DBSNL // Capítulo 129: Trabajo en equipo

DBSNL // Capítulo 129: Trabajo en equipo
“¿Cuál es el plan?”
En el remoto y árido planeta Rudeze, Garlick, Shiras, Belmod y Helles se han reunido.
– “Me alegra ver que has cambiado de bando, Shiras” – sonríe Helles.
– “La vida da muchas vueltas” – responde el antiguo patrullero.
– “¿Qué queréis de nosotros?” – pregunta Belmod. – “Ya sabes que yo no trabajo para nadie.”
El pequeño Garlick se acerca a Shiras, ignorando al payaso.
– “Espero que cumplan las expectativas…” – dice el demonio.
– “Confía en mí.” – respondo el legendario patrullero. – “Tuve que sufrirlos en su momento.”
Helles se acerca a Garlick y se inclina hacia delante para hablar con él, acentuando la inferioridad del demonio por su baja estatura.
– “¿De dónde sales, diablillo?” – se burla la mujer, en un tono muy condescendiente.

Garlick clava su ojo gris en Helles, que retrocede rápidamente al verlo, asustada.
– “Ese ojo…” – titubea la mujer. – “Es el ojo de un ángel…”
– “¡¿Cómo?!” – se sorprende Belmod. – “¡Maldito! ¡Es una trampa!”
Helles materializa un arco en su mano y tensa una flecha de energía apuntando a Garlick. Belmod invoca un gran mazo y se prepara para atizar al demonio.
– “Tranquilos, muchachos” – interviene Shiras. – “No es lo que creéis.”
– “¡¿Cómo lo sabes?!” – pregunta Hellas.
– “Porque el ángel protector de este universo está muerto.” – sonríe el legendario patrullero.
– “¡¿Muerto?!” – se sorprende Belmod. – “¡¿Cómo es posible?!”
Garlick empieza a reír, desconcertando aún más a los dos delincuentes.
– “Han pasado muchas cosas durante estos últimos años…” – interviene el demonio. – “Dejad que os ponga al día.”

De repente, una gran nave aterriza cerca de ellos. La compuerta principal se abre y desembarca Meerus, seguido por un grupo de personajes. Algunos visten ropa normal, relacionada con su procedencia, pero otros llevan mono de presidiario.
– “¡¿Otro patrullero?!” – se altera Belmod al ver a Meerus.
– “Está con nosotros.” – lo calma Shiras.
Meerus sonríe.
– “No he podido traerlos a todos… Algunos ya han empezado por su cuenta.” – se excusa el patrullero renegado. – “Son lo mejor de lo peor.”
Una sonrisa se dibuja en el rostro de Garlick.
Mientras tanto, en la Tierra, Gohan y Katopesla han llegado a la Corporación Cápsula. Bulma trabaja para conectar el rastreador del justiciero a la red de satélites de la empresa. 
– “Tardará unos segundos” – dice Bulma.
– “¡Genial!” – responde Gohan.
– “Vuestro equipo es alucinante…” – murmura Katopesla, al ver las instalaciones de la familia Brief. 
El sensor detecta algo.
– “¡Lo tenemos!” – celebra Bulma. – “Parece que está en esta ciudad. Vuestras deducciones eran correctas.” – dice mientras amplia la imagen de los sensores.
– “Bien.” – dice Gohan. – “Avisaré a los demás.”
– “Ya he activado el protocolo de evacuación en los alrededores” – dice Bulma.
– “¿Puedes hacer eso?” – se sorprende Gohan.
– “Trunks ha mejorado mucho nuestras relaciones con el Rey del Mundo” – responde Bulma. – “Ahora colaboramos con las autoridades.”
– “¡Eso es fantástico!” – celebra el mestizo.
Pero Katopesla parece preocupado por algo que ve en el radar.
– “Hay algo raro…” – dice el justiciero. – “No parece que venga hacia aquí…”
Bulma se fija de nuevo en las imágenes.
– “Tienes razón…” – murmura Bulma. – “¿A dónde va?”
– “¿Hay otro reactor en la ciudad?” – pregunta Katopesla.
– “Sí, pero es muy inferior al nuestro… y no está en esa dirección…” – dice Bulma.
– “Nos hemos equivocado…” – murmura Gohan, que se ha dado cuenta de su error. – “La mayor fuente de energía de la zona no es un reactor…”
– “¿De qué estás…?” – cavila Bulma, que de repente comprende a Gohan. – “¡La Número 18!”
En la casa de Lázuli, la androide se encuentra trabajando en sus diseños cuando su percepción aumentada detecta un leve temblor en el suelo que va en aumento hasta hacerse claramente presente.
– “Qué demonios…” – murmura la Número 18.
De repente, a su alrededor se alzan cuatro paredes de una masa viscosa azulada que brotan del suelo y rompen como olas sobre ella, intentando ahogarla, pero Lázuli se protege con su barrera de energía en el último momento.
– “¡¿Qué es esto?!” – se pregunta la androide, que resiste ante la presión que ejerce su enemigo.
En el exterior, Gohan y Katopesla vuelan hacia el lugar, y ya pueden ver al enemigo a lo lejos.
– “¿Hemos llegado tarde?” – pregunta Gohan.
– “Creo que no.” – responde el justiciero espacial. – “No parece distinto a cuando nos enfrentamos a él por última vez.”
Gohan y Katopesla sobrevuelan el lugar mientras idean un plan para abordar al enemigo.
– “¿Dónde está la Número 18?” – piensa Gohan.
