ESPECIAL DBSNL /// Cold Chronicles // U3, U5, U6 y U7 / Parte XI: El consejero

Cold Chronicles / Parte XI: El consejero 
“Eres un hombre leal, Kettol.”
Tras un largo viaje, Hit ha llegado al planeta Kabasei. El asesino examina el terreno y pronto se encuentra con los cuerpos de las Fuerzas Especiales del Imperio.
– “Qué raro…” – murmura el asesino. – “Hay signos de lucha por todo el planeta, pero justo en esta zona, donde ellos perecieron, parece que el combate fue breve.”
Hit se acerca al cadáver de Tupper y se agacha para observarlo detenidamente.
– “¿Les cogieron desprevenidos? ¿O es que el rival les superaba ampliamente?” – se pregunta el asesino. – “¿Es eso posible? Al fin y al cabo, son las Fuerzas Especiales…”
Mientras tanto, la nave del Emperador ya ha llegado a Hera. Cold observa el planeta desde el ojo de buey de su nave.
– “No esperaba tener que llegar a esto.” – murmura el demonio del frío.
– “Se lo advertí, señor” – dice Sorbet. – “Los herajín son fuertes y su nuevo líder es peligroso.”
– “Parece que tenías razón.” – suspira Cold.
Un soldado irrumpe en la cámara del Emperador.
– “Hemos recibido un mensaje de Hido, señor” – anuncia el soldado. – “Solicita reunirse con un emisario.”
Sorbet enseguida interviene.
– “Podría ser una trampa, señor” – dice el consejero Imperial. – “No debería premiar a los rebeldes con su presencia.” – añade. – “Permítame asistir a mí a tal encuentro. Acompañado por un soldado de élite, por su puesto…”
Cold valora sus opciones y decide seguir el consejo de Sorbet.
– “Mantenme informado” – dice el Emperador.
– “Por supuesto, señor” – responde el consejero, haciendo una reverencia.
En el planeta de Beerus, Campahri entrena a Shiras, luchando con sus bastones. Beerus duerme plácidamente en su palacio.
El patrullero hace girar su vara con precisión y golpea la mano del ángel, haciendo que pierda su arma, y después coloca el extremo de su bastón a escasos centímetros de su cara.
– “Tus habilidades son extraordinarias, Shiras” – le felicita Campahri.
Shiras baja su arma y sonríe.
– “Me has entrenado bien” – dice el patrullero.
El ángel, satisfecho con los progresos de su alumno, busca entre su ropa un pequeño objeto del que le hace entrega; un anillo.
– “Ha llegado el momento, Shiras” – sonríe Campahri.
Shiras acepta el regalo en la palma de su mano y lo observa detenidamente.
– “Es un anillo Toki” – dice el ángel. – “Su poder permite moldear el tiempo e incluso viajar a través de él.”
– “¿Qué debo hacer?” – pregunta Shiras.
– “Estudia las habilidades que te otorga el anillo.” – dice el ángel. – “Cuando llegue el momento, lo usarás para crear un nuevo mundo.”
El patrullero parece algo confuso.
– “¿Este anillo no debería estar bajo el cuidado de los Kaioshin en Ira-aru?” – pregunta Shiras.
– “Este anillo en particular no pertenece a este universo” – dice Campahri. – “Llegó hasta aquí cuando un Kaioshin se saltó las normas… Así que nadie lo busca.”
En Hera, Sorbet, acompañado de un soldado Imperial, abandonan la nave de Cold en un pequeño vehículo espacial y viajan a la reunión con Hido, que tendrá lugar en el palacio. El soldado es una criatura humanoide de color verde oliva, con orejas puntiagudas, escleras amarillas, pupilas rojas y dos extraños bigotes en su labio superior.
– “Es un honor acompañarle en esta misión, señor Sorbet” – dice soldado.
– “Me han hablado bien de ti, Kettol” – responde el consejero Imperial. – “Parece que has solicitado entrar en las Fuerzas Especiales, ¿no es cierto?”
– “Sí, señor.” – responde el soldado. – “Sería un honor. Todo por servir a al gran Rey Cold y al Imperio.”
– “Eres un hombre leal, Kettol.” – sonríe Sorbet.
– “Gracias, señor.” – dice el soldado, honrado con tal comentario.
Una vez en el palacio, los dos personajes son guiados por una patrulla herajín hasta la sala del trono, donde son recibidos por Hido, que está escoltado por uno de sus hombres.
