DBSNL // Capítulo 322: El Número 1

DBSNL // Capítulo 322: El Número 1

“Mis principios son un sacrifico doloroso pero necesario.”

Cell, con el corte en su abdomen por la espada de ki de su adversario, retrocede lentamente.

El anciano demacrado alza su mano y apunta al insecto.

– “Los mortales desafiáis continuamente las leyes de los Dioses.” – murmura. – “Abominaciones como tú no son tan distintas de Majin Bu.”

Con una fuerza invisible Cell es lanzado contra las dunas de arena.

El viejo, levitando a pocos centímetros del suelo, avanza hacia él.

Cell se levanta. La herida de su abdomen se cierra lentamente.

– “¿Es que no sabes por quién luchas?” – sonríe Cell. – “Ese Raichi es…”

De nuevo, el anciano usa su poder mental para agarrar a distancia al insecto del cuello y lo levanta del suelo.

– “Silencio, criatura…” – gruñe la decrépita figura. – “Mis principios son un sacrifico doloroso pero necesario.”

Cell eleva su ki.

– “¡¡AAAAAAH!!” – estalla su aura amarilla.


El insecto logra liberarse del agarre psíquico de su contrincante.

– “Hmm…” – murmura la vampírica figura con hastío.

Cell apunta a su adversario con su mano derecha, con ánimo de revancha.

– “¡HA!” – dispara una onda de ki.

El ataque es repelido como si rebotara contra una barrera de energía invisible.

– “Tsk…” – protesta Cell. – “Qué molesto…”

El anciano sonríe.

– “Tu fuerza no es nada comparada con mi fortaleza mental.” – sentencia el viejo.


Cell esboza una media sonrisa prepotente.

– “Un nuevo reto es siempre bienvenido.” – dice el insecto.

– “¿Un reto?” – frunce el ceño el viejo. – “¿Eso es todo?” – gruñe entre dientes mientras aprieta los puños. – “¡El destino del Universo está en juego!”

Cell no puede evitar reír.

– “¡Ja… jaja…!” – arranca el insecto. – “¡JAJAJAJAJA!” – estalla en una carcajada.

– “¿Qué es tan gracioso?” – protesta el enemigo.

– “¿Crees que me importa lo que le pase al Universo? – replica Cell. – “Ya hay otros que se preocupan por eso.” – sonríe. – “Yo tengo mis propias metas. Además, tengo que derrotarte a ti de todas formas, ¿no?”

El anciano aprieta sus puños con rabia. Sus largas uñas se clavan en su propia carne, sangrando.

– “Lo sabía… Sabía que hice lo correcto… Mi sacrificio…” – gruñe. – “Y aun así, el Dios del Todo decidió apostarlo en un estúpido juego… Mi vida no ha significado nada…”

– “¿Ahora vas a contarme tus miserias?” – se burla Cell. 

La arena del desierto se levanta y forma cientos de remolinos que pronto se convierten en verdaderos tornados de arena.

– “El mundo necesita Dioses.” – sentencia el viejo. – “Adorarlos o temerlos… lo decide cada mortal.”

En la fábrica de Godgardons, Son Gohan observa detenidamente a su contrincante, que levita frente a él con sus dos espadones orbitando a su alrededor.

– “¿Quién eres?” – pregunta el mestizo.

Las espadas empiezan a girar alrededor del enemigo.

– “Me llamo Zahha.” – responde usando la lengua de los Dioses.

Gohan frunce el ceño.

– “Tu forma de pelear…” – dice Gohan, mirando las espadas flotantes. – “¿Quién te ha entrenado?”

Zahha no responde y lanza la espada morada a su contrincante.

Gohan la evita inclinándose a un lado y sale volando hacia Zahha dispuesto a propinarle un puñetazo, pero éste hace girar la espada verde a su alrededor, haciendo que Gohan deba detenerse en el último instante para que su brazo no sea cercenado.

Gohan retrocede y dispara un blast de ki que impacta en el arma.

Al reaparecer, el arma sigue en su lugar, pero Zahha ha desaparecido.

– “¡¿EH?!” – se alarma Gohan.


El enemigo parece sobre el mestizo y le propina un codazo en la cabeza que lo lanza contra el suelo.

Tras estamparse en el pavimento, el mestizo se levanta mientras se frota la cabeza.

– “Ay… ay, ay…” – se queja Gohan.

Zahha desciende lentamente hasta el suelo mientras sus espadas vuelven a él.

– “No debería sorprenderme…” – sonríe el espadachín. – “Al fin y al cabo, eres el orgullo de los Kaioshin de este Universo.”

Gohan se pone en guardia.

– “¿Qué te parece si nos ponemos serios?” – dice el mestizo.

Zahha sonríe.

En la zona volcánica, Kamo carga contra Vegeta.

El saiyajín se defiende con ambos brazos frente a su pecho mientras reaviva su aura.

Pero Kamo gira sobre sí mismo para propinarle una coz que lo empuja.

Kamo apunta con su mano derecha al saiyajín mientras éste intenta recuperar la estabilidad.

– “¡¡HA!!” – dispara una esfera de energía fucsia que recuerda al “Big Bang Attack” de Vegeta.

El saiyajín extiende las manos hacia delante y frena el ataque de Kamo para después desviarlo hacia el cielo.

Pero Kamo aprovecha ese instante en el que Vegeta alza los brazos para sorprenderle con un fuerte puñetazo en el abdomen.

– “¡Ghaaagh!” – encaja el golpe el saiyajín, doblándose sobre sí mismo y perdiendo su transformación.

Kamo remata a Vegeta con un codazo en la espalda que lo lanza hacia el suelo.

Mientras cae, Vegeta se revuelve y lanza varios blasts de energía que Kamo encaja cruzando los brazos frente a su rostro.

Al disiparse la humareda, Vegeta ha desaparecido.

– “Hmm…” – murmura Kamo. 

– “¡¡FINAL…!!” – la voz del saiyajín retumba entre rugidos del volcán.

Kamo mira a su alrededor, pero no lo encuentra.

Finalmente, un destello de luz se cuela entre las nubes negras del cielo.

– “¿Eh?” – el tsufur se da la vuelta.

– “¡¡…FLASH!!” – grita Vegeta.

Un rayo concentrado de ki amarillo perfora el cielo y cae sobre un sorprendido Kamo.

Pero el rostro del tsufur pierde la sorpresa para transformarse en una media sonrisa pícara.

