DBSNL // Capítulo 125: Shiras

DBSNL // Capítulo 125: Shiras
“Sigues siendo arrogante, Whis.”
Whis y Shiras se encuentran cara a cara.

– “Has recuperado tus poderes…” – dice Whis.
– “Son un regalo” – responde Shiras.
– “Lo suponía.” – dice el ángel.
– “Parece que las cosas han cambiado bastante durante estos años.” – sonríe el legendario patrullero.
– “Veo que mi hermano te ha puesto al día” – dice Whis.
– “Te has vuelto blando” – dice Shiras.

Whis agacha la cabeza, en un claro gesto de decepción.

– “Y tú no has cambiado nada” – suspira el ángel.
– “Siempre tan condescendiente…” – dice Shiras, que aprieta su vara con rabia.
– “Siempre tan ingenuo” – responde Whis.
– “Vosotros y ese maldito asesino me encerrasteis aquí…” – dice el antiguo patrullero.
– “Habías perdido el control.” – dice el ángel. – “Intentaste destruir lo que juraste proteger.”

Trunks, malherido, se pone de nuevo en pie, escuchando atentamente la conversación.
Whis le hace un ligero gesto para que se marche, pero Shiras se da cuenta.

– “¡No te vas a ninguna parte!” – exclama Shiras.

En ese instante, la esfera de la vara de Whis emite una poderosa luz verde.
Shiras aparece delante de Trunks, con su puño en alto, pero es empujado por la luz y se estrella contra la pared.
Cheelai no entiende nada de lo que ocurre. Trunks también parece confuso.

– “¡Marchaos!” – insiste Whis.

El mestizo corre y agarra a Cheelai del brazo. Los dos huyen hacia la plataforma de teletransportación.

– “¡¿Vamos a dejar a tu amigo solo?!” – pregunta la muchacha.
– “¡Es un ángel! ¡Sabe defenderse!” – responde Trunks.
– “¡¿Un ángel?!” – se sorprende Cheelai, que es la primera vez que asiste a la presencia de un ser celestial.

Mientras tanto, Shiras se levanta y Whis se pone en guardia.

– “Ya sabes que a mí no vas a sorprenderme con ese tipo de trucos” – sonríe Whis.
– “No subestimes el poder del tiempo” – sonríe Shiras.

Whis vuelve a hacer brillar su vara, que revela y repele a múltiples clones de Shiras que estaban rodeándole y abalanzándose sobre él.
En ese instante, la vara de Shiras golpea por sorpresa a Whis en la nariz, haciéndole retroceder.

– “Mojito tenía razón” – sonríe Shiras. – “Eres más débil que antes.”

Whis se pone de nuevo en guardia, mientras una gota de sudor recorre su frente.
Trunks y Cheelai han llegado a la plataforma de teletransportación. Cheelai teclea el código para comunicarse con el anillo exterior.

– “Transporte en 4…” – empieza la cuenta atrás.
– “Diles que evacuen la zona.” – dice Trunks.
– “3… 2…” – continúa la megafonía.
– “¿Qué?” – se extraña Cheelai.
– “Escapa cuanto antes.” – dice el mestizo, mientras se aparta de la plataforma.
– “1…” – continúa.
– “¡NO! ¡ESPE…!” – exclama Cheelai, que es teletransportada antes de poder terminar la frase.

La muchacha aparece en el anillo exterior, rodeada por los demás patrulleros.

– “¡¿Qué está pasando ahí abajo?!” – exclama un patrullero.
– “Tenemos que abandonar la base.” – dice Cheelai, claramente preocupada por su compañero, pero confiando plenamente en su juicio.

Shiras y Whis siguen peleando.  El legendario patrullero utiliza su extraño poder para evitar los ataques del ángel, que pasan a través de él como si fuera intangible.

– “Maldita sea…” – refunfuña Whis.

Shiras golpea a Whis en el abdomen y después hace girar su vara para propinarle un golpe en el mentón que le hace retroceder y caer de espaldas al suelo.

– “Sigues siendo arrogante, Whis” – dice Shiras mientras se acerca al ángel. – “Has venido tú sólo a enfrentarte a mí…”

De repente, como un rayo de luz, Trunks, transformado en Súper Saiyajín 3, aparece con su espada extendida, cargando contra Shiras, dispuesto a ensartarle el corazón.
La espada parece incrustarse en la armadura del enemigo, pero éste se vuelve intangible y permite que Trunks pase de largo.

