ESPECIAL DBSNL /// Cold Chronicles // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte IX: Planeta maldito

Cold Chronicles / Parte IX: Planeta maldito
“Pasé mi infancia arrodillado…”
En el planeta maldito, Hit se encuentra cara a cara con quien parece ser el actual dueño del lugar. El anciano se encuentra sentado en un trono hecho de escombros y ha revelado que se llama Slug.
– “Eres un namekiano…” – dice Hit.
– “Lo soy… lo era…” – responde Slug. – “Ha pasado mucho tiempo.”
– “¿Qué haces en este lugar?” – pregunta el asesino.
– “Es un lugar tranquilo.” – responde el namekiano. – “Nadie se acerca a este planeta. Su historia mantiene alejados a los curiosos.”
Hit desconfía del viejo namekiano.
– “Tengo que agradecerte que no mataras a mis hijos.” – dice Slug.
– “¿Hijos?” – se sorprende Hit.
– “Es una larga historia.” – responde Slug. – “No soy un namekiano cualquiera.”
– “No he venido a escuchar tu historia, anciano, si no a investigar la de este planeta.” – dice el asesino.
Slug se pone en pie con dificultad y se acerca al borde del altar.
– “Acércate, extranjero” – dice el namekiano. – “Déjame conocer tus intenciones.” – añade extendiendo su mano hacia delante.
Hit se acerca cautelosamente y Slug coloca la palma de su mano en la cabeza del asesino.
Tras un breve instante, el namekiano retrocede alarmado. 
– “Eres un asesino…” – murmura Slug. – “Y el Imperio… el demonio del frío…”
– “Si conoces mis métodos, sabes que te conviene colaborar.” – dice Hit.
– “¡Jajaja!” – ríe Slug. – “Hace unos siglos ni siquiera podrías soñar con rozarme… Incluso puede que ahora, pese a mi estado, aún pueda contigo…”
– “¿Quieres comprobarlo, anciano?” – responde Hit, muy serio.
Slug sonríe ante las amenazas de asesino.
– “No hay necesidad” – responde el namekiano. – “No eres mi enemigo.”
– “¡Pues deja de hacerme perder el tiempo!” – exclama Hit.
– “Desde que llegué, he estado estudiando la tragedia que ocurrió en este planeta…” – dice Slug. – “Un viejo culto  despertó a un monstruo que devoró la vida de este lugar…”
El namekiano se da la espalda a Hit y le mira de reojo.
– “Acompáñame, asesino” – dice Slug. – “Voy a mostrarte la historia del planeta Konats.”
Mientras tanto, en Hera, Sorbet se dispone a abandonar el planeta y regresar junto al Emperador. El Capitán Ginyu, ahora en el cuerpo del líder herajín Hido, se retira a su oficina cuando es interceptado por un soldado.
– “Su abuelo quiere verle, señor” – dice el soldado.
– “Mi abuelo…” – murmura Hido. – “Por supuesto.”
Hido acompaña al soldado hasta los aposentos de su abuelo.
Al entrar en la cámara, el Ginyu puede ver a un anciano tendido en su cama, en muy mal estado.
– “¿Cómo ha ido?” – pregunta el anciano.
– Parece que conseguiremos un mejor trato” – responde Hido. – “¿Cómo se encuentra, abuelo?” – pregunta.
– “Este es el precio de nuestro poder.” – dice el anciano.
Hido se acerca a la ventana de la habitación y mira el paisaje.
– “Es mejor que descanse.” – dice el líder herajín.
– “Está bien que te preocupes por mí…” – dice el anciano. – “Aunque no seas mi nieto.”
El Capitán Ginyu se sorprende ante ese comentario y enseguida mira al viejo herajín.
– “¿De qué está hablando, abuelo?” – pregunta Hido.
– “Supongo que mi nieto ha muerto…” – dice el anciano. – “Una desgracia…”
– “¿Cómo lo has sabido, viejo?” – pregunta Ginyu, que ha dejado de fingir.
– “No solo veo con los ojos.” – dice el moribundo anciano.
– “Hubiera sido mejor para todos que siguieras fingiendo.” – dice Ginyu.
– “Pasé mi infancia arrodillado…” – dice el viejo. – “Y me juré no vivir así nunca más.”
– “Entonces, morirás.” – dice Ginyu.
– “El Imperio se expande muy rápidamente…” – dice el viejo. – “Es cuestión de tiempo que os topéis con vuestro final.”
– “¡JAJAJA!” – ríe Ginyu. – “Ridículo. No existe nadie capaz de derrotar al Rey Cold.”
El anciano esboza una nostálgica sonrisa.
– “Nunca habéis visto algo igual…” – dice el viejo. 
– “¿De qué estás hablando?” – pregunta Ginyu.
– “Haz lo que tengas que hacer” – añade el anciano.
El Capitán agarra del cuello al anciano y lo aprieta con fuerza hasta que el viejo muere.
Mientras tanto, en el Cuartel General de la Patrulla Galáctica, situado en una estación espacial, los patrulleros han recibido una señal de socorro proveniente del planeta Kabasei.
– “Es el comunicador del agente Chapasei” – anuncia un patrullero. – “Parece que hemos perdido la comunicación con él y con el agente Torbie.”
– “¿Enviamos a otra patrulla?” – pregunta un compañero.
– “No. Será mejor que primero le avisemos.” – dice el patrullero.
En Konats, Slug y Hit se adentran en las catacumbas situadas en el sótano del palacio, donde se encuentra una gran estantería repleta de libros antiguos. Las paredes están adornadas con viejas pinturas que cuentan la historia del planeta.
– “Este planeta albergó una de las civilizaciones más grandiosas que ha visto el universo.” – dice Slug. – “Arte, ciencia, cultura… La riqueza florecía en este lugar.”
– “¿Y qué ocurrió?” – pregunta Hit.
– “Un grupo de poderosos magos de distintas razas que se hacía llamar “Kashvar” llegó al planeta y ofreció a su gente los secretos del universo a cambio de establecerse aquí” – explica el namekiano. – “¿A dónde vamos? ¿De dónde venimos? La existencia de dimensiones demoníacas, Dioses protectores, Dioses destructores… Más conocimiento del que los konatsianos podían imaginar.”
– “Nada es gratuito…” – murmura el asesino.
– “Esos brujos conocían la existencia de un poderoso espíritu en este planeta.” – dice Slug. – “Un antiguo demonio que los antepasados del pueblo konatsiano habían detenido milenios atrás.”
– “¿Un demonio?” – pregunta Hit.
– “Los habitantes de este planeta lo llamaban Hildegarn.” – dice Slug.
En el mural de la pared, un gigantesco y terrorífico monstruo se encuentra envuelto en llamas. A su alrededor, hay dibujados tres artefactos: dos ocarinas y una espada.
– “¿Qué significa esto?” – pregunta Hit, observando la pintura.
– “Solo con estos objetos se podría detener al monstruo.” – explica el namekiano. – “Son tres artefactos encantados que los antepasados de Konats dejaron preparados para que fueran usados en caso de que Hildegarn renaciera.”
– “¿Dónde están?” – pregunta Hit.
– “No lo sé.” – responde Slug. – “La historia que se encuentra en estos libros termina en el momento que el demonio volvió a despertar. Para bien o para mal, creo que esta gente no quería que nadie supiera cómo terminó el conflicto.”
– “Así que esos brujos despertaron al monstruo y éste acabó con el planeta…” – dice Hit.
– “Eso parece.” – dice el namekaino.
– “¿Por qué?” – pregunta Hit. – “¿Para qué querían despertar un viejo mal de esa magnitud?”
Slug suspira profundamente. Sus recuerdos son dolorosos.
– “Siempre hay alguien en el universo en busca de poder.” – dice el namekiano.

