ESPECIAL DBSNL /// Red World // Universos 1 y 2 / Parte XVII: Con un objetivo en mente

Red World / Parte XVII: Con un objetivo en mente

“Así es tu padre…”

Tres meses más tarde, en la Atalaya de Kamisama, Ten Shin Han intenta aprobar a Mr. Popo usando sus cuatro brazos para atacarle.

El guardián de la atalaya detiene todos los golpes del antiguo alumno de la escuela Grulla.

– “Sigues gastando demasiada energía…” – advierte Popo. – “Demasiados movimientos…”

Ten retrocede y se divide en cuatro.

– “Qué poco imaginativo…” – suspira el guardián.

Los cuatro Ten Shin Han rodean a Popo y le atacan a la vez.

El guardián se defiende sin problemas.

– “Cuatro clones, cuatro veces más torpe.” – dice Popo. 

El guardián pasa al ataque y con facilidad noquea a los clones, que caen uno sobre otro y desaparecen para formar a un único Ten Shin Han.

El guerrero se levanta de nuevo.

– “¡TAIYO-KEN!” – realiza la técnica de su escuela, emitiendo un bang de luz que ciega a Popo.

Ten aprovecha la ocasión para atacar, pero Popo detiene el golpe con una mano, con los ojos cerrados.

– “La vista es solo uno de mis sentidos.” – dice el guardián. – “¿No te lo he dicho antes? Puedo olerte, oírte, sentir las vibraciones que causas en el aire…”

Ten retrocede y prepara un Dodonpa

– “También el calor que emiten tus técnicas.” – sonríe Popo.

Ten dispara y Popo se desliza hacia un lado, dejando pasar el ataque de largo.

– “¿Lo ves?” – se burla el guardián.

Ten pone sus manos formando un rectángulo en el que encuadra a su adversario.

– “Creo que te estás desesperando…” – dice Popo.

Ten sonríe y cambia el objetivo, encuadrando el Palacio de Kamisama.

– “¡¿EH?!” – se sorprende Popo. – “¿Qué… qué haces…?”

– “Ya lo sabes. Soy un asesino.” – dice Ten con cara de villano. – “¡¡KIKO…!!”

– “¡¡EL PALACIO!!” – se preocupa Popo.


Con una velocidad de vértigo, Popo agarra el brazo izquierdo de Ten con la intención de desviar su ataque.

Pero Ten aprovecha la inercia de Popo y su pérdida de concentración para propinarle un codazo con su brazo derecho.

Popo cae de espaldas al suelo.

– “¿EH?” – se sorprende el guardián. – “¿Era…? ¿Era un farol?”

– “Je.” – sonríe Ten.

Kamisama sale de su palacio con una sonrisa en su rostro, con su bastón en una mano y con la otra detrás de la espalda.

– “Parece que le han derrotado, señor Popo.” – dice el anciano.

– “Haciendo trampas…” – intenta justificarse el guardián.

– “No ha jugado limpio.” – asiente Dios. – “Es cierto. Ha aprovechado tu prejuicio a su favor.”

– “Lo siento.” – hace una reverencia Ten hacia el anciano.

Kamisama cavila un instante y luego inicia su camino hacia el borde de la atalaya.

– “Acompáñame.” – dice el anciano.

Popo se levanta y hace una reverencia hacia Kamisama primero, y luego otra hacia Ten.

Pero el guerrero responde ofreciéndole la mano.

Popo lo mira con desconfianza, pero acaba estrechándosela.

Mientras tanto, en el Cuartel General de la Red Ribbon, en una sala de pruebas del laboratorio, un monstruoso dinosauro alado que recuerda a un pteranodón, atado con una cadena en el pie.

– “¡GRAAAAH!” – grita el reptil volador. – “¡¿DÓNDE ESTOY?!”

Gero y sus asistentes observan a través de un cristal.

– “Todo listo.” – anuncia uno de ellos.

– “Adelante.” – responde Gero.

Una compuerta se abre y la Número 18 entra en la habitación.

– “¿Quién eres tú…?” – pregunta el pteranodón.

Ella no responde.

– “¿Tú me has encerrado aquí?” – gruñe el dinosaurio.

Gero y los demás observan atentamente.

– “La energía de la Número 18 se encuentra al 84%” – lee su pantalla uno de los asistentes.

El pteranodón se prepara para abalanzarse sobre ella con sus fauces abiertas, pero la Número 18 lo intercepta con un puñetazo en el hocico que lo aturde.

La androide camina hacia él y abre su mano derecha, revelando una gema roja en la palma de su mano.

La Número 18 agarra del cuello con firmeza al dinosaurio, que lucha para liberarse.

El pteranodón intenta golpear a la mujer, que parece inamovible.

Poco a poco, los movimientos del dinosaurio son cada vez más lentos y débiles, como si se quedara sin fuerzas.

– “Energía de la Número 18 al 85%” – anuncia el asistente del doctor.

Gero sonríe satisfecho.

– “Fase 1 completada.” – anuncia el doctor. – “Absorción por contacto, exitosa.”

En la base militar al sur de la Capital Central, Pino se toma una cerveza sentado sobre el pie de su gigantesca creación.

– “¿Es bueno que bebas en horario de trabajo?” – pregunta una hermosa mujer de cabello castaño canoso, vestida con una bata blanca.

Pino sonríe al ver a la mujer.

