DBSNL // Capítulo 124: Asteroide-Prisión Bihe

DBSNL // Capítulo 124: Asteroide-Prisión Bihe
“No es un tipo normal…”
En el planeta de Kaiosama, Vegeta habla con el Dios.
– “Es complicado, Vegeta” – dice el Kaio del Norte. – “El espíritu de Goku es calmado y pacífico. Para él es fácil entrar en comunión con el Universo.” – dice el Dios. – “Tú en cambio… Tienes un espíritu flamígero.”
– “Lo suponía…” – suspira Vegeta.
– “Lo siento, Vegeta.” – dice el Kaio.
El saiyajín esboza una pícara sonrisa.
– “Tendré que buscar mi propio camino.” – dice el saiyajín. – “Si mi espíritu es flamígero, encontraré un modo de hacer que arda.”
– “¿Eh?” – se extraña el confuso Kaio.
– “Necesito que busques a alguien…” – sonríe Vegeta.
Mientras tanto, Trunks y Cheelai han llegado al anillo exterior del Asteroide-Prisión Bihe, donde se han reunido con sus compañeros de la Patrulla Galáctica, Jiya e Iriko.
Los cuatro patrulleros se dirigen juntos a la plataforma de teletransportación.
– “¿Qué sabemos?” – pregunta Cheelai.
– “Han anulado todos los sistemas de vigilancia.” – responde Iriko. – “No tenemos ninguna imagen del interior de las instalaciones.”
– “¿Vamos a entrar a ciegas?” – se preocupa Trunks.
– “No tenemos otra opción.” – dice Jiya. – “Tenemos que recuperar el control de la prisión.”
– “¿Cómo ha empezado el motín?” – pregunta Cheelai. – “¿Quién ha sido el principal instigador?”
– “No lo sabemos con certeza.” – responde Iriko. – “Solo espero que no haya sido él…” – añade con clara preocupación.
Cheelai se detiene, aterrorizada.
– “¿Él?” – pregunta Trunks, al ver la reacción de su compañera.
– “Si fuera él, ya habría destruido Bihe” – interviene Jiya.
– “¿Alguien me va a explicar de quién se trata?” – insiste Trunks.
Cheelai agarra a Trunks del brazo.
– “Se llama Shiras” – revela la muchacha.
– “Fue uno de los fundadores de la Patrulla Galáctica” – explica Jiya. – “Las leyendas dicen que incluso trabajó para los Dioses.”
– “Fue cegado por sus ansias de justicia” – dice Iriko. – “Al final, fue encarcelado por sus crímenes.”
– “Si era tan fuerte, ¿quién le detuvo?” – pregunta Trunks.
– “Hay demasiadas versiones de la historia para saber cuál es real.” – dice Jiya.
Los cuatro patrulleros llegan a la sala de teletransportación, donde unos cuantos técnicos trabajan preparando la maquinaria.
– “Cuando quieran” – anuncia uno de los operarios.
– “Vamos allá” – dice Jiya.
Los cuatro se colocan en la plataforma, que empieza a brillar.
– “Transporte en 4… 3… 2… 1…” – anuncia el artefacto.
En un remoto planeta, Zamas y Goku contemplan un lugar lleno de vida. En ese planeta todo es gigantesco. Grandes árboles y vegetación se alzan alrededor de los dos personajes. Varios insectos del tamaño de un avión sobrevuelan la zona.
– “¡Es increíble!” – alucina Goku. – “¡A su lado, el Monte Paoz parece yermo!”
– “Estamos en el planeta Monmaas” – dice Zamas. – “Conocido también como \”El planeta de los gigantes\”.”
– “¡¿Hay gigantes?!” – se sorprende Goku.
– “Así es” – confirma el Dios.
De repente, Goku siente como le embarga una fuerte sensación que es incapaz de describir, pero que le abruma.
– “Este lugar…” – murmura Goku. – “Rebosa energía vital… Nunca había sentido algo así… puede que ni siquiera al realizar la Genkidama.”
– “Monmaas tiene unas características muy peculiares” – explica Zamas. – “Creo que aquí podrás perfeccionar tu control de la energía vital.”
– “Sin duda, este parece el lugar apropiado.” – responde Goku. – “¿Qué debo hacer?”
– “Eso deberás descubrirlo por ti mismo.” – dice el Kaioshin. – “Pero debo advertirte sobre una cosa; La energía Genki que alberga este ecosistema es algo que ningún mortal podría soportar. No debes comer ni beber nada. No sobrevivirías a la exposición.”
– “¡¿Qué?!” – exclama Goku. – “¡¿Quieres que no coma?!”
– “Seguiré de cerca tus progresos, Son Goku” – sonríe Zamas. – “Buena suerte.”
Zamas desaparece, dejando a Son Goku solo en Monmaas.
– “Bien…” – suspira Goku. – “¿Por dónde empiezo?”
En Bihe, nuestros amigos han sido teletransportados al interior de la prisión, que se encuentra en completo silencio.
– “Qué extraño…” – dice Jiya.
