DBSNL // Capítulo 142: Ajuste de cuentas
“Arruinaste mi vida…”
En el coliseo de Jager, el misterioso luchador que acaba de entrar en la arena se abalanza sobre Goten y le propina un puñetazo que el mestizo detiene cruzando los brazos frente a su pecho. El Gran Saiyaman retrocede varios metros por el impacto.
Marron ataca al enemigo y se prepara para atizarle un golpe.
– “¡ESPERA, MARRON!” – exclama preocupado Goten, que se ha dado cuenta de la fuerza del luchador.
El enemigo intercepta a Marron con una patada en el abdomen que la lanza contra la pared de la arena.
Goten se preocupa por su pareja, pero sabe que debe centrarse en el combate.
– “¡¿Qué demonios eres tú?!” – refunfuña el Gran Saiyaman.
El luchador ataca a Goten y éste esquiva sus ataques.
– “Su forma de moverse… ¿La he visto antes?” – piensa el mestizo, mientras retrocede.
Goten llega hasta la pared del fondo y el enemigo embiste de nuevo hacia él, dispuesto a propinarle un puñetazo, pero el mestizo lo esquiva en el último instante y éste impacta contra el muro, haciendo que estalle en mil pedazos.
Cuando la pared se derrumba, se revela un pasadizo hacia una compuerta con un logotipo que Goten reconoce: Un lazo rojo con las iniciales \”RR\”.
– “Eso es…” – se sorprende el mestizo. – “¡¿Red Ribbon?!” – increpa al Barón Jager.
El Barón sonríe.
– “¡¿De dónde crees que sacaba el dinero el Ejército de Red Ribbon?!” – dice Jaguar. – “¡De inversores como yo!”
Marron se pone en pie y mira a Goten de reojo. El Gran Saiyaman asiente.
El luchador ataca de nuevo a Goten, que esquiva sus ataques mientras retrocede.
Marron vuela hacia el palco.
-“¡Se acabó el juego, Barón!” – dice la Gran Saiyaman 2. – “¡Estáis todos detenidos!”
– “No lo creo.” – dice el billonario, que aprieta un botón de su teléfono móvil y hace que de unas compuertas en el techo salgan una docena de biomen.
Marron se da cuenta de que Vodka se encuentra en el palco. Todo ha sido una trampa para atraerlos a la arena y acabar con ellos.
Goten recibe un puñetazo en la cara, haciéndole perder el casco, pero después esquiva el próximo golpe de su adversario, dejándole pasar de largo, y lo repele con una patada en su espalda.
El luchador no parece rendirse; pronto se da la vuelta y ataca de nuevo al mestizo.
– “¡KILLER PUNCH!” – exclama el enemigo.
Goten se transforma en Súper Saiyajín y detiene el puñetazo con un dedo.
– “Ya sé quién eres…” – dice Goten. – “Ikose.”
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| Dibujado por Beldum |
El luchador retrocede sorprendido.
– “Tú…” – murmura Ikose. – “Eres… eres ese crío…”
Goten vuelve a su estado base.
– “¿Qué ha pasado?” – le pregunta el mestizo. – “No siento tu energía… Ahora eres un androide, ¿verdad?”
– “Arruinaste mi vida…” – gruñe Ikose. – “¡LO PERDÍ TODO!”
– “Era un torneo infantil…” – se excusa Goten.
– “Mis padres no aceptaron la humillación que sufrimos mi hermano y yo.” – dice Ikose. – “¡Nos hicieron entrenar día y noche! ¡A todas horas! Sus hijos no podían perder de esa forma… Habían criado ganadores…” – dice mientras sus ojos se llenan lágrimas de ira.
– “Lo siento, Ikose” – lamenta Goten, agachando la cabeza.
– “Mi padre encontró a un legendario maestro de Artes Marciales y nos pusimos bajo su tutela.” – explica Ikose. – “Pero nunca era suficiente… Y tras varios años de entrenamiento, la Red Ribbon nos ofreció hacernos más fuertes mediante un programa especial de reclutamiento.” – explica Ikose. – “¡Nos prometieron que sobrepasaríamos todo límite humano!”
