DBZ/S – SAGA BLACK REIMAGINED / Capítulo 11: Hakaishin

DBZ/S – Saga Black Reimagined / Capítulo 11: Hakaishin

En el futuro, los Kaioshin y Son Gohan han explicado la situación a los Kaios y a los guerreros Z.

– “Así que tú eres mi yo del pasado…” – dice Mirai Gohan. – “Bueno… de un pasado alternativo…” – rectifica.

– “Eso es” – dice nuestro Gohan.

– “No sé si lo entiendo…” – dice Goku, rascándose la cabeza.

– “¿Y Trunks?” – pregunta Gohan. – “¿Está por aquí?”

– “¿Trunks?” – se extrañan todos.

– “¿No ha llegado?” – insiste el mestizo.

– “No…” – dice Krilín.

– “¿Es que ha muerto?” – se preocupa Mirai Gohan.

Kaiosama interviene.

– “Siendo un héroe de la Tierra y amigo de Son Goku, se me habría notificado su muerte…” – dice el Kaio del Norte.

– “¡¿Está seguro?!” – pregunta Gohan. – “La Capital del Oeste ha sido arrasada y no sentí su ki en la Tierra…”

– “¿Puede preguntar al Rey Enma, Kaiosama?” – pregunta Goku.

El Kaio del Norte asiente y se concentra.

En el Puesto Fronterizo, el juez busca en sus archivos.

– “Trunks… Trunks…” – lee nombres de una lista. – “No, no hay ninguno.”

Kaiosama comunica la noticia.

– “No ha muerto.” – dice el Dios.

– “¡ESO ES FANTÁSTICO!” – celebran los Gohan al unísono.

– “Pero…” – duda nuestro mestizo. – “¿Dónde puede estar?”

En el otro futuro, en el planeta del Gran Kaio, Yamcha descansa tumbado en la hierba. Cerca de allí, Piccolo, Gohan y Trunks entrenan juntos, también lo hacen Krilín y Chaoz. Ten Shin Han medita en silencio bajo un árbol.

Piccolo se defiende de los ataques de Gohan y Trunks, ambos en estado base.

De repente, Shin, Kibito, Trunks, Goku y Kaiosama aparecen de la nada.

– “¡Goku!” – saluda Krilín.

Los guerreros se sorprenden al ver a Goku acompañado.

– “¿Quiénes son?” – pregunta Krilín.

– “Es una historia larga…” – dice Goku.

En ese instante, todos se fijan en que hay otro Trunks en el grupo.

– “¡¿EH?!” – exclaman todos.

– “Hola” – saludo nuestro Trunks con timidez.

En el presente, en Namek, la luz del ataque de Vegeta se ha disipado. Un kilométrico surco se ha dibujado en la superficie del planeta.

Vegeta recupera el aliento con una media sonrisa dibujada en su rostro.

La polvareda es llevada por una suave brisa que barre el terreno.

De repente, Vegeta identifica una silueta frente a él.

– “¡¿Qué?!” – se extraña el saiyajín.

Black, con la apariencia de Goku, está de pie y sin ningún rasguño; incluso su ropa ha sido reparada.

– “Aún no lo entiendes…” – dice el enemigo. – “Un mortal jamás podrá derrotarme.”

Vegeta frunce el ceño y aprieta los dientes.

– “Tsk…” – protesta el saiyajín.

En el Planeta Sagrado, Shin y Kibito se quedan de piedra.

– “¿Qué…? ¿Qué significa esto?” – titubea el Kaioshin del Este.

– “Es peor de lo que esperaba…” – murmura el anciano Dios.

Black aprieta sus puños. Un aura morada lo envuelve como una gran llama. El cabello de Goku se eleva lentamente llevado por la energía del aura.

– “Ahora te enseñaré hasta dónde llega el poder de un Dios…” – sonríe el enemigo d forma macabra.

En el futuro, Kaiosama intenta localizar a Trunks en la Tierra, pero sus esfuerzos son en vano.

– “No lo encuentro…” – dice el Dios. – “No está…”

– “Pero está vivo, ¿no?” – pregunta Goku.

– “Eso es seguro.” – asiente Kaiosama.

– “¡Bien!” – aprieta el puño el saiyajín. – “Pues seguro que regresará cuando pueda.”

– “¿Qué hacemos mientras tanto?” – dice Gohan.

– “Entrenar.” – dice Piccolo.

– “No es tan fácil…” – dice Gohan, rascándose la cabeza. – “Mi poder ya ha sido despertado…”

– “Así que as alcanzado tu límite, ¿eh?” – sonríe pícaramente Goku.

– “Eso parece…” – responde Gohan.

– “Muéstramelo.” – dice su padre.

– “¿Qué?” – se sorprende el mestizo.

Goku se da la vuelta hacia el Gran Kaio.

– “¡Gran Kaio!” – exclama Goku. – “¡Me gustaría pedirle un favor!”

– “¿Qué ocurre ahora, Son Goku?” – pregunta el Dios.

En el otro futuro, los Kaioshin y Trunks han explicado la situación a los guerreros Z y a Kaiosama.