El namekiano puede ver en el mural de la pared al grupo de magos que despertaron a Hildegarn. Los dibujos no tienen mucho detalle, pero puede identificarse a un grupo de siete individuos encapuchados envueltos en una túnica negra rodeando un extraño símbolo casi ilegible. Uno de ellos es pequeño, de tez rosada y arrugada. El segundo es grandullón, de tez azulada, con ojos pequeños y dos largos bigotes que nacen de su nariz. El tercero es bajito, de piel amarilla y arrugada, con ojos rasgados y pupilas moradas. El cuarto parece un pequeño jabalí humanoide de pelaje rojizo. El quinto individuo parece estar completamente cubierto por un espeso pelaje negro, dejando visibles solo sus ojos redondos. El sexto tiene una estatura media, tez marrón y arrugada, labios azules, escleras moradas, y unos extraños apéndices nacen de sus mejillas. Pero Slug se fija en el séptimo componente del grupo; un ser pequeño, de cara redonda, con ojos saltones, iris verdes, y largos bigotes.
Hit también mira el dibujo y se fija en el misterioso símbolo en el centro de las figuras.
– “¿Qué significa?” – pregunta el asesino. 
– “No lo sé…” – responde Slug. – “Y creo que prefiero no saberlo.”

El símbolo parece constar de tres partes; tres columnas, la columna central está adornada con un círculo en su cima, y las dos laterales son más cortas.

ESPECIAL DBSNL /// Cold Chronicles // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte VIII: Conflictos imperiales

Cold Chronicles / Parte VIII: Conflictos imperiales
“El Imperio del Rey Cold trae paz y equilibrio.”


