DBSNL // Capítulo 370: Vegeta

DBSNL // Capítulo 370: Vegeta

“Vegeta es la persona más terca que conozco.”

En la Tierra, Dende ya ha curado a los más graves. Ahora está centrando sus energías en Zahha, pero algo extraño sucede.

– “No puedo… no puedo curarlo…” – dice el namekiano.

– “¿Eh?” – se extraña Gohan.

– “Por mucho que lo intento, ¡no logro sanar sus heridas!” – se preocupa Kamisama.

Gohan se agacha y pone su mano sobre el pecho de Zahha.

– “¿Podría ser…?” – se pregunta el mestizo. – “¿Podría ser porque no pertenece a esta línea temporal?”

– “La curación de Dende funciona en Trunks.” – dice Piccolo.

– “Es cierto…” – cavila Gohan. – “Pero creo que este caso es diferente…”

– “¿Cómo los poderes de Onisen?” – recapacita Piccolo.

– “¿De qué estáis hablando?” – se extraña Dende.

Gohan agacha la cabeza, sabiendo que, por desgracia, es posible que no puedan ayudar al espadachín del futuro.

En el planeta oscuro, Vegeta espera frente al cráter formado por su Big Bang Attack.

Entre la humareda, el saiyajín busca señales de Onisen y, finalmente, a medida que el polvo se disipa, puede identificar al androide.

Onisen ha sido malherido. Ha perdido la mayoría de sus tentáculos capilares, su brazo derecho, su pierna derecha y su pie izquierdo.

– “Je.” – sonríe el saiyajín.

Pero de repente, las raíces del árbol brotan bajo los pies de Vegeta y se enredan en sus brazos y piernas, inmovilizando al saiyajín.

El saiyajín aviva su aura para liberarse, pero las raíces se clavan en su piel.

En el rostro de Onisen revela una sonrisa traicionera.

El androide se regenera mientras el aura de Vegeta se apaga lentamente.

Vegeta cruza los brazos frente a su pecho y su aura desaparece.

– “¡¡YAAAAAAAH!!” – grita el saiyajín, haciendo estallar su poder, generando una onda expansiva que desintegra las raíces y deja un gran cráter a su alrededor.

Onisen se cubre ante la ventisca generada.

El androide frunce el ceño, frustrado.

Mientras tanto, Freezer sigue jugando en el anillo Toki frente al árbol, mientras se protege de las raíces que chocan contra su barrera de energía.

– “Presente y futuro…” – murmura Freezer, poniendo su mano en la corteza del árbol. – “Jugar con la cuarta dimensión es muy peligroso, pero es algo que se puede aprender…” – sonríe. – “Y a mí… me sobra tiempo.”

Freezer hace levitar el anillo en su mano derecha y lo coloca sobre su dedo corazón, deslizándolo lentamente hacia abajo hasta ponérselo.

Los ojos de Freezer brillan de color morado durante un instante y el mundo se detiene, fragmentándose como si la realdad estuviera hecha de cristal.

– “Qué interesante…” – sonríe el tirano.

De repente, la realidad se fragmenta de nuevo en trozos más pequeños y Freezer se desvanece.

Vegeta jadea, pues ha utilizado mucho poder para liberarse de las raíces.

Onisen convierte su antebrazo derecho un punzón.

El aura de Vegeta ha disminuido.

Raichi sonríe.

– “No pareces tan seguro de ti mismo como antes.” – le provoca el tsufur. – “¿Acaso tienes dudas? ¿O es miedo?”

Vegeta aprieta los puños.

En el núcleo de Raichi, Hit sigue peleando contra los tamagami. 

El asesino pone todo su empeño y habilidad en mantenerlos a raya una vez más, escabulléndose entre las estocadas del mosquito, los sablazos de la cigarra y los martillazos del escarabajo.

En lo alto de la torre, Bulma sigue trabajando en la computadora central.

De repente, la mujer logra una imagen del planeta oscuro. Puede ver a Vegeta a través de los ojos de Raichi.

– “Vegeta…” – murmura ella, con el corazón en un puño.

El saiyajín intenta avivar su aura pero, aunque se torna más violenta, no aumenta de tamaño.

Onisen ataca e intenta ensartar al saiyajín, pero Vegeta usa el Shunkanido y aparece detrás del androide, propinándole una patada en la nunca que lo lanza de boca contra el suelo.

– “Mi corazón nunca ha sido puro como el de Son Goku.” – dice Vegeta. – “La mente calmada y el espíritu tranquilo nunca han sido mi fuerte… por eso nunca he podido reunir un poder como el suyo.”

Onisen se levanta, humillado una vez más.

– “Pero que eso no te confunda, insecto.” – gruñe el saiyajín. – “Lo daré todo en este combate. Jamás lograrás tu objetivo. Protegeré a los míos. Protegeré la Tierra; mi hogar.”

– “Hablas como un mero terrícola.” – intenta provocarlo el androide.

– “Je.” – sonríe Vegeta. – “No te imaginas lo que me habrían ofendido esas palabras hace unos años.”

Onisen escupe al suelo.

De repente, el rostro de Vegeta cambia, mostrando una nueva rabia.

– “¿Sabes qué…?” – refunfuña el saiyajín. – “Sí que me ofenden.” – reaviva su aura. – “Mi mujer… mis hijos… han nacido en la Tierra; son terrícolas. ¿Y osas hablar de ellos como si fueran una raza inferior? ¡NO TE LO PERMITO!”

Raichi se sorprende al ver como un nuevo poder está nutriendo a Vegeta.

El aura del saiyajín se torna oscura, casi granate. Sus pupilas se tornan moradas y sus cejas desaparecen. Su cabello se tiñe de morado.

– “¿Cómo…?” – se sorprende Onisen. – “¿Cómo puedes utilizar ese poder…?”

– “Ya te lo he dicho.” – sonríe Vegeta de forma macabra. – “Yo no soy como Kakarotto.”

Dibujado por Ipocrito

Vegeta se abalanza sobre Onisen y le propina un puñetazo tan fuerte que le deforma la cara y lo lanza a través del páramo desértico.

El golpe sacude el planeta. Una onda expansiva oscura como el carbón sacude el planeta y se expande más allá del espacio.

En la Tierra, Dende contempla el cuerpo de Zahha, que parece a un solo aliento de perder la vida, cuando una sensación extraña pero terrible sacude el corazón de los presentes.

Todos miran al cielo.

– “¡¿Qué ha sido eso?!” – se sobresalta Gohan. – “Es… terrible…”

– “Siento que… se me revuelven las tripas…” – dice Pan.

Ub se da cuenta de que sus manos están temblando.

– “Esa oscuridad… la reconozco…” – dice Ub. – “Es el Makai…”

– “¿Ha aparecido un nuevo enemigo?” – se pregunta Granola.

– “No…” – dice Piccolo. – “Creo que no…”

– “Es Vegeta…” – revela Cell.

– “Está utilizando el poder del Makai que nutre la semilla del árbol.” – añade Dabra.

Vegeta persigue como una centella granate a Onisen a través del páramo, atravesando un bosque de raíces, y le propina otro puñetazo que lo empuja aún más lejos y a mayor velocidad.

Una gota de sudor frío recorre la frente de Dabra.

– “Si podía hacer eso, ¿por qué no lo hizo antes?” – pregunta Granola.

– “Mi padre…” – dice Bra. – “Ha tenido pesadillas desde que volvió del Makai.” – revela. 

– “Manipular ese oscuro poder tiene un alto precio.” – responde el diablo.

Pan recuerda a Piccolo y a Ub, en la Atalaya de Kamisama, imbuidos por el oscuro poder invocado por Garlick, transformados en demonio.

Vegeta sigue persiguiendo a Onisen, que intenta regenerar su desfigurado rostro cuando ve que el saiyajín le adelanta por encima a toda velocidad.

El saiyajín espera al androide y lo intercepta con una patada en el abdomen que lo parte en dos, pues a esa velocidad, la pierna de Vegeta actúa como una cuchilla.

Las dos mitades del enemigo siguen su curso dando tumbos sobre la superficie del planeta oscuro.

Vegeta se revuelve rápidamente mientras su aura se reduce a su mano derecha.

– “¡¡YAAAAAH!!” – lanza un torrente de energía granate con rayos negros al tren inferior de Onisen y las desintegra por completo.

El tronco del androide empieza a regenerarse mientras se arrastra por el suelo.

– “Maldición…” – gruñe Onisen. – “¿Cómo puede ser…? ¿Cómo me puede estar pasando esto a mi…?”

El androide golpea el suelo con rabia.

– “¡¡SE SUPONE QUE SOY UN DIOS!!” – clama. – “¡¡He trascendido el tiempo y el espacio!! ¡He creado un nuevo mundo! ¡¿Y no podré verlo florecer?!”

En la Tierra, Gohan y Piccolo siguen con la mirada puesta en el cielo.

