ESPECIAL DBSNL // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte III: Historias paralelas

Especial DBSNL // U3, U5, U6 y U7 / Parte III: Historias paralelas
“¡El Imperio nos paga por hacer algo que haríamos gratis!”


En el planeta Seth, Bardock y sus compañeros están rodeados por cientos de perros humanoides delgados, de tez negra, pelaje corto y orejas puntiagudas. 
El escuadrón de saiyajín se escabulle hacia el interior de un templo en ruinas huyendo de los cánidos, que no dejan de dispararles con unas extrañas armas en forma de lanzas con un cañón en su extremo.

– “Esto no debería estar pasando…” – lamenta Panppukin.
– “¿Quién iba a pensar que sacrificarían su propia luna?” – responde Seripa.
– “Hay que admitir que tienen agallas” – añade Toma.
– “Llevamos varios días masacrándoles y parece que no se acaban nunca” –protesta Leek. – “A este paso vamos a agotarnos”.
– “¡Basta de chácara!” – les interrumpe Bardock. – “Necesitamos un plan.”
– “¿¡Un plan!?” – refunfuña Toteppo entre dientes – “¡Yo os daré un plan!” – exclama saliendo de su cobertura y carga contra las tropas enemigas. – “¡HAAAAA!” – grita mientras golpea a todos los cánidos que se encuentra a su paso.
La impulsividad de Toteppo parece molestar a Leek.

– “Menudo idiota” – dice el saiyajín. – “Va a hacer que le maten.”
De repente, Toma y Seripa también salen de su cobertura.

– “¡Hora de divertirse!” – sonríe Toma.
Los dos saiyajín también se lanzan al ataque.

– “¡Esperad!” – exclama Leek.
– “No te esfuerces” – responde Bardock.
Panppukin y Bardock también se unen a la ofensiva.
Leek, a regañadientes, también se dispone a ayudar a sus compañeros.

– “Maldita sea…” – lamenta el saiyajín, que carga contra sus enemigos.
Mientras tanto, en el planeta Vegeta, de noche, Páragus camina por las calles de la ciudad cuando se encuentra con un saiyajín que sale a trompicones de una taberna, borracho, y que se tambalea sin rumbo hasta tropezarse y caer al suelo inconsciente.
Páragus se detiene y observa con desprecio a su compatriota. Después mira a la taberna y, furioso, se dirige allí.
En el local, un gran número de saiyajín jóvenes se encuentran bebiendo, comiendo y celebrando como si fuera una fiesta.

– “¡BASTA!” – interviene Páragus irrumpiendo en la taberna. – “¡Esto es denigrante!”
El local se queda en silencio y todos miran a Páragus.

– “¡Señor Páragus!” – exclama un soldado extrañado al verle en un local así.
– “Solo… nos estamos divirtiendo…” – se excusa otro saiyajín, algo confuso.
– “¡¿Es que no os dais cuenta?!” – continúa Páragus. – “¡Os estáis acomodando! ¡Freezer es el enemigo!”
– “Creo que está exagerando…” – responde un solado.
– “Freezer es quien provee todo esto” – añade otro.
– “¡El Imperio nos paga por hacer algo que haríamos gratis!” – se mofa otro mientras alza su jarra.
La taberna se llena de celebraciones y carcajadas.
Páragus agacha la cabeza, frustrado, al ver que sus peores temores se convierten en realidad.
De repente, Páragus agarra la jarra del saiyajín y la estampa contra el suelo. Después le agarra de la armadura y le zarandea con fuerza.

– “¡Estúpido inconsciente!” – le dice Páragus antes de propinarle un puñetazo y hacerle caer al suelo.
Enseguida varios saiyajín se lanzan sobre Páragus y su rival para separarles.

– “¡Viejo infeliz!” – le insulta el saiyajín.
Los saiyajín sacan a Páragus del local.
En el planeta Seth, el escuadrón de Bardock se encuentra inmerso en una terrible escaramuza en la que aporrean a enemigos a diestro y siniestro.

– “¡No podremos con todos!” – exclama Leek.
– “¡Sigue luchando!” – responde Toma, que disfruta del combate.
– “¡Esto no se acaba nunca!” – insiste Leek.
– “¡Lo sé! ¡¿No es increíble?!” – celebra Seripa.
– “Eres un quejica, Leek” – se burla Bardock.
En ese instante, Leek es apuñalado con una lanza en el costado por uno de los cánidos.

