ESPECIAL DBSNL /// Cold Chronicles // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte XIII: Devorador de mundos

Cold Chronicles / Parte XIII: Devorador de mundos
“Tengo un mensaje urgente, señor”


Ha pasado más de una década desde que el Rey Cold y su Imperio se pusieron al mando de la Patrulla Galáctica.
Sorbet ha abandonado su puesto al frente de la Patrulla y ha regresado al lado del Emperador. El dinero del Imperio es suficiente para tener a los agentes bajo control.
El asesino Hit, a pesar de las múltiples ofertas del Rey Cold, ha roto sus lazos con el Imperio y ha desaparecido.
Un día, una señal de alarma suena en todo el Cuartel General de la Patrulla Galáctica.
– “¡¿Qué ocurre?!” – dice el nuevo líder de la patrulla.
– “Un… un planeta…” – titubea un agente al frente de un monitor. – “Yukata ha desaparecido.”
– “¿Hemos perdido la señal?” – pregunta su jefe. 
– “No, señor…” – responde el agente. – “Eso creíamos… hace unos días. Y por eso mandamos a una patrulla a investigar…”
El agente teclea en su computadora.
– “Tenemos visual desde nuestra nave” – dice el patrullero, ampliando una imagen en su pantalla.
Su superior se acerca y observa detenidamente la imagen.
– “No veo nada.” – refunfuña.
– “Exacto, señor.” – responde el agente. – “No hay nada.”
En ese instante, otro planeta desaparece del mapa.
– “¡HA VUELTO A OCURRIR!” – exclama otro agente. – “¡EL PLANETA KIMONO!”
– “¡¿QUÉ?!” – se alarma el jefe.
En la Capital del Imperio, Sorbet recibe un mensaje por su comunicador y es informado de la situación.
El consejero no tarda en hacer llegar las noticias al Emperador, acudiendo a la sala del trono, donde éste medita sentado en su sillón.
– “¿Qué ocurre?” – pregunta Cold.
– “Algo terrible, señor.” – dice Sorbet.
En unas horas, una nave de la Patrulla que se encontraba en un planeta cercano ha viajado hasta Kimono. Al aproximarse, pronto se dan cuenta de que algo extraño está ocurriendo.
– “¿Qué demonios es esa cosa?” – pregunta uno de los agentes.
– “Eso…” – titubea su compañero. – “¡¿Se está comiendo el planeta?!”
Una inmensa masa metálica parece haberse enganchado al planeta Kimono como si fuera un parásito.
Los patrulleros se acercan cautelosamente a la superficie del planeta y avanzan hacia la gran estructura de metal. El planeta se encuentra en un estado deplorable, sacudido por un sin fin de terremotos. Su corteza se encuentra fracturada y columnas de lava se alzan desde las grietas. Su atmósfera ha desaparecido.
Al aproximarse, los agentes se dan cuenta de que un apéndice de la estructura parasitaria se encuentra incrustado en el planeta. Tras realizar un escaneado, confirman sus peores temores.
– “Esa cosa está drenando la energía del núcleo del planeta…” – dice un agente. – “¡Es terrible!”
– “Envía los datos al Cuartel General y larguémonos de aquí” – responde su compañero.
De repente, un rostro se dibuja en la superficie de la masa metálica.
– “¡VÁMONOS!” – le apresura su compañero piloto.
La nave da un giro de 180 grados y se aleja a toda velocidad de la zona, pero una gran mano metálica brota de la masa parasítica que los alcanza, cerrándose finalmente a su alrededor.
Cold, tras ser informado de lo sucedido, decide viajar personalmente a investigar la anomalía que amenaza su Imperio. 

En unas horas, su nave ya está lista y el Emperador parte al encuentro de tan extraño enemigo.
Mientras tanto, en la Capital, Sorbet se ha quedado al mando del Imperio.
Un mensajero irrumpe en sala del trono, donde se encuentra el consejero con su guardia personal.
– “¿Qué ocurre?” – pregunta Sorbet.
– “Tengo un mensaje urgente, señor” – anuncia el mensajero.
– “Adelante.” – responde el consejero.
– “Es privado, señor.” – dice el mensajero.
– “Mis hombres son leales y discretos.” – responde Sorbet. – “Habla.”
– “Es sobre Numa.” – revela el mensajero.
Sorbet se queda perplejo. Hace años que no ha oído noticias del Capitán Ginyu, desde que fue enviado a Numa para hablar con Salabim.
– “Todo el mundo fuera.” – ordena el consejero.
Los guardias obedecen la orden y abandonan la sala del trono.
– “Y bien…” – dice Sorbet. – “¿Qué nuevas me traes?”
Una sonrisa se dibuja en el rostro del mensajero.
– “¡¿Qué?!” – se asusta Sorbet.
– “¡CHANGE!” – exclama Ginyu, abriendo sus brazos.
Tras el cambio de cuerpos, Sorbet, ahora en el cuerpo del mensajero, se queda pasmado.
– “¿Por qué?” – dice asustado.
– “Por el bien del Imperio, por supuesto.” – responde Ginyu. – “Salabim te considera un obstáculo.”
– “¡NO ESPERA!” – suplica Sorbet.
– “¡GUARDIAS!” – exclama Ginyu, en el cuerpo del consejero.
Los hombres del Imperio entran en la sala apresuradamente.
– “¡ESTE HOMBRE HA INTENTADO MATARME!” – exclama Ginyu.
– “¡NO! ¡NO!” – grita el mensajero. “¡YO SOY…!”
Los guardias abren fuego y masacran a Sorbet.
– “¿Está bien, señor?” – pregunta uno de los guardias.
– “Sí…” – responde Ginyu. – “Estoy bien. Muchas gracias, soldado.”
En el planeta Numa, Salabim observa lo ocurrido en la Capital del Imperio a través del fuego de su hoguera.
– “Bien…” – sonríe el brujo kashvar. – “Este soldadito resulta ser útil.”
Mientras tanto, en el planeta del Hakaishin, Beerus duerme, ajeno a todo. Shiras sigue entrenando bajo la supervisión de Campahri para dominar el poder del anillo Toki. 