– “Detecto una fuente de energía independiente en el interior de Maji-Kayo” – anuncia el justiciero.
– “¿En su interior?” – se extraña el mestizo. – “Veamos…” – murmura.
Gohan coloca las manos en su frente.
– “¡MASENKO!” – exclama al atacar a monstruo, generando una explosión que deja entrever brevemente a Lázuli, luchando para mantener su barrera.
– “Son Gohan…” – se sorprende ella al ver al mestizo.
– “¡Te sacaremos!” – exclama Gohan. – “¡Resiste!”
Pero en un instante, la masa vuelve a cubrir a Lázuli.
– “Bulma, ¿falta mucho?” – le pregunta Gohan por el intercomunicador.
– “Esto es más difícil de lo que esperaba…” – responde Bulma. – “Tengo todos los satélites estudiando a esa cosa. ¡Necesito tiempo!”
– “Podemos intentar distraerlo…” – dice el justiciero.
En los alrededores, la gente ha salido a la calle y a los balcones de sus casas, alarmados por tal espeluznante suceso.
– “¡Un monstruo!” – grita uno.
– “¡Vamos a morir!” – exclama otro viandante, aterrado.
De repente, alguien se percata de la presencia del Gran Saiyaman.
– “¡Es el Gran Saiyaman!” – grita esperanzado un vecino.
– “¡El Gran Saiyaman ha venido a salvarnos!” – celebra otro.
– “¡Viva el Gran Saiyaman!” – exclama un tercero.
Son Gohan escucha a los ciudadanos y se da cuenta de que están rodeados por una gran cantidad de viviendas.
– “Toda esta gente corre peligro…” – piensa el mestizo. – “Esta zona se suponía que no corría ningún riesgo y no ha sido evacuada…”
En la Corporación Cápsula, Trunks, que se encontraba en una reunión, sale al balcón al escuchar el estruendo.
Mientras tanto, Ub aparece usando el Shunkanido, acompañado por Pan y Videl, a quienes ya ha recogido.
– “Así que éste es Maji-Kayo…” – murmura Videl, algo asustada por la envergadura del monstruo.
– “¿Cuál es el plan?” – pregunta Ub.
– “Está intentando absorber la fuente de energía de la Número 18.” – dice Gohan. – “Tenemos que rescatar a Lázuli y distraer al monstruo hasta que Bulma tenga listo el pulso electromagnético. Y todo sin olvidarnos de proteger el vecindario.”
Pan mira a su alrededor, un poco abrumada ante tanta responsabilidad.
– “Tranquila, hija” – dice Videl, que se ha dado cuenta de la preocupación de la chica. – “Podemos hacerlo.”
Pan mira a los ojos a su madre y asiente.
– “¡Sí!” – dice la muchacha.
Son Gohan se transforma en Súper Saiyajín. Pan le imita. 
– “¡Videl! ¡Pan!” – dice Gohan. – “¡Vosotras encargaos de asegurar el perímetro!”
– “¡Sí!” – exclaman las dos al unísono.
– “¡Katopesla! ¡Ub! ¡Nosotros nos encargaremos de llamar su atención!” – explica Gohan. – “¡El objetivo es que disminuya la presión sobre Lázuli para poder rescatarla!” 
– “¡De acuerdo!” – exclaman el chico de Isla Papaya y el justiciero.
El toreristo activa un nuevo modo en su traje, haciendo su ropa se torne blanca y violeta, y aparezca una “U” en su cinturón.
– “¡Modo \”Ultra\” activado!” – exclama el justiciero.
Gohan, Katopesla y Ub se abalanzan sobre el monstruo, que intenta interceptarlos creando múltiples tentáculos, pero los tres guerreros se escabullen con facilidad.
– “¡Aquí!” – exclama Gohan, lanzando un ataque de ki contra una de las extremidades del enemigo.
– “¡Estoy aquí!” – grita Ub, que hace lo mismo desde otro ángulo. 
– “¡Vamos! ¡Atrápame!” – dice Katopesla, que coloca sus brazos en cruz, lanzando un rayo amarillo zigzagueante contra el monstruo.
El enemigo responde generando más tentáculos que rápidamente intentan atrapar a sus enemigos.
A pie de calle, la gente huye cuando, de repente, uno de los edificios cercanos es rozado por uno de los apéndices del monstruo y su fachada se derrumba parcialmente.
La gente se queda petrificada por el miedo al ver que el edificio se les cae encima, pero un ataque de ki de Pan intercepta los escombros en el aire y los hace estallar, convirtiéndolos en polvo.
– “¡Todo el mundo fuera!” – grita la muchacha.
Cerca de allí, la policía ya ha llegado al lugar, y Videl se acerca a ellos, aterrizando sobre uno de sus coches.
– “¡¿Qué sucede, Gran Saiyaman 2?!” – pregunta el agente. – “¡¿Qué podemos hacer para ayudar?!”
– “¡Evacuad a los civiles!” – dice Videl. – “¡Formad un perímetro a cinco manzanas! ¡Nosotros contendremos la destrucción todo lo que podamos!”
– “¡Sí, señora!” – responde el agente, que agarra su radio para dar las órdenes pertinentes.
En el interior de Maji-Kayo, la Número 18 se esfuerza en mantener su barrera, mientras la presión a su alrededor sigue en aumento.

Especial DBSNL /// Cold Chronicles / Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte XII: Mano negra

Cold Chronicles / Parte XII: Mano negra
“No tolero la insubordinación.”
