ESPECIAL DBSNL /// Cold Chronicles // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte VIII: Conflictos imperiales

Cold Chronicles / Parte VIII: Conflictos imperiales
“El Imperio del Rey Cold trae paz y equilibrio.”


Tras varios días de viaje, Hit ha llegado a su destino; un planeta cuyo cielo está cubierto por nubes negras que forman una tormenta eléctrica perenne.
La nave imperial se adentra en las nubes, sufriendo fuertes turbulencias que activan las luces rojas de emergencia. La tripulación se sujeta con fuerza a lo que tiene a su alrededor, asustados por el temblor y las historias que han nacido en ese lugar.
Finalmente, la nave logra atravesar la tormenta y se dispone a aterrizar en la superficie del planeta.
La compuerta de la astronave se abre y Hit se prepara para salir. Un soldado se acerca a él, asustado.
– “¿Quiere un… quiere un equipo de apoyo, señor?” – pregunta el soldado.
– “¿Apoyo?” – pregunta Hit, echando un vistazo a su alrededor.
A los soldados imperiales les fallan las piernas, aterrados ante la idea de explorar el lugar.
– “Creo que saldré solo.” – dice el asesino.
Mientras tanto, en el planeta Kabasei, dos patrulleros galácticos han aterrizado. Uno de ellos tiene aspecto de escarabajo humanoide con exoesqueleto marrón y naranja; el otro es un individuo de muy baja estatura, tez morena y barba negra, que solo viste un pantalón blanco. Los dos llevan orejeras blancas con el símbolo de la Patrulla Galáctica.
Los dos patrulleros caminan entre las ruinas de una aldea kabajín arrasada por las Fuerzas Especiales del Imperio. 
– “Hemos llegado tarde, Chapasei” – dice el escarabajo.
– “Eso parece, Torbie” – responde su compañero. – “Esos bastardos han acabado con todo el que se ha opuesto a la invasión.”
En ese instante, los cuatro soldados imperiales rodean a los dos patrulleros.
– “Invasión no suena demasiado bien…” – dice Methiop. – “Preferimos conquista.”
Sus compañeros ríen de forma burlona, mientras los dos patrulleros se ponen en guardia.
– “Pagaréis por esto” – dice Torbie.
– “Sois unos ilusos” – responde Tupper. – “No entendéis nada.”
– “¡Y vosotros sois unos monstruos!” – exclama Chapasei. – “¡Lleváis muerte y destrucción a todos los planetas de la galaxia!”
– “El Imperio del Rey Cold trae paz y equilibrio.” – responde Tupper.
– “¡¿A esto llamáis paz?!” – dice Torbie, señalando los cadáveres kabajín que les rodean.
– “Sabéis que la guerra no es la primera opción del Rey” – explica Nink. – “Un emisario del imperio les propuso una anexión pacífica y lo asesinaron. Ellos empezaron el conflicto. Nosotros solo lo hemos terminado.” – sonríe el soldado.
– “Disfrutáis matando.” – le increpa Chapasei.
– “Disfrutamos haciendo nuestro trabajo.” – responde Tupper.
Torbie abre sus alas, dispuesto a atacar.
– “Os superamos en número.” – dice Tupper. – “Marchaos. No seáis idiotas.”
Chapasei sonríe y de forma repentina se multiplica, creando siete clones idénticos.
– “¡¿Qué demonios…?!” – se sorprenden los soldados.
– “¡Quedáis detenidos en nombre de la Patrulla Galáctica!” – exclaman los dos patrulleros.
Torbie y los clones de Chapasei se abalanzan sobre sus enemigos.
El escarabajo y un Chapasei se emparejan con el metalman, mientras los otros siete clones se distribuyen en parejas contra los otros tres soldados.
Mientras tanto, en Hera, el líder herajín recibe en su palacio a los emisarios del Imperio. Solo el consejero real y la líder de las Fuerzas Especiales han podido entrar a la sala del trono.
– “Bienvenidos” – les recibe el líder herajín, un hombre de mediana edad, vestido con las ropas tradicionales de su planeta, sentado en su trono.
– “Es un placer ser recibidos en su casa, señor Hido” – saluda Sorbet.
– “¿Qué trae a dos personalidades tan importantes a mi palacio?” – pregunta el herajín.
– “El Rey me ha pedido que le comunique su disposición a negociar una mejora de las condiciones del acuerdo entre su pueblo y el Imperio” – dice Sorbet.
– “Eso está bien” – sonríe Hido.
– “Así que, permítame preguntarle, ¿Cuáles son sus exigencias?” – continúa el consejero.
– “Lo primero, queremos un aumento de nuestros honorarios y la desaparición de las tropas imperiales de nuestro territorio.” – dice el líder herajín.
– “Señor, la primera parte de su petición es completamente justa. El Rey Cold está muy satisfecho con vuestro trabajo.” – asiente Sorbet. – “Pero abandonar su planeta…”
