ESPECIAL DBSNL /// Daimaoh // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte III: Mafuba

Daimaoh / Parte III: Mafuba 
“Tienes una fuerza solo superada por tu maldad.”

Piccolo Daimaoh se encuentra frente a los dos aterrorizados aprendices de Artes Marciales.
El demonio echa un vistazo al gran cráter creado por el Kiko-ho.
– “Así que vosotros habéis matado a Bongo…” – murmura Piccolo. – “Puede que haya subestimado el poder de algunos terrícolas.”
Tsuru, pese a estar agotado, intenta ponerse en pie, pero le fallan las piernas y cae de rodillas.
Kame da un paso al frente y se coloca delante de su compañero.
– “¿Qué haces?” – le pregunta Tsuru.
– “Ya has hecho suficiente, amigo” – dice Kame.
– “Idiota…” – refunfuña Tsuru. – “¿Crees que puedes derrotar al demonio?”
Kame esboza una media sonrisa que sorprende a Tsuru.
– “No” – dice Kame, que embiste a Piccolo.
Tsuru se queda sombrado al ver a su amigo avanzar directamente hacia una muerte casi segura.
El joven Tortuga intenta propinar un puñetazo al demonio, pero éste lo detiene con una sola mano.
El luchador una voltereta hacia atrás para recuperar la distancia con su adversario y se abalanza de nuevo contra él, insistiendo con una tormenta de puñetazos y patadas que Piccolo detiene con una mano mientras se mofa de Kame con un exagerado bostezo.
El joven luchador retrocede e intenta recuperar el aliento.
– “No puede ser…” – murmura Kame. – “Es un verdadero monstruo…”
Piccolo sonríe.
– “Mi turno” – sentencia el demonio.
El demonio lanza un rayo de ki con su dedo que impacta en la rodilla de Kame, que cae al suelo.
– “¡AAAAAH!” – grita de dolor el luchador.
Piccolo se abalanza sobre su enemigo a toda velocidad, pero en el último instante, Tsuru se interpone en su camino.
– “¡TAIYO-KEN!” – exclama el joven Grulla.
Un resplandor intenso sorprende al demonio, que queda cegado durante unos segundos.
– “Maldito bastardo…” – gruñe Piccolo mientras tapa los ojos.
Al recuperar la vista, el demonio se da cuenta de que sus dos adversarios han desaparecido.
– “¿Dónde diablos están?” – dice el namekiano. – “¡Salid! ¡Cobardes!”
Cerca de allí, detrás del tronco de un gran árbol, Kame y Tsuru se encuentran escondidos.
– “Gracias” – dice Kame.
– “Cállate” – responde Tsuru.
Piccolo mira a su alrededor, frustrado.
– “Esta bien…” – murmura mientras dibuja una terrorífica sonrisa en su rostro.
El demonio hace un gesto con su mano, generando una gran explosión que desintegra gran parte del bosque.
Los dos luchadores siguen agazapados tras el árbol.
– “Si llega a disparar en esta dirección, seríamos polvo…” – titubea Tsuru, aterrado ante la demostración de poder de Piccolo.
De repente, una voz conocida calma a los dos luchadores.
– “¿Estáis bien?” – les pregunta la anciana voz.
– “Maestro…” – dice Kame, mientras sus ojos brillan vidriosos.
– “¡Maestro Mutaito!” – exclama Tsuru.
– “He sentido vuestra energía peleando.” – dice Mutaito. – “Os habéis hecho muy fuertes.”
– “No lo suficiente, maestro” – dice Kame. – “No somos rivales para este demonio.”
– “Es un monstruo” – dice Tsuru.
Mutaito sonríe. Parece muy calmado a pesar de la terrible situación. Kame y Tsuru parecen confusos ante ese gesto tranquilo de su maestro.
– “Os habéis convertido en dos verdaderos maestros de las Artes Marciales” – dice Mutaito. – “Ya no tengo nada más que enseñaros.”
– “Maestro…” – murmura Kame.
– “Las próximas generaciones están en buenas manos.” – continúa Mutaito. – “Estoy seguro.”
Mutaito, con las manos en la espalda, se aleja de sus discípulos y se adentra en el claro en el que se encuentra Piccolo Daimaoh.