– “Demasiada calma” – añade Iriko.
Los patrulleros se adentran en las instalaciones, que parecen vacías. A medida que avanzan, empiezan a encontrar cadáveres de patrulleros y de presos.
– “¿Qué demonios ha pasado aquí?” – se pregunta Iriko.
– “¿Se ha colado un mouma?” – pregunta Cheelai.
– “No” – responde Jiya. – “Esos gusanos no dejan cadáveres.”
Al llegar al patio interior de la prisión, alguien les espera de pie, calmado, como si todo el alboroto no fuera con él.
– “¡ALTO!” – exclama Iriko, que le apunta con su arma. – “¡No te muevas!”
– “¿Más patrulleros?” – suspira el personaje, claramente decepcionado.
Jiya analiza al misterioso personaje con el visor de su casco.
– “Su fuerza de combate es asequible.” – dice el patrullero. – “No es una amenaza.”
Iriko avanza hacia el enemigo, dispuesto a ponerle unos grilletes.
Trunks parece preocupado.
– “No es un tipo normal…” – piensa el mestizo. – “Tengo una extraña sensación que me es familiar…”
De repente, cuando Iriko está apunto de tocar al preso, éste esboza una media sonrisa. Trunks puede sentir que algo va mal.
– “¡CUIDADO!” – exclama el mestizo.
Con un rápido y sutil movimiento de muñeca, el enemigo golpea a Iriko con su vara, lanzándole contra el techo, donde rebota para chocar contra la pared lateral y caer al suelo, sin vida.
– “¡IRIKO!” – exclama su compañero.
Jiya se abalanza sobre el enemigo a una velocidad extraordinaria, como si de una locomotora se tratara.
– “¡MALDITO!” – grita el furioso patrullero.
Cheelai desenfunda su arma, dispuesta a entrar en acción, pero Trunks la detiene. 
Jiya se prepara para conectar un puñetazo, pero el enemigo permanece inmóvil y se limita a dar un pequeño golpe en el suelo con su vara.
Ese movimiento crea una gran onda expansiva que frena la embestida del patrullero, que pronto sale repelido, pasando entre Cheelai y Trunks, para estrellarse contra las compuertas por las que han entrado, falleciendo en el acto.
Cheelai observa asustada al enemigo.
– “Acaso… él es…” – titubea la muchacha.
– “Tiene que ser Shiras” – murmura Trunks.
Cheelai analiza de nuevo al enemigo, cuyo ki sigue sin ser detectado como una amenaza.
– “Pero, su energía…” – dice Cheelai.
– “Eso es porque no usa un ki de este mundo.” – dice Trunks.
 Shiras sonríe al escuchar al mestizo.
– “Vaya…” – dice el legendario patrullero. – “Parece que sabes de lo que hablas, muchacho.”
Trunks desenfunda su espada, se transforma en Súper Saiyajín 2, y se coloca delante de Cheelai.
– “No intervengas” – dice el mestizo. – “Yo me encargaré de él.”
Cheelai, asustada, asiente.
Trunks se abalanza sobre enemigo, que espera inmóvil hasta el último momento para detener el espadazo del saiyajín.
La espada se ha incrustado ligeramente en la vara, y eso sorprende a Shiras.
– “¡Impresionante!” – dice en tono burlón. – “¿Acero Katchin?”
De repente, Shiras se percata del símbolo que Trunks luce en la empuñadora de su arma.
– “Interesante…” – sonríe el enemigo.
En ese instante, Shiras parece hacerse intangible, dejando que Trunks pase a través de él. 
– “¿Qué demonios?” – se sorprende el mestizo, que se da la vuelta y se prepara para atacar de nuevo.
Pero esta vez, antes de que Trunks pueda tocar a su adversario, siente que recibe varios golpes que le repelen, haciendo que caiga de espaldas al suelo.
– “Esperaba más de alguien que lleva el sello de los ángeles.” – se burla Shiras, revelando que en su vara luce el mismo símbolo.
Trunks asiste confuso a tal revelación.
En ese instante, Cheelai intenta sorprender a Shiras y le dispara por la espalda, pero el ataque no le causa daño alguno.
– “Patético” – suspira el enemigo, que se da la vuelta y se fija en la patrullera.
Trunks intenta ponerse en pie con ayuda de su espada.
– “¡NO LA TOQUES!” – grita el mestizo.
De repente, Trunks siente que alguien le propina un puñetazo, derribándole de nuevo.
Shiras vuelve a centrarse en Cheelai, pero entonces, una violenta onda expansiva se genera entre los dos personajes, como si un gran impacto hubiera tenido lugar. Alguien ha aparecido.
– “Ha pasado mucho tiempo, Shiras” – dice Whis.
– “Tú…” – sonríe el enemigo. – “Al fin apareces.”

