ESPECIAL DBSNL /// Planeta maldito // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte III: Consecuencias

Planeta maldito / Parte III: Consecuencias 
“Tendremos que pasar desapercibidos durante un tiempo.”


En la metrópolis, Hildegarn se acerca a los tres konatsianos. 
– “¡Si la música podía contrarrestar la magia de los brujos, puede que también funcione contra el monstruo!” – sugiere el sacerdote Yuco.
Tapion y Minosha se encuentran afligidos por la muerte de su padre, pero saben que no hay tiempo para llorar su pérdida.
El monstruo proyecta un torrente de fuego por su boca hacia los konatsianos, que rápidamente saltan por los aires para evitar ser engullidos por el aliento d Hildegarn.
Mientras tanto, en el templo Yahirodono, el Amenoukihashi brilla intensamente, y en el centro de su ojo aparece una luz oscura; un fenómeno único del que emanan rayos negros y rojos.
Sidra y el Dai Kaioshin observan el monumento aterrados. 
– “No es posible…” – titubea Sidra.
Iwen aprovecha la distracción del Hakaishin para lanzarle un conjuro de fuego fatuo que el Dios logra esquivar en el último instante.

– “¡PRONTO OS ARRODILLARÉIS ANTE ÉL!” – exclama el brujo.
El Dai Kaioshin y Bibidí luchan por empujar una gran roca, que cada uno quiere lanzar sobre su rival, pero finalmente ésta estalla en el aire.
Las piedras resultantes son aprovechadas por el Dios y son proyectadas contra Bibidí, que las convierte en polvo de carbón con su magia antes de que puedan tocarle.
– “Dioses engreídos…” – murmura con desprecio el brujo, que se prepara para contraatacar con otro conjuro.
Bibidí lanza una extraña masa viscosa con carga eléctrica sobre el Dai Kaioshin, que queda atrapado y sufre una electrocución.
– “¡JAJAJA!” – ríe el brujo, mientras ve sufrir al Dios.
Cerca de allí, Madas hace brotar del suelo un centenar de raíces que detienen a los dos guerreros de piedra invocados por Arak.
El brujo, lejos de sorprenderse, invoca más guerreros.
– “¡No podrás con todos, viejo!” – se burla el Kashvar.

Cinco nuevos hombres de roca atacan al Kaioshin del Norte.
En ese instante, el Kaioshin del Este y el Kaioshin del Sur aparecen frente a Madas, dispuestos a ayudar.
– “Tienes mala cara, Madas” – se burla el Kaioshin del Sur al ver a su envejecido compañero.
El Kaioshin del Oeste, un orondo Dios con ojos rasgados, aparece frente al Dai Kaioshin, dispuesto a plantar cara a Bibidí.
– “Yo tomaré el relevo, Maestro” – dice el Dios, con una simpática sonrisa.
Champa se encuentra encerrado en una esfera de agua creada por Zunama, luchando por respirar.
Majora intenta protegerse de los golpes de Beerus, pero el gotokoneko, al ver a su hermano en peligro, se enfurece y supera al zorro fácilmente, noqueándolo con un puñetazo en la barbilla.
Beerus se abalanza sobre su hermano, atravesando la esfera de agua y sacándole por el otro lado.
– “No necesitaba tu ayuda” – refunfuña Champa.
Con tres Dioses más en el templo y con Majora fuera de combate, los planes de los Kashvar parece que se tuercen.
En la ciudad, Yuco se abalanza sobre Hildegarn espada en alto, pero el monstruo se convierte en humo, evitando así el ataque. 
– “Maldita sea…” – lamenta el sacerdote.
En el cielo, Campahri observa lo ocurrido.
– “Nunca pensé que pudiera existir una magia tan oscura y poderosa…” – murmura el ser celestial.
En el planeta de Zeno, el Daishinkan contempla la escena a través de los ojos de su ángel.
– “Parece que la leyenda es cierta…” – murmura el Gran Sacerdote.
– “He visto el Amenoukihashi con mis propios ojos” – responde Campahri.
– “Así que hay algo a lo que el señor Zeno tiene miedo…” – sonríe el Daishinkan.
Tapion y Minosha se han colocado sobre un elevado acueducto roto, a la altura de la cabeza del monstruo. Los dos hermanos empiezan a tocar las ocarinas y su melancólica música inunda las calles de Konats. 
El monstruo ruge con fuerza, pero parece que volverse más lento y torpe.
– “¿Está funcionando?” – se pregunta Tapion.
– “¡Podemos lograrlo!” – piensa Minosha. 
Yuco se pone en guardia, preparando la Espada Sagrada.
– “No podemos fallar…” – murmura el sacerdote. – “Nuestros antepasados nos observan.”
El sacerdote empieza a correr hacia el monstruo.
– “¡YAAAAAAAAH!” – grita Yuco, que salta hacia el monstruo y le propina un sablazo horizontal que lo corta por la mitad.
Las dos mitades, en lugar de caer al suelo, se convierten en humo y envuelven a Tapion y Minosha, que siguen tocando mientras éste se introduce en sus cuerpos.
En el templo Yahirodono, el Amenoukihashi ha dejado de brillar, alertando a los Kashvar.
– “¡NO!” – grita Bibidí. – “¡NO ES POSIBLE!”
El Kaioshin del Oeste aprovecha el despiste del brujo para empujarle con su poder mental y lanzarlo contra la pared.
– “Vuestras fechorías acaban aquí” – dice el Dios, que prepara una espada de ki en su mano derecha.
En ese momento, Salabim inunda la sala de oscuridad, mostrando a todos los presentes posibles futuros terribles.
– “¡Ya son nuestros!” – exclama Hoi, al ver a los Dioses doblegarse ante el poder de su compañero.
– “¡NOS VAMOS!” – exclama Salabim.
– “¿Qué?” – se extraña Hoi.
– “¡Con el Amenoukihashi cerrado, pronto recuperaran su poder divino!” – interviene Iwen.
– “Maldita sea…” refunfuña Hoi.
Bibidí, que ha estado a punto de morir a manos del horondo Kaioshin, lo mira con rabia.
– “Juro que me vengaré…” – dice el brujo.
Mientras tanto, en la oscuridad, el malherido Dai Kaioshin y el Kaioshin del Oeste comparten su visión, y pueden ver una extraña silueta infantil con ojos rojos y una sonrisa aterradora.
– “¡JIJIJIJI!” – ríe el fantasma.
Beerus, en cambio, puede ver la silueta de un Kaioshin envuelta en oscuridad. El Dios activa una espada de energía y se abalanza contra el gotokoneko, pero alguien se interpone en su camino. Un hombre envuelto en luz blanca ha aparecido, pero Beerus es incapaz de reconocerlo.
Sidra se ve a sí mismo confrontando a sus dos aprendices, mientras sus manos están manchadas de sangre. Pero de repente, ellos se desvanecen y aparece una silueta que camina hacia él; un demonio del frío capitanea un gran ejército.

