DBSNL // Capítulo 134: Recursos limitados
“¿Por qué tenemos uno de estos?”
En la Corporación Cápsula, Bulma y los demás han activado un generador secundario para intentar terminar el dispositivo, pero ahora el laboratorio tiene muy poco poder.
– “Ya casi lo teníamos…” – lamenta Bulma. – “Pero no podemos hacerlo funcionar solo con una fuente de energía secundaria…”
– “Este generador no será suficiente.” – dice Trunks. – “Iré a ayudarles. Puede que fusionándome con Goten logremos hacerle frente.”
– “¡Espera!” – le interrumpe Brief. – “Tengo una idea…”
Maji-Kayo incorpora a su ser la energía del generador de la Corporación Cápsula, haciendo que su cuerpo brille intermitentemente.
Son Gohan, transformado en Súper Saiyajín 3, se pone en guardia.
– “¡Yo me encargo de él!” – exclama el mestizo, haciendo un gesto a los demás para que se aparten.
Piccolo se siente impotente, pues sabe que ahora el poder del enemigo les supera. El namekiano está decepcionado y frustrado con su propio poder.
Ub avanza hasta colocarse junto a Gohan.
– “Déjame pelear.” – dice el chico.
– “Ub, tu poder es inestable… No podemos permitirnos tener que enfrentarnos también a ti” – le dice Gohan. – “Quédate al margen.”
– “No.” – responde Ub, de forma tajante, sorprendiendo a los presentes. – “No te ofendas, Son Gohan, pero creo que, ahora mismo, el enemigo te supera.”
Todos se quedan en silencio, pues es inusual ver a Ub hablar de esa forma, con tanta seguridad e incluso con un poco de soberbia.
– “¿Cómo dices?” – pregunta Gohan, sorprendido.
– “Mr. Bu y yo hemos estado trabajando duro” – responde Ub. – “Podemos ganar. Déjame luchar.”
– “Éste no es momento para fanfarronear, chico…” – le dice Piccolo.
Son Gohan se fija en la mirada de determinación del muchacho y esboza una media sonrisa.
De repente, Gohan vuelve a su estado base, sorprendiendo a todos.
– “Gohan…” – titubea Piccolo. – “¿Estás seguro?”
– “Creo que el chico tiene razón. No puedo ganar a Maji-Kayo.” – suspira Gohan. – “Abandono.” – dice. – “Es tu turno, Ub.”
El chico de Isla Papaya da un paso al frente y se envuelve en su aura fucsia, emitiendo una fuerte corriente de aire que sacude el lugar.
– “Gracias, Son Gohan.” – sonríe Ub. – “No te defraudaré.”
Maji-Kayo transforma sus brazos en dos látigos que brillan enérgicamente.
– “¿Vienes a por más, muchacho?” – se burla el extraterrestre.
Ub no responde. Tiene la mirada fija en su enemigo.
– “He estado observando el combate.” – piensa Ub. – “Es un tipo peligroso… casi impredecible; pero confía extremadamente en sus cambios de forma para sorprender a sus adversarios. Ha descuidado su guardia en múltiples ocasiones, porque se cree invulnerable. Tengo que aprovechar eso.”
Gohan, Piccolo, Pan y Goten ascienden lentamente hasta la azotea, donde se reúnen con Videl, Marron y Katopesla.
– “¿Crees que puede ganar, papa?” – pregunta Pan.
– “No lo sé.” – dice Gohan. – “Pero sé que yo no puedo. Ahora tenemos que confiar en él.”
– “Es solo un muchacho…” – sufre Videl.
– “Estará bien.” – dice Gohan.
Piccolo se da cuenta de lo que pasa por la mente de su pupilo y recuerda los Cell Games.
– “Son Gohan tiene razón.” – dice el namekiano. – “Debemos confiar en el chico.”
Maji-Kayo se abalanza sobre Ub, que esquiva los latigazos grácilmente.
– “La velocidad no es un problema” – piensa Ub. – “Puedo evitarle, pero…”
De repente, un gran punzón surge del pecho del enemigo, obligando a Ub a acelerar sus movimientos. Aún así, el chico recibe un corte en el brazo.
Ub retrocede y su herida se cierra lentamente.