– “Piccolo…” – dice Bra, acercándose tímidamente al namekiano. – “¿Crees que Vegeta puede controlarlo?” – pregunta con miedo a la respuesta.

– “Está jugando con fuego.” – responde el namekiano.

– “Vegeta es la persona más terca que conozco.” – interviene Son Gohan, intentando calmar a Bra con una sonrisa. – “Si alguien puede hacerlo, ese es tu padre.”

Piccolo se da cuenta.

– “Es cierto.” – añade el namekiano.

Los ojos de Bra brillan. La muchacha asiente.

Vegeta camina hacia Onisen, que está regenerando su tren inferior lo más rápido que puede.

De repente, el saiyajín se detiene. Vegeta siente como si el interior de su cabeza ardiera.

– “Grrrggh…” – gruñe el saiyajín. – “¡Graaaagh…!” – se agarra la cabeza.

Dos pupilas rojas en la oscuridad. El Makai. El que vio. Moro.

– “¡GRAAAAAAAH!” – grita Vegeta.

Onisen aprovecha el momento de incertidumbre para regenerarse por completo.

– “La mente mortal tiene sus defectos.” – sonríe Raichi.

En el interior de Vegeta, una pequeña nube blanca de contorno sutilmente azulado, su alma, lentamente se oscurece y empieza a deshacerse.

Desde la torre del mundo digital de Raichi, Bulma puede ver sufrir a su marido.

– “Vegeta…” – sufre ella. – “No te rindas… Te necesitamos… Te necesito…” – llora.

La mente del saiyajín se resquebraja. En cuestión de segundos, sus recuerdos se hacen añicos uno a uno. El enfrentamiento con Onisen. Su lucha contra Kamo. Su duelo contra Moro. El entrenamiento con Jiren. La pelea contra Broly. Su combate en el torneo contra Zeno Zamas, acompañado por Freezer y Cell. La fusión con Goku para enfrentarse al Daishinkan. Su pelea contra Freezer y su transformación en Súper Saiyajín Blue. El nacimiento de Bra. La llegada de Beerus a la Tierra. Su lucha contra Majin Bu en el planeta de los Kaioshin. Vegetto. Majin Vegeta y el abrazo a su hijo. La despedida de Mirai Trunks. Los Cell Games. Súper Vegeta. El entrenamiento en la Sala del Espíritu y el Tiempo con su hijo del futuro. La destrucción del Número 19. El nacimiento de Trunks. Bulma. La llegada de Mirai Trunks. El duelo con Granola. Namek. Freezer. Las Fuerzas Ginyu. La Tierra. Kakarotto.

Bulma golpea el teclado, desesperada.

– “¡¡VEGETAAA!!” – grita ella, con lágrimas en su rostro.

Una gota de agua cae en lo más profundo de su mente. La destrucción se detiene.

Rápidamente, los recuerdos se recomponen hasta regresar al presente.

El aura del saiyajín se reaviva, granate y negra. El poder del Makai.

– “Ningún brujo muerto va a entrometerse…” – gruñe Vegeta. – “Esto es entre tú y yo, Raichi.”

– “¿Y ahora qué…?” – protesta el androide.

El color negro del aura de Vegeta se desvanece y el granate se torna más brillante, volviendo al color rojo del Ikigai, pero ardiendo más viva que nunca.

La apariencia de Vegeta ha regresado a la normalidad. Sus ojos grises. Sus cejas han reaparecido. Su cabello rosado.

Vegeta parece calmado. El saiyajín cierra los ojos un instante, pensativo.

El saiyajín abre los ojos.

– “¿Cómo de aislado está este planeta?” – pregunta Vegeta.

– “¿Eh?” – se extraña Raichi.

Bulma tarda un instante en comprender las palabras de su marido.

– “¡VEGETA!” – grita ella, aterrada. – “¡NO! ¡NO LO HAGAS!”

Vegeta sonríe. Una sonrisa sincera y melancólica.

– “Son Goku… Seguro que te estás burlando de mí desde el Más Allá…” – murmura el saiyajín. – “No he estado a la altura, así que esta es la única solución que se me ocurre.”

La llama que envuelve a Vegeta empieza a girar rápidamente, formando un aura esférica a su alrededor.

– “Pero… ¿qué estás…?” – se sorprende Raichi.

– “Lo siento, Bulma…” – dice Vegeta. – “Espero que me perdones.”

Raichi da un paso atrás.

– “Maldita sea…” – se preocupa el tsufur.

El ordenador en el interior de su mente empieza a acelerar los procesos.

– “¡Está intentando recuperar el control!” – se sobresalta Bulma. – “No te lo permitiré…” – se pone a trabajar. – “Vegeta… No tengo nada que perdonarte… Estamos orgullosos de ti.” – piensa con lágrimas en los ojos. – “Si esa es tu decisión… Te acompañaré hasta el final.”

El mundo digital se resquebraja. 

Hit es superado por los tamagami. Ka ensarta su hombro izquierdo contra el muro de la base torre y Kabuto le propina un martillazo que lo empuja al interior, rompiendo el muro.

Mientras tanto, Koorogi asciende hacia la cima.

El aura esférica del saiyajín se expande.

Onisen siente como si el simple viento que provoca el hiciera que se evaporaran las capas más externas de su ser.

– “¡¡NO TE SERVIRÁ DE NADA!!” – grita Raichi. – “¡¡EL FUTURO YA ESTÁ ESCRITO!!”

De repente, el aura de Vegeta se desvanece en un instante.

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende Onisen.

Vegeta aparece frente al androide, con su mano extendida frente a su pecho.

Raichi no reacciona a tiempo.

Vegeta transforma su mano en un puño y golpea al tsufur a corta distancia.

El núcleo de Raichi se fractura.

En el mundo digital, Koorogi ha llegado a la cima de la torre y vuela hacia Bulma para cortarla en dos de un espadazo… pero de repente, el androide se detiene y después se disuelve en las formas geométricas originales que lo formaron.

En la base de la torre, ha sucedido lo mismo con Ka y Kabuto. Hit se levanta, malherido, entre los escombros.

El mundo digital empieza a desmoronarse.

El suelo se resquebraja a los pies de Bulma y cae al vacío… pero Hit acude a su rescate, sujetándola en brazos.

Vegeta golpea en el abdomen a Onisen y después le propina un puñetazo ascendente en el mentón que lo lanza por los aires.

El saiyajín apunta al androide con su mano izquierda y le lanza varios cañonazos de energía invisible que lo empujan hacia el cielo.

Vegeta lo persigue y le propina otro puñetazo más, empujándolo hacia el espacio exterior.

En el mundo digital, Hit ha llevado a Bulma a tierra firme, y ella trabaja en su pequeño ordenador de muñeca.

– “Tenemos solo unos segundos.” – dice Hit. – “¿Puedes regresar a tu cuerpo desde aquí?”

– “Voy a quedarme con Vegeta.” – responde ella.

– “No tienes nada que hacer aquí.” – dice Hit.

– “¡Vegeta sigue peleando!” – exclama ella.

– “Está peleando por ti.” – responde el asesino. – “No hagas que su sacrificio sea en vano.”

– “Pero…” – llora ella, desconsolada. – “Vegeta…”

– “Ni él, ni Trunks querrían que te quedaras.” – insiste Hit.

Bulma se seca las lágrimas y asiente.

– “Nos buscaré una salida.” – dice ella.

– “Yo no tengo a donde ir.” – suspira Hit. – “Ojalá hubiera podido despedirme de Kik.”

Mientras tanto, Onisen detiene su ascenso, ya en el espacio.

– “Bastardo…” – gruñe Raichi.

El androide concentra ki verde en su garganta y lo lanza como un torrente de energía que cae sobre Vegeta.

Pero el saiyajín prepara un pequeño orbe de energía en cada yema de los dedos de su mano derecha y los lanza hacia el ataque enemigo.

Los orbes pasan de largo el torrente de ki verde, aunque algunos estallan por el camino por la proximidad con el ataque enemigo.

Una pasa cerca de Onisen… y ahí se teletransporta Vegeta. 

El saiyajín propina un puñetazo que al tsufur que lo deja aturdido.

Vegeta se abalanza sobre él y lo agarra de la cintura.

– “¡¿EH?!” – se extraña Raichi.

Vegeta pone rumbo a la superficie del planeta a gran velocidad.

Raichi mira hacia abajo. Van directos hacia la copa del Árbol. En picado.

– “¡¡NO!!” – grita el androide. – “¡¡NO PUEDES CAMBIAR EL FUTURO!!”

Vegeta aviva su aura. Una llama gigantesca que ilumina el cielo mientras se precipita sobre el árbol como un meteoro.

Vegeta sonríe, satisfecho; en paz.

– “El futuro está en manos de otros.” – piensa el saiyajín. – “Pero tú estás en las mías.”