– “Así que un Dios…” – murmura Piccolo, preocupado.

– “En estos momentos es cuando detesto estar muerto…” – se cruza de brazos Goku, decepcionado

– “Te fastidia no poder pelear contra él, ¿verdad?” – sonríe Krilín.

– “No sabes cuánto…” – protesta Goku.

Nuestro Trunks sonríe. Shin y Kibito se miran con sorpresa e incredulidad.

– “No has cambiado nada, Goku.” – dice el mestizo.

Mirai Gohan se acerca a nuestro amigo.

– “La sala del Espíritu y el Tiempo…” – murmura el Gohan. – “No sabía que existía tal cosa…”

– “Maestro…” – dice Trunks. – “Ya sé que no eres mi Gohan… pero te he echado mucho de menos…”

– “Te has hecho muy fuerte, Trunks.” – sonríe el mestizo. – “Mucho más de lo que había imaginado.”

– “Mucho más que yo.” – sonríe el otro Trunks. 

Nuestro mestizo sonríe.

 – “Siento mucho todo lo ocurrido.” – dice Trunks.

– “¿Sentirlo?” – dice Mirai Trunks. – “Me vengasteis cuando derrotasteis a Cell.”

Goku pone la mano en el hombro de Trunks.

– “Vegeta estaría orgulloso.” – dice el saiyajín. – “No me cabe duda.”

Shin tose, interrumpiendo el momento.

– “Deberíamos pensar en una manera de derrotar al enemigo…” – sugiere el Kaioshin con cierto retintín.

– “La Espada Z no responde a mí.” – dice Trunks. – “Puede que debamos encontrar a la persona indicada… ¿Será el Trunks de esta línea? ¿Gohan? ¿Son Goku?”

– “Podemos probarlo…” – dice Shin.

En Namek, Vegeta recibe un tremendo puñetazo del enemigo

– “¡¿EH?!” – se sorprende el saiyajín, que no ha sido capaz de interceptarlo.

Black activa su espada de energía e intenta ensartar a Vegeta, pero el saiyajín le sujeta el antebrazo.

 -“Grr…” – se esfuerza Vegeta para detener a su adversario.

Black sonríe y propina un cabezazo al saiyajín, haciéndolo retroceder. La nariz del guerrero sangra.

El Dios da una vuelta sobre sí mismo y patea a Vegeta, lanzándolo a varios kilómetros de distancia.

El saiyajín no tarda en salir de los escombros

– “¿De dónde sale todo este poder?” – se pregunta Vegeta, preocupado. – “Es descomunal… ¡Esto no debería ocurrir! Mi poder es devastador… ¡¿Es este el verdadero poder de un Dios?!”

Black camina tranquilamente hacia Vegeta.

– “Acabaré contigo…” – murmura el Dios. – “Y luego recuperaré lo que es mío…”

En el Planeta Sagrado, el anciano parece aterrado.

– “¿De qué está hablando, antepasado?” – pregunta Shin.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta Kibito.

Vegeta reaviva su aura.

– “No pienso perder este combate…” – murmura el saiyajín. – “No puedo permitirme morir… ¡No sin eliminarte!”

Black sonríe, fanfarrón.

– “Jamás podrás matarme.” – dice el Dios.

Black apunta con su mano a Vegeta y una espada de energía kilométrica se extiende a velocidad de vértigo, ensartando el abdomen de nuestro amigo y atravesándolo.

– “Bheee…” – derrama sangre Vegeta por su boca, que no ha sido capaz de percibir el ataque.

Black sonríe.

– “Muere, mortal.” – sentencia el Dios.

Vegeta agarra el haz de luz con sus manos.

– “Grrrr…” – sufre el saiyajín.

En su mente, imágenes de su vida. Su primer encuentro con Goku. El momento en que conoció a Bulma tras regresar de Namek. El nacimiento de Trunks. La despedida con Mirai Trunks. El reencuentro con sus amigos después de derrotar a Majin Bu.

Una lágrima recorre el rostro del saiyajín.

– “Lo siento… lo siento…” – repite Vegeta. – “Os he fallado…”

En su cabeza, Vegeta se encuentra de pie y desnudo en un lugar oscuro, solo iluminado por una luz en el cielo; cuando el saiyajín se da cuenta, alza la vista para mirarla: es la luna llena.

– “¿Eh?” – parece sorprenderse el saiyajín.

– “Vegeta…” – dice una ominosa voz. – “Hijo…”

– “¿Padre?” – se sorprende Vegeta.

– “No te rindas.” – dice el Rey Vegeta. – “No cometas el mismo error que yo.”

Vegeta no sabe cómo reaccionar.

– “No hinques la rodilla frente a nadie.” – dice el Rey. – “¡Jamás!”

Vegeta no puede creer esas palabras de su padre.

– “Sé un verdadero Rey.” – sentencia Vegeta III. – “¡LUCHA!”

Vegeta aprieta el haz de ki con fuerza y éste estalla en minúsculos fragmentos que rápidamente se disipan.