La nave del Rey Cold se aproxima al Cuartel General de la Patrulla Galáctica; una estación espacial gigantesca compuesta por varios anillos rotatorios en torno a un largo eje central.
El vehículo imperial solicita permiso para aterrizar en un hangar y la Patrulla se lo concede. Varios agentes son enviados al lugar para recibir al Emperador.
Una hermosa patrullera de larga melena verde claro y ojos azules recibe a Cold y Sorbet.
– “Bienvenido, señor Cold” – saluda la muchacha. – “Soy la agente Ribrianne.”
– “¿Se ha olvidado del título de mi señor, agente Ribrianne?” – responde Sorbet, molesto y con cierto retintín.
– “La Patrulla Galáctica no reconoce su Imperio como legítimo” – responde la patrullera.
– “¡¿Cómo osas?!” – se enfurece el consejero.
– “Tranquilo, Sorbet” – interviene Cold. – “No hemos venido a luchar.”
En ese instante, la nave de Hit se aproxima al Cuartel y el centro de mando se lo comunica a Ribrianne.
– “Otra nave imperial solicita permiso para aterrizar.” – dice la agente. – “¿Está con ustedes?” – pregunta la agente.
– “Debe ser Hit.” – murmura Cold. – “Sí, está conmigo.” – responde.
Mientras tanto, el Capitán Ginyu, en el cuerpo de Kettol, ha aterrizado en el planeta Numa.
El soldado se adentra en el misterioso pantano, cuando una pequeña rana salta frente a él.
– “Qué asco…” – murmura antes de patearla.
De repente, el Capitán siente que alguien le está observando.
– “¡Muéstrate, cobarde!” – exclama Ginyu.
En ese instante, la oscuridad envuelve al Capitán y dos sombras se materializan frente a él. La primera, Ginyu la identifica como el Rey Cold, pero la segunda, un pequeño ser con cuernos, es un misterio para él.
De repente, a su espalda, otra figura se manifiesta. Un ser humanoide de pelo desaliñado, cuya aura estalla de color amarillo y le hace caer de espaldas al suelo. La luz proyectada por esa silueta hace que se desvanezcan las otras sombras. 
– “No… ¡No existe un poder así!” – exclama el Capitán.
Finalmente, la oscuridad se desvanece y el brujo Salabim se presenta.
– “Bienvenido a mi hogar, Capitán Ginyu” – le saluda la pequeña criatura.
– “¿Quién diablos eres?” – pregunta el soldado, que se pone en pie de un salto.
– “Soy el que buscas” – sonríe el brujo.
En el Cuartel General de la Patrulla Galáctica, Hit se ha unido a Cold y Sorbet, y los tres se dirigen a la sala de mando, guiados por Ribrianne, para reunirse con el subcomandante de la Patrulla.
– “Así que tú eres el asesino…” – le dice Sorbet a Hit, mientras recorren los pasillos.
El asesino no responde e ignora al consejero.
– “No sé qué ha visto el Rey en ti…” – continúa Sorbet, que sigue sin lograr sacar una respuesta de Hit.
Finalmente, todos llegan a la sala principal, donde les espera el subcomandante, un personaje humanoide de avanzada edad, estatura media, delgado, piel anaranjada y bigote blanco, escoltado por dos chicas parecidas a Ribrianne, una de pelo morado, y la otra castaña.
– “Soy el subcomandante Zarbuto” – se presenta. – “¿A qué se debe vuestra visita?”
– “¿Cuál es vuestro problema con mis hombres?” – pregunta Cold, muy tajante. – “No esperaba que la Patrulla Galáctica se inmiscuyera en los asuntos del Imperio.” 
– “Nuestra organización no reconoce vuestro imperio.” – responde Zarbuto.
– “Y yo no reconozco vuestra autoridad” – dice el demonio del frío.
Las tres chicas se miran de reojo, pues prevén problemas.
– “Nos han llegado informes sobre la destrucción del planeta Hera…” – continúa Zarbuto. – “¿Es cierto lo que se dice?”
– “Sí.” – responde Cold, con seguridad.
La sala se queda en silencio. Incluso Hit, que intenta disimular, se ha sorprendido ante tal información.
– “¿Y te atreves a venir a nuestro Cuartel?” – dice Zarbuto, apretando sus puños.
– “No tolero la insubordinación.” – dice Cold. – “Pero lo que ocurra en mi territorio, no debería incumbir a la Patrulla Galáctica.”
Zarbuto da una señal a las tres agentes, que enseguida se transforman y revelan su verdadera forma, con piel azul y estrafalarios trajes.
– “Quedáis arrestados” – dice el subcomandante.
Una docena de patrulleros irrumpen en la sala y apuntan con sus armas al Rey, a Hit y a Sorbet.
Cold echa un vistazo a su alrededor y esboza una aterradora sonrisa.
– “Tenéis que estar de broma…” – dice el Rey.
El demonio del frío alza su mano y lanza a Zarbuto contra el techo, incrustando su cabeza en el sitio y dejando su cuerpo inerte colgando.
Los agentes disparan sus armas, pero los rayos quedan suspendidos en el aire, gracias al poder mental de Cold, que enseguida retorna los disparos y acaba con todos los agentes. Solo las tres muchachas permanecen en pie.
– “Im… impresionante…” – titubea Sorbet, algo asustado ante el poder de su propio señor.
Las tres patrulleras dan un paso al frente, dispuestas a cumplir con su deber.
– “¡Rozie! ¡Kakunsa!” – exclama Ribrianne.
– “¡SÍ!” – responde ellas.
Cold sonríe.
