ESPECIAL DBSNL /// El Saiyajín Dios // Universo 7 / Parte III: Los pecados del padre

El Saiyajín Dios / Parte III: Los pecados del padre
“Es nuestro futuro, Kabasha.”


Raichi parece haber reconocido a Broly como el hijo de Páragus, llamando la atención del saiyajín.
– “¿Porqué conoces a Páragus y a Broly?” – le pregunta Tarble al tsufur.
Raichi ignora al saiyajín y solo se dirige a Broly.
– “Páragus recurrió a mí cuando tu poder escapó de su control.” – dice el tsufur. 
– “¡Páragus jamás pediría ayuda a un tsufur!” – exclama Tarble.
– “Parece que hay muchas cosas que desconocéis…” – sonríe Raichi. – “Dejad que os lo muestre.”
Raichi desaparece y el holograma muestra a un joven Páragus sentado en el suelo, apoyado en el panel de control del laboratorio, llorando.
– “No puedo…” – solloza Páragus. – “No puedo hacerlo…”
Todos los presentes se sorprenden al ver la escena; y sobretodo al ver una cara de su antiguo líder que desconocían.
Un holograma de Leek entra en el laboratorio.
– “Señor Páragus…” – dice el saiyajín, apenado. – “Lo siento mucho.”
– “No puedo hacer esto, Leek.” – responde Páragus. – “Sé que él es el saiyajín de la leyenda… Sé que el pueblo le necesita… Pero no sé si puedo hacerlo…”
– “Es su hijo, señor.” – dice Leek. – “Y es solo un niño. Ha sido un accidente. No controla su poder.”
– “Está muerta, Leek” – responde Páragus, con una airada mirada y con los ojos rojos por las lágrimas derramadas. – “Él la ha matado.”
Los presentes se quedan de piedra al ver lo ocurrido. El rostro de Broly parece descompuesto; en shock. En su mente, brevemente recuerda a una mujer abrazándole cuando él era solo un niño.
En ese instante, el saiyajín parece estar sufriendo una jaqueca y se sujeta la cabeza con sus manos.
– “Grrr…” – gruñe el saiyajín.
Tarble se acerca a él cautelosamente. 
– “Tranquilo, Broly” – dice el saiyajín. – “Cálmate. Ni siquiera sabemos si eso es cierto.”
El holograma desaparece y se convierte de nuevo en Raichi.
– “Tú la mataste, Broly” – sonríe el tsufur. – “Lo recuerdas, ¿verdad?”
La mente de Broly se llena de recuerdos dolorosos.
En una escena, un pequeño Broly ha estado entrenando con su padre y ahora se encuentra en el suelo, recobrando el aliento.
– “¡Tienes que esforzarte más!” – exclama Páragus. – “¡Tienes el poder para salvar a nuestra raza! ¡No puedes permitirte descansar!” – le grita su padre, propinándole una patada.
– “Tiene tres años, Páragus” – interviene su madre.
– “Y ya ha demostrado más fuerza que muchos guerreros” – dice el saiyajín.
– “Pero es un niño” – responde la madre, agachándose junto a Broly para ayudarle a levantarse. 
– “¡Es el saiyajín de la leyenda!” – grita Páragus. – “¡¿Es que no lo entiendes?!”
En otra escena, Broly se encuentra airado y peleando con varios guerreros saiyajín, que intentan sujetarle, hasta que Páragus interviene y agarra al chico por la cola, debilitándole.
– “¡Voy a tener que enseñarte disciplina!” – grita Páragus, estampándole contra el suelo. 
Broly está perdiendo el control. Tarble intenta reconfortarle, pero el saiyajín sigue inmerso en unas imágenes que invaden su mente sin control, como si una compuerta que ha permanecido cerrada durante años se hubiera abierto.
Otro momento cruza la mente del saiyajín. Sus padres están discutiendo, mientras Broly escucha agazapado tras una pared cercana.
– “Le presionas demasiado, Páragus.” – dice ella. – “No puedes exigirle tanto. Es solo un niño.”
– “Es nuestro futuro, Kabasha” – responde Páragus. – “Es el único que puede traer el resurgir de los saiyajín. ¡El va a liberar a nuestro pueblo!”
– “¡Ya basta!” – exclama ella. – “¡Nosotros somos libres! ¡Deja que el Rey Vegeta lidie con el Imperio! Ahora estamos lejos de todo eso. Vinimos aquí para empezar de cero, ¡pero tú no nos dejas!”
– “¡¿Yo soy el problema?!” – exclama Páragus, furioso.
– “¡Mucha de esta gente no ha visto nunca el planeta Vegeta!” – responde ella. – “¡Ni a Freezer!”
Páragus agacha la cabeza.
– “He oído rumores…” – dice Páragus.
– “¿Rumores?” – pregunta Kabasha.
– “Parece que el Planeta Vegeta ya no existe.” – responde Páragus.
– “¿Dónde lo has oído?” – dice la mujer. – “¿Cuándo?”
– “Hace tiempo, en el laboratorio.” – responde el saiyajín.
Kabasha se da cuenta de lo sucedido.
– “Me lo has ocultado…” – dice la saiyajín, apenada. – “Ahora lo entiendo todo… ¡Por eso te eres tan duro con Broly!”
– “¡Le necesitamos, Kabasha!” – dice Páragus. – “¡Estoy seguro de que Freezer ha tenido algo que ver! ¡Ese monstruo quiere exterminar a nuestra raza!”
– “¡BASTA!” – grita Kabasha. – “¡YA ES SUFICIENTE! No dejaré que tortures a nuestro hijo por una de tus fantasías.
– “¡¿Fantasías?!” – responde Páragus.
– “Todos nosotros te seguimos hasta aquí, hasta un remoto planeta perdido en el borde exterior, por muy inhabitable que pareciera, porque confiábamos en ti… Creíamos en tu visión. Confiábamos en la leyenda del Súper Saiyajín y en su retorno” – dice Kabasha. – “Pero empiezo a pensar que solo tenías envidia del Rey Vegeta.”
– “¿Cómo te atreves?” – dice Páragus, en tono desafiante, mientras se acerca a Kabasha.
– “Y ahora, te has obsesionado en que tu hijo sea mejor que el suyo.” – le dice la saiyajín. – “Aunque eso signifique torturar a Broly.”
Páragus propina un cabezazo a Kabasha, haciendo que sangre por la nariz, dejándola aturdida durante un instante.
Kabasha se frota la nariz y observa su mano ensangrentada.
– “¿He acertado?” – sonríe la saiyajín.
– “Ya basta, Kabasha.” – le advierte Páragus.
Kabasha se abalanza sobre Páragus, que esquiva el puñetazo de la saiyajín y le propina un golpe en el estómago, haciendo que la mujer caiga de rodillas al suelo.
– “No dejaré que ni tú ni nadie se entrometa en el destino de Broly” – le amenaza Páragus.
La saiyajín se pone en pie. Páragus le ofrece su mano, pero ella la rechaza.
– “¡No me toques!” – responde ella.
En ese momento, Broly no aguanta más y corre hacia su padre, saltando y propinándole un cabezazo en el costado, rompiéndole varias costillas y derribándole al instante.
– “Broly…” – murmura asustada su madre.
Páragus, se levanta dolorido y sujetándose el costado.
– “Maldito crío…” – refunfuña el saiyajín.

