de Shamo se sorprende al ver a Jaco.

– “Nunca van solos…” – refunfuña.

– “Exacto.” – dice Cheelai, que le apunta con el arma por la espalda. – “Por favor, no te muevas.”

– “No tengo tiempo para jugar, amiga.” – dice la enmascarada. – “Lo siento.”

La mujer se revuelve y desarma a Cheelai, que retrocede de un salto.

AvoCado intenta cazar a Jaco, pero éste usa los propulsores de sus botas para revolotear a su alrededor.


Punch observa la escena desde el tejado.

– “Me dijeron que no interviniera…” – rechina sus dientes, nervioso.

Pero en ese instante ve al final de la calle a Shamo corriendo con su maletín.

El pequeño contrabandista ve interrumpida su huida cuando Punch aterriza frente a él.

– “¿Eh?” – se sorprende Shamo. – “La Patrulla Galáctica…” – dice al ver el uniforme.

– “Está detenido.” – dice Punch.

– “Apártate, niñato…” – refunfuña Shamo, frustrado.

– “Deme el maletín.” – dice Punch.

Un resplandor rojo en el cielo. Shamo alza la mirada. Como si de un meteorito se tratara, algo cae a escasas manzanas de ellos, donde tenía lugar el combate.

– “Han llegado los refuerzos.” – sonríe Punch.

Nervioso, Shamo saca un pequeño comunicador de su capa.

– “Lo siento, muchacho…” – dice al apretar dos botones del teclado numérico.

Una extraña niebla aparece detrás de Punch. Una silueta humanoide se intuye en ella.

El chico se da la vuelta, pero no parece tener miedo. 

Punch aprieta el puño. El tiempo se detiene y él salta sobre el enemigo, puño en alto.

Pero de repente, Punch recibe un puñetazo en el estómago. El tiempo recupera su flujo habitual. El chico cae al suelo, dolorido.

Shamo, con el maletín, se adentra en la neblina.

– “¡Vámonos!” – dice el contrabandista.

Poco a poco, Punch pierde el conocimiento, mientras ve a sus enemigos desvanecerse.

Mientras tanto, AvoCado está inconsciente en mitad de la calle frente a la figura impertérrita de un patrullero uniformado de piel gris.


La chica mira al imponente guerrero, sabiéndose la siguiente.

– “Maldita sea…” – protesta impotente.

De repente, su musculatura aumenta bajo los ropajes que la cubren. Su poder se incremente rápidamente.

– “¿Una transformación?” – se pregunta Cheelai al verlo.

Ella embiste con todo, pero Jiren extiende su mano y con un empujón de ki la frena y luego la repele hasta estrellarla contra un edificio que se derrumba sobre ella.

La mujer no tarda en salir de los escombros. Su disfraz se ha roto y revela su piel verde y su cabello rojo.

– “¡¿Una herajín?!” – se sorprende Cheelai al verla.

Malherida, aviva su aura de nuevo.

– “¡Te mataré!” – exclama, furiosa.

Pero Jiren se encuentra ya a su lado y la noquea con un golpe certero en la nuca.

Cheelai y Jaco suspiran. Todo ha terminado.

– “¿Puedes hacer las detenciones?” – dice la brench. – “Voy a ver a Punch.”

– “Claro.” – Jaco levanta el pulgar.

La patrullera regresa a la azotea, pero no está Punch.

Ella lo busca en los alrededores y finalmente lo ve tendido en mitad de la calle.

– “¡PUNCH!” – exclama ella, que corre a socorrerlo.

Punch se despierta, aturdido.

– “Te dije que te quedaras en la azotea.” – le riñe Cheelai, preocupada por él.

– “Se han escapado…” – dice Punch.

– “No, tenemos a AvoCado y a la mujer.” – dice Cheelai. – “Shamo, por sí solo, no puede andar muy lejos. Lo encontraremos.”

– “No…” – dice Punch.

Horas más tarde, en Puesto de Mando de la Patrulla Galáctica, Lemon presta declaración a Punch en una sala de interrogatorios. Mientras tanto, Okure y AvoCado son interrogados por separado.

– “Punch… Era tu primera misión… Puede que la tensión te superara…” – dice Lemon.

