DBZ – SAGA BU REWRITE / Capítulo 13: La legendaria Espada Z

DBZ – Saga Bu Rewrite / Capítulo 13: La legendaria Espada Z

En el Planeta Sagrado, Son Gohan se ha reunido con su fallecido padre gracias al Kaioshin del Este. Ahora, vestido con la ropa característica de los Dioses, espera conocer qué se espera de él.

– “¿Una antigua leyenda?” – pregunta Gohan.

– “Así es.” – responde Shin. – “Creo que podrías derrotar al monstruo Bu con la legendaria Espada Z.”

– “Así que ya me cree, ¿eh?” – sonríe Goku, fanfarrón.

– “Lo siento, Son Goku.” – se disculpa el Dios. – “Pero lo que me contabas… un mortal con ese poder… sonaba increíble.”

– “Lo sé” – responde el saiyajín. – “Pero es verdad.”

Shin asiente.

– “¿De qué estáis hablando?” – pregunta Gohan, confuso.

– “En este planeta hay una antigua espada atrapada en una piedra.” – explica Shin. – “La leyenda cuenta que quien sea capaz de arrancarla logrará un poder extraordinario. ¡Un poder superior al del mismísimo Majin Bu!”

– “Vaya…” – suspira Gohan. – “¿Y porqué no lo ha intentado papá?”

– “Ya lo hice…” – revela Goku. – “Pero fracasé.”

– “¡¿Qué?!” – se sorprende el mestizo. – “¡¿No pudiste arrancarla?!”

Goku sonríe.

– “No la moví ni un centímetro.” – responde el saiyajín.

– “¿Y qué oportunidad tengo de hacerlo yo?” – se pregunta el mestizo, preocupado.

– “No pierdes nada por probarlo.” – dice Goku. – “Yo confío en ti.” – dice poniéndole la mano en el hombro.

Mientras tanto, en la Tierra, Piccolo sale de la Sala del Espíritu y el Tiempo con la ropa hecha trizas.

Mr. Popo es el primeo en percibir su energía y encontrarse con él.

– “Ya has salido…” – dice el ayudante de Kamisama. – “¿Y el chico?” – le pregunta.

El namekiano regenera su ropa mágicamente.

– “Trunks está entrenando.” – responde Piccolo. – “He salido a ver si había noticias.”

– “Pues…” – Popo se dispone a contarle al namekiano todo lo sucedido.

Lejos de allí, Videl ha seguido la señal del radar y ha llegado a una pequeña aldea.

– “La señal se ha detenido aquí…” – piensa ella, observando el radar. – “¿Dónde estará esa Dragon Ball?”

Una voz llama la atención de la muchacha.

– “¡Te dije que quería zumo de naranja!” – protesta una voz masculina áspera y malhumorada. – “¡Esto es soda!”

– “Lo siento, señor…” – se disculpa otro hombre. – “No tenían…”

Videl investiga las voces. En una estación de servicio cercana, un hombre bajito de tez azul y orejas puntiagudas, regaña a un hombre perro junto a un coche rojo. A su lado, una mujer morena de larga cabellera pone gasolina al vehículo.

– “No importa…” – desiste el pequeño hombre azul. – “Esta vez lo dejaré pasar…”

– “Gracias, señor Pilaf.” – responde el perro.

– “Tienes suerte de que estoy de buen humor…” – añade Pilaf, mientras saca de entre su ropa una esfera cristalina de color naranja.

Videl se sorprende al ver la bola.

– “¡Eso tiene que ser una Dragon Ball!” – exclama la muchacha, comprobando que sea igual a las que lleva en el saco. – “¡Sí, no hay duda!” – corrobora.

En el planeta de los Kaioshin, Gohan, Goku y Shin se encuentran sobre la cima de una montaña cilíndrica y negra en la que se encuentra incrustada la famosa Espada Z.

– “¿Y no podríamos destruir la montaña?” – pregunta el mestizo.

– “Esto que pisas es hierro Katchin” – responde Shin. – “El material más duro del universo. Imposible.”

– “Vaya…” – suspira Gohan.

El mestizo hace unos estiramientos para calentar y se dispone a probar suerte.

– “¡Vamos allá!” – se anima él mismo.

El chico se agacha y agarra la empuñadura de la espada.

– “Grrrr…” – se esfuerza Gohan. – “GRRRR…KKKK… ¡¡uuuUAAAAHHHH!!!”

Sus manos resbalan y el chico cae de espaldas al suelo.

– “¡Pues vaya…!” – lamenta el muchacho. – “Sí que está bien clavada… Ni se ha movido…”

Shin parece preocupado por el fracaso, pero Goku mantiene la sonrisa en su rostro.

– “Vuelve a intentarlo.” – dice el saiyajíjn.

Gohan se pone en pie.

– “Está bien…” – asiente Gohan. 

El mestizo se transforma en Súper Saiyajín antes agarrar de nuevo el arma.

Shin mira de reojo a Goku.

– “Súper Saiyajín…” – murmura el Dios. – “¿Crees que así podrá hacerlo? Pareces muy confiado…”

– “Tranquilo” – le calma Goku. – “Tú observa.”

Gohan intenta de nuevo la proeza.

– “Grrrr… yyyyyyAAAAAAH!” – grita Gohan. 

Pero parece que el hierro Katchin no está dispuesto a ceder.

Goku observa atentamente a su hijo.

– “Vamos…” – piensa el padre.

El mestizo sigue esforzándose. Rayos de energía empiezan a chasquear a su alrededor y su cabello se eriza aún más, alcanzando el Súper Saiyajín 2.

– “Vamos…” – murmura Goku.

Gohan empieza a desesperarse. En su mirada puede verse la pérdida de ánimo.

– “No puedo hacerlo…” – piensa el mestizo. – “Es imposible…”

– “No te rindas…” – piensa Goku, cuya mirada ahora parece de preocupación. – “¡Gohan!”

En la mente del chico, imágenes de su infancia regresan. Goku intentando protegerle de Raditz, Krilín intentando defenderle ante Nappa, el sacrificio de Piccolo, Vegeta y el namekiano salvándole de Freezer, la muerte del Número 16, la despedida de Goku ante Cell, la ayuda de su padre desde el Más Allá en ese último Kamehameha de los Cell Games, los androides, Ten Shin Han, Chaoz, Shin y Satán ayudándole contra Majin Bu… Su agarre sobre la espada empieza a perder fuerza.

– “Siempre he necesitado ayuda…” – piensa el mestizo. – “Sigo comportándome como un niño…”

Goku observa detenidamente a su hijo. Shin, a su lado, se cubre ante la ventisca alzada por el poder del mestizo.

– “Es mi turno… Tengo que dar un paso al frente…” – se repite el mestizo.

El pequeño Trunks se cruza en su mente.


– “¡WOW!” – exclama el niño. – “¡Pareces un héroe de cómic!” 

Y también Videl. 


– “Es una suerte que aparecieras… Has vuelto a salvar del día. – suspira Videl. – “Creo que esto se te da mucho mejor que a mí.” – resuena su voz. – “La ciudad está más segura contigo. Yo no puedo hacer lo que tú haces.”

La mirada de Gohan cambia y ahora rezuma determinación. Su agarre vuelve a ser firme. Sus músculos se tensan y las venas se marcan en su piel.

– “No voy a rendirme…” – gruñe el mestizo. – “¡Cuentan conmigo! ¡Voy a proteger la Tierra!”