De repente, Páragus se da cuenta de la mirada enrabietada de su hijo. Sus pupilas brillan de color magenta y su cabello ondea ligeramente, pues parece que una tenue brisa envuelve al saiyajín.
Kabasha se acerca a su hijo.
– “Tranquilo, Broly…” – intenta calmarle. – “No pasa nada…”
Páragus se pone en pie.
– “Ahora te comportas como un guerrero…” – dice el saiyajín, esbozando media sonrisa que provoca a Broly. – “¡Muéstrame de que eres capaz!”
Broly aprieta sus puños con fuerza.
– “No la toques…” – gruñe el pequeño entre dientes. – “¡¡NO TOQUES A MI MAMÁ!!” – grita Broly.
Una gran explosión de ki magenta inunda la sala, empujando a Kabasha y a Páragus contra la pared de la gruta, que se desmorona sobre ellos.
Tarble agarra el brazo de Broly para intentar sacarle de su trance.
– “¡Broly!” – exclama su compañero. – “¡Tranquilo!”
De repente, el saiyajín empuja a su amigo, lanzándole contra la pared del laboratorio.
Los ojos de Broly brillan de color magenta y su cabellera adquiere ese mismo color.
Obni y Ganos retroceden aterrorizados.
– “Maldita sea…” – murmura Ganos. – “Tenemos problemas serios…”
Kale parece preocupada por el saiyajín.
Raichi sonríe al ver la furia de Broly.
– “Eso es…” – dice el tsufur. – “Eres un monstruo… ¡Acéptalo! ¡Solo traes muerte y destrucción!”
Broly grita con todas sus fuerzas, adquiriendo su forma musculosa y emitiendo una onda expansiva de ki que derriba a todos los presentes y hace temblar el laboratorio.
En ese instante, un cilindro sellado en el centro del laboratorio se abre, revelando una silueta tan grande como el propio Broly, con seis brillantes orbes similares a los que componían el mecanismo de control del saiyajín. 