ESPECIAL DBSNL /// Shingeki no Saiyajín // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte IX: Misterios más allá de las estrellas

Shingeki no Saiyajín / Parte IX: Misterios más allá de las estrellas
“No son solo monos, Kamin”
Tras una larga noche, los saiyajín han arrasado la ciudad tsufur. Las ruinas de la metrópolis permanecen en silencio. La luna ha desaparecido del cielo y los ozaru han vuelto a la normalidad. 
Yamoshi y Gokua han sido atendidos por una joven saiyajín, que ha cubierto sus heridas con un ungüento creado a partir de hojas masticadas y barro. 
El saiyajín se encuentra en peor estado y permanece tumbado en el suelo. Gokua, en cambio, enseguida se pone en marcha hacia el interior de la ciudad.
Cerca de allí, los saiyajín recogen la piel de sus hermanos ozaru caídos para usarla como protección en futuras batallas.
El herajín recorre las calles desiertas, dirigiéndose hacia las ruinas de la torre principal, donde se encuentran los puertos de los aerodeslizadores tsufur y el acceso principal a los laboratorios.
En Vampa, Raichi parece más interesado que nunca en el poder del Súper Saiyajín.
– “El Proyecto 317 ha resultado ser un éxito mayor del que había imaginado…” – sonríe satisfecho el científico tsufur. – “Será muy interesante observar sus progresos.”
Entre los escombros de un hangar, Gokua encuentra a una mujer tsufur. Su pierna derecha ha quedado atrapada entre los cascotes. La chica viste con las ropas típicas de su raza. Su cabello es blanco y corto.
El herajín se acerca a ella, pero la tsufur se asusta al ver al que considera un enemigo.
– “¡No te acerques!” – grita la mujer. – “¡Aléjate de mí!”
Gokua se acerca a ella y se agacha.
– “¿Eres mecánico?” – pregunta el herajín.
La mujer continúa gritando. Gokua no tiene paciencia y le tapa la boca con su mano.
– “No te lo preguntaré otra vez.” – le amenaza el herajín. – “Deja de gritar y responde.”
La tsufur se queda en silencio y Gokua aparta su mano.
– “Soy ingeniera.” – responde le mujer.
– “Bien. ¿Cómo te llamas?” – pregunta Gokua.
– “Kamin” – dice ella.
Gokua esboza una media sonrisa.
– “Está bien, Kamin” – dice el herajín. – “Es tu día de suerte. Necesito que alguien repare una nave.”
– “No piensa ayudarte.” – responde ella. – “Estás con los saiyajín.”
El herajín se pone en pie.
– “Si no vas a ayudarme, no te necesito.” – dice Gokua, apuntando a la mujer con su mano. – “Ha sido un placer, Kamin.”
Una esfera de ki verde aparece en la mano de Gokua. El rostro de la mujer se descompone por el miedo.
– “¡NO! ¡ESPERA! ¡ESPERA!” – grita la tsufur.
La energía de Gokua se disipa.
– “¿Has cambiado de opinión?” – le pregunta el herajín, en tono burlón.
– “Repararé tu nave.” – claudica Kamin.
Gokua asiente.
– “Me alegra oír eso.” – dice el herajín, que enseguida libera a la tsufur y le ayuda a ponerse en pie.
Kamin, a pesar de estar cojeando, intenta escapar de Gokua, pero éste utiliza rápidamente sus hilos de ki para atrapar a la mujer, que cae de boca contra el suelo.
– “Teníamos un trato” – dice Gokua.
– “Maldito…” – refunfuña ella.
El herajín lleva a la prisionera al campamento saiyajín. La mayoría de los presentes muestran sus colmillos a la tsufur, molestos de tener a un enemigo entre ellos.
– “Tranquilos, tranquilos…” – les calma Gokua. – “Está conmigo. La necesito.”
En una tienda de campaña, Yamoshi se encuentra tumbado en el suelo, descansando, cubierto en ungüento. Sus hijos le acompañan.
Gokua se acerca a la mujer saiyajín que trató sus heridas en el campo de batalla.
– “Necesito que trates su pierna” – le dice el herajín, señalando la pierna de Kamin.
La mujer saiyajín se niega a ayudar a la tsufur y lo demuestra gruñendo y marchándose.
– “No caes bien a mucha gente…” – suspira Gokua.
– “Son salvajes.” – responde Kamin. – “No me importa su opinión. Son solo monos.”
– “Monos cuyo planeta habéis invadido.” – dice el herajín.
– “Nuestro planeta fue destruido hace miles de años.” – explica Kamin. – “Los supervivientes se estrellaron aquí y se establecieron. No eligieron este destino.”
– “¿Qué ocurrió en vuestro planeta?” – pregunta Gokua.
– “Éramos una civilización próspera. Nuestra ciencia y tecnología era muy superior a lo que ves ahora.” – dice la tsufur. – “Ese fue nuestro pecado. Volamos demasiado cerca del Sol.”
Gokua agacha la cabeza, recordando las historias que su madre le contaba sobre la muerte de su raza bajo el mando de Bojack.
– “Los mortales somos egoístas y arrogantes” – dice Kamin. – “Nunca tenemos suficiente. Siempre nos creemos merecedores de más.”
– “Parece que esa historia se repite en todas partes.” – suspira Gokua.
De repente, la hija de Yamoshi se acerca a Kamin y le entrega un cuenco lleno de ungüento mientras luce una tierna sonrisa.