– “Son tuyas, Hit” – dice el Rey.
– “Esto no forma parte de mi contrato” – responde el asesino.
– “Tranquilo, seré generoso” – sonríe el demonio. – “Quiero ver de qué eres capaz.”
El asesino se abalanza sobre Ribrianne, que intenta interceptarle con un puñetazo, pero Hit lo esquiva y propina un puñetazo a la agente en el pecho, sobre su corazón, provocándole un paro cardíaco.
La patrullera cae de rodillas y pierde el conocimiento.
– “¡Ribrianne!” – grita asustada su compañera, Kakunsa.
Rozie, furiosa, se abalanza sobre el asesino.
– “¡MALDITO SEAS!” – grita la patrullera.
Rozie intenta propinar un puñetazo a Hit con su mano izquierda, pero Hit esquiva el golpe, agarrando su antebrazo y partiéndole el codo golpeándoselo con la mano derecha, para después rematarla con un certero golpe con dos nudillos en la sien. 
Kakunsa, asustada ante la muerte de sus amigas, intenta huir, pero Hit logra agarrarla del pie. El asesino tira de ella para acercársela y le propina un golpe descendente con el codo en la espada. El violento sonido de huesos rotos hace estremecer a Sorbet.
La patrullera cae al suelo. Dolorida e incapaz de mover sus piernas, Kakunsa intenta arrastrase, pero Hit se agacha sobre ella, y agarra su cabeza. Con brusco movimiento, el asesino parte el cuello de Kakunsa.
Cold aplaude lentamente.
– “Muy impresionante” – le felicita el demonio del frío. – “Tus honorarios son merecidos. No hay duda.”
El Rey se acerca al panel de mandos de la sala y echa un vistazo a la distribución de la Patrulla Galáctica en un mapa universal.
– “Estos tipos tienen un montado algo muy interesante…” – murmura Cold. – “Puede que merezca la pena conservarlo.”
– “¿Qué sugiere, Su Majestad?” – pregunta Sorbet.
– “De momento, tú tomarás el control de la Patrulla Galáctica.” – dice el Rey. – “Hit se quedará aquí contigo, para protegerte de quién se oponga al cambio.”
Sorbet no parece convencido.
– “Pero señor, ¿no cree que soy más útil a su lado?” – pregunta el consejero.
– “Ahora te necesito aquí.” – responde Cold.
– “Como desee, Su Majestad” – dice con una reverencia.
En el planeta del Hakaishin, Shiras estudia los poderes del anillo Toki.
Mientras tanto, Campahri, a través de su vara, ha observado lo ocurrido en Cuartel General de la Patrulla Galáctica, pero decide no decirle nada a su pupilo.
En Numa, Ginyu se ha calmado y ha seguido al brujo hasta su cueva, donde ambos se han sentado frente al fuelo.  Siguiendo su misión, el Capitán pregunta a Salabim por el asesino a sueldo del Rey.
– “Él es una pieza importante de la historia.” – responde el brujo. – “Pero no una que deba preocuparnos. Está cumpliendo con su función.”
– “Vas a tener que darme más, viejo” – insiste Ginyu.
– “Creo que Sorbet no ha entendido los términos de nuestro trato…” – murmura Salabim. – “Él es una marioneta. Quiere poder y eso le hace manipulable. Cree está utilizándome… Ingenuo.”
– “¿Estás diciendo que nos habéis manipulado a mí y al Rey Cold?” – pregunta Ginyu, clavando su mirada en el brujo.
– “Yo fui quien advirtió a Sorbet sobre los peligros de los herajín” – sonríe Salabim. – “El Rey Cold nunca habría tomado esa decisión si no hubiéramos acelerado los acontecimientos.”
Ginyu se pone en pie, furioso.
– “¡¿Cómo te atreves!?” – exclama apuntando al brujo con su mano.
– “Esta historia solo puede tener un final” – dice Salabim. – “Y será el que debe ser.”
– “¿De qué estás hablando?” – pregunta Ginyu.
– “Los mortales sois solo piezas en un tablero de ajedrez que se escapa a vuestro entendimiento.” – dice el brujo. – “Esta partida se lleva jugando desde hace milenios, y cada movimiento nos aproxima al jaque-mate.”
Ginyu, muy confuso, baja su mano.
– “¿Qué pretendes?” – pregunta el Capitán. – “¡Y HABLA CLARO!” – grita, frustrado e impaciente.
Salabim suspira, manteniendo la calma.
– “Eres un hombre leal.” – dice Salabim. – “Lo que hiciste en Hera lo demuestra.”
– “Me debo al Imperio.” – reafirma el Capitán.
– “Pues coincidirás conmigo en que Sorbet ha estado confabulando en contra del Emperador, ¿no es así?”
– “Igual que tú.” – dice Ginyu, amenazante.
– “Pero yo no soy el consejero del Rey” – sonríe Salabim. – “No podría haber echo nada sin él.”
– “¿Qué quieres?” – pregunta Ginyu.
– “Elimina a Sorbet y trae al Rey Cold hasta mí, para que pueda guiarle directamente.” – dice el brujo. – “¡Convertiré el Imperio en una fuerza imparable!”
El brujo sonríe al ver que sus palabras hacen reflexionar a Ginyu.
– “Las cajas de música pronto estarán en nuestras manos.” – piensa el Kashvar.

ESPECIAL DBSNL /// Planeta maldito // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte I: La caída de Konats

Planeta maldito / Parte I: La caída de Konats
“Y él segará, pues es su tarea.”