– “Proyecto Hatchiyack” – anuncia un altavoz. – “Entrando en la fase final.”
El líquido que envuelve al gigantón es drenado rápidamente y el cilindro de cristal desaparece en el techo del laboratorio, liberando a la creación de Raichi.
Los presentes, aturdidos por el ataque de Broly, asisten al despertar de un nuevo enemigo.
– “¿Qué es eso?” – se pregunta Tarble.
El holograma del doctor se desvanece, pero su risa sigue sonando por todo el laboratorio.
– “Veamos de qué eres capaz, hijo de Páragus” – dice el tsufur.

DBSNL // Capítulo 121: Tiempos tranquilos

DBSNL // Capítulo 121: Tiempos tranquilos
“Es un buen muchacho”
Trunks y Cheelai se encuentran en el centro de la pista de baile cuando la música disminuye gradualmente hasta quedarse en silencio y el escenario se ilumina, revelando a tres personajes de tez azul vistiendo un top rosa sobre mayas rojas.
– “¡Bon Para!” – saluda uno.
– “¡Don Para!” – exclama otro.
– “¡Son Para!” – grita un tercero.
– “Somos… ¡Los Hermanos Para-para!” – se presentan al unísono.
La gente enloquece al ver al grupo de moda sobre la tarima.
– “¡BON-PARA-PARA-PARA BON-PA-PÁ!” – cantan mientras empiezan a bailotear.
Trunks parece sentir vergüenza ajena al ver al grupo.
– “¿De verdad son famosos?” – se pregunta el saiyajín.
– “¡Mira!” – exclama Cheelai. – “¡La gente se sabe la coreografía!”
Toda la discoteca empieza a copiar los movimientos de los hermanos.
– “¡Es alucinante!” – se sorprende Trunks.
De repente, el mestizo se da cuenta de que su compañera también se ha puesto a bailar.
– “¿Tú también te la sabes?” – pregunta Trunks, que parece perder el respeto por su amiga.
– “¡Es como si mi cuerpo se moviera solo!” – dice ella, algo asustada.
– “No tienes que inventarte excusas…” – dice Trunk. – “Si te gustan, pues tampoco pasa nada…”
– “Trunks…” – dice Cheelai. – “¡Tú también estás bailando!”
– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende el saiyajín, al darse cuenta de que él también se mueve al ritmo de la música de forma automática.
Toda la discoteca baila al son de los Hermanos Para-Para.
– “¡¿Qué está pasando?!” – exclama Trunks, asustado.
En el planeta de los Kaioshin, Ub y Vegeta se encuentran enzarzados en su combate.
– “¡Peleas bien, chico!” – se burla Vegeta, que lleva la iniciativa.
– “¡El señor Goku me ha entrenado bien!” – sonríe Ub.
De repente, Vegeta se queda en silencio mirando por encima del hombro de Ub, pasmado, como quien ha visto un fantasma.
– “¿Qué ocurre?” – pregunta Ub, que se da la vuelta.
– “¡Idiota!” – exclama Vegeta, propinándole un puñetazo que lo derriba, estrellándole contra el suelo.
Ub sentado en el suelo, se sujeta la cara, magullado.
– “¡ESO ES JUGAR SUCIO!” – se queja Ub.
– “¡Así es un combate!” – responde Vegeta. – “¡Por eso perdiste contra Cell! Nunca vas a aprender estas cosas con el blando de Kakarotto.”
Goku se acerca volando y aterriza junto a ellos.
– “Por mucho que me duela, tengo que darle la razón.” – admite Goku. – “Muchos de tus enemigos no van a respetar las normas, ni tendrán un fuerte sentido del honor. Tienes que estar siempre atento.”
– “Está bien…” – responde Ub, cabizbajo.
– “¡Pero has hecho un buen trabajo!” – le felicita Goku.
– “No ha estado mal” – replica Vegeta.
Ub se prepara para ponerse en pie y Vegeta le ofrece la mano.
– “Te queda mucho por aprender” – le dice el saiyajín.
El muchacho de Isla Papaya asiente con una sonrisa, aceptando la mano de Vegeta.
En la Tierra, Son Gohan y Pan también están peleando. El padre utiliza la multiplicación de cuerpos para distraer a su hija, que se frustra mientras falla en todos sus intentos de encontrar al verdadero Gohan.
– “¡No te concentras!” – le riñe Gohan, que aparece detrás de ella y le propina un codazo en la espalda, lanzándola contra el suelo.
Pan se pone en pie, enrabietada.
– “Estoy intentando seguir tu ki, pero te mueves demasiado rápido” – responde Pan.