En la Tierra, ajenos a lo que sucede, Son Gohan, Mirai Trunks, Son Goten, Trunks, Ub, Pan, Bra y Baicha tienen la mirada puesta en el cielo. 

En el laboratorio, Gohan Jr y Goku Jr ayudan a Punch a ponerse en pie.

En el mundo digital, Bulma ha creado un extraño camino translúcido que se aleja hacia el infinito.

– “¿Estás segura?” – pregunta Hit.

– “Es todo lo que puedo hacer.” – dice ella.

El mundo se sigue desmoronando.

– “¡AAAH!” – grita Bulma, asustada.

– “¡VETE!” – exclama Hit.

De repente, en el laboratorio, Bulma regresa en sí, jadeando, alterada.

Mientras tanto, en la cabaña del recóndito planeta donde vive la familia de Hit, Katopesla se echa una siesta en el porche. 

Su casco, que está en el interior de la casa, sobre una mesa, empieza a brillar con luz verde intermitente.

Kik, que estaba acostada, se despierta con el brillo de la visera y un extraño sonido en forma de interferencia.

La niña se acerca al casco, que entre ruidos de estática parece repetir su nombre.

La chica pone su mano sobre la visera y, durante un instante, una mano parece responder de la misma forma desde el otro lado.

El casco se apaga. Silencio.

Sin saber por qué, los ojos de la muchacha se llenan de lágrimas, pero no son de tristeza.

En el planeta oscuro, Vegeta se precipita sobre el árbol.

El saiyajín y el androide atraviesan la copa y chocan contra la parte superior del tronco, rompiéndolo e introduciéndose en su interior.

El trono se resquebraja a medida que descienden. El brillo rojizo del Ikigai puede verse a través de las grietas, recorriendo el tronco de arriba abajo.

– “¡¡NOO!!” – grita Raichi. – “¡¡MI TRABAJO!! ¡¡MI NUEVO MUNDO!!”

Cuando el brillo llega a la base del árbol, un gran estallido destruye su base.

Una gran onda expansiva sacude el Universo en completo silencio.

DBSNL // Capítulo 369: El último trabajo

DBSNL // Capítulo 369: El último trabajo

“En la vida todos elegimos nuestro camino.”

Bulma ha logrado frenar la inteligencia artificial de Raichi que le permitía hacerse intangible.

Ante la mirada atónita del tsufur, Vegeta, más determinado que nunca, ha desatado todo el poder latente del Ikigai.

El aura de Vegeta es tan densa alrededor del cuerpo de Vegeta que el corazón de la llama adquiere tonos morados. Rayos de ki rojos chasquean a su alrededor.

Raichi se cubre ante la ventisca que genera el poder de su adversario.

– “¿Qué poder es este?” – murmura Onisen.

– “Mi propósito es más claro que nunca.” – revela Vegeta. – “El futuro cambiará aquí y ahora.”

Onisen intenta analizar a su adversario… pero antes de que pueda obtener ningún tipo de información, Vegeta aparece frente a él, en el aire, listo para propinarle una patada.

Con la patada, el saiyajín lanza a su adversario a través del páramo desértico.

De nuevo, Vegeta aparece instantáneamente para interceptar al androide con otra patada que lo lanza hacia el cielo.

Vegeta ahora se teletransporta sobre Onisen y con una voltereta hacia delante lo remata con otra patada, esta vez con el talón, que lo remite al suelo, donde se estrella.

Vegeta extiende sus brazos a los lados y en sus manos materializa dos esferas de energía magenta.

El saiyajín se lanza en picado sobre el cráter que ha dejado Onisen y cuando ha alcanzado una gran velocidad lanza las esferas de energía, primero una y después la otra, y estas caen como bombas sobre el androide.

Las dos explosiones consecutivas hacen temblar el planeta.

Desde la falda del gigantesco árbol, Freezer observa la explosión.

– “Vaya, vaya…” – sonríe el tirano. – “Estás lleno de sorpresas, Vegeta.”

En el interior de la mente del Raichi, Bulma siente como el mundo virtual se estremece.

La mujer sonríe al entender lo que está pasando.

En los pies de la torre digital, Pino remata al tamagami Kabuto, inerte, con un cañonazo a bocajarro. El androide se convierte en un montón de pequeños cubos de colores que se desmoronan y esparcen por la zona.

A los pies de Gamma 2, también hay cubos similares que indican que el androide ha hecho lo mismo con su adversario. Igual que Hit.

– “Se acabó.” – sonríe el androide de Hedo.

El mundo virtual tiembla de nuevo.

– “Será mejor que salgáis de aquí.” – advierte Hit.

– “¿Qué harás tú?” – pregunta Pino.

– “No tengo un cuerpo al que volver.” – responde el asesino.

– “Hablaré con mi padre.” – dice Gamma 2. – “Puede que…” – dice mirando a Pino.

El androide niega con la cabeza agachada.

Gamma 2 se queda en silencio, sintiendo que ha metido la pata.

Hit sonríe.

– “Sé que mis hijos están bien.” – dice el asesino. – “Estoy satisfecho.”

– “Eres un buen hombre, Hit.” – sonríe Pino.

El mundo tiembla una vez más.

– “Voy a ver a Bulma.” – dice Hit.

– “Buena suerte.” – se despide Pino.

Hit vuela hasta la cima de la torre.

Buma levanta el pulgar al verlo. Hit responde de la misma forma. Los dos comparten un instante de complicidad.

Pero de repente, todo tiembla de nuevo; las paredes se resquebrajan.

– “¡AH!” – se asusta ella.

En el laboratorio de la Corporación Cápsula, Gamma 2 y Pino se reactivan.

En el exterior de la torre, nuevos tamagami empiezan a tomar forma a partir de las figuras geométricas de colores que flotan en el cielo.

– “¡¿No ha funcionado?!” – se preocupa el asesino.

Bulma teclea de nuevo, intentando analizar la situación.

– “Sigue intentando defenderse…” – murmura ella. – “No se lo permitiré.”

En el laboratorio, Hedo se lleva las manos a la cabeza.

– “¡¿OTRA VEZ?!” – exclama el científico.

Pino y Gamma 2 se miran, sabiendo que han cometido un error marchándose.

– “¡DOCTOR!” – exclama Pino. – “¡VUELVA A ENVIARNOS!” 

Hedo se pone manos a la obra.

– “¡LO INTENTARÉ!” – dice con terror mientras teclea.

En el planeta oscuro, Onisen se ha protegido cubriendo todo su cuerpo con los tentáculos de su cabeza, creando un capullo a su alrededor.

Vegeta lo observa desde el aire.

El androide se pone en pie entre la polvareda y observa a Vegeta.

– “Que ahora puedas golpearme no significa que…” – dice el tsufur.

Pero su discurso se ve interrumpido por el saiyajín, que aparece frente a él y le golpe el abdomen tan fuerte que su puño puede notarse en la espalda del androide.

Onisen no ha podido reaccionar al Shunkanido de Vegeta.

El abdomen del androide brilla intensamente de color magenta. El brillo puede verse a través de la espalda de Onisen.

– “Je” – sonríe Vegeta.

Una onda de energía lanzada por Vegeta atraviesa por completo a Onisen.

El androide retrocede lentamente; tres pasos.

Frustrado, Raichi procede a reparar sus heridas.

– “No… no puedes derrotarme…” – refunfuña el tsufur. – “El árbol ha sido plantado… La semilla del nuevo mundo… ¡¡SOY UN DIOS!!”

– “He conocido a muchos Dioses.” – responde Vegeta. – “No me impresionan.”

– “Bastardo…” – gruñe Raichi.

Onisen levanta su mano derecha y la agranda.

Vegeta, sin inmutarse, observa como el enemigo alza su manaza sobre él y lo aplasta de un solo gesto.

– “Jaja…” – ríe el tsufur.

De repente, el suelo se resquebraja bajo los pies de Raichi; por las grietas se filtran rayos de luz magenta durante un instante antes de que Vegeta salga a toda velocidad del pavimento y propine un upper-cut al androide que lo lanza por los aires.

Onisen caen de espaldas al suelo.

Vegeta se posa en el suelo frente a él y extiende su mano derecha hacia Onisen.

Un orbe de ki se forma lentamente en su mano.

– “¡¡BIG BANG ATTACK!!” – sentencia.

Otra gran explosión sacude el planeta.

Mientras tanto, frente al árbol, Freezer pone su mano en el tronco, mientras con la otra juega con el anillo Toki, pasándoselo de un dedo a otro como si fuera una moneda.

Varias raíces brotan el suelo e intentan capturar al demonio del frío, pero éste rápidamente levanta un orbe de energía a su alrededor que lo protege.

– “Hmm…” – murmura el demonio del frío, viendo como las raíces se estrellan una y otra vez contra su barrera.

En la mente de Raichi, desde la cima de la torre, Hit puede ver a los nuevos tamagami formándose.

El asesino mira de reojo a Bulma, que lucha para frenar a Raichi. 