Tras varios días de viaje, Hit ha llegado a su destino; un planeta cuyo cielo está cubierto por nubes negras que forman una tormenta eléctrica perenne.
La nave imperial se adentra en las nubes, sufriendo fuertes turbulencias que activan las luces rojas de emergencia. La tripulación se sujeta con fuerza a lo que tiene a su alrededor, asustados por el temblor y las historias que han nacido en ese lugar.
Finalmente, la nave logra atravesar la tormenta y se dispone a aterrizar en la superficie del planeta.
La compuerta de la astronave se abre y Hit se prepara para salir. Un soldado se acerca a él, asustado.
– “¿Quiere un… quiere un equipo de apoyo, señor?” – pregunta el soldado.
– “¿Apoyo?” – pregunta Hit, echando un vistazo a su alrededor.
A los soldados imperiales les fallan las piernas, aterrados ante la idea de explorar el lugar.
– “Creo que saldré solo.” – dice el asesino.
Mientras tanto, en el planeta Kabasei, dos patrulleros galácticos han aterrizado. Uno de ellos tiene aspecto de escarabajo humanoide con exoesqueleto marrón y naranja; el otro es un individuo de muy baja estatura, tez morena y barba negra, que solo viste un pantalón blanco. Los dos llevan orejeras blancas con el símbolo de la Patrulla Galáctica.
Los dos patrulleros caminan entre las ruinas de una aldea kabajín arrasada por las Fuerzas Especiales del Imperio. 
– “Hemos llegado tarde, Chapasei” – dice el escarabajo.
– “Eso parece, Torbie” – responde su compañero. – “Esos bastardos han acabado con todo el que se ha opuesto a la invasión.”
En ese instante, los cuatro soldados imperiales rodean a los dos patrulleros.
– “Invasión no suena demasiado bien…” – dice Methiop. – “Preferimos conquista.”
Sus compañeros ríen de forma burlona, mientras los dos patrulleros se ponen en guardia.
– “Pagaréis por esto” – dice Torbie.
– “Sois unos ilusos” – responde Tupper. – “No entendéis nada.”
– “¡Y vosotros sois unos monstruos!” – exclama Chapasei. – “¡Lleváis muerte y destrucción a todos los planetas de la galaxia!”
– “El Imperio del Rey Cold trae paz y equilibrio.” – responde Tupper.
– “¡¿A esto llamáis paz?!” – dice Torbie, señalando los cadáveres kabajín que les rodean.
– “Sabéis que la guerra no es la primera opción del Rey” – explica Nink. – “Un emisario del imperio les propuso una anexión pacífica y lo asesinaron. Ellos empezaron el conflicto. Nosotros solo lo hemos terminado.” – sonríe el soldado.
– “Disfrutáis matando.” – le increpa Chapasei.
– “Disfrutamos haciendo nuestro trabajo.” – responde Tupper.
Torbie abre sus alas, dispuesto a atacar.
– “Os superamos en número.” – dice Tupper. – “Marchaos. No seáis idiotas.”
Chapasei sonríe y de forma repentina se multiplica, creando siete clones idénticos.
– “¡¿Qué demonios…?!” – se sorprenden los soldados.
– “¡Quedáis detenidos en nombre de la Patrulla Galáctica!” – exclaman los dos patrulleros.
Torbie y los clones de Chapasei se abalanzan sobre sus enemigos.
El escarabajo y un Chapasei se emparejan con el metalman, mientras los otros siete clones se distribuyen en parejas contra los otros tres soldados.
Mientras tanto, en Hera, el líder herajín recibe en su palacio a los emisarios del Imperio. Solo el consejero real y la líder de las Fuerzas Especiales han podido entrar a la sala del trono.
– “Bienvenidos” – les recibe el líder herajín, un hombre de mediana edad, vestido con las ropas tradicionales de su planeta, sentado en su trono.
– “Es un placer ser recibidos en su casa, señor Hido” – saluda Sorbet.
– “¿Qué trae a dos personalidades tan importantes a mi palacio?” – pregunta el herajín.
– “El Rey me ha pedido que le comunique su disposición a negociar una mejora de las condiciones del acuerdo entre su pueblo y el Imperio” – dice Sorbet.
– “Eso está bien” – sonríe Hido.
– “Así que, permítame preguntarle, ¿Cuáles son sus exigencias?” – continúa el consejero.
– “Lo primero, queremos un aumento de nuestros honorarios y la desaparición de las tropas imperiales de nuestro territorio.” – dice el líder herajín.
– “Señor, la primera parte de su petición es completamente justa. El Rey Cold está muy satisfecho con vuestro trabajo.” – asiente Sorbet. – “Pero abandonar su planeta…”
– “No he terminado.” – le interrumpe Hido. – “Queremos un guerrero herajín en las Fuerzas Especiales.”
En ese instante, la líder del escuadrón emblema del Imperio, que hasta ahora parecía desinteresada en la discusión política, presta atención a la conversación.
La petición también ha sorprendido a Sorbet.
– “¿Cómo dice?” – titubea Sorbet.
– “Tener a uno de los nuestros en ese equipo sería una muestra de aprecio al poder de nuestra raza.”– explica Hido.
– “Pero señor…” – dice el consejero imperial. – “Existen unas pruebas de acceso para ese pelotón. Cualquier soldado del Imperio tiene la posibilidad de presentarse a tales…”
– “¿Estás diciendo que mis hombres no están a la altura?” – pregunta el herajín, ofendido.
– “No, señor, pero…” – intenta calmar los ánimos Sorbet.
– “Sí” – interviene la líder de las Fuerzas Especiales.
El líder herajín se fija en la soldado.
– “¿Qué has dicho?” – pregunta enfadado Hido.
– “Ninguno de tus hombres está al nivel de mi escuadrón” – dice la guerrera.
– “¡¿Cómo osas?!” – se levanta airado el herajín.
Sorbet se pone nervioso.
– “Señores, cálmense…” – intenta poner paz el consejero.
Hido respira hondo y vuelve a sentarse.
– “Decidle al Rey Cold que las negociaciones han fracasado.” – dice el líder herajín.
– “¿Es esa su respuesta final, señor?” – pregunta Sorbet.
– “Así es.” – sentencia Hido.
– “Bien…” – dice Sorbet, que parece mostrar un cambio de actitud radical, esbozando una malévola sonrisa.
Sorbet mira de reojo a la líder de las Fuerzas Especiales y asiente, haciendo que la soldado de un paso al frente hacia el herajín.
Mientras tanto, en el planeta maldito, Hit camina entre las ruinas de una antigua civilización. Puede verse en la arquitectura de los restos que ese pueblo vivió una época de gran esplendor. En el centro de la vieja ciudad, en una gran plaza, se alza un gigantesco templo cuya fachada ha sido derruida. Frente a él, los restos de un gran acueducto derrumbado. 
