DBSNL // Capítulo 380: Vaqueros

DBSNL // Capítulo 380: Vaqueros

“Sin duda estás anclado en las viejas costumbres.”

En la cueva, el minotauro está sentado junto al fuego, al lado de Broly, que lo acompaña con actitud relajada y una sonrisa amable. Gladyola está de pie a su lado, de brazos cruzados, aún magullada. Panzy está junto a la guerrera, pero un poco escondida detrás de ella, después de haber tenido que huir de la bestia. Sambuco se ha quedado unos pasos por detrás, también receloso del toro.

– “Esos bandidos…” – explica el minotauro. – “Atacaron a mi manada hace cinco noches… ocho… quince… No han parado de perseguirnos hasta que han capturado a todas mis chicas.”

– “La granja que vi al otro lado del bosque…” – piensa Sambuco.

– “¿Tan fuertes son?” – se extraña Broly. – “Porque si han podido contigo…”

– “Lo son.” – explica el toro. – “Además, son forasteros. Tienen herramientas de otros mundos. Intenté detenerlos, pero no pude…” – aprieta los puños con rabia.

El minotauro golpea el suelo con ira.

– “¡DEBÍ HABER PELEADO HASTA EL FINAL!” – lamenta. – “¡AUNQUE ME COSTARA LA VIDA, TUVE QUE HABER LUCHADO!”

Broly pone la mano en el brazo del minotauro.

– “Si hubieras hecho eso, no nos habríamos conocido.” – sonríe Broly. – “Y no podríamos ayudarte.”

– “¿Ayudarlo?” – se extraña Gladyola, levantando una ceja. – “Tenemos nuestros propios problemas, patrullero.”

– “He visto a esos bandidos cuando fui a buscar agua.” – dice Sambuco. – “No están lejos de aquí.”

Panzy escucha atentamente.

Broly se pone en pie.

– “¿Y por qué no?” – pregunta el saiyajín. – “No nos cuesta nada ayudarlo.”

– “Tenemos nuestra propia misión.” – responde Gladyola. – “Además, con la princesa aquí, mi prioridad es su protección.”

Broly agacha la cabeza, pensativo. 

En ese momento, Panzy da un paso al frente.

– “¿Hmm?” – la miran todos.


Con cierto recelo, un poco asustada, ella se acerca a la bestia.

– “¿Eh?” – la mira el minotauro.

Panzy agarra la mano del minotauro. Sus manos son minúsculas en comparación a las del animal.

– “Soy la Princesa de Erezúant.” – dice ella.

– “¿Princesa…? ¡Princesa!” – comprende el minotauro. – “Siento mucho… No sabía que…” – se avergüenza. 

– “Me llamo Panzy.” – continúa ella. – “¿Cómo has dicho que te llamabas?”

– “Oxyedas, Majestad.” – responde él, muy educado.

– “En nombre de mi padre, el Rey Kadan, te ayudaremos.” – promete. – “Tienes mi palabra.”

Broly sonríe.

La bestia se pone en pie.

Gladyola, instintivamente, acerca su mano a su espadón, pero Sambuco la detiene.

El minotauro se pone firme y hace una reverencia, con lágrimas en los ojos.

– “Muchas gracias, Mi Princesa.” – dice Oxyedas.

Broly golpea los puños frente a su pecho.

– “¡Manos a la obra!” – exclama, emocionado.

Oxyedas se limpia las lágrimas.

– “No será tan fácil…” – dice el minotauro.

– “¿Por qué no?” – se extraña el saiyajín.

– “Creo que Broly podría hacerlo solo.” – dice Gladyola. – “Y, además, estamos tú y yo… Unas cuantas armas no creo que…”

– “Uno de ellos…” – interrumpe Oxyedas, mirando a Broly. – “… se mueve como tú.”

– “¿Huh?” – se extraña el saiyajín. 

En la ciudad, Tarble y Hybis están comiendo tranquilamente sopa de bichos.

– “¿Así que te vas a casar con Lady Gladyola?” – pregunta Hybis.

– “¿Eh?” – se sorprende Tarble. – “Pues… No es mi intención…”

– “Has dado tu palabra.” – le recuerda Hybis.

– “Eso ya lo sé…” – suspira el saiyajín. – “Pero no es tan fácil… La misión… También tengo un deber con mi gente… en mi planeta.”

– “No le hagas daño.” – dice Hybis, tajante.

– “¿Cómo?” – se sorprende Tarble.

– “Es una buena mujer.” – insiste él.

– “No es mi intención, pero…” – se excusa el saiyajín.

– “Si le haces daño, te mataré.” – sentencia Hybis, sin ninguna expresión en su rostro.

– “Eeeh… ja… jaja…” – ríe Tarble, intentando leer las intenciones de su compañero, sin poder averiguar si se trata de una broma. – “¿Eh?”

– “¿Quieres más sopa?” – pregunta Hybis con total normalidad.

– “Pues… creo que ya estoy bien…” – responde Tarble. – “¿Qué demonios le pasa este tipo…?” – se pregunta en silencio.

En la granja, los bandidos siguen trabajando con las vacas.

– “¡Le toca a esa!” – grita uno. – “¡Trae la cuerda!”

De repente, el bramido de Oxyedas en la noche llama la atención de todos.

– “¡¡MUUAAAAAH!!” – muge con todas sus fuerzas.

El minotauro sale del bosque y se planta frente a los bandidos, blandiendo su arma de hueso.

– “¡¡MUUUUAAAH!!” – lo hace de nuevo.

Los bandidos se movilizan.

– “¡LA BESTIA ESTÁ AQUÍ!” – avisa uno.

– “¡ES EL MACHO!” – grita otro. 

Los malhechores se organizan. Algunos de ellos van armados con fusiles de energía.

Los más fuertes van armados con herramientas de granja y se acercan al minotauro, amenazantes.

– “¡¿Ya no te escondes, cobarde?!” – lo provoca uno.

De repente, Gladyola salta por encima del animal, usando su espalda para propulsarse, y cae entre los bandidos con su enrome espadón, golpeando el suelo con él y haciendo que varios pierdan el equilibrio.

– “¡AAH!” – se asustan.

Hay varias tiendas de compaña rodeando los corrales. Con el alboroto, no paran de salir bandidos de ellas.

De una de ellas, en el centro del campamento, sale un tipo forzudo, no muy alto, con calvicie parcial, con pelo canoso en la nuca y a los lados, pero con la calva expuesta. Una gran cicatriz cruza su rostro y muchas otras están repartidas por todo su cuerpo. Va envuelto en una capa de piel índigo de vacuno. Lleva un hueso en la mano al que le queda aún un poco de carne asada.

– “¡¿Qué está pasando?!” – protesta.

– “¡Torpin!” – exclama uno. – “¡Nos atacan!”

– “¿Eh?” – se vija en la guerrera. – “Pero, ¿esa no es…?” – la reconoce. – “Tsk…” – protesta. – “Quédate aquí.” – dice mirando al interior de la tienda. – “Solo estorbarías.”

En ese instante, Broly cae en el centro del campamento, creando una onda expansiva que arranca varias tiendas, dividiendo así la atención de los maleantes.

Mientras tanto, Sambuco y Panzy pasan desapercibidos entre los corrales y abren sus cerraduras una a una.

– “Ya sois libres, amigas.” – sonríe ella mientras trastea el candado.

– “Dese prisa, Princesa…” – dice el anciano, mirando de lado a lado, nervioso.