Los brujos se reúnen.
– “Hemos fracasado…” – lamenta Arak.
– “Volveremos cuando seamos más fuertes…” – dice Hoi.
– “Ahora será mejor que nos separemos.” – sugiere Zunama. – “Tendremos que pasar desapercibidos durante un tiempo.”
– “Pero debemos proteger este lugar.” – dice Salabim. – “Usaremos la poca energía que ha recogido el Amenoukihashi para sellar el templo.”
Bibidí alza sus manos.
– “¡PAPARAPÁ!” – exclama al teletransportar a los Dioses fuera del recinto.
El poder divino de los Dioses regresa y éstos quedan libres de la oscuridad de Salabim.
– “¿Dónde estamos?” – pregunta Champa, al ver que ya no están en el templo.
– “Nos han echado.” – dice Sidra.
De repente, cuatro paredes de energía negra y roja se alzan alrededor del templo Yahirodomo, y en un instante se tornan invisible.
Beerus lanza una esfera de ki contra la entrada, pero éste se desintegra sin causar ningún efecto.
– “Han sellado el lugar.” – dice el gotokoneko.
– “Con una magia poderosa.” – añade Madas.
– “Aún nos queda un asunto por atender.” – dice el Dai Kaioshin.
En la ciudad, Yuco se acerca a los hermanos, que se encuentran arrodillados y débiles.
– “¿Qué ha ocurrido?” – pregunta el sacerdote.
– “Puedo sentirlo en mi interior” – dice Tapion.
– “Está débil… pero quiere salir.” – añade Minosha.
– “Encontraremos una forma de detenerlo” – dice Yuco. – “Aguantad.”
El Dai Kaioshin y Madas aparecen entre los tres personajes.
– “¿Quiénes sois vosotros?” – pregunta el sacerdote, alzando su espada.
– “Estamos de vuestro lado.” – dice Madas. – “Tranquilos.”
– “Parece que necesitáis ayuda.” – dice el Dai Kaioshin.