– “¿Quién eres tú?” – le pregunta el demonio al verlo.
– “Me llaman Mutaito.” – dice el anciano luchador.
– “¿Tú también quieres enfrentarte a mí?” – fanfarronea Piccolo. – “¿No vas a huir como los otros dos?”
Mutaito revela una olla de arroz con un sello de papel pegado y la coloca en el suelo.
– “Ha llegado tu final, Rey de los Demonios.” – dice Mutaito, muy serio.
– “No me digas…” – se burla Piccolo. – “¿Vas a derrotarme?”
– “Tu poder está muy lejos de mi alcance” – dice Mutaito. – “Jamás imaginé que alguien como tú pudiera existir. Tienes una fuerza solo superada por tu maldad.”
– “Me halagas.” – sonríe el namekiano.
Mutaito extiende sus manos hacia Piccolo, que ni siquiera se pone en guardia y menosprecia a su adversario.
– “¡VOY A ENCERRARTE PARA SIEMPRE! ¡¡MAFUBA!!” – exclama el maestro de Artes Marciales. 
Un torbellino verde de energía avanza hacia Piccolo y lo engulle, levantándole del suelo y atrapándole en esa violenta espiral de corriente.
– “¡NO ES POSIBLE!” – grita el demonio, aterrado. – “¡NO! ¡SOY EL REY DE LOS DEMONIOS!”
Mutaito dirige su energía hacia la olla de arroz y proyecta al demonio hacia su interior. Al caer dentro, la olla se cierra
El claro se queda en silencio. Mutaito lo ha logrado. Ha encerrado al demonio.
Kame y Tsuru salen de su escondite e intenta correr torpemente hacia su maestro.
Mutaito los mira y esboza una tierna sonrisa, pero enseguida se desmaya. Su cuerpo ca el a suelo, sin vida.
– “Maestro…” – murmura Tsuru.
– “No…” – suspira Kame.
Los dos se acercan a Mutaito e intentan socorrerle, pero ya es demasiado tarde. Su maestro ha dado la vida para encerrar a Piccolo Daimaoh.
En las ciudades y pueblos alrededor del mundo, los hijos de Piccolo sienten que algo no va bien. Los demonios deciden retroceder y huyen hacia bosques, montañas y desiertos para escapar del conflicto hasta que regrese su señor.
Con la retirada de los enemigos, el mundo celebra que empieza una época de paz.
En el bosque Fukkuro, Kame y Tsuru han enterrado a su querido maestro y le dedican un último saludo.
Tsuru recoge la olla de arroz y la observa detenidamente.
– “Esto no puede caer en malas manos.” – dice el joven Grulla.
– “Ningunas manos son seguras” – añade Kame. – “Debemos deshacernos de ella.”
En unas horas ya se encuentran en mar abierto a borde de un pequeño bote.
– “Hasta nunca, demonio” – dice Kame, que deja caer la olla al agua.
En la Torre de Karín, el Duende sonríe mientras observa el horizonte.
– “Muy interesante…” – murmura el felino. – “Qué dos tipos tan fascinantes.”
En la Atalaya de Kamisama, el Dios mira la Tierra.
– “Hermano Piccolo…” – piensa el namekiano. – “Has subestimado a los humanos y te han dado una lección. El sacrificio es una cualidad que jamás podrás entender con tu corazón negro, pero es lo que lo que hace que los terrícolas sean una gente tan interesante…” – suspira. – “Ellos han demostrado estar a la altura de las circunstancias… y ahora debo intentar estarlo yo. Como muestra de agradecimiento, les he otorgado la herramienta para deshacer el mal que has causado. Espero que usen las Dragon Balls con moderación.” 
De vuelta a la zona de entrenamiento del bosque Fukkuro, Kame y Tsuru observan el terreno destruido por su combate con Piccolo Daimaoh.
– “¿Deberíamos reconstruirlo?” – pregunta Tsuru. – “Podríamos continuar desde donde nuestro maestro lo ha dejado…”
– “Creo que es demasiado pronto.” – dice Kame.
– “¿Pronto?” – pregunta Tsuru.
– “No me siento preparado para ocupar el lugar del maestro Mutaito.” – dice el joven Tortuga. – “Creo que aún tenemos mucho que aprender.”