Una vieja bruja se encuentra trabajando en su palacio, en un remoto planeta, cuando una misteriosa imagen aparece en su bola de cristal, que flota en el centro de la habitación.
– “¿Qué diablos es esto?” – se pregunta la anciana.
Al echar un vistazo, el orbe brilla intensamente, como si se hubiera convertido en una bola de fuego, iluminando toda la sala.
– “¡¿Qué significa esto?!” – exclama la bruja.
En el interior de la esfera, la bruja logra ver un extraño símbolo que la perturba; un gran pilar central terminado en un gran ojo, flanqueado por dos columnas laterales más cortas.
De repente, la bola de cristal se resquebraja y se precipita contra el suelo, partiéndose por la mitad.
La bruja, aterrada, se arrodilla intentando recuperar la calma.
– “Eso era… el futuro…” – murmura ella. – “El Universo está en peligro…”
Mientras tanto, en el planeta Konats, la gente disfruta de un día de mercado en la ciudad. La cultura del lugar es próspera y recibe a gente de todos los planetas vecinos, pues es un punto de comercio importante.
En las afueras de la metrópolis, en lo más profundo del viejo templo Yahirodono, en una gigantesca y milenaria sala que recuerda a un laboratorio, pero repleto de objetos mágicos en lugar de tecnología, cinco brujos estudian distintos artefactos. En el centro de la sala, el legendario Amenoukihashi se yergue imponente; una escultura antigua de piedra, repleta de jeroglíficos, que consta de un pilar central terminado en un gran círculo, con dos pilares más pequeños, uno a cada lado.
Entre los magos, Bibidí, que está leyendo un viejo libro cuya portada está adornada con el símbolo que los Kashvar tomaron en honor a \”El que vio\”.
Un guerrero con aspecto de zorro, ciego, vistiendo túnica morada de largas y anchas mangas, y luciendo una \”M\” tatuada en su frente, se acerca a Bibidí.
– “¿Me ha llamado, señor?” – pregunta el feneco.
– “Así es, Majora” – responde el brujo. – “Tengo una misión para ti.”
En el planeta del Hakaishin, Sidra supervisa el entrenamiento de sus pupilos. Champa y Beerus se enfrentan al ángel Campahri.
– “Sois fuertes” – sonríe el ángel, mientras esquiva a los gotokonekos. – “Pero os falta coordinación.”
Los dos felinos se detienen y se miran de reojo, con cierto desprecio.
– “Beerus siempre está en medio.” – se queja Champa.
– “¡Tú eres el que estorba!” – replica Beerus.
Sidra suspira al ver la discusión, algo decepcionado con sus alumnos.
– “Aún no están preparados…” – piensa el Hakaishin, desanimado. – “Son demasiado arrogantes.”
En Konats, en el Templo Sagrado principal, frente a la plaza de la ciudad, una gran estatua del antiguo demonio Hildegarn luce en el altar. Decenas de habitantes rezan ante la figura, mientras un sacerdote pregona.
– “¡Esta estatua nos recuerda los males del pasado!” – exclama el konatsiano. – “¡El dolor de nuestros antepasados y su sacrificio para proteger a las futuras generaciones!”
Desde un rincón, Salabim contempla la gigantesca estatua, acompañado de otro brujo de tez roja y arrugada.
– “Es fascinante…” – murmura el brujo. – “Tanto poder reducido a esto…”
– “Nos falta poco, Salabim.” – dice el recién llegado. – “Una vez consigamos el corazón del Goshinboku, podremos despertarle. Y él segará, pues es su tarea.”
– “Bibidí ha mandado a Majora a encargarse del asunto.” – responde Salabim. – “No tardará mucho. Ten paciencia, Hoi.”
– “Compartir nuestro conocimiento con esta gente me revuelve las entrañas.” – refunfuña el brujo.
– “Pronto podremos abandonar esta pantomima” – sonríe Salabim.
En el planeta Numa, Majora aparece en mitad del pantanoso terreno, teletransportado por la magia de Bibidí.
– “Así que esto es Numa…” – murmura mientras escucha cada sonido que le rodea.
Majora pronto localiza una villa cercana, al poder escuchar a los aldeanos trabajando en el lago.
– “Están cerca.” – sonríe el zorro.
La bruja que ha visto el futuro aparece frente al Puesto Fronterizo, saltándose la cola de almas y corriendo hacia el Rey Enma. Los trabajadores intentan detenerla, pero ella lucha para seguir avanzando.
– “¡REY ENMA!” – exclama la anciana. – “¡ALGO TERRIBLE VA A OCURRIR!”
El juez oye los gritos de la anciana y ordena que la dejen pasar.
La bruja se arrodilla ante el Rey Enma.
– “Su Señoría, tiene que hacer algo.” – dice la anciana. – “¡He visto algo terrible en mi bola de cristal!”
– “¿Qué ha pasado?” – pregunta el juez.
– “¡Era el símbolo de \”El que vio\”!” – dice la bruja. – “¡Lo he visto!”
– “Eso no es posible…” – responde el Rey Enma. – “Además, esas historias no competen a los mortales.”
– “¡Sé lo que se me ha revelado!” – responde ella, muy nerviosa. – “¡Era él! ¡Era el sello de los Kashvar! ¡Era M…!”
El Rey Enma se pone en pie, exaltado.
– “¡NO TE ATREVAS A DECIR SU NOMBRE!” – grita el juez, dejando a toda la sala estupefacta y en silencio.
Enma recupera la compostura y se sienta de nuevo.