Hit atraviesa la plaza cuando es rodeado por cuatro personajes de aspecto demoníaco. Uno de ellos es un guerrero fortachón de tez naranja, cabello rojo y dos pequeños cuernos del color del nácar, que viste un pequeño pantalón slip azul y un arnés del mismo color. El segundo es una pequeña criatura de piel verde, labios rojos, y unos grandes ojos amarillos que se mueven de forma independiente, y viste solo un pantalón azul. El tercero es un guerrero grande y fuerte de piel ocre, pequeños cuernos y grandes alas, vistiendo una armadura azul oscuro. Y, por último, el cuarto guerrero tiene la piel azul claro, cabello anaranjado y dos pequeños cuernos adornando su frente; visto una túnica morada y una capa de un tono más oscuro.
Hit los observa con detenimiento.
– “¿Qué tenemos aquí?” – sonríe el demonio alado. – “¿Qué opinas, Zeeun?”
– “Debe haberse perdido, Wings” – dice el fortachón del arnés.
– “Hace mucho que no probamos carne fresca…” – babea la pequeña criatura verde.
– “Tienes razón, Medamatcha” – dice el demonio azul.
Hit suspira.
– “No queréis hacer esto.” – dice Hit.
– “¡YAAAAAAA!” – grita Medamatcha, haciendo que tres diminutos seres nazcan de su espalda y se abalancen sobre el enemigo.
Hit, con un rápido movimiento acrobático, repele a las tres criaturas.
Zeeun se lanza también sobre él, dispuesto a propinarle un puñetazo, pero Hit esquiva el golpe y rápidamente agarra el brazo de su enemigo, proyectándole contra el suelo con una rápida llave de judo.
En ese instante, dos brazos azules brotan del suelo y agarran los pies del asesino, inmovilizándole.
– “¡Buen trabajo, Angila!” – exclama Wings, que cae del cielo haciendo un puño con ambas manos, dispuesto a atizar a su enemigo. – “¡No podrás esquivar esto!” – grita el demonio.
El asesino clava su mirada en el en demonio alado y sopla con fuerza, emitiendo una gran nube de humo negro que desconcierta al enemigo.
– “¡¿Qué demonios es esto?!” – exclama Wings, que enseguida retrocede.
De repente, Wings siente que alguien tira de sus brazos y le estampa contra el suelo.
Al disiparse la humareda, Hit ha desaparecido.
– “¡¿Dónde está?!” – exclama alarmado Medamatcha.
– “¡Maldición!” – lamenta Zeeun mientras se pone en pie. – “¡No puede haber ido muy lejos!”
– “¡No le veo!” – exclama Angila, con el rostro dolorido. – “¡¿Tú ves algo, Wings?!” 
Su compañero no responde.
– “¡¿Wings?!” – insiste Angila.
En ese instante, todos se dan cuenta de que su compañero ha sido noqueado.
– “¿Cómo lo ha hecho?” – se pregunta Medamatcha, sorprendido. – “¡Tened cuidado!” – exclama a sus compañeros, pero al darse la vuelta se percata de que ellos también han caído.
El demonio, asustado, retrocede lentamente hasta toparse con Hit.
– “Tranquilo” – dice el asesino. – “Solo les he noqueado.”
Medamatcha intenta darse la vuelta, pero antes de lograrlo cae al suelo fuera de combate. 
Hit, calmado, continúa su camino hacia el templo en ruinas.
En Kabasei, Nink intenta golpear sin éxito a sus enemigos, dos clones de Chapasei, que se mueven a una velocidad de vértigo.
– “¡Son muy rápidos!” – lamenta el soldado imperial.
Cerca de allí, Tupper es avasallado por otros dos clones que, a pesar de ser incapaces de dañar su dura piel, él parece ser incapaz de tocarlos.
– “Qué incordio…” – murmura el soldado.
Por su parte, Methiop es el único que parece poder mantener el ritmo de los clones de Capasei, gracias a sus largos brazos y rápidos puñetazos.
Mientras tanto, Auta Motroco intenta alcanzar sin éxito a Chapasei con su aliento flamígero.
Torbie sorprende al metalman por la espalda y le propina un puñetazo en la nuca que no surge ningún efecto.
– “Es muy resistente.” – dice el escarabajo.
– “Pero muy lento.” – sonríe Chapasei. – “Seguro que lograremos encontrar un punto débil.”
En ese instante, en el abdomen del metalman, su caldera interior parece arder con más intensidad, y una gran cantidad de vapor a presión surge de sus chimeneas, que silban como una olla a presión.
– “¿Qué demonios…?” – se sorprende el escarabajo.
De repente, Auta Motroco arrolla a Torbie como si fuera una locomotora, haciéndole estallar con el impacto cuál insecto en el parabrisas de un coche.
– “Tor… Torbie…” – titubea su compañero, que ha quedado bañado en hemolinfa verde.
Al entrar en shock, su estado mental se transmite a los clones, que pierden la concentración y son rápidamente superados por los soldados imperiales.
Chapasei se apresura en apretar un botón de su auricular, pero enseguida es agarrado por el metalman, que abre su boca y lanza un torrente de lava sobre el cuerpo del patrullero, fundiéndole en su mano.
Los demás soldados se acercan a su compañero.
– “Buen trabajo, Motroco” – le felicita Tupper.
– “Estos patrulleros son un incordio.” – dice Methiop. – “Cada vez cuentan con más efectivos.”
– “El Rey Cold va a tener que tomárselos en serio.” – dice Nink. – “Podrían ser un problema en el futuro.”
En Hera, un gran estruendo alerta a los guardias herajín que protegen la entrada a la sala del trono, armados con lanzas doradas, que enseguida irrumpen en el salón. Al abrir las puertas, se encuentran a Hido agarrando por el cuello el cuerpo sin vida de la líder de las Fuerzas Especiales.
Los hombres de Hido enseguida rodean a Sorbet, apuntándoles sus lanzas.
– “Tranquilos, muchachos” – dice el consejero imperial.
– “¡¿Órdenes, señor?!” – pregunta un herajín.
Hido lanza el cuerpo de la soldado a un lado y ordena a sus hombres que bajen las armas.
– “Ha sido solo un desacuerdo.” – dice el líder herajín. – “La líder de las Fuerzas Especiales ha intentado atacarme, pero no actuaba en nombre del Rey, ¿no es así?.” – le pregunta a Sorbet.
– “Por supuesto, señor” – responde el consejero imperial. – “El Rey Cold no actuaría de tal forma. Su Majestad tiene gran estima hacia su pueblo.”
– “Me alegra oír eso.” – sonríe Hido. – “Podéis soltarle.” – ordena a sus hombres.
Los guardias obedecen.
– “Marcharos. Gracias.” – dice Hido. – “Aún nos quedan ciertos temas de los que hablar.”
– “Sí, señor” – responden sus hombres.
Al quedarse a solas de nuevo, Sorbet sonríe.
– “Buen trabajo, Capitán Ginyu.” – felicita el consejero al líder de las Fuerzas Especiales.
Mientras tanto, en el planeta maldito, Hit se dirige al altar del templo, donde un gran trono de piedra ha sido construido a partir de ruinas. En él se encuentra sentado un anciano encapuchado de tez verde envuelto en una gran túnica amarilla.
– “Bienvenido a mi hogar, extranjero.” – dice el anciano, mientras revela su rostro.
Hit se sorprende al ver a la misteriosa figura.
– “Me llamo Slug.” – revela el anciano.