– “¿EH?” – se sorprende Black.

Los ojos de Vegeta son completamente rojos como la sangre. Sus pupilas han desaparecido.

– “¡¿QUÉ?!” – Black da un paso atrás.

Vegeta embiste. Su aura estalla contra el suelo, formando tres puntas hacia arriba y una hacia abajo que al chocar contra el terreno se expande lateralmente hacia los lados, generando así una forma que recuerda al símbolo de la Familia Real.

Como una locomotora llega hasta Black y le propina un puñetazo en el rostro, lanzándolo a varios kilómetros de distancia, atravesando montañas de roca a su paso.

Black se pone en pie rápidamente; la parte de su rostro que fue golpeada se ha teñido de color azul celeste.

Pero Vegeta ya lo ha alcanzado de nuevo y le agarra la cara con la mano, estrellándole la cabeza contra el suelo y arrastrándolo por el pavimento.

Entre los dedos de Vegeta puede adivinarse el rostro sorprendido del Dios.

Vegeta libera a Black, que continúa por inercia, y salta sobre él, propinándole una patada doble, enterrándolo en el suelo.

Vegeta da un paso atrás y brama al cielo.

– “¡¡GRRAAAAAAHHH!!”

Black está incrustado en el suelo, inmóvil. Parte de su cabello se ha tornado blanco.

Una luz roja lo ilumina; emana de la boca del saiyajín.

– “¡¿AH?!” – exclama con la voz rota.

Vegeta apunta a su adversario con la boca abierta y una esfera de ki rojo como la sangre se ha formado; la luz sale proyectada contra Black.

Una gran explosión inunda Namek. El haz de luz se incrusta en el planeta y estalle bajo su corteza, fracturando el terreno. Columnas de ki rojo emanan del suelo quebrado. 

El cielo del planeta se tiñe de rojo unos instantes. La luz puede verse desde el espacio.

En unos instantes, todo vuelve a la normalidad. El sueño ha quedado desierto e hirviendo.

Vegeta ha quedado agotado. Sus ojos vuelven a mostrar las pupilas verdes y el rojo se ha reducido a las ojeras. El saiyajín respira con dificultad, intentando recuperar el aliento.

A medida que se disipa la polvareda, un gigantesco y profundo cráter se revela frente a él. No puede verse el fundo.

De repente, una silueta asciende entre la polvareda.

Black está malherido, mantiene la apariencia de Goku, pero la mitad de su rostro es de azul celeste y parte de su cabello es blanco y largo. La esclera de su ojo izquierdo es roja.

– “Maldición…” – protesta el Dios. – “Un mortal… es solo un mortal…”

Vegeta aprieta los dientes, preocupado al ver que el enemigo ha sobrevivido.

El cuerpo de Black empieza a emanar una extraña neblina negra. Sus heridas se regeneran, pero su aspecto ya no es el de Goku, si no que la parte azul de su rostro la que se vuelve predominante y su ropa cambia por completo.

– “Jamás un mortal había sido capaz de hacerme tanto daño…” – gruñe el Dios. – “Si tuviera todo mi poder… Si estuviera completo… Un poder así no podría hacerme nada…”

Vegeta se pone en guardia.

– “¿Completo?” – piensa el saiyajín.

En el planeta de los Kaioshin, el anciano está nervioso.

– “¡TENÉIS QUE IROS!” – dice el viejo.

– “¿Qué?” – se extraña Shin.

– “¡Coged a Goku y largaos de aquí!” – insiste el Ro Kaioshin.

– “Pero…” – duda el Kaioshin del Este.

– “¡FUERA!” – grita el viejo.

En Namek, Vegeta está ante el aspecto original de Black.

– “Morirás aquí, Vegeta.” – sentencia el Dios, con una media sonrisa en su rostro.

El Dios da un paso al frente y Vegeta, aterrado, puede sentir como el horror se cierne sobre él.

DBSNL // Capítulo 199: Mercado negro

DBSNL // Capítulo 199: Mercado negro

“El universo en peligro… y nosotros haciendo recados…”

Han pasado varios días desde la derrota desde que el demonio Jaakuna Kaze fue derrotado y la Dragon Ball de dos estrellas fue recuperada por nuestros amigos.

La nave de la Patrulla Galáctica, pilotada por Pino, se acerca a un nuevo destino.

– “Ya hemos llegado.” – anuncia el androide.

Gohan, Krilín, Ten Shin Han, Mai y Baicha se acercan a la cristalera. Un planeta brilla de color azul.

– “El planeta Jung.” – dice Pino, leyendo el monitor de la mesa de comandos.

– “Es precioso…” – dice Mai.

Pino teclea.

– “Es una mina de oro azul.” – explica el Número 16. – “De aquí se extrae la moneda más codiciada de todo el universo conocido: el Azulejo.”

– “Impresionante…” – dice Krilín.

– “Pero si es tan importante…” – cavila Gohan. – “Debería estar más vigi…”

Las alarmas de la nave empiezan a sonar.

– “Nos atacan.” – dice Pino. – “Cinco naves.”