Hit cierra los ojos, tomándose un momento.

– “Hijo mío.” – dice Hit. – “Si me estás viendo, espero que entiendas por qué no he podido estar vosotros.” –  explica con serenidad. – “Siempre he hecho todo lo posible para manteneros a salvo y, aunque me gustaría que las cosas fueran distintas, no me arrepiento de mis decisiones.” – añade apretando los puños. – “Espero que, con el tiempo, me comprendas y me perdones.”

En el laboratorio de la Corporación Cápsula, Hedo sigue trabajando para enviar de nuevo a Pino y a Gamma 2.

– “Ya casi…” – sufre el científico. – “¿Estáis listos?”

– “Cuando quiera.” – asiente Pino.

Punch llora frente a monitor.

– “Cuida de tu madre y de tu hermana.” – continúa Hit. – “Se fuerte.”

En el jardín, Zahha sigue tumbado en el suelo, sangrando, cuando Dende impone sus manos sobre él.

– “En la vida todos elegimos nuestro camino.” – dice Hit. – “Yo he desafiado el tiempo y a los Dioses para asegurar un futuro para vosotros; para la gente que quiero.”

Moribundo, Zahha murmura casi sin voz, como si estuviera ido.

– “Lo hice lo mejor que pude…” – murmura.

Hit camina hasta el borde de la torre. Los tamagami ya están listos para pelear y alzan el vuelo hacia él y Bulma.

– “Adiós, hijo.” – se despide Hit.

El asesino se precipita torre abajo, al encuentro de los tres guardianes.

La pantalla pierde la imagen de repente. Negro. Nuestros amigos pueden verse reflejados en ella, atónitos.

– “El administrador me ha echado del sistema…” – dice Hedo, con el corazón encogido y casi sin voz. – “Me ha bloqueado.”

Punch cae de rodillas frente a la pantalla, llorando.

DBSNL // Capítulo 368: Ichigo Ichie

DBSNL // Capítulo 368: Ichigo Ichie

“No podrías estar más equivocado.”

En el planeta oscuro, Freezer observa desde la distancia. Vegeta y Onisen están a punto de empezar su combate.

En la Tierra, todos miran al suelo, intentando percibir algún ki que les dé una pista de lo que sucede en ese recóndito lugar, pero sin suerte. 

– “Papá…” – sufre Bra.

– “Vegeta…” – murmura Piccolo. – “Espero que sepas lo que haces…”

Vegeta parece confiado. El saiyajín sonríe.

– “¿Has perdido la razón, Vegeta?” – se burla Raichi. – “¿Aún no te has dado cuenta de que vuestro destino está sellado?”

El saiyajín se envuelve en el aura magenta del Ikigai.

– “Hmm…” – lo observa Raichi.

Vegeta carga contra Onisen.

El androide se torna intangible, dejando pasar a Vegeta de largo. El saiyajín detiene su avance con un estallido de su aura y retrocede dando una coz a Onisen por la espalda, pero éste sigue siendo intangible.

– “¿Crees que vas a sorprenderme con un truco tan simple?” – pregunta Raichi, sin ni tan solo mirar al saiyajín. – “¿Qué treta te queda por intentar?”

Vegeta aprieta los dientes. El saiyajín retrocede y lanza múltiples ráfagas de energía, alternando con cada mano. Algunos de los orbes de energía lanzados atraviesan a Onisen y otros solo pasan cerca de él.

– “Hmm…” – el androide analiza la táctica de su contrincante.

De repente, Vegeta se teletransporta con el Shunkanido a uno de los ataques cercanos a Onisen e intenta sorprenderle con una patada… pero fracasa de nuevo. El golpe atraviesa al androide sin dañarlo.

– “Patético.” – murmura Onisen.

Freezer deja de prestar atención al combate y observa su nuevo juguete; el anillo Toki de Zahha, ahora en su mano.

Onisen, por primera vez en este asalto, mira a Vegeta, que instintivamente retrocede.

– “Vaya, vaya…” – sonríe Raichi, prepotente. – “¿Tan asustado estás, Vegeta?”

Mientras tanto, en lo más profundo de la mente artificial del científico tsufur. En lo alto de la torre que preside el espacio digital, Bulma sigue tecleando.

– “Si reescribo esta parte… y elimino esta otra…” – piensa ella, desesperada. – “Puede que…”

Pero el ordenador corrige el código de Bulma más rápido de lo que ella puede escribirlo.

– “¡¡MALDITA SEA!!” – golpea el teclado.

Cerca de allí, Hit sigue luchando. El asesino es rodeado por los tamagami, que han curado completamente sus heridas. 

Kabuto, Koorogi y Ka se abalanzan sobre Hit y ahora, luchando más coordinados, abruman progresivamente al asesino.

En el laboratorio de la Corporación Cápsula, Punch, frente al monitor, sufre por su padre.

Hedo mira de reojo la pantalla, mientras trabaja en reparar al dañado Gamma 2. Con un destornillador, abre el abdomen del robot.

Gamma 2 observa a Punch y a Gohan Jr. Al lado de ellos, Pino, inerte, sigue conectado a la computadora.

Hedo deja el destornillador y coge unos alicates. Cuando va a seguir con la reparación, Gamma 2 le agarra el brazo.

– “¿Eh?” – se sorprende Hedo.

Hit detiene la espada de Ka entre sus manos, cuando éste se parta lo suficiente para que el tridente de Koorogi sorprenda a Hit y se clave en su muslo.

– “¡AH!” – grita el asesino.

Kabuto aparece detrás de Hit y aprovecha para golpearle por la espalda con su gigantesco martillo.

El impacto lanza al asesino contra el suelo.

Malherido, Hit intenta levantarse, pero el dolor lo frena.

Kabuto camina hasta él y levanta su martillo para rematarlo, mientras Hit se da la vuelta.

– “Maldita sea…” – refunfuña Hit, resignado a recibir el golpe, cubriéndose el rostro.

El martillo cae sobre Hit. Un impacto metálico retumba en el lugar.

– “¿Eh?” – abre los ojos el asesino.

Un renqueante Número 16 se ha colocado sobre Hit y ha recibido el golpe.

El cuerpo del androide se resquebraja.

– “¿Quién eres tú…?” – se extraña Hit.

En ese instante, Gamma 2 se abalanza sobre Kabuto con los pies por delante, lanzando al androide a través del páramo digital.

Hedo se sienta frente al ordenador, con lágrimas en los ojos.

Hit se levanta.

– “Agradezco la ayuda.” – dice Hit.

Pino se incorpora. Su cuerpo se está reparando rápidamente, pieza a pieza.

– “¿Cómo has hecho eso…?” – se sorprende Hit.

– “Supongo que desde el exterior se pueden programar recambios.” – sonríe tiernamente el Número 16. – “Solo soy un robot.”

– “Ser una máquina tiene sus ventajas.” – presume Gamma 2. – “Nuestra mente no entiende el sufrimiento físico, así que no puede recrearlo en este mundo.”

– “Aquí no somos más que un personaje de videojuego.” – añade el Número 16. – “Como ellos.”

Ko y Koorogi se abalanzan sobre nuestros amigos.

– “Ahí vienen” – advierte Hit.

– “¿Puedes seguir peleando?” – pregunta el Número 16.

– “Por supuesto.” – sonríe Hit.

– “Genial.” – responde Gamma 2. – “Tu hijo te está mirando. Haz que esté orgulloso.”

Hit se queda perplejo durante un instante.

– “¿Mi hijo…?” – murmura el asesino.

Dibujado por Ipocrito

Bulma lo intenta de nuevo, pero con el mismo fútil resultado.

De nuevo, golpea el teclado con rabia.

– “Así no lograremos nada…” – piensa ella, frustrada. – “Necesito entretenerlo… tiene que haber una forma de ralentizarlo… de hacerlo menos productivo…”

Bulma tiene una idea.

– “¡HEDO!” – grita la mujer. – “¡¿ME OYES?!”

En el planeta oscuro, Vegeta ataca de nuevo.

Apuntando con sus dedos índice y corazón, el saiyajín hace estallar el suelo alrededor de Onisen, levantando una gran nube de polvo.

Vegeta se adentra en la nube de polvo, pero Onisen ha desaparecido.

– “Tsk…” – protesta el saiyajín.

Onisen brota del suelo detrás de Vegeta.

El saiyajín se revuelve, pero Onisen le agarra la cara y lo estrella contra el suelo, disipando la polvareda con la onda expansiva del impacto.

– “Voy a hacerte comprender el abismo que nos separa.” – sonríe Raichi.

Vegeta intenta aprovechar la ocasión para contraatacar. Apunta rápidamente al rostro del enemigo con su mano derecha y dispara un poderoso ataque de energía… pero Onisen ha reaccionado más rápido que él y el ataque pasa de largo a través del androide.

Onisen se eleva unos metros y cae sobre Vegeta con los pies por delante, sobre su abdomen, incrustando al saiyajín contra el pavimento.