En el palco, los biomen atacan a Marron, que los repele fácilmente, pero cada vez se acumulan más enemigos.
Ikose continúa hablando con Goten.
– “Pero mi hermano… Él no superó la operación.” – dice Ikose.
Goten se acerca a Ikose y le sorprende colocando la mano en su hombro.
– “Lo siento mucho, Ikose.” – dice Goten. – “La Red Ribbon y el viejo Grulla se aprovechan de ese tipo de situaciones para sacar el máximo beneficio. Ayúdame a detenerlos.”
– “Esta vez no puedo defraudarle.” – dice Ikose, que mira de reojo hacia el palco.
En las gradas, Marron retrocede y prepara dos esferas de ki en sus manos que después proyecta hacia los biomen. En el último instante, Marron hace ascender su ataque hacia el cielo donde estalla y crea múltiples esferas de energía que caen sobre todos sus enemigos, acabando con ellos.
Las compuertas del techo se abren de nuevo, dejando caer más biomen.
– “¡¿Es que no se acaban?!” – refunfuña la Gran Saiyaman 2.
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| Dibujado por Beldum |
Ikose aparta la mano del Gran Saiyaman.
– “¡No lo entiendes!” – dice Ikose. – “¡Hoy tengo la oportunidad de enfrentarme a ti de nuevo y no pienso perder!”
– “Lucharemos otra vez” – dice Goten. – “Te lo prometo.”
Ikose parece sorprendido y algo confuso.
– “Ayúdame a detener a la Red Ribbon y a Jager, por favor, Ikose.” – insiste Goten. – “No soy tu enemigo, pero puedo ser tu rival.”
Los hombres del palco han huido, excepto Jager y Vodka.
Jager, al ver que su luchador ha dejado de pelear, se enfurece.
– “¡Inútil!” – exclama el Barón, que prepara su teléfono de nuevo, dispuesto a apretar el botón de autodestrucción. – “¡Otro fracaso! ¡Desaparece con el Gran Saiyaman!”
Vodka se abalanza sobre Jager repentinamente, intentando arrebatarle el dispositivo.
– “¡NO TE LO PERMITIRÉ!” – exclama Vodka.
– “¡SUÉLTAME!” – exclama Jager.
El Sr. Vodka consigue arrebatarle el teléfono al Barón, pero Jager activa un mecanismo en su muñeca y una pequeña pistola sale de la manga de su camisa. El Barón dispara a su socio en la cabeza.
– “¡¡PAPÁ!!” – exclama Ikose.
Jager intenta dar órdenes a los biomen mientras huye.
– “¡Acabad con los tres!” – exclama Jaguar. – “¡Matadlos a todos!”
Ikose intenta perseguir a Jager. Una gran compuerta se ha cerrado tras el paso del Barón, pero no puede detener al enfurecido muchacho, que derriba la puerta a puñetazos.
Marron se dispone a seguir al chico.
Goten se transforma de nuevo en Súper Saiyajín y embiste a sus enemigos, entre los que se mueve grácilmente, eliminándolos uno a uno con suma facilidad.
Ikose avanza entre los pasillos que ya conoce hasta alcanzar a Jager y propinarle una patada en la espalda que lo lanza deslizándose contra el suelo hasta chocar con una pared de metal.
El Barón, con la nariz sangrando, intenta alejarse de Ikose, pero no puede seguir avanzando. El muchacho camina hacia él lentamente.
Jager vacía el cargador de su pequeña pistola contra Ikose, sin efecto.
– “No me mates…” – suplica ahora el billonario. – “¡Fuisteis voluntarios! ¡Vuestros padres firmaron el acuerdo! Y… lo que ha ocurrido con tu padre… ¡Ha sido un accidente!”
Ikose se agacha, agarra al Barón por el cuello de su cara camisa y lo levanta del suelo, dispuesto a propinarle un puñetazo mortal.
– “Por favor…” – suplica Jaguar. – “Por favor… ¡Te daré dinero! ¡¿Cuánto quieres?!”
– “Tu sucia fortuna no te sacará de esta.” – responde Ikose.
– “¡NO LO HAGAS!” – exclama Marron. – “¡Ya le tenemos! No lo mates.”
Ikose se detiene al escuchar la voz de la Gran Saiyaman 2, pero le cuesta controlar su ira.
– “Aún no es tarde para ti” – dice Marron. – “Pero si le matas, darás un paso que no podrás deshacer. Serás un asesino.”
– “¡Tiene que pagar por lo que ha hecho!” – dice Ikose.
Marron se quita el casco.
– “Lo que te han hecho a ti…” – dice la muchacha. – “Se lo hicieron también a mi madre hace mucho tiempo.”
La revelación sorprende al joven luchador.
– “No dejes que ellos determinen quién eres.” – dice Marron. – “Puedes elegir.”
Ikose medita sus opciones y finalmente deja caer a Jager al suelo.
– “No vale la pena” – sentencia Ikose, que da la espalda al Barón y se dirige a la salida de la base.
Marron se acerca al billonario y le coloca unas esposas.
– “Gracias…” – dice Jager. – “¡Te recompensaré! Y si me liberas, puedo ofrecerte…”
La Gran Saiyaman 2 propina un puñetazo en la nariz del billonario, que grita de dolor.
– “¡JURO QUE OS MATARÉ!” – grita Jaguar. – “¡ME HAS ROTO LA NARIZ! ¡PAGARÉIS ESTA HUMILLACIÓN!”
En unos instantes, Marron ha logrado salir del complejo, y ahora lo sobrevuela sujetando a Jager por su cinturón.
Ikose se encuentra también en el aire, contemplando el lugar que ha sido su hogar durante los últimos años.
Varios transportes abandonan el complejo.
De repente, Goten rompe el techo de la gran arena y se eleva por encima de la isla.
– “¿Ha salido todo el mundo?” – pregunta el Gran Saiyaman.
– “Sí” – responde Ikose. – “Los transportes ya han evacuado.”
Goten observa el lugar y toma una decisión.
– “¡Ka… Me…!” – se prepara el Gran Saiyaman. – “¡Ha… Me…!”
– “¡NO!” – grita Jaguar. – “¡¿QUÉ HACES?!”
– “¡HAAAAAAAAA!” – dispara Goten su poderosa técnica contra la isla, haciéndola desaparecer por completo y creando una gigantesca explosión que levanta una gran cantidad de agua.
El Barón se queda petrificado ante la desaparición de toda su inversión.
– “Se acabó, Jager” – dice Marron.
– “Éste es el final de la Red Ribbon” – dice Goten. – “Sin su fuente de ingresos, jamás logrará resurgir.”
– “Idiotas…” – murmura Jaguar. – “¡Siempre habrá alguien en nuestro lugar! ¡¿Creéis que solo la Red Ribbon busca la gloria a cualquier precio?! ¡Hipócritas! ¡Habrá otras organizaciones! ¡Otros inversores!”
– “Y nosotros siempre estaremos aquí para detenerlos.” – sonríe Goten. – “Siempre estaremos preparados para enfrentarnos a gente como tú.”
En el bosque Fukurou, el Duende Grulla se encuentra en el interior del Dojo, sentado en el suelo y en silencio. Se siente avergonzado y ha perdido toda motivación.
De repente, una tortuga se acerca volando al Dojo, girando sobre si misma a toda velocidad. Al aterrizar, Ten y Chaoz se dan cuenta de que es el viejo Roshi, al que habían llamado para comunicarle lo ocurrido.
Al apearse de Baby-Gamera, Roshi cae de rodillas, mareado.
– “No sé porqué me empeño en viajar así…” – lamenta el viejo Tortuga. – “Ya no tengo edad para esto…”
Tras un instante, Mutenroshi se recupera y se pone en pie. EL anciano se dirige hacia sus pupilos, que no tardan en ponerle al día.
– “Ya veo…” – murmura Roshi. – “Otra vez el viejo Tsuru…”
Los aprendices del Duende Grulla se reúnen alrededor de Ten Shin Han y Chaoz y les hacen una reverencia como disculpa.
– “Lo sentimos” – dice uno de los aprendices. – “Nos habían engañado.”
Otro se dirige a Roshi.
– “Señor Mutenroshi” – dice el joven. – “¿Podría entrenarnos? Nos gustaría seguir practicando Artes Marciales para poder subsanar nuestros errores.”
– “Esa es una idea excelente…” – dice Roshi. – “Pero yo ya no acepto alumnos. Estoy jubilado.”
Los alumnos de Grulla se sorprenden ante tales declaraciones.
– “Pero puede que Ten Shin Han y Chaoz estén dispuestos a aceptaros.” – sonríe el anciano.
– “¡¿Qué?!” – se sorprenden los dos guerreros. – “¡¿Nosotros?!”
– “Sois los herederos de la escuela Grulla y la escuela Kame” – dice Roshi. – “Mi maestro, Mutaito, estaría encantado de que refundarais su escuela, lejos de las divisiones que mi generación ha traído al mundo de las Artes Marciales.”
– “Pero, Maestro…” – duda Ten.
– “Tenéis la brillantez y disciplina de Tsuru y creo que habéis abrazado el espíritu protector y jovial de la escuela Kame.” – dice Roshi. – “Es el momento de que toméis las riendas del futuro.”
– “Maestro…” – dice Choaz, emocionado.
– “Recordad siempre: Hay que trabajar, hay que aprender, hay que comer, hay que descansar y hay que jugar.” – dice Roshi. – “Esas son las bases de la escuela Kame y mi último consejo como vuestro maestro.”
Los jóvenes aprendices del Duende Grulla se dirigen a Ten y Chaoz y repiten la reverencia.
– “¡Por favor!” – exclaman todos. – “¡Aceptadnos como vuestros discípulos!”
Ten y Chaoz comparten una mirada cómplice y sonríen.
– “Está bien” – dice Ten. – “Empezaremos con el entrenamiento cuando…”
En ese instante, Lunch, con su pelo amarillo y armada hasta los dientes entra en el recinto y dispara una ráfaga al cielo, haciendo que todos los presentes se agachen. El viejo zorro la sigue, y ha sido obligado a cargar con todas las mochilas llenas de armas.
– “¡¿DÓNDE ESTÁ ESE VIEJO CARCAMAL?!” – exclama Lunch. – “¡QUE SALGA!”
Mientras tanto, Roshi entra en el Dojo y se dirige a Tsuru, que está sentado en el suelo de espaldas a la entrada.
– “¿Qué haces aquí?” – pregunta el Duende Grulla. – “¿Vienes a presumir de tu victoria?”
– “Vengo a ver a un viejo amigo.” – dice Roshi.
Tsuru no responde.
– “Nuestro tiempo ya ha pasado, Tsuru” – dice Kame. – “Nuestros discípulos nos han superado ampliamente. Me siento viejo.”
– “Siempre has sido un quejica.” – responde el Duende Grulla.
– “¿Qué piensas hacer ahora?” – pregunta Roshi.
– “Asumiré las consecuencias.” – suspira Grulla.
– “Eso está bien…” – murmura el viejo Tortuga. – “Pero cuando salgas de la cárcel, puede que necesites un lugar donde quedarte…”
El viejo Grulla se da la vuelta, confuso.
– “Una casita rodeada de playa no es el peor lugar para retirarse…” – sonríe el Mutenroshi.
El viejo Tsuru agacha la cabeza y esboza una media sonrisa.
– “No suena mal…” – dice el anciano.