La tsufur parece confusa ante la amabilidad de la niña.
– “No son solo monos, Kamin” – dice Gokua.
La muchacha es obligada a convivir con los salvajes, siempre bajo la protección de Gokua y con el consentimiento de Yamoshi, que acepta la petición de su amigo. 
Kamin trabaja cada día en la nave siniestrada. La tecnología alienígena pone a prueba sus conocimientos, pero poco a poco logra descifrar los secretos que esconde.
Después de meses de investigación, un día, mientras la tsufur trabajaba en el panel de comandos, la nave se pone en marcha y un holograma se proyecta sobre el tablero, mostrando la imagen de un demonio del frío de rocambolesco aspecto.

– “¿Qué ocurre, Capitán Zanko?” – pregunta el demonio.
– “Mi nave ha detectado una extraña señal en un sector cercano.” – responde el fallecido piloto herajín. – “Los sistemas planetarios de esta zona no deberían emitir este tipo de señales electromagnéticas. Solo una civilización avanzada proyectaría este rastro hacia el espacio, pero no aparece ninguna en las cartas de navegación.”
– “Tiene permiso para investigar la señal, Capitán.” – dice el demonio del frío. – “Manténgame informado de sus avances.”
– “Recibido, señor” – responde el herajín. – “Siempre a sus órdenes, Su Majestad.”
Kamin ha asistido asombrada a esa interacción guardada en la memoria del aparato.
– “¿Qué más hay aquí?” – se pregunta la tsufur.
La tsufur aprieta un botón del panel de comandos que hace que se reproduzca otra retransmisión, pero ésta vez solo con audio.

– “Ahora mismo me encuentro en órbita alrededor del planeta Plant.” – dice el piloto. – “Desde que me he aproximado al planeta, las comunicaciones se han vuelto locas.” – explica Zanko. – “Parece que algo o alguien las está alterando. Creo que no estoy solo. He decidido grabar mi acercamiento a la superficie del planeta para tenerlo documentado, ya que no logro contactar con el centro de mando. Me dispongo a salir de órbita y descender.”
Kamin aprieta otro botón, revelando una nueva retransmisión.

– “He entrado en la atmósfera del planeta.” – anuncia Zanko. – “Parece que veo algo… ¿una ciudad? ¿Qué demonios…?” – se sorprende el piloto. – “Creo que lo mejor será salir de aquí e informar al centro de mando.” 
– “No puedo permitir eso” – dice una voz que el herajín desconoce.
Múltiples alarmas suenen en la nave. El piloto pierde el control.

– “¡¿Qué ocurre?!” – se asusta el Capitán. – “¡¿Quién es?! ¡Alguien ha tomado el control de mi nave!”
Por los sonidos de la emisión, parece que la el vehículo ha entrado en barrena.