El ángel lanza un centenar de rocas contra Shiras usando su telekinesis. Shiras permanece inmóvil. De repente, las rocas estallan en mil pedazos.
– “Buen trabajo, Shiras” – le felicita Campahri. – “Estás progresado mucho.”
En un lugar remoto, en un planeta alejado del Imperio y la Patrulla Galáctica, en una cabaña en mitad de un idílico prado, Hit descansa en su cama, mirando al techo.
– “¿Qué ocurre, Hit?” – le pregunta una voz femenina desde el marco de la puerta de la habitación. – “¿Echas de menos tu trabajo?”
– “Es posible.” – responde el asesino. – “Pero tomé la decisión correcta. Os exponía demasiado.”
– “Podrías haber aceptado el trabajo que te ofreció el Rey Cold…” – dice la mujer.
– “No me interesa. Demasiada política.” – responde Hit. – “Ese tipo de trabajos te hacen bajar la guardia. Crees que todos tus enemigos están enfrente y después te apuñalan por la espalda.”
– “Pues más te vale espabilar y enseñar bien a tu hijo a cosechar esos tubérculos, porque está haciendo un verdadero destrozo en el jardín.” – sonríe su mujer.
– “¿Y la pequeña?” – pregunta el asesino.
– “Se supone que estaba ayudando a su hermano, pero creo que se ha distraído persiguiendo una de esas ardiratas.” – ríe ella.
Hit se incorpora en la cama y se levanta.
– “Yo me encargo.” – sonríe el asesino.
Durante el largo viaje del Rey Cold, el ordenador de la nave no deja recibir mensajes sobre planetas desaparecidos.
– “Ha caído el planeta Obi” – anuncia uno de los soldados.
– “¿Cuál es el planeta más cercano?” – pregunta Cold.
– “Haori, señor.” – responde el soldado.
– “¿Y el próximo?” – replica el Emperador.
– “Hakama” – verifica el soldado en su computadora.
– “Ese es nuestro objetivo.” – dice Cold. – “Si intentamos perseguir a esa cosa, tardaremos demasiado en atraparla. La interceptaremos en Hakama. Deduzco que será su próximo objetivo.”
– “Eso significa que… ¿abandonaremos Haori a su suerte?” – pregunta un soldado. – “Mi familia… mi familia vive ahí, señor.”
Cold tiene su mirada perdida en el espacio.
– “Puedo ofrecerte venganza, soldado.” – dice el Emperador. – “No hay nada más que podamos hacer.” – sentencia.
El soldado asiente, intentando ocultar sus lágrimas.
– “Gracias, señor.” – responde el hombre, haciendo una reverencia.

Especial DBSNL /// Cold Chronicles / Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte XII: Mano negra