– “Seguir mi rastro de energía es importante, pero no lo es todo.” – explica Gohan. – “Tienes que intentar anticiparte a mis movimientos. Es importante analizar las características del enemigo antes de pasar al ataque, o le estarás regalando la ventaja.”
En ese momento, Piccolo se acerca a ellos.
– “Sabias palabras” – sonríe el namekiano.
– “¿Ya has terminado tu entrenamiento por hoy?” – le pregunta Gohan.
– “No he avanzado mucho.” – suspira Piccolo. – “Pero quiero ir a ver a Dende.”
– “Sigues intentándolo, ¿eh?” – sonríe Gohan.
– “Si Freezer lo ha conseguido, yo también puedo hacerlo.” – responde Piccolo.
Gohan sonríe orgulloso de su maestro.
– “¡Yo quiero ir a ver a Dende!” – exclama Pan. – “¿Puedo?” – le pregunta a su padre.
– “Claro.” – responde Gohan. – “Ya hemos entrenado suficiente por hoy. Además, debería ir a la universidad… Últimamente, se me acumula el trabajo.”
– “¡Genial!” – exclama Pan.
– “Pan, si vas a la Atalaya, ¿puedes pasar por la Torre de Karín y pedirle unas semillas? Las necesito para mis estudios.”
– “Vale” – asiente la muchacha.
Piccolo y Pan se marchan en dirección a la Tierra Sagrada de Karín.
Mientras tanto, en la Kame House, Marron y Goten se toman un descanso después de un duro entrenamiento y se acercan a una playa cercana para darse un chapuzón.
Marron se quita su gi de la escuela Kame, revelando un bañador de color rosa.
– “Vaya… Ya has venido preparada…” – sonríe Goten.
– “Pues claro.” – le guiña un ojo su novia.
– “Yo no…” – dice el mestizo saiyajín, que se quita su gi y se queda en calzoncillos.
– “Eres un desastre” – suspira Marron.
– “Jeje” – ríe Goten.
El mestizo agarra a Marron y la levanta sobre su cabeza para después lanzarla al mar.
Tras caer al agua, Marron sale rápidamente a la superficie.
– “¡Oye!” – le grita a Goten. – “¡Eso ha sido a traición!”
En la orilla, en una hamaca, Roshi observa a la feliz pareja con unos prismáticos.
– “Divina juventud…” – sonríe el anciano.
– “Son una pareja muy bien avenida” – responde Umigame.
– “En la flor de la vida…” – murmura Roshi.
Umigame mira al Duende Tortuga y se percata de que una gota de sangre cuelga de su nariz.
– “¡DEJE DE MIRAR A LA MUCHACHA!” – grita la tortuga. – “¡VIEJO VERDE!”
– “¡No la estaba mirando!” – replica Roshi.
Los prismáticos estallan en una nube de humo que se convierte en Oolong.
– “¡Tampoco sería nada malo! ¡Tortuga amargada!” – exclama el gorrino.
– “Ya veremos qué opina la Número 18…” – le amenaza Umigame.
– “No, por favor, no se lo digas a ella…” – suplica el Duende. 
– “No lo haremos más, pero no se lo digas a Lázuli…” – dice Oolong.
En la Corporación Cápsula, en la cámara de gravedad, Trunks y Bra se encuentran recuperando el aliento.
– “¡Otra vez!” – insiste Bra, poniéndose en pie de un salto.
– “No es bueno entrenar tanto tiempo a tanta gravedad” – le aconseja Trunks. – “No te lo tomes tan a pecho.”
– “¡Tengo que hacerme más fuerte!” – dice la muchacha.
– “Pues yo tengo que trabajar” – dice Trunks, que se pone en pie.
– “¿Abandonas?” – se burla Bra.
– “¡Tengo una reunión!” – se excusa el chico.
– “Lo que tú digas…” – dice Bra, mirándole de reojo.
Mientras tanto, en el Planeta Sagrado de los Kaioshin, los tres guerreros se toman una senzu para recobrar fuerzas.
– “Como nuevo” – sonríe Goku.
– “Señor Goku” – le dice Ub. – “¿Puedo tomarme la tarde libre?”
– “Por supuesto” – responde Goku. – “¿Qué ocurre?”
– “He quedado con Pan” – dice Ub, algo avergonzado.
– “Parece que habéis hecho buenas migas.” – sonríe Goku.
– “Sí… bueno…” – titubea el muchacho, que se pone nervioso.
– “Pasáoslo bien.” – dice su maestro.
Ub asiente y se teletransporta con el Shunkanido.
Cuando Ub ya se ha marchado, Zamas se acerca a Goku.
– “Es un buen muchacho” – dice Zamas.
– “Sí, se esfuerza mucho.” – responde Goku.
– “Pero tenemos que estar atentos.” – añade Zamas. – “No sabemos cuándo puede volver a manifestarse el alma de Majin Bu. Es posible que, si vuelve a ocurrir, no podamos detenerlo tan fácilmente como la última vez.”
– “El chico necesita entrenamiento.” – interviene Vegeta. – “Debe mantener su poder bajo control.”

