DBSNL // Epílogo: Un mundo en tinieblas

DBSNL // Epílogo: Un mundo en tinieblas

“Una pantomima…”

En el planeta de Zeno, Moro aparta el cuerpo inerte de Pilaf mientras se sienta en el trono del Dios del Todo.

– “Una pantomima…” – gruñe Moro, ofendido por el falso Dios. – “Después de todo, Zeno fue derrotado por vosotros… Pero sustituido por… ¿esto?” – protesta.

– “Los mortales creen que pueden hacerlo mejor que los Dioses.” – dice Shiras. – “¿No es eso lo que querías?” 

Moro clava su mirada airada en el patrullero.

– “Lo… lo que quería us… usted…” – rectifica Shiras.

– “No te dejes engañar, ángel.” – dice el brujo. – “No han eliminado a los Dioses; solo han elegido otros nuevos. Siguen con sus normas y sus falsos valores.” 

– “¿Y qué sugiere?” – pregunta Mojito.

– “Cuando haya recuperado todo mi poder, crearé un universo nuevo” – dice el brujo. – “Uno sin Dioses. Sin leyes. Sin valores preestablecidos. Mis demonios marcharán por este mundo como almas libres y lo reconstruirán a su voluntad. Nos vengaremos de los años que hemos estado apresados.”

Piccolo entra en la sala y se arrodilla frente a su Señor.

– “¿Me ha llamado?” – dice el namekiano.

Moro clava su mirada en Piccolo.

– “Siento una magia poderosa en ti…” – dice el brujo. – “Tu conexión con esas Dragon Balls es lo que te mantiene con vida. No lo olvides.”

– “Sí, señor” – dice Piccolo, tragándose el orgullo.

Shiras cambia su ropa, transformándola en una vestimenta que recuerda a la de los ángeles, y materializando una nueva vara en su mano.

Dibujado por Ipocrito

– “¿Cómo encontraremos las siete Dragon Balls?” – pregunta Mojito.

– “Siete…” – murmura el brujo.

Moro abre su mano derecha y se genera un pequeño umbral al Makai que no tarda en generar una fuerte corriente de aire atrayente.

– “En estos momentos, mis capacidades son limitadas…” – lamenta el brujo, que enseguida cierra el portal.

Moro mira al namekiano.

– “Tráeme a siete almas demoníacas del mundo mortal” – sentencia el brujo.

DBSNL // Capítulo 176: Un nuevo paradigma

DBSNL // Capítulo 176: Un nuevo paradigma

“Quiero hablar con el ángel…”

En el Makai, Goten y Trunks están sentados en el suelo, ocultos en una cueva cuando escuchan a un grupo de demonios corriendo muy cerca.

– “¿Aún nos buscan?” – pregunta Trunks.

– “Creo que no…” – dice Goten. – “Parece que saben a dónde van…”

– “¿Deberíamos seguirles?” – sugiere el hijo de Vegeta.

En el misterioso planeta perdido en el universo, Pan, Bra y Madas asisten a Ub, que ha perdido el conocimiento y no responde a la llamada de sus compañeros.

– “¡Necesita ayuda!” – exclama Pan.

– “¿No puede ayudarle, Kaioshin?” – pregunta Bra. – “¿No puede llevarnos a casa?”

– “Lo siento…” – responde Madas. – “No puedo hacer nada… Ya no soy un Kaioshin… Y también he perdido mi magia…”

Pan abraza a su amigo.

– “Ub…” – llora la muchacha. – “Por favor, no te mueras…”

De repente, un personaje de gran envergadura aparece vestido con una túnica vieja; bajo ella se adivinan rasgos reptilianos.

– “¿Quiénes sois?” – pregunta el recién llegado.

Bra se pone en guardia, lista para proteger a sus amigos.

El personaje no parece impresionado, pero se fija en Madas.

– “Un… un Kaioshin…” – dice sorprendido el individuo.

– “Yo ya no…” – intenta explicar Madas.