El asistente mecánico de Pino se interpone en el camino de la mujer.

– “Lo siento, señora.” – dice el robot. – “Esta es una zona restringida.”

– “Tranquilo, es mi madre.” – interviene Pino, poniéndose en pie. – “Y la tuya, de hecho.”


El robot mira de nuevo a la mujer y enseguida hace una reverencia para disculparse.

– “Doctora Oli.” – dice el asistente. – “Mis más honestas disculpas.”

– “No hay problema.” – sonríe ella.

Pino la recibe con un abrazo.

– “Es realmente impresionante.” – dice ella, observando al gigante.

– “¿Te gusta?” – se emociona él.

– “No esperaba menos.” – sonríe Oli. – “Está en tus genes.” – le guiña un ojo.

– “Ah, o sea que no tengo ningún mérito, ¿eh?” – bromea, fingiendo estar ofendido.

– “No he dicho eso.” – responde ella, dándole un pequeño golpe en el hombro.

– “Jaja” – ríe Pino.

Los dos se quedan un instante en silencio mientras observan al gigantesco hombre de metal.

– “¿Qué tal está papá?” – pregunta Pino.

– “No lo sé…” – suspira Oli. – “Desde que tiene todos los fondos que pide, parece que solo existe el trabajo para él…”

– “Siempre tiene que estar obsesionado con algo, ¿eh?” – dice Pino.

– “Así es tu padre…” – responde ella. – “Su pasión… es lo que me enamoró, no debería quejarme.”

– “Su mayor pasión eres tú, mamá.” – dice Pino. – “Solo que a veces se le olvida.”

– “Jajaja” – ríe Oli. – “No hace falta que lo defiendas.”

– “Es la verdad.” – sonríe Pino.

En la Atalaya de Kamisama, Ten Shin Han y Dios observan el mundo desde la cornisa.

– “Le pido disculpas de nuevo.” – dice Ten. – “No debería haber hecho trampas. Entiendo que la lección que quería enseñarme no era esa.”

– “Eres un hombre de recursos.” – dice Kamisama. – “Puede que eso sea lo que el mundo necesita ahora.”

– “Señor…” – dice Ten, con respeto y timidez.

– “Adelante.” – responde Kami. – “Pregúntamelo.”

Ten Shin Han se sorprende al ver que le ha leído la mente.

– “Si usted es tan fuerte… y su deber es proteger la Tierra…” – dice Ten. – “No quiero ofender, pero… ¿por qué no nos ayudó cuando nos atacaron?”

– “Podría haberlo hecho…” – dice Kamisama. – “Mucha gente murió ese día…”

Ten se fija de que Kamisama agarra con más fuerza su bastón.

– “¿Qué crees tú?” – pregunta Kamisama.

– “No… no lo sé…” – responde Ten.

Kamisama suspira profundamente.

– “Mañana empezará tu entrenamiento.” – dice Dios. – “Es mejor que hoy descanses.”

Kamisama se marcha, pero solo puede dar unos pasos antes de ser interrumpido por su nuevo alumno.

– “Señor.” – dice Ten.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta Dios.

– “Es un placer ser entrenado por usted, pero…” – dice Ten. – “¿Es posible seguir entrenando con Mr. Popo un poco más?”

– “¿Cómo dices?” – se sorprende el anciano.

– “Quiero ser capaz de derrotarlo de forma justa.” – dice Ten. – “Su forma de ver el combate es nueva y diferente para mí… quiero comprenderla antes de pasar a la siguiente lección.”

Kamisama sonríe orgulloso.

– “Como prefieras.” – asiente.

DBSNL // Capítulo 330: La anomalía

DBSNL // Capítulo 330: La anomalía

“Lo he conseguido…”

Ajenos a lo que sucede en el planeta oscuro y en el laboratorio de Raichi, nuestros amigos siguen peleando contra hordas de dorobochi.

Son Goten, Trunks, Avo y Cado están siendo avasallados. Los muchachos logran mantener a raya a sus enemigos, transformados en Súper Saiyajín, pero los hombres del Imperio están sufriendo.

Los dos soldados se miran de reojo.

– “¿Te sientes capaz, Avo?” – pregunta uno.

– “¡Estoy listo, Cado!” – respondo el otro.

Un destello sorprende a los dorobochi y a nuestros amigos terrícolas.

Avocado ha renacido en su forma natural.

– “¡JAJAJA!” – ríe mientras enseña sus bíceps. – “¡Esto es otra cosa!”

De un golpe aplasta a un dorobochi.

Goten y Trunks sonríen al ver a sus nuevos amigos en forma.

– “¿Qué me dices, Goten?” – pregunta Trunks. – “¿Nos unimos a la fiesta?”

– “¡Vamos allá!” – responde el hijo de Goku.

Los dos realizan el Taiyo-ken y un instante después la fusión metamor renace en el campo de batalla, transformado en Súper Saiyajín.

– “¡Gotenks ha regresado!” – advierte a sus enemigos en una de sus poses.

En el sector jungla, Dabra, Broly, Reitan, Okure, Turles, Liquir, Ub y Kamakiri también siguen peleando.

Excepto el doctor, cada uno puede defenderse por sí solo, pero la cantidad de enemigos es abrumadora.

Liquir, furioso, se eleva sobre los demás.

– “¡Dejadme espacio!” – anuncia el kurama.

