ESPECIAL DBSNL /// Cold Chronicles // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte XVI: Tragedia

Cold Chronicles / Parte XVI: Tragedia
“Tú eres el tipo que aniquiló a las Fuerzas Especiales…”
En el planeta secreto de Hit, el asesino retirado se encuentra arando el campo detrás de su cabaña, con la ayuda de su hijo. 
– “¿Así, papá?” – pregunta el jovial niño, que se esfuerza para imitar a su padre.
– “Muy bien” – le felicita Hit.
De repente, Hit siente una anomalía. Un cambio en la corriente de aire le advierte de que alguien ha aparecido en su planeta.
– “Entra en casa, Punch” – dice el asesino, con rostro severo.
– “¿Qué?” – se extraña el muchacho. – “Pero aún no he terminado de…”
– “Ve con tu madre” – dice Hit. – “Ya sabes lo que hacer.”
El joven Punch se da cuenta de que algo perturba a su padre y asiente. El muchacho entra en casa, donde se encuentran su madre y su hermana y les comenta lo sucedido.
Su madre abre una trampilla en el suelo de la cabaña y los se esconden en el sótano.
En el horizonte, Hit puede ver a una figura aparecer caminando lentamente. Shiras ha llegado.
En el planeta Numa, Cold le ha contado a Salabim que las cajas están en su poder, a buen recaudo. 
– “Necesita utilizar las cajas si quiere derrotar a este enemigo” – le advierte el brujo. – “No podrá derrotarle de otra forma, y menos en su estado actual.”
– “¿Qué clase de poder esconden esas cajas?” – pregunta Cold.
– “Uno antiguo.” – explica Salabim. – “Yo puedo abrirlas. Lléveme hasta ellas y la fuerza que albergan será tuya.”
– “Se me pidió que las protegiera.” – dice Cold. – “No puedo desatar un mal para enfrentarme a otro.”
– “¿Un mal?” – se ofende el brujo.
– “Confío en el hombre que me las entregó.” – dice el Rey Cold. – “Cumpliré mi promesa. Mientras yo sea el Emperador, las cajas permanecerán bajo llave.” 
Salabim está furioso, pero sabe que no puede perder la compostura. Si quiere sacar algún beneficio de la situación, debe mantener su fachada.
El brujo echa un vistazo al fuego, buscando consejo, y se da cuenta de que Shiras ha llegado al planeta de Hit.
En ese remoto planeta, Hit ha salido a recibir a Shiras para mantenerlo lejos de su casa.
– “¿Quién eres?” – pregunta Hit, que enseguida se percata del símbolo de la Patrulla Galáctica en el pecho del misterioso personaje. – “Este planeta está muy lejos de vuestra jurisdicción.”
De repente, un golpe invisible en la nariz de Hit lo lanza por los aires, pero el asesino da una ágil voltereta y cae de pie, en guardia.
El asesino se limpia un hilo de sangre que brota de su nariz.
– “Tú eres el tipo que aniquiló a las Fuerzas Especiales…” – se da cuenta el asesino.
Shiras agarra con fuerza su bastón.
– “Tú y el Emperador me habéis arrebatado la Patrulla Galáctica.” – dice Shiras.
Hit puede percibir un pequeño movimiento en el pie derecho de Shiras y rápidamente responde alzando una nube de humo negro con un soplido. 
Entre el humo aparece Shiras, intentando propinarle un golpe con su vara, pero Hit se agacha para esquivarlo y retrocede. 
Hit es perseguido por su enemigo, que intenta propinarle un golpe descendente con su vara, pero Hit logra evitarlo en el último instante. El golpe impacta contra el suelo y crea un gigantesco cráter.
Hit recupera las distancias, sorprendido por el poder devastador de su enemigo.
Shiras intenta calmarse. El legendario patrullero respira profundamente para mantener la compostura.
– “Eres hábil.” – dice Shiras.
De repente, Hit recibe un puñetazo invisible en el abdomen que le obliga a caer de rodillas.
– “Pero yo hace tiempo que sobrepasé las capacidades de los mortales.” – dice Shiras, que ha aparecido enfrente de Hit.
Shiras hace girar su vara y propina un golpe a Hit bajo la barbilla que lo lanza por los aires.
El asesino cae al suelo, dolorido y sorprendido una vez más por el poder devastador de su adversario.
En ese instante, Shiras mira de reojo la cabaña de Hit.
– “Voy a darte una lección.” – dice el antiguo patrullero.
Hit se alarma.
– “Espera…” – dice Hit, que se pone en pie. – “¡No hemos terminado!”
Shiras se eleva lentamente.
– “¡NO HEMOS TERMINADO!” – insiste el asesino, desesperado.
El patrullero apunta a la cabaña con su mano.
– “¡NO LO HAGAS!” – grita Hit, que intenta abalanzarse sobre su adversario.
Shiras, sin expresión en su rostro, dispara un ataque de ki verde que cae sobre la cabaña de Hit, haciéndola volar por los aires. Una gran explosión sacude el lugar. 
Hit se detiene en el aire, sin palabras, y lentamente desciende hasta caer de rodillas al suelo.
– “No…” – llora el asesino. – “No…”
Shiras se mantiene en el aire, sobre Hit.
– “Esto es lo que pasa cuando te enfrentas a mí” – dice Shiras. – “Tú tienes la culpa. Espero que te sirva de lección, asesino.”
De repente, Campahri aparece junto a su discípulo.
– “¿Qué se supone que estás haciendo, Shiras?” – le increpa el ángel.
– “Impartiendo justicia.” – responde su pupilo.
– “¿Justicia?” – frunce el ceño Campahri.
– “Como futuro Hakaishin, es mi deber mantener a raya a la escoria de este universo.” – responde Shiras.
– “Ya es suficiente” – dice el ángel. – “Vas a echarlo todo a perder. Vámonos.”
Los dos se preparan para marchar. Hit se pone en pie y clava su mirada en el asesino de su familia.
– “¡SHIRAS!” – exclama Hit.
El aprendiz de Hakaishin mira con desprecio a Hit.
– “Juro que te mataré.” – dice el asesino. – “Lo prometo.”
Shiras ignora a Hit y desaparece.
Camphari se queda un instante mirando al asesino, que está lleno de ira.
– “No dejes que la rabia te consuma.” – dice el ángel, antes de desaparecer.
Hit se acerca al cráter donde se encontraba su cabaña, de la que ahora solo quedan pequeños fragmentos de madera.
El asesino recoge tres tablones de madera y los clava en la tierra, en el centro del cráter, simbolizando las tres tumbas de su mujer e hijos. Hit cae de rodillas frente a ellas y llora desconsolado.