– “Es posible…” – dice Tsuru. – “¿Qué piensas hacer?”
– “Quiero viajar” – dice su amigo. – “Creo que investigaré algunas viejas leyendas que de las que he oído hablar a mi hermana… Siempre me han parecido fascinantes.”
– “Viajar, ¿eh?” – sonríe el joven Grulla. – “Creo que también emprenderé mi camino y entrenaré a mi hermano Tao.”
Kame asiente.
– “Parece una buena idea.” – dice el joven luchador, que se da la vuelta, dispuesto a emprender su camino. 
– “¿Por dónde empezaras tu camino?” – pregunta Tsuru.
– “Lo sabes muy bien, amigo mío.” – dice Kame, muy serio. – “¡El bar de striptease de Yahhoi!”

Tsuru cae de espaldas al suelo, avergonzado por el lado pervertida de su compañero.

ESPECIAL DBSNL /// Daimaoh // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte II: Las Dragon Balls

Daimaoh // Parte II: Las Dragon Balls
“Empecemos cuanto antes.”


El demonio reptiliano desciende frente a los aterrorizados aprendices de artes marciales. 
Kame, Tsuru y otros dos luchadores experimentados se ponen en guardia, mientras los demás recogen al malherido Tora e intentan ponerse a salvo.
– “No iréis a ninguna parte” – sonríe el demonio alado. 
Con una velocidad sobrehumana se escurre entre los cuatro luchadores y atraviesa con su garra el pecho del moribundo Tora.
– “¡MALDITO SEAS!” – grita Kame.
El demonio dibuja en su rostro una mueca terrorífica.
– “Esto es lo que le pasa a todo aquel que se opone al Rey de los Demonios; Piccolo.”
Uno de los cuatro luchadores, furioso ante la visión de su compañero asesinado, embiste al demonio.
– “¡HAAAAA!” – grita el artista marcial.
– “¡ESPERA, KUMA!” – le advierte el joven Tortuga.
El luchador agarra al demonio por la cintura y lo empuja, demostrando una gran fuerza física.
– “Muy bien…” – se burla el diablo. – “No está nada mal para un humano.”
El demonio agarra al guerrero por la cintura y lo levanta boca abajo sobre su cabeza, para un instante después estamparle contra el suelo y partirle el cuello.
Kame y Tsuru se quedan boquiabiertos ante la brutalidad del enemigo.
– “¡CORRED!” – advierte Kame a sus compañeros.
Tsuru alza su dedo índice y concentra su ki en él.
– “¡DODONPA!” – exclama el luchador, que lanza su concentrado ataque contra el enemigo.
El demonio lo esquiva fácilmente, inclinándose a un lado para dejar pasar de largo el ataque.
– “Muy lento” – se burla el ser reptiliano.
– “Mi… mi técnica…” – titubea el joven Grulla, humillado por el enemigo.
Un luchador ataca al demonio con una tormenta de golpes. El guerrero tiene los dedos agrupados como si sus manos fueran aguijones e intenta asestar un golpe en algún punto vital del enemigo, pero sin éxito. El diablo esquiva todos los ataques con facilidad.
De repente, el demonio agarra por el cuello al luchador y lo estruja hasta partírselo.
– “¡SASORI!” – lamenta Kame. – “Maldición…”
El demonio deja caer el cadáver del luchador al suelo.
– “Solo quedáis dos…” – dice con desprecio.
El joven Kame se prepara para realizar su mejor técnica.
– “Ka… Me…” – recita. – “Ha… Me…”
El diablo no parece preocupado.
– “¡HAAAAAAA!” – dispara el luchador.
El reptiliano demonio extiende su mano y detiene el Kamehameha, que estalla sin causarle ningún daño.
– “¿Eso es todo?” – se burla el enemigo.
Kame sonríe, desconcertando al demonio, que enseguida se da cuenta de que ha perdido de vista al otro guerrero.
Al no encontrarlo, decide levantar su vista al cielo. Ahí está Tsuru, levitando sobre el enemigo y con sus manos formando un cuadrado en el que enmarca al demonio.
– “¡AHORA VERÁS!” – exclama Tsuru. – “¡KIKO-HO!”
