DBSNL // Capítulo 200: Heeter

DBSNL // Capítulo 200: Heeter

“No hagas nada estúpido…”


En Jung, nuestros amigos han aterrizado en una planicie

– “Oro azul…” – dice Pino al observar el brillo azulado que cubre el planeta.

Gohan, Pino y Krilín se disponen a salir del vehículo.

– “Quedaos en la nave.” – dice Gohan. – “No es necesario que vayamos todos.”

Ten Shin Han asiente.

– “Cuidaré de ellos.” – dice el maestro de Artes Marciales.

Gohan, el Número 16 y Krilín emprenden el vuelo. 

Muy lejos de allí, en el planeta Kabocha, Trunks, Shula, Reitan y Lemin han aterrizado en las afueras de una ciudad en ruinas y salen de la nave.

– “¿Por dónde empezamos?” – pregunta Trunks.

Reitan parece inquieto.

– “Me quedaré protegiendo la nave.” – dice el herajín.

– “¿Protegiéndola?” – se extraña Shula.

Lemin mira de reojo al herajín, con desconfianza.

Trunks se acerca a Reitan en tono conciliador.

– “¿Qué te ocurre?” – pregunta el saiyajín. – “Desde que nos dieron la misión estás muy irascible…”

– “No me gusta este lugar…” – protesta el herajín.

De repente, un ki sorprende a los presentes.

– “Alguien se acerca.” – murmura Shula.

Frente a ellos, la mujer pirata con rastas aterriza.

– “Hola, muchachos…” – saluda ella. – “Hola, Reitan.”

Shula y Trunks miran a su compañero, sorprendidos de que la mujer le conozca. Reitan frunce el ceño, incómodo.

En Jung, Gohan, Pino y Krilín sobrevuelan la zona y pronto se topan con un desfiladero artificial del que provine una escandalera.

– “¿Qué estará pasando ahí?” – se pregunta Gohan.

– “No seamos imprudentes…” – dice Krilín. – “Lo más sensato es buscar la Dragon Ball y…”

Gohan desciende. Pino lo sigue.

– “Maldita sea…” – protesta Krilín, que se resigna y se une a sus amigos.

Los tres aterrizan en el fondo del desfiladero. Soldados de armadura carmesí hacen guardia. Gente de múltiples razas trabaja picando piedra, muchos de ellos vestidos con harapos y con pintas de pordiosero.

Los gritos provienen de un soldado, que castiga con un látigo de energía a un anciano beppan muy cansado, que sufre de rodillas la penitencia a la que lo han sometido.

– “¡¡¿CREES QUE PUEDES DESCANSAR CUANDO QUIERES?!!” – grita el soldado, que azota al viejo. – “¡¡ESTÁS AQUÍ PARA TRABAJAR!! ¡¡AGRADECE QUE SIGUES VIVO!!”

Cuando va a azotar de nuevo al viejo, sin previo aviso, el soldado sale disparado y se estampa contra un muro, quedando incrustado en él; falleciendo en el acto. Gohan le ha propinado una patada por sorpresa. El látigo cae al suelo y se desactiva, quedando reducido a un cilindro metálico de unos veinte centímetros.

Una decena de soldados, alarmados por el estruendo, corren a ver lo ocurrido y pronto rodean a nuestros amigos.

Krilín socorre al anciano, mientras Gohan y Pino lo escoltan.

Los soldados desenfundan sus artefactos, pero estos al activarse revelan espadas de energía.

– “No queremos problemas.” – dice Pino.

Gohan aprieta sus puños con rabia.

– “Miserables…” – gruñe el mestizo. – “Esclavizar a esta gente…”

Gohan da un paso al frente y los soldados se ponen en guardia.

– “¡NO TE MUEVAS!” – exclama uno.

El mestizo alza su mano y con un empujón de energía hace saltar por los aires a varios enemigos.

– “¡MISERABLE!” – exclama otro soldado, que carga contra el mestizo.

Pero la voz de un superior lo detiene.

– “¡¡ALTO!!” – exclama el hombre de los Heeters.

Sus hombres se frenan sin dudar.

– “¡Estos hombres son invitados del señor Heeter!” – anuncia el superior. – “¡Son bienvenidos!”

– “¿Eh?” – se extrañan nuestros amigos.

– “Por favor, acompáñenme.” – añade el tipo haciendo una reverencia.

Nuestros amigos se miran entre ellos y luego siguen al soldado.

En Kabocha, la mujer se ha presentado ante Trunks y sus amigos.

– “Bienvenidos al planeta Kabocha.” – dice ella. – “El señor Nádor me envía para recibiros.”

– “¿Ha dicho Nádor?” – frunce el ceño Trunks, que ha oído ese nombre en la Patrulla.

– “Esto será un problema…” – murmura Shula.

La mujer sonríe.

– “¿No vas a presentarme a tus nuevos amigos, Reitan?” – dice ella en tono burlón.

El herajín parece nervioso.

– “¿De qué la conoces, Reitan?” – pregunta Trunks.

El cazarrecompensas ignora a Trunks.

– “No he venido a pelear, Macki” – dice Reitan.

– “Eso ya lo imagino…” – responde ella. – “No serías tan idiota.”

– “Déjanos hablar con el señor Nádor.” – dice Trunks. – “Nos iremos sin causar problemas.”

Macki ríe en tono burlón.

– “Aún no lo entendéis, ¿verdad?” – dice ella.

La mujer extiende su mano y dispara una esfera de ki verde. Nuestros amigos evaden el ataque saltando por los aires, pero la nave tek-tek es destruida

– “¡La nave!” – exclama Trunks.

– “Maldición…” – gruñe Shula.

Reitan agarra su espada, pero antes de poder desenvainar, Macki aparece a su espalda y le propina un golpe con sus puños unidos como un martillo.

El herajín se estrella contra el suelo.

– “¡REITAN!” – exclama Trunks.

Shula apunta a la mujer con su cañón de antebrazo y no duda en disparar, pero ella se revuelve y repele el golpe con una patada, desviándolo hacia el cielo.

