DBSNL // Capítulo 370: Vegeta
“Vegeta es la persona más terca que conozco.”
En la Tierra, Dende ya ha curado a los más graves. Ahora está centrando sus energías en Zahha, pero algo extraño sucede.
– “No puedo… no puedo curarlo…” – dice el namekiano.
– “¿Eh?” – se extraña Gohan.
– “Por mucho que lo intento, ¡no logro sanar sus heridas!” – se preocupa Kamisama.
Gohan se agacha y pone su mano sobre el pecho de Zahha.
– “¿Podría ser…?” – se pregunta el mestizo. – “¿Podría ser porque no pertenece a esta línea temporal?”
– “La curación de Dende funciona en Trunks.” – dice Piccolo.
– “Es cierto…” – cavila Gohan. – “Pero creo que este caso es diferente…”
– “¿Cómo los poderes de Onisen?” – recapacita Piccolo.
– “¿De qué estáis hablando?” – se extraña Dende.
Gohan agacha la cabeza, sabiendo que, por desgracia, es posible que no puedan ayudar al espadachín del futuro.
En el planeta oscuro, Vegeta espera frente al cráter formado por su Big Bang Attack.
Entre la humareda, el saiyajín busca señales de Onisen y, finalmente, a medida que el polvo se disipa, puede identificar al androide.
Onisen ha sido malherido. Ha perdido la mayoría de sus tentáculos capilares, su brazo derecho, su pierna derecha y su pie izquierdo.
– “Je.” – sonríe el saiyajín.
Pero de repente, las raíces del árbol brotan bajo los pies de Vegeta y se enredan en sus brazos y piernas, inmovilizando al saiyajín.
El saiyajín aviva su aura para liberarse, pero las raíces se clavan en su piel.
En el rostro de Onisen revela una sonrisa traicionera.
El androide se regenera mientras el aura de Vegeta se apaga lentamente.
Vegeta cruza los brazos frente a su pecho y su aura desaparece.
– “¡¡YAAAAAAAH!!” – grita el saiyajín, haciendo estallar su poder, generando una onda expansiva que desintegra las raíces y deja un gran cráter a su alrededor.
Onisen se cubre ante la ventisca generada.
El androide frunce el ceño, frustrado.
Mientras tanto, Freezer sigue jugando en el anillo Toki frente al árbol, mientras se protege de las raíces que chocan contra su barrera de energía.
– “Presente y futuro…” – murmura Freezer, poniendo su mano en la corteza del árbol. – “Jugar con la cuarta dimensión es muy peligroso, pero es algo que se puede aprender…” – sonríe. – “Y a mí… me sobra tiempo.”
Freezer hace levitar el anillo en su mano derecha y lo coloca sobre su dedo corazón, deslizándolo lentamente hacia abajo hasta ponérselo.
Los ojos de Freezer brillan de color morado durante un instante y el mundo se detiene, fragmentándose como si la realdad estuviera hecha de cristal.
– “Qué interesante…” – sonríe el tirano.
De repente, la realidad se fragmenta de nuevo en trozos más pequeños y Freezer se desvanece.
Vegeta jadea, pues ha utilizado mucho poder para liberarse de las raíces.
Onisen convierte su antebrazo derecho un punzón.
El aura de Vegeta ha disminuido.
Raichi sonríe.
– “No pareces tan seguro de ti mismo como antes.” – le provoca el tsufur. – “¿Acaso tienes dudas? ¿O es miedo?”
Vegeta aprieta los puños.
En el núcleo de Raichi, Hit sigue peleando contra los tamagami.
El asesino pone todo su empeño y habilidad en mantenerlos a raya una vez más, escabulléndose entre las estocadas del mosquito, los sablazos de la cigarra y los martillazos del escarabajo.
En lo alto de la torre, Bulma sigue trabajando en la computadora central.
De repente, la mujer logra una imagen del planeta oscuro. Puede ver a Vegeta a través de los ojos de Raichi.
– “Vegeta…” – murmura ella, con el corazón en un puño.