– “¡Ayuda! ¡Socorro!” – intenta comunicarse por radio. – “¡Rey Cold!”
Finalmente, la grabación termina, dejando a Kamin boquiabierta.
– “¿Ese era…?” – titubea la tsufur. – “¿Era la voz del Doctor Raichi?”
Kamin, asustada, corre hacia un pequeño campamento establecido cerca de la nave, donde Gokua y dos saiyajín se encuentran entrenando.
– “¡GOKUA! ¡Gokua!” – grita la mujer.
– “¿Qué ocurre?” – dice el herajín. – “¿Ha pasado algo?”
– “La nave… se ha puesto en marcha…” – dice Kamin, intentando recuperar el aliento.
– “¡Eso es fantástico!” – celebra Gokua.
– “Y eso no es todo…” – continúa la tsufur. – “Sé de dónde venía y por qué se estrelló.”

ESPECIAL DBSNL /// El Saiyajín Dios // Universo 7 / Parte V: Las piedras shintai

El Saiyajín Dios / Parte V: Las piedras shintai
“Así es como funciona mi tecnología.”

Raichi observa asombrado a los tres saiyajín dispuestos a enfrentarse a su creación. 
El aura roja de Broly tiñe las auras amarillas de sus dos compañeros. El cabello de Kale y Tarble sigue siendo dorado y sus ojos verdes, pero sus auras han adoptado el tono rojizo del ki del hijo de Páragus. Broly conserva su constitución natural.
Ganos y Obni asisten asombrados a la transformación de los saiyajín.
Broly es el primero en atacar. En un abrir y cerrar de ojos, el saiyajín aparece frente a Hatchiyack e intenta propinarle un puñetazo en la cara, pero el androide detiene el golpe con su mano izquierda, haciendo brillar la piedra de su antebrazo.
En ese instante, Kale y Tarble flanquean al enemigo. Tarble por la izquierda de Broly y Kale por su derecha. Hatchiyack logra detener el ataque de chico con su mano libre, pero la saiyajín le propina una patada en la nuca que hace que el androide incline su cabeza hacia delante.
Broly aprovecha la ocasión para propinar un rodillazo en la cara del enemigo y continúa con una combinación de puñetazos en el abdomen que empujan a Hatchiyack. Kale y Tarble saltan sobre el androide propinándole una doble patada que lo lanza al interior del surco creado previamente por Broly.
Raichi contempla la escena, intentando entender lo que ocurre.
– “El poder de Broly… ¡lo están compartiendo!” – murmura el científico tsufur. – “¿Cómo es posible? ¿Es por su relación con las piedras shintai? ¿Acaso comparte sus características?”
Hatchiyack pronto resurge y asciende hasta la superficie del planeta Vampa, perseguido por los tres saiyajín.
En el laboratorio, Obni y Ganos deciden aprovechar el momento para investigar el lugar.
– “¿Cómo desconectamos todo esto?” – pregunta Ganos.
– “Tiene que haber una fuente de energía…” – dice Obni.
Raichi les interrumpe.
– “Una vez puesto en marcha, mi laboratorio no necesita fuentes externas.” – dice Raichi.
– “Mientes.” – responde Ganos. – “Nuestros compañeros tuvieron que reactivarlo.”
– “Hatchiyack consumía muchos recursos.” – se burla el tsufur. – “Pero ahora ya es autosuficiente.”
En la superficie, los tres saiyajín se combinan para castigar al enemigo, pero a pesar de golpearle, Hatchiyack no sufre ningún daño. Incluso parece que su poder aumenta durante la pelea.
Tarble prepara su \”Riot Javelin\” y dispara al androide, pero éste repele el ataque sin dificultad, y éste se pierde en el horizonte, causando una explosión lejana.
Kale intenta sorprender al enemigo por la espalda, dispuesta a golpearle con ambas manos unidas en un puño, pero Hatchiyack se da la vuelta rápidamente y agarra el brazo derecho de la saiyajín. Las gemas de su cuerpo brillan y el androide propina un rodillazo al abdomen de su contrincante.
Broly se abalanza sobre Hatchiyack y le agarra por la espalda, intentando inmovilizarle, rodeándole el cuello con sus brazos.
Las piedras shintai del androide brillan intensamente. Broly puede sentir como su agarre se vuele más débil. Hatchiyack logra liberarse y al darse la vuelta dispara una esfera de ki verde en el abdomen del saiyajín que lo empuja contra el suelo, donde estalla.
– “¡BROLY!” – se preocupa Kale.
Hatchiyack se prepara para golpear a la saiyajín, pero Tarble ataca al androide, que reacciona rápidamente y agarra la cabeza del saiyajín.
Tarble lucha por liberarse, pero las esferas de Hatchiyack brillan de nuevo y los intentos del saiyajín se pierden su ferocidad.
El androide suelta a Tarble y le propina un puñetazo que lo lanza contra el suelo.
Kale vuela apresuradamente hacia su compañero y lo alcanza en el último instante para amortiguar su caída. 
Desde el suelo, los tres saiyajín, magullados y cansados, contemplan a Hatchiyack.
En el laboratorio, Ganos y Obni sacan varias baterías de su cinturón y el primero las reúne.
– “Es toda nuestra munición…” – dice Obni.
– “Volaremos este lugar.” – afirma Ganos.
El holograma de Raichi sonríe.
– “No entendéis nada.” – les dice el tsufur. – “Mi mente no está atada a este laboratorio. Todo gracias a las piedras shintai.”
– “¿Qué son esas piedras?” – pregunta Gano.
– “Lo son todo. El Alfa y el Omega.” – responde Raichi. – “Sus peculiares características permiten su interacción con la energía de los seres vivos.”
– “¿Qué significa eso?” – pregunta Obni.
– “Las piedras shintai no solo pueden almacenar energía o transferirla, si no que también pueden ser imbuidas con una consciencia.” – explica el científico.