– “Bien…” – sonríe Ub. – “A eso me refería. Ese es su verdadero peligro.”
Maji-Kayo salta sobre Ub y de su cuerpo emanan cientos de pinchos que se alargan y se aproximan al chico, que retrocede dando una serie de volteretas, mientras los punzones se clavan en el suelo.
Ub abre su boca y dispara un poderoso ataque de ki que sorprende al enemigo, que rápidamente hace crecer sus piernas arqueadas para poder esquivar el ataque.
Maji-Kayo recupera la normalidad, pero se da cuenta de que está rodeado por una decena de copias de Ub, que dan vueltas a su alrededor mientras se burlan de él.
– “¡Aquí!” – dice uno.
– “No, ¡aquí!” – exclama otro.
– “¡No me pillas!” – dice un tercero, sacándole la lengua.
El enemigo se enfada ante tales provocaciones.
– “Maldito…” – refunfuña Maji-Kayo.
– “¡Estoy aquí!” – exclama Ub, apareciendo delante del extraterrestre y propinándole un rodillazo en la cara.
En la Corporación Cápsula, Brief dirige a Bulma, Trunks y Bra hasta un rincón del taller, donde teclea un código en el ordenador y un sarcófago metálico surge del suelo.
– “Esto es…” – se sorprende Bulma.
– “Le hice unos retoques cuando tuve que encerrarme aquí porque tú y tu madre intentabais matarme…” – dice el doctor.
– “¡Fue cosa de Wheelo!” – protesta su hija, sonrojada.
– “¿Por qué tenemos uno de estos?” – pregunta Trunks, confuso.
– “Gracias a la información que recuperasteis hace años de los laboratorios ocultos de la Red Ribbon y lo que hemos aprendido de Wheelo, creo que ahora podemos ponerlo en marcha.” – dice Brief. – “Sin duda tiene una fuente de energía lo suficientemente potente para usar el dispositivo, si se lo integramos.”
Bulma suspira.
– “No tenemos otra opción…” – dice la científica. – “Tenemos que intentarlo.”
– “Pero si esto sale mal…” – murmura Trunks. – “La situación podría empeorar.”
Brief reflexiona en silencio.
– “Y si…” – murmura el doctor, que enseguida se marcha hacia su viejo almacén.
En el campo de batalla, Ub y Maji-Kayo siguen peleando. El chico de Isla Papaya ahora lleva la iniciativa, haciendo retroceder al extraterrestre.
Maji-Kayo clava sus brazos en el suelo y cientos de espinas nacen bajo los pies de Ub, que enseguida se ve obligado ascender para evitar ser ensartado.
De repente, el cuerpo del extraterrestre se convierte en un cañón cuyo interior empieza a brillar intensamente.
En la azotea, nuestros amigos se alarman.
– “¡Eso es peligroso!” – exclama Goten.
– “¡CUIDADO, UB!” – intenta advertirle Gohan.
Una esfera de energía es emitida por el cañón y se dirige directamente contra el chico.
Ub inspira aire profundamente y sopla con todas sus fuerzas. El aire choca con el ataque y lo frena hasta dejarlo flotando torpemente, tambaleándose sin ir a ninguna parte.
El chico de Isla Papaya se acerca a la esfera de energía y la patea hacia el cielo, haciéndola desaparecer en el espacio, donde explota en silencio en mitad de la nada.
Nuestros amigos celebran la victoria.
– “¡Increíble!” – exclama la mestiza.
– “Bien hecho, chico.” – sonríe Piccolo.
Maji-Kayo recupera su forma humanoide. El extraterrestre parece frustrado.
– “Qué planeta tan extraño…” – murmura el enemigo. – “¿Desde cuando tienen gente tan peculiar?”
En la Corporación Cápsula, Brief busca algo en su almacén, mientras Bulma y Trunks esperan fuera, escuchando el estruendo del doctor, que rebusca entre cientos de cajas.
– “¿Qué buscas, abuelo?” – pregunta Trunks.
– “Hace tiempo, un viejo colega me mandó un prototipo de motor que no precisa un generador…” – dice Brief, que sigue buscando. – “¿Dónde lo habré metido?”