Un torrente de ki cae sobre el enemigo. El pánico se apodera del demonio, que nada puede hacer para defenderse de tal ataque.
Una gran explosión de luz ilumina el lugar. 
Cuando Kame recupera la visión, se da cuenta de que en el suelo se ha formado un gran agujero cuadrangular del que no se puede ver el fondo.
– “Impresionante…” – murmura el aprendiz. – “No sabía que Tsuru se había vuelto tan fuerte…”
Tras el titánico esfuerzo, Tsuru se desmaya y cae al suelo. Kame enseguida corre a atenderle. 
– “¿Estás bien?” – le pregunta Kame. – “Has puesto mucha energía en esa técnica.”
– “¿Está muerto?” – pregunta Tsuru.
– “Creo que sí…” – responde su compañero.
Muy lejos de allí, Piccolo Daimaoh, que se encuentra masacrando un batallón de soldados que ha osado oponerse a su conquista, siente una extraña presencia.
– “Alguien ha matado a mi hijo Bongo…” – murmura sorprendido el demonio.
Furioso, Piccolo abandona el lugar y se dirige hacia Fukkuro.
En la Atalaya de Kamisama, Dios observa la Tierra con semblante preocupado.
– “Esos humanos son fuertes…” – murmura Kamisama. – “Pero no creo que sean capaces de detener a Piccolo.”
Mr. Popo interrumpe el pensamiento del Dios.
– “He reunido las piedras que me pidió, señor.” – dice Popo. – “Y he construido la figura que me encomendó.” – añade, mostrando un dragón chino hecho de barro en una urna de cristal. – “¿Le gusta? No sabía muy bien como lo quería, así que he improvisado un poco…”
– “Gracias, Popo. Es perfecto.” – sonríe Kamisama. – “Empecemos cuanto antes.”
El ayudante de Kamisama coloca las siete rocas esféricas en el suelo de la Atalaya, rodeando al dragón, y después se aparta.
Kamisama extiende sus manos hacia las piedras y empieza a recitar un extraño conjuro en una lengua antigua y desconocida incluso para Mr. Popo. Su poder es transferido a a la urna de cristal que guarda al dragón y de ahí se reparte a las siete rocas, que brillan intensamente y cristalizan, adquiriendo un color anaranjado. Un patrón de estrellas aparece en cada una de ellas; de una a siete.
De repente, las siete esferas empiezan a girar mientras se elevan hacia el cielo, y tras un estallido de energía salen proyectadas hacia puntos opuestos, desapareciendo en el horizonte.
El namekiano cae de rodillas, cansado.
– “¿Está bien, Kamisama?” – pregunta Popo, que se acerca para socorrer a su señor.
– “Estoy bien…” – responde el Dios. – “Guarda el Dragón en un lugar seguro, por favor.”
Mr. Popo recoge la escultura de barro y se la lleva al interior del palacio.
Kamisama, agarrado a su bastón, intenta ponerse en pie.
– “Yo no puedo intervenir…” – piensa el namekiano. – “Pero espero que las Dragon Balls traigan esperanza a la Tierra en un momento tan oscuro como éste.”
Mientras tanto, en la Tierra, en el bosque Fukkuro, Tsuru y Kame se recuperan de su combate.
– “No sabía que te habías vuelto tan fuerte…” – dice Kame.
– “¿Celoso?” – se burla Tsuru.
– “Un poco…” – responde su compañero. – “Tienes una habilidad fascinante pare crear técnicas destructivas.”
– “El objetivo de un luchador es derrotar a sus enemigos.” – dice Tsuru.
– “En eso discrepamos.” – responde Kame. – “Un luchador debe proteger, no destruir. Ese es el verdadero objetivo de las Artes Marciales.”
Tsuru esboza una sonrisa burlona.
– “Siempre has sido un ingenuo.” – responde el joven Grulla.
– “Puede ser…” – sonríe Kame.
En ese instante, alguien desciende del cielo frente a ellos, llamando su atención.
Los dos luchadores observan con horror al recién llegado.
– “No… No es posible…” – titubea el joven Tortuga.
– “Es él…” – murmura Tsuru. – “Piccolo Daimaoh…”

ESPECIAL DBSNL /// Daimaoh // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte I: Nace la leyenda

Daimaoh // Parte I: Nace la leyenda
“Supongo que eso me convierte a mí en un demonio.”