– “No he terminado.” – le interrumpe Hido. – “Queremos un guerrero herajín en las Fuerzas Especiales.”
En ese instante, la líder del escuadrón emblema del Imperio, que hasta ahora parecía desinteresada en la discusión política, presta atención a la conversación.
La petición también ha sorprendido a Sorbet.
– “¿Cómo dice?” – titubea Sorbet.
– “Tener a uno de los nuestros en ese equipo sería una muestra de aprecio al poder de nuestra raza.”– explica Hido.
– “Pero señor…” – dice el consejero imperial. – “Existen unas pruebas de acceso para ese pelotón. Cualquier soldado del Imperio tiene la posibilidad de presentarse a tales…”
– “¿Estás diciendo que mis hombres no están a la altura?” – pregunta el herajín, ofendido.
– “No, señor, pero…” – intenta calmar los ánimos Sorbet.
– “Sí” – interviene la líder de las Fuerzas Especiales.
El líder herajín se fija en la soldado.
– “¿Qué has dicho?” – pregunta enfadado Hido.
– “Ninguno de tus hombres está al nivel de mi escuadrón” – dice la guerrera.
– “¡¿Cómo osas?!” – se levanta airado el herajín.
Sorbet se pone nervioso.
– “Señores, cálmense…” – intenta poner paz el consejero.
Hido respira hondo y vuelve a sentarse.
– “Decidle al Rey Cold que las negociaciones han fracasado.” – dice el líder herajín.
– “¿Es esa su respuesta final, señor?” – pregunta Sorbet.
– “Así es.” – sentencia Hido.
– “Bien…” – dice Sorbet, que parece mostrar un cambio de actitud radical, esbozando una malévola sonrisa.
Sorbet mira de reojo a la líder de las Fuerzas Especiales y asiente, haciendo que la soldado de un paso al frente hacia el herajín.
Mientras tanto, en el planeta maldito, Hit camina entre las ruinas de una antigua civilización. Puede verse en la arquitectura de los restos que ese pueblo vivió una época de gran esplendor. En el centro de la vieja ciudad, en una gran plaza, se alza un gigantesco templo cuya fachada ha sido derruida. Frente a él, los restos de un gran acueducto derrumbado. 
Hit atraviesa la plaza cuando es rodeado por cuatro personajes de aspecto demoníaco. Uno de ellos es un guerrero fortachón de tez naranja, cabello rojo y dos pequeños cuernos del color del nácar, que viste un pequeño pantalón slip azul y un arnés del mismo color. El segundo es una pequeña criatura de piel verde, labios rojos, y unos grandes ojos amarillos que se mueven de forma independiente, y viste solo un pantalón azul. El tercero es un guerrero grande y fuerte de piel ocre, pequeños cuernos y grandes alas, vistiendo una armadura azul oscuro. Y, por último, el cuarto guerrero tiene la piel azul claro, cabello anaranjado y dos pequeños cuernos adornando su frente; visto una túnica morada y una capa de un tono más oscuro.
Hit los observa con detenimiento.
– “¿Qué tenemos aquí?” – sonríe el demonio alado. – “¿Qué opinas, Zeeun?”
– “Debe haberse perdido, Wings” – dice el fortachón del arnés.
– “Hace mucho que no probamos carne fresca…” – babea la pequeña criatura verde.
– “Tienes razón, Medamatcha” – dice el demonio azul.
Hit suspira.
– “No queréis hacer esto.” – dice Hit.
– “¡YAAAAAAA!” – grita Medamatcha, haciendo que tres diminutos seres nazcan de su espalda y se abalancen sobre el enemigo.
Hit, con un rápido movimiento acrobático, repele a las tres criaturas.
Zeeun se lanza también sobre él, dispuesto a propinarle un puñetazo, pero Hit esquiva el golpe y rápidamente agarra el brazo de su enemigo, proyectándole contra el suelo con una rápida llave de judo.
En ese instante, dos brazos azules brotan del suelo y agarran los pies del asesino, inmovilizándole.
– “¡Buen trabajo, Angila!” – exclama Wings, que cae del cielo haciendo un puño con ambas manos, dispuesto a atizar a su enemigo. – “¡No podrás esquivar esto!” – grita el demonio.
El asesino clava su mirada en el en demonio alado y sopla con fuerza, emitiendo una gran nube de humo negro que desconcierta al enemigo.
– “¡¿Qué demonios es esto?!” – exclama Wings, que enseguida retrocede.
De repente, Wings siente que alguien tira de sus brazos y le estampa contra el suelo.
Al disiparse la humareda, Hit ha desaparecido.
– “¡¿Dónde está?!” – exclama alarmado Medamatcha.
– “¡Maldición!” – lamenta Zeeun mientras se pone en pie. – “¡No puede haber ido muy lejos!”