– “¡Leek!” – exclama Panppukin.
Bardock dispara y pulveriza al seth que ha herido a su compañero.

– “Maldita sea” – dice Leek, que extrae la hoja rota y la tira lejos de él.
– “¿Estás bien?” – pregunta Bardock.
– “Sobreviviré” – responde Leek.
En ese momento, los perros empiezan a aullar y una extraña señal aparece en el scouter de los saiyajín.

– “¿Qué es eso?” – pregunta Toma.
– “Es… grande…” – dice Toteppo.
– “No…” – le corrige Bardock ampliando la señal. – “¡Es que son muchos!”
– “¡¿Más refuerzos?!” – exclama Panppukin.
– “Maldita sea…” – lamenta Toma. – “Hemos sido demasiado confiados…”
Frente a ellos, por la ladera de una colina cercana, un ejército de perros humanoides desciende corriendo y ladrando.

– “Maldición…” – dice Bardock, que se pone en guardia.
De repente, la colina entera estalla sin previo aviso, lanzando a todos los enemigos por los aires y dejando a los saiyajín boquiabiertos.
Al darse la vuelta, pueden ver que Nappa ha llegado y ha sido el artífice de la explosión realizando un simple gesto con dos dedos.

– “¿Y estos son los que os estaban causando problemas?” – se burla el saiyajín. – “Sois lamentables.”
– “¿Qué haces tú aquí?” – pregunta Toma.
– “El Rey me ha enviado para hacer vuestro trabajo” – responde Nappa con chulería.
– “¡Podíamos hacerlo nosotros!” – responde Toteppo.
– “Ya lo veo” – responde el saiyajín de élite con desprecio mientras abandona la escena.
En unas horas, el Rey Vegeta se ha enterado del incidente en la taberna y reclama la presencia de Páragus, que acude a la sala del trono.

– “Su Majestad” – saluda el saiyajín hincando la rodilla.
– “¿Qué ha pasado, Páragus?” – le pregunta el Rey.
– “Esos estúpidos niñatos…” – responde Páragus. – “He perdido los estribos”.
– “No necesitamos crear división entre nosotros” – dice Su Majestad.
– “¡Alguien tiene que decir la verdad!” – exclama Páragus.
– “¡Basta!” – grita Vegeta poniéndose en pie.
– “Lo siento” – responde Páragus cabizbajo.
– “Por favor, Páragus” – dice Vegeta. – “No me lo pongas más difícil.”
– “No volverá a ocurrir” – responde el saiyajín.
Vegeta no parece convencido, pero aún así decide aceptar las disculpas de su amigo.

– “Sabes que puedes contar conmigo, ¿verdad?” – le pregunta el Rey.
Páragus no responde.

– “Puedes retirarte” – sentencia Vegeta.
Páragus abandona la sala y el Rey se queda en silencio.

– “¿Qué te ocurre, Páragus?” – piensa Vegeta. – “¿Qué estás tramando?”
El consejero saiyajín, tras abandonar palacio, se dirige a un local sombrío oculto en la zona más marginal de la ciudad. En él, un grupo de saiyajín vestidos con armaduras de piel tradicionales se encuentra reunido y a la espera de su llegada.
El saiyajín entra en la sala y todos se ponen en pie. Páragus preside la reunión.

– “¡No permitiremos que nuestra raza se convierta en sumisa!” – dice Páragus. – “¡No dejaremos que Freezer rompa nuestro espíritu!”

Los presentes celebran las palabras del saiyajín.

– “Cuando llegue el momento, ¡lucharemos!” – sentencia Páragus.

Mientras tanto, el Príncipe Vegeta espera su turno impaciente para entrar a una de las cámaras especiales de entrenamiento. Finalmente, la compuerta se abre y un saiyajín de su edad, de pelo largo, sale de la cámara agotado.

– “Es una vergüenza que yo tenga que esperar para que tú pierdas el tiempo ahí dentro” – le espeta Vegeta. – “¿A qué te has enfrentado? ¿Dos saibamen de clase C?”
– “Clase D” – responde el chico.
– “¡JA!” – se burla el Príncipe. – “Por eso eres un guerrero de clase baja, Raditz. Si hubieran existido los bebés de infiltración cuando naciste, seguro que estarías en algún planeta remoto luchando contra seres insignificantes.”
Vegeta se prepara para entrar en la cámara.

