DBSNL // Capítulo 149: Armas de mujer

DBSNL // Capítulo 149: Armas de mujer
“Lo necesito vivo.”


En la Tierra, Yumbo golpea a Bra fuera de la Atalaya y la persigue para propinarle un golpe con ambas manos juntas, como si fueran un martillo. Bra se precipita a toda velocidad contra la superficie del planeta.

Mientras tanto, Comfrey ha sorprendido a Pan por la espalda y la ha apresado en un abrazo letal.

– “¡AAAAAH!” – grita Pan, que está siendo estrujada por el enemigo.

– “Nadie puede salvarte, muchachita” – se burla Comfrey. – “Tú y tu amiga os reuniréis pronto en la otra vida.”

De repente, alguien aparece como un rayo, propinando un puñetazo al enemigo en la cara, haciendo que suelte a Pan.

La muchacha se da cuenta de que ha sido salvada por Goten, vestido con el gi de la escuela Tortuga, también transformado en Súper Saiyajín.

– “¡Tío Goten!” – se sorprende Pan.
– “Hemos sentido un grupo energías poderosas y hemos venido lo antes posible.” – dice el mestizo.
– “¿Hemos?” – pregunta Pan.

En ese momento, un personaje aparece para detener la caída de Bra y sujetarla en brazos.

– “¿Estás bien?” – pregunta Trunks, transformado en Súper Saiyajín, vestido con una armadura como la que su padre usó en el torneo universal.
– “Hermano…” – sonríe Bra.

Goten se aprieta el cinturón, listo para empezar el combate.

– “Deja que yo me encargue de este tipo” – dice el mestizo. – “Ub os necesita.”
– “Pero…” – responde la joven.
– “Date prisa.” – insiste Goten, directo pero tranquilo.

Pan asiente y enseguida asciende hacia la Atalaya.

Trunks suelta a su hermana, que se limpia una gota de sangre de la comisura de sus labios y suelta un sanguinolento escupitajo.

– “Este tipo es mucho más fuerte de lo que parece…” – dice la saiyajín.
– “Ahora es cosa mía.” – dice Trunks. – “Tú debes ayudar a tus amigos.”
– “¿Estás seguro?” – pregunta Bra.
– “¿No te fías de tu hermanito?” – sonríe Trunks.

Bra asiente y también vuela hacia el palacio.

En la Atalaya, Ub ha caído de rodillas, con los ojos en blanco, como si estuviera hipnotizado.

Salabim se acerca a él con una sonrisa burlona.

– “No puedes resistir mi magia” – dice el brujo, preparándose para colocar su pulgar en la frente del chico de Isla Papaya.

En ese momento, Bra y Pan, transformadas en Súper Saiyajín, llegan a la Atalaya y disparan un Kamehameha y un Garlick-Ho hacia el brujo, pero Garlick se interpone en su trayectoria, desviando ambos ataques hacia el cielo con un grácil movimiento giratorio.

– “Empezáis a ser un incordio…” – dice el demonio, con cara de pocos amigos.

En la base de la Torre de Karín, Yajirobe, casi sin aliento, corre hacia Piccolo y Upa.

– “¡Yajirobe!” – se sorprende el nativo. – “¡¿Qué está pasando?!”
– “¡El fin del mundo! ¡Como siempre!” – replica el viejo samurái.

Yajirobe se acerca a Piccolo, y con cierta desconfianza le hace comer una semilla senzu, que el namekiano mastica con dificultad.

Muy lejos de allí, en el planeta Snack, Belmod se ha presentado ante nuestros amigos, acompañado por una jauría de perros de energía creados por él.

– “¿Qué es eso?” – se pregunta Galbi.
– “Es como si estuviera hechos con globos…” – dice Gohan.

De repente, los animales embisten a nuestros amigos, pero Pino desencaja su brazo y dispara una ráfaga de ametralladora de ki contra ellos, haciendo estallar a la mayoría.

– “¡Explotan!” – exclama el mestizo. – “Son como los fantasmas de Gotenks.” – piensa.