– “¿Qué va a hacer?” – se pregunta Okure.

– “¡Es mejor hacerle caso!” – advierte Reitan.

Liquir activa sus nueve colas y su aura se torna tangible, envolviéndolo en un avatar gigantesco en forma de zorro.

– “¡GRAAAAAH!” – brama al cielo, haciendo que todos tengan que taparse los oídos.

El kurama tiene a todos a su amparo cuando empieza a propinar latigazos con sus colas, que caen sobre hordas enemigas aniquilando a docenas con cada golpe.

Turles sonríe con picardía.

– “Me gusta tu estilo, kurama…” – dice el saiyajín.

Turles abre la palma de su mano y genera un orbe de energía blanca que lanza hacia el cielo, haciéndolo estallar y creando así una luna artificial.

– “¡¡GRAAAAH!!” – grita Turles mientras se transforma en ozaru dorado.

Broly se tapa los ojos para evitar transformarse.

En unos segundos, el simio se alza sobre la frondosa jungla y ruge al cielo antes de empezar a bombardear a sus enemigos, acompañando a Liquir.

En el sector urbano, por un lado, Piccolo, Pan, Bra, Ikose, Marron y Baicha se enfrentan a los dorobochi.

Piccolo lanza una granda de luz que hace saltar por los aires a una multitud de enemigos. Ikose hace lo mismo con su Kiko-ho.


Pan y Bra comparten una sonrisa cómplice tras noquear conjuntamente a un enemigo.

Baicha usa el Taiyo-ken para cegar a los enemigos y Marron lanza un kienzan que corta por la mitad a todos los que encuentra a su paso.

De repente, la fusión metamor de las muchachas desciende frente a ellos.

– “¡Eso es!” – celebra Baicha.

– “¿Estáis recuperadas?” – pregunta Marron.

La fusión se transforma en Súper Saiyajín.

– “Lo suficiente para causar estragos.” – sonríen.

Piccolo se acerca a la fusión.

– “Chicas…” – dice el namekiano, un poco preocupado.

– “Tómate tu tiempo, Piccolo.” – sonríe la fusión. – “De estos nos encargamos nosotras.” – añaden mientras activan su látigo de ki.

En otro punto del mismo sector, Granola y Mirai Trunks se enfrentan a Onisen.

Onisen se protege de los disparos del cereliano agrandando su mano izquierda y usándola como escudo.

Trunks intenta sorprender al androide por la espalda, pero Onisen se convierte en un centenar de pequeñas piezas de puzle que se van desvaneciendo, evadiendo el golpe.


El rompecabezas se recompone detrás de Granola y Onisen lo coge por sorpresa, atrapándole la cabeza entre sus puños.

Onisen aprieta con fuerza y el cereliano grita de dolor.

– “¡AAAAAH!” – sufre Granola.

Trunks vuela hacia ellos para socorrer al cereliano y se convierte en un espejismo en el último momento, usando el salto temporal para aparecer detrás de Onisen y alejarlo de su aliado con una fuerte patada en la cara.

Granola casi cae al suelo, aturdido.

– “¿Estás bien?” – pregunta Trunks.

– “No pienses tan poco de un cereliano.” – responde Granola.

– “Je.” – sonríe el mestizo.

A unos cincuenta metros de distancia, Onisen se pone en pie y les apunta cruzando los brazos frente a su pecho, iluminando las piedras del dorso de sus manos de color turquesa.

Trunks lanza su espada hacia el enemigo, girando sobre sí misma como una sierra de disco vertical.

Pero Onisen libera un torrente de energía que se dirige a toda velocidad hacia ellos, chocando con la hoja de la espada y desviándola hacia el cielo.

Trunks realiza rápidamente los movimientos de su Ataque Ardiente, mientras Granola tiene una flecha de ki lista para para ser lanzada desde un arco imaginario. 

El cereliano apunta al arma de Trunks, que gira sin control en el cielo.

Granola espera el momento preciso.

– “¡Fukushu no ya!” – murmura el cereliano, entre dientes, antes de soltar la flecha.

Trunks dispara su técnica contra el torrente de energía enemigo.

La flecha choca con la espada de Trunks en el momento justo para ser desviada hacia Onsien.

El Ataque Ardiente impacta contra el ataque enemigo y lo retiene el tiempo justo para que Granola y Trunks puedan apartarse de su camino.

La flecha del cereliano sorprende a Onisen e impacta en el lado izquierdo de su cuello, clavándose para estallar un instante después.

Trunks y Granola se levantan envueltos en la polvareda causada por el intercambio de técnicas y pronto pueden ver la silueta deforme de Onsien, con su cabeza torcida hacia la derecha y su cuello y hombro izquierdo medio derretidos como si fueran de cera, y cuyo brazo se desprende de su cuerpo y cae al suelo.

Granola y Trunks comparten una media sonrisa victoriosa.

En el desierto, Gowas retrocede asustado ante el avance de Cell. 

Una vez que el insecto ha superado la tortura mental del viejo ira-aru, físicamente se demuestra también superior.

Gowas crea varios clones de arena que Cell descompone con un empujón de ki.

El ira-aru levanta una gran cantidad de arena sobre la cabeza de su enemigo y las consolida en una gran piedra que luego lanza sobre él.