Los cinco regresan al templo.
Madas observa detenidamente a los dos hermanos.
– “Si queréis retener a ese monstruo en vuestro interior, necesitáis ser más fuertes.” – murmura el viejo. – “Y creo que puedo ayudaros.” – guiña un ojo.
El Dai Kaioshin pide la Espada Sagrada a Yuco.
– “Es una espada impresionante…” – dice el Dai Kaioshin. – “Un objeto sagrado. Sin duda tiene poderes otorgados por los Dioses; igual que esas dos ocarinas.”
– “Eso dice la leyenda.” – responde el sacerdote.
– “Necesito las espadas de los muchachos.” – dice el Dai Kaioshin. – “Les transferiré este poder, para que puedan enfrentarse al monstruo si fuera necesario.”
Encima del altar, Madas ha empezado a bailar alrededor de los dos hermanos, que permanecen de pie, firmes.
– “¿Cuánto va a tardar, señor?” – pregunta Tapion.
– “Creo que solo serán unas horas.” – responde Madas.
Tras la ceremonia, el Dai Kaioshin reúne a los dos hermanos.
– “¿Sois conscientes de la carga que lleváis en vuestros hombros?” – pregunta el Dios.
– “Sí, señor” – responde los konatsianos.
– “Cargaremos con este pesar, por nuestros hermanos konatsianos.” – dice Tapion.
– “Bien.” – suspira el Dios. – “¿Habéis elegido cada uno un objeto, tal y como os pedí?”
Tapion y Minosha saca dos viejas cajas de música.
– “Son estos.” – dice el mayor de los hermanos.
– “¿Dos cajas de música?” – pregunta el Dios, que al examinarlas empiezan sonar con la melodía de la canción del viejo albor.
– “Nuestro padre las construyó” – dice Tapion. – “Estaba trabajando en la primera cuando nací yo, y consideró que le había dado buena suerte… Así que fabricó otra cuando iba a nacer mi hermano.”
– “Muy bien” – sonríe el Dios, enternecido por la historia.
Los dos personajes se preparan, de pie el uno al lado del otro.
– “Mucha suerte, hermano” – sonríe Tapion.
– “Hasta pronto” – se despide Minosha.
El Dai Kaioshin sella a los dos guerreros en las cajas de música
El Dios entrega las cajas al sacerdote konatsiano.
– “Llévatelas de este planeta” – dice el Dios. – “Escóndelas en un lugar donde jamás puedan ser encontradas.”
– “De acuerdo, señor” – responde Yuco.
El sacerdote entrega su Espada Sagrada al Dai Kaioshin.
– “Ya no la necesito, señor.” – dice Yuco. – “Es un objeto sagrado, así que le pertenece. Llévesela como agradecimiento. Sería un honor.”
– “Acepto tu ofrenda” – sonríe el Dios. – “Mucha suerte, Yuco.”
Los Dioses, tras una victoria agridulce, regresan al Planeta Sagrado, acompañados por Campahri.
Sidra parece preocupado por sus visiones y toma una decisión.
– “Ha llegado el momento de dar un paso al lado.” – dice el Hakaishin. – “Voy a nombrar a mi sucesor.”
– “¡¿Cómo dice?!” – se sorprenden Beerus y Champa.
– “Creo que Beerus ha demostrado estar a la altura de las circunstancias” – dice el Dios. – “Así que él será quien ocupe mi lugar.”
El Hakaishin saca de su cinturón un objeto que ha robado a los Kashvar; la semilla del Árbol Sagrado.
– “Creo que mi deber ahora debe ser otro.” – murmura Sidra. – “Esto no puede caer en malas manos.”
– “¿Cree que estoy preparado?” – pregunta Beerus.
– “Nunca se está preparado para ser un Dios de la Destrucción.” – dice el Hakaishin.
Campahri transfiere los poderes de Hakaishin a Beerus, ante la cara de pocos amigos de Champa.
Sidra le pide a Campahri para que le lleve a otro lugar, en el mundo mortal, donde poder llevar a cabo su nueva tarea. El ángel desaparece con el viejo Dios.
Los Kaioshin parecen sorprendidos por la decisión de Sidra, pero hacen nuna reverencia al nuevo Hakaishin, mostrando sus respetos.
– “Tú…” – dice Beerus, señalando a Madas.
Los Dioses se miran entre ellos, confusos.
– “¿Qué ocurre, señor Beerus?” – pregunta Madas.
– “Tu magia te hace peligroso.” – dice el Hakaishin.
El Dai Kaioshin se interpone entre los dos interlocutores.
– “Él ha intentado advertirnos de la amenaza de los Kashvar.” – dice el Dios.
– “Un brujo es un brujo” – dice Beerus. – “No podemos asegurar que sus alianzas no hayan cambiado. Su magia es poderosa.”
– “Señor Beerus…” – dice Madas. – “Creo que entiendo su postura.”
– “¿Madas?” – se extraña el Dai Kaioshin.
– “Creo ha visto algo en la oscuridad de Salabim.” – dice el Kaioshin del Norte. – “Yo también he visto cosas.”
Beerus extiende su mano hacia el Dai Kaioshin. 
– “Dame la espada.” – dice el gotokoneko.
– “¿Qué?” – se sorprende el Dios.
– “Esa espada.” – dice Beerus. – “Tiene un conjuro de sellado en ella, ¿no es así?”
– “Señor Beerus…” – dice el Dai Kaioshin.
Champa se acerca a su hermano.
– “¿Qué estás haciendo?” – le increpa.
– “No seré yo quien empiece un conflicto eliminando a un Kaioshin…” – dice el gotokoneko. – “Pero no voy a permitir que alguien tan peligroso camine libre.”
Madas hinca una rodilla, aceptando su castigo.
– “Adiós, Madas.” – dice el felino, alzando su espada.
– “Hasta la vista, señor Beerus” – sonríe el anciano.
Beerus asesta el espadazo al Dios, que se desvanece y queda sellado en la espada.