– “¡No le veo!” – exclama Angila, con el rostro dolorido. – “¡¿Tú ves algo, Wings?!” 
Su compañero no responde.
– “¡¿Wings?!” – insiste Angila.
En ese instante, todos se dan cuenta de que su compañero ha sido noqueado.
– “¿Cómo lo ha hecho?” – se pregunta Medamatcha, sorprendido. – “¡Tened cuidado!” – exclama a sus compañeros, pero al darse la vuelta se percata de que ellos también han caído.
El demonio, asustado, retrocede lentamente hasta toparse con Hit.
– “Tranquilo” – dice el asesino. – “Solo les he noqueado.”
Medamatcha intenta darse la vuelta, pero antes de lograrlo cae al suelo fuera de combate. 
Hit, calmado, continúa su camino hacia el templo en ruinas.
En Kabasei, Nink intenta golpear sin éxito a sus enemigos, dos clones de Chapasei, que se mueven a una velocidad de vértigo.
– “¡Son muy rápidos!” – lamenta el soldado imperial.
Cerca de allí, Tupper es avasallado por otros dos clones que, a pesar de ser incapaces de dañar su dura piel, él parece ser incapaz de tocarlos.
– “Qué incordio…” – murmura el soldado.
Por su parte, Methiop es el único que parece poder mantener el ritmo de los clones de Capasei, gracias a sus largos brazos y rápidos puñetazos.
Mientras tanto, Auta Motroco intenta alcanzar sin éxito a Chapasei con su aliento flamígero.
Torbie sorprende al metalman por la espalda y le propina un puñetazo en la nuca que no surge ningún efecto.
– “Es muy resistente.” – dice el escarabajo.
– “Pero muy lento.” – sonríe Chapasei. – “Seguro que lograremos encontrar un punto débil.”
En ese instante, en el abdomen del metalman, su caldera interior parece arder con más intensidad, y una gran cantidad de vapor a presión surge de sus chimeneas, que silban como una olla a presión.
– “¿Qué demonios…?” – se sorprende el escarabajo.
De repente, Auta Motroco arrolla a Torbie como si fuera una locomotora, haciéndole estallar con el impacto cuál insecto en el parabrisas de un coche.
– “Tor… Torbie…” – titubea su compañero, que ha quedado bañado en hemolinfa verde.
Al entrar en shock, su estado mental se transmite a los clones, que pierden la concentración y son rápidamente superados por los soldados imperiales.
Chapasei se apresura en apretar un botón de su auricular, pero enseguida es agarrado por el metalman, que abre su boca y lanza un torrente de lava sobre el cuerpo del patrullero, fundiéndole en su mano.
Los demás soldados se acercan a su compañero.
– “Buen trabajo, Motroco” – le felicita Tupper.
– “Estos patrulleros son un incordio.” – dice Methiop. – “Cada vez cuentan con más efectivos.”
– “El Rey Cold va a tener que tomárselos en serio.” – dice Nink. – “Podrían ser un problema en el futuro.”
En Hera, un gran estruendo alerta a los guardias herajín que protegen la entrada a la sala del trono, armados con lanzas doradas, que enseguida irrumpen en el salón. Al abrir las puertas, se encuentran a Hido agarrando por el cuello el cuerpo sin vida de la líder de las Fuerzas Especiales.
Los hombres de Hido enseguida rodean a Sorbet, apuntándoles sus lanzas.
– “Tranquilos, muchachos” – dice el consejero imperial.
– “¡¿Órdenes, señor?!” – pregunta un herajín.
Hido lanza el cuerpo de la soldado a un lado y ordena a sus hombres que bajen las armas.
– “Ha sido solo un desacuerdo.” – dice el líder herajín. – “La líder de las Fuerzas Especiales ha intentado atacarme, pero no actuaba en nombre del Rey, ¿no es así?.” – le pregunta a Sorbet.
– “Por supuesto, señor” – responde el consejero imperial. – “El Rey Cold no actuaría de tal forma. Su Majestad tiene gran estima hacia su pueblo.”
– “Me alegra oír eso.” – sonríe Hido. – “Podéis soltarle.” – ordena a sus hombres.
Los guardias obedecen.
– “Marcharos. Gracias.” – dice Hido. – “Aún nos quedan ciertos temas de los que hablar.”
– “Sí, señor” – responden sus hombres.
Al quedarse a solas de nuevo, Sorbet sonríe.
– “Buen trabajo, Capitán Ginyu.” – felicita el consejero al líder de las Fuerzas Especiales.
Mientras tanto, en el planeta maldito, Hit se dirige al altar del templo, donde un gran trono de piedra ha sido construido a partir de ruinas. En él se encuentra sentado un anciano encapuchado de tez verde envuelto en una gran túnica amarilla.
– “Bienvenido a mi hogar, extranjero.” – dice el anciano, mientras revela su rostro.
Hit se sorprende al ver a la misteriosa figura.
– “Me llamo Slug.” – revela el anciano.