Kamo extiende los brazos hacia el torrente de ki con la intención de detenerlo.

El ataque choca contra las manos del tsufur, haciéndolo retroceder lentamente.

– “Je…” – se burla Kamo. – “¿Eso es todo? Esperaba más de ti, Príncipe…”

Pero de repente, el Final Flash se desvanece y Vegeta aparece frente a Kamo, transformado en Súper Siayajín Blue.

– “¿Eh?” – se sorprende el tsfuru.

– “¡¡KYAAAA!!” – grita Vegeta mientras propina un violento puñetazo en el abdomen del tsufur.

– “¡Ghaaagh!” – se queja Kamo.

– “¡¡HAAAAA!!” – grita de nuevo el saiyajín, abriendo la mano con la que lo ha golpeado y emitiendo un disparo de ki que empuja a su adversario de contra el suelo, hundiéndolo una vez más en el mar de lava.

La respiración del saiyajín es pesada.

– “Ah… ah…” – intenta recuperar el aliento.

De repente, el mar de fuego parece estar en ebullición. Varias columnas de lava se elevan ante la sorpresa de Vegeta, hasta que revelan varias ondas de energía fucsia que se dirigen directamente hacia él.

El saiyajín se apresura en extender su mano hacia los proyectiles y emitir un empujón de ki invisible que le sirve de escudo, pues hace estallar los ataques enemigos.

Pero al disiparse la humareda resultante, Vegeta puede ver como una cúpula de lava se eleva sobre el mar hasta que es perforada por un torrente de ki fucsia que asciende hacia él.

Vegeta, sorprendido, se apresura en cruzar los brazos frente a su rostro para protegerse.

El saiyajín es engullido por el ataque enemigo.

Tras el impacto, Vegeta ha perdido los guantes y la parte superior de su vestimenta, sus pantalones también han sufrido daños. Su cuerpo humeante. Su cabello cian se apaga.

El saiyajín no puede evitar descender lentamente. Su vista se torna borrosa. Su descenso acelera.

Pero Kamo lo agarra del pelo.

– “¿Crees que ya hemos terminado?” – se burla el tsufur. – “Esto acabará cuando yo lo diga.”

Kamo lanza a Vegeta contra una pequeña isla de roca y el saiyajín cae de cara contra el suelo, deslizándose unos pocos metros.

El tsufur aterriza en la misma plataforma.

– “Príncipe Vegeta…” – sonríe Kamo. – “Tu cuerpo y tu mente te traicionan.”

Vegeta sigue tirado en el suelo, inmóvil.

– “Tus fuerzas te fallan.” – continúa el tsufur. – “La era de los saiyajín se acaba.”

Vegeta se intenta levantar. Su cuerpo tiembla.

– “La era…” – habla con dificultad. – “La era de los saiyajín… acabó hace mucho tiempo…”

– “¿Hmm?” – frunce el ceño el tsufur.

– “Tú y yo…” – continúa Vegeta. – “Somos reliquias de una era pasada… Ya no importamos… El futuro es de otros.”

Kamo camina hacia Vegeta hasta colocarse frente a él.

– “¿Futuro?” – protesta el tsufur.

Kamo propina un fuerte cabezazo a Vegeta.

El saiyajín cae de rodillas. El golpe en la cabeza ha sido tan violento que la sangre que brota de la herida se desliza por su rostro.

– “Esta vez, tú raza es la que se arrodilla ante la mía.” – sentencia Kamo.

Vegeta parece aturdido, su cabeza se tambalea ligeramente. La sangre llega a su barbilla y gotea en el suelo.

Kamo apunta al saiyajín con su mano.

La mirada de Vegeta se nubla. El estruendo del volcán se torna tan confuso que se convierte en silencio.

Una esfera de ki fucsia se concentra a pocos centímetros de su rostro.

En la mente del saiyajín retumban las palabras que su padre le dedicó tras ser humillado por Dodoria frente a su propio trono.

– “Tú eres el Príncipe de una raza de guerreros extraordinaria.” – dice la voz del Rey Vegeta. – “Y vamos a trabajar duro para que se den cuenta de eso. Para poder decir con orgullo que somos saiyajín. Lucharemos para que, en el futuro, nadie se atreva a hablarte así.”

Kamo sonríe.

– “Hasta nunca, Príncipe.” – sentencia el tsufur.

Pero de repente, el saiyajín agarra el antebrazo de Kamo.

– “¿EH?” – se sorprende el tsufur.

– “¿Crees… que voy a permitir… que me derrotes…?” – gruñe Vegeta mientras le aprieta el brazo hasta que se disipa la esfera de energía. – “¿Con un cuerpo robado…?”

Vegeta se levanta. Sus pupilas son grises.

– “Presumes de un poder que no es tuyo…” – dice Vegeta. – “Puedes haberme robado el cuerpo, pero no es tuyo… No lo has trabajado…”

– “Tsk…” – protesta el tsufur, que con dificultad logra liberarse del agarre de Vegeta.

– “Este cuerpo… ha sido forjado en cientos de batallas.” – continúa el saiyajín. – “La Tierra, Namek… Me he enfrentado a Freezer, a Majin Bu… al Dios de la Destrucción… a los ángeles… a Dios y al mismísimo Diablo.”

Vegeta da un paso hacia delante mientras su aura magenta lo envuelve desde los pies hasta el cabello, como si el cuerpo del saiyajín se prendiera fuego.

Kamo retrocede instintivamente.

– “Eres… eres un monstruo…” – titubea el tsufur.

– “Mi orgullo saiyajín… Mi vida en la Tierra…” – continúa Vegeta. – “¿Crees que puedes aprender todo eso robándome el cuerpo?”

Vegeta da otro paso. Kamo retrocede de nuevo.

– “Y sobre todo… Hay algo más que debes comprender…” – dice el saiyajín. – “Ahora que Son Goku no está…” – esboza una media sonrisa con orgullo y melancolía. – “…yo soy el Número 1.”

ESPECIAL DBSNL /// Red World // Universos 1 y 2 / Parte X: La Torre de Karín

Red World / Parte X: La Torre de Karín

“Beber del Agua Sagrada otorga un poder extraordinario.” 

Ten Shin Han ha escalado la Torre de Karín con relativa facilidad. Al anochecer, ya ha puede ver la cima.

En el Cuartel General de la Red Ribbon, Tsuru se escabulle entre los focos que iluminan el perímetro interior de la muralla.

De un salto la supera, pegándose enseguida a la pared para evadir otro foco que examina el exterior.