DBSNL // Capítulo 130: Maji-Kayo

DBSNL // Capítulo 130: Maji-Kayo
“Nos ha engañado…”

En la aldea de Jiren, en la pequeña luna Magorza, Vegeta y el justiciero se encuentran hablando sobre la situación.
– “Esto es todo lo que queda de mi gente.” – explica Jiren. – “Estamos reconstruyendo el lugar.”
– “Estáis haciendo un buen trabajo.” – esboza una media sonrisa Vegeta, que empatiza con el haiirotoko, mientras mira a unos niños correteando alegremente.
– “¿A qué has venido?” – le pregunta Jiren.
– “Necesito hacerme más fuerte.” – responde el saiyajín.
– “¿Y recurres a mí?” – se sorprende el hombre gris.
– “Recurro al mejor” – dice Vegeta. – “¿Cuál es tu secreto?”
Jiren se sorprende ante el halago del saiyajín.
– “Mi raza es poderosa.” – explica el hombre gris.
– “Ellos no son como tú.” – le interrumpe Vegeta, observando a los otros aldeanos. – “Puede que tu raza tenga un gran potencial, igual que la mía, pero eso no lo es todo. Ni siquiera con el favor del viejo Kaioshin. A mí no me engañas.” – esboza una pícara sonrisa.
– “Bien…” – murmura Jiren. – “Acompáñame. Te enseñaré algo.”
En la Tierra, nuestros héroes continúan con su plan. El monstruo persigue a Gohan, Ub y Katopesla con sus tentáculos, mientras Videl y Pan ayudan a la policía a evacuar la zona.

Los tres guerreros han conseguido que Maji-Kayo se expanda lo suficiente y la luz de la barrera de la Número 18 puede vislumbrarse a través de una fina capa de masa viscosa.
– “¡Alguien tiene que sacarla de ahí! ¡Ahora!” – exclama Gohan. 
– “¡Estoy ocupado!” – responde Katopesla, que lucha entre tres grandes tentáculos para no ser atrapado.
– “¡Voy a intentarlo!” – exclama Ub, que se libra de los múltiples persiguen que lo persiguen y vuela hacia Lázuli a toda velocidad.
De repente, un muro de masa azulada se alza ante él como un tsunami.
– “¡Cuidado!” – exclama Gohan.
El chico se ve obligado a detenerse y retroceder para esquivar el ataque.
– “Maldita sea…” – lamenta Ub.
En ese instante, Pan se lanza a por la androide, sorprendiendo a todos.
– “¡Ya casi la tengo!” – grita Pan.