Cold Chronicles / Parte XII: Mano negra
“No tolero la insubordinación.”
La nave del Rey Cold se aproxima al Cuartel General de la Patrulla Galáctica; una estación espacial gigantesca compuesta por varios anillos rotatorios en torno a un largo eje central.
El vehículo imperial solicita permiso para aterrizar en un hangar y la Patrulla se lo concede. Varios agentes son enviados al lugar para recibir al Emperador.
Una hermosa patrullera de larga melena verde claro y ojos azules recibe a Cold y Sorbet.
– “Bienvenido, señor Cold” – saluda la muchacha. – “Soy la agente Ribrianne.”
– “¿Se ha olvidado del título de mi señor, agente Ribrianne?” – responde Sorbet, molesto y con cierto retintín.
– “La Patrulla Galáctica no reconoce su Imperio como legítimo” – responde la patrullera.
– “¡¿Cómo osas?!” – se enfurece el consejero.
– “Tranquilo, Sorbet” – interviene Cold. – “No hemos venido a luchar.”
En ese instante, la nave de Hit se aproxima al Cuartel y el centro de mando se lo comunica a Ribrianne.
– “Otra nave imperial solicita permiso para aterrizar.” – dice la agente. – “¿Está con ustedes?” – pregunta la agente.
– “Debe ser Hit.” – murmura Cold. – “Sí, está conmigo.” – responde.
Mientras tanto, el Capitán Ginyu, en el cuerpo de Kettol, ha aterrizado en el planeta Numa.
El soldado se adentra en el misterioso pantano, cuando una pequeña rana salta frente a él.
– “Qué asco…” – murmura antes de patearla.
De repente, el Capitán siente que alguien le está observando.
– “¡Muéstrate, cobarde!” – exclama Ginyu.
En ese instante, la oscuridad envuelve al Capitán y dos sombras se materializan frente a él. La primera, Ginyu la identifica como el Rey Cold, pero la segunda, un pequeño ser con cuernos, es un misterio para él.
De repente, a su espalda, otra figura se manifiesta. Un ser humanoide de pelo desaliñado, cuya aura estalla de color amarillo y le hace caer de espaldas al suelo. La luz proyectada por esa silueta hace que se desvanezcan las otras sombras. 
– “No… ¡No existe un poder así!” – exclama el Capitán.
Finalmente, la oscuridad se desvanece y el brujo Salabim se presenta.
– “Bienvenido a mi hogar, Capitán Ginyu” – le saluda la pequeña criatura.
– “¿Quién diablos eres?” – pregunta el soldado, que se pone en pie de un salto.
– “Soy el que buscas” – sonríe el brujo.
En el Cuartel General de la Patrulla Galáctica, Hit se ha unido a Cold y Sorbet, y los tres se dirigen a la sala de mando, guiados por Ribrianne, para reunirse con el subcomandante de la Patrulla.
– “Así que tú eres el asesino…” – le dice Sorbet a Hit, mientras recorren los pasillos.
El asesino no responde e ignora al consejero.
– “No sé qué ha visto el Rey en ti…” – continúa Sorbet, que sigue sin lograr sacar una respuesta de Hit.
Finalmente, todos llegan a la sala principal, donde les espera el subcomandante, un personaje humanoide de avanzada edad, estatura media, delgado, piel anaranjada y bigote blanco, escoltado por dos chicas parecidas a Ribrianne, una de pelo morado, y la otra castaña.
– “Soy el subcomandante Zarbuto” – se presenta. – “¿A qué se debe vuestra visita?”
– “¿Cuál es vuestro problema con mis hombres?” – pregunta Cold, muy tajante. – “No esperaba que la Patrulla Galáctica se inmiscuyera en los asuntos del Imperio.” 
– “Nuestra organización no reconoce vuestro imperio.” – responde Zarbuto.
– “Y yo no reconozco vuestra autoridad” – dice el demonio del frío.
Las tres chicas se miran de reojo, pues prevén problemas.
– “Nos han llegado informes sobre la destrucción del planeta Hera…” – continúa Zarbuto. – “¿Es cierto lo que se dice?”
– “Sí.” – responde Cold, con seguridad.
La sala se queda en silencio. Incluso Hit, que intenta disimular, se ha sorprendido ante tal información.
– “¿Y te atreves a venir a nuestro Cuartel?” – dice Zarbuto, apretando sus puños.
– “No tolero la insubordinación.” – dice Cold. – “Pero lo que ocurra en mi territorio, no debería incumbir a la Patrulla Galáctica.”
Zarbuto da una señal a las tres agentes, que enseguida se transforman y revelan su verdadera forma, con piel azul y estrafalarios trajes.
– “Quedáis arrestados” – dice el subcomandante.
Una docena de patrulleros irrumpen en la sala y apuntan con sus armas al Rey, a Hit y a Sorbet.
Cold echa un vistazo a su alrededor y esboza una aterradora sonrisa.
– “Tenéis que estar de broma…” – dice el Rey.
El demonio del frío alza su mano y lanza a Zarbuto contra el techo, incrustando su cabeza en el sitio y dejando su cuerpo inerte colgando.
Los agentes disparan sus armas, pero los rayos quedan suspendidos en el aire, gracias al poder mental de Cold, que enseguida retorna los disparos y acaba con todos los agentes. Solo las tres muchachas permanecen en pie.