ESPECIAL DBSNL /// Cold Chronicles // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte VII: Hit

Cold Chronicles / Parte VII: Hit
“No es nada personal.”

En los suburbios del planeta Imegga, en una taberna oculta en un viejo sótano, un misterioso personaje de tez morada y que viste una larga gabardina negra se encuentra sentado en solitario. A su alrededor, otras mesas llenas de individuos con pinta de delincuentes y forajidos juegan a cartas y beben despreocupados.
De repente, un ser encapuchado entra en el local. La taberna queda en silencio cuando el personaje entra en el lugar. Todos los presentes han puesto las manos en sus armas, esperando lo peor, pero el ambiente pronto vuelve a la normalidad cuando se dan cuenta de que no es un peligro.
El encapuchado se acerca al viejo tabernero.
– “Busco a alguien para un trabajo” – dice el forastero.
– “¿Qué tipo de trabajo?” – pregunta el propietario del establecimiento.
– “Uno de los que solo se ofrecen aquí” – responde el encapuchado, que vacía un pequeño saco de dinero sobre la mesa y le entrega una moneda al tabernero.
– “Es mucho dinero…” – se sorprende anciano.
– “Es un trabajo difícil…” – responde el forastero.
El propietario echa un vistazo a las mesas del local.
– “Habla con ese” – responde, haciéndole un gesto con la cabeza, señalándole al personaje de la gabardina. – “Se llama Hit.”
– “Gracias” – dice el encapuchado, recogiendo su dinero y entregándole otra moneda al mesonero como propina.
El forastero se acerca a la mesa que le ha sido señalada y se sienta frente al personaje que allí se encuentra.
– “Tengo un trabajo” – anuncia el encapuchado.
– “Habla” – responde su contertulio.
– “No es una tarea fácil” – explica el forastero, que vuelve vaciar el saco de monedas sobre la mesa. – “Pero tiene una alta recompensa.”
– “¿Vas a decirme de qué se trata?” – insiste Hit.
– “Una vez te informe de la misión, no podrás negarte” – aclara el encapuchado. – “Es confidencial.”
– “¿Me amenazas?” – responde Hit. – “Dile a Xo-Nin que envíe a un mejor emisario.” – añade mientras se levanta.
– “¡Espera!” – exclama el encapuchado, nervioso.
Hit se detiene. El forastero empieza a sudar y a ponerse nervioso.
– “¿Quién…? ¿Quién ha mencionado a Xo-Nin?” – pregunta, tembloroso. – “¿De qué estás hablando?”
Hit pone sus manos sobre la mesa y se inclina hacia delante, intimidando al forastero.
– “Solo hay una persona en este planeta capaz de pagar tales honorarios” – dice Hit.
– “Nadie dice que mi señor sea de este planeta…” – se excusa el encapuchado.
– “Bien. Entonces hay dos personas: Xo-Nin y el Rey Cold.” – responde Hit. – “Pero, según he oído, los métodos del demonio del frío son mucho más directos; así que volvemos al punto de partida.”
– “Está bien, está bien…” – claudica el encapuchado, muy agitado. – “Por favor, siéntate.”
Hit vuelve a tomar asiento.
– “Xo-Nin quiere que te encargues de alguien.” – dice el forastero. 
– “Conozco los avances del Imperio. Ya no es un pequeño reino rebelde.” – dice Hit. – “Algunos planetas ni siquiera muestran resistencia. Se doblegan de buen gusto ante el Emperador. Y según parece, la expansión pronto llegará a este sector…”
– “Así es” – responde el encapuchado.
Hit observa el dinero con detenimiento.
– “Por lo que me ofreces, supongo que vas a pedirme que mate a los Generales del Imperio…” – reflexiona Hit. – “Está bien. Puedo hacerlo. Nos veremos aquí en…”
– “No.” – le interrumpe el forastero. – “Eso no es lo que Xo-Nin quiere.”
Hit se queda sin palabras.
– “Acaso me estás pidiendo que…” – dice Hit.
– “Sí.” – responde tajante el forastero. – “Xo-Nin quiere que mates al Rey Cold.”
Han pasado varios siglos desde que Cold empezó a alzar su Imperio desde las ruinas de Hera. La Capital del Imperio ha sido establecida en el planeta Cold-42, donde el Emperador tiene su residencia.
Meses después de ese encuentro en la taberna, en la sala del trono del Imperio, un soldado herajín se arrodilla ante el Rey, sentado en su sillón, transformado en su apariencia de toro, y escoltado por su pequeño consejero.
– “Mis hombres y yo hemos finalizando nuestra misión con éxito, señor.” – anuncia el soldado.
– “Buen trabajo” – responde Cold. – “Puedes retirarte.”
El soldado abandona la sala. 
El consejero del Rey se acerca Su Majestad.
– “¿Qué piensa hacer con ellos, Majestad?” – pregunta el personaje.
– “Son una raza fuerte…” – responde Cold. – “Me han servido durante muchos años.”
– “Pero señor, los informes que nos llegan son un poco alarmantes…” – continúa el consejero. – “Hablan de una rebelión en ciernes. Su nuevo líder ha agitado al pueblo y…”
– “No voy a traicionarles, Sorbet.” – sentencia el Rey. – “Reúnete con ellos y que expongan sus exigencias.”
– “De acuerdo, señor.” – responde el consejero. – “Como usted desee.”
– “Ahora, déjame a solas.” – dice Cold.
Su consejero hace una reverencia.
– “A su servicio” – se despide el lacayo. 
El Rey Cold se queda solo en la sala del trono.
– “No te lo puedo poner más fácil” – sonríe el Emperador.
De entre las sombras surge Hit, con sus manos en los bolsillos.
– “No es nada personal.” – dice el asesino.
– “Podrías matarme ahora mismo.” – dice Cold, con completa calma. – “En esta forma, no puedo detenerte.”
– “Será rápido.” – anuncia Hit.
– “Lo sé.” – dice el Emperador. – “Tu reputación te precede, Hit.”
El asesino se sorprende ante la actitud del Emperador.
– “Pero antes de que lo hagas, me gustaría proponerte un trato.” – dice Cold.
– “No puedes pagar tu escapatoria.” – dice Hit. – “Mi palabra vale demasiado.”
– “No pretendo sobornarte.” – le corrige el demonio del frío. – “Solo quiero ganar tiempo hasta que te lleguen tus nuevas órdenes.”
En ese instante, Hit recibe un mensaje en un dispositivo que lleva en su cinturón.
– “Léelo.” – dice el Emperador.
Hit mira el dispositivo.
– “Déjame adivinar…” – continúa Cold. – “Xo-Nin quiere anular su encargo.”
El asesino parece confuso.
– “Política.” – sonríe el Emperador. – “Los objetivos cambian tan rápido… Tengo ojos en toda la galaxia.” – explica. – “No fue difícil averiguar lo que planeaba Xo-Nin y encontrar algo que él desea y que solo yo puedo darle.”
Hit se da la vuelta, dispuesto a marcharse, pues su trabajo ha terminado.
– “¡Espera!” – le dice Cold. – “Ahora que estás libre, tengo un trabajo para ti.”
– “¿Vas a pedirme que mate a Xo-Nin?” – dice Hit.
– “Me gusta como piensas.” – sonríe el Emperador. – “Pero, no. Imegga funciona. Prefiero subyugarle antes que matarle. Es más útil.”
– “¿Qué quieres de mí?” – pregunta el asesino.
– “Quiero que investigues algo.” – dice Cold.
– “Creía que tenías ojos en toda la galaxia…” – murmura Hit.
– “Esto va mucho más allá.” – aclara el Emperador.
En unas horas, Hit ya viaja en una nave del Imperio a un recóndito planeta al que muchos consideran maldito y temen pronunciar su nombre.
Mientras tanto, Sorbet viaja a Hera, acompañado por la líder de las Fuerzas Especiales del Imperio, una mujer de piel morada y cabello fucsia, para reunirse con el líder de esa misma raza y calmar los ánimos de su pueblo.
En el planeta Kabasei, un lugar pantanoso y húmedo, el resto de las Fuerzas Especiales se encarga de aniquilar a los rebeldes que se resisten al Imperio. Los habitantes del planeta tienen aspecto de hipopótamo humanoide, con gran envergadura y grandes bocas de afilados colmillos.
Los cuatro guerreros de las Fuerzas Especiales, repartidos en distintas aldeas, masacran al pueblo kabajín.
En una pequeña villa, un guerrero hipopótamo se abalanza sobre un soldado del Imperio, cuya piel azul tiene la consistencia de una roca, y le muerde el brazo. El guerrero imperial sonríe de forma burlona, al no sentir dolor. El kabajín mira a su oponente desconcertado y asustado, y el soldado le remata con un fuerte puñetazo en la cabeza.
El soldado sonríe satisfecho al ver que no queda nadie más en pie.
– “¿Cómo vais?” – les pregunta el guerrero a sus compañeros a través de su auricular.
En otra aldea, el segundo miembro del escuadrón, de tez verde y gran envergadura, con un aspecto similar a un ogro, se encuentra sujetando a dos enemigos a los que hace chocar sus cabezas, dejándoles fuera de combate.
– “Ya me queda poco, Tupper.” – responde el soldado.
– “No esperaba menos de ti, Nink.” – responde el ishitoko. – “¿Y tú, Methiop?”
En otro lugar del planeta, Methiop, un guerrero con aspecto de crustáceo humanoide, de piel roja, noquea a su último oponente con una rápida combinación de puñetazos, como un boxeador.
– “Listo.” – responde el guerrero. – “¿Sabéis algo de Auta Motroco?”
– “Solo recibo interferencias” – dice Nink, que intenta comunicarse con su compañero.
En una cueva oscura, solo iluminada por la luz que emite el abdomen del metalman, varios enemigos intentan sorprender al soldado imperial, que sin pensárselo libera su aliento de fuego e inunda la cueva con torrente de lava que arrasa con todo lo que encuentra.
En ese instante, Tupper recibe un mensaje del centro de mando.
– “Parece que tendremos visita, chicos” – dice el soldado.
– “¿Qué ocurre?” – pregunta Nink.
– “Me comunican que se acerca una nave de la Patrulla Galáctica.” – sonríe Tupper.