Obni y Ganos se miran de reojo, asombrados por las palabras del tsufur, que no terminan de comprender.
– “Así es como funciona mi tecnología.” – continúa Raichi. – “Por eso no podéis detenerme.”
En la superficie, Tarble, frustrado, lanza un escupitajo ensangrentado contra el suelo.
– “¡Maldición!” – dice el saiyajin.
– “Lo habéis notado, ¿verdad?” – pregunta Kale. – “Él parece hacerse más fuerte, pero nosotros cada vez estamos más cansados, a pesar de solo haber luchado unos minutos.”
– “Absorbe nuestra energía…” – refunfuña Tarble. – “Tal y como hacían las joyas de Broly.”
El androide cruza sus antebrazos frente a su cuerpo y esas dos gemas brillan intensamente. Al instante, una gran esfera de ki verde es disparada hacia nuestros amigos.

Broly, al sentir el poder del ataque, asciende y se dirige directamente hacia él.
– “¡BROLY! ¡NO!” – exclaman sus amigos.
El saiyajín se coloca frente a la gran esfera de energía e intenta detenerla con sus manos.
– “Grrr…” – gruñe Broly.
En ese instante, el saiyajín recuerda todas las ocasiones en las que el dispositivo que utilizaba Páragus fue activado. Sus sensaciones durante el instante en que ese aparato ejercía su efecto. 
– “¡HAAAA!” – grita el saiyajín.
De repente, una gran explosión de luz ilumina el cielo de forma completamente silenciosa.
El cuerpo humeante de Broly se precipita contra el suelo.
– “¿Qué ha sido eso?” – se pregunta Raichi
Los saiyajín socorren a su amigo, preocupados por su estado, pero enseguida se dan cuenta de que se encuentra bien. Puede levantarse sin ayuda.
– “¡Estás bien!” – celebra Kale.
– “¿Qué ha ocurrido?” – le pregunta Tarble.
Broly esboza una media sonríe.
– “Podemos… ganar.” – dice el saiyajín, sorprendiendo a sus compañeros.
Raichi observa a los saiyajín a través de los ojos de Hatchiyack.
– “El poder de los saiyajín proviene de mis investigaciones con las piedras shintai…” – piensa el tsufur. – “Tiene que ser eso… ¿Acaso Broly puede utilizar su poder como lo harían las gemas?”
El poder de Broly vuelve a teñir las auras de sus compañeros.

– “Nuestro poder…” – piensa Kale. – “¡Ha regresado!”
– “¡Hagámoslo!” – exclama Tarble.
– “¡Sí!” – gritan los tres.
Kale y Tarble se abalanzan sobre Hatchiyack, que se pone en guardia, pero los dos se apartan en el último momento para dar paso a Broly, que agarra al androide por la cabeza con ambas manos y le propina un cabezazo.
Hatchiyack agarra a Broly por los hombros, y los dos personajes chocan de nuevo sus cabezas. Los dos se mantienen la mirada y descienden hasta el suelo, donde siguen agarrados.
Las gemas del androide brillan intensamente. Broly nota como el androide absorbe su poder. Su aura se vuelve más tenue.
– “¡Está ocurriendo!” – exclama Tarble.
– “Vamos, Broly…” – sufre Kale.
El saiyajín no está dispuesto a rendirse y hace aumenta su ki. Su aura crece y su musculatura aumenta mientras sus ojos se ponen en blanco.
La intensidad de la luz de las joyas de Hatchiyack también aumenta. 
Raichi esboza una media sonrisa.
– “He ganado.” – dice el tsufur. – “Tu poder me pertenece.”
De repente, la piedra del brazo derecho de Hatchiyack se resquebraja.
– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende el científico.
Broly sonríe.
Raichi parece asombrado y asustado ante el poder del siayajín.
– “Es… ¡Es demasiado!” – titubea el tsufur.
Hatchiyack suelta a Broly, pero éste le agarra el brazo para no dejarle marchar.
El androide lucha por liberarse, pero Broly sigue aumentando su energía. Las piedras que componen a Hatchiyack se resquebrajan. 
– “¡HAAAAAAAA!” – grita el saiyajín.
La creación de Raichi sigue absorbiendo energía. Varias de las piedras shintai, completamente rotas, pierden su brillo.
– “¡HAAAAAAAA!” – continúa Broly.
– “¡HHHHHH!” – emite un grito mudo el androide.
– “¡NOOOOOO!” – grita Raichi.
Finalmente, las piedras que componen al androide estallan en mil pedazos, generando una gran explosión y emitiendo una gigantesca onda expansiva de color verde que barre el lugar.