– “Im… impresionante…” – titubea Sorbet, algo asustado ante el poder de su propio señor.
Las tres patrulleras dan un paso al frente, dispuestas a cumplir con su deber.
– “¡Rozie! ¡Kakunsa!” – exclama Ribrianne.
– “¡SÍ!” – responde ellas.
Cold sonríe.
– “Son tuyas, Hit” – dice el Rey.
– “Esto no forma parte de mi contrato” – responde el asesino.
– “Tranquilo, seré generoso” – sonríe el demonio. – “Quiero ver de qué eres capaz.”
El asesino se abalanza sobre Ribrianne, que intenta interceptarle con un puñetazo, pero Hit lo esquiva y propina un puñetazo a la agente en el pecho, sobre su corazón, provocándole un paro cardíaco.
La patrullera cae de rodillas y pierde el conocimiento.
– “¡Ribrianne!” – grita asustada su compañera, Kakunsa.
Rozie, furiosa, se abalanza sobre el asesino.
– “¡MALDITO SEAS!” – grita la patrullera.
Rozie intenta propinar un puñetazo a Hit con su mano izquierda, pero Hit esquiva el golpe, agarrando su antebrazo y partiéndole el codo golpeándoselo con la mano derecha, para después rematarla con un certero golpe con dos nudillos en la sien. 
Kakunsa, asustada ante la muerte de sus amigas, intenta huir, pero Hit logra agarrarla del pie. El asesino tira de ella para acercársela y le propina un golpe descendente con el codo en la espada. El violento sonido de huesos rotos hace estremecer a Sorbet.
La patrullera cae al suelo. Dolorida e incapaz de mover sus piernas, Kakunsa intenta arrastrase, pero Hit se agacha sobre ella, y agarra su cabeza. Con brusco movimiento, el asesino parte el cuello de Kakunsa.
Cold aplaude lentamente.
– “Muy impresionante” – le felicita el demonio del frío. – “Tus honorarios son merecidos. No hay duda.”
El Rey se acerca al panel de mandos de la sala y echa un vistazo a la distribución de la Patrulla Galáctica en un mapa universal.
– “Estos tipos tienen un montado algo muy interesante…” – murmura Cold. – “Puede que merezca la pena conservarlo.”
– “¿Qué sugiere, Su Majestad?” – pregunta Sorbet.
– “De momento, tú tomarás el control de la Patrulla Galáctica.” – dice el Rey. – “Hit se quedará aquí contigo, para protegerte de quién se oponga al cambio.”
Sorbet no parece convencido.
– “Pero señor, ¿no cree que soy más útil a su lado?” – pregunta el consejero.
– “Ahora te necesito aquí.” – responde Cold.
– “Como desee, Su Majestad” – dice con una reverencia.
En el planeta del Hakaishin, Shiras estudia los poderes del anillo Toki.
Mientras tanto, Campahri, a través de su vara, ha observado lo ocurrido en Cuartel General de la Patrulla Galáctica, pero decide no decirle nada a su pupilo.
En Numa, Ginyu se ha calmado y ha seguido al brujo hasta su cueva, donde ambos se han sentado frente al fuelo.  Siguiendo su misión, el Capitán pregunta a Salabim por el asesino a sueldo del Rey.
– “Él es una pieza importante de la historia.” – responde el brujo. – “Pero no una que deba preocuparnos. Está cumpliendo con su función.”
– “Vas a tener que darme más, viejo” – insiste Ginyu.
– “Creo que Sorbet no ha entendido los términos de nuestro trato…” – murmura Salabim. – “Él es una marioneta. Quiere poder y eso le hace manipulable. Cree está utilizándome… Ingenuo.”
– “¿Estás diciendo que nos habéis manipulado a mí y al Rey Cold?” – pregunta Ginyu, clavando su mirada en el brujo.
– “Yo fui quien advirtió a Sorbet sobre los peligros de los herajín” – sonríe Salabim. – “El Rey Cold nunca habría tomado esa decisión si no hubiéramos acelerado los acontecimientos.”
Ginyu se pone en pie, furioso.
– “¡¿Cómo te atreves!?” – exclama apuntando al brujo con su mano.
– “Esta historia solo puede tener un final” – dice Salabim. – “Y será el que debe ser.”
– “¿De qué estás hablando?” – pregunta Ginyu.
– “Los mortales sois solo piezas en un tablero de ajedrez que se escapa a vuestro entendimiento.” – dice el brujo. – “Esta partida se lleva jugando desde hace milenios, y cada movimiento nos aproxima al jaque-mate.”
Ginyu, muy confuso, baja su mano.
– “¿Qué pretendes?” – pregunta el Capitán. – “¡Y HABLA CLARO!” – grita, frustrado e impaciente.
Salabim suspira, manteniendo la calma.
– “Eres un hombre leal.” – dice Salabim. – “Lo que hiciste en Hera lo demuestra.”
– “Me debo al Imperio.” – reafirma el Capitán.
– “Pues coincidirás conmigo en que Sorbet ha estado confabulando en contra del Emperador, ¿no es así?”
– “Igual que tú.” – dice Ginyu, amenazante.
– “Pero yo no soy el consejero del Rey” – sonríe Salabim. – “No podría haber echo nada sin él.”
– “¿Qué quieres?” – pregunta Ginyu.
– “Elimina a Sorbet y trae al Rey Cold hasta mí, para que pueda guiarle directamente.” – dice el brujo. – “¡Convertiré el Imperio en una fuerza imparable!”
El brujo sonríe al ver que sus palabras hacen reflexionar a Ginyu.
– “Las cajas de música pronto estarán en nuestras manos.” – piensa el Kashvar.