– “Hora de abandonar el barco…” – piensa el anciano. – “Con Ten Shin Han y Tao desaparecidos, no tardarán en pedirme explicaciones… ¡Esos dos no han sabido ver el buen negocio que teníamos!”

Ten Shin Han ha alcanzado la atalaya en lo más alto de la torre y se ha colado por uno de los agujeros en la base, accediendo así a su interior.

No hay nadie. Solo una pequeña cama y una docena de grandes tinajas decoradas con un rombo rojo.

Ten encuentra una escalera que sale al exterior y sube por ella al piso superior, donde se encuentra con una zona circular con vistas al mundo, rodeada por columnas, con una escultura central que soporta una bonita botella decorada con piedras preciosas.

Ten Shin Han se acerca a ella con curiosidad.

– “Has llegado a la cima.” – una voz sorprende a Ten.

El guerrero se da la vuelta y se encuentra con un pequeño y rechoncho gato blanco apoyado en un bastón.

– “Soy el Duende Karín.” – se presenta el felino.

Ten Shin Han hace una reverencia.

– “¿Por qué estás aquí?” – le interrumpe el gato con cierto recelo.

– “Un anciano me dijo…” – responde Ten.

– “No, no…” – niega Karín. – “Prueba otra vez.”

Ten Shin Han duda un instante.

– “Busco redención.” – rectifica Ten.

– “Hmm…” – murmura el gato. – “Redención… ¿No es lo que buscamos todos?”

– “He cometido muchos errores en mi vida.” – dice Ten. – “Quiero enderezar mi camino.”

– “Un objetivo noble…” – murmura Karín. – “Pero has hecho mucho mal… ¿qué te hace merecedor de tal redención? ¿Por qué un asesino como tú debería poder calmar su corazón? ¿Acaso no es el remordimiento la mínima condena merecida por tus actos?”

Ten Shin Han agacha la cabeza, pensativo.

– “Pensé que en la cima de la torre encontraría a Kamisama.” – dice Ten, molesto.

– “Kamisama…” – repite Karín. – “Yo seré quién decida si eres digno de su presencia.”

– “Pero él me dijo…” – insiste Ten.

– “Sé muy bien lo que te dijo.” – le interrumpe el felino.

Ten aprieta los puños, frustrado.

– “En pocos años, la Tierra será…” – explica Ten.

– “¡Oh! ¿La Tierra?” – Karín finge sorpresa. – “¿Ahora es la Tierra? Pensé que habías venido buscando redención…”

– “Tsk…” – protesta Ten.

El gato da la espalda a Ten Shin Han y camina hasta el pilar central.

– “¿Ves esa botella?” – pregunta Karín. – “Es el Agua Sagrada.”

– “¿Eh?” – se extraña Ten.

– “Beber del Agua Sagrada otorga un poder extraordinario.” – dice el gato.

– “¿Un poder extraordinario?” – se sorprende Ten Shin Han.

– “Tranquilo, esa de ahí es solo un truco.” – confiesa el gato.

– “¿Qué?” – replica un confuso Ten.

– “Escalar la torre y robarme el agua es mi pequeño ritual para fortalecer a todo el que llega hasta aquí.” – dice el gato. – “Al mismísimo Kamisama le costó tres años arrebatármela.” – sonríe.

– “¡¿Tres años?!” – exclama Ten.

Karín asiente.

– “Fue hace mucho tiempo.” – sonríe el felino.

– “Quiero intentarlo.” – responde Ten, motivado.

– “No seas ridículo.” – responde Karín, con cierto desdén. – “Para ti no sería ni un calentamiento.”

– “¿Eh?” – se sorprende una vez más el asesino. – “¿Qué significa eso?”

Karín se rasca la barbilla.

– “A lo mejor…” – refunfuña el gato.

– “¿Qué ocurre?” – insiste Ten.

El gato se marcha hacia la escalera.

– “Ahora vuelvo.” – se despide.

En el comedor del Cuartel General de la Red Ribbon, los androides 17 y 18 están sentados en una mesa, comiendo solos y en silencio, mientras los otros soldados están sentados en grandes grupos, hablando entre ellos. Todos comen de bandejas racionadas.

El 17 mira de reojo las otras mesas. La 18 mira fijamente su sopa.

– “No somos como ellos.” – dice la androide.

– “¿Eh?” – reacciona el 17.

– “No somos humanos.” – insiste ella.

– “Bueno, técnicamente…” – responde el 17.

De repente, un soldado se acerca a la mesa con una bandeja. Viste el uniforme regular con una gorra.

– “Hola.” – saluda el soldado. – “¿Me puedo sentar?”

Los androides se miran entre ellos, sorprendidos.

El soldado se sienta.

– “Así que sois los famosos androides de los que todos hablan.” – dice el soldado.

– “¿No nos tienes miedo?” – pregunta el 17.

– “¿Miedo?” – sonríe el soldado. – “No, yo no.”

– “¿Cómo te llamas?” – pregunta la 18.

– “Zendaki” – responde el soldado. – “Pero mis amigos me llaman Puar.”

Durante un instante, el Número 17 se queda perplejo, como si hubiera visto un fantasma.

– “¿Y por qué no te sientas con los demás?” – pregunta la 18, sacando al 17 de su trance. – “¿Eres el rarito del grupo?”

– “Más o menos… jaja” – ríe tímidamente el joven. – “Es que mañana me toca hacer guardia en el laboratorio y pensé que sería buena idea presentarme.”

– “Pues ya lo has hecho.” – replica la 18, tajante.

– “Sí, supongo que sí…” – responde tímidamente, mientras agarra su bandeja y se levanta. – “No quería molestar. Nos veremos mañana.”

El chico se despide.

– “Hasta luego…” – se despide el 17. – “…Puar.” – murmura.

El soldado se aleja rápidamente, agachando la cabeza para ocultar sus ojos lagrimosos bajo la visera de su gorra.

En la Torre de Karín, ya es de noche. El gato trae una tetera con un rombo rojo en el lateral con la inscripción en kanji “Kami” y la posa en el suelo, frente a Ten Shin Han.

– “¿Qué es eso?” – pregunta Ten.

– “Esta es la verdadera Agua Sagrada.” – responde Karín.

– “¿La verdadera?” – repite Ten, confuso.

Karín asiente.

– “La leyenda dice que quien beba de esta agua obtendrá un poder extraordinario.” – explica el felino.