Lemin aterriza en una colina cercana y se limita a observar.

Macki embiste a Shula, que con su brazo metálico se protege de una terrible patada que lo empuja contra una montaña cercana en la que se estrella.

Trunks lleva la mano a su espada, pero recuerda que la dejó en Dorakiya como fianza por la nave.

– “Maldición…” – protesta el mestizo.

Macki se abalanza sobre él y se dispone a propinarle un puñetazo, pero Trunks lo esquiva en el último momento y contraataca de la misma forma, sorprendiendo a su adversaria, que aún así logra esquivar el golpe sufriendo solo un pequeño arañazo en la mejilla.

Ambos guerreros retroceden a la vez y descienden, tomando tierra.

– “Hmmm…” – sonríe Macki.

La mujer se limpia la herida con el pulgar y observa como éste se ha manchado de sangre.

– “Eres hábil…” – dice ella. – “¿Quién eres?”

Trunks se pone en guardia.

– “Eso debería preguntar yo…” – dice el mestizo. – “¿Por qué nos atacas? ¿De qué conoces a Reitan?”

La media sonrisa de Macki se convierte en una mueca feroz. La mujer embiste a Trunks sin previo aviso, pero Trunks reacciona veloz, saliendo a por ella e interceptándola con un puñetazo en el estómago.

Macki sale volando hasta adentrarse en la ciudad en ruinas, destruyendo todos los edificios que encuentra a su paso.

Trunks suspira como alguien que ha terminado su trabajo.

Shula se acerca al mestizo.

– “Tu habilidad me sigue sorprendiendo.” – sonríe el ira-aru.

– “Tendremos que interrogarla…” – dice Trunks.

– “Yo me encargaré de eso.” – responde Shula.

La voz de Reitan les interrumpe.

– “Esto no ha terminado…” – dice el herajín. – “No será tan fácil…”

En Jung, nuestros amigos han sido guiados hasta la nave pirata ovalada.

– “Es aquí.” – dice el soldado. – “El señor Heeter os espera dentro.”

– “¿De verdad vamos a entrar?” – pregunta Krilín.

– “Esto me trae recuerdos…” – murmura Gohan.

– “Sabes que es una trampa, ¿verdad?” – dice Pino.

– “Siempre lo es…” – suspira el mestizo.

La entrada se ha abierto y una gran rampa se posa en el suelo, dejando pasar a nuestros amigos.

Gohan, Pino y Krilín se adentran en la nave.

Desde el despacho de Heeter, el pirata espacial observa al trío a través de un monitor.

– “Bien…” – sonríe el orondo líder, mientras con su dedo índice activa un auricular inalámbrico. – “Adelante.”

La compuerta se cierra tras nuestros guerreros, que se encuentran a oscuras en una habitación.

En la nave de la Patulla Galáctica, Ten Shin Han medita sober el techo de la nave, arrodillado, con los ojos cerrados.

– “¡¿EH?!” – despierta de sopetón.

Ten Shin Han logra evitar la acometida de un enemigo en el último momento, dando una voltereta en el suelo. Es el pirata grandullón que antes escoltaba a Heeter, que ha atravesado el casco de la nave de un puñetazo.

– “¡¿Quién eres tú?!” – pregunta Ten, poniéndose en pie.

El pirata sonríe con bravuconería.

En la nave pirata, nuestros amigos se encuentran a oscuras.

– “No veo nada…” – dice Krilín.

Los ojos de Gohan brillan de color verde, pero antes de que llegue a transformarse las luces del lugar se encienden e iluminan una gran sala circular.

– “¡BIENVENIDOS!” – saluda Heeter. – “Estáis en mi humilde morada. Soy el famoso y temido pirata Heeter. ¡Y vosotros sois mis invitados!”

– “¿De qué va esto?” – murmura Krilín.

– “¡Buena pregunta!” – responde el altavoz. – “Es muy sencillo.”

Las paredes se convierten en pantallas y éstas muestran a varios patrulleros encarcelados.

– “Vamos a jugar a un juego…” – dice Heeter. – “Yo me encuentro en lo más alto de esta nave. En cada nivel os espera uno de mis mejores luchadores que…”

Gohan aprieta los dientes mientas el pirata continúa su discurso.

– “No tengo tiempo para esto.” – refunfuña el mestizo.

– “¿Eh?” – dice Krilín. – “¿Qué quieres decir…?”

El ki de Gohan estalla, transformándose en Súper Saiyajín mientras atraviesa el techo de la sala.

– “¿Eh?” – se extraña Heeter en su despacho, que ve como sus cámaras se apagan piso a piso rápidamente. – “Pero, ¿qué…?”

Gohan atraviesa repentinamente el suelo del despacho, transformado en Súper Saiyajín.

– “¡¡¡YAAAAAAH!!!” – grita Heeter, aterrado, que cae de su silla de espaldas.

El mestizo se posa frente a él.

– “Libera a los patrulleros.” – dice Gohan, muy serio.

– “¿Qué…?” – dice Heeter, asustado. – “Pero… se suponía que… mi juego…”

Gohan le apunta con la mano.

– “Y libera a la gente que tienes esclavizada.” – añade el mestizo.

Krilín y Pino salen del agujero creado por Gohan y se posan a su lado.

Pino mira de reojo al mestizo con cierta suspicacia.

La mano de Gohan se ilumina.

– “La gente como tú…” – gruñe el mestizo. – “Freezer, Cell, Babidí… Sois todos deplorables…”

– “Gohan…” – se preocupa Krilín.

Una esfera de ki se materializa.

– “¡ESPERA! ¡ESPERA!” – exclama Heeter, nervioso. – “¡SI ME MATAS…! ¡VUESTROS AMIGOS…!”

Pino agarra el brazo de Gohan.

– “Espera.” – dice el androide. – “¿Nuestros amigos?” – le dice a Heeter.

El pirata respira aliviado.

– “Sí…” – se pone chulesco. – “Eso es… Vuestros amigos morirán si me hacéis daño…”

– “¿Qué amigos?” – pregunta Krilín.