Los cuatro personajes se quedan a solas.
– “¿Ya está todo listo?” – sonríe Sorbet.
– “La mayoría de soldados han regresado de sus misiones y se encuentran en el planeta.” – dice Hido. 
El líder herajín se pone en pie y con un rápido movimiento propina un golpe con el dorso de su puño al soldado que lo escolta, noqueándolo.
Kettol, sorprendido ante tal acción por parte del líder herajín, se pone en guardia.
– “¡¿Qué ocurre?!” – exclama el soldado. – “¿Qué significa esto?”
Hido hace un gesto para que se mantenga en silencio.
– “Soy el Capitán Ginyu” – dice Hido.
– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende Kettol.
– “Así es” – confirma Sorbet.
Kettol, confuso, pero siempre a las órdenes del Imperio, se arrodilla ante el Capitán.
– “Es un honor, señor” – dice el soldado. – “Desconocía…”
– “No te preocupes, Kettol”. – dice Ginyu.
El soldado se sorprende de que el Capitán sepa su nombre.
– “Sorbet y yo hemos leído tu informe y te hemos elegido personalmente para llevar a cabo una misión de vital importancia.” – dice Ginyu.
– “Gracias, señor” – dice Kettol.
– “Ocuparás mi lugar como líder herajín y ordenarás a tus hombres que se preparen para la guerra.” – dice Ginyu. 
– “¿Contra el Imperio?” – se extraña Kettol. – “¿Por qué?”
– “Por el Imperio y nuestro Rey” – dice Sorbet.
Kettol asiente.
– “De acuerdo, señor” – responde el soldado.
– “Bien.” – sonríe Ginyu, mientras coloca sus brazos en cruz.
En Kabasei, Hit continúa la investigación sin encontrar nada relevante.
De repente, un suave pitido alarma al asesino, que enseguida busca su origen.
Cerca de allí, Auta Motrocco, con su estómago abierto y derramando lava, que cada vez es más viscosa porque se está enfriando, lucha para mantenerse con vida.
– “¿Quién os ha hecho esto?” – le pregunta Hit.
Motrocco, con su último aliento, señala un trozo de armadura que se encuentra en el suelo, con el símbolo de la Patrulla Galáctica, que pertenecía al fallecido Torbie.
En Hera, Sorbet y Kettol han regresado a la nave del Rey, con el que se han reunido.
– “No piensan rendirse, señor” – explica Sorbet.
– “Siento mucho que esta sea su decisión.” – dice Cold.
Un soldado entra en la sala e informa al Rey.
– “¡Los herajín han empezado a movilizarse, Su Majestad!” – dice el soldado.
Cold, con sumo pesar, responde a su hombre.
– “Que abran la escotilla superior” – dice el demonio del frío. – “Voy a salir.”
El Rey Cold sale de la nave y contempla el planeta Hera en silencio.
En la superficie del planeta, los soldados se preparan. Una decena de vehículos ya ha alzado el vuelo en dirección a la nave Imperial.
Cold alza su mano, con su dedo índice apuntando hacia arriba.
– “Que esto sirva de lección a los demás planetas” – murmura el Rey. – “No busco guerra, pero no puedo tolerar la insubordinación.”
Una pequeña mota de energía se materializa sobre el dedo del Rey, pero enseguida crece hasta convertirse en una gigantesca esfera que brilla como si de una estrella se tratara.
Los soldados herajín contemplan con horror y fascinación el nuevo astro que ha aparecido en el cielo.
En el balcón del palacio, Hido mira al cielo.
– “Larga vida al Imperio” – murmura el herajín.
Cold lanza su ataque y éste cae sobre Hera arrasando con todas las naves enemigas que encuentra en su camino. Finalmente, la esfera de energía impacta con la superficie del planeta y penetra en su corteza hasta alcanzar el núcleo, cuando estallar, desintegrando Hera en una gigantesca explosión de luz.
Sorbet y Ginyu observan lo ocurrido desde el ojo de buey de la nave.
– “El Imperio ahora es más fuerte. El Universo no olvidará esta lección.” – dice Sorbet. – “Ha cumplido su misión, Capitán Ginyu. Enhorabuena.” – felicita a su hombre de confianza.
– “Gracias, señor” – responde el Capitán.
Mientras tanto, el centro de comunicaciones está recibiendo el parte de Hit, y enseguida informan a Sorbet.