– “Si no tiene un generador, Maji-Kayo no podrá absorberlo…” – dice Trunks. – “¡Buena idea!”
– “¿Te refieres a tu amigo por correspondencia?” – pregunta Bulma. – “¿El doctor de Villa Pingüino?”
– “¡Sí, ese!” – responde Brief. – “Qué, por cierto, tiene una esposa preciosa. Le encanta presumir de ella. A veces me ha mandado fotos que…”
– “¡PAPÁ!” – le riñe Bulma, avergonzada.
– “¡Ya lo he encontrado!” – exclama el doctor.
Mientras tanto, en Monmaas, Son Goku se encuentra meditando en la copa de un árbol, bajo la supervisión de Madas.
– “Aprende rápido…” – piensa el anciano, que esboza una media sonrisa. – “Era de esperar, tratándose de Son Goku.”
En otro rincón del Universo, en el planeta que fue Capital del Imperio, Liquir percibe algo extraño.
– “Noto una terrible presencia…” – murmura el kurama. – “Me revuelve las tripas…”
Liquir sale al exterior del palacio en busca de la fuente de esa sensación y se encuentra con un pequeño demonio de piel azulada en sus puertas, acompañado de un personaje grandullón. Los dos individuos han sido rodeados por una tropa de soldados litt, que les apuntan con sus armas. El grandullón ha agarrado a uno de los soldados por el cuello y lo sostiene en el aire.
– “¿Quiénes sois?” – pregunta Liquir.
Garlick esboza una aterradora sonrisa.
– “Buscamos a alguien” – dice el demonio. – “Un brujo Kashvar.”
Liquir hace un gesto a sus hombres y éstos bajan las armas.
Garlick parece complacido y ordena a su acompañante que libere al soldado.
– “Suéltalo, Saganbo.” – dice el demonio.
El grandullón lanza al litt a un lado con desprecio.
El kurama parece desconcertado. Desconoce la identidad del demonio, pero sólo sabe de un brujo.
– “Marchaos” – les amenaza Liquir.
De repente, una voz les interrumpe.
– “No te preocupes, Liquir” – dice Salabim, que sale del interior del palacio y se coloca junto al kurama. – “Me buscan a mí.”
Garlick sonríe al ver al brujo. Liquir está confuso.
Salabim observa detenidamente al demonio.
– “Siento la oscuridad del Makai en ti…” – murmura el brujo. – “Pero ese ojo…”
– “Tengo respuestas, kashvar.” – dice Mojito. – “Y sé que tú tienes preguntas.”
– “No has venido hasta aquí para ofrecerme sabiduría.” – replica Salabim. – “Me necesitas.”
Mojito parece sorprendido por la calma del mago.
– “Compartimos un objetivo, brujo.” – dice del demonio. – “Su retorno.”
Salabim se sorprende al comprender las palabras del misterioso personaje.
– “¡¿De verdad?!” – dice el brujo, emocionado.
Mojito asiente.
– “Traeremos un nuevo comienzo bajo su sabiduría y guía.” – responde Mojito.
Salabim, sin dudarlo ni un instante, se aleja de Liquir y se une a Garlick.
– “¡¿Dónde va?!” – pregunta el kurama.
– “Ya no te necesito, Liquir.” – responde el brujo.
El kurama se siente confuso y traicionado.
– “¡¿Cómo dice?!” – gruñe Liquir. – “¿Me ha estado utilizando?”
Salabim sonríe.
– “Nos vamos” – dice Garlick.
Liquir prepara sus garras y revela cinco colas de golpe. El kurama se abalanza sobre el mago, pero el grandullón le detiene agarrándole del brazo.
El kurama se sorprende ante el poder del enemigo, que enseguida le propina un puñetazo en la cara y lo lanza contra el suelo.
Liquir se pone en pie, revelando su sexta cola.
– “¡NO ESCAPARÉIS!” – exclama, mientras se abalanza sobre los enemigos.
Pero al intentar propinarle un puñetazo al grandullón, los tres villanos desaparecen.
– “Maldita sea…” – lamenta Liquir. – “Me la ha estado jugando todos estos años…”
Las colas del kurama se desvanecen y él cae de rodillas, abatido ante los cientos de pensamientos que cruzan su mente, haciéndole replantearse su pasado.