– “Lo siento mucho…” – murmura el asesino. – “Strai, cuida de nuestros hijos en el Más Allá. Yo vendré pronto.”
De repente, por arte de magia, Cold aparece al borde del cráter.
– “¿Qué haces tú aquí?” – le pregunta Hit, que ha sentido su presencia.
– “Lo siento” – dice Cold.
– “Tú me metiste en esto…” – dice Hit, furioso.
– “Lo sé” – responde el Emperador.
– “¿Y te atreves a venir aquí?” – le increpa el asesino. – “¿Por qué?”
– “Ahora tenemos un enemigo en común.” – dice el Rey Cold.
En Numa, Salabim mira la escena a través de su hoguera.
– “Que gane el mejor…” – sonríe el brujo. – “Con un poco de suerte se destruirán entre ellos… y los Kashvar reclamaremos las cenizas de lo que quede de éste universo.”

ESPECIAL DBSNL /// Cold Chronicels // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte XV: Venganza

Cold Chronicles / Parte XV: Venganza
“¿Dónde está el subcomandante Zarbuto?”


Han pasado años desde que Cold detuvo el avance del planeta M2, sumiéndolo en la oscuridad del espacio profundo, lejos de fuentes de alimentación que le permitan reactivarse.

El Emperador ha permanecido en Numa, bajo los cuidados del brujo Salabim. Cold intenta recuperar el control sobre su cuerpo y su energía; un desequilibrio causado por su titánico esfuerzo en su pelea contra Rildo.


Cold ha logrado controlar su energía utilizando su forma de mayor reducción de poder, que le confiere un aspecto de toro bípedo, y sigue entrenando para dominar su poder en sus otras formas.
Mientras tanto, el Imperio ha sido dirigido por la mano de Ginyu, que sigue oculto en el cuerpo de Sorbet. Una época de paz y prosperidad ha reinado en los dominios del demonio del frío. 
Salabim, desde las sombras, ha estado manipulando al Emperador y a Ginyu para obtener el control del Imperio. Su objetivo es recuperar las cajas de música que esconden al monstruo Hildegarn; una baza primordial para los Kasvhar y su objetivo de hacer regresar al que consideran su maestro, “el que vio”.
En el planeta del Hakaishin, Shiras medita sobre una roca, cerca del lago. Cerca de allí, el ángel Campahri se encuentra de pie, inmóvil; en su mente, una reunión está teniendo lugar entre sus compañeros.
Daishinkan y los ángeles planean su golpe de estado contra el todopoderoso Zeno. El Sacerdote preside el encuentro, rodeado por Kus, Cucatail, Campahri y Palinka.
– “Shiras ya domina el Anillo Toki.” – revela Campahri. – “Pronto estará listo.”
– “Es nuestra mejor baza” – confirma el Daishinkan. – “Su potencial es extraordinario.”
– “Ten cuidado, Campahri.” – dice Kus. – “Tu pupilo es arrogante”.
– “Cumplirá su cometido.” – responde el ángel del Universo 3.
Shiras ha terminado de meditar y se da cuenta de que el ángel se encuentra ausente.
– “Voy a echar un vistazo a la Patrulla.” – piensa el antiguo patrullero, antes de desaparecer. – “Hace años que no piso el mundo mortal”.