– “Maldición…” – lamenta Trunks. – “Creía que le tenía…”

Shiras mira al saiyajín con desprecio.

– “Vaya, vaya…” – dice el antiguo patrullero. – “Un idiota que quiere morir…”

Trunks se fija en el lugar donde su espada hizo contacto con Shiras y puede ver un leve corte en la armadura que corresponde a la punta de su espada.

– “¡Le he alcanzado!” – piensa Trunks. – “No es invulnerable.”

Whis pretende aprovechar la distracción para intentar alcanzar su vara, pero Shiras aparece a su lado y aplasta la mano del ángel con el extremo blanco de su bastón. 

– “¡AAAH!” – grita Whis.
– “¡WHIS!” – exclama Trunks.

Shiras se agacha y recoge la vara del ángel. El enemigo arranca la esfera del extremo y la sostiene en su mano, observándola con una aterradora sonrisa.
Trunks da un paso al frente, dispuesto a ayudar al ángel, pero éste niega con la cabeza, indicándole que no haga nada.
Durante un instante, Whis y Trunks cruzan sus miradas y el ángel parece hablar al corazón del mestizo.
Shiras mira a Whis con prepotencia y sonríe con desprecio.

– “Hasta nunca, Whis.” – dice al apretar la esfera, que emite una intensa luz verde y estalla en mil pedazos, generando una gigantesca explosión de energía.

Mientras tanto, Cheelai se encuentra escapando en la nave de Trunks, y puede ver el asteroide convertirse en una explosión verde de energía que no deja ni rastro del lugar.

– “Trunks…” – llora la muchacha.

De repente, Champa aparece en la nave, sujetando a Trunks, gravemente herido y en su estado base

– “¡TRUNKS!” – exclama Cheelai al ver a su compañero.

La muchacha sujeta a su amigo y le tumba en el suelo.

– “Gracias, señor” – dice Cheelai, que desconoce la identidad del felino. – “Gracias por ayudarle.”
– “Señor… Champa…” – titubea Trunks. – “Lo siento… No pude…”
– “Tranquilo, chico” – responde Champa. – “No es culpa tuya.”

Trunks intenta incorporarse, pero su cuerpo ha sufrido graves heridas.

– “Tranquilo, Trunks.” – intenta calmarle Cheelai. – “Volveremos a la base y…”
– “No…” – dice el mestizo. – “Ese tipo… no es un enemigo que la Patrulla Galáctica pueda detener…”
– “¡Por supuesto que podremos!” – insiste Cheelai.
– “No” – le interrumpe Champa. – “El chico tiene razón. Su poder escapa a vuestro entendimiento.”
– “¿Quién es usted?” – dice Cheelai, algo molesta por el comentario del felino.
– “Me llamo Champa. Soy el Dios de la Destrucción.” – responde el Hakaishin.
– “El… el Dios de…” – titubea Cheelai, asustada.
– “Es un amigo.” – sonríe Trunks.

Cheelai mira a Trunks, incrédula.

– “Un ángel… un Dios…” – dice la joven brench. – “Pero, ¿qué clase de amigos tienes tú?”
– “Jeje…” – sonríe el mestizo.


Champa se acerca al ojo de buey de la nave y pierde su mirada en el tenebroso espacio.

– “Hablaré con Zamas” – dice el Hakaishin. – “Puede que él y los Kaioshin tengan más información sobre ese tipo.”
– “Está bien…” – dice Trunks. – “Pero intente no involucrar a mi padre y a Son Goku. Podría ser peligroso si intentan enfrentarse a él sin un plan.”
– “¡¿Lo dices en serio?!” – se sorprende Champa, claramente preocupado.
– “Sus habilidades son… peculiares.” – dice el mestizo.
– “Debemos conocer a nuestro enemigo antes de actuar…” – dice Champa. – “Bien pensado. Con razón Whis te tenía en alta estima.”
– “La buena noticia…” – sonríe Trunks. – “Es que ya he visto esos poderes antes.”