– “Es el deber de los Dioses encargarse de esos asuntos.” – dice el juez. – “No se pueden alterar las leyes de la naturaleza. Las predicciones solo crean caos… Y no quiero tener que lidiar con el Hakaishin.”
– “Pero, Rey Enma…” – insiste ella.
– “Lo siento, señora.” – dice el juez. – “No hay nada más que hablar.”
Dos trabajadores se acercan a la anciana y la invitan a abandonar el Puesto Fronterizo.
En Numa, Majora ha arrasado todos lo habitantes que se han interpuesto en su camino hasta encontrar una antigua cueva repleta de jeroglíficos antiguos.
– “Ha costado, pero al final han hablado. Es aquí…” – murmura el feneco. – “Siento una oscura presencia… Después de tantos milenios y aún queda el rastro de su energía… Esos brujos no exageran cuándo alaban a ese tipo.”
El zorro se adentra en la cueva y avanza por el oscuro lugar, siguiendo la energía residual que le sirve de guía.
En el Planeta Sagrado de los Kaioshin, un joven Madas retoza plácidamente bajo un árbol, sin sospechar que, cerca de allí, la bruja le observa escondida tras un arbusto.
– “Tengo que informar a los Kaioshin…” – piensa la anciana. – “Pero lo que estoy haciendo va en contra de las normas… Si no me creen, estaré condenada. Incluso puede que termine frente al Dios de la Destrucción…”
La anciana suspira, intentando reunir el coraje suficiente para tomar la decisión correcta.
– “Si el Universo está en peligro, no puedo ser egoísta.” – murmura la bruja. – “Tengo que arriesgarme. Pero… si hubiera un modo de que entendieran lo que vi…”
De repente, la anciana se fija en los pendientes del Kaioshin.
– “¡ESO ES!” – exclama, al tener una idea.
La anciana sorprende a Madas.
– “Hola, muchacho” – le saluda, intentando ganarse su confianza y acercarse a él.
El Kaioshin del Norte, mira a la bruja confuso, pues sabe que ella no debería estar allí.
– “Qué pendientes tan bonitos…” – dice la anciana, agarrando uno de los Pothala. – “¿Me lo puedo probar?” – añade mientras se lo coloca en la oreja.
– “¡NO!” – grita asustado el Dios. – “¡ESPERA!”
Ya es demasiado tarde. Los cuerpos de los dos personajes son atraídos el uno hacia el otro y chocan en una explosión de luz.
En Numa, Majora ha llegado a lo más profundo de la cueva, donde ha encontrado con un viejo tarro de cerámica cerrado con un tapón de corcho.
El guerrero no duda en abrir el tarro con su afilada uña. En el interior se halla un extraño fruto, que se pudre repentinamente al entrar en contacto con el aire, quedando reducido a dos semillas.
– “Tiene que ser esto.” – sonríe el feneco. – “El corazón del Goshinboku; La semilla del Árbol Sagrado.”
En el Planeta Sagrado, un envejecido Madas ha recurrido al Dai Kaioshin.
– “Madas… ¿Eres tú?” – se sorprende el Dios Supremo que, a pesar de poder identificar el alma de su compañero, el cambio de apariencia lo ha dejado boquiabierto. – “¿Qué ha ocurrido?”
En Konats, Majora ya ha regresado junto a su amo y le ha entregado las semillas.
En unas pocas horas, los Kashvar están listos para comenzar su ritual. Los siete magos, Salabim, Bibidí, Arak, Zunama, Hoi, Iwen y Rota, todos vestidos con sus túnicas encapuchadas, forman un corro alrededor de un círculo rúnico plasmado en el centro de la sala del templo Yahirodomo. En el centro del círculo, un caldero efervescente emana extraños vapores negros y rojos.
Mientras tanto, Madas y el Dai Kaioshin viajan al Planeta del Hakaishin, donde se encuentran con el ángel Campahri, y los discípulos de Dios de la Destrucción. 
– “Disculpad nuestra presencia.” – dice el Dai Kaioshin. – “Necesitamos hablar con el Hakaishin.”
– “Se encuentra descansando en el palacio.” – responde Campahri.
– “Podéis informarnos a nosotros” – dice Champa.
– “Es un algo de suma importancia.” – dice el Dai Kaioshin. – “Por favor, informen a Sidra.”
– “Seguro que estos muchachos pueden ayudar.” – dice Campahri.
– “¡Es importante!” – insiste Madas. – “¡No hay tiempo que perder!”
– “No me gusta tu tono, viejo” – dice Beerus.
– “¡El Universo está en peligro!” – responde Madas. – “¡HAKAISHIN SIDRA!” – grita.
Beerus mira al Kaioshin con desprecio.
– “Que pocos modales.” – refunfuña Champa.
– “¡NO HAY TIEMPO PARA MODALES!” – exclama Madas. – “¡ES EL FIN! ¡LO HE VISTO!”
Esa expresión mosquea a Beerus.
– “¿Lo has visto?” – dice el gotokoneko.
Beerus se fija detenidamente en Madas.
– “Ahora lo entiendo…” – dice el felino. – “Eres más de lo que pareces… Una aberración.”
De repente, Sidra sale del palacio. 
– “¡BASTA!” – exige silencio del Hakaishin. – “Escuchemos lo que tienen que decir nuestros invitados.”
En Konats, los siente brujos colocan sus manos en el suelo y transfieren su magia al caldero, que proyecta un foco de luz roja hacia el cielo.
La energía emitida viaja hasta el Templo Sagrado y cae sobre la estatua de Hildegarn, haciéndola brillar, por cada una de sus rendijas, sorprendiendo a todos los fieles.