Los bandidos atacan a Gladyola y Oxyedas. El minotauro sacude a varios enemigos con cada golpe de quijada, mientras ella se adelanta, abriéndose paso a espadazos.

Otro grupo de maleantes se abalanza sobre Broly, pero el saiyajín se los saca de encima sin problemas, saltando de uno a otro mientras los deja fuera de combate de un solo golpe.

Mientras tanto, en un lugar desconocido, Glorio se encuentra comiendo solo de una bandeja metálica racionada en medio de una amplio comedor limpio y muy iluminado, con techo alto, que recuerda al de un centro militar. Las mesas largas y los taburetes están anclados al suelo. Las paredes son blancas con cenefas rojas.

Un soldado con aspecto de conejo, con piel violácea y largas orejas erectas, se acerca a él.

– “Quiere verte.” – anuncia el conejo.

– “Ya he hablado con ella.” – dice Glorio. – “No tengo nada más que contarle.”

– “Ella no. Él.” – responde el soldado.

El conejo viste con una armadura ligera en el torso, de color claro, con un emblema en el pecho en forma de ojo adornado por una especie de laurel angulado rojo. Debajo, la ropa es de tela roja con mangas cortas y una falda hasta las rodillas. En la cintura porta un cinturón ancho de hebilla metálica del que cuelga una cartuchera con una pistola. Lleva botas marrones reforzadas y muñequeras a juego. Va armado con una gran vara de metal con extremos redondeados.

Glorio acompaña al soldado a través de las instalaciones hasta un ascensor. Los dos suben hasta el piso más alto, donde las puertas se abren en el vértice de una amplia sala cuadrada presidida por una mesa gigantesca frente a una cristalera triangular que cubre toda la pared. La decoración es modernista, de alto diseño, muy alejada del aspecto medieval y austero del palacio del Rey Kadan.

Detrás de la mesa, una gran silla le da la espalda. Alguien sentado en ella observa el amanecer.

El soldado que acompañaba a Glorio se queda frente a la puerta del ascensor.

Glorio camina hasta el centro de la sala.

– “Barón.” – saluda, golpeándose el pecho con el puño.

El misterioso hombre responde.

– “He oído que la Patrulla Galáctica ha llegado a Erezúant.” – dice el Barón, muy articulado y con una elegante voz.

– “No esperaba que recurrieran a ayuda externa.” – responde Glorio.

– “¿Crees que llegarán hasta aquí?” – pregunta el hombre.

– “Lo dudo.” – responde Glorio. – “No es mi primer trabajo. He tenido cuidado.”

– “Ella siempre me habla muy bien de ti.” – insiste el Barón. 

– “Es un honor.” – Glorio hace una reverencia.

– “Yo soy más exigente.” – replica el hombre.

Glorio entiende que debe explicarse.

– “Aunque lograran cruzar el Valle de los Sordos, la zona más peligrosa del planeta, soborné a la gente adecuada.” – responde. – “A estas alturas, su nave debe estar desguazada y vendida por partes al otro lado del valle.” – asegura con firmeza. – “De todas formas, si intentaran recuperarla, no les será nada fácil.”

En el campamento de los bandidos, Gladyola, Oxyedas y Broly siguen peleando. 

Varios bandidos saltan por los aires con cada golpe de nuestros amigos.

Varios intentan frenar a Oxyedas con echándole el lazo, pero fallan. Otros tienen más suerte y le agarran un cuerno.

– “¡GRAAAA!” – brama el minotauro, sacudiendo su cabeza y haciendo volar a todos los que sujetaban el cabo.

Broly es rodeado por varios enemigos, a los repele fácilmente con un empujón de energía invisible.

Otra oleada de enemigos ya se prepara para cargar contra Broly, que los espera en guardia.

– “¡SUFICIENTE!” – exclama una voz que hace que los bandidos se detengan.

Torpin camina hacia Broly.

– “Patrulla Galáctica.” – se fija en el logo de su uniforme. – “Era cuestión de tiempo que llegarais a este planeta.” – protesta. – “Vosotros o el Imperio.”

El tipo da un último bocado a su comida y lanza el hueso limpio a un lado.

Broly lo mira detenidamente.

El enemigo abre su capa revelando su ropa. Viste botas y brazaletes oxidados de armadura imperial negra y marrón, un slip negro y una coraza protector Imperial negra cuyo abdomen parece el original, pero su pechera ha sido reparada con remaches metálicos. 

De repente, Torpin desenrolla de su cintura una cola de mono.

– “¡¿EH?!” – se sorprende Broly.

– “¡Ja!” – sonríe Torpin. – “Reconoces mi raza. Ya sabrás lo que eso significa, ¿verdad?” – dice con prepotencia. – “Habéis tenido mala suerte.”

– “Pensé que… no quedaban más saiyajín…” – dice Broly, sorprendido.

– “¡JAJAJA!” – ríe Torpin. – “Siempre ponen la misma cara.” – presume. – “Veo que conoces el fatal destino de mi planeta.”

– “¿Cómo sobreviviste?” – pregunta Broly.

– “Simplemente tuve suerte. ¿Cuántas veces habré contado esto?” – responde el malcarado saiyajín. – “Estaba regresando al Planeta Vegeta cuando mi nave sufrió una avería y tuve que detenerme en una base Imperial cercana para repararla… Y entonces, el fatídico momento; mi planeta fue destruido por un meteorito… Eso me dijeron.”

– “Pero sabes que no es cierto.” – dice Broly.

– “Al principio me lo creí…” – aprieta los puños con rabia. – “Pero al día siguiente, fui emboscado por hombres de Freezer en el taller, cuando iba a recoger mi nave… No podía ser casualidad.” – narra con dolor. – “Eran demasiados, incluso para un guerrero saiyajín… pero a pesar de sufrir graves heridas, logré escapar con vida.”

Sus cicatrices parecen corroborar su historia.

– “Huí a los confines del Universo, donde no pudieran encontrarme.” – continúa.

– “Es una historia triste.” – dice Broly. – “Fue un duro revés para muchos saiyajín.”

– “¡Ni se te ocurra compadecerte!” – protesta Torpin.

– “No era mi intención.” – se disculpa Broly. – “Pero entiendo tu dolor.”

El saiyajín escucha como sus hombres siguen luchando con Gladyola y Oxyedas; con un gesto de su cabeza manda a los bandidos que rodeaban a Broly a ayudarlos.

– “Siento mucho que no conocieras la existencia del Planeta Vampa.” – dice Broly, cabizbajo. – “Tu vida podría haber sido diferente.”

– “¿El Planeta Vampa?” – repite Torpin, extrañado.

– “Aun así, no es tarde.” – insiste Broly. – “No eres el último saiyajín. Muchos viven en paz en el Planeta Sadala.”

– “¿Sadala?” – reconoce el nombre de antiguas leyendas. – “Espera…” – se da cuenta de algo. – “¿Tú también eres un saiyajín?”

Broly asiente.

– “Soy el hijo de Páragus.” – revela.

– “¡¿PÁRAGUS?!” – se sorprende Torpin. – “No puede ser… No sabía que tuviera un hijo…”

– “Yo nací en Vampa.” – responde Broly. – “Al igual que muchos otros.”

Torpin parece enternecerse durante un instante, pero enseguida recupera su agria actitud.

– “¡¿Y qué haces embutido en ese uniforme?!” – protesta el viejo saiyajín. – “¿Dices que los saiyajín viven en paz? ¡¿En qué os habéis convertido?! ¡Ni siquiera tienes cola!”

– “Ha pasado mucho tiempo.” – insiste Broly.