DBSNL // Capítulo 114: Súper Ub

DBSNL // Capítulo 114: Súper Ub
“No eres el mismo chico de antes…”

En el planeta Vampa, varias naves de la Patrulla Galáctica han llegado. Los agentes ayudan a identificar a los saiyajín y les invitan a acompañarlos.
Trunks y Leek se encuentran reunidos.
– “Os encontraremos un hogar” – dice Trunks.
– “Gracias” – responde el anciano saiyajín.
Unos patrulleros se acercan a Trunks y le entregan una pequeña caja, de la que el mestizo saca una píldora y se la toma. Después, se acerca a Goku y a Vegeta.
– “Tomad” – les dice, entregándoles una píldora a cada uno.
– “¿Qué son?” – pregunta Vegeta.
– “Píldoras senzu” – responde Trunks. – “La patrulla las está probando para Son Gohan. No son tan efectivas como las semillas, pero recuperaréis vuestras energías.”
– “¡Es fantástico!” – celebra Goku.
– “¿Y porqué no usáis semillas?” – pregunta Vegeta.
– “Con una sola semilla se pueden hacer un centenar de píldoras.” – explica el mestizo. – “Podrían ser muy útiles en el futuro.”
– “Gohan es muy listo, jeje” – sonríe Goku.
Vegeta le mira de reojo y suspira.
– “Dale una a Broly” – dice Vegeta.
– “De acuerdo” – asiente Trunks.
Finalmente, Goku y Vegeta se preparan para marcharse.
– “Hora de volver a casa.” – sonríe Goku, mientras se prepara para realizar el Shunkanido.
Pero Goku se detiene. Su rostro muestra una importante preocupación.
– “¿Qué ocurre?” – le pregunta Vegeta.
– “Siento dos ki extraordinarios luchando…” – responde Goku.
– “¿Dónde?” – pregunta Vegeta.
En la Tierra, Cell ha regresado a la Atalaya y se encuentra cara a cara con Ub.
– “¿Quién eres tú?” – pregunta Cell. – “No eres el mismo chico de antes…”
– “Creo que no” – responde el muchacho.
Mientras tanto, Pan desciende hacia la Torre de Karín, pero justo antes de llegar, puede ver a Piccolo salir de ella y alejarse rápidamente.
– “Tío Piccolo…” – murmura Pan. – “¡No te escaparás!” 
La mestiza persigue al namekiano, que pronto se da cuenta de la presencia de la muchacha y se detiene.
– “Pan…” – sonríe Piccolo.
– “¿Vas a alguna parte?” – le pregunta su pupila.
– “No puedes detenerme.” – dice Piccolo. – “Aunque derrotéis a uno de mis cuerpos, cada vez somos más. Pronto toda la Tierra formará parte de mí. Una gran conciencia común.”
– “Os derrotaremos uno a uno si hace falta.” – dice Pan mientras se pone en guarda.
– “¿Eso crees? ¿Crees que puedes derrotar a tu maestro?” – dice Piccolo.
La mestiza se envuelve en su aura de Súper Saiyajín.
En un lejano planeta, Freezer ha recibido una paliza. El demonio del frío se pone en pie, pero un poderoso ataque de ki le alcanza y le repele, lanzándole por los aires hasta estamparle contra una montaña.
El enemigo se acerca al demonio del frío lentamente. Es un personaje de gran envergadura, musculoso, orejas puntiagudas y tez verde oliva, con un ojo negro y otro gris.
– “El demonio del frío inmortal…” – murmura el enemigo. – “La última vez que nos enfrentamos tenías el poder del Hakaishin… Pero ahora tu fuerza es insignificante. No te necesito.”
Freezer, incrustado en la roca, aprieta los dientes, preocupado.
– “Mojito…” – murmura el tirano. – “La última vez tenías mejor aspecto” – se burla.
El demonio extiende sus manos hacia delante, y una tormenta eléctrica de rayos rojos y negros se desata a su alrededor.
– “Puede que seas inmortal…” – sonríe Garlick. – “Pero tu destino será peor que la muerte”.
De repente, una voz les interrumpe.
– “¿Necesitas ayuda, Freezer?” – se burla Vegeta mientras camina hacia ellos.
Freezer y Garlick se sorprenden al ver a Vegeta.
– “¿Qué haces tú aquí?” – pregunta el demonio del frío. – “¡No necesito tu ayuda!”