– “¡¿Por qué nos disparan?!” – pregunta Krilín. – “¡Esta nave es de la patrulla galáctica, ¿no?!”

Pino maniobra rápidamente haciendo girar la nave sobre sí misma. Dos proyectiles enemigos pasan de largo.

Cinco naves enemigas parecidas a moscas persiguen a nuestros amigos en formación ofensiva, dibujando una “V”.

Muy lejos de allí, en un viejo platillo tek-tek, Trunks, Reitan y Shura surcan el espacio.

El mestizo y el ira-aru están sentados en dos sillones, en una sala circular central. El herajín pilota en la cabina.

– “Así que te lo pusieron difícil…” – sonríe Trunks.

– “Tienen mucho genio…” – responde Shura. – “Sobretodo la pequeña de pelo azul…”

Trunks sonríe.

– “Sí…” – dice el mestizo. – “Tiene el genio de mi padre…”

– “¿Eh?” – se sorprende el ira-aru.

Reitan, desde la cabina, refunfuña malhumorado.

– “El universo en peligro… y nosotros haciendo recados…” – protesta el herajín.

– “Ya es lo que hacíamos…” – responde Shura, que le ha oído.

– “Pero con un objetivo en la guerra.” – replica Reitan. – “No para costear una nave… ¡Odio a ese viejo enano!”

– “El precio no es tan alto…” – intenta calmarlo Trunks.– “Pero me fastidia haber tenido que dejar mi espada como fianza.”

– “El tiempo es oro en estos momentos.” – insiste el herajín. – “Esto hace que perdamos demasiado…”

El misterioso Lemin sale de una habitación contigua al salón central.

– “Si no tenéis dinero, no es problema del señor Shamo.” – dice el misterioso guerrero, cubierto con su capa negra y luciendo su característico sombrero de ala ancha. – “Conseguid el artefacto y la nave es vuestra.”

– “Y encima tenemos que aguantar a éste…” – sigue protestando Reitan.

En Jung, la nave de la Patrulla sigue intentando escabullirse de los enemigos.

– “¿Qué está pasando?” – pregunta Krilín. – “¿Es que no podemos defendernos?”

– “Esta nave no está hecha para un combate aéreo cercano…” – dice Pino.

El androide aprieta un botón. De la parte trasera del vehículo sale bengalas que confunden a los misiles enemigos.

– “No tenemos su maniobrabilidad.” – dice Pino.

– “¿Y qué vamos a hacer?” – pregunta Ten. – “¡A este paso nos van a derribar!”

Pino se pone en pie.

– “Gohan, toma los mandos.” – dice el robot.

– “¿Qué? ¿Yo?” – se sorprende el mestizo.

Las naves están pilotadas por extraterrestres de piel verde oliva, vestidos con armaduras granates y cascos del mismo color, con visera amarilla.

– “Se acabó…” – murmura uno, que tiene a nuestros amigos en el punto de mira.

De repente, la compuerta de la nave de la Patrulla se abre. Pino sale al exterior.

– “¿Eh?” – se extraña el enemigo. – “¡¿Qué hace ese?! ¡Si no lleva escafandra!” – se sorprende.

El Número 16 apunta con su puño al enemigo y lo dispara.

La extremidad del androide atraviesa el vehículo enemigo, inhabilitándolo.

– “¡¿QUÉ ACABA DE OCURRIR?!” – se asusta otro piloto.

Pino abandona la nave y con su ametralladora de antebrazo neutraliza otra nave.

Las tres naves restantes se reagrupan y se preparan para contraatacar; formación en “V”.

– “¡ACABEMOS CON ESE BASTARDO!” – exclama uno.

Los tres se aproximan a Pino y disparan con sus ametralladoras. Las balas rebotan en el androide.

– “Un poco más…” – sonríe Pino, que mira de reojo a sus compañeros, que se están alejando de él.

De repente, Pino emite un pulso electromagnético que sacude a sus adversarios, cuyas naves quedan a la deriva en el espacio.

– “Je…” – sonríe Pino.

En unos minutos, nuestros amigos recogen al androide, que ya ha recuperado su puño.

– “¡Ha sido alucinante!” – lo felicita Gohan.

– “Es una de las mejoras del Doctor Norimaki.” – dice Pino. – “El mérito es suyo.”

– “Bien…” – sonríe Krilín. – “Ya podemos bajar a recoger la Dragon Ball…”

Ten Shin Han mira una de las naves enemigas por la ventana.

– “¿Quiénes eran?” – pregunta el guerreo de tres ojos.

– “No lo sé…” – dice Pino. – “Posiblemente bandidos…”

– “Este lugar debería estar custodiado por la Patrulla Galáctica…” – dice Gohan.

– “Será mejor tener cuidado.” – añade Mai.

Krilín suspira desanimado.

– “Nunca puede ser fácil, ¿no?” – murmura el terrícola.

En la superficie del planeta, una gigantesca nave en forma de huevo está posada entre montañas de cristalino oro azul.