La espada cede lentamente. Los metales chirrían con la fricción.

El Kaioshin abre los ojos como platos.

– “¡LA ESPADA Z!” – exclama el Dios. – “¡Está cediendo!”

La sonrisa regresa al rostro de Goku.

Gohan sigue tirando del arma con fuerza.

– “¡¡YAAAAAAAAH!!” – grita el mestizo a pleno pulmón.

El chico finalmente arranca la espada con tanta fuerza que sale volando, elevándose sobre el Planeta Sagrado.

– “¡LO HA CONSEGUIDO!” – exclama un asombrado Shin.

Goku sigue sonriendo.

– “Bien hecho, Son Gohan. Parece que tu poder ya no nace de la ira… si no de la esperanza.” – piensa el saiyajín. – “Estoy orgulloso de ti.”

Mientras tanto, en la Tierra, Piccolo ha recibido las terribles noticias. Se encuentra reunido con Krilín, Yamcha, Dende y Roshi.

– “Ese monstruo…” – sufre el namekiano. – “Incluso a Gohan…”

– “No queda nadie.” – afirma Dende.

– “La Número 18, el Número 17, Ten, Chaoz…” – murmura Krilín.

– “El chico es nuestra última esperanza.” – dice Yamcha. – “¿Crees que puede pelear?”

– “Aún no.” – responde el namekiano. – “Está entrenando duro y es muy fuerte, pero es solo un niño… Ni siquiera Gohan ha podido contra Majin Bu.”

– “Maldita sea…” – lamenta Roshi.

En la pequeña aldea al Sur del continente, Videl se acerca a los tres tipos de la gasolinera.

– “Hola, chicos.” – saluda la muchacha.

Pilaf mira con desconfianza a Videl.

– “¿La conoce, señor Pilaf?” – pregunta Mai.

– “No la recuerdo…” – responde Pilaf. – “Debe de ser una admiradora…”

Shu mira atentamente a la chica.

– “A mí me suena de algo…” – murmura el perro.

– “¿Qué?” – se extraña Pilaf. – “Es muy mona para que tú la conozcas…”

Videl se impacienta.

– “Veréis…” – dice la muchacha.

– “¡YA LA RECONOZCO!” – exclama Shu. – “¡ES LA HIJA DE MISTER SATÁN!”

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprenden Pilaf y Mai. – “¿La hija del Campeón?”

Pilaf la mira detenidamente y se da cuenta de lo que la muchacha lleva en la mano.

– “Y… y eso…” – titubea Pilaf. – “¿No será…?”

– “¡Es el radar!” – exclama Mai la fijarse.

– “Oye…” – se acerca Pilaf cautelosamente a la chica. – “Tú no conocerás a un tal Son Goku…”

– “¿Son Goku?” – repita Videl. – “Bueno, voy a clase con su hijo…”

– “¡¡AAAAH!!” – retroceden aterrados los tres malhechores.

Pilaf lanza la Dragon Ball a Videl, que la coge al vuelo antes de que se caiga.

– “¡Ya estoy mayor para esto!” – protesta Pilaf. – “¡PASO!”

El pequeño hombre se sube al coche, y sus secuaces le acompañan. La mujer conduce.

– “¡Vámonos, Mai!” – ordena Pilaf.

– “Pero señor…” – duda la mujer.

– “¡He dicho que vamos!” – insiste él.

El coche arranca y se marcha hacia el norte, dejando a Videl allí de pie, sola y sin palabras.

– “Pero… ¿Qué acaba de suceder?” – se pregunta la confusa muchacha.

En el Planeta Sagrado, Gohan, que ha regresado a su estado base, se prepara para empezar su entrenamiento con la legendaria espada.

– “Pesa mucho…” – dice el mestizo, que zarandea el arma de forma torpe. – “Pero no parece que tenga nada de especial… Parece solo una espada…”

– “¿No te sientes distinto?” – pregunta Shin.

– “No…” – responde Gohan.

– “¿Puedo probar?” – pregunta Goku.

Gohan entrega la espada a su padre, pero al intentar sujetarla, Goku cede y el arma cae al suelo, sorprendiendo a los presentes.

– “¿Se te ha resbalado?” – pregunta Gohan.

– “No…” – responde Goku, confuso.

El saiyajín se agacha para intentar levantarla, pero es incapaz de moverla.

– “¡¿Qué significa esto?!” – se pregunta Goku. – “¡Pesa muchísimo!”

– “Es pesada… pero no tanto…” – dice Gohan.

El mestizo la recoge del suelo y logra empuñarla de nuevo sin dificultad.

– “¿Ves?” – dice Gohan.

– “Increíble…” – se sorprende Goku. 

– “¿Será un hechizo?” – sugiere Shin. – “Parece que solo el que la ha liberado puede empuñarla…”

– “Que alucinante…” – añade Gohan. – “Me siento como el Rey Arturo…”

Mientras tano, en la Tierra, en el hogar de Majin Bu, Satán despide al monstruo, que se eleva lentamente.

– “¡Voy a matar gente!” – dice Bu. – “Volveré en unas horas.”

– “¿Eh…? ¿Matar gente…?” – titubea el Campeón.

– “¡Hasta pronto!” – se marcha el monstruo.

Bu desaparece en el cielo.

Satán aprieta sus puños, impotente y frustrado.

– “Esto es humillante…” – gruñe el terrícola. – “Yo… El Campeón… Haciendo de chacha de un monstruo asesino…”

Las horas pasan. En el Planeta Sagrado, Son Gohan ha seguido practicando con la Espada Z y ahora logra manejarla con facilidad.

– “¡Progresas muy rápidamente, Son Gohan!” – celebra Shin.

– “Es cierto…” – dice Goku, poco convencido. – “Pero no veo que su poder aumente significativamente…”

– “Supongo que esto será un proceso largo…” – excusa el Kaioshin. – “¿Y si hacemos el entrenamiento más dinámico?”

Shin usa su poder mental para arranca un árbol del suelo.

– “¿Puedes cortarlo al vuelo?” – pregunta el Dios.

Gohan se pone en guardia.

– “Probemos.” – sonríe el mestizo.

El Dios lanza el árbol contra el chico, que dando un salto corta el tronco por la mitad de forma longitudinal.

– “¡Impresionante!” – sonríe Goku.

Shin parece satisfecho. El Dios usa su telekinesis para arrancar varios árboles más.

– “¿Lo hacemos más interesante?” – sugiere el Kaioshin.

Gohan se prepara.

– “Estoy listo.” – dice el mestizo.

En la Tierra, Videl ha reunido las Dragon Balls y ahora se dirige a la Tierra Sagrada de Karín, tal y como le indicó la Número 18, en un vehículo requisado.

Cerca de la carretera, una pareja de ancianos cargados con maletas se aleja del pueblo.

– “Los núcleos urbanos son poco seguros…” – dice el señor. – “Nos esconderemos en la montaña…”

De repente, la anciana que lo acompaña recibe un disparo en la cabeza y se desploma sin vida.

– “¡Abuela!” – grita asustado su marido.

En una colina cercana, un hombre ha apretado el gatillo del su rifle.

– “¡Le he dado de lleno!” – celebra el asesino.

El tirador es un hombre joven y delgado de cabello largo y rubio recogido en una coleta. Viste pantalón marrón, botas y camiseta negra. 