En el Cuartel General de la Patrulla Galáctica, Shiras aparece en mitad del puesto de mando, sorprendiendo a todos los patrulleros.
Shiras echa un vistazo a su alrededor sin reconocer a nadie.
Los agentes parecen ponerse nerviosos al ver a un extraño en sus instalaciones. Varios de ellos desenfundan sus armas.
– “¿Dónde está el subcomandante Zarbuto?” – pregunta Shiras.
Un personaje de tez azul celeste da un paso al frente y hace un gesto a sus compañeros para que bajen sus armas.
– “El subcomandante ya no forma parte de la Patrulla Galáctica” – dice el agente. – “Ahora yo estoy al mando.” – se presenta, ofreciendo su mano a Shiras. – “Soy el Comandante Papoi.”
– “¿Comandante?” – desconfía Shiras.
– “Así es.” – responde Papoi. – “Decidimos retirar el puesto honorífico del que usted disponía, pues sus asuntos ahora se encuentran en otro lugar.”
De repente, Papoi sale disparado hacia un enorme ventanal que rompe, perdiéndose en el espacio. La sala se despresuriza y una compuerta de metal cierra instantáneamente la apertura.
– “¿Qué ha pasado aquí?” – pregunta Shiras, desafiante.
En la Capital del Imperio, Ginyu se encuentra sentado en el trono cuando, de repente, Shiras aparece frente a él, provocando un estallido de energía.
Ginyu se asusta al ver al misterioso visitante y se prepara para pedir ayuda.
– “¡GUA…!” – pero no puede terminar de dar la orden.
Shiras ha introducido su bastón en la boca de la boca del consejero y lo ha empujado contra el respaldo del trono.
– “¿Dónde está el Emperador?” – pregunta Shiras. – “Miénteme y te mataré.”
El legendario patrullero deja hablar a Ginyu.
– “Desconozco su paradero.” – dice el consejero. – “Se está recuperando de una batalla, muy lejos de…”
Un golpe invisible en el pecho de Ginyu lo proyecta a través del trono, que estalla en mil pedazos, hasta la pared del fondo de la sala.
– “No juegues conmigo.” – dice Shiras. – “Responde a mi pregunta.”
Ginyu se recupera del impacto y esboza una media sonrisa.
– “Eres muy fuerte…” – dice el consejero imperial. – “¡CHA…!” – exclama.
Pero de repente se encuentra tumbado en el suelo, bocabajo y con su rostro estampado en el cemento. Shiras se encuentra sobre él, con su bato en su nuca.
– “Ese truco no funcionará conmigo, parásito.” – dice el antiguo patrullero, que aprieta con fuerza el cuello del consejero. – “Dime lo que quiero saber” – insiste.
Ginyu no entiende lo que ha ocurrido, pero se da cuenta de la superioridad de su enemigo.
– “No sé dónde está el Emperador…” – repite Ginyu.
Shiras ejerce más presión sobre su nuca.
– “¡Pero el Rey Cold no lo hizo solo!” – exclama el consejero. – “¡Le ayudó un asesino! ¡Tengo las grabaciones del Cuartel!”
– “Dame un nombre” – dice Shiras.
– “¡Hit! ¡Se llamaba Hit!” – revela Ginyu.
Los guardias irrumpen en la sala, pues han oído el estruendo.
– “¡¡ALTO!!” – exclaman los centinelas.
Shiras agarra al consejero por la calota y lo lanza con desprecio por un ventanal. 
Los guardias disparan, pero el patrullero ya ha desaparecido.
En el exterior del palacio, el cuerpo de Sorbet se precipita contra el suelo desde gran altura, llamando la atención de una muchedumbre que se acerca al moribundo personaje.
– “Ch… Change…” – murmura Ginyu, emitiendo desde su boca una luz que se pierde entre la multitud.