ESPECIAL DBSNL /// Cold Chronicles // U3, U5, U6 y U7 / Parte XI: El consejero

Cold Chronicles / Parte XI: El consejero 
“Eres un hombre leal, Kettol.”
Tras un largo viaje, Hit ha llegado al planeta Kabasei. El asesino examina el terreno y pronto se encuentra con los cuerpos de las Fuerzas Especiales del Imperio.
– “Qué raro…” – murmura el asesino. – “Hay signos de lucha por todo el planeta, pero justo en esta zona, donde ellos perecieron, parece que el combate fue breve.”
Hit se acerca al cadáver de Tupper y se agacha para observarlo detenidamente.
– “¿Les cogieron desprevenidos? ¿O es que el rival les superaba ampliamente?” – se pregunta el asesino. – “¿Es eso posible? Al fin y al cabo, son las Fuerzas Especiales…”
Mientras tanto, la nave del Emperador ya ha llegado a Hera. Cold observa el planeta desde el ojo de buey de su nave.
– “No esperaba tener que llegar a esto.” – murmura el demonio del frío.
– “Se lo advertí, señor” – dice Sorbet. – “Los herajín son fuertes y su nuevo líder es peligroso.”
– “Parece que tenías razón.” – suspira Cold.
Un soldado irrumpe en la cámara del Emperador.
– “Hemos recibido un mensaje de Hido, señor” – anuncia el soldado. – “Solicita reunirse con un emisario.”
Sorbet enseguida interviene.
– “Podría ser una trampa, señor” – dice el consejero Imperial. – “No debería premiar a los rebeldes con su presencia.” – añade. – “Permítame asistir a mí a tal encuentro. Acompañado por un soldado de élite, por su puesto…”
Cold valora sus opciones y decide seguir el consejo de Sorbet.
– “Mantenme informado” – dice el Emperador.
– “Por supuesto, señor” – responde el consejero, haciendo una reverencia.
En el planeta de Beerus, Campahri entrena a Shiras, luchando con sus bastones. Beerus duerme plácidamente en su palacio.
El patrullero hace girar su vara con precisión y golpea la mano del ángel, haciendo que pierda su arma, y después coloca el extremo de su bastón a escasos centímetros de su cara.
– “Tus habilidades son extraordinarias, Shiras” – le felicita Campahri.
Shiras baja su arma y sonríe.
– “Me has entrenado bien” – dice el patrullero.
El ángel, satisfecho con los progresos de su alumno, busca entre su ropa un pequeño objeto del que le hace entrega; un anillo.
– “Ha llegado el momento, Shiras” – sonríe Campahri.
Shiras acepta el regalo en la palma de su mano y lo observa detenidamente.
– “Es un anillo Toki” – dice el ángel. – “Su poder permite moldear el tiempo e incluso viajar a través de él.”
– “¿Qué debo hacer?” – pregunta Shiras.
– “Estudia las habilidades que te otorga el anillo.” – dice el ángel. – “Cuando llegue el momento, lo usarás para crear un nuevo mundo.”
El patrullero parece algo confuso.
– “¿Este anillo no debería estar bajo el cuidado de los Kaioshin en Ira-aru?” – pregunta Shiras.
– “Este anillo en particular no pertenece a este universo” – dice Campahri. – “Llegó hasta aquí cuando un Kaioshin se saltó las normas… Así que nadie lo busca.”
En Hera, Sorbet, acompañado de un soldado Imperial, abandonan la nave de Cold en un pequeño vehículo espacial y viajan a la reunión con Hido, que tendrá lugar en el palacio. El soldado es una criatura humanoide de color verde oliva, con orejas puntiagudas, escleras amarillas, pupilas rojas y dos extraños bigotes en su labio superior.
– “Es un honor acompañarle en esta misión, señor Sorbet” – dice soldado.
– “Me han hablado bien de ti, Kettol” – responde el consejero Imperial. – “Parece que has solicitado entrar en las Fuerzas Especiales, ¿no es cierto?”
– “Sí, señor.” – responde el soldado. – “Sería un honor. Todo por servir a al gran Rey Cold y al Imperio.”
– “Eres un hombre leal, Kettol.” – sonríe Sorbet.
– “Gracias, señor.” – dice el soldado, honrado con tal comentario.
Una vez en el palacio, los dos personajes son guiados por una patrulla herajín hasta la sala del trono, donde son recibidos por Hido, que está escoltado por uno de sus hombres.
Los cuatro personajes se quedan a solas.
– “¿Ya está todo listo?” – sonríe Sorbet.
– “La mayoría de soldados han regresado de sus misiones y se encuentran en el planeta.” – dice Hido. 
El líder herajín se pone en pie y con un rápido movimiento propina un golpe con el dorso de su puño al soldado que lo escolta, noqueándolo.
Kettol, sorprendido ante tal acción por parte del líder herajín, se pone en guardia.
– “¡¿Qué ocurre?!” – exclama el soldado. – “¿Qué significa esto?”
Hido hace un gesto para que se mantenga en silencio.
– “Soy el Capitán Ginyu” – dice Hido.
– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende Kettol.
– “Así es” – confirma Sorbet.
Kettol, confuso, pero siempre a las órdenes del Imperio, se arrodilla ante el Capitán.
– “Es un honor, señor” – dice el soldado. – “Desconocía…”
– “No te preocupes, Kettol”. – dice Ginyu.
El soldado se sorprende de que el Capitán sepa su nombre.
– “Sorbet y yo hemos leído tu informe y te hemos elegido personalmente para llevar a cabo una misión de vital importancia.” – dice Ginyu.
– “Gracias, señor” – dice Kettol.
– “Ocuparás mi lugar como líder herajín y ordenarás a tus hombres que se preparen para la guerra.” – dice Ginyu. 
– “¿Contra el Imperio?” – se extraña Kettol. – “¿Por qué?”
– “Por el Imperio y nuestro Rey” – dice Sorbet.
Kettol asiente.
– “De acuerdo, señor” – responde el soldado.
– “Bien.” – sonríe Ginyu, mientras coloca sus brazos en cruz.
En Kabasei, Hit continúa la investigación sin encontrar nada relevante.
De repente, un suave pitido alarma al asesino, que enseguida busca su origen.
Cerca de allí, Auta Motrocco, con su estómago abierto y derramando lava, que cada vez es más viscosa porque se está enfriando, lucha para mantenerse con vida.
– “¿Quién os ha hecho esto?” – le pregunta Hit.
Motrocco, con su último aliento, señala un trozo de armadura que se encuentra en el suelo, con el símbolo de la Patrulla Galáctica, que pertenecía al fallecido Torbie.
En Hera, Sorbet y Kettol han regresado a la nave del Rey, con el que se han reunido.
– “No piensan rendirse, señor” – explica Sorbet.
– “Siento mucho que esta sea su decisión.” – dice Cold.
Un soldado entra en la sala e informa al Rey.
– “¡Los herajín han empezado a movilizarse, Su Majestad!” – dice el soldado.
Cold, con sumo pesar, responde a su hombre.
– “Que abran la escotilla superior” – dice el demonio del frío. – “Voy a salir.”
El Rey Cold sale de la nave y contempla el planeta Hera en silencio.
En la superficie del planeta, los soldados se preparan. Una decena de vehículos ya ha alzado el vuelo en dirección a la nave Imperial.
Cold alza su mano, con su dedo índice apuntando hacia arriba.
– “Que esto sirva de lección a los demás planetas” – murmura el Rey. – “No busco guerra, pero no puedo tolerar la insubordinación.”
Una pequeña mota de energía se materializa sobre el dedo del Rey, pero enseguida crece hasta convertirse en una gigantesca esfera que brilla como si de una estrella se tratara.
Los soldados herajín contemplan con horror y fascinación el nuevo astro que ha aparecido en el cielo.
En el balcón del palacio, Hido mira al cielo.
– “Larga vida al Imperio” – murmura el herajín.
Cold lanza su ataque y éste cae sobre Hera arrasando con todas las naves enemigas que encuentra en su camino. Finalmente, la esfera de energía impacta con la superficie del planeta y penetra en su corteza hasta alcanzar el núcleo, cuando estallar, desintegrando Hera en una gigantesca explosión de luz.
Sorbet y Ginyu observan lo ocurrido desde el ojo de buey de la nave.
– “El Imperio ahora es más fuerte. El Universo no olvidará esta lección.” – dice Sorbet. – “Ha cumplido su misión, Capitán Ginyu. Enhorabuena.” – felicita a su hombre de confianza.
– “Gracias, señor” – responde el Capitán.
Mientras tanto, el centro de comunicaciones está recibiendo el parte de Hit, y enseguida informan a Sorbet.