Pero un tentáculo surge del suelo y golpea por sorpresa a la mestiza en el abdomen violentamente, lanzándola por los aires y haciendo que pierda su transformación.
– “¡PAN!” – grita Gohan, preocupado por su hija.
El tentáculo se alza sobre Pan y se prepara para darle el golpe de gracia.
– “¡NO TE ATREVAS!” – grita Gohan, que sale volando hacia ella.
En ese instante, un kienzan corta el tentáculo que amenazaba a la muchacha.
Pan se precipita contra el suelo, pero Gohan llega a tiempo para sujetarla.
– “¿Krilín?” – se pregunta el mestizo, buscando a su viejo amigo con la mirada.
En el interior del monstruo, la barrera de la Número 18 se debilita.
– “No aguanto más…” – sufre Lázuli.
Su barrera se desvanece y el líquido que la rodea se abalanza sobre la androide.
– “¡¡NO!!” – grita Katopesla.
– “¡Maldición!” – lamenta Ub.
En el último momento, alguien interviene. Como un rayo amarillo y naranja, un personaje atraviesa al monstruo y rescata a Lázuli, cogiéndola en brazos.
– “¿Papá?” – se sorprende Gohan.
Pero no es Goku, sino Son Goten, que ha llegado en el último instante, vestido con su gi de la escuela Kame y transformado en Súper Saiyajín 2.
– “Por los pelos” – suspira el mestizo.
– “¡Goten!” – sonríe Gohan. – “Entonces…”
Gohan busca a su alrededor y divisa a Marron en la azotea de un edificio cercano. La chica le saluda con el símbolo de la victoria.
– “Justo a tiempo” – sonríe la muchacha, autora del Kienzan salvador.
Goten mira a Marron y levanta el pulgar. Lázuli se encuentra agotada, pero a salvo.
Son Gohan suspira.
– “Me alegro mucho de veros, chicos.” – sonríe el Gran Saiyaman.
– “¡Un trabajo excelente!” – les felicita Videl.
Ub se pone serio.
– “Ahora ya no tenemos que preocuparnos por nada.” – dice el chico. – “Acabemos con él.”
– “¡Sí!” – exclaman todos.
En Monmaas, Son Goku habla con el viejo Kaioshin.
– “¿Qué hace usted aquí?” – le pregunta el saiyajín.
– “Monmaas es un lugar especial. Este planeta alberga muchos secretos.” – dice el anciano. – “Pensé que podía dedicar mis últimos años a estudiar sus misterios.”
– “Ese Zamas…” – murmura Goku, enfurruñado. – “No me ha dicho nada.”
– “Le pedí que no revelara mis intenciones.” – responde Madas. – “Este planeta debe permanecer oculto.”
– “¿Y qué se supone que debo hacer aquí?” – pregunta Goku. – “Entiendo que la energía vital que emana de este lugar lo hace especial, pero… ¿cómo afecta eso a mi entrenamiento?”
– “Antes has dicho que no notaste mi presencia.” – dice el anciano. – “¿No es así?”
– “Es cierto.” – dice Goku. – “De hecho, no distingo la presencia de los seres vivos de este lugar. Es muy extraño…”
– “Eso es porque todos forman parte de una misma unidad, que es lo único que eres capaz de sentir.” – explica el viejo Kaioshin.
– “¿Una unidad?” – se pregunta Goku.
– “De la misma forma que todas las partes de tu cuerpo forman parte de ti, cada ser vivo de este planeta forma parte de Monmaas.” – explica Madas.
– “Creo que lo entiendo…” – dice el saiyajín. – “Partes de un todo…”