En Numa, Salabim presencia una perturbación en su hoguera. El brujo considera que su peón ha muerto, y siente que puede perder el control de la situación si no interviene.
– “Esto puede ser peligroso…” – murmura el brujo.
– “¿Qué ocurre?” – pregunta Cold.
– “Alguien ha atacado su capital, Majestad” – revela Salabim. – “Sorbet ha fallecido.”
– “¡¿Quién ha sido?!” – se sorprende el Emperador, poniéndose en pie.
– “Tranquilícese.” – dice Salabim. – “No está en condiciones de entrar en combate, señor. Este enemigo parece tener un misterioso poder…”
– “¡No puedo dejar que nadie tome mi Imperio a la ligera!” – exclama enfadado el Emperador. – “¡No podemos mostrar debilidad!”
– “Si entra en combate y es derrotado, eso es exactamente lo que ocurrirá…” – responde Salabim.
Cold parece recapacitar su decisión.
– “Pero…” – dice Salabim. – “Puede que haya una forma de recuperar su poder…”
– “¿De qué se trata?” – pregunta el Emperador.
– “Existen dos poderosos objetos.” – dice Salabim. – “Dos cajas de música antiguas que albergan un poder increíble.” 
– “¿Las cajas de música konatsianas?” – pregunta Cold.
– “¿Las conoce, Majestad?” – finge sorpresa Salabim.
– “Es posible.” – dice el Emperador.
– “El poder que encierran puede derrotar a cualquier enemigo” – dice Salabim.
Mientras tanto, en el planeta del Hakaishin, Campahri sale de su trance y se da cuenta de que Shiras se ha marchado.
– “¿Qué está haciendo ahora?” – se preocupa el ángel, que utiliza su vara para buscar a su pupilo.
En la esfera de su bastón, el ángel Shiras se encuentra en un lúgubre bar de los suburbios de Imegga. El patrullero ha propinado una paliza a todos los presentes.
– “Última oportunidad” – insiste Shiras, con una serenidad aterradora. – “¿Quién conoce el paradero del asesino Hit?”
Campahri frunce el ceño.
En la Capital del Imperio, una mujer y su hijo pequeño, que camina arrastrando un peluche con aspecto de oso extraterrestre, han llegado a casa. 
La mujer habla por un intercomunicador con una compañera de trabajo.
– “¡Ha sido horrible!” – narra la mujer. – “Yo estaba recogiendo a mi hijo de la Academia cuando hemos visto al pobre señor Sorbet…”
El niño abandona el peluche y se dirige al sillón, que tiene que escalar para poder sentarse. El pequeño enciende el televisor, donde cuentan lo ocurrido en las noticias.
Tras una advertencia por el contenido gráfico que se mostrará a continuación, una grabación de los últimos momentos de Sorbet es emitida. El consejero Imperial es atendido por los servicios médicos, que se miran entre ellos y parecen tener pocas esperanzas para su paciente.
– “El señor Sorbet ha fallecido pese a los intentos por parte de los sanitarios de salvar su vida” – narra el presentador. – “Según nuestras fuentes cercanas al palacio, podría tratarse de un atentado terrorista.”
De fondo se escucha el audio de las imágenes. Entre el murmullo de la muchedumbre, Sorbet, con un hilo de voz, intenta decir algo.
– “Coldyn…” – parece decir, llorando de dolor, con miedo en sus mirada, mientras está siendo atendido. – “¿Dónde está… Col…”
– “No se esfuerce, señor.” – le dice un sanitario. – “Cuidaremos de usted.”
El niño mira de reojo a su peluche, que lleva un collar con un medallón en el que consta la inscripción \”Coldyn\”.