– “¿Es otro truco?” – se extraña Ten.

Karín lo niega.

– “Pocas personas han bebido de esta agua.” – explica el felino. – “Y ninguna ha sobrevivido.”

– “¿Es una broma?” – protesta Ten. – “¿Y Kamisama?”

– “Ni el mismísimo Kamisama se atrevió a probarla.” – responde Karín.

– “¡¿Cómo?!” – se sorprende Ten.

– “Las leyendas que rodean el Agua Sagrada son diversas y confusas.” – explica Karín. – “Algunas se refieren a ella como el té de los Dioses… otras hablan de una infusión echa a partir de la semilla de un Árbol Sagrado que se erguía donde ahora se encuentra esta misma torre… incluso hay algún relato sobre cómo tal brebaje fue hervido sobre la llama que calienta el mismísimo horno de ocho divisiones…”

– “¿Pero funciona?” – interrumpe Ten. 

– “Hmm…” – murmura Karín. – “No sé si eres valiente o inconsciente… ¿Acaso no has oído mis palabras?”

– “Si me hará más fuerte, quiero intentarlo.” – insiste Ten Shin Han.

– “Superar una prueba como esta precisa de verdadera convicción.” – explica Karín.

– “Déjeme intentarlo.” – insiste Ten, una vez más. – “Parece que duda de mis intenciones, pero… ¿qué puede perder? Si muero, usted tendrá una preocupación menos. Y si sobrevivo, creo que habré probado la fuerza de mis convicciones.”

Karín se rasca la barbilla, pensativo.

– “Es posible…” – murmura el felino.

Ten Shin Han se arrodilla y se inclina hacia delante con ambas manos en el suelo, haciendo una reverencia.

– “Se lo suplico.” – insiste Ten. – “Déjeme intentarlo.”

El felino suspira.

– “Está bien.” – responde.


Ten se reincorpora, sentándose sobre sus pies, arrodillado.

– “Pero antes de empezar, tómate esto.” – dice el felino.

Karín lanza con su pulgar una pequeña semilla que Ten caza al vuelo.

– “¿Qué es?” – pregunta Ten Shin Han.

– “Una semilla senzu.” – responde el gato. – “Repondrá tus fuerzas.”

– “No estoy cansado.” – responde Ten.

– “Necesitarás cada onza de energía de tu cuerpo para superar el reto.” – dice Karín. – “Te aconsejo que te la tomes.”

Ten Shin Han engulle la semilla y no tarda en sentir sus efectos.

– “Oh…” – se sorprende el guerrero de tres ojos. – “Me siento lleno de energía…” – se mira las manos. – “Incluso siento mi estómago lleno…”

Karín agarra el vaso que taponaba el pico de la tetera y lo coloca frente a Ten.

– “Es el momento de la verdad…” – sentencia el Duende.

Karín le sirve.

– “Será doloroso.” – advierte el gato.

– “Estoy listo.” – afirma un estoico Ten Shin Han.

El guerrero de tres ojos agarra el vaso y observa el contenido fijamente, mentalizándose.

Finalmente, Ten Shin Han vacía el vaso de un trago.

Tras un momento de silencio, Ten siente como le arde la garganta. El guerrero se sujeta el cuello mientras se retuerce en el suelo en agonía.

En la oscuridad de su mente, dos figuras humanas se alzan sobre él, tornándose gigantes frente a un minúsculo Ten Shin Han.

Las dos figuras se transforman en dos grullas que intentan pisotear a Ten, que corre de un lado a otro, escabulléndose entre las largas piernas de las aves.

De repente, Ten se tropieza con una cinta roja que se ha enrollado en su tobillo.

El asesino intenta liberarse, pero la cinta repta por sus piernas, envolviéndolo en un capullo de seda roja.

Ten Shin Han grita, pero la cinta alcanza su boca, silenciándolo.

En la torre, Karín observa el cuerpo inmóvil de Ten y puede oír como su corazón late cada vez más despacio.

El Duende agacha la cabeza, apenado.

– “Lo siento, muchacho.” – suspira el felino.

En su pesadilla, Ten Shin Han abre los ojos. 

Una figura oscura y monstruosa, casi demoníaca, de cuatro brazos y tres ojos se presenta frente a él, con el kanji “Satsu” tatuado en rojo en su espalda.

Ten retrocede ante tan aterradora bestia, que clava su mirada airada en él.

El guerrero intenta usar el Taiyoken, pero el destello que emite es sombrío e incapaz de iluminar su entorno.

El monstruo embiste. Ten intenta defenderse, pero la bestia lo supera.

Como un animal rabioso, la monstruo estampa a Ten contra el suelo y le propina una paliza a base de puñetazos. Cada vez que Ten intenta defenderse, uno de los brazos de la bestia logra inmovilizarlo para poder seguir golpeándole con los demás.

Karín escucha como el corazón de Ten Shin Han se detiene por completo. 

Silencio en la Torre de Karín.

De repente, un destello de luz empuja al monstruo y lo aleja de Ten.

Confuso, el malherido guerrero observa como una figura luminosa de apariencia infantil aparece frente a él y avanza levitando a pocos centímetros del suelo hacia la bestia.

– “Chaoz…” – murmura Ten.

Karín puede oír al guerrero murmurar.

– “¿Hmm…?” – se sorprende el Duende.

El monstruo se abalanza sobre la figura de luz como un depredador sobre su presa.

Parece que la bestia la atrape entre sus manos, pero la figura se desvanece para reaparecer de nuevo detrás del monstruo.

El demonio lo intenta de nuevo, pero lo mismo sucede.

Karín se acerca al cuerpo de Ten, acercando su oreja a su rostro.

El monstruo lo intenta una vez más… y esta vez parece haberlo logrado.

Pero al darse la vuelta, la bestia se da cuenta de que la figura luminosa se encuentra montada en su espalda, agarrándose a los brazos que nacen de su espalda, sobre el gran tatuaje “Satsu”.

La luz de la figura es cada vez más intensa.

– “Chaoz…” – murmura de nuevo Ten.

– “Adiós, Ten…” – retumba la voz de su preciado amigo. – “No te olvides de mí, ¿eh?”

En la Torre de Karín, Ten Shin Han abre los ojos.

– “¡¡CHAOZ!!” – exclama el guerrero.

– “¡¡AAAAH!!” – se sobresalta el felino.

Ten Shin Han está confuso, mirando a su alrededor.

– “¿Qué…? ¿Qué ha pasado…?” – se pregunta el guerrero.