Los tres guerreros retroceden, pero se dan cuenta de que varias mariposas de energía vuelan sobre ellos y caen en picado.

– “¡CUIDADO!” – advierte Gohan a sus compañeros, antes de lanzar un Masenko y acabar con todas.

En ese instante, el payaso aparece veloz entre la humareda formada, armado con un gran mazo, y propina un golpe directo contra el costado de Gohan, lanzándole a cientos de metros de distancia.

– “¡JAJAJAJA!” – ríe Belmod.

En el planeta Pital, los hermanos Pastafresca han sido esposados. El Planeta-Hospital ha sido rescatado por Obni y Ganos, que ahora son atendidos por el personal sanitario, al igual que los demás afectados.

– “Pronto vendrán a recogerlos.” – dice Ganos, que ya ha vuelto a la normalidad.
– “Son un incordio.” – suspira Obni.
– “¿Cómo crees que les irá a los saiyajín?” – pregunta Ganos.
– “Cuentan con Broly” – sonríe Obni. – “Seguro que se las apañan.”

Mientras tanto, en el planeta Popol, Kale y Tarble se han recuperado de la explosión. Helles mantiene su mirada fija en Broly.

– “Eres todo un hombre…” – se insinúa la mujer. – “¿Quieres unirte a mi séquito? Cuidaría muy bien de ti…”

Broly no responde, pero a Kale no le gusta la actitud de Helles.

– “Tenemos que acabar con ella…” – murmura la saiyajín.
– “No podemos confiarnos.” – responde Tarble. – “Puede que sea mejor dejársela a Broly.”

El hijo de Páragus se envuelve en su aura magenta y embiste a la enemiga, que esquiva el ataque y rápidamente se coloca en la espalda del saiyajín, agarrándole del cabello y tirando de su melena hacia atrás para besarle por sorpresa.

Kale y Tarble se quedan sin palabras. 

La saiyajín, furiosa, se abalanza sobre Helles.

– “¡No toques a Broly! ¡Buscona!” – exclama Kale.

Helles retrocede y sonríe de forma pícara.

Broly parece confuso. Tarble se acerca a él.

– “¿Estás bien, amigo?” – pregunta el saiyajín.

Broly no responde. El saiyajín empieza a marearse y pronto se precipita contra el suelo, pero es sujetado por Tarble.

– “¡BROLY!” – exclama asustado el saiyajín. – “¡¿Estás bien?!”

El saiyajín ha perdido el conocimiento.

– “¡¿QUÉ LE HAS HECHO?!” – exclama Kale.

Helles mantiene su pícara sonrisa.

– “No os preocupéis…” – responde ella. – “Lo necesitamos vivo.”

En Luud, el sacerdote Mutchy empieza a hacer chasquear su látigo contra el suelo de forma repetitiva y monótona, provocando un extraño estado de desorientación entre los tres patrulleros que lo enfrentan.

– “¿Qué está pasando?” – se pregunta Katopesla.

Sheela se marea y se cae al suelo, como si estuviera borracha.

– “Mi cabeza…” – se queja la patrullera.

Auta Motto cae de rodillas y vomita lava, creando un gran charco de fuego.

Katopesla, gracias a su casco, es el menos afectado por el ataque, y con gran esfuerzo logra disparar un rayo de energía contra Mutchy, que lo sorprende y derriba. 

El ataque sonoro del sacerdote ha cesado, y eso permite a nuestros amigos recuperarse.

Auta Motto camina hacia Mutchy, que ha perdido el conocimiento, y le arrebata el látigo.

– “Se acabó” – dice Sheela. – “Buen trabajo, Katopesla.” – felicita a su compañero novel.

En el planeta capital del Imperio, Liquir, con cinco colas reveladas y enfundado en su vieja ropa de Guardián del Fruto, se encuentra enzarzado en un combate con Saganbo. En los alrededores, los hombres de Garlick se enfrentan a las tropas litt, dominando el combate con facilidad y provocando el caos y mucha destrucción. 