Pero el insecto levanta su brazo derecho hacia el cielo, apuntando con sus dedos índice y corazón a la gran roca y sin inmutarse hace que el pedrusco estalle en mil pedazos.

Los escombros llueven sobre el desierto mientras se van descomponiendo de nuevo en arena.

Gowas sigue retrocediendo, asustado.

En la fábrica de godgardons, Son Gohan y Zahha se dan un respiro. El espadachín y el mestizo se miran con una media sonrisa, ambos sorprendidos por la habilidad del otro.

– “Es la primera vez que un mortal me hace pelear en serio…” – dice Zahha.

– “No puedo decir lo mismo de los tuyos…” – responde Gohan. – “Los ángeles ya me han dado guerra antes.”

Zahha reclama sus espadas, arrebatándole el arma a Gohan.

– “¿Podías haber hecho esto antes?” – se sorprende el mestizo de que le haya dejado pelear con su espada tanto tiempo.

– “¿Cómo podría ser un ángel?” – pregunta Zahha.

– “No lo sé…” – sonríe Gohan. – “Pero cumples muchos de los requisitos”

Zahha sonríe.

– “Las cosas no siempre son lo que parecen.” – responde el espadachín.

– “Supongo que no siempre…” – responde Gohan.

En la superficie del planeta oscuro Gohan Jr. se adentra en la polvareda levantada por su propio ataque e intenta golpear a 7-3.

El guerrero de Raichi da un paso al lado para evadir la embestida y contraataca con una patada en el costado de Gohan que, aunque el chico logra protegerse con su antebrazo, lo empuja a través del páramo.

Gohan da varias vueltas por el suelo antes de reponerse, con la ira reflejada en sus ojos. Instintivamente, el chico extiende sus brazos hacia los lados, concentrando toda su fuerza y su aura en sus manos para luego apuntar a su adversario.

– “¡¡HAAAAAA!!” – dispara un potente cañonazo de energía.

El ataque se aproxima a toda velocidad hacia 7-3, pero éste extiende su mano como si fuera una espada y propina una estocada en el centro del ataque de Gohan, haciendo que éste se ramifique en una docena de rayos que impactan en los alrededores, generando daños menores que levantan una gran cantidad de polvo.

Punch, malherido, observa con asombro a su amigo luchando contra su padre.

– “No puede ganar…” – piensa Punch, preocupado. – “Hay demasiada diferencia…”

Gohan se abalanza de nuevo hacia el enemigo.

Mientras tanto, en el laboratorio, Goku Jr. se escabulle entre las explosiones y el humo.

El joven se acerca al sarcófago de Champa, agarra una manguera compuesta por arandelas de metal que sale de ella y tira con fuerza.

– “¡¡GRRR!!” – se esfuerza el pequeño. – “¡¡GRRAAAH!!”

La manguera, por la que circula la energía morada extraída del Hakaishin, no cede.

– “¡¡VAMOOOOS!!” – continúa Goku, poniéndose rojo.

El joven suelta la manguera, agotado, e intenta recuperar.

De repente, el chico parece tener una idea.

Mientras tanto, Raichi y Shido ven como el ventanal se sigue resquebrajando, dibujando una telaraña que ya casi ha cubierto el cristal por completo.

Shido da un paso atrás, pero Raichi no se inmuta.

– “No seas cobarde.” – dice el viejo tsufur. – “Hará falta más que eso…”

Goku arranca la placa de Campeón del cinturón de su bisabuelo Satán.

El chico agarra el disco dorado y lo introduce de un golpe entre dos de las arandelas de la manguera.

– “¡HA!” – exclama al golpearla. – “¡VAMOS!” – insiste con otro golpe. – “¡YA!”

Pero el sello de Campeón se atasca entre las arandelas, impidiendo al chico sacarlo para golpear de nuevo.

– “Maldita sea…” – protesta Goku.

El chico desenfunda su bastón y lo levanta por encima de su cabeza, dispuesto a usarlo como un martillo.

– “¡¡¡YAAAAAAAA!!!” – exclama mientras una corriente de aire ascendente rodea su cuerpo durante un breve instante antes de que el bastón caiga sobre el sello.

Con el golpe, el disco logra desconectar dos arandelas de la manguera, haciendo que el poder morado que recorría el canal de energía se desborde por la rendija formada.

El poder del Hakaishin impacta en el techo del laboratorio, creando nuevas explosiones.

La manguera empieza a moverse sin control y un rayo de energía morada impacta en el cristal del ventanal, haciéndolo saltar por los aires.

El rayo de energía morada que conectaba con la energía verde en el núcleo empieza a desestabilizarse; su flujo se torna turbulento y el rayo deja de ser recto para volverse sinuoso al principio y después tortuoso.

Las alarmas suenan por todo el laboratorio.

– “¡NO ES ESTABLE!” – se preocupa Shido.

Un latigazo de energía morada impacta en el techo sobre el ventanal, asustando al demonio.

– “No se puede detener el progreso.” – dice Raichi, con total calma.

El suelo se resquebraja en la superficie del planeta y se forman islotes de piedra que ascienden docenas de metros y otros que se hunden por igual.

El sarcófago de Champa se abre y el gotokoneko cae al suelo, inconsciente.

Goku intenta arrastrarlo, pero no tiene fuerza para mover al felino.

Shido clava su mirada airada en el heredero de Son Goku.