– “Hijo de Páragus…” – gruñe Torpin. – “Tu padre conspiró contra su propia gente. ¡Yo mismo luché contra sus hombres el día que se rebeló contra el Rey Vegeta!” – revela, furioso. – “Pensé que buscaba poder, ¡eso podría respetarlo! Pero si lo que cuentas es cierto, ¡es una deshonra para nuestra raza!”

– “Los tiempos han cambiado, anciano.” – responde Broly.

El viejo saiyajín reúne ki en su mano y dispara a Broly. El joven rechaza el ataque sin esfuerzo y lo desvía hacia el cielo.

– “Tsk…” – protesta Torpin. – “¡INSOLENTE!”

– “Sin duda estás anclado en las viejas costumbres.” – dice Broly. – “Si pudieras sentir mi energía, te darías cuenta de que este combate es una pérdida de tiempo.”

Torpin se abalanza sobre Broly.

– “¡¡MUEREEEE!!” – grita, furioso.

Broly lo intercepta y le agarra la boca, callándolo, y lo estampa contra el suelo.

– “¡¿EEH?!” – se sorprende el saiyajín. – “¡AAAH!” – grita.

Pero Broly materializa una esfera de ki en la palma de su mano, dentro de la boca del viejo.

– “¡¡MMMHH!!” – intenta gritar el saiyajín.

La esfera de ki brilla a través de sus mejillas.

– “¡¡¡HHMM!!” – intenta pelear, agarrando el brazo de Broly con todas sus fuerzas, luchando para liberarse a golpes y arañazos, desesperado.

Pero Broly desvanece su ataque; algo impensable para el viejo.

– “¿MM…?” – protesta el anciano, confuso.

– “No todo tiene que solucionarse pelando.” – dice Broly.

El joven suelta al viejo saiyajín, de cuya boca aún sale vapor.

– “¡Coff! ¡Coff!” – tose el viejo.

Broly da un paso atrás, dejándole espacio.

– “Has comprobado mi poder.” – dice el joven. – “Nuestra raza es más fuerte que nunca e incluso el hijo del Rey Vegeta nos ha dado su beneplácito.”

– “El hijo del Rey…” – se sorprende Torpin.

La aurora boreal brilla en el cielo.

– “No hay motivo para pelear entre nosotros.” – dice Broly, ofreciéndole la mano.

Las vacas han sido liberadas y ya corren por el campamento hacia la llanura.

Gladyola y Oxyedas están repeliendo a los bandidos.

El saiyajín rechaza la mano de Broly y golpea el suelo con rabia.

– “Lo siento, viejo.” – dice nuestro amigo.

Broly da la espalda al anciano y se aleja.

– “Maldita sea…” – protesta el viejo, golpeando el suelo de nuevo. – “¡¡MALDITA SEA!!”

De repente, un chico sale de una tienda de campaña en ruinas y corre hacia Torpin.

– “¡ABUELO!” – grita el joven, que llega hasta el saiyajín y se arrodilla a su lado para comprobar cómo se encuentra. – “¡¿Estás bien?!”

– “¡Suéltame!” – lo aparta el viejo. – “¡No me toques!” – lo empuja, haciendo que caiga de espaldas al suelo.

Broly los mira sorprendido.

– “¿Abuelo?” – repite el hijo de Páragus.

Torpin se pone en pie.

– “Eres un inútil… como tu padre…” – protesta el viejo. 

El chico tiene la piel amarilla y cabello negro largo, recogido en una coleta. Viste una chaqueta azul, sin camiseta, un pantalón negro, botas marrones y un cinturón rojo a juego con un turbante del mismo color. Tiene cola de saiyajín.

– “¿Un mestizo?” – se sorprende Broly.

– “¡Un bastardo!” – lo corrige Torpin.

– “Tuviste un hijo…” – dice Broly.

– “Fue un error…” – protesta Torpin. – “Un error que debí corregir mucho antes… ¡Antes de que se multiplicara!”

El joven agacha aparta la mirada, dolido y avergonzado.

– “¿Cómo puedes hablar así de tu propio nieto?” – pregunta Broly.

– “¡¡HAGO LO QUE ME DA LA GANA!!” – protesta el viejo, desquiciado.

El chico se levanta y se acerca de nuevo al anciano, preocuparlo al verlo tan fuera de sí.

– “Abuelo…” – dice el joven.

– “¡CÁLLATE!” – lo agarra del cuello. – “¡CÁLLATE!! ¡CÁLLATE!”

Broly da un paso al frente.

– “¡SUÉLTALO!” – exige el saiyajín.

Torpin aprieta fuerte el cuello del muchacho.

– “¡NO ME DIGAS LO QUE TENGO QUE HACER!” – replica el viejo.

De repente, un espadazo de Gladyola cercena el brazo de Torpin.

El chico cae de culo al suelo, con el rostro lleno de sangre y con el brazo de su abuelo aún agarrado a su cuello.

– “Ah… aaah…” – tiembla ante el horror.

– “¡¡AAAAAAAAAH!!” – grita el viejo. – “¡¡MALDITA P…!!”

Pero Oxyedas lo embiste por la espalda y lo lanza a través del campamento. Broly se aparta para dejarlo pasar. El saiyajín rebota varias veces contra el suelo hasta estrellarse contra las grandes lecheras metálicas, que se rompen y derraman todo su contenido sobre él.

– “¿Por qué tardabas tanto?” – le pregunta Gladyola a Broly.

– “Lo siento.” – se disculpa el saiyajín. – “Pensé que podía terminar esto de otra forma…”

En el enorme despacho de paradero desconocido, Glorio sigue hablando con el misterioso hombre.

– “Un saiyajín, ¿eh?” – pregunta el Barón. – “Creía que ya no quedaban.”

– “Así es.” – responde Glorio. – “Lidera a los bandidos de la zona. No rechazará la oportunidad de pelear.”

– “Pero por lo que cuentas, es un anciano…” – no parece convencido. – “¿Estás seguro que podrá detener a los patrulleros?”

– “Lo dudo.” – responde Glorio. – “Pero el verdadero obstáculo, no es el viejo.”

En el campamento, el joven mestizo sigue en el suelo, con la mirada perdida, cubierto de sangre e inmóvil.

DBSNL // Capítulo 379: La cueva

DBSNL // Capítulo 379: La cueva

“No confía en nosotros.”

En el desfiladero del Valle de los Sordos, Broly, envuelto en su aura, pero sin transformarse, cae sobre la espalda del trol que sujetaba el garrote para golpear a Gladyola y lo incrusta en el suelo, partiéndole la espalda.

El brillo de su aura se refleja en los ojos abiertos de Panzy.

Los trols que sujetaban a la guerrera la sueltan para atacar a Broly, pero éste salta por encima de ellos con una pirueta, dejándolos pasar de largo.

Cuando ellos se dan la vuelta, Broly les lanza una esfera de energía verde del tamaño de un puño a cada uno en el abdomen y los empuja a través del desfiladero hasta que estallan.

Sambuco cae de culo al suelo.

– “Ay… ay…” – tiembla el viejo.

Ahora todos los trols gruñen con su atención puesta en el saiyajín.

Gladyola, magullada, se levanta.

– “¿Has estado ocultando tu fuerza?” – pregunta la guerrera, un poco ofendida y celosa.

– “Je” – sonríe Broly.

Panzy observa anonadada al patrullero.

– “Pero, ¿quiénes son estos tipos?” – se pregunta la princesa.