DBSNL // Capítulo 123: Motín

DBSNL // Capítulo 123: Motín
“Tenemos un problema…”

En unas horas, los refuerzos de la Patrulla Galáctica han llegado al planeta-ciudad Ktal y se llevan a los hermanos Para-para. Cheelai es atendida por el equipo médico, acompañada por Trunks.
– “Lo siento mucho, Cheelai” – se disculpa el mestizo.
– “No te preocupes” – sonríe la muchacha. – “Meerus te ha provocado.”
– “Desde el combate en Vampa parece que no consigo librarme de un extraño sentimiento de impotencia.” – lamenta Trunks. – “He perdido el control…”
Cheelai le agarra la mano.
– “Te he dicho que no pasa nada.” – insiste la muchacha. – “Estoy bien.”
– “Me alegro.” – suspira Trunks.

Cheelai esboza una simpática sonrisa.

– “Y además, hemos arrestado a los objetivos.” – dice la patrullera. – “Se acabaron sus fechorías. Pasarán un largo tiempo en la cárcel, ya no solo por sus atracos, pero también por agredir a dos miembros de la Patrulla Galáctica.”

En ese instante, un mensaje llega a su comunicador.
– “¡Trunks! ¡Cheelai!” – exclama Lemo. – “¿Me recibís?”
– “Adelante, Lemo” – responde la muchacha. – “¿Qué ocurre?”
– “Tenemos un problema…” – dice su superior. – “Me comunican que se ha iniciado un motín en el Asteroide-Prisión Bihe.”
– “¡¿Alguien intenta escapar de Bihe?!” – se sorprende Cheelai.
– “¿Esa no es una prisión de máxima seguridad?” – pregunta Trunks, que aún no domina todos los conocimientos sobre la Patrulla.
– “Vosotros dos estáis relativamente cerca.” – dice Lemo. – “¿Podríais echar un vistazo? También he avisado a Jiya e Iriko.”
– “Está bien” – dice Trunks. – “Iremos cuanto antes.”
En la Tierra, Pan y Ub ya han visitado a Dende y Mr. Popo y ahora vuelan hacia Satan City para entregarle las senzu a Gohan y después ir al cine. Piccolo se ha quedado en la Atalaya.
Cuando sobrevuelan la Capital del Oeste, Bra, que tomaba un descanso en el jardín de la Corporación Cápsula, siente su ki.
– “¿Qué traman esos dos?” – murmura la hija de Vegeta. – “Últimamente pasan mucho tiempo juntos…”
Bulma sale al patio y ve a su hija mirando al cielo algo enfurruñada.
– “¿Ocurre algo, cielo?” – pregunta Bulma.
– “Nada” – responde tajante Bra, que vuelve a entrar a la Sala de Gravedad.
– “¿Qué mosca le ha picado ahora?” – murmura su madre. – “Cosas de adolescente, supongo…” – suspira.
En la Atalaya de Kamisama, Piccolo se prepara para meditar. Sigue inquieto por una extraña sensación de peligro que no comprende.
En la Kame House, Goten y Marron se despiden de Roshi y la tortuga Umigame.
– “¡Volveremos mañana!” – dice Goten.
– “¡Hasta luego!” – dice Marron.
En Villa Jingle, Lapis, Ten Shin Han, Chaoz, Yamcha y Krilín ya han regresado de su entrenamiento y disfrutan de un chocolate caliente junto a Mai, Lunch, Suno, Puar, Hatchan y Baicha.
– “¿Qué tal ha ido?” – pregunta Suno.
– “Bueno…” – suspira Yamcha.
– “Nunca me había sentido tan viejo” – suspira Krilín.
– “Has pasado demasiado tiempo alejado de las Artes Marciales” – dice Ten.
– “No puedo vivir del aire…” – responde Krilín. – “¿Quieres que Lázuli me mate?”
– “¿Qué tal os va con la firma de moda?” – pregunta Mai.
– “Bastante bien” – responde Krilín. – “Los diseños de Lázuli son increíbles, y Bulma y Satán tienen muchos contactos, que siempre ayuda.”
– “¡Me alegro!” – sonríe Suno.
En el Planeta de los Kaioshin, Goku y Vegeta acaban de disfrutar de un tentempié.
– “¡Estoy lleno!” – exclama Goku. – “¿Listo para continuar, Vegeta?”
Vegeta se pone en pie.
– “Continúa tú solo” – responde Vegeta. – “Voy a entrenar un poco por mi cuenta.”
Goku se sorprende, pero enseguida esboza una pícara sonrisa.
– “¿Qué tramas, Vegeta?” – le pregunta a su compañero.
– “No voy a revelarte todos mis trucos” – responde el saiyajín.
Vegeta realiza el Shunkanido y desaparece.
– “Así que esas tenemos…” – sonríe Goku.
En ese momento, Zamas se acerca al saiyajín.
– “Son Goku” – dice el Kaioshin. – “He estado pensando en tus habilidades y se me ha ocurrido un lugar donde podrías entrenar de forma más eficiente que en este planeta.”
– “¿Un lugar mejor que éste?” – se sorprende Goku.