– “¡AAAAH!” – grita Vegeta, que pierde su transformación.

En el interior de Raichi, Bulma sigue peleándose con el programa, cuando de repente oye el eco del grito de Vegeta.

– “Tsk…” – se esfuerza ella, sin dejar de trabajar pese a que el grito de su marido se clava en su pecho como un puñal.

Onisen levanta a Vegeta agarrándolo del pelo y le propina un puñetazo en la cara.

Vegeta da tres pasos atrás, pero se mantiene en pie, lo que Raichi se toma como un desafío. 

El androide lo golpea de nuevo.

Vegeta retrocede una vez más, pero resiste de pie.

Onisen no desiste. Otro golpe. Vegeta sangra por la nariz y la boca, pero no cae.

Raichi sonríe.

– “Saiyajín…” – murmura el androide. – “Realmente sois una raza dura de roer… ¿es tu orgullo lo que te mantiene en pie?”

Vegeta se limpia la sangre con el antebrazo.

– “Jeje…” – ríe el saiyajín.

Raichi analiza detenidamente el rostro de Vegeta. La mueca del saiyajín revela un sentimiento distinto. No es resiliencia. Su rostro ha perdido la dureza de antaño y deja entrever una sonrisa que revela una extraña sinceridad.

El tsufur se sorprende.

– “No puede ser…” – dice en tono de burla. – “¿Es eso… esperanza?”

Onisen se cruza de brazos.

– “¿Tú, Vegeta?” – se mofa el androide.

Vegeta escupe un salivajo ensangrentado al suelo, sin perder su actitud.

– “Es inútil.” – dice Raichi. – “El nuevo mundo es un hecho. Acéptalo.” – añade con desdén. – “Este no es un combate que puedas ganar con fuerza bruta y esfuerzo. Esa realidad ha llegado a su fin.” – insiste. – “Tienes ante ti a la mente más brillante del Universo.” – sentencia.

– “¿Eso crees?” – pregunta Vegeta, con retintín.

Vegeta aprieta los puños y se envuelve en su aura incolora.

– “¡YAAAAH!” – el saiyajín carga de nuevo contra su enemigo.

Vegeta intenta golpear a Onisen, pero lo atraviesa.

El saiyajín no se rinde. De nuevo, intenta golpear a su enemigo. Una patada. Un puñetazo. Todo es inútil.

– “Tus intentos son patéticos, saiyajín.” – murmura Raichi. – “La semilla del futuro ha sido plantada. El árbol ha nacido. El nuevo mundo es un hecho.” – le recuerda. – “Nada de lo que hagas puede cambiar el destino de…”

Como un flash, la imagen de unos ojos blancos redondos en la oscuridad se cuela en la mente de Raichi.

En ese instante, Vegeta conecta un puñetazo directo contra la mejilla de Onisen.

El androide retrocede un paso.

Vegeta esboza una media sonrisa chulesca. Es orgullo; orgullo en alguien más.

Confuso, Onisen se frota la mejilla.

– “¿Qué…?” – se sorprende el androide. – “¿Cómo…?”

En el laboratorio de la Capital del Oeste, Gohan Jr ha conectado un teléfono móvil al ordenador de Bulma.

Bulma deja de teclear. En la gran pantalla de la torre, un vídeo del gato Tama jugando con una pelota se reproduce en una ventana, rodeado de cientos de vídeos similares de otros animales de la Corporación Cápsula.

– “Jeje…” – sonríe Bulma.

– “¡¿Qué es esto?!” – se pregunta Raichi. 

– “Mis padres se pasaban el día grabando a los animales del santuario…” – dice Bulma.

En el exterior de la torre, los tamagamis empiezan a moverse más despacio.

– “¡Algo está pasando!” – advierte Gamma 2, que estaba peleando contra Koorogi.

– “¿Lo ha logrado?” – se pregunta Hit, luchando contra Ka.

Un vídeo del Dr. Brief sentado en su mesa de trabajo, jugando con Tama, que se contonea sobre sus hombros, se abre en pantalla sobre todos los demás.

– “Estoy trabajando…” – protesta Brief, cuya voz deja entrever que en realidad está encantado con los cariños de su mascota.

– “Solo quiere que le hagas caso.” – dice su esposa, que está grabando el vídeo.

– “¿Es eso cierto?” – dice Brief, agarrando al felino y poniéndolo sobre su regazo para acariciarlo.

El gato bosteza tiernamente.

Bulma sonríe. Un breve instante de paz.

Pero los vídeos empiezan a cerrarse.

– “No tan rápido…” – protesta Bulma, que teclea de nuevo. – “¡No he terminado!”

Vídeos de animales haciendo monerías alrededor del mundo empiezan a aparecer en pantalla a un ritmo cada vez más alto, abrumando a Raichi.

– “Eso es…” – sonríe Bulma, trabajando a toda velocidad. – “Esto nos dará algo de tiempo… ¡Tenemos una oportunidad!” – exclama. – “¡Está en tus manos, Vegeta!”

En el planeta oscuro, el tsufur aprieta los dientes, furioso.

Vegeta mantiene su sonrisa.

– “Maldición…” – gruñe Raichi. – “¿Cómo es posible…?”

– “Antes has dicho que eras la mente más brillante del Universo…” – le recuerda el saiyajín. – “¡No me hagas reír!” – grita. – “No podrías estar más equivocado.” – aprieta los puños.

Vegeta se imbuye del aura magenta del Ikigai.

– “Ese honor recae en un mortal.” – continúa Vegeta. – “Una terrícola.”

– “¿EH?” – se sorprende un boquiabierto Raichi, que se ha dado cuenta de que ha cometido un error al subestimar a su enemigo.

Un rayo de energía rojo chasquea alrededor del puño del saiyajín.

El poder de Vegeta estalla, su cabello se tiñe de nuevo con el Ikigai.

– “¡¡MI BULMAAAAAA!!” – grita el saiyajín.

El planeta tiembla.

El aura de Vegeta genera una llama tal que baña el planeta de luz magenta.

Onisen es empujado por el poder de Vegeta y retrocede unos metros, deslizándose sobre el terreno.

El androide mira al saiyajín, sorprendido por el poder que ha revelado.

El aura de Vegeta es tan densa alrededor del cuerpo de Vegeta que el corazón de la llama adquiere tonos morados. Rayos de ki rojos chasquean a su alrededor.

Raichi se cubre ante la ventisca que genera el poder de su adversario.

– “¿Qué poder es este?” – murmura Onisen.

– “Mi propósito es más claro que nunca.” – revela Vegeta. – “El futuro cambiará aquí y ahora.”

Dibujado por Ipocrito

ESPECIAL DBSNL /// El Campeón // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte VI: Mr. Satán

El Campeón // Parte VI: Mr. Satán

“Voy a hacerte daño, Mark.”

El antiguo estadio del Torneo Mundial de Artes Marciales ha sido preparado para la gran noche. Gradas metálicas han sido colocadas rodeando el cuadrilátero por tres lados. Los focos iluminan el ring. Las cámaras de televisión captan lo que sucede en las abarrotadas gradas mientras varios periodistas cubren el evento en la hierba que rodea el tatami. Dos cañones de luz móviles iluminan el cielo. Es fiesta en Isla Papaya.

La gente grita en las gradas. La mayoría anima al héroe local, Pamputt, aunque hay unas pocas pancartas dedicadas a Dynamite Mark entre la multitud.

Entre bastidores, Pamputt, vestido con un batín rojo sobre su pantalón verde, se toma un refresco sentado en un sillón, mientras Prati le masajea los hombros.

– “¿Estás listo, Campeón?” – pregunta el agente.

– “¿Tienes la reserva hecha?” – responde Pamputt.

– “Delicious Saikan. Cincuenta personas.” – dice Prati.

– “Me refiero a la otra.” – insiste el luchador.

– “Sí, ya he hablado con el Señor Cash.” – responde el agente, un poco molesto. – “Las chicas le estarán esperando en la suite del Hotel Pawpaw. Se marcharán hacia allí en autobús después de su presentación.”

– “Fantástico.” – sonríe Pamputt.

El luchador se levanta y da unos saltitos de calentamiento mientras abre y cierra los brazos.

Mientras tanto, Mark se mira al espejo. Viste un gi formado por un pantalón blanco y una chaqueta marrón, con un cinturón blanco y botas negras cordadas.

Mark se ha afeitado, pero se ha dejado un enorme bigote.

– “Así es más intimidante…” – piensa él. – “Muy masculino…”

Pizza le entrega una capa blanca de cuello alto. Mark la abre y se la coloca sobre los hombros con un único movimiento antes de anudársela alrededor del cuello.

– “Je.” – se mira de nuevo al espejo, con los brazos en jarra.

– “¡BIEEEEN!” – aplauden Pizza y Videl, fans incondicionales.

Mark sonríe con chulería.

German observa la escena, poco convencido.