De repente, un cuerpo atraviesa el techo de la nave, sorprendiendo al trio de guerreros; es Ten Shin Han.

– “¡TEN!” – exclama Krilín, que se agacha para socorrer a su compañero.

Gohan alza su mirada al cielo y, a través del agujero en el techo, puede ver a al grandullón, con Mai inconsciente bajo su brazo izquierdo.

– “Je…” – ríe el pirata, fanfarrón.

Heeter ríe aliviado.

– “Ja, ja, ja… Justo a tiempo, Oil…” – dice el pirata.

Gohan se coloca debajo del agujero y se prepara para alzar el vuelo, pero Pino le agarra el brazo.

– “No hagas nada estúpido…” – dice el Número 16. – “Desde que hemos llegado a Jung te estás precipitando.”

– “Me libraré de él en un instante.” – responde Gohan.

– “Si cometes un error, Mai lo pagará.” – le recuerda Pino.

Gohan parece contrariado, pero finalmente asiente.

– “Tienes razón.” – dice el mestizo. – “Tendré cuidado.”

Pino suelta a Gohan y éste sale de la nave por el orificio del techo.

– “Je, je, je…” – ríe el grandullón al Súper Saiyajín. – “Qué transformación tan curiosa…”

En Kabocha, Trunks y los demás ven a Macki caminar hacia ellos desde la ciudad en ruinas. Pese a haber recibido un duro golpe, no parece dispuesta a rendirse y en su rostro hay dibujada una sonrisa maliciosa.

En Jung, Oil lanza a Mai hacia Gohan, que la caza al vuelo.

– “¿Eh?” – se extraña el mestizo.

El pirata aprieta sus puños y una corriente de energía hace que su cabello se ondule, deshaciendo sus rastas. El pelo se tiñe de rojo y su piel azulada se torna verde.

– “¿Qué significa esto?” – se pregunta Gohan, confuso. – “Acaso sois…”

– “¡¡HAAAAAAA!!” – grita Oil, haciendo que su aura verde estalle y su musculatura aumente.

– “Herajín…” – murmura el mestizo.

En Kabocha, lo mismo ocurre con Macki, cuyo poder estalla al transformarse.

– “Me lo temía…” – murmura Trunks. – “Justo como Reitan…”

– “Justo como tú…” – dice el herajín.

– “¿Qué?” – reacciona confuso el mestizo.

ESPECIAL DBSNL /// El camino del ciego (Antología) // Universos 1, 2, 3, 4, 5, 6 y 7 / Parte I: Inugami

El camino del ciego (Antología) / Parte I: Inugami

“¿Darías tu vida a cambio?”

En el lejano Inushisei, siglos antes de la creación de Hildegarn, un misterioso ser encapuchado vaga por las calles del planeta, que goza de una civilización próspera de carácter clásico.

La raza de perros humanoides disfruta de una época de esplendor. Varios de ellos han sido considerados para el puesto de Kaioshin en varias ocasiones; muchos lo fueron en el pasado… pero en los últimos milenios, ese honor ha caído siempre en manos de los habitantes de Ira-aru, que ya han fundado una Academia destinada a preparar a los futuros candidatos a tal puesto de responsabilidad.

Los inushi no buscan gloria ni poder. Son una civilización con un carácter muy espiritual. Milenios atrás, adoraban a un Dios vengativo llamado Inugami, pero su templo fue enterrado en el corazón de una montaña para evitar su culto, pues con el tiempo llegó a ser considerado peligroso; una leyenda negra del planeta.

Un misterioso encapuchado abandona la ciudad y camina a través de una zona desértica, caminando durante horas, hasta que llega al pie de la montaña. El misterioso forastero examina el lugar y pronto identifica una gran roca con el kanji “Shin” grabada en ella.

El forastero utiliza la uña de su dedo índice para escribir una serie de jeroglíficos alrededor de la inscripción, y luego coloca la palma de su mano sobre el kanji principal.

Los jeroglíficos se iluminan y hacen brillar el kanji con luz blanca, que pronto se torna roja. La piedra se resquebraja y finalmente se fractura por completo, derrumbándose y revelando una entrada.

El encapuchado entra en la tenebrosa cripta.

Tras un largo camino entre túneles oscuros, el forastero llega al viejo templo sepultado y, sin dudarlo, se adentra en él.

El encapuchado llega a la sala principal, una zona amplia adornada por un altar en el que se encuentra una reliquia sagrada; una cabeza de inushi momificada, de gran tamaño.

El forastero pretende agarrar la cabeza del perro, pero ésta brilla intensamente con luz blanca y hace que el encapuchado se detenga.

Un cuerpo de luz brota de la cabeza Inushi. Un gigantesco perro se planta frente al extranjero.

– “¿Quién eres?” – pregunta la fantasmagórica aparición.

– “Alguien que busca respuestas.” – responde el forastero.

– “Si has sido capaz de llegar hasta mí, creo que no te falta conocimiento, brujo.” – dice el perro.

– “Quiero más.” – insiste el forastero. – “Quiero saberlo todo sobre los Dioses.”

– “Ese conocimiento no está permitido entre los mortales.” – responde el fantasma.

– “Lo necesito.” – dice el brujo. – “Necesito saber.”

– “¿Darías tu vida a cambio?” – pregunta el cánido.

– “Sí.” – responde el encapuchado. – “Cuéntamelo todo y luego toma mi vida.”

El perro se sorprende de que alguien sea capaz de aceptar ese trato.

– “Está bien.” – dice el perro, intrigado. – “Responderé tus preguntas.”

– “¿Cuántos Dioses hay?” – pregunta el forastero.

– “El hecho de que preguntes eso ya me dice que sabes más de lo que deberías…” – murmura el Dios. – “Cuatro Kaioshin protegen los distintos sectores del Universo.” – revela. – “Todos bajo el mando del Dai Kaioshin. Juntos se encargan de velar por la seguridad de los mortales.” – explica. – “Su contraparte es el Hakaishin, encargado de mantener el orden del universo eliminando las grandes amenazas y anomalías que aparecen. Mantiene el curso natural de la creación.”