En el planeta del Hakaishin, Campahri alza su mirada al cielo.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta Shiras.

En el palacio, Beerus mueve su oreja ligeramente, pero enseguida se agarra a la manta para seguir durmiendo.

En el Planeta Sagrado, Shin y Kibito también sienten lo ocurrido.

– “Hera…” – murmura Kibito.
– “Ya no existe…” – añade Shin.

En un templo sombrío, Sidra y Paikuhan pasean cuando al anciano lo invade una terrible sensación.

– “¿Se encuentra bien?” – pregunta Paikuhan.
– “Cold…” – murmura Sidra, preocupado.

Lejos de allí, el Rey regresa a su cámara, donde le espera su consejero.
– “Ha sido magnífico, señor” – dice Sorbet.
Cold ignora a su hombre.
– “Me han comunicado que su asesino ha averiguado cierta información sobre lo ocurrido en Kabasei.” – dice Sorbet.
– “¿Sabe quién ha eliminado a nuestras Fuerzas Especiales?” – pregunta Cold.
– “Aún desconoce la identidad del individuo, pero parece estar relacionado con la Patrulla Galáctica.” – dice el consejero.

Cold, de mal humor por las represalias que se ha visto obligado a tomar, se sienta en su silla con desgana.
– “Rumbo al Cuartel General de la Patrulla Galáctica.” – ordena Cold. – “Informad a Hit. Nos veremos allí.”
– “De acuerdo, señor.” – dice Sorbet antes de retirarse.
Fuera de la cámara, Ginyu lo espera.
– “Así que la Patrulla, ¿eh?” – murmura el soldado. – “Voy a hacerles pagar la muerte de mis hombres.”
– “No tan rápido” – le interrumpe Sorbet. – “Tengo una nueva tarea para ti.” 
– “¿Qué puede ser más importante que esto?” – pregunta Ginyu.
– “Quiero información sobre ese asesino a sueldo.” – responde el consejero. – “Debemos saber si es una amenaza.”
Sorbet entrega un pequeño dispositivo de memoria al Capitán.
– “Sigue la ruta marcada hasta el planeta Numa.” – dice el consejero.
– “¿Quién es mi contacto?” – pregunta Ginyu.
– “No te preocupes.” – sonríe Sorbet. – “Él te encontrará.”

DBSNL // Capítulo 127: Un enemigo incomprensible

DBSNL // Capítulo 127: Un enemigo incomprensible
Ségitség!

Pan, Ub y Katopesla se ponen en guardia al sentir el temblor, mientras la gente corre despavorida.
– “Hemos llegado tarde…” – dice el justiciero espacial, preocupado.
– “¡¿Qué está pasando?!” – se pregunta Pan. – “¡¿A qué nos enfrentamos?!”
– “En mi planeta lo llamamos Maji-Kayo” – responde Katopesla.
En ese instante, unos gigantescos tentáculos azules y viscosos brotan del suelo y sacuden las estructuras que encuentran a su alrededor. Los tres héroes se elevan y retroceden para poder observar mejor a su enemigo.
– “¡¿Es un pulpo?!” – pregunta Ub.
– “No tiene una forma concreta” – responde Katopesla. – “Desconozco su apariencia original, si es que tiene una.”
Uno de los tentáculos intenta golpear a nuestros amigos, pero Ub lo intercepta lanzándole una onda de ki, que hace estallar la extremidad del enemigo.
– “No es tan duro…” – sonríe Ub.
Pero el tentáculo enseguida vuelve a recuperar su forma.
– “Maldición…” – lamenta el chico de Isla Papaya.
El suelo se hunde, revelando lo que parece ser el cuerpo de monstruo, que solo consta de una gran masa azul viscosa con una gigantesca boca.
– “Lo has hecho enfadar…” – dice Katopesla.
Pan se prepara para lanzar un Kamehameha.
– “¡Apartaos!” – exclama la muchacha.