– “¡Buen disparo, señorito!” – le anima su acompañante, que observa la escena a través de unos prismáticos.

Su compañero es un señor mayor vestido con pantalón beige, botas negras, chaleco marrón oscuro sobre una camisa y corbata roja.

– “¡Ahora que ese monstruo está atacando ciudades, yo puedo hacer lo que me plazca!” – dice el asesino. – “La policía está ocupada…”

El tirador aprieta de nuevo el gatillo y mata al anciano que intentaba socorrer a su esposa.

– “¡Otro excelente disparo!” – celebra el acompañante.

En la casita de Bu, el monstruo ha regresado. Satán sale a recibirle vestido con un delantal rosa.

– “¡Bienvenido!” – hace una reverencia el Campeón.

Bu lleva un pequeño cachorro en brazos.

– “¿Y ese perrito?” – pregunta Satán.

– “Parece que no me tiene miedo… No huye.” – dice el monstruo. – “Le he preguntado qué le pasa, pero no entiendo lo que dice.”

– “¿Eh?” – se extraña Satán, que observa al perro con atención. – “Bueno… parece que tiene una pata rota… puede que por eso no pueda escapar…”

– “¡Oh!” – dice Bu. – “Así que es por eso…”

Bu pone su mano sobre el cachorro.

– “Te curaré para que puedas huir aterrado” – dice el monstruo.

Su manopla se ilumina y el perro es curado.

Bu lo deja en el suelo.

– “¡Venga, huye!” – le dice el monstruo. – “¡Que te voy a matar!”

Pero el cachorro, lejos de tener miedo, se acerca a Bu y se restriega en su bota.

– “¿Y ahora qué le pasa?” – dice un confuso Majin Bu.

– “¡Está agradecido porque le ha curado la patita!” – responde Satán. – “¡Parece que le ha cogido cariño…!”

Bu se aleja del perro, pero éste le sigue contento.

El monstruo se detiene y el perro hace lo mismo. Bu arranca de nuevo y el cachorro le sigue moviendo el rabo. Se detienen otra vez.

– “¿Crees que me quiere?” – le pregunta Bu a Satán.

– “¡Por supuesto!” – responde el Campeón. – “¡Y parece que mucho! ¡Mire como menea la cola!”

El rostro de Bu se ilumina con una sonrisa.

– “¡Qué bien!” – celebra Bu – “¡Es mi primer amigo!”

El monstruo mira a Satán.

– “Bueno…” – se rasca la barbilla. – “¿Tú eres mi amigo?”

– “¡Pues claro!” – se apresura a decir Satán, un poco asustado. 

– “¡Ya tengo dos amigos!” – celebra Bu.

Bu empieza a correr por la zona, perseguido por el perrito.

Majin Bu se sienta en el suelo y el cachorro se sube en su barriga, lamiéndole la cara… y el monstruo responde de la misma forma, lamiendo al perrito.

Satán se queda sin palabras, confuso ante la extraña actitud del monstruo.

– “¿Este es el terrible Majin Bu?” – piensa el Campeón.

En la Atalaya de Kamisama, Piccolo y Dende observan la Tierra.

– “Es increíble…” – dice Kamisama. – “Parece que Bu se ha calmado…”

– “No podemos confiarnos…” – responde Piccolo. – “Puede que esto nos de un poco de tiempo hasta que Trunks esté listo…”

En la Sala del Espíritu y el Tiempo, Trunks duerme tirado en la cama.

En el Planeta Sagrado, Gohan ha superado las pruebas de Shin.

– “¡Esta espada es tremenda!” – dice el mestizo.

– “Está afilada… ¿Pero de verdad puede derrotar a Majin Bu?” – se pregunta Goku.

– “Ya veo que nada te convence…” – dice Shin, un poco molesto con las dudas del saiyajín.

El Dios alza su mano hacia el suelo e invoca un bloque metálico de color negro.

– “¿Qué es eso?” – pregunta Goku.

– “Hierro Katchin” – dice el Dios. – “Como el que mantenía la espada apresada.”

Shin le pasa el bloque a Goku, que lo sujeta sobre su cabeza.

– “Vaya…” – suspira el saiyajín. – “Pues parece muy resistente…”

– “¡Eso sí que es un reto!” – dice Gohan, arremangándose antes de ponerse en guardia.

Shin sonríe.

– “¿Listo, Gohan?” – pregunta Goku.

– “¡Listo!” – responde el mestizo.

El saiyajín lanza el bloque de metal hacia su hijo con todas sus fuerzas.

Gohan se dispone a cortar el hierro Katchin en dos, pero al propinarle un espadazo, el arma se parte en dos, dejando a todos boquiabiertos.

– “Oh, no…” – sufre Gohan.

– “La… la Espada Z…” – titubea el Kaioshin. – “La legendaria Espada Z…”

– “La idea de lanzarle eso fue suya…” – se excusa Goku.

– “Pero… pero se supone que esa espada otorga un poder extraordinario…” – dice Shin, asustado.

Una voz sorprende a nuestros amigos.

– “Eso no es del todo así… Jeje” – dice una voz masculina anciana.

Un viejo anciano vestido con ropas de Kaioshin ha aparecido de la nada en el Planeta Sagrado.

En la Tierra, Majin Bu y Satán juegan con el cachorro, lanzándole un palo para que vaya a recogerlo.

– “¡Mire como se divierte!” – dice Satán.

Bu asiente.

– “¡Yo para divertirme mato gente!” – dice el monstruo.

Una gota de sudor frío recorre la sien de Satán.

– “Y… ¿por qué hace eso?” – pregunta el Campeón.

– “Es lo que me enseñó mi creador.” – responde Bu.

– “¿Y no cree que esto es más divertido?” – pregunta Satán con temor.

– “Es posible…” – se rasca la barbilla Bu.

– “¡Pues no tiene que matar más!” – dice Satán.

Bu mira a Satán atentamente y en silencio, cosa que aterra al Campeón.

– “O… bueno… haga lo que quiera…” – se acobarda Satán.

– “¿Tú crees que matar está mal?” – pregunta Bu.

– “Sí… Claro…” – responde el Campeón.

– “Pues no mataré más.” – sonríe el monstruo.

– “¿No matarás a nadie más?” – pregunta Satán, confuso.

– “No.” – responde Majin Bu.

– “¡Eso es fantástico!” – celebra Satán.

De repente, un disparo lejano rompe el momento.

Satán se da la vuelta, y él y Majin Bu son testigos de la terrible escena. El cachorro ha sido recibido un disparo y ha caído al suelo.

ESPECIAL DBSNL /// El que vio // Universos 1, 2, 3, 4, 5, 6 y 7 / Parte II: Zeno

El que vio // Parte II: Zeno
“La oscuridad te consumirá para el resto de la eternidad.” 

El Dai Kaioshin y el Hakaishin se han reunido con los supervivientes de Konats en la plaza de la ciudad. Los representantes del pueblo rodean a los Dioses para escuchar sus peticiones. 

Un joven ira-aru aparece de la nada al lado del Dios. En sus manos lleva una gran espada.

– “Está todo listo.” – dice el recién llegado.

– “Gracias, Toshisei” – responde el Dai Kaioshin. – “Siento las molestias… No he podido sellar la esencia del monstruo por completo…”

El cuerpo del Dios tiembla. La oscuridad que contiene en su interior, el monstruo Hildegarn, lucha por salir.