El enemigo agarra a Liquir por el cuello y lo estampa contra la fachada de un edificio. El kurama clava sus garras en el brazo del enemigo, luchando por liberarse, pero sin éxito.

El zorro revela su sexta cola y eso le proporciona el poder necesario para sorprender al enemigo con un puñetazo en la nariz, obligándole a aflojar su agarre y quedando libre.

Liquir se aparta Saganbo para analizar a su contrincante, que parece más fuerte de lo esperado. 

– “¿De dónde han salido estos tipos?” – se pregunta el zorro, observando al pequeño ejército enemigo. – “Parece una fuga masiva…” – cavila al identificar los monos de presidiario que visten muchos de ellos.

Saganbo se limpia la sangre de su rostro, sin perder una pícara sonrisa. El grandullón parece listo para seguir peleando, e incluso parece que disfrute del combate.

– “Creo que aún te queda poder por mostrar” – dice el villano. – “¿A qué esperas?”

Liquir, muy serio, se prepara para revelar su séptima cola.

– “Esto termina ahora.” – murmura el zorro.

ESPECIAL DBSNL /// Kamakiri // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte I: Pandemia

Kamakiri // Parte I: Pandemia

“He conseguido uno de esos libros que tanto le gustan.”


En un mundo remoto azotado por una terrible pandemia parasitaria, un doctor trabaja para encontrar una cura en el sótano de una cabaña de madera en la montaña. El lugar ha sido convertido en un improvisado laboratorio, adaptado de la mejor manera posible. Cortinas de plástico semitransparente dividen el habitáculo en distintas zonas, y una docena de mesas metálicas llenas de frascos de cristal y probetas selladas están repartidos por el sótano, conformando distintas estaciones de trabajo.

El doctor, vestido con una bata blanca y llevando una mascara aislante, trabaja en una cura para la enfermedad que azota el planeta.

Una tos aguda en el piso de arriba interrumpe al científico, que no duda en abandonar sus experimentos. El personaje camina hasta uno de los \”box\” formados con las cortinas y se quita la bata, avanza hasta el siguiente y se desnuda, y continúa hasta un tercero, en el rincón del sótano, donde hay una vieja ducha, y procede a lavarse con productos químicos desinfectantes y un áspero estropajo. Su piel está seca y quebradiza por el abuso de ese tipo de productos, y el poco cabello que le queda se cae a mechones.

En unos minutos, el doctor se ha cambiado de ropa, ahora vestido con ropa de calle, y ha subido a la vivienda, donde su hija pequeña se ha despertado y se ha sentado delante de la venta, desde donde contempla el paisaje exterior.

– “¿Ya te has despertado?” – pregunta el doctor. – “Es muy pronto. Aún puedes dormir un rato más, si quieres.”

– “Tengo hambre.” – responde la niña.

– “Está bien.” – sonríe su padre. – “Te prepararé el desayuno.”

El doctor abre una despensa casi vacía. Comida enlatada, alimentos conservados en tarros de cristal, sacos de cereales y legumbres. El hombre agarra un bote de mermelada y regresa a la cocina, pero el horror le invade al encontrar a la pequeña desfallecida en el suelo.

– “¡Cariño!” – grita mientras corre a socorrerla. 

El hombre abraza a su hija, que no responde.

– “¡Despierta!” – exclama, mientras la sacude intentando que reaccione. – “No me hagas esto…” – suplica. – “Tú también no…” – llora.

Cinco años después del terrible suceso, el médico, vestido con una bata negra y una máscara de gas, camina por las calles de una ciudad vacía con una bandolera colgada. Solo unos pocos se atreven a salir de sus casas, siempre ataviados con máscaras y equipamiento aislante.

El doctor camina por las calles de la metrópolis hasta un barrio de chabolas. En este lugar, mucha gente no lleva protección. Algunos se cubren la boca con pañuelos, pero es inútil. Su fatal destino es cuestión de tiempo.