El trol que llevaba el hacha saca un cuerno vacío que llevaba atado en su cinturón y sopla en él para hacerlo sonar. Su bramido retumba en el valle.

– “¿Qué es eso?” – se pregunta Broly.

– “Creo que… han pedido refuerzos…” – titubea Sambuco.

– “Tsk…” – aprieta los dientes el Gladyola. – “Será mejor que salgamos de aquí.”

Broly asiente.

Gladyola agarra a Panzy y carga con ella debajo del brazo, mientras tira de la mano de Sambuco, poniéndolo en pie de un tirón y obligándolo a correr tras ella.

Nuestros amigos pueden oír varios cuernos responder en la distancia.

El saiyajín apunta con su mano derecha a los enemigos. Un orbe de ki verde brilla a su alrededor.

Los trols restantes cargan contra Broly para intentar detener la huida, pero justo en ese instante, la esfera de energía en su mano se deshace en múltiples blast menores que bombardean la zona, golpeando a los trols y todo a su alrededor, incluyendo los muros del desfiladero, que se desmoronan.

Broly y los demás aprovechan la polvareda y el estruendo para escapar.

En la ciudad, Hybis regresa a su casa cargando con una gran olla. 

Tarble espera en mitad de la calle, inquieto, mirando al horizonte.

Hybis se pone a su lado, mirando en la misma dirección que el saiyajín, pero no ve nada extraño.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta él.

– “He sentido el ki de Broly.” – responde Tarble. – “Han tenido que pelear.”

Hybis no parece inmutarse y decide entrar en su casa.

– “He traído un caldo de bichos de Peonia.” – dice mientras abre la puerta. – “Le dije que era para tu amigo, para que pusiera los bichos más grandes.”

Tarble suspira.

– “Estarán bien.” – piensa el saiyajín. – “No sé por qué me preocupo.” – sonríe.

En el espacio, Cheelai y Gohan Jr viajan hacia Erezúant.

– “De acuerdo, Lemon.” – dice Cheelai, al comunicador. – “Los recogeremos y nos pondremos en contacto de nuevo, a la espera de instrucciones.”

– “Según nuestro informador, el Rey Kadan tiene un espíritu pacífico.” – informa Lemon. – “Pero ciertas zonas del planeta pueden ser conflictivas.” – reflexiona. – “No podemos tomar decisiones sin tener más información.”

– “Lo entendemos.” – confirma la patrullera. – “Seremos diplomáticos.”

– “Estaría más tranquilo si os acompañara Toppo.” – suspira Lemon.

– “Al final vas a ofenderme…” – refunfuña Cheelai.

– “Buena suerte, chicos.” – responde el jefe.

Finaliza la llamada.

Gohan se cruza de brazos.

– “No confía en nosotros.” – protesta el muchacho. 

– “Lemon se preocupa.” – sonríe Cheelai. – “Todos los patrulleros somos su responsabilidad.”

– “Tsk…” – gruñe mientras mira de reojo por la ventana. – “Supongo que sí…” – le cuesta admitir.

El sol se ha puesto en Erezúant. Una noche oscura. La tenue aurora boreal magenta en el cielo.

Sobre una colina, en una cueva, Broly, Gladyola, Panzy y Sambuco han encendido una hoguera.

– “Aquí estaremos bien.” – suspira Gladyola, mientras da la vuelta a una rama prendida, con la intención de avivar el fuego. – “Pasaremos la noche.”

La barriga de Sambuco ruge.

– “¿No tenemos raciones?” – pregunta el viejo.

– “Jaja” – ríe Broly. – “Yo también tengo hambre…”

Los dos miran a Gladyola con ojos de cachorro abandonado.

La guerrera sucumbe y saca un puñado de frutos diminutos y deshidratados de un pequeño bolsillo de su cinturón, detrás de su espalda y se los muestra a los demás.

– “Necesitaremos agua.” – dice ella.

– “¡¿Esa es la cena?!” – se preocupa el saiyajín.

– “¡Excelente!” – celebra el viejo.

Sambuco se levanta.

– “Yo me encargo del agua.” – dice mientras se sacude el polvo del pantalón. – “He visto una zona con vegetación no muy lejos de aquí.”

– “¿Eh?” – se sorprende Broly, al verlo contento ante tal despropósito.

Panzy le lanza una piedra a Broly en la cabeza.

– “¡AY!” – se queja el saiyajín.

– “¡Eso es un manjar!” – protesta la princesa. – “¡UN RESPETO!”

– “Que mal humor…” – refunfuña el saiyajín. – “No digo que no esté bueno… pero parece muy poca cosa…”

La Princesa se levanta, ofendida, y rebusca en su bandolera hasta encontrar una bengala que enciende frotándola contra la pared de la cueva.

– “¿De dónde has sacado eso?” – se sorprende Gladyola.

– “Lo hice yo.” – protesta ella, tajante. – “Me voy a investigar.”

– “No te alejes mucho.” – dice la guerrera.

Panzy no responde, y se adentra en la cueva.

Broly observa a la princesa alejarse, sin comprender muy bien lo que le ocurre.

– “¿Y el viejo encontrará agua en este lugar?” – pregunta el saiyajín.

– “La niebla que has visto de día, se condensa por la noche.” – responde la Gladyola. – “Es un ciclo muy corto, pero es suficiente para formar charcas en algunas zonas y que crezca vegetación.” 

– “Vaaya…” – se sorprende Broly.

En el exterior, Sambuco se adentra en una zona boscosa a los pies de la colina sobre la que se encuentra la cueva en la que se ocultan.

– “Espero tener suerte…” – piensa el viejo, apartando matorrales.

Un extraño ruido animal lo alerta.

– “¡Ah!” – se asusta el anciano.

De nuevo, el mismo llanto animal; mugidos.

Mientras tanto, en la cueva, Panzy sigue avanzando en la oscuridad, iluminada por su bengala casera.

– “Esos patrulleros…” – refunfuña. – “Vienen aquí como si tuvieran a que salvarnos… ¡No los necesitamos!” – patea una piedra con rabia.

La piedra rebota por el suelo y se adentra en lo más oscuro de la gruta.

Un fuerte bufido en el fundo de la cueva.

– “¡¿Ah?!” – se asusta Princesa, deteniéndose al instante.

En el bosque, con cautela, Sambuco sigue avanzando entre los matorrales hasta que atisba el final.

El viejo se detiene.

– “Ooh…” – observa asombrado.

Frente a él, cerca de allí, un grupo de bandidos de distintas razas está sometiendo a un animal parecido a una vaca, de pelaje violeta, cabellera frondosa de color índigo y grandes cuernos.

– “¡Estate quieta!” – exige un bandido, mientras dos más están ayudándole a tirar de una cuerda atada a su cornamenta.

– “¡Se está cansando!” – celebra otro, que con otros tres tiran de un cabo atado una de sus patas traseras.

Sambuco observa como a alrededor de la criatura hay varias parcelas delimitadas por vallas de madera en las que otros animales como ese están aprisionados y, al lado de cada parcela, hay varias lecheras metálicas amontonadas.

– “Pobres criaturas…” – se preocupa el anciano.

Sentados alrededor de la fogata, Broly observa detenidamente uno de los frutos deshidratados que le ha dado Gladyola.

– “¿De verdad que esto llena?” – pregunta el saiyajín.

– “Alimenta a un soldado para una semana.” – asiente ella. – “Solo hay que ponerle agua para revitalizarlo.”

– “¡Qué curioso!” – sonríe Broly. – “Este es un planeta muy interesante… ¡y está lleno de gente fuerte!”