– “Tú…” – dice el furioso demonio. – “Voy a…”

Pero de repente, el núcleo emite un pulso de energía que sacude el planeta.

Poco a poco, Shido y Goku se dan cuenta de que una extraña fuerza está atrayendo los escombros del laboratorio hacia el núcleo. Primero pequeñas piedras y luego pedruscos más grandes. 

En unos segundos, la energía del núcleo crece de forma exponencial. Solo el holograma de Raichi no es afectado por su atracción.

El mismísimo Shido es arrastrado por la anomalía creada.

– “¡RAICHI!” – exclama el demonio.

El holograma está absorto mirando al núcleo.

– “Enorgullécete.” – sentencia Raichi. – “Has logrado tu sueño.”

El poder de la anomalía absorbe a Shido, que mira con estupor a su socio, sintiéndose traicionado.

– “¡¡AAAAH!!” – grita mientras es arrastrado y espaguetificado por el núcleo.

Goku también sale volando, pero en el último momento Champa lo sujeta de la funda de su bastón.

El Hakaishin casi no tiene fuerzas, pero usa las que le quedan para anclar sus garras al pavimento, que agujerean sus zapatos.

Mientras tanto, el cuerpo oscuro de Ahms parece ser reabsorbido por el propio laboratorio.

El Dios coloca a Goku bajo su brazo izquierdo y extiende su mano derecha hacia la anomalía.

– “¡HAKAI!” – sentencia.

Pero nada ocurre.

– “Maldición…” – refunfuña Champa, preocupado al ver que no puede usar su poder.

El felino puede sentir como parte de su pelaje es arrancado hacia el agujero mientras él avanza hacia el sarcófago de Zamas, aún cerrado.

– “¡Agárrate fuerte, muchacho!” – le dice a Goku.

Champa intenta disparar un blast de ki al sarcófago, pero su esfera de energía es absorbida por la anomalía al instante en que abandona su mano.

Al Hakaishin le cuesta avanzar. Poco a poco sus garras dejan un surco en el suelo y él es arrastrado hacia el núcleo.

– “¡GRRAAAAH!” – grita esforzándose para no ser absorbido.

Raichi mira el núcleo con asombro.

– “Es hermoso…” – murmura el científico, que extiende su mano hacia la anomalía.

Un remolino de materia oscura aparece alrededor del núcleo y poco a poco conforma un orbe que lo contiene.

De repente, un nuevo estallido de energía sacude la zona y la calma se apodera del lugar.

La anomalía parece haberse estabilizado y brilla ahora con un color rojizo que tiñe el laboratorio.

Champa se queda pasmado mirando al núcleo.

Pero el sarcófago del Dai Kaioshin se abre de repente, dejando caer a Zamas al suelo.

El gotokoneko sale de su trance y corre hacia el Dios.

– “¡Zamas!” – exclama Champa.

El Dai Kaioshin abre los ojos con dificultad.

– “¿Qué ha pasado…?” – pregunta, aturdido.

– “No estoy seguro…” – responde Champa. 

Raichi extiende su otra mano hacia su milagro.

– “Lo he conseguido…” – dice con la voz rota por la emoción. – “Detrás de la cortina… El manjar prohibido…”

El núcleo brilla intensamente a través de las rendijas de la esfera de contención negra de aspecto viscoso.

– “La semilla de la creación.” – sentencia Raichi.

En la superficie del planeta, Gohan ha recibido un duro castigo por parte de 7-3.

El enemigo lo agarra del cuello y lo levanta del suelo. El pequeño pierde su transformación.

– “Gohan…” – sufre Punch, que intenta levantarse. – “¡Detente!” – exclama. – “¡Papá! ¡Detente!” 

– “Ggghaaah…” – Gohan lucha por respirar.

De repente y en un parpadeo, Mirai Trunks propina una patada en la mejilla de 7-3, lanzándolo a través del páramo a cientos de metros de distancia.

Trunks coge a su hijo en brazos antes de que caiga al suelo.

Punch observa con sorpresa a su tío, y su rostro poco a poco revela una sonrisa de alivio.

Al mirar a su alrededor, Punch se da cuenta de que los luchadores están poco a poco regresando al planeta.

ESPECIAL DBSNL /// Red World // Universos 1 y 2 / Parte XVI: La leyenda del Rey Gyuma

Red World / Parte XVI: La leyenda del Rey Gyuma

“Disfrute del espectáculo, Majestad.”

Dos semanas después, en una pequeña urbe cercana al bosque de setas, Krilín ha noqueado a dos soldados de con gabardina azul y orejas postizas de conejo, y ahora apunta con su bastón a un gran conejo blanco humanoide que pide clemencia.

– “¡Nos iremos de la ciudad!” – dice el conejo. – “¡Lo prometo!”

– “Que no os vuelva a ver por aquí…” – advierte Krilín, enfundando el bastón.

Los tres bandidos enseguida echan a correr.

Mientras tanto, el en horizonte, un escuadrón formado por cinco helicópteros monoplaza a reacción y otro de transporte de tropas cruza el cielo hacia el Monte Frypan.

En unas horas, el helicóptero de transporte aterriza en la montaña, en una llanura cercana a la aldea de Chichi, mientras los monoplazas sobrevuelan el perímetro.

Un pelotón de soldados no tarda en apearse del transporte y se organiza en formación bajo el mando del General Blue.