Zamas parece preocupado.
– “He estado pensando sobre lo que dijo Abraca; sobre su deseo por recuperar el alma de Majin Bu.” – dice el Dios. – “Puede que ahora eso también forme parte de los planes de Garlick y Mojito.”
– “Pero, ¿por qué fueron a por Freezer?” – se pregunta Goku.
– “Buscaban aliados, o puede que quisieran eliminar un posible obstáculo.” – dice Vegeta. – “Pero no esperaban que Freezer hubiera recobrado su poder, ni que nosotros interviniéramos.”
– “Es posible.” – dice Zamas. – “Debemos seguir expectantes. Mojito es un enemigo peligroso.”

ESPECIAL DBSNL /// Shingeki no Saiyajín // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte VI: Proyecto ST

Shingeki no Saiyajín / Parte VI: Proyecto ST
“Los tsufur aprenden rápido.”


Gokua ha descubierto una nave siniestrada en la que viajaba un piloto herajín y se lo hace saber a su madre. Zangya, muy sorprendida ante tal hallazgo, le pide a su hijo que le lleve hasta el lugar del accidente.
Una vez allí, la herajín examina la nave y a su piloto.
– “Creía que nuestro planeta había caído…” – dice Gokua.
– “Es posible que hubiera supervivientes.” – dice la herajín. – “Pero esta tecnología no es nuestra.”
– “A lo mejor, los herajín que lograron escapar fueron acogidos en otro planeta.” – sugiere Gokua.
– “Nuestra reputación no era la mejor…” – responde Zangya. – “Muchas razas temerían tenernos en su hogar.”
– “¡Lo importante es que aún queda gente como nosotros!” – dice Gokua, emocionado ante tal descubrimiento. – “¡Nuestro pueblo sobrevivió!”
Zangya no responde. Sus sentimientos son contradictorios. La herajín se alegra de saber que su gente sigue con vida, pero teme la ambición de su raza, que ya los llevó a la catástrofe una vez. Además, su hijo es la progenie de Bojack, y desconoce cuál podría ser la opinión de actual de Hera sobre el líder que los llevó a esa situación. Incluso contempla la posibilidad de que los estén buscando.
– “No debemos adelantarnos a los acontecimientos” – dice finalmente la herajín. – “Podría ser un caso aislado; un único superviviente.”
– “¿Y ha caído aquí por casualidad?” – pregunta Gokua. – “¡Eso es que hay muchos más ahí fuera, viajando entre planetas!”
– “No lo sabemos” – insiste Zangya.
– “¿La nave se puede reparar?” – pregunta el herajín.
– “Desconozco esta tecnología” – dice Zangya.
– “Podríamos obligar a algún tsufur a ayudarnos.” – dice Gokua. – “En el próximo ataque, me encargaré de dejar a un científico con vida.”
– “No me parece una buena idea.” – dice su madre. – “Lo mejor sería olvidarnos de esto.”
– “¡¿Olvidarnos de que nuestro pueblo sigue con vida?!” – exclama Gokua, confuso y algo enfadado. – “¡¿Cómo puedes decir eso?!”
– “¡BASTA!” – exclama Zangya, tajante. – “¡No sabemos lo que está pasando ahí fuera!”
– “Pero…” – responde Gokua.
En ese instante, el viejo líder saiyajín, ahora hombre de confianza de Yamoshi, se acerca a ellos e interrumpe la discusión.
– “Dos días… luna llena… atacamos.” – dice el guerrero nativo. – “Yamoshi… reunión.”
– “De acuerdo, Lettus” – responde Zangya. – “Volvemos al campamento.”
Gokua agacha la cabeza, triste, pero decide aplazar la discusión para después del ataque. Al fin y al cabo, esta es una oportunidad perfecta para secuestrar a un científico tsufur.
Horas después, en el campamento, Yamoshi se encuentra sobre una colina, acompañado por dos pequeños saiyajín, un niño y una niña, observando la ciudad tsufur que tienen como objetivo. 