– “Tú eras uno de esos Kaioshin…” – murmura el encapuchado. – “Inugami.”

– “Así es” – dice el antiguo Dios. – “Los sacerdotes de mi pueblo estaban entre los elegidos por los Dioses para optar al puesto de Kaioshin.”

– “¿Qué pasó para que te repudiaran?” – pregunta el forastero.

– “Una gran pandemia azotaba este planeta. Mi mundo.” – narra Inugami. – “Compartí mi luz con sus habitantes para protegerles. Actué de forma egoísta, salvando a mi gente y alterando el curso del Universo.”

– “Y fuiste castigado…” – murmura el brujo.

– “Fui repudiado por los Dioses.” – dice Inugami. – “Regresé a mi planeta, relevado de mi cargo. Fui recibido como un héroe, construyeron templos en mi honor y fui alabado durante milenios…”

– “Pero te olvidaron…” – dice el forastero.

– “Me culparon de que los Dioses dejaran de confiar en los inushi para ocupar los puestos sagrados.” – dice el Dios. – “Enterraron mi templo y mi pasado. Solo unos pocos recuerdan mi historia.”

El encapuchado murmura mientras parece meditar.

– “¿Complacido?” – pregunta Inugami.

– “¿Se puede matar a un Dios?” – pregunta el forastero.

– “Hmm…” – gruñe el can. – “¿Qué pregunta es esa?”

– “Una que entra en nuestro acuerdo.” – le recuerda el encapuchado.

– “Los Dioses son mortales.” – dice el inushi. – “Su puesto no les da inmunidad.”

– “Interesante…” – dice el encapuchado. – “Pero… ¿Qué hay por encima de ellos?”

– “¿Eh?” – se extraña Inugami. – “¿Por encima?”

– “Has dicho que los Kaioshin son elegidos.” – dice el brujo. – “¿Quién los elige? ¿Quién los puso allí?”

– “Alguien que sobrepasa cualquier poder comprensible para los mortales… y para los Dioses.” – revela el perro. – “La creación y la destrucción personificadas.”

– “¿Dónde le encuentro?” – pregunta el brujo.

– “Ja, ja, ja…” – ríe el cánido. – “Eso no es posible…”

– “Que forma tan hipócrita de decir que no lo sabes.” – dice el forastero con retintín.

– “¿Cómo dices?” – se ofende el viejo Dios.

– “Tu información me ha sido útil, pero insuficiente…” – murmura el encapuchado.

– “Cuida tus palabras, forastero…” – replica Inugami. – “Puedo tomar tu vida con rapidez o regocijarme en tu sufrimiento…”

– “Eso no ocurrirá.” – dice el extraño.

El perro muestra los dientes y luego se abalanza sobre el encapuchado.

Rápidamente, éste retrocede, evadiendo el mordisco del inushi.

El encapuchado se planta de nuevo. El perro gruñe.

– “¿Olvidaste nuestro trato?” – pregunta Inugami.

– “La palabra de un Dios no vale nada…” – responde el encapuchado. – “¿Por qué debería seguir atado a la mía?”

Inugami gruñe y enseña los dientes.

– “Morirás, forastero.” – sentencia el perro.

– “Algún día…” – responde el forastero. – “Pero no será aquí… no será hoy…”

La capucha que ocultaba el rostro del personaje ha caído; un hombre de piel azul y aspecto cabrío, con hocico, cuernos encorvados y barba blanca corta, con unas pocas arrugas en su rostro.

– “¿Quién eres tú, que osas retar a un Dios?” – pregunta Inugami.

El forastero no responde. Su mirada revela una determinación de la que el inushi se percata.

El perro ataca de nuevo y embiste a su enemigo, que salta hacia un lado, dejando que Inugami se estrelle contra la pared de la sala.

El brujo alza su mano y una columna de piedra brota del suelo bajo la barriga de Inugami, empujándole y estrellándole contra el techo.

De repente, un pulso de luz nace del perro y derrumba la columna de roca, liberándolo.

Inugami embiste de nuevo, pero el brujo se escurre entre las piernas del enemigo, evadiéndolo una vez más.

El perro da un coletazo al brujo, que se protege y sale repelido contra una pared, golpeándose contra ella.

Inugami se da la vuelta y gruñe de nuevo.

– “Hasta aquí ha llegado tu insolencia…” – refunfuña el perro. – “¡DESAPARECE CON MI LUZ!”

Un gran estallido de luz blanca proveniente del inushi inunda la sala.

– “Hmm…” – respira el perro.

Pero de repente, entre el resplandor impoluto, una mancha negra empieza a aumentar de tamaño.

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende el viejo Kaioshin. – “¡¿CÓMO ES POSIBLE?!”

– “Tu poder es solo una sombra de lo que fue…” – dice el brujo.

La oscuridad avanza por la sala.

El perro frunce el ceño, aterrado.

– “¿Q… quién…?” – tartamudea Inugami. – “¿Quién eres tú?”

La luz desaparece por completo. La oscuridad ahora envuelve a los dos personajes.

El brillo del cuerpo de Inugami cada vez es más tenue.

– “Soy quien doblegará la voluntad de los Dioses…” – responde el brujo.

El cuerpo del perro se desvanece completamente y la cabeza momificada cae al suelo.

El forastero se acerca a ella y la pisa, destrozándola.

– “Me llamo Moro.” – sentencia el brujo.

La ciudad siente un violento temblor y en el horizonte algunos pueden ver la montaña derrumbarse.

DBZ/S – SAGA BLACK REIMAGINED / Capítulo 11: Hakaishin

DBZ/S – Saga Black Reimagined / Capítulo 11: Hakaishin

En el futuro, los Kaioshin y Son Gohan han explicado la situación a los Kaios y a los guerreros Z.

– “Así que tú eres mi yo del pasado…” – dice Mirai Gohan. – “Bueno… de un pasado alternativo…” – rectifica.

– “Eso es” – dice nuestro Gohan.

– “No sé si lo entiendo…” – dice Goku, rascándose la cabeza.

– “¿Y Trunks?” – pregunta Gohan. – “¿Está por aquí?”