– “Tu control sobre la energía genki es extraordinario.” – dice el anciano Kaioshin. – “Es posible que ningún mortal haya logrado llegar tan lejos como tú… pero siempre se puede mejorar.” – añade. – “Se acercan tiempos oscuros, Son Goku.”
– “Mojito…” – murmura Goku.
– “No estoy seguro.” – responde Madas, sorprendiendo a Goku. – “Creo que lo oscuridad que se cierne sobre nosotros puede ser mucho más antigua y poderosa…”
En la Tierra, una voz alerta a nuestros amigos por el comunicador.
– “¿Me recibís?” – dice Trunks, que ha tomado el asiento de Bulma en la Corporación, mientras ella ya trabaja en el dispositivo electromagnético.
– “¡Trunks!” – saluda Gohan. – “¡Por supuesto! ¿Qué ocurre? ¿Tenéis listo el artefacto?”
– “Aún no” – responde Trunks. – “Pero ocurre algo extraño.” – anuncia el mestizo. – “Han aparecido varias señales en el mapa.”
– “¡¿Qué?!” – se sorprenden todos.
– “Han surgido de la nada.” – explica Trunks. – “En todas las principales ciudades.”
De repente, el teléfono de la Corporación Cápsula empieza a sonar, y es el Dr. Brief quien lo coge. Tras escuchar atentamente, el doctor avisa a Trunks, asustado.
– “¡Es el Rey!” – exclama Brief. – “¡Los reactores de todas las capitales se han apagado!”
– “Maldición…” – murmura Trunks.
En el mapa, Trunks puede ver como las distintas señales avanzan rápidamente hacia la Capital del Oeste.
– “¡Van hacia vosotros!” – exclama el hijo de Vegeta.
– “¡¿Hacia aquí?!” – pregunta Gohan.
– “¡Yo no veo nada!” – dice Videl, que se eleva para otear el horizonte.
– “¡Bajo tierra!” – exclama Katopesla, capaz de detectar la energía del enemigo con su visor.
En ese instante, la masa azulada parece reaccionar, sufriendo una extraña convulsión, para después empezar a disminuir su tamaño lentamente.
– “¿Qué demonios está pasando?” – se pregunta Ub.
– “¿Qué significa esto?” – murmura Videl.
– “Nos ha engañado…” – dice Katopesla. – “Hemos caído en su trampa.”
Finalmente, Maji-Kayo ha dejado de cambiar y revela una forma humanoide.
– “Estable, al fin.” – sonríe el extraterrestre de manera aterradora.
Gohan le da una semilla senzu a Pan, que se recupera rápidamente.
– “¿Qué ha pasado?” – pregunta la muchacha, buscando al enemigo. – “¿Ese es Maji-Kayo?” – pregunta al ver al nuevo ser.
– “Sí.” – responde Gohan, preocupado. – “Parece que se ha transformado.”
Ub se acerca a Katopesla.
– “¿Y ahora qué?” – pregunta el chico de Isla Papaya.
– “No lo sé…” – responde el justiciero espacial. – “Nunca había visto esta forma…”
Maji-Kayo alza su mirada y observa a los héroes que le rodean.
Trunks les habla de nuevo por el comunicador.
– “¿Estáis todos bien?” – pregunta el hijo de Vegeta. – “¿Necesitáis ayuda?”
– “Nosotros nos encargamos.” – dice Gohan. – “Pero tendréis que daros prisa con el dispositivo…”

ESPECIAL DBSNL /// Planeta maldito // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte II: Canción del viejo albor

Planeta maldito / Parte II: Canción del viejo albor
“Estos instrumentos están llamados a detener el avance del demonio Hildegarn.”