ESPECIAL DBSNL /// Cold Chronicles // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte VI: Bojack

Cold Chronicles // Parte VI: Bojack
“No va ha rendirse”

Cold ha regresado a su forma inicial y ha quedado libre de la técnica combinada de Bido y Bujin.
– “¿Qué os parece?” – se burla el demonio del frío. – “¿Peleamos en serio?”
Los dos herajin se ponen en guardia.

– “Maldito…” – refunfuña Bido.

Cold levanta su mano y hace que el suelo bajo los pies de sus dos enemigos estalle en mil pedazos, lanzándoles por los aires.
Bido y Bujin logran estabilizarse en el aire, pero son sorprendidos por una gran cantidad de escombros controlados telekinéticamente por el demonio del frío, que les rodean y encarcelan rápidamente.
Mientras tanto, Paikhuan se encuentra luchando contra Zangya y Gokua. El Guardián, ahora sin su ropa pesada de entrenamiento, se mueve a una velocidad extraordinaria que supera con creces a la de los dos herajín.
Paikhuan se mueve como una llamarada entre sus dos enemigos, golpeándoles por sorpresa y sin descanso; una y otra vez.
Bido golpea su cárcel de roca repetidamente hasta que logra liberarse, pero Cold le espera y le encierra en una esfera de energía fucsia que lanza contra Bujin, generando una gran explosión en el aire.
Los cuerpos de Bujin y Bido caen al suelo.

– “Dos idiotas menos” – dice Cold.

Paikhuan se mueve como un torbellino de fuego alrededor de Gokua. Zangya intenta ayudar a su hermano, pero es repelida por el anillo de fuego.

– “¡Gokua!” – exclama la herajin, preocupada por su hermano.

La espada del herajin sale disparada y se clava en el suelo, cerca de Zangya. Ella la agarra y se abalanza sobre Paikhuan, pero un rayo mortal de Cold golpea su muñeca y la desarma.
Cold sonríe y niega con el dedo.
Finalmente, el torbellino estalla en una gran bola de fuego que repele a Gokua.

– “¡HERMANO!” – exclama Zangya, que corre a socorrerle.

La herajin le agarra entes de que caiga al suelo.

– “¡Gokua! ¡Dime algo!” – exclama Zangya.

Pero Gokua ha fallecido.
La herajín contempla a su hermano y a sus compañeros caídos y se pone en pie, frustrada y furiosa.

– “¡MALDITOS BASTARDOS!” – llora Zangya, mientras sujeta su vientre con miedo. – “¡Bojack os matará!”

Cold apunta a la mujer con su dedo índice, pero es detenido por Paikhuan, que le agarra el brazo.

– “No” – dice el Guardián del Fruto.

El demonio del frío se fija en la herajin, y pronto entiende a su compañero.
De repente, un sonido de pisadas llama la atención de los dos guerreros. Un nuevo enemigo se acerca. Un herajin de cabello largo y rojo aparece.

– “Bojack…” – se acerca Zangya a su líder.
– “Esperaba más de vosotros” – responde Bojack tajantemente.
– “Lo siento…” – agacha la cabeza ella.
– “Ahora apártate y no me molestes.” – dice su líder.

La herajin retrocede lentamente, con lágrimas en los ojos. Bojack se eleva hasta llegar a la altura donde se encuentran Cold y Paikhuan.

– “Habéis venido a por el Fruto Sagrado…” – dice Bojack.
– “Así es” – responde Paikhuan. – “Lo robasteis y lo habéis usado con fines egoístas. Es un poder que no merecéis.”
– “Suenas como un fanático” – sonríe Bojack.

Cold comparte la sonrisa con su enemigo.

– “Yo he pensado lo mismo” – dice Cold.
– “¿No sois compañeros?” – se extraña Bojack.
– “Por conveniencia.” – responde Cold. – “Pero yo no soy de su secta.”

Bojack parece confuso. Paikhuan mira de reojo a Cold, algo sorprendido y avergonzado.

– “¿Podemos centrarnos en esto?” – susurra el Guardián.
– “Quería dejarlo claro.” – responde Cold.
– “¡Ya basta!” – exclama Bojack.

Paikhuan se pone serio.

– “No tenemos porqué luchar, Bojack.” – dice el Guardián. – “Ya he intentado explicárselo a tus hombres, pero no me han escuchado. Entréganos una semilla y déjanos destruir el Árbol Sagrado.”
– “No va ha rendirse” – dice Cold.

Paikhuan mira a Cold.

– “¿Qué?” – se extraña el Guardián.
– “Se tiene por un conquistador.” – dice el demonio del frío. – “Es el líder de un ejército y tiene el Sector Dormideus bajo su control. Su grandeza le ciega.”

Bojack sonríe al escuchar las palabras de Cold.

– “Me gusta cómo piensas.” – dice Bojack. – “Incluso podría ofrecerte un lugar en mi ejército…”
– “Jojojo” – ríe Cold. – “Muy amable.” – responde. – “Pero no soy de los que cumplen órdenes.”

Bojack aprieta sus puños con fuerza y su cabello ondula mientras se torna naranja.

– “Entonces, os mataré a los dos” – sentencia el herajín.

El poder de Bojack estalla, revelando su transformación.
Cold y Paikhuan se ponen en guardia.
Bojack se abalanza sobre sus enemigos. Cold intenta interceptarle con un puñetazo, pero el herajin le esquiva y le propina un golpe en el abdomen, haciendo que Cold se doble, y rematándole con un codazo en la espalda que le lanza contra el suelo.
Paikhuan, envuelto en llamas, se abalanza sobre Bojack. El herajin intenta sorprender al Guardián con un golpe con el dorso de su puño, pero Paikhuan es muy rápido y logra zafarse, contraatacando con un puñetazo en la barbilla de Bojack.
Paikhuan parece satisfecho, pero Bojack sonríe al encajar el golpe. No le ha causado ningún daño. 
El herajín agarra la cara de Paikhuan y le lleva hasta el suelo, estrellándole y formando un enorme cráter.
Cold, envuelto en una barrera de energía, se abalanza sobre Bojack y choca contra él, haciendo que salga repelido contra unos edificios cercanos.
Paikhuan se pone en pie al lado de Cold.