ESPECIAL DBSNL /// Shingeki no Saiyajín // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte X: Despedida

Shingeki no Saiyajín / Parte X: Despedida
“Tsufur matan saiyajín”


Kamin ha explicado sus descubrimientos a Gokua. Raichi derribó la nave del piloto herajín, que volaba bajo las órdenes de un demonio del frío a quién se dirigía como Rey Cold.
– “Cold…” – murmura Gokua. – “Podría ser el demonio del frío que derrotó a Bojack.” – ata cabos. – “Pero creía que era un Guardián del Fruto Sagrado… ¿Y ahora tiene a un herajín trabajando para él? Me resulta extraño.”
– “El Doctor Raichi nos ha tenido engañados” – dice Kamin. – “Su control del planeta es superior del que los propios tsufur conocemos.”
– “Tenemos que informar a Yamoshi” – dice Gokua.
Tras unas horas, Gokua y Kamin se han reunido con el líder saiyajín en las cuevas donde habitan. Yamoshi, por las graves heridas recibidas en la batalla contra Kinkarn, ha perdido su brazo izquierdo.
– “Parece que la verdadera amenaza tsufur no son las ciudades, Yamoshi” – reflexiona Gokua. – “Es el científico Raichi.”
– “Ni siquiera sus habitantes conocen hasta dónde llega el control del doctor” – añade Kamin. – “Creo que nos está enfrentando.”
– “Tsufur matan saiyajín.” – dice Yamoshi, contrariado.
– “Y los saiyajín matan tsufur” – responde Gokua.
El líder saiyajín mira su amigo con recelo al sentir que está defendiendo al enemigo.
– “Creo que deberíamos informar a los tsufur.” – intenta proponer el herajín. – “Deberíamos asegurarnos de que conocen la realidad, antes de seguir con esta guerra eterna.”
– “A mí me creerán” – dice Kamin.
– “No.” – dice Yamoshi, tajantemente. – “Tú… sabes mucho. No puedes marchar.”
– “Creo que podemos confiar en ella, hermano.” – dice Gokua.
– “NO” – repite el saiyajín.
Yamoshi abandona la cueva, pues su decisión está tomada.
– “¡Espera!” – le detiene el herajín, que ha salido tras él. – “Hay más.”
– “¿Más?” – pregunta el saiyajín.
– “He decidido marcharme.” – anuncia Gokua. – “Necesito saber qué ocurrió con mi planeta y mi raza. Voy a regresar a Hera.”
El saiyajín agacha la cabeza, entristecido por la posible marcha de su hermano.
– “¿Y la guerra?” – pregunta Yamoshi.
– “Ya conoces mi opinión.” – responde Gokua.
– “Opinión de tsufur.” – dice el saiyajín.
– “¿De qué estás hablando?” – pregunta el herajín.
– “La mujer…” – responde su hermano.
– “¿Crees que he cambiado de opinión por ella?” – dice Gokua, intentando que tal cosa parezca un disparate.
– “Ellos la mataron.” – dice Yamoshi.
– “Raichi lo hizo.” – responde Gokua. – “Pero no sabemos dónde está.”
Yamoshi no responde y se aleja de su hermano.
– “Mañana tendrás provisiones.” – sentencia el saiyajín.
Gokua agacha la cabeza, triste por el punto de vista de Yamoshi.
El herajín regresa a la cueva, donde le espera Kamin.
– “¿Qué ha ocurrido?” – pregunta la tsufur.
– “Yamoshi es tozudo…” – lamenta Gokua. – “No va a detener esta guerra.”
– “¿Podemos hacer algo?” – dice Kamin.
– “Lo dudo.” – responde el herajín. – “La lucha es la forma de vida de los saiyajín. A veces me pregunto si echar a los tsufur de Plant es solo una excusa para pelear…”
Kamin agarra la mano de Gokua.
– “Podemos marcharnos.” – dice la tsufur.
– “¿Marcharnos?” – se sorprende el herajín, algo confuso por las palabras de Kamin. – “¿Quieres venir conmigo a Hera?”
– “Los saiyajín no me dejarán volver con los míos” – dice la mujer. – “Y si me quedo con ellos, no sé que harán cuando no puedas protegerme.”
Gokua se levanta y se dirige hacia la salida de la tienda.
– “¿A dónde vas?” – pregunta Kamin.
– “Necesito tomar el aire” – dice el herajín.
Gokua sobrevuela el planeta en solitario hasta llegar a la ciudad donde estuvo preso durante tantos años y se adentra en sus ruinas hasta llegar a la torre principal, donde encuentra un acceso al laboratorio.
El herajín recorre los pasillos de tan sombrío lugar acariciando sus paredes con la mano, hasta encontrar la celda donde estuvo con su madre y Yamoshi. Las compuertas fueron arrancadas por la explosión, que se extendió por todo el centro de investigación.