El joven ofrece la espada al Dios, pero éste la rechaza.

– “Tendrás que hacerlo tú” – fuerza una sonrisa el Dai Kaioshin.

– “Si esas son sus órdenes…” – agacha la cabeza el ira-aru solemnemente.

Mientras tanto, Kawa sale tambaleándose de la gruta. Sus ojos están abiertos como platos, incrédulo ante lo que acaba de ver; un mortal ha derrotado a los Dioses.

Ramushi siente la energía de su pupilo y se teletransporta a su lado.

– “Kawa…” – dice asustado al ver el estado del gotokoneko. – “¿Y los Kaioshin?” – pregunta.

El aprendiz sigue en silencio.

– “Kawa… ¡Respóndeme!” – insiste Ramushi.

Al salir de la cueva, Kawa siente que sus fuerzas se recuperan lentamente.

– “Asesinados…” – revela el gotokoneko. – “…por un mortal.”

– “¿Qué?” – se sorprende el Dios de la Destrucción.

– “Jamás había visto un poder como ese…” – gruñe Kawa. – “Nos doblegó a su voluntad… No pudimos hacer nada…”

– “¿Y dónde está ese mortal?” – pregunta el Hakaishin.

Mientras tanto, en el planeta de Zeno, el pequeño Dios del Todo se encuentra sentado en su trono cuando siente una presencia que le perturba.

En la sala contigua, el brujo encapuchado ha aparecido de la nada.

– “¿Dónde estoy?” – se pregunta el hechicero. – “¿Es este el mundo real?”

El brujo ve unas puertas gigantescas frente a él y se aproxima a ellas. Tras examinarlas, decide empujarlas para abrirlas.

Las puertas chirrían mientras se abren y revelan la sala del trono, donde el Dios del Todo le espera.

– “¿Qué hace un mortal aquí?” – pregunta el Dios.

– “Tú…” – dice asombrado el brujo. – “Eres… ¿Qué significa esto?”

El Dios no responde.

– “Pero… No puede ser…” – titubea el hechicero. – “Es… un niño…”

Zeno se pone en pie y levita para acercarse al brujo hasta quedarse a unos pocos metros de él.

– “Cuida tus palabras, mortal.” – le amenaza el Dios del Todo. – “¿Quién eres?”

– “Me llamo Moro” – se presenta el hechicero.

– “¿A qué has venido?” – pregunta Zeno.

– “Busco respuestas.” – revela el brujo. – “¿Por qué existo? ¿Cuál es el propósito de nuestro mundo? ¿Por qué nos creaste?”

– “No necesito una razón.” – responde el Dios del Todo.

– “¡¿Cómo?!” – se sorprende Moro.

Zeno da la espalda al brujo, ofendiendéndolo.

– “He logrado llegar hasta aquí…” – gruñe el hechicero. – “¡Estoy cara a cara contigo! ¡En tu plano de existencia! ¡Exijo respuestas!”

El Dios del Todo se da la vuelta y clava una mirada de desprecio en el brujo.

– “Eres solo una serpiente que ha salido del terrario.” – dice Zeno.

Los dientes de Moro rechinan. El brujo aprieta los puños con rabia.

– “¿Cómo te atreves…?” – protesta Moro.

– “Un mortal no merece respuestas.” – dice Zeno. – “Ni yo necesito razones.”

Una extraña oscuridad empieza a rodear a Moro como un torbellino de tinieblas.

– “No he llegado hasta aquí para nada…” – amenaza el brujo.

Zeno observa las sombras que nacen de su adversario.

– “¿Qué poder es este?” – murmura el Dios.

– “Es el rencor de tu creación” – responde Moro.

Zeno frunce el ceño, preocupado por lo que está presenciando.

Mientras tanto, en Konats, el Dai Kaioshin ha imbuido el mandoble con su propia técnica de sellado.

– “En caso de que Hildegarn regrese, esto debería detenerle.” – explica el Dios.

El Dai Kaioshin hinca la rodilla, agotado.

Toshisei entrega la espada a los sabios de Konats.

Ramushi y Kawa han regresado a la plaza. Ahora es el Hakaishin quien imbuye dos pequeños instrumentos musicales con su técnica sonora.

– “Esto os ayudará.” – dice el Dios. – “Os dejo una parte de mi poder en estas ocarinas.”

Toshisei es de nuevo quien recoge los instrumentos y los entrega a los sabios.

La gente de Konats agradece los obsequios con una reverencia. Kawa sigue ensimismado, absorto en sus pensamientos.

El Dai Kaioshin fuerza una sonrisa.

– “Es el momento, Ramushi.” – dice el Dios.

– “¿Estás seguro?” – pregunta el Hakaishin.

– “No hay otra opción.” – responde el Kaioshin.

El Hakaishin se coloca frente al Dios.

– “Has salvado a esta gente.” – sentencia el paquidermo.

El Dai Kaioshin mira de reojo a Toshisei.

– “Dejo en tus manos el futuro de los Kaioshin” – dice el Dios.

Toshisei asiente.

Ramushi apunta al Dios protector con la mano derecha.

– “Hakai” – sentencia el Dios de la Destrucción solemnemente.

En el planeta de Zeno, Moro invoca poderes que el mismísimo Dios del Todo desconoce.

– “Mi poder es la respuesta a su desidia.” – gruñe el brujo.

– “No debería existir un poder como ese…” – piensa Zeno. – “El ki divino es puro.”

– “Toda luz genera sombras.” – sonríe Moro. – “¡Soy la encarnación de esa oscuridad!”

La mirada de Zeno se torna severa.

Moro se abalanza sobre el Dios con su mano derecha en alto.

– “Desaparece” – sentencia Zeno.

El brujo es sacudido por una corriente de aire que le frena.

Los dos adversarios se quedan perplejos ante lo ocurrido.

– “¿Qué?” – se preguntan los dos.

Moro observa sus manos atentamente.

– “Ja… jaja… jajaja… ¡JAJAJAJA!” – estalla en una sonora carcajada.

Una gota de sudor recorre la sien de Zeno.

– “¡No puedes detenerme!” – celebra Moro. 

Zeno alza su mano hacia el cielo y un estallido de luz inunda el lugar.

– “¿Qué haces?” – pregunta Moro, confuso.

– “Dejaré que te pudras en tu odio.” – sentencia Zeno.

– “¿Cómo dices?” – se extraña el brujo.

– “La oscuridad te consumirá para el resto de la eternidad.” – dice el Dios. – “Encerrado en este mundo. Tu propio reino de tinieblas.”

Zeno se eleva lentamente.

– “¡¿Intentas escapar?!” – gruñe el brujo.

De repente, los pies del brujo quedan atrapados en hielo.

– “¡¿QUÉ?!” – se asusta Moro. – “¡¿QUÉ ES ESTO?!”

El hielo se extiende por las piernas de Moro. Zeno sigue elevándose.

– “¡¡MALDITO SEAS!!” – grita el brujo. – “¡COBARDE!”

El Dios del Todo desaparece.

Los días pasan y, en el Planeta Sagrado de los Kaioshin, Toshisei presenta a Ramushi y Kawa a los nuevos Dioses

– “Bienvenidos, Kaioshin.” – saluda el Hakaishin.

– “Son débiles.” – gruñe Kawa.

– “¿Qué has dicho?” – protesta Ramushi.