– “Este tipo es peligroso…” – dice el Guardián.

Bojack sale de entre los escombros y se prepara para atacar de nuevo.

– “Su resistencia es impresionante” – dice Cold.
– “Es todo gracias al fruto.” – responde Paikhuan.
– “¿Tienes algún plan?” – pregunta el demonio del frío.
– “No” – responde el Guardián.
– “Bien…” – responde Cold. – “¿Puedes conseguirme unos minutos?”

Bojack se abalanza sobre ellos.

– “¡Espero que esto funcione!” – exclama Paikhuan, que avanza envuelto en llamas para interceptar a su enemigo. 

Cold se prepara para concentrar toda su energía.
El Guardián esquiva los ataques de Bojack y forma un tornado de fuego a su alrededor, pero Bojack pronto lo disipa generando una gran barrera de ki.
Paikhuan retrocede y prepara un poderoso ataque, apuntando a su enemigo con ambos brazos.

– “¡Resplandor de Fuego!” – exclama el guerrero.

El ataque impacta de forma directa en Bojack, que avanza por el interior del ataque y aparece delante de Paikhuan, golpeándole y lanzándole contra una gran raíz del Árbol Sagrado.
Bojack se abalanza sobre el Guardián y le propina un duro castigo.

– “¡Así aprenderás a no enfrentarte al gran Bojack!” – exclama el herajín.

De repente, un Rayo Mortal sorprende a Bojack por la espalda y le hace un corte en su mejilla izquierda.
Bojack se da la vuelta enfadado.
Cold muestra una musculatura muy aumentada. Su poder está al máximo.
El herajín se limpia la herida y lame la sangre.

– “Esto va a ser divertido…” – murmura Bojack.

Los dos guerreros se lanzan el uno contra el otro, dispuestos a darse un puñetazo, pero ambos puños chocan en el aire, creando una gran explosión de energía que barre el lugar, arrasando con todo lo que encuentra a su paso.
Tras el golpe inicial, ambos luchadores se enzarzan en una tormenta de golpes que resuenan en todo el planeta.
Mientras tanto, el malherido Paikhuan, intenta ponerse en pie.

– “Lo dejo en tus manos, Cold” – murmura el Guardián. – “Yo me encargaré del Árbol Sagrado.”

Bojack prepara una gran esfera de ki verde que lanza contra Cold. El demonio la detiene alzando una barrera de escombros con su poder telekinético. Del interior de la explosión resultante aparece Bojack y propina un codazo a Cold en la cara.
Paikhuan vuela hacia el tronco del árbol, pero es interceptado por Zangya. Los dos se detienen en el aire.

– “No te dejaré pasar” – dice la herajín.
– “No tienes que hacer esto” – sugiera Paikhuan. – “Hera está condenado. Las raíces del Árbol Sagrado son tan profundas que es posible que, cuando muera, el planeta se torne inestable.”
– “¡Mientes!” – exclama la herajín. – “¡Bojack acabará con vosotros!”
– “No mueras por él” – dice Paikhuan. – “Vosotros no tenéis que morir aquí.”

Zangya pone la mano en su vientre. Parece recapacitar sobre las palabras del Guardián.

– “Abandona del planeta antes de que sea tarde” – dice Paikhuan, que sale volando hacia el Árbol.

La guerrera herajín observa a Paikhuan alejarse, en silencio y llena de dudas, y después mira el combate entre Bojack y Cold. 
Los dos titanes siguen inmersos en su feroz enfrentamiento. Ambos se encuentran magullados, sangrando, cansados.

– “¡No lo entiendes!” – exclama Bojack. – “¡Voy a formar un Impero! ¡Todo el universo estará bajo mi yugo!”
– “Grandeza…” – murmura Cold – “Eso es lo que buscas.”
– “¡Y la obtendré cuando os derrote! ¡Nadie podrá detenerme!” – grita Bojack.

Cold extiende sus brazos a los lados y hace aparecer dos discos cortantes de ki fucsia. El demonio esboza una media sonrisa.

– “Eres un gran guerrero, Bojack.” – dice Cold. – “Creo que estoy disfrutando de esto más de lo que debería.”

Bojack se sorprende antes las palabras de su enemigo y comparte su mismo gesto de complicidad.

– “Ya veo…” – responde el herajín. – “Puede que seas un rival digno, al fin y al cabo.”

Cold lanza sus discos contra Bojack.
Mientras tanto, lejos de allí, Paikhuan ha llegado hasta el Árbol Sagrado y asciende entre sus ramas, buscando un fruto que guardar.

– “Tiene que haber alguno…” – murmura el guerrero preocupado.

De repente, Paikhuan encuentra una.

– “¡Ahí está!” – exclama aliviado.

El Guardián se acerca al fruto y lo arranca.

– “Todo por esto…” – murmura entristecido antes de guardarlo entre sus ropajes.

Paikhuan asciende hasta sobrevolar el árbol, casi en la estratosfera del planeta.

– “Hora de acabar con esto” – dice mientras apunta al Árbol con sus puños. – “¡RESPLANDOR DE FUEGO!” – exclama al proyectar un poderoso torrente de fuego sobre el árbol.

El Árbol Sagrado empieza a arder rápidamente, pues por la poca energía que le quedaba a Hera ya se encontraba bastante seco.
Bojack esquiva los discos de Cold sin cesar, cuando de reojo ve el gran incendio.

– “¡EL ÁRBOL SAGRADO!” – exclama aterrorizado.

Cold hace que sus discos cortantes vuelvan a sus manos.

– “Se acabó, Bojack.” – dice el demonio del frío. – “Has perdido.”
– “¡OS MATARÉ!” – grita Bojack.

De repente, Zangya se acerca a los dos guerreros.

– “¡Bojack!” – exclama la herajín. – “Es demasiado tarde…” – dice con lágrimas en los ojos. – “¡Vámonos de aquí!”
– “¡¿Rendirme?!” – responde Bojack enfurecido.
– “Podemos empezar de nuevo en otro lugar.” – insiste Zangya, que se acerca lentamente a su amado hasta agarrarle el brazo con cariño. – “Por favor, Bojack.”


Cold contempla la escena expectante.
El líder herajin, enloquecido por su frustración, agarra a Zangya por el cuello.