– “¿Trunks?” – se extrañan todos.

– “¿No ha llegado?” – insiste el mestizo.

– “No…” – dice Krilín.

– “¿Es que ha muerto?” – se preocupa Mirai Gohan.

Kaiosama interviene.

– “Siendo un héroe de la Tierra y amigo de Son Goku, se me habría notificado su muerte…” – dice el Kaio del Norte.

– “¡¿Está seguro?!” – pregunta Gohan. – “La Capital del Oeste ha sido arrasada y no sentí su ki en la Tierra…”

– “¿Puede preguntar al Rey Enma, Kaiosama?” – pregunta Goku.

El Kaio del Norte asiente y se concentra.

En el Puesto Fronterizo, el juez busca en sus archivos.

– “Trunks… Trunks…” – lee nombres de una lista. – “No, no hay ninguno.”

Kaiosama comunica la noticia.

– “No ha muerto.” – dice el Dios.

– “¡ESO ES FANTÁSTICO!” – celebran los Gohan al unísono.

– “Pero…” – duda nuestro mestizo. – “¿Dónde puede estar?”

En el otro futuro, en el planeta del Gran Kaio, Yamcha descansa tumbado en la hierba. Cerca de allí, Piccolo, Gohan y Trunks entrenan juntos, también lo hacen Krilín y Chaoz. Ten Shin Han medita en silencio bajo un árbol.

Piccolo se defiende de los ataques de Gohan y Trunks, ambos en estado base.

De repente, Shin, Kibito, Trunks, Goku y Kaiosama aparecen de la nada.

– “¡Goku!” – saluda Krilín.

Los guerreros se sorprenden al ver a Goku acompañado.

– “¿Quiénes son?” – pregunta Krilín.

– “Es una historia larga…” – dice Goku.

En ese instante, todos se fijan en que hay otro Trunks en el grupo.

– “¡¿EH?!” – exclaman todos.

– “Hola” – saludo nuestro Trunks con timidez.

En el presente, en Namek, la luz del ataque de Vegeta se ha disipado. Un kilométrico surco se ha dibujado en la superficie del planeta.

Vegeta recupera el aliento con una media sonrisa dibujada en su rostro.

La polvareda es llevada por una suave brisa que barre el terreno.

De repente, Vegeta identifica una silueta frente a él.

– “¡¿Qué?!” – se extraña el saiyajín.

Black, con la apariencia de Goku, está de pie y sin ningún rasguño; incluso su ropa ha sido reparada.

– “Aún no lo entiendes…” – dice el enemigo. – “Un mortal jamás podrá derrotarme.”

Vegeta frunce el ceño y aprieta los dientes.

– “Tsk…” – protesta el saiyajín.

En el Planeta Sagrado, Shin y Kibito se quedan de piedra.

– “¿Qué…? ¿Qué significa esto?” – titubea el Kaioshin del Este.

– “Es peor de lo que esperaba…” – murmura el anciano Dios.

Black aprieta sus puños. Un aura morada lo envuelve como una gran llama. El cabello de Goku se eleva lentamente llevado por la energía del aura.

– “Ahora te enseñaré hasta dónde llega el poder de un Dios…” – sonríe el enemigo d forma macabra.

En el futuro, Kaiosama intenta localizar a Trunks en la Tierra, pero sus esfuerzos son en vano.

– “No lo encuentro…” – dice el Dios. – “No está…”

– “Pero está vivo, ¿no?” – pregunta Goku.

– “Eso es seguro.” – asiente Kaiosama.

– “¡Bien!” – aprieta el puño el saiyajín. – “Pues seguro que regresará cuando pueda.”

– “¿Qué hacemos mientras tanto?” – dice Gohan.

– “Entrenar.” – dice Piccolo.

– “No es tan fácil…” – dice Gohan, rascándose la cabeza. – “Mi poder ya ha sido despertado…”

– “Así que as alcanzado tu límite, ¿eh?” – sonríe pícaramente Goku.

– “Eso parece…” – responde Gohan.

– “Muéstramelo.” – dice su padre.

– “¿Qué?” – se sorprende el mestizo.

Goku se da la vuelta hacia el Gran Kaio.

– “¡Gran Kaio!” – exclama Goku. – “¡Me gustaría pedirle un favor!”

– “¿Qué ocurre ahora, Son Goku?” – pregunta el Dios.

En el otro futuro, los Kaioshin y Trunks han explicado la situación a los guerreros Z y a Kaiosama.

– “Así que un Dios…” – murmura Piccolo, preocupado.

– “En estos momentos es cuando detesto estar muerto…” – se cruza de brazos Goku, decepcionado

– “Te fastidia no poder pelear contra él, ¿verdad?” – sonríe Krilín.

– “No sabes cuánto…” – protesta Goku.

Nuestro Trunks sonríe. Shin y Kibito se miran con sorpresa e incredulidad.

– “No has cambiado nada, Goku.” – dice el mestizo.

Mirai Gohan se acerca a nuestro amigo.

– “La sala del Espíritu y el Tiempo…” – murmura el Gohan. – “No sabía que existía tal cosa…”

– “Maestro…” – dice Trunks. – “Ya sé que no eres mi Gohan… pero te he echado mucho de menos…”

– “Te has hecho muy fuerte, Trunks.” – sonríe el mestizo. – “Mucho más de lo que había imaginado.”

– “Mucho más que yo.” – sonríe el otro Trunks. 

Nuestro mestizo sonríe.

 – “Siento mucho todo lo ocurrido.” – dice Trunks.

– “¿Sentirlo?” – dice Mirai Trunks. – “Me vengasteis cuando derrotasteis a Cell.”

Goku pone la mano en el hombro de Trunks.

– “Vegeta estaría orgulloso.” – dice el saiyajín. – “No me cabe duda.”

Shin tose, interrumpiendo el momento.

– “Deberíamos pensar en una manera de derrotar al enemigo…” – sugiere el Kaioshin con cierto retintín.

– “La Espada Z no responde a mí.” – dice Trunks. – “Puede que debamos encontrar a la persona indicada… ¿Será el Trunks de esta línea? ¿Gohan? ¿Son Goku?”