– “Mira y aprende” – fanfarronea el Príncipe.
Mientras tanto, en un remoto planeta del borde exterior del Imperio de Freezer, una cápsula espacial atraviesa la atmósfera a toda velocidad.
En su interior, un bebé saiyajín no deja de llorar. Algo parece que no va bien. Un error de cálculo ha hecho que la nave empiece a girar a toda velocidad y se haya desviado de su trayectoria, haciendo que la nave se dirija a toda velocidad contra la superficie del planeta en su cara nocturna.
En el centro de mando saiyajín, un un soldado ve como una señal desaparece de su pantalla.

– “Hemos perdido al bebé de infiltración Turles.” – anuncia el técnico por radio. – “Ha habido una avería en la cápsula y parece que se ha estrellado.”

En ese remoto lugar, el bebé, malherido, parece que tiene dificultades para respirar. Finalmente, el niño logra abrir los ojos y ver la luna del planeta. Su corazón pronto empieza a latir con fuerza.

ESPECIAL DBSNL // Kingdom come // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte III: Historias paralelas

Kingdom come / Parte III: Historias paralelas
“¡El Imperio nos paga por hacer algo que haríamos gratis!”


En el planeta Seth, Bardock y sus compañeros están rodeados por cientos de perros humanoides delgados, de tez negra, pelaje corto y orejas puntiagudas. 
El escuadrón de saiyajín se escabulle hacia el interior de un templo en ruinas huyendo de los cánidos, que no dejan de dispararles con unas extrañas armas en forma de lanzas con un cañón en su extremo.

– “Esto no debería estar pasando…” – lamenta Panppukin.
– “¿Quién iba a pensar que sacrificarían su propia luna?” – responde Seripa.
– “Hay que admitir que tienen agallas” – añade Toma.
– “Llevamos varios días masacrándoles y parece que no se acaban nunca” –protesta Leek. – “A este paso vamos a agotarnos”.
– “¡Basta de chácara!” – les interrumpe Bardock. – “Necesitamos un plan.”
– “¿¡Un plan!?” – refunfuña Toteppo entre dientes – “¡Yo os daré un plan!” – exclama saliendo de su cobertura y carga contra las tropas enemigas. – “¡HAAAAA!” – grita mientras golpea a todos los cánidos que se encuentra a su paso.
La impulsividad de Toteppo parece molestar a Leek.

– “Menudo idiota” – dice el saiyajín. – “Va a hacer que le maten.”
De repente, Toma y Seripa también salen de su cobertura.

– “¡Hora de divertirse!” – sonríe Toma.
Los dos saiyajín también se lanzan al ataque.

– “¡Esperad!” – exclama Leek.
– “No te esfuerces” – responde Bardock.
Panppukin y Bardock también se unen a la ofensiva.
Leek, a regañadientes, también se dispone a ayudar a sus compañeros.

– “Maldita sea…” – lamenta el saiyajín, que carga contra sus enemigos.
Mientras tanto, en el planeta Vegeta, de noche, Páragus camina por las calles de la ciudad cuando se encuentra con un saiyajín que sale a trompicones de una taberna, borracho, y que se tambalea sin rumbo hasta tropezarse y caer al suelo inconsciente.
Páragus se detiene y observa con desprecio a su compatriota. Después mira a la taberna y, furioso, se dirige allí.
En el local, un gran número de saiyajín jóvenes se encuentran bebiendo, comiendo y celebrando como si fuera una fiesta.

– “¡BASTA!” – interviene Páragus irrumpiendo en la taberna. – “¡Esto es denigrante!”
El local se queda en silencio y todos miran a Páragus.