El hombre se adentra en el barrio hasta encontrarse con un tipo esperando en una esquina. Un individuo vestido con un traje de repartidor y una mascarilla con doble filtro. El personaje tiene la tez color salmón, ojos rasgados, orejas puntiagudas y labios rosados, y carga con un carrito de reparto. 

– “Buenos días, Dr. Kamakiri” – saluda el misterioso individuo.

– “¿Qué tienes para mí, Monaka?” – pregunta el doctor.

– “He conseguido uno de esos libros que tanto le gustan.” – dice el repartidor, entregándole el documento. – “Viene de las ruinas del planeta Aknon.”

– “¿Es original?” – pregunta Kamakiri, que ojea rápidamente el documento.

– “El coleccionista que lo compró, lo pagó a ese precio.” – responde Monaka. – “Y no estará contento cuando se entere que su paquete se ha extraviado…”

Kamakiri guarda el libro en su mochila.

– “Gracias” – dice el doctor, que de otro compartimento de la misma bolsa saca cuatro viales de una sustancia azul celeste. – “Con esto tendréis para dos meses. He mejorado la fórmula.”

– “Quince días por vial…” – murmura el repartidor. – “Esto es todo lo que tenemos, ¿eh?”

– “Es todo lo que he logrado.” – responde el doctor.

– “Es mejor que nada.” – suspira Monaka. – “Gracias.” – añade guardando los viales. – “Espero poder tener algo nuevo para ti antes.”

– “Lo mismo digo.” – dice el doctor. – “Nos vemos en dos meses.”

Los dos individuos se separan. El repartidor debe seguir con su trabajo, y el doctor regresa a casa.

Horas más tarde, Kamakiri, en su laboratorio, realiza fotografías al libro comprado a través de un contenedor aislante de metacrilato con guantes, para poder estudiarlo mejor.

En el documento se narran las leyendas del planeta Aknon y una vieja civilización que recuerda a los antiguos egipcios de la Tierra. En el libro vienen descritos antiguos ritos mágicos en los que se sana a los enfermos y se resucita a los muertos.

El doctor sigue sacando fotografías cuando algo le llama la atención.

– “Otra vez estos símbolos…” – murmura Kamakiri. – “El ojo pintado y el pájaro… Los he visto antes.”

Kamakiri se acerca a su ordenador y recorre todos sus archivos hasta encontrar lo que busca. El ojo y el pájaro aparecen en otras obras de civilizaciones lejanas en el tiempo y el espacio.

El médico lee con atención los documentos, comparando los relatos y deteniéndose a tomar apuntes cuando lo cree necesario, pero no se deja llevar por la esperanza. Hasta ahora, todos los textos antiguos que ha encontrado han resultado no ser más que patrañas. 

Finalmente, tras horas de trabajo sin descanso, Kamakiri ha reunido toda la información que considera relevante, combinando todos los relatos para revelar un a hilo común entre ellos; Las historias narran la llegada de una Diosa alada que trajo prosperidad a esos planetas mediante poderes desconocidos. 

Los textos describen a una mujer tan bella que era capaz de doblegar ejércitos con una mirada. Ningún hombre era capaz de sobrevivir al mero roce de sus labios.

Esta mujer era adorada como una Reina en cada civilización que visitaba y alabada por la prosperidad que traía, pero pronto se convertía en una tirana que doblegaba la voluntad de los que estaban a su mando para que la complacieran con exigencias cada vez más exquisitas, esclavizando con chantajes al pueblo que antes la ensalzó hasta que estos no eran capaces de satisfacerla. Entonces, ella se marchaba y dejaba esa civilización al borde del colapso. 

Pero en Aknon, el relato tiene un final distinto. Un hombre se alzó de entre el sometido pueblo para enfrentarse a la Diosa opresora. La leyenda narra que el guerrero mató a la Diosa trece veces en un épico combate que duró cinco días, pero la muerte era extraña para esa mujer. La Diosa fue finalmente sellada con vida en un ataúd dorado en el interior de un gran templo que antes había sido alzado en su honor.