En el planeta Tierra reinaba la paz, hasta que un día… 
En la Tierra Sagrada de Karín, el sabio felino, solo en su torre, siente una terrible sensación.
– “Es horrible…” – murmura el gato.
Karín corre hasta la barandilla de su torre y mira al cielo, confuso y asustado.
– “¿Qué significa esto?” – se pregunta.
En la Atalaya de Kamisama, dos namekianos idénticos se encuentran el uno frente al otro.
– “¿Qué ha pasado?” – se pregunta el namekiano vestido de blanco. – “¿Quién eres tú?” – le pregunta a su contrapartida, que viste de negro.
– “Interesante…” – sonríe éste, de forma terrorífica.
– “¿Cómo es posible?” – murmura el aprendiz de Kamisama.
El recién aparecido ser observa el kanji que luce el namekiano vestido de blanco.
– “Kami…” – murmura el personaje. – “Supongo que eso me convierte a mí en un demonio.” – sonríe. – “El Rey de los Demonio; Daimaoh.”
Con un chasquido de dedos, el kanji “Ma” aparece en su ropa.
– “¿De qué estás hablando?” – se impacienta el aprendiz de Kami.
– “Me siento bien.” – dice el demonio. – “Por primera vez, me siento libre de ataduras. Sin conciencia y sin nada que me detenga.”
En ese instante, Mr. Popo sale corriendo del palacio, pues también ha sentido la terrible energía del demonio.
– “¡ALTO!” – exclama el ayudante de Kamisama.
El namekiano vestido de negro clava su mirada en Popo y sonríe antes de darle la espalda.
– “Este sitio es aburrido…” – dice el demonio. – “Será mejor que baje a la Tierra a dar un paseo.”
– “¡ESPERA!” – intenta detenerla el aprendiz de Kami.
Pero es demasiado tarde. El demonio se marcha volando y desciende hacia la superficie del planeta.
El namekiano de blanco, muy preocupado, corre al palacio para informar a Kamisama, que se encuentra tumbado en la cama, muy débil. 
– “Señor… Lo siento mucho.” – se disculpa el aprendiz, que se arrodilla en el lateral de la cama. – “Ha sido culpa mía. Prometo que me encargaré de él. Solicito su permiso para bajar a la Tierra y…”
– “No…” – le interrumpe Kamisama. – “Tú no puedes detener a Daimaoh… Vuestras vidas están entrelazadas. Puedo sentirlo. Si uno muere, el otro también perecerá.”
– “¿Y qué debo hacer, señor?” – dice el joven namekiano.
– “La Tierra necesita un Kamisama.” – sonríe el Dios. – “Creo que ahora estás preparado para ocupar mi puesto.”
– “Señor…” – llora el aprendiz. – “Aún me queda mucho por aprender…”
– “Mr. Popo te acompañará en todo momento.” – dice Kamisama. – “Él es más sabio que yo…” – sonríe.
– “No diga eso…” – dice Popo, derramando una lágrima. 
– “Todo saldrá bien…” – dice el Dios. – “Los humanos son más fuertes y buenos de lo que ellos mismos creen; y sin duda, mucho mejores de lo que Daimaoh espera.”
– “Kamisama…” – llora el namekiano.
– “Mi bastón, señor Popo.” – le dice el débil Dios a su ayudante.
Mr. Popo trae el bastón de Kamisama.
– “Cógelo.” – le dice el Dios al namekiano. – “Y levántate.”
El aprendiz obedece.
– “Bien…” – sonríe el Dios. – “Mucha suerte, Kamisama.” – se despide, antes de exhalar su último aliento.
Al fallecer, su cuerpo desaparece, dejando las sábanas vacías.
En la Tierra, Piccolo Daimaoh ha llegado a la Ciudad del Oeste; una metrópolis por la que pasean carros tirados por caballos entre edificios majestuosos de arquitectura clásica.
El demonio desciende en mitad de la avenida principal, interponiéndose en el camino de una diligencia, que se ve obligada a esquivar al personaje, lo que provoca su vuelco.
La gente se queda estupefacta al ver al personaje descendido del cielo.