– “¿No es… demasiado?” – pregunta el agente.

– “Es mi nueva persona.” – responde Mark. – “Sé lo que hago.” – le guiña un ojo.

– “Toda la gente conoce a Dynamite Mark…” – duda German. – “Aún estás a tiempo de…”

Pizza empuja a German fuera del camerino.

– “Deja de darle vueltas y ve a comunicárselo al presentador.” – dice ella. – “¡Espabila!”

Sobre tatami, cuatro grandes focos iluminan el centro de la pista, donde el presentador del Torneo Mundial de Artes Marciales hace acto de presencia. Vestido como un pincel, con su tupé rubio y con gafas de sol pese a ser de noche.

– “¡¿ESTÁN TODOS LISTOS PARA ESTA GRAN VELADA?!” – pregunta al público.

La grada enloquece.

El presentador observa las gradas llenas de gente. Durante un instante parece revivir su época de gloria que tanto ha echado de menos durante estos años sin grandes encuentros.

– “¡¿ESTÁN TODOS LISTOS?!” – insiste.

La grada grita de nuevo.

– “¡DEMOS PASO AL ANFITRIÓN!” – anuncia. – “¡DISPUESTO A DISFRUTAR DE OTRA NOCHE DE GLORIA! ¡UN HIJO DE ISLA PAPAYA! ¡LA ESTRELLA DE CINE! ¡EL GRAN PAMPUTT!”

Pamputt camina por el pequeño camino de piedra que lleva hasta el tatami, acompañado por Prati y una docena de mujeres vestidas en traje de baño a que bailotean a su alrededor.

El público corea su nombre. Pamputt está más pendiente de las chicas.

Desde el backstage, Mark espía lo que está sucediendo.

– “Vaya presentación…” – murmura Mark, un poco intimidado por el espectáculo.

– “Jeje…” – ríe Pizza.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta Mark.

Pizza saca un vestido de una bolsa de deporte.

Pamputt sube al ring y se quita el batín rojo, que entrega a su agente.

El luchador alardea de su velocidad, dando una combinación de puñetazos al aire.

La gente parece asombrada ante el aperitivo que les está regalando el luchador.

El presentador lo observa de reojo, poco impresionado.

Tras un suspiro, el presentador se lleva el micro a la boca.

– “¡¡Y AHORA, UN ESPERADO REGRESO!!” – anuncia. – “¡¡VUELVE AL RING!! ¡¡PARA TODOS USTEDES!! ¡¡DYNAMITE…!!”

German se ha subido solo al ring, lo que ha interrumpido al presentador, que lo mira sin saber qué está ocurriendo.

Pamputt sonríe.

– “¿Va a retirarse?” – se mofa el luchador.

German susurra algo al oído del presentador, que parece confundido.

– “¿Seguro?” – pregunta el maestro de ceremonias.

El agente de Mark asiente mientras abandona el ring, no sin antes hacer una reverencia al público a modo de disculpa.

El presentador carraspea.

– “Bien… Ha habido un pequeño cambio de última hora…” – anuncia. – “¡¡SEÑORAS Y SEÑORES!!” – exclama. – “¡¡ME PIDEN QUE LES PRESENTE A NUESTRO SEGUNDO LUCHADOR CON UNA PRIMICIA!! ¡¡RECIBAMOS TODOS A…!!” – mira de reojo a German, para confirmarlo.

Germán asiente.

– ¡¡MISTER SATÁN!! – exclama.

El público parece confuso ante un nombre que desconocen.

Pizza desfila hacia el ring embutida un vestido rojo entallado y escotado, decorados con unas pequeñas alitas de diablesa, guantes largos rosados, pantimedias amarillas y botas negras altas. La mujer lleva un gran cartel con el nombre Míster Satán.

El público se queda embobado ante la belleza de la muchacha.

Mr. Satán sale detrás de ella.

– “¡¡GRAAAAAH!!” – grita alzando los puños.

El pública tarda un segundo el reaccionar, pero parecen convencidos por el show.

Pizza corretea de un lado al otro del pasillo, levantando el cartel, que recibe una oleada de gritos cada vez que lo presenta.

Mark se sube al escenario, acompañado por la muchacha.

Desde el área de hierba que rodea el ring, German y Videl observan. La pequeña está nerviosa.

Pamputt parece molesto por el recibimiento de su contrincante.

– “¿Míster Satán?” – refunfuña el luchador. – “¿Qué broma es esta?”

Mark se quita la capa con un vistoso gesto y se la entrega a Pizza.

– “Sabes que no estoy de acuerdo con este pequeño espectáculo, ¿no?” – dice Mark en voz baja.

– “Se me da bien encandilar a la gente.” – le guiña el ojo.

Pizza y Prati se retiran del ring.

Pamputt y Mark son reclamados en el centro del ring por el presentador.

El presentador aparta el micrófono.

– “Para honrar este lugar, lucharemos con las normas del Torneo Mundial de Artes Marciales.” – les dice. – “Caer fura del ring, es motivo de descalificación. El combate también terminará si uno de los dos se rinde, o si queda inconsciente. Lo mismo ocurre si, tras ser derribado, el luchador no puede levantarse antes de que termine mi cuenta de 10 segundos.” – les recuerda. – “¿Lo tienen claro, caballeros?”

Los dos asienten, mirándose a los ojos fijamente.

Mark y Pamputt se separan de nuevo a una distancia prudencial para poder empezar el combate.

El presentador toma la palabra ante el público.

– “¡¡QUÉ EMPIECE EL COMBATE!!” – exclama.

– “¡¡ÁNIMO PAPÁ!!” – grita Videl.

Los dos luchadores adoptan poses de combate.

En el palco VIP, entre varias celebridades locales, Fulov Cash observa el enfrentamiento, fumándose un puro, acompañado de su bella esposa, Ranfan.

Pamputt empieza a avanzar hacia su contrincante dando pequeños saltos, pero Mr. Satán espera impasible.

– “¿No piensas atacarme?” – se pregunta Pamputt. – “Menudo cobarde…” – se impacienta.

Satán parece concentrado y eso desquicia a Pamputt.

– “¡¡PAMPUTT BUSCA TENER LA INICIATIVA!!” – exclama el presentador.

El boxeador avanza mientras hace dos movimientos evasivos hacia derecha e izquierda e intenta sorprender a Mark con una rápida combinación de golpes que chocan contra su guardia.

– “¡¡IMPRESIONATE COMBINACIÓN DE PUÑETAZOS!!” – dice el presentador. – “¡¡PAMPUTT QUIERE GANAR ESTE COMBATE LO ANTES POSIBLE!!”

Mark se ha cubierto la cara con ambos brazos.

– “Qué defensa tan burda…” – piensa Pamputt.

El boxeador insiste con sus golpes. Algunos impactan en la guardia de Mark y otros en su costado.

– “¡¡DYNAM…!! ¡¡MISTER SATÁN PARECE MUY PASIVO!!” – exclama el presentador. – “¿TENDRÁ ALGÚN PLAN ENTRE MANOS?!”

Pamputt castiga al Mark, que retrocede lentamente ante la ofensiva del boxeador.

– “Ya sabía que esto sería fácil…” – piensa Pamputt. – “Estaba claro que…”

Pero de repente, un puñetazo de Mark se cuela entre los brazos de Pamputt y le golpea la nariz.

El boxeador no esperaba un contraataque tan potente. Pamputt retrocede varios pasos hacia atrás.

– “¿Cómo…?” – se pregunta el luchador de Isla Papaya.

El presentador hace enloquecer a la grada.

– “¡¡IMPRESIONANTE CONTRAATAQUE DE MISTER SATÁN!!” – exclama. – “¡¡DE UN SOLO GOLPE HA HECHO TAMBALEARSE AL GRAN PAMPUTT!!”

– “Míster Satán…” – refunfuña Pamputt. – “Otra vez ese ridículo nombre…”

Mark parece muy sereno. De nuevo se pone en pose de combate.

Pamputt choca sus puños varias veces, furioso, con su nariz sangrando.

– “Voy a destrozarte…” – gruñe el boxeador.


De nuevo, Pamputt carga contra Mark. Una nueva combinación de puñetazos que chocan contra la guardia de nuestro amigo.

Los movimientos de Pamputt son cada vez más lentos y cansados.

De repente, un codazo ascendente de Satán golpea la barbilla del boxeador y lo hace retroceder. 

Pero esta vez, Mark lo sigue con una fuerte patada frontal en el pecho de Pamputt, que logra cubrirse con ambos brazos en el último momento, pero cae de culo al suelo.

– “¡¡UN NUEVO CONTRAATAQUE DE SATÁN!!” – narra el presentador.

– “Cabrón…” – gruñe Pamputt, en el suelo.

– “¡¡UNO!! ¡¡DOS!!” – cuenta el presentador.

– “¡CÁLLATE!” – protesta Pamputt. – “¡¿No ves que me estoy levantando?!”