– “Sé que mamá no quería que regresara a Hera…” – reflexiona Gokua. – “Pero necesito saber más sobre mi pasado. En Plant me siento un extraño. Esta no era nuestra guerra… Pero tampoco puedo abandonar a Yamoshi y a los saiyajín.” – el herajín está hecho un lío. – “¡Maldita sea!” – exclama. – “¿Qué puedo hacer?”
De repente, una vieja computadora parece ponerse en marcha, y un holograma parpadeante aparece junto a Gokua.
– “Bienvenido a casa, muchacho” – dice una voz anciana que enseguida reconoce.
– “¡¿Raichi?!” – exclama Gokua, furioso, poniéndose en guardia.
– “Parece que has encontrado la nave derribada…” – dice el tsufur.
– “¡¿Cómo sabes eso?!” – pregunta el herajín.
– “Considérala un regalo.” – responde Raichi.
– “¿Qué?” – Gokua parece confuso.
– “Mis objetivos para ti han terminado, Gokua” – explica el doctor. – “Ahora eres un estorbo.”
Gokua, furioso ante la manipulación del científico intenta golpear el holograma, atravesándolo.
– “Maldición…” – lamenta el herajín. – “¡DA LA CARA!” 
– “Eso no va a ser posible.” – sonríe el holograma. – “Estoy en otro planeta, muy lejos de aquí.”
– “¡¿Qué quieres de mí?!” – pregunta Gokua.
– “Ya te lo he dicho.” – responde Raichi. – “Quiero que abandones Plant.”
– “¡¿Por qué?!” – insiste el herajín.
– “Quiero estudiar el desarrollo de los saiyajín.” – explica Raichi. – “Quiero observar el destino de Plant y hasta dónde puede llegar el Súper Saiyajín. Aún tengo muchas preguntas por responder.”
– “¿No quieres eliminarlos?” – pregunta Gokua, confundido ante el discurso del científico.
– “Por supuesto que no” – responde Raichi. – “Yo soy un hombre de ciencia. Me interesa el progreso… y los saiyajín mejoran a pasos agigantados.”
– “¿No te importan los tsufur?” – pregunta Gokua.
– “Son una parte importante de mi experimento, si es eso a lo que te refieres.” – responde el doctor. 
A Gokua le cuesta comprender el punto de vista de Raichi.
– “¿Y Kinkarn?” – pregunta Gokua.
– “No voy a engañarte…” – sonríe Raichi. – “Creía que el Súper Tsufur sería superior… Pero me equivoqué. No fui consciente de las verdaderas posibilidades del Súper Saiyajín hasta que os vi luchar contra el viejo Capitán.”
– “Eres un monstruo…” – murmura el herajín.
Raichi ignora las palabras del herjaín.
– “Ahora, quiero hacerte una oferta.” – dice el tsufur.
– “¿Una oferta?” – pregunta Gokua.
– “Si tú abandonas el planeta, yo dejaré de participar activamente en el desarrollo de la historia de Plant.” – ofrece Raichi. – “Me dedicaré a observar los acontecimientos. No habrá más Súper Tsufur.”
– “¿Y si me niego?” – pregunta Gokua.
– “Ya has visto de lo que es capaz mi ciencia, chico” – dice el doctor. – “Yamoshi y tú sobrevivisteis por los pelos. ¿Crees que podríais derrotar a otro Súper Tsufur? ¿Crees que Yamoshi está en condiciones de librar otro combate igual? ¿O cuánto crees que tardaría en formar un pequeño ejército?”
– “Bastardo…” – dice Gokua al darse cuenta de que Raichi conoce el estado de su hermano.
– “Así que… dime, Gokua” – sonríe el tsufur. – “¿Qué vas a hacer?”
Al amanecer, Gokua ya ha regresado al campamento saiyajín. Kamin prepara los suministros para el viaje.
– “No me puedo creer que vaya a abandonar este planeta…” – suspira Kamin.
– “Yo tampoco.” – responde Gokua. – “Pero es lo que debo hacer.”