Katopesla y Ub obedecen, dejando el camino libre para el ataque de Pan.
– “¡HAAAAA!” – grita la hija de Gohan al proyectar su técnica.
El Kamehameha impacta de lleno contra el cuerpo del monstruo, que estalla en mil pedazos, pero enseguida vuelve a recomponerse.
– “Su regeneración es asombrosa…” – se sorprende Ub.
El monstruo genera un nuevo tentáculo que surge del suelo y sorprende a nuestros amigos, atrapando a Pan. 
– “¡PAN!” – exclama Ub.
La chica se transforma en Súper Saiyajín, desintegrando el tentáculo y quedando libre.
– “Estoy bien” – dice Pan.
Ub mira al monstruo con rabia.
– “A ver si puede regenerarse tras esto” – dice al alzar su brazo derecho con la palma de su mano hacia el cielo.
El chico genera un millar de rayos de energía que ascienden una docena de metros para después caer como una lluvia de estrellas sobre el monstruo.
El enemigo ruge mientras sus tentáculos vuelven a esconderse bajo el suelo y una nube de fuego y polvo inunda el lugar.
Katopesla observa a los dos chicos, asombrado ante su poder.
– “¿De dónde han salido estos tipos?” – se pregunta el justiciero.
Tras unos segundos, Ub se detiene.
– “¡Lo has logrado!” – celebra Pan.
– “¿Tú crees?” – responde Ub, observando el gigantesco cráter con desconfianza.
– “No…” – dice Katopesla. – “Lo más probable es que se haya escondido, esperando una oportunidad para hacerse más fuerte.”
– “¿En serio?” – se sorprende Pan. – “¿Tan resistente es?”
– “Será mejor que avisemos a tus padres” – dice Ub.
– “Sí.” – responde Pan.
Mientras tanto, en un remoto lugar del universo, una pequeña aldea de personajes de tez gris y ojos negros como el azabache se encuentra trabajando en su huerto, cuando Vegeta aparece entre ellos con el Shunkanido.
– “¿Dónde diablos estoy?” – se pregunta el saiyajín, echando un vistazo a su alrededor.
– “Ségitség!” – se alarma un campesino.
Todos los personajes corren despavoridos al ver al recién llegado, pero uno de ellos tropieza y se cae al suelo.
– “No he venido a haceros daño.” – dice Vegeta, acercándose al aldeano. – “Busco a…”
– “Hagyjon engem békén!” – grita el aterrorizado campesino.

En ese instante, un personaje sale de una cabaña cercana, llamando la atención de Vegeta, que sonríe al reconocerle.
– “Nyugodjon meg” – le dice el individuo a su amigo aldeano, antes de dirigirse al saiyajín. – “¿Qué haces tú aquí?” – le pregunta a Vegeta.
– “Necesito tu ayuda, Jiren” – responde nuestro amigo.
En el Planeta Monmaas, Goku se ha escabullido del ataque del gigantesco pájaro y ahora recobra el aliento, oculto entre las hojas de un árbol.
– “Por los pelos…” – suspira el saiyajín.