Zangya y Gokua se acercan al líder saiyajín.
– “¿Qué tenemos?” – pregunta Gokua.
– “Muy tranquilo…” – murmura Yamoshi.
– “Deben haber mejorado su barrera una vez más” – dice Zangya. – “Los tsufur aprenden rápido.”
– “Dos días…” – dice el saiyajín.
– “Sí, con luna llena deberían sucumbir” – dice Gokua. – “Tu poder no tiene rival.”
Yamoshi sonríe.
Gokua le propina un ligero golpe en la oreja del chico, de forma cariñosa, y el saiyajín enseguida se da la vuelta y ataca al herajín.
Gokua detiene el puñetazo del pequeño.
– “¡Muy bien!” – sonríe Gokua.
La niña enseguida se une al combate, intentando dar una patada a Gokua, que éste esquiva fácilmente.
– “Dos contra uno, ¿eh?” – sonríe el herajín.
Yamoshi observa satisfecho a sus hijos pelear alegremente contra Gokua, una imagen muy distinta a los días en que ellos dos eran prisioneros y luchaban contra los robots tsufur para satisfacer las investigaciones de Raichi.
Mientras tanto, en el laboratorio de la ciudad, el doctor supervisa a su ayudante robótico, Mu, que teclea frente a una pantalla de ordenador.
– “Estamos listos” – dice Mu.
– “Bien…” – sonríe Raichi.
– “¿Empezamos?” – pregunta el robot.
– “No” – responde el Doctor. – “Si queremos poner a prueba nuestro éxito, debemos darle al enemigo la oportunidad de utilizar todo su poder. Esperaremos.”
Tras dos días de preparativos, los saiyajín están listos para atacar la ciudad, y esperan a que la luna aparezca en el cielo. Yamoshi, Gokua y Lettus observan la ciudad desde la colina.
– “No hay ni rastro del ejército tsufur…” – dice el herajín. – “Esto no me gusta.”
De repente, un personaje atraviesa la barrera en solitario, dirigiéndose hacia donde se encuentran los saiyajín.
– “¿Quién es ese?” – se pregunta Gokua.
Yamoshi, sin decir nada, desciende la colina de un salto y se dirige al encuentro con el enemigo.
– “Qué impaciente es…” – suspira el herajín, al ver que su amigo busca el enfrentamiento.
Gokua y el viejo líder aceleran el paso para acompañar a Yamoshi.
– “Traman algo” – advierte el herajín. – “No te precipites.”
Yamoshi no responde y continúa con paso firme hacia el enemigo.
Finalmente, los cuatro personajes se encuentran cara a cara. Desde esa distancia, el viejo líder reconoce al enemigo.
– “Grrr…” – gruñe el saiyajín, confuso ante la presencia del tsufur, que debería estar muerto.
– “¿Qué ocurre, Lettus?” – se sorprende Gokua. 
– “Kinkarn…” – dice el saiyajín.
El tsufuro ni se inmuta. El aspecto del Capitán Kinkarn ha cambiado mucho desde su combate con Lettus. Ahora es claramente más alto que un saiyajín. Lleva el torso al descubierto y éste está repleto de cicatrices quirúrgicas. Viste un pantalón verde con botas y guantes marrones, del estilo austero tsufur. Su rostro es inexpresivo y ha perdido las cejas. Su cabello es lacio, despeinado, y de color blanco.
Gokua se siente incómodo ante la impasible actitud del enemigo.
– “¿Qué quieres?” – le pregunta Gokua.
El tsufur, en silencio, alza su mano y apunta al viejo saiyajín.
Antes de que nuestros amigos puedan reaccionar, el enemigo dispara un poderoso ataque de ki rojo que desintegra al viejo saiyajín, dejando perplejos a Yamoshi y Gokua.
– “¡MALDITO!” – exclama Gokua.
El herajín propina un puñetazo al tsufur en su rostro, pero éste se muestra indiferente; ni pestañea.
– “¿Qué demonios…?” – se sorprende Gokua.
El tsufur aparta al herajín, empujándole a varios metros de distancia, y centra su atención en Yamoshi.
El saiyajín da un paso atrás para logar la distancia suficiente para contraatacar y apunta al enemigo con ambas manos y lanza un poderoso ataque de energía que engulle al tsufur y levanta una gran nube de polvo y humo.
De entre la polvareda, una mano agarra a Yamoshi por el cuello. La piel de Kinkarn ahora es azulada, y pronto se revela que su masa muscular a aumentado y su cabello se ha erizado, adquiriendo un color anaranjado intenso.
Yamoshi lucha por liberarse, pero no parece capaz.