De repente, Yamoshi se acerca al herajín. En sus manos lleva un obsequio para su hermano. El objeto es alargado y está envuelto en pieles.
– “¿Qué es esto?” – pregunta Gokua.
El herajín desenvuelve el regalo y resulta ser una cimitarra hecha a partir de un colmillo de ozaru.
– “Nuestra fuerza…” – dice Yamoshi. – “Contigo.”
– “Gracias, hermano” – le abraza Gokua. – “Siento mucho tener que irme.” – derrama una lágrima el herajín.
– “Mucha suerte.” – responde el saiyajín.

Los hijos de Yamoshi se abalanzan sobre su tío y lo abrazan.
– “Os echaré de menos” – sonríe Gokua. – “Entrenad mucho.”
Gokua y Kamin suben a la nave Real y se preparan para partir.
– “Sabes pilotar esto, ¿verdad?” – pregunta Gokua.
– “Eso creo…” – responde Kamin. – “No debe ser muy distinto a un aerodeslizador, ¿no?”
El herajín mira asustado a su compañera, que responde con un guiño y esbozando una sonrisa burlona.
La nave se eleva lentamente y, en un abrir y cerrar de ojos, desaparece en el cielo ante los ojos de los saiyajín, que se despiden de su compañero, al que llegaron a considerar uno de los suyos.

Mientras tanto, en Vampa, Raichi observa su monitor con una misteriosa sonrisa.

ESPECIAL DBSNL /// El Saiyajín Dios // Universo 7 / Parte VI: Ciencia y magia

El Saiyajín Dios / Parte VI: Ciencia y magia
“La magia no es más que ciencia por descubrir.”
Tras la explosión, en el centro de un gigantesco cráter, el cuerpo de Hatchiyack se encuentra tirado en el suelo, como un juguete roto; ahora con los huecos vacíos donde antes se encontraban las piedras shintai, que han estallado al ser sobrecargadas por Broly. 
En el laboratorio, los patrulleros se levantan entre los escombros.
– “¿Qué ha ocurrido?” – se pregunta Obni.
– “Creo que…” – dice Ganos, que esboza una sonrisa. – “Creo que hemos ganado.”
En la superficie del planeta, Tarble y Kale buscan a su compañero en el interior del cráter.
– “¡No le encuentro!” – dice Kale, preocupada.
– “¡Tiene que estar por aquí! ¡Bajo los escombros!” – dice Tarble. – “¡Sigue buscando!”
De repente, el sonido de una pequeña piedra cayendo alerta a Kale.
– “¡Broly!” – exclama la saiyajín, que corre hacia un montón de rocas y empieza a apartarlas.
Finalmente, bajo los cascotes encuentra a su amigo. Broly ha regresado a su estado base.
– “¡Tarble! ¡Está aquí!” – grita Kale.
La saiyajín desentierra a su compañero e intenta reincorporarle, colocando la cabeza del chico en su regazo.
– “¡¿Estás bien?!” – pregunta Kale.