El saiyajín intenta avivar su aura pero, aunque se torna más violenta, no aumenta de tamaño.
Onisen ataca e intenta ensartar al saiyajín, pero Vegeta usa el Shunkanido y aparece detrás del androide, propinándole una patada en la nunca que lo lanza de boca contra el suelo.
– “Mi corazón nunca ha sido puro como el de Son Goku.” – dice Vegeta. – “La mente calmada y el espíritu tranquilo nunca han sido mi fuerte… por eso nunca he podido reunir un poder como el suyo.”
Onisen se levanta, humillado una vez más.
– “Pero que eso no te confunda, insecto.” – gruñe el saiyajín. – “Lo daré todo en este combate. Jamás lograrás tu objetivo. Protegeré a los míos. Protegeré la Tierra; mi hogar.”
– “Hablas como un mero terrícola.” – intenta provocarlo el androide.
– “Je.” – sonríe Vegeta. – “No te imaginas lo que me habrían ofendido esas palabras hace unos años.”
Onisen escupe al suelo.
De repente, el rostro de Vegeta cambia, mostrando una nueva rabia.
– “¿Sabes qué…?” – refunfuña el saiyajín. – “Sí que me ofenden.” – reaviva su aura. – “Mi mujer… mis hijos… han nacido en la Tierra; son terrícolas. ¿Y osas hablar de ellos como si fueran una raza inferior? ¡NO TE LO PERMITO!”
Raichi se sorprende al ver como un nuevo poder está nutriendo a Vegeta.
El aura del saiyajín se torna oscura, casi granate. Sus pupilas se tornan moradas y sus cejas desaparecen. Su cabello se tiñe de morado.
– “¿Cómo…?” – se sorprende Onisen. – “¿Cómo puedes utilizar ese poder…?”
– “Ya te lo he dicho.” – sonríe Vegeta de forma macabra. – “Yo no soy como Kakarotto.”

Vegeta se abalanza sobre Onisen y le propina un puñetazo tan fuerte que le deforma la cara y lo lanza a través del páramo desértico.
El golpe sacude el planeta. Una onda expansiva oscura como el carbón sacude el planeta y se expande más allá del espacio.
En la Tierra, Dende contempla el cuerpo de Zahha, que parece a un solo aliento de perder la vida, cuando una sensación extraña pero terrible sacude el corazón de los presentes.
Todos miran al cielo.
– “¡¿Qué ha sido eso?!” – se sobresalta Gohan. – “Es… terrible…”
– “Siento que… se me revuelven las tripas…” – dice Pan.
Ub se da cuenta de que sus manos están temblando.
– “Esa oscuridad… la reconozco…” – dice Ub. – “Es el Makai…”
– “¿Ha aparecido un nuevo enemigo?” – se pregunta Granola.
– “No…” – dice Piccolo. – “Creo que no…”
– “Es Vegeta…” – revela Cell.
– “Está utilizando el poder del Makai que nutre la semilla del árbol.” – añade Dabra.
Vegeta persigue como una centella granate a Onisen a través del páramo, atravesando un bosque de raíces, y le propina otro puñetazo que lo empuja aún más lejos y a mayor velocidad.
Una gota de sudor frío recorre la frente de Dabra.
– “Si podía hacer eso, ¿por qué no lo hizo antes?” – pregunta Granola.
– “Mi padre…” – dice Bra. – “Ha tenido pesadillas desde que volvió del Makai.” – revela.
– “Manipular ese oscuro poder tiene un alto precio.” – responde el diablo.
Pan recuerda a Piccolo y a Ub, en la Atalaya de Kamisama, imbuidos por el oscuro poder invocado por Garlick, transformados en demonio.
Vegeta sigue persiguiendo a Onisen, que intenta regenerar su desfigurado rostro cuando ve que el saiyajín le adelanta por encima a toda velocidad.
El saiyajín espera al androide y lo intercepta con una patada en el abdomen que lo parte en dos, pues a esa velocidad, la pierna de Vegeta actúa como una cuchilla.