– “¡Señor Páragus!” – exclama un soldado extrañado al verle en un local así.
– “Solo… nos estamos divirtiendo…” – se excusa otro saiyajín, algo confuso.
– “¡¿Es que no os dais cuenta?!” – continúa Páragus. – “¡Os estáis acomodando! ¡Freezer es el enemigo!”
– “Creo que está exagerando…” – responde un solado.
– “Freezer es quien provee todo esto” – añade otro.
– “¡El Imperio nos paga por hacer algo que haríamos gratis!” – se mofa otro mientras alza su jarra.
La taberna se llena de celebraciones y carcajadas.
Páragus agacha la cabeza, frustrado, al ver que sus peores temores se convierten en realidad.
De repente, Páragus agarra la jarra del saiyajín y la estampa contra el suelo. Después le agarra de la armadura y le zarandea con fuerza.

– “¡Estúpido inconsciente!” – le dice Páragus antes de propinarle un puñetazo y hacerle caer al suelo.
Enseguida varios saiyajín se lanzan sobre Páragus y su rival para separarles.

– “¡Viejo infeliz!” – le insulta el saiyajín.
Los saiyajín sacan a Páragus del local.
En el planeta Seth, el escuadrón de Bardock se encuentra inmerso en una terrible escaramuza en la que aporrean a enemigos a diestro y siniestro.

– “¡No podremos con todos!” – exclama Leek.
– “¡Sigue luchando!” – responde Toma, que disfruta del combate.
– “¡Esto no se acaba nunca!” – insiste Leek.
– “¡Lo sé! ¡¿No es increíble?!” – celebra Seripa.
– “Eres un quejica, Leek” – se burla Bardock.
En ese instante, Leek es apuñalado con una lanza en el costado por uno de los cánidos.

– “¡Leek!” – exclama Panppukin.
Bardock dispara y pulveriza al seth que ha herido a su compañero.

– “Maldita sea” – dice Leek, que extrae la hoja rota y la tira lejos de él.
– “¿Estás bien?” – pregunta Bardock.
– “Sobreviviré” – responde Leek.
En ese momento, los perros empiezan a aullar y una extraña señal aparece en el scouter de los saiyajín.

– “¿Qué es eso?” – pregunta Toma.
– “Es… grande…” – dice Toteppo.
– “No…” – le corrige Bardock ampliando la señal. – “¡Es que son muchos!”
– “¡¿Más refuerzos?!” – exclama Panppukin.
– “Maldita sea…” – lamenta Toma. – “Hemos sido demasiado confiados…”
Frente a ellos, por la ladera de una colina cercana, un ejército de perros humanoides desciende corriendo y ladrando.

– “Maldición…” – dice Bardock, que se pone en guardia.
De repente, la colina entera estalla sin previo aviso, lanzando a todos los enemigos por los aires y dejando a los saiyajín boquiabiertos.
Al darse la vuelta, pueden ver que Nappa ha llegado y ha sido el artífice de la explosión realizando un simple gesto con dos dedos.

– “¿Y estos son los que os estaban causando problemas?” – se burla el saiyajín. – “Sois lamentables.”
– “¿Qué haces tú aquí?” – pregunta Toma.
– “El Rey me ha enviado para hacer vuestro trabajo” – responde Nappa con chulería.
– “¡Podíamos hacerlo nosotros!” – responde Toteppo.
– “Ya lo veo” – responde el saiyajín de élite con desprecio mientras abandona la escena.
En unas horas, el Rey Vegeta se ha enterado del incidente en la taberna y reclama la presencia de Páragus, que acude a la sala del trono.

– “Su Majestad” – saluda el saiyajín hincando la rodilla.
– “¿Qué ha pasado, Páragus?” – le pregunta el Rey.
– “Esos estúpidos niñatos…” – responde Páragus. – “He perdido los estribos”.
– “No necesitamos crear división entre nosotros” – dice Su Majestad.
– “¡Alguien tiene que decir la verdad!” – exclama Páragus.
– “¡Basta!” – grita Vegeta poniéndose en pie.
– “Lo siento” – responde Páragus cabizbajo.
– “Por favor, Páragus” – dice Vegeta. – “No me lo pongas más difícil.”
– “No volverá a ocurrir” – responde el saiyajín.
Vegeta no parece convencido, pero aún así decide aceptar las disculpas de su amigo.

– “Sabes que puedes contar conmigo, ¿verdad?” – le pregunta el Rey.
Páragus no responde.

– “Puedes retirarte” – sentencia Vegeta.
Páragus abandona la sala y el Rey se queda en silencio.