Finalmente, el monstruo Hidelgarn cobra vida de nuevo. 

Al moverse, gran parte del templo se derrumba sobre los fieles.
El sacerdote contempla aterrado al monstruo. 
– “No… no puede ser…” – titubea el konatsiano.
En el planeta del Hakaishin, Sidra y los demás perciben la terrible energía del monstruo.
– “¿Qué es eso?” – se pregunta Champa.
– “Nunca había sentido algo así…” – murmura Beerus.
– “Qué curioso…” – dice el ángel.
– “Son ellos.” – dice Madas, llamando la atención de los presentes. – “Son los Kashvar; los autoproclamados herederos de las enseñanzas de \”el que vio\”.”

DBSNL // Capítulo 128: Familia de héroes

DBSNL // Capítulo 128: Familia de héroes
“Es posible que ataque de nuevo…”

En la Tierra, Pan, Ub y Katopesla se han reunido con Gohan, Videl y Satán en su mansión. El perro Bee, ya anciano, se ha acercado a Ub y se ha sentado a su lado meneando la cola alegremente. El justiciero espacial les cuenta su historia.
– “La Patrulla Galáctica tenía a Maji-Kayo bajo control en una prisión diseñada específicamente para contenerle, pero de algún modo se ha escapado.” – dice Katopesla. – “Alguien ha tenido que ayudarle.”
– “¿Eres de la Patrulla?” – pregunta Videl. – “¿Conoces a Jaco?”
– “Todo el mundo ha oído hablar de Jaco… Pero no soy un patrullero.” – responde el justiciero, algo avergonzado. – “Mi familia siempre ha estado vinculada a la Patrulla Galáctica… pero yo nunca he logrado pasar las pruebas de acceso.” – explica, cabizbajo.
Eso crea un momento incómodo entre los presentes.
– “¿Y dices que se alimenta de fuentes de energía potentes?” – pregunta Gohan, cambiando de tema.
– “Así es.” – responde Katopesla.
– “Le hemos visto comerse un reactor” – dice Pan.
– “Y aún así puede ocultar su rastro…” – murmura Videl.
– “Podemos intentar alejarle de toda posible fuente” – dice Gohan.
– “¿Y cómo hacemos eso?” – pregunta Pan.
– “Le mandamos al espacio” – dice Ub, mientras acaricia a Bee.
– “Su cuerpo es semi-líquido” – les recuerda Katopesla. – “No es tan sencillo.”
– “¿Cómo lo contenía la Patrulla?” – pregunta Videl.
– “Con un campo electromagnético específicamente calibrado” – responde el justiciero. – “Pero yo no soy ingeniero. No tengo los conocimientos necesarios para crear un arma así.”
Gohan esboza una sonrisa esperanzadora. 
– “Por suerte, en la Tierra tenemos unas cuantas mentes brillantes.” – dice el mestizo.
Mientras tanto, en Mizusei, el payaso crea un castillo de naipes de energía a su alrededor, formando un cilíndro que perfora el techo de la prisión y asciende hacia la superficie del planeta, evaporando el agua de su interior y creando así una vía de escape.
El payaso asciende por el túnel, cuando de repente, la vía creada estalla, dejando al malhechor en mitad del gigantesco océano.
Tres guerreros mizujín rodean al fugitivo.
– “¡Detente, Belmod!” – exclama un Patrullero, que puede hablar bajo el agua de forma telepática. – “¡No escaparás!”
El payaso sonríe y coloca su mano derecha en la boca formando un pequeño cilindro, por el que sopla, generando un globo alargado de ki rojo. Belmod moldea esa energía con sus manos hasta que obtiene la forma de un pez.
El pez de energía rodea al payaso, como si tuviera vida propia, y después se abalanza repentinamente contra uno de los mizujín, estallando en mil pedazos.
Los dos guerreros restantes se abalanzan sobre el payaso, que detiene los ataques de sus enemigos. Pese a defenderse sin dificultad, Belmod no parece cómodo dentro del agua, que es el medio que dominan los mizujín.
El payaso genera una baraja de cartas de energía, que rápidamente se organizan formando una gigantesca esfera a su alrededor y hacen que se evapore el agua de su interior. A través de sus cartas puede ver a sus enemigos rodeándole, intentando buscar el momento adecuado para atacar.
Los dos mizujín apuntan con sus manos al payaso, haciendo que la presión del agua aumente alrededor de su enemigo, intentando quebrar su barrera protectora.
– “No está mal…” – murmura Belmod. – “Pero no estáis a mi altura.” – sonríe.
La barrera del payaso empieza a expandirse lentamente, multiplicando las cartas que la forman, a pesar de los esfuerzos de los dos patrulleros.
Belmod forma una segunda barrera interior y, finalmente, hace estallar la exterior, haciendo que las cartas salgan proyectadas hacia sus enemigos, masacrándolos.
El payaso, ahora sin obstáculos en su camino, continúa su ascenso hasta alcanzar la superficie, donde estalla en una enorme carcajada.
– “Has tardado mucho” – le sorprende una voz demoníaca.
– “Me gusta disfrutar de lo que hago” – responde Belmod. – “¡Arte y entretenimiento! Son las claves de mi juego y de todo espectáculo que se precie.”
– “Bien…” – sonríe Garlick.
En la Tierra, Gohan contacta con Bulma, le explica la situación y la idea de Katopesla sobre crear campo electromagnético.