Las dos mitades del enemigo siguen su curso dando tumbos sobre la superficie del planeta oscuro.
Vegeta se revuelve rápidamente mientras su aura se reduce a su mano derecha.
– “¡¡YAAAAAH!!” – lanza un torrente de energía granate con rayos negros al tren inferior de Onisen y las desintegra por completo.
El tronco del androide empieza a regenerarse mientras se arrastra por el suelo.
– “Maldición…” – gruñe Onisen. – “¿Cómo puede ser…? ¿Cómo me puede estar pasando esto a mi…?”
El androide golpea el suelo con rabia.
– “¡¡SE SUPONE QUE SOY UN DIOS!!” – clama. – “¡¡He trascendido el tiempo y el espacio!! ¡He creado un nuevo mundo! ¡¿Y no podré verlo florecer?!”
En la Tierra, Gohan y Piccolo siguen con la mirada puesta en el cielo.
– “Piccolo…” – dice Bra, acercándose tímidamente al namekiano. – “¿Crees que Vegeta puede controlarlo?” – pregunta con miedo a la respuesta.
– “Está jugando con fuego.” – responde el namekiano.
– “Vegeta es la persona más terca que conozco.” – interviene Son Gohan, intentando calmar a Bra con una sonrisa. – “Si alguien puede hacerlo, ese es tu padre.”
Piccolo se da cuenta.
– “Es cierto.” – añade el namekiano.
Los ojos de Bra brillan. La muchacha asiente.
Vegeta camina hacia Onisen, que está regenerando su tren inferior lo más rápido que puede.
De repente, el saiyajín se detiene. Vegeta siente como si el interior de su cabeza ardiera.
– “Grrrggh…” – gruñe el saiyajín. – “¡Graaaagh…!” – se agarra la cabeza.
Dos pupilas rojas en la oscuridad. El Makai. El que vio. Moro.
– “¡GRAAAAAAAH!” – grita Vegeta.
Onisen aprovecha el momento de incertidumbre para regenerarse por completo.
– “La mente mortal tiene sus defectos.” – sonríe Raichi.
En el interior de Vegeta, una pequeña nube blanca de contorno sutilmente azulado, su alma, lentamente se oscurece y empieza a deshacerse.
Desde la torre del mundo digital de Raichi, Bulma puede ver sufrir a su marido.
– “Vegeta…” – sufre ella. – “No te rindas… Te necesitamos… Te necesito…” – llora.
La mente del saiyajín se resquebraja. En cuestión de segundos, sus recuerdos se hacen añicos uno a uno. El enfrentamiento con Onisen. Su lucha contra Kamo. Su duelo contra Moro. El entrenamiento con Jiren. La pelea contra Broly. Su combate en el torneo contra Zeno Zamas, acompañado por Freezer y Cell. La fusión con Goku para enfrentarse al Daishinkan. Su pelea contra Freezer y su transformación en Súper Saiyajín Blue. El nacimiento de Bra. La llegada de Beerus a la Tierra. Su lucha contra Majin Bu en el planeta de los Kaioshin. Vegetto. Majin Vegeta y el abrazo a su hijo. La despedida de Mirai Trunks. Los Cell Games. Súper Vegeta. El entrenamiento en la Sala del Espíritu y el Tiempo con su hijo del futuro. La destrucción del Número 19. El nacimiento de Trunks. Bulma. La llegada de Mirai Trunks. El duelo con Granola. Namek. Freezer. Las Fuerzas Ginyu. La Tierra. Kakarotto.
Bulma golpea el teclado, desesperada.
– “¡¡VEGETAAA!!” – grita ella, con lágrimas en su rostro.
Una gota de agua cae en lo más profundo de su mente. La destrucción se detiene.
Rápidamente, los recuerdos se recomponen hasta regresar al presente.
El aura del saiyajín se reaviva, granate y negra. El poder del Makai.
– “Ningún brujo muerto va a entrometerse…” – gruñe Vegeta. – “Esto es entre tú y yo, Raichi.”