– “Podemos probarlo…” – dice Shin.

En Namek, Vegeta recibe un tremendo puñetazo del enemigo

– “¡¿EH?!” – se sorprende el saiyajín, que no ha sido capaz de interceptarlo.

Black activa su espada de energía e intenta ensartar a Vegeta, pero el saiyajín le sujeta el antebrazo.

 -“Grr…” – se esfuerza Vegeta para detener a su adversario.

Black sonríe y propina un cabezazo al saiyajín, haciéndolo retroceder. La nariz del guerrero sangra.

El Dios da una vuelta sobre sí mismo y patea a Vegeta, lanzándolo a varios kilómetros de distancia.

El saiyajín no tarda en salir de los escombros

– “¿De dónde sale todo este poder?” – se pregunta Vegeta, preocupado. – “Es descomunal… ¡Esto no debería ocurrir! Mi poder es devastador… ¡¿Es este el verdadero poder de un Dios?!”

Black camina tranquilamente hacia Vegeta.

– “Acabaré contigo…” – murmura el Dios. – “Y luego recuperaré lo que es mío…”

En el Planeta Sagrado, el anciano parece aterrado.

– “¿De qué está hablando, antepasado?” – pregunta Shin.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta Kibito.

Vegeta reaviva su aura.

– “No pienso perder este combate…” – murmura el saiyajín. – “No puedo permitirme morir… ¡No sin eliminarte!”

Black sonríe, fanfarrón.

– “Jamás podrás matarme.” – dice el Dios.

Black apunta con su mano a Vegeta y una espada de energía kilométrica se extiende a velocidad de vértigo, ensartando el abdomen de nuestro amigo y atravesándolo.

– “Bheee…” – derrama sangre Vegeta por su boca, que no ha sido capaz de percibir el ataque.

Black sonríe.

– “Muere, mortal.” – sentencia el Dios.

Vegeta agarra el haz de luz con sus manos.

– “Grrrr…” – sufre el saiyajín.

En su mente, imágenes de su vida. Su primer encuentro con Goku. El momento en que conoció a Bulma tras regresar de Namek. El nacimiento de Trunks. La despedida con Mirai Trunks. El reencuentro con sus amigos después de derrotar a Majin Bu.

Una lágrima recorre el rostro del saiyajín.

– “Lo siento… lo siento…” – repite Vegeta. – “Os he fallado…”

En su cabeza, Vegeta se encuentra de pie y desnudo en un lugar oscuro, solo iluminado por una luz en el cielo; cuando el saiyajín se da cuenta, alza la vista para mirarla: es la luna llena.

– “¿Eh?” – parece sorprenderse el saiyajín.

– “Vegeta…” – dice una ominosa voz. – “Hijo…”

– “¿Padre?” – se sorprende Vegeta.

– “No te rindas.” – dice el Rey Vegeta. – “No cometas el mismo error que yo.”

Vegeta no sabe cómo reaccionar.

– “No hinques la rodilla frente a nadie.” – dice el Rey. – “¡Jamás!”

Vegeta no puede creer esas palabras de su padre.

– “Sé un verdadero Rey.” – sentencia Vegeta III. – “¡LUCHA!”

Vegeta aprieta el haz de ki con fuerza y éste estalla en minúsculos fragmentos que rápidamente se disipan.

– “¿EH?” – se sorprende Black.

Los ojos de Vegeta son completamente rojos como la sangre. Sus pupilas han desaparecido.

– “¡¿QUÉ?!” – Black da un paso atrás.

Vegeta embiste. Su aura estalla contra el suelo, formando tres puntas hacia arriba y una hacia abajo que al chocar contra el terreno se expande lateralmente hacia los lados, generando así una forma que recuerda al símbolo de la Familia Real.

Como una locomotora llega hasta Black y le propina un puñetazo en el rostro, lanzándolo a varios kilómetros de distancia, atravesando montañas de roca a su paso.

Black se pone en pie rápidamente; la parte de su rostro que fue golpeada se ha teñido de color azul celeste.

Pero Vegeta ya lo ha alcanzado de nuevo y le agarra la cara con la mano, estrellándole la cabeza contra el suelo y arrastrándolo por el pavimento.

Entre los dedos de Vegeta puede adivinarse el rostro sorprendido del Dios.

Vegeta libera a Black, que continúa por inercia, y salta sobre él, propinándole una patada doble, enterrándolo en el suelo.

Vegeta da un paso atrás y brama al cielo.

– “¡¡GRRAAAAAAHHH!!”

Black está incrustado en el suelo, inmóvil. Parte de su cabello se ha tornado blanco.

Una luz roja lo ilumina; emana de la boca del saiyajín.

– “¡¿AH?!” – exclama con la voz rota.

Vegeta apunta a su adversario con la boca abierta y una esfera de ki rojo como la sangre se ha formado; la luz sale proyectada contra Black.

Una gran explosión inunda Namek. El haz de luz se incrusta en el planeta y estalle bajo su corteza, fracturando el terreno. Columnas de ki rojo emanan del suelo quebrado. 

El cielo del planeta se tiñe de rojo unos instantes. La luz puede verse desde el espacio.

En unos instantes, todo vuelve a la normalidad. El sueño ha quedado desierto e hirviendo.

Vegeta ha quedado agotado. Sus ojos vuelven a mostrar las pupilas verdes y el rojo se ha reducido a las ojeras. El saiyajín respira con dificultad, intentando recuperar el aliento.

A medida que se disipa la polvareda, un gigantesco y profundo cráter se revela frente a él. No puede verse el fundo.

De repente, una silueta asciende entre la polvareda.

Black está malherido, mantiene la apariencia de Goku, pero la mitad de su rostro es de azul celeste y parte de su cabello es blanco y largo. La esclera de su ojo izquierdo es roja.

– “Maldición…” – protesta el Dios. – “Un mortal… es solo un mortal…”

Vegeta aprieta los dientes, preocupado al ver que el enemigo ha sobrevivido.