En un gran salón, un extraterrestre horondo de color verde y cara de besugo, vestido con pantalón beige con cinturón azul y chaqueta roja, con un pañuelo blanco plisado en el cuello y con una gabardina azul sobre los hombros, espera sentado en su trono. Un subordinado entra en la sala y le interrumpe.

– “Señor, hemos perdido el contacto con cinco hombres.” – anuncia el soldado, vestido con el mismo uniforme que los pilotos.

– “¿Qué ha pasado?” – se extraña el extraterrestre en el trono.

– “Una nave enemiga está entrando en la atmósfera.” – informa su hombre. – “Parece ser de la Patrulla Galáctica.”

– “La Patrulla…” – murmura el jefe. – “Aún quedan algunos, ¿eh?”

– “¿Cuáles son sus órdenes, señor?” – pregunta el soldado.

El líder sonríe.

– “Déjenlos aterrizar.” – dice el extraterrestre. – “Nos encargaremos de ellos aquí mismo.”

Un hombre grandullón de piel azulada y una pequeña cresta de cabello rojo recogido en rastas sobre su cabeza, vestido con pantalón blanco, cinturón y botas azules, y un chaleco rojo con detalles dorados, espera con los brazos cruzados al lado del líder.

– “¿Les dejará llegar hasta usted?” – pregunta el fortachón. 

– “No se atreverán a hacer nada…” – dice el líder. – “Y si la cosa se complica, estás tú, ¿no?” – sonríe.

– “Je, je…” – presume el grandullón.

En los calabozos de la nave, un gran número de patrulleros galácticos está esposado y encerrado, custodiado por soldados enemigos. 

En otro punto de la galaxia, Trunks y los demás han llegado a su destino. La nave ha entrado en la atmósfera del planeta y se dispone a aterrizar.

– “Kabocha…” – murmura Shura al ver el astro por la ventana.

– “He oído historias…” – dice Trunks.

El paisaje es desolador. Ciudades en ruinas cubiertas por polvo y arena.

– “Recoome, un miembro de las Fuerzas Espaciales Ginyu traicionó a su propia raza.” – dice Shura. – “El planeta fue arrasado y la familia Real exterminada.”

– “Es terrible…” – dice el mestizo. – “¿Por qué lo haría?”

Lemin interviene.

– “Los kabocha son fuertes pero testarudos.” – dice el misterioso guerrero.

– “Planeaban una revuelta… y Recoome informó a Freezer.” – dice el ira-aru.

– “Bastardo…” – se enfada Trunks, apretando su puño. – “Qué ser tan despreciable…”

La nave ha tomado tierra y Reitan abandona los mandos.

– “Démonos prisa.” – dice el herajín. – “Terminemos cuanto antes.”

Reitan abre la compuerta de la nave y sale al exterior.

– “¿Qué le pasa?” – se pregunta Trunks.

Lemin gruñe con desconfianza.

En un lugar remoto del planeta, una nave discoidea con cuatro extremidades ancladas al suelo reposa. Una “N” dorada sobre un fondo plateado luce en el tejado.

En un despacho, un lupino de pelaje verde y traje rojo elegante escucha sentado en un escritorio.

– “La oferta es interesante…” – dice el cánido.

Frente a él, un hombre de piel azul y cabello largo rojo recogido en rastas y coleta, vestido con un pantalón blanco, cinturón y botas azules, y chaleco rojo con detalles dorados. A su lado, una mujer de menor estatura, cabello con estilo similar, botas altas azules, pantalón corto blancos, camisa blanca y corsé rojo con los mismos detalles dorados.

– “El señor Heeter está dispuesto a negociar.” – dice el varón. – “Ahora que una de las mayores minas de oro azul está en su poder, seremos nosotros quienes dominaremos el poder económico del Universo. Juntos; los Heeter y los Nádor. Incluso el Imperio tendrá que pedirnos préstamos…” – expone con chulería. – “¿No disfrutaría de tener al Emperador suplicando ayuda?”

– “Si es cierto lo que dicen, y Freezer ha regresado, no es de los que piden nada…” – dice el lupino.

– “Señor Shosa, por favor…” – dice con retintín. – “No crea esos cuentos para asustar a los niños… Freezer está muerto. Liquir es mucho más benévolo con su pueblo. Suplicará.”

– “¿Y el herajín?” – pregunta Shosa. – “¿Qué esperas hacer con él? Él y Liquir pudieron con Cooler…”

– “No se preocupe por Reitan…” – dice el bandido. – “Nosotros nos encargaremos de él personalmente.”

Un soldado vestido con ropa elegante de corte similar a su líder.

– “Una nave tek-tek ha tomado tierra.” – dice el hombre. – “Tal y como usted nos había advertido.”

El bandido esboza una media sonrisa.

La mujer da un paso al frente y hace una reverencia a Shosa y a su acompañante.

– “Será un placer.” – sonríe ella.

DBZ/S – SAGA BLACK REIMAGINED / Capítulo 10: El Rey Vegeta

DBZ/S – Saga Black Reimagined / Capítulo 10: El Rey Vegeta

En la Tierra, en la Atalaya de Kamisama, Dende cae al suelo de rodillas.