– “¡NO ME DES ESTOS SUSTOS!” – protesta Karín.

Ten observa el vaso vacío en el suelo.

– “¿Lo he… conseguido…?” – se pregunta, sorprendido.

– “Impresionante…” – piensa Karín. – “Es la primera vez que un humano sobrevive al brebaje…”

Y así, el primer rayo de luz del amanecer baña la Torre de Karín.

Ten Shin Han se pone en pie, observando sus manos mientras las abre y las cierra con cara de asombro.

– “¿Cómo te sientes?” – pregunta Karín.

– “Me siento…” – responde Ten, apretando los puños con fuerza. – “¡…mejor que nunca!” – sonríe.

DBSNL // Capítulo 321: Rivales misteriosos

DBSNL // Capítulo 321: Rivales misteriosos

“Reconozco esa forma de pelear.”

En el desierto, Cell aterriza sobre un cráter de cristal generado por la arena quemada tras su Big Bang Attack.

– “Hmm…” – murmura Cell.

La arena se filtra entre las fisuras de las paredes de cristal del cráter.

– “¿Vas a dejar de esconderte?” – pregunta el insecto con hastío.

De repente, las paredes de cristal estallan y la arena se derrumba sobre Cell, pero éste, sin inmutarse, genera una barrera de energía verde que lo protege. La arena se acumula a su alrededor.

– “Patético…” – suspira el insecto.

Con un estallido de energía, Cell repele la arena que lo rodea, quedando de pie sobre una pequeña plataforma de cristal.

Cuando la arena levantada se calma, una figura emerge del mar de arena frente a Cell. Una figura decrépita de aspecto vampírico, de piel amarilla pálida, apagada y deshidratada, con orejas puntiagudas y unos pocos mechones de cabello blanco peinados hacia atrás, vestido con pantalón negro, espinilleras metálicas, brazaletes morados y una capa negra de cuello alto con detalles dorados.

– “Al fin te muestras.” – sonríe Cell.

Mientras tanto, en la fábrica de Godgardons, Gohan se oculta tras una de las máquinas. Las sirenas siguen a todo volumen, ensordeciendo al mestizo y tiñendo de rojo el lugar.

El mestizo puede ver una silueta caminando entre las cintas de montaje.

– “Ahora es el momento…” – piensa Gohan.

Gohan sale de su escondite.

– “¡¡MASENKO!!” – dispara el mestizo.

Su ataque se aproxima rápidamente a su adversario, pero éste, sin ni siquiera mirarlo, hace que una de sus espadas gire a gran velocidad, interceptando el ataque y devolviéndoselo al mestizo. 

– “¿Eh?” – se sorprende Gohan.

Gohan tiene que saltar hacia un lado para evadir el ataque.

La explosión sacude la fábrica.

Gohan corre agachado entre las máquinas para ocultarse de nuevo.

– “Ha previsto mi ataque y lo ha repelido con su espada…” – piensa el mestizo. – “Parece que las usa con telekinesis…”

Algunas alarmas se han detenido tras la explosión. 

Son Gohan espera de nuevo la oportunidad. Viendo entre los Godgardos a medio montar como su enemigo sigue en su búsqueda.

Gohan puede fijarse por primera vez su aspecto. Un guerrero estilizado vestido con chaqueta negra de cola con hombreras y adornos blancos espirales sobre una camiseta interior naranja, un pantalón azulado y botas y guantes negros. Su piel es azulada y luce una cabellera blanca lacia, con un casco metálico en su cabeza. A su alrededor levitan dos grandes espadas, una con empuñadura verde y otra con empuñadura morada, la segunda con una hoja más oscura que la primera.

El mestizo se prepara para intentarlo de nuevo.

– “Esa forma de pelear…” – piensa Gohan. – “Tengo que…”

– “No puedes esconderte de mí…” – retumba una voz en su cabeza.

– “¡¿EH?!” – el mestizo se queda perplejo.

De repente, las espadas del enemigo salen volando hacia él.

– “Tsk…” – se preocupa Gohan, retrocediendo.

El mestizo da un salto mientras gira sobre sí mismo para evadir las espadas, que pasan de largo.

Pero al posarse de nuevo en el suelo, se encuentra al enemigo frente a él, con sus ojos grises a pocos centímetros de los suyos.

– “…Son Gohan.” – finaliza el enemigo.

El mestizo se da cuenta de que su enemigo tiene la mano extendida frente a su pecho, con las yemas de los dedos tocándolo.

De repente, el enemigo cierra la mano en un puño y le propina un golpe que lo remite a través de la fábrica, chocando contra todo lo que encuentra a su paso.

En la falda del volcán, Kamo y Vegeta se abalanzan el uno contra el otro.

Sus puños chocan al encontrarse, formando una onda expansiva que sacude el terreno.

Los dos retroceden y se embisten de nuevo, iniciando un intercambio de golpes igualado, donde ningún ataque logra superar la defensa del otro hasta que, finalmente, los dos se golpean en la cara.

Los dos contrincantes retroceden de nuevo. Vegeta se limpia la sangre del labio con el dorso de la mano. Kamo se relame su herida.

– “Para no ser tu cuerpo, te mueves bien.” – dice Vegeta.

– “Es un cuerpo excelente.” – sonríe Kamo. – “Lo conoces muy bien.”

– “Una imitación.” – sonríe Vegeta con sarcasmo.

– “Príncipe…” – suspira Kamo con ironía. – “Puede que no lo aceptes por orgullo, pero tu poder está en decadencia.”

– “Ah, ¿sí?” – replica el saiyajín sin perder su media sonrisa.

– “Sin embargo, yo poseo la mejor versión de forma que has tenido jamás.” – explica el tsufur.

Vegeta aprieta los puños.

– “Eso habrá que verlo.” – responde el saiyajín.

La tierra tiembla. La lava del volcán asciende rápidamente, en ebullición. La tormenta libera rayos que se fusionan con la torre de humo que emana el cono volcánico.

El cabello de Vegeta se tiñe de magenta y su aura estalla en una llama del mismo color; el Ikigai.

Kamo sonríe.

– “Je…” – parece confiado.

En el desierto, la figura vampiresca se encuentra flotando a pocos centímetros del suelo.

Cell lo mira de arriba abajo, intentando comprender a qué se enfrenta.

– “¿Qué eres?” – pregunta el insecto.

– “¿Tú me lo preguntas, abominación?” – responde el demacrado enemigo.