– “Parece que Vegeta va a seguir su propio camino.” – dice Zamas. –“Creo que deberías hacer lo mismo.”
– “Supongo que tienes razón.” – asiente el saiyajín.
– “Permíteme que te lo muestre” – sonríe el Dios, agarrando el brazo de Goku y teletransportándose.
Cheelai y Trunks ya vuelan con la nave de la Patrulla del Tiempo hacia Bihe.
– “Llegaremos en unas horas” – anuncia Trunks, a los mandos.
– “Bihe es una fortaleza.” – dice Cheelai, preocupada. – “¿Quién organizaría un motín allí?”
– “Alguien que intenta escapar…” – responde Trunks, algo confuso.
– “No es posible escapar de Bihe.” – dice Cheelai. – “La prisión se encuentra en el corazón del asteroide, rodeada por túneles infestados por gusanos Mouma, y ninguna nave está autorizada a aterrizar.” – explica la chica. – “Los visitantes aterrizan en el anillo exterior y son teletransportados a la prisión, pero esos sistemas quedan anulados en caso de emergencia.”
– “¿Crees que es una trampa?” – pregunta Trunks. – “¿Qué intentan atraernos?”
– “Es posible” – responde Cheelai. – “No podemos bajar la guardia.”
– “Estaremos atentos.” – dice Trunks.
En el planeta de Kaiosama, Vegeta aparece con el Shunkanido.
– “¡Vegeta!” – se sorprende el Kaio del Norte. – “¿Qué haces tú aquí?”
– “Tenemos que hablar” – responde Vegeta.
Mientras tanto, en el Asteroide-Prisión Bihe, los presos se enfrentan a los guardias, a los que superan en número. El lugar está inmerso en el caos. 
Unos pocos prisioneros han logrado abrir una de las compuertas que salen al exterior y se adentran en los túneles de roca que rodean las instalaciones.
– “¡Somos libres!” – exclama uno.
De repente, un extraño ruido les deja en silencio. Algo grande parece estar arrastrándose por los túneles.
– “¿Qué ha sido eso?” – se pregunta uno de los presos.
– “Creo que era un…” – dice otro.
En ese instante, un gigantesco gusano mouma surge de un túnel situado sobre sus cabezas y devora a uno de los fugados, engulléndolo de un solo bocado.
– “¡TODOS ATRÁS!” – grita uno. – “¡VOLVED DENTRO!”
Un segundo mouma se acerca a ellos de frente, como si fuera un tren de alta velocidad.
– “¡ATRÁS!” – exclama el preso, empujando a sus compañeros hacia el interior de la prisión.
Mientras tanto, en el centro del patio interior de la cárcel, en mitad de todo el alboroto, un ser de tez blanca, ojos rojos y tentáculos en su cabeza en lugar de cabello, armado con una larga vara negra con dos adornos blancos en los extremos; vestido con pantalón negro, una faja roja, una ajustada camiseta negra y una armadura blanca que recuerda a las de la Patrulla Galáctica.
– “Te estoy esperando.” – sonríe el misterioso personaje.

Dibujado por Ipocrito