Sambuco entra en la cueva.

– “¡Chicos!” – los llama el anciano, un poco alterado. – “¡Ahí fuera hay…!”

Pero un grito de Panzy los interrumpe.

– “¡KYAAAAAAAAH!” – grita la princesa, aterrada.

– “¡PANZY!” – se levanta Gladyola, empuñando su arma.

Los pasos acelerados de la muchacha retumban en la cueva.

– “¡KYAAH!” – grita de nuevo, saliendo de las sombras y corriendo para ponerse detrás de Gladyola.

– “¡¿Qué ocurre?!” – pregunta ella.

Unas fuertes pisadas hacen retumbar la cueva. Un fuerte bufido en la oscuridad provoca una brisa repentina.

Broly se levanta.

Unos ojos rojos entre las sombras.

Sambuco retrocede lentamente.

– “Creo que… será mejor que nos marchemos…” – sugiere tímidamente.

Un minotauro gigantesco sale de la oscuridad, con pelaje violeta, melena alrededor de los hombros de color índigo y empuñando un arma fabricada a partir de una quijada de toro.

– “¡¡MUUUOOOOH!!” – su mugido retumba en las paredes de la cueva. 

Gladyola da un paso al frente, empuñado su espadón, dispuesta a proteger a su princesa.

– “¡ATRÁS, BESTIA! – advierte la guerrera.

– “¡¿OSÁIS ADENTRAROS EN MI MORADA?!” – replica el minotauro, furioso.

El toro levanta su arma y ataca a Gladyola, pero ella bloquea el golpe con su espadón.

– “¡Yo lo detendré!” – dice ella. – “¡Salid de aquí!”

– “¡ES UN MINOTAURO!” – exclama Sambuco. – “¡NO SEAS ESTÚPIDA!”

La espada queda atascada entre dos muelas de la quijada. El minotauro hace un gesto brusco con su arma que desarma a Gladyola; su espadón acaba incrustado en una de las paredes de la cueva.

– “¡GLADYOLA!” – se preocupa Panzy.

La bestia propina una cornada a la guerrera, pero por suerte no logra ensartarla; la levanta del suelo y la estrella contra el techo de la cueva.

Gladyola cae al suelo.

– “¡¿NO TENÉIS SUFICIENTE?!” – protesta el minotauro. – “¡¿AHORA VENÍS A POR MÍ?!”

– “¡Cree que somos bandidos!” – advierte Sambuco.

– “¿Eh?” – se extraña Broly.

Gladyola se levanta dolorida y desenvaina su pistola, como último recurso.

– “¡OS MATARÉ A TODOS!” – grita el minotauro.

Broly camina hacia la bestia, adelantando a Gladyola.

– “¡¿Qué?!” – lo mira ella, confundida.

El minotauro se sorprende al ver al patrullero acercarse a él.

El rostro de Broly es amigable, incluso parece sonreír.

– “¡¿Te burlas de mí, forastero?!” – refunfuña la bestia.

– “No tenemos que pelear.” – dice Broly. – “Solo estamos de paso.”

– “¡¡CÁLLATE!!” – estalla el toro, levantando su arma, listo para atacar al saiyajín.

La mirada de Broly se torna severa. Un estallido de energía verde.

En un parpadeo propina un codazo en el abdomen del minotauro.

Dibujado por Ipocrito

La bestia deja caer su arma y se sujeta el abdomen con ambas manos.

Cae de rodillas al suelo. Retumba la cueva.

– “Ay… ah…” – sufre el minotauro, con su hocico contra el suelo.

Broly muestra su rostro gentil de nuevo y se agacha de cuclillas frente al toro, que lo mira con sorpresa y confusión, incluso con miedo.

– “¿Quién… eres…?” – pregunta el minotauro.

– “No somos tus enemigos.” – sonríe el saiyajín. – “Me llamo Broly.”

DBSNL // Capítulo 377: Travesía

DBSNL // Capítulo 377: Travesía

“Parece un buen chico.”

En la aldea bajo el castillo del Rey Kadan, en una casa construida con barro y decorada con motivos florales en el exterior y con un interior austero, con tan solo una mesa redonda de madera, una silla y una cama, Hybis rebusca debajo de la cama. Tarble espera sentado en la silla, apoyado sobre la mesa, sujetándose la cabeza con ambas manos.

– “Qué frustrante…” – refunfuña el saiyajín.

– “Podrías haber ido con ellos.” – responde Hybis.

– “¿Y dejarte solo con esta responsabilidad?” – responde Tarble, con retintín.

– “Deberías confiar más en la gente.” – insiste Hybis.

– “Tsk…” – protesta el saiyajín.

Finalmente, Hybis logra alcanzar un maletín blanco que luce el logotipo de la Patrulla Galáctica. 

Mientras tanto, en el desierto, Lady Gladyola, Broly y el viejo Sambuco cabalgan.

La montura de la comandante de los ejércitos del Rey es una enorme criatura cuadrúpeda de piel naranja parecida a un perro con dos antenas en su redonda cabeza. Gladyola está subida en su lomo.

El saiyajín y Sambuco, en cambio, cabalgan el lomo de dos roedores de color gris azulado, sin cola, parecidos a hámsteres.

El anciano mira la montura de Gladyola.

– “Un bello animal…” – sonríe Sambuco.

El perro lo mira de reojo.

– “Me recuerda a un viejo amigo.” – sonríe Broly.

– “Se llama Torn.” – dice Gladyola. – “Aún es joven, pero es un valiente aliado en batalla.” – explica. – “Cuando crezca, protegerá al Rey.”

– “¿Cuándo crezca?” – se sorprende Broly.

– “Seguro que sí.” – dice el anciano.

– “Pero ahora es solo un cachorro.” – añade Gladyola, acariciándole la cabeza.

El perro sonríe y cierra los ojos, disfrutando el mimo de su jinete.

– “Parece un buen chico.” – añade Sambuco.

Sin aminorar la marcha, Torn acerca su hocico al viejo y lo huele antes de darle un gran lametón en la cara que casi lo hace caerse de su montura.

– “¡Cuidado!” – protesta Sambuco con una sonrisa.

– “Jajaja” – ríe Broly.

En el horizonte, nubes bajas muy parecen indicar que nuestros amigos se acercan a un lugar peligroso.

En la aldea, Hybis ha abierto el maletín y, sentado en el suelo, ya está montando la antena parabólica que contenía mientras tararea.

– “¿Falta mucho?” – pregunta Tarble.

Hybis no responde.

– “¿Es que no me oyes?” – insiste Tarble. – “¡HYBIS!”

– “He decidido que no hablaré contigo hasta que termine.” – responde Hybis. – “No es eficiente.”

– “¿Estás de broma?” – protesta el saiyajín.

– “Eres una persona muy negativa.” – dice Hybis.

– “Tsk…” – gruñe Tarble.

Mientras tanto, en el lejano planeta Gossamu, de noche, un reptil humanoide de más de dos metros de altura y gran envergadura corre por los callejones de su capital cargando con una gran bolsa de deporte a su espalda.

– “¡SE ESCAPA!” – grita Cheelai, que corre tras él sin poder alcanzarlo.

– “¡MIO!” – exclama Gohan Jr, envolviéndose en su aura incolora y adelantando a su madre volando a toda velocidad.

– “¡ESPERA!” – se preocupa ella.

Gohan adelanta al lagarto y se coloca frente a él con los brazos en cruz.

– “¡DETENTE!” – le ordena el joven patrullero.

Pero el lagarto lo aparta de un manotazo, lanzándolo contra una farola.