DBSNL // Capítulo 137: Hacia nuevos horizontes

DBSNL // Capítulo 137: Hacia nuevos horizontes
“Bienvenido a la Patrulla Galáctica.”
El Sol ha salido en la Capital del Oeste y nuestros amigos ya están listos para comenzar su viaje. En el jardín de la Corporación Cápsula, Gohan, el Número 16 y Katopesla se preparan para partir. El Doctor Brief, su esposa, Bulma, Trunks, Bra, Gyuma, Chichi, Goten, Marron, Krilín, Lázuli, Satán, Ub, Videl y Pan los despiden.
Son Gohan se despide de Chichi y Bulma recuerda al pequeño Gohan que estaba listo para viajar a Namek, con una gigantesca mochila preparada por su madre y vestido con un elegante traje, y no puede evitar sonreír. Ahora ese chico es un padre de familia que se ha enfrentado a múltiples adversidades y que, una vez más, está dispuesto a luchar por los suyos.
Krilín ha abrazado al Número 16, pero Lázuli parece reticente. 
– “Me alegra ver que las cosas os han ido bien.” – dice Pino. – “Hacéis buena pareja.”
– “Jeje…” – ríe avergonzado Krilín.
Lázuli se acerca al androide en silencio y finalmente lo abraza, sorprendiendo a sus allegados con un gesto de cariño poco usual en ella.
– “Nunca te di las gracias” – dice la Número 18, derramando una lágrima.
Pino abraza a su vieja amiga.
Marron se acerca al androide y le saluda alegremente.
– “¡Encantada de conocerte!” – sonríe la muchacha. – “Me han hablado mucho de ti.”
Gohan se despide de Videl con un beso y después abraza a su hija.
– “Nos veremos pronto.” – dice el mestizo. – “Cuando vuelva, iremos los tres a pescar.” – añade, despeinando a Pan.
Bulma da un paso al frente, decidida.
– “Trunks y yo te hemos preparado un regalo de despedida” – dice, mientras le entrega un reloj de pulsera.
– “¿Un regalo?” – se sorprende Gohan.
– “Póntelo” – le guiña un ojo Bulma.
Gohan se lo coloca y se da cuenta de que tiene un mecanismo que ya conoce, así que lo activa sin dudar.
Un nuevo traje modernizado e inspirado en el Gran Saiyaman se materializa sobre su ropa. La nueva vestimenta tiene los colores de la Patrulla Galáctica; blanco y morado.
– “¡Es fascinante!” – exclama Gohan.
– “¿Te gusta?” – pregunta Trunks. – “Tiene nuevas funciones.”
– “¡Me encanta!” – celebra Gohan, que empieza a lucir sus poses de héroe.
Todos se ríen, mientras Pan siente un poco de vergüenza.
– “Pero ya existe un Gran Saiyaman…” – se da cuenta Gohan.
– “Muchas de las modificaciones están inspiradas en el traje de Katopesla, así que…” – sugiere Bulma.
– “¡Ultra Saiyaman!” – exclama Videl, ilusionada.
– “¡Perfecto!” – exclama Gohan, haciendo otra pose. – “¡Ultra Saiyaman!”
El androide asiste alegre a la feliz escena, cuando Trunks le entrega su nuevo uniforme.
– “Para ti también hay un uniforme nuevo” – sonríe el mestizo. – “Hemos modificado uno de la Patrulla para ti.”
– “Muchas gracias” – sonríe Pino.
– “¡Vamos! ¡Póntelo!” – exclama Krilín.
El androide entra en la nave para cambiarse de ropa.
Mientras tanto, un vehículo volador desciende en el jardín de la Corporación. Lapis y Mai se apean.
– “¿También habéis venido a despedirnos?” – pregunta Gohan.
– “Por supuesto” – dice Mai.
Mientras tanto, el Androide 16 ya se ha puesto su nuevo uniforme.
– “¡Te queda genial!” – le dice Krilín.
Pino se fija en el Número 17.
– “Hola, Número 17” – saluda el robot.
El androide se acerca al robot y le ofrece la mano.
– “Me alegro de verte, compañero” – dice el Lapis.