– “No seas así” – interviene Goku, que se acerca por el otro flanco. – “Hemos venido a echarte una mano.”
– “¡No os necesito!” – exclama Freezer, frustrado.
Goku y Vegeta se transforman en Súper Saiyajín Blue.
– “¿Este es el renacuajo del Makai?” – se pregunta Vegeta. – “¿Has estado haciendo pesas, diablillo?” – se burla.
– “Puedo sentir otra presencia en su interior” – dice Goku.
– “Es Mojito” – aclara Freezer.
– “¡¿Otra vez?!” – se sorprende Vegeta, molesto con tener que lidiar de nuevo con el ángel caído. – “Ese bastardo tiene más vidas que un gato”.
– “Esta vez, acabemos con él de una vez por todas” – añade Goku.
Garlick retrocede y se pone en guardia.
– “Malditos…” – murmura entre dientes.
Freezer intenta ponerse en pie, muy malherido, pero cae de rodillas.
– “Así solo nos estorbas” – dice Vegeta, que apunta al demonio del frío con su mano. – “¡Big Bang Attack!” – exclama el saiyajín.
El ataque de Vegeta desintegra a Freezer, que aparece de nuevo entre la polvareda, esta vez sin ningún rasguño.
– “Lo has disfrutado, ¿verdad?” – le dice Freezer.
– “Por supuesto” – responde Vegeta.
Freezer se envuelve en su aura morada, mucho más densa de lo habitual.
– “¡¿Ki divino?!” – se sorprende Goku.
– “He estado entrenando” – responde el demonio del frío. – “¿Creíais que os dejaría mantener esa ventaja?”
– “No está nada mal” – sonríe Vegeta.
– “Le estabas estudiando…” – sonríe Goku al ver que Freezer ha mejorado como luchador.
Freezer esboza una pícara sonrisa.
– “Básta de cháchara.” – les interrumpe Vegeta.
Una gota de sudor recorre la frente de Garlick.
– “Me ha engañado…” – piensa el demonio. – “Ocultaba su verdadero poder…”
En la Tierra, Ub se abalanza sobre Cell y el choque provoca la formación de un gran cráter en la Atalaya, que se resquebraja y empieza a fragmentarse.
Ub retrocede y se eleva, apuntando a Cell con su mano derecha y generando una tormenta de rayos de ki rosados que caen sobre el insecto como una lluvia de estrellas.
Cell intenta cubrirse, pero el ataque de Ub le sorprende y los rayos de ki impactan contra él cientos de veces, obligándole a levantar una barrera protectora.
El insecto embiste a al muchacho, que le detiene agarrándole por la corona y acto seguido lo lanza contra el palacio, haciendo que lo atraviese.
Cell recupera la estabilidad, pero Ub ha usado el Shunkanido para aparecer detrás de él y lanzarle un Kamehameha que le empuja hacia la superficie terrestre a gran velocidad.
Lejos de allí, Bra ha noqueado a Dende. En ese instante, Mr. Popo aparece de la nada a bordo de su alfombra mágica.
– “¡Kamisama!” – exclama al ver al Dios en el suelo.
– “Solo está inconsciente” – le tranquiliza Bra. – “¿De dónde sales tú?”
– “Dende me ordenó que escapara cuando sintió que todo se torcía” – dice Popo.
Popo baja de la alfombra de un salto y se acerca a Dende.
– “Si despierta, curará a nuestros enemigos” – dice la mestiza. – “De momento, debe seguir así.”
Bra se transforma en Súper Saiyajín y se prepara para marcharse.
– “¿Qué hago si despierta?” – le pregunta Popo, confuso y nervioso.
– “Noquéale otra vez” – responde Bra antes de partir.
Mientras tanto, Piccolo y Pan se han enzarzado en un combate que Piccolo parece dominar.
– “¡¿Cuánto crees que puedes aguantar?!” – se burla el namekiano, golpeando a su pupila y haciendo que bese el suelo.
Pan intenta levantarse, pero recibe una patada de Piccolo en el abdomen que le hace rodar por el suelo.
– “Es curioso…” – dice Piccolo. – “Mi mente está en plena ebullición. Tus amigos, sin duda quieren que me detenga. Wheelo cree que serías una buena adquisición para mi ejército…”