En Konats, el recién liberado Hildegarn avanza por la ciudad, arrasando las calles con su aliento de fuego, calcinando a todo el que encuentra a su paso.
El sacerdote del templo corre hacia las catacumbas, en busca de unos artefactos guardados en una vitrina: una espada y dos ocarinas. Estos artefactos son considerados un regalo de los Dioses. Los textos antiguos, narrados parcialmente en murales en las paredes de la sala, explican como esos objetos son lo único que puede detener al demonio al que se enfrentan.
Dos guardianes del templo y un pequeño aprendiz han visto al sacerdote y lo persiguen por los pasillos.
– “¡¿Qué podemos hacer para ayudar, padre Yuco?!” – pregunta el mayor de los tres.

El sacerdote se detiene un breve instante y escucha a su compañero.
– “Me alegro de tenerte a mi lado, Madoca” – le dice el sacerdote al mayor de los guerreros. – “¿Cuánto lleváis en la orden, muchachos?” – pregunta el sacerdote a sus acompañantes.
– “Diez años, señor” – responde el mayor.
– “Dos años” – responde el más joven del grupo.
– “Son mis hijos.” – añade Madoca.
– “¿Cómo os llamáis?” – pregunta el clérigo.
– “Tapion” – responde el mayor.
– “Minosha” – se presenta el pequeño. – 
El sacerdote entrega una ocarina Madoca y otra a Tapion.
– “Estos instrumentos están llamados a detener el avance del demonio Hildegarn.” – dice el sacerdote. – “Confío en vosotros.” – añade mientras se coloca la Espada Sagrada en la espalda.
– “¿Y qué hago yo?” – pregunta Minosha.
– “Nosotros nos encargaremos del monstruo, hijo.” – dice Madoca, esbozando una sonrisa para intentar reconfortar a Minosha. – “Tú intenta ayudar a los heridos.”
Mientras tanto, en el templo Yahirodono, los siete brujos observan los acontecimientos desde una gran bola de cristal que adorna la sala del tempo en la que se encuentra en Amenoukihashi.
– “¡COSECHA, HILDEGARN!” – exclama Arak. – “¡COSECHA LAS VIDAS DE ESTOS MISERABLES!”
– “¡SÉ LA LANZA QUE RESQUEBRAJA EL ESPACIO TIEMPO!” – exclama Zunama. – “¡ABRE EL PORTAL PARA QUE REGRESE NUESTRO MAESTRO!”
Con cada vida segada, los jeroglíficos del Amenoukihashi brillan con más intensidad.
En el planeta del Hakaishin, Sidra, Beerus, Champa, el ángel Campahri, el Kaioshin del Norte Madas y el Dai Kaioshin se encuentran observando lo ocurrido a través de la imagen mostrada por la cara del ser celestial.
– “¿Qué es esa cosa?” – pregunta Beerus.
– “Un demonio…” – murmura Champa.
– “Su energía es… desconcertante.” – dice Sidra. – “Nunca había sentido un ki de esas características.”
– “¡Debemos hacer algo!” – exclama Madas.
– “Intervenir en los asuntos mortales no se nos está permitido…” – reflexiona el Dai Kaioshin.
– “¡ESTAMOS HABLANDO DE LOS KASHVAR!” – insiste Madas. – “¡CONOCÉIS LA LEYENDA!”
– “¡Son solo habladurías!” – responde Beerus.
Sidra parece indeciso y busca respuestas en el ángel.
– “¿Qué opinas, Campahri?” – pregunta el Hakaishin.
– “Los ángeles no habíamos sido creados cuando “el que vio” dio problemas en el universo.” – responde ser celestial. – “Creo que no puedo ayudarle, señor Sidra.”
En Konats, el monstruo sigue caminando por las calles, arrasando con todo lo que encuentra a su paso. 
Hoi y Rota sobrevuelan el lugar, disfrutando de los fuegos de artificio.
– “¡Pronto, Rota!” – exclama Hoi. – “¡Nuestro amado maestro volverá!”
En ese instante, Rota se da cuenta de que tres konatsianos corren a contracorriente a través de la multitud, en dirección al monstruo.
– “¿Qué están…?” – se pregunta, antes de darse cuenta de que llevan los tres objetos sagrados. – “Malditos…” – refunfuña.
De repente, los dos brujos aparecen en el camino de Yuco, Madoca y Tapion.
– “¡Sabio Rota! ¡Sabio Hoi!” – exclama el clérigo, aliviado al ver a los dos magos. – “¡Me alegro de que estén aquí!”
– “Nosotros nos encargaremos del monstruo” – dice Hoi. – “Entregadnos los artefactos sagrados.”
Tapion está dispuesto a entregar su ocarina al brujo, pero Madoca le detiene.
– “No me fío.” – dice el guerrero konatsiano.
– “Pero son los Siete Sabios…” – dice Tapion.
– “Siento una presencia extraña en ellos.” – insiste su padre.
Yuco escucha al guardián.
– “Nosotros nos encargaremos.” – dice el sacerdote, atento a la reacción de los brujos.
– “No seáis ingenuos.” – dice Hoi. – “Solo nosotros podemos detener al renacido Hildegarn.”
– “Entregadnos los artefactos.” – insiste Rota.
– “Como guardianes del templo, éste es nuestro trabajo.” – responde Madoca.
Hoi niega con la cabeza.
– “No permitiremos que os entrometáis en nuestros planes.” – sentencia el brujo.
Yuco desenfunda la Espada Sagrada. Madoca y Tapion blanden también sus hojas.
– “¡ATENTOS!” – advierte el sacerdote.
Rota coloca sus manos en el suelo y genera una gran cúpula de fuego que rodea y cubre a los tres konatsianos y a los dos magos.
– “No iréis a ninguna parte.” – dice el brujo.
Cerca de allí, Minosha estaba ayudando a una anciana herida, pero siempre sin perder de vista a su padre y a su hermano.
– “¡PAPÁ!” – grita el pequeño konatsiano. – “¡TAPION!”
En el planeta del Hakaishin, Madas siente una presencia mágica que los demás son incapaces de sentir.
– “¡SE ACABÓ!” – exclama el Kaioshin, que se teletransporta al Konats.
– “¡NO! ¡MADAS!” – intenta detenerle el Dai Kaioshin, pero ya es demasiado tarde.
Madas aparece en Konats, en el templo Yahirodono, en medio de la sala del Amenoukihashi, donde se encuentran los cinco brujos.
– “¡UN KAIOSHIN!” – grita Bibidí, asustado.
– “¡¿Cómo nos ha detectado?!” – se pregunta Salabim. – “¡No debería ser posible! ¡Un conjuro nos protege!”
Madas observa a los cinco brujos detenidamente.