En ese instante, Gokua, transformado, aparece a toda velocidad para propinar una patada al tsufur y apartarle de Yamoshi.

El saiyajín parece confuso ante el poder del enemigo.
– “Fuerte…” – murmura Yamoshi.
– “Debe ser el nuevo juguete de los tsufur…” – dice Gokua.
Desde la colina, Zangya, acompañada por otros saiyajín, observa los acontecimientos.
– “Esos tsufur… ¡¿Han conseguido potenciar a un de los suyos con nuestro poder?!” – murmura enfadada la herajín. – “Me repugna sentir nuestra energía en ese individuo.”
 Yamoshi aprieta con rabia sus puños y su cabello se eriza mientras sus pupilas brillan de color verde.
– “¡HAAAAAAA!” – grita mientras su poder estalla, su cabello se torna dorado y se envuelve en un aura de ki del mismo color.
Gokua y Yamoshi se ponen en guardia, listos para enfrentarse al enemigo, que también parece preparado para el combate.
Muy lejos de allí, en el remoto planeta Vampa, Raichi observa la pantalla de su ordenador. 

– “Proyecto Súper Tsufur a pleno rendimiento” – anuncia la computadora.

ESPECIAL DBSNL /// El Saiyajín Dios // Universo 7 / Parte II: Regreso a Vampa

El Saiyajín Dios / Parte II: Regreso a Vampa
“De nuevo en casa…”