Piccolo agarra a Pan por el cuello y la levanta.
– “Pero una parte de mí…” – dice el namekiano. – “Una parte de mí quiere ver la cara de Son Goku cuando encuentre el cuerpo de su nieta.”
En ese instante, Piccolo parece sufrir una terrible jaqueca y suelta a Pan.
– “¡¿Qué ocurre?!” – grita el namekiano mientras se sujeta la cabeza. – “¡Callaos!”
Pan observa al namekiano, muy confusa.
De repente y como un rayo, Bra aparece y propina una patada en la cara a Piccolo, alejándole de su amiga.
Pan, que ha caído al suelo, se levanta como puede.
– “Gracias” – sonríe Pan al ver a su amiga.
– “¡Espabila!” – le apresura Bra. – “No puedo ganar esto sola.”
Piccolo se levanta enfadado.
– “Malditas crías…” – refunfuña el namekiano.
Las dos muchachas, transformadas en Súper Saiyajín, se ponen en guardia.

ESPECIAL DBSNL /// Cold Chronicles // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte VII: Hit

Cold Chronicles / Parte VII: Hit
“No es nada personal.”

En los suburbios del planeta Imegga, en una taberna oculta en un viejo sótano, un misterioso personaje de tez morada y que viste una larga gabardina negra se encuentra sentado en solitario. A su alrededor, otras mesas llenas de individuos con pinta de delincuentes y forajidos juegan a cartas y beben despreocupados.
De repente, un ser encapuchado entra en el local. La taberna queda en silencio cuando el personaje entra en el lugar. Todos los presentes han puesto las manos en sus armas, esperando lo peor, pero el ambiente pronto vuelve a la normalidad cuando se dan cuenta de que no es un peligro.
El encapuchado se acerca al viejo tabernero.
– “Busco a alguien para un trabajo” – dice el forastero.
– “¿Qué tipo de trabajo?” – pregunta el propietario del establecimiento.
– “Uno de los que solo se ofrecen aquí” – responde el encapuchado, que vacía un pequeño saco de dinero sobre la mesa y le entrega una moneda al tabernero.
– “Es mucho dinero…” – se sorprende anciano.
– “Es un trabajo difícil…” – responde el forastero.
El propietario echa un vistazo a las mesas del local.
– “Habla con ese” – responde, haciéndole un gesto con la cabeza, señalándole al personaje de la gabardina. – “Se llama Hit.”
– “Gracias” – dice el encapuchado, recogiendo su dinero y entregándole otra moneda al mesonero como propina.
El forastero se acerca a la mesa que le ha sido señalada y se sienta frente al personaje que allí se encuentra.
– “Tengo un trabajo” – anuncia el encapuchado.
– “Habla” – responde su contertulio.
– “No es una tarea fácil” – explica el forastero, que vuelve vaciar el saco de monedas sobre la mesa. – “Pero tiene una alta recompensa.”
– “¿Vas a decirme de qué se trata?” – insiste Hit.
– “Una vez te informe de la misión, no podrás negarte” – aclara el encapuchado. – “Es confidencial.”
– “¿Me amenazas?” – responde Hit. – “Dile a Xo-Nin que envíe a un mejor emisario.” – añade mientras se levanta.
– “¡Espera!” – exclama el encapuchado, nervioso.
Hit se detiene. El forastero empieza a sudar y a ponerse nervioso.
– “¿Quién…? ¿Quién ha mencionado a Xo-Nin?” – pregunta, tembloroso. – “¿De qué estás hablando?”
Hit pone sus manos sobre la mesa y se inclina hacia delante, intimidando al forastero.
– “Solo hay una persona en este planeta capaz de pagar tales honorarios” – dice Hit.
– “Nadie dice que mi señor sea de este planeta…” – se excusa el encapuchado.
– “Bien. Entonces hay dos personas: Xo-Nin y el Rey Cold.” – responde Hit. – “Pero, según he oído, los métodos del demonio del frío son mucho más directos; así que volvemos al punto de partida.”
– “Está bien, está bien…” – claudica el encapuchado, muy agitado. – “Por favor, siéntate.”
Hit vuelve a tomar asiento.
– “Xo-Nin quiere que te encargues de alguien.” – dice el forastero. 
– “Conozco los avances del Imperio. Ya no es un pequeño reino rebelde.” – dice Hit. – “Algunos planetas ni siquiera muestran resistencia. Se doblegan de buen gusto ante el Emperador. Y según parece, la expansión pronto llegará a este sector…”
– “Así es” – responde el encapuchado.
Hit observa el dinero con detenimiento.
– “Por lo que me ofreces, supongo que vas a pedirme que mate a los Generales del Imperio…” – reflexiona Hit. – “Está bien. Puedo hacerlo. Nos veremos aquí en…”
– “No.” – le interrumpe el forastero. – “Eso no es lo que Xo-Nin quiere.”
Hit se queda sin palabras.
– “Acaso me estás pidiendo que…” – dice Hit.
– “Sí.” – responde tajante el forastero. – “Xo-Nin quiere que mates al Rey Cold.”
Han pasado varios siglos desde que Cold empezó a alzar su Imperio desde las ruinas de Hera. La Capital del Imperio ha sido establecida en el planeta Cold-42, donde el Emperador tiene su residencia.
Meses después de ese encuentro en la taberna, en la sala del trono del Imperio, un soldado herajín se arrodilla ante el Rey, sentado en su sillón, transformado en su apariencia de toro, y escoltado por su pequeño consejero.
– “Mis hombres y yo hemos finalizando nuestra misión con éxito, señor.” – anuncia el soldado.