Pero de repente, un hacha gigante sobrevuela a las tropas y choca contra uno de los helicópteros, derribándolo.

Los soldados se asustan y se preparan para disparar contra el enemigo.


El suelo tiembla con los pasos del demonio de la montaña; el gigantesco Rey Gyuma se presenta frente a las tropas de la Red Ribbon ataviado con su terrorífica armadura de cuernos. 

El General Blue sonríe con picardía, demostrando una calma que contrasta con la de sus hombres.

– “Usted debe ser el Rey Gyuma.” – dice el General de cabello rubio y ojos azules.

– “Fuera de mi montaña.” – responde el Rey, tajante.

– “Me alegro de que haya salido a recibirnos.” – dice Blue. – “Nos ahorrará tener que interrogar a su gente.”

Gyuma no responde y solo posa estoico frente al enemigo.

Los soldados lo observan con miedo, pues su tamaño y su vestimenta lo hacen parecer una figura casi mitológica, más cercana a una criatura como el minotauro que a un humano.

Blue, en cambio, camina directamente hacia él, con las manos detrás de la espalda, con la marcialidad y estilo que lo caracterizan.

– “Su Majestad…” – dice Blue con retintín. – “¿Sabe por qué estamos aquí?”

– “No me importa.” – responde Gyuma. – “Pero quiero que os marchéis.”

El General mira de reojo a uno de sus soldados.

– “¡Recluta!” – exclama Blue a uno de sus hombres; un joven de cabello rubio y corte militar, con gafas.

– “¡Sí…! ¡Sí, señor!” – responde el soldado, con voz temblorosa, poniéndose firme. – “¡Por su atentado contra las instalaciones de investigación geotérmica del Ejército de la Red Ribbon y, por lo tanto, contra el Comandante Red, Rey del Mundo y salvador de la Tierra, y su gobierno legítimo, el autoproclamado Rey Gyuma del Monte Frypan ha sido sentenciado a muerte!”

El recluta regresa a la formación.

Gyuma y Blue se miran fijamente.

– “Así que es eso, ¿eh?” – dice el gigantón.

– “Ya lo ha oído.” – responde Blue.

– “¿Y vas a ejecutarme tú, hombrecillo?” – pregunta Gyuma, intimidante.

La tensión es palpable. Hay silencio en la montaña de fuego.

De repente, el monte ruje y, como un disparo de pistola que indica el inicio de una carrera, Gyuma reacciona intentando propinar un puñetazo a Blue.

El General da un preciso paso a un lado mientras se agacha, como un boxeador, haciendo que Gyuma golpee el suelo.

Blue salta y propina un uppercut directo al mentón del gigante, que retrocede dos pasos.

Los soldados observan con sorpresa y emoción la habilidad de su líder.

El General sonríe.

– “Un tipo duro…” – dice al ver que Gyuma se mantiene en pie.

– “Grrr…” – gruñe el gigante.

Gyuma se abalanza sobre el enemigo, pero el General se agacha y gira sobre sí mismo estirando la pierna, haciéndole así la zancadilla al gigante.

El padre de Chichi cae de cara contra el suelo, perdiendo el casco, que rueda hacia los soldados.

– “Lo siento, grandullón.” – se mofa Blue. – “Pero no eres mi tipo.”

Gyuma se pone en pie, furioso, apretando los dientes.

– “¡¡GRAAAAH!!” – ruge a su enemigo.

Pero un destello de los ojos de Blue detiene su grito y lo deja inmóvil.

– “Bien…” – sonríe Blue.

El General se acerca a Gyuma contoneándose y le acaricia la barba.

– “Quietecito.” – dice Blue, guiñándole un ojo.

El General se dirige hacia sus tropas.

– “¡Que esto sirva de mensaje para los que aún se resisten al gobierno legítimo del poderoso Ejército de la Red Ribbon!” – ordena. – “¡Incendiad la aldea! ¡Que no quede nada!”

– “¡ADELANTE!” – repite uno de sus hombres.

Los soldados cargan contra la aldea ante la mirada impotente de Gyuma.

Blue se acerca al gigante y se detiene a su lado.

– “Disfrute del espectáculo, Majestad.” – sentencia con retintín antes de seguir su camino hacia la aldea.

Los gritos de su gente y los disparos de los soldados retumban por todo el valle.

Una lágrima recorre la mejilla de Gyuma, que lucha por moverse.

– “Grrr…” – gruñe el gigante.

Poco a poco, el puño de Gyuma empieza a moverse.

– “Grraaah…” – empieza a proyectar la voz.

Blue se detiene, extrañado.

– “¿Eh?” – se da la vuelta.

– “¡¡GRRRAAAAAAAH!!” – ruge de nuevo el Rey.

Con dificultad y un tremendo esfuerzo que hace que se marque cada músculo y cada vena de su cuerpo, Gyuma avanza hacia el enemigo.

– “¡¿Cómo…?!” – se sorprende Blue.

Gyuma levanta sus puños, dispuesto a aplastar al General.

– “¡¡GRAAAAAAH!!” – brama de nuevo.

Pero Blue salta hacia un lado, evitando el golpe, que impacta contra el suelo y lo resquebraja.

– “Es un monstruo…” – se sorprende Blue, mirándolo con asombro.

Gyuma avanza de nuevo hacia él, pero sus movimientos requieren tanto esfuerzo que lo hacen lento y torpe.