En el planeta del Hakaishin, Campahri alza su mirada al cielo.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta Shiras.

En el palacio, Beerus mueve su oreja ligeramente, pero enseguida se agarra a la manta para seguir durmiendo.

En el Planeta Sagrado, Shin y Kibito también sienten lo ocurrido.

– “Hera…” – murmura Kibito.
– “Ya no existe…” – añade Shin.

En un templo sombrío, Sidra y Paikuhan pasean cuando al anciano lo invade una terrible sensación.

– “¿Se encuentra bien?” – pregunta Paikuhan.
– “Cold…” – murmura Sidra, preocupado.

Lejos de allí, el Rey regresa a su cámara, donde le espera su consejero.
– “Ha sido magnífico, señor” – dice Sorbet.
Cold ignora a su hombre.
– “Me han comunicado que su asesino ha averiguado cierta información sobre lo ocurrido en Kabasei.” – dice Sorbet.
– “¿Sabe quién ha eliminado a nuestras Fuerzas Especiales?” – pregunta Cold.
– “Aún desconoce la identidad del individuo, pero parece estar relacionado con la Patrulla Galáctica.” – dice el consejero.

Cold, de mal humor por las represalias que se ha visto obligado a tomar, se sienta en su silla con desgana.
– “Rumbo al Cuartel General de la Patrulla Galáctica.” – ordena Cold. – “Informad a Hit. Nos veremos allí.”
– “De acuerdo, señor.” – dice Sorbet antes de retirarse.
Fuera de la cámara, Ginyu lo espera.
– “Así que la Patrulla, ¿eh?” – murmura el soldado. – “Voy a hacerles pagar la muerte de mis hombres.”
– “No tan rápido” – le interrumpe Sorbet. – “Tengo una nueva tarea para ti.” 
– “¿Qué puede ser más importante que esto?” – pregunta Ginyu.
– “Quiero información sobre ese asesino a sueldo.” – responde el consejero. – “Debemos saber si es una amenaza.”
Sorbet entrega un pequeño dispositivo de memoria al Capitán.
– “Sigue la ruta marcada hasta el planeta Numa.” – dice el consejero.
– “¿Quién es mi contacto?” – pregunta Ginyu.
– “No te preocupes.” – sonríe Sorbet. – “Él te encontrará.”

ESPECIAL DBSNL /// Cold Chronicles // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte X: Rebelión en la sombra

Cold Chronicles / Parte X: Rebelión en la sombra
“Todo va según lo previsto.”