– “¡GOHAN!” – grita la madre, que desenfunda su arma reglamentaria y dispara al enemigo.

Los proyectiles de energía rebotan en las escamas del monstruoso individuo, que sigue corriendo sin mirar atrás.

Gohan se pone en pie, agarrándose el costado, dolorido.

– “Ahora verás…” – refunfuña.

El mestizo prepara una esfera de energía en su mano y la lanza hacia el fugitivo.

El ataque estalla en la espalda del lagarto, generando una onda expansiva que destruye los cristales de los alrededores.

El lagarto sale propulsado fuera del callejón, cayendo entre el tráfico de una calle principal.

– “¡AAH!” – grita aterrada la gente; alienígenas de distintas razas.

La explosión ha hecho saltar por los aires la bolsa de dinero y llueven billetes.

El reptil, se pone en pie rápidamente, sacude su cabeza para deshacerse del aturdimiento y sigue corriendo, ahora entre los coches, que se apartan a su paso, provocando varios accidentes.

Cheelai alcanza a Gohan.

– “¡¿Estás bien?!” – pregunta ella.

– “Maldito…” – gruñe Gohan.

El muchacho sale volando.

Desde el cielo, puede ver al fugitivo corriendo.

– “¡NO ESCAPARÁS!” – grita, enfadado, antes de salir disparado a por él.

El lagarto sigue corriendo y aparta un coche de su camino de un manotazo.

Pero de repente, sobre él cae Toppo, que con la mano derecha en su espalda lo estampa contra el suelo, incrustándolo en el pavimente.

– “¡GRAAH!” – grita de dolor el fugitivo.

Gohan se detiene rápidamente en el aire al ver que su mentor se ha adelantado.

Bajo el brazo izquierdo de Toppo, el patrullero carga con otro malhechor; un tipo con un traje de dos colores, negro y morado, inconsciente.

El lagarto intenta moverse, pero la mano de Toppo se ilumina.

– “No te muevas.” – advierte el patrullero.

El fugitivo desiste.

Gohan aterriza a su lado.

– “¿Estás bien?” – pregunta Toppo.

– “Sí.” – responde el muchacho. – “Ya casi lo tenía.”

Toppo mira hacia atrás de reojo. Varios coches se han estrellado. Dinero por todas partes. Cristales rotos. Gente asustada.

Unas horas más tarde, en el puerto espacial de la ciudad, varios patrulleros escoltan a los malhechores esposados hacia una de sus naves, para ser transportados a la prisión más cercana.

– “Nos toca escribir el informe.” – suspira Cheelai.

– “Este tipo no es un delincuente común.” – dice Toppo. – “Escoltaré su transporte. Puedo escribir el informe durante el viaje.”

– “¿Estás seguro?” – responde ella.

Toppo asiente.

– “Vosotros podéis volver al Cuartel General.” – dice el grandullón. – “Creo que el muchacho necesita descansar.”

– “¿Eh?” – se extraña Gohan. – “Pero si estoy bien…”

– “Has sido descuidado.” – dice Cheelai, en tono severo.

– “¡Podría haberlo atrapado!” – protesta él, poniéndose a la defensiva.

– “Atrapar al criminal es solo una parte del trabajo.” – dice Toppo. – “Eres fuerte y hábil. Es muy probable que al final hubieras logrado detenerlo…” – admite. – “Pero, ¿has visto cómo ha quedado la ciudad?”

Gohan agacha la cabeza.

– “Tienes que fijarte más en tu entorno para no poner en peligro a inocentes.” – explica Cheelai.

– “Solo quería ayudar.” – suspira él, con los hombros caídos.

Toppo y Cheelai se miran y sonríen.

– “Por eso tienes madera de patrullero.” – dice el grandullón. – “Aprenderás.”

– “Si quieres ayudar a la gente, tienes que esforzarte mucho.” – dice Cheelai, poniéndole la mano en el hombro.

Gohan sonríe.

– “Sí.” – asiente con decisión.

– “Volveremos a la base.” – dice Cheelai. – “Tu padre regresará a casa en unos días, así que podemos planear algo que hacer juntos.”

– “¡Genial!” – celebra el chico. 

En el desierto de Erezúant, los tres viajeros se encuentran frente a un valle que se extiende sin fin. Frente a ellos, una inclinada pendiente que se adentra en la bruma. 

– “El valle de los sordos…” – murmura Sambuco.

– “Parece no tener fin…” – dice Broly, mirando a izquierda y derecha.

– “Por eso se tarda tanto tiempo en rodearlo.” – dice Gladyola. – “Cruzarlo es demasiado peligroso.”

Gladyola se baja de Torn.

– “Será mejor que vuelvas a casa, pequeño.” – le dice la guerrera.

El perro le da un lametón.

Broly y Sambuco también bajan de sus monturas.

– “Vosotros también.” – dice el anciano.

Torn empuja con el hocico a uno de los roedores, indicándole que hay que volver a casa, y los dos hámsteres se ponen en camino. Torn los sigue.

Los tres viajeros miran el abismo con decisión.

– “En marcha.” – dice Gladyola.

Cuando Broly da un paso al frente, un chillido estremecedor emana del fondo del valle. 

El saiyajín se detiene al instante.

Un gigantesco monstruo emerge de entre la niebla batiendo sus alas y con sus gigantescas fauces abiertas.

Nuestros amigos retroceden. Gladyola desenfunda su espadón.

El monstruo, que parece un renacuajo con alas de murciélago, con una larga cola, grandes ojos redondos y amarillos y una enorme boca con afilados dientes por la que asoma una larga lengua azul.

– “¡OOooH!” – exclama Broly, asombrado ante tal criatura.

– “¡Un tragacielos!” – advierte Sambuco, aterrado.

– “Antes volaban por todo el planeta, pero ahora su territorio ha quedado reducido al valle.” – aclara Gladyola.

El monstruo da una pirueta en el aire y se precipita sobre nuestros amigos.

Gladyola empuña su espada con ambas manos.

-“Ahí viene.” – piensa ella, lista para el combate.

Sambuco sale corriendo, lo que llama la atención de la criatura, que se desvía y se dirige hacia él, levantando una ventisca sobre los demás, pues pasa justo por encima de ellos.

– “¡Ay, ay…!” – sufre el anciano, aterrado.

– “¡Anciano!” – se preocupa Broly.

La criatura alcanza a Sambuco y abre sus fauces, listo para engullirlo. 

¡ÑAC! Falla por unos centímetros.

El monstruo se ha detenido, pese a seguir batiendo sus alas.

El anciano se cae al suelo.

– “¿Eh?” – se da la vuelta sin comprender cómo sigue vivo.

Broly ha agarrado al tragacielos por su larga cola.

– “Qué muchacho tan fuerte…” – murmura, impresionado.

Cuando el monstruo intenta revolverse, Broly tira de él, levantándolo por los aires y lo estampa contra el suelo, haciendo que se muerda la lengua.

– “¡GRIIIIIICH!” – chirría el animal.

Sin soltarlo, el saiyajín gira sobre sí mismo para coger fuerza, haciéndolo dar varias vueltas y después lo lanza por los aires.

La criatura abre sus alas, logrando estabilizarse en el aire… pero en ese instante se da cuenta de que Broly lo ha adelantado y lo espera con las manos levantadas y juntas en un puño, para propinarle un martillazo que lo devuelve a lo más profundo del valle.

– “¡¡GRIIIiiiich!” – se desvanece el grito lentamente.

El saiyajín desciende lentamente, reuniéndose con los demás. 