De repente, un nuevo personaje aparece en el cielo del planeta y desciende hasta el suelo.

– “¿Quién es?” – se preguntan los Kaioshin.

El joven personaje de piel celeste, ojos grises y cabello blanco sonríe.

– “Vengo en nombre del señor Zeno.” – revela el ángel. – “Soy el Daishinkan.”

– “¿Sumo Sacerdote?” – frunce el ceño Ramushi.

Kawa aprieta sus puños con rabia.

– “Es una trampa…” – gruñe el aprendiz de Hakaishin. – “¡¡Seguro que es un truco del brujo!!” – exclama.

El gotokoneko se abalanza sobre el Daishinkan.

– “¡¡DETENTE, KAWA!!” – exclama Ramushi.

Un golpe de vara en la frente del felino lo remite de nuevo al suelo.

– “Veo que los ánimos están caldeados…” – sonríe el ángel.

Zeno aparece junto a su consejero.

– “El Daishinkan habla en mi nombre.” – revela Zeno. 

Todos los presentes se quedan asombrados al ver al Dios del Todo.

– “¡Señor Zeno!” – exclaman al unísono antes de arrodillarse.

– “Los eventos recientes han revelado que la creación necesita una mejor supervisión.” – explica el Dios. – “El ángel os ayudará en vuestro cometido.”

– “¿Y el brujo?” – pregunta un magullado Kawa.

– “El señor Zeno se ha encargado del mortal” – responde el Daishinkan.

Los Dioses aceptan las ordenes de Zeno sin rechistar.

En la cárcel de Moro, el brujo se encuentra encerrado en un pilar de hielo. Las sombras se filtran a través de finas grietas y se expanden por la superficie del planeta, corrompiendo todo lo que encuentran a su paso.

DBSNL // Capítulo 177: Cenizas

DBSNL // Capítulo 177: Cenizas

“Os enfrentáis a un mal muy antiguo y poderoso”

En la Tierra, Gohan ha colocado los cuerpos de Videl y Satán en su cama y los ha cubierto con una sábana. El viejo Bee llora con Gohan.

– “Lo sé, amigo…” – le dice el mestizo mientras le acaricia la cabeza. – “Lo sé…”

En la Corporación Cápsula, Pino ha sido llevado al taller y Brief se prepara para repararlo. Los demás esperan en el salón. Cell está en el balcón, mirando al horizonte.

– “Pobre Gohan…” – se preocupa Mai.

– “Todos hemos sufrido un duro golpe…” – suspira Ten.

– “Ojalá Son Goku estuviera aquí…” – murmura Krilín.

Mientras tanto, en Ryusei, Maraikoh ha llevado en brazos a Ub hasta su aldea, hecha de grandes casas de barro. Los habitantes del pueblo se arrodillan al ver pasar a un Kaioshin. Pan y Bra siguen al dragón avergonzadas por la situación.

– “¿Quiénes son estos tipos?” – susurra Pan.

– “No lo sé…” – responde Bra. – “Pero adoran al viejo…”

– “¿Debería decirles que ya no soy un Kaioshin?” – susurra Madas.

– “¡Ni se le ocurra!” – replican las chicas.

Gohan ahora ha visitado el Monte Paoz y ha dado reposo a Gyuma y Chichi. Bee espera acurrucado en la entrada.

En la Corporación Cápsula, Brief trabaja. Baicha sigue descansando. Cell sigue en el balcón. El resto de nuestros amigos se encuentra en el salón adyacente, recapacitando sobre lo mucho que han perdido hoy. 

Krilín está sentado en el sofá, cabizbajo. Mai está sentada en un sillón, tomando una taza de té. Ten Shin Han está de pie, apoyado en la pared.

– “¿Qué vamos a hacer?” – se pregunta el Ten.

Son Gohan entra en el salón, acompañado por el anciano perro.

– “Lo siento…” – se disculpa el mestizo por su repentina marcha. – “Tenía cosas que hacer.”

– “No te preocupes, Gohan.” – responde Krilín.

El perro camina hasta un rincón de la habitación y se pone cómodo.

– “¿Ese es Bee?” – pregunta Krilín, que no veía al perro desde hace años.

– “Sí…” – dice Gohan. – “No quería dejarle solo.”

El mestizo agacha la cabeza y clava su mirada en el suelo.

– “Krilín…” – dice el mestizo. – “Aún pude sentir la energía de Majin Bu en ellos… Por favor… Cuéntame lo qué ha pasado.”

En el planeta Popol, Kale y Tarble se han sentado apoyados en su nave averiada, abatidos ante la pérdida de su amigo.

– “¡Broly nos necesita!” – protesta Kale, impotente. – “¿Cómo saldremos de este planeta?”

– “Lo primero es sobrevivir… Las comunicaciones no funcionan…” – dice Tarble. – “Y yo me muero de hambre…” – dice mientras su barriga ruge.

– “No hemos visto a nadie…” – dice la saiyajín. – “¿Qué se puede comer en este planeta?”

Krilín le ha contado todo lo sucedido a Gohan. El mestizo está cabizbajo, intentando comprenderlo.

– “¿Y no hay rastro de papá? – pregunta Gohan. – “¿Ni de Vegeta?”

– “Nada.” – responde Mai.

– “Y Piccolo…” – gruñe el mestizo, apretando sus puños. – “Maldita sea…”

– “Lo siento, Gohan.” – dice Krilín.

– “Y sin Dende…” – suspira Ten. – “No hay Dragon Balls.”

En el balcón, Cell escucha la conversación en silencio.

Mientras tanto, Baba parece recuperar el conocimiento.

– “¡Baba!” – se alegra Krilín. 

– “Estoy bien…” – responde ella, un poco adormilada. – “Son Gohan… Me alegro de verte.” – dice al ver al mestizo.

– “Hola, Baba” – fuerza una sonrisa el hijo de Goku.

– “Siento mucho todo lo que ha pasado…” – dice la bruja. – “Ese hombre… Pude verlo…”

– “¿Ver a quién?” – pregunta Gohan.

– “La fuente de la oscuridad…” – dice Baba. 

Gohan frunce el ceño.

– “¿Puede encontrarlo?” – pregunta el mestizo.

– “Gohan…” – interviene Krilín. – “¿No estarás pensando en…?”

– “Voy a hacérselo pagar.” – dice Gohan. – “Vengaré a Videl y a Pan… A todos.”

– “No te apresures…” – sugiere Ten. – “A todos nos duele lo que ha pasado… Es mejor esperar y…”

– “¿Puede encontrar a ese tipo, Baba?” – insiste Gohan, ignorando a sus amigos.

El ímpetu del mestizo dibuja una sonrisa en el rostro de Cell.

– “Me gusta verte así, Son Gohan…” – interviene el insecto. – “Motivado…”

– “No estoy de humor, Cell.” – responde el mestizo.

Baba finalmente responde.

– “Necesitaré otra bola de cristal.” – dice la bruja.

– “¿Y dónde podemos encontrar una?” – pregunta Gohan.

– “En mi palacio…” – responde Baba. – “Tengo una de repuesto.”

– “Podemos usarla para encontrar a Goku y Vegeta” – dice Krilín. – “Buscar a ese tipo no es lo más sensato, Gohan.”

– “Voy a por ella” – dice el mestizo, caminando hacia la puerta.

Krilín se interpone en su camino.

– “¿Qué haces?” – le dice Gohan.