– “¿Quién es?” – pregunta un viandante. 
– “¡Ha llegado del cielo!” – exclama otro.
El conductor de la carroza, magullado y furioso, se acerca al namekiano para pedirle explicaciones.
– “¡MIRA POR DONDE VAS!” – exclama el conductor. – “¡MIRA LO QUE…!”
Pero Piccolo agarra al personaje por el cuello y lo estrangula delante de todos, lanzando después su cuerpo sobre la acera.
– “¡ESCUCHADME TODOS!” – exclama el demonio. – “¡YO SOY PICCOLO DAIMAOH! ¡EL REY DE LOS DEMONIOS!” – anuncia. – “¡Y DESDE AHORA, TAMBIÉN SOY VUESTRO SEÑOR!”
En ese instante, cuatro policías se acercan al namekiano. Dos le apuntan con un mosquetón y los otros desenvainan sus sables. 
– “¡ALTO!” – exclama un agente. – “¡Queda usted detenido!”
En un abrir y cerrar de ojos, Piccolo se sitúa detrás del policía que lleva la pistola y le parte el cuello con un rápido gesto.
Piccolo agarra la cabeza del segundo policía con arma de fuego y lo levanta del suelo. El policía, asustado, dispara su arma al cielo. El namekiano aplasta el cráneo del humano con una sola mano.
Uno de los policías restantes corre despavorido al ver la brutalidad con la que Piccolo ha asesinado a sus compañeros e intenta huir, pero Piccolo le paunta con su mano y le lanza un ataque de ki.
El humano cae al suelo envuelto en llamas y se retuerce de dolor hasta que fallece.
El último policía deja caer su espada, aterrado, y cae de rodillas.
– “Por favor…” – dice el policía. – “No me mate…”
Piccolo sonríe.
– “Me gusta la idea…” – dice el namekiano. – “¡ARRODILLAOS! ¡SEGUID SU EJEMPLO SI QUERÉIS VIVIR!”
Los viandantes, aterrorizados ante el poder demostrado por Piccolo, se arrodillan.
– “Bien…” – sonríe el namekiano.
Con los meses, el reino de terror de Piccolo Daimaoh se extiende por la Tierra. Todo el que se opone al Rey de los Demonios es asesinado. Ciudades y aldeas enteras son erradicadas por el demonio y sus secuaces; monstruos reptiloides nacidos de las propias entrañas del diablo.
En una aldea escondida bajo las montañas del bosque Fukkuro, un grupo de jóvenes aprendices de Artes Marciales se encuentran entrenando duro para poder plantar al demonio.
– “Es inútil…” – lamenta uno de ellos. – “Si lo que dicen es cierto, es inútil que sigamos entrenando… A lo mejor deberíamos huir.” 
– “No digas eso, Tsuru” – le replica un compañero. – “Nuestro maestro ha subido a las montañas para entrenar en solitario. ¡Seguro que logrará detener al demonio! ¡Y nosotros debemos estar listos para apoyarle!”
– “Puede que él también haya huido, Kame.” – responde su compañero.
– “¡El Maestro Mutaito nunca haría eso!” – replica Kame. – “¡No te atrevas a manchar su nombre!”
– “¡Algunos tenemos responsabilidades!” – dice Tsuru. – “¡Puede que tú solos seas amigo de una tortuga, pero yo tengo que pensar en mi hermano Tao!”
Los demás compañeros intentan poner paz entre los dos aprendices, pero en ese instante, un malherido compañero aparece del bosque y se desmaya frente a ellos.
– “¡Tora!” – exclama Kame, que corre a socorrer a su compañero.
– “¿Qué habrá pasado?” – pregunta otro luchador.
– “Está malherido…” – dice Kame, examinando sus heridas en forma de zarpazo.
– “¡Seguro que ha sido un demonio!” – exclama Tsuru. – “¡Deben estar cerca!”
– “Por suerte, ha logrado escapar con vida…” – dice Kame.
De repente, una demoníaca risa llama la atención de los presentes, que alzan su mirada al cielo para ver a un personaje alado de tez verde y ojos amarillos.
– “Le he dejado escapar.” – dice la criatura reptiliana. – “Sabía que me llevaría hasta su escondite.”