– “¿Estáis todos bien?” – pregunta el saiyajín.

Gladyola envaina su espada.

Sambuco mira asombrado a los saiyajín.

– “¿De dónde ha salido este chico?” – le pregunta a Gladyola.

– “Hemos tenido suerte…” – suspira Gladyola, aliviada, ignorando al anciano. – “Era solo una cría.”

– “¡OOH!” – se sorprende Broly.

Gladyola se pone en marcha.

– “¿Lo dice en serio?” – le pregunta a Sambuco, susurrando.

– “Muy en serio.” – responde el viejo.

Sambuco puede ver una emoción casi infantil en los ojos del saiyajín.

– “Hmm…” – murmura el anciano, que acaba dibujando una sonrisa en su rostro.

Broly se pone en marcha y sigue a Gladyola con paso firme.

– “¡HEY!” – protesta el viejo. – “¡Pero no me dejéis atrás!” – camina rápido para alcanzarlos.

Mientras tanto, lejos de allí, Toppo y los patrulleros que escoltan a los prisioneros ya han puesto rumbo a la prisión.

Cheelai y Gohan Jr viajan en su nave de regreso al Cuartel General de la Patrulla Galáctica.

Suena un aviso en su radio.

– “Adelante.” – responde Cheelai.

Interferencias.

– “¿Adelante?” – insiste la brench. – “¿Hola?”

DBSNL // Capítulo 376: Cerveza de onibana

DBSNL // Capítulo 376: Cerveza de onibana

“Los forasteros nunca traen nada bueno…”

Hybis y Broly siguen en la taberna, integrados entre las gentes de Erezúant.

Hybis baila de pie, solo con los pies, como si fuera irlandés, mientras los locales y Broly aplauden al ritmo mientras beben.

En las afueras, donde estaba estacionada la nave, Tarble observa con desánimo uno de los pocos tornillos que los ladrones han dejado atrás.

– “Se la han llevado…” – suspira con pesar.

– “Lo lamento.” – dice Gladyola. – “El desierto que rodea los principales núcleos urbanos es un lugar conflictivo.”

– “No te preocupes.” – sonríe el saiyajín, apretando el puño. – “¿Dónde se la han llevado? La recuperaré en un santiamén y les daré una lección.”

– “No es tan fácil…” – responde Gladyola.

– “¿Por qué no?” – se sorprende Tarble.

En la taberna, el viejo barbudo que estaba vigilando a los patrulleros desde la distancia se acerca a Broly cerveza en mano, mientras Hybis sigue dando espectáculo.

– “Buenas tardes, forastero.” – dice el anciano, cerveza en mano.

– “Buenas tardes.” – saluda Broly educadamente. – “¿Puedo ayudarle en algo?”

El viejo se sienta a su lado, agarra un puñado de los bichos karikari de Broly y se los come.

– “Sois de la patrulla, ¿verdad?” – pregunta el extraño mientras mastica con la boca abierta. – “¿Estáis aquí por el robo?”

– “Así es.” – asiente el saiyajín.

El viejo da un trago a su cerveza, dejando su barba chorreando de espuma, pero se limpia con el antebrazo.

La tabernera pasa cerca, llevando bebida a otro cliente.

– “¡SAMBUCO!” – protesta ella, sin desviarse de su camino. – “¡Deja de molestar al forastero!”

– “¡CÁLLATE, VIEJA PIRUJA!” – replica él, escupiendo por todas partes.

– “Está bien, está bien…” – intenta poner paz el saiyajín.

El viejo agarra otro puñado de bichos y se los come de golpe.

– “Ese tipo no era de fiar…” – continúa. – “¡Lo dije desde el principio!” – exclama. – “Pero nadie me hace caso… Nadie…” – come de nuevo.

– “¿Habla del ladrón?” – pregunta Broly.

– “Los forasteros nunca traen nada bueno…” – protesta antes de tomar otro trago de cerveza.

Broly suspira desanimado, pues entiende que es solo un viejo borracho.

– “Lo vi salir de la ciudad.” – dice mientras golpe la mesa con la jarra.

– “¿En serio?” – se sorprende Broly, prestándole atención de nuevo.

– “Yo estaba buscando un lugar tranquilo para… bueno, ya sabes… estaba un poco indispuesto. Los guardias siempre protestan cuando lo hago dentro de la ciudad, ¿sabes?” – narra. – “Era de madrugada y Peonia ya había cerrado.” – señala con la jarra a la tabernera. – “Había encontrado un buen lugar cuando, de repente, ¡BOOM!” – exclama con grandes aspavientos. – “¡Un estruendo! ¡En el castillo! ¡Parecía que el cielo se venía abajo!” – bebe de nuevo y eructa.

Hybis regresa a su asiento entre los aplausos de los clientes y escucha la conversación.

– “¿Y qué vio?” – pregunta Broly.

– “Había unos tipos raros esperando en las afueras.” – explica Sambuco. – “¡El forastero voló hasta allí y…”


En ese momento, dos tipos se levantan de una mesa cercana y se acercan por detrás del anciano.

– “¿Qué pasa, viejo?” – interviene un extraño que parece una gárgola de piel amarilla, descamisado para no limitar sus alas de murciélago; solo viste un pantalón marrón austero.

– “Creo que hablas demasiado.” – dice su compañero, un tipo de piel azul y orejas puntiagudas, con una cresta blanca sobre su cabeza, vestido con camiseta blanca bajo una chaqueta amarilla y pantalón beige, con un cinturón rojo. – “¿Por qué no te vas a dormir la mona?” – añade mientras le pone la mano en el hombro. 

Broly frunce el ceño.

Pero antes de que el saiyajín pueda decir nada, Sambuco eructa de nuevo.

– “¡BURP!” – eructa el anciano. – “Lo siento…” – se disculpa.

La gárgola da un paso atrás mientras intenta deshacerse del olor con la mano.

– “Creo que tiene razón… He bebido mucho…” – añade el viejo.

– “Eso es…” – sonríe el tipo azul brabucón. – “Vete a tu casa y…”

Sambuco se levanta repentinamente y choca su cabeza contra la barbilla del tipo azul, haciendo que éste se muerda la lengua.

– “¡AAggh!” – se tapa la boca el tipo, sangrando.

– “¡Oh!” – se sorprende el anciano. – “Lo siento mucho…” – dice mientras se tambalea. – “¡OH!” – exclama el viejo. – “Creo que me suenan vuestras caras… ¡Vosotros…!”

– “Viejo estúpido…” – gruñe la gárgola.

La criatura abre sus alas, empujando dos mesas que tenía a su alrededor, molestando a los otros clientes y llamando la atención de todos.

La gárgola se abalanza sobre Sambuco con el puño en alto y éste huye corriendo.

– “¡Ay, ay!” – grita el viejo.

El anciano se tropieza y se cae al suelo, con la aparente suerte de que al caerse propina una patada en el costado de la gárgola.

El maleante se encorva, sujetando la zona golpeada, dolorido.

– “Maldito viejo…” – gruñe la gárgola. – “¡Te vas a enterar!” – saca una navaja del bolsillo.

Sambuco gatea hacia atrás, aterrado.

Broly ya se ha levantado y da un paso al frente, colocándose delante del anciano.

– “Ya es suficiente.” – dice el saiyajín.

El tipo de la cresta se une a su compañero, los dos rabiosos.

– “Voy a sacarte las tripas, grandullón.” – gruñe la gárgola. – “¡Aquí la Patrulla no pinta nada!”