– “¡KAMISAMA!” – exclama Popo. – “¿Se encuentra usted bien?”

– “Es terrible…” – dice el namekiano. – “Algo horrible ha ocurrido en Namek…”

De repente, el ki de Vegeta llega hasta nuestros amigos.

– “¡ESE ES…!” – exclama Dende.

– “¡¡ES PAPÁ!!” – celebra Trunks.

– “¡¿QUÉ?! ¡¿VEGETA?!” – pregunta Bulma.

El namekiano mira al cielo.

– “Es un ki extraordinario…” – murmura Kamisama. – “¿Cuándo ha alcanzado Vegeta este nivel?”

– “¿Dónde está?” – pregunta Trunks.

– “Es… es mi hogar… el ki viene de Namek.” – revela Dende.

En un arrasado Namek, Vegeta, recién transformado, y Black se encuentran cara a cara.

– “El Rey Vegeta, ¿eh?” – fanfarronea el Dios. – “No me hagas reír…”

Vegeta sonríe con chulería.

En un parpadeo, Vegeta aparece frente a Black y le propina un puñetazo en el estómago.

– “¿EH?” – se sorprende el Dios al encajar el golpe.

El saiyajín continúa con un puñetazo en la barbilla del enemigo antes de que éste pueda reaccionar; luego otro en la nariz, y así se desata una tormenta de puñetazos que resuena en todo el desierto planeta.

En el Planeta Sagrado, todos celebran.

– “¡Así se hace, Vegeta!” – exclama Shin.

Vegeta apunta a Black a bocajarro.

– “Big Bang Attack” – sentencia el saiyajín.

Una gran explosión sacude Namek, disipando las oscuras nubes de tormenta que cubrían la zona.

En el futuro, en el puesto fronterizo, el Rey Enma está atareado; parece agobiado.

– “¿Qué ha pasado en la Tierra?” – se pregunta el juez. – “Hacía tiempo que no me daban tanto trabajo…”

Un funcionario se acerca al Rey.

– “Señor…” – dice el hombre tímidamente. – “Quieren hablar con usted…”

– “No es el momento.” – responde Enma sin mirarle. – “Tengo trabajo.”

– “Lo sé, señor… pero verá…” – insiste el funcionario.

– “¡Te he dicho que tengo…!” – protesta el juez.

El Rey Enma mira a su empleado y se da cuenta de que está acompañado; Shin, Kibito y Son Gohan han llegado al puesto fronterizo.

– “Un… un… un Kaioshin…” – queda impresionado el juez. 

El Rey Enma se pone en pie, tirando la silla en la que estaba sentado, y hace una reverencia golpeándose la cabeza contra la mesa de despacho.

– “¡¡Disculpe mis modales!!” – exclama Enma. – “¡Sea bienvenido al Puesto Fronterizo, Kaioshin del Este!”

Shin sonríe.

– “Puede estar tranquilo, Rey Enma.” – dice el Dios. – “Solo vengo a hacerle una pregunta.”

Enma se fija en Gohan.

– “¡Son Gohan!” – saluda emocionado. – “¿Cuándo has resucitado?” – se extraña al verlo sin aureola. – “No recuerdo firmar tu alta…” – dice mientras coge una gran carpeta titulada “Galaxia del Norte.”

– “No he resucitado…” – responde Gohan. – “No soy el mismo Gohan…”

– “¿Eh?” – se extraña Enma.

Shin tose para llamar la atención del juez.

– “¡OH! ¡Disculpe!” – hace otra reverencia Enma. – “¿Qué quería saber?”

– “¿Dónde se encuentra el Kaio del Norte en estos momentos?” – pregunta Shin. – “Hemos visitado su planeta, pero parece que se ha ausentado.”

– “¿El Kaio del Norte?” – repite Enma, rascándose la barbilla, pensativo. – “¡Ah! ¡Ya me acuerdo!” – exclama. – “Se está celebrando un torneo de Artes Marciales en el planeta del Gran Kaio… ¡y él tenía a varios participantes!”

– “¿Un torneo?” – dice Gohan.

En el planeta del Gran Kaio, en un precioso estadio de Artes Marciales, el público celebra el espectáculo. Sobre el ring, un guerrero de piel verde y cara de sapo, vestido con pantalón blanco y camiseta azul, se enfrenta a Mirai Gohan, transformado en Súper Saiyajín; los dos lucen un halo en sus cabezas.

Los dos guerreros chocan golpeando sus antebrazos. El público corea con más fuerza.

Tras el choque, el guerrero contrincante del mestizo se agacha mientras da una patada giratoria con la que pretende derribar a su adversario, pero Gohan da una voltereta hacia atrás, evadiendo el ataque.

– “¡Muy bien esquivado, Gohan!” – dice la voz de su padre. – “¡Así se hace!”

Son Goku observa el combate desde un lateral y anima a su hijo.

– “Son Gohan ha mejorado mucho.” – dice Piccolo, de pie a su lado.

– “Je, je” – presume Goku.