– “¿Qué te ocurre, Páragus?” – piensa Vegeta. – “¿Qué estás tramando?”
El consejero saiyajín, tras abandonar palacio, se dirige a un local sombrío oculto en la zona más marginal de la ciudad. En él, un grupo de saiyajín vestidos con armaduras de piel tradicionales se encuentra reunido y a la espera de su llegada.
El saiyajín entra en la sala y todos se ponen en pie. Páragus preside la reunión.

– “¡No permitiremos que nuestra raza se convierta en sumisa!” – dice Páragus. – “¡No dejaremos que Freezer rompa nuestro espíritu!”

Los presentes celebran las palabras del saiyajín.

– “Cuando llegue el momento, ¡lucharemos!” – sentencia Páragus.

Mientras tanto, el Príncipe Vegeta espera su turno impaciente para entrar a una de las cámaras especiales de entrenamiento. Finalmente, la compuerta se abre y un saiyajín de su edad, de pelo largo, sale de la cámara agotado.

– “Es una vergüenza que yo tenga que esperar para que tú pierdas el tiempo ahí dentro” – le espeta Vegeta. – “¿A qué te has enfrentado? ¿Dos saibamen de clase C?”
– “Clase D” – responde el chico.
– “¡JA!” – se burla el Príncipe. – “Por eso eres un guerrero de clase baja, Raditz. Si hubieran existido los bebés de infiltración cuando naciste, seguro que estarías en algún planeta remoto luchando contra seres insignificantes.”
Vegeta se prepara para entrar en la cámara.

– “Mira y aprende” – fanfarronea el Príncipe.
Mientras tanto, en un remoto planeta del borde exterior del Imperio de Freezer, una cápsula espacial atraviesa la atmósfera a toda velocidad.
En su interior, un bebé saiyajín no deja de llorar. Algo parece que no va bien. Un error de cálculo ha hecho que la nave empiece a girar a toda velocidad y se haya desviado de su trayectoria, haciendo que la nave se dirija a toda velocidad contra la superficie del planeta en su cara nocturna.
En el centro de mando saiyajín, un un soldado ve como una señal desaparece de su pantalla.

– “Hemos perdido al bebé de infiltración Turles.” – anuncia el técnico por radio. – “Ha habido una avería en la cápsula y parece que se ha estrellado.”

En ese remoto lugar, el bebé, malherido, parece que tiene dificultades para respirar. Finalmente, el niño logra abrir los ojos y ver la luna del planeta. Su corazón pronto empieza a latir con fuerza.

DBSNL // Epílogo: Un sueño cumplido

DBSNL // Epílogo: Un sueño cumplido
“Son muy escandalosos, pero tienen buen corazón”
Unas semanas después del final del torneo, nuestros amigos celebran la boda de Son Gohan y Videl en el Monte Paoz. El evento es sencillo y familiar, pues su intención es que transcurra lejos de los focos y las cámaras indiscretas de Satan City.
Los novios presiden la mesa principal junto a su hija Pan, sus padres: Goku, Chichi y Satán; Goten; y los padrinos: Piccolo y Mr. Bu.
En una mesa cercana, el Rey Gyuma y la tortuga Umigame hablan sobre sus batallitas pasadas. En esa misma mesa los acompañan Uranai Baba, Oolong, Yajirobe y Karín, que se avergüenzan al ver a Roshi perseguir a las amigas de Videl por la pista de baile.
Los Kaioshin, presididos por Zamas, se han tomado el día libre y comparten mesa con Champa, Whis, Dende, Mr. Popo, Kaiosama y Bubbles.
En otra mesa, hablan y ríen Chaoz, Ten, Lunch, Puar, Yamcha, Suno, Hatchan, Shu, Pilaf, Mai, Lápis, Lázuli, Krilín y Marron.
Vegeta, Bulma, Bra, Trunks, el Dr. Brief y su esposa comparten mesa con Mirai Trunks, Toppo y Jaco.
En otras mesas, los compañeros de estudios de los novios y algunos amigos cercanos de la familia Satán, también se lo pasan en grande.
Mientras los asistentes brindan y celebran, Whis se acerca a Goku.