– “Sí, bueno…” – se excusa el presentador. – “Qué maleducado.” – piensa.

Mark sonríe. Pizza y Videl también.

– “Lo tenemos donde queríamos…” – murmura Pizza, que ya ha regresado con Videl y German.

Los gritos en la grada a favor de Pamputt pierden fuerza.

Mark se da cuenta. Un murmullo de confusión se ha establecido en la grada.

Míster Satán abandona su pose de lucha para cruzarse de brazos.

– “¡¡CREÍAS QUE IBAS A PODER DERROTARME FÁCILMENTE…!!” – exclama Mark, proyectando su voz como si fuera una obra de teatro. – “¡¿VERDAD?!”

Pamputt parece confundido ante la actuación de Mark.

– “¿Qué demonios haces…?” – se pregunta el boxeador.

Mark señala a Pamputt.

– “¡¡PERO TIENES ANTE TI AL HOMBRE MÁS FUERTE DEL MUNDO!!” – exclama. – “¡¡MÍSTER SATÁN!!” – se señala a él mismo con el pulgar.

Videl ha imitado sus poses mientras su padre hablaba, pues las habían ensayado juntos durante días.

La gente se queda en silencio. Algunos no saben cómo reaccionar… pero poco a poco, un grito tímido se oye entre la multitud.

– “¡SATÁN! ¡SATÁN!” – corea un pequeño grupo.

Suena el teléfono de Prati. Un mensaje: Detén el combate.

Fulov está regresando a su asiento. Se acomoda.

Prati no sabe qué hacer. Intenta pensar una excusa cuando ve que el vendaje en la mano derecha de su luchador está deshecho.

– “¡¡UN MOMENTO!!” – exclama Prati. – “¡¡TIEMPO MUERTO!!”

– “¿Eh?” – se sorprenden todos.

– “Pero, ¿qué haces…?” – pregunta Pamputt.

– “Disculpe…” – dice el presentador. – “Pero no se puede detener el combate…”

– “Mi luchador necesita ajustarse el vendaje.” – dice Prati.

– “¿Qué tontería es esa…?” – se extraña el propio Pamputt.

– “Si… veamos… si su contrincante se engancha con el vendaje y… y se rompe un dedo… ¡ESO! ¡Si su contrincante se rompe un dedo por el vendaje de Pamputt, lo acusarán de usar un objeto externo como arma! Y eso es motivo de descalificación, ¿no?”

– “¿Eh?” – se miran Mark, Pamputt y el presentador.

– “Técnicamente…” – piensa el presentador. – “Podría ser… pero…”

– “¡Pues necesitamos cinco minutos para hacerlo de nuevo!” – insiste Prati.

– “Bueno…” – piensa de nuevo el presentador, un poco contrariado. – “No sé si… ¿Qué opina su contrincante?”

Mark parece descolocado, pero al final acaba accediendo.

– “Me parece bien… Son solo cinco minutos…” – responde Satán.

El presentador anuncia lo ocurrido.

– “¡¡SEÑORAS Y SEÑORES!!” – exclama. – “¡¡EL COMBATE VA A DETENERSE CINCO MINUTOS PARA QUE PAMPUTT SOLUCIONE UN PEQUEÑO PROBLEMA DE VESTUARIO!!”

Murmullo y confusión en la grada.

– “¡¡DISCULPEN LAS MOLESTIAS!!” – insiste el presentador. – “¡¡CINCO MINUTOS!!”

Mark y Pamputt bajan del tatami.

Pamputt, furioso, se acerca a Prati.

– “¡¿Qué demonios estás haciendo?!” – refunfuña el boxeador. – “¡Me estás haciendo quedar mal!”

– “Tranquilo, Pamputt…” – responde Prati. – “No quiero que… que te descalifiquen por una tontería…”

Los dos regresan al backstage.

Mark también, donde es recibido por German, Videl y Pizza.

– “¡MUY BIEN, PAPÁ!” – celebra Videl.

– “¡Ya es tuyo!” – le dice Pizza.

– “Fantástico, Mark.” – sonríe German. – “Parece que lo teníais todo bajo control.”

– “¿Qué creías?” – le dice Pizza, haciéndose la ofendida.

– “Jajaja” – ríe Videl.

Mark se acerca a su bolsa de deporte y la abre para sacar su botella de agua. Hay una nota sobre ella: Contesta.

Su teléfono móvil empieza vibrar en silencio. Mark lo saca de la bolsa. Número oculto.

El luchador se pone serio de repente.

– “Chicos…” – dice Mark. – “¿Podéis salir un momento?”

– “¿Eh?” – se extrañan todos.

– “Necesito concentrarme un minuto… a solas.” – insiste él.


Un poco extrañados, acceden.

– “Está bien.” – dice German. – “Dejemos al Don Diablo a solas.”

– “¡MÍSTER SATÁN!” – lo corrigen las chicas.

– “Eso, eso…” – responde el agente.

Mark se queda a solas y responde al teléfono.

– “¡Hola, Mark!” – saluda Cash. – “¡Excelente combate! ¡Está siendo todo un espectáculo!”

– “¿Qué quiere?” – responde Mark, tajante.

– “Voy a ir directo al grano.” – responde Cash. – “He apostado mucho dinero por tu rival.”

– “Creo que va a perderlo.” – responde Mark.

– “Había venido a disfrutar de como ese supuesto campeón te partía la cara…” – continúa Cash. – “Pero ha resultado ser todo fechada… ¿qué se le va a hacer…?”

Fulov Cash habla desde el palco.

– “¿Ha llamado para llorar?” – se impacienta Mark.

– “No quiero perder mi dinero.” – responde Cash. – “Así que te propongo un trato…”

– “Adiós, señor Cash.” – responde tajante Mark.

– “Voy a hacerte daño, Mark.” – dice Cash, con un susurro amenazante, tapándose la boca para que no lo oiga nadie a su alrededor. – “Puede que vaya a por tu hijita… o puede que me encargue de esa zorrita que te llevaste de mi club… pero te prometo que te haré daño.”

Mark se queda helado.

– “¿Qué…? ¿Qué quieres?” – pregunta Mark.

– “Quiero que pierdas este combate.” – responde Cash.

– “¿Y ya está?” – pregunta Mark.

– “No” – sonríe Cash. – “Quiero que ese mindundi te de una paliza. No quiero que te rindas. Si finges caer fuera del ring o te quedas en el suelo hasta que acabe el conteo, no hay trato.” – su sonrisa se torna más macabra. – “Quiero verte sangrar. Quiero verte sufrir. Quiero verte humillado. ¿Lo has entendido?”


Ranfan, sentada a su lado, lo observa con desprecio.

Sobre el tatami, el presentador anuncia que se reanuda el combate.

Pamputt y Satán están listos. Adoptan poses de lucha.

– “¡¡QUE CONTINÚE EL ESPECTÁCULO!!” – exclama el presentador.

Pamputt toma la iniciativa, pero parece más cauteloso que en la ronda anterior.

– “Sé que espera que me canse…” – piensa el boxeador. – “Así que tengo que dar menos golpes y más certeros… Sigo siendo más rápido que él…”

Pamputt ataca, el primer golpe choca contra la guardia de Mark, apartándosela y conecta el segundo directo contra su cara.

El estadio ruge.

Pamputt retrocede, un poco sorprendido con la facilidad con la que ha funcionado su táctica, y eso le anima a seguir atacando.

Mismo plan. El primer y segundo golpe van a la guardia, apartándosela, y el tercero y cuarto conectan.

Satán empieza a recibir un duro castigo por parte de su contrincante.

German, Videl y Pizza se preocupan por Mark.

– “¿Qué ha pasado?” – dice Videl, agarrando a Pizza del vestido. – “¿Por qué pierde papá?”

– “No lo sé…” – se sorprende ella. – “¿Qué ocurre, Mark?” – se pregunta.

Fulov Cash se pone en pie, celebrando.

– “¡¡ESO ES!!” – grita el empresario. – “¡¡DALE MÁS FUERTE!!”

Ranfan sigue mirándolo, descontenta. Y mirando a Mark con cierta preocupación.

Mark recibe una dura paliza.

El luchador es derribado. Su vista borrosa.

– “¡UNO!” – cuenta el presentador. – “¡DOS! ¡TRES!”

Pero Mark se levanta. Su cara está ensangrentada. Su nariz rota. Su ceja derecha cortada.

– “¿No has tenido suficiente?” – sonríe Pamputt.

El boxeador propina otra combinación de golpes que noquea a Mark.

– “¡UNO!” – cuenta de nuevo el presentador.

Cuando Mark se levanta, Pamputt lo empuja, llevándolo al borde del ring.

– “Se acabó.” – advierte el boxeador.


Pero cuando Pamputt presiona a Mark, éste reacciona y se pone firme, evitando que el rival lo mueva.

– “¿Eh?” – se sorprende el boxeador ante una fuerza inesperada.