– “¿Y ahora qué…?” – protesta el androide.
El color negro del aura de Vegeta se desvanece y el granate se torna más brillante, volviendo al color rojo del Ikigai, pero ardiendo más viva que nunca.
La apariencia de Vegeta ha regresado a la normalidad. Sus ojos grises. Sus cejas han reaparecido. Su cabello rosado.
Vegeta parece calmado. El saiyajín cierra los ojos un instante, pensativo.
El saiyajín abre los ojos.
– “¿Cómo de aislado está este planeta?” – pregunta Vegeta.
– “¿Eh?” – se extraña Raichi.
Bulma tarda un instante en comprender las palabras de su marido.
– “¡VEGETA!” – grita ella, aterrada. – “¡NO! ¡NO LO HAGAS!”
Vegeta sonríe. Una sonrisa sincera y melancólica.
– “Son Goku… Seguro que te estás burlando de mí desde el Más Allá…” – murmura el saiyajín. – “No he estado a la altura, así que esta es la única solución que se me ocurre.”
La llama que envuelve a Vegeta empieza a girar rápidamente, formando un aura esférica a su alrededor.
– “Pero… ¿qué estás…?” – se sorprende Raichi.
– “Lo siento, Bulma…” – dice Vegeta. – “Espero que me perdones.”
Raichi da un paso atrás.
– “Maldita sea…” – se preocupa el tsufur.
El ordenador en el interior de su mente empieza a acelerar los procesos.
– “¡Está intentando recuperar el control!” – se sobresalta Bulma. – “No te lo permitiré…” – se pone a trabajar. – “Vegeta… No tengo nada que perdonarte… Estamos orgullosos de ti.” – piensa con lágrimas en los ojos. – “Si esa es tu decisión… Te acompañaré hasta el final.”
El mundo digital se resquebraja.
Hit es superado por los tamagami. Ka ensarta su hombro izquierdo contra el muro de la base torre y Kabuto le propina un martillazo que lo empuja al interior, rompiendo el muro.
Mientras tanto, Koorogi asciende hacia la cima.
El aura esférica del saiyajín se expande.
Onisen siente como si el simple viento que provoca el hiciera que se evaporaran las capas más externas de su ser.
– “¡¡NO TE SERVIRÁ DE NADA!!” – grita Raichi. – “¡¡EL FUTURO YA ESTÁ ESCRITO!!”
De repente, el aura de Vegeta se desvanece en un instante.
– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende Onisen.
Vegeta aparece frente al androide, con su mano extendida frente a su pecho.
Raichi no reacciona a tiempo.
Vegeta transforma su mano en un puño y golpea al tsufur a corta distancia.
El núcleo de Raichi se fractura.
En el mundo digital, Koorogi ha llegado a la cima de la torre y vuela hacia Bulma para cortarla en dos de un espadazo… pero de repente, el androide se detiene y después se disuelve en las formas geométricas originales que lo formaron.
En la base de la torre, ha sucedido lo mismo con Ka y Kabuto. Hit se levanta, malherido, entre los escombros.
El mundo digital empieza a desmoronarse.
El suelo se resquebraja a los pies de Bulma y cae al vacío… pero Hit acude a su rescate, sujetándola en brazos.
Vegeta golpea en el abdomen a Onisen y después le propina un puñetazo ascendente en el mentón que lo lanza por los aires.
El saiyajín apunta al androide con su mano izquierda y le lanza varios cañonazos de energía invisible que lo empujan hacia el cielo.
Vegeta lo persigue y le propina otro puñetazo más, empujándolo hacia el espacio exterior.
En el mundo digital, Hit ha llevado a Bulma a tierra firme, y ella trabaja en su pequeño ordenador de muñeca.
– “Tenemos solo unos segundos.” – dice Hit. – “¿Puedes regresar a tu cuerpo desde aquí?”
– “Voy a quedarme con Vegeta.” – responde ella.
– “No tienes nada que hacer aquí.” – dice Hit.