– “Abominación, ¿eh?” – sonríe Cell. – “Creo que no te has visto al espejo.”

El anciano abre su mano y un torbellino de arena se genera en ella, absorbiendo la arena de los alrededores.

El viejo inclina su mano hacia delante y el torbellino avanza, y al abandonar la palma de su mano éste entra en contacto directo con el desierto y se convierte en un torbellino gigante.

Cell no parece intimidado.

Con un gesto de su mano derecha, el insecto deshace el torbellino.

– “No eres el único que posee ese tipo de poder, anciano.” – se mofa Cell, usando su propio poder mental.

El insecto apunta con su dedo índice a su tétrico contrincante.

El rayo mortal característico de Freezer sale disparado de su dedo, pero choca contra un muro de arena que nace frente a su enemigo en el último instante.

– “Hmm…” – murmura el insecto.

Una docena de nuevos ataques impactan contra la barrera de arena frente al impertérrito enemigo.

– “Ya veo…” – sonríe Cell.

Usando el Shunkanido, el insecto aparece detrás de su rival, con el brazo derecho en alto.

El enemigo gira su cabeza ligeramente, mirando de reojo al insecto.

De repente, Cell se queda inmóvil, incapaz de mover un músculo.

La criatura vampiresca se gira lentamente, manteniendo la mirada fija en los ojos de Cell, que sigue luchando por liberarse.

Sin que el insecto pueda hacer nada, siente como una hoja de ki le atraviesa el abdomen. 

El insecto sangra por la boca.

En la fábrica de Godgardons, Gohan sale de los escombros.

Frente a él, su enemigo se posa en el suelo, con sus dos espadones levitando en sus flancos.

– “Puedes leer mi mente…” – piensa Gohan.

– “Saiykio no Senshi.” – sonríe su adversario. – “Será un honor derrotarte.”

Gohan aprieta los puños y su ki se desata, liberando una onda expansiva invisible que su adversario percibe como una gota de agua cayendo en un estaque tranquilo.

Tras un instante de silencio y calma absoluta, las espadas del enemigo salen volando hacia Gohan.

Primero la verde, seguida por la morada, pero el mestizo salta sobre ellas usándolas como peldaños de escalera para después lanzarse contra el enemigo con los pies por delante, golpeándolo en la cara y lanzándolo a través de la fábrica.

El espadachín recupera la estabilidad en el aire y reclama sus armas.

Los espadones giran a gran velocidad y se aproximan a Gohan por la espalda, pero el mestizo detiene el verde entre las palmas de sus manos y lo usa para rechazar el morado.

Finalmente, ambas espadas regresan a su dueño, que flota junto a ellas en el aire.

– “Reconozco esa forma de pelear.” – dice Gohan. – “¿Quién eres? ¿Quién te ha entrenado?” – frunce el ceño.

El espadachín sonríe con prepotencia.

En el volcán, Vegeta carga contra Kamo. Su velocidad sorprende al tsufur, que encaja un golpe en la mejilla. 

Vegeta le propina un rodillazo en el abdomen y luego lo remata juntando las manos en un puño y golpeándolo en la espalda.

Kamo atraviesa el suelo, descubriendo un mar de magma subterráneo y precipitándose en él.

Vegeta apunta con su mano derecha al charco de magma.

– “¡¡BIG BANGA ATTACK!!” – dispara el saiyajín.

El ataque se hunde en el magma candente y luego estalla, provocando que columnas de lava broten del suelo por todo el terreno de combate.

Vegeta se eleva porque el suelo se hunde bajo sus pies.

El volcán ruge y entra en erupción. La explosión provoca que grandes cantidades de roca sean expulsadas por el volcán y lluevan sobre el terreno. 

Pero rocas, humo y lava no es todo lo que emana del cono volcánico. Tras la explosión, la figura de Kamo surge del volcán sin ningún rasguño.

Vegeta frunce el ceño.

– “Tsk…” – protesta el saiyajín.

Lentamente, Kamo levita hacia su contrincante.

– “¿Qué ocurre, Príncipe Vegeta?” – lo provoca. – “¿Acaso tienes prisa?”

ESPECIAL DBSNL /// Red World // Universos 1 y 2 / Parte IX: La Tierra Sagrada

Red World / Parte IX: La Tierra Sagrada

“El chico ya no es tuyo para atormentar.”

En el Palacio de Uranai Baba, el fantasma sale a buscar nuevos clientes. Una gran cola de hombres fornidos y caballeros bien vestidos espera a las puertas del oasis.

– “¿Siguiente?” – pregunta el ayudante de la bruja.

El fantasma acompaña a un grupo de hombres fornidos al interior del palacio.

El tiempo pasa y el fantasma sale de nuevo a buscar clientes.

– “¿Siguiente?” – pregunta de forma rutinaria, sin levantar la mirada de una pequeña carpeta.

Pero al mirar a su alrededor, se encuentra con un páramo desértico. Solo una persona espera en la cola, rodeada por tres cadáveres en la arena.

– “Yo.” – responde el asesino Tao Pai Pai.

Han pasado tres días desde que Ten Shin Han ha desaparecido.

Muy lejos de allí, Ten Shin Han atraviesa un denso bosque que apenas deja ver el cielo.

De repente, Ten llega a un claro y se queda boquiabierto frente a una gran estructura que se alza frente a él.

– “¿Qué…? ¿Qué es eso?” – se pregunta el guerrero de tres ojos. – “¡Es impresionante!”

Una voz sobresalta a Ten.

– “Estás entrando en la Tierra Sagrada de Karín, extranjero.” – dice una voz profunda.

Ten mira a su alrededor y se encuentra con un hombre de gran tamaño, nativo de la zona, armado con una lanza.

– “Me llamo Bora.” – continúa el indígena. – “Y soy el guardián de la Tierra Sagrada.”

Ten Shin Han hace una pequeña reverencia.

– “Me llamo… Chaoz.” – responde Ten.

– “¿Chaoz?” – repite el indígena.


Ten asiente.

– “¿Qué intenciones tienes, Chaoz?” – pregunta Bora.

– “Hace unos años, un anciano me dijo que, si necesitaba ayuda, viniera a estas tierras.” – dice Ten.

– “Hmm…” – murmura Bora. – “¿Buscas fuerza? ¿Sabiduría?”

– “Perdón.” – responde Ten.

Bora sonríe.

– “Esa respuesta es nueva.” – dice Bora.