Mark empuja a Pamputt violentamente y lo hace retroceder.

Mark se aparta del límite del ring y baja de nuevo los brazos. Pasivo.

Pamputt lo mira extrañado. Algo no le cuadra.

– “¿Aún le queda tanta fuerza?” – piensa el boxeador. – “¿Y por qué no pelea? ¿Es que se siente intimidado?”


Pamputt recuerda el teatrillo que hizo Mark antes de que detuvieran el combate.

– “Ni en broma…” – deduce. – “Este tipo no puede sentirse intimidado… Pero no es mi problema. Está en juego mi reputación.” – piensa. – “¡Voy a acabar con el combate ahora mismo!”

Pamputt ataca de nuevo. Dos golpes en la cara, uno en el abdomen, y un upper-cut para rematar.

Mark besa la lona. En el suelo, intenta levantarse una vez más.

– “¡UNO!” – empiezan a contar. – “¡DOS!”

Videl sale corriendo hacia el ring.

– “¡ESPERA, VIDEL!” – exclama Pizza.

– “¡PAPÁ!” – grita ella. – “¡PAPÁ! ¡LEVÁNTATE!”

Mark, con la vista borrosa, mira a su hija, pero pronto aparta la mirada, avergonzado.

– “¡¡JAJAJA!!” – ríe Cash. – “¡¡ESTÁS ACABADO, CABRÓN!!”

Pizza corre hasta Videl y la abraza por detrás.

– “¡PAPÁ!” – insiste ella. – “¡PAPÁ!”

– “¡TRES! ¡CUATRO! ¡PODRÍA SER EL FINAL DEL COMBATE!” – continúa el presentador. – “¡CINCO!”

Mark recuerda estar en el hospital tras el ataque a la Capital del Este. 

Videl y German, ella durmiendo acurrucada en una silla de hospital, tapada con la americana de German, mientras él está sentado en el suelo.

Mark se queda tumbado en el suelo. Videl sigue llamándole.

Al salir del hospital, German lleva a Mark a su casa en coche.

– “Videl está en clase. Tu vecina la traerá a casa.” – dice el agente. – “Mark… Aún no se lo he dicho.” – dice German. – “Pensé que debías ser tú.”

– “Gracias.” – responde Mark, sin ánimo alguno.

Mark mira de nuevo a Videl. Su rostro le recuerda a la noche en la que le comunicó la muerte de su madre.

– “Me prometí que jamás sufrirías por mí…” – piensa Mark. – “Dejé la lucha… Por ti…”

– “¡SEIS! ¡SIETE ¡OCHO!” – continúa la cuenta.

Pamputt da la espalda a Mark y camina hacia el borde del tatami, donde ya celebra su agente.

Mark recuerda el entrenamiento con Pizza, Videl y German. El duro trabajo que han hecho juntos y lo bien que se lo han pasado. Las dos contando sus flexiones. German superado por las ideas de Pizza. La muchacha trayéndole bebidas isotónicas y haciéndole un masaje. Videl practicando poses de superhéroe con él frente al espejo.

– “¡OCHO!” – exclama el presentador. 

De repente, Mark se levanta.

La cara de Videl se ilumina.

Mark sonríe y levanta los puños al cielo.

– “¡¡GRAAAAAH!!” – ruge Satán. – “¡JAJAJAJA!” – ríe a plena carcajada.

El público se queda en silencio, confuso.

– “¡¿CREÍAS QUE YA HABÍAS GANADO?!” – le dice a Pamputt, apuntándole con el dedo. – “¡¡PUES SOLO ESTABA FINGIENDO!! ¡JAJAJA!!”

Satán mira de reojo a su hija, ahora risueña.

Murmullo en las gradas.

– “¿Estaba fingiendo?” – se pregunta uno.

– “¿Se ha dejado dar una paliza… para hacerlo más interesante?” – se pregunta otro.

– “¡Ha sido todo parte del show!” – exclama un tercero, emocionado.

– “¡Este tipo es increíble!” – celebra otro.

– “¡Y decían que este combate sería aburrido!” – exclama otro.

– “¡JAJAJA!” – ríe alguien.

Mr. Satán se limpia la sangre de la cara con el antebrazo.

– “¡¡SOY EL HOMBRE MÁS FUERTE DEL MUNDO!!” – grita haciéndose el forzudo como si fuera Hércules. – “¡JAJAJA!”

Un clamor en la grada se hace cada vez más fuerte.

– “¡SATÁN! ¡SATÁN! ¡SATÁN!” – gritan el estadio al unísono.

Videl observa emocionada a su padre, iluminado por los focos, con los dos brazos en alto con el símbolo de la victoria, como si fuera un superhéroe.

Fulov Cash se pone nervioso.

– “Pero ¡¿qué hace…?!” – refunfuña. – “¿Es que ese bastardo no me toma en serio…?”

Pamputt regresa al centro del ring.

– “¿Así que estabas fingiendo?” – refunfuña el boxeador. – “Quieres dejarme en ridículo, ¿eh? Te vas a enterar…”

Tras propinar la paliza a Satán, el boxeador está cansado. Su respiración profunda. Su cuerpo entero se mueve con cada aliento.

Satán se pone en guardia.

Pamputt ataca.

Satán está listo. Cuando el boxeador da el primer paso, Mark lo intercepta.

– “¡¡SATAN PUNCH!!” – exclama al golpear a Pamputt en la boca del estómago.

Pamputt se queda quieto en el sitio. 

Satán retrocede, en guardia.

Pamputt se ha quedado sin aliento.

El boxeador cae de rodillas y después cae de cara contra el suelo.

El presentador corre hacia Pamputt.

– “¡¡HA PERDIDO EL CONOCIMIENTO!!” – anuncia. – “¡¡MISTER SATÁN ES EL GANADOR!!”

El estadio enloquece.

– “¡SATÁN! ¡SATÁN! ¡SATÁN!” – clama el público.

Cash, furioso, busca su teléfono.

– “¿Eh?” – se extraña de no encontrarlo. – “¿Dónde está mi teléfono?” – lo sigue buscando. – “Mujer, ¿has visto mi…?”

Pero Ranfan no está.

– “¿Dónde se ha metido esta ahora?” – protesta Cash. – “No importa… cuando llegue a casa me ocuparé de ese cabrón…”

Videl intenta subirse al ring, pero no puede, así que Pizza la ayuda.

Sobre el ring, corre hasta su padre y se abalanza a sus brazos.

Los dos se funden un tierno abrazo.

– “¿Me han quedado bien las poses?” – pregunta Satán.

– “Bastante bien.” – asiente ella, risueña. – “Pero tienes que estirar más el brazo cuando haces así.” – hace el símbolo de la victoria.

– “¿Cómo? ¿Así?” – pregunta Mark mientras lo hace de nuevo.

El público ruge al verlo.

– “¡JAJAJA!” – celebra Mark.

Pizza y German observan al Campeón bajo la luz de los focos y ante todas las cámaras, orgullosos de él.

El presentador observa la escena desde el borde del ring. Durante un segundo, por su mente pasan viejos momentos del Torneo Mundial de Artes Marciales y de lo que el evento provoca en la gente; entre esos momentos una fugaz imagen de Son Goku celebrando con sus amigos tras derrotar a Piccolo.

Al salir del estadio, Cash es detenido por la policía.

– “¡¿Qué?!” – se sorprende el empresario. – “¡¿PORQUÉ?! ¡¿CÓMO!?”

Los policías lo reducen y lo llevan hasta el coche patrulla.

Apoyada en el capó, Ranfan entrega el teléfono móvil de Cash a un agente. 

– “¡MALDITA PERRA!” – grita Cash. – “¡¿Cómo osas delatarme…?! ¡TE VOY A MATAR!”

Cash se deshace de los policías y arremete contra ella, pero Ranfan agarra a Fulov de la pechera y, con una técnica de judo, lo hace volar sobre su cabeza para estamparlo de espaldas contra el suelo.

– “Aaah…” – grita él, sin voz.

La policía lo reduce de nuevo, lo esposan y se lo llevan.

Ranfan se acerca a un policía.

– “Agradecería que no se lo confisquéis todo…” – coquetea ella. – “Me gustaría que sacar algo del divorcio.” – le guiña un ojo.

Satán, rodeado de cámaras, sale del estadio acompañado por su equipo; Videl, Pizza, tapada con la capa de Mark, y German.

Mark ve como la policía está deteniendo a Cash y comparte una mirada con Ranfan.

Mark sonríe.

– “¿Va todo bien?” – pregunta Pizza.

– “Estupendamente.” – responde Mark.

Más cámara se amontonan a su alrededor.

– “¡JAJA!” – ríe Satán. – “¡Todos quieren un poco de mí, ¿eh?!” – presume. – “¡Aseguraos de que salga guapo! ¿Quién quiere preguntar primero?”

Los periodistas se siguen amontonando.

Ha nacido una estrella.