– “¿Qué ocurre?” – le pregunta Goku.
– “Creo que el universo necesita un nuevo Zeno” – responde el ángel.
– “¿De verdad?” – pregunta Goku sorprendido.  – “¿Pero se puede replicar ese poder?”
– “¡Oh, no!” – responde Whis. – “Es sólo un puesto simbólico. Alguien que pueda coordinar las acciones de los tres poderes.” – explica Whis. – “Había pensado que a lo mejor conoces a alguien dispuesto a ocupar ese lugar.”
– “Ya veo…” – responde Goku pensativo.
De repente, mientras observa a los invitados, una idea ilumina la mente del saiyajín.

– “¡Lo tengo!” – exclama. – “¡Conozco a la persona perfecta!”
En unas horas, el nuevo Zeno ya ocupa su trono.

– “¡Al fin!” – exclama Pilaf con lágrimas en los ojos.
– “¡Lo hemos conseguido, señor Pilaf!” –  llora también Shu mientras le abraza.
– “¡Soy el amo del universo!” – grita feliz el pequeño ser azul. – “¡Y tú eres mi hombre de confianza!”
– “¡Soy tan feliz, señor Pilaf!” – exclama Shu.
Whis y Goku observan la escena.

– “¿Estás seguro de esto, Son Goku?” – le pregunta el ángel.
– “Son muy escandalosos, pero tienen buen corazón” – responde Goku sonriendo. – “Harán lo correcto.”

DBSNL // Capítulo 88: El final de una era

DBSNL // Capítulo 88: El final de una era
“El futuro es prometedor”

Bulma ya ha preparado las Dragon Balls para arreglar los destrozos causado por los temblores. Yamcha es quien invoca a Shenron. El cielo se oscurece y el dragón sagrado aparece en la Atalaya de Kamisama.

– “¿Cuál es vuestro primer deseo?” – pregunta Shenron.
– “¡Repara todos los daños causados por los temblores recientes que han azotado el Universo!” – pide Yamcha.
– “No puedo hacer eso” – responde el dragón. – “Ese deseo excede mi poder”.
Todos agachan la cabeza decepcionados.

– “¿Qué hacemos ahora?” – se pregunta Goku.
– “¿Y si se lo pedimos a Polunga?” – propone Bulma.
– “Es cierto que el dragón de Namek es más poderoso que Shenron, porque el poder del Gran Anciano era superior al mío y al del antiguo Kamisama” – responde Dende. – “Pero el universo es demasiado vasto incluso para él”.
Piccolo parece tener una idea y se acerca a las Dragon Balls.

– “Se me ocurre algo” – dice Piccolo mientras extiende su mano hacia las Dragon Balls.

Shenron parece desconfiado, pues parece recordar su último encoentro con el viejo Piccolo Daimaoh.

– “¿Qué vas a hacer, Piccolo?” – le pregunta Gohan.
– “Yo creé las Dragon Balls” – responde el namekiano. – “Debería ser capaz de transferirles mi poder”.
– “El poder del Dai Kaioshin…” – murmura Dende.
– “Podría funcionar” – sonríe Whis.
Piccolo concentra su poder y lo proyecta hacia las Dragon Balls.

– “¡HAAAAA!” – grita Piccolo.
El Dragón Sagrado ruge mientras brilla con fuerza y sus escamas adquieren un color dorado.

– “¡Impresionante!” – exclama Goten.
Piccolo baja su brazo, agotado, y el imponente dragón los escucha de nuevo.

– “¿Puedes cumplir ahora nuestro deseo?” – le pregunta Yamcha.
– “Es fácil” – responde Shenron mientras sus ojos brillan intensamente.
Tras un instante, Shenron se dirige a ellos de nuevo.

– “¿Cuál es vuestro segundo deseo?” – pregunta el dragón.
– “¡Haz que resuciten todos aquellos que han muerto a causa de los temblores!” – responde Yamcha.
– “Bien” – responde el dragón.
En ese instante, una voz habla al corazón de Goku.

– “¡Son Goku!” – le dice Kaio-sama. – “¡Esta vez no te olvides de mí!”
– “¡Kaiosama!” – exclama Goku.
– “Habéis salvado la Tierra y el universo una vez más” – le dice Kaiosama. – “Y os felicito por ello. Pero ya hablaremos del tema. ¡Pídele al dragón que me resucite!” – le pide el Kaio del Norte.
– “¡Está bien! ¡Está bien!” – responde Goku.
El dragón ya está listo para el tercer deseo.