– “Kashvar…” – murmura al ver su símbolo en varias pinturas.
De repente, el Kaioshin se fija en el gran monumento central, que desprende una extraña presencia.
– “¿Qué…? ¿Qué es esto?” – titubea el Dios.
– “¡NO DEBERÍAS HABER VENIDO!” – interviene Arak, apuntando con su mano a Madas y empujándole contra la pared.
El Dios se levanta con dificultad.
– “La fusión ha mermado mis fuerzas…” – murmura Madas. – “Pero me ha otorgado otras habilidades.” – esboza una pícara sonrisa.
El Kaioshin junta sus manos en una palmada y, sin separarlas, alza sus brazos al cielo. El gesto provoca que cientos de raíces broten del suelo e intenten atrapar a los brujos, que se ven obligados protegerse con barreras de energía.
– “Tú no eres un Kaioshin normal…” – murmura Salabim.
– “Mi puesto está comprometido desde que pisado este planeta” – responde Madas.
En ese instante, Majora aparece como un rayo y golpea la palma de su mano el abdomen del Kaioshin, haciendo que caiga de rodillas, dolorido.
– “Yo me encargo, maestros.” – dice el zorro.
Majora alza su mano, listo para dar el golpe de gracia al Dios. 
En el último instante, Beerus aparece y agarra la mano del feneco.
– “¿Cómo te atreves a poner tu mano mortal sobre un Dios?” – le dice el felino con desprecio, antes de propinar un puñetazo a Majora y estrellarle contra la pared del laboratorio.
Un instante después, Sidra, Champa y el Dai Kaioshin aparecen, acompañados por el ángel Campahri.
Los brujos, asustados, retroceden lentamente ante la presencia de los Dioses.
Sidra se arrodilla y coloca su mano en el suelo.
– “Hakai” – murmura el Dios.
Pero nada ocurre.
– “¿Qué significa esto?” – se pregunta el Dios de la Destrucción. – “¡HAKAI!” – repite, con el mismo resultado.
– “Creo que es esa cosa…” – dice un dolorido Madas, señalando el Amenoukihashi.
Los Dioses contemplan horrorizados el monumento.
– “¿Qué diablos es eso?” – se pregunta el Dai Kaioshin.
Los Kashvar se dan cuenta de que el poder destructor del Dios no funciona en su templo.
– “¡JAJAJA!” – ríe Salabim. – “Ya sabéis como se sienten los mortales con los que jugáis.” 
En la ciudad, dentro de la cárcel de fuego, el sacerdote pide explicaciones a los brujos.
– “¿Por qué?” – pregunta Yuco. – “¿Por qué nos traicionáis?”
– “Nunca hemos estado de vuestro lado” – sonríe Hoi.
Madoca se coloca delante de su hijo, dispuesto a protegerlo.
– “¡PAGARÉIS ESTA TRAICIÓN!” – exclama el guardián. – “¡POR KONATS!” – grita al abalanzarse sobre el brujo.
Hoi apunta con sus manos al sacerdote y detiene su avance, haciéndole levitar un breve instante antes de lanzar al guardián contra el muro de fuego, donde muere calcinado en un solo segundo.
– “¡PAPÁ!” – exclama Tapion.
– “Maldita sea…” – refunfuña el sacerdote.
La ocarina que portaba al guerrero, inmune al fuego gracias al poder que alberga, cae fuera de la cúpula flamígena y es recogida por Minosha.
En el interior del fuego, el sacerdote se prepara para luchar contra los magos. Tapion, afectado por la muerte de su padre, se queda petrificando, mientras por su mejilla se derrama una silenciosa lágrima.
 Hoi agarra al joven guardián con su magia, haciéndole levitar.
– “¡SUELTA AL MUCHACHO!” – exclama Yuco.
De repente, una música inunda el lugar. La gente, que corría despavorida, se detiene al escuchar tan triste pero preciosa melodía. Incluso el monstruo, que rugía con un grito ensordecedor mientras quemaba la ciudad, parece detener su frenesí al escuchar esa canción.
La música atraviesa la cúpula de fuego, llegando a los oídos de Tapion y Yuca.
– “La ocarina…” – se sorprende el sacerdote.
– “Minosha…” – murmura Tapion, al reconocer la canción.
Tapion y Minosha recuerdan a su padre, cantándoles una canción del folclore popular konatsiano frente al fuego cuando eran unos niños, antes de que se unieran a la guardia del templo.
“De la luz de un viejo albor, volverá un gran horror. Las sombras caminarán por Konats una vez más.” – canta Madoca. – “Del la luz de un viejo albor, nacerá un salvador. Luchará contra el horror y traerá, un nuevo resplandor. Y el mundo en comunión clamará con devoción; y el amor y el dolor serán uno en nuestro corazón.” – continúa. – “Nunca dejes de cantar la canción de Konats, que la gente oiga tu voz; que sepan que llega el salvador.”
El sacerdote se da cuenta de que la ocarina no ha sido calcinada y, por lo tanto, los artefactos sagrados deben estar protegidos ante la magia de los brujos.
La cúpula de fuego se vuelve inestable y cada vez es más fina, dejando entrever el exterior a través de las llamas.
Yuco se abalanza espada en alto contra Hoi, que se ve obligado a soltar a Tapion y centrar su atención el sacerdote, al que detiene con su magia.
Tapion, ahora libre, se pone a tocar su ocarina, acompañando la melodía de su hermano.
El poder combinado de los dos instrumentos anula el fuego de los brujos y libera a Yuco.
– “¡¿QUÉ SIGNIFICA ESTO?!” – se sorprende Rota.
El sacerdote, con un rápido movimiento, decapita al jabalí.
– “¡ROTA!” – grita Hoi.
Yuco se prepara para embestir a Hoi, pero éste huye teletransportándose al Templo Yahirodono, donde se encuentra con una batalla campal.
El Dai Kaioshin se enfrenta a Bibidí. Cientos de rocas vuelan entre los dos, sin que ninguna logre alcanzar al enemigo. 
Beerus propina una paliza a Majora, que es incapaz de seguir el ritmo del gotokoneko.
Madas intentan detener a Arak, que ha dado vida a dos guerreros de piedra para que le protejan.
Sidra persigue a Iwen por la sala, pero éste utiliza su teletransporte para intentar escabullirse y mantenerse fuera del alcance del Dios.
Champa sorprende a Zunama y lo noquea de un simple golpe en la nuca.
– “Ha sido fácil…” – sonríe el gotokoneko.
Pero pronto se da cuenta de que era una trampa. El cuerpo de Zunama se convierte en agua que envuelve al felino y lo atrapa.
– “¡JAJAJA!” – ríe el mago, que se encuentra a salvo a una distancia segura.

Mientras tanto, Campahri sobrevuelta la ciudad en solitario, observando al monstruo Hildegarn dirigirse hacia los tres konatsianos que pretenden hacerle frente.

– “Muy interesante…” – sonríe el ángel.