Broly, magullado y agotado, abre los ojos ligeramente.
– “Kale…” – sonríe Broly.
Tarble se acerca a sus amigos.
– “Nos has dado un buen susto…” – dice el saiyajín.
– “Jeje” – ríe Broly.
En el laboratorio, Raichi reflexiona sobre lo acontencido.
– “He subestimado el poder del chico…” – murmura el científico tsufur. – “Sus habilidades han resultado una anomalía que no tenía en cuenta.”
Los ordenadores, que aún se encuentra en funcionamiento, parecen estar procesando la información obtenida.
Ganos se da cuenta de que una compuerta oculta en el suelo ha sido dañada durante la explosión, quedando expuesta la escotilla, y de su interior emana una extraña luz verde.
– “¿Qué es eso?” – se pregunta el patrullero.
Obni y Ganos arrancan la compuerta y descienden deslizándose por una rudimentaria escalera de pared que parece no tener fin. Con cada metro que descienden, la luz verde se vuelve más brillante.
Al llegar al fondo, la luz es cegadora. Los patrulleros se encuentran en mitad de una cueva natural que parece que Raichi ha convertido en una mina. 
– “Es increíble…” – dice Ganos, asombrado.
– “Esto son…” – murmura Obni.
La luz verde proviene de cientos de piedras incrustadas en la corteza del planeta.
– “Son piedras shintai” – dice Ganos.
– “Por eso Raichi se estableció en este planeta.” – murmura Obni. – “Ese bastardo…”
– “Tenemos que avisar a los saiyajín.” – dice su compañero.
– “Adelante” – coincide Obni. – “Yo inspeccionaré la zona, a ver si hay algo más de interés aquí abajo.”
Ganos asciende por de nuevo por la escalera hasta llegar al laboratorio, donde se encuentra con Tarble, que acudía al lugar para informar a los patrulleros de que ellos se encontraban bien.
– “Tenéis que ver esto” – le dice Ganos al saiyajín.
– “¿Un sótano secreto?” – pregunta Tarble.
– “Una mina de piedras shintai” – responde el patrullero.
El holograma de Raichi aparece frente a los dos personajes.
– “Esas piedras son el trabajo de toda una vida” – dice el tsufur. – “Desde mis inicios en mi planeta natal, Kudan, hasta hoy, he pasado miles de años investigando sus secretos” – explica. – “Esas piedras son la prueba de que existe un ser creador. Alguien por encima de los meros mortales como nosotros.”
– “¿De qué hablas, viejo?” – dice Tarble. – “No intentes excusar tus acciones.”
– “No lo hago” – responde el científico. – “No me arrepiento de ninguno de mis actos, pues cada uno me ha acercado más a la verdad.”
– “¿Qué verdad?” – pregunta Ganos.
Raichi se queda en silencio un instante, pensativo, ignorando la pregunta del patrullero.
– “Kudan sufrió un horrible destino.” – continúa Raichi. – “Un misterioso viajero me mostró las posibilidades de las piedras shintai y, desde ese día, no he podido apartar la mirada de su brillante luz. El conocimiento al que abrían acceso me cegó. ¿Qué hay más importante que resolver los misterios del universo? Yo también quería ver.”
– “¿De quién hablas?” – pregunta Ganos.
– “Él era visto por todos como un charlatán, pero incluso un hombre ciencia como yo podía ver que había algo más. La verdad tras sus palabras fue confirmada cuando apareció un Dios castigador y purgó los pecados de los tsufur.” – responde el científico. – “Los supervivientes intentaron reconstruir nuestro pueblo en Plant, pero mi forma de ver el mundo había cambiado para siempre. La venda de mis ojos había caído. La magia no es más que ciencia por descubrir. Secretos antiguos que aún no han sido revelados. ¡Me prometí revelar los secretos del universo! ¡Ninguna magia puede ser más fuerte que la verdad de mi ciencia!”
En la mina, Obni examina la gruta, avanzando hasta las profundidades hasta que el camino desemboca en una gran cueva, en el centro de la cual se encuentra una extraña estructura tecnológica formada por tres pilares. Los pilares laterales son cortos, y el pilar central termina formando un gran ojo de piedra. Un centenar de cables conectan las columnas entre ellas. 
– “¿Qué significa esto?” – se pregunta el patrullero.
En la superficie del planeta, Broly descansa apoyado en Kale, que limpia sus heridas con la manga arrancada de su camiseta.
En el laboratorio, Ganos recibe un mensaje de su compañero informándole de sus hallazgos.
– “¿Qué es lo que has construido en la mina, Raichi?” – le pregunta Ganos directamente.
– “Supongo que habéis encontrado mi reconstrucción del Amenoukihashi” – responde el tsufur. – “No os preocupéis. No funciona.” – suspira. – “Ahora es solo un monumento a mi fracaso.”
– “¿Qué es?” – insiste el patrullero.
– “Mi verdadero anhelo.” – responde Raichi. – “Pero a pesar de mis esfuerzos, mi ciencia nunca ha logrado estar a la altura de su magia. Lo he intentado, pero incluso mis conocimientos han encontrado su límite. Y ahora, sin Hatchiyack, no hay forma de cosechar la energía necesaria para dar el siguiente paso.”
– “¿De qué está hablando?” – se pregunta Tarble.
– “Los acólitos del brujo son poderosos, pero por ahora solo dan palos de ciego.” – explica Raichi. – “Ellos han fallado en los intentos de seguir sus pasos y ahora solo sueñan con su regreso.”
– “¿El regreso de quién?” – pregunta Ganos.
– “Los Kashvar le llaman \”El que vio\”.” – responde Raichi.