Una nave de la Patrulla Galáctica viaja a Vampa, liderada por los agentes Obni y Ganos. Por petición del Comandante Kahseral, tres saiyajín, recomendados por Leek, viajan con ellos. El Comandante considera que pueden ayudar a la Patrulla, ya que conocen el extraño planeta mejor que nadie. Los elegidos han sido Broly, un chico joven llamado Tarble, y una tímida muchacha, Kale.
Mientras Obni pilota la nave, Ganos ha proporcionado uniformes de la Patrulla, a los tres saiyajín, pero no todos parecen contentos con el atuendo. Broly lleva las mayas moradas y las botas blancas, pero no se ha puesto la parte superior, y tampoco los guantes; en su lugar, lleva las manos y los antebrazos vendados. Kale se ha puesto las botas y los guantes, pero ha recortado los pantalones, dejándolos en un short, y las mangas de la camiseta. Tampoco se ha puesto la armadura. Tarble es el único que lleva el uniforme completo.
– “Os queda bien.” – les dice Ganos.
– “No está tan mal” – responde Tarble, golpeándose la armadura. – “Parece resistente.”
– “Parece… parece que vayamos disfrazados…” – murmura Kale, avergonzada.
– “Veo que lo has adaptado a tu estilo” – le dice el patrullero, viendo los retoques que ha hecho Kale. – “Te queda bien.”
La muchacha se sonroja.
– “¿Tú que opinas, Broly?” – le pregunta Kale.
Broly está sentado cerca de la ventana, mirando el espacio profundo, ignorando a sus compañeros.
– “Hombre de pocas palabras…” – dice Ganos.
– “Sí” – responde Tarble. – “Ha tenido una infancia difícil.” – suspira el saiyajín.
Ganos se acerca al oído de Tarble.
– “No quiero ofender a tus compañeros, pero… tú pareces el más normal del grupo…” – dice el patrullero. – “He oído lo que pasó en Vampa con Trunks y los demás… ¿Corremos peligro?”
– “No le hagáis enfadar” – sonríe Tarble. – “Broly es un tipo peculiar. Hay que saber entenderle. Por suerte para vosotros, le conozco muy bien. Le vendrá bien relacionarse un poco con gente nueva. Sobre Kale… se ofreció voluntaria al saber que Broly me acompañaría.”
Una alarma suena en la nave.
– “Ya hemos llegado” – anuncia Obni. – “Todo el mundo a sus puestos. Vamos a entrar en la atmósfera del planeta.”
En unos minutos, la nave ha aterrizado cerca del vehículo abandonado de los patrulleros desaparecidos. Los cinco personajes han bajado de la nave. 
Obni y Ganos investigan la nave, buscando alguna pista sobre el paradero de sus compañeros. Cerca de allí, los tres saiyajín contemplan el paisaje del que hasta hace poco era su hogar.
– “De nuevo en casa…” – suspira Tarble.
Kale se acerca a Broly, que se encuentra en silencio, como es habitual.
– “¿Te gusta volver a Vampa?” – pregunta ella, tímidamente.
Broly ignora a su compañera.
Los patrulleros terminan de estudiar la nave y se acercan a los saiyajín. 
– “No hemos visto nada relevante. No hay signos de lucha.” – dice Obni. – “Falta la batería de repuesto, tal y como esperábamos. Será mejor que nos adentremos en las cuevas.”
– “¿Alguno se ofrece a guiarnos?” – pregunta Ganos.
– “¡Seguidme!” – responde Tarble.
Mientras tanto, en el Cuartel General de la Patrulla Galáctica, el Comandante Kahseral ha solicitado la presencia del líder saiyajín, Leek, para informarle sobre los avances de la misión.
– “Acaban de comunicarme que nuestros hombres ya han llegado a Vampa.” – dice el Comandante.
– “Bien.” – responde el saiyajín.
– “Tengo que decirle, señor Leek, que me incomoda que Broly acompañe a mis hombres…” – dice Kahseral. – “Al fin y al cabo, fue el causante de la muerte de muchos de nuestros hombres.”
– “Broly solo está perdido” – responde Leek. – “Tiene que encontrar su camino.”
– “Pero es inestable” – dice Kahseral. – “Su presencia pone en peligro a mis hombres.”
– “Por eso le acompañan Tarble y Kale.” – dice el saiyajín.
– “¿Qué tienen de especial?” – pregunta el Comandante.
– “Posiblemente son las dos únicas personas que no le tienen miedo.” – sonríe Leek.
El pequeño grupo de personajes se adentra en las grutas de Vampa, siguiendo el camino marcado por Tarble, y finalmente llegan al laboratorio, que se encuentra abierto y en pleno funcionamiento.
– “Nunca lo había visto así…” – murmura el joven saiyajín, asombrado. – “¡Es alucinante!”
– “Debemos ir con cuidado…” – advierte Ganos.
Los cinco entran en el laboratorio y la puerta se cierra rápidamente a sus espaldas.
– “¡Nos han encerrado!” – exclama Obni, que desenfunda su arma.
– “Tranquilo” – le calma Tarble. – “Broly puede sacarnos de aquí, si es necesario.”
En ese instante, un holograma aparece frente a ellos.
– “Bienvenidos” – saluda el misterioso individuo.
– “¿Quién eres?” – pregunta Ganos. – “¿Dónde están nuestros compañeros?”
– “Soy el Doctor Raichi” – se presenta el personaje.
Cuatro robots aparecen de entre las sombras y rodean a los patrulleros.
– “Vuestros amigos están muertos” – anuncia el holograma. – “Pero tranquilos, porque pronto los acompañaréis.”
Tarbles echa un vistazo a los enemigos.
– “¿Quieres hacer los honores, Broly?” – pregunta el saiyajín
Broly da un paso al frente, provocando que el robot que tiene delante intente agarrarle con una de sus garras metálicas.
El saiyajín detiene la mano del robot, algo que sorprende a Raichi. 
Broly pripina un rápido puñetazo en el pecho del robot, convirtiéndolo en chatarra instantáneamente.
Los otros tres enemigos se abalanzan sobre el saiyajín, pero éste, sin cambiar la expresión de indiferencia de su rostro, esquiva los ataques y se alza sobre ellos, decapitando a uno con una patada, partiendo al segundo por la mitad con el canto de su mano, y empujando al tercero con un empujón de ki emitido por su mano derecha, estrellando al enemigo contra la pared del laboratorio.
– “Increíble…” – murmura Ganos.
– “Broly es muy fuerte” – se sonroja Kale.
– “¡Bien hecho!” – celebra Tarble.
Raichi observa a los intrusos. 
– “Sois saiyajín…” – murmura el doctor, que se fija en sus colas. – “Y tú…” – le dice a Broly. – “Eres ese chico…” – le reconoce. – “Eres el hijo de Páragus.”
Al oír el nombre de su padre, Broly clava su mirada en Raichi.