– “¡Vegeta sigue peleando!” – exclama ella.
– “Está peleando por ti.” – responde el asesino. – “No hagas que su sacrificio sea en vano.”
– “Pero…” – llora ella, desconsolada. – “Vegeta…”
– “Ni él, ni Trunks querrían que te quedaras.” – insiste Hit.
Bulma se seca las lágrimas y asiente.
– “Nos buscaré una salida.” – dice ella.
– “Yo no tengo a donde ir.” – suspira Hit. – “Ojalá hubiera podido despedirme de Kik.”
Mientras tanto, Onisen detiene su ascenso, ya en el espacio.
– “Bastardo…” – gruñe Raichi.
El androide concentra ki verde en su garganta y lo lanza como un torrente de energía que cae sobre Vegeta.
Pero el saiyajín prepara un pequeño orbe de energía en cada yema de los dedos de su mano derecha y los lanza hacia el ataque enemigo.
Los orbes pasan de largo el torrente de ki verde, aunque algunos estallan por el camino por la proximidad con el ataque enemigo.
Una pasa cerca de Onisen… y ahí se teletransporta Vegeta.
El saiyajín propina un puñetazo que al tsufur que lo deja aturdido.
Vegeta se abalanza sobre él y lo agarra de la cintura.
– “¡¿EH?!” – se extraña Raichi.
Vegeta pone rumbo a la superficie del planeta a gran velocidad.
Raichi mira hacia abajo. Van directos hacia la copa del Árbol. En picado.
– “¡¡NO!!” – grita el androide. – “¡¡NO PUEDES CAMBIAR EL FUTURO!!”
Vegeta aviva su aura. Una llama gigantesca que ilumina el cielo mientras se precipita sobre el árbol como un meteoro.
Vegeta sonríe, satisfecho; en paz.
– “El futuro está en manos de otros.” – piensa el saiyajín. – “Pero tú estás en las mías.”
En la Tierra, ajenos a lo que sucede, Son Gohan, Mirai Trunks, Son Goten, Trunks, Ub, Pan, Bra y Baicha tienen la mirada puesta en el cielo.
En el laboratorio, Gohan Jr y Goku Jr ayudan a Punch a ponerse en pie.
En el mundo digital, Bulma ha creado un extraño camino translúcido que se aleja hacia el infinito.
– “¿Estás segura?” – pregunta Hit.
– “Es todo lo que puedo hacer.” – dice ella.
El mundo se sigue desmoronando.
– “¡AAAH!” – grita Bulma, asustada.
– “¡VETE!” – exclama Hit.
De repente, en el laboratorio, Bulma regresa en sí, jadeando, alterada.
Mientras tanto, en la cabaña del recóndito planeta donde vive la familia de Hit, Katopesla se echa una siesta en el porche.
Su casco, que está en el interior de la casa, sobre una mesa, empieza a brillar con luz verde intermitente.
Kik, que estaba acostada, se despierta con el brillo de la visera y un extraño sonido en forma de interferencia.
La niña se acerca al casco, que entre ruidos de estática parece repetir su nombre.
La chica pone su mano sobre la visera y, durante un instante, una mano parece responder de la misma forma desde el otro lado.
El casco se apaga. Silencio.
Sin saber por qué, los ojos de la muchacha se llenan de lágrimas, pero no son de tristeza.
En el planeta oscuro, Vegeta se precipita sobre el árbol.
El saiyajín y el androide atraviesan la copa y chocan contra la parte superior del tronco, rompiéndolo e introduciéndose en su interior.
El trono se resquebraja a medida que descienden. El brillo rojizo del Ikigai puede verse a través de las grietas, recorriendo el tronco de arriba abajo.
– “¡¡NOO!!” – grita Raichi. – “¡¡MI TRABAJO!! ¡¡MI NUEVO MUNDO!!”
Cuando el brillo llega a la base del árbol, un gran estallido destruye su base.
Una gran onda expansiva sacude el Universo en completo silencio.