– “Es posible…” – dice Bulma. – “Pero necesito más información sobre el sujeto para poder calibrar el dispositivo.”
– “Bien, te traeremos todo lo que tenemos” – dice Gohan. – “Gracias, Bulma.”
– “No hay problema” – responde Bulma, con un guiño. – “Siempre dispuesta a ayudar.”
Katopesla alucina con la Mansión Satán y los contactos de los héroes de Satán City.
– “¿Cuál es vuestra historia?” – le pregunta el justiciero a Pan.
– “¿Nuestra historia?” – se extraña la muchacha.
– “Sí, vuestro origen” – insiste Katopesla. – “Todos los héroes tienen una increíble historia de origen. ¿Sois extraterrestres? ¿Nacisteis de un experimento? ¿Os alcanzó un rayo?”
– “¿De dónde sacas esas cosas?” – responde Pan.
– “Mi padre es el extraterrestre. Un saiyajín.” – interviene Gohan. – “Satán y Videl son terrícolas, y Pan es nuestra hija.”
– “¿Y el muchacho?” – pregunta el justiciero, señalando a Ub.
– “Él es el alma reencarnada de un viejo enemigo.” – dice Gohan.
– “¡Oh!” – se sorprende Katopesla, que saca una libreta. – “Esa es buena… Me lo apunto…”
– “¿Y cuál es tu historia?” – pregunta Ub. – “¿Tienes algún tipo de poder especial?”
– “Este traje es de mi familia.” – responde Katopesla. – “Todos han sido justicieros. Es el negocio familiar.”
Pan le mira de reojo.
– “Pues vaya fiasco de origen…” – murmura la muchacha.
– “¡No todos podemos ser tan interesantes como vosotros!” – responde Katopesla, ofendido y sonrojado.
Satán, que se encontraba hablando por teléfono, cuelga y se acerca a los demás.
– “He hablado con el alcalde.” – dice Satán. – “El reactor de emergencia está funcionado y todo ha vuelto a la normalidad.”
– “Es posible que ataque de nuevo…” – dice Gohan.
– “No en esta ciudad.” – le interrumpe Katopesla. – “Se ha enfrentado a vosotros y ahora sabe que está protegida. Buscará otro objetivo, a poder ser, uno que le permita superaros.”
– “¿Dónde se encuentra el reactor más potente de la Tierra?” – pregunta Ub.
– “¡La Corporación Cápsula!” – exclama Gohan, alarmado.
– “¡Tenemos que avisar a Bulma!” – dice Videl. – “¡Papá, intenta contactar con ella! ¡Nosotros vamos para allá!”
– “¡De acuerdo!” – responde Satán. – “¡Mucha suerte! ¡Tened cuidado!”
Katopesla se acerca a Satán y le hace una reverencia.
– “¡Muchas gracias por dejarme utilizar sus instalaciones!” – dice el justiciero.
– “¡No hay de qué!” – responde Satán, encantado de que le muestren ese respeto. – “¡Los héroes debemos ayudarnos!”
Gohan, Videl, Pan, Ub y Katopesla salen volando.
– “¡No podemos confiarnos!” – dice Gohan. – “Podríamos estar equivocados.”
– “¿Qué sugieres?” – pregunta Videl.
– “Lo mejor será dividirnos.” – dice Gohan. – “¡Yo me encargaré de la Capital del Oeste!”
– “¡Yo iré al Sur!” – dice Ub.
– “¡Me encargaré de la Capital del Norte!” – dice Pan.
– “¡Yo iré al Este!” – dice Videl.
– “¡Katopesla!” – le dice Gohan. – “¡Tú vienes conmigo! Con los satélites de la Corporación Cápsula podrás amplificar el rango de tus sensores.”
– “¡De acuerdo!” – responde el justiciero.
– “¡El primero que detecte al enemigo, que avise a los demás!” – dice Gohan. – “¡Buena suerte a todos!”
Los guerreros se separan. Tienen un plan.
En Monmaas, Son Goku se encuentra cara a cara con un misterioso personaje encapuchado.
– “¡¿Quién eres?!” – pregunta Goku. – “¡¿Por qué no he detectado tu presencia?!”
El misterioso individuo sonríe.
– “Tus sentidos están abrumados por la energía vital de este lugar.” – explica el personaje. – “Tu presencia altera el equilibrio del planeta. No ha sido difícil encontrarte, Son Goku.”
– “¡¿Me conoces?!” – se sorprende el saiyajín.
– “Solo han pasado unos años y ya te has olvidado de mí…” – lamente al personaje, mientras se quita la capucha y revela su rostro.
El encapuchado resulta ser el Kaioshin de hace quince generaciones.
– “¡¿Viejo Kaioshin!?” – exclama Goku.
– “Ese título ya no me pertenece.” – sonríe el antiguo Dios. – “Sólo llámame Madas. ¿Cómo va todo?”
Mientras tanto, en otra prisión intergaláctica, en el corazón de la estrella Atsukos, Shiras camina por los pasillos mientras elimina a todo el que se interpone en su camino. 
Finalmente, el villano llega a una celda y hace estallar su puerta. En su interior, una mujer de piel bronceada, cabello negro y un pequeño lunar en la mejilla se encuentra encadenada a un aparato supresor de ki.
La mujer mira sorprendida a Shiras.
– “¿Qué haces tú aquí?” – le pregunta ella.
– “Deberías alegrarte de verme, Helles” – responde el antiguo patrullero.
Tras un instante, más patrulleros acuden a la celda, pero una ráfaga de flechas de ki abate a todos los justicieros.