En el planeta Kabasei, las Fuerzas Especiales Imperiales se encuentran descansando tras su combate contra los dos agentes de la Patrulla Galáctica. 
Nink se encuentra sentado en el suelo con las piernas cruzadas, devorando una pierna de kabaijín asada que sujeta con ambas manos, de la que desgarra la carne con sus dientes.
– “¡Este te ha quedado al punto, Motroco!” – felicita a su compañero, que ha usado su caluroso aliento para cocinar la carne.
Auta Motroco responde emitiendo un pitido con el vapor a presión que emana de su cabeza. El metalman descansa sentado sobre una roca cercana.
Mientras tanto, Methiop tiene su cabeza incrustada en el abdomen de un cadáver, devorando sus órganos internos crudos.
Nink, que ahora se limpia los dientes con una costilla del enemigo, mira de reojo a su compañero.
– “No sé como puedes comerte eso…” – dice el soldado Imperial, algo asqueado.
Methiop se detiene un instante y saca la cabeza del cadáver.
– “Tú siempre te dejas lo mejor” – responde el crustáceo humanoide.
Cerca de allí, Tupper se encontraba recibiendo órdenes del centro de operaciones.
– “Parece que la expedición de colonización llegará en unas pocas horas” – anuncia el ishitoko a sus compañeros.
– “¿Hay noticias del Capitán?” – pregunta Nink.
– “No me han dicho nada.” – responde Tupper. – “Su misión parece estar clasificada incluso para nosotros.”
Methiop se pone en pie, mientras se limpia la boca con su antebrazo.
– “Ahora que mencionáis al Capitán… Deberíamos estar practicando nuestras nuevas poses de pelea” – sugiere el nagebi. 
De repente, un extraño individuo aparece frente a ellos. Nadie le ha visto llegar.
– “¿Quién es ese?” – pregunta Nink, levantándose.
Tupper, extrañado, analiza al posible enemigo con su scouter.
– “Su poder de pelea es insignificante.” – dice el ishitoko. – “No será un problema.”
El individuo es un ser de tez blanca, ojos rojos y tentáculos en su cabeza en lugar de cabello, armado con una larga vara negra con dos adornos blancos en los extremos; vestido con pantalón negro, una faja roja, una ajustada camiseta negra y una armadura blanca con el logotipo de la Patrulla Galáctica en su pecho.
Methiop es el primero en darse cuenta del símbolo.
– “Es un patrullero.” – advierte a los demás.
– “Así que es otro de esos idiotas…” – murmura Nink.
El misterioso personaje observa detenidamente a los cuatro soldados.
Mientras tanto, en Hera, el Capitán Ginyu, ahora en el cuerpo de Hido, líder de los herajín, ha anunciado la repentina muerte de su anciano abuelo y ha ordenado organizar una reunión con sus Generales.
Sentado en su despacho, Ginyu no puede dejar de dar vueltas a las últimas palabras del viejo herajín, cuando un pitido le saca de su trance.