– “Puedo concederos un último deseo” – pregunta Shenron.
– “Podrías hacer que…” – empieza Goku.
– “Papá” – le interrumpe Gohan. – “¿Crees que el dragón podría resucitar a la familia de Hit?”
Hit se sorprende al ver que Gohan se preocupa por ellos.

– “Con el nuevo poder de Shenron, debería poder resucitarles, aunque haya pasado tanto tiempo” – responde Piccolo.
– “Pero Kaiosama…” – dice Goku.
– “Esta bien…” – interviene el Kaio del Norte. – “Supongo que lo mío puede esperar” – se resigna.
Hit se acerca a Gohan. 

– “No tengo palabras para agradecer este gesto” – dice el asesino.
– “No tienes que decir nada” – responde Gohan.
El asesino del Universo 5 mira a Videl y Pan sonriendo.
Goku le pide el deseo al dragón y éste lo cumple.

– “¿Dónde están?” – pregunta Goku al ver que no aparece nadie.
– “Han resucitado en el mismo lugar de su muerte” – responde Shenron.
– “Entonces me esperan en casa” – murmura Hit.
Vegeta se acerca a Hit.

– “Tenemos una nave espacial” – le dice el saiyajín.
– “¡Es cierto!” – confirma Bulma. – “Está en la Capital del Oeste.”
– “¿Y me la prestaríais?” – pregunta Hit, asombrado ante tanta hospitalidad.
– “Coloca tu mano en mi hombro” – le dice Vegeta mientas se pone el dedo índice y corazón en la frente.
Pero Jaco se acerca al asesino y le detiene.

– “¡Hit!” – exclama el patrullero.
El asesino mira al patrullero con gesto desconfiado.

– “Buena suerte” – le dice Jaco esbozando una sonrisa cómplice.

El asesino se agarra a Vegeta mientras se despide del resto con un breve gesto, antes de que ambos desaparezcan con el Shunkanido.
El dragón vuelve a rugir.

– “Ahora, debo irme” – anuncia el dragón antes de convertirse en luz.
Las Dragon Balls se elevan más que nunca y se dispersan abandonando la Tierra ante la sorpresa de todos.

– “¡¿A dónde van?!” – exclama Krilín.
– “Al aumentar su poder, también ha aumentado su rango de dispersión” – dice Dende.
– “¡¿Habrá que buscarlas por el universo?!” – exclama Bulma asustada.
– “O tendremos que aprender a vivir sin ellas” – responde Roshi. – “Ya les hemos pedido suficientes favores.”
– “No podemos depender siempre de las Dragon Balls” – añade Goku. – “Puede que haya llegado el momento de separar nuestros caminos”.
Piccolo se acerca a Whis y llama su atención.

– “Creo que también ha llegado mi momento de pasar página” – dice el namekiano.
– “¿A qué te refieres, Piccolo?” – le pregunta le ángel.
– “Ha llegado la hora de nombrar a otro Dai Kaioshin” – afirma el namekiano.
– “Ya veo…” – murmura Whis. – “¿Y ya has pensado en un candidato?”
Piccolo sonríe y mira a su discípulo.

– “Creo que Zamas es el Dai Kaioshin que el mundo se merece” – responde el namekiano.

Zamas escucha las palabras de su maestro y se sorprende.

– “¿YO?” – exclama algo asustado. – “¿Después de todo lo que ha ocurrido?”
– “Has luchado a nuestro lado, incluso contra ti mismo” – responde Piccolo. – “Eso es lo que debe hacer un Kaioshin; proteger la vida ante todo”.
Whis extiende su mano hacia el Kaioshin del Norte.

– “Que así sea” – sonríe mientras transfiere los poderes a Zamas.
Zamas ahora viste la ropa de Dai Kaioshin, y los demás Dioses se acercan a él para mostrarle respeto hincando la rodilla.

– “Enhorabuena, Dai Kaioshin Zamas” – le congratula Shin.
Kibito se acerca y también se une a la reverencia.

– “Me he equivocado contigo” – se disculpa Kibito. – “Espero que me perdones.”.
Zamas sonríe y les hace un gesto para que se levanten.