Blue aprovecha que su velocidad y movilidad le dan ventaja para acercarse rápidamente y propinarle varios jabs de izquierda en la cara, rompiéndole la nariz.

Pero Gyuma no se detiene.

– “¿Qué demonios eres…?” – murmura Blue.

– “¡¡GRAAAAAAH!!” – grita Gyuma como un verdadero animal mientras avanza hacia él.

Gyuma intenta propinar un puñetazo al General, pero éste se agacha y contraataca con un fuerte puñetazo en la barriga del gigante y lo sigue saltando y conectando un rodillazo en su mentón que lo hace retroceder y tambalearse.

Gyuma lucha para no caerse, pero Blue aprovecha el momento para correr hacia el gigante, saltar y propinarle una patada en la cara justo cuando estaba recuperando la estabilidad.

Esta vez, Gyuma cae de espaldas, haciendo temblar el suelo.

– “Fiu…” – silba Blue, aliviado. – “Menudo tipo…”

Pero Gyuma empieza a moverse de nuevo, intentando levantarse, luchando aún contra el poder mental de Blue.

– “Fascinante…” – dice el General, boquiabierto.

Blue camina hacia Gyuma.

El grandullón lucha por incorporarse sin éxito.

El General se detiene para recoger una piedra de obsidiana de unos 40cm de diámetro.

– “Pongamos fin a esto…” – sentencia con una media sonrisa.

La aldea arde mientras Blue levanta la piedra con ambas manos sobre la cabeza del Rey.

ESPECIAL DBSNL /// Red World // Universos 1 y 2 / Parte XV: Camino al oeste

Red World / Parte XV: Camino al oeste

“Son Gohan me animó a descubrir el mundo por mí mismo y es lo que pienso hacer.”

En el Monte Frypan, Krilín habla con Gyuma y los aldeanos.

– “La montaña está a salvo.” – anuncia el alumno de Son Gohan.

– “¿Y mi hija?” – pregunta el Rey, preocupado.

– “Chichi se ha quedado con la Diosa Annin para arreglar los daños que ha causado la Red Ribbon…” – dice Krilín, un poco incómodo al tener que esconder la verdad. – “Pero está a salvo y volverá cuando haya terminado.”

– “La Diosa Annin…” – murmura la anciana. – “¿Existe de verdad?”

Krilín asiente. El Rey no parece del todo aliviado.

– “Chichi pronto regresará con usted. No se preocupe.” – le dice el joven a Gyuma, agarrándole del brazo. – “Seguro que tendrán muchas cosas de las que hablar.”

– “Muchas gracias, Krilín.” – responde el Rey.

El Rey se levanta y carga el hacha en su hombro.

– “Tengo mucho trabajo que hacer.” – suspira el grandullón. – “Tengo que reconstruir mi hogar.”

– “Yo debo seguir mi camino.” – dice Krilín.

– “No puedes andar por ahí de esa guisa…” – sonríe Gyuma, viendo al joven manchado por el humo, sin camiseta y con los pantalones destripados y chamuscados. – “Seguro que te podemos prestar algo de ropa.”

– “Je, je…” – ríe Krilín, algo avergonzado al verse.

– “Seguro que tengo algo de mi nieto…” – dice la anciana.

La anciana se retira a su casa.

– “¿Y a dónde vas ahora?” – pregunta Gyuma.

– “Camino al oeste.” – responde Krilín. – “Son Gohan me animó a descubrir el mundo por mí mismo y es lo que pienso hacer.”

Gyuma sonríe con nostalgia al recordar a su viejo amigo.

– “Si pasas por la Tierra Sagrada de Karín, deberías intentar escalar la torre.” – dice el Rey.

– “¿Una torre?” – pregunta Krilín, confuso.

– “Eres un joven formidable.” – sonríe Gyuma. – “Puede que lo consigas.”

En ese momento, la anciana regresa con ropa plegada en sus brazos, interrumpiendo la conversación.

Mientras tanto, en el bosque colindante del Cuartel General de la Red Ribbon, los androides entrenan peleando entre ellos ante el asombro del Oficial del Estado Mayor Black y el Doctor Gero, que observan desde un búnker subterráneo cercano a través de cámaras.

Los soldados del cuartel observan las explosiones fuera de los muros.

El Número 17 y la Número 18 intercambian golpes que hacen temblar el suelo con cada impacto.

El Oficial Black observa asombrado el combate. 

– “Son realmente impresionantes, doctor…” – dice Black.

– “Me alegro de que satisfagan sus expectativas.” – responde Gero.

– “Tengo suficiente.” – responde Black. – “Tiene mi enhorabuena.”

– “Aún no…” – murmura Gero.

– “¿Cómo dice?” – se sorprende el Oficial del Estado Mayor.

Los dos androides se separan tras un choque y preparan una esfera de energía entre sus manos.

Black mira de reojo a Gero, con miedo de lo que pueda suceder.

– “Doctor…” – dice Black.

Gero no responde y sigue fijo en la pantalla.

– “La prueba no acaba hasta que comprobemos su límite.” – sentencia el doctor.

Los androides disparan y las esferas de ki estallan al chocar, haciendo retumbar el continente. 

Las paredes del búnker se resquebrajan por completo. Gero, Black y los soldados asistentes tienen que sujetarse al mobiliario para no caerse. Las pantallas dejan de emitir.