El Capitán se quita su scouter y busca entre sus ropas un pequeño auricular que se coloca en el oído. 
– “Adelante” – responde tras apretar el botón rojo de su aparato.
– “Informe, Capitán” – solicita Sorbet.
– “Todo va según lo previsto.” – dice Ginyu.
– “Bien” – responde el consejero Imperial. – “No falle.”
En el planeta Konats, Hit y Slug abandonan el templo. El namekiano, cansado por su avanzada edad, sugiere a su hijo Zeeun que acompañe al asesino hasta un lugar en las afueras al que llama “Yahirodono”.
– “¿Qué encontraré allí?” – pregunta Hit.
– “Ese templo ha permanecido cerrado durante milenios” – responde Slug. – “Ni siquiera yo he podido abrir su puerta. La magia utilizada para sellar el lugar es muy superior a la mía.”
– “¿Cree que está relacionado con el símbolo en la pared?” – pregunta el asesino.
– “No existen las casualidades, hijo” – dice el namekiano. – “Y menos en un lugar como este.”
Hit y Zeeun parten hacia el templo Yahirodono.
En Kabasei, los cuerpos inertes de los cuatro miembros de las Fuerzas Especiales yacen en el suelo. Shiras remata a Tupper, crujiendo su cabeza de roca con un golpe de su vara.
– “Este nuevo Imperio parece ser un problema.” – murmura el patrullero. – “A lo mejor debería visitar su capital…”
De repente, el ángel Campahri aparece a su lado.
– “¿Qué se supone que estás haciendo, Shiras?” – le pregunta el ángel.
– “Justicia” – dice el patrullero.
– “No puedes utilizar tus poderes en el mundo mortal” – dice Campahri. – “Lo sabes.”
– “Yo no puedo mirar cómo el universo arde sin hacer nada” – responde Shiras. – “No soy como vosotros.”
– “Tenemos planes más importantes para ti.” – dice el ángel. – “No los arruines.”
Shiras parece molesto con la actitud pasiva de los ángeles.
– “Vosotros me buscasteis a mí” – dice el patrullero. – “Sabíais cuál era mi punto de vista. Fundé la Patrulla Galáctica para luchar contra la injusticia. No podéis pedirme que me mantenga al margen.”
– “Tienes que aprender a priorizar tus objetivos” – insiste Campahri. – “Si despiertas a Beerus o llamas la atención de Zeno, todo se acabó. No podremos protegerte.”
El patrullero está frustrado y aprieta su vara con fuerza.
– “Volvamos a casa.” – dice Campahri.
– “Seguro que el gato sigue durmiendo” – responde Shiras.
– “Y que siga así…” – sonríe el ángel.
En Hera, Ginyu ha reunido a los líderes herajín.
– “¡El Imperio de Cold ha intentado humillarnos con un trato injusto!” – exclama el Capitán, en el cuerpo de Hido. – “¡No lo toleraremos!
– “No sé si una guerra nos conviene, señor…” – duda uno de sus hombres. – “El Emperador…”
– “¡Mi abuelo, en su lecho de muerte, me pidió que no me arrodillara ante nadie!” – exclama Hido. – “¡Y eso haremos! ¡Nos mantendremos de pie!”
– “¡Sí!” – exclama un soldado. – “¡Lucharemos!”
– “Tendrán guerra…” – sonríe Ginyu.
En la Capital del Imperio, Sorbet ha llegado y se presenta ante el Emperador Cold.
– “Acaban de informarme de que las Fuerzas Especiales han sido abatidas en el planeta Kabasei, señor.” – dice el consejero. – “Una verdadera desgracia.”
– “Maldición…” – lamenta Cold. – “¿Y dónde está Ginyu?”
– “Siento comunicárselo de esta forma, pero ha sido asesinado.” – responde Sorbet.
– “¡¿Qué?!” – se sorprende el Emperador.
– “Fue Hido, señor” – explica el consejero. – “¡Él mató al Capitán Ginyu! Rechazó nuestra propuesta y mató al Capitán para demostrar su fuerza.”
Cold se pone en pie y camina en silencio hacia la ventana de su palacio.
– “No esperaba esto…” – murmura el Emperador.
De repente, un mensajero entra en la sala del trono apresuradamente.
– “¡Señor!” – exclama el sujeto. – “¡Tengo noticias de Hera! ¡Nos han declarado la guerra!”
Sorbet finge estar sorprendido.
Cold agacha la cabeza, entristecido por la noticia.
– “No quería que esto acabara así…” – murmura apenado el Emperador.
El mensajero continúa informando.
– “¡Han atacado nuestras instalaciones en el planeta y están acabando con todos nuestros soldados destinados allí!” – exclama el individuo.
El Emperador suspira.
– “Que preparen mi nave.” – sentencia Cold.
– “Sí, señor” – responde Sorbet, que al dar la espalda al Emperador, no puede evitar esbozar una media sonrisa.
En Konats, Hit y Zeeun sobrevuelan el planeta. En las áreas rurales, decenas de demonios trabajan arando el campo, repartidos en pequeñas aldeas.
– “¿Sois todos hijos de Slug?” – pregunta Hit.
– “Así es” – responde el demonio. – “Slug nos ha dado vida a lo largo de los siglos.”
Hit parece confuso.
– “¿Esperabas namekianos?” – sonríe Zeeun.
– “La verdad es que sí” – responde el asesino.
– “Esa es una habilidad que nuestro padre perdió en el momento de su nacimiento.” – responde el demonio.
Hit parece confuso, pero no tiene tiempo de preguntar, pues los dos guerreros han llegado al templo, que se resume en una entrada similar a un panteón fúnebre, que parece adentrarse bajo tierra.
El asesino se acerca a la gran puerta de piedra repleta de jeroglíficos similares a los del templo de la ciudad, entre los que destaca el mismo símbolo principal.
– “Está cerrado.” – dice Zeeun. – “No puede abrirse.”
– “¿Habéis intentado derribar esta losa?” – pregunta Hit.
– “Es imposible” – dice el demonio. – “Una magia poderosa protege este lugar. Es infranqueable.”
El asesino da un paso atrás, preparándose para intentar golpear la puerta.
De repente, el comunicador que lleva en el cinturón le advierte de un mensaje.
Hit se detiene y echa un vistazo al aparato.
– “El Emperador solicita que eche un vistazo al planeta Kabasei…” – murmura el asesino. – “Parece que las Fuerzas Especiales han tenido problemas.”
Hit se prepara para marcharse.
– “¿Nos dejas, asesino?” – pregunta Zeeun.
– “Debo cumplir con mi contrato” – responde Hit. – “Mi deber es con quién me paga.”
– “Suena triste” – dice el demonio. – “Es como vivir sin alma.”
– “Algo así” – responde el asesino, acostumbrado a su trabajo.
En al templo de la ciudad, Slug puede ver como la nave de Hit desaparece en el cielo.
El namekiano regresa a su trono, en el que se sienta en silencio. Sus hijos, Angila, Wings y Medamatcha, le acompañan.
En ese instante, un un gran bulto asciende por su garganta hasta llegar a su boca, que se abre lentamente para revelar un gran huevo que expulsa de su cuerpo y cae a sus pies.
El viejo namekiano, agotado, cierra los ojos y deja que su vida se desvanezca.
De repente, el huevo empieza a moverse y resquebrajarse, hasta que finalmente se rompe y revela a un pequeño namekiano.
Los hijos de Slug se arrodillan frente a él.
– “Es un placer tenerle de vuelta, padre.” – dice Angila.
Mientras tanto, Zeeun ha llegado al palacio y se presenta ante Slug.
– “El asesino se ha marchado” – dice el demonio. – “Parece que el Emperador ha solicitado sus servicios de urgencia.”
Slug niega con la cabeza, apenado.
– “En su camino le espera mucho dolor.” – murmura el namekiano.