El doctor, sorprendido ante tal hallazgo, se sienta en su silla para intentar calmarse. Su mente le dice que es solo una leyenda, pero su corazón llora por una oportunidad de descubrir la fuente de ese poder. Una magia que podría traer de vuelta a su hija.

El hombre se acerca a dos sarcófagos de criogenización. A través del cristal de uno de ellos puede verse el helado rostro de la niña. El doctor acaricia a su hija a través del frío vidrio.

Tras dos largos meses de preparativos, Kamakiri está listo para emprender su viaje. Con su traje de aislamiento puesto, el doctor se dirige de nuevo a la ciudad, al encuentro con el repartidor, que ya le espera en el lugar de siempre.

– “Hola, Doctor Kamakiri” – saluda Monaka. – “Creo que…”

– “Tenemos que hablar” – le interrumpe el médico. – “¿Cuánto quieres por llevarme a Aknon?”

– “¿Qué?” – se extraña el repartidor. – “¿Aknon?”

– “Tengo que investigar un viejo templo.” – dice Kamakiri. – “Puede ser importante. Podría ser la respuesta a…”

– “Lo siento, doctor, pero…” – interviene Monaka, pero enseguida vuelve a ser interrumpido.

– “Tengo más viales.” – dice Kamakiri, algo agitado. – “Y si esto sale bien…”

– “No se trata de eso, doctor. Verá…” – intenta explicarse el repartidor.

– “¡¿Es que no quieres salvar a tu familia?!” – se enfada el doctor.

– “Mi esposa ha muerto.” – revela Monaka. 

Kamakiri se queda en silencio.

– “Lo siento, doctor.” – dice Monaka. – “Pero nuestros negocios terminan aquí.” – dice Monaka. – “Le deseo mucha suerte.”

– “¿Y si…?” – le agarra del brazo el médico. – “¿Y si hubiera una forma de traerla de vuelta?”

Monaka mira confuso al doctor.

– “¿De qué está hablando?” – le pregunta al científico.

– “Creo que…” – dice Kamakiri. – “Creo que en Aknon se oculta un poder con el que se puede resucitar a los muertos.”

El repartidor se queda sin palabras.

– “¿Lo dices en serio?” – le pregunta Monaka, incrédulo, pero esperanzado.

– “Necesito llegar a Aknon.” – insiste Kamakiri. – “Llévame allí y lo descubriremos.”

En unos minutos, los dos personajes han subido a la nave de reparto de Monaka.


El repartidor se agacha bajo el panel de comandos y con un destornillador abre una caja de cables.

– “¿Qué estás haciendo?” – pregunta el doctor.

– “Todas nuestras naves llevan una baliza rastreadora para seguir las entregas.” – dice Monaka. – “Si quieres ir a Aknon, vamos a tener que librarnos de esto.”

En unos minutos, Monaka y Kamakiri parten hacia el misterioso planeta en busca de una forma de resucitar a sus seres queridos.

DBSNL // Capítulo 148: Sonrisas y lágrimas

DBSNL // Capítulo 148: Sonrisas y lágrimas
“Hacía tiempo que no asistía a un espectáculo tan entretenido”


En la Atalaya de Kamisama, Ub sigue envuelto en oscuridad. En su interior, Kid Bu lucha por salir a la superficie. Mr. Bu se encuentra cada vez más débil. 

– “Nuestros amigos están en peligro…” – dice preocupado el muchacho de Isla Papaya. – “Tengo que ayudarles.”
– “No te dejes engañar por el brujo…” – le advierte Bu, arrodillado en el suelo. – “¡Quiere que te desconcentres para que mi parte malvada tome el control!”
– “Pero…” – duda Ub. – “Pan…”

Cerca de allí, Yumbo y Bra siguen peleando. 

– “¡No os saldréis con la vuestra!” – exclama la mestiza, que da varias volteretas hacia atrás para coger distancia con su enemigo. – “¡FINAL BUSTER!” – exclama al crear una esfera de ki en cada mano y unirlas para disparar a su enemigo.

Yumbo utiliza su oronda panza para hacer rebotar el ataque de nuevo hacia Bra, que logra esquivarlo en el último momento.