– “Buen trabajo” – responde Cold. – “Puedes retirarte.”
El soldado abandona la sala. 
El consejero del Rey se acerca Su Majestad.
– “¿Qué piensa hacer con ellos, Majestad?” – pregunta el personaje.
– “Son una raza fuerte…” – responde Cold. – “Me han servido durante muchos años.”
– “Pero señor, los informes que nos llegan son un poco alarmantes…” – continúa el consejero. – “Hablan de una rebelión en ciernes. Su nuevo líder ha agitado al pueblo y…”
– “No voy a traicionarles, Sorbet.” – sentencia el Rey. – “Reúnete con ellos y que expongan sus exigencias.”
– “De acuerdo, señor.” – responde el consejero. – “Como usted desee.”
– “Ahora, déjame a solas.” – dice Cold.
Su consejero hace una reverencia.
– “A su servicio” – se despide el lacayo. 
El Rey Cold se queda solo en la sala del trono.
– “No te lo puedo poner más fácil” – sonríe el Emperador.
De entre las sombras surge Hit, con sus manos en los bolsillos.
– “No es nada personal.” – dice el asesino.
– “Podrías matarme ahora mismo.” – dice Cold, con completa calma. – “En esta forma, no puedo detenerte.”
– “Será rápido.” – anuncia Hit.
– “Lo sé.” – dice el Emperador. – “Tu reputación te precede, Hit.”
El asesino se sorprende ante la actitud del Emperador.
– “Pero antes de que lo hagas, me gustaría proponerte un trato.” – dice Cold.
– “No puedes pagar tu escapatoria.” – dice Hit. – “Mi palabra vale demasiado.”
– “No pretendo sobornarte.” – le corrige el demonio del frío. – “Solo quiero ganar tiempo hasta que te lleguen tus nuevas órdenes.”
En ese instante, Hit recibe un mensaje en un dispositivo que lleva en su cinturón.
– “Léelo.” – dice el Emperador.
Hit mira el dispositivo.
– “Déjame adivinar…” – continúa Cold. – “Xo-Nin quiere anular su encargo.”
El asesino parece confuso.
– “Política.” – sonríe el Emperador. – “Los objetivos cambian tan rápido… Tengo ojos en toda la galaxia.” – explica. – “No fue difícil averiguar lo que planeaba Xo-Nin y encontrar algo que él desea y que solo yo puedo darle.”
Hit se da la vuelta, dispuesto a marcharse, pues su trabajo ha terminado.
– “¡Espera!” – le dice Cold. – “Ahora que estás libre, tengo un trabajo para ti.”
– “¿Vas a pedirme que mate a Xo-Nin?” – dice Hit.
– “Me gusta como piensas.” – sonríe el Emperador. – “Pero, no. Imegga funciona. Prefiero subyugarle antes que matarle. Es más útil.”
– “¿Qué quieres de mí?” – pregunta el asesino.
– “Quiero que investigues algo.” – dice Cold.
– “Creía que tenías ojos en toda la galaxia…” – murmura Hit.
– “Esto va mucho más allá.” – aclara el Emperador.
En unas horas, Hit ya viaja en una nave del Imperio a un recóndito planeta al que muchos consideran maldito y temen pronunciar su nombre.
Mientras tanto, Sorbet viaja a Hera, acompañado por la líder de las Fuerzas Especiales del Imperio, una mujer de piel morada y cabello fucsia, para reunirse con el líder de esa misma raza y calmar los ánimos de su pueblo.
En el planeta Kabasei, un lugar pantanoso y húmedo, el resto de las Fuerzas Especiales se encarga de aniquilar a los rebeldes que se resisten al Imperio. Los habitantes del planeta tienen aspecto de hipopótamo humanoide, con gran envergadura y grandes bocas de afilados colmillos.
Los cuatro guerreros de las Fuerzas Especiales, repartidos en distintas aldeas, masacran al pueblo kabajín.
En una pequeña villa, un guerrero hipopótamo se abalanza sobre un soldado del Imperio, cuya piel azul tiene la consistencia de una roca, y le muerde el brazo. El guerrero imperial sonríe de forma burlona, al no sentir dolor. El kabajín mira a su oponente desconcertado y asustado, y el soldado le remata con un fuerte puñetazo en la cabeza.
El soldado sonríe satisfecho al ver que no queda nadie más en pie.
– “¿Cómo vais?” – les pregunta el guerrero a sus compañeros a través de su auricular.
En otra aldea, el segundo miembro del escuadrón, de tez verde y gran envergadura, con un aspecto similar a un ogro, se encuentra sujetando a dos enemigos a los que hace chocar sus cabezas, dejándoles fuera de combate.
– “Ya me queda poco, Tupper.” – responde el soldado.
– “No esperaba menos de ti, Nink.” – responde el ishitoko. – “¿Y tú, Methiop?”
En otro lugar del planeta, Methiop, un guerrero con aspecto de crustáceo humanoide, de piel roja, noquea a su último oponente con una rápida combinación de puñetazos, como un boxeador.
– “Listo.” – responde el guerrero. – “¿Sabéis algo de Auta Motroco?”
– “Solo recibo interferencias” – dice Nink, que intenta comunicarse con su compañero.
En una cueva oscura, solo iluminada por la luz que emite el abdomen del metalman, varios enemigos intentan sorprender al soldado imperial, que sin pensárselo libera su aliento de fuego e inunda la cueva con torrente de lava que arrasa con todo lo que encuentra.
En ese instante, Tupper recibe un mensaje del centro de mando.
– “Parece que tendremos visita, chicos” – dice el soldado.
– “¿Qué ocurre?” – pregunta Nink.
– “Me comunican que se acerca una nave de la Patrulla Galáctica.” – sonríe Tupper.