De repente, un temblor intermitente le alarma y casi le hace caer del árbol. El temblor aumenta, acompañado por un fuerte estruendo.
– “¡¿Qué ocurre?!” – se pregunta Goku.
Al mirar hacia abajo, Goku puede ver a un gigante de tez anaranjada y orejas puntiagudas, vestido con un chaleco echo de pieles, un pantalón blanco de tela, un cinturón amarillo, y botas de cuero curtido. En su brazo derecho lleva una cesta de mimbre.
– “¡Es enrome!” – exclama el saiyajín al ver al gigante.
El gigante se detiene un instante y se agacha pare recoger una seta que después coloca en su cesta.
– “Parece amigable…” – murmura Goku. – “¡Voy a saludarle!” – exclama mientras se prepara para saltar de la rama en la que se encuentra.
En ese instante, un personaje envuelto en una túnica marrón hecha con barbas de pluma, le golpea con un bastón de madera en la cabeza.
– “¡Alto!” – exclama el personaje, con voz quebrada y aguda.
– “¡AY! ¡AY!” – grita Goku dolorido, frotándose la cabeza.
Goku se recupera de un salto y se pone en guardia.
– “¡¿Quién eres?!” – pregunta el saiyajín. – “¡¿Y por qué me atacas?!”
El misterioso individuo tiene el rostro oculto bajo la capucha de su túnica.
En el planeta de Zeno, Champa, Zamas, Pilaf y Shu se han reunido. El Hakaishin ha informado de las terribles noticias a los presentes.
– “Un enemigo capaz de derrotar a Whis…” – murmura Zamas, mientras una gota de sudor frío recorre su frente. – “Y que además trabaja con Mojito…”
– “¡Tenemos que avisar a Son Goku! – exclama Pilaf.
– “Trunks me ha pedido que no se lo diga a Goku ni a Vegeta” – dice Champa. – “Cree que es mejor esperar.”
– “Es terrible…” – murmura Shu.
– “¿Qué propone Trunks?” – pregunta Zamas. – “¿Tiene un plan?”
– “Eso parece…” – responde Champa.
– “Puede que debamos confiar en él…” – dice el Dai Kaioshin. – “Whis creía en el muchacho.”
– “Sí…” – murmura Champa. – “Pero dudo que Shiras y Mojito se queden de brazos cruzados mientras hablamos…”
En el espacio exterior, Trunks ha recuperado parcialmente sus energías gracias a las píldoras senzu y viaja junto a Cheelai hacia un misterioso planeta, en busca de consejo.
Mientras tanto, en otra prisión de máxima seguridad de la Patrulla Galáctica, en el planeta Mizusei, se ha organizado otra revuelta. El planeta está compuesto por un extenso y profundo océano, y la cárcel se encuentra en el fondo. Los patrulleros de la raza mizujín custodian el lugar, pues son los únicos capaces de vivir en esas condiciones.
Por los pasillos de la cárcel, su preso más peligroso anda suelto. Una decena de guardias corren hacia él, pistola en mano, pero el prisionero, que viste un pantalón con una pernera roja y otra azul, sin camiseta, y con el rostro cubierto en maquillaje de payaso, hace un sutil gesto que materializa una baraja de cartas de energía y las lanza contra sus enemigos, acabando con ellos.
– “Vamos a divertirnos…” – sonríe el payaso de forma escalofriante.

ESPECIAL DBSNL /// Cold Chronicles // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte X: Rebelión en la sombra

Cold Chronicles / Parte X: Rebelión en la sombra
“Todo va según lo previsto.”


En el planeta Kabasei, las Fuerzas Especiales Imperiales se encuentran descansando tras su combate contra los dos agentes de la Patrulla Galáctica. 
Nink se encuentra sentado en el suelo con las piernas cruzadas, devorando una pierna de kabaijín asada que sujeta con ambas manos, de la que desgarra la carne con sus dientes.
– “¡Este te ha quedado al punto, Motroco!” – felicita a su compañero, que ha usado su caluroso aliento para cocinar la carne.
Auta Motroco responde emitiendo un pitido con el vapor a presión que emana de su cabeza. El metalman descansa sentado sobre una roca cercana.
Mientras tanto, Methiop tiene su cabeza incrustada en el abdomen de un cadáver, devorando sus órganos internos crudos.
Nink, que ahora se limpia los dientes con una costilla del enemigo, mira de reojo a su compañero.
– “No sé como puedes comerte eso…” – dice el soldado Imperial, algo asqueado.
Methiop se detiene un instante y saca la cabeza del cadáver.
– “Tú siempre te dejas lo mejor” – responde el crustáceo humanoide.
Cerca de allí, Tupper se encontraba recibiendo órdenes del centro de operaciones.
– “Parece que la expedición de colonización llegará en unas pocas horas” – anuncia el ishitoko a sus compañeros.
– “¿Hay noticias del Capitán?” – pregunta Nink.
– “No me han dicho nada.” – responde Tupper. – “Su misión parece estar clasificada incluso para nosotros.”
Methiop se pone en pie, mientras se limpia la boca con su antebrazo.
– “Ahora que mencionáis al Capitán… Deberíamos estar practicando nuestras nuevas poses de pelea” – sugiere el nagebi. 
De repente, un extraño individuo aparece frente a ellos. Nadie le ha visto llegar.
– “¿Quién es ese?” – pregunta Nink, levantándose.
Tupper, extrañado, analiza al posible enemigo con su scouter.
– “Su poder de pelea es insignificante.” – dice el ishitoko. – “No será un problema.”
El individuo es un ser de tez blanca, ojos rojos y tentáculos en su cabeza en lugar de cabello, armado con una larga vara negra con dos adornos blancos en los extremos; vestido con pantalón negro, una faja roja, una ajustada camiseta negra y una armadura blanca con el logotipo de la Patrulla Galáctica en su pecho.
Methiop es el primero en darse cuenta del símbolo.
– “Es un patrullero.” – advierte a los demás.
– “Así que es otro de esos idiotas…” – murmura Nink.
El misterioso personaje observa detenidamente a los cuatro soldados.
Mientras tanto, en Hera, el Capitán Ginyu, ahora en el cuerpo de Hido, líder de los herajín, ha anunciado la repentina muerte de su anciano abuelo y ha ordenado organizar una reunión con sus Generales.
Sentado en su despacho, Ginyu no puede dejar de dar vueltas a las últimas palabras del viejo herajín, cuando un pitido le saca de su trance.