– “Maldito seas…” – murmura la saiyajín.

Sobre la Torre de Karín, Pan lanza un Masenko contra Comfrey, que lo desvía fácilmente con el dorso de su mano. El ataque estalla en el horizonte.

– “Este tipo es muy fuerte…” – murmura preocupada la mestiza. – “Voy a tener que cambiar de táctica.”

La mestiza desaparece y genera varias copias de sí misma que rodean al enemigo.

– “¿Dónde estará?” – se pregunta Comfrey, en tono sarcástico. – “¡Aquí!” – exclama repentinamente, lanzado un ataque de ki hacia su derecha, que impacta de lleno en la verdadera Pan, lanzándola contra el bastón mágico que une la Torre con la Atalaya.

Mientras tanto, Yajirobe desciende la Torre de Karín.

– “A mi edad ya no estoy para estos trotes…” – lamenta el viejo samurái. 

En la Tierra Sagrada, un adulto Upa atiende a Piccolo, que se encuentra inconsciente.

– “Algo terrible está pasando ahí arriba…” – murmura el indígena, alzando su mirada hacia el cielo, escuchando los golpes de la batalla, que retumban como truenos.

En el Palacio de Kamisama, Dende y Mr. Popo se encuentran agazapados tras el portal.

– “Tenemos que hacer algo…” – dice Dende, que sufre por sus amigos.
– “Lo más importante es su seguridad” – responde Popo. – “La Tierra necesita un Kamisama. Piense en las Dragon Balls.”
– “¿De qué sirve ser el Protector de la Tierra, si nunca puedo hacer nada?” – se pregunta el namekiano, frustrado.

En el planeta Snack, Gohan, Pino y el león siguen enfrentándose a hordas de payasos psicópatas. Muchos caen en el foso creado por el Androide 16, precipitándose al abismo de fuego, pero eso no frena a los demás, que siguen intentando cruzarlo mientras ríen y lloran a la vez.

– “Estoy harto…” – murmura Gohan, cansado de repeler a los enemigos de uno en uno. – “¡Pino, protege a nuestro amigo!”

El Androide 16 abraza al león y se envuelve en una barrera de energía verde.

Gohan cruza los brazos frente a su pecho, agarrándose los hombros, y empieza a acumular energía rápidamente.

Los enemigos aprovechan para acercarse a él, pero Gohan pronto estalla en una gigantesca explosión cuando extiende sus brazos hacia el cielo.

– “¡HAAAAAA!” – grita el Ultra Saiyaman.

La explosión arrasa el lugar, noqueando a todos los enemigos de los alrededores y varios edificios, creando un descampado en mitad de la ciudad.

Pino y el snack han permanecido a salvo, gracias al androide.

– “Impresionante, Son Gohan” – dice Pino.
– “Es una técnica de Piccolo” – sonríe el mestizo.

El león mira asombrado a los dos guerreros.

– “¿Cómo os llamáis?” – pregunta el snack.
– “Él es Pino y yo me llamo Son Gohan” – responde el mestizo.
– “Galbi.” – se presenta el león. – “Es un honor pelear a vuestro lado.”

De repente, una carcajada interrumpe la escena. 

– “No está nada mal” – dice una voz que desconocen.

El payaso Belmod desciende y toma tierra frente a ellos.

– “Hacía tiempo que no asistía a un espectáculo tan entretenido” – sonríe el enemigo.

En el planeta Popol, los tres saiyajín de la Patrulla pelean contra los misteriosos enemigos maquillados.

– “Son débiles, pero muy insistentes…” – refunfuña Tarble.

Broly, harto de pelear contra morralla, echa un vistazo a su alrededor, identificando a cada uno de sus contrincantes.

El saiyajín se envuelve en su aura magenta, sorprendiendo a sus compañeros.

– “¿Qué vas a hacer?” – se pregunta Tarble.
– “¿Broly?” – dice Kale.

De repente, el ki de Broly estalla, generando cientos de pequeñas esferas de ki que barren el territorio, impactando en cada uno de sus enemigos.