– “Yo iré a buscar la bola.” – dice el terrícola. – “Conozco el Palacio de Baba.”

El terrícola intenta reconfortar a su amigo agarrándole el brazo.

– “Estás enfadado.” – dice Krilín. – “Es normal… Pero sabes que no es el momento. Necesitas calmarte y pensar con claridad. Encontraremos una solución.”

Gohan aprieta los puños y sus ojos se llenan de lágrimas.

– “Ya las echo de menos, Krilín…” – dice el mestizo.

– “Lo sé, chico.” – dice su amigo. – “Yo también…”

Uranai Baba se pone en pie.

– “Necesitarás mi ayuda” – dice la bruja. – “Mi magia es necesaria para acceder a ciertas zonas del palacio.”

– “Está bien.” – asiente Krilín.

– “Os esperaremos aquí.” – dice Mai.

– “Mucha suerte.” – añade Ten.

Cell se da la vuelta y regresa al balcón.

– “Yo tengo cosas que hacer” – dice el insecto. – “Ya nos veremos.”

– “¿A dónde vas?” – pregunta Gohan.

Cell sonríe burlonamente.

– “No es asunto tuyo.” – responde el insecto.

La creación de Gero abre sus alas y se eleva antes de salir volando y desaparecer en el cielo.

Mientras tanto, en el taller, Brief repara al Número 16.

– “Siento mucho todo lo que ha pasado, Doctor” – dice Pino. – “Bulma y usted me recibieron como si fuera de la familia.”

– “Ha sido un día largo…” – suspira Brief.  – “Pero hablando de familia… Creo que tenemos que hablar.”

– “¿Qué ocurre?” – pregunta el robot.

– “¿Te suena de algo el nombre “Coronel Green”? – pregunta Brief, mientras trastea dentro del robot.

– “Aparece en mis archivos.” – responde Pino. – “Miembro de la Red Ribbon. Muerto en combate.”

– “¿Nada más?” – insiste el Doctor.

– “No.” – responde el androide.

– “¿Y la Doctora Oli?” – pregunta Brief.

– “No aparece en mi memoria.” – responde Pino. – “¿Debería?”

– “Creo que sí…” – suspira Brief. – “Verás…”

De repente, el teléfono de Brief empieza a sonar.

– “Qué momento tan inoportuno…” – protesta el doctor. – “Qué se esperen…”

Pino, sorprendido, mira al Doctor.

– “Pero…” – dice el robot.

– “Será algún vendedor…” – protesta mientras agarra una nueva herramienta.

– “Doctor Brief…” – insiste Pino, intentando hacer entrar en razón al viejo.

Brief al fin se da cuenta de lo que ocurre.

– “¡ALGUIEN ME LLAMA!” – se sobresalta, y enseguida corre hacia el teléfono, tropezándose con todo lo que encuentra a su paso.

Muy lejos de allí, en Konats, Hit, Trunks y Meerus se encuentran cara a cara en la puerta del templo Yahirodono.

– “Os enfrentáis a un mal muy antiguo y poderoso” – dice Meerus. – “Supongo que buscáis a Shiras… pero él es el menor de vuestros problemas.”

– “¿Cómo lo sabes?” – pregunta Trunks.

– “He trabajado con ellos” – dice el expatrullero.

– “¡Lo sabía!” – exclama el mestizo, que desenvaina su espada y se transforma en Súper Saiyajín.

Meerus sonríe.

– “No me creas tan estúpido…” – dice el mercenario. – “Tú y el legendario Hit podéis derrotarme en un santiamén. No busco pelear.”

– “Me conoces…” – dice Hit.

– “Y me decepciona que no me conozcas tú a mí…” – suspira Meerus.

– “¡Basta de juegos!” – se impacienta Trunks.

– “Voy a contaros todo lo que sé” – dice el mercenario. – “Debemos detener a ese tipo.”

– “¿Por qué?” – pregunta Hit. – “¿No trabajabas para él?”

– “Trabajo para el mejor postor” – dice Meerus. – “Y ha dejado de ser él. No acepto muerte y tinieblas como pago por mi trabajo.”

– “¿Y quién te paga ahora?” – pregunta Trunks.

– “Eso es confidencial.” – sonríe Meerus. – “Pero por ahora podéis considerar a mi benefactor como un aliado.”

Trunks sigue desconfiando del expatrullero.

– “Seguidme” – dice Meerus, entrando en el templo. – “Os enseñaré algo.”

DBZ – SAGA BU REWRITE / Capítulo 12: Mafuba

DBZ – Saga Bu Rewrite / Capítulo 12: Mafuba

Gohan y los androides embisten al monstruo.

El mestizo se adelanta a sus aliados y propina un puñetazo en la oronda panza de su adversario. Su puño se hunde en la barriga de Bu.

Los androides rodean al monstruo e intentan embestirle por la espalda, pero un nuevo rostro se materializa en la nuca de Majin Bu y sonríe a sus adversarios.

De repente, los brazos de Bu se dividen en cuatro y empieza a intercambiar golpes con Gohan y con los androides simultáneamente.

– “Esto es surrealista…” – piensa Gohan. – “¡¿De qué demonios está hecho este tipo?!”

Shin observa el combate muy preocupado.

– “Una técnica de sellado creada por un mortal…” – piensa el Dios, que ha leído la mente del mestizo. – “¿Será suficiente para encerrar a alguien como Majin Bu? Y si funciona… ¿a qué precio?”

Ten Shin Han y Chaoz, con el termo en la mano, no pierde detalle del combate. 

Gohan y los androides retroceden y disparan simultáneamente a Bu, que se ve atrapado entre los tres ataques de energía y encaja el golpe.

La polvareda se disipa lentamente. Bu ha recuperado su aspecto original, encarando al mestizo.

Majin Bu se coloca de perfil y apunta a Gohan con su manopla, en una pose que imita la técnica que usó Vegeta contra él, y dispara un veloz proyectil que sorprende a Gohan.

– “¡¿EH?!” – tarda en reaccionar el mestizo. – “¡¡MASENKO!!” – intenta contrarrestar el ataque.

Una gigantesca explosión tiene lugar.

Los presentes se preocupan por el muchacho.

– “¡GOHAN!” – exclama Shin.

La humareda se desvanece y revela al mestizo, que ha perdido la parte superior de su mono negro de Gran Saiyaman y solo le queda la parte inferior y las botas. Las palmas de sus manos y sus antebrazos están chamuscados.

– “Maldición…” – gruñe el mestizo. – “No esperaba esto…” 

Bu sonríe al ver el estado deplorable de su enemigo.

– “Je, je…” – presume el monstruo. – “Soy fuerte, ¿verdad? Te he dejado hecho una piltrafa.”

Gohan aprieta sus puños, nervioso ante el poder de su enemigo, que parece estar tomándose el combate como un juego de niños.

La mirada de Bu se torna sería de forma repentina; ojos de asesino.

– “Ahora te mataré.” – sentencia el monstruo.

Antes de que Gohan pueda reaccionar, Bu se ha lanzado como un proyectil contra el mestizo y le propina un puñetazo en el rostro que le lanza a cientos de metros de distancia.

Gohan se desliza sobre el suelo, creando un gran surco hasta detenerse.

Malherido, intenta incorporarse, pero al alzar su vista se topa con Bu cargando de nuevo contra él. El terror se apodera de su rostro.