– “No hay nada que perdonar, Kibito” – respodne Zamas. – “Aunque la Galaxia del Norte necesita un nuevo Kaioshin…”
– “¿Yo?” – se sorprende Kibito. – “Yo solo fui entrenado para ser vuestro ayudante…” – responde.
– “Eres más sabio que cualquier Dios que he conocido” – responde el nuevo Dai Kaioshin. – “Mereces el puesto más que nadie”.
Whis y Piccolo se alejan de los Kaioshin.

– “¿Qué piensas hacer ahora?” – le pregunta el ángel.
– “Seguiré aquí en la Tierra” – responde el namekiano. – “Una nueva generación de guerreros está floreciendo” – dice mientras mira a Goten, Trunks, Bra, Pan y Marron. – “Y no quiero perdérmelo”.
Vegeta vuelve a aparecer en la atalaya y mira al horizonte, donde una pequeña luz asciende hacia el espacio.
Son Gohan se acerca a Mirai Trunks.

– “¿Y qué piensas hacer tú?” – le pregunta el hijo de Goku. – “Seguro que Vegeta y Bulma estarán felices de acogerte en la Corporación Cápsula”.
– “No quiero ser una molestia” – responde Mirai Trunks. – “Me siento muy querido, pero no pertenezco a este mundo. Creo que ellos deben seguir su vida y centrarse en Trunks y Bra.”
Vegeta les interrumpe.

– “Eres mi hijo, Trunks” – le dice el saiyajín. – “Serás bienvenido siempre que quieras”.
– “Gracias, papá” – responde Mirai Trunks emocionado.
Whis interviene en la conversación.

– “Las líneas temporales han sido un problema” – dice el ángel. – “Deberíamos vigilar que el tiempo no vuelva a alterarse de ahora en adelante… ¿Te interesaría el puesto, Trunks?”
– “Yo he sido el causante de muchos de esos cambios” – responde el guerrero del futuro. – “Me parece una redención justa” – acepta.
– “El universo es vasto” – continúa Whis. – “Dudo que tú solo puedas…”
– “Me gustaría unirme” – interrumpe Toppo. – “Me parece una causa por la que puedo luchar.”
Toppo le ofrece la mano a Trunks.

– “Será un placer” – responde Trunks estrechándosela.
Jaco se acerca a ellos.

– “Creo que en este universo los patrulleros fueron corrompidos por el Imperio de Freezer…” – murmura Jaco. – “Pero, cuando me haya encargado de llevar a los traidores ante la justicia, necesitaréis nuestro servicio de inteligencia para obtener información sobre posibles amenazas” – explica.
Whis sonríe.

– “Entonces, pongámonos en marcha” – dice el ángel. – “Agarraos los tres a mí”.
Todos se agarran a Whis.

– “¡Ven a visitarnos!” – exclama Gohan.
– “¡Lo haré!” – responde Mirai Trunks. – “¡Cuida de mamá!” – le dice a su joven equivalente, que asiente sonriente.
– “Cuídate, hijo” – le despide Vegeta.
Los cuatro personajes desaparecen en un instante.
Los Kaioshin también están listos para partir.

– “Nos vamos” – anuncia Zamas.
– “Mucha suerte” – le responde Piccolo. – “Haz que me sienta orgulloso, como hasta ahora”.
– “Lo intentaré” – responde el nuevo Dai Kaioshin. – “¡Espero que vengas a visitarme, Son Gohan! Tenemos un combate pendiente.” – le dice Zamas a su compañero de entrenamiento.
– “Por supuesto” – responde Gohan.
En un instante, los Dioses se marchan.
Sólo quedan en la atalaya nuestros amigos terrestres.
Son Goku se ha dirigido al borde de la atalaya y contempla la Tierra ensimismado.

– “¿En qué piensas, Goku?” – le pregunta Piccolo, que se une a él.
– “En lo mucho que hemos perdido hoy” – responde Goku.
– “Ha sido un día duro” – interviene Gohan. – “Pero seguimos aquí”.
– “Entrenaremos para que no vuelva a ocurrir” – se une Vegeta.
– “Sí…” – murmura Goku, mientras mira a su nieta un instante. – “El futuro es prometedor”.
El resto de compañeros se unen a ellos y todos contemplan la Tierra en silencio, sonriendo, pues hacía tiempo que no la veían tan bonita y tranquila.