Krilín, Yamcha, Ten Shin Han y Chaoz los acompañan.

– “Es un guerrero extraordinario.” – dice Ten.

– “Nada tiene que ver con el niño asustadizo que se enfrentó a los saiyajín…” – sonríe Krilín con nostalgia.

– “Creo que ya tenemos finalista.” – suspira Yamcha.

Goku sonríe.

– “Paikuhan es un luchador formidable…” – dice el saiyajín. – “No lo subestiméis.”

El contrincante de Gohan le persigue sin cesar. Gohan logra distanciarse del enemigo y se dispone a preparar un Kamehameha, pero antes de que pueda concentrar la energía en sus manos ya vuelve a tener a Paikhuan encima, así que debe evadirlo de nuevo.

El adversario es extremadamente rápido y no deja descansar al mestizo.

– “¡Me he enfrentado a tu padre muchas veces!” – fanfarronea el guerrero. – “¡Conozco los puntos débiles de vuestras técnicas!”

Gohan, lejos de rendirse, deja de huir y detiene un puñetazo de Paikhuan con su brazo derecho.

– “Tsk” – murmura el contrincante.

Paikhuan insiste en sus ataques y desata una tormenta de patadas y puñetazos sobre Gohan, pero el mestizo detiene todos los golpes con un solo brazo.

– “¡¿EH?!” – se frustra el adversario. – “¡¿Cómo es posible?! ¡¿Cómo puede tener tanta destreza?!”

El mestizo esboza una media sonrisa burlona. 

Una luz azul ilumina el rostro de Paikuhan, sorprendiéndole.

Gohan ha preparado un Kamehameha en su mano izquierda mientras se defendía con la derecha.

– “Kamehame…” – murmura el mestizo.

Paikuhan se asusta. Goku y Piccolo sonríen orgullosos. Los otros guerreros Z se quedan asombrados.

– “¡¡HAAAAAAA!!” – dispara Gohan a bocajarro.

El ataque engulle al guerrero verde e ilumina todo el estadio.

Paikhuan sale repelido del terreno de combate y se estrella contra la pared, fuera del tatami. 

– “SON GOHAN, PARTICIPANTE DE LA GALAXIA DEL NORTE, ¡¡ES EL VENCEDOR!!” – anuncia el comentarista. 

El público estalla en júbilo y corea su nombre.

– “Je, je…” – ríe el mestizo.

Paikuhan, magullado, intenta ponerse en pie, y se topa con Gohan, que le ofrece la mano con una sonrisa. Los dos sonríen. Paikuhan acepta la ayuda. El público celebra de nuevo.

El Gran Kaio, un anciano de barba estrafalaria, sonríe complacido desde su trono. Sentados a su lado, los cuatro Kaios.

– “Tu galaxia no deja de impresionarme, Kaio del Norte…” – dice el Dios.

– “Gracias, Gran Kaio.” – responde Kaiosama. – “Son Goku y sus amigos son unos luchadores extraordinarios…”

– “Poco has tenido tú que ver en eso…” – refunfuña el Kaio del Sur.

De repente, Shin, Kibito y Son Gohan llegan al estadio. Aparecen frente a los Kaios.

Los cuatro Kaios cardinales parecen confusos al ver a esos extraños frente a ellos.

– “¡¡ESE ES…!!” – exclama el Gran Kaio.

El Dios se pone en pie y hace una reverencia.

– “Kaioshin del Este…” – saluda.

Los cuatro Kaios se quedan petrificados.

– “Ha dicho… ha dicho…” – tartamudea el Kaio del Oeste.

– “K… Kaioshin del Este…” – dice Kaiosama.

Los cuatro Kaios se arrodillan y se inclinan hacia delante para saludar al Dios.

– “Un Kaioshin…” – piensa el Kaio del Norte, impresionado. – “Jamás había estado frente a uno…”

El Gra Kaio baja de su trono.

– “¿En qué puedo ayudarle, Kaioshin?” – pregunta el Dios. – “¿Eh?” – murmura al ver al mestizo. – “Ya veo…”

Los Kaios alzan la mirada al escuchar a su superior.

– “¿Qué?” – se sorprende Kaiosama. – “¿Gohan?”

Goku y los demás observan desde el tatami, inquietos.

– “¿Qué ocurre?” – se pregunta Goku. – “¿Oyes algo, Piccolo?”

– “¿Ha… ha dicho…?” – tartamudea el namekiano.

Piccolo sale volando hacia el palco. Los demás lo siguen.

Shin y el Gran Kaio están hablando de lo sucedido, cuando Piccolo y compañía se acercan.

Son Gohan mira al cielo y ve a su viejo maestro.

– “Piccolo…” – murmura con lágrimas en los ojos.

Mirai Gohan se acerca volando al namekiano.

– “Piccolo, ¿qué ocurre?” – le pregunta.

Pero pronto se da cuenta. Los dos Gohan cruzan sus miradas y se quedan observándose en silencio.

En el presente, en Namek, un gran cráter ha trasformado la superficie del planeta y ha despejado sus cielos.