Las dos creaciones de Gero se estrechan la mano, mientras comparten una sonrisa cómplice.
Mai saca una cámara de fotos.
– “¡Venga, posad para el reencuentro!” – exclama la pareja de Lapis.
El androide 17 suspira.
– “Esto no es necesario…” – murmura Lapis.
– “¡Venga!” – insiste Mai. – “No seáis tímidos.”
Lapis, Lázuli y Pino posan para la foto.
– “¡Sonreíd!” – dice la fotógrafa.
Bulma se acerca a Mai y le sugiere que le preste la cámara.
– “¡Poneos todos!” – dice Bulma.
A los tres androides se unen Mai, Krilín y Marron.
– “¡Estupendo!” – dice Bulma. – “¡Decid: Karíiiiin!”
– “¡Karíiiiin!” – repiten todos.
Sheela y Auta Motto esperan sentados en los escalones de su nave, con cara de pocos amigos.
– “Oye, que el universo está en peligro…” – murmura Sheela.
– “Jajaja…” – ríe Gohan, avergonzado, mientras se rasca la cabeza. – “Creo que nos hemos despistado un poco…”

Dibujado por Ipocrito
Tras la sesión fotográfica, en la que los patrulleros han sido obligados a participar, Gohan, Pino y Katopesla ya están listos.
– “Falta una cosa” – dice Sheela.
La patrullera saca un rotulador negro y se acerca al toreristo.
– “Nos faltan efectivos, así que…” – dice Sheela, que dibuja el símbolo de la Patrulla Galáctica en el uniforme de Katopesla. – “Listo.” – sonríe. – “Bienvenido a la Patrulla Galáctica.”
Katopesla parece emocionado.
Los presentes aplauden.
– “¡Enhorabuena!” – exclama Pan.
– “¡Bien hecho!” – grita Ub.
Ahora, los cinco patrulleros embarcan en sus dos naves. Katopesla pilota la suya, mientras Gohan y Pino acompañan a Sheela y Motto.
Las naves se elevan lentamente, mientras Gohan se despide saludando por la ventana, a lo que los presentes responden.
– “¡Buen viaje!” – exclama Krilín.
– “¡Ten mucho cuidado, cielo!” – dice Videl.
– “¡Asegúrate de comer bien cada día!” – insiste Chichi.
– “¡Adiós, papá!” – grita Pan.
 En un abrir y cerrar de ojos, las dos naves desaparecen en cielo.
En la azotea del edificio de la Corporación Cápsula, Cell ha estado observando el despegue.
– “Será una buena oportunidad para hacer ejercicio.” – murmura el insecto antes de desaparecer con el Shunkanido.