ESPECIAL DBSNL /// Shingeki no Saiyajín // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte V: Los planes de Raichi

Shingeki no Saiyajín / Parte V: Los planes de Raichi
“El precio del progreso”


Tras una larga noche de fuego y destrucción, la luna desaparece y los saiyajín vuelven a la normalidad.
Los salvajes caminan entre las ruinas de la ciudad tsufur y se reúnen alrededor del joven que ha demostrado un poder más allá de los límites conocidos por su raza.
El viejo líder saiyajín se acerca al joven Yamoshi y se arrodilla frente a él en señal de respeto.
Cerca de allí, Zangya y Gokua han sobrevivido a la catástrofe. La madre sostiene a su hijo en brazos y camina por las calles de la ciudad cuando un grupo de saiyajín los rodean.
Zangya eleva su ki y se prepara para luchar, pero los salvajes son detenidos por un grito de Yamoshi.

– “¡NO!” – exclama el joven saiyajín.

Los saiyajín se detienen y retroceden. Yamoshi se acerca a Zangya y al chico.

– “Gracias” – dice la herajín.

Yamoshi observa detenidamente a Gokua, que se encuentra débil.

– “Co… Comida…” – vocaliza el saiyajín.
– “¿Qué?” – se sorprende la herajín.
– “Comida.” – insiste Yamoshi, que hace un gesto a Zangya para que le siga.

El joven saiyajín le hace otro gesto al viejo líder, indicándole que su compañero necesita comer. El saiyajín asiente y guía a Zangya y a su hijo lejos del campo de batalla.
Mientras tanto, en el corazón de un remoto planeta árido y rocoso, en lo más profundo de sus grutas y túneles naturales, tras una gigantesca compuerta metálica, una gigantesca computadora parece estar recopilando datos. 
Frente a la pantalla, un desfigurado Raichi observa la información y sonríe satisfecho.

– “Unos resultados extraordinarios…” – murmura el tsufur.


En el monitor aparecen esquemas de un dispositivo de control similar al que se utilizó con Zangya y varias lecturas del poder de Yamoshi.

– “Un Súper Saiyajín…” – sonríe el doctor.

El científico archiva los datos. En el monitor pueden verse un gran número de archivos titulados “Proyecto” seguido de una cifra; algunos pocos títulos aparecen de color verde, otros en amarillo, y la mayoría en rojo.

– “Con esto finaliza la fase principal del Proyecto 317.” – murmura Raichi.

En otro de los monitores aparece un mapa galáctico con planetas coloreados de la misma forma que los archivos. El planeta Plant pasa de verde a naranja.

– “El precio del progreso.” – dice Raichi, que se acaricia su deformado rostro.

En el centro del laboratorio se encuentra un cilindro de cristal lleno de un extraño líquido verdoso, en el que puede identificarse una silueta de gran envergadura con seis orbes de cristal verde en cabeza, pecho, brazos y piernas, similares a los que adornaban el dispositivo que limitaba el poder de Zangya, pero mucho más grandes.

– “Nadie se interpondrá en mi camino.” – murmura Raichi. – “Esta vez, no.”

En el planeta Plant, los años pasan y la guerra entre tsufur y saiyajín continúa. El joven Yamoshi, ahora ya un adulto, sigue trabajando para lograr controlar el poder del Súper Saiyajín, que despierta de forma intermitente durante las batallas. Zangya y Gokua le han ayudado a refinar su estilo de lucha, y los saiyajín se han hecho más fuertes e inteligentes a su lado.
Un día, una nave extraterrestre entra en la atmósfera, causando un gran estruendo que llama la atención de Gokua y un grupo de saiyajín, que habían salido en una expedición en busca de comida.
La aeronave desciende rápidamente, con uno de sus motores en llamas, y termina estrellándose en mitad del desierto.
Gokua y sus hombres siguen la humareda hasta llegar al lugar del accidente.
El herajín es quien se acerca al vehículo siniestrado y le arranca el morro para poder tener acceso a la cabina.

Gokua se queda boquiabierto al ver a un piloto de su propia raza sentado a los mandos, malherido.

– “¿Cómo es posible…?” – se pregunta el herajín. – “Se supone que Hera había desaparecido…”