En el último instante, los androides caen sobre Bu propinándole una doble patada en la cabeza, enterrando su cráneo en el suelo.

El Número 17 y la Número 18 agarran a Gohan y lo alejan del monstruo.

Shin y Satán corren a socorrer al mestizo.

– “¡Muchacho!” – exclama Satán.

– “¡Gohan!” – se preocupa Shin.

El mestizo, con el rostro ensangrentado y su visión borrosa, clava su mirada en Majin Bu.

– “Tiene que haber otra forma…” – sufre Ten.

– “Seguiremos con el plan…” – responde Gohan, que lucha para ponerse en pie.

– “Pero…” – duda Chaoz.

– “Puedo hacerlo.” – insiste el mestizo.

Ten Shin Han mira a su pequeño compañero.

– “Prepárate, Chaoz” – dice Ten.

Chaoz asiente.

Shin se sorprende ante la persistencia del chico y de los terrícolas.

Gohan se envuelve de nuevo en el aura de Súper Saiyajín 2.

Majin Bu logra sacar su cabeza del suelo y la sacude para quitarse los restos de tierra adheridos.

Los androides se colocan al lado del chico, pero el mestizo esta vez los detiene.

– “Pelearé solo.” – dice Gohan.

– “¡¿Solo?!” – se sorprende la Número 18.

– “Ese monstruo te matará.” – insiste el Número 17.

– “No…” – dice el mestizo. – “Aún no he usado todo mi poder…”

– “¿Qué?” – se sorprenden todos.

Gohan da un paso al frente, alejándose de sus amigos.

– “Si me enfadara…” – piensa Gohan. – “Si lograra enfadarme como esa vez contra Cell…”

Shin lee el pensamiento de Gohan.

– “¿De verdad aún no ha mostrado todo su potencial?” – se pregunta el Kaioshin.

El mestizo escupe un salivajo ensangrentado al suelo.

– “Dejaste la Tierra en mis manos, papá.” – piensa Gohan. – “No te fallaré.”

Majin Bu emite humo por sus orificios, listo para un nuevo asalto.

– “Os estáis burlando de mí…” – gruñe el monstruo.

Gohan embiste a Bu de frente, sorprendiendo al monstruo, que no esperaba un ataque directo.

El mestizo golpea a Bu en su rostro, hundiendo su puño en él, y luego dispara un ataque de ki con la misma mano que hace estallar la cabeza del monstruo.

Bu, decapitado, retrocede torpemente mientras Gohan da una voltereta hacia atrás para tomar distancia.

– “¡HAAAAAAA!” – dispara Gohan una ráfaga infinita con sus manos juntas. – “¡HA! ¡HA! ¡HA!” – continúa.

Las continuas explosiones llenan el terreno de combate de una gigantesca nube de polvo.

Lejos de allí, Videl recupera el conocimiento tirada en el suelo del bosque gracias al un incesante pitido intermitente.

La muchacha se incorpora, un poco aturdida, y se da cuenta de que el radar es la fuente del sonido.

Videl agarra el aparato y observa la pantalla. Seis esferas están en su poder, pero una última señal está en movimiento, no muy lejos de allí.

En la desértica zona de combate, Gohan sigue insistiendo en sus ataques.

– “¡Está manteniendo a Bu a raya!” – celebra Chaoz.

– “No…” – responde Shin con ánimo fúnebre. – “Ataques como esos no servirán contra Bu… Solo está malgastando energía…”

Gohan, cansado, cesa su ofensiva.

La polvareda se disipa y revela una masa rosada amorfa que se contonea.

– “Sigue vivo…” – Gohan aprieta los dientes frustrado.

El mestizo se prepara para lanzar un Kamehameha.

– “¡NO HE TERMINADO!” – exclama Gohan. – “Ka… Me… Ha… Me… ¡¡HAAAAAAAAA!!”

Bu, inmerso en la nube de polvo, puede ver como una luz azulada se abre paso rápidamente entre las partículas tierra. El monstruo intenta apartarse en el último instante.

El Kamehameha del mestizo engulle al monstruo y continúa hacia el horizonte hasta elevarse para abandonar el planeta.

Gohan, agotado, intenta recuperar el aliento mientras la polvareda se disipa. Su respiración es pesada.

Los presentes observan la escena asombrados, con miedo a celebrar la victoria. 

– “¿Lo ha conseguido?” – se pregunta la Número 18.

La nube de escombros empieza a disiparse, llevada por el viento, y revela una silueta deforme en forma de “C”. Majin Bu ha sufrido un severo castigo. Sus piernas, costado y brazo derechos, y cabeza han sobrevivido.

El horror embarga a Shin.

– “Sigue vivo…” – murmura el Dios. – “¡Sabía que no funcionaría!” – lamenta.

Pero Ten Shin Han y Chaoz parecen calmados. El guerrero de tres ojos hace una señal a su compañero.

Gohan esboza una media sonrisa que sorprende al Kaioshin.

El mestizo coloca los puños en sus caderas. Chaoz coloca el termo de café en el suelo.

Gohan aprieta los dientes.

– “¡Voy a encerrarte para siempre!” – exclama el mestizo.

La amenaza de Gohan aterroriza a Majin Bu, que nada teme más que un nuevo encierro.

– “¡¡MAFUBAAAAA!!” – grita el mestizo, extendiendo sus manos hacia el enemigo.

Un torbellino verde nace de Gohan y atrapa al malherido Majin Bu en una espiral de caos.

Bu, asustado, lucha por liberarse.

Una gota de sudor recorre la frente de Gohan. Está poniendo toda la energía que le queda en ese ataque.

El mestizo dirige el torbellino hacia el termo de café, pero un movimiento de Bu hace que el ataque se desvíe.

– “¡CUIDADO!” – exclama Shin.

Pero Chaoz usa su poder telekinético para mover el termo hacia el lugar adecuado para que Gohan acierte.

Majin Bu entra en el recipiente. Ten Shin Han se abalanza sobre él para cerrarlo y sellarlo.

Shin y los androides están asombrados.

– “Lo han logrado…” – murmura el Dios. – “Han encerrado a Majin Bu…”

Una sonrisa ilumina el rostro del Kaioshin.

– “¡FANTÁSTICO!” – salta de júbilo, celebrando la victoria.

Gohan sonríe, pero al instante se desmaya. Lapis lo sujeta, evitando que caiga al suelo.

– “Lo has conseguido, muchacho…” – dice el androide.

– “¡CHICO!” – se asusta Satán, que corre hacia él.

Ten Shin Han, con el termo en la mano, se acerca a Gohan.

– “Ha reducido la energía de Bu al máximo para poder sobrevivir a su encierro…” – esboza una media sonrisa. – “Brillante. Digno del hijo de Goku y el pupilo de Piccolo.”

– “¿Estará bien?” – pregunta el Campeón.

– “Sobrevivirá” – responde Ten.

En la Atalaya de Kamisama, Dende y los demás observan lo ocurrido.

– “Ha ganado…” – sonríe Kamisama.

– “¿Qué?” – se sorprende Krilín.

– “¡GOHAN HA GANADO!” – celebra Dende, agarrando las manos de Krilín para bailotear en círculo. – “¡HA ENCERRADO A BU!”

Chichi llora emocionada.

– “Mi Gohan…” – murmura orgullosa.

Dende detiene su baile y mira de nuevo hacia la Tierra.