– “¡CUIDADO!” – exclama Tarble.

Tarble y Kale se transforman en Súper Saiyajín por miedo a sucumbir ante el ataque de su propio amigo.

Tras unos segundos de continuas explosiones, el terreno ha quedado arrasado, pero Kale y Tarble no han sido heridos. 

– “¡Impresionante!” – celebra la saiyajín.
– “¡Estás mejorando mucho, Broly!” – exclama Tarble. – “¡Cada vez controlas mejor tu poder!”

Broly esboza una tierna sonrisa en respuesta a sus compañeros.

En ese instante, una flecha de ki rojo impacta en el suelo, entre los tres saiyajín, y en un breve instante estalla, derribando a Kale y Tarble, pero sin causar ningún efecto en Broly.

Cerca de allí, sobre una colina, Helles sonríe mientras echa un vistazo al saiyajín, recorriendo su cuerpo de pies a cabeza con su lujuriosa mirada.

– “Eres un espécimen hermoso…” – dice la mujer.

En el planeta de Hit, el asesino y Trunks han empezado su entrenamiento con un pequeño combate. Hit quiere medir las habilidades del mestizo.

El asesino usa su habilidad temporal para sorprender al mestizo que, transformado en Súper Saiyajín 2, no logra conectar ni un solo golpe. 

– “Si no logras golpearme a mí, no esperes poder rozar a Shiras.” – dice Hit.
– “Lo conseguiré…” – murmura Trunks, que insiste en sus ataques, pero sin resultado.

De repente, Trunks recibe una paliza invisible que lo deja de rodillas y le hace perder su transformación.

– “Maldita sea…” – murmura el mestizo. – “Es como cuando peleé contra él…”
– “No podrás derrotarlo con métodos convencionales.” – dice Hit. – “Para enfrentarte a Shiras, tienes que jugar con sus reglas.”
– “¿A qué te refieres?” – pregunta Trunks, dolorido, poniéndose en pie.

Hit le ofrece la mano, que Trunks acepta.

En ese instante, Trunks siente como la realidad se resquebraja como un cristal. Todo el mundo a su alrededor se ha detenido. Un ave que sobrevolaba a nuestros amigos se encuentra quieto en el cielo. Silencio absoluto.

– “Increíble…” – piensa el mestizo.

De repente, todo vuelve a la normalidad, sorprendiendo a Trunks, que cae de rodillas, sintiendo terribles nauseas, que terminan por provocarle el vómito.

– “No es fácil acostumbrarse” – sonríe Hit.

En Pital, Ganos, transformado, agarra la cara del mayor de los Pastafresca y lo empuja hasta la pared del fondo, noqueándole.

Los dos hermanos menores se preparan para disparar a Ganos, pero un pitido les desorienta, haciendo que yerren sus disparos.

Obni, malherido, emite un silbido continuo y monótono que causa una alteración de las capacidades sensoriales de sus enemigos.

Ganos aprovecha el momento para saltar sobre ellos y dejarlos fuera de combate.

En Luud, Mutchy agarra con su látigo el pie de Sheela y la lanza contra Katopesla. Motto embiste al sacerdote, pero éste hace girar su látigo para levantar una nube de polvo y escabullirse.

Tras un breve momento de confusión, el látigo se enrolla en el cuello de Auta Motto y libera una descarga eléctrica que hace que el metalman se arrodille.

Katopesla, con su traje en modo \”Ultra\”, dispara un rayo zigzagueante contra Mutchy, pero éste lo esquiva. Sheela sorprende al sacerdote disparándole en la mano con su pistola, logrando desarmarle.

– “¡Ya es nuestro!” – exclama el toreristo. 

Pero el látigo parece moverse por voluntad propia y se enrolla e impulsa para impactar contra el casco de Katopesla antes de regresar a la mano de Mutchy.

– “No os será tan fácil, patrulleros.” – sonríe el sacerdote. – “¡La voluntad de nuestro Dios está conmigo!”