– “Tengo claro lo que pasó.” – insiste Punch. – “Shamo pidió refuerzos y alguien lo recogió. Intenté detenerlo, pero mi burló mi salto temporal…”

– “Eres joven e inexperto.” – dice Lemon. – “En los informes consta que aún no dominas esa técnica…”

– “¡Lo burló!” – reitera Punch.

– “Está bien…” – suspira Lemon. – “Repasemos otra vez los hechos.”

Al otro lado del cristal, Trunks y Cheelai observan la conversación.

– “Se ha armado un gran revuelo por ser solo Shamo…” – dice Trunks. – “El tipo se las trae, pero para involucrar al Imperio…”

Un mensaje alerta a Cheelai que mira el ordenador de muñeca.

– “Parece que ya sabemos lo que contenía el maletín…” – dice Cheelai, mientras lee el documento.

Punch continúa.

– “Shamo pidió refuerzos.” – dice Punch.

– “¿Cómo lo hizo?” – pregunta Lemon.

– “Tecleó en un dispositivo.” – dice él.

– “¿Pudiste ver qué tecleó?” – pregunta Lemon.

– “Dos cifras.” – dice Punch. – “7-3”

Cheelai sigue leyendo el informe hasta que allá la respuesta.

– “¿De qué se trata?” – pregunta Trunks.

– “No te lo vas a creer…” – dice ella, sorprendida.

En el laboratorio de Raichi, Shido abre el maletín, revelando el trozo de cola de Freezer que le fue cercenada en Namek.

– “Excelente.” – sonríe el diablo.

DBSNL // Capítulo 276: El mal no descansa

DBSNL // Capítulo 276: El mal no descansa

“Para odiar tanto como él, necesitas haber amado aún más.”

En la Corporación Cápsula, Marron, Bra, Pan, Ub, Goten y Goku Jr están reunidos en el salón. Lapis, Lázuli, Mai, Yamcha, Suno y Baicha están en el jardín. Todos a la espera de noticias.

Vegeta está descansando en una habitación, con sudores fríos y claro malestar. Bulma está sentada a su lado, preocupada, agarrándole la mano. 

En el laboratorio, Oli, Hedo y Trunks trabajan reparando al Gamma 2.

Son Gohan y Piccolo están en el balcón. El primero se apoya en la barandilla mientras suspira.

– “Ha estado cerca…” – dice el mestizo. – “Llevábamos una buena racha pacífica…”

– “La paz no es eterna.” – añade Piccolo. – “Los peligros seguirán acechándonos siempre, y sin Son Goku, la Tierra es más vulnerable.”

– “Los chicos lo hacen bien.” – dice Gohan.

– “Vegeta y tú no estaréis siempre aquí…” – dice el namekiano. – “Yo tampoco.”

– “¿Crees que deberían esforzarse más?” – pregunta Gohan.

– “Creo que la paz pasa factura.” – responde Piccolo esbozando una media sonrisa. – “Lo sabes mejor que nadie.”

– “Bueno…” – se sonroja Gohan. – “Yo ya aprendí esa lección…”

– “Les toca a ellos.” – dice Piccolo.

En el salón, Ub, Bra, Pan, Goten y Marron hablan lo ocurrido. Goku Jr juega con un viejo tren de juguete que perteneció a Trunks en algún momento.

– “Pensar que se puede resucitar un mal así… potenciado de esa forma…” – dice Goten. – “Es terrible.”

– “Hedo dice que recibió una misteriosa ayuda.” – dice Bra.

– “Sin duda ese poder no era mortal…” – dice Ub.

– “¿Qué sugieres?” – dice Pan.

De repente, Vegeta aparece, con el cuerpo vendado, cojeando, apoyado en Bulma.

– “Ha sido un demonio.” – interrumpe Vegeta.

– “Papá…” – sufre Bra al verlo en ese estado.

– “Vegeta, deberías descansar…” – dice Goten.

– “No hay tiempo…” – protesta el saiyajín, intentando caminar solo.

– “¡No seas terco!” – le riñe Bulma.

Con el alboroto, Piccolo y Gohan entran al salón.

Vegeta casi se cae, teniendo que apoyarse en el respaldo del sillón.