Pero un sartenazo en la cabeza, por la espalda, noquea a la gárgola, que se desploma contra el suelo.

– “¡SINVERGÜENZAS!” – grita la tabernera, blandiendo su sartén como un bate de béisbol.

– “Estúpida entrometida…” – gruñe el otro maleante.

Dos clientes se abalanzan sobre él por la espalda.

– “¡NO OS QUEREMOS EN NUESTRA TABERNA!” – grita uno.

– “¡FUERA!” – grita otro sentado a lo lejos.

Broly observa asombrado la actuación de los clientes y la tabernera.

Hybis agarra su jarra de cerveza.

– “Esto aquí es habitual.” – dice antes de dar un trago. – “Ya stá caliente…” – refunfuña. – “¿Me pones otra, Peonia?”

Los clientes arrastran a los malhechores fuera del local.

– “¡Por supuesto!” – sonríe la tabernera. – “¿Y tú quieres otra, guapo?” – le pregunta a Broly.

– “Estoy bien… gracias…” – dice Broly, un poco conmocionado.

– “¡A mí ponme otra también!” – exclama Sambuco, que levanta su silla del suelo y se sienta.

– “¡Tú ya me debes demasiadas!” – protesta ella, sacando de nuevo su temperamento.

Unos minutos más tarde, Tarble y Gladyola llegan a la taberna, y al acercarse ven a dos guardias llevarse a los maleantes maniatados.

– “¿Qué ha pasado aquí?” – se pregunta Tarble.

– “Preguntaré a mis hombres.” – dice Gladyola.

El saiyajín entra al local y se sorprende al ver que todos actúan como si nada hubiera pasado. Las mesas están en su sitio y la gente bebe y canta mientras Hybis está bailando de nuevo.

– “¡Hola!” – saluda Broly, levantando su jarra de cerveza.

Un rato después, Hybis, Tarble y Broly están reunidos en una de las mesas de la taberna.

– “Sin nave, ¿cómo nos comunicaremos con el Cuartel?” – pregunta Broly.

– “Si Hybis pudo avisar a la Patrulla, seguro que podemos contactar.” – dice Tarble. – “El problema es salir de aquí.”

– “Os dejaré usar mi antena si me invitáis a otra ración de bichos.” – avisa Hybis.

– “¿Es que no trabajas para la Patrulla Galáctica?” – protesta Tarble.

– “¿Vas a poner una queja?” – responde Hybis. – “¿Cómo piensas hacerlo?”

– “Aprovechado…” – gruñe Tarble.

– “¡Otra de bichos!” – levanta la mano Hybis.

– “¡Marchando!” – responde Peonia a lo lejos.

Mientras tanto llega Gladyola y se sienta con ellos.

– “Ya he hablado con los guardias y con el viejo Sambuco.” – dice ella. – “Parece que esos dos tipos esperaron a Glorio en las afueras y le proporcionaron un vehículo para escapar.”

– “¿Y a dónde ha ido?” – pregunta Broly.

– “El desierto es vasto…” – suspira Gladyola. – “Pero por suerte, esos dos no son muy listos. Cuando los han cacheado, mis hombres han descubierto que uno de ellos escondía semillas de onibana.”

– “¿Y eso es una pista?” – pregunta Tarble.

– “¿Onibana? ¿Como la cerveza?” – pregunta Broly.

– “Las semillas son un bien preciado en este planeta.” – explica Hybis. – “Se usan para el contrabando.”

– “Hay un asentamiento de forajidos al otro lado del Valle de los sordos.” – revela Gladyola. – “A unos veinte días de viaje, si rodeamos el Valle de los sordos.” – continúa. – “Estoy segura de que allí encontraremos respuestas.”

– “¡¿Veinte días?!” – se sobresalta Tarble.

– “Eso es mucho tiempo…” – murmura Broly.

– “Además, ahí se mueve la mayoría del mercado negro de la zona, así que es muy probable que podamos dar con vuestra nave.” – aclara la guerrera.

– “O, al menos, la mayoría de sus piezas.” – añade Hybis.

– “¡Ah!” – tiene una idea Tarble. – “¡Supongo que no has tenido en cuenta que nosotros podemos volar! Iremos Broly y yo. Seguro que podemos hacer el viaje en menos de un día.”

Broly asiente, contento.

– “Mientras tanto, Hybis puede intentar contactar con el Cuartel General e informar de nuestra situación.” – añade Tarble.

– “Cuando me acabe mis bichos.” – responde Hybis.

– “No tan rápido.” – les interrumpe Gladyola. – “Es cierto que volando podríais ir más rápido, pero no serviría de nada.”

– “Ah, ¿no?” – pregunta Tarble.

– “El asentamiento está oculto en las montañas.” – explica la guerrera. – “Dudo que podáis encontrarlo desde el cielo. Es un lugar casi imposible de encontrar sin alguien que haya estado allí antes.”

– “Pues toca ir por tierra…” – suspira Tarble.

– “No he terminado.” – lo interrumpe Gladyola. – “El lugar que buscamos está al otro lado del Valle de los sordos.” – explica la guerrera. – “Un lugar muy peligroso, pues en él habitan criaturas realmente terribles; caníbales, monstruos totalmente ajenos a todo uso de razón. Por eso debemos rodearlo.” 

– “¿Monstruos?” – repite Tarble, poco impresionado.

– “Son verdaderos demonios.” – dice Gladyola, poniéndose tensa, apretando los puños. – “Incluso para mí.”

Tarble se sorprende al ver a la guerrera sufriendo, pues entiende que realmente no deben subestimar el peligro.

– “¿Y si ese tipo se marcha con vuestra nave?” – pregunta Hybis.

– “¿Eh?” – lo miran Gladyola y los saiyajín.

– “¡TIENE RAZÓN!” – se alarma Tarble, llevándose las manos a la cabeza. – “¡ESE TIPO PODRÍA SALIR DEL PLANETA CON NUESTRA NAVE!”

Gladyola golpea la mesa con rabia.

– “Ese bastardo…” – refunfuña ella. – “Si queremos llegar hasta ese asentamiento antes de que sea demasiado tarde… tendremos que cruzar el valle.” – sentencia.

Tarble aprieta el puño con decisión.

– “Podemos hacerlo.” – asiente Tarble. – “¿Verdad, Broly?” – mira a su compañero.

Broly asiente.

– “No se hable más.” – se levanta Tarble.

– “Necesitamos un guía.” – le recuerda Gladyola.

– “Es cierto.” – se sienta Tarble, un poco avergonzado.

– “Iré con vosotros.” – dice el viejo borracho.

Sambuco se acerca a la mesa, jarra de cerveza en mano.

– “¿Eh?” – lo mira Tarble de arriba abajo. – “¿De dónde sale este tipo…?” – piensa al ver su deplorable aspecto.

– “¿Conoces ese lugar, Sambuco?” – pregunta Hybis.

– “¡Por supuesto!” – responde él, tambaleándose. – “Como la palma de mi mano.”

Gladyola se pone en pie.

– “¿Puedes guiarnos?” – pregunta ella, decidida.

El viejo eructa sonoramente; después asiente.

– “Tiene que ser una broma…” – piensa Tarble, desconfiado.

Broly sonríe.

– “Solicitaré vuestras monturas al Rey Kadan y raciones para el viaje.” – dice Gladyola. – “Si partimos de inmediato, podremos llegar antes del quinto amanecer.”

Tarble y Broly se levantan. Hybis sigue comiendo.

– “Está decidido.” – asiente Tarble. – “¡En marcha!”