El indígena parece relajarse y deja su lanza clavada en el suelo.

Mientras tanto, en el Palacio de Uranai Baba, Tao Pai Pai se encuentra sobre una plataforma formada por las lenguas de dos entes demoníacos gigantes de piedra a decenas de metros de un pozo de ácido.

El asesino sostiene por el cuello a una corpulenta momia que mira con miedo el resplandor verde que emana del fondo del pozo.

– “Basta de juegos, vieja bruja.” – dice el asesino. – “He derrotado a tus patéticos guerreros, así que me debes una respuesta.”

– “Los años no te han hecho más sabio, Tao.” – dice Baba, sentada sobre su bola de cristal flotante.

– “¿Dónde está Ten Shin Han?” – insiste el asesino.

– “Suelta a mi luchador.” – dice Baba.

Tao sonríe.

– “Como desees.” – responde el asesino, que deja que la momia se precipite hacia el pozo de ácido.

– “Eres un miserable…” – dice la bruja, apretando los puños con rabia.

Una voz resuena desde la oscuridad de la boca de un gigante de piedra.

– “Tranquila, abuela.” – dice una voz masculina.

Un guerrero demoníaco con cuernos y alas de murciélago sale a la luz.

– “A mí no me ganará tan fácilmente.” – sentencia el diablo.

En el despacho del Rey del Mundo, el Comandante Red está siendo informado por teléfono, por el Oficial del Estado Mayor Black, de la desaparición de Ten Shin Han y Tao Pai Pai.

– “¿Cómo que habéis perdido contacto?” – pregunta confuso y enfadado.

– “Lo siento, señor.” – dice Black por el altavoz. – “Ten Shin Han salió a una misión, que llevó a cabo con éxito, y después perdimos contacto…” – explica. – “Tao Pai Pai fue informado y se ha marchado esta mañana.”

– “¿Estás seguro de que se ha marchado?” – pregunta Red.

Black mira hacia el balcón, donde falta otra columna.

– “Sí, señor.” – confirma el Oficial.

Red cuelga el teléfono repentinamente.

– “Esas ratas… ¿están abandonando el barco?” – refunfuña.

En el Palacio de Baba, sobre la lengua de los demonios, Akkuman recibe el impacto de del Dodonpa en el pecho y es empujado contra una de las estatuas de piedra, desfigurando el rostro del demonio rocoso.

Akkuman cae sobre la lengua pétrea, malherido.

– “Bastardo…” – refunfuña el diablo, que tose sangre.

– “No diré que esperaba más de un bicampeón del Torneo Mundial de Artes Marciales…” – dice Tao. – “…porque la idea de enfrentarse en un torneo tan lleno de normas siempre me ha parecido patética.”

– “Tsk…” – intenta levantarse Akkuman, sin éxito.

– “Pero de un demonio…” – sonríe Tao con prepotencia. – “Esperaba un poco más de instinto asesino.”

Baba se acerca a Tao Pai Pai por la espalda, flotando sobre su bola de cristal.

– “Está bien…” – dice Baba. – “Ya es suficiente…”

– “¿Dónde está Ten Shin Han?” – pregunta Tao, centrando su atención en la bruja, despreciando al demonio caído dándole la espalda.

– “El chico ya no es tuyo para atormentar.” – dice Baba. – “Aunque lo encuentres, no volverá contigo.”

– “Deja que de eso me encargue yo.” – sonríe el asesino.

De repente, un ataque espiral de energía mágica de color fucsia se aproxima a Tao por la espalda.

El asesino se revuelve y con prepotencia extiende su mano para detener el ataque.

Pero la energía fucsia ignora su gesto y al entrar en contacto con el asesino lo envuelve en una esfera de luz.

– “¿Qué es esto?” – se pregunta Tao Pai Pai, confuso ante tan extraña técnica.

– “A… Akkuman…” – se sorprende Baba.

El demonio, malherido, se ha puesto en pie, con sangre derramándose por la boca, y ha lanzado el ataque con sus dedos.

– “El asesino Tao Pai Pai…” – dice Akkuman.

Tao puede sentir como en su interior algo se revuelve.

– “¡¿Aagh?!” – se queja, confuso, sujetándose el pecho como sufriera un infarto. – “¡¿Qué…?! ¡¿Qué me has hecho…?!”

– “Tu maldad será la causante de tu derrota.” – dice Akkuman.

– “¡¡AAAH!!” – se retuerce Tao, cayendo de rodillas.

Su espalda y su pecho revelan pequeños bultos que poco a poco crecen, como si algo en su interior intentara salir. El terror puede verse en sus ojos y contrasta con su gesto natural inexpresivo. 

La noche ha caído en la Tierra Sagrada. Ten Shin Han y Bora están sentados alrededor de una hoguera frente a un tipi. Cerca de allí, el hijo del guardián, Upa, persigue una luciérnaga.

– “Así que piensas intentar escalar la torre mañana…” – dice Bora, avivando el fuego con un palo.

Ten Shin Han asiente.

– “Volaré hasta la cima.” – dice Ten.

– “Hmm…” – murmura Bora. – “Si no subes de la forma correcta, serás rechazado.”

– “¿Rechazado?” – pregunta Ten.

Bora siente.

– “Tienes que subir sin ayudas.” – dice el guardián de la Tierra Sagrada.

– “Volar no es una ayuda.” – replica Ten. – “Es mi propia técnica.”

– “A veces, Chaoz…” – dice Bora. – “Las normas se siguen como una forma de respeto. Tus intenciones quedan reflejadas en tus acciones.”

De repente, un ruido entre la maleza los alerta. Bora se pone en pie y agarra su lanza, que reposaba a su lado.

– “¡Upa!” – exclama Bora. – “¡Entra en la tienda!” – ordena.

– “¿Qué ha sido eso?” – pregunta Ten. – “¿Un animal?”

– “No.” – responde Bora. – “Es otra cosa…”

Un zumbido aumenta rápidamente y pronto son rodeados por un escuadrón de Battle Mechs; robots automatizados derivados de las Battle Jackets con propulsores en lugar de piernas y armados con ametralladora en los brazos.

– “La Red Ribbon…” – murmura Ten, frunciendo el ceño.

Desde su despacho, el Comandante Red observa la situación a través del ojo rojo de los robots.

– “Ahí estás…” – gruñe el pequeño líder.

Un pitido de acoplamiento ensordece a Bora y a Ten antes de que se pueda oír la voz metalizada de Black, que habla desde su despacho.