– “Su energía ha disminuido mucho…” – dice el Dios. – “Iré a curarle y…”

Pero su rostro cambia de repente, embargado por el miedo.

– “¿Qué ocurre, Dende?” – pregunta Yamcha.

– “No… no es posible…” – titubea Kamisama.

Un sinuoso vapor rosado emana de las rendijas del recipiente en el que ha sido encerrado el monstruo.

– “Esta presencia…” – sufre Shin, aterrado.

El tapón del termo empieza a moverse lentamente hacia arriba, pero Ten Shin Han se apresura en apretarlo de nuevo.

– “¡Va a liberarse!” – exclama el guerrero.

Los androides, Chaoz, Satán y Shin se quedan petrificados.

– “¡MARCHAOS!” – grita Ten, que está haciendo un tetánico esfuerzo para mantener el recipiente cerrado.

Shin agarra a Gohan.

– “Conozco un lugar al que puedo llevármelo…” – dice el Dios. – “Es seguro. Cuidaré de él.”

– “A nosotros Bu no puede detectarnos.” – dicen los androides. – “Nos reuniremos con los demás en la Atalaya.”

– “Pero Ten…” – sufre Chaoz.

– “¡LARGO!” – insiste Ten.

Shin desaparece con Gohan. 

– “¡¿A dónde han ido?!” – exclama Satán, al ver que Shin y su yerno se han desvanecido.

La Número 18 agarra a Satán por el cuello de su gi.

– “Tú vienes con nosotros.” – dice la androide.

– “¡¿Qué?!” – se sorprende Satán. – “¡¿Yo?! ¡¿A dónde…?!”

De repente, el recipiente estalla, abatiendo a todos los presentes.

Ten Shin Han, Chaoz, Satán y los androides caen al suelo.

El humo que ha salido del recipiente se concentra y conforma de nuevo a Majin Bu, que luce el símbolo de la victoria.

– “¡BUUUUUUU!” – celebra el monstruo.

En la Atalaya de Kamisama, Dende y los demás pueden sentir el regreso del mal.

– “No…” – sufre Krilín. 

El horror de lo sucedido se refleja en los rostros de nuestros amigos en la Atalaya, que pueden sentir lo que ocurre en la Tierra.

Mientras tanto, Videl camina por el bosque siguiendo el rastro de la Dragon Ball, que está en movimiento.

– “Tiene que ser por aquí…” – piensa ella, que pese a estar agotada continúa avanzando. – “Se mueve en esa dirección…”

De repente, Mr. Satán despierta en un lugar desconocido; una pequeña casa de arcilla.

– “¿Dónde estoy…?” – se pregunta, confuso y aturdido. – “¿Qué ha pasado?”

Satán se levanta y echa un vistazo a su alrededor.

– “Este lugar…” – murmura asustado. – “Es…”

– “¡Buenos días!” – saluda Majin Bu.

– “¡AAAAAAHHHH!” – grita Satán.

El Campeón se deja caer de rodillas.

– “¡NO ME MATE!” – exclama Satán. – “¡POR FAVOR, NO ME MATE!”

Bu sonríe.

– “No te mataré.” – le tranquiliza el monstruo.

– “¿Ah, no?” – dice un confuso Satán.

– “Eres gracioso.” – responde Bu. – “Me caes bien.”

– “Le caigo bien…” – repite incrédulo el Campeón.

– “Vas a ser mi sirviente.” – sentencia el monstruo.

Mientras tanto, muy lejos de allí, en un paradisíaco planeta alejado del mundo mortal, Son Gohan recupera sus energías y despierta.

– “¡AH!” – se incorpora alterado.

– “Tranquilo, Son Gohan.” – le tranquiliza Shin, que se encuentra a su lado. – “Estás a salvo.”

– “¿Dónde estoy?” – se pregunta Gohan, mirando a su alrededor. – “¿Qué lugar es este?”

– “Estás en el Planeta Sagrado” – dice el Dios. – “Hogar de los Kaioshin.”

Gohan se da cuenta de que ahora va vestido con ropajes similares a las que llevaba Kibito.

– “El mundo de los Kaioshin…” – repite Gohan.

De repente, Gohan siente el ki del enemigo y recuerda todo lo que ha sucedido, poniéndose en pie de un salto.

– “¡Tengo que regresar a la Tierra!” – exclama el mestizo. – “¡Mis amigos están en peligro!”

– “Relájate, Son Gohan.” – dice Shin. – “No puedes regresar ahora. Necesitas entrenar si quieres derrotar a Majin Bu.”

Gohan aprieta los puños con impotencia.

– “Lo siento, Kaioshin…” – lamenta el mestizo. – “He fallado… y es mi responsabilidad solucionarlo… Pero dudo que sea capaz de alcanzar un poder capaz de derrotar a ese monstruo… Jamás había visto nada igual… y sus habilidades…”

Shin sonríe y mira por encima del hombro de Gohan a otra persona situada a su espalda.

– “No bajes los brazos, hijo.” – dice una voz que hiela la sangre del mestizo. – “No es propio de ti.”

Gohan, con cara de sorpresa, se da la vuelta rápidamente. Sus ojos se llenan de lágrimas al ver a su padre.

– “¡PAPÁ!” – exclama, abalanzándose sobre Goku.

Los dos se abrazan. Gohan llora desconsoladamente. Durante un instante vuelve a ser un niño.

– “¡Te he echado tanto de menos!” – dice el mestizo.

– “Estoy orgulloso de ti, hijo.” – le reconforta Goku. – “Has luchado bien.”

Shin asiste conmovido al reencuentro.

– “Debía haberte hecho caso cuando me hablaste del chico, Son Goku…” – suspira Shin, agachando la cabeza. – “Espero que perdones mi arrogancia.”

– “Ahora ya está aquí” – sonríe Goku. – “Pongámonos manos a la obra.”

– “¿Vas a entrenarme?” – pregunta Gohan.

– “No exactamente…” – responde su padre. 

– “Puede que haya otra forma de derrotar a Majin Bu…” – dice Shin. – “Una antigua leyenda…”

En la Atalaya de Kamisama, Dende y los demás se encuentran en el interior del palacio, abatidos ante lo sucedido.

– “Se acabó…” – gruñe Yamcha, que golpea la pared de la habitación. – “¡Maldita sea!”

– “Sin Vegeta y sin Gohan… ¿Qué podemos hacer?” – lamenta Krilín.

– “Y sin las Dragon Balls…” – suspira Dende.

En la habitación de al lado, Chichi llora consolada por Gyuma.

En la sala del Espíritu y el tiempo, Piccolo y Trunks entrenan ajenos a todo lo ocurrido.

Trunks cae de rodillas. El sudor recorre su mejilla y gotea en el suelo.

– “Te dije que no sería fácil…” – dice el namekiano. – “Si quieres dominar esta técnica, vas a sufrir más de lo que jamás has imaginado…”

El chico se pone en pie con determinación pese al temblor incesante de piernas.

– “Bien…” – sonríe Piccolo. – “Prepárate.”

En la casa de Majin Bu, el monstruo se da un baño mientras Satán le frota la espalda con una esponja.

– “Debe de estar muy cansado, señor Bu…” – finge Satán. – “¡Ha trabajado mucho!”

Bu se relaja en la bañera.

– “No te acostumbres, gordinfón…” – piensa Satán. – “Te prometo que me las pagarás…”