El Capitán se quita su scouter y busca entre sus ropas un pequeño auricular que se coloca en el oído. 
– “Adelante” – responde tras apretar el botón rojo de su aparato.
– “Informe, Capitán” – solicita Sorbet.
– “Todo va según lo previsto.” – dice Ginyu.
– “Bien” – responde el consejero Imperial. – “No falle.”
En el planeta Konats, Hit y Slug abandonan el templo. El namekiano, cansado por su avanzada edad, sugiere a su hijo Zeeun que acompañe al asesino hasta un lugar en las afueras al que llama “Yahirodono”.
– “¿Qué encontraré allí?” – pregunta Hit.
– “Ese templo ha permanecido cerrado durante milenios” – responde Slug. – “Ni siquiera yo he podido abrir su puerta. La magia utilizada para sellar el lugar es muy superior a la mía.”
– “¿Cree que está relacionado con el símbolo en la pared?” – pregunta el asesino.
– “No existen las casualidades, hijo” – dice el namekiano. – “Y menos en un lugar como este.”
Hit y Zeeun parten hacia el templo Yahirodono.
En Kabasei, los cuerpos inertes de los cuatro miembros de las Fuerzas Especiales yacen en el suelo. Shiras remata a Tupper, crujiendo su cabeza de roca con un golpe de su vara.
– “Este nuevo Imperio parece ser un problema.” – murmura el patrullero. – “A lo mejor debería visitar su capital…”
De repente, el ángel Campahri aparece a su lado.
– “¿Qué se supone que estás haciendo, Shiras?” – le pregunta el ángel.
– “Justicia” – dice el patrullero.
– “No puedes utilizar tus poderes en el mundo mortal” – dice Campahri. – “Lo sabes.”
– “Yo no puedo mirar cómo el universo arde sin hacer nada” – responde Shiras. – “No soy como vosotros.”
– “Tenemos planes más importantes para ti.” – dice el ángel. – “No los arruines.”
Shiras parece molesto con la actitud pasiva de los ángeles.
– “Vosotros me buscasteis a mí” – dice el patrullero. – “Sabíais cuál era mi punto de vista. Fundé la Patrulla Galáctica para luchar contra la injusticia. No podéis pedirme que me mantenga al margen.”
– “Tienes que aprender a priorizar tus objetivos” – insiste Campahri. – “Si despiertas a Beerus o llamas la atención de Zeno, todo se acabó. No podremos protegerte.”
El patrullero está frustrado y aprieta su vara con fuerza.
– “Volvamos a casa.” – dice Campahri.
– “Seguro que el gato sigue durmiendo” – responde Shiras.
– “Y que siga así…” – sonríe el ángel.
En Hera, Ginyu ha reunido a los líderes herajín.
– “¡El Imperio de Cold ha intentado humillarnos con un trato injusto!” – exclama el Capitán, en el cuerpo de Hido. – “¡No lo toleraremos!
– “No sé si una guerra nos conviene, señor…” – duda uno de sus hombres. – “El Emperador…”
– “¡Mi abuelo, en su lecho de muerte, me pidió que no me arrodillara ante nadie!” – exclama Hido. – “¡Y eso haremos! ¡Nos mantendremos de pie!”
– “¡Sí!” – exclama un soldado. – “¡Lucharemos!”
– “Tendrán guerra…” – sonríe Ginyu.
En la Capital del Imperio, Sorbet ha llegado y se presenta ante el Emperador Cold.
– “Acaban de informarme de que las Fuerzas Especiales han sido abatidas en el planeta Kabasei, señor.” – dice el consejero. – “Una verdadera desgracia.”
– “Maldición…” – lamenta Cold. – “¿Y dónde está Ginyu?”
– “Siento comunicárselo de esta forma, pero ha sido asesinado.” – responde Sorbet.
– “¡¿Qué?!” – se sorprende el Emperador.
– “Fue Hido, señor” – explica el consejero. – “¡Él mató al Capitán Ginyu! Rechazó nuestra propuesta y mató al Capitán para demostrar su fuerza.”
Cold se pone en pie y camina en silencio hacia la ventana de su palacio.