El cuerpo de Black empieza a emanar una extraña neblina negra. Sus heridas se regeneran, pero su aspecto ya no es el de Goku, si no que la parte azul de su rostro la que se vuelve predominante y su ropa cambia por completo.

– “Jamás un mortal había sido capaz de hacerme tanto daño…” – gruñe el Dios. – “Si tuviera todo mi poder… Si estuviera completo… Un poder así no podría hacerme nada…”

Vegeta se pone en guardia.

– “¿Completo?” – piensa el saiyajín.

En el planeta de los Kaioshin, el anciano está nervioso.

– “¡TENÉIS QUE IROS!” – dice el viejo.

– “¿Qué?” – se extraña Shin.

– “¡Coged a Goku y largaos de aquí!” – insiste el Ro Kaioshin.

– “Pero…” – duda el Kaioshin del Este.

– “¡FUERA!” – grita el viejo.

En Namek, Vegeta está ante el aspecto original de Black.

– “Morirás aquí, Vegeta.” – sentencia el Dios, con una media sonrisa en su rostro.

El Dios da un paso al frente y Vegeta, aterrado, puede sentir como el horror se cierne sobre él.

DBSNL // Capítulo 199: Mercado negro

DBSNL // Capítulo 199: Mercado negro

“El universo en peligro… y nosotros haciendo recados…”

Han pasado varios días desde la derrota desde que el demonio Jaakuna Kaze fue derrotado y la Dragon Ball de dos estrellas fue recuperada por nuestros amigos.

La nave de la Patrulla Galáctica, pilotada por Pino, se acerca a un nuevo destino.

– “Ya hemos llegado.” – anuncia el androide.

Gohan, Krilín, Ten Shin Han, Mai y Baicha se acercan a la cristalera. Un planeta brilla de color azul.

– “El planeta Jung.” – dice Pino, leyendo el monitor de la mesa de comandos.

– “Es precioso…” – dice Mai.

Pino teclea.

– “Es una mina de oro azul.” – explica el Número 16. – “De aquí se extrae la moneda más codiciada de todo el universo conocido: el Azulejo.”

– “Impresionante…” – dice Krilín.

– “Pero si es tan importante…” – cavila Gohan. – “Debería estar más vigi…”

Las alarmas de la nave empiezan a sonar.

– “Nos atacan.” – dice Pino. – “Cinco naves.”

– “¡¿Por qué nos disparan?!” – pregunta Krilín. – “¡Esta nave es de la patrulla galáctica, ¿no?!”

Pino maniobra rápidamente haciendo girar la nave sobre sí misma. Dos proyectiles enemigos pasan de largo.

Cinco naves enemigas parecidas a moscas persiguen a nuestros amigos en formación ofensiva, dibujando una “V”.

Muy lejos de allí, en un viejo platillo tek-tek, Trunks, Reitan y Shura surcan el espacio.

El mestizo y el ira-aru están sentados en dos sillones, en una sala circular central. El herajín pilota en la cabina.

– “Así que te lo pusieron difícil…” – sonríe Trunks.

– “Tienen mucho genio…” – responde Shura. – “Sobretodo la pequeña de pelo azul…”

Trunks sonríe.

– “Sí…” – dice el mestizo. – “Tiene el genio de mi padre…”

– “¿Eh?” – se sorprende el ira-aru.

Reitan, desde la cabina, refunfuña malhumorado.

– “El universo en peligro… y nosotros haciendo recados…” – protesta el herajín.

– “Ya es lo que hacíamos…” – responde Shura, que le ha oído.

– “Pero con un objetivo en la guerra.” – replica Reitan. – “No para costear una nave… ¡Odio a ese viejo enano!”

– “El precio no es tan alto…” – intenta calmarlo Trunks.– “Pero me fastidia haber tenido que dejar mi espada como fianza.”

– “El tiempo es oro en estos momentos.” – insiste el herajín. – “Esto hace que perdamos demasiado…”

El misterioso Lemin sale de una habitación contigua al salón central.

– “Si no tenéis dinero, no es problema del señor Shamo.” – dice el misterioso guerrero, cubierto con su capa negra y luciendo su característico sombrero de ala ancha. – “Conseguid el artefacto y la nave es vuestra.”

– “Y encima tenemos que aguantar a éste…” – sigue protestando Reitan.

En Jung, la nave de la Patrulla sigue intentando escabullirse de los enemigos.

– “¿Qué está pasando?” – pregunta Krilín. – “¿Es que no podemos defendernos?”

– “Esta nave no está hecha para un combate aéreo cercano…” – dice Pino.

El androide aprieta un botón. De la parte trasera del vehículo sale bengalas que confunden a los misiles enemigos.

– “No tenemos su maniobrabilidad.” – dice Pino.

– “¿Y qué vamos a hacer?” – pregunta Ten. – “¡A este paso nos van a derribar!”

Pino se pone en pie.

– “Gohan, toma los mandos.” – dice el robot.

– “¿Qué? ¿Yo?” – se sorprende el mestizo.

Las naves están pilotadas por extraterrestres de piel verde oliva, vestidos con armaduras granates y cascos del mismo color, con visera amarilla.

– “Se acabó…” – murmura uno, que tiene a nuestros amigos en el punto de mira.

De repente, la compuerta de la nave de la Patrulla se abre. Pino sale al exterior.

– “¿Eh?” – se extraña el enemigo. – “¡¿Qué hace ese?! ¡Si no lleva escafandra!” – se sorprende.

El Número 16 apunta con su puño al enemigo y lo dispara.

La extremidad del androide atraviesa el vehículo enemigo, inhabilitándolo.

– “¡¿QUÉ ACABA DE OCURRIR?!” – se asusta otro piloto.

Pino abandona la nave y con su ametralladora de antebrazo neutraliza otra nave.

Las tres naves restantes se reagrupan y se preparan para contraatacar; formación en “V”.

– “¡ACABEMOS CON ESE BASTARDO!” – exclama uno.

Los tres se aproximan a Pino y disparan con sus ametralladoras. Las balas rebotan en el androide.