– “¡¿ME TRAICIONAS?!” – exclama Bojack. – “¡¿CÓMO TE ATREVES A PEDIRME QUE ME RINDA?!”
– “Bo… Bojack…” – llora la herajín.

De repente, un disco de Cold corta el brazo derecho de Bojack, que estrangulaba a Zangya.

– “¡AAAAHH!” – grita Bojack.

Su brazo se precipita contra el suelo. Zangya se toca el cuello, dolorido, mientras mira a su amado con incredulidad.

– “Vete” – le dice Cold.

Zangya, llorando, se aleja del lugar.
Cold reclama su disco.

– “Has perdido la cabeza.” – dice el demonio del frío.
– “¡VOY A MATAROS A TODOS!” – grita Bojack.

Bojack apunta a Cold y dispara un poderoso ataque de ki verde.
El demonio del frío usa su kienzan como escudo, haciendo que el ataque se disipe en todas direcciones gracias a la fuerza rotatoria del disco.

– “Estás perdiendo fuerza” – dice Cold. – “Y, además, tu rabia hace que pierdas la concentración.”

Bojack se da cuenta de que Cold solo tiene un disco en la mano, y de repente el otro le sorprende por la espalda, cortando su costado derecho.

– “Maldito bastardo…” – refunfuña Bojack, que intenta taponarse la herida sin mucho éxito.
– “Se acabó.” – sentencia Cold.

En ese instante, el herajín, cada vez más débil por la pérdida de sangre, esboza una sonrisa que sorprende a Cold.

– “Serías un buen conquistador…” – dice Bojack antes de perder el conocimiento y precipitarse contra el suelo.

Cold se queda en silencio. Bojack ha sido su enemigo, pero respeta profundamente su ambición.
De repente, un fuerte temblor sacude el planeta. Paikhuan se acerca volando a toda velocidad.

– “¡Al planeta le queda poco tiempo!” – advierte el Guardián. – “¡Tenemos que salir de aquí!”

Cold alza su mirada al cielo y puede ver como una nave se aleja del lugar.
En el interior de la embarcación, Zangya pone rumbo lejos de allí.
El demonio del frío y Paikhuan se dirigen su propio transporte y se apresuran en despegar. 
Al salir de la estratosfera, pueden ver cómo un centenar de naves también están escapando.

– “¿A dónde irán?” – pregunta Paikhuan.
– “Vagarán por el espacio en busca de significado” – responde Cold, que se siente en armonía con los sentimientos de esa gente.

Paikhuan se da cuenta del pesar de Cold.

– “Y todo por un líder enloquecido por el poder del Fruto…” – lamenta el demonio.
– “O puede que simplemente fuera un bastardo arrogante” – responde Paikhuan.
– “Es posible” – murmura Cold.

Tras un largo viaje, los dos guerreros regresan al templo, donde les espera Sidra.
Paikhuan entrega la semilla del Fruto Sagrado a su maestro.

– “Habéis protegido al universo de un destino terrible” – dice Sidra. – “Cold, creo que te debo respuestas.”
– “No las quiero” – responde el demonio tajante mientras le da la espalda a Sidra.
– “¿Qué?” – se sorprende Paikhuan.

Sidra esboza una picaresca sonrisa.

– “Espera” – le detiene el anciano.

Sidra se acerca a Cold mientras busca algo entre sus ropajes.

– “Llévatelas” – dice el anciano, haciéndole entrega de las dos cajas de música.
– “¿Las cajas?” – se sorprende Cold. – “No me interesan.”
– “Por eso te las doy” – responde Sidra. – “Protégelas.”
– “¿No puede hacerlo tu lacayo?” – pregunta Cold con cierto desprecio.
– “Dos artefactos tan poderosos como las cajas y el fruto no pueden estar juntos.” – dice Sidra. – “Es demasiado peligroso.”

Cold coge las cajas y se aleja en silencio.

– “¿A dónde vas?” – le pregunta Paikhuan.
– “Ha buscar mi significado” – responde Cold, sin detener su marcha.

Paikhuan esboza una sonrisa de complicidad.

– “¿Le deja marchar?” – pregunta Paikhuan a su maestro.
– “Tiene potencial para ser un gran líder” – responde Sidra. – “Puede que sea lo que el universo necesita ahora mismo.”

Cold se lleva la nave y se adentra en el espacio.

Mientras tanto, Zangya ha perdió el conocimiento en su nave y se ha estrellado en un extraño planeta. En mitad de una gran ciudad.
Los habitantes del lugar pronto se acercan a socorrerla. La sacan de la nave y le colocan en una camilla. Los individuos tienen aspecto humano y visten pantalón y camisa azul, con una casca marrón.
Uno de los rescatadores clava una aguja en el hombro de la malherida mujer.

– “Sus unidades están cayendo en picado” – dice el individuo.
– “Necesita atención médica.” – responde otro.
– “Espera…” – murmura el primer individuo. – “Detecto otra fuente de energía…”
– “¿Está embarazada?” – se sorprende un tercero.


Con el ajetreo, Zangya abre los ojos.

– “¡Está consciente!” – se sorprende un rescatador.
– “¿Dónde…? ¿Dónde estoy?” – pregunta la herajín. – “¿Qué ha pasado?”
– “Se ha estrellado en el planeta Plant” – responde el individuo.

Tras meses de viaje, el demonio del frío regresa a Hera, que se encuentra en ruinas. Varios volcanes han entrado en erupción, ríos de lava recorren la superficie y el cielo está cubierto de ceniza.
Cold camina entre los escombros del palacio, en la antigua sala del trono. 
De repente, varios herajín le rodean.

– “¡Alto!” – gritan los guerreros de Hera. – “¡¿Quién va?!”

Cuando se acercan a él, varios le reconocen.

– “¡Es él!” – exclaman asustados los herajín. – “¡Es el hombre que mató a Bojack! ¡Ha venido a matarnos a todos!”

Cold les observa detenidamente. 

– “No he venido a matar a nadie” – dice el demonio del frío.

En el horizonte, Cold puede ver que varias naves herajín estacionadas.

– “Habéis vuelto a por los vuestros…” – murmura Cold.

Los herajín le observan asustados.

Cold se acerca al trono de piedra de Hera, que aún sigue en pie.

– “Sois valientes y fuertes. Un ejército poderoso… pero sin líder; sin propósito.” – dice Cold.


Finalmente, el demonio del frío se sienta en el trono que había ocupado Bojack.

– “¿Quiere…? ¿Quiere reconstruir Hera?” – pregunta un soldado.
– “¿Hera? Este planeta ha caído.” – responde Cold con desprecio. – “Y de sus cenizas nacerá un verdadero Imperio.”