El hombre no deja hablar al joven e hinca la rodilla en señal de respeto.

– “Maraikoh” – se presenta. – “A su servicio, señor.”

Las chicas no entienden lo que ocurre, pero respiran aliviadas al ver que no se trata de un nuevo enemigo.

– “Maraikoh…” – dice Madas. – “¿Serías tan amable de decirnos dónde estamos?”

El reptil parece confuso ante tal pregunta, pero responde con tal de complacer al Dios.

– “Ryusei” – responde Maraikoh.

– “¿Ryusei?” – se sorprende Madas. – “Creía que no quedaba nadie con vida…”

– “Quedamos pocos.” – responde el dragón. – “Y es gracias a los Dioses.”

Pan se impacienta.

– “¡¿Puedes ayudar a nuestro amigo?!” – suplica la hija de Gohan.

El dragón se acerca al muchacho y lo observa detenidamente.

– “Lo llevaremos a la aldea” – dice Maraikoh. – “Haremos todo lo posible.”

Mientras tanto, en la Tierra, en la Corporación Cápsula, Brief y Mai atienden a Uranai Baba, que aún no se ha recuperado del ataque. La han tumbado en el sofá del salón y le han colocado una toalla húmeda sobre la frente.

Baicha agotado tras un día intenso, descansa en la habitación de Bra.

Ten Shin Han y Krilín han salido al balcón para discutir sus posibilidades.

– “¿Qué ha sido eso?” – dice Ten.

– “No lo sé…” – responde Krilín.

– “He sentido como algo nos observaba desde el otro lado” – insiste Ten, nervioso.

– “Cuando los demonios aparecieron, sentí esa misma presencia.” – dice Krilín. – “Y por alguna razón me resulta extrañamente familiar…”

– “Chaoz… él dijo lo mismo.” – se sorprende Ten Shin Han.

– “Qué extraño…” – cavila Krilín.

– “¿Qué podemos hacer?” – se pregunta Ten.

– “Por ahora, solo esperar…” – agacha la cabeza Krilín. – “Confiemos en Goku y Vegeta.”

Ten, frustrado, aprieta sus puños con rabia.

– “Odio sentirme tan impotente…” – gruñe Ten.

De repente, en el cielo aparece la nave de la Patrulla Galáctica, que desciende y se prepara para aterrizar en el jardín.

Kriín y Ten se alegran de ver a alguien más con vida.

– “¡GOHAN!” – exclama Krillín al sentir el ki de su amigo.

El ruido a alertado a todos, que salen a recibir al mestizo.

La compuerta se abre y Gohan baja de la nave con lo que queda de Pino en brazos. Cell le acompaña.

Krilín se acerca a Pino y enseguida lo sujeta.

– “¿Qué ha pasado?” – pregunta el mestizo. – “¿Dónde está todo el mundo?”

– “Ya sabes la respuesta…” – murmura Cell.

Krilín agacha la cabeza.

– “Lo siento, Gohan…” – llora el terrícola. – “Te hemos fallado…”

Las palabras de Krilín confirman los peores temores del mestizo.

– “Videl… Pan…” – murmura Gohan, perplejo.

– “Lo siento…” – insiste Krilín. – “Solo quedamos nosotros.”

Gohan aprieta sus puños con rabia y sus ojos se llenan de lágrimas. El mestizo siente que lo ha perdido todo.

De repente, Gohan sale volando a toda velocidad, dejando a sus amigos preocupados por él. 

Mientras tanto, en el planeta Sadala, Turles ha ayudado a Leek y los saiyajín a defender el planeta.

Leek se acerca al ciborg para darle las gracias.

– “¿Quién eres, muchacho?” – pregunta el viejo líder saiyajín. – “¿Qué te ha pasado?”

– “Soy un saiyajín…” – dice Turles. – “Al menos, lo fui.”

– “Nunca se deja de ser saiyajín.” – le reconforta Leek.

– “Necesito una nave.” – insiste el ciborg.