– “¿Qué ocurre, papá?” – le ayuda Bra.

– “Un demonio tsufur…” – dice Vegeta.

– “¿Un tsufur?” – se sorprende Gohan, conocedor de la historia saiyajín.

– “Uno que presume de habernos creado a nosotros…” – dice Vegeta, entre dientes.

Gohan se queda petrificado.

– “No… no será…” – tartamudea el mestizo.

– “¿Lo conoces?” – se sorprende Piccolo.

– “Si los textos Kaioshin son correctos, solo se me ocurre un nombre…” – dice Gohan, frunciendo el ceño. – “Raichi.”

– “¿Raichi?” – se extraña Vegeta, que jamás lo había oído antes.

Gohan se cruza de brazos, pensativo y nervioso.

– “Tengo que revisar los textos…” – dice el mestizo. – “Y puede que la Patrulla Galáctica haya averiguado algo durante todos estos años… Puede que hayan oído alguna historia sobre un superviviente tsufur…”

Ub da un paso al frente.

– “Yo te llevo.” – dice el chico de Isla Papaya, ofreciéndole la mano. – “¿Vamos al Planeta Sagrado?”

– “Sí.” – asiente Gohan. – “Zamas nos ayudará.”

Bra asiente.

– “Nosotros nos comunicaremos con la Patrulla Galáctica.” – dice la hija de Vegeta.

– “Katopesla estará encantado.” – dice Pan.

Gohan y Ub desaparecen.

Pino, apoyado en una esquina, se reincorpora.

– “Cuando el doctor Hedo y los demás hayan reparado al Gamma 2, exploraremos las ruinas de la base roja.” – dice el androide. – “No creo que encontremos nada, pero hay que intentarlo.”

En el laboratorio de la Corporación, Hedo trastea los circuitos de la columna de Gamma 2. Trunks le pasa un destornillador.

– “Espero que un día podáis perdonarme…” – dice Hedo.

Un silencio incómodo.

Hedo agacha la cabeza y sigue trabajando.

– “Siempre hay espacio para mejorar.” – dice Trunks. – “Pero creo que eres tú quien debe perdonarse.”

Hedo lo mira con sorpresa.

– “El chito tiene razón.” – añade Oli. – “Creo que te queda mucho que aprender si quieres superar a Gero.”

– “Creo que… creo que voy a dejar la ciencia.” – dice el rechoncho doctor.

– “Eso sería muy cobarde.” – dice Trunks.

– “¿Eh?” – se extraña Hedo.

– “Tienes un don que muchos desearían.” – dice Trunks. – “Lo mínimo que puedes hacer es intentar compensar tus errores trabajando.”

– “No eres Gero.” – dice Oli. – “Pero puedes ser mejor que él.”

– “¿Tan terrible era el abuelo?” – dice Hedo. – “¿Tanto odio albergaba?”

– “Para odiar tanto como él, necesitas haber amado aún más.” – dice Oli. – “Gero quería a su hijo y me quería a mí. La pérdida lo transformó.”

Hedo asiente.

– “Intentaré compensar mis errores.” – dice el doctor.

– “Te pareces más a Gero de lo que crees.” – dice Oli, con media sonrisa.

– “¿Eh?” – se sorprende Hedo.

El Gamma 2 abre los ojos.

– “Padre…” – murmura el androide.

– “¡OH!” – se emociona Hedo. – “¡Número 2!”

Oli y Trunks sonríen.

Mientras tanto, Vegeta ya descansa de nuevo en su cama, con Bulma al lado.

De repente, Krilín entra corriendo a la habitación.

– “¡Las tengo!” – dice el terrícola, levantando un pequeño saco de semillas senzu.

Bulma le quita el saco y enseguida le da una a Vegeta, que la mastica con dificultad.

Pero el pobre Vegeta sigue en aparente sufrimiento.

– “¿Qué?” – se extraña Krilín.

Bulma pone la mano en la frente del saiyajín.

– “Sigue con fiebre…” – dice ella, asustada.

– “La semilla no ha hecho efecto…” – añade Krilín, con estupor.

– “Vegeta…” – sufre Bulma, agarrándole la mano a su marido.