– “¡ASESINO TEN SHIN HAN!” – dice el altavoz de uno de los robots. – “¡HAS SIDO ACUSADO DE TRAICIÓN A LA GRAN EJÉRCITO DE LA RED RIBBON!”

– “¿Ten Shin Han?” – murmura Bora, mirando de reojo y con desconfianza a su acompañante de tres ojos.

– “¡VUELVE A LA BASE AHORA MISMO PARA SER INTERROGADO Y JUZGADO!” – continúa Black.

Ten Shin Han identifica cada uno de los Mechs; cinco en total.

– “Asesino…” – gruñe Bora. – “Me has mentido… y has traído a la Red Ribbon hasta la Tierra Sagrada…”

– “Protege a tu hijo.” – responde Ten. – “Son asunto mío.”

Los Battle Mechs apuntan con sus ametralladoras al asesino.

En un parpadeo, Ten ha desaparecido de la vista de los robots y cae sobre uno de ellos, atravesando su cabeza de un puñetazo.

Los demás se giran para verlo.

– “¡FUEGO!” – ordena Black.

Los cuatro robots restantes disparan a discreción y masacran a su ya desactivado compañero, mientras Ten Shin Han desaparece de nuevo.

Ten reaparece detrás de un robot y le propina una fuerte patada que lo lanza contra otro, y ambos se estrellan contra el suelo.

– “Ahora veras…” – refunfuña Black.

Uno de los robots se inclina hacia delante, revelando un compartimento en su espalda del que sale proyectado un misil.

Ten no duda en interceptar el misil con una patada que lo lanza hacia arriba.

El misil estalla en el cielo, iluminando el bosque y lloviendo trozos de metralla ardiente.

Ten se abalanza contra el robot y usa su técnica del puño ametrallador para convertir en chatarra al robot.

De repente, los gritos de Upa alertan a Ten Shin Han. 

Bora yace en el suelo con el hombro ensangrentado, y el Mech restante tiene atrapado a Upa con un brazo mientras aún apunta a Bora con el otro. 

– “Suelta al chico, Black.” – dice el asesino.

– “A mí el chico no me importa.” – responde Black, que ahora apunta a Ten Shin Han. – “¡HAS DESERTADO DEL EJÉRCITO DE LA RED RIBBON! ¡AHORA ERES CONSIDERADO UN ENEMIGO DEL MUNDO! ¡TU SENTENCIA ES LA MUERTE!”

Ten Shin Han levanta el dedo índice y éste se ilumina.

El Mech deja de apuntar a Ten y ahora apunta a la cabeza de Upa.

– “¡DETENTE!” – exclama Black. – “¡VOY A MATAR AL…!”

– “¡DODONPA!” – dispara Ten.

Como un rayo de luz, el ataque de la Escuela Grulla atraviesa la cabeza del robot entrando por su ojo y saliendo por la nuca, desactivándolo al instante.

El robot cae y Upa queda libre.

El muchacho enseguida acude a socorrer a su padre herido.

– “Asesino…” – murmura Bora. – “Gracias…”

Ten Shin Han camina hasta uno de los robots derribados, que chispea por los daños, y se acerca a su ojo.

– “Black…” – murmura Ten. – “Y apuesto a que el enano gruñón también me está viendo…”

– “¡¿QUÉ ME HA LLAMADO?!” – protesta Red desde su despacho.

– “No soy un enemigo del mundo.” – dice Ten Shin Han. – “Soy consciente de la amenaza que nos acecha y pienso luchar a vuestro lado cuando llegue el día…”

– “Hmm…” – murmura Black.

– “Nos veremos en el campo de batalla.” – sentencia Ten.

Red ve en su ordenador como Ten golpea al robot y se pierde la señal.

– “¡¡NO PUEDO PERMITIR QUE ME HABLE ASÍ!!” – exclama Red. – “¡OFICIAL DEL ESTADO MAYOR BLACK! ¡LO QUIERO MUERTO! ¡¿ME OYE?! ¡MUERTO!”

– “Señor…” – dice Black. – “Comparto su opinión… Pero puede que no sea el momento.”

– “¡¿CÓMO DICES?!” – protesta Red, crispado. – “¡¿OSAS DESOBEDECER UNA ORDEN DIRECTA?!”

– “No, señor. No se me ocurriría.” – dice Black, mientras una gota de sudor frío recorre su frente. – “Pero parece que Ten Shin Han tiene intención de luchar a nuestro lado contra los extraterrestres.”

– “¡¿Y QUÉ?!” – sigue protestando el Comandante.

– “Podemos utilizarlo.” – dice Black. – “No cabe duda de que ese traidor sabe pelear. Creo que podemos usarlo a nuestro favor y después encargarnos de él, si es que los extraterrestres no lo hacen ya por nosotros.”

– “PERO… pero…” – duda Red, intentando calmarse. – “Me ha llamado enano…”

– “Usted está por encima de cualquier tipo de ofensa, señor.” – dice Black. 

– “Pero…” – insiste Red. – “Su marcha puede interpretarse como una muestra de debilidad…”

– “Ocultaremos el incidente al público.” – continúa Black. – “Nadie sabrá que el asesino ha desertado.”

– “Maldita sea…” – gruñe Red. – “¡Ya lo sé! ¡No diremos nada! ¡La gente seguirá creyendo que pelea en nuestro nombre!”

– “Eso es lo que yo…” – dice Black.

– “¿Cómo dices?” – pregunta Red, amenazante.

– “¡Una idea excelente, señor!” – rectifica Black. – “¡Bravo!”

Los primeros rayos de sol se filtran entre las hojas de los árboles de la Tierra Sagrada de Karín. 

Upa está vendando a Bora frente al tipi.

– “¿Te duele mucho, papá?” – pregunta su hijo.

– “No pasa nada.” – responde Bora.

– “Tu padre es un hombre fuerte.” – dice Ten Shin Han, saliendo del tipi.

Ten Shin Han camina hasta la base de la imponente torre.

– “Me mentiste.” – dice Bora.

– “Lo siento.” – responde Ten. – “Mi reputación no es buena.”

– “Chaoz…” – murmura Bora. – “¿Es ese nombre parte de tu nuevo camino?”

Ten Shin Han sonríe.

– “Ha sido un placer.” – alza la mano para despedirse.

Bora sonríe.

– “Te deseo suerte.” – responde el guardián.

Ten Shin Han empieza a escalar la Torre de Karín.