Vegeta observa el lugar del impacto con desdén.

Entre la polvareda alzada, Black se levanta con la parte superior de su gi rota.

– “Maldición…” – gruñe el Dios. – “¿De dónde has sacado tanto poder en tan poco tiempo…”

Vegeta desciende hasta colocarse sobre el Dios, que lo mira con odio.

El saiyajín le apunta de nuevo con su mano.

Black se asusta. Vegeta dispara.

– “Big Bang Attack” – sentencia de nuevo.

Una nueva explosión sacude Namek.

En otro futuro, Trunks y los Kaioshin han aparecido en el planeta de Kaiosama. No parece que haya nadie.

– “¿Dónde estamos?” – pregunta Trunks.

– “En el planeta del Kaio del Norte” – revela Shin.

– “El Kaio del Norte…” – repite Trunks.

– “No parece que haya nadie…” – dice Kibito.

Una voz sorprende a nuestros amigos. Proviene del interior de la casa.

– “¡BUFFF!” – resopla. – “¡Gracias por la comida, Kaiosama! ¡Creo que es usted el único que sabe cocinar en el Más Allá!”

– “Mira que eres glotón…” – replica otra. 

El rostro de Trunks se ilumina.

– “Son… ¡Son Goku!” – exclama el mestizo.

Las voces continúan.

– “No podía seguir entrenando sin comer algo…” – se justifica el saiyajín.

– “Sigues teniendo hambre a pesar de estar muerto…” – dice Kaiosama. – “Eres un caso a parte…”

Los dos personajes salen de la vivienda y se topan con los Kaioshin y Trunks.

– “¿Eh?” – se sorprende Goku. – “¿Quiénes…? ¡Trunks! ¿Quiénes son esos tipos? ¿Amigos tuyos?”

Kaiosama se acerca a los recién llegados y mira a Kibito.

– “Buenos días…” – dice el Kaio del Norte. – “¿Hace mucho que espera? Porque yo le veo cara de manzana…”

Kaiosama se da la vuelta y se ríe.

Una gota de sudor recorre la frente de todos los presentes, que sienten vergüenza ajena.

Kibito tose para llamar la atención de Kaiosama.

– “Veo que el sentido del humor no es su fuerte…” – protesta el Kaio del Norte. – “¿Qué desean?”

– “Un poco de seriedad…” – responde Kibito, malcarado. – “Está usted frente al Kaioshin del Este.”

Un escalofrío recorre la espalda de Kaiosama.

– “El… el Kaioshin… del Este…” – titubea el Dios.

Kaiosama hace una gran reverencia.

– “Discúlpeme, señor…” – suplica Kaiosama. – “Debí suponer que era alguien importante… Tiene usted la presencia de un Dios…”

– “Yo no…” – dice Kibito.

– “¿Eh?” – se extraña el Kaio, que mira al pequeño acompañante.

– “Hola” – saluda Shin, risueño.

Son Goku no termina de comprender lo que ocurre.

En el presente, se disipa la polvareda que ha alzado el segundo Big Bang Attack. 

Black se levanta de nuevo entre los escombros.

– “No lo entiendes…” – dice el Dios caído. – “No lo comprendes…” – añade, cada vez más frustrado y enfadado. – “¡¿ES QUE LA MENTE HUMANA NO ES CAPAZ DE ASIMILARLO?!” – grita. – “¡¡SOY UN DIOS!! ¡¡NO ESTÁS A MI NIVEL!!”

Vegeta desciende hasta colocarse frente al enemigo.

– “Hablas mucho…” – dice el saiyajín.

Con un “uppercup” levanta a Black del suelo y con una patada giratoria lo lanza a varios metros de distancia.

El enemigo se levanta magullado. Le sangra el labio.

Black se pone en pie una vez más.

– “Grrr…” – protesta el Dios.

Cuando levanta su mirada ve que Vegeta tiene los brazos extendidos hacia los lados.

– “¿Eh?” – se sorprende el Dios.

El saiyajín está acumulando una gran cantidad de energía a una velocidad de vértigo.

Pero de repente, frente a él tiene a Bulma, malherida.

– “V… Vegeta…” – dice la mujer. – “Por favor… por favor… mi amor…”

El saiyajín parece dudar, pero enseguida junta las manos frente a él, apuntando a su esposa.

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende Bulma.

Vegeta frunce el ceño.

– “¿Crees que me detendré por eso?” – dice el saiyajín. – “¡¡QUE TE ATREVAS A USAR A BULMA SOLO ME ENFURECE MÁS!!”

El Dios da un paso atrás.

– “¡¡DESAPARECE!!” – exclama Vegeta. – “¡¡SÚPER FINAL FLASH!!” – dispara.

El ataque de Vegeta es proyectado hacia el enemigo a toda velocidad. Black no reacciona. La luz se cierne sobre él.

– “Je… jeje…” – ríe el enemigo. – “¡¡JAJAJAJAJA!!” – estalla en una carcajada.

El Final Flash de Vegeta alcanza al Hakaishin y lo engulle en su resplandor.