– “Un poco más…” – sonríe Pino, que mira de reojo a sus compañeros, que se están alejando de él.

De repente, Pino emite un pulso electromagnético que sacude a sus adversarios, cuyas naves quedan a la deriva en el espacio.

– “Je…” – sonríe Pino.

En unos minutos, nuestros amigos recogen al androide, que ya ha recuperado su puño.

– “¡Ha sido alucinante!” – lo felicita Gohan.

– “Es una de las mejoras del Doctor Norimaki.” – dice Pino. – “El mérito es suyo.”

– “Bien…” – sonríe Krilín. – “Ya podemos bajar a recoger la Dragon Ball…”

Ten Shin Han mira una de las naves enemigas por la ventana.

– “¿Quiénes eran?” – pregunta el guerreo de tres ojos.

– “No lo sé…” – dice Pino. – “Posiblemente bandidos…”

– “Este lugar debería estar custodiado por la Patrulla Galáctica…” – dice Gohan.

– “Será mejor tener cuidado.” – añade Mai.

Krilín suspira desanimado.

– “Nunca puede ser fácil, ¿no?” – murmura el terrícola.

En la superficie del planeta, una gigantesca nave en forma de huevo está posada entre montañas de cristalino oro azul.

En un gran salón, un extraterrestre horondo de color verde y cara de besugo, vestido con pantalón beige con cinturón azul y chaqueta roja, con un pañuelo blanco plisado en el cuello y con una gabardina azul sobre los hombros, espera sentado en su trono. Un subordinado entra en la sala y le interrumpe.

– “Señor, hemos perdido el contacto con cinco hombres.” – anuncia el soldado, vestido con el mismo uniforme que los pilotos.

– “¿Qué ha pasado?” – se extraña el extraterrestre en el trono.

– “Una nave enemiga está entrando en la atmósfera.” – informa su hombre. – “Parece ser de la Patrulla Galáctica.”

– “La Patrulla…” – murmura el jefe. – “Aún quedan algunos, ¿eh?”

– “¿Cuáles son sus órdenes, señor?” – pregunta el soldado.

El líder sonríe.

– “Déjenlos aterrizar.” – dice el extraterrestre. – “Nos encargaremos de ellos aquí mismo.”

Un hombre grandullón de piel azulada y una pequeña cresta de cabello rojo recogido en rastas sobre su cabeza, vestido con pantalón blanco, cinturón y botas azules, y un chaleco rojo con detalles dorados, espera con los brazos cruzados al lado del líder.

– “¿Les dejará llegar hasta usted?” – pregunta el fortachón. 

– “No se atreverán a hacer nada…” – dice el líder. – “Y si la cosa se complica, estás tú, ¿no?” – sonríe.

– “Je, je…” – presume el grandullón.

En los calabozos de la nave, un gran número de patrulleros galácticos está esposado y encerrado, custodiado por soldados enemigos. 

En otro punto de la galaxia, Trunks y los demás han llegado a su destino. La nave ha entrado en la atmósfera del planeta y se dispone a aterrizar.

– “Kabocha…” – murmura Shura al ver el astro por la ventana.

– “He oído historias…” – dice Trunks.

El paisaje es desolador. Ciudades en ruinas cubiertas por polvo y arena.

– “Recoome, un miembro de las Fuerzas Espaciales Ginyu traicionó a su propia raza.” – dice Shura. – “El planeta fue arrasado y la familia Real exterminada.”

– “Es terrible…” – dice el mestizo. – “¿Por qué lo haría?”

Lemin interviene.

– “Los kabocha son fuertes pero testarudos.” – dice el misterioso guerrero.

– “Planeaban una revuelta… y Recoome informó a Freezer.” – dice el ira-aru.

– “Bastardo…” – se enfada Trunks, apretando su puño. – “Qué ser tan despreciable…”

La nave ha tomado tierra y Reitan abandona los mandos.

– “Démonos prisa.” – dice el herajín. – “Terminemos cuanto antes.”

Reitan abre la compuerta de la nave y sale al exterior.

– “¿Qué le pasa?” – se pregunta Trunks.

Lemin gruñe con desconfianza.

En un lugar remoto del planeta, una nave discoidea con cuatro extremidades ancladas al suelo reposa. Una “N” dorada sobre un fondo plateado luce en el tejado.

En un despacho, un lupino de pelaje verde y traje rojo elegante escucha sentado en un escritorio.

– “La oferta es interesante…” – dice el cánido.

Frente a él, un hombre de piel azul y cabello largo rojo recogido en rastas y coleta, vestido con un pantalón blanco, cinturón y botas azules, y chaleco rojo con detalles dorados. A su lado, una mujer de menor estatura, cabello con estilo similar, botas altas azules, pantalón corto blancos, camisa blanca y corsé rojo con los mismos detalles dorados.

– “El señor Heeter está dispuesto a negociar.” – dice el varón. – “Ahora que una de las mayores minas de oro azul está en su poder, seremos nosotros quienes dominaremos el poder económico del Universo. Juntos; los Heeter y los Nádor. Incluso el Imperio tendrá que pedirnos préstamos…” – expone con chulería. – “¿No disfrutaría de tener al Emperador suplicando ayuda?”

– “Si es cierto lo que dicen, y Freezer ha regresado, no es de los que piden nada…” – dice el lupino.

– “Señor Shosa, por favor…” – dice con retintín. – “No crea esos cuentos para asustar a los niños… Freezer está muerto. Liquir es mucho más benévolo con su pueblo. Suplicará.”

– “¿Y el herajín?” – pregunta Shosa. – “¿Qué esperas hacer con él? Él y Liquir pudieron con Cooler…”

– “No se preocupe por Reitan…” – dice el bandido. – “Nosotros nos encargaremos de él personalmente.”

Un soldado vestido con ropa elegante de corte similar a su líder.

– “Una nave tek-tek ha tomado tierra.” – dice el hombre. – “Tal y como usted nos había advertido.”

El bandido esboza una media sonrisa.

La mujer da un paso al frente y hace una reverencia a Shosa y a su acompañante.

– “Será un placer.” – sonríe ella.