– “No esperaba esto…” – murmura el Emperador.
De repente, un mensajero entra en la sala del trono apresuradamente.
– “¡Señor!” – exclama el sujeto. – “¡Tengo noticias de Hera! ¡Nos han declarado la guerra!”
Sorbet finge estar sorprendido.
Cold agacha la cabeza, entristecido por la noticia.
– “No quería que esto acabara así…” – murmura apenado el Emperador.
El mensajero continúa informando.
– “¡Han atacado nuestras instalaciones en el planeta y están acabando con todos nuestros soldados destinados allí!” – exclama el individuo.
El Emperador suspira.
– “Que preparen mi nave.” – sentencia Cold.
– “Sí, señor” – responde Sorbet, que al dar la espalda al Emperador, no puede evitar esbozar una media sonrisa.
En Konats, Hit y Zeeun sobrevuelan el planeta. En las áreas rurales, decenas de demonios trabajan arando el campo, repartidos en pequeñas aldeas.
– “¿Sois todos hijos de Slug?” – pregunta Hit.
– “Así es” – responde el demonio. – “Slug nos ha dado vida a lo largo de los siglos.”
Hit parece confuso.
– “¿Esperabas namekianos?” – sonríe Zeeun.
– “La verdad es que sí” – responde el asesino.
– “Esa es una habilidad que nuestro padre perdió en el momento de su nacimiento.” – responde el demonio.
Hit parece confuso, pero no tiene tiempo de preguntar, pues los dos guerreros han llegado al templo, que se resume en una entrada similar a un panteón fúnebre, que parece adentrarse bajo tierra.
El asesino se acerca a la gran puerta de piedra repleta de jeroglíficos similares a los del templo de la ciudad, entre los que destaca el mismo símbolo principal.
– “Está cerrado.” – dice Zeeun. – “No puede abrirse.”
– “¿Habéis intentado derribar esta losa?” – pregunta Hit.
– “Es imposible” – dice el demonio. – “Una magia poderosa protege este lugar. Es infranqueable.”
El asesino da un paso atrás, preparándose para intentar golpear la puerta.
De repente, el comunicador que lleva en el cinturón le advierte de un mensaje.
Hit se detiene y echa un vistazo al aparato.
– “El Emperador solicita que eche un vistazo al planeta Kabasei…” – murmura el asesino. – “Parece que las Fuerzas Especiales han tenido problemas.”
Hit se prepara para marcharse.
– “¿Nos dejas, asesino?” – pregunta Zeeun.
– “Debo cumplir con mi contrato” – responde Hit. – “Mi deber es con quién me paga.”
– “Suena triste” – dice el demonio. – “Es como vivir sin alma.”
– “Algo así” – responde el asesino, acostumbrado a su trabajo.
En al templo de la ciudad, Slug puede ver como la nave de Hit desaparece en el cielo.
El namekiano regresa a su trono, en el que se sienta en silencio. Sus hijos, Angila, Wings y Medamatcha, le acompañan.
En ese instante, un un gran bulto asciende por su garganta hasta llegar a su boca, que se abre lentamente para revelar un gran huevo que expulsa de su cuerpo y cae a sus pies.
El viejo namekiano, agotado, cierra los ojos y deja que su vida se desvanezca.
De repente, el huevo empieza a moverse y resquebrajarse, hasta que finalmente se rompe y revela a un pequeño namekiano.
Los hijos de Slug se arrodillan frente a él.
– “Es un placer tenerle de vuelta, padre.” – dice Angila.
Mientras tanto, Zeeun ha llegado al palacio y se presenta ante Slug.
– “El asesino se ha marchado” – dice el demonio. – “Parece que el Emperador ha solicitado sus servicios de urgencia.”
Slug niega con la cabeza, apenado.
– “En su camino le espera mucho dolor.” – murmura el namekiano.