La onda expansiva sacude el Cuartel General.

El Duende Karín puede sentir la vibración desde su torre.

Tras la calma, en el búnker, mientras todos se sorprenden de seguir con vida, Gero pone nervioso.

– “¡Recuperen la imagen!” – exclama el doctor.

Sus asistentes teclean.

– “No hay señal, doctor.” – dice uno.

Impaciente, Gero sale corriendo.

– “¡Doctor!” – se alarma Black.

Gero llama al ascensor, pero no funciona, así que sube las infinitas escaleras de emergencia del búnker.

Tras una dura escalada, Gero abre la compuerta y sale al exterior, donde una gran polvareda nubla la visión. Algunos golpes retumban en el aire.

El doctor camina entre la polvareda guiándose por el sonido de los impactos.

Poco a poco, a medida que se disipa la nube de polvo, Gero puede ver la silueta de sus dos androides peleando a un ritmo cada vez más lento.

El doctor saca una libreta de su bolsillo y empieza a tomar notas a medida que los androides se frenan hasta detenerse por completo.

– “Esto puede ser un problema…” – refunfuña Gero.

En el Monte Frypan, Krilín se ha vestido con un pantalón marrón atado con una cuerda y una camiseta blanca de tirantes. 

La anciana le obsequia con un zurrón de provisiones que el joven se cuelga del hombro.

– “Mucha suerte.” – dice la anciana.

Krilín prosigue su viaje, rumbo al oeste, mientras los aldeanos y el gran Rey Gyuma se despiden de él.

En el Palacio Real de la Capital Central, unos días más tarde, el Comandante Red ha recibido al Doctor Yakisugi en su despacho, que le ha informado de su derrota en el Monte Frypan.

El doctor está escoltado por dos soldados. Bajo su ropa puede verse que está vendado por las heridas sufridas en su confrontación con la Diosa Annin.

– “¿Me está diciendo que un par de muchachos han destruido nuestras instalaciones?” – dice Red, furioso.

– “No eran simples muchachos…” – se justifica el doctor, avergonzado. – “El joven era un experto luchador… ¡derrotó a los hermanos bandidos Ginkaku y Kinkaku!” – explica. – “Y la chica era la hija del Rey Gyuma… ¡y parece que la Diosa Annin es su…!”

– “¡Basta de excusas!” – le interrumpe el Comandante. – “Ya he oído suficientes historias de espíritus de la montaña y reliquias milenarias… ¿Cree que soy un niño al que puede asustar?”

– “No, señor… yo jamás…” – se excusa, aterrado. – “Pero le digo la verdad… La Diosa…”

– “¿Es por mi estatura?” – pregunta Red.

– “¿Qué…? ¿Cómo…?” – titubea Yakisugi.

– “Me convenció de financiar esa operación…” – dice Red, amenazante. – “Cuentos y leyendas… es todo lo que me ha traído.”

– “Señor, yo…” – intenta explicarse el doctor, asustado.

– “Usted cree que puede engañarme como a un niño…” – dice Red. – “¿Por qué? ¿Es por mi estatura?”

– “Señor… yo jamás…” – dice Yakisugi, intentando retroceder, pero los soldados que le escoltan se lo impiden.

El Comandante Red baja de su silla y camina hacia el doctor, poniéndose frente a él, llegándole solo hasta la cintura.

De repente, el Comandante propina un puñetazo en la entrepierna del doctor, haciendo que caiga de rodillas al suelo, dolorido, con la frente apoyada en el suelo.

Red lo mira con desdén, en silencio, mientras se quita el anillo de diamante de su mano derecha, lo guarda en el bolsillo interior de su chaqueta y lo cambia por un puño americano. El doctor se retuerce de dolor sin saberlo.

Cuando Yakisugi levanta la cabeza, Red le propina un fuerte puñetazo que le arranca varios dientes. Y luego otro. Y otro más, noqueando al pobre doctor.

Sin mediar palabra, Red se quita el puño americano y lo limpia con el pañuelo rojo de la solapa de su chaqueta.

Red regresa a su mesa mientras se limpia una mancha de sangre de su mejilla.

El Comandante guarda el puño americano, se coloca el pañuelo de nuevo en la solapa y escala su silla para sentarse.

– “Sus servicios ya no son necesarios.” – sentencia Red. – “Líbrense de él.” – ordena a sus hombres.

Los soldados agarran al doctor en brazos y lo levantan para llevárselo.

– “No… Comandante…” – dice Yakisugi, entre lágrimas, con la cara desfigurada. – “¡Por favor! ¡Se lo suplico!” – entra en pánico. – “¡COMANDANTE RED! ¡¡POR FAVOR!!”

Los soldados lo arrastran fuera del despacho.

El Comandante aprieta un botón de su mesa y en poco tiempo el General Blue entra a su despacho.

– “A sus órdenes, mi Comandante.” – saluda Blue, poniéndose firme.

– “¿Puede usted encargarse del asunto del Monte Frypan?” – pregunta el Comandante.

– “Por supuesto, señor.” – dice Blue. – “¿Cuáles son las órdenes?”

– “El Proyecto Sartén ha dejado de interesarme…” – dice Red. – “Pero la Red Ribbon no puede mostrar debilidad. ¿Lo entiende?”

Blue responde con una reverencia.

– “Alto y claro, señor.” – responde el General.