– “Nos has salvado.” – dice Leek. – “Una nave es lo mínimo que podemos darte… Pero a cambio, quiero saber tu historia.”

– “Puede que no quieras prestármela si conoces mi pasado.” – advierte Turles.

– “No sé qué habrás hecho…” – dice el anciano. – “Pero viéndote puedo asegurar que nosotros te hemos fallado primero.”

Muy lejos de allí, en Luud, Katopesla, Sheela, Auta Motto, Obni y Ganos siguen insistiendo en contactar con el Cuartel General de la Patrulla, pero no tienen éxtio.

– “Me temo lo peor…” – sufre la agente imegga.

– “¿Qué se hace en estos casos?” – pregunta el novato toreristo. – “¿Hay algún protocolo?”

Ganos se cruza de brazos, pensativo.

– “Esto no debería ocurrir…” – refunfuña el patrullero. – “Pero seguro que hay algo en el manual.”

– “¡Phiiiiu!” – interrumpe con un silbido el metalman.

– “¿Qué?” – se sorprende Sheela. – “¿Por qué no deberíamos seguir el manual?”

– “Tiene razón…” – dice Obni. – “Podrían tendernos una trampa…”

– “¿Y qué se os ocurre?” – pregunta Ganos.

– “Maldita sea…” – refunfuña Sheela.

A Katopesla le sobresalta una idea.

– “¡Chicos!” – exclama el toreristo. – “Creo que sé a dónde ir…” – sonríe.

Mientras tanto, muy lejos de allí, en Konats, la vieja nave de la Corporación Cápsula aterriza.

La compuerta se abre. Hit y Trunks se apean.

– “¿Qué ha pasado aquí?” – murmura el asesino, al ver indicios de batalla por toda la zona.

– “¿Shiras?” – pregunta el hijo de Vegeta. – “¿Qué le ha traído hasta aquí?”

– “El templo…” – se preocupa Hit. – “¡Sígueme!” – exclama.

Hit alza el vuelo rápidamente y Trunks le persigue.

En un santiamén han llegado al templo Yahirodono, que se encuentra abierto. 

– “Maldición…” – dice Hit.

– “¿Y tu amigo?” – pregunta Trunks.

– “Me temo que estará muerto…” – responde el asesino.

De repente, una voz les sorprende.

– “Así es.” – dice un individuo que les esperaba escondido en el templo.

Trunks y Hit se ponen en guardia. El saiyajín enseguida reconoce al enemigo.

– “Meerus…” – gruñe Trunks, que desenvaina su espada.

– “¿Un patrullero?” – se sorprende Hit, al ver el uniforme del mercenario. – “¿Le conoces?” – le pregunta a su compañero.

Meerus parece tranquilo.

– “Relájate, Trunks.” – dice el expatrullero. – “No he venido a pelear.”

– “¡¿Y a qué has venido?!” – pregunta el mestizo, inquieto.

– “Solo quiero hablar” – responde el mercenario.

En las ruinas de Namek, Moro se dirige a sus súbditos.

– “Quiero hablar con el ángel…” – dice el brujo.

– “¿El ángel?” – dice Shiras, sorprendido ante la petición.

Moro clava su mirada en el patrullero, y éste es embargado por el miedo, así que no duda en abrir su mano ofreciéndole la esquirla de piedra Shintai.

– “Es suyo, señor” – dice Shiras.

– “Solo quiero hablar.” – dice Moro.

Shiras mira a Piccolo, sin tener claro lo que hacer, pero el namekiano solo le devuelve la mirada con desprecio.

– “Mi paciencia tiene un límite…” – le apresura el brujo.

Shiras, aterrado, decide insertar el cristal en su hombro derecho.

La consciencia del ángel enseguida toma el control parcial del cuerpo del legendario patrullero, haciéndose presente en su ojo izquierdo.

– “Me sorprende que hayas tardado tanto en darte cuenta, brujo.” – dice Mojito.

– “Dame una razón para no eliminarte” – responde Moro